Comunidad
autónoma uniprovincial de España con 1.062.998 habitantes (2001) y
10.604 km². Limita al N con el mar Cantábrico, al E con Cantabria, al S
con Cantabria y León, y al O con Lugo. Capital, Oviedo.
El
Principado de Asturias, está situado en el Norte de la Península
Ibérica, entre los ríos Eo y Deva, que lo separan de Galicia y
Cantabria, limitando al Sur con Castilla y León. Abierta al mar
Cantábrico y con un clima templado y húmedo, Asturias permite al
visitante disfrutar tanto del mar como de la montaña. Este pequeño y
antiguo reino ocupa una extensión de 10.564 kilómetros cuadrados.
La
Capital política y administrativa es Oviedo, situada en el centro de
la región. Las otras dos ciudades más importantes del Principado son
Gijón, auténtica capital de la costa asturiana, y Avilés, situadas
en los dos extremos del cabo de Peñas, el vértice septentrional de
Asturias.
Para
llegar a Asturias podemos cruzar el Puerto de Pajares por
ferrocarril o por la AS-18, que llega hasta Gijón pasando por
Oviedo, o seguir la autopista A-66 que desde León y el Valle del Huerna enlaza en Campomanes con la 630. Desde Galicia o Santander
llegaremos por la Nacional 634, que atraviesa toda la costa
asturiana. Por el interior, podemos recorrer el Principado siguiendo
la Nacional 632. El aeropuerto de Asturias se encuentra localizado
en Ranón (Castrillón) a 15 kilómetros de Avilés, 39 de Gijón y 43 de
Oviedo.
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inicio de Asturias
Asturias,
protegida por sus montañas, ha mantenido unas fuertes tradiciones desde
la Antigüedad mientras se convertía en cuna del actual Estado español.
Fue protagonista de resistencias contra las imposiciones y las
injusticias a lo largo de toda su historia, de las cuales son testigo la
actualidad de sus habitantes.
Prehistoria
Los primeros restos humanos asturianos, estudiados en el yacimiento de Brañugues, en Gozón, datan de hace aproximadamente 100.000 años y
corresponden al Paleolítico Inferior. Los pobladores del achelense
entraron en Asturias desde Galicia y se asentaron en el litoral, donde
aprovechaban recursos marinos y, en las cuencas fluviales, zonas de agua
potable y de concentración de piezas para la caza. Hace aproximadamente
90.000 años, durante la glaciación llamada Würm, se desarrolló el
musteriense. La población, condicionada por las bajas temperaturas,
buscó refugio de forma más continua en cuevas como la Cuevona de
Ribadesella o la Cueva del Forno de Tuñón.
En el Paleolítico Superior, hace unos 35.000 años, estos asentamientos
en cuevas se generalizaron. Fueron más abundantes en la zona occidental
asturiana, constituida por roca caliza e ideal para la formación de
cuevas y abrigos naturales. El análisis lítico del período permite
distinguir diferentes fases culturales: auriñaciense, en la cueva del
Cueto de la Mina; gravetiense; solutrense, en la Peña de Candamo, Cueva
Oscura de Perán, Las Caldas, Cova Rosa o Coberizas, y magdaleniense,
momento de apogeo de esta civilización nómada paleolítica. Estas gentes
se dedicaban a la explotación del medio a través de la caza y pesca. La
especialización del instrumental para la caza influyó no sólo en el
aumento del número de piezas y en la reducción del tiempo empleado para
cazarlas, sino también en la diversificación de las fuentes de alimento:
pesca, recolección de huevos, vegetales y moluscos. La mejora
alimenticia favoreció la aparición de grupos más numerosos y mejor
organizados, capaces de desarrollar arte rupestre y mobiliar como
reflejo de su espiritualidad y creencias. La Comunidad Autónoma de
Asturias cuenta con una rica muestra de ello: Cuevas del Pindal, en
Ribadedeva; Lledías, en Llanes; El Buxu, en Cangas de Onís; Les Pedroses
y Ardines, en Ribadesella, y La Peña de San Román, en Candamo. En la
zona norte peninsular se desarrollaron dos nuevas formas de vida y
cultura hace aproximadamente 10.000 años: el aziliense, con restos en
Asturias en la Cueva de los Azules, y el asturiense, comprendido entre
el octavo y cuarto milenio, que se desarrolló en dos zonas: una en torno
al cabo de Peñas y otra entre las cuencas de los ríos Sella y Deva. Fue
una cultura costera donde la población buscó la habitación al aire libre
y la explotación de los recursos marinos. Se han encontrado magníficos
restos de comidas y de industria en los concheros situados a la entrada
de las cuevas, como por ejemplo en las de Mazaculos, en Ribadedeva, y
Les Pedroses, en Ribadesella.
Desde el IV milenio aparecieron en Asturias grupos humanos cuya
ocupación principal fue la ganadería y la agricultura, sin que por ello
se abandonara la caza y la vida nómada. Los cambios del llamado
Neolítico no fueron radicales en esta zona, y la cultura asturiense
perduró hasta épocas muy avanzadas sin sufrir cambios drásticos. La
población ocupó zonas más elevadas de ricos pastizales, hecho que
demuestra su adaptación a los ritmos del pastoreo nómada. Surgieron los
primeros poblados organizados, cuyo elemento más característico eran los
enterramientos funerarios denominados dólmenes, que algunos autores
sitúan en la Edad del Bronce. El tipo más extendido en la zona es el de
planta poligonal, cámara dolménica recubierta por un túmulo y en
ocasiones con decoración o grabados en el interior. Los de Entrerríos,
en Allande; Merillés, en Tineo; La Mata´l Casare, en Quirós, o el de la
Capilla de Santa Cruz, en Cangas de Onís, dan buena muestra de ello. Los
enterramientos eran comunes, lo que parece mostrar grupos sin fuertes
diferencias sociales. La presencia de estos dólmenes en lugares elevados
y bien visibles indicaba ciertas rutas importantes, o bien ciertos
límites territoriales o jurisdiccionales. El Neolítico finalizó con la
progresiva difusión de la metalurgia a fines del III milenio. La zona
cantábrica quedó relativamente apartada del principal foco, que fue la
zona andaluza. En Asturias perduraba la recolección de moluscos, el
pastoreo y las construcciones megalíticas, aunque se han constatado
ciertos cambios respecto a la situación anterior, entre los cuales cabe
citar los enterramientos individuales o las toscas muestras de armas en
metal, que se hacían más perfeccionadas técnica y artísticamente a
medida que avanzaba el Bronce Pleno. Por la ubicación de los
asentamientos se demuestra la importancia que se concedió al control de
las minas. Las explotaciones mineras se concentraban en la zona
centro-oriental, más rica en estaño, que era material imprescindible en
la fabricación del bronce. En las minas del Aramo, El Milagro, Riosa y
Onís se excavaron galerías para la extracción del mineral, usando la
técnica de resquebrajar la roca con fuego para después agrietarlas a
golpe de maza mediante cuñas.
A comienzos del I milenio dio comienzo la llamada Edad del Hierro, que
en el noroeste peninsular tuvo un tipo de cultura particular: la
castreña. Su origen, aún discutido, estuvo en unos aportes de población
indoeuropea, más concretamente celta, a la población original. En
Asturias se han encontrado casi trescientos de estos poblados repartidos
por todo el territorio y situados en zonas elevadas con un claro fin
defensivo, ya que no sólo aprovecharon las condiciones favorables del
terreno para su defensa, sino que todos contaban con murallas y fosos.
Uno de los más conocidos es el Castellón en Coaña. Este tipo de
construcciones y los numerosos hallazgos arqueológicos de todo tipo de
armas han demostrado la inseguridad generalizada del período, bien por
enfrentamientos internos o bien por incursiones del exterior. Estos
pueblos se organizaban internamente en gentilidades o familias extensas
cuyos miembros estaban unidos entre sí por vínculos de sangre. Estas
gentilidades eran independientes unas de otras y estaban compuestas por
varios clanes. A su vez, varios clanes constituían una tribu. Dentro de
la cultura castreña se pueden distinguir tres grupos humanos: los
Galaicos, los Cántabros y los Astures, cuyos límites se encontraban
entre los ríos Sella, Navia y Esla, diferenciados a su vez entre los
augustanos, en la zona sur, y los trasmontanos, en la zona entre las
montañas y la costa. Un rasgo destacado de estos pueblos fue el
mantenimiento de las tradiciones matriarcales: covada, dote masculina,
filiación materna, matrilocalismo y una activa participación de la mujer
en la vida pública y económica. Nunca se vieron libres de un cierto
primitivismo en las actividades económicas. La falta de recursos
alimenticios pudo ser la causa de las periódicas expediciones de saqueo
contra los ricos campos de la Meseta.
Edad Antigua
En el siglo I a.C., durante el mandato del emperador Augusto, se produjo
la conquista romana del territorio astur, hecho que supuso la
culminación del proceso iniciado doscientos años antes en la Península
Ibérica, del que nos hablan autores romanos como Dión Casio, Floro y
Orosio. La conquista se produjo por muy variadas causas: por la
necesidad que tenía Augusto de consolidar su reciente elección como
emperador a la manera tradicional romana de los grandes generales, a
saber, mediante la anexión a Roma de nuevos territorios; para acabar con
un pueblo abiertamente hostil y belicoso frente a Roma que podía servir
de mal ejemplo al resto de los pueblos sometidos de la Península, o para
aprovechar la riqueza mineral de la zona asturiana. La guerra duró desde
el año 29 al 19 a.C., debido a la falta de eficacia de las legiones en
un terreno accidentado y frente a la lucha en guerrillas de los astures.
La contienda fue tan dura que requirió la presencia del mismo emperador
acompañado por su yerno Agripa, hecho que por si sólo demuestra la
importancia que se le concedió. El valor, fiereza y tenacidad de estos
pueblos fueron exaltadas por muchos de los autores romanos. Tras la
eliminación de los últimos focos de resistencia, la población fue
obligada a abandonar sus asentamientos de la montaña e instalarse en el
llano. En conmemoración de la victoria y en honor a Augusto se
levantaron en el cabo Torres de Gijón las Aras Sestianas.
A pesar de la ocupación militar, la zona nunca fue pacificada y
romanizada del todo. Roma renunció a la fusión e integración del
territorio y se limitó a explotar sus recursos mineros. Los yacimientos
fueron dotados con las más modernas técnicas extractivas, y, del mismo
modo, se mejoraron las vías para favorecer la circulación del mineral. A
finales del siglo II comenzó el declive de estas explotaciones, que
fueron abandonadas poco después. No hubo tampoco un desarrollo urbano de
importancia, salvo las excepciones de Gigia y Lucus Asturum, y la mayor
parte de la población continuó viviendo según sus formas tradicionales
en las villae, que, al contrario que en otras zonas, no eran centros de
grandes latifundios, sino pequeñas o medianas explotaciones de tipo
familiar. La romanización pudo ser tenue, pero no nula. En este momento
aparecieron las primeras muestras escritas del pueblo astur siguiendo
tanto el sistema de escritura como la lengua de los romanos. Las únicas
manifestaciones escritas que se han encontrado de aquel período se
reducen a epígrafes sobre lápidas y otros objetos duros, como las
valdinienses.
Tras la conquista, los astures quedaron englobados en la provincia
Tarraconensis. En el año 69 d.C., el emperador Vespasiano dividió la
zona cantábrica en conventus iuridici, basándose en las características
étnico-culturales previas: el conventus lucensis englobó a los galaicos,
el conventus cluniensis a los cántabros y el conventus asturum a los
astures. Diocleciano cambió de nuevo la organización provincial de
Hispania, creando la provincia de Gallaecia, en la que reunió a galaicos
y astures. Durante el fin del siglo III la zona asturiana sufrió, como
el resto del territorio, los problemas financieros y militares que
aquejaron al Imperio Romano. La inseguridad del momento tuvo su reflejo
en el amurallamiento de Gijón o en el enterramiento de monedas y otros
objetos de valor. La anarquía, el peso de lo rural en la zona y el
mantenimiento de tradiciones y creencias propias retrasaron la
cristianización del territorio astur. Los restos cristianos más antiguos
encontrados han sido la lápida de Dovidena, en Coraín, fechada en el
474, y las del niño Noremus y la joven Magnentia, en Soto de Cangas de
Onís.
Edad Media
Las primeras incursiones de suevos, vándalos y alanos, producidas en el
solar hispano en el 409 d. C., no causaron excesivas penalidades en el
territorio astur y, además, sirvieron para favorecer una situación de
autogobierno y de reforzamiento de los valores tradicionales. La falta
de centros urbanos para saquear les alejó pronto de la zona. Tras dos
años de correrías se repartieron la península. El territorio astur,
junto al vacceo y cántabro, quedó adjudicado a los vándalos asdingos.
Suevos y vándalos lucharon entre sí por el control de la zona en la
región montañosa de Asturias, pero la pronta marcha de los segundos
evitó daños mayores. Los suevos sometieron con cierto éxito la zona
occidental astur, mientras que les resultó imposible controlar el resto
del territorio, en el que aún resistían los anteriores invasores
romanos. Los visigodos entraron en la Península en calidad de federados
bárbaros. Los enfrentamientos entre visigodos y suevos afectaron
relativamente poco al territorio astur, ya que se localizaron al sur de
la cordillera. El rey visigodo Teodorico II venció al suevo Rekhiario en
el 456, frenando con ello todo intento expansionista hacia tierras
astures. Pero la tranquilidad se vio rota por la política unificadora
del rey Leovigildo, que buscaba el reforzamiento del reino y de la
monarquía, así como superar las diferencias étnicas y religiosas de la
población. El reino Suevo quedó anexionado sin muchas dificultades en el
585, aunque no así el territorio astur, cántabro y vasco, que permaneció
insumiso a lo largo de su reinado y el de sus sucesores. La falta de
presencia visigoda efectiva en Asturias permitió nuevamente una
situación de independencia.
Mientras se producía la pérdida de España con la derrota visigoda del
711 en la Batalla del Guadalete frente a los musulmanes, el último de
los reyes visigodos, Rodrigo, se encontraba sofocando una rebelión en
tierras del norte. Tras la victoria y el rápido desmoronamiento del
estado visigodo, la Península fue ocupada. Muza, a finales del 713 o
principios del 714, conquistó Asturias e instaló poco después a Munusa
como gobernador de Jejone o Gegione, la actual Gijón. En ese tiempo se
produjo la llegada a territorio astur del noble visigodo Pelayo. Buscó
refugio entre los rebeldes astures de las montañas, reunidos por aquel
entonces en una gran asamblea popular de la que Pelayo fue elegido
caudillo. El apoyo y adhesión a la revuelta que encontró en la zona no
debe resultar extraño, pues, como bien han apuntado los autores Abilio
Barbero y Marcelo Vigil, la población astur había mantenido una férrea
oposición frente todo poder extraño en la zona, como sucedió primero con
los romanos, posteriormente con los visigodos, y en aquellos momentos
con los musulmanes. La resistencia se agrupó en torno al año 718 y tuvo
su punto culminante con la victoria en la Batalla de Covadonga, en el
722, donde lograron expulsar a los musulmanes de Asturias.
Pelayo asentó su pequeña corte en Cangas de Onís, desde aquel momento
centro político del reino Astur. El rey Alfonso I, aprovechando luchas
internas en Al-Andalus, inició una serie de ataques y expediciones
militares hasta la zona del Duero y Alto Ebro. Sin embargo, la falta de
recursos humanos y materiales le impidieron consolidar las conquistas.
Las sucesivas campañas forzaron la emigración al norte de gran parte de
la población de ese territorio, dando lugar a un "yermo defensivo" que
actuó de barrera entre ambos contendientes. Con Alfonso II, el reino
consolidó su posición frente al poder musulmán, aunque Oviedo, la
reciente capital, fue atacada en dos ocasiones, en el 794 y 795. Durante
su reinado se resucitó el sentimiento neogoticista, es decir, una vuelta
a las instituciones y tradiciones visigodas, además de la creencia de
que el reino Astur era el heredero directo del visigodo. El reinado de
Alfonso III, entre los años 866 y 910, supuso uno de los momentos
culminantes del reino cristiano, al conseguir estabilizar la frontera en
el Duero. A su muerte, sus tres hijos se repartieron el reino Astur:
García se puso al frente de las zonas recién conquistadas, cuyo centro
era León; Ordoño se estableció en Galicia, y Fruela en Asturias. Oviedo
y las tierras asturianas dejaron de ser el núcleo principal del reino,
debido a su posición apartada de la frontera.
Desde aquel momento, el reino Astur pasó a ser el reino de León. Este
aislamiento provocó que los fenómenos de desarrollo urbano y económico
se dieran con cierto retraso en la región. La ruta costera a Santiago de
Compostela y las peregrinaciones a San Salvador de Oviedo contribuyeron
al resurgimiento de numerosas villas a lo largo de dichas vías. Frente
al predominante poblamiento rural disperso, Oviedo y Avilés destacaban
como únicos ejemplos de verdaderas entidades urbanas. Tras el traslado
de la capital a León, Oviedo sufrió una grave despoblación que el rey
Alfonso VI trató de evitar con la concesión de fuero, a Oviedo en 1145 y
Avilés en 1155, y mercado, hecho que atrajo a numerosa población, tanto
castellana como extranjera, dedicada a las actividades mercantiles y
artesanales, denominada en aquella época población franca. La
repoblación auspiciada por monarcas y obispos tuvo su reflejo en todo el
territorio asturiano con la creación de núcleos urbanos conocidos como
pueblas o polas. Así se fundaron, entre otras muchas, Llanes, en 1206;
Pravia, entre 1230 y 1252; Grado y Cangas, en 1255; Lena, en 1266; Nava,
Valdés, Ribadesella, Maliayo y Navia, en 1270, y Rovoredo, en 1282.
Durante el siglo XIII los que más se desarrollaron fueron los próximos a
la costa, sobre todo Oviedo y Avilés, debido al peso creciente de la
actividad comercial. Tuvieron contactos con las principales ciudades
castellanas y puertos atlánticos como Lisboa, Londres o La Rochelle.
Importaban trigo, vino, telas y sal, mientras que exportaban frutos
secos, madera, hierro y sus derivados. El desarrollo de la actividad
pesquera y la proliferación de depósitos salinos en las ciudades
facilitaron la creciente exportación de pescado en salazón a toda la
Península.
El fin de la Edad Media se caracterizó por una crisis generalizada. La
región asturiana no se vio libre de los efectos de la epidemia de Peste
Negra que asoló Europa en 1348.
No obstante, los acontecimientos que más le perjudicaron fueron las
crisis políticas castellanas durante las minorías de Fernando IV y
Alfonso XI. Éstas fueron aprovechadas por los grandes propietarios
territoriales asturianos, entre los que destacaba la Mitra Ovetense, es
decir, las posesiones que tenía el cabildo catedralicio de Oviedo, así
como Rodrigo Álvarez de Asturias, para sembrar la violencia, el desorden
y la rapiña por doquier. Para frenar el bandidaje señorial y proteger
sus términos y privilegios, las principales ciudades y pueblas
asturianas se unieron en Hermandades. Durante la guerra civil que
enfrentó a Pedro I con su hermano Enrique, Asturias desempeñó un papel
importante, ya que el Trastámara, apoyado en el señorío asturiano que
heredó de Rodrigo Álvarez, obtuvo los recursos humanos y económicos
necesarios para la rebelión que le llevaría al trono en 1369. Tratando
de buscar solución al problema sucesorio, las Cortes reunidas en
Palencia en 1388 crearon el título de Príncipe de Asturias para Enrique
III y Catalina de Lancaster, nieta de Pedro I, quedando vinculado el
territorio desde entonces al heredero a la corona. Su órgano de gobierno
era la Junta General del Principado, que integraba a representantes de
los concejos de realengo y señorío eclesiástico. La nobleza asturiana
mantuvo su poder y actitud levantisca frente a la monarquía,
aprovechando la debilidad de Enrique IV. La llegada al poder de los
Reyes Católicos frenaría esta actitud mediante el nombramiento de
corregidores en la zona.
Edad Moderna
A fines del siglo XV se produjo una mejora demográfica que no vino
acompañada de un incremento paralelo en la producción agrícola. El
desequilibrio provocó una grave crisis frumentaria de 1573 a 1576. La
zona astur permaneció ajena a la especialización de cultivos y a la
modernización de las técnicas que se habían producido a lo largo del
siglo XV en otras zonas. El poder de la nobleza se hacía sentir en todos
los ámbitos: acumulando tierras, exigiendo elevadas rentas, controlando
la administración y acaparando los principales cargos concejiles en las
ciudades. En el gran acontecimiento castellano del momento, el
descubrimiento y colonización de América, la participación asturiana no
fue muy extensa salvo el nombramiento de Pedro Menéndez de Avilés como
adelantado de la Florida. Asturias quedó también al margen del
movimiento de las Comunidades castellanas. El estancamiento económico se
pudo superar a principios del siglo XVII gracias a la extensión de un
producto traído precisamente del Nuevo Mundo: el maíz. La zona asturiana
era muy favorable para su desarrollo y pronto se obtuvieron elevados
rendimientos que mitigaron las hambres periódicas. El cultivo se
practicó de forma intensiva, sobre todo en los valles centrales,
mediante el sistema de rotación trienal. Frente a los grandes dominios
territoriales, laicos y eclesiásticos, el campesinado mantuvo cierto
peso a través de las comunidades de aldea. Los señores trataron de
aprovecharse de ellas ocupando sus tierras comunales, hecho que provocó
tensiones. Los campesinos vieron empeorar progresivamente su situación
cuando los propietarios intentaron cambiar las tradicionales cesiones de
tierras en foros por arrendamientos. La tensión antiseñorial creciente
en la zona asturiana terminó por saltar en Oscos y Allande en los años
1662 y 1678.
Durante la Guerra de Sucesión que enfrentó al Archiduque de Austria y a
Felipe de Borbón, Asturias se decantó claramente por el último. La
acción fue recompensada por Felipe V, que confirmó todos los privilegios
civiles y eclesiásticos de Asturias, creó una Audiencia y favoreció a la
Universidad de Oviedo. Como claro exponente del momento, el Pensamiento
Ilustrado trató de buscar soluciones al grave atraso que aquejaba al
país en el plano económico sin atender a la situación social. En
Asturias el sistema basado en el maíz terminó por agotarse sin que se
afrontaran reformas de importancia en aperos y sistemas de labranza o se
introdujeran nuevos cultivos, salvo los intentos de popularizar la
patata que no dieron resultado hasta el siglo XIX. El debilitamiento de
los rendimientos provocaron nuevas crisis frumentarias en 1709-10 que se
hicieron endémicas y forzaron a la importación de grano. La mayor parte
de la población se vinculaba al sector primario, que era incapaz de
absorber el excedente debido a su falta de inversión y modernización.
Del sector secundario destacaban en la zona las actividades textiles y
metalúrgicas aunque aún conservaban su carácter arcaico, disperso y con
un mercado reducido. A finales del siglo XVIII se inició la minería del
carbón con la apertura de las minas de Langreo, pero la falta de
infraestructuras hicieron costoso el mantenimiento de estas
explotaciones, que terminaron por decaer. En cuanto al comercio, el
puerto de Gijón perdió peso respecto a los de Santander y Bilbao en el
abastecimiento interior.
Durante la contienda bélica que enfrentó a españoles contra franceses en
1808 estallaron en Asturias graves enfrentamientos, con el
apedreamiento, el día 9 de mayo, de la Audiencia de Oviedo. Se rechazaba
acatar a las autoridades que se habían plegado ante la presencia
francesa y que representaban las estructuras del Antiguo Régimen. Frente
a esto se constituyó la primera Junta Provincial de España. Numerosos
liberales asturianos como Agustín Argüelles, el Conde Toreno o Flórez
Estrada acudieron a las Cortes de Cádiz, pero, pese a la activa
participación política, el liberalismo permaneció en Asturias en una
posición de debilidad frente al absolutismo, representado por Fernando
VII, hasta la muerte del monarca en 1833. Entre tanto la situación del
campo no había mejorado mucho: acumulación de tierras en manos laicas y
eclesiásticas, elevadas rentas, índices bajos de producción y presión
demográfica. Las Guerras Carlistas afectaron poco al territorio
asturiano, salvo la expedición del general carlista Sanz en 1836.
Durante la minoría de Isabel II y el gobierno liberal se emprendieron
reformas en Asturias: desamortización de bienes de la Iglesia con
Mendizábal en 1836-51 y con Madoz en 1855 y desvinculación de los
mayorazgos. Las medidas favorecieron a la burguesía que comenzó a
invertir y modernizar el mundo rural. En la reorganización provincial
llevada a cabo en 1833 Asturias perdió su denominación tradicional por
la de provincia de Oviedo. La principal riqueza asturiana continuaba
siendo el carbón. Los aportes de capitales burgueses, sobre todo de
Francia y Bélgica, contribuyeron a la progresiva industrialización de la
región, a la apertura de nuevos yacimientos hulleros y a la mejora de
las redes de transporte por ferrocarril. Así nacieron la Real Compañía
Asturiana de Minas en Avilés, la Sociedad Duro y Compañía o la Sociedad
de las Minas y Fábricas de Moneda en Gijón. El campo se modernizó y
especializó en la exportación de manzanas, patatas, hortalizas,
remolacha, forrajeras, leche, queso y mantequilla. Como consecuencia de
la industrialización la población dedicada al sector secundario aumentó
considerablemente, pero al mismo tiempo no se frenaron los movimientos
migratorios en las cuencas mineras de mayor rendimiento y se tuvo que
recurrir a traer obreros de otras provincias.
La producción industrial aumentó constantemente, sobre todo durante la I
Guerra Mundial, al no llegar el carbón inglés a la Península, pero no
así los salarios de los obreros. Desde los años ochenta del pasado siglo
comenzaron a difundirse en Asturias ideas contrarias al sistema
capitalista entre trabajadores vinculados a la Federación Española de la
I Internacional, acción que se intensificó tras la fundación del Partido
Socialista en 1879. Las ideas anarquistas, aunque menos populares en
Asturias que las socialistas, arraigaron con fuerza en Gijón y La
Felguera. Los obreros se acogieron a estas ideologías buscando amparo y
soluciones a sus problemas, ya que los estancados poderes políticos del
momento se habían mostrado incapaces para afrontar los problemas
sociales de la región.
Edad Contemporánea
Desde 1900, los movimientos obreros cobraron mayor virulencia. En esa
fecha había catorce agrupaciones socialistas y más de siete mil
afiliados. Las huelgas se generalizaron: en Gijón en 1901 y en Mieres en
1905, pero ante la falta de organización resultaron un fracaso. Estas
derrotas agruparon a los trabajadores en 1910 en el Sindicato de Obreros
Mineros Asturianos (SOMA) vinculado a la Unión General de Trabajadores
desde 1911, y que se caracterizó por la disciplina interna. Llegó a
contar con más de diez mil afiliados y consiguió de la Asociación
Patronal de Mineros Asturianos el salario mínimo para los mineros. Para
contrarrestar su influencia se creó dos años después el Sindicato
Católico de Obreros Mineros, de clara inspiración patronal. En el campo
se vivió un proceso propagandístico similar con la creación de la
Federación Agrícola Asturiana, que fomentaba el cooperativismo y las
reivindicaciones en cuestiones de precios. La I Guerra Mundial provocó
un alza en los precios de los productos de primera necesidad, ante esta
situación y en protesta por el anquilosamiento político, se declaró la
huelga general en 1917, apoyada en Asturias conjuntamente por
socialistas, anarquistas y reformistas. Tras esta fecha el Partido
Reformista aglutinó a los elementos burgueses. La Dictadura de Primo de
Rivera coincidió con un descenso generalizado de la producción minera,
que no podía competir con los precios de otras zonas. Las medidas,
apoyadas por la burguesía asturiana, consistieron en inversiones en
infraestructuras y en un claro proteccionismo minero. Se consiguió
aumentar la producción gracias a la mecanización y al descenso del coste
de la mano de obra mediante el aumento de horas de trabajo y la
retención salarial. La situación de los sindicatos no era muy buena,
salvo la del SOMA, que colaboraba con el régimen para mantener sus
privilegios a cambio de contener las reivindicaciones laborales, el
resto permanecía en la clandestinidad. La tensión obrera explotó
aprovechando el alzamiento pro-republicano de Galán y García Hernández
en 1930, que anunció el triunfo republicano en las principales ciudades
asturianas en las elecciones municipales de 1931. La República fue
acogida en Asturias con ciertas reticencias del sector eclesiástico y
con una grave crisis económica debido al descenso generalizado de la
producción industrial minera y siderúrgica, así como por malas cosechas,
caída de precios agrícolas y extinciones de contratos de aparcería. El
gobierno republicano mantuvo las medidas proteccionistas en el sector
secundario, mientras que intentó realizar una reforma agraria buscando
corregir las desigualdades y el atraso del campo, convirtiendo en
propietarios a campesinos sin tierras a través de expropiaciones de
grandes fincas. El proyecto no llegó a completarse del todo por las
presiones del poderoso grupo de propietarios rurales. Mientras que los
grupos tradicionalistas, republicanos católicos, burgueses y monárquicos
se aliaban en la sólida Acción Popular, los obreros continuaban
afiliándose masivamente a los principales sindicatos.
De un total de 100.000 obreros asturianos, el 70 % de ellos estaba
afiliado. El SOMA tenía clara ventaja frente al Sindicato Único Minero
(SOM), de influencia comunista. En 1933 Asturias era la región más
conflictiva del Estado debido al número e intensidad de las huelgas
convocadas. La situación empeoró con el triunfo en 1933 de Acción
Popular. En respuesta se crearía en 1934 Alianza Obrera, que en Asturias
tuvo como característica principal la participación conjunta de
socialistas e anarcosindicalistas. Las medidas reaccionarias de Lerroux
y la entrada en el gobierno de la CEDA provocaron un movimiento
insurreccional el 5 de octubre de 1934, cuyas primeras manifestaciones
se dieron en las cuencas mineras asturianas. El levantamiento tenía como
objetivo extender la revolución frente a la república burguesa. El
gobierno declaró el estado de guerra y movilizó al ejército, que no tuvo
problemas para acabar con los desorganizados e incomunicados focos
rebeldes. El levantamiento cobró mayor virulencia en Asturias,
planificado en todos los detalles por el comité regional de Alianza
Obrera. Los obreros armados tomaron los puestos de la Guardia Civil,
Gijón y Avilés, además de poner sitio a Oviedo. El gobierno encomendó al
general Franco el restablecimiento del orden en la zona. El día 14 se
controlaba Oviedo y el 17 ocuparon la fábrica de armas de Trubia, de la
que se abastecían los obreros. La rendición se firmó el día 20 de
octubre. El saldo fue de 1.000 muertos y numerosas destrucciones
materiales, pero lo peor fue la represión posterior: despidos masivos,
ejecuciones sumarias como la de Carbayín, torturas y detenciones.
La izquierda vio la necesidad de unirse en el Frente Popular, que
consiguió la victoria en las elecciones del 16 de febrero del 36. En
Asturias, los sectores más reaccionarios de la sociedad también se
sumaron a la política de desestabilización del gobierno, que culminó en
el pronunciamiento militar del 18 de julio de 1936. Los golpistas se
hicieron con el control de Oviedo, mientras que el Frente Popular
consiguió controlar el resto de la región y hacer de Gijón su centro de
operaciones. El control de Oviedo, con el general Arana al frente, se
mantuvo durante toda la contienda, a pesar de las ofensivas
republicanas. Tras los avances militares en el territorio norte,
Asturias quedó aislada dentro del territorio nacional y terminó por ser
tomada el 21 de octubre de aquel mismo año 37.
Asturias se vio muy afectada por la Guerra Civil en cuanto al número de
víctimas y por la posterior represión. Se produjeron enormes daños en
los equipamientos industriales, las infraestructuras, así como en
ciudades: Oviedo tuvo que ser prácticamente reconstruida. Sin embargo,
la situación de aislamiento económico que vivió España en los años
posteriores al conflicto benefició a la región asturiana. El sector
minero se desarrolló bajo la protección estatal al convertirse el carbón
en la principal fuente de energía del país. Los trabajadores tuvieron
una serie de ventajas: exención del servicio militar, primas por
sobreproducción o viviendas más baratas, pero la presión sobre ellos fue
mayor: duras jornadas laborales de 10-12 horas y una alta
siniestralidad. Asturias se convirtió en foco de atracción para todo
aquel que buscaban un empleo. Entre 1950 y 1960 llegaban 3.000 personas
por año. Paralelamente se volvió a incentivar la emigración de
asturianos al extranjero. La presión franquista sobre los mineros fue
dura; debían trabajar gratis una hora al día y los domingos para
contribuir a alcanzar los índices de producción esperados, debían
afiliarse obligatoriamente a la Organización Sindical, sindicato oficial
del Régimen, mientras que el resto se mantenía en la clandestinidad y
entre 1949-52 desarrollaban una guerras de guerrillas en las montañas.
Otro sector en desarrollo fue el siderometalúrgico. El Estado, buscando
su renovación, invirtió capital a través de la creación en 1950 de
ENSIDESA. En 1957 se construyó el primer alto horno. El campo también se
vio afectado por el proceso generalizado de modernización. Se tendió a
una especialización de la región en la exportación de leche y derivados
con inversiones de empresas como Arias o RILSA. Este proceso supuso la
mejora económica de los campesinos, que progresivamente accedieron a la
propiedad.
Los conflictos obreros se recrudecen a finales de los 50. En 1957 hubo
una huelga en la Camocha en la que se eligió a una Comisión de obreros
para las negociaciones. La producción minera se redujo enormemente por
la sustitución del carbón por otras fuentes de energía más baratas. En
1967 el Instituto Nacional de Industria (INI) creó HUNOSA que agrupó a
las empresas hulleras asturianas en su seno. La reducción de la
producción trajo consigo la destrucción de puestos de trabajo, que en un
primer momento fueron absorbidos por el sector siderúrgico. Se crearon
ENSIDESA y UNINSA, fusionadas en 1973 para intentar formar una empresa
moderna y competitiva. En 1962 estalló una nueva huelga que duró dos
meses y que culminaría en la creación de la Comisión Provincial de la
Minería, que centralizaba todas la reivindicaciones. La crisis económica
de 1973 acabó por estancar económicamente la zona.
En 1982, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), recién llegado al
gobierno, inició una nueva política de reajuste en Asturias que costó
30.000 puestos de trabajo. Hubo un nuevo intento en 1993, con la firma
del plan de futuro de Hunosa: se cerraron ocho pozos, se redujo en 6.000
puestos la plantilla y se concretó el cierre de la empresa estatal para
el año 2003. En 1992 fue rechazado el plan de competitividad para
ENSIDESA; 250 trabajadores emprendieron una marcha a pie hasta Madrid en
la llamada Marcha del Hierro para exigir al gobierno soluciones. En 1993
la Comunidad Económica Europea (CEE) aprobó el plan de reconversión que
unía a ENSIDESA y Altos Hornos de Vizcaya en la Corporación Siderúrgica
Integral, en un último intento por sobrevivir. 1995 se cerró con un
trágico balance en víctimas mortales en la minería: 23 muertes.
Actualmente, Asturias es la comunidad autónoma española que menos ha
crecido económicamente y una de las que cuenta con unos niveles de paro
más elevados.
La Comunidad Autónoma actual
Asturias fue la primera región que se constituyó en Comunidad
Autónoma por vía del artículo 143 de la Constitución Española de
1978. Desde el 10 de noviembre de 1978 hasta el 11 de febrero, fecha
en la que entró en vigencia el Estatuto de Autonomía, la región tuvo
un régimen provisional preautonómico cuyos órganos de gobierno eran
el Consejo Regional de Asturias y la Diputación Provincial de
Oviedo. Con el Estatuto de Autonomía quedó establecida la
tradicional denominación de Principado de Asturias y sus órganos de
autogobierno: la Junta General, asamblea legislativa elegida cada
cuatro años; el Consejo de Gobierno, órgano colegiado del poder
ejecutivo en Asturias, y el Presidente de la Comunidad (también lo
es del Consejo), que es elegido por la Junta. A efectos electorales,
Asturias quedó dividida en tres circunscripciones: oriental, central
y occidental. El Día de Asturias quedó fijado el 8 de septiembre,
festividad de la Virgen de Covadonga, la Santina, patrona del
Principado.
En mayo de 1983 se celebraron las primeras elecciones al Parlamento
asturiano en las que el PSOE obtuvo la mayoría absoluta con un 51´6%
de los votos. Fue elegido presidente el socialista Pedro de Silva.
En las siguientes elecciones de 1987, el PSOE perdió la mayoría
absoluta: 20 escaños y 38´9% de los votos. Alianza Popular (AP) se
consolidó como la segunda fuerza más votada: 13 escaños y un 25´1%.
En los comicios de 1991 la situación no varió substancialmente. El
PSOE obtuvo 21 escaños y el 40% de los votos, frente al Partido
Popular (PP), con 15 escaños y el 30´4% de los sufragios. Hasta 1993
ocupó la presidencia el socialista Juan Luis Rodríguez Vigil-Rubio,
siendo sustituido por Antonio Trevía Lombán, también socialista. En
1995, el PP consiguió 21 escaños frente a los 17 del PSOE y a los 6
de Izquierda Unida (IU). Fue elegido presidente el popular Sergio
Marqués. Las elecciones autonómicas de 1999 cambiaron nuevamente el
color político del Principado y asumió la presidencia el socialista
Vicente Álvarez Areces, quien renovó el cargo tras los comicios de
2003.
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inicio de Asturias
Asturias es una de las regiones de España más ricas en muestras
artísticas. Aunque posee bellos e importantes ejemplos desde la
época prehistórica: cuevas de El Pindal, Tito Bustillo y la Peña de
Candamo, Asturias destacó por sus aportaciones al arte prerrománico.
Tres reinados señalaron las tres fases artísticas: Alfonso II,
Ramiro I y Alfonso III. La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y
San Julián de los Prados fueron levantados en el primer periodo.
En la segunda fase se alcanzó la plenitud artística con ejemplos
como Santa María del Naranco, en su origen palacio del monarca, San
Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena. En el último período se
aprecia cierta influencia mozárabe en la construcción y decoración.
De este momento se puede destacar la iglesia de San Salvador de Valdediós. Como notables ejemplos de arte románico asturiano
sobresalieron la Colegiata de San Pedro de Teberga, el pórtico-
panteón de la desaparecida iglesia del monasterio de San Pelayo de
Oviedo y las iglesias de Amandi, en Villaviciosa y Santa María de
Villanueva, en Teberga. La miniatura asturiana ha contribuido con un
ejemplar único: El Libro de los Testamentos, conservado en la
Catedral de Oviedo. La Catedral ovetense comenzó a construirse en
1293, aunque no fue terminada hasta la mitad del siglo XVI y cuenta
con una magnífica sillería de coro y el retablo de las Lamentaciones
de Juan de Candamo. Otros ejemplos de arte gótico en la región
fueron el Convento de San Francisco de Oviedo o la Casa de los Gastañaga en Llanes. Del siglo XVI se deben destacar el Convento de
Santo Domingo y el edificio de la Universidad, ambos en Oviedo. En
escultura cabe reseñar el retablo mayor de Llanes, el del Valle en
Pravia y el sepulcro del arzobispo en la Colegiata de Salas.
El siglo XVIII coincidió con un despegue en la región, tanto en el
ámbito del pensamiento, con figuras tan destacadas como José del
Campillo y Cossío, Fray Benito Jerónimo Freijoo, Pedro Rodriguez
Campomanes y Gaspar Melchor de Jovellanos, como en el artístico, con
autores como Juan Carreño de Miranda, Luis Fernández de la Vega,
Antonio Borja, Manuel Reguera González, Ignacio Cajigal, Juan Alonso
de Villabrille y Ron, y Juan de Villanueva y Barbales. Fruto de esta
actividad pueden destacarse las Colegiatas de Cangas del Narcea y
Pravia, las iglesias de Luanco, Lastres o la de los Jesuitas en
Oviedo. Fue el momento de importantes remodelaciones urbanísticas de
las ciudades, que fueron dotadas de plazas y edificios públicos,
como los Ayuntamientos de Oviedo y Avilés. El mejor ejemplo de
retablo de columnas salomónicas se encuentra en el monasterio de
Corias, en Cangas del Narcea. Del siglo XIX deben resaltarse la
Plaza Mayor y el Ayuntamiento de Gijón, la Colegiata de Covadonga y
numerosos edificios de hierro, como mercados, quioscos de música o
teatros, representativos de la época de la industrialización. En
escultura destacaron Francisco Pérez del Valle y José Gragera y
Herboso, y en pintura Gumersindo Díaz, Eduardo Gilino de la Crosa e
Ignacio León y Escosura, relacionados con la Escuela de Dibujo de
Oviedo. Asturias participó levemente del modernismo, con autores
como Luis Bellido, arquitecto municipal de Gijón, Miguel García de
Cruz y Manuel del Busto González. El modernismo dejó paso a la
arquitectura montañesa de autores como Busto, Galán y Enrique
Rodríguez Bustelo. En los años cincuenta y sesenta se produjo en las
principales ciudades asturianas un crecimiento desordenado, atenuado
en las décadas siguientes con un mayor compromiso entre la calidad
arquitectónica y el fin social. De este momento destacaron los
proyectos de Manuel García, Nieves Ruiz, Fernando Nanclares y José
Manuel Caicoya.
Asturias ha contado con una intensa labor literaria desde época
medieval. Desde el scriptorium del obispo Gutierre Gómez de Toledo
se crearon obras como la Regla Colorada, el Libro Becerro o el Libro
de los Privilegios. En el siglo XVI se continuó cultivando el género
cronístico con Gonzalo Solís de Merás y Tirso de Avilés. Con la
creación de la Universidad de Oviedo, la ciudad se convirtió en un
foco cultural con la destacada presencia de Luis Alfonso de
Carballo, autor de Antigüedades y cosas memorables del Principado de
Asturias. En el siglo XVIII, al calor del pensamiento ilustrado, el
despegue cultural en Asturias se hizo más claro. Destacaron autores
como Fray Benito Freijoo con Teatro Crítico Universal o Cartas
eruditas y Gaspar Melchor de Jovellanos con su obra Apuntamiento
sobre el dialecto de Asturias o las Instrucciones para la formación
de un Diccionario bable. Exponente de la literatura romántica
asturiana de la primera mitad del siglo XIX fue Francisco Siñériz y
Trelles, mientras que de la realista de finales del siglo pasado
destacaron Armando Palacio Valdés y Leopoldo Alas “Clarín”. Luis
Alvarez Santullano y Ramón Pérez de Ayala fueron los principales
representantes de la llamada generación novecentista de principios
de siglo. Tras la Guerra Civil fueron muchos los autores asturianos
que abandonaron la Península, como José María Álvarez Posada, Matías
Conde, para seguir publicando desde el extranjero. Entre los autores
asturianos de nuestro tiempo deben destacarse a José Avello Flórez,
finalista del Premio Nadal en 1983, Carmen Gómez Ojea y José Luis
García Martín.
El Principado de Asturias no solo es rico artística, sino también
lingüísticamente. Se hablan dos lenguas: el castellano y el bable,
lengua autóctona asturiana. Se distinguen tres variedades: la
occidental, entre los ríos Navia y Nalón, caracterizada por
diptongos decrecientes ‘ei’-‘ou’ que la aproximan al portugués y
gallego. Esta variedad se ha extendido al oeste de León y Zamora y a
la Tierra de Miranda en Portugal; la central, entre los ríos Nalón y
Sella, con monoptongación de -‘ei’ en -‘e’ y de -‘ou’ en -‘o’ y
conservación de la ‘f’- inicial latina; la oriental, al este del río
Sella, que ha conservado la aspiración de la ‘f’- inicial latina.
Esta variedad se ha extendido a Cantabria, este de León y Zamora,
Salamanca y Extremadura. Jovellanos intentó hacer del asturiano una
lengua de cultura a través de la confección de un diccionario, una
gramática y una Academia, postura continuada en los siglos XIX y XX
por Caveda y Nava, Laverde Ruiz y Junquera Huergo. En 1971 se
celebró la I Asamblea Regional del Bable y en 1981 se creó la
Academia de la Llíngua Asturiana, pasos importantes en la
recuperación, normalización y difusión del asturiano. Su difusión en
las escuelas comenzó en el curso 1984-85, contando con un elevado
índice de popularidad.
Historia del Himno de Asturias
Según la Ley 1/1984, de 27 de Abril, la Comunidad Autónoma de
Asturias cuenta con su propio himno.
A diferencia de otras comunidades, el himno de Asturias es tomado de
una de las canciones populares más conocidas no solo en Asturias o
en España, sino en todo el mundo. Dada esta gran popularidad, es
asumida como el himno representativo de su Comunidad Autónoma.
La letra
oficial del himno de Asturais es la siguiente:
Asturias, patria
querida
Asturias, de mis amores
¡quién estuviera en Asturias
en todas las ocasiones!
Tengo de subir al árbol,
tengo de coger la flor
y dársela a mi morena,
que la ponga en el balcón.
Que la ponga en balcón,
que la deje de poner,
tengo de subir al árbol
y la flor he de coger
Y la versión en asturiano es como sigue:
Asturies, patria querida,
Asturies, de mios amores
¡Ai, quién tuviera n' Asturies
en toes les ocasiones!
Tengo de subir al árbol,
tengo de coyer la flor
y da-yla a la mio morena,
que la ponga nel balcón.
Que la ponga nel balcón
que la dexe de poner,
tengo de subir al árbol
y la flor tengo coyer. |
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inicio de Asturias
La
economía del Principado de Asturias, comunidad autónoma española,
cuenta con un sector primario en retroceso que ocupa al 6% de la
población activa con ganadería vacuna, agricultura (maíz, patatas y
manzanas) y pesca. Sigue siendo significativa la minería de carbón
aunque no goza del papel preponderante de antaño. El sector
secundario emplea al 30% de la población activa, siendo importantes
la siderurgia, la alimentación, los astilleros, las armas, química,
equipos de transporte, etc. En el sector terciario se asienta el 65%
de la población activa y va en aumento, siendo este hecho
sintomático de la concentración de la población en los centros
urbanos y de la importancia que el turismo ha adquirido en la región
en los últimos años. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006.
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inicio de Asturias
El
Principado de Asturias está situado en el norte de la península
Ibérica. La cordillera Cantábrica que en este tramo está formada por
el llamado macizo asturiano, es el eje que vertebra todo el
territorio; se pueden distinguir tres sectores montañosos dentro de
este macizo: occidental, central y oriental; un surco prelitoral; y
un frente litoral accidentado por algunas rías.
1.- El sector occidental del macizo asturiano se extiende
aproximadamente desde el valle del Eo al del Narcea, es una
prolongación del Macizo Galaico-Leonés. La sierra de Rañadoiro,
entre el valle del Navia y del Narcea, es el sistema montañoso de
mayor altura en este sector de macizo asturiano.
En la zona sur de este sector se encuentra un área conocida como el
arco asturiano, en el que destacan los valles de Ibias y Degaña, en
el límite con la Comunidad de Castilla y León.
El sector montañoso central presenta un relieve más complicado,
sobre todo, a partir del valle del Narcea encontramos un relieve más
complicado. El puerto de Pajares es el punto medio de este sector
del reborde montañoso de la Meseta. Existen numerosos pasos de
montaña a una altura de 1.500 m y con cumbres que sobrepasan los
2.000 m, como la Peña Ubiña con 2.417 m de altura.
Entre las sierras del Aramo, al oeste, y la peña Mea, al este, se
abre un sector que ha sido históricamente la cuenca hullera más
importante de España. La explotación del carbón a mediados del siglo
XIX, supuso el desarrollo industrial de la región.
2.- El surco prelitoral se encuentra situado al norte de la cuenca
de carbón; consiste en una depresión que se extiende desde la Vega
de Grado hasta el río Deva e incluye la cuenca de Oviedo y los
valles longitudinales del Nora, Piloña y el Cares.
En este sector también se encuentran las sierras de Sueve y
Monfrecho y cerca de ellas el valle de Cangas.
3.- El sector montañoso oriental a partir de Cangas de Onís el surco
prelitoral queda limitado al sur por una masa rocosa que cierra el
arco asturiano, son los famosos Picos de Europa. En esta zona se
suceden los modelados glaciares: circos, valles glaciares y
depresiones; los modelados cársticos: canales y lapiaces; y los
modelados propios de la acción fluvial: gargantas.
Se distinguen tres macizos que se reparten entre el Principado de
Asturias, la Comunidad de Cantabria y la Comunidad de Castilla y
León. El macizo más occidental es el de Cornión, cuyas máximas
alturas son Peña Santa de Castilla (2.596 m) y Peña Santa de Enol
(2.478), en su parte baja se encuentran los lagos de Covadonga: de
Enol y de Ercina.
El macizo central se llama de lo Urrieles y en él se encuentra la
mayor altura de los Picos, Torre Cerredo con 2.646 m, seguido de
Peña Vieja (2.613 m), Pico Tesorero (2.570 m) y el Naranjo de Bulnes
(2.519 m).
El macizo oriental o de Andara es de menor altitud y se encuentra en
su mayor parte en la Comunidad Autónoma de Cantabria.
4.- El frente litoral se divide a su vez en tres zonas: litoral
occidental, litoral central y litoral oriental.
- El litoral occidental se extiende entre los ríos Eo y Nalón; en
esta zona se encuentran llanuras litorales o rasas que se formaron
por la acción erosiva del mar sobre la roca en momentos en los que
el mar invadió tierra firme. También destacan las rías de Ribadeo,
Navia y Pravia.
- El litoral central se extiende desde la ría de Pravía hasta la de
Ribadesella y su accidente más destacado es el cabo de Peñas.
También sobresalen el macizo litoral de Sueve (1.149 m) y las rías
de Villaviciosa, Colunga y Ribadesella.
- El litoral oriental se extiende desde la ría de Ribadesella hasta
la Tina Mayor, en el límite con Cantabria. Este litoral está
dominado por la sierra de Cuera. Toda la región presenta modelados
cársticos: lapiaces, simas y depresiones. Enciclopedia Universal DVD
©Micronet S.A. 1995-2006
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inicio de Asturias
La naturaleza asturiana es una de las más espectaculares y bonitas
de toda la Península Ibérica. Cumbres nevadas, profundas gargantas,
bosques con bruma, verdes pastos, acantilados espectaculares, rías y
calas.
Por estas razones se encuentran en un territorio tan reducido 59
espacios protegidos. De entre todos, se han elegido: El Parque
Nacional de los Picos de Europa, los parques naturales de Redes,
Somiedo y las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias y las reservas
naturales de Muniellos, Peloño, Ría del Eo, Barrayo y Ría de
Villaviciosa.
-
El
Parque Nacional de los Picos de Europa es el Parque Nacional de
mayor extensión de España y se reparte entre el Principado de
Asturias y las Comunidades Autónomas de Cantabria y Castilla y León.
Es un fabuloso escenario de fenómenos cársticos y glaciares que han
creado un relieve salvaje con altitudes que van desde los 400 m
hasta los 2.600 m en muy poco espacio.
La vegetación está representada por robledales, hayedos y bosques
mixtos con abedules, avellanos, fresnos y alisos. Se trata de uno de
los pocos espacios donde vive el oso pardo, y cuenta con la
presencia de rebecos, lobos, corzos, buitres y águilas reales.
-
El
Parque Natural de Redes incluye la Reserva Natural de Peloño; está
formado por la cuenca alta del Nalón, donde se localizan bosques de
hayas, carvallo y roble albar, que alternan con pastos.
En este Parque se encuentran todas las especies animales propias de
la montaña oriental: oso pardo, lobo, rebeco, corzo, nutria,
urogallo, águila real y buitre.
-
- La
Reserva Natural de Barayo protege un lugar de especial interés en la
desembocadura del río Barayo, en el que se encontramos acantilados,
dunas, marismas con sus cañaverales y un espléndido bosque de alisos.
La parte baja del río da refugio a nutrias y osteros.
-
La
Reserva Natural de Muniellos es el mayor robledal de España y uno de
los mayores y mejores conservados de Europa; también hay hayedos,
abedulares y bosques de ribera. En este espacio encuentran su
hábitat el oso pardo y el urogallo.
-
El
Parque Natural de Las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibías está
formado por la cuenca alta de los ríos Ibías y Narcea, en la sierra
de Rañadoiro y contiene las reservas de Muniellos y del Cueto de
Arbás. Se trata de una zona de bosques, con espléndidos hayedos,
robledales y abedulares. En este paisaje vive el oso pardo el
urogallo y la nutria. Destacan los puertos del Cono, y del Pozo de
las Mujeres Muertas, y el paraje de Las Lagunachas.
-
La
Reserva Natural de Peloño está formada por la sierra de Ponga y el
monte de Peloño, que ponen límites a la cuenca alta del río Ponga,
afluente del Sella. En este entorno, se localiza importantes bosques
de robles y hayas. También se encuentran lugares hermosos como la
majada de Arcenorio o la peña Ten.
-
El
Parque Natural de Somiedo está formado por los valles altos de los
ríos Somiedo, Trubia y Pajares. Su vegetación presenta los dos tipos
de bosque propios de la región, el robledas y el hayedo, con algunos
albedulares. Las brañas de La Pornacal o La Peral con sus cabañas de
teito, reflejan la vida ganadera y trashumante de los vaqueiros.
Destacan los lagos de Saliencia o el lago del Valle, donde vive la
mayor población de oso pardo de la península Ibérica.
-
La
Reserva Natural de la ría del Eo es una zona de marismas y estuario
costero con importantes praderas submarinas que forman la principal
área asturiana donde pasan el invierno y reposan las aves acuáticas
migratorias.
-
La
Reserva Natural de la ría de Villaviciosa es una zona de marisma
donde pasan el invierno poblaciones de aves acuáticas migratorias
como el ánade silbón, el porrón común o el zarapito real. La reserva
comienza en el fondo de la ría de Villaviciosa y se extiende hasta
el mar. Destacan la playa de Rodiles y El Puntal. Enciclopedia
Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006
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