
Ciudad de España, capital de la provincia del mismo nombre y del
Reino de Aragón, situada en una llanura bañada por el río Ebro.
Cuenta con una población de 614.905 habitantes (2001) sobre una
extensión de 1.067,91 km². Es sede episcopal además de un importante
centro cultural, con una de las más célebres Universidades de España
(fundada en 1479), administrativo, judicial, militar (sede de la
Academia General Militar) y religioso. Su clima se caracteriza por
fuertes contrastes producidos por la influencia de vientos muy
distintos: cierzo del NO o bochorno del SE. Sus inviernos son fríos
y sus veranos calurosos y secos. La temperatura media anual es de
unos 15º C.

HISTORIA
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ciudad.
ETAPA
PRERROMANA
La
existencia de un núcleo de población en el solar de la actual
Zaragoza se remonta, cuando menos, al siglo VII a.C. Si bien la
arqueología urbana ha descubierto vestigios materiales fechados en
algún momento de la prehistoria (útiles del Neolítico en el entorno
de la Plaza de San Pedro Nolasco), las primeras estructuras urbanas
conocidas corresponden a restos de un poblado de la Edad del Bronce
(hallados en las calles Sepulcro, Universidad y San Vicente de
Paul), fechado hacia el 630-600 a.C.; a una etapa inmediatemente
posterior, entre el 520 y 480 a.C., correspondiente a la Primera
Edad del Hierro, pertenecen los restos de viviendas hallados en la
confluencia de las calles Palafox, Martín Carrillo y Plaza de Asso.
A la llegada de Roma, el solar de Zaragoza está ocupado por la etnia
ibérica de los sedetanos, asentados junto al Ebro aproximadamente en
el territorio comprendido entre la desembocadura del Jalón y la del
río Martín, y aliados de Roma desde el inicio de su presencia en el
Valle Medio del Ebro, a finales del siglo III a.C. Apenas hay
referencias documentales al pasado prerromano de la ciudad, salvo
las monedas acuñadas con el nombre ibérico de la misma en el reverso,
SALDUIE (latinizado como Salduuia), y algún epígrafe latino. Entre
éstos cabe destacar el llamado Bronce de Ascoli, fechado en el
contexto de las guerras entre Roma y sus aliados itálicos. En esta
inscripción, sobre una tabla de bronce, se referencia el
reclutamiento de una turma o regimiento de 30 jinetes ibéricos en la
ciudad de Salduie, de la que toma el nombre (turma salluitana), y a
los que el 17 de noviembre del año 89 a.C. se concede la ciudadanía
romana, entre otros beneficios, por el valor demostrado en el asedio
a la ciudad de Asculum (actual Ascoli). Un segundo epígrafe es la
llamada Tabula Contrebiensis, procedente de la ciudad de Contrebia
Belaisca (Cabezo de las Minas, Botorrita), en la que se resume una
sentencia dictada el 15 de mayo del 87 a.C. por el gobernador de la
Provincia Hispania Citerior (Cayo Valerio Flaco), en la que se da la
razón a los habitantes de Salduie en un pleito con los de Alaun (Alagón)
por la construcción de un canal de regadío en tierras cedidas a
aquéllos por los habitantes de Sosinesta.
Salduie se presenta como una ciudad estratégica en el dispositivo
táctico romano-republicano en el Valle del Ebro, hecho motivado por
su carácter de cruce de caminos (hacia el norte y la Meseta
central), la existencia de un vado en el Ebro y, su condición de
frontera entre los pueblos íberos, celtíberos y vascones. La ciudad
ibérica se ubica en una zona delimitada por la desembocadura del río
Huerva, no muy cerca de las orillas para evitar el riesgo de
inundación, y en una zona elevada protegida por una muralla de
sillarejo de yeso, de la que se han hallado restos entre las calles
Sepulcro y Boterón. Su perímetro coincidiría aproximadamente con las
actuales calles de Don Jaime I, Mayor, Coso y Paseo de Echegaray y
Caballero).
La progresiva romanización de Salduie, desde principios del siglo I
a.C., se refleja en la adopción de gustos y costumbres romanas,
tanto en las técnicas y gustos constructivos (restos de casas y
decoraciones de tipo itálico en la C/ Don Juan de Aragón 9), como en
la presencia de numerosos objetos domésticos, fundamentalmente
cerámica para el servicio de mesa y la conservación de alimentos. El
punto final en la evolución de Salduie coincide, hacia el año 15 a.C.,
con la deductio o fundación de una colonia romana en el mismo solar,
de la mano de Augusto o de alguno de sus más íntimos colaboradores
(Marco Agripa).
ETAPA
ROMANA
La
fundación de una ciudad romana en el solar zaragozano, sobre la
ciudad ibero-sedetana pero profundamente romanizada de Salduie, se
fecha hacia el año 15 a.C., coincidiendo con la reorganización de
las provincias de Hispania por Augusto tras su victoria en las
Guerras Cántabras. La nueva ciudad recibe el nombre de Colonia
Caesaraugusta, siendo la única ciudad romana que gozó del privilegio
de ostentar el nombre completo de su fundador; este hecho es
significativo de la especial relación que la ciudad mantuvo con la
familia imperial a lo largo del siglo I d.C.
En la fundación de la nueva colonia, desarrollada de acuerdo con el
rito tradicional romano, participaron soldados veteranos de las
legiones IV Macedonica ("Macedonia"), VI Victrix ("Victoriosa") y X
Gemina ("Gemela"), licenciados tras la dura campaña contra los
cántabros, con la doble intención de garantizar la defensa del
territorio a la vez que fijar en él la presencia de Roma.
Caesaraugusta, además, es fundada como "Colonia Inmune", lo que
supone, entre otros privilegios como el derecho a acuñar moneda, la
exención del pago de impuestos.
La fundación de Caesaraugusta coincide con un proceso de
reorganización de los territorios hispanos, en el que se crean tres
provincias (Tarraconensis, Baetica y Lusitania), divididas en
conventos jurídicos (distritos menores con funciones judiciales y
administrativas); de ellos el regido por Caesaraugusta, el Convento
Jurídico Caesaraugustano, es el más extenso de los siete en los que
se divide la Provincia Tarraconense. En este sentido, desde un
principio, Caesaraugusta asume el papel de cabecera regional,
sustituyendo en esta función a la Colonia Victrix Ivlia Celsa (Velilla
de Ebro), y aprovechando su excelente ubicación en un enclave
estratégico de primer orden como cabeza de puente sobre el río Ebro
en un cruce de caminos junto a la desembocadura de los ríos Gállego
y Huerva.
El periodo de esplendor de la ciudad se prolonga durante los siglos
I y II d.C. y a él corresponden las grandes obras públicas, de las
que se conocen restos del foro, puerto fluvial (que convierte a
Caesaraugusta en el principal centro redistribuidor de mercancías en
el valle del Ebro), termas públicas, teatro, y de lo que parece ser
un anfiteatro; es posible que la ciudad estuviese amurallada desde
un principio, aunque no se tiene constancia de esta construcción. A
esta época corresponden también la construcción del primer puente de
la ciudad (seguramente una obra mixta de piedra y madera en el
emplazamiento del actual Puente de Piedra), y el establecimiento de
un complejo sistema de abastecimiento de agua (se han documentado
numerosos aljibes, fuentes, y varios tramos de tuberías de plomo
entre los que destaca el localizado junto al Puente de Piedra) y
saneamiento. El perímetro de la ciudad en estos momentos, excede el
que tendrá en los siglos siguientes (marcado por la muralla), y la
población se extiende hasta la ribera del río Huerva, formando
manzanas de casas organizadas a partir de un urbanismo reticular.
A partir del siglo III, Caesaraugusta participa de un proceso de
crisis generalizado en todo el mundo romano y patente en la
construcción de una potente muralla (segunda mitad del siglo III),
el abandono de grandes obras públicas como la red de alcantarillado
o de abastecimiento de agua, y la destrucción de edificios públicos
para reutilizar sus materiales constructivos en las nuevas obras
civiles (en el caso del teatro, para construir la muralla). No
obstante, las noticias que hay sobre la época hablan del
mantenimiento de la vida urbana y la actividad comercial (son
frecuentes las importaciones entre las que destacan los sarcófagos
paleocristianos conservados en la iglesia de Santa Engracia). Esto
coincide con un cierto florecimiento cultural de la ciudad, sobre
todo de la mano de sus obispos, cabeza de una incipiente comunidad
cristiana famosa por sus mártires y por la tradición vinculada al
culto mariano y la presencia en Caesaraugusta del apostol Santiago
en torno al año 40 d.C.
A lo largo del siglo V, Caesaraugusta, igual que todo el Occidente
romano, se ve inmersa en un proceso de desintegración del poder
imperial. En el año 409 se produce la llegada a Hispania de los
primeros contingentes bárbaros, que habían invadido el territorio
romano tres años antes (en la Navidad del año 406). Desde entonces
Caesaraugusta se convierte en una ciudad estratégica, por su
situación y sus imponentes murallas, que juega un importante papel
en las luchas por el trono de Roma. Incluso, en este siglo, va a ser
sede imperial dos veces, aunque muy brevemente: en el año 410,
durante el reinado de Constante, y en el 460, durante el reinado de
Mayoriano. Las continuas incursiones de bagaudas (bandas de
campesinos y ciudadanos arruinados, esclavos fugitivos, desertores y
montañeses) favorecidas por la descomposición del poder romano, van
a motivar la intervención del ejército visigodo, aliado de Roma.
Los visigodos, al mando del conde Gauterico, ocupan Caesaraugusta en
el año 472. A partir de este momento, la ciudad se convierte en
parte del reino visigodo de Tolosa, y con el tiempo cambiará su
nombre por el de Cesar Acosta.
ETAPA
VISIGODA
Asedio de Zaragoza por los francos. Año 541.
La
derrota del ejército visigodo ante los francos en la batalla de
Vouillé (507), supuso la ruina del reino visigodo de Tolosa y la
pérdida de todos los territorios ocupados por éste al norte de los
Pirineos, salvo una pequeña franja de terreno en torno a Narbona. En
el nuevo sistema defensivo del Estado visigodo, Caesaraugusta se
constituye, por su situación estratégica a la vez que por sus
murallas, en la principal plaza fuerte en el norte de la Península,
sirviendo como baluarte frente a una posible invasión procedente de
la Galia y como base de partida para las operaciones militares
contra los vascones.
La amenaza de los francos se concreta en verano del año 541, cuando
un potente ejército encabezado por los reyes Childeberto y Clotario
I (o Clotachario) y los tres hijos mayores de éste, partió de la
ciudad de Dax y atravesó el Pirineo con la intención de conquistar
el valle del Ebro. La finalidad última de esta campaña era crear una
zona de seguridad que protegiese los territorios recién conquistados
del sur de la Galia ante una posible ofensiva visigoda, contando
para ello con el apoyo de los habitantes católicos de la región. El
paso de los Pirineos se realizó por Roncesvalles, y tras llegar a
Pamplona, el ejército franco se dedicó a saquear la provincia
Tarraconense logrando un cuantioso botín y provocando en ella una
gran devastación a cuyos efectos se añadiría el año siguiente (542)
una epidemia de peste inguinal extendida por toda la Península.
El asedio de Caesaraugusta, protegida por la potente muralla
tardorromana y reforzada posiblemente por una guarnición visigoda,
se prolongó durante 49 días, sin que las tropas sitiadoras pudieran
superar las defensas de la ciudad.
Hay dos versiones sobre el fin del asedio. El obispo Gregorio de
Tours, en un claro intento de enmascarar el desastre de la
expedición, señala que el fracaso franco se debió a la intervención
milagrosa de San Vicente en ayuda de los sitiados. Según este autor,
cuando la situación de la ciudad ya era desesperada, sus habitantes,
imitando a los de Nínive, se sometieron a un ayuno riguroso y
comenzaron a desfilar en procesión sobre las murallas, los hombres
cubiertos de cilicios, entonando cánticos y llevando consigo la
túnica de San Vicente, y las mujeres con mantos negros, con los
cabellos sueltos y cubiertos de ceniza, e implorando la ayuda divina.
Los supersticiosos francos creyeron que se trataba de un maleficio
contra ellos, pero informados por un campesino prisionero sobre la
verdad de los hechos y de que los habitantes de la ciudad no eran
arrianos sino católicos, ofrecieron al obispo de la misma (Juan)
levantar el asedio a cambio de una reliquia de San Vicente como
prenda de paz. El obispo les entregó la estola del mártir, que
Childeberto llevó a París, donde hizo construir una basílica para su
culto (la actual Saint Germain des Prés) y en la que fue enterrado
tras su muerte en el año 558.
Isidoro de Sevilla, por otra parte, comenta que los francos se
vieron obligados a levantar el cerco de la ciudad ante la proximidad
de un ejército visigodo, enviado por el rey Teudis al mando del
conde Teudisclo (o Teudiselo), que tras ocupar los pasos pirenaicos
amenazaba con cortar su retirada. En otro pasaje, este autor señala
que los visigodos lograron cortar la retirada al ejército franco y
que éstos hubieron de comprar a muy alto precio un breve periodo de
tregua (un día y una noche) para atravesar los puertos pirenaicos;
transcurrido este periodo, en el que sólo se pudieron poner a salvo
algunos contingentes, el resto del ejército franco fue aniquilado.
ALTA
EDAD MEDIA
Entre los años 774 y 780, Saraqusta fue la sede de una revuelta
contra el emir cordobés Abd al-Rahman I, encabezada por el
gobernador de la ciudad, Sulayman ibn Yaqzan al-Arabi (ibn al-Arabi).
En la Pascua del año 777, el rey franco Carlomagno recibió en
Paderborn (Westfalia) una embajada encabezada por el propio
gobernador de Saraqusta. No se conoce muy bien el propósito de esta
embajada, aunque parece claro que incluía una petición de ayuda en
la lucha contra el emirato de Córdoba a cambio de garantizarle el
apoyo de toda la Marca o Frontera Superior (at-tagr al-'ala) de Al-Andalus.
La oferta de los embajadores debió ser importante, como demuestra la
inmediata intervención de Carlomagno en el conflicto y la
movilización de un importante ejército para ayudar a los musulmanes,
tradicionales enemigos del reino franco. El tamaño de este ejército
hace pensar también que el objetivo de la expedición excedía el
simple apoyo militar a la revuelta, y quizás intentaba crear un
puesto avanzado de importancia más allá del Pirineo.
En primavera del año 778 el ejército franco se pone en marcha,
dividido en dos columnas, hacia Zaragoza. Una de ellas penetra en la
Península por el Pirineo oriental mientras que la segunda, mandada
por el propio rey, lo hace por los puertos de Ibañeta y Roncesvalles
en el Pirineo navarro. Ambas columnas se reúnen en las cercanías de
Pamplona y, tras someter esta ciudad y obtener la pleitesía de
Huesca, se dirigen a Saraqusta siguiendo el trazado de la antigua
vía romana entre Caesaraugusta y Pompaelo.
Cuando el ejército franco acampa frente a Saraqusta, Sulayman
al_Arabi sale a recibir a su aliado Carlomagno, pero su
lugarteniente, al-Husain ibn Yahya al-Ansari, que había quedado al
mando de la ciudad, cierra las puertas de la misma y se niega a
abrirlas a los francos. Ante la imposibilidad de afrontar un asedio,
que se presumía largo por la fortaleza de las murallas de Saraqusta,
Carlomagno decide levantar el sitio de la ciudad y volver a Francia;
a las dificultades del asedio se unían la lejanía de las bases de
aprovisionamiento de su ejército y el estallido de una revuelta
contra Carlomagno en Renania.
Como medida de seguridad para evitar traiciones durante su retirada
los francos tomaron varios rehenes, uno de ellos el propio ibn al-Arabi,
y posiblemente una importante indemnización en oro. Una vez fuera de
los territorios gobernados por al-Arabi, sus hijos consiguieron
rescatarlo y privar a los francos de la seguridad de sus rehenes.
Para evitar nuevas traiciones, Carlomagno ordenó derribar las
murallas de Pamplona privando de refugio a posibles atacantes.
El 15 de agosto del año 778, durante la travesía por los puertos
pirenaicos, la retaguardia del ejército franco fue atacada por
montañeses pirenaicos, o musulmanes según otras versiones. El ataque
inesperado logró aniquilar el contingente y saquear los bagajes sin
que el grueso del ejército, que ya había franqueado el puerto,
supiese lo que estaba ocurriendo. Además, en la batalla perdieron la
vida algunos nobles del séquito del rey franco, entre ellos Roldán
(Rolando), Prefecto o Duque de la Marca de Bretaña y según se decía
hijo incestuoso del propio Carlomagno. El lugar de la batalla se ha
ubicado tradicionalmente en Roncesvalles, aunque Antonio Ubieto
Arteta sostenía que en realidad se libró en el Valle de Hecho, en el
paraje conocido como Corona de los Muertos. Según esta teoría, en
este lugar habrían muerto Roldán, duque de la Marca de Bretaña, el
conde Anselmo y el senescal Eggihardo entre otros nobles francos.
Sin embargo, las campañas arqueológicas desarrolladas en el lugar no
han permitido afirmar nada al respecto.
La expedición a Zaragoza, junto a la batalla de Roncesvalles y la
muerte de Roldán, aparece recogida en varios cantares de gesta y
relatos legendarios de los que el más conocido es el llamado Cantar
de Roldán.
Por lo que respecta a los gobernantes de Saraqusta, Husayn Al-Ansarí
protagonizó en el año 781 una nueva insurrección contra el emir de
Córdoba, lo que provocó dos campañas militares contra la Marca
Superior en ese año y en el 783 dirigidas por el propio Abd al-Rahman.
BAJA
EDAD MEDIA
La historia de Zaragoza como ciudad cristiana comienza con su
conquista por las tropas aragonesas en diciembre de 1118 después de
varias tentativas previas: la primera aproximación cristiana a la
ciudad se produce en 1081, de la mano de Pedro I de Aragón, y se
concreta en la construcción de una posición avanzada en El Castellar;
en 1086 es Alfonso VI de Castilla el que fracasa en su intento de
conquista; en 1096 Sancho Ramírez y Pedro I construyen una fortaleza
en El Castellar, como plaza fuerte desde la que hostigar Saraqusta;
finalmente, en 1101, Pedro I construye una nueva fortificación en
Juslibol (llamado así por el grito de guerra de los cruzados: Deus o
vol, "Dios lo quiere"). La conquista de la ciudad se produce el 18
de diciembre de 1118, después de un asedio de varios meses en el que
participó un ejército cruzado procedente de Aragón, Navarra y
Francia entre otros lugares al mando de Alfonso I, el Batallador.
En 1134, la muerte sin descendencia del rey aragonés Alfonso I
provoca una crisis política y militar en el reino, y ante el
retroceso de las fronteras por la presión musulmana, Alfonso VII de
León y Castilla ocupa la ciudad de Zaragoza alegando razones
defensivas y la mantiene en su poder hasta que en 1136 pasa de nuevo
al reino de Aragón. El emblema heráldico de la ciudad, un león
rampante, es testigo de este breve dominio castellano sobre Zaragoza.
La progresiva fijación y seguridad de las fronteras y la posición
central de Zaragoza en el reino de Aragón hace que la ciudad goce de
ciertas preferencias como su consideración de "cabecera del reino"
(en 1205) que terminarán por hacer de ella la capital del mismo y
sede de la coronación de los reyes aragoneses.
El papel político de Zaragoza se hace cada vez más importante desde
principios del siglo XIII e incluso la ciudad va a participar con
personalidad propia en diversos acontecimientos como el
enfrentamiento entre la ciudad y la nobleza y el monarca, que
concluye con la victoria real en la batalla de Épila en 1348. A
mediados del siglo XIV, durante las guerras con Castilla, Zaragoza
se convierte de nuevo en plaza fuerte y llega a estar amenazada por
el ejército castellano, lo que obliga a tomar diversas medidas para
la defensa de la ciudad, siendo ésta la última ocasión en que
Zaragoza se va a ver militarmente amenazada durante este periodo.
Por lo que se refiere a la administración de la ciudad en esta etapa,
Zaragoza desde el momento de su conquista disfruta de un fuero
especial dotado de amplios derechos y garantías judiciales, y
concretado en 1129 en el Privilegio de los Veinte, que autoriza a
elegir 20 ciudadanos encargados de la vigilancia y defensa del fuero
de la ciudad. Al hablar de la administración, hay que diferenciar
dos ámbitos: el de los señores de la administración real y el de la
administración municipal en cuanto representación de la población,
dirigida por un concejo integrado por vecinos, que regula el
gobierno municipal por medio de ordenanzas. En cada uno de estos dos
ámbitos existen cargos administrativos propios con unas funciones
muy bien definidas. A efectos administrativos, la ciudad se divide
en 15 parroquias o distritos, de los que 13 están dentro del
perímetro de la muralla.
El núcleo de la ciudad sigue siendo el que delimita la muralla
romana, aunque pronto se van a desarrollar dos grandes barrios
extramuros: el de San Pablo o Población Nueva del Rey, en el que en
1210 se instala el mercado del rey, y el de San Miguel. Las grandes
preocupaciones urbanísticas del momento son, básicamente, la
conservación del puente y las murallas y, el abastecimiento de agua
de riego. La ciudad se divide en barrios organizados a partir de
parroquias: El Salvador, Santa María, San Pedro, Santiago, San Gil,
La Magdalena, San Felipe, San Andrés, San Martín, San Miguel, San
Lázaro, Santa Engracia, San Juan del Puente, San Julián, San
Lorenzo, San Blas. A partir de mediados del siglo XIV la ciudad es
rodeada por un nuevo muro de ladrillo o réjola que engloba también
los nuevos barrios y arrabales. Además de este caserío, hay otro
barrio en la margen izquierda del Ebro, el barrio de Altabás,
comunicado por la ciudad a través del puente.
A partir del siglo XIII el perímetro de la ciudad comienza a quedar
definido también por la instalación extramuros de las llamadas
órdenes religiosas mendicantes, entre ellos franciscanos y dominicos.
Por lo que respecta a la monumentalización de la ciudad, en 1119 la
mezquita aljama se convierte en la nueva catedral o Seo del Salvador
y sede episcopal de Zaragoza, que será ampliada en varias fases a lo
largo de los siglos XII y XIII, y en ese mismo año se amplía la
iglesia de Santa María, actual basílica del Pilar. La Aljafería es
heredera del alcázar musulmán convertido en palacio y residencia de
los reyes en sus estancias en la ciudad y en el siglo XV se ubica en
él también la sede del Tribunal de la Inquisición en la ciudad.
Por lo que se refiere a la población, hay que señalar que después de
la conquista de Saraqusta los cristianos carecen de recursos humanos
para repoblar el territorio, por lo que además de permitir a la
población musulmana permanecer en la ciudad se toman medidas, como
el fuero de la ciudad, para atraer población, tanto cristianos del
norte como mozárabes de levante y del sur. Por lo que se refiere a
la población no cristiana, los musulmanes, aunque pueden circular
libremente por la ciudad, se instalan en un sector del antiguo
arrabal de Sinhaya que pasa a denominarse Morería, en el entorno de
la actual C/ Azoque, rodeado por un muro de adobe en el que cuentan
con edificios como mezquitas o mercados, y los judíos siguen
ocupando el mismo sector de la ciudad, aunque a finales del siglo
XIII se expanden al otro lado de la muralla, en un barrio denominado
Judería Nueva. Los asaltos y persecuciones de finales del siglo XIV
y sobre todo la instalación de la Inquisición en Aragón van a
provocar numerosas conversiones de judios antes de su expulsión de
territorio español en 1492. A principios del siglo XV el total de
población de la ciudad se estima en unos 20000 habitantes. Al hablar
de la población hay que citar también la importante labor
desarrollada por la ciudad en la prestación de servicios sanitarios
y asistenciales, plasmados en la construcción de hospitales, como el
de Nuestra Señora de Gracia, y diversas instituciones de
beneficiencia como leproserías y orfanatos.
La economía de la ciudad, en la etapa posterior a su conquista,
sigue basada en una importante actividad agrícola y ganadera
complementada con diversos tipos de industria artesana entre la que
destaca la textil, junto a otras como la metalúrgica o la alfarera.
La actividad comercial de Zaragoza sigue siendo también muy
destacada, como demuestra la repetida celebración de ferias y
mercados en la ciudad, y pronto los monarcas van a cargar sobre ella
diversos impuestos y aranceles. A partir del siglo XIV el progresivo
desarrollo económico de la ciudad se manifiesta también en la
aparición de numerosos gremios o cofradías de oficios, y en la
instalación en ella de la ceca para la acuñación de moneda tanto de
cobre como de oro.
Un último punto sería el relativo al desarrollo cultural durante
este periodo. La fractura que supone la conquista cristiana de la
ciudad rompe la tradición cultural de la misma en época visigoda y
musulmana, y tan sólo podemos hablar de algunos ejemplos de
arquitectura, hoy casi todos perdidos. Sin embargo, a partir del
siglo XIII vemos un nuevo dinamismo cultural en la ciudad marcado
por las continuas solicitudes de instalación en ella de un Estudio
General o Universidad, coincidentes con un gran desarrollo de la
industria del libro sobre todo desde la introducción de la imprenta
en la ciudad a finales del siglo XV. A este periodo corresponde
también un cierto esplendor en materias como la pintura, sobre todo
de retablos, y la arquitectura cuyo mayor exponente son las reformas
desarrolladas en el palacio de la Aljafería.
SIGLO
XVI
La
Zaragoza del siglo XVI es la bella ciudad que el pintor flamenco
Anthonius van den Wyngaerde dibujó en 1563, cuando la visitó como
miembro de la comitiva real que acompañaba a Felipe II en su viaje a
esta población.
La obra del artista ya dejaba entrever lo que esta centuria
significó para la ciudad, una etapa de esplendor artístico y
espiritual, favorecida por la bonanza económica, y cuyos reflejos
más fehacientes son: el despunte del erasmismo, muy activado por el
rápido hacer de la imprenta zaragozana en la difusión de esta
teología; la fundación de la Universidad, gracias a los esfuerzos de
Pedro Cerbuna; y el florecimiento de las bellas artes, tanto por la
profusión y calidad de la arquitectura palaciega renacentista (que
convirtió Zaragoza en un conjunto monumental), como por la
producción escultórica religiosa, donde destacan artistas de la
talla de Damián Forment (retablo Mayor de la basílica del Pilar) y
Gil Morlanes "el viejo" (portada de la iglesia de Santa Engracia ).
La ciudad en este siglo se organiza en un doble recinto amurallado,
uno interior de piedra, que delimitaba el antiguo núcleo romano, y
otro exterior de ladrillo que incluía los nuevos barrios extramuros,
como el de San Pablo y San Miguel. Las calles de la ciudad eran
estrechas pero saneadas; la más ancha era la del Coso, pavimentada a
finales de la centuria, y de la que en 1525 el embajador veneciano
Andrea Navaggiero alabó sus "hermosas casas de ladrillo".
La renovación urbana del XVI, que supuso la casi total desaparición
del caserío medieval, estuvo en manos de una clase social pudiente,
bien por ser mercaderes enriquecidos, bien por ser miembros de la
nobleza u ocupar cargos políticos. Éstos fueron los dueños de
numerosos edificios palaciegos construidos al gusto artístico
italiano, pero aderezados por la tradición local medieval y mudéjar.
De comienzos de siglo permanecen la casa de los Torrero y la de los
Huarte; hacia 1540 se edificó el palacio de Donlope, también llamado
de la Real Maestranza; a partir de 1550 los edificios adquieren un
lenguaje más humanista y una técnica decorativa manierista, de lo
que son buenos ejemplos la casa de Gabriel Zaporta, la del Conde de
Morata y la de los Morlanes. En fechas más avanzadas el conde de
Sástago edificó en el Coso su residencia, si bien su traza tradición
arquitectónica aparece ya algo alejada del primer renacimiento.
La Zaragoza del siglo XVI es una ciudad de unos 25.000 habitantes,
siendo la parroquia de San Pablo la más populosa, seguida de la de
El Pilar, la Magdalena, San Miguel, San Gil y La Seo; el barrio de
San Andrés o San Pedro eran núcleos de habitación más pequeños. Es
una ciudad en desarrollo, con un detectable crecimiento demográfico
auspiciado por la expansión económica y por la inmigración (sobre
todo francesa), a pesar de las periódicas malas cosechas, hambrunas,
pestes y guerras. Estas etapas de deterioro social provocaron una
intensa actividad asistencial y de beneficiencia a través de
instituciones muy arraigadas en la ciudad, como el Hospital de
Nuestra Señora de Gracia.
Por lo demás el desarrollo de la urbe impulsó sobremanera la demanda
de productos agrícolas con la que abastecerse, cultivados según
diversos medios de propiedad y arrendamiento. La necesidad de
disponer de tierras para el cereal y los viñedos dio lugar al
aumento de las roturaciones, desde la vega a los eriales y montes
circundantes. Los huertos procuraban a los mercados multitud de
herbáceas y frutas, y la necesidad de regadíos llevó a la
construcción de la Acequia Imperial. En los barrios de San Pablo,
Altabás, y algo menos San Felipe, se concentraba la actividad textil
de cardado, hilado, tejido y tintura. Estos últimos pronto se
trasladarían, junto con los curtidores, a San Miguel, debido tanto a
la insalubridad y malos olores de sus instalaciones, como a la
necesidad de agua corriente que ahí tomaron del río Huerva.
La burguesía mercantil de Zaragoza, en su mayor parte compuesta por
judioconversos, dominó la economía aragonesa del siglo XVI. Familias
de renombre fueron las de Lanuza, Espés, Funes, Los Torrero o los
Zaporta, dueños de los ya citados palacios renacentistas. Sobre todo
se dedicaron al arrendamiento de rentas, préstamos y a la
comercialización de productos agropecuarios. En 1551 se inaugura la
Lonja de Mercaderes, ya reivindicada a través del Concejo de la
ciudad desde 1541, y construida bajo los cánones arquitectónicos del
momento por Juan de Sariñena, con intervención de Gil Morlanes "el
joven" en diversas fases.
En el ámbito político, la Zaragoza del siglo XVI fue la ciudad de
los Austrias mayores, Carlos I y Felipe II. Con ellos se dieron
diversas relaciones conflictivas, provocadas casi siempre por la
lucha entre el poder real y la salvaguarda de los fueros de Aragón.
Si bien Carlos I mantuvo respeto apor los privilegios aragoneses, a
pesar de ciertos momentos de tensión, las relaciones se deterioran
con las pretensiones autoritarias de Felipe II. En el conflicto se
suceden una serie de episodios de interés político y bélico, como la
entrada de la Inquisición en el conflicto, el motín aragonés de mayo
de 1591, y la acusación de hereje y encarcelamiento de Antonio Pérez.
Ante las repetidas subversiones aragonesas Felipe II preparó una
respuesta armada sobre la capital, Zaragoza, cuyos frutos más
visibles fueron la ejecución del Justicia de Aragón, Juan de Lanuza,
el 20 de diciembre de 1591 y la quema de Antonio Pérez el 20 de
octubre de 1592. Las tensiones se resolvieron ese mismo año con la
celebración de las Cortes de Tarazona, que supusieron el
fortalecimiento del poder del monarca en detrimento de las
instituciones aragonesas.
SIGLO XVII
Tras un
siglo de esplendor, el XVII se presenta como una etapa de crisis que
Aragón va a compartir con el resto del territorio hispano y que no
deja de lado los conflictos internacionales. Se trata de una
centuria donde la acción política de nuestra tierra está articulada
y dirigida por la Corona, si bien la presencia real en Zaragoza fue
más bien escasa y contadas las visitas de Felipe III, Felipe IV y
Carlos II a la capital. Es además un periodo de dificultades
económicas y sociales a las que los ciudadanos de Zaragoza no
permanecen ajenos, a pesar de la tranquila atmósfera que parece
traslucir la Vista de Zaragoza pintada por el pincel de Velázquez y
Mazo, donde sólo la rotura del puente de Piedra nos habla de
conflicto.
Las derrotas políticas, estratégicas y bélicas, unidas a la mala
gestión económica de los Austrias -tónica dominante durante el
reinado de Felipe II- llevó a la bancarrota de 1596. Otros
acontecimientos que vinieron a gravar la situación en Aragón fueron
la expulsión de los moriscos en 1610, un periodo de malas cosechas y
pestes y la repercusión de la guerra de Secesión Catalana. Todo ello
derivó en una retroceso patente de la población.
En un plano más positivo, Zaragoza siguió manteniendo su señorío
sobre amplias zonas de esta provincia y de la de Huesca, y las sedes
de las instituciones más representativas de la Corona. Era también
centro religioso del reino con su sede arzobispal y del tribunal de
la Inquisición. Junto con el clero, seguía siendo la nobleza el
estamento más favorecido a la hora de ocupar los cargos
representativos, conformando una élite de la que también formaban
parte ciertos ciudadanos que, sin ser nobles, poseían riqueza y
prestigio suficientes para acceder a las altas clases de la sociedad,
de lo que hacían ostentoso alarde. El resto de la población, el
estado llano, lo componía un numeroso y variopinto conjunto de más
de cinco mil personas dedicadas a actividades diversas.
La fisonomía de la ciudad en esta centuria es heredera del siglo
anterior, si bien con cierto deterioro de su caserío y sus viales,
la pérdida de la funcionalidad defensiva de la muralla, y escasas
modificaciones en su trazado interno, como la apertura de la calle
San Gil. Un aspecto más destacado adquirió el perfil de Zaragoza con
la construcción de numerosos edificios, sobre todo iglesias y
conventos que se erigieron -o modificaron- en esta etapa. Esta
proliferación religiosa obedecía a un considerable aumento del
fervor de los ciudadanos, cuya situación de penuria se volcó en la
devoción a los santos y a las vírgenes, en especial a la Virgen del
Pilar.
En cuanto a las bellas artes, el siglo XVII fue el siglo del barroco,
llamado también "el arte de lo religioso". Muchas iglesias y
conventos se construyeron bajo los recargados y movidos diseños de
este estilo, siendo minoritarios los edificios civiles. De
titularidad noble fue el palacio conocido hoy como de Argillo, antes
del marqués de Villaverde, en el cuya obra intervino Felipe de
Busiñac y Borbón a partir de 1661. Al ámbito eclesiástico pertenecen,
entre otros, la Iglesia de Santiago el Mayor, la de Santa Isabel de
Portugal (San Cayetano), la torre de La Seo, o la Basílica del Pilar
(cuya primera piedra se puso en 1681), y conventos como los de las
Carmelitas Descalzas de Santa Teresa (Las Fecetas) o San Agustín.
En lo referente a la economía urbana cabe destacar la compleja
evolución de las normativas de los gremios, llamadas ordinaciones,
que regularon con gran detalle las actividades comerciales, sobre
todo las textiles. En su conjunto la producción de la ciudad en este
siglo es muy amplia; además de los textiles encontramos la madera,
la construcción, la piel, el metal o la cera. A esto se unía la
producción agropecuaria y, en el ámbito cultural, destacamos la
continuidad de la imprenta. Los Jurados de la Ciudad establecían un
riguroso control sobre los movimientos de productos, con
prohibiciones, como la de abrir puertas en la muralla (por lo que en
1606 el Convento de San Agustín recibió un veto expreso), o con
obligaciones, como realizar la venta de determinadas mercancías en
lugares estipulados.
SIGLO XVIII
El
siglo XVIII es el siglo de la Ilustración. Esta centuria comenzó con
una guerra de sucesión al trono de España y discurrió en un ambiente
social, económico y cultural muy propicio para el surgimiento del
liberalismo. En Aragón esta etapa es testigo del recorte de sus
privilegios, pérdidas de carácter político que en Zaragoza tuvieron
como contrapunto la prosperidad económica y demográfica que la
convirtieron en el centro comercial de todo del valle del Ebro.
La Guerra de Sucesión (1705-1710) fue un conflicto dinástico que
enfrentó al archiduque Carlos, de la casa de los Austrias, con
Felipe de Anjou, de la dinastía francesa de los Borbones. El triunfo
de Felipe V supuso la entrada en España de numerosas reformas
políticas, que en Aragón fueron determinantes: los decretos de Nueva
Planta suprimieron los fueros aragoneses, se negó la existencia de
este reino como ente independiente, se menguó la capacidad de
Zaragoza como capital política y de ella desaparecieron las Cortes y
la Diputación. A su vez se erigieron nuevos órganos, como la Real
Audiencia y la Capitanía General, que dieron a esta ciudad un nuevo
papel como urbe de realengo.
En la Zaragoza del momento la población sumaba poco más de 40.000
habitantes. Esta sociedad mantenía su estructura estamental, donde
la oligarquía tradicional y los cargos eclesiásticos ostentaban una
situación preeminente y cargos importantes (caso del conde de Aranda).
Otro sector era la burguesía, bien fuera urbana (comerciantes,
funcionarios, clérigos, militares), bien fuera rural. Por último las
clases populares, un campesinado sometido al riguroso régimen feudal
y un proletariado urbano, sectores desfavorecidos que protagonizaron
diversos altercados y motines (como el de 1764 y el de 1784) ante su
mala situación económica y los problemas de abastos que sufrieron.
La burguesía urbana de la ciudad, compuesta por no más de quinientas
personas, formó parte de la burocracia zaragozana y tuvo poder
decisorio e influyente en muchas instituciones políticas,
administrativas y culturales de la ciudad, como el Ayuntamiento, la
Real Audiencia, la Universidad, la Casa de Ganaderos, la Sociedad
Económica Aragonesa y la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos
del País. La importancia que alcanza esta burguesía, de entre la que
despunta la figura de Ramón Pignatelli, está muy unida a la
Ilustración y a la preocupación de los ilustrados por mejorar las
condiciones de vida de los más desfavorecidos. Dicha preocupación
tuvo su reflejo en diversas acciones, unas de carácter asistencial,
ejecutadas en instituciones benéficas como la Casa de la
Misericordia, y otras de carácter económico, como el reparto de las
tierras regadas por el Canal.
La Casa de la Misericordia, creada en el siglo XVII para dar
respuesta a la pobreza de muchos ciudadanos, vio mejoradas sus
instalaciones y fortalecida su gestión cuando entre 1724 y 1793 tuvo
como regidor a Ramón Pignatelli. Entre sus mejoras se cuenta la
creación de un centro de manufactura textil y la construcción de una
plaza de toros (que aun hoy lleva el nombre "de la Misericordia")
gracias a los cuales la Casa podía contar con ingresos propios y
dejar de depender de la caridad y los donativos.
El Canal Imperial de Aragón se planteó como una necesidad tras la
rotura de la antigua Acequia Imperial en 1722. Las obras empezaron
en 1768, pero el impulso definitivo se dio cuando en 1772 Pignatelli
fue nombrado gestor general. Este ilustrado redefinió el proyecto,
reorganizó los regadíos, mejoró la producción y procedió al reparto
de las parcelas entre las clases populares. En 1784, tras años de
construcción, las aguas del canal llegaron a Zaragoza. Vinculados a
su construcción se encuentran en la ciudad algunos monumentos
neoclásicos de gran interés, como la Casa Tarín o del Canal
Imperial, la fuente de los Incrédulos y sobre todo la iglesia de San
Fernando -en la que intervino el pincel de Goya- que sirvió de
parroquia a las familias que trabajaron en la obra del canal.
Destaca además este edificio por ser el único ejemplo de
arquitectura religiosa neoclásica de Zaragoza, ya que este estilo
artístico está más dirigido al ámbito civil, bien sea en palacios y
casas particulares (Palacio de los condes de Sobradiel, Arzobispal,
de la familia de Palafox) o elementos públicos, como la Puerta del
Carmen, construida en 1792 por el arquitecto Agustín Sanz.
SIGLO XIX
El
siglo XIX comienza de forma traumática para Zaragoza, con la Guerra
de la Independencia. Los dos sitios sufridos por la ciudad (15 de
junio a 14 de agosto de 1808 y, 30 de noviembre de 1808 a 22 de
febrero de 1809) y su posterior ocupación por las tropas francesas,
hasta 1813, van a marcar en gran medida su evolución en la primera
mitad de este siglo. La guerra supone para Zaragoza un estancamiento
económico, demográfico y urbanístico, patente en los miles de bajas
(unos 54.000 muertos entre los dos asedios) y la destrucción de gran
parte de su caserío, que necesitará de varias décadas dedicadas a su
reconstrucción.
A partir de la restauración de Fernando VII en el trono (1814), se
van a suceder diversos pronunciamientos militares que buscan la
instauración efectiva de la Constitución aprobada en 1812. El
pronunciamiento de Riego, que abrió el Trienio Liberal (1820-1823),
fue secundado en Zaragoza el 5 de marzo dando inicio a un periodo
marcado por la turbulencia y el enfrentamiento político entre
liberales (apoyados en la Milicia Urbana) y absolutistas o entre los
propios liberales (moderados contra radicales), y que se cierra el 7
de abril de 1823 con la entrada en Zaragoza de las tropas francesas
(los "Cien Mil Hijos de San Luis") enviadas por las potencias
europeas en apoyo de Fernando VII. La muerte del monarca, en 1833,
abre un nuevo periodo de inestabilidad marcado fundamentalmente por
la Primera Guerra Carlista (1833-1840), los motines liberales y el
proceso desamortizador. Por lo que respecta a la guerra, son
constantes los intentos carlistas para apoderarse de Zaragoza, como
los del 27 de febrero de 1834 (levantamiento carlista en el barrio
del Arrabal, rápida y duramente sofocado) y el 5 de marzo de 1838,
cuando la reacción de los vecinos hace fracasar un intento del
general carlista Cabañero para tomar la ciudad por sorpresa.
Relacionados también con la oposición al carlismo, el 3 de abril y
el 4 de julio de 1835, sendos motines populares terminan con el
asalto a varios conventos (La Victoria y el colegio franciscano de
San Diego el 3 de abril y, Santo Domingo, San Lázaro y San Agustín
el 4 de julio) y el asesinato de varios religiosos.
Tras un periodo de cierta estabilidad política y social, el 29 de
septiembre de 1868, Zaragoza se une a la revolución conocida como La
Gloriosa, iniciada el 18 de septiembre con el pronunciamiento del
almirante Topete en Cádiz y que supuso el fin del reinado de Isabel
II. El gobierno de la ciudad quedó en manos de una Junta
Revolucionaria, disuelta tras la convocatoria de elecciones a Cortes
constituyentes. Sin embargo, las diferencias sobre el nuevo sistema
político a implantar (monárquicos contra republicanos) junto a
problemas sociales, como la escasez de trabajo y las malas
condiciones de vida de las clases populares, provocan diversos
motines e insurrecciones. El 6 de octubre de 1869 estalló una
revuelta republicana en la ciudad, reprimida con dureza el día 8 por
las tropas del gobierno, en 1873 se produjeron movimientos
cantonalistas en la ciudad y, en 1874, estalla un nuevo motín
republicano.
En el plano económico, los inicios del siglo están marcados por la
recuperación de los estragos causados por los Sitios. El avance
social de la burguesía va a coincidir con la implantación de
políticas económicas liberales que buscan fundamentalmente la
liberalización de la propiedad de la tierra y cuya medida más
trascendental fue la desamortización de los bienes eclesiásticos (la
de Mendizábal-Toreno en 1835-36, y la de Madoz en 1855). Sin
embargo, la consecuencia de estas medidas va a ser la concentración
de estas tierras en manos sobre todo de miembros de la burguesía
liberal, que consigue amasar grandes fortunas. Otra consecuencia de
la desamortización es la búsqueda de usos civiles para los grandes
edificios expropiados a la Iglesia: en 1837 el Ayuntamiento adquiere
el convento de Santo Domingo para instalar su sede (hasta entonces
ubicada junto a la Lonja y el Puente de Piedra), y la recién creada
Diputación Provincial de Zaragoza hace lo propio con el de San
Francisco. Las obras de arte procedentes de los conventos
desamortizados se depositan en el ex-convento de Santa Fe (serán la
base del actual Museo de Zaragoza) y los libros de las bibliotecas
conventuales pasan en engrosar una biblioteca pública instalada en
el Real Seminario de San Carlos. Coincidiendo con el renacer de la
economía local, Zaragoza comienza a superar poco a poco el
estancamiento demográfico de principios de siglo. Así, en 1832 se
había recuperado el número de 50.000 habitantes que había en 1808,
en 1857 se había llegado a 63.446 y en 1877 a 89.222, mientras que
en 1900 rozaba ya los 100.000.
Ligado a este crecimiento demográfico, el urbanismo de la ciudad va
a sufrir grandes modificaciones, sobre todo a partir de los años 30
de esta centuria, como reflejo también del nuevo papel social de la
burguesía y como resultado de la gran disponibilidad de suelo
generada por las desamortizaciones. No obstante, Zaragoza
desaprovecha la oportunidad para plantear la planificación de sus
ensanches y la ciudad se orienta hacia una reforma interna del casco
antiguo, plasmada en la apertura de grandes vías: en 1833 se
proyecta el Salón de Santa Engracia (llamado Paseo de la
Independencia desde 1860), en el que se instalará la nueva burguesía;
en 1835 se ordena la Plaza de la Constitución (actual Plaza de
España), en 1857 se alinea o reordena la calle de Don Jaime I, y, en
1868, se abre la calle de Alfonso I. Estas grandes vías, que sirven
de espacio de recreo y símbolo de la nueva burguesía, cumplen
también una función higienista, en boga en una época marcada por
graves epidemias. Precisamente ésta es la causa de la inauguración,
en junio de 1834, del nuevo cementerio municipal de Torrero. En 1836
se inicia el empedrado de las calzadas y en 1837 el alumbrado de las
calles con faroles de rebervero. A este momento corresponde también
la apertura de nuevos puentes sobre el rio Ebro, como el puente del
ferrocarril en la Almozara o el Puente del Pilar (o Puente de Hierro),
en 1895.
Uno de
los factores que más va a influir en el cambio de la fisonomía
urbana de Zaragoza es la llegada del ferrocarril en 1861. La ciudad
pasa a convertirse en centro de comunicaciones de todo el nordeste
peninsular, lo que originará grandes cambios económicos y
condicionará su posterior evolución urbana. El 16 de septiembre de
1861 se inaugura la línea Barcelona -Zaragoza; en 1864 el
ferrocarril entre Madrid y Zaragoza llega a la Estación del Sepulcro,
y ese mismo año se termina la línea Zaragoza-Pamplona, que enlazaría
Madrid con lrún. En 1887 a las estaciones del Norte y del Campo del
Sepulcro se une la de Cariñena.
Entre los grandes edificios construídos en este periodo destacan el
Matadero Municipal (1885, sede en principio de la Exposición
Aragonésa) y la Facultad de Medicina y Ciencias (1893), ambos obra
de Ricardo Magdalena En 1892 se reconstruía la iglesia de Santa
Engracia y en 1893 se derribaba la Torre Nueva; en 1875 se fundan el
Banco de Crédito de Zaragoza y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad
de Zaragoza (1876), inicio de la actual Ibercaja; en 1887 se
instalan los primeros teléfonos en la ciudad (15 abonados), y los
primeros tranvías (tirados por mulas hasta 1902) aparecen en 1885
para comunicar la plaza de la Constitución con los barrios
periféricos (Torrero, San José, Delicias).
A mediados de siglo, coincidiendo con la progresión de la burguesía
y el asentamiento del Estado liberal, se inicia el proceso de
industrialización de Zaragoza. Uno de estos burgueses emprendedores
fue el banquero Juan Bruil y Olliarburu, fundador de la Caja de
Descuentos Zaragozana (1858), precedente del Banco de Zaragoza. La
instalación de fábricas, normalmente junto a los cauces de agua y
las carreteras de acceso a la ciudad, origina la aparición de las
primeras barriadas obreras en la periferia, que crecen sin ningún
tipo de planificación, y que desde 1885 van a quedar comunicadas con
el centro urbano por una red de tranvías. Entre las prineras
fábricas destacan la Maquinaria Aragonesa (1853), creada por
ingenieros franceses, e Industrias Averly (1863).
La industrialización zaragozana conoce un nuevo impulso en las
últimas décadas del siglo, en el que predominan las industrias
agroalimentarias: harineras, alcoholeras ("La Zaragozana", en 1900)
y azucareras ("Azucarera de Aragón", en 1893, y "Azucarera del
Gállego", en 1898). En este periodo no sólo se renuevan y adaptan a
los nuevos tiempos las industrias ubicadas en la ciudad, sino que
también se instalan otras nuevas, como "Industrial Química", "Cardé
y Escoriaza", "Maquinaria y Metalurgia Aragonesa", "Nueva Azucarera
de Aragón", etc., normalmente ubicadas en las inmediaciones de las
estaciones de ferrocarril más importantes. La demanda de maquinaria
para las nuevas industrias y el ferrocarril impulsa el sector
metalúrgico: a "Industrias Averly" se añaden "Talleres Mercier", "Cardé
y Escoriaza", "Maquinaria y Metalúrgica Aragonesa" entre otras. En
1893 se crean las primeras empresas de electricidad, la "Electra-Peral"
y la "Compañía Aragonesa de Electricidad" (fusionadas en 1911 para
crear "Eléctricas Reunidas de Zaragoza").
En 1868 la Real Sociedad Económica de Amigos del País organiza la
celebración de la I Exposición Aragonesa, la primera de estas
características que se realizaba en España, que se concebía como un
escaparate de los logros económicos de la burguesía aragonesa a
través de su producción en agricultura, industria y artes. El
arquitecto, Mariano Utrillas, construyó una serie de edificios y
pabellones en tomo a la Glorieta de Pignatelli (actual Plaza de
Aragón), en la que participaron 2.500 expositores, y tras permanecer
abierta dos años sus solares fueron después urbanizados en tomo a la
plaza.
SIGLO XX
La
evolución de la ciudad de Zaragoza en el siglo XX está marcada,
fundamentalmente, por profundas transformaciones sociales y
económicas que van a incidir en su rápido crecimiento demográfico (pasa
de 100.000 habitantes a principios de siglo a más de 600.000 a
finales del mismo) y su expansión territorial, que excede
definitivamente los límites del antiguo caserío medieval,
extendiéndose por las huertas y secarrales del entorno, e incorpora
diversos pueblos limítrofes a su área metropolitana.
El principio de este periodo está marcado por profundas
transformaciones en la vida económica y social de la ciudad. Es en
este momento cuando Zaragoza comienza a superar su tradicional
fisonomía agrícola mediante la instalación de un creciente tejido
industrial ("La Montañanesa", "La Zaragozana", "Eléctricas Reunidas
de Zaragoza", "Sociedad Minas y Ferrocarriles de Utrillas", etc),
acompañada de un importante crecimiento del sector financiero (se
crean el Banco Zaragozano y el Banco de Aragón).
Estos
cambios inciden notablemente en el urbanismo de la ciudad. El Paseo
de la Independencia, el planteamiento urbanístico de la Huerta de
Santa Engracia y el cubrimiento de un tramo del río Huerva, suponen
el inicio de un amplio ensanche hacia el sur, centrado en dos ejes:
el Paseo de Sagasta y la Gran Vía. Paralelamente se abordan
importantes obras como el saneamiento del alcantarillado del casco
antiguo de la ciudad, que elimina los tradicionales pozos ciegos, o
la construcción de los depósitos de agua de Casablanca y Torrero,
aunque la calidad de sus aguas aún fuese deficiente.
Desde el punto de vista social, la incipiente industrialización de
las primeras décadas del siglo XX es el origen de un importante
movimiento obrero, marcado por la gran implantación y extensión de
algunos sindicatos, como el anarquista Confederación Nacional del
Trabajo (CNT), acompañado de una constante ebullición de ideas e
ideologías plasmada en la aparición de numerosos diarios (Heraldo de
Aragón, en 1895, o El Noticiero, en 1901) y publicaciones (La
Crónica, Aragón, etc.) de distinta tendencia, o de organizaciones
como el Ateneo de Zaragoza, con sede en el Casino Mercantil. A pesar
de esta ebullición de ideas y organizaciones o las transformaciones
urbanísticas, Zaragoza sigue alejada en muchos aspectos de la
modernidad, como atestiguan los altos índices de analfabetismo o las
difíciles condiciones de vida, caracterizadas por las deficiencias
sanitarias e higiénicas (se declaran varias epidemias de gripe y
tifus entre 1909 y 1942).
Estos
elementos van a ser el marco de un periodo caracterizado por la
conflictividad social, reflejada tanto en las protestas políticas
contra el Estado oligárquico de la Restauración como en las
tensiones entre patronos y trabajadores. Este último aspecto queda
plasmado en las numerosas huelgas convocadas durante el "Bienio Rojo"
(1918-1920), el pistolerismo de la patronal o el terrorismo
anarquista, que provocan 23 muertos entre 1916 y 1923 y culminan con
hechos como los asesinatos del arquitecto municipal José de Yarza y
otros dos funcionarios (23 de agosto de 1920) o del cardenal
Soldevilla, arzobispo de Zaragoza (4 de junio de 1923).
El golpe de Estado encabezado por el general Miguel Primo de Rivera
(septiembre de 1923) inicia una dictadura de siete años de duración,
que pretenderá poner fin a este estado de cosas. Se trata de un
periodo de contrastes, que combina el restablecimiento del orden
social (mediante la represión del movimiento obrero) y la bonanza
económica, que en Zaragoza se percibe claramente a través del auge
del comercio, la banca y las industrias agroalimentarias y
metalúrgicas. También se realizan numerosas obras públicas, que
modificarán sustancialmente la fisonomía urbana: se cubre un tramo
del río Huerva, naciendo así la Gran Vía, se urbaniza la zona de
Santa Engracia y se construyen numerosos edificios, algunos de ellos
emblemáticos, como las sedes de Correos y Telefónica, la prisión de
Torrero, el colegio Joaquín Costa, la Academia General Militar, el
Mercado de Pescados o el gran parque, verdadero pulmón de la ciudad,
que todavía recuerda el nombre del dictador.
El elevado endeudamiento municipal provocado por estas obras
públicas fue asumido por los nuevos concejales republicanos,
elegidos democráticamente el 12 de abril de 1931. Pese a ello, los
ayuntamientos republicanos abordaron tres grandes proyectos: la
dotación de servicios de agua y alcantarillado a los barrios obreros
formados en las décadas anteriores (San José o Delicias, por ejemplo),
la pavimentación y planificación del desarrollo futuro de la ciudad,
con la aprobación en 1934 del Plan General de Ensanche de las zonas
de Miralbueno y Miraflores, ideado por el arquitecto Miguel Ángel
Navarro. El comienzo de la construcción de la Ciudad Universitaria
fue quizás la transformación urbanística más importante entre las
iniciadas en los años 30. Este periodo de gobierno republicano fue
breve (apenas cinco años), pero marcado por una intensa vida social
y cultural: por primera vez cobran protagonismo partidos políticos
representativos, sindicatos de trabajadores o colectivos
tradicionalmente marginados como la mujer. Este enriquecimiento y la
aparición en escena de las reivindicaciones populares provocó nuevas
tensiones y luchas sociales, cuya principal expresión fue la huelga
(la más importante fue la llamada "de los 36 días", que iniciada el
5 de abril y concluida el 9 de mayo de 1934, mantuvo totalmente
paralizada la ciudad).
El golpe de Estado iniciado por un grupo de generales en Melilla (18
de julio de 1936) que dio inicio a la Guerra Civil, fue secundado
desde un principio por Miguel Cabanellas, Jefe de la V Región
Militar de Zaragoza. La ciudad quedó en manos de los insurgentes y
se mantuvo así durante todo el conflicto, a pesar de los intentos
por liberarla encabezados por milicianos anarquistas catalanes.
Dentro de la ciudad se desarrolló una guerra paralela, caracterizada
por los fusilamientos arbitrarios e incontrolados (políticos
republicanos, profesionales liberales, sindicalistas, obreros,
maestros, funcionarios, etc), que consiguió neutralizar cualquier
reacción de los partidarios de la República e instaurar un régimen
de terror y represión generalizados que se prolongaría durante los
primeros años de la posguerra.
El periodo de posguerra se caracterizó, ante todo, por la represión
política y por largos años de escasez y precariedad económica.
Zaragoza, sin embargo, sigue siendo en esta época un foco de
atracción de población, fundamentalmente rural, que busca una mejora
de sus condiciones de vida ante la crisis generalizada. Para
intentar paliar los problemas de vivienda generados por este nuevo
aporte de población, agravado por la creciente especulación del
suelo, en los años 50 se construyeron miles de "viviendas protegidas"
que forman nuevos barrios, como Oliver o Valdefierro.
La paulatina mejoría de la situación económica, que desembocará en
lo que se ha definido como "los años del desarrollismo", durante la
década de los años 60, lleva aparejada la realización de obras de
gran importancia para la ciudad, como la inauguración del nuevo
ayuntamiento, entre el Pilar y la Lonja, la reforma del Paseo de la
Independencia o, la construcción del Puente de Santiago. La
Universidad recibe un nuevo impulso con la construcción de nuevos
centros docentes, como la Facultad de Filosofía y Letras (1941), la
de Derecho (1947) o la de Veterinaria (1951). En 1953 se inaugura un
nuevo centro hospitalario: la Residencia del Seguro "José Antonio",
conocida popularmente como "Casa Grande". En 1964, la declaración de
Zaragoza como Polo de Desarrollo Industrial trajo consigo, aunque
por debajo de las espectativas creadas, un notable crecimiento del
sector industrial y una mayor inversión pública. A finales de la
década de los 60, el llamado Plan Larrodera planteaba un crecimiento
desmesurado de Zaragoza, planificando su desarrollo especialmente en
la margen izquierda del Ebro; en este sector comienzan las
expropiaciones de los terrenos que posteriormente constituirán el
Actur.
Los últimos años de la dictadura franquista se caracterizan por una
auténtica ebullición de la vida social y cultural de la ciudad,
encaminada fundamentalmente hacia el logro de libertades políticas.
Aparecen nuevas publicaciones periódicas, en ocasiones con un
notable grado de compromiso político y social (Aragón Express,
Andalán?). Tras la muerte de Franco son frecuentes las
movilizaciones ciudadanas para plantear diversas reivindicaciones, y
se convocan manifestaciones que suponen auténticos hitos en la
Transición zaragozana: el rechazo al trasvase del Ebro y la demanda
de autonomía plena para Aragón (la manifestación del 23 de abril de
1978 reúne a más de 100.000 personas).
En 1979
se celebran las primeras elecciones democráticas en España desde
1931. En Zaragoza el triunfo en las urnas corresponde al PSOE, y el
primer ayuntamiento democrático de la ciudad desde 1936 es
encabezado por Ramón Sáinz de Varanda. La dotación de servicios y
áreas de esparcimiento para los ciudadanos, no contemplada en el
rápido crecimiento de la ciudad durante las últimas décadas del
siglo XX, se convierte en la principal preocupación de la nueva
corporación, que va a iniciar medidas para intentar paliar estas
carencias. La conservación y revalorización del casco histórico de
la ciudad, una de las zonas más degradadas, se convierte en otra de
las prioridades municipales: se plantean proyectos de rehabilitación
o remodelación de diversos monumentos y edificios (Puente de Piedra,
murallas romanas, la Lonja, etc) y gran número de plazas (la
polémica remodelación de la Plaza del Pilar es un buen ejemplo).
Entre los logros conseguidos en esta etapa democrática está también
la habilitación de diversos espacios y edificios para uso y servicio
de la ciudadanía: centros cívicos, polideportivos, áreas de
esparcimiento, zonas verdes o la construcción del Auditorio de
Zaragoza son algunos ejemplos.
Paralelamente, problemas actuales, como la autonomía y la lucha por
el agua, la emigración rural juvenil, la inmigración y el
envejecimiento de la población, que afectan a todo Aragón, se
acentúan en Zaragoza a partir del fenómeno de macrocefalia
territorial personificado por la ciudad.
SIGLO XXI
El
siglo XXI comienza para Zaragoza, al igual que lo hizo el XX,
inmerso en un proceso de transformación y desarrollo urbanístico,
condicionados de momento, y de nuevo, por una celebración centenaria.
En este caso, el año 2008 aparece como referente emblemático o
incluso mágico a partir de dos elementos motores: la celebración del
bicentenario de los Sitios de 1808-1809 y, la candidatura de
Zaragoza para la celebración de la Exposición Internacional de ese
año.
La ciudad vive un momento crucial, en el que hay una ebullición de
proyectos de desarrollo que pretenden consolidar el papel de
Zaragoza como gran metrópoli a nivel regional, nacional e
internacional. Zaragoza, a comienzos del siglo XXI, sigue
potenciando sus condiciones geográficas en un punto estratégico del
territorio, aspecto éste presente a lo largo de su historia. La
estrategia de este momento pasa, precisamente, por aprovechar esta
situación central de la ciudad como nudo de comunicaciones e
infraestructuras viarias y eje de un importante y creciente mercado
económico y social.
La planificación de este momento de crecimiento se está viendo, más
o menos, condicionada por la posible celebración de la Exposición
Internacional de 2008. Si bien muchos de estos proyectos de
transformación terminarán llevándose a cabo (algunos de ellos ya
están en fase de ejecución), no cabe duda que este evento, marcado
por un efecto amplificador y una gran capacidad de arrastre y
captación de financiación, supondrá un gran impulso a aspectos
relacionados con la economía, empleo, imagen de ciudad, calidad
ambiental, infraestructuras, etc.
La celebración de la Exposición de 2008 en Zaragoza puede significar
un salto similar al que supuso el desarrollo económico de los años
60 del pasado siglo XX. Quizás su efecto favorable no sea apreciable
de forma inmediata al final de la celebración, en 2008 o incluso en
2009, pero sí en un corto plazo que, a partir de experiencias
similares (como el caso de Lisboa), se ha fijado hacia 2015
aproximadamente.
Con la fecha del 2008 se ha marcado, pues, una meta para la
realización de un profundo proceso de transformación urbana a todos
los niveles, aunque es en sus vertientes urbanística y de desarrollo
de las infraestructuras donde estos cambios están siendo, y serán,
más evidentes. La fisonomía urbana se está viendo alterada por los
nuevos planes de desarrollo urbanístico: creación de nuevas zonas
residenciales como Arco Sur, Parque Goya o Valdespartera;
reconversión de los terrenos ferroviarios del entorno de la Estación
Intermodal y del Portillo, desarrollo del nuevo Plan de Ordenación
Urbana, corredor Oliver-Valdefierro, etc.
De forma paralela, hay una apuesta por potenciar los polos de
desarrollo definidos por el Plan Estratégico de 1998, básicamente
los proyectos de Ciudad Logística, Ciudad del Transporte y Ciudad
del Conocimiento. El desarrollo de las comunicaciones e
infraestructuras ligado a los proyectos de Ciudad Logística y Ciudad
del Transporte, puede favorecer un fenómeno de expansión territorial
definido por algunos autores como Ciudad-Región. Este desarrollo de
la movilidad se está gestando tanto en la propia ciudad (cinturones
de ronda, Puente del Tercer Milenio, mejora en la capacidad de las
vías urbanas, puesta en marcha de la estación de autobuses, conexión
de líneas férreas de alta velocidad con el aeropuerto), como hacia
el exterior, que pasan básicamente por la terminación de la línea de
alta velocidad entre Madrid y Barcelona y la realización del eje
norte-sur.
Por lo que respecta a la Ciudad del Conocimiento, su desarrollo pasa
por la explotación de la centralidad de Zaragoza y el desarrollo de
su enorme potencial cultural, junto a proyectos relacionados con las
nuevas tecnologías, como el de la Milla Digital. A ellos se pueden
unir otros elementos que aportan calidad ambiental a la vida urbana,
como el Plan de Riberas y la recuperación de los ríos y el Canal
Imperial como espacio urbano, o la creación de espacios
especializados en el tratamiento ambiental (Polígono del Reciclaje).
Incluso se pueden añadir a la lista, nuevos proyectos de espacios
comerciales y de ocio (Puerto Venecia, Espacio Goya, Ciudad del
Cine, etc).
Entre las oportunidades de desarrollo de Zaragoza hay que incluir
también la capacidad para admitir e integrar una población foránea
creciente, en la que reside gran parte de las esperanzas de
regeneración demográfica. En estos primeros años del siglo, Zaragoza
es ya una ciudad multirracial, en la que en torno al 7% de su
población (641.581 habitantes, a fecha 1 de enero de 2004) son de
procedencia extranjera. Este aporte poblacional, formado
fundamentalmente por población joven con una elevada tasa de
natalidad, supone un soplo de aire fresco a una población cada vez
más envejecida y con una tasa de fecundidad de ritmo decreciente.
Este fenómeno migratorio se está haciendo especialmente evidente en
algunos barrios de la ciudad, como Delicias (un 10% de su población
es extranjera), Casco Histórico, San José, Arrabal o Universidad. Fuente
de este artículo:
zaragoza.es/ciudad/museos/es/chistoria
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Catedral La
Basílica del Pilar, La Seo (Catedral de San Salvador), Iglesia parroquial de Santa María Magdalena, Iglesia de San Miguel de los Navarros, Iglesia parroquial de San Gil, Iglesia de San Felipe y Santiago, Iglesia de San Pablo Apóstol,Iglesia de San Ildefonso, Iglesia de los Escolapios, Iglesia del Real Seminario de
San Carlos, Iglesia de Santa Cruz, La cripta de Santa Engracia, La Iglesia de San Juan
de los Panetes, La Aljafería, La Zuda, La Audiencia, La Lonja, Palacio de los Condes de Argillo, El
Palacio de Donlope,
Las murallas romanas, Museo Provincial
de Bellas Artes,
Mercado Central...
San
Victorian (Ejea de los Caballeros), La Purisima (Ejea de los Caballeros)
, Misa Baturra (Cariñena) , Las Botargas (Ateca), Moros y Cristianos
(Pina de Ebro), Procesion de los Panes Benditos (Escatrón), Merienda del
Palmo (Borja), (Carnaval), Semana Santa (Alagón), Viernes Santo (Borja),
Semana Santa (Calatayud), Semana Santa (Caspe), Semana Santa (Fuentes de
Ebro), Semana Santa (Zaragoza) (Semana Santa), Semana Santa (Zuera),
Dance de Tauste (Tauste), El Cristo de Ribota (Calatayud), Ayuno de San
Miguel (Tauste), Romería de San Gregorio (Pina de Ebro)
Corpus Christi (Daroca), Patrón de los Sogueros (Calatayud), Fiestas de
Cetina (Cetina), San Agido Abad (Calatayud), Fiestas de Gallur (Gallur),
Romería de Nuestra Señora de Valentuñana (Sos del Rey Católico), Romería
de San Antonio (Remolinos), Fiesta de San Juan (Ejea de los
Caballeros), Fiesta de San Juan (Pina de Ebro), Fiestas de San Pedro (Gallur),
Romeria del Quilaly (Tarazona), Fiestas de Nuestra Señora de la Piedad (Azuara),
Fiesta de la Santa Cruz (Sos del Rey Católico), San Gregorio (Alcalá de
Ebro), Fiesta de la Virgen de las Nieves (Bujaraloz), Festividad de San
Roque (Calatayud), Fiestas de San Roque (Caspe), Festividad de San Roque
(Pina de Ebro), Fiesta de San Bartolomé (Borja), Fiestas de Bulbuente (Bulbuente)
Fiestas de San Bartolomé (Calatorao), Fiesta de San Atilano (Tarazona),
Fiesta de San Agustín (Bujaraloz), Fiesta de Nuestra Señora de la Piedad
(Azuara), Nuestra Señora de la Oliva (Ejea de los Caballeros), Fiesta de
la Virgen de la Peña (Alfajarín), Fiesta de San Nicolás de Tolentino (Almonacid
de la Sierra), Romería de la Virgen de la Peña (Calatayud), Día de la
Vendimia (Cariñena), Fiesta del Cristo de Calatorao (Calatorao), Fiesta
del Santo Cristo de la Cueva (Remolinos), Romería de Borja (Borja),
Fiestas de Nuestra Señora de la Peana (Borja), Fiestas de la Virgen de
Sancho Abarca (Tauste), Fiesta de Santa Pantaria (La Almunia de Doña
Godina), Fiestas del Pilar (Zaragoza).
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Su fértil huerta le
proporciona una importante producción agrícola. Se cultiva, en sistema
de regadío, toda clase de hortalizas, frutas y verduras, y en secano,
patatas cereales, vid y olivo. Su cultivos más característicos son la
remolacha y la alfalfa. También posee importantes y variadas industrias,
las de harina, chocolates, pastas, conservas vegetales, aceites, etc.
son algunas de las alimenticias más productivas; a las que hay que sumar
industrias de maquinaria, material móvil para ferrocarriles y tranvías,
productos químicos, tejidos, etc. Además, Zaragoza es un primordial
centro comercial que se ve favorecido por sus importantes vías de
comunicación que la ponen en contacto con las principales ciudades:
Madrid, Valencia, Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Navarra e incluso
Francia.
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En la provincia de Zaragoza nos vamos a encontrar con una cocina
simple y nutritiva, caracterizada por el uso de sus frutos y verduras
autóctonos y los buenos vinos de la región, como lo son los de
Cariñena, Borja, Paniza,
Lecera y los del Valle de Jalón.
Entre sus recetas más típicas podemos mencionar el bacalao al
ajoarriero (cocinado con huevos y ajo), los huevos al
salmorejo (servidos en un salsa con espárragos), la
longaniza de Fuentes" (de gran reputación en la charcutería
española), el "pollo a la chilindrón", el cordero a
la pastora, el ternasco asado y el lomo de
cerdo a la Zaragozana.
Como
especialidades vegetarianas destacan: la ensalada "Ilustrada"
y el recao de judias blancas, patatas y arroz.
Entre sus dulces más típicos mencionaremos sus turrones,
roscones, y el mostillo (dulces o galletas
elaboradas con mosto)
Otras recetas
Patatas en trainera
rellenas de borraja y cocotxas de bacalao con pil-pil de pimiento
choricero, Lomo de cordero
relleno de sus lechecillas, Besugo a la aragonesa, Arroz al horno,
Galletas con fresas, Batido de chocolate.
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Brujas y flandes - El Galeón - El Mesoncico - Gala - Los
Charros - Rincón de Pilarín - Sentinel...
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Monumentos y espacios
naturales
Galachos de la
Alfranca de Pastriz, La Cartuja, y el Burgo de Ebro,
Laguna de
Gallocanta,
Lomaza de Belchite,
Moncayo...
|
Agustina de
Aragón
Al-Muqtadir
Amparo Poch
Avempace
Francisco Bayeu
Gabriel Zaporta
Gastón de Bearn
Hernando de Aragón
Ignacio de Asso
José de Palafox
Juan V de Lanuza "El Mozo"
María de Ávila
Miguel Fleta |
Mundir I
Pedro Cerbuna
Pilar Bayona
Pilar Lorengar
Ramón Pignatelli
Roque Joaquín de Alcubierre
San Jorge
San Valero
Santa Isabel de Portugal
Sisenando
|
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|
Abanto
Acered
Agon
Aguaron
Aguilar De Ebro
Aguilon
Ainzon
Aladren
Alagon
Alarba
Alberite De San Juan
Albeta
Alborge
Alcala De Ebro
Alcala De Moncayo
Alconchel De Ariza
Aldehuela De Liestos
Alera
Alfajarin
Alfamen
Alfocea
Alforque
Alhama De Aragon
Almochuel
Almonacid De La Cuba
Almonacid De La Sierra
Alpartir
Alto De La Muela
Aluenda
Ambel
Anento
Aniñon
Añon De Moncayo
Aranda De Moncayo
Arandiga
Ardisa
Ariza
Artieda
Asin
Asso-Veral
Atea
Ateca
Ayles
Azuara
Badules
Bagües
Balconchan
Barboles
Bardallur
Bardena Del Caudillo
Barues
Belchite
Belmonte De Gracian
Berbedel
Berdejo
Berrueco
Biel
Bijuesca
Biota
Bisimbre
Boquiñeni
Bordalba
Borja
Bosque Alto
Botorrita
Brea De Aragon
Bubierca
Bujaraloz
Bulbuente
Bureta
Cabañas De Ebro
Cabolafuente
Cadrete
Calatayud
Calatorao
Calcena
Calmarza
Campillo De Aragon
Campo Del Niño
Campo Real
Carenas
Cariñena
Cartuja Baja
Casas De Esper
Casetas
Caspe
Castejon De Alarba
Castejon De Las Armas
Castejon De Valdejasa
Castiliscar
Cervera De La Cañada
Cerveruela
Cetina
Chiprana
Chodes
Cimballa
Cinco Olivas
Clares De Ribota
Codo
Codos
Concilio
Contamina
Cosuenda
Cuarte De Huerva
Cubel
Cunchillos
Daroca
Ejea De Los Caballeros
El Bayo
El Burgo De Ebro
El Buste
El Cazuelo
El Comercio
El Condado
El Frago
El Frasno
El Sabinar
El Sisallete
Embid De Ariza
Embid De La Ribera
Encinacorba
Epila
Erla
Escatron
Esco
Fabara
Farasdues |
Farlete
Fayon
Figueruelas
Fombuena
Frescano
Fuencalderas
Fuendejalon
Fuendetodos
Fuentes De Ebro
Fuentes De Jiloca
Gallocanta
Gallur
Garrapinillos
Gelsa
Godojos
Gordues
Gordun
Gotor
Granja De San Pedro
Granja De Santa Ines
Grisel
Grisen
Herrera De Los Navarros
Huermeda
Ibdes
Illueca
Inoges
Isuerre
Jaraba
Jarque
Jaulin
Juslibol
La Alfranca
La Almolda
La Almunia De Doña Godina
La Joyosa
La Muela
La Puebla De Alfinden
La Sierra Estronad
La Tranquera
La Venta
La Vilueña
La Zaida
Lacorvilla
Lagata
Langa Del Castillo
Las Colinas
Las Cuerlas
Las Pedrosas
Layana
Lecera
Lechon
Leciñena
Letux
Litago
Lituenigo
Llumes
Lobera De Onsella
Longares
Longas
Lorbes
Los Arenales
Los Fayos
Los Huertos
Lucena De Jalon
Luceni
Luesia
Luesma
Lumpiaque
Luna
Maella
Magallon
Mainar
Malanquilla
Malejan
Mallen
Malon
Malpica De Arba
Maluenda
Mamillas
Manchones
Mara
Maria De Huerva
Marlofa
Marracos
Mediana De Aragon
Mequinenza
Mesones De Isuela
Mezalocha
Mianos
Miedes De Aragon
Miraflores
Monegrillo
Moneva
Monreal De Ariza
Montañana
Monterde
Monton
Monzalbarba
Moran
Morata De Jalon
Morata De Jiloca
Mores
Moros
Movera
Moyuela
Mozota
Muel
Munebrega
Murallas De Santa Fe
Murero
Murillo De Gallego
Navardun
Nigüella
Nombrevilla
Nonaspe
Novallas
Novillas
Nuevalos
Nuez De Ebro
Oitura
Olves
Ontinar De Salz
Orcajo
Orera
Ores
Oseja |
Osera
De Ebro
Paniza
Paracuellos De Jiloca
Paracuellos De La Ribera
Paraje Simon
Paso De Los Carros
Pastriz
Pedrola
Peñaflor
Perdiguera
Piedratajada
Pietas
Pina De Ebro
Pinseque
Pinsoro
Pintano
Plasencia De Jalon
Pleitas
Plenas
Pomer
Pozuel De Ariza
Pozuelo De Aragon
Pradilla De Ebro
Puebla De Alborton
Puendeluna
Purroy
Purujosa
Quinto
Remolinos
Retascon
Ricla
Rivas
Roden
Romanos
Rueda De Jalon
Ruesca
Sabiñan
Sadaba
Salillas De Jalon
Salto Del Lobo
Salvatierra De Esca
Samper Del Salz
San Gregorio
San Juan De Mozarrifar
San Martin De La Virgen De Moncayo
San Mateo De Gallego
San Miguel
Sancho Abarca
Santa Anastasia
Santa Cruz De Grio
Santa Cruz De Moncayo
Santa Engracia
Santa Eulalia De Gallego
Santed
Santuario De Misericordia
Sastago
Sediles
Sestrica
Setabia
Sierra De Luna
Sigues
Sisamon
Sobradiel
Sofuentes
Sos Del Rey Catolico
Tabuenca
Talamantes
Tarazona
Tauste
Terrer
Tierga
Tiermas
Tobed
Tomillares
Torralba De Los Frailes
Torralba De Ribota
Torralbilla
Torrecilla De Valmadrid
Torrehermosa
Torrelapaja
Torrellas
Torres
Torres De Berrellen
Torres De Montecierzo
Torrijo De La Cañada
Tortoles
Tosos
Trasmoz
Trasobares
Uncastillo
Undues De Lerda
Undues Pintano
Urrea De Jalon
Urries
Used
Utebo
Val De Pinar
Val De San Martin
Valareña
Valdehorna
Valmadrid
Valpalmas
Valtorres
Velilla De Ebro
Velilla De Jiloca
Vera De Moncayo
Vierlas
Villadoz
Villafeliche
Villafranca De Ebro
Villalba De Perejil
Villalengua
Villamayor
Villanueva De Gallego
Villanueva De Huerva
Villanueva De Jiloca
Villar De Los Navarros
Villarrapa
Villarreal De Huerva
Villarroya De La Sierra
Villarroya Del Campo
Virgen De La Fuente
Vistabella
Viver De La Sierra
Zaragoceta
Zaragoza
Zuera |

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