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Comunidad autónoma uniprovincial de España, con 535.131 habitantes (censo 2001), que responden al gentilicio de cántabros, y con una extensión 5.321 km². Limita al N con el mar Cantábrico, al E con Vizcaya, al SE con Burgos, al SO con Palencia y León, y al O con Asturias. Capital, Santander. Hablando un poco más de Cantabria Cantabria, situada al norte de España, ocupa una extensión de 5.289 Km. cuadrados, que van desde las montañas de la Cordillera Cantábrica, hasta las aguas del mar Cantábrico. Sus limites son: al norte, con el mar Cantábrico, al oeste con el Principado de Asturias, al sur con Palencia y Burgos (Castilla y León) y al este con Vizcaya (País Vasco) En su costa, jalonada de pueblos pesqueros, playas y pequeñas calas, se disfruta de paisajes bellísimos. En el interior abundan los paisajes montañosos, con bellos valles donde se asientan villas pasiegas de gran tipismo. En sus ríos, con un clima en general suave y húmedo, abundan los salmones y truchas. Hidrográficamente hablando, la montaña más singular de España está en Cantabria, por la sierra de Peña Labra, una cumbre que apenas destaca entre las circundantes, pero que sin embargo tiene la peculiaridad de que una gota caida en su cumbre puede ir tanto al Océano Atlántico, como al mar Cantábrico como al Mediterráneo. A ello se debe su nombre de Pico de Tres Mares, pues de aquí parte el río Pisuerga que mas tarde será el Duero, desembocando en el Atlántico; el bravo río Nansa que fluye al Cantábrico; y por último el Hijar que en seguida se transformará en el Ebro para morir en el Mediterráneo. A partir de esta singular cumbre se suelen emprender excursiones montañeras y descender el Ebro en Piragua. La capital cántabra, Santander, está situada en una hermosa bahía, cuyo puerto sostiene un gran tráfico marítimo. Posee a su vez un gran aeropuerto y se vanagloria de ser una ciudad abierta y cosmopolita. Es de destacar la amplia oferta cultural que se despliega en ella durante la época estival, sobre todo gracias a su Universidad Internacional Menéndez Pelayo y el Festival Internacional. Sus museos, ferias taurinas, casino de juegos en el incomparable marco del puerto deportivo del Sardinero, junto con sus importantes instalaciones deportivas, hacen de Santander una ciudad extremadamente atractiva para el ocio. Otras ciudades importantes son: Torrelavega, Astillero, Camargo, Reinosa, Castro Urdiales, Corrales de buelna, Laredo, Santoña y Santillana del Mar, donde se encuentran las Cuevas de Altamira.
La
Comunidad Autónoma de Cantabria se ha volcado tradicionalmente en
dos elementos: la montaña, lugar de origen y resistencia de los
cántabros, donde se supo mantener unas tradiciones ancestrales, y al
mar, a través de los puertos de la Mar de Castilla, por donde
llegaron nuevos aires de modernidad a la región. La mayor parte de los yacimientos se concentran en la franja costera cántabra, como la Cueva del Castillo, en Puente Viesgo, lugar que ofrecía mayores ventajas a los pobladores del achelense, no sólo por las cuevas y refugios naturales, sino también por la variedad de fuentes de alimento. Estos grupos sobrevivían mediante la caza, pesca, recolección y carroñeo de piezas. El carácter limitado de estos recursos les obligaba a desplazarse continuamente una vez agotados o cuando los rebaños emigraban. Los grupos eran muy numerosos para evitar la rápida esquilmación del territorio. Hace aproximadamente 90.000 años, durante la glaciación conocida como Würm, se desarrolló el musteriense. La población de aquel período, debido a la bajada de las temperaturas, buscó refugio más frecuentemente en cuevas como las de El Castillo y La Flecha, en Puente Viesgo, y El Pendo, El Linar y Morín, en Villanueva de Villaescusa. En el Paleolítico Superior y dentro de la fase magdaleniense se llegó al apogeo de las sociedades paleolíticas. La mejora de los útiles de caza había permitido una especialización de ésta, así como una reducción en el tiempo empleado para ello. Se pudo sostener a un mayor número de población, reducir los desplazamientos y diversificar las fuentes de alimento. La característica más destacada de aquellos grupos fue el desarrollo del arte rupestre y mobiliar, reflejo de una organización social más compleja y de sus creencias. La Comunidad Autónoma de Cantabria cuenta con una rica muestra, pues, de las 90 cuevas conocidas hasta el momento en la región, 45 de ellas están decoradas. Altamira, llamada la Capilla Sixtina del Arte Paleolítico, sigue siendo la más famosa, pero no deben olvidarse ejemplos como la cueva de Hornos de la Peña, en San Felices de Buelna; las cuevas Chufín, en Riclones, así como las de La Haza y Covalanas, en Ramales de la Victoria, o Las Monedas, en Puente Viesgo. Entre el VIII y el IV milenio se desarrolló en Cantabria una nueva forma de vida y cultura: el aziliense cantábrico. Desde el IV milenio se asentaron en Cantabria grupos que obtenían de la ganadería y la agricultura la mayor parte de los alimentos, sin abandonar totalmente por ello la caza. Los cambios del llamado Neolítico fueron adoptados por la población local, que ocupó zonas altas de ricos pastizales en una clara adaptación a los ritmos del pastoreo. Surgieron los primeros poblados organizados, cuyo fenómeno más característico fue el megalitismo. Los ejemplos en Cantabria son muy numerosos: los de Peña Oviedo, en Camaleño; La Raiz, en San Vicente de la Barquera; Alto de Lodos, en Guriezo, o el cromlech del Collado de Sejos, en Poblaciones. En la mayoría de los megalitos se han descubierto enterramientos comunes, propios de grupos sin una fuerte diferenciación social. Su presencia en lugares elevados podría haber indicado rutas importantes o bien ciertos límites territoriales o jurisdiccionales. A fines del III milenio se produjo una progresiva introducción de la metalurgia en Cantabria. Los grupos especializaron el trabajo, con lo que se diferenciaron jerárquicamente. En el magnífico Caldero de Cabárceno pudo observarse la evolución técnica y artística de los objetos realizados en metal: puntas de flecha, punzones, hachas, puñales, calderos y espadas. Desde el I milenio a.C., durante la Edad del Hierro, se desarrolló en el norte peninsular una cultura propia: la castreña. En la zona cántabra no hubo grandes y poblados enclaves. Condicionados por la falta de yacimientos y por la poca productividad del terreno, muchos grupos se trasladaron a la zona sur, a lugares como Monte Bernorio o Monte Cildá, en la actual Palencia, así como Amaya, en Burgos. La cultura castreña tuvo su origen, aún discutido, en unos aportes indoeuropeos a la población autóctona. Dentro de ella pueden distinguirse tres grupos: galaicos, astures y cántabros, que se extendían aproximadamente desde la margen derecha del río Sella y alto Esla hasta las tierras altas de las actuales provincias de Palencia y Burgos. Este territorio se dividía en dos regiones: la transmontana, al norte de la Cordillera Cantábrica, y la cismontana, al sur, con frecuentes contactos con la Meseta.Los cántabros se organizaban en gentilidades o familias extensas, cuyos miembros estaban unidos entre sí por vínculos de sangre. Las gentilidades se componían de diversos clanes. A su vez, varios clanes formaba una tribu. Un rasgo de estos pueblos fue la pervivencia de tradiciones matriarcales, como la covada, el matrilocalismo, la filiación materna y una activa participación de las mujeres en las actividades de la tribu. Varios autores clásicos han dejado testimonios de la organización y modo de vida de estos pueblos: Estrabón, Dión Casio, Floro y Orosio. El primero relata que el recurso económico fundamental era la recolección de bellotas y la cría de caballos, cabras y vacas. No habían abandonado la caza y practicaban una agricultura muy rudimentaria. Este primitivismo en las actividades económicas y la falta de recursos alimenticios derivado de ello, pudo ser la causa de las periódicas expediciones de saqueo contra los ricos campos de la Meseta. Edad Antigua La conquista romana del territorio norte supuso el colofón al proceso iniciado doscientos años antes en la Península Ibérica. Sus causas fueron varias: primeramente, fijar la frontera en un lugar seguro como era el océano; en segundo punto, consolidar el reciente nombramiento de Augusto como emperador a la manera tradicional de los grandes generales romanos mediante la conquista de nuevos territorios para Roma y por último, acabar con un pueblo abiertamente hostil al control romano que podía contagiar su comportamiento a otros pueblos peninsulares ya sometidos. Las Guerras Cántabras se desarrollaron durante diez años, ya que las periódicas campañas militares de pacificación y sometimiento eran seguidas por nuevas insurrecciones locales. El valor, fiereza y tenacidad del pueblo cántabro fueron exaltados largamente por los autores romanos; además, lo accidentado del terreno permitió una lucha de guerrillas frente a la que las legiones romanas nada podían hacer. La contienda fue tan dura que requirió la presencia del mismo emperador Augusto en el año 26 a.C., que obtuvo un triunfo en Aracillum, la actual Aradillos, cerca de Reinosa. La mayor parte de los enfrentamientos habían tenido lugar dentro de la zona cismontana, y sólo en los últimos momentos del enfrentamiento se logró penetrar en la transmontana. El fin oficial de la guerra se produjo en el año 19 a.C. con las campañas dirigidas por Agripa, el yerno del emperador; aún así, la pacificación no fue completa y hubo nuevos alzamientos en el 16 a.C. La tenue romanización de la zona cántabra pudo deberse a la falta de presencia romana efectiva, salvo en los campamentos militares. Roma renunció a la fusión y se limitó a la explotación de los recursos económicos (hierro y sal) de la zona tomada. Tras la conquista, el territorio cántabro quedó englobado dentro de la provincia Tarraconense. El emperador Vespasiano, en el 69 d.C., realizó una nueva organización administrativa del territorio norte peninsular mediante los conventus iuridici, que se ajustaban a las diferencias étnico-culturales previas: el conventus lucensis englobó a los galaicos, el asturum a los astures y el conventus cluniensis a los cántabros. Con la nueva división de Diocleciano, en el siglo III d.C., el territorio cántabro se mantuvo dentro de la Tarraconense. Las
ciudades cántabras más importantes de aquel período, y en las que se
han venido realizando activos estudios arqueológicos, eran
Flaviobriga y Iuliobriga. La primera, situada en la zona litoral,
desarrolló actividades vinculadas a la pesca, la explotación del
hierro y el comercio terrestre hacia tierras del interior. Fue
fundada como colonia por Vespasiano sobre un asentamiento
preexistente denominado Portus (S)Amanum. Iuliobriga fue establecida
en un lugar estratégico entre la meseta del Duero y la zona
cantábrica, donde se habían producido la mayor parte de los
enfrentamientos bélicos. Su posición, e incluso su nombre, que
ensalzaba la memoria de Julio César, mostraban el control que
ejercía Roma en el territorio. En ambas ciudades la asimilación de
la cultura romana por la población fue muy intensa. La romanización
del territorio cántabro fue leve, pero no nula. Las vías de
comunicación fueron mejoradas en pos de un mejor control militar y
económico del territorio cántabro. La principal vía romana era la
que unía la meseta norte con Portus Blendium (Suances) y Portus
Victoriae Iulobrigensium (Santander), a través de Iulóbriga.
Actualmente se conservan numerosos tramos, entre los que destaca el
situado entre Somaconcha y Pie de Concha, de 5´5 km de longitud. El estudio del período medieval en Cantabria supone superar el obstáculo de que el territorio no constituía una unidad política definida, sino que era un conjunto de unidades territoriales que ahora forman la Comunidad Autónoma de Cantabria. Las primeras incursiones bárbaras de suevos, vándalos y alanos, producidas en el territorio peninsular durante el 409 d.C., no causaron excesivos males en el territorio debido a la falta de verdaderas ciudades para su saqueo. La crisis generalizada que sufrió en aquellos momentos el Imperio Romano favoreció el afloramiento de las costumbres cántabras tradicionales, así como una situación de autogobierno en la zona. Cantabria fue conquistada por Leovigildo, que en el 581 obligó a los pobladores a retirarse a las montañas, si bien su triunfo no fue completo, ya que se contabilizaron nuevas ofensivas con sus sucesores. Se creó entonces el Ducado de Cantabria, como territorio defensivo fronterizo que se extendía por la Cantabria foramontana y el curso alto del Ebro hasta el norte de la Rioja, mientras que la cantabria ultramontana quedaba libre del control visigodo, fue perdiendo su denominación y quedó asimilada al territorio astur. Tras el
triunfo musulmán en la Batalla de Guadalete, en el 711, los
musulmanes alcanzaron el norte peninsular y, a través de un
gobernador establecido en Gijón, trataron de someter a los pueblos
del norte. En Cantabria la resistencia la encabezó el duque Pedro,
gobernador del Ducado de Cantabria. Fue vencido por Tarik en Amaya,
en el 712, y obligado a retirarse a las montañas. Aquella zona
montañosa y la situada al norte habían quedado vinculadas al
incipiente reino Astur; la dependencia se hizo más fuerte en el
reinado de Alfonso I, que era hijo del duque Pedro. Los musulmanes
realizaron diversas incursiones contra las fronteras del territorio
cántabro: en el 805 saquearon Amaya, antes de ser vencidos en la
Horadada, cerca de Mave; en el 825 atacaron la zona de Valdeolea y
en el 838 se produjeron razzias en la Merindad de Sotoscueva, al sur
de las sierras del Pas y el Miera. Durante el reinado de Alfonso II
se iniciaron dos procesos repobladores paralelos: el de la
repoblación foramontana, en el que los habitantes del norte de las
montañas del Pas, Soba y Ramales se iban asentando en las tierras de
la Meseta, y el proceso de repoblación ultramontana, por el que los
pobladores llegados de la Meseta se asentaban en las tierras
cántabras, sobre todo en la comarca de la Liébana. Ambos procesos
tuvieron en monasterios como los de San Salvador de Villeña, Santa
María de Cosgaya o el de Aguas Cálidas, en La Ermida, el instrumento
repoblador. Liébana se convirtió en un foco cultural que albergaba a
figuras destacadas del saber de la época, como Beato, capaz de
polemizar con Elipando de Toledo. Durante el siglo XIII, Cantabria se vinculó al reino castellano y se produjo una mejora de las rutas que unían las dos regiones. Su territorio fue reordenado para un mejor control de la monarquía sobre él. Quedó adscrito a la Merindad mayor de Castilla y su territorio fue dividido en merindades menores: Las Asturias de Santillana, Liébana, Aguilar de Campóo, Castilla la Vieja y la Trasmiera. Alfonso VIII convirtió en ciudades a cuatro puertos, mediante la concesión de fuero: Castro-Urdiales, en 1163; Santander, en 1187; Laredo, en 1200; San Vicente de la Barquera, en 1210, y Santillana del Mar y San Martín de la Arena, en 1209. En el proceso de fortalecimiento de su poder, los monarcas necesitaban contar con ciudades que les apoyasen frente a la nobleza eclesiástica y laica. En Cantabria, los señoríos eclesiásticos fueron perdiendo influencia a costa de la extensión de los laicos, como el de la Vega, el de Pero Fernández Agüero, el de Don Tello o el de los poderosos Velasco. Estas ciudades crecieron considerablemente por población no sólo atraída por las libertades y exenciones de que gozaban, sino también por las actividades comerciales, navales y pesqueras que realizaban. A estos puertos llegaban paños, telas, colchas, cueros y joyas procedentes de las principales ciudades atlánticas, mientras que se exportaban cereales, vino, caballos, acero, hierro o maderas. La actividad comercial de estos centros dinamizó también la vida del interior de la región, donde surgieron mercados de ámbito local, como los de Potes o Reinosa. Con el fin de proteger la actividad comercial y a los mercaderes de todo tipo de abusos se creó en 1296 la Hermandad de las Marismas, que agrupaba a las villas costeras y que gozó de gran autonomía hasta la creación en 1494 del Consulado del Mar en Burgos.
Cantabria sufrió como otras regiones la crisis generalizada del
período bajo medieval, con crisis frumentarias, hambres, epidemias y
descensos de las rentas señoriales. Los señores feudales trataron de
recuperarse aprovechando las crisis políticas del reino durante las
minorías de Fernando IV y Alfonso XI. Los concejos, unidos entre sí
para defenderse de los ataques señoriales, iniciaron el llamado
Pleito de los Valles. Sin embargo, la situación política no afecto
demasiado al comercio: Santander obtuvo el monopolio de la
exportación de lana Castellana a Flandes cuando se cerró el mercado
a las exportaciones de lana inglesa. Los mayores beneficiados en el
fin de la Edad Media fueron los señoríos laicos, proceso que se vio
culminado en 1471, cuando le fueron concedidos los diezmos de los
puertos al condestable Pedro Fernández de Velasco. No se puede hablar tampoco de una Cantabria tal y como se conoce actualmente en época moderna. A este territorio se le denominaba como Montañas de Santander, Montañas Bajas de Burgos, Peñas Abajo el Mar o, simplemente, La Montaña. Se encontraba dividido en numerosas entidades, aunque existían grandes conjuntos aglutinadores: el Partido de las Cuatro Villas de la Costa, Las Asturias de Santillana, la Provincia de Liébana, la Merindad de Trasmiera y la Merindad de Campóo. Las Juntas Generales de éstas intentaron articular una provincia bajo sus ordenanzas generales, pero los intentos fracasaron hasta que en 1778 se creó la Provincia de Cantabria. En el gran acontecimiento del período, la conquista y posterior colonización del Nuevo Mundo, se ha constatado la presencia de numerosos montañeses, como el santoñés Juan de la Cosa, maestre de la Santa María. En el siglo XVI la población creció y se concentró en la costa y en los valles cántabros. Salvo las ciudades de Laredo, San Vicente, Santander y Castro, el resto del territorio era eminentemente rural. Un rasgo destacado de la población cántabra era el elevado número de hidalgos. La agricultura de subsistencia fue la base económica de Cantabria, complementada con una importante cabaña, sobre todo vacuna. En estas zonas rurales pervivían los concejos abiertos, en los que los representantes de cada familia podían participar en la gestión de su concejo. En el Valle del Pas, desde el siglo XVI se comenzó a difundir una nueva forma de explotación de los campos a través de las cerradas pasiegas, muestra de una forma individualista de cultivar frente al colectivismo tradicional. Los
bajos rendimientos de los cereales panificables se superaron con la
introducción del maíz en la región cantábrica desde el siglo XVII,
con el que se lograron elevados rendimientos que no solo mitigaron
las periódicas hambrunas, sino que aumentaron la densidad de
población y a raíz de ello los movimientos emigratorios. La vida
comercial de las villas costeras se redujo notablemente en favor de
Bilbao; las actividades relacionadas con la pesca y su derivados no
se vieron alteradas en época moderna, a diferencia de la
construcción naval de los astilleros de Guarnizo y Colindres o de
las fundiciones de cañones, como las de Liérganes y La Cavada, que
se vieron estimuladas por las demandas de Felipe II. En las
ciudades, el proceso fue diferente: más pobladas, se vieron
afectadas a lo largo del XVI por epidemias periódicas, incendios y
sacas para el ejército. Desde la Baja Edad Media se produjo un
acaparamiento de los principales cargos concejiles en manos de la
nobleza. El día 26 de mayo de 1808, Santander se levantó contra el
invasor francés. La Junta Suprema Cantábrica asumió los poderes
políticos con la participación de la oligarquía urbana. Reunieron a
numerosos voluntarios en el Armamento Cántabro, que, al mando del
general Velarde, marchó a controlar la ruta que unía Castilla con
Santander, pero fueron vencidos por el general Merle en Lantueno y
toda la provincia quedó en manos francesas durante cuatro años. La
reacción absolutista producida a la vuelta de Fernando VII no afectó
a un número elevado de cántabros, puesto que las ideas liberales no
habían logrado extenderse. Esta clase emergente, la burguesía
mercantil, mantuvo una posición cauta respecto a las nuevas ideas,
que sólo aceptaban cuando reportaban mayores beneficios para sus
intereses. Las guerras carlistas afectaron con dureza al territorio
cántabro. Sólo Santander, Castro, Laredo y Santoña permanecieron
fieles a Isabel II. En Santander se organizó el Batallón de Vecinos
Honrados para rechazar el ataque de las tropas carlistas comandadas
por Ibarrola, al que vencieron el 3 de noviembre de 1833 en Vargas.
En ese mismo año se realizó un reordenamiento provincial en el que
quedó constituida la provincia de Santander. Las desamortizaciones
llevadas a cabo por Mendizábal en 1836-51 y Madoz en 1855 no
solucionaron la apetencia de tierras del campesinado. En Cantabria,
aproximadamente el 12% de los propietarios controlaba la mitad de
las propiedades. El resto de los cultivadores poseía pequeñas
propiedades que apenas daban para la mera subsistencia. Para
sobrevivir debían recurrir al arrendamiento o al trabajo como
jornaleros. A finales del siglo XIX se produjo una transformación más aguda de
Cantabria, cuyos exponentes fueron varios. La industrialización
creciente de la región fue uno de ellos. Se multiplicaron las
fábricas orientadas a la exportación a las colonias y al mercado
nacional, la actividad minera y siderúrgica recibió inversiones
vasco-cántabras y fueron creadas empresas como Nueva Montaña, Forjas
de Buelna o la Sociedad Española de Construcción Naval, que dieron
gran dinamismo a la región. La especialización agraria fue otro de
los puntales de la modernización de la región. El proceso se había
iniciado en el siglo XVIII con una ganadería de tiro y un aumento
progresivo de los pastizales; a finales del XIX se orientó a la
exportación lechera cubriendo la creciente demanda urbana. Esto
aumentó el nivel adquisitivo de los campesinos, que pudieron acceder
a la propiedad. El proceso de modernización produjo una quiebra de
la sociedad tradicional. En las zonas rurales apareció la figura del
cacique como nuevo modelo de control, y en las zonas urbanas el
movimiento obrero careció del vigor que desarrolló en otros ámbitos
peninsulares. En la mayoría de los casos se vincularon a los
sindicatos católicos, de fuerte inclinación patronal. Las ideas
socialistas arraigaron con fuerza principalmente en Torrelaguna y
Astillero. La actividad industrial y minera continuó creciendo durante la primera mitad del siglo XX. En 1912 el capital invertido en industria ascendía a 230 millones de pesetas. La importante industrialización de la región debe contemplarse no en volúmenes totales de producción, sino en relación con el tamaño y población de la provincia, lo que la colocó en uno de los primeros puestos. Otro de los sectores industriales que sufrió un mayor desarrollo a principios de siglo fue el químico, con la presencia fundamental de la empresa Solvay, asentada en Torrelavega en 1904, que acaparó el mercado de sosa y carbonato cálcico a la Península y América. El período de neutralidad durante la I Guerra Mundial supuso un enorme empuje para la economía cántabra debido a la importante demanda de los países europeos de hierro y otros productos de primera necesidad. De aquellos momentos data la instalación de la empresa Nestlé en Cantabria para aprovechar la importante producción lechera de la región. Las actividades económicas se mantuvieron estables durante los períodos de la dictadura de Primo de Rivera y de la II República debido a claras políticas proteccionistas. El alzamiento militar producido el 18 de julio del 36 contra el gobierno de la República no tuvo éxito en Santander, donde el coronel Aranda no siguió las directivas marcadas desde Burgos por los rebeldes. No declaró el estado de guerra y quedó a la espera de los acontecimientos, por lo que rompió el factor sorpresa y evitó que se perdiera el control republicano en la región. Cantabria fue fundamental para mantener abierto el eje republicano Irún-Oviedo y para consolidar las posiciones del gobierno en el norte de Burgos y Palencia. Sin embargo, la zona cantábrica fue muy débil desde un principio debido a la ruptura de los vínculos con el gobierno de Madrid y el resto de los republicanos de la zona norte. Se creó la Junta de Santander como órgano político rector, presidido primero por el gobernador civil y posteriormente por el socialista Bueno Alonso. Tras la caída de Bilbao, Santander no tardó en ser tomada por los generales Aranda y Solchasa el 26 de agosto de 1937. Tras la Guerra Civil uno de los sectores con más peso en Cantabria fue la Iglesia católica, que tradicionalmente estaba muy vinculada tanto en el ámbito rural como entre los obreros con los sindicatos católicos. El modelo industrial que se venía desarrollando desde principios de siglo quedó consolidado con nuevas medidas proteccionistas por parte del régimen franquista. El Plan de Estabilización aprobado en 1959 supuso una primera crisis en el sector debido a la liberalización de la política económica. El declive económico de la industria cántabra fue evidente durante las décadas de los sesenta y setenta. La producción resultaba demasiado costosa y no podía hacer frente a un entorno más competitivo. Tampoco obtuvo del gobierno una política clara de ajustes que solucionaran los problemas derivados de la competencia con la incentivación de otros focos de desarrollo. Otro segundo momento de crisis fue la adaptación de la región cántabra a los criterios socioeconómicos de la Comunidad Económica Europea (CEE), como las cuotas lácteas. Actualmente la Comunidad Autónoma de Cantabria ha orientado sus actividades económicas principalmente hacia dos sectores: la construcción y el turismo. La Comunidad Autónoma actual Durante el período de transición se constituyeron en Cantabria la Coordinadora Democrática de Santander, que englobaba a elementos socialistas, comunistas y carlistas, y la Alianza Democrática de Santander, formada por miembros del Partido Social Democrático Español (PSDE) y el Partido Demócrata (PD), con el fin de impulsar en la región el proceso democrático. Paralelamente los sentimientos regionalistas se fueron consolidando hasta la aparición en abril de 1976 de la Asociación de Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC). En 1978 se creó el Partido Regionalista de Cantabria (PRC), que solicitaba mayores cotas de autonomía en la región ante la crisis económica. Los sectores más conservadores de Cantabria mostraron una posición antiautonómica. Negaron la personalidad histórica de Cantabria al margen de Castilla y solicitaron su inclusión en la futura comunidad castellano-leonesa. Este sector se aproximó a Alianza Popular (AP), que presentó en el parlamento enmiendas a la totalidad al Estatuto de Autonomía. Cantabria se constituyó en comunidad autónoma uniprovincial por vía del artículo 143 de la Constitución Española de 1978. Hasta ese momento formaba parte de Castilla la Vieja con la denominación de Provincia de Santander. Los Estatutos de Autonomía entraron en vigor en febrero de 1982, y en ellos quedaron fijados sus órganos de autogobierno: la Diputación General (órgano ejecutivo) y la Asamblea Regional de Cantabria (cámara legislativa). En mayo de 1983 se celebraron las primeras elecciones al parlamento regional. La coalición formada entre AP, Partido Democrata Popular (PDP) y UL (Unión Liberal) consiguió la mayoría absoluta, con 18 escaños, seguido del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con 15, y el PRC, con 2. Este gobierno conservador sufrió varias crisis hasta su renovación, incluido presidente, en diciembre de 1983. En las elecciones de junio de 1987, AP consiguió 19 escaños. Le siguió el PSOE, con 14, el PRC, con 5 escaños, y el Centro Democrático y Social (CDS), con 3. Fue elegido presidente el popular Juan Hormaechea. En noviembre de 1990, tras una serie de problemas y enfrentamientos de aquél con los líderes de su formación, el Partido Popular (PP; antigua Alianza Popular) le retiró su confianza, hecho que aprovechó el PSOE para plantear una moción de censura en diciembre, tras cuyo éxito resultó elegido presidente el socialista Jaime Blanco. En los comicios de 1991, Hormaechea volvió a la presidencia. La gestión del gobierno autonómico por él encabezado fue denunciada por la comisión de irregularidades, motivo por el cual Hormaechea fue procesado y forzado a dimitir el 5 de noviembre de 1994. Ese año finalizó con dos mociones de investidura que no culminaron y un gobierno paralizado e incapaz de sacar adelante ningún proyecto. En las elecciones de mayo del 1995 el PP consiguió 13 escaños; tras él, el PSOE, con 10; la Unión Popular de Cantabria (UPCA), con 7 escaños; el PRC, con 6, e Izquiera Unida (IU), con 3. Se configuró un gobierno de coalición entre el PP y el PRC, sin mayoría absoluta, al frente del cual accedió a la presidencia el popular José Joaquín Martínez Sieso, quien resultó reelegido tras las elecciones autonómicas de 1999. Los regionalistas del PRC volvieron a tener la llave para formar gobierno tras los comicios de 2003 pero, en esta ocasión, optaron por sellar un pacto con el PSOE para arrebatar el Ejecutivo a los populares. Miguel Ángel Revilla, cabeza de lista del PRC fue investido nuevo presidente cántabro el 27 de junio de 2003.
Cantabria ha sido la cuna de numerosos personajes históricos
vinculados con todas las ramas del saber, así como de numerosas
muestras artísticas. El primer cántabro encontrado por el momento en
estas tierras es el Hombre de Morín, cuyo enterramiento se remonta
al 29000 a.C. De época prehistórica data la magnífica cueva de
Altamira, la Capilla Sixtina del arte paleolítico, como ha sido
llamada por las realistas muestras de la fauna de aquel momento. A
finales del siglo I a.C. las crónicas vuelven a hacer mención de
otro personaje: el caudillo Corocotta y su heroica resistencia
frente a Roma. En época visigoda aparece vinculado a estas tierras
Pedro, duque de Cantabria, y cuyo hijo Alfonso fue el tercer rey
astur. En la segunda mitad del siglo VIII el Beato de Liébana plasmó
sus Comentarios al Apocalipsis en un magnífico manuscrito miniado,
que sigue siendo uno de los ejemplares más bellos del mundo. Otra
figura importante en la Edad Media en Cantabria fue el Marqués de Santillana, pero no nació en la región, sólo tenía en ella sus
importantes señoríos. El arte medieval cántabro está lleno de bellos
ejemplos, como las iglesias de Santa María de Lebeña, en Liébana;
San Román de Moroso, en Bostronizo; Helguera, en Molledo; San
Fructuoso de la Miña, en Ruente o la de San Martín de Elines,
pertenecientes al arte mozárabe, o las románicas, como la Colegiata
de Santillana del Mar, la de Castañeda y las iglesias de San Pedro
de Cervatos o Retortillo. Las iglesias de Santa María de Castro,
Santa María de los Angeles, en Laredo, y la Catedral de Santander,
muestran lo más destacado del arte gótico. En 1492, junto al
almirante Cristóbal Colón viajó un ilustre cántabro: Juan de la Cosa
(nacido en Santoña), maestre de la Santa María y autor del primer
mapa de las nuevas tierras. En el siglo XVI destacaron Juan Gil de Hontañón, nacido en Resines y arquitecto en las últimas catedrales
góticas construidas en España, así como Juan de Herrera, nacido en
Camargo y constructor del magnífico monasterio del Escorial. El
edificio más sobresaliente del período renacentista fue el palacio
de los Velarde en Santillana.
Según la Ley 3/1987, de 6 de
Marzo, la Comunidad Autónoma de Cantabria tiene su propio himno.
La
actividad económica fundamental de Cantabria es la industria;
aproximadamente el 40% de la población activa trabaja en este
sector. La ganadería, la pesca y los servicios, especialmente el
sector turístico, son también componentes básicos del desarrollo de
la economía cántabra.
Por
tanto, el turismo es importante y ocupa a gran número de personas.
Los tipos de turismo más desarrollados en Cantabria son el turismo
cultural y el turismo rural.
La Comunidad Autónoma de Cantabria está situada en el norte de la península Ibérica. Su territorio está muy influido por la cordillera Cantábrica, lo que le ha dado un relieve muy accidentado, con escasas llanuras; por ello, se la ha conocido durante mucho tiempo por La Montaña. El relieve de la Comunidad Autónoma de Cantabria se divide en las siguientes zonas: su estrecha franja litoral, La Marina y los encajados valles de La Montaña.
La Montaña La
Liébana Son los
valles de Nansa, de Saja y de Besaya, en cuyas cabeceras se
encuentran las sierras de Peña Sagra, Peña Labra, el Cordel, Barcena
Mayor y el Escudo. La mayor altura de la cordillera es Tres Mares
con 2.175 m de altura que pertenece a la sierra de Peña Labra. Sus
laderas coinciden con la división de aguas entre las tres vertientes
hidrológicas peninsulares, la cantábrica, la atlántica y la
mediterránea.
La montaña oriental
Las rasas cántabras
El litoral oriental
La Comunidad Autónoma de Cantabria tiene un excepcional patrimonio natural. Rías, playas, ensenadas y bosques se suceden en el pequeño territorio cántabro. Algunos de estos lugares gozan de un régimen especial como el Parque Nacional de los Picos de Europa, los parques naturales de las Dunas de Liencres, Peña Cabarga, Oyambre y Saja-Besaya, y la Reserva Natural de las Marismas de Santoña y Noja.
Comunidad
autónoma uniprovincial de España, con 535.131 habitantes (censo 2001),
que responden al gentilicio de cántabros, y con una extensión 5.321 km².
Limita al N con el mar Cantábrico, al E con Vizcaya, al SE con Burgos,
al SO con Palencia y León, y al O con Asturias. Capital, Santander. Órganos autonómicos: Ejecutivo:
Diputación Regional de Cantabria. Presidente: Miguel Ángel Revilla. Fuente de algunos de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal
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Este sitio se actualizó por última vez el 29/08/2008