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Provincia y
comunidad autónoma de España con 841.669 habitantes (2001), que
responden al gentilicio de baleares, y 5.014 km² de extensión
superficial. Formada por las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza,
Formentera y Cabrera, así como por diversas islas menores entre las que
destacan Conejera, Dragonera, Aire, Aucanada, Pinto (o Botafoch). Su
capital es Palma de Mallorca. El nombre de Baleares significa 'islas del
Hondero' y fue el nombre dado por los griegos a este archipiélago.
El Estatuto de Autonomía fue aprobado por Ley Orgánica de 25 de febrero
de 1983 y el Presidente del Consejo de Gobierno de las islas Baleares es Jaume Mata.
Provincia y
comunidad autónoma de España con 841.669 habitantes (2001), que
responden al gentilicio de baleares, y 5.014 km² de extensión
superficial. Formada por las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza,
Formentera y Cabrera, así como por diversas islas menores entre las que
destacan Conejera, Dragonera, Aire, Aucanada, Pinto (o Botafoch). Su
capital es Palma de Mallorca. El nombre de Baleares significa 'islas del
Hondero' y fue el nombre dado por los griegos a este archipiélago.
El Estatuto de Autonomía fue aprobado por Ley Orgánica de 25 de febrero
de 1983 y el Presidente del Consejo de Gobierno de las islas Baleares es Jaume Mata.
Provincia y
comunidad autónoma de España con 841.669 habitantes (2001), que
responden al gentilicio de baleares, y 5.014 km² de extensión
superficial. Formada por las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza,
Formentera y Cabrera, así como por diversas islas menores entre las que
destacan Conejera, Dragonera, Aire, Aucanada, Pinto (o Botafoch). Su
capital es Palma de Mallorca. El nombre de Baleares significa 'islas del
Hondero' y fue el nombre dado por los griegos a este archipiélago.
El Estatuto de Autonomía fue aprobado por Ley Orgánica de 25 de febrero
de 1983 y el Presidente del Consejo de Gobierno de las islas Baleares es Jaume Mata.
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de Baleares
Las islas
Baleares, enclavadas en el mar Mediterráneo, han sido refugio tanto para
comerciantes como para corsarios. Ocupadas por griegos, cartagineses,
musulmanes, cristianos, ingleses, franceses y españoles, se convirtieron
en el punto de intersección de todas las rutas comerciales
mediterráneas.
Prehistoria
En las islas de Mallorca y Menorca los primeros asentamientos se
produjeron en torno al 2000 a.C. Aquellos pobladores del período llamado pretalayótico habían llegado en oleadas sucesivas procedentes de la zona
de Almería, con lo que en las islas se desarrolló una cultura de tipo argárico. Las comunidades ocuparon cuevas en la zona del interior,
mientras que en la costa pudieron usar cabañas. En los momentos finales
se inició la construcción de las navetas, monumentos de piedra con forma
de nave invertida, que bien tuvieron una función funeraria, como los de
Es Tudons, Rafal Rubí, o bien eran lugares de habitación. En Menorca se
dieron los dos usos, mientras que en Mallorca sólo se ha identificado el
segundo. Su modo de vida era muy rudimentario: caza, pesca y recolección
de frutos silvestres. Se han encontrado restos de útiles de piedra,
sílex y cobre. Por el momento, las únicas muestras de producción
metalúrgica se han dado en el yacimiento de S´Hospitalet Vell, en
Manacor. Entre el 1200 y 650 a.C. se desarrolló en Mallorca y Menorca el
período talayótico, tal vez por influencias de los pueblos mediterráneos
llegados a las islas. En aquellos grupos hubo un incremento demográfico
notable, así como otros cambios culturales y sociales derivados de la
superposición de grupos guerreros a las primitivas y pacíficas gentes de
las islas. Surgieron los primeros poblados organizados con una torre
defensiva, llamada talayot, bien adosada a la muralla como en Son Fornés,
Montuiri o Coll dels Moixerrins, bien aislada como torre de vigilancia: talayot de Talatí de Dalt en Menorca. Su economía no varió
substancialmente respecto al período anterior puesto que seguían
dedicándose a la ganadería, a la agricultura y, en las zonas costeras, a
aprovechar los recursos marinos.
A tierras baleares habían llegado algunos marinos griegos haciendo
escala en sus rutas comerciales con Tartessos. Los griegos, aunque
habían bautizado a las islas con los nombres de Kromyoussa, refiriéndose
a Menorca, Meloussa a Mallorca, Ophioussa para Formentera y Pityoussa a
Ibiza, no llegaron a establecer en ellas colonias de comerciantes debido
al carácter feroz de los habitantes de las dos primeras islas. La única
posible de colonizar era Ibiza por su débil poblamiento, fertilidad y
posición estratégica respecto a las principales rutas comerciales del
Mediterráneo. Tampoco se asentaron allí, tal vez porque los cartagineses
llegaron antes que ellos. Los púnicos ocuparon la zona de Isla Plana y
poco después fundaron la colonia de Ébysos, alrededor del 654-53 a.C. El
poblamiento inicial, compuesto de pescadores y saladores de pescado, fue
muy débil y se redujo a la zona próxima a este enclave. Poco después
hubo nuevos aportes que colonizaron la totalidad de la isla. En las
zonas del interior se desarrolló una actividad ganadera y agrícola
pujante basada en el olivo y la vid. Todos los asentamientos estaban
dotados de murallas. La vinculación con Cartago era muy fuerte como
demuestran los numerosos santuarios repartidos por la isla: Puig d´en
Valls, Puig d´es Molins o la cueva d´es Cuieram, dedicados a divinidades
como Tanit o Astarté. Ibiza se convirtió en un bastión estratégico para
Cartago que les permitió controlar el comercio mediterráneo frente a los
griegos. Junto a Cartago, Ibiza fue la única colonia púnica que emitió
moneda, prueba de su activo comercio.
A finales del siglo VI-V, en el período llamado postalayótico, los
talayots dejaron de ser usados. En aquel momento se inició un nuevo tipo
constructivo: las taulas, como la de Trepuco en Menorca. Estas eran
enormes mesas de piedra levantadas en el centro de un recinto al que se
le ha dado varias interpretaciones, bien religiosa, como el lugar donde
se realizaban diversos sacrificios, bien política, como centro de un
territorio. Desde finales del siglo V a.C., los habitantes de Mallorca
fueron abandonando su aislamiento al producirse visitas constantes de
comerciantes de Ibiza. Estos fundaron en Mallorca la colonia de Na
Guardis, que en el III milenio a.C. tenía una intensa actividad
mercantil. Esta colonia fue el primer paso de los cartagineses para
controlar la totalidad de la isla, cuyos bravos habitantes fueron
reclutados para sus huestes, como lo hizo Anibal al enfrentarse a Roma.
Los guerreros baleares eran muy apreciados por el magnífico uso que
hacían de la honda, arma mortífera capaz de atravesar los cascos
enemigos. Estrabón hizo una descripción de los honderos (III, 5, 1): en
los combates portaban un escudo de piel de cabra y una jabalina, pero
nunca una lanza con punta de hierro; llevaban tres hondas de distintos
tamaños, en cuyo manejo eran adiestrados desde niños, pues no recibían
pan si antes no lo acertaban con la honda. Las colonizaciones de las
islas provocaron un lento proceso de aculturación de la población
indígena que no llegó a afectar al desarrollo tecnológico: no se
introdujo el torno, no se desarrolló una metalurgia completa y no se
adoptó la escritura. Los cambios fundamentales se produjeron en la
manera de practicar los enterramientos y en la introducción de nuevos
cultos y dioses. Los contactos de las islas con los pueblos iberos
peninsulares fueron más fluidos, como ha quedado demostrado en los
hallazgos de cerámica ibera en las islas.
Edad Antigua
La llegada de los romanos a las Baleares se produjo dentro de la empresa
de conquista de la Península Ibérica. El interés que mostró Roma por las
islas fue doble: en primer lugar, eran un punto fundamental para
asegurar la ruta marítima entre Hispania e Italia, al encontrarse poco
estable la terrestre y por último, debido a su fertilidad, eran idóneas
para aprovisionar al conjunto del Imperio. No debe olvidarse que con la
conquista de las islas, que habían estado en manos cartaginesas, los
romanos mostraron su superioridad bélica frente a su antiguo enemigo. En
el año 123 a.C. el Senado romano encargó la empresa de conquista el
cónsul Quinto Cecilio Metelo, con la excusa de querer acabar con los
piratas que se refugiaban en ellas. No hubo ni grandes resistencias, ni
grandes campañas militares romanas y la conquista fue completada en
apenas un año. Tras el triunfo, Metelo se dio el cognomen de Balearicus.
Las Baleares quedaron incluidas en la Provincia de Hispania Citerior
hasta la reforma administrativa de Augusto en el siglo I d.C., que las
englobó dentro de la Tarraconensis. Los romanos habían instalado unas
guarniciones militares, que derivaron en núcleos de población con el
asentamiento en ellas de veteranos militares romanos. En la isla de
Mallorca se fundaron Palma y Pollentia, con el rango de colonias; Guium
y Tucis, de localización incierta, dotadas de derecho latino; así como
Bocchorum, en las proximidades de Pollentia, que era una ciudad
federada. En Menorca destacaron Magon, la actual Mahon; Sanisera, la
actual Sanitja e Iamon, Ciutadella, las tres con derecho latino. En
Ibiza, Ebusus fue primero federada, después latina y por último, ciudad
romana. La actividad comercial y el mayor peso de la romanización se
centró en estos núcleos, aunque también el territorio rural del interior
se vio afectado ya que, atraídos por los nuevos focos, la población
indígena se alejó de sus tradicionales lugares de asentamiento; así el
poblado de Son Onis en Mallorca fue abandonado a mediados del siglo I
d.C. La explotación económica de las islas por parte de los romanos
mantuvo los productos tradicionales: se cultivaba cereal, olivo, vid,
higos, cebollas albarranas y se criaba todo tipo de ganado, sobre todo
mulos. En Ebusus continuaron las labores de pesca y salazón de pescado,
así como la producción de lanas púrpuras. Como zona que proveía al
imperio, las actividades comerciales se consolidaron en aquellos
momentos. No hay restos que demuestren la existencia de villae como
nuevos modelos de explotación agrícola en las islas. La expansión del
cristianismo está demostrada por la existencia de basílicas
paleocristianas como las de Cas Frares, Sa Carrotja, Son Peretó en
Mallorca y las de Ciutadella, Son Bou, Es Fornás de Torelló en Menorca.
Estuvo muy vinculado al cristianismo del norte de África a través de los
numerosos contactos comerciales.
Edad Media
Los vándalos, tras su incursión en el territorio hispano en 409 y
posterior asentamiento en la zona de la Bética, atacaron desde el 426 el
archipiélago balear. Tras su paso en el 429 a África se produjeron
nuevas y continuas razzias contra las islas. En el 462, el Papa León I
reconoció a Genserico, rey de los vándalos, el dominio sobre Baleares,
Córcega y Cerdeña, pero aún así hubo nuevas rapiñas durante el 468. Las
Baleares quedaron dentro del reino vándalo hasta su conquista en el 533
por los bizantinos. En el 534, las islas, ya bajo dominio bizantino,
quedaron incluidas en la provincia de Cerdeña.
Siguiendo el relato de Ibn-Jaldun, en el que cuenta cómo una tormenta
desvió a Isam al-Jawlaní a Mallorca y cómo a su regreso dio cuenta al
emir Abd Allah de la facilidad con la que podrían ser conquistadas las
Baleares, se fija el inicio de la ocupación musulmana de las islas en el
902. Sin embargo, hubo contactos previos. En el 707 se produjeron
devastadoras razzias musulmanas contra las islas; ante esta situación la
población solicitó el auxilio de Carlomagno, que acudió con sus naves en
el 786. Con Abd al-Rahman II, entre el 848-49, hubo un levantamiento en
las poco islamizadas Mallorca y Menorca, sofocado con el envío de naves.
Tras la muerte de Almanzor, Al-Andalus vivió un momento de anarquía y
disgregación territorial con los reinos de Taifas. Muchahid, gran
oficial eslavo al servicio de Almanzor, se hizo con el gobierno de
Baleares y Denia. Convertido en pirata, se dedicó a saquear las costas
próximas. El rey taifa de Zaragoza logró anexionarse Denia, mientras las
Baleares se mantuvieron independientes. Los almorávides llegaron al
archipiélago balear a finales de 1116, tras las expediciones catalano-pisanas
encabezadas por Ramón Berenguer III entre 1113-1115. A la decadencia del
poder almorávide le siguieron los segundos reinos de Taifas y la llegada
de los almohades, que volvieron a conquistar los reinos Taifas. Baleares
fue uno de los lugares que ofreció mayor resistencia con la dinastía de
los Banu Ganiya, pero terminó por ser conquistada: Mallorca en 1202 y
Menorca en 1203. Los musulmanes introdujeron en las islas cultivos de
regadío y numerosas acequias, pozos, molinos, así como conducciones
subterráneas de agua llamadas qanat. Se ha constatado que en aquel
momento continuaba el cultivo de olivos en las islas.
La presencia almohade llegó a su fin con la conquista de Mallorca en
1229 y de Menorca en 1235 por el rey aragonés Jaime I, el Conquistador.
Desde el Tratado de Cazorla de 1179 había quedado clara la inclusión de
las Baleares dentro del ámbito de influencia de la Corona de Aragón. La
empresa tuvo carácter de cruzada y fue incitada por los intereses de la
burguesía catalana. El reino de Mallorca fue incluido dentro de la
Corona de Aragón con los mismos derechos que las otras regiones que la
componían. La repoblación se efectuó mediante personas e instituciones
provenientes de la Cataluña Nova, plasmadas en la Carta de Franquicias
dada a Mallorca en 1230 y a Ibiza en 1236. Las islas quedaron
despobladas tras las matanzas de musulmanes efectuadas por Jaime I y las
emigraciones que las siguieron. Los musulmanes quedaron sometidos a la
servidumbre, ya que no hubo pactos de capitulación. El Llibre del
Repartiment de 1232 reflejó la realidad de las islas: la debilidad de la
población y estructuras musulmanas frente a la consolidación de los
modos feudales y la eliminación de los musulmanes como propietarios. Las
tierras de Mallorca fueron divididas en dos partes, una para el rey y
otra para los grandes nobles. También se efectuaron porciones, lotes de
tierra más pequeños para los miembros de una nobleza que se hizo fuerte
tras la conquista, como los Bennáser, Ripoll o Jaume Picany. La
conquista supuso la desaparición de numerosos molinos, del qanat, así
como de los cultivos de algodón y arroz, mientras se potenciaba el
cultivo de vides. Los comerciantes catalanes consiguieron franquicias en
las islas así como colonias de mercaderes genoveses y pisanos, lo que
demuestra la importancia de las Baleares en el comercio mediterráneo.
A la muerte en 1276 de Jaime I, el reino de Mallorca quedó separado de
la Corona de Aragón con Jaime II, que recibió también Rosellón, Cerdaña
y Montpeller. En 1279 Pedro III de Aragón impuso a su hermano Jaime II
de Mallorca la obligación de rendirle homenaje por sus posesiones. Jaime
se negó y buscó apoyos entre los enemigos de Pedro III como el Papado,
Francia y los Anjou de Nápoles. La crisis estalló en 1285: Jaime II dejó
paso libre en el Rosellón a los cruzados franceses, mientras Pedro III,
tras rechazar la incursión francesa, ocupaba Mallorca e Ibiza ese mismo
año y Menorca en 1287. Jaime II recuperó sus posesiones en 1298 tras
cumplimentar el pacto de infeudalización. El interés del monarca
aragonés por las islas se relacionaba con el tráfico comercial y la
expansión territorial por el Mediterráneo, en el que las islas ocupaban
un lugar de gran valor estratégico. Aprovechando la crisis del comercio
entre 1329-1343, el rey aragonés Pedro IV, el Ceremonioso, se ganó a los
mercaderes mallorquines y ocupó las islas casi sin resistencia en 1343.
Jaime III intentó recuperarlas, pero fue vencido en Llucmajor en 1349.
Durante el período bajomedieval las Baleares fueron sacudidas por crisis
generalizadas: se vieron inmersas en las numerosas guerras que emprendió
Pedro IV; la peste asoló las islas en las oleadas de 1348, 1362-63,
1375, 1388, 1396, 1430; a lo que se unieron las sequías en 1374, l´any
de la fam y 1384-88, así como las lluvias torrenciales de 1403. En aquel
panorama de desolación se produjeron los progroms contra las pobladas
juderías de Mallorca en 1391. Los problemas más importantes fueron
provocados por el malestar creciente de los foráneos. Estos campesinos
consideraban que sus intereses estaban supeditados a los de la ciudad,
cuyo Consell, equivalente a las Cortes, no sólo elegía a los
representantes de las villas, sino que imponía las contribuciones
campesinas sin que sus representantes tuvieran una participación
efectiva en el Consell. La revuelta foránea estalló en 1450 y fue
contundentemente sofocada por las tropas enviadas desde Nápoles por el
rey aragonés Alfonso V, el Magnánimo. Los campesinos fueron obligados a
pagar tanto los daños causados, como los atrasos en los pagos. Fernando
I, el Católico, recibió el reino de Mallorca endeudado y con la crisis
ciudad-villas aún latente. Intentó poner solución a la grave situación
económica, pero alguna de sus medidas, como la introducción en las islas
del Santo Oficio, tuvieron efectos negativos en el comercio al provocar
la huida de muchos mercaderes.
Edad Moderna
Durante el siglo XVI se produjo un incremento demográfico, más acusado
en el campo que en las ciudades: sobre un total de población de 114.000
habitantes en Mallorca, 20.000 pertenecían a la capital. El crecimiento
demográfico no vino acompañado de uno económico, por lo que la situación
campesina empeoró. La conflictividad latente que existía en el reino de
Mallorca: bandolerismo de la nobleza, agobio financiero, declive del
comercio y tensión ciudad-villas, derivó en la rebelión de los
Agermanats, movimiento vinculado a las Germanías de Valencia. Sin
embargo, algunos autores han enmarcado estos movimientos dentro de los
enfrentamientos entre menestrales y caballeros por el control del
gobierno de las ciudades. En Mallorca el alzamiento comenzó a finales de
1520 y contó con varios líderes como Joan Crespí o Joanot Colom. Ante la
unión de los gremios urbanos y la caída de la isla bajo su control, el
virrey huyó a Ibiza en 1521 y la nobleza se refugió en Alcúdia. La
reacción real se inició en octubre de 1522 y culminó con el sitio a
Mallorca entre diciembre de 1522 y marzo de 1523. La rebelión agravó la
crisis económica que pretendía resolver porque no sólo supuso pérdidas
económicas y financieras, sino que supuso una mayor presencia de los
estamentos privilegiados frente a menestrales y foráneos. Carlos V fue
el único de los monarcas de la Edad Moderna que visitó las islas durante
una campaña contra los turcos en 1558. Los musulmanes seguían siendo una
grave amenaza para las islas, así en 1558 la Ciudadela de Menorca fue
saqueada por naves turcas. En el reino de Mallorca se multiplicaron las
fortificaciones: murallas de Alcúdia y Palma, construcción del fuerte de
San Felipe, defensas del puerto de Mahón. La crisis del siglo XVII no
afectó demasiado a las islas debido al incremento de la producción
agrícola, sobre todo de cereales, aceite y uvas. En cambio las epidemias
de peste de 1652 mermaron la población del archipiélago. En Mallorca
hubo entre 15.000 y 20.000 muertos, en Ciutadella, 636 y en Ibiza, 711.
Desde la primera mitad del siglo XVII, la nobleza mallorquina, agrupada
en los bandos de los Canamunt y los Canavall, se dedicó a una violenta
lucha de bandos a lo largo de treinta años, frente a la que los virreyes
nada pudieron hacer.
Durante la Guerra de Sucesión que enfrentó al archiduque Carlos de
Austria y Felipe de Borbón, las Baleares se decantaron en un primer
momento por el francés, pero ante la amenaza de una flota
anglo-holandesa en las proximidades, el archiduque fue proclamado rey en
Mallorca e Ibiza durante 1706. La capitulación de Mallorca, puesta en
sitio por el duque de Berwick, anunció la dominación de toda la isla en
1715. Como consecuencia de la resistencia a Felipe V, se impuso a las
islas el Decreto de Nueva Planta, centralizador y absolutista, que
terminaba con las instituciones tradicionales: desaparecieron el
Consell, los Jurats y las Universitats, mientras se implantaron la
Audiencia, el Comandante General, los Regidores y el Intendente, todos
dependientes del Consejo de Castilla. Menorca fue ocupada por los
ingleses en 1708, situación confirmada tras el Tratado de Utrecht de
1713. Esta primera etapa bajo dominio inglés, comprendida entre 1713 y
1756, destacó por el gran desarrollo económico, agrícola y de las
comunicaciones que vivió la isla, sobre todo bajo el mandato del
gobernador R. Kane (1713-1733). Durante la Guerra de los Siete Años,
comprendida entre los años 1756 y 1763, tropas francesas ocupan Menorca.
Tras el Tratado de París de 1763 se inició la segunda etapa de dominio
inglés, que se extendió hasta 1781. En aquel momento se inició un breve
control español de la isla hasta el año 1798, interrumpido por unos años
de ocupación británica de 1798 a 1802. Desde aquel momento la isla
permaneció en manos de la corona española.
Durante la Guerra de la Independencia se formó la Junta Suprema de las
Baleares con delegados de todas las islas. La flota inglesa protegía a
las Baleares de la presencia francesa, por lo que hubo numerosos
emigrados de otras regiones que difundieron las ideas liberales en las
islas. El pensamiento liberal sin embargo, no consiguió progresos
notables en las islas, fundamentalmente señoriales y agrícolas. Tampoco
se extendió por las islas el movimiento carlista, salvo en las revueltas
producidas en Inca en 1831 y Manacor en 1835. Las clases sociales
privilegiadas poseían una quinta parte del total de tierras. Las
desamortizaciones, que afectaron sobre todo a propiedades eclesiásticas,
no solucionaron el problema campesino, pero en cambio, beneficiaron a la
burguesía, que pudo comprar tierras a bajo precio. Durante el siglo XIX
el tráfico comercial volvió a cobrar fuerza, no sólo por la toma de
Argel, que supuso el fin de la piratería, sino por la liberalización del
tráfico con América. Mallorca fue punto importante de la ruta entre las
Antillas y los puertos mediterráneos de Valencia, Barcelona, Marsella y
Génova. En aquellos momentos comenzaron a fraguarse las fortunas de los
grandes navieros como José de Cáceres, Pau Sorà, Josep Estadé, Miquel
Ferragut o Josep Rosich. Con la reorganización administrativa de 1833 se
creó la Provincia de Baleares, cuya capital quedó establecida en Palma.
En aquellos momentos fueron creados la Junta de Obras del Puerto, el
Crédito Balear en 1872 y la Compañía de Ferrocarriles de Mallorca en
1875. En Menorca se desarrolló una importante industria textil y de
calzado. Los momentos finales del siglo XIX dieron paso a una crisis
generalizada: crisis agrícola en 1889, cierre del mercado francés para
el vino de Mallorca, epidemia de filoxera en 1891, ruptura de los lazos
coloniales, que se manifestó en un aumento de la emigración a América y
Argelia. La oleada de industrialización favoreció la creación del
movimiento obrero en las Baleares que desde finales del XIX protagonizó
contundentes huelgas: en Mallorca en 1890 y en Menorca en 1903.
Edad Contemporánea
La neutralidad española durante la I Guerra Mundial favoreció
económicamente a las Baleares, sobre todo porque aumentaron las
exportaciones de productos textiles y calzado a los países combatientes.
Estas exportaciones favorecieron un proceso de modernización industrial
en Mallorca y Menorca. La crisis económica de los años veinte perjudicó
a algunas de las exportaciones baleares, pero no afectó profundamente al
archipiélago por el incremento, desde esa década, de la actividad
turística. La actividad política en las Baleares a principios de siglo
se centraba en torno a dos grupos: el conservador, donde se daban cita
los nobles y más ricos burgueses y el liberal, que unía a intelectuales
y pequeña burguesía. Existían también pequeños grupos de republicanos y
socialistas, así como de extrema derecha. Relacionados con la creciente
modernización e industrialización de las Baleares, comenzaron a cobrar
fuerza los primeros movimientos regionalistas en las islas, que tuvieron
una estrecha vinculación grupos similares en Cataluña. Los grupos
obreros, reforzados internamente, se habían acogido a los planteamientos
socialistas; así en 1913 se creó la primera Federación Socialista Balear
y en los años veinte la mayor parte de los trabajadores de Palma se unió
a la Federación de Sociedades Obreras de la Casa del Pueblo. La fuerza
de los movimientos obreros logró extenderse a las zonas rurales con la
creación de la Federación Regional de Campesinos.
En las elecciones municipales de 1931 se constató el peso de la derecha
monárquica y los liberales en Mallorca, y la fuerza del Frente Unido
Antimonárquico, que englobaba a socialistas, republicanos y la Unión
General de trabajadores (UGT), en Menorca. Palma de Mallorca fue una de
las únicas cuatro capitales de provincia españolas donde triunfaron las
posturas monárquicas frente a las republicanas. Durante la II República,
la izquierda se hizo con los cargos políticos más importantes, pero no
pudo someter a la poderosa derecha caciquil y ofrecer un nuevo modelo de
desarrollo socio económico alternativo para las islas. En 1931 se creó
la Associació per la cultura de Mallorca, que redactó un anteproyecto de
estatuto de autonomía. Este incluyó en un primer momento a todas las
islas, pero excluyó después a Menorca, donde había una fuerte corriente
que pedía la incorporación a la Generalitat de Cataluña. Este
anteproyecto no fue apoyado por suficientes partidos, lo que supuso que
no se llegara a poner en marcha y, en consecuencia, un retroceso del
movimiento regionalista. La derecha volvió a reorganizarse en torno a la
Unión de Derechas, encabezada por Lluís Zaforteza. Los antiguos
liberales, convertidos en aquellos momentos en republicanos de centro,
tenían como cabeza al poderoso Joan March. En cuanto a los grupos de
izquierda, los republicanos se vincularon en 1934 a Esquerra Republicana
Balear, mientras continuaba la Federación Socialista Balear, al mando de
Ignasi Ferratjans. En las elecciones de 1936 se volvió a constatar el
peso de la derecha en Baleares.
El pronunciamiento militar golpista del 18 de julio de 1936 contra el
gobierno republicano demostró, por la aceptación que tuvo, las
diferencias entre las islas del archipiélago: triunfó en Mallorca e
Ibiza, mientras Menorca se mantuvo fiel al gobierno. Desde Mallorca
partió el general Goded para la toma de Barcelona y ambas islas
nacionales fueron usadas como base para acosar las costas levantinas en
general. Alfredo Kindelán, general conservador opuesto a la primacía de
Francisco Franco en el bando nacional, fue designado comandante militar
en las Baleares. No hubo grandes batallas en las islas y sólo debe
destacarse un intento republicano para recuperar Mallorca, cuyas fuerzas
desembarcaron en Manacor. A pesar de lo reducido de las defensas
nacionales en la isla, la toma fracasó por la descoordinación de los
asaltantes. En febrero de 1937 se produjo la toma de la isla de Menorca
a manos de las tropas nacionales. Las consecuencias de la Guerra Civil
fueron una disminución de la renta y de las actividades industriales,
mientras que aumentó el nivel de personas dedicadas al sector primario,
acercándolo a los niveles de los años veinte. Desde los años cuarenta,
dentro de la recuperación económica general del país, se volvieron a
alcanzar los niveles económicos del período de preguerra.
El Plan de Estabilización de 1959 supuso la modernización y apertura
definitiva de la economía balear, constatada en las modificaciones de
los sectores económicos. La actividad turística se convirtió en el motor
del resurgir económico, además de favorecer los cambios en los otros
sectores, que se adaptaron a sus exigencias. El primario redujo
notablemente su importancia y el nivel de población activa agraria. En
el total del Producto Interior Bruto (PIB) de las islas ocupaba un 2%,
además se produjo una especialización en cultivos de regadío, más
demandados. El sector secundario se mantuvo en unos niveles
estabilizados de ocupación. Los focos industriales principales se
localizaban en Palma, Inca, Manacor y Ciutadella. Se convirtió en el
sector más vinculado con el turismo, con lo que se potenciaron los
sectores de la construcción, piel, confección, zapatos, alimentos y
bebidas. La actividad turística también ha producido cambios en la
organización territorial de las islas. Antes del boom turístico de los
cincuenta-sesenta, la población se concentraba en el interior, de
espaldas al mar y centrada en las actividades agrícolas. La costa estaba
prácticamente virgen, con la excepción de pequeños pueblos pesqueros.
Desde aquellos momentos se produjo la concentración en el litoral
costero. El turismo ha potenciado el incremento del PIB en más de un
400% y ha colocado a las Baleares en los primeros lugares de los índices
de renta per cápita en España.
La Comunidad Autónoma actual
El 12 de diciembre de 1977 se aprobó el Proyecto de Régimen Transitorio
para la Autonomía de las Islas Baleares, previo a la constitución en
junio de 1978 del Decreto-Ley que consagró el régimen preautonómico.
Como órganos de gobierno transitorios se instituyeron en julio del 78 el
Consejo General Interinsular y los Consejos Insulares de Mallorca,
Menorca, Ibiza-Formentera. Una vez aprobada la Constitución de 1978 se
inició el proceso autonómico de las Baleares por vía del artículo 151.
En enero de 1980, el gobierno de la Unión de Centro Democrático (UCD)
recondujo el proceso autonómico a la vía del artículo 143 de la
Constitución Española. En junio de 1980 se creó la Comissió dels onze,
encargados de redactar el anteproyecto para el estatuto. El Estatuto de
Autonomía, que entró en vigor en febrero de 1983, estableció la
organización institucional autonómica mediante el Parlament de les
Illes, que ejercía la potestad legislativa, el Govern Autónom de les
Illes Balears, organismo colegiado con funciones ejecutivas y
administrativas; el President, elegido por el Parlamento, y los Consells
Insulars de Mallorca, Menorca e Ibiza-Formentera, organismos de
gobierno, administración y representación de cada isla con gran margen
de autonomía frente al legislativo del archipiélago. El Estatuto de
Autonomía reconoció a la lengua catalana como oficial junto a la
castellana.
En las elecciones autonómicas de 1983, la coalición formada por Alianza
Popular (AP), el Partido Demócrata Popular (PDP) y Unión Liberal (UL)
consiguió 21 escaños; el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), 21;
Unidad Mallorquina (UM), 6, y otras formaciones, 6. Fue elegido
president el popular Gabriel Cañellas. En los comicios de 1987, AP
consiguió 25 escaños, seguida del PSOE, con 21, y UCD, con 5. Fue
reelegido presidente Gabriel Cañellas. En las elecciones de 1991 volvió
a triunfar el Partido Popular (PP; refundación de la antigua AP), con 31
escaños, mientras el PSOE obtenía 21. Nuevamente Gabriel Canellas ocupó
la presidencia. En 1995, el PP obtuvo 30 escaños; el PSOE, 16, y el
resto de formaciones, 10. Cañellas continuó como president, pero tuvo
que dimitir semanas después a consecuencia del escándalo en la concesión
de la construcción del túnel de Sóller. Fue sustituido en la presidencia
por Cristóbal Soler. Tras las elecciones autonómicas de 1999 asumió la
presidencia el socialista Francesc Antich, artífice de un pacto
pluripartidista para formar un Gobierno progresista en el archipiélago.
De la mano del que fuera ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, el PP
recuperó el Gobierno balear y la mayoría absoluta tras los comicios
autonómicos de 2003.
El turismo es la principal actividad económica de las Baleares. Se
reciben cada año más de 7.000.000 de turistas, sobre todo británicos y
alemanes. Mallorca es la que ofrece mayores infraestructuras turísticas,
puesto que el turismo de masas en Menorca se inició en los setenta. La
mayor concentración se encuentra en Calvià, localidad española con más
alto nivel de renta per cápita. Como muestra del atractivo turístico que
ofrecen las Baleares, debe destacarse que Marivent es la residencia
oficial veraniega de SS. MM. los Reyes de España.
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de Baleares
Las
islas Baleares conservan una rica variedad de muestras artísticas
durante todas sus épocas históricas. De aquellos primeros momentos
destacaron las construcciones de navetas como la de Son Massot
Calvià en Mallorca, talayots como los de Son Fornés o Coll dels
Moixerrins y las taulas como la de Trepuco en Menorca. Se han
conservado numerosas figurillas púnicas de barro en los
enterramientos, así como magníficas cabezas de toro en bronce como
el encontrado en la taula de Torralba
De época romana destacan las numerosa basílicas paleocristianas como
las de Es Frares, Son Peretó y Sa Carrotja, los restos de la ciudad
de Pollentia o del teatro romano de Alcúdia. De época musulmana
destacan los bellos baños y la puerta de la Almudaina, ambos en la
ciudad de Palma de Mallorca, así como la residencia rural de Aljabia
o el trazado urbano de Fornalutx y Biniaraix. Con la conquista de
Jaime I penetró en las islas el arte gótico, cuyos principales
ejemplos son la magnífica catedral, el castillo de Bellver o la
lonja, todos en Palma de Mallorca
De aquel período medieval balear sobresale la figura de Ramón Llull,
cuyas obras de filosofía, religión, científicas o literarias, tenían
un claro fin didáctico. Escribió tanto en catalán, árabe o latín y
entre sus más famosas creaciones están el Llibre de l´amic i de
l´amat y el Llibre de Meravelles. Otro autor, famoso por su
oposición a las teorías de Ramón Llull, fue Anselm Turmeda. El arte
renacentista se plasmó tardíamente en las islas y sobre todo
destacaron las construcciones palaciegas como la casa Villalonga y
la casa Olesa, ambas en Palma, así como la puerta del antiguo coro
de la seo de la misma ciudad. En el siglo XVII continuaron
construyéndose casonas señoriales como la casa Sarrià, cerca de
Establiments o la de So N´Homar, en la carretera de Sóller. Destacan
de aquel período los retablos del Cristo y el de Sant Bartolomé, en
la iglesia de Santa Eulària de Palma, así como el retablo del
Rosario, en la iglesia de Sant Domingo de Pollença. En pintura debe
destacarse la obra tenebrista de Guillén de Mesquida. En el siglo
XVIII destaca por su originalidad la arquitectura popular ibicenca:
iglesias de Sant Joan, Sant Francesc de Paula y Sant Mateu en la
isla de Ibiza, o la iglesia del Pilar en Formentera. Durante el
siglo XVIII, las islas se llenaron de nuevos palacios tanto en las
ciudades: palacio Vivot, palacio Berga, ambos en Palma, como en el
campo: Sa Granja, cerca de Esporles y Son Berga, en Establiments.
Como muestras de arquitectura barroca deben resaltarse también la
parte superior de la portada de Sant Francesc de Palma, el retablo
de San Antonio en la catedral de Palma o el altar mayor de la
iglesia de Santa Eulària. La introducción del neoclasicismo en las
Baleares se debió a las figuras de Antoni Despuig o fra. Miguel de
Petra, autor del baptisterio de la catedral de Palma. Otras obras de
aquel período fueron el ayuntamiento de Mahón, el palacio de
Torresaura y el obelisco del Born en Ciutadella y la iglesia
parroquial de Llucmajor. Los pintores baleares más destacados del
siglo XIX fueron Agustí Buades, Joan Bauzá, Ricardo Ankermann y
Agustí Ribas. De la primera mitad del siglo XX destacaron las
creaciones de Guillen Forteza, que rescataba elementos tradicionales
pero adaptados a las nuevas necesidades y de Nicolau Rubió i Tudurí,
diseñador de los jardines del palacio de Pedralbes de Barcelona. En
pintura sobresale la obra de Bartolomeu Ferrá, Antoni Gelabert, Juli
Ramis; en escultura la de Llorenç Rosselló y en literatura, Pau
Faner, Miquel Riera y Llorenç Villalonga. Entre los creadores
actuales destaca, por la innovación de su trabajo artístico, la obra
de Miquel Barceló, uno de los pintores contemporáneos más conocidos
y apreciados. Las Islas Baleares, además de ser cuna de numerosos
creadores de todas las ramas artísticas, ha servido de refugio a
otros muchos provenientes de lejanas tierras como Chopin, Manuel de
Falla, Rubén Darío o Robert Graves.
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La
economía de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares ha
experimentado cambios importantes en la segunda mitad del siglo XX.
La agricultura ha pasado de ocupar el 40% de su población activa a
poco más del 6%. El cambio se ha producido hacia el sector terciario,
que emplea a más del 70% de la población activa y domina
progresivamente frente a los otros sectores económicos.
La notable importancia que ocupa el sector terciario de las Baleares
se debe, sobre todo, al incremento espectacular del turismo en las
islas en los últimos años.
-
Sector
primario
-
Las
actividades del sector primario en la Comunidad de las Baleares
son poco importantes. Una pequeña parte de la población activa
trabaja en el sector primario y la mayoría de ella se dedica a
la agricultura, seguida de lejos por la ganadería y la pesca.
-
Agricultura
-
La
actividad agraria producía tradicionalmente los cultivos de la
trilogía mediterránea (cereal, vid y olivo). En las últimas
décadas ha disminuido la tierra cultivada, se han ampliado las
zonas de regadío y se han diversificado los cultivos que
intentan orientarse al mercado que ha originado el impacto
turístico. Respecto a la estructura de propiedad de la tierra,
hay que distinguir algunas diferencias entre las distintas islas:
mientras que en Eivissa (Ibiza) predominan las pequeñas y
medianas explotaciones, en Menorca hay grandes propiedades que
emplean mano de obra asalariada; esta estructura menorquina se
ha visto favorecida por el sistema de hereu o heredero único de
la propiedad. En Mallorca se dan todos los tipos de explotación:
en el norte grandes propiedades y en el resto de la isla
predominan las pequeñas y medias. En la actualidad, se está
produciendo un cambio de la estructura de propiedad de la tierra.
En Mallorca y Eivissa (Ibiza) hay gran cantidad de cultivos
arbóreos, sobre todo almendros (la higuera y el algarrobo,
importantes en tiempos pasados, están en retroceso), alternando
con los herbáceos (forrajes) y con una gran producción de
hortalizas. En Menorca, debido al fuerte viento, el árbol es
prácticamente inexistente y predominan los cultivos herbáceos (cereales
y forrajes).
-
Ganadería
-
La
ganadería es una actividad de menor importancia, aunque el
vacuno para la producción de leche y la fabricación de quesos
cuenta con una cabaña de aproximadamente 36.000 cabezas. El
ganado ovino se ha incrementado en los últimos años llegando a
contabilizar unas 300.000 cabezas. La producción de ganado cubre,
en parte, la mayor demanda de carne debida al sector turístico.
-
Pesca
-
Los
recursos pesqueros, de gran tradición en las islas, se han visto
muy reducidos por la sobrepesca y la contaminación. Existe una
flota de bajura que atiende la demanda de pescado fresco.
Destacan los puertos de Palma, Alcúdia, Andraitx, Mahón (Maò) y
Ciutadella.
-
Sector secundario
-
La
industria representa el 18% del producto interior bruto (PIB) de
la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares. Por tanto, se está
hablando de un sector que casi supone una quinta parte de la
economía balear.La construcción es, sin duda, la principal
actividad industrial. Además, existen algunas industrias
tradicionales que se mantienen, no sin pasar periódicas crisis,
como el calzado, la bisutería y el mueble.Hay empresas de
curtido de pieles para abastecer a la industria zapatera y la de
confección, de productos agroalimentarios (quesos, embutidos y
bebidas alcohólicas), y las dedicadas a la fabricación de
productos de artesanía para el mercado turístico.
-
Sector terciario
-
El
sector terciario es el más importante de la Comunidad de las
Baleares. Más del 70% de la población activa están empleados en
el sector terciario, también conocido como sector servicios. El
turismo la principal base de la economía balear. Las Baleares
son la comunidad autónoma española que cuenta con mayor número
establecimientos hosteleros, aproximadamente 1.300 en total (le
sigue Girona con aproximadamente 700) y con mayor número de
apartamentos turísticos (aproximadamente 37.000). Todo ello,
junto con fondas y pensiones, ofrece una capacidad de más de
400.000 plazas simultáneas. Cada año visitan las islas
unos siete millones de turistas, lo que hace del turismo el
sector más importante en la actividad económica de la comunidad
autónoma. Ocupa el 80% del producto interior bruto regional.
Estos datos sitúan a la Comunidad de las Islas Baleares a la
cabeza del país en cuanto a renta per capita, es decir ingresos
por habitante y año.
La fuerte demanda de productos que conlleva el sector turístico
provoca que la mayor parte del abastecimiento necesario venga de
fuera de las islas, en especial del resto de provincias
españolas.
Por este motivo, los puertos, y en especial el de Palma de
Mallorca, tienen un intenso tráfico comercial. El conjunto de
los puertos insulares reciben aproximadamente 24.000 buques de
mercancías, por tanto, ocupan el primer lugar dentro del
conjunto español en este apartado. El aeropuerto de Palma de
Mallorca, Son Sant Joan, es uno de los primeros de España en
número de viajeros, en especial los que se trasladan en vuelos
chárter.
Las islas Baleares disponen de una adecuada red de carreteras y
Mallorca cuenta con algunos tramos de autovía que facilitan los
accesos a la capital. Existen, además, dos líneas de un viejo
ferrocarril, más pintoresco que veloz, que enlaza Palma con el
interior de la isla.
La actividad comercial se sitúa en los principales centros
turísticos y en las ciudades: en Menorca, Maó y Ciutadella; y en
Mallorca, en Palma, Inca, Sa Pobla, Pollença y Sóller, en donde
todavía se celebran mercados semanales que tienen su origen en
la función tradicional de centro comercial de las comarcas
agrícolas.
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de Baleares
Este
conjunto insular del Mediterráneo occidental se localiza a 82 km de
las costas de Alicante y presenta un relieve claramente heterogéneo
en cada una de las islas que lo constituyen, aunque la mayor parte
de éstas no son más que la continuación natural de los principales
accidentes montañosos que accidental el S de la Península Ibérica,
es decir, del Sistema Bético, esencialmente en el caso de Mallorca, Menorca e Ibiza. Mientras, Formentera y Cabrera conforman la
prolongación de la cordillera Costero Catalana. La cumbre de todo el
conjunto se localiza en Mallorca, en la sierra de Tramuntana, cuyo
Puig Major se eleva hasta los 1.445 m de altura sobre el nivel del
mar.
De esta
manera, el origen de las islas Baleares se remonta al plegamiento
alpino, acaecido durante la Era Terciaria y aparecen formadas
fundamentalmente por materiales calizos (molasas, calizas,
conglomerados, margas, etc.). Sólo en Menorca, la isla de una
topografía más plana u horizontal, existen extensos sustratos
silíceos (esquistos y areniscas), esencialmente al N del territorio.
También aparecen pequeños enclaves de estas rocas pobres en bases en
algunas localidades de Mallorca (Lluc y Santueri). Los suelos pardos
y rojos calizos mediterráneos son los dominantes en las islas,
aunque la fuerte erosión de los torrentes los ha denudado en gran
parte y abundan en muchas áreas las rocas desnudas, así como los litosuelos y las rendzinas.
Desde el punto de vista climático y geomorfológico, las Baleares
forman parte del dominio mediterráneo y, a pesar de las escasas
diferencias geológicas, el relieve se compartimenta a partir de
bloques secundarios plegados por la orogenia alpina que alternan, a
su vez, con diversas cuencas rellenadas posteriormente por
materiales terciarios. Así, los movimientos tectónicos se iniciaron
durante el Eoceno, hecho que condicionó la emersión de un
promontorio unido a la Península Ibérica cuya posterior ocupación
por las aguas de la cuenca que les separaba configuró el actual
archipiélago de las Baleares.
Las costas se encuentran, por lo general, intensamente accidentas y
destacan por hallarse muy recortadas por la presencia de un gran
número de calas. También hay algunas ensenadas y bahías, sobre todo
en Mallorca. En Formentera, sin embargo, destacan sus amplias
formaciones dunares.
No obstante, a pesar del origen común de las islas se distinguen
tres zonas claramente diferenciadas: Mallorca, Menorca y las
Pitiusas: Ibiza (Eivissa) y Formentera.
-
La isla de Mallorca
La isla de Mallorca es la mayor de las islas Baleares con
3.624 km² y la que presenta mayor variedad de paisajes. Desde un
punto de vista geográfico se pueden distinguir tres zonas: la
sierra de Tramuntana, las sierras de Llevant y el Pla. -
La sierra de Tramuntana es una sierra paralela a la costa, en la
que se alzan las mayores alturas de las Baleares: el Puig Major
con 1.445 m de altura y el Masanella con 1.348 m. Sobre la roca
caliza el agua ha cavado unos surcos, también llamados lapiaz,
que en ocasiones son tan profundos y de bordes tan agudos que
hacen el terreno impracticable. Destaca el lapiaz de Son Coll.
Por otro lado, la potencia erosiva del agua ha ido encajando los
torrentes hasta dar formas espectaculares como el torrente de Pareis. La sierra de Tramuntana no forma un macizo compacto sino
que está organizada en valles longitudinales, discontinuos y
comunicados entre sí por barrancos. Destacan los valles de Sóller, Andratx y Pollença. Esta sierra empieza y acaba con dos
lugares especiales: la isla Dragonera y el cabo Formentor. - La
península de Formentor corresponde con el extremo norte de la
sierra de Tramuntana que en su avance hacia el mar se divide en
dos ramas, la península de Formentor y la atalaya de Alcudia,
que rodean la bahía de Pollença.- Las sierras de Llevant están
situadas en la costa oriental de la isla. Su máxima altura es el
Son Morel con 562 m. Lo mismo que en la sierra Tramuntana la
erosió kárstica ha actuado sobre la roca caliza y ha dado lugar
a simas y cuevas como las de Artá. - El Pla es la zona plana que
se sitúa entre la sierra Tramuntana y las sierras de Llevant.
Pueden distinguirse tres áreas: una al pie de la sierra de Tramuntana, húmeda y fértil en la que se encuentra la ciudad de
Palma; otra en el centro, accidentada por pequeños relieves
vinculados a las sierras de Llevant; y por último, Sa Marina,
situada al sur que acaba en el acantilado de Cap Blanc. Además,
en Sa Mariana se encuentran cuevas del Drac, que cuentan con el
mayor lago salado de su especie en el mundo, el Lago Martel
-
La isla de Menorca
La isla de Menorca es la segunda islas de las Baleares en
cuanto a dimensiones (702 km²) y la más alejada del litoral
peninsular. Se trata de una isla plana donde sopla el viento
muchos días al año. Se divide en dos zonas: el sector norte,
donde continua la sierra Tramuntana y se encuentra la máxima
altura de la isla, el monte Toro, con 357 m de altura; y el
sector sur que se llama el Migjorn y es una zona sin apenas
elevaciones, donde los accidentes más destacados son los
barrancos excavados en la roca caliza que al llegar al mar
acaban en preciosas calas de arena fina como las de Macarella o
Santa Galdana, entre otras.
-
Las islas Pitiusas: Ibiza (Eivissa) y Formentera
El archipiélago de las Pitiusas está formado por Eivissa (Ibiza)
y Formentera y todos los islotes cercanos. Son tierras muy
parecidas a las de Mallorca, puesto que se puede considerar a la
isla de Ibiza (Eivissa) como un tramo emergente de la sierra Tramuntana y a la isla de Formentera relacionada al Pla de
Mallorca. Ibiza es la tercera isla balear, con una superficie de
540 km². A pesar de ser una continuación de la sierra Tramuntana,
su relieve no tiene la altura de ésta. Su máxima altura es Sa
Talaiassa con 475 m de altura. La costa posee numerosas calas,
sólo la bahía de Sant Antoni queda protegida de los vientos. Formentera es una isla plana de aproximadamente 82 km² que está
formada por dos macizos elevados: La Mola (122 m) y el Cap de
Barbaria (107 m).
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El
archipiélago balear cuenta con un total de 86 espacios protegidos
que suponen cerca de 1.874 km2 de superficie, es decir, un 37% de la
superficie total de las Baleares, que alcanza los 5.014 km2.
En el conjunto de los espacios naturales sobresalen el Parque
Nacional Marítimo-Terrestre del archipiélago de Cabrera así como los
parques naturales de Mondragó y S'Albufera de Mallorca. Después, se
encuentran más de 80 espacios catalogados como parajes naturales,
reservas o sitios naturales por sus características naturales y
paisajísticas; sobresalen, dentro de todos ellos, la S'Albufera des
Grao (Menorca), S'Albufereta (Mallorca), Algendar y Costa Sud de
Ciudatella (Menorca), Amunts d'Eivissa (Ibiza), Sierra de Tramuntana
(Mallorca), Cala Jondal (Ibiza), Cap Alt y Cap de Barbaria (Formentera),
Dunas de Son Real (Mallorca), La Mola (Formentera), Ses Salines
(Ibiza), La Vall d'Algairens (Menorca), Cap de Ses Salines (Mallorca),
Punta Negra-Cala Mitjana (Formentera), Calas de Manacor (Mallorca),
Punta Prima (Mallorca), El Toro (Menorca) y Cap Llentrisca-Sa
Talaissa (Ibiza), entre otros.
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de Baleares
Datos básicos
Nombre oficial: Comunidad
Autónoma de las Islas Baleares. División administrativa: Uniprovincial. Capital: Palma de Mallorca. Extensión: 5.014 km².
Población
Población:
841.669 (2001) Natalidad: 9.417 (2000)
Desarrolo ecónomico y laboral
PIB a precios
de mercado: 14.214 millones de € (2000) Índice de bienestar: 9 (media
nacional 2001: 5 sobre 10) Población activa: 351.900 (2001)
Población inactiva: 258.100 (2001) Población ocupada: 335.300 (2001)
Población parada: 16.600 (2001) Tasa de paro: 4,7 % (2001) Paro
registrado: 20.884 (2001)
Administración y
Gobierno
Estatuto de
autonomía: LO 2/1983, de 25 de febrero (BOE nº51, de 1 de marzo de
1983). Reformado por LO 9/1994, de 24 de marzo y por LO 3/1999, de 8 de
enero. Órganos autonómicos: Ejecutivo: Gobierno Balear. Presidente: Jaume Matas. Legislativo: Parlamento de las Islas Baleares: 59
diputados. Judicial: Tribunales Superiores de Baleares. Partidos
políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de
2003): PP-AIPF: 30 escaños; PSOE: 15 escaños; PACTE: 5 escaños; PSM-ENTESA: 4 escaños; UM: 3 escaños; EU-EV: 2 escaños. Funcionarios
de la administración pública (año 2001): 38.849 Admón. Estatal:
17.492 Admón. Autonómica: 12.958 Admón. Local: 8.295
Universidades: 1.104 Enlaces en Internet http://www.caib.es;
Página oficial del Gobierno Balear.
http://www.caib.es;
Página oficial del Gobierno Balear. http://www.parlamentib.es; Página
oficial del Parlamento de las Islas Baleares.
Otros datos de
interés o curiosidades
Fiesta autonómica: 1 de marzo,
Día de las Islas Baleares.
Fuente de algunos de estos artículos:
ENCICLONET
- La Enciclopedia Universal.
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