A pie de
página hay una explicación detallada sobre el
motivo de haber incluido estas fotos en esta
web.
La
casa Ramírez de Jove
Del siglo
XVI, hoy sede del Colegio de Arquitectura, es de planta cuadrada y
pórtico central. Su fachada está hecha en sillar, de organización
simétrica y cuatro pisos. La planta baja de mayor altura con la puerta
principal en forma de arco de medio punto con ventanas. El piso superior
con gran numero de aberturas destacando el balcón central sobre la
puerta principal y uno a cada lado. En el tercer piso el muro es ciego
con escudo y en el último piso hay dos ventanas.
El
palacio de la Casa-Museo de Jovellanos
Es
Monumento Histórico Artístico, su estructura es de cuerpo central con
dos torres, la de la izquierda muy desnaturalizada al unirse este
palacio a la casa vecina de los Bordiu-Cienfuegos. Los edificios fueron
adquiridos por el ayuntamiento y se reformaron en diferentes fases, en
la última fase se cubrió el patio para ganar terreno. El museo alberga
objetos personales de Jovellanos y piezas de la época. El resto son
objetos que van desde el XVIII hasta nuestra época.
El
palacio de Valdés o colegio Santo Ángel
Muestra del
barroco temprano. Su estructura es de cuerpo central y dos torres, con
capilla adosada a la izquierda y su organización interior en torno a un
patio. Su fachada es de gran sobriedad con sillar almohadillado. La
capilla se comunica con la residencia por una tribuna. Destacar la
puerta que está entre pilares, rematada por un frontón sobre el que está
el escudo de armas.
La
torre de los Jove-Hevia, y la capilla.
La torre es
de cinco pisos rematada en almenas. Tras el edificio hay un cuerpo
horizontal que es la residencia, fue revestido a principios del siglo
XX, con mampostería. La fachada de la capilla está muy deteriorada y
está realizada en aparejo almohadillado.
El
palacio de Jove-Huergo y su capilla de la Trinidad
Hoy Museo
Juan Barjola, es Monumento Histórico Artístico. Construido con sillares,
son dos cuerpos simétricos separados por pilastras. Su capilla tiene una
fachada más compleja. La puerta enmarcada por molduras de orejas y
franqueada por tres pares de pilastras, encima tiene un alto cuerpo con
el escudo de los Jove, sostenido por dos leones entre dos pilares y
sobre ellos un frontón curvo. La estructura del ático está entre
pilastras y rematado por un frontón también curvo y adornado por
pirámides y bolas. Su planta interior son dos tramos de nave con bóveda
de arista y la cabecera con cúpula sobre pechinas. La comunicación con
el palacio, es por los pisos altos que son dos tribunas de madera
superpuestas.
El
palacio del marqués de San Esteban del Mar
Unido a la
colegiata de San Juan Bautista, actualmente es el Centro Internacional
de Arte Palacio de Revillagigedo declarado Monumento Histórico Artístico.
Parte de una torre antigua del siglo XIV, el palacio es de cuerpo
central y dos torres laterales con patio interior. En su fachada la
planta noble, tiene cinco balcones que se corresponden con sus arquerías
bajas. En el piso superior cuatro ventanas enmarcadas que flanquean el
desarrollo del escudo. Los pisos se dividen en cinco calles, dos
laterales separados mediante pilastras y la central que es más ancha y
limitada por columnas. La fachada es rematada por un antepecho calado.
Su colegiata dedicada a San Juan Bautista, es pequeña e invade parte de
la cabecera del palacio.
Antiguo Instituto Jovellanos
Declarado
Monumento Histórico Artístico, Construido para albergar el Real
Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía y el Consulado de Comercio.
Fue impulsado por Jovellanos aunque el primer director fue su hermano
Francisco de Paula Jovellanos, que donó la primera sede, pero este
edificio inicial no se adaptaba a las funciones docentes. Encargando
Jovellanos un nuevo proyecto al arquitecto Ramón Duran, el solar fue
donado por el ayuntamiento. El edificio pasó por varios problemas tanto
económicos como de arquitectura y a estos unimos la caída en desgracia
de Jovellanos. El proyecto, debido a todo, esto fue simplificado. Se
organizó el espacio entorno a un patio central, la fachada prescindió de
la galería y del frontón que serían sustituidos por tres vanos para la
galería, y un reloj en lugar del frontón. En 1.994 Jorge Hevia y Cosme
Cuenca hicieron la última reforma al edificio convirtiéndolo en la sede
de la Fundación de Cultura y la Universidad Popular del Ayuntamiento de
Gijón.
El
ayuntamiento del siglo XIX
El proyecto
pasó por varias manos y por varios cambios. El resultado tal y como se
ve hoy en día, es una plaza porticada. Su piso bajo presenta un pórtico
de arco de medio punto. En la planta noble se abren cinco balcones por
piso, separados por pilastras. El vano central del piso noble, tiene una
ménsula volada cerrada por antepecho en correspondencia con el cuerpo
del reloj que está sobre la cornisa. Su plaza nunca se acabo de
construir.
Otros edificios a destacar son:
el Teatro
Dindurra, el Café Dindurra, la plaza de toros, el mercado de Jovellanos,
el mercado del Sur, el Banco Español de Crédito, el antiguo edificio de
la Cruz Roja, la iglesia de San José, la iglesia de San Lorenzo, el café
San Miguel, la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y residencia de los
Padres Jesuitas y una gran cantidad de calles y casas.
Si
destacaremos la Universidad Laboral. La obra más significativa del
régimen franquista. Inaugurada en 1.956. La institución se dirigía a la
formación técnica y humana de jóvenes trabajadores, con una idea de
ciudad independiente, cerrada y autosuficiente. Su enormidad es
comparable con el Valle de los Caídos. El núcleo principal es una plaza
en parte con pórtico, donde esta la capilla, el rectorado y el teatro.
En esta zona también están las habitaciones de los alumnos y del
servicio domestico, de las que se encargaban las monjas clarisas. En la
periferia estaban los talleres y las zonas de esparcimiento. Hoy en día
es la sede del Instituto de Educación Secundaria Universidad Laboral.
Dentro de su concejo destacaremos.
Los castros
que hay tres catalogados en el concejo el Castiello de Bernueces, el
Castiello de Serín y la Campa de Torres. Este último está declarado Bien
de Interés Cultural siendo su primer asentamiento del siglo VI o V a de
C. Hay otros tipos de restos como villa de Murias de Beloño o villa
Veranes, pero lo que más llama la atención es el torreón de San Pedro
declarado Monumento Histórico Artístico, de forma rectangular rematado
en ábside y rodeado por un conjunto termal, todavía se sigue discutiendo
si era una iglesia o una sala de reunión asociada a baños
La
iglesia de San Salvador de Deva,
De su
antigua estructura sólo se conserva la capilla del cementerio.
La
iglesia de San Miguel de Dueñas
De nave
única rectangular y rematada en cabecera semicircular.
La
iglesia de Santa María de Leorio en Pedrera
Trasladada
al cementerio donde funciona como panteón de los Rodríguez Sampedro.
La
iglesia de San Vicente de Caldones
Fue
restaurada pero conserva de sus restos románicos la puerta principal y
el arco de triunfo.
La
abadía de San Juan Bautista de Cenero
Uno de los
principales ejemplos de la arquitectura medieval. La puerta principal es
abocinada y las columnas entre colillos soportan una imposta apichezada.
El arco de triunfo se repite como motivo en la portada. Dentro de la
iglesia se encuentra el sepulcro de los Valdés de época bajomedieval.
San Felix de Porceyo del siglo XVII
Con nave
única y cabecera rectangular, su tosca portada es de la época de
construcción de la iglesia.
La
iglesia de Santa María Magdalena
De época
románica que fue reconstruida en el siglo XVIII, basándose en las
iglesias populares.
El
santuario de Nuestra Señora de Contrueces
Construido
por los nobles y los vecinos de la zona. Es de nave única con dos tramos
que están separados por pilastras, con un par de capillas a cada lado.
La
iglesia parroquial de Roces
Construida
en 1.762 con ampliaciones posteriores.
El
palacio de los Clotas
En
Contrueces en la actualidad es un colegio. Es un bloque de dos pisos,
organizado alrededor de un patio.
La
torre de los Valdés en Trubia
Del siglo
XVII, es un prisma con tres alturas, separados por impostas.
El
palacio del conde Rodríguez Sampedro en La Pedrera
En su
principio fue una casa tradicional asturiana a la que se le fueron
añadiendo elementos históricos, así, la puerta es la de la antigua
iglesia románica de San Juan Bautista de Mieres.
El palacio
del marqués de Revillagigedo en Deva
Construido
en diferentes etapas, es una gran mole. Rodea toda la finca una tapia
almenada.
La
finca la Redonda
Hoy sede de
la fundación Museo Evaristo Valle. Todo el edificio está organizado en
torno a una torre, lo más destacable es su jardín, una de las
actividades que propone el museo es la observación ornitológica y
botánica del recinto.
El
cementerio de Ceares de 1.904 obra de Miguel García de la Cruz.
Llama la
atención su diseño aterrazado como un modo de salvar el desnivel. En la
zona norte hay panteones de varios estilos. La capilla del cementerio es
de inspiración medieval.
Colegiata de San Juan Bautista
Anexa al palacio Revillagigedo. Hoy, local para actuaciones
musicales. Acceso público por el extremo al palacio. Ornato a base
de columnas, frontón partido, hornacinas... barrocos. Cruz de
Calatrava sostenida por ángeles. Estructurada en torre de tres
plantas (Ver Guía de Arturo, 61) Capilla, con categoría de
colegiata, apoyada en la torre antigua del coetáneo palacio de
Revillagigedo o del marqués de San Esteban del Mar —actualmente
convertido en Centro Internacional de Arte Palacio de Revillagigedo—,
al que se asocia. Costeó esta obra, concluida en 1723, el canónigo
Luis Martínez de Jove. Fue Pedro Ruiz de Somonte quien se ocupó de
concluirla, siguiendo posiblemente criterios del maestro avilesino
Francisco Menéndez Camina, el cual, según el parecer de algunos
estudiosos, parece estar detrás del diseño del inmueble palacial.
Debido a las reducidas dimensiones del solar, esta capilla hace
ángulo con el palacio (plaza de Fermín García Bernardo), penetrando,
además, su cabecera en un costado de la mansión nobiliaria. Está
constituida por una torre de tres plantas y un cuerpo lateral
saliente irregular. Los componentes decorativos (almohadillados en
las esquinas de la torre y en los flancos del cuerpo lateral,
frontón partido, columnas, hornacinas...) son de filiación barroca.
La portada lateral, barroca, presenta dos columnas jónicas, situadas
a los flancos del arco de ingreso —con clave luciendo la Cruz de
Calatrava entre ángeles tenantes—, que soportan un frontón partido;
por encima de él, aparece una imposta denticular y a continuación
hay un óculo, del que pende el escudo familiar; inmediatamente
debajo de éste existe una hornacina con venera. Dos ventanas de
pequeño tamaño y jambas estriadas flanquean el frontón. El acceso
público principal a esta capilla se realiza por el extremo opuesto
al palacio. Fue, en su momento, sede parroquial; hoy se ha
transformado en sala cultural polivalente, idónea para actuaciones
musicales, dadas sus óptimas condiciones acústicas. Con el palacio
de Revillagigedo comparte el reconocimiento como Monumento
Histórico-Artístico (26 de junio de 1974).
Basílica del Sagrado Corazón de Jesús de Gijón
Llamada La Iglesiona. La fachada del Real Instituto de Jovellanos da
frente a este templo. Nave única cubierta por arcos parabólicos y
coronada por una girola en torno al presbiterio. Muy buenas
vidrieras entre los huecos de los arcos laterales. Escultura de
Cristo culminando la fachada. La fachada principal del antiguo Real
Instituto de Jovellanos se sitúa frente a La Iglesiona (c/
Jovellanos, entre las del Instituto y Begoña), nombre popular dado a
la misma, edificada entre 1918 y 1922 en base a un proyecto, fechado
en 1911, del arquitecto catalán Joan Rubió i Bellver, discípulo y
colaborador del gran maestro Gaudí, autor de la Sagrada Familia de
Barcelona. No obstante, el verdadero director de las obras fue el
también arquitecto Miguel García de la Cruz, quien introdujo algunos
cambios en el diseño inicial, como la supresión de las torres
previstas en un principio. Sin lugar a dudas, se trata del templo
más espectacular de Gijón, con una referencia del conjunto a pautas
impresionistas más que modernistas, y ello a pesar de la filiación
de su diseñador. Se trata de un edificio de una sola planta con
grandes arcos parabólicos de inspiración gaudiana que culmina en
girola en torno al presbiterio. Exteriormente, la fachada muestra un
atrio; un óculo protegido por precioso trabajo de rejería, por
encima del ingreso principal, así como la ventana triple de la zona
superior. De la recargada decoración del conjunto es un buen
testimonio el remate de la fachada en una gran estatua del Sagrado
Corazón de Jesús, esculpida con mármol blanco de Carrara (Italia)
por el escultor Serafín Basterra; se asienta sobre un alargado
templete, a 49,5 m de altura, resultando visible prácticamente desde
todos los puntos de la ciudad.
La
Santa Sede otorgó a la popular Iglesiona el título de basílica , al
reconocerla como iglesia notable por sus valores históricos o
artísticos, o por la devoción de su feligresía. La declaración de
basílica está recogida en un escrito firmado el 28 de octubre de
2003 por el cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación
para el Culto Divino y los Sacramentos. El título exacto es el de
basílica menor, ya que sólo reciben la denominación de basílica
mayor los cuatro templos históricos de Roma: San Pedro, San Pablo
Extramuros, San Juan de Letrán y Santa María la Mayor. El trámite
para la declaración se inició en el año 2002. Los responsables de la
Iglesiona tuvieron que preparar un informe en el que justificaban
los méritos del templo (características históricas y artísticas,
elementos materiales de culto, etc.). Después de que la solicitud a
la Santa Sede recibiera el visto bueno de la Conferencia Episcopal
Española, fue el prior de Valdediós, Jorge Gibert, quien, por
encargo del arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, tramitó en el
Vaticano la solicitud, el 23 de junio.
Capilla de la Soledad
Sede de
la Cofradía de Pescadores de Gijón (antiguo Gremio de Mareantes).
Pequeña construcción, reconstruida tras la guerra civil. Fachada con
puerta adintelada enmarcada en fuerte almohadillado y coronada por
diminuta espadaña. (Ver Guía de Arturo Arias, 58). Fue restaurada en
1996 (ver foto de la placa conmemorativa) El entrañable barrio de
Cimadevilla acoge, gracias a la aportación económica de
AntoniaValdés Llanos —cuya familia levantó casona aquí a fines del
XVII—, la pequeñita capilla de la Soledad (c/ Soledad, 2), patrona
del gremio de mareantes y objeto de devoción desde el s. XVII (fecha
de construcción: año 1674). Conocida también como de la Ascensión,
es sede de la Cofradía de Pescadores de Gijón (antiguo Gremio de
Mareantes). De la contienda civil de 1936 no salió bien parada;
sufrió serios desperfectos que obligaron a su reconstrucción tras
concluir el conflicto. En la austera fachada se abre, entre sólido
almohadillado, una pequeña puerta adintelada; por encima de ella,
figura una ventana rectangular; una diminuta espadaña, de un solo
hueco, remata el conjunto del frente. El cuidado edificio, con
restauración del año 1996 como indica una placa conmemorativa, tiene
planta compuesta por un corto y rectangular tramo de ingreso,
provisto de un limitado coro de madera en la parte superior del
dintel de la puerta de madera, y por un cuadrado ábside con bóveda
cubriéndole.
Capilla de la Virgen La Peña de Francia
Erigida
a instancias de Luis Ramírez Valdés, prior de la Catedral de Oviedo,
fue inaugurada en 1691 con misa dicha por su fundador y posiblemente
destinada al culto privado del palacio familiar de Deva. Con
posterioridad se convirtió en el panteón de los marqueses de San
Esteban del Mar, título otorgado en 1708 a Carlos Ramírez de Jove,
sobrino del primero.
Presenta planta de cruz latina, con nave muy corta y más baja que el
crucero, cabecera poligonal y cubierta de bóvedas de crucería. A los
pies de la nave hay un pequeño coro –recurso poco frecuente en la
zona central–, que comunica con su exterior –característico este de
las iglesias de tipo popular– a través de una escalera ubicada bajo
el reducido pórtico. Una espadaña corona el frente de esta capilla,
que guarda la imagen de dicha Virgen.
Capilla de Nuestra Señora de la Corrada
Esta capilla se encuentra próxima a la casa solariega de los
Cifuentes, a la que perteneció inicialmente. Su fábrica original
data de mediados del XVIII, pero la obra actual es el resultado de
una restauración llevada a cabo hace un cuarto de siglo
aproximadamente, «en la que se mantiene la sencilla factura y
agradables proporciones volumétricas» (Moisés Llordén). Es un
inmueble de buenas dimensiones, con planta alargada formada por tres
tramos en línea, el central ligeramente más ancho y alto, el último
ocupado por la cabecera, y todos ellos cubiertos con bóveda de
crucería. Exteriormente, destaca el frente, que adelanta su parte
central para dar cabida a la puerta de acceso, enmarcada por una
especie de pilastras y un arco de medio punto rehundido.
Capilla de San AntonioSe localiza en el barrio de Castiello, anexa a
la casona solariega de los Jove-Huergo (siglo XVIII), que, como ella,
es un ejemplo de arquitectura popular barroca.
La capilla, de estructura muy simple, está dedicada a San Antonio de
Padua. Edificada en 1781 por Gonzalo de Oves a propuesta del
mayorazgo Bernardo de Jove y Huergo, conserva la lápida de
consagración de la desaparecida iglesia de Santo Tomás de Baones o
Vadones (s. X); con anterioridad guardaba una lápida romana dedicada
a «IOVI SEPTIMO MAXIMO», actualmente en el museo municipal.
Capilla de San Lorenzo de TierraAnexa a la torre de los Jove Hevia.
Forman conjunto. Altísimo nivel de deterioro a consecuencia la
acción erosiva del mar y por ser de sillares de arenisca. Portada,
con arco de medio punto, rematada por frontón curvo rematada por
pináculos de pirámides y bolas. (Ver Arturo Arias, 63-64) Es parte
integrante de un conjunto, en el que se distinguen tres piezas
claramente delimitadas y sin embargo armónicas: la esquinada y
cuadrada torre de los Jove Hevia, de estilo medieval; la capilla de
San Lorenzo y, en un volumen lateral, la residencia (palacio de los
Jove Hevia), de fachada neoplateresca y con ingreso por el Tránsito
de San Vicente. La capilla, que da su nombre a la playa de San
Lorenzo, es una creación de comienzos del último tercio del siglo
XVII; debe su fundación al matrimonio formado por Gonzalo García
Jove y Lucrecia Argüelles. Tanto el frente, que es reproducción del
de la capilla de Guadalupe, en el palacio Valdés, como las restantes
fachadas, construidas a base de sillares de piedra arenisca, se han
visto afectados por la acción erosiva de vientos salitrosos,
provocando, a la vez que el consiguiente grave deterioro, un muy
peculiar efecto decorativo. La portada, con arco de medio punto,
culmina en frontón curvo partido. Pone el remate a la fachada
principal una espadaña-campanario, de un solo vano, a la que adornan
bolas y pináculos. Exhibe una inscripción con el año 1668.
Capilla de San Roque
Capilla
de San Roque pertenece a la población de Fontaciera —que cuenta con
104 habitantes y está a una distancia de 7,2 kilómetros de la
capital del concejo: Gijón— formando parte de la parroquia de La
Pedrera en el Concejo de Gijón del Principado de Asturias.
Capilla del Palacio Valdés
Junto
al Museo de las Termas Romanas. Hoy Colegio de religiosas del Santo
Angel. Anexa capilla de Nuestra Señora de Guadalupe o de la Santa
Cruz (fines XVI. Planta cuadrada en torno a un claustro, y fachada
con cuerpo central flanqueado por dos torres. (Ver Guía de Arturo,
Gijón, de Arturo Arias, p. 49-50). Edificio con armónica capilla
adosada a la izquierda (Nuestra Señora de Guadalupe o de la Santa
Cruz), emplazado en Campo Valdés sobre las antiguas murallas romanas,
muy cerca del Museo de las Termas Romanas. Las obras del inmueble
terminaron con anterioridad a 1635, pues aparece en un plano de la
ciudad de ese año con una apariencia similar a la actual. Ocupado
desde las postrimerías del XIX por el colegio del Santo Angel, tuvo
otras funciones a lo largo de su historia, de ahí las diversas
modificaciones introducidas; durante un tiempo albergó la primera
fábrica de tabacos de Gijón (1822), para pasar luego a acoger las
distintas dependencias de la Aduana. Es uno de los mejores ejemplos
del primer barroco regional y, asimismo, uno de los tres edificios
palaciegos más representativos de Gijón; los otros dos son el de
Revillagigedo y la casa natal de Jovellanos. A todos ellos les unen
su carácter monumental, la mayor enjundia de sus nobles familias y
el excelente emplazamiento en la falda del cerro de Santa Catalina.
Arquitectónicamente, el inmueble responde al tipo de palacio
característico del momento en Asturias, por el que la nobleza mostró
una particular y prolongada querencia: cuerpo de dos plantas,
escoltado por dos poderosas torres almenadas, levemente adelantadas
y más altas que él. Un patio central cuadrado organiza la
distribución interna. En el primer piso del cuerpo hay espaciosos
balcones, que están en línea con los de ambas torres y el escudo
dispuesto en el frente de la capilla. La decoración, de una
exquisita sobriedad, recurre generosamente al sillar almohadillado
para enmarcar los vanos, organizar la fachada en tres calles,
revestir todas las aristas y cubrir parcialmente el exterior de la
capilla (más ricamente tratado que la casa), en cuyo llamativo y
almohadillado tramo central figura la puerta de ingreso, a la que
remata un frontón; sobre ella está el escudo familiar; el colofón lo
pone una espadaña también con frontón. La autoría del palacio Valdés
no está nada clara. El investigador Vidal de la Madrid apunta al
tracista Gonzalo Güemes Bracamonte, quien hiciera la capilla de
Contrueces por encargo igualmente de Fernando Valdés, siempre que la
construcción se sitúe en torno a los años veinte del XVII. No
obstante, De la Madrid duda de la capacidad de Güemes para afrontar
obra de tal envergadura y propone posponerla a los años treinta y
asignársela a Juan de Naveda, arquitecto más solvente, mejor formado.
Adosada a su izquierda, la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe o
de la Cruz forma armónico conjunto con el palacio Valdés (Campo
Valdés, falda del cerro de Santa Catalina), muy cerca del Museo de
las Termas Romanas. Se construyó entre fines del s. XVI e inicios
del XVII. Ocupado hoy por el colegio del Santo Angel,
arquitectónicamente, el inmueble responde al tipo de palacio
característico del momento en Asturias, por el que la nobleza mostró
una particular y prolongada querencia: cuerpo de dos plantas,
escoltado por dos poderosas torres almenadas, levemente adelantadas
y más altas que él. Un patio central cuadrado organiza la
distribución interna. En el primer piso del cuerpo hay espaciosos
balcones, en línea con los de ambas torres y el escudo dispuesto en
el frente de la capilla. La decoración, de una exquisita sobriedad,
recurre generosamente al sillar almohadillado para enmarcar los
vanos, organizar la fachada en tres calles, revestir todas las
aristas y cubrir parcialmente el exterior de la capilla (más
ricamente tratado que la casa), en cuyo llamativo y almohadillado
tramo central figura la puerta de ingreso, a la que remata un
frontón; sobre ella está el escudo familiar; el colofón lo pone una
espadaña también con frontón.
Casa rectoral de San Pedro
Construida en los años veinte. Es una realización de la década de
los veinte. En su composición y traza abundan elementos de
procedencia revival. Los añadidos posteriores han distorsionado el
equilibrado juego de volúmenes (Moisés Llordén).
Cementerio de Ceares El Suco
Camposanto "oficial" de Gijón. Hermosísimo diseño aterrazado, debido
al desnivel del terreno. Con capilla inspirada en la arquitectura
medieval. Es el más importante del concejo por su función, ya que
desde finales del siglo XIX se ha convertido en la necrópolis "oficial"
de la próxima urbe gijonesa (Moisés Llordén). La realización de su
complejo urbanístico fue asumida por Miguel García de la Cruz (año
1904), arquitecto que solventó el problema planteado por el desnivel
del terreno trazando un hermosísimo aterrazado, provisto de
escalinata de paso con guirnaldas de flores engarzándola. En la
parte norte del camposanto, que es la más antigua, merecen una
detallada visita distintos monumentos funerarios de diferentes
estilos (historicismo, art déco o modernismo). En cuanto a la
capilla y dependencias anejas, éstas beben de fuentes
arquitectónicas medievales. El cementerio civil, por su parte, tiene,
también, mucho interés; contiene algunas notables muestras de arte
funerario.
Ermita de San Antonio
Ermita
de San Antonio pertenece a la población de Llantones —que cuenta con
170 habitantes y está a una distancia de 8,2 kilómetros de la
capital del concejo: Gijón— formando parte de la parroquia de Leorio
en el Concejo de Gijón del Principado de Asturias.
Iglesia de San Andrés de Gijón
«Envuelta por construcciones de cemento y pórtico añadido, no da la
impresión de tener restos antiguos, a no ser la espadaña del siglo
XVII. Pero se lleva uno una grata sorpresa al penetrar en su
interior, porque conserva todo un ábside completo del románico
tardío, con cuatro bellos capiteles. El interior del mismo es
semicircular y va adornado con un friso de billetes que a la vez
sirven de guardapolvo a las dos ventanas que se abren en él.
En el
exterior conserva canecillos en el ábside y una decoración de medias
hojas lanceoladas, enfiladas, alternando con los espacios libres con
pequeñas perlas. La ventana tiene dos bellos capiteles figurados y
las arquivoltas también están decoradas.
La
parte románica del templo está íntimamente ligada a Santa María de
Narzana [concejo de Sariego] y a Santa Eulalia de La Lloraza [concejo
de Villaviciosa].
El arco de triunfo es apuntado, y su estructura y formato es
semejante al de La Lloraza. Tenía en su origen tres capiteles a cada
lado, pero en la actualidad falta el central de cada lado y todos
los fustes. Quedan también dos basas por lado, la primera y la
tercera.
También
sus capiteles son semejantes a los de La Lloraza. El número 1 del
lado derecho es una variante del número 2 del lado derecho de La
Lloraza, pero mucho más tosco. El número 3 del lado derecho es una
variante muy modificada del número 3 del mismo lado de La Lloraza» (
Carlos Cid ).
Este templo, situado a la altura del km 1,200 de la carretera
regional AS-140 de Gijón a Pola de Siero, es, según Moisés Llordén,
«uno de los ejemplos más completos de la arquitectura románica
popular del concejo gijonés», y ello a pesar de las reformas y la
reconstrucción emprendida después de la guerra civil. De su fábrica
original (fines del siglo XII) se conserva, en la zona central de la
iglesia, la planta prototípica, con nave única y ábside semicircular
tras tramo recto. Dentro, mantiene, asimismo, el antiguo arco toral,
apuntado, muy ancho y carente de ornato en la rosca con la salvedad
de unos motivos vegetales de poco resalte en el guardapolvo y los
temas figurativos y vegetales que lucen sus cuatro capiteles.
En el exterior se ven el ábside, con la citada ventana en su centro,
y, bajo el moderno pórtico (añadido en el s. XVIII), la sencilla
portada de acceso, compuesta por arco de medio punto liso y
guardapolvos sobre impostas con moldura ajedrezada.
Acuario de Gijon
El
Acuario de Gijón es un gran itinerario a través de los escenarios
que el agua ha creado. Algunos remotos y llenos de misterio, otros
cercanos pero sorprendentes. Sigue la corriente; si te dejas llevar,
podrás caminar sobre las aguas, pasearte por el fondo del mar,
explorar exóticas orillas o recorrer las verdes riberas de un río
cantábrico. Asomado al mar Cantábrico, el Acuario de Gijón reúne en
un espacio moderno un mar de colores, de formas, de vida.
Esta impresionante instalación ocupa un edificio de 4.202 metros
cuadrados de superficie. Viven hoy en este acuario unos cuatro mil
individuos de más de cuatrocientas especies, todo ello en 55 tanques,
de 1 millón a 100 litros, repartidos en 12 zonas según su ecosistema.
Es, de todo el mundo, el que acoge una mayor grado de diversidad en
una instalación de sus dimensiones, el único en nuestro país en que
están representados los cinco grupos de vertebrados (mamíferos,
reptiles, anfibios, aves y peces), y única es igualmente la
recreación del río cantábrico. A imagen y semejanza de las rutas a
pie de cualquier río asturiano, verás salmones y nutrias, pero
también helechos y acebo bajo una luz natural.
El
recinto prioriza también su carácter educacional y pedagógico, al
reservarse en su interior distintos espacios para que los grupos de
escolares reciban las explicaciones pertinentes.
Instalaciones
-
Nivel 0: área de recepción (taquillas, aseos y enfermería),
exposición permanente, sala de proyecciones, aula de pedagogía y
tienda. 2.287 metros cuadrados.
-
Nivel 1: Exposición permanente. 1.335 metros cuadrados.
-
Nivel 2: Restaurante-cafetería, terraza-mirador. 120 metros
cuadrados.
-
Área exterior: Zona de recuperación de mamíferos marinos,
observatorio de aves.
El acuario cuenta con un Auditorio para la celebración de
congresos y eventos.
-
La
visita
-
Duración: 1 hora y tres cuartos.
-
Recorrido: Río Cantábrico - La costa cantábrica - La plataforma
continental cantábrica - El Atlántico templado - El Atlántico
tropical - Los mares fríos - El Indo-Pacífico. Los arrecifes de
coral - El Mar Rojo - El Índico africano - El Atlántico Sur - El
Atlántico subtropical - Regreso al puerto asturiano.
El acuario te invita a un recorrido —concebido como un viaje
alrededor del planeta— por la práctica totalidad de los mares
del mundo, que te permitirá conocer al detalle su flora y fauna.
Río
Cantábrico: Punto de partida y una de las joyas del acuario.
Salmones, anguilas, nutrias, truchas y esturiones te reciben; aguas
bravas y transparentes dibujan un camino abrupto entre montañas. Es
el Río Cantábrico. (Nivel O y 1)
Ascendemos desde la playa hasta el nacimiento de nuestro río
cantábrico. La vegetación nos acompaña de estación en estación,
mudando del verde intenso de la primavera al ocre del otoño y la
desnudez del invierno. Helechos, madreselvas, acebos, robles, hayas,
encinas, laureles, abedules...
En el
nivel 1, en el Mar Cantábrico, iniciamos el viaje por los mares y
océanos del mundo. Julias, salmonetes, rayas, rodaballos, sepias,
moluscos y crustáceos de las rocas. Tiene su propio «pedreru»,
convertido en Zona «Toca-toca», donde «sentirás» las vieiras, las
lapas, las rayas, las estrellas y los erizos...
El
Atlántico: langostas, centollos, medusas, pulpos. Y, meciéndose en
la corriente, el rastro plateado y menudo de los arenques, caballas
y sargos...
Nuestra travesía submarina surca el océano, entre grandes bancos de
peces migratorios... Espiamos a los tiburones desde una perspectiva
inédita.
Las
cálidas aguas del Mar Caribe y los manglares se tiñen de mil colores
bajo un sol brillante. Es el hogar de invertebrados, de especies
insólitas como las gorgonias, el pez roncador, la morena verde...
Y del
calor... al frío polar. Doblando el Cabo de Hornos, nos detendremos
antes a saludar a los simpáticos pingüinos de Magallanes.
Bajamos
al nivel 0, y en nuestro navegar al Indopacífico vemos sobre
nuestras cabezas el gran tanque de los tiburones... En la Polinesia
visitamos un atolón de aguas agitadas en technicolor: peces payaso,
anémonas, peces cirujano, caballitos de mar, damiselas, meros, pez
emperador... Luego, hacia el Índico a través de la Gran Barrera
australiana, el mayor arrecife coralino del mundo, con una
biodiversidad equiparable a la selva amazónica: acróporas, estrellas,
crustáceos, corales duros y blandos...
El Mar
Rojo, entre la Península Arábiga, Egipto y Sudán, es un mundo en sí
mismo. La base de la vida es el coral, con mayor densidad aquí que
en ningún otro mar del mundo. Entre ellos, una explosión de
invertebrados, que comparten territorio con los peces cirujano,
cofre, globo, dragón y mariposa...
Y aquí
está: ¡el gran tanque de los tiburones! Bienvenidos al Observatorio
Submarino. Desde sus amplias gradas, un espectáculo sobrecogedor:
los tiburones toro (de casi tres metros), gris y nodriza conviven
aquí junto a las tortugas verde y boba y a las especies más
interesantes que ya hemos conocido en nuestro viaje.
De regreso a casa por el Atlántico Sur, pasamos por el cabo de Buena
Esperanza.
La
cálida corriente del Golfo y el estrecho de Gibraltar dan lugar a
mares subtropicales, con escarpados barrancos y cuevas de lava
solidificada. En las Canarias saludamos al mero, al congrio, al
besugo, al bogavante y al pez trompeta; y también al rascacio, el
pterois y la morena, un trío potencialmente peligroso para los
submarinistas. Regresamos al Mar Cantábrico desembarcando en el
puerto.
Este viaje nos invita a reflexionar sobre la necesidad de un
esfuerzo común por la supervivencia de los océanos y de cuanto
contienen.
En el Auditorio —que también incluye un acuario gigante— un
documental nos mostrará cómo cuidar mejor nuestros mares y ríos.
Termas Romanas de Campo Valdés
Descripción: Hállase la instalación museística en el extremo
occidental de la playa de San Lorenzo, junto a la iglesia de San
Pedro, fuera del contorno de las antiguas murallas de Gijón. Estas
termas romanas, declaradas Bien de Interés Cultural por su alto
valor arqueológico, debieron de ser, como todas las demás de este
tipo, punto de encuentro y solaz de quienes vivían en Gigia, ciudad
romana que dio origen a Gijón; de ahí que nos ayuden a conocer las
costumbres de sus habitantes. Construidos estos baños públicos entre
los siglos I y IV después de Cristo, fueron excavados por primera
vez en 1903 y constituyen una parte esencial del pasado de la
ciudad. Considerado uno de los conjuntos arqueológicos más
significativos de la etapa romana de la ciudad, el complejo lo
forman dos construcciones independientes. La principal, más amplia,
con una superficie cercana a 410 m, posee un apodyterium (vestíbulo)
en contacto con el caldarium (habitación para baños calientes), cuyo
hypocaustum (sistema de calefacción de las salas calientes) se
mantiene, y con el tepidarium (habitación de paso, templada); la
piscina o frigidarium (habitación para baños fríos) se encuentra en
una habitación de una planta inferior, a la que se llega mediante
escalera. La edificación restante, de menores dimensiones y pegada a
la anterior, parece que era una terma reservada a las mujeres; tiene
dos ingresos: uno de ellos conduce al vestíbulo, el cual comunica
con un patio donde se encuentran los hornos de calefacción; el otro
acceso pone en contacto con dos habitaciones y un caldarium (sala
cálida). El dibujante Nemesio Martínez descubrió estas termas, de
modo casual, en marzo de 1903, a raíz de unos trabajos de
alcantarillado que se realizaban en la zona. Las primeras
excavaciones, efectuadas en los años siguientes, corrieron a cargo
de Calixto Alvargonzález Landau, quien contó con la colaboración de
Julio Somoza y Alejandro Alvargonzález, autores de una magnífica
memoria y del primer plano de las termas, ambos inéditos hasta 1965.
Calixto Alvargonzález adjudicó la construcción de los baños al
destacamento de la Legión IV Macedónica, en los primeros años de
nuestra era. Por el contrario, el profesor García Bellido, quien
llevó a cabo nuevas excavaciones en el año 1938, habla de que es una
obra posterior, probablemente de la segunda mitad del siglo I, en
tiempos del emperador Nerón. Las primeras excavaciones y los
primeros estudios no tendrán continuidad hasta 1990, año en que un
equipo científico formado por arqueólogos, arquitectos,
restauradores... lleva a cabo las labores de recuperación y
conservación, gracias a las cuales este museo se hace realidad. El
espacio interior del museo, concebido para mantenerse en un
discretísimo segundo plano, cede, acertadamente, todo el
protagonismo a lo que importa: el complejo termal. Para explicar su
significado y el funcionamiento de estos baños públicos,
especialmente el sistema de calefacción de los hipocaustos, se
presenta la información en vídeos interactivos. La exposición de las
ruinas descubiertas en los últimos años se complementa con la
reconstrucción de pinturas murales y la muestra de diversos
materiales encontrados en las excavaciones que permiten conocer las
técnicas constructivas, las monedas, la dieta alimenticia, la flora
y la fauna, o el ajuar doméstico de aquel momento.
Observaciones: Posibilidad de visita conjunta Campa Torres/Termas
Romanas.
Torre del Reloj
Antigua
cárcel sobre un bastión del acceso principal al primitivo Gijón
intramuros. Es ahora un espacio expositivo de la historia de la
ciudad, con un singular recorrido ascendente hasta un mirador
superior que ofrece una amplia vista panorámica local. La imagen
actual corresponde a un edificio construido de nuevo casi en su
totalidad (año 1989). Ocupa el solar de una torre del siglo XVI
(1572), dispuesta, en el barrio de Cimadevilla (c/ Recoletas, 5),
sobre un baluarte del principal ingreso al primer Gijón intramuros.
La primitiva construcción fue empleada en varias funciones a lo
largo de sus años de vida; fue sede del Ayuntamiento, pasando
posteriormente a habilitarse para cárcel pública hasta que dio el
relevo a la prisión del Coto (1909) ante su situación de abandono y
vetustez, estado que, según recoge la documentación del Archivo
Municipal, llevó a decidir el derribo de la edificación,
produciéndose este hecho en 1911; aunque más que demolida, lo cierto
es que fue abandonada a su suerte, con el deterioro consiguiente,
hasta llegar a su arruinamiento en el transcurso de los años. Con
ocasión de la exposición Astures, pueblos y culturas en la frontera
del Imperio Romano (1995) —"resultado de un empeño cultural que
nació y maduró en Gijón a lo largo de algo más de una década de
excavaciones arqueológicas", en palabras de Carmen Fdez. Ochoa,
comisaria científica de la muestra—, la Torre del Reloj incorporó,
de forma permanente, una exposición de parte de los materiales
arqueológicos encontrados en los más de doce años de excavaciones
efectuadas en la ciudad y el concejo gijonés, amén de información
relativa al desarrollo urbano de la villa de Jovellanos entre los
siglos XVIII y XIX. La Torre del Reloj es una atalaya sobre la
ciudad y alberga una exposición permanente acerca de la historia de
Gijón, documentada a partir de objetos, planos, fotos, dibujos y
grabados antiguos. En este sentido cabe destacar el plano de Carlos
Elorza encargado por Felipe II en 1573 o el célebre grabado de
Fernando Valdés de 1635; ambos documentos reflejan claramente el
dominio de la antigua torre sobre el paisaje de la ciudad. La
muestra se desarrolla en seis plantas y se propone como un recorrido
a través de la historia de la urbe, desde sus orígenes hasta el
siglo XX. La planta baja está dedicada al periodo perromano de la
Campa de Torres; la primera expone testimonios relevantes de época
romana; la segunda, restos de la ciudad romana de Gijón (Gigia), la
muralla y las termas; la planta tercera muestra una industria de
salazones de época romana hallada en el puerto de Gijón; la cuarta
presenta el tránsito de la antigüedad a la época moderna; la quinta
está dedicada al crecimiento urbano y espacial de Gijón desde los
siglos XVIII al XX. Por último, la planta sexta es un mirador que
permite contemplar una amplia vista panorámica local. Se aconseja
iniciar la visita desde esta última, antes de penetrar en la
historia local .
Horario de visita : OCTUBRE-MARZO: martes a sábados, de 10.00 a 13 h
y de 17 a 19 h; domingos y festivos, de 11 a 14 h. ABRIL, MAYO,
JUNIO Y SEPTIEMBRE: martes a sábados, de 10 a 13 h y de 17 a 20 h;
domingos y festivos, de 11 a 14 h. JULIO Y AGOSTO: martes a sábados,
de 11 a 13.30 y de 17 a 21 h; domingos y festivos: de 11 a 14 h.
DÍAS DE CIERRE: lunes, 1 y 6 de enero, Martes de Carnaval, 1 de
mayo, 15 de agosto, 24, 25 y 31 de diciembre .
Museo Casa Natal de Jovellanos
Descripción: Casona-palacio con cuerpo central flanqueado por dos
torres, en torno a un claustro central. Tiene oratorio anejo capilla
de Los Remedios. Fondos de la pinacoteca municipal y recuerda a
Jovellanos. Es uno de los conjuntos más singulares de Gijón. El
Museo Casa Natal de Jovellanos, Monumento Histórico-Artístico desde
el 27 de diciembre de 1983, se sitúa dentro del perímetro de la
antigua muralla romana, sobre la plaza homónima del histórico barrio
de Cimadevilla, en dirección al cerro de Santa Catalina. Se levanta
sobre terrenos regalados por Enrique III a Laso de la Vega en 1395,
como recompensa a sus buenos servicios durante el asedio del monarca.
Juan García de Jove (1460-1525), antepasado de Gaspar Melchor de
Jovellanos, construyó, en la centuria siguiente, la morada familiar,
que obedece a las características típicas de una casona-palacio
asturiana: alargado cuerpo central, custodiado por dos torres —la de
occidente ya desaparecida por una reforma que enlazó el palacio con
la contigua casa de los Bordiú-Cienfuegos—, con zaguán y patio. En
el cuerpo central destaca una puerta en arco de medio punto de
ingreso a un espacioso zaguán, comunicado con el patio central y
éste, a su vez, con el piso noble mediante una escalera. La planta
principal se articula en torno a una galería. El sencillo frente
enseña piedra de cantería, piedra labrada en las esquinas y los
encuadres de las puertas y ventanas, así como profusión de vanos
rectangulares y uniformes. En el primer piso lucen salientes
balcones protegidos por antepechos corridos. Las casas de Jovellanos
y de Bordiú-Cienfuegos, más la capilla de los Remedios (oratorio,
del s. XVII, muy restaurado, donde se guarda el sepulcro del insigne
polígrafo) y lo que queda del antiguo Hospital de Peregrinos
constituyen un magnífico conjunto que acapara enteramente la manzana.
En 1950 el Consistorio gijonés adquiere esta casa de finales del
siglo XV (aunque muy afectada por reformas de los ss. XVI, XVIII y
XIX) y en 1965 se estrena como pinacoteca municipal, con fondos
procedentes del Real Instituto de Jovellanos. Los primeros trabajos
de adecuación, iniciados en los años cincuenta, fueron asumidos por
el arquitecto Juan Manuel del Busto y supervisados por Luis Menéndez
Pidal. Un segundo periodo de reformas se produjo en 1968 bajo la
dirección del arquitecto municipal Enrique Alvarez Sala, afectando
tanto a la distribución interna como a la fachada. En 1987 se dio
por concluido su acondicionamiento con una serie de obras, entre las
que destaca la cubrición del patio para aumentar el espacio
expositivo. El Museo, desde su inauguración el 6 de agosto de 1971,
responde a un doble propósito: por un lado, recordar la figura de
Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega, Navia, 1811) a través de
objetos personales y piezas de época; por el otro, convertirse en un
centro de artes plásticas con representación de las escuelas
europeas de los siglos XVI, XVII y XVIII, pero sobre todo de la
pintura y escultura asturiana del XIX y XX. Así, en el patio
porticado y en la sala de la planta baja, hay obra pictórica de
artistas asturianos decimonónicos: Dionisio Fierros, Juan Martínez
Abades —con su espléndido cuadro La ola—, Luis Menéndez Pidal,
Ventura Alvarez Sala y su magnífica obra Pescadoras de marisco,
Evaristo Valle, Nicanor Piñole, Mariano Moré, etc. En el primer piso
están expuestos trabajos de creadores asturianos del XX,
pertenecientes a varias generaciones: Joaquín Vaquero Palacios,
Alejandro Mieres, Aurelio Suárez, Orlando Pelayo, Antonio Suárez...
y los escultores Amador Rodríguez, César Montaña y Joaquín Rubio
Camín, nacidos en las primeras décadas; las generaciones siguientes
están representadas por José M.ª Navascués cuya escogida obra ocupa
el salón principal: esculturas como Avión, Fórmula I y La hamaca, o
sus paneles de Madera + color, Bernardo Sanjurjo, Juan Gomila, Luis
Acosta, Francisco Fresno, Pelayo Ortega, Melquiades Alvarez, Angel
Guache y otros. La exposición dedicada a Jovellanos abarca dos salas,
habilitadas como salita una y dormitorio la otra, pertenecientes a
otras tantas habitaciones de la torre nueva —allí donde se acomodó
tan insigne prócer durante su obligado retiro gijonés y contiene,
además de enseres suyos y otros representativos de aquel tiempo, su
retrato, hecho por Ignacio Suárez Llanos en 1864, una escultura del
mismo, como magistrado, en escayola policromada realizada por
Cristóbal Ramos (1770), sobresaliendo, además, una Magdalena
penitente de Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia (1649-1704), un
retrato de Francisco de Paula, hermano del ilustrado gijonés, u otro
de Justo de la Mar Carrió, éste obra de Francisco Reiter
(1736-1813). La torre hospeda una réplica de la escultura Retablo
del mar de Sebastián Miranda (1885-1975) su obra más emblemática, ya que el original, materalizado en madera policromada entre 1931 y
1933, fue destruido poco tiempo después, encargándose dicho artista
de reemplazarlo en 1971 por esta copia, que recrea la vieja rula de
Gijón. El museo, que acogió la primera pinacoteca municipal, se
enriquece con donaciones de particulares, como la del matrimonio
Carmen Cobián y Severo Ochoa en 1986, que incluye una serie de
cuadros: grabados de Goya, creaciones de Benjamín Palencia, Arturo
Souto, Salvador Dalí o Modest Cuixart, así como una colección de
piezas precolombinas. Igualmente, interesan los legados de la
familia Paquet en 1965 y Nicanor Piñole en 1978. La donación de
Lledó Suárez posibilita un recorrido general por las distintas
escuelas europeas del siglo XVII y XVIII. Especial atención merece
la pintura de la escuela flamenca y holandesa, con obras tan
relevantes como el Retrato de Dama de Cornelis de Vos (1584-1651),
La anunciación de los pastores de H. Van Balen (1575-1632), o el San
Gregorio de Arthur Wolffort (1581-1641), y de la escuela inglesa,
con el Retrato del Marqués de Wellesley de Sir Thomas Lawrence. La
colección incluye una extensa selección de pintura española del XIX
y XX. En total, el Museo Casa Natal de Jovellanos reúne más de 600
obras, en calidad de pinturas, mobiliario, fotografías, piezas
arqueológicas, etc.
Observaciones : El museo desarrolla un amplio programa de difusión:
talleres didácticos, visitas guiadas, conciertos, conferencias.
Posee una biblioteca especializada en arte y en Jovellanos, siendo
además la sede del Foro Jovellanos .
Fuente : Museo Casa Natal de Jovellanos.
Museo
Evaristo ValleExpone obra de este artista. Espléndidos jardines en
la finca La Redonda, donde está instalado el museo, que se inauguró
en 1983. Muestra la obra esencial del notable pintor asturiano
Evaristo Valle. Su visita (plazoleta de Villamanín, Somió)
proporciona una doble satisfacción: admirar, por un lado, la obra de
este singular artista, representante, con Nicanor Piñole, de la
escuela gijonesa, que es, con la de Oviedo, la de mayor importancia
de Asturias; y por otro, los magníficos jardines de la finca La
Redonda, sede de esta fundación privada.
Evaristo Valle nació en Gijón el 11 de julio de 1873 y murió en su
villa natal el 29 de enero de 1951. Su padre, Evaristo del Valle
Alvarez, procedía de Villaviciosa (Asturias) y se casó, en segundas
nupcias, con la gijonesa Marciana Fernández Quirós, con la que tuvo
seis hijos; el tercero sería Evaristo. Vive su niñez en Gijón, donde
su progenitor era juez de paz; luego, se trasladan todos a Puerto
Rico tras el nombramiento del cabeza de familia como magistrado de
su Audiencia. Es entonces cuando comienza la vocación de Valle por
la pintura, bajo la tutela de su padre. Tras el fallecimiento de
éste, apenas seis meses después, la familia decide retornar,
arribando a Gijón en 1885. Las dificultades económicas le obligaron
a desempeñar distintos y modestos oficios: empleado de banca,
oficinista en una refinería de petróleo y, más tarde, litógrafo. A
los 23 años decide marcharse a París, en la que permanecería seis
años, tiempo en el que hubo de todo, desde momentos económicos
holgados hasta otros de auténtica penuria. Trabaja en la cosmopolita
capital del país vecino como ilustrador de cuentos, dibujante de
caricaturas y de historietas cómicas. Vuelve a su ciudad natal en
1902; aquí expone con éxito y obtiene del Ayuntamiento una pensión
anual de 3.500 ptas. para completar su formación en París, pero
antes pasa unos meses en Noreña (Asturias), donde hallará
inspiración para posteriormente gestar obras como « Lavandera en el
arroyo », « Los mendigos », « Regreso a la aldea », « Pareja
asturiana » o « La Piara ». La segunda temporada en la capital
parisina, capital mundial de la pintura, le sirve para desarrollar
un estilo propio; a esta época pertenece la serie de los « Palcos en
la Ópera ». El regreso a Gijón se produce en 1911; entonces
despliega una intensa actividad: escribe sin cesar (novelas, teatro « El sótano »...), pinta paisajes y sus célebres « Carnavaladas »,
"aportación fundamental del artista asturiano a la pintura
española... verdaderos torbellinos de color y de misterio" (Ramón
Baragaño). En los años veinte viaja por Londres, París y La Habana;
su etapa cubana quedaría reflejada, posteriormente, en varios
trabajos pictóricos: es el caso de « En el malecón », « Las morenas
de azul » y « Maternidad negra ». En 1922, obtiene un éxito enorme
con una exposición en el madrileño Museo de Arte Moderno, quizás el
mayor reconocimiento tenido a lo largo de su longeva carrera. Siguen
unos años muy críticos, personal y profesionalmente, en los que no
se mueve de Gijón, donde le sorprendería la muerte. No obstante,
será su periodo más fértil como pintor; cabe mencionar, entre otras
obras, « Las tres brujas », « Propaganda en la mina », « Carnavalada
de Oso Blanco », « Carnavalada del Borracho », « En la fuente » o «
Don Quijote ». En la producción pictórica mayoritariamente de
temática asturiana del polifacético y autodidacta Evaristo Valle magnífico
dibujante, pintor de paisajes, figuras y retratos, dominador de la
luz y el color, a pesar de advertirse una cierta admiración por
colegas como Gauguin o Goya, hay un gran aporte de originalidad,
destacando fundamentalmente por su imaginación e ironía,
ingredientes obviamente presentes en esta instalación museística,
que fue posible gracias a su sobrina, María Rodríguez del Valle,
quien, aunque no la viera hecha realidad, sí hizo una aportación
fundamental para su puesta en marcha: la finca La Redonda y la
colección heredada de su tío. Los herederos instituyeron una
fundación de carácter privado a finales de 1981. El museo abrió sus
puertas en marzo de 1983.
La
finca contiene varias construcciones historicistas de poco más de un
siglo de antigüedad, más un pabellón independiente, pensado como
lugar exclusivo para la exhibición rotativa de los fondos de la obra
del pintor dejada por sus herederos en depósito; esta edificación,
ubicada a la entrada del recinto (en un rincón residual dedicado a
la siembra en invernadero de especies florales, y que, por tanto,
menos podía afectar al excepcional jardín), comenzó a construirse en
1970, siendo concebida por el arquitecto Joaquín Planell (sobrino-nieto
de Evaristo Valle), con la colaboración de su colega Joaquín Vaquero
Palacios y la aportación de Rubio Camín en lo referente a los
elementos de hierro. Al otro extremo de la finca, se alza la casa
donde viviera, desde 1914, María Rodríguez y su marido, José María
Rodríguez, diputado por el partido liberal. El nuevo edificio tiene,
a la entrada, la reproducción del estudio de Valle, mostrando
materiales, recuerdos y utensilios del mismo. También tienen sitio
en el museo los manuscritos de su creación literaria: la novela «
Oves e Isabel » (1919), que resultó un contundente fracaso de venta;
algún cuento; el drama grotesco « El sótano », etc. Los fondos del
museo se completan con la incorporación, desde su creación, de obras
de artistas asturianos contemporáneos.
Como ya
se ha dicho, dispone del aliciente añadido de unos maravillosos
jardines, de 16.000 metros cuadrados de superficie, donde conviven
gran variedad de plantas autóctonas y exóticas; esculturas al aire
libre encargadas a Rubio Camín; el busto de Valle, esculpido por
Manuel Alvarez-Laviada y colocado en lugar preferente; estatuas de
prestancia clásica; veladores, etc. Llama la atención la abundancia
de vegetales tallados en formas figurativas o geométricas, como los
bojes helicoidales y polimorfos, los tejos en forma de castilletes,
la espinera con copa similar a un cajón, o los grandes laureles. En
la parte de jardín regular sobresalen el alineamiento de cipreses y
las cabezas de dos dinosaurios. Los románticos paseos situados en la
zona del viejo acceso principal con ingreso desde la plazoleta de
Villamanín— son un espeso refugio de cedros azules, estilizados
cipreses de Lawson, tuyas gigantes, camelios, tulipero de Virginia o
árbol de las pagodas, etc.
Fuente: Fundación Museo Evaristo Valle - www.VivirAsturias.com
Museo Juan Barjola
El
Museo Barjola, cuya titularidad y gestión corresponde a la
Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias, ocupa
el antiguo complejo de La Trinidad: por un lado, la casa palacio de
Jove, de la que apenas se mantiene la fachada principal, y por otro,
la capilla de La Trinidad, un fantástico ejemplo del barroco gijonés
del siglo XVII. Se ha respetado la fachada y la estructura del
templo.
Acceso: La ciudad de Gijón cuenta con estación conjunta de las
compañías estatales ferroviarias RENFE y FEVE, estación de la
empresa de autobuses ALSA, etc. Por carretera, su principal vía de
comunicación con Oviedo capital del Principado de Asturias, de la
que dista 30 km es la autopista A-66, conocida como la Y, que une
los tres grandes núcleos urbanos asturianos: Oviedo, Gijón y Avilés.
Descripción: Palacio y capilla, sede del Museo. Exposiciones y
conciertos de música de cámara. Palacio de 2 edificios iguales y 3
plantas, fachada con escudo de los Hevia, Miranda y Lavandera Valdés.
Capilla adosada, con portada barroca, escudo de los Jove y espadaña.
(Ver Arturo, 64-65) Gestionado por el Principado, muestra las obras
donadas por el pintor extremeño Juan Barjola al mismo. Ocupa lo que
la casa-palacio de Jove Huergo y la capilla de la Trinidad anexa,
ambas del XVII, en la calle del mismo nombre. El Museo Barjola (c/
Trinidad, 17), inaugurado el 16 de diciembre de 1988, fue creado
gracias al impulso del Gobierno del Principado de Asturias a partir
de una donación del pintor Juan Barjola (Torre de Miguel Sesmero,
Badajoz, 1919). Su gestión se lleva a cabo a través de la Consejería
de Cultura del Principado de Asturias. El museo tiene su sede en lo
que se conoce como Conjunto de la Trinidad (Monumento Histórico
Artístico), del que es propietaria la Caja de Asturias (Cajastur),
acabado de construir en 1676 e integrado por la casa-palacio de los
Jove-Huergo y su capilla de La Trinidad. Fundación de Manuel y
Cristina de Jove que constituyen uno de los máximos exponentes del
barroco gijonés. El edificio conserva la fachada delantera y la
estructura y elementos constructivos de la capilla, habiéndose
reconstruido el resto atendiendo a necesidades museográficas. El
frente palaciego, de gran austeridad, se construyó totalmente a base
de buenos sillares y consta de dos cuerpos iguales delimitados por
una pilastra poco remarcada; cada uno de ellos presenta al exterior
tres plantas con simetría en sus vanos, adornados éstos en los
marcos. El escudo de las familias Hevia, Miranda y Lavandera Valdés
figura en la unión entre los dos cuerpos y pone contrapunto a la
sobriedad decorativa. La capilla aparece adosada a la izquierda del
conjunto. Su interior, de reducidas dimensiones, se estructura en
dos tramos: el primero cubierto con bóveda de aristas y el segundo (ábside)
con cúpula sobre pechinas, adornadas por relieves en los que se
representa a los cuatro Evangelistas. La fachada de este oratorio,
que se distingue de la del palacio por su manifiesta complejidad
ornamental, tiene una puerta enmarcada por moldura de orejas y
flanqueada por tres pares de pilastras; por encima, apoyándose en el
dintel, una especie de esbelto ático acoge el escudo de los Jove,
sujeto por dos leones; el remate lo pone una gallarda espadaña que
termina en frontón curvo y se decora con pirámides y bolas. El
interior del nuevo edificio consta de cuatro plantas, pudiendo
contemplarse la obra de Juan Barjola en las tres superiores y
reservándose la capilla y parte del vestíbulo para exposiciones
temporales, principalmente de escultura, y actividades culturales de
todo tipo. El servicio al público se completa con una hemeroteca
especializada en arte contemporáneo. En 1985 el pintor Juan Barjola
hizo dos donaciones al Principado de Asturias; una con destino al
Museo de Bellas Artes y otra para el museo que lleva su nombre. En
1987 es nombrado Hijo Adoptivo de Asturias y en 1994 Hijo Adoptivo
de Gijón. La donación comprende 104 obras datadas entre 1950 y 1988.
La resolución de 1 de diciembre de 1988 de la Consejería de
Educación, Cultura y Deportes otorga al Museo Barjola calificación
de Museo de Artes Plásticas de interés para la Comunidad Autónoma y
ámbito regional (BOPAP nº 290 de 17 de diciembre de 1988). Por
resolución de 2 de febrero de 1989 de la Consejería de Educación,
Cultura y Deportes se crea la Comisión Asesora del Museo (BOPAP nº
48 de 27 de febrero de 1989). Juan Barjola, educado artísticamente
primero en la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz y más tarde
(1943), en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde entre
1968 y 1975 explicó Colorido y Composición, ha desarrollado una obra
que puede incluirse dentro del expresionismo subjetivo; sus cuadros
encierran significaciones dramáticas, irónicas y sarcásticas que
caen muchas veces en el campo de lo surreal, pero con un carácter
más humano. Su compromiso social se refleja en la temática, con la
que pretende testimoniar a los demás las lacras de la sociedad: la
guerra, la miseria, los suburbios, la opresión política y social. A
partir de 1970 el carácter dramático de su pintura se compensa con
una mayor alegría y viveza del color. Su estilo ha ido evolucionando,
dentro de unas coordenadas básicas, hacia una ejecución más dinámica
que se refleja en los gestos y el vivo ritmo que alcanzan sus
últimas composiciones. Los momentos más importantes de la obra de
Barjola actualmente reflejados en las paredes del museo son: El
otro muro de las lamentaciones (1970) y Autorretrato (1950): dos
obras separadas por veinte años de evolución pictórica reciben al
visitante en el vestíbulo del museo. El primero es quizás el máximo
y más combativo exponente de la pintura social y comprometida de Barjola, de la que cuelgan otras muestras en las diferentes plantas
del centro. —Mundo onírico: a esta denominación puede adscribirse
una amplia temática siempre basada en la observación de la realidad,
hasta el punto de que el cuadro puede "leerse", pero expresada con
una imaginería y un tono visual de corte surrealista. —Retratos
apócrifos: son una constante en la producción de Barjola, aunque no
siempre los llamó así; constituyen una galería de gente que no
existe pero con una presencia fuertemente real: juntos forman un
particular bestiario humano. —Grabados: algo diferente al lado de
los óleos. Aguafuertes de temática variada, aunque predominan las
tauromaquias de significado ambivalente, una constante de Barjola
representada en el museo a través de otros óleos de grandes
dimensiones. —Primeras etapas: los cuadros más antiguos que pueden
verse proceden de los años cincuenta y principios de los sesenta, y
muestran una búsqueda que transitó por el abstracto y por un
costumbrismo desbordado por un incipiente estilo expresionista que
Barjola ya no abandonaría. Para recorrer el museo se propone
comenzar por la última de las plantas:
-
3ª planta: Años 50-60: A los
años 50 corresponden algunas obras de carácter abstracto, pero a
finales de esa década el autor entra de lleno en la figuración que
desarrollará entre finales de los cincuenta y en los sesenta, aunque
sin el grado de expresionismo que le caracterizará posteriormente.
En los aspectos técnicos destaca el ascetismo cromático y los
gruesos empastes. La 3ª planta ofrece una muestra de obras en blanco
y negro, principalmente grabados, que repiten la iconografía clásica
del autor.
-
2ª planta: Años 70-80. Los años 70 están marcados por la
crítica social y política con obras como Tercer mundo o El muro de
las lamentaciones (instalado este último en el hall de entrada). Los
colores son más acusados y los trazos más planos, adquiriendo
importancia el dibujo de los personajes. La expresividad de las
obras está muy influenciada por la estética pop.
-
1ª planta: Años
80-90. En estos años desarrolla un expresionismo feísta. El colorido
mezcla pálidos tonos pastel con intensos rojos verdes y amarillos.
La visión de los personajes es cada vez más subjetiva en tanto que
éstos pertenecen al imaginario individual del pintor. La temática se
vuelve puramente narrativa, pero sin un objetivo crítico claro. (Fuente:
Museo Juan Barjola y elaboración propia. ) Observaciones : Dispone de hemeroteca dedicada al arte contemporáneo,
con revistas y catálogos recibidos de todo el mundo .
Fuente:
Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturia
Museo Nicanor Piñole
El
Museo Nicanor Piñole, cuya titularidad y gestión corresponde a la
Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, está
ubicado en el antiguo Asilo Pola, proyectado a principios del siglo
XX por Luis Bellido y construido bajo la dirección de Miguel García
de la Cruz. Entre 1990 y 1991 se realizaron las obras de adaptación
para su uso como museo.
Chalet urbano rehabilitado para acoger el amplio legado
de la viuda del artista. El edificio del antiguo Asilo Pola (1908),
hoy Fundación Museo Nicanor Piñole uno de los autores más
innovadores de la pintura asturiana, ocupa el extremo de una
manzana limitada por la plaza de Europa, avenida de la Constitución
y Carretera de la Costa. Esta manzana tiene su origen en el derribo
de las fortificaciones que existían en Gijón hacia 1870. Ocupa la
zona antiguamente delimitada por dos puntos de estrella de la
muralla construida con motivo de las guerras carlistas en 1838 y
destruida a fines del siglo XIX para facilitar el crecimiento
espacial de la villa. Está situado en el lugar donde estaba
emplazada la Puerta del Infante, conocida en la actualidad como
Puerta de la Villa y punto de partida de camino hacia Oviedo. El
edificio legado del industrial Mariano Suárez Pola (1793-1884) lo
proyectó, entre 1903 y 1905, Luis Bellido, arquitecto municipal
adscrito a las corrientes eclécticas de comienzos de siglo. Las
obras se llevaron a cabo bajo la dirección del también arquitecto
municipal Miguel García de la Cruz, unos años más tarde. Desde sus
inicios y hasta 1986, fue utilizado como escuela de niños atendida
por monjas de la orden de las Hijas de la Caridad que vivían en el
propio edificio. Esta duplicidad de funciones va a determinar la
composición del edificio y la organización de la planta y los
volúmenes, así como la singularidad de algunos espacios dentro del
programa constructivo. En los años 40 sufrió una importante reforma
que alteró la concepción de la fachada. El Asilo Pola es una
construcción exenta, de pequeñas dimensiones, con un gran equilibrio
volumétrico. Su composición recuerda los modelos eclécticos de
algunos palacetes. La planta del edificio se estructura a partir de
la articulación de formas geométricas puras, según unos claros ejes
de simetría. Se compone de cuatro rectángulos, tres de los cuales
han sido realizados por medio de una proporción llamada áurea que
nos habla de un ideal de armonía, proporción y simetría. En el
alzado se diferencian dos grandes volúmenes divididos en dos pisos
por una línea de imposta quebrada en la parte central. Un frontón
semicircular y una ventana trífora rematada por arcos de medio punto,
constituyen el eje principal de la construcción. Este volumen se
corona con un gran alero y unos canecillos a modo de decoración. A
ambos lados de este bloque principal y de forma simétrica se
distinguen dos volúmenes simples de un solo piso. La distribución
exterior de los huecos de ventana refleja con coherencia la
organización interior, utilizando un modelo compositivo formado por
ventanas y decoración que se repite por duplicado y triplicado,
rítmicamente. La ornamentación se basa en recursos compositivos
historicistas y se utilizan para reforzar las partes fundamentales
de la composición: base, cuerpo y remate. La decoración de la parte
superior de ventanas y rejas se inspira en los motivos decorativos
de la Secesión Vienesa y del Modernismo. La conversión del antiguo
Asilo en Museo Nicanor Piñole se apoya en una idea central:
recuperar el primitivo proyecto de Luis Bellido, eliminando todos
aquellos elementos debidos a reformas posteriores que afectan a la
estructura de la fachada posteriores. Esta necesidad de adaptación
del edificio ha dado origen a otras intervenciones: se recupera el
cortavientos del vestíbulo y cubierta con una bóveda rebajada que
prolonga el arco situado en la fachada, se modifica el arranque de
la escalera y la nave central del crucero se construye con un
interior a dos aguas, incorporándose una entreplanta con un corredor.
Este corredor tiene una planta en forma de "V" y se apoya en ocho
columnas. La nave se cubre con un falso techo de escayola. Por
último, se crean dos galerías acristaladas en las zonas ocupadas por
los porches que sirven como espacio de exposición y abren paso al
jardín posterior. Todas estas intervenciones persiguen crear un
lugar adecuado para la presentación de cuadros, muebles y objetos
personales del artista. El recinto, una vez efectuadas todas las
reformas mencionadas, se configura así: en el cuerpo principal y en
la planta baja se dispone la sala de recepción del museo,
información, vestíbulos y servicios, venta de publicaciones y
escalera de acceso. En la crujía de la derecha se sitúa un espacio
polivalente que permite la realización de pequeñas muestras de
distinta índole, así como la celebración de otras actividades
destinadas a difundir la figura de Nicanor Piñole. Las salas del
crucero son los principales lugares de exposición del museo. Las
galerías acristaladas se destinan a exponer todos aquellos objetos
personales y materiales que rodearon la vida del pintor y
constituyeron su entorno. La entreplanta y las salas del primer piso
se utilizan como espacios de exposición para presentar la colección
permanente del museo. Por último, en la planta de bajo cubierta se
sitúan los espacios de servicios del museo. El Museo Nicanor Piñole,
inaugurado el día 27 de abril de 1991, cuenta con la aportación de
la colección de doña Enriqueta Ceñal Costales, viuda del pintor, así
como de las obras donadas por el autor al Museo Casa Natal de
Jovellanos, y está abierto a otras donaciones que puedan producirse.
Concebido como una casa-museo, el centro presentará el entorno
histórico, social, económico y cultural de Nicanor Piñole. Su
objetivo primordial es dar a conocer la obra del pintor gijonés,
divulgando los aspectos que rodearon y constituyeron su vida,
poniendo especial énfasis en la trayectoria artística del pintor,
los elementos constitutivos de su obra y el significado que la misma
ha tenido en el desarrollo de la plástica asturiana y nacional. En
las tres plantas dedicadas a la exposición de fondos, se presenta
una selección de obras y objetos personales donados por su viuda. El
recorrido sigue un criterio cronológico-temático, que facilita un
conocimiento de la biografía y trayectoria artística de Nicanor
Piñole, articulado en los siguientes temas: —El autorretrato:
muestra de los más de doscientos conservados en el museo, realizados
en diversas técnicas. Obra de formación: en la que destaca El
borracho, cuadro que presenta en la Exposición Nacional de Bellas
Artes de 1897, y El Viejo de la nariz porreta (1901). Entorno
familiar del pintor: obras realizadas a lo largo de las dos primeras
décadas del siglo, vinculadas estrechamente a Gijón y a Carreño.
Entre ellas destacan sus visiones intimistas de la Quinta de Chor,
residencia estival de la familia Prendes, y la galería de retratos
familiares (de su madre, doña Brígida Rodríguez Prendes, de sus tíos
don Manuel y doña Manuela, y primos...) Pintura de temática
costumbrista: La vuelta de la romería o La hija del patrón, así como
dibujos, apuntes y bocetos. Paisajes: selección de notas
paisajísticas, acuarelas y pasteles, pintadas al aire libre, con una
luminosidad y riqueza de matices extraordinaria.. Naturalezas
muertas y retratos: conjunto de obras realizadas a partir de 1925
con aproximación del pintor a las corrientes plástico-literarias
menos realistas y con mayor contenido intelectual. Junto a ellas, se
exponen, entre otros, los cuadros el Viejo autobús y Cartel de feria...
La Guerra Civil española: Pesadilla del burgués, La retirada, etc.
Ultima etapa (años cincuenta y sesenta): estudios del último
retrato de su madre, otros retratos y paisajes... Nicanor Piñole,
protagonista de esta instalación, nace en Gijón el 6 de enero de
1878, donde realiza estudios elementales. En 1892 ingresa en la
Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, teniendo como
profesores a Carlos de Haes y Muñoz Degraín, entre otros. Al
finalizar la carretera estudia dos años en el taller de Alejandro
Ferrant. En 1900 viaja a Roma para completar su formación artística,
pasando por París, donde visita la Exposición Internacional, el
Louvre y toma contacto con el Impresionismo y el Divisionismo, los
cuales influirán en su obra posterior. En Roma realiza varios
cuadros con motivos anecdóticos italianos y desnudos, de perfecto
acabado, con fuerte luz y gran empaste. Desde 1902 vive en Gijón,
pero viaja frecuentemente al extranjero (Francia, Italia, Gran
Bretaña), y a varias ciudades españolas. Participa en Exposiciones
Nacionales desde 1897 hasta 1952. Tiene poca suerte en estas
convocatorias, aunque su nombre aparece como polémico ante
alternativas pictóricas menos renovadoras, y es tenido en cuenta por
los sectores más avanzados del arte. En relación con esto, es
llamado a participar en 1925 en el Salón de Artistas Ibéricos,
origen de la vanguardia artística española. A partir de este momento
participa en la exposición itinerante de la Fundación Carnegie por
diversas ciudades norteamericanas; en 1930, en la Bienal de Venecia
y en la exposición de pintura española en Oslo. Realiza la primera
exposición individual en Madrid, en 1933, contando con la admiración
del ambiente intelectual español de aquellos años. Desde este
momento expone por diversas ciudades españolas, y a partir de los
años 50, empieza a ser reconocido; se suceden las distinciones
oficiales. En 1946 es nombrado miembro del IDEA (Instituto de
Estudios Asturianos), Académico de Bellas Artes de San Fernando
(1955), Hijo Predilecto de Gijón (1963) e Hijo Predilecto de
Asturias. En 1974 se le dedica una exposición antológica en el Museo
de Arte Moderno de Madrid, el Gobierno le concede la Medalla de Oro
al Mérito en las Bellas Artes y la Real Academia de Bellas Artes le
nombra Académico de Honor. En 1978 se le concede la Gran Cruz de
Alfonso X el Sabio, cumple 100 años y fallece el 18 de enero en
Gijón.; la muerte le llegó sin que hubiera finalizado El gaitero,
cuadro que empezó a pintar con noventa y dos años. Su producción
artística es extremadamente amplia; en ella nos encontramos con
distintas etapas marcadas en sus inicios por el taller de Alejandro
Ferrant, el conocimiento de los impresionistas franceses, su
estancia en Roma y su amistad con Gerardo Diego y José Moreno Villa.
Su obra de madurez presenta un estilo caracterizado por la sencillez
de los recursos utilizados, la síntesis y el subjetivismo que aplica
a una pintura basada en la realidad, pero producto de una
interpretación muy personal. En sus setenta años de actividad
creadora abarca todos los géneros y técnicas artísticas vigentes.
Fundamentalmente se puede dividir en tres géneros: paisaje, retratos
y género costumbrista entremezclados con temas laborales campesinos
y marineros que nos hablan de una voluntad social del artista.
Además realiza bodegones, floreros y cuadros de animales. El paisaje
y el costumbrismo aparecen íntimamente relacionados. El paisaje
suele aparecer, como género independiente y como marco integrador de
las figuras. El emplazamiento geográfico es inconfundiblemente
asturiano como podemos ver en la atmósfera lumínica y cromática en
la que predominan los tonos grises. Piñole realiza retratos desde
1899 hasta 1970 y sólo una pequeña parte de ellos es realizada por
encargo; éstos presentan dos rasgos físicos, el verismo físico y la
carga psicológica del retratado, centrada sobre todo en una mirada
que dirige al espectador. En el conjunto de su extensa labor
retratística, la serie de autorretratos evidencia las
transformaciones físicas y psicológicas del artista en el tiempo,
dando detalles de trazo, técnica y estilo que los convierten en un
documento imprescindible para seguir la vida del pintor y la
evolución de su modo de ver el mundo. Nicanor Piñole es, a la vez,
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