Monumentos y Fiestas

 

 

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MONUMENTOS DE GIJÓN...

La casa Ramírez de Jove

Del siglo XVI, hoy sede del Colegio de Arquitectura, es de planta cuadrada y pórtico central. Su fachada está hecha en sillar, de organización simétrica y cuatro pisos. La planta baja de mayor altura con la puerta principal en forma de arco de medio punto con ventanas. El piso superior con gran numero de aberturas destacando el balcón central sobre la puerta principal y uno a cada lado. En el tercer piso el muro es ciego con escudo y en el último piso hay dos ventanas.

El palacio de la Casa-Museo de Jovellanos

Es Monumento Histórico Artístico, su estructura es de cuerpo central con dos torres, la de la izquierda muy desnaturalizada al unirse este palacio a la casa vecina de los Bordiu-Cienfuegos. Los edificios fueron adquiridos por el ayuntamiento y se reformaron en diferentes fases, en la última fase se cubrió el patio para ganar terreno. El museo alberga objetos personales de Jovellanos y piezas de la época. El resto son objetos que van desde el XVIII hasta nuestra época.

El palacio de Valdés o colegio Santo Ángel

Muestra del barroco temprano. Su estructura es de cuerpo central y dos torres, con capilla adosada a la izquierda y su organización interior en torno a un patio. Su fachada es de gran sobriedad con sillar almohadillado. La capilla se comunica con la residencia por una tribuna. Destacar la puerta que está entre pilares, rematada por un frontón sobre el que está el escudo de armas.

La torre de los Jove-Hevia, y la capilla.

La torre es de cinco pisos rematada en almenas. Tras el edificio hay un cuerpo horizontal que es la residencia, fue revestido a principios del siglo XX, con mampostería. La fachada de la capilla está muy deteriorada y está realizada en aparejo almohadillado.

El palacio de Jove-Huergo y su capilla de la Trinidad

Hoy Museo Juan Barjola, es Monumento Histórico Artístico. Construido con sillares, son dos cuerpos simétricos separados por pilastras. Su capilla tiene una fachada más compleja. La puerta enmarcada por molduras de orejas y franqueada por tres pares de pilastras, encima tiene un alto cuerpo con el escudo de los Jove, sostenido por dos leones entre dos pilares y sobre ellos un frontón curvo. La estructura del ático está entre pilastras y rematado por un frontón también curvo y adornado por pirámides y bolas. Su planta interior son dos tramos de nave con bóveda de arista y la cabecera con cúpula sobre pechinas. La comunicación con el palacio, es por los pisos altos que son dos tribunas de madera superpuestas.

El palacio del marqués de San Esteban del Mar

Unido a la colegiata de San Juan Bautista, actualmente es el Centro Internacional de Arte Palacio de Revillagigedo declarado Monumento Histórico Artístico. Parte de una torre antigua del siglo XIV, el palacio es de cuerpo central y dos torres laterales con patio interior. En su fachada la planta noble, tiene cinco balcones que se corresponden con sus arquerías bajas. En el piso superior cuatro ventanas enmarcadas que flanquean el desarrollo del escudo. Los pisos se dividen en cinco calles, dos laterales separados mediante pilastras y la central que es más ancha y limitada por columnas. La fachada es rematada por un antepecho calado. Su colegiata dedicada a San Juan Bautista, es pequeña e invade parte de la cabecera del palacio.

Antiguo Instituto Jovellanos

Declarado Monumento Histórico Artístico, Construido para albergar el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía y el Consulado de Comercio. Fue impulsado por Jovellanos aunque el primer director fue su hermano Francisco de Paula Jovellanos, que donó la primera sede, pero este edificio inicial no se adaptaba a las funciones docentes. Encargando Jovellanos un nuevo proyecto al arquitecto Ramón Duran, el solar fue donado por el ayuntamiento. El edificio pasó por varios problemas tanto económicos como de arquitectura y a estos unimos la caída en desgracia de Jovellanos. El proyecto, debido a todo, esto fue simplificado. Se organizó el espacio entorno a un patio central, la fachada prescindió de la galería y del frontón que serían sustituidos por tres vanos para la galería, y un reloj en lugar del frontón. En 1.994 Jorge Hevia y Cosme Cuenca hicieron la última reforma al edificio convirtiéndolo en la sede de la Fundación de Cultura y la Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón.

El ayuntamiento del siglo XIX

El proyecto pasó por varias manos y por varios cambios. El resultado tal y como se ve hoy en día, es una plaza porticada. Su piso bajo presenta un pórtico de arco de medio punto. En la planta noble se abren cinco balcones por piso, separados por pilastras. El vano central del piso noble, tiene una ménsula volada cerrada por antepecho en correspondencia con el cuerpo del reloj que está sobre la cornisa. Su plaza nunca se acabo de construir.

Otros edificios a destacar son:

el Teatro Dindurra, el Café Dindurra, la plaza de toros, el mercado de Jovellanos, el mercado del Sur, el Banco Español de Crédito, el antiguo edificio de la Cruz Roja, la iglesia de San José, la iglesia de San Lorenzo, el café San Miguel, la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y residencia de los Padres Jesuitas y una gran cantidad de calles y casas.

Si destacaremos la Universidad Laboral. La obra más significativa del régimen franquista. Inaugurada en 1.956. La institución se dirigía a la formación técnica y humana de jóvenes trabajadores, con una idea de ciudad independiente, cerrada y autosuficiente. Su enormidad es comparable con el Valle de los Caídos. El núcleo principal es una plaza en parte con pórtico, donde esta la capilla, el rectorado y el teatro. En esta zona también están las habitaciones de los alumnos y del servicio domestico, de las que se encargaban las monjas clarisas. En la periferia estaban los talleres y las zonas de esparcimiento. Hoy en día es la sede del Instituto de Educación Secundaria Universidad Laboral.

Dentro de su concejo destacaremos.

Los castros que hay tres catalogados en el concejo el Castiello de Bernueces, el Castiello de Serín y la Campa de Torres. Este último está declarado Bien de Interés Cultural siendo su primer asentamiento del siglo VI o V a de C. Hay otros tipos de restos como villa de Murias de Beloño o villa Veranes, pero lo que más llama la atención es el torreón de San Pedro declarado Monumento Histórico Artístico, de forma rectangular rematado en ábside y rodeado por un conjunto termal, todavía se sigue discutiendo si era una iglesia o una sala de reunión asociada a baños

La iglesia de San Salvador de Deva,

De su antigua estructura sólo se conserva la capilla del cementerio.

La iglesia de San Miguel de Dueñas

De nave única rectangular y rematada en cabecera semicircular.

La iglesia de Santa María de Leorio en Pedrera

Trasladada al cementerio donde funciona como panteón de los Rodríguez Sampedro.

La iglesia de San Vicente de Caldones

Fue restaurada pero conserva de sus restos románicos la puerta principal y el arco de triunfo.

La abadía de San Juan Bautista de Cenero

Uno de los principales ejemplos de la arquitectura medieval. La puerta principal es abocinada y las columnas entre colillos soportan una imposta apichezada. El arco de triunfo se repite como motivo en la portada. Dentro de la iglesia se encuentra el sepulcro de los Valdés de época bajomedieval.

San Felix de Porceyo del siglo XVII

Con nave única y cabecera rectangular, su tosca portada es de la época de construcción de la iglesia.

La iglesia de Santa María Magdalena

De época románica que fue reconstruida en el siglo XVIII, basándose en las iglesias populares.

El santuario de Nuestra Señora de Contrueces

Construido por los nobles y los vecinos de la zona. Es de nave única con dos tramos que están separados por pilastras, con un par de capillas a cada lado.

La iglesia parroquial de Roces

Construida en 1.762 con ampliaciones posteriores.

El palacio de los Clotas

En Contrueces en la actualidad es un colegio. Es un bloque de dos pisos, organizado alrededor de un patio.

La torre de los Valdés en Trubia

Del siglo XVII, es un prisma con tres alturas, separados por impostas.

El palacio del conde Rodríguez Sampedro en La Pedrera

En su principio fue una casa tradicional asturiana a la que se le fueron añadiendo elementos históricos, así,  la puerta es la de la antigua iglesia románica de San Juan Bautista de Mieres.

El palacio del marqués de Revillagigedo en Deva

Construido en diferentes etapas, es una gran mole. Rodea toda la finca una tapia almenada.

La finca la Redonda

Hoy sede de la fundación Museo Evaristo Valle. Todo el edificio está organizado en torno a una torre, lo más destacable es su jardín, una de las actividades que propone el museo es la observación ornitológica y botánica del recinto.

El cementerio de Ceares de 1.904 obra de Miguel García de la Cruz.

Llama la atención su diseño aterrazado como un modo de salvar el desnivel. En la zona norte hay panteones de varios estilos. La capilla del cementerio es de inspiración medieval.

Colegiata de San Juan Bautista

Anexa al palacio Revillagigedo. Hoy, local para actuaciones musicales. Acceso público por el extremo al palacio. Ornato a base de columnas, frontón partido, hornacinas... barrocos. Cruz de Calatrava sostenida por ángeles. Estructurada en torre de tres plantas (Ver Guía de Arturo, 61) Capilla, con categoría de colegiata, apoyada en la torre antigua del coetáneo palacio de Revillagigedo o del marqués de San Esteban del Mar —actualmente convertido en Centro Internacional de Arte Palacio de Revillagigedo—, al que se asocia. Costeó esta obra, concluida en 1723, el canónigo Luis Martínez de Jove. Fue Pedro Ruiz de Somonte quien se ocupó de concluirla, siguiendo posiblemente criterios del maestro avilesino Francisco Menéndez Camina, el cual, según el parecer de algunos estudiosos, parece estar detrás del diseño del inmueble palacial. Debido a las reducidas dimensiones del solar, esta capilla hace ángulo con el palacio (plaza de Fermín García Bernardo), penetrando, además, su cabecera en un costado de la mansión nobiliaria. Está constituida por una torre de tres plantas y un cuerpo lateral saliente irregular. Los componentes decorativos (almohadillados en las esquinas de la torre y en los flancos del cuerpo lateral, frontón partido, columnas, hornacinas...) son de filiación barroca. La portada lateral, barroca, presenta dos columnas jónicas, situadas a los flancos del arco de ingreso —con clave luciendo la Cruz de Calatrava entre ángeles tenantes—, que soportan un frontón partido; por encima de él, aparece una imposta denticular y a continuación hay un óculo, del que pende el escudo familiar; inmediatamente debajo de éste existe una hornacina con venera. Dos ventanas de pequeño tamaño y jambas estriadas flanquean el frontón. El acceso público principal a esta capilla se realiza por el extremo opuesto al palacio. Fue, en su momento, sede parroquial; hoy se ha transformado en sala cultural polivalente, idónea para actuaciones musicales, dadas sus óptimas condiciones acústicas. Con el palacio de Revillagigedo comparte el reconocimiento como Monumento Histórico-Artístico (26 de junio de 1974).

Basílica del Sagrado Corazón de Jesús de Gijón

Llamada La Iglesiona. La fachada del Real Instituto de Jovellanos da frente a este templo. Nave única cubierta por arcos parabólicos y coronada por una girola en torno al presbiterio. Muy buenas vidrieras entre los huecos de los arcos laterales. Escultura de Cristo culminando la fachada. La fachada principal del antiguo Real Instituto de Jovellanos se sitúa frente a La Iglesiona (c/ Jovellanos, entre las del Instituto y Begoña), nombre popular dado a la misma, edificada entre 1918 y 1922 en base a un proyecto, fechado en 1911, del arquitecto catalán Joan Rubió i Bellver, discípulo y colaborador del gran maestro Gaudí, autor de la Sagrada Familia de Barcelona. No obstante, el verdadero director de las obras fue el también arquitecto Miguel García de la Cruz, quien introdujo algunos cambios en el diseño inicial, como la supresión de las torres previstas en un principio. Sin lugar a dudas, se trata del templo más espectacular de Gijón, con una referencia del conjunto a pautas impresionistas más que modernistas, y ello a pesar de la filiación de su diseñador. Se trata de un edificio de una sola planta con grandes arcos parabólicos de inspiración gaudiana que culmina en girola en torno al presbiterio. Exteriormente, la fachada muestra un atrio; un óculo protegido por precioso trabajo de rejería, por encima del ingreso principal, así como la ventana triple de la zona superior. De la recargada decoración del conjunto es un buen testimonio el remate de la fachada en una gran estatua del Sagrado Corazón de Jesús, esculpida con mármol blanco de Carrara (Italia) por el escultor Serafín Basterra; se asienta sobre un alargado templete, a 49,5 m de altura, resultando visible prácticamente desde todos los puntos de la ciudad.

La Santa Sede otorgó a la popular Iglesiona el título de basílica , al reconocerla como iglesia notable por sus valores históricos o artísticos, o por la devoción de su feligresía. La declaración de basílica está recogida en un escrito firmado el 28 de octubre de 2003 por el cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y los Sacramentos. El título exacto es el de basílica menor, ya que sólo reciben la denominación de basílica mayor los cuatro templos históricos de Roma: San Pedro, San Pablo Extramuros, San Juan de Letrán y Santa María la Mayor. El trámite para la declaración se inició en el año 2002. Los responsables de la Iglesiona tuvieron que preparar un informe en el que justificaban los méritos del templo (características históricas y artísticas, elementos materiales de culto, etc.). Después de que la solicitud a la Santa Sede recibiera el visto bueno de la Conferencia Episcopal Española, fue el prior de Valdediós, Jorge Gibert, quien, por encargo del arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, tramitó en el Vaticano la solicitud, el 23 de junio.

Capilla de la Soledad

Sede de la Cofradía de Pescadores de Gijón (antiguo Gremio de Mareantes). Pequeña construcción, reconstruida tras la guerra civil. Fachada con puerta adintelada enmarcada en fuerte almohadillado y coronada por diminuta espadaña. (Ver Guía de Arturo Arias, 58). Fue restaurada en 1996 (ver foto de la placa conmemorativa) El entrañable barrio de Cimadevilla acoge, gracias a la aportación económica de AntoniaValdés Llanos —cuya familia levantó casona aquí a fines del XVII—, la pequeñita capilla de la Soledad (c/ Soledad, 2), patrona del gremio de mareantes y objeto de devoción desde el s. XVII (fecha de construcción: año 1674). Conocida también como de la Ascensión, es sede de la Cofradía de Pescadores de Gijón (antiguo Gremio de Mareantes). De la contienda civil de 1936 no salió bien parada; sufrió serios desperfectos que obligaron a su reconstrucción tras concluir el conflicto. En la austera fachada se abre, entre sólido almohadillado, una pequeña puerta adintelada; por encima de ella, figura una ventana rectangular; una diminuta espadaña, de un solo hueco, remata el conjunto del frente. El cuidado edificio, con restauración del año 1996 como indica una placa conmemorativa, tiene planta compuesta por un corto y rectangular tramo de ingreso, provisto de un limitado coro de madera en la parte superior del dintel de la puerta de madera, y por un cuadrado ábside con bóveda cubriéndole.

Capilla de la Virgen La Peña de Francia

Erigida a instancias de Luis Ramírez Valdés, prior de la Catedral de Oviedo, fue inaugurada en 1691 con misa dicha por su fundador y posiblemente destinada al culto privado del palacio familiar de Deva. Con posterioridad se convirtió en el panteón de los marqueses de San Esteban del Mar, título otorgado en 1708 a Carlos Ramírez de Jove, sobrino del primero.

Presenta planta de cruz latina, con nave muy corta y más baja que el crucero, cabecera poligonal y cubierta de bóvedas de crucería. A los pies de la nave hay un pequeño coro –recurso poco frecuente en la zona central–, que comunica con su exterior –característico este de las iglesias de tipo popular– a través de una escalera ubicada bajo el reducido pórtico. Una espadaña corona el frente de esta capilla, que guarda la imagen de dicha Virgen.

Capilla de Nuestra Señora de la Corrada

Esta capilla se encuentra próxima a la casa solariega de los Cifuentes, a la que perteneció inicialmente. Su fábrica original data de mediados del XVIII, pero la obra actual es el resultado de una restauración llevada a cabo hace un cuarto de siglo aproximadamente, «en la que se mantiene la sencilla factura y agradables proporciones volumétricas» (Moisés Llordén). Es un inmueble de buenas dimensiones, con planta alargada formada por tres tramos en línea, el central ligeramente más ancho y alto, el último ocupado por la cabecera, y todos ellos cubiertos con bóveda de crucería. Exteriormente, destaca el frente, que adelanta su parte central para dar cabida a la puerta de acceso, enmarcada por una especie de pilastras y un arco de medio punto rehundido.

Capilla de San AntonioSe localiza en el barrio de Castiello, anexa a la casona solariega de los Jove-Huergo (siglo XVIII), que, como ella, es un ejemplo de arquitectura popular barroca.
La capilla, de estructura muy simple, está dedicada a San Antonio de Padua. Edificada en 1781 por Gonzalo de Oves a propuesta del mayorazgo Bernardo de Jove y Huergo, conserva la lápida de consagración de la desaparecida iglesia de Santo Tomás de Baones o Vadones (s. X); con anterioridad guardaba una lápida romana dedicada a «IOVI SEPTIMO MAXIMO», actualmente en el museo municipal.

Capilla de San Lorenzo de TierraAnexa a la torre de los Jove Hevia. Forman conjunto. Altísimo nivel de deterioro a consecuencia la acción erosiva del mar y por ser de sillares de arenisca. Portada, con arco de medio punto, rematada por frontón curvo rematada por pináculos de pirámides y bolas. (Ver Arturo Arias, 63-64) Es parte integrante de un conjunto, en el que se distinguen tres piezas claramente delimitadas y sin embargo armónicas: la esquinada y cuadrada torre de los Jove Hevia, de estilo medieval; la capilla de San Lorenzo y, en un volumen lateral, la residencia (palacio de los Jove Hevia), de fachada neoplateresca y con ingreso por el Tránsito de San Vicente. La capilla, que da su nombre a la playa de San Lorenzo, es una creación de comienzos del último tercio del siglo XVII; debe su fundación al matrimonio formado por Gonzalo García Jove y Lucrecia Argüelles. Tanto el frente, que es reproducción del de la capilla de Guadalupe, en el palacio Valdés, como las restantes fachadas, construidas a base de sillares de piedra arenisca, se han visto afectados por la acción erosiva de vientos salitrosos, provocando, a la vez que el consiguiente grave deterioro, un muy peculiar efecto decorativo. La portada, con arco de medio punto, culmina en frontón curvo partido. Pone el remate a la fachada principal una espadaña-campanario, de un solo vano, a la que adornan bolas y pináculos. Exhibe una inscripción con el año 1668.

Capilla de San Roque

Capilla de San Roque pertenece a la población de Fontaciera —que cuenta con 104 habitantes y está a una distancia de 7,2 kilómetros de la capital del concejo: Gijón— formando parte de la parroquia de La Pedrera en el Concejo de Gijón del Principado de Asturias.

Capilla del Palacio Valdés

Junto al Museo de las Termas Romanas. Hoy Colegio de religiosas del Santo Angel. Anexa capilla de Nuestra Señora de Guadalupe o de la Santa Cruz (fines XVI. Planta cuadrada en torno a un claustro, y fachada con cuerpo central flanqueado por dos torres. (Ver Guía de Arturo, Gijón, de Arturo Arias, p. 49-50). Edificio con armónica capilla adosada a la izquierda (Nuestra Señora de Guadalupe o de la Santa Cruz), emplazado en Campo Valdés sobre las antiguas murallas romanas, muy cerca del Museo de las Termas Romanas. Las obras del inmueble terminaron con anterioridad a 1635, pues aparece en un plano de la ciudad de ese año con una apariencia similar a la actual. Ocupado desde las postrimerías del XIX por el colegio del Santo Angel, tuvo otras funciones a lo largo de su historia, de ahí las diversas modificaciones introducidas; durante un tiempo albergó la primera fábrica de tabacos de Gijón (1822), para pasar luego a acoger las distintas dependencias de la Aduana. Es uno de los mejores ejemplos del primer barroco regional y, asimismo, uno de los tres edificios palaciegos más representativos de Gijón; los otros dos son el de Revillagigedo y la casa natal de Jovellanos. A todos ellos les unen su carácter monumental, la mayor enjundia de sus nobles familias y el excelente emplazamiento en la falda del cerro de Santa Catalina. Arquitectónicamente, el inmueble responde al tipo de palacio característico del momento en Asturias, por el que la nobleza mostró una particular y prolongada querencia: cuerpo de dos plantas, escoltado por dos poderosas torres almenadas, levemente adelantadas y más altas que él. Un patio central cuadrado organiza la distribución interna. En el primer piso del cuerpo hay espaciosos balcones, que están en línea con los de ambas torres y el escudo dispuesto en el frente de la capilla. La decoración, de una exquisita sobriedad, recurre generosamente al sillar almohadillado para enmarcar los vanos, organizar la fachada en tres calles, revestir todas las aristas y cubrir parcialmente el exterior de la capilla (más ricamente tratado que la casa), en cuyo llamativo y almohadillado tramo central figura la puerta de ingreso, a la que remata un frontón; sobre ella está el escudo familiar; el colofón lo pone una espadaña también con frontón. La autoría del palacio Valdés no está nada clara. El investigador Vidal de la Madrid apunta al tracista Gonzalo Güemes Bracamonte, quien hiciera la capilla de Contrueces por encargo igualmente de Fernando Valdés, siempre que la construcción se sitúe en torno a los años veinte del XVII. No obstante, De la Madrid duda de la capacidad de Güemes para afrontar obra de tal envergadura y propone posponerla a los años treinta y asignársela a Juan de Naveda, arquitecto más solvente, mejor formado. Adosada a su izquierda, la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe o de la Cruz forma armónico conjunto con el palacio Valdés (Campo Valdés, falda del cerro de Santa Catalina), muy cerca del Museo de las Termas Romanas. Se construyó entre fines del s. XVI e inicios del XVII. Ocupado hoy por el colegio del Santo Angel, arquitectónicamente, el inmueble responde al tipo de palacio característico del momento en Asturias, por el que la nobleza mostró una particular y prolongada querencia: cuerpo de dos plantas, escoltado por dos poderosas torres almenadas, levemente adelantadas y más altas que él. Un patio central cuadrado organiza la distribución interna. En el primer piso del cuerpo hay espaciosos balcones, en línea con los de ambas torres y el escudo dispuesto en el frente de la capilla. La decoración, de una exquisita sobriedad, recurre generosamente al sillar almohadillado para enmarcar los vanos, organizar la fachada en tres calles, revestir todas las aristas y cubrir parcialmente el exterior de la capilla (más ricamente tratado que la casa), en cuyo llamativo y almohadillado tramo central figura la puerta de ingreso, a la que remata un frontón; sobre ella está el escudo familiar; el colofón lo pone una espadaña también con frontón.

Casa rectoral de San Pedro

Construida en los años veinte. Es una realización de la década de los veinte. En su composición y traza abundan elementos de procedencia revival. Los añadidos posteriores han distorsionado el equilibrado juego de volúmenes (Moisés Llordén).

Cementerio de Ceares El Suco

Camposanto "oficial" de Gijón. Hermosísimo diseño aterrazado, debido al desnivel del terreno. Con capilla inspirada en la arquitectura medieval. Es el más importante del concejo por su función, ya que desde finales del siglo XIX se ha convertido en la necrópolis "oficial" de la próxima urbe gijonesa (Moisés Llordén). La realización de su complejo urbanístico fue asumida por Miguel García de la Cruz (año 1904), arquitecto que solventó el problema planteado por el desnivel del terreno trazando un hermosísimo aterrazado, provisto de escalinata de paso con guirnaldas de flores engarzándola. En la parte norte del camposanto, que es la más antigua, merecen una detallada visita distintos monumentos funerarios de diferentes estilos (historicismo, art déco o modernismo). En cuanto a la capilla y dependencias anejas, éstas beben de fuentes arquitectónicas medievales. El cementerio civil, por su parte, tiene, también, mucho interés; contiene algunas notables muestras de arte funerario.

Ermita de San Antonio

Ermita de San Antonio pertenece a la población de Llantones —que cuenta con 170 habitantes y está a una distancia de 8,2 kilómetros de la capital del concejo: Gijón— formando parte de la parroquia de Leorio en el Concejo de Gijón del Principado de Asturias.

Iglesia de San Andrés de Gijón

«Envuelta por construcciones de cemento y pórtico añadido, no da la impresión de tener restos antiguos, a no ser la espadaña del siglo XVII. Pero se lleva uno una grata sorpresa al penetrar en su interior, porque conserva todo un ábside completo del románico tardío, con cuatro bellos capiteles. El interior del mismo es semicircular y va adornado con un friso de billetes que a la vez sirven de guardapolvo a las dos ventanas que se abren en él.

En el exterior conserva canecillos en el ábside y una decoración de medias hojas lanceoladas, enfiladas, alternando con los espacios libres con pequeñas perlas. La ventana tiene dos bellos capiteles figurados y las arquivoltas también están decoradas.

La parte románica del templo está íntimamente ligada a Santa María de Narzana [concejo de Sariego] y a Santa Eulalia de La Lloraza [concejo de Villaviciosa].
El arco de triunfo es apuntado, y su estructura y formato es semejante al de La Lloraza. Tenía en su origen tres capiteles a cada lado, pero en la actualidad falta el central de cada lado y todos los fustes. Quedan también dos basas por lado, la primera y la tercera.

También sus capiteles son semejantes a los de La Lloraza. El número 1 del lado derecho es una variante del número 2 del lado derecho de La Lloraza, pero mucho más tosco. El número 3 del lado derecho es una variante muy modificada del número 3 del mismo lado de La Lloraza» ( Carlos Cid ).

Este templo, situado a la altura del km 1,200 de la carretera regional AS-140 de Gijón a Pola de Siero, es, según Moisés Llordén, «uno de los ejemplos más completos de la arquitectura románica popular del concejo gijonés», y ello a pesar de las reformas y la reconstrucción emprendida después de la guerra civil. De su fábrica original (fines del siglo XII) se conserva, en la zona central de la iglesia, la planta prototípica, con nave única y ábside semicircular tras tramo recto. Dentro, mantiene, asimismo, el antiguo arco toral, apuntado, muy ancho y carente de ornato en la rosca con la salvedad de unos motivos vegetales de poco resalte en el guardapolvo y los temas figurativos y vegetales que lucen sus cuatro capiteles.
En el exterior se ven el ábside, con la citada ventana en su centro, y, bajo el moderno pórtico (añadido en el s. XVIII), la sencilla portada de acceso, compuesta por arco de medio punto liso y guardapolvos sobre impostas con moldura ajedrezada.

Acuario de Gijon

El Acuario de Gijón es un gran itinerario a través de los escenarios que el agua ha creado. Algunos remotos y llenos de misterio, otros cercanos pero sorprendentes. Sigue la corriente; si te dejas llevar, podrás caminar sobre las aguas, pasearte por el fondo del mar, explorar exóticas orillas o recorrer las verdes riberas de un río cantábrico. Asomado al mar Cantábrico, el Acuario de Gijón reúne en un espacio moderno un mar de colores, de formas, de vida.
Esta impresionante instalación ocupa un edificio de 4.202 metros cuadrados de superficie. Viven hoy en este acuario unos cuatro mil individuos de más de cuatrocientas especies, todo ello en 55 tanques, de 1 millón a 100 litros, repartidos en 12 zonas según su ecosistema. Es, de todo el mundo, el que acoge una mayor grado de diversidad en una instalación de sus dimensiones, el único en nuestro país en que están representados los cinco grupos de vertebrados (mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces), y única es igualmente la recreación del río cantábrico. A imagen y semejanza de las rutas a pie de cualquier río asturiano, verás salmones y nutrias, pero también helechos y acebo bajo una luz natural.

El recinto prioriza también su carácter educacional y pedagógico, al reservarse en su interior distintos espacios para que los grupos de escolares reciban las explicaciones pertinentes.

Instalaciones

  • Nivel 0: área de recepción (taquillas, aseos y enfermería), exposición permanente, sala de proyecciones, aula de pedagogía y tienda. 2.287 metros cuadrados.

  • Nivel 1: Exposición permanente. 1.335 metros cuadrados.

  • Nivel 2: Restaurante-cafetería, terraza-mirador. 120 metros cuadrados.

  • Área exterior: Zona de recuperación de mamíferos marinos, observatorio de aves.
    El acuario cuenta con un Auditorio para la celebración de congresos y eventos.

  • La visita

  • Duración: 1 hora y tres cuartos.

  • Recorrido: Río Cantábrico - La costa cantábrica - La plataforma continental cantábrica - El Atlántico templado - El Atlántico tropical - Los mares fríos - El Indo-Pacífico. Los arrecifes de coral - El Mar Rojo - El Índico africano - El Atlántico Sur - El Atlántico subtropical - Regreso al puerto asturiano.
    El acuario te invita a un recorrido —concebido como un viaje alrededor del planeta— por la práctica totalidad de los mares del mundo, que te permitirá conocer al detalle su flora y fauna.

Río Cantábrico: Punto de partida y una de las joyas del acuario. Salmones, anguilas, nutrias, truchas y esturiones te reciben; aguas bravas y transparentes dibujan un camino abrupto entre montañas. Es el Río Cantábrico. (Nivel O y 1)
Ascendemos desde la playa hasta el nacimiento de nuestro río cantábrico. La vegetación nos acompaña de estación en estación, mudando del verde intenso de la primavera al ocre del otoño y la desnudez del invierno. Helechos, madreselvas, acebos, robles, hayas, encinas, laureles, abedules...

En el nivel 1, en el Mar Cantábrico, iniciamos el viaje por los mares y océanos del mundo. Julias, salmonetes, rayas, rodaballos, sepias, moluscos y crustáceos de las rocas. Tiene su propio «pedreru», convertido en Zona «Toca-toca», donde «sentirás» las vieiras, las lapas, las rayas, las estrellas y los erizos...

El Atlántico: langostas, centollos, medusas, pulpos. Y, meciéndose en la corriente, el rastro plateado y menudo de los arenques, caballas y sargos... Nuestra travesía submarina surca el océano, entre grandes bancos de peces migratorios... Espiamos a los tiburones desde una perspectiva inédita.

Las cálidas aguas del Mar Caribe y los manglares se tiñen de mil colores bajo un sol brillante. Es el hogar de invertebrados, de especies insólitas como las gorgonias, el pez roncador, la morena verde...

Y del calor... al frío polar. Doblando el Cabo de Hornos, nos detendremos antes a saludar a los simpáticos pingüinos de Magallanes.

Bajamos al nivel 0, y en nuestro navegar al Indopacífico vemos sobre nuestras cabezas el gran tanque de los tiburones... En la Polinesia visitamos un atolón de aguas agitadas en technicolor: peces payaso, anémonas, peces cirujano, caballitos de mar, damiselas, meros, pez emperador... Luego, hacia el Índico a través de la Gran Barrera australiana, el mayor arrecife coralino del mundo, con una biodiversidad equiparable a la selva amazónica: acróporas, estrellas, crustáceos, corales duros y blandos...

El Mar Rojo, entre la Península Arábiga, Egipto y Sudán, es un mundo en sí mismo. La base de la vida es el coral, con mayor densidad aquí que en ningún otro mar del mundo. Entre ellos, una explosión de invertebrados, que comparten territorio con los peces cirujano, cofre, globo, dragón y mariposa...

Y aquí está: ¡el gran tanque de los tiburones! Bienvenidos al Observatorio Submarino. Desde sus amplias gradas, un espectáculo sobrecogedor: los tiburones toro (de casi tres metros), gris y nodriza conviven aquí junto a las tortugas verde y boba y a las especies más interesantes que ya hemos conocido en nuestro viaje.
De regreso a casa por el Atlántico Sur, pasamos por el cabo de Buena Esperanza.

La cálida corriente del Golfo y el estrecho de Gibraltar dan lugar a mares subtropicales, con escarpados barrancos y cuevas de lava solidificada. En las Canarias saludamos al mero, al congrio, al besugo, al bogavante y al pez trompeta; y también al rascacio, el pterois y la morena, un trío potencialmente peligroso para los submarinistas. Regresamos al Mar Cantábrico desembarcando en el puerto.
Este viaje nos invita a reflexionar sobre la necesidad de un esfuerzo común por la supervivencia de los océanos y de cuanto contienen.
En el Auditorio —que también incluye un acuario gigante— un documental nos mostrará cómo cuidar mejor nuestros mares y ríos.

Termas Romanas de Campo Valdés

Descripción: Hállase la instalación museística en el extremo occidental de la playa de San Lorenzo, junto a la iglesia de San Pedro, fuera del contorno de las antiguas murallas de Gijón. Estas termas romanas, declaradas Bien de Interés Cultural por su alto valor arqueológico, debieron de ser, como todas las demás de este tipo, punto de encuentro y solaz de quienes vivían en Gigia, ciudad romana que dio origen a Gijón; de ahí que nos ayuden a conocer las costumbres de sus habitantes. Construidos estos baños públicos entre los siglos I y IV después de Cristo, fueron excavados por primera vez en 1903 y constituyen una parte esencial del pasado de la ciudad. Considerado uno de los conjuntos arqueológicos más significativos de la etapa romana de la ciudad, el complejo lo forman dos construcciones independientes. La principal, más amplia, con una superficie cercana a 410 m, posee un apodyterium (vestíbulo) en contacto con el caldarium (habitación para baños calientes), cuyo hypocaustum (sistema de calefacción de las salas calientes) se mantiene, y con el tepidarium (habitación de paso, templada); la piscina o frigidarium (habitación para baños fríos) se encuentra en una habitación de una planta inferior, a la que se llega mediante escalera. La edificación restante, de menores dimensiones y pegada a la anterior, parece que era una terma reservada a las mujeres; tiene dos ingresos: uno de ellos conduce al vestíbulo, el cual comunica con un patio donde se encuentran los hornos de calefacción; el otro acceso pone en contacto con dos habitaciones y un caldarium (sala cálida). El dibujante Nemesio Martínez descubrió estas termas, de modo casual, en marzo de 1903, a raíz de unos trabajos de alcantarillado que se realizaban en la zona. Las primeras excavaciones, efectuadas en los años siguientes, corrieron a cargo de Calixto Alvargonzález Landau, quien contó con la colaboración de Julio Somoza y Alejandro Alvargonzález, autores de una magnífica memoria y del primer plano de las termas, ambos inéditos hasta 1965. Calixto Alvargonzález adjudicó la construcción de los baños al destacamento de la Legión IV Macedónica, en los primeros años de nuestra era. Por el contrario, el profesor García Bellido, quien llevó a cabo nuevas excavaciones en el año 1938, habla de que es una obra posterior, probablemente de la segunda mitad del siglo I, en tiempos del emperador Nerón. Las primeras excavaciones y los primeros estudios no tendrán continuidad hasta 1990, año en que un equipo científico formado por arqueólogos, arquitectos, restauradores... lleva a cabo las labores de recuperación y conservación, gracias a las cuales este museo se hace realidad. El espacio interior del museo, concebido para mantenerse en un discretísimo segundo plano, cede, acertadamente, todo el protagonismo a lo que importa: el complejo termal. Para explicar su significado y el funcionamiento de estos baños públicos, especialmente el sistema de calefacción de los hipocaustos, se presenta la información en vídeos interactivos. La exposición de las ruinas descubiertas en los últimos años se complementa con la reconstrucción de pinturas murales y la muestra de diversos materiales encontrados en las excavaciones que permiten conocer las técnicas constructivas, las monedas, la dieta alimenticia, la flora y la fauna, o el ajuar doméstico de aquel momento.
Observaciones: Posibilidad de visita conjunta Campa Torres/Termas Romanas.

Torre del Reloj

Antigua cárcel sobre un bastión del acceso principal al primitivo Gijón intramuros. Es ahora un espacio expositivo de la historia de la ciudad, con un singular recorrido ascendente hasta un mirador superior que ofrece una amplia vista panorámica local. La imagen actual corresponde a un edificio construido de nuevo casi en su totalidad (año 1989). Ocupa el solar de una torre del siglo XVI (1572), dispuesta, en el barrio de Cimadevilla (c/ Recoletas, 5), sobre un baluarte del principal ingreso al primer Gijón intramuros. La primitiva construcción fue empleada en varias funciones a lo largo de sus años de vida; fue sede del Ayuntamiento, pasando posteriormente a habilitarse para cárcel pública hasta que dio el relevo a la prisión del Coto (1909) ante su situación de abandono y vetustez, estado que, según recoge la documentación del Archivo Municipal, llevó a decidir el derribo de la edificación, produciéndose este hecho en 1911; aunque más que demolida, lo cierto es que fue abandonada a su suerte, con el deterioro consiguiente, hasta llegar a su arruinamiento en el transcurso de los años. Con ocasión de la exposición Astures, pueblos y culturas en la frontera del Imperio Romano (1995) —"resultado de un empeño cultural que nació y maduró en Gijón a lo largo de algo más de una década de excavaciones arqueológicas", en palabras de Carmen Fdez. Ochoa, comisaria científica de la muestra—, la Torre del Reloj incorporó, de forma permanente, una exposición de parte de los materiales arqueológicos encontrados en los más de doce años de excavaciones efectuadas en la ciudad y el concejo gijonés, amén de información relativa al desarrollo urbano de la villa de Jovellanos entre los siglos XVIII y XIX. La Torre del Reloj es una atalaya sobre la ciudad y alberga una exposición permanente acerca de la historia de Gijón, documentada a partir de objetos, planos, fotos, dibujos y grabados antiguos. En este sentido cabe destacar el plano de Carlos Elorza encargado por Felipe II en 1573 o el célebre grabado de Fernando Valdés de 1635; ambos documentos reflejan claramente el dominio de la antigua torre sobre el paisaje de la ciudad. La muestra se desarrolla en seis plantas y se propone como un recorrido a través de la historia de la urbe, desde sus orígenes hasta el siglo XX. La planta baja está dedicada al periodo perromano de la Campa de Torres; la primera expone testimonios relevantes de época romana; la segunda, restos de la ciudad romana de Gijón (Gigia), la muralla y las termas; la planta tercera muestra una industria de salazones de época romana hallada en el puerto de Gijón; la cuarta presenta el tránsito de la antigüedad a la época moderna; la quinta está dedicada al crecimiento urbano y espacial de Gijón desde los siglos XVIII al XX. Por último, la planta sexta es un mirador que permite contemplar una amplia vista panorámica local. Se aconseja iniciar la visita desde esta última, antes de penetrar en la historia local .
Horario de visita : OCTUBRE-MARZO: martes a sábados, de 10.00 a 13 h y de 17 a 19 h; domingos y festivos, de 11 a 14 h. ABRIL, MAYO, JUNIO Y SEPTIEMBRE: martes a sábados, de 10 a 13 h y de 17 a 20 h; domingos y festivos, de 11 a 14 h. JULIO Y AGOSTO: martes a sábados, de 11 a 13.30 y de 17 a 21 h; domingos y festivos: de 11 a 14 h. DÍAS DE CIERRE: lunes, 1 y 6 de enero, Martes de Carnaval, 1 de mayo, 15 de agosto, 24, 25 y 31 de diciembre .

Museo Casa Natal de Jovellanos

Descripción: Casona-palacio con cuerpo central flanqueado por dos torres, en torno a un claustro central. Tiene oratorio anejo capilla de Los Remedios. Fondos de la pinacoteca municipal y recuerda a Jovellanos. Es uno de los conjuntos más singulares de Gijón. El Museo Casa Natal de Jovellanos, Monumento Histórico-Artístico desde el 27 de diciembre de 1983, se sitúa dentro del perímetro de la antigua muralla romana, sobre la plaza homónima del histórico barrio de Cimadevilla, en dirección al cerro de Santa Catalina. Se levanta sobre terrenos regalados por Enrique III a Laso de la Vega en 1395, como recompensa a sus buenos servicios durante el asedio del monarca. Juan García de Jove (1460-1525), antepasado de Gaspar Melchor de Jovellanos, construyó, en la centuria siguiente, la morada familiar, que obedece a las características típicas de una casona-palacio asturiana: alargado cuerpo central, custodiado por dos torres —la de occidente ya desaparecida por una reforma que enlazó el palacio con la contigua casa de los Bordiú-Cienfuegos—, con zaguán y patio. En el cuerpo central destaca una puerta en arco de medio punto de ingreso a un espacioso zaguán, comunicado con el patio central y éste, a su vez, con el piso noble mediante una escalera. La planta principal se articula en torno a una galería. El sencillo frente enseña piedra de cantería, piedra labrada en las esquinas y los encuadres de las puertas y ventanas, así como profusión de vanos rectangulares y uniformes. En el primer piso lucen salientes balcones protegidos por antepechos corridos. Las casas de Jovellanos y de Bordiú-Cienfuegos, más la capilla de los Remedios (oratorio, del s. XVII, muy restaurado, donde se guarda el sepulcro del insigne polígrafo) y lo que queda del antiguo Hospital de Peregrinos constituyen un magnífico conjunto que acapara enteramente la manzana. En 1950 el Consistorio gijonés adquiere esta casa de finales del siglo XV (aunque muy afectada por reformas de los ss. XVI, XVIII y XIX) y en 1965 se estrena como pinacoteca municipal, con fondos procedentes del Real Instituto de Jovellanos. Los primeros trabajos de adecuación, iniciados en los años cincuenta, fueron asumidos por el arquitecto Juan Manuel del Busto y supervisados por Luis Menéndez Pidal. Un segundo periodo de reformas se produjo en 1968 bajo la dirección del arquitecto municipal Enrique Alvarez Sala, afectando tanto a la distribución interna como a la fachada. En 1987 se dio por concluido su acondicionamiento con una serie de obras, entre las que destaca la cubrición del patio para aumentar el espacio expositivo. El Museo, desde su inauguración el 6 de agosto de 1971, responde a un doble propósito: por un lado, recordar la figura de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega, Navia, 1811) a través de objetos personales y piezas de época; por el otro, convertirse en un centro de artes plásticas con representación de las escuelas europeas de los siglos XVI, XVII y XVIII, pero sobre todo de la pintura y escultura asturiana del XIX y XX. Así, en el patio porticado y en la sala de la planta baja, hay obra pictórica de artistas asturianos decimonónicos: Dionisio Fierros, Juan Martínez Abades —con su espléndido cuadro La ola—, Luis Menéndez Pidal, Ventura Alvarez Sala y su magnífica obra Pescadoras de marisco, Evaristo Valle, Nicanor Piñole, Mariano Moré, etc. En el primer piso están expuestos trabajos de creadores asturianos del XX, pertenecientes a varias generaciones: Joaquín Vaquero Palacios, Alejandro Mieres, Aurelio Suárez, Orlando Pelayo, Antonio Suárez... y los escultores Amador Rodríguez, César Montaña y Joaquín Rubio Camín, nacidos en las primeras décadas; las generaciones siguientes están representadas por José M.ª Navascués cuya escogida obra ocupa el salón principal: esculturas como Avión, Fórmula I y La hamaca, o sus paneles de Madera + color, Bernardo Sanjurjo, Juan Gomila, Luis Acosta, Francisco Fresno, Pelayo Ortega, Melquiades Alvarez, Angel Guache y otros. La exposición dedicada a Jovellanos abarca dos salas, habilitadas como salita una y dormitorio la otra, pertenecientes a otras tantas habitaciones de la torre nueva —allí donde se acomodó tan insigne prócer durante su obligado retiro gijonés y contiene, además de enseres suyos y otros representativos de aquel tiempo, su retrato, hecho por Ignacio Suárez Llanos en 1864, una escultura del mismo, como magistrado, en escayola policromada realizada por Cristóbal Ramos (1770), sobresaliendo, además, una Magdalena penitente de Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia (1649-1704), un retrato de Francisco de Paula, hermano del ilustrado gijonés, u otro de Justo de la Mar Carrió, éste obra de Francisco Reiter (1736-1813). La torre hospeda una réplica de la escultura Retablo del mar de Sebastián Miranda (1885-1975) su obra más emblemática, ya que el original, materalizado en madera policromada entre 1931 y 1933, fue destruido poco tiempo después, encargándose dicho artista de reemplazarlo en 1971 por esta copia, que recrea la vieja rula de Gijón. El museo, que acogió la primera pinacoteca municipal, se enriquece con donaciones de particulares, como la del matrimonio Carmen Cobián y Severo Ochoa en 1986, que incluye una serie de cuadros: grabados de Goya, creaciones de Benjamín Palencia, Arturo Souto, Salvador Dalí o Modest Cuixart, así como una colección de piezas precolombinas. Igualmente, interesan los legados de la familia Paquet en 1965 y Nicanor Piñole en 1978. La donación de Lledó Suárez posibilita un recorrido general por las distintas escuelas europeas del siglo XVII y XVIII. Especial atención merece la pintura de la escuela flamenca y holandesa, con obras tan relevantes como el Retrato de Dama de Cornelis de Vos (1584-1651), La anunciación de los pastores de H. Van Balen (1575-1632), o el San Gregorio de Arthur Wolffort (1581-1641), y de la escuela inglesa, con el Retrato del Marqués de Wellesley de Sir Thomas Lawrence. La colección incluye una extensa selección de pintura española del XIX y XX. En total, el Museo Casa Natal de Jovellanos reúne más de 600 obras, en calidad de pinturas, mobiliario, fotografías, piezas arqueológicas, etc.

Observaciones : El museo desarrolla un amplio programa de difusión: talleres didácticos, visitas guiadas, conciertos, conferencias. Posee una biblioteca especializada en arte y en Jovellanos, siendo además la sede del Foro Jovellanos .
Fuente : Museo Casa Natal de Jovellanos.

Museo Evaristo ValleExpone obra de este artista. Espléndidos jardines en la finca La Redonda, donde está instalado el museo, que se inauguró en 1983. Muestra la obra esencial del notable pintor asturiano Evaristo Valle. Su visita (plazoleta de Villamanín, Somió) proporciona una doble satisfacción: admirar, por un lado, la obra de este singular artista, representante, con Nicanor Piñole, de la escuela gijonesa, que es, con la de Oviedo, la de mayor importancia de Asturias; y por otro, los magníficos jardines de la finca La Redonda, sede de esta fundación privada.

Evaristo Valle nació en Gijón el 11 de julio de 1873 y murió en su villa natal el 29 de enero de 1951. Su padre, Evaristo del Valle Alvarez, procedía de Villaviciosa (Asturias) y se casó, en segundas nupcias, con la gijonesa Marciana Fernández Quirós, con la que tuvo seis hijos; el tercero sería Evaristo. Vive su niñez en Gijón, donde su progenitor era juez de paz; luego, se trasladan todos a Puerto Rico tras el nombramiento del cabeza de familia como magistrado de su Audiencia. Es entonces cuando comienza la vocación de Valle por la pintura, bajo la tutela de su padre. Tras el fallecimiento de éste, apenas seis meses después, la familia decide retornar, arribando a Gijón en 1885. Las dificultades económicas le obligaron a desempeñar distintos y modestos oficios: empleado de banca, oficinista en una refinería de petróleo y, más tarde, litógrafo. A los 23 años decide marcharse a París, en la que permanecería seis años, tiempo en el que hubo de todo, desde momentos económicos holgados hasta otros de auténtica penuria. Trabaja en la cosmopolita capital del país vecino como ilustrador de cuentos, dibujante de caricaturas y de historietas cómicas. Vuelve a su ciudad natal en 1902; aquí expone con éxito y obtiene del Ayuntamiento una pensión anual de 3.500 ptas. para completar su formación en París, pero antes pasa unos meses en Noreña (Asturias), donde hallará inspiración para posteriormente gestar obras como « Lavandera en el arroyo », « Los mendigos », « Regreso a la aldea », « Pareja asturiana » o « La Piara ». La segunda temporada en la capital parisina, capital mundial de la pintura, le sirve para desarrollar un estilo propio; a esta época pertenece la serie de los « Palcos en la Ópera ». El regreso a Gijón se produce en 1911; entonces despliega una intensa actividad: escribe sin cesar (novelas, teatro « El sótano »...), pinta paisajes y sus célebres « Carnavaladas », "aportación fundamental del artista asturiano a la pintura española... verdaderos torbellinos de color y de misterio" (Ramón Baragaño). En los años veinte viaja por Londres, París y La Habana; su etapa cubana quedaría reflejada, posteriormente, en varios trabajos pictóricos: es el caso de « En el malecón », « Las morenas de azul » y « Maternidad negra ». En 1922, obtiene un éxito enorme con una exposición en el madrileño Museo de Arte Moderno, quizás el mayor reconocimiento tenido a lo largo de su longeva carrera. Siguen unos años muy críticos, personal y profesionalmente, en los que no se mueve de Gijón, donde le sorprendería la muerte. No obstante, será su periodo más fértil como pintor; cabe mencionar, entre otras obras, « Las tres brujas », « Propaganda en la mina », « Carnavalada de Oso Blanco », « Carnavalada del Borracho », « En la fuente » o « Don Quijote ». En la producción pictórica mayoritariamente de temática asturiana del polifacético y autodidacta Evaristo Valle magnífico dibujante, pintor de paisajes, figuras y retratos, dominador de la luz y el color, a pesar de advertirse una cierta admiración por colegas como Gauguin o Goya, hay un gran aporte de originalidad, destacando fundamentalmente por su imaginación e ironía, ingredientes obviamente presentes en esta instalación museística, que fue posible gracias a su sobrina, María Rodríguez del Valle, quien, aunque no la viera hecha realidad, sí hizo una aportación fundamental para su puesta en marcha: la finca La Redonda y la colección heredada de su tío. Los herederos instituyeron una fundación de carácter privado a finales de 1981. El museo abrió sus puertas en marzo de 1983.

La finca contiene varias construcciones historicistas de poco más de un siglo de antigüedad, más un pabellón independiente, pensado como lugar exclusivo para la exhibición rotativa de los fondos de la obra del pintor dejada por sus herederos en depósito; esta edificación, ubicada a la entrada del recinto (en un rincón residual dedicado a la siembra en invernadero de especies florales, y que, por tanto, menos podía afectar al excepcional jardín), comenzó a construirse en 1970, siendo concebida por el arquitecto Joaquín Planell (sobrino-nieto de Evaristo Valle), con la colaboración de su colega Joaquín Vaquero Palacios y la aportación de Rubio Camín en lo referente a los elementos de hierro. Al otro extremo de la finca, se alza la casa donde viviera, desde 1914, María Rodríguez y su marido, José María Rodríguez, diputado por el partido liberal. El nuevo edificio tiene, a la entrada, la reproducción del estudio de Valle, mostrando materiales, recuerdos y utensilios del mismo. También tienen sitio en el museo los manuscritos de su creación literaria: la novela « Oves e Isabel » (1919), que resultó un contundente fracaso de venta; algún cuento; el drama grotesco « El sótano », etc. Los fondos del museo se completan con la incorporación, desde su creación, de obras de artistas asturianos contemporáneos.

Como ya se ha dicho, dispone del aliciente añadido de unos maravillosos jardines, de 16.000 metros cuadrados de superficie, donde conviven gran variedad de plantas autóctonas y exóticas; esculturas al aire libre encargadas a Rubio Camín; el busto de Valle, esculpido por Manuel Alvarez-Laviada y colocado en lugar preferente; estatuas de prestancia clásica; veladores, etc. Llama la atención la abundancia de vegetales tallados en formas figurativas o geométricas, como los bojes helicoidales y polimorfos, los tejos en forma de castilletes, la espinera con copa similar a un cajón, o los grandes laureles. En la parte de jardín regular sobresalen el alineamiento de cipreses y las cabezas de dos dinosaurios. Los románticos paseos situados en la zona del viejo acceso principal con ingreso desde la plazoleta de Villamanín— son un espeso refugio de cedros azules, estilizados cipreses de Lawson, tuyas gigantes, camelios, tulipero de Virginia o árbol de las pagodas, etc.
Fuente: Fundación Museo Evaristo Valle - www.VivirAsturias.com

Museo Juan Barjola

El Museo Barjola, cuya titularidad y gestión corresponde a la Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias, ocupa el antiguo complejo de La Trinidad: por un lado, la casa palacio de Jove, de la que apenas se mantiene la fachada principal, y por otro, la capilla de La Trinidad, un fantástico ejemplo del barroco gijonés del siglo XVII. Se ha respetado la fachada y la estructura del templo.
Acceso: La ciudad de Gijón cuenta con estación conjunta de las compañías estatales ferroviarias RENFE y FEVE, estación de la empresa de autobuses ALSA, etc. Por carretera, su principal vía de comunicación con Oviedo capital del Principado de Asturias, de la que dista 30 km es la autopista A-66, conocida como la Y, que une los tres grandes núcleos urbanos asturianos: Oviedo, Gijón y Avilés.

Descripción: Palacio y capilla, sede del Museo. Exposiciones y conciertos de música de cámara. Palacio de 2 edificios iguales y 3 plantas, fachada con escudo de los Hevia, Miranda y Lavandera Valdés. Capilla adosada, con portada barroca, escudo de los Jove y espadaña. (Ver Arturo, 64-65) Gestionado por el Principado, muestra las obras donadas por el pintor extremeño Juan Barjola al mismo. Ocupa lo que la casa-palacio de Jove Huergo y la capilla de la Trinidad anexa, ambas del XVII, en la calle del mismo nombre. El Museo Barjola (c/ Trinidad, 17), inaugurado el 16 de diciembre de 1988, fue creado gracias al impulso del Gobierno del Principado de Asturias a partir de una donación del pintor Juan Barjola (Torre de Miguel Sesmero, Badajoz, 1919). Su gestión se lleva a cabo a través de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias. El museo tiene su sede en lo que se conoce como Conjunto de la Trinidad (Monumento Histórico Artístico), del que es propietaria la Caja de Asturias (Cajastur), acabado de construir en 1676 e integrado por la casa-palacio de los Jove-Huergo y su capilla de La Trinidad. Fundación de Manuel y Cristina de Jove que constituyen uno de los máximos exponentes del barroco gijonés. El edificio conserva la fachada delantera y la estructura y elementos constructivos de la capilla, habiéndose reconstruido el resto atendiendo a necesidades museográficas. El frente palaciego, de gran austeridad, se construyó totalmente a base de buenos sillares y consta de dos cuerpos iguales delimitados por una pilastra poco remarcada; cada uno de ellos presenta al exterior tres plantas con simetría en sus vanos, adornados éstos en los marcos. El escudo de las familias Hevia, Miranda y Lavandera Valdés figura en la unión entre los dos cuerpos y pone contrapunto a la sobriedad decorativa. La capilla aparece adosada a la izquierda del conjunto. Su interior, de reducidas dimensiones, se estructura en dos tramos: el primero cubierto con bóveda de aristas y el segundo (ábside) con cúpula sobre pechinas, adornadas por relieves en los que se representa a los cuatro Evangelistas. La fachada de este oratorio, que se distingue de la del palacio por su manifiesta complejidad ornamental, tiene una puerta enmarcada por moldura de orejas y flanqueada por tres pares de pilastras; por encima, apoyándose en el dintel, una especie de esbelto ático acoge el escudo de los Jove, sujeto por dos leones; el remate lo pone una gallarda espadaña que termina en frontón curvo y se decora con pirámides y bolas. El interior del nuevo edificio consta de cuatro plantas, pudiendo contemplarse la obra de Juan Barjola en las tres superiores y reservándose la capilla y parte del vestíbulo para exposiciones temporales, principalmente de escultura, y actividades culturales de todo tipo. El servicio al público se completa con una hemeroteca especializada en arte contemporáneo. En 1985 el pintor Juan Barjola hizo dos donaciones al Principado de Asturias; una con destino al Museo de Bellas Artes y otra para el museo que lleva su nombre. En 1987 es nombrado Hijo Adoptivo de Asturias y en 1994 Hijo Adoptivo de Gijón. La donación comprende 104 obras datadas entre 1950 y 1988. La resolución de 1 de diciembre de 1988 de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes otorga al Museo Barjola calificación de Museo de Artes Plásticas de interés para la Comunidad Autónoma y ámbito regional (BOPAP nº 290 de 17 de diciembre de 1988). Por resolución de 2 de febrero de 1989 de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes se crea la Comisión Asesora del Museo (BOPAP nº 48 de 27 de febrero de 1989). Juan Barjola, educado artísticamente primero en la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz y más tarde (1943), en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde entre 1968 y 1975 explicó Colorido y Composición, ha desarrollado una obra que puede incluirse dentro del expresionismo subjetivo; sus cuadros encierran significaciones dramáticas, irónicas y sarcásticas que caen muchas veces en el campo de lo surreal, pero con un carácter más humano. Su compromiso social se refleja en la temática, con la que pretende testimoniar a los demás las lacras de la sociedad: la guerra, la miseria, los suburbios, la opresión política y social. A partir de 1970 el carácter dramático de su pintura se compensa con una mayor alegría y viveza del color. Su estilo ha ido evolucionando, dentro de unas coordenadas básicas, hacia una ejecución más dinámica que se refleja en los gestos y el vivo ritmo que alcanzan sus últimas composiciones. Los momentos más importantes de la obra de Barjola actualmente reflejados en las paredes del museo son: El otro muro de las lamentaciones (1970) y Autorretrato (1950): dos obras separadas por veinte años de evolución pictórica reciben al visitante en el vestíbulo del museo. El primero es quizás el máximo y más combativo exponente de la pintura social y comprometida de Barjola, de la que cuelgan otras muestras en las diferentes plantas del centro. —Mundo onírico: a esta denominación puede adscribirse una amplia temática siempre basada en la observación de la realidad, hasta el punto de que el cuadro puede "leerse", pero expresada con una imaginería y un tono visual de corte surrealista. —Retratos apócrifos: son una constante en la producción de Barjola, aunque no siempre los llamó así; constituyen una galería de gente que no existe pero con una presencia fuertemente real: juntos forman un particular bestiario humano. —Grabados: algo diferente al lado de los óleos. Aguafuertes de temática variada, aunque predominan las tauromaquias de significado ambivalente, una constante de Barjola representada en el museo a través de otros óleos de grandes dimensiones. —Primeras etapas: los cuadros más antiguos que pueden verse proceden de los años cincuenta y principios de los sesenta, y muestran una búsqueda que transitó por el abstracto y por un costumbrismo desbordado por un incipiente estilo expresionista que Barjola ya no abandonaría. Para recorrer el museo se propone comenzar por la última de las plantas:

  • 3ª planta: Años 50-60: A los años 50 corresponden algunas obras de carácter abstracto, pero a finales de esa década el autor entra de lleno en la figuración que desarrollará entre finales de los cincuenta y en los sesenta, aunque sin el grado de expresionismo que le caracterizará posteriormente. En los aspectos técnicos destaca el ascetismo cromático y los gruesos empastes. La 3ª planta ofrece una muestra de obras en blanco y negro, principalmente grabados, que repiten la iconografía clásica del autor.

  • 2ª planta: Años 70-80. Los años 70 están marcados por la crítica social y política con obras como Tercer mundo o El muro de las lamentaciones (instalado este último en el hall de entrada). Los colores son más acusados y los trazos más planos, adquiriendo importancia el dibujo de los personajes. La expresividad de las obras está muy influenciada por la estética pop.

  • 1ª planta: Años 80-90. En estos años desarrolla un expresionismo feísta. El colorido mezcla pálidos tonos pastel con intensos rojos verdes y amarillos. La visión de los personajes es cada vez más subjetiva en tanto que éstos pertenecen al imaginario individual del pintor. La temática se vuelve puramente narrativa, pero sin un objetivo crítico claro. (Fuente: Museo Juan Barjola y elaboración propia. )
    Observaciones : Dispone de hemeroteca dedicada al arte contemporáneo, con revistas y catálogos recibidos de todo el mundo .

Fuente: Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturia

Museo Nicanor Piñole

El Museo Nicanor Piñole, cuya titularidad y gestión corresponde a la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, está ubicado en el antiguo Asilo Pola, proyectado a principios del siglo XX por Luis Bellido y construido bajo la dirección de Miguel García de la Cruz. Entre 1990 y 1991 se realizaron las obras de adaptación para su uso como museo.

Chalet urbano rehabilitado para acoger el amplio legado de la viuda del artista. El edificio del antiguo Asilo Pola (1908), hoy Fundación Museo Nicanor Piñole uno de los autores más innovadores de la pintura asturiana, ocupa el extremo de una manzana limitada por la plaza de Europa, avenida de la Constitución y Carretera de la Costa. Esta manzana tiene su origen en el derribo de las fortificaciones que existían en Gijón hacia 1870. Ocupa la zona antiguamente delimitada por dos puntos de estrella de la muralla construida con motivo de las guerras carlistas en 1838 y destruida a fines del siglo XIX para facilitar el crecimiento espacial de la villa. Está situado en el lugar donde estaba emplazada la Puerta del Infante, conocida en la actualidad como Puerta de la Villa y punto de partida de camino hacia Oviedo. El edificio legado del industrial Mariano Suárez Pola (1793-1884) lo proyectó, entre 1903 y 1905, Luis Bellido, arquitecto municipal adscrito a las corrientes eclécticas de comienzos de siglo. Las obras se llevaron a cabo bajo la dirección del también arquitecto municipal Miguel García de la Cruz, unos años más tarde. Desde sus inicios y hasta 1986, fue utilizado como escuela de niños atendida por monjas de la orden de las Hijas de la Caridad que vivían en el propio edificio. Esta duplicidad de funciones va a determinar la composición del edificio y la organización de la planta y los volúmenes, así como la singularidad de algunos espacios dentro del programa constructivo. En los años 40 sufrió una importante reforma que alteró la concepción de la fachada. El Asilo Pola es una construcción exenta, de pequeñas dimensiones, con un gran equilibrio volumétrico. Su composición recuerda los modelos eclécticos de algunos palacetes. La planta del edificio se estructura a partir de la articulación de formas geométricas puras, según unos claros ejes de simetría. Se compone de cuatro rectángulos, tres de los cuales han sido realizados por medio de una proporción llamada áurea que nos habla de un ideal de armonía, proporción y simetría. En el alzado se diferencian dos grandes volúmenes divididos en dos pisos por una línea de imposta quebrada en la parte central. Un frontón semicircular y una ventana trífora rematada por arcos de medio punto, constituyen el eje principal de la construcción. Este volumen se corona con un gran alero y unos canecillos a modo de decoración. A ambos lados de este bloque principal y de forma simétrica se distinguen dos volúmenes simples de un solo piso. La distribución exterior de los huecos de ventana refleja con coherencia la organización interior, utilizando un modelo compositivo formado por ventanas y decoración que se repite por duplicado y triplicado, rítmicamente. La ornamentación se basa en recursos compositivos historicistas y se utilizan para reforzar las partes fundamentales de la composición: base, cuerpo y remate. La decoración de la parte superior de ventanas y rejas se inspira en los motivos decorativos de la Secesión Vienesa y del Modernismo. La conversión del antiguo Asilo en Museo Nicanor Piñole se apoya en una idea central: recuperar el primitivo proyecto de Luis Bellido, eliminando todos aquellos elementos debidos a reformas posteriores que afectan a la estructura de la fachada posteriores. Esta necesidad de adaptación del edificio ha dado origen a otras intervenciones: se recupera el cortavientos del vestíbulo y cubierta con una bóveda rebajada que prolonga el arco situado en la fachada, se modifica el arranque de la escalera y la nave central del crucero se construye con un interior a dos aguas, incorporándose una entreplanta con un corredor. Este corredor tiene una planta en forma de "V" y se apoya en ocho columnas. La nave se cubre con un falso techo de escayola. Por último, se crean dos galerías acristaladas en las zonas ocupadas por los porches que sirven como espacio de exposición y abren paso al jardín posterior. Todas estas intervenciones persiguen crear un lugar adecuado para la presentación de cuadros, muebles y objetos personales del artista. El recinto, una vez efectuadas todas las reformas mencionadas, se configura así: en el cuerpo principal y en la planta baja se dispone la sala de recepción del museo, información, vestíbulos y servicios, venta de publicaciones y escalera de acceso. En la crujía de la derecha se sitúa un espacio polivalente que permite la realización de pequeñas muestras de distinta índole, así como la celebración de otras actividades destinadas a difundir la figura de Nicanor Piñole. Las salas del crucero son los principales lugares de exposición del museo. Las galerías acristaladas se destinan a exponer todos aquellos objetos personales y materiales que rodearon la vida del pintor y constituyeron su entorno. La entreplanta y las salas del primer piso se utilizan como espacios de exposición para presentar la colección permanente del museo. Por último, en la planta de bajo cubierta se sitúan los espacios de servicios del museo. El Museo Nicanor Piñole, inaugurado el día 27 de abril de 1991, cuenta con la aportación de la colección de doña Enriqueta Ceñal Costales, viuda del pintor, así como de las obras donadas por el autor al Museo Casa Natal de Jovellanos, y está abierto a otras donaciones que puedan producirse. Concebido como una casa-museo, el centro presentará el entorno histórico, social, económico y cultural de Nicanor Piñole. Su objetivo primordial es dar a conocer la obra del pintor gijonés, divulgando los aspectos que rodearon y constituyeron su vida, poniendo especial énfasis en la trayectoria artística del pintor, los elementos constitutivos de su obra y el significado que la misma ha tenido en el desarrollo de la plástica asturiana y nacional. En las tres plantas dedicadas a la exposición de fondos, se presenta una selección de obras y objetos personales donados por su viuda. El recorrido sigue un criterio cronológico-temático, que facilita un conocimiento de la biografía y trayectoria artística de Nicanor Piñole, articulado en los siguientes temas: —El autorretrato: muestra de los más de doscientos conservados en el museo, realizados en diversas técnicas. Obra de formación: en la que destaca El borracho, cuadro que presenta en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1897, y El Viejo de la nariz porreta (1901). Entorno familiar del pintor: obras realizadas a lo largo de las dos primeras décadas del siglo, vinculadas estrechamente a Gijón y a Carreño. Entre ellas destacan sus visiones intimistas de la Quinta de Chor, residencia estival de la familia Prendes, y la galería de retratos familiares (de su madre, doña Brígida Rodríguez Prendes, de sus tíos don Manuel y doña Manuela, y primos...) Pintura de temática costumbrista: La vuelta de la romería o La hija del patrón, así como dibujos, apuntes y bocetos. Paisajes: selección de notas paisajísticas, acuarelas y pasteles, pintadas al aire libre, con una luminosidad y riqueza de matices extraordinaria.. Naturalezas muertas y retratos: conjunto de obras realizadas a partir de 1925 con aproximación del pintor a las corrientes plástico-literarias menos realistas y con mayor contenido intelectual. Junto a ellas, se exponen, entre otros, los cuadros el Viejo autobús y Cartel de feria... La Guerra Civil española: Pesadilla del burgués, La retirada, etc. Ultima etapa (años cincuenta y sesenta): estudios del último retrato de su madre, otros retratos y paisajes... Nicanor Piñole, protagonista de esta instalación, nace en Gijón el 6 de enero de 1878, donde realiza estudios elementales. En 1892 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, teniendo como profesores a Carlos de Haes y Muñoz Degraín, entre otros. Al finalizar la carretera estudia dos años en el taller de Alejandro Ferrant. En 1900 viaja a Roma para completar su formación artística, pasando por París, donde visita la Exposición Internacional, el Louvre y toma contacto con el Impresionismo y el Divisionismo, los cuales influirán en su obra posterior. En Roma realiza varios cuadros con motivos anecdóticos italianos y desnudos, de perfecto acabado, con fuerte luz y gran empaste. Desde 1902 vive en Gijón, pero viaja frecuentemente al extranjero (Francia, Italia, Gran Bretaña), y a varias ciudades españolas. Participa en Exposiciones Nacionales desde 1897 hasta 1952. Tiene poca suerte en estas convocatorias, aunque su nombre aparece como polémico ante alternativas pictóricas menos renovadoras, y es tenido en cuenta por los sectores más avanzados del arte. En relación con esto, es llamado a participar en 1925 en el Salón de Artistas Ibéricos, origen de la vanguardia artística española. A partir de este momento participa en la exposición itinerante de la Fundación Carnegie por diversas ciudades norteamericanas; en 1930, en la Bienal de Venecia y en la exposición de pintura española en Oslo. Realiza la primera exposición individual en Madrid, en 1933, contando con la admiración del ambiente intelectual español de aquellos años. Desde este momento expone por diversas ciudades españolas, y a partir de los años 50, empieza a ser reconocido; se suceden las distinciones oficiales. En 1946 es nombrado miembro del IDEA (Instituto de Estudios Asturianos), Académico de Bellas Artes de San Fernando (1955), Hijo Predilecto de Gijón (1963) e Hijo Predilecto de Asturias. En 1974 se le dedica una exposición antológica en el Museo de Arte Moderno de Madrid, el Gobierno le concede la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y la Real Academia de Bellas Artes le nombra Académico de Honor. En 1978 se le concede la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, cumple 100 años y fallece el 18 de enero en Gijón.; la muerte le llegó sin que hubiera finalizado El gaitero, cuadro que empezó a pintar con noventa y dos años. Su producción artística es extremadamente amplia; en ella nos encontramos con distintas etapas marcadas en sus inicios por el taller de Alejandro Ferrant, el conocimiento de los impresionistas franceses, su estancia en Roma y su amistad con Gerardo Diego y José Moreno Villa. Su obra de madurez presenta un estilo caracterizado por la sencillez de los recursos utilizados, la síntesis y el subjetivismo que aplica a una pintura basada en la realidad, pero producto de una interpretación muy personal. En sus setenta años de actividad creadora abarca todos los géneros y técnicas artísticas vigentes. Fundamentalmente se puede dividir en tres géneros: paisaje, retratos y género costumbrista entremezclados con temas laborales campesinos y marineros que nos hablan de una voluntad social del artista. Además realiza bodegones, floreros y cuadros de animales. El paisaje y el costumbrismo aparecen íntimamente relacionados. El paisaje suele aparecer, como género independiente y como marco integrador de las figuras. El emplazamiento geográfico es inconfundiblemente asturiano como podemos ver en la atmósfera lumínica y cromática en la que predominan los tonos grises. Piñole realiza retratos desde 1899 hasta 1970 y sólo una pequeña parte de ellos es realizada por encargo; éstos presentan dos rasgos físicos, el verismo físico y la carga psicológica del retratado, centrada sobre todo en una mirada que dirige al espectador. En el conjunto de su extensa labor retratística, la serie de autorretratos evidencia las transformaciones físicas y psicológicas del artista en el tiempo, dando detalles de trazo, técnica y estilo que los convierten en un documento imprescindible para seguir la vida del pintor y la evolución de su modo de ver el mundo. Nicanor Piñole es, a la vez,