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Huesca, situada a los pies de los
Pirineos, ofrece parajes naturales y monumentos
medievales de increíble belleza.

Zaragoza. La capital de esta
comunidad, cruzada por el caudaloso río Ebro, es una de
las ciudades más monumentales de España. Su herencia
histórica desde los romanos o la España musulmana se
puede apreciar en sus calles o museos.
Teruel. Lo más notable de su
arquitectura es la herencia Mudéjar presente en
impresionantes monumentos, consecuencia de un largo
dominio musulmán. Los monumentos más destacados son la
catedral, con sus bellísimos campanarios y las iglesias
de San Martín, San Pedro y El Salvador. |
Huesca (Historia)
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Esta comunidad,
frontera natural con Francia por los Pirineos Centrales,
ofrece una tierra y un paisaje excepcional que sorprende
al viajero por sus extremados e impresionantes
contrastes. Aragón cuenta con numerosos espacios
naturales protegidos. Uno de los rasgos más
característicos del medio físico aragonés es el agua,
que forma multitud de lagos glaciares o ibones, que
surgiendo en sorprendentes cascadas, talla en las rocas
de alta montaña impresionantes hoces, gargantas y
cañones.
El contraste lo ofrece la
árida depresión del Ebro. A oriente se erige el Moncayo, la sierra
mas elevada del Sistema Ibérico, donde se encuentra la Laguna de
Gallocanta, un paraíso para las aves acuáticas.
La comunidad
autónoma actual se identifica con el antiguo reino de
Aragón, forjado en tiempos medievales. Recorrer sus tres
provincias, sus ciudades y pueblos monumentales, nos
invita a conocer la historia y origen del país que hoy
es España, al mismo tiempo que contemplar los vestigios
de las civilizaciones que en la Península Ibérica se
asentaron.
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Aragón
La historia
de Aragón viene marcada por su situación geográfica. Su proximidad a
Francia y las aguas del Ebro que atraviesan de E a O la comunidad, han
hecho de la región un camino de paso para todas las culturas.
Prehistoria
El Paleolítico inferior dejó escasísimos restos materiales líticos. Una
escasa población debió recorrer los valles fluviales aragoneses. Los
pocos restos encontrados pertenecen al estilo achelense, como muestran
los útiles de barranco del Salto (Calatayud) y Valcardera (Tarazona). El
Paleolítico medio vio el desarrollo de la técnica musteriense. Los
habitantes de Aragón en este período ocuparon abrigos, como el de
Eudoviges (Alacón) y espacios al aire libre, como las graveras de San
Bartolomé (Altorricán) y Castelló de Pla (Pilzán). La principal
característica de estos materiales fue la pervivencia de elementos de
tradición arcaizante, que caracterizó a toda la prehistoria aragonesa.
El Paleolítico superior es el período peor conocido de Aragón. Fuente
del Trucho (Asque-Colungo), además de arte paleolítico presentó restos
de hogares. Durante el epipaleolítico los asentamientos aragoneses se
situaron en abrigos orientados al sol naciente, de esto quedó restos en
la Botiqueira dels Moros, Mazaleón y Costalena. Los habitantes de
Aragón, que en este período se dedicaban preferentemente a la caza,
desarrollaron dos tipos diferentes de industria lítica, una microlítica
y otra macrolítica. Probablemente, los pobladores de esta época fueron
los encargados de desarrollar el arte levantino, una manifestación
artística que representaba animales acompañados por hombres normalmente
estilizados. Este arte se desarrolló en las tres provincias aragonesas:
en Huesca la Cueva de Arpán, en Zaragoza, donde su presencia fue menor,
Plano de Pulido y en Teruel el foco de la Sierra de Albarracín.
Las cerámicas cardiales son la primera muestra de civilización neolítica
en Aragón. Todos los yacimientos son habitaciones en abrigos y cuevas
naturales, que eran herederos de poblamientos anteriores. La caza, la
pesca y la recolección siguieron siendo las actividades económicas
principales. Sólo la cueva de Chaves muestra síntomas claros de plena
neolitización. En el Neolítico pleno se siguieron usando cuevas como
lugares de habitación, algunas también comenzaron a ser usadas como
lugares de enterramiento. La cultura material estaba influida del
neolítico mediterráneo. La ausencia entre los restos de granos, dientes
de hoz o molinos, muestra que se desarrolló en Aragón una agricultura de
tipo complementario y de escaso relieve. Los dólmenes aragoneses fueron
la muestra más importante del megalitismo. Su desarrollo tuvo como
principal escenario el alto Aragón, sobre todo en los valles pirenaicos
de Huesca: desde la Selva de Oza hasta el valle del Aragón Subordán. La
mayoría de ellos estaban situados en altitudes superiores a los 1.000 m.
Los habitantes del calcolítico ocuparon todavía las cuevas, donde se
siguió practicando la caza y el pastoreo. Los yacimientos calcolíticos
más importantes de Aragón son los de Esplugas de la Puyascada y
Baticambras de Molinos, que desarrollaron materiales influidos por la
cultura de los vasos campaniformes. Las cerámicas de esta cultura fueron
muy numerosa en todo Aragón. En esta época se comenzaron a construir
poblados con cabañas circulares, como ocurrió en Los Ramos (Caspe). Los
abrigos fueron poco a poco acondicionados con toscos paredones y
techumbres, muestra de una especialización agrícola mayor.
Edad de los Metales
Durante la Edad del Bronce se generalizó el uso de los objetos metálicos
en toda la región, se comenzaron a explotar filones al aire libre; hubo
filones en Huesca en Benasque y Las Paúles; en Zaragoza en Biel y
Calcena; y en el Bajo Aragón en Albarracín. En el Bronce Antiguo
continuaron las formas de vida anteriores en cuevas y abrigos. Los
hábitats al aire libre vivieron un fuerte desarrollo, donde se produjo
una explotación más intensa del entorno. Los asentamientos se situaban
en montículos o pequeños cabezos, como ocurrió en Caucavaca (Caspe) y El
Carnelario (Sariñena). El Bronce Medio se caracterizó en Aragón por las
influencias sobre la población autóctona de dos grandes focos: el
francés y la zona mediterránea. Los establecimientos se situaron en
cerros elevados, esta ubicación respondió a la situación estratégica y
dominio del entorno. En la llanura se establecieron asentamientos de
carácter temporal, que posiblemente dependieron de los asentamientos
estables como el Cabezo del Cuervo (Alcañiz). En los poblados más
importantes las casas eran de planta rectangular con zócalos de piedra.
El Bronce Final supuso la llegada de los Campos de Urnas a Aragón. Se
caracterizaba esta cultura por enterramientos de incineración en urnas.
El ajuar de las necrópolis siguieron mostrando la tradición del Bronce
original de la región. Las necrópolis estaban asociadas a poblados
situados en altura, las tumbas se colocaban en las terrazas inferiores;
así ocurría en Cabezo de Monleón (Caspe) y Puntal de Fraga. La cultura
de los Campos de Urnas sufrió una evolución interna en Aragón, que
alcanzó en su difusión el Bajo Aragón. Los asentamientos del la Primera
Edad del Hierro se fijaron en los cursos medios y bajos de los ríos,
debido a la mayor explotación de los suelos aluviales. Lugares como el
Cabezo del Monleón siguieron ocupados, aunque se crearon nuevos
asentamientos debido a la gran densidad de población.
El siglo VI a.C. supuso el encuentro de Aragón con la cultura ibérica,
con la consiguiente introducción del torno alfarero y el hierro. La
influencia se hizo sentir en Aragón por tres caminos: los llanos de
Urgel, el sudeste de Teruel y el Bajo Ebro. el número de asentamientos
aumentó claramente. Los poblados se situaban en lugares elevados,
siempre protegidos por murallas. Junto a asentamientos de pequeño tamaño
surgieron concentraciones urbanas mayores, de los que dependían
jerárquicamente aquellos. Este proceso les encaminaba a un nivel urbano.
Los influjos ibéricos siguieron extendiéndose por toda la región; al
valle de Ebro en el siglo IV a.C., al sur de Huesca en los siglos II y
III a.C. Los poblados más antiguos presentan casas de planta
rectangular, que evolucionarían hacia un módulo cuadrangular. La casa
más común consistía en cuatro piezas, algunas, como El Palomar de Oliete,
presentaban una segunda planta. El desarrollo urbanístico de los
poblados aragoneses alcanzó dimensiones importantes. El Cabezo de Alcalá
(Azaila) tenía un importante sistema de fortificaciones con calles
enlosadas, aceras, barrio comercial y vertido de aguas.
Edad Antigua
La primera vez que apareció en las fuentes escritas Aragón fue en el
siglo II a.C. (Polibio), posteriormente los pueblos que habitaban la
región serían nombrados por Livio, Estrabón y Ptolomeo. Estrabón dijo
que las regiones comprendidas entre los Pirineos y Huesca se encontraban
pobladas por los iacetanos, que tenían su capital en Iaca. Livio y
Plinio situaron a los suessetanos en el norte de la provincia de
Zaragoza, su capital era Lorbio (Sos). El valle del Ebro estaba ocupado
por los pueblos de cultura ibérica. Los ilergetes, el pueblo más hostil
a Roma, tenían en Osca (Huesca) y Burtina (Almudévar) sus núcleos
principales. Los sedetanos habitaban en el Bajo Aragón. Mientras que los
ilegarvones estaban situados en la zona fronteriza con Cataluña. Todos
estos pueblos se caracterizaban por el uso de la lengua ibérica, que
llegó a desarrollar un alfabeto con 29 signos alfabéticos y bilíteros.
Los valles del Jalón, del Jiloca y la margen derecha del Ebro
constituiría lo que las fuentes romanas llamaron la Celtiberia Citerior.
Los belos y los titos ocuparían el valle del Jiloca, sin llegar a
Calatayud. Los lusones se situaban en las cuencas del Jiloca y Jalón,
sus ciudades principales eran Bilbilis (Calatayud) y Contrebia Carbica.
Los asentamientos celtibéricos no presentan uniformidad y establecieron
la misma jerarquía que la órbita ibérica. Estos pueblos desarrollaron
también un alfabeto que utilizaba indistintamente la escritura ibérica y
la latina. Esta escritura utilizó como soporte el bronce, el caso más
famoso es el bronce de Contrebia Belaisca, posiblemente una ciudad de
los belos. Los pueblos de la totalidad de Aragón en el momento que se
produjo la invasión romana, se encuentran en una fase de transición
hacia las estructuras urbanas, como muestran las primeras acuñaciones
monetarias. La organización social respondía a un carácter gentilicio,
que consistía en una asociación de tribus que se atribuían un origen
común. Esta estructura quedó fijada en las Tessera Hospitalis, que eran
tratados de amistad de un individuo o grupo familiar con una ciudad. La
economía era fundamentalmente agraria, con el cultivo principal del
trigo y la cebada.
Los pueblos del valle Medio y Bajo del Ebro fueron determinantes en la
conquista de Roma. Los ilergetes presentaron dura resistencia a Roma,
mientras que los suessetanos y sedetanos se aliaron a Roma. En el 205
a.C. fueron derrotados por los romanos, que les obligaron a entregar las
armas y a vender a bajo precio trigo al ejército conquistador. Los
territorios de Aragón que fueron conquistados se incluyeron en la
Hispania Citerior. En el 195 a.C. Catón conquistó el valle Medio del
Ebro. Las ciudades de Osca, Celse y Salduie vieron como se establecían
guarniciones romanas en su suelo. La época romana estuvo llena de
levantamientos hacia los romanos. Los lusones se sublevaron en el 181
a.C. debido a la falta de tierras para los cultivos, que estaban
ocupadas por la población establecida por Roma. El occidente de Aragón
se convirtió en un campo de batalla, hasta la derrota en la falda del
Moncayo. Las precarias condiciones económicas y el aumento demográfico
llevó a los pueblos aragoneses a continuas sublevaciones: los belos en
el 154 a.C., los lusones en el 143 a.C., cuando estos últimos fueron
derrotados el control de la celtiberia aragonesa por parte de Roma fue
total. Aragón tuvo una presencia importante en las guerras sertorianas
debido al alto grado de romanización alcanzado por al región. En el 77
a.C. Sertorio controla Aragón con la toma de Bilbilis y Contrebia. Su
gobierno lo situó en la ciudad de Osca, hasta su derrota en el 72 a.C.,
donde estableció un gobierno de corte romano, destacaba un senado
formado por 300 miembros muchos de ellos de procedencia indígena.
Durante las guerras pompeyanas las ciudades aragonesas se mostraron
partidarios de Pompeyo. Tal vez esta fue la razón de la fundación por
parte de Lépido de la colonia Victrix Iulia Lepida -Velilla de Ebro- en
el año 49 a.C, destinado a veteranos del ejército y a ser el centro
administrativo de la zona. Todo el territorio de Aragón quedó incluido
en la Tarraconensis tras la reforma de Augusto del 27 a.C. El mismo
Emperador fundó la colonia de Cesaraugusta (Zaragoza), donde estableció
la capital de un conventus, que mas o menos controlaba todo el
territorio de la actual Aragón. El valle del Ebro fue utilizado durante
este período como vía de romanización, lo que se acentuó con la
municipalización de Osca y Bilbilis. Sin embargo, la romanización no
afectó por igual a todo Aragón, destacó el caso de la zona se s donde en
las inscripciones permanecieron durante mucho tiempo nombres de raíz
claramente indígena. La red viaria que tenía como centro Cesaraugusta se
mejoró considerablemente en época imperial. La base de la economía era
la agricultura, con el vid, el olivo y el trigo como productos
principales. A partir del siglo II d.C. se produce un proceso de
ruralización, que se acentuó durante la siguiente centuria. Las villas
rústicas aumentaron su número y se hicieron prácticamente
autosuficientes, cerca de Fraga existía un ejemplo de esto: la Villa
Fortunatus. En el año 254 tenemos al primera referencia al cristianismo
en Aragón, el obispo de Cesaraugusta, Félix, es nombrado en la
correspondencia del obispo de Cartago. Las invasiones del siglo III
apenas afectaron a Aragón, aunque Cesaraugusta se vio obligada a
reforzar sus fortificaciones. La persecución de Diocleciano produjo los
primeros 18 mártires en la antigua Zaragoza, cuyo obispo está presente
en el Concilio de Elvira. Todos los concilios que se celebraron a
continuación contaron con el representante de esa sede episcopal, la
cual fue la elegida para celebrar en el 380 el concilio que discutió
sobre el priscilianismo. La totalidad de Aragón no se vio afectada por
la presencia de los suevos, vándalos y alanos, aunque tuvo que sufrir
las continuas expediciones de los suevos en busca de botín.
La presencia visigoda se hizo efectiva en Aragón cuando Eurico conquistó
Zaragoza en el 471, desde donde amplió sus conquistas a Huesca, Tarazona
y Calatayud. A pesar de ello, la presencia germánica no debió ser muy
intensa en tierras aragonesas, debido a la pobreza de los ajuares de las
necrópolis. Probablemente durante el reinado de Leovigildo el obispo de
Zaragoza y todos los de Aragón mantuvieron los cultos arrianos, como
consecuencia de ello se convocó a los obispos de la zona a un concilio
en Zaragoza en el 592, el motivo fue fijar la ortodoxia religiosa.
Sisenando fue proclamado en Zaragoza rey de los visigodos gracias a la
ayuda de los francos. Los visigodos dividieron en territorios Aragón,
tenemos noticias de los siguientes: Barbotana (Barbastro), Boletana (Puebla
de Castro-Coscojuela), Cesaraugustana (Zaragoza), Aragonense (Huesca),
Ripacorcense (Roda), Antonense (Ésera). La última noticia sobre Aragón
en época visigoda fue la celebración de un concilio en Zaragoza en el
691 a petición del soberano Égica.
Edad Media
El rápido avance del ejército musulmán, comandado por Târiq ibn Ziyâd y
el gobernador del Magreb, Mûsa ibn Nusayr, les llevó a Zaragoza en el
714. En 720, la conquista de la cuenca del Ebro era ya completa y Huesca
cayó al poco, por pacto. Se produjo entonces la conversión al Islam de
los fundadores de dinastías muladíes (Banû Qasî - Ejea -, Banû Sabrit y
Banû 'Amrûs -Huesca-), que mantuvieron su importancia. El territorio del
valle del Ebro -junto con tierras navarras, riojanas y catalanas- se
incluyó en la Marca Superior (-al-tagr al-a 'la-), subdividida en siete
distritos -Barbitâniya (Barbastro-Boltaña), Lérida, Huesca, Zaragoza,
Calatayud, Tudela, Tortosa y Tarragona; el suroeste de Teruel quedó
dentro de la Marca Media. La cuenca del Ebro fue ocupada por árabes
yemeníes (del sur), mientras que los bereberes se establecieron en
Albarracín y Teruel; los primeros chocaron desde el 742 con árabes
qaysíes (del norte) y sirios llegados, al mando de Balj, para sofocar la
rebelión bereber; gobernantes de una y otra procedencia se alternaron.
Los árabes yemeníes fueron inicialmente partidarios de Abd al-Rahman
rebeldes desde 767; Sulaymân al-A'râbî se levantó en Huesca y Zaragoza
(774-780) y recurrió a Carlomagno quien atacó Zaragoza en 778. Hubo una
segunda revuelta en Zaragoza, la de al-Husayn al-Ansârî, con la
intervención del emir en 781, que se repitió en el 783, con nueva
intervención emiral. Tras la muerte de 'Abd al Rahmân I (788) estallaron
nuevos enfrentamientos entre árabes del norte y del sur; Hisâm I se
apoyó en una familia muladí cliente (los Banû Qasî) contra los yemeníes
zaragozanos, que cambiaron de bando al ocupar el gobierno de la Marca
una familia muladí rival, los Banû 'Amrûs -como premio a la defensa de
la ciudad contra Bahlûl ibn Marzûq, en el 800- y se aliaron con el
vascón Iñigo Arista contra omeyas y carolingios.
Iniciaron así una sucesión de lealtad-rebeldía hacia los Omeyas,
abiertamente con Mûsa ibn Mûsa en 842; el gobernador de Zaragoza le
arrebató Huesca y Tudela, por lo que se retiró a Arnedo, donde se apoyó
en los pamploneses y resistió a las expediciones de castigo emirales 842
a 850. Con Muhammad I, Mûsa fue nombrado gobernador de Tudela, aliado
suyo contra los cristianos. Fue el periodo de máxima grandeza de la
familia, que se autodenominaba "tercer rey de España": dominio sobre las
tierras de Tudela y Zaragoza, hasta Calamocha, y wâlî de la Marca;
estableció a su hijo Lope en Toledo. Pero en 859 fue vencido en Clavijo
por leoneses y pamploneses con la ayuda de Lope, y en 860 sufrió aceifa
emiral contra Pamplona, tras lo que se estableció un nuevo gobernador.
Los hijos de Mûsa ibn Mûsa aún se mantuvieron; Lope se alzó en Arnedo
(872), secundado por sus hermanos y ayudados por García Íñiguez de
Pamplona. adueñándose de toda la Marca Superior (excepto Barbitâniya);
Muhammad reaccionó reforzando en Daroca y Calatayud a los Tugîbies (árabes)
y recuperó Huesca gracias al apoyo de Amrus ibn 'Umar ibn 'Amrûs, nuevo
gobernador de la ciudad (hasta mediados del s. X).
Al-Mundir envió numerosas razzias contra los Banû Qasî entre 874 y 884,
que no obstante tomaron Barbitâniya. Pero en 884 se tomó finalmente
Zaragoza, lo que partió los dominios de los Banû Qasî (Lérida-Monzón por
un lado -contra los Banû 'Amrûs por Huesca-, y las riberas navarra y
riojana por otro, con Zaragoza gobernada por los Omeyas, y Daroca y
Calatayud por los Tugîbíes. Por segunda vez, Lope recuperó terreno,
aprovechando la rebelión en Málaga de 'Umar ibn Hafsûn; venció al
gobernador de Huesca Muhammad al-Tawîl en el 887, Toledo en 897, realizó
una incursión a Aura (Barcelona), e incluso marchó a Jaén para tratar
con 'Umar ibn Hafsûn. En 889, fue sustituido por los Tugîbies en
Zaragoza, fieles a Córdoba; a las pérdidas se unieron nuevos enemigos:
Alfonso III de León por el valle de Borja, el conde de Pallars por el
nordeste, el conde de Barcelona por el este, Sancho Garcés de Pamplona
por la Rioja Alta; todavía reincorporó Toledo (903-906) antes de morir
(907). Sumisos, sin apoyo ante los ataques vecinos, sólo conservaron
parte de la Rioja y de la ribera de Navarra, Tarazona y Borja, hasta que
en el 924 fueron finalmente destituidos como gobernadores de Tudela, al
frente de la cual se colocó al de Zaragoza, Muhammad ibn 'Abd al-Rahmân
al-Tugîbí.
En las dos décadas de gobierno de Abd al-Rahman III (años 20 y 30), se
mantuvo la fidelidad de Muhammad al-Anqar, de los Tuyibíes de Zaragoza;
ante la presencia de Sancho Garcés de Pamplona y Ordoño II de León, el
emir lanzó en 920 la primera de sus cinco campañas hacia los confines de
la Marca Superior (en esta ocasión, por Guadalajara, Medinaceli, Osma,
Castro Muros y Clunia Suplicia; Tudela, Calahorra, Dî Sâra, Muez y
vuelta a Córdoba por Atienza); en la segunda en 924, se llevó con el a
los Banû Qasî (debilitados y emparentados con Fruela II de León), cuyos
territorios pasaron a ser gobernados por los Tuyîbíes. Se fijó la
frontera con los cristianos para el s. X (sobre el Aragón y el Ebro, con
la Rioja Alta y una zona inestable intermedia con puntos -Calahorra- que
pasaron de mano en mano (musulmana de 968 a 1045). El control más
estrecho de las provincias por 'Abdarrahmân III, al ser proclamado
califa en 929, hizo reaccionar a los tuyîbíes, que envió una tercera
campaña contra ellos (934) instalando generales y gobernadores en
Tarazona, Tudela y Huesca. La paz pronto fue rota por el gobernador de
Zaragoza, Muhammad b. Hâsim, apoyado por tuyîbíes de otras plazas de la
Marca, otra vez atacado por el califa en 935; asedió Zaragoza, que
mantuvo el sitio ayudada por el rey leonés y el señor de Barcelona. La
quinta aceifa, en 937 tomó Zaragoza, con la promesa de mantener en el
gobierno a Muhammad b.Hasim, que se mantuvo todo el s. X. Muhammad b.Abî
'Amir al-Mansûr, durante los veinticinco años en que regió la política
de Al-Andalus como valido (en el último cuarto del s.X), realizó un
número enorme de campañas (cincuenta y seis) con las que impuso la
supremacía cordobesa en la Península. De ellas, unas diez (entre 978 y
1002) afectaron a la Marca Superior, la mayor parte dirigidas hacia
Pamplona. Detuvo y alteró así el avance cristiano, hasta el contraataque
de Sancho el Mayor de Pamplona (1004-1035). El hijo de Almanzor, 'Abdalmalik
(muerto en 1002) continuó las aceifas de su padre contra los territorios
cristianos (1003, 1004 y 1006). El objetivo era capturar prisioneros e
imponer tributos a los territorios cristianos, con efectos duraderos
hasta la reacción de Sancho el Mayor. Aragón no fue atacado por 'Abdalmalik
por su sumisión a las condiciones impuestas por Almanzor en 999.
Reinos taifas y resistencia aragonesa
A la muerte de Abdarrahman Sanchuelo (1009), otro hijo de Almanzor, el
califato se disgregó en taifas: Zaragoza y Lérida fueron centro de dos
de ellas: la autonomía de la Marca Superior se convirtió en
independencia en el s. XI. Los tuyibíes gobernaron desde 1018 a 1039, y
los Banû Hûd en el periodo 1039-1110. Desde 1018, Mundir I ibn Yahya al-Tuyîbí,
gobernador de Zaragoza, actuó como un verdadero soberano (con los
títulos de al-Hâyib y al-Mansûr); trató de unificar el territorio de la
Marca Superior: formó un gobierno y mandó gobernadores a las ciudades de
su estado. El tercer tuyîbí (Mundir II) fue asesinado por un familiar
suyo ('Abd Allâh) que fue incapaz de gobernar y huyó, dejando el reino
de Zaragoza en manos de Sulaymân ibn Hud (1039). Los Banû Hûd retrasaron
el avance del reino vecino de Aragón: Huesca no fue conquistada hasta
1096. Ahmad al-Muqtadir (1046-1082) y otros monarcas hudíes tributaron a
los cristianos a cambio de ejércitos de mercenarios. Al-Muqtadir siguió
una política de expansión territorial y centralización; aunque su
posición respecto a los reinos cristianos era la más crítica -tenía
fronteras con todos ellos (Castilla, Pamplona, Aragón, Ribagorza,
Pallars, Urgel y Barcelona-, se extendió hacia Levante: se apoderó de
Tortosa (1060) y Denia (1076) e incorporó Valencia como estado vasallo.
Hacia el norte, incluyó Lérida, Balaguer y Tamarite, las plazas fuertes
de la región de Graus, el norte de Huesca hasta Calahorra, y hacia el
sur, por Soria hasta Gormaz. Por el sur limitaba con el reino de Toledo
y el principado de Banû Razîn (Albarracín). Fue un reinado rico; en el
alcanzó su máxima potencia y brillo cultural (numerosos sabios, poetas y
escritores; construcción de la Aljafería -palacio-). Con al-Musta'in
(1085-1110), el reino de Aragón progresó hacia el sur: Monzón (1089), y
Huesca (1096) -una de las ciudades más importantes de los hûdíes-. Su
hijo 'Abd al-Malik 'Imâd al-Dawla no pudo mantener la independencia
entre sus potentes vecinos y hacerse respetar por sus súbditos, por lo
que le destronaron y llamaron al almorávide Muhammad ibn al-Hâyy,
gobernador de Valencia (1110); los almorávides también habían anexionado
los Principados de Alpuente y Albarracin -zona de castillos gobernada
por jefes militares de la familia de los Banû Razîn-: Abu Muhammad
Hudail ibn Jalaf fue el primer señor razînî; declaró su independencia
hacia 1012 y fue respetado por los Banû dil-nûn de Toledo y los Banû Hûd
de Zaragoza. Pero el Cid (Jalón-Jiloca, Teruel) y Alfonso VI, tras la
caída de Toledo (1085) sometieron a los Banû Razîn, aunque se
mantuvieron hasta que el gobernador almorávide de Valencia, Ibn Fâtima
depuso al último razînî Yahya ibn 'Abd al-Malik (1104). La ayuda
almorávide fue solicitada por al-Mu'tamid ibn 'Abbâd de Sevilla., pues
la toma de Toledo supuso la separación de Zaragoza del resto de
al-Andalus; tras la batalla de al-Zallâqa (1086), los almorávides
consiguieron unir nuevamente al-Andalus bajo su mando. Al-Musta'în fue
obligado a mantener su neutralidad, y su independencia fue respetada por
los almorávides hasta la muerte de al-Musta'în (1110).
La reorganización cristiana plenomedieval
Zaragoza permaneció poco tiempo en su poder, hasta la ocupación de
Alfonso I el Batallador de gran parte del valle del Ebro (desde 1110).
La Montaña aragonesa nunca había sido islamizada, aunque sí sometida,
tras la conquista árabe de la Península; esta situación se mantuvo todo
el siglo VIII hasta que la intervención carolingia en el s. IX: hacia el
800, el conde Aureolo, funcionario carolingio, se estableció en Sobrarbe
-que pasó a su muerte a manos del walí de Huesca-, mientras que en el
806 el conde Guillermo de Tolosa incorporó Ribagorza y Pallars a su
condado. Sobrarbe fue recuperada por el conde Aznar Galíndez I -también
funcionario carolingio-, en 814, que se alió con el conde autóctono
García I, hasta que fue enviado a cuidar la Marca Hispánica. Su hijo
Galindo Aznárez I le sucedió y después recibió el encargo de ocupar el
valle de Echo, donde, tras desintegrarse el imperio carolingio, dio
origen al condado independiente de Aragón. En el 872, el conde Ramón I
hizo independiente a Ribagorza y Pallars (donde se creó el nuevo
obispado de Roda en 888); en 908-909 perdió el valle de Isábena y el
castillo de Roda a manos de Muhammad al-Tawil, gobernador de Huesca,
pero fue pronto recuperado por el conde Bernardo Unifredo (915). A
Occidente, la expansión de Galindo Aznarez II -aliado momentáneamente a
al-Tawil- fue frenada por Sancho Garcés I de Pamplona, que ocupó en 911
el sector oeste del valle del Aragón y en 920 el resto, junto con el
distrito rural del Gállego, musulmán; se erigió el nuevo obispado de
Aragón (922), con sede en Sasau, mientras que el distrito del Gállego
fue colonizado por mozárabes de los alrededores de Huesca (hacia el
942). En 962, el límite oriental del reino de Pamplona llegaba hasta el
río Ara. A finales de siglo, Almanzor asoló el condado aragonés,
mientras que su hijo 'Abdalmalik ocupó en 1006 Sobrarbe y Ribagorza (incluida
Roda).
En 1016-1018, Sancho Garcés III el Mayor arrebató a los musulmanes
Aragón y Sobrarbe (con Boltaña y el valle del Cinca), y en 1025
incorporó Ribagorza, por renuncia de su condesa en la reina Mayor, su
esposa; el monarca pamplonés restauró el monacato con ayuda del abad
Paterno, que fundó una congregación benedictina, mientras que
administrativamente delegó en "seniores" algunos castillos de Aragón y
Sobrarbe, mientras fortificaba su frontera sur. Al morir (1035), dividió
su extenso reino en cuatro partes: entregó Aragón a Ramiro I, y
Sobrarbe-Ribagorza a Gonzalo; Ramiro amplió considerablemente sus
territorios: el nacimiento del río Arba de manos navarras (1043) y el
reino de Sobrarbe-Ribagorza por muerte de Gonzalo (1044); de nuevo del
reino de Pamplona, los valles de Escá, Aragón y Onsella (1054). Se
dirigió entonces contra el sur musulmán, aprovechando antiguas
fortalezas musulmanas y otras nuevas para controlar los ríos (Aragón,
Arba, Gállego, Cinca y Esera), vías de paso hacia los valles pirenaicos;
en 1062 conquistó los territorios al sur de Ribagorza (Benabarre, Litera)
e incorporó aquellos lugares conquistados por los condes de Urgell y
Barcelona que se reconocieron como pertenecientes al condado de
Ribagorza, al sur de Benabarre, pero, aliado con el conde Ermengol III
de Urgell, fracasó en el intento de tomar Barbastro en 1064. Su sucesor,
Sancho Ramírez consolidó el reino: estableció contactos diplomáticos con
la Santa Sede: introdujo las corrientes europeas con la adopción de la
liturgia romana, el establecimiento de monasterios benedictinos (San
Juan de la Peña, San Victorián de Sobrarbe) y de la reforma gregoriana (abadías
de Loarre, Alquézar y Montearagón).
En 1076 fundó Jaca, capital del reino y nueva sede episcopal de Aragón (trasladada
desde Sasau); incorporó la parte oriental del reino de Pamplona (incluida
la capital) -y el título de rey de Pamplona-, tras la muerte de Sancho
Garcés IV. En 1069 tomó Alquézar y continuó la expansión desde 1078, con
la conquista de Graus (1083), el valle de Ayerbe, y -en Navarra-
Arguedas; trató de conquistar Huesca, Barbastro, Zaragoza y Lérida
(1087-1094), ocupó la comarca de Cinco Villas, de manera que cercaba
Huesca y amenazaba Zaragoza, desde la avanzada de El Castellar; completó
el sistema defensivo erigiendo nuevas fortalezas y torres en la tierra
llana y frente a los principales núcleos enemigos (Huesca, Barbastro,
Zaragoza, Tudela, Lérida); en la parte oriental, más poblada, se
establecieron también pequeñas guarniciones y villas que se entregaron
como tenencia -para su administración y defensa, sin propiedad sobre
ella- a nobles por los servicios prestados (honores). El futuro Pedro I
incorporó la ribera oriental del Cinca (incluida Monzón en 1089); una
vez coronado rey tomó Huesca (1096) y Barbastro (1100) y sus áreas de
influencia; se acercó a Lérida, por los territorios al oeste del río
Noguera; se detuvo ante las Bárdenas, Vialada, Monegros y Bajo Cinca.
El gran avance territorial por el valle del Ebro llevado a cabo en el s.
XII lo motivó el ideal de Cruzada al que Alfonso I el Batallador se
adhirió: las metas inmediatas eran ocupar Zaragoza y Lérida como puntos
de partida hacia Tortosa y Valencia, los puertos de donde podría
embarcarse con su ejército hacia Jerusalén.
A estas dos ciudades se dirigió desde 1104: al oeste, conquistó Ejea
(1105) y amenazó Zaragoza desde Juslibol, mientras que al este logró
entrar en Tamarite y San Esteban de Litera (1107). Tras una interrupción
de diez años -ocupado en el Sur de Francia y la sucesión castellana-,
inició la ocupación de Zaragoza con ayuda de franceses, navarros y
vascos; su ocupación (1118) otorgó el dominio de numerosas plazas
circundantes en los afluentes del Ebro, completado con la toma de las
pertenecientes a los almorávides, al oeste: Tudela, Fitero, Tarazona y
Borja y, al poco, Soria (1119). La segunda línea de penetración, por el
Jalón-Jiloca, incorporó Cutanda -donde se derrotó a los almorávides- y
Calatayud (1120), y continuó hasta Medinaceli y Sigüenza (1122).
Emprendió, en segundo lugar, la captura de Lérida, desde las bases de
Gardeny y Achón (1123), frente a aquella ciudad y a Fraga; la reacción
almorávide le impidió lograr su propósito. La segunda etapa de su
expansión la comenzó con la toma de Molina de Aragón (1128) como enclave
para delimitar futuras incorporaciones territoriales ante Castilla; se
pactó el reparto con Alfonso VII: las tierras de Soria serían aragonesas,
mientras que las de Guadalajara pasarían a Castilla. Tras la actividad
conquistadora, atendió a la repoblación de las nuevas tierras, a través
de la concesión de un asentamiento ventajoso (fueros de Belchite -1119-,
Daroca -1129-, y Calatayud -1130-), y la fundación de cofradías
militares en lugares amenazados (Belchite, poco poblado -1122- y Moreal
del Campo -1124-). La tercera etapa se dedicó a la consolidación de la
frontera oriental: los planes de tomar Valencia fueron frustrados por el
conde de Barcelona, así que puso la atención nuevamente en Lérida; tomó
Mequinenza y los territorios entre el Matarraña y el Ebro (1133), pero
el gran fracaso ante Fraga supuso, a la muerte de Alfonso I (1134),
dejar abierta la frontera por este punto. El matrimonio de Petronila (hija
de Ramiro II el Monje -con un breve reinado de tres años, ya sin Navarra-)
con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona (1137) supuso el origen de la
Corona de Aragón, al unirse los dos reinos en la persona del hijo de
ambos, Alfonso II el Casto, rey de Aragón (que dio nombre a la nueva
unidad política, al tener preeminencia protocolaria) y conde de
Barcelona (desde 1162); cada uno mantuvo su propio sistema de gobierno.
Ramón Berenguer IV, que actuó como príncipe de Aragón, continuó la
expansión territorial del Reino (y del condado de Barcelona): en 1141
recuperó la comarca de Sariñena y la del Bajo Cinca; en 1142 también
Monzón, y se otorgó fuero a Daroca, poco poblada; Ontiñena cayó en 1147,
base de las operaciones hacia el Segre, para acudir después al sitio de
Almería como vasallo de Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla y
León. La importante plaza de Tortosa se obtuvo en 1148, que concedió el
dominio del Bajo Ebro y aisló la taifa de Lérida, caída al mismo tiempo
que Fraga (1149). Quedó abierta la conquista del Bajo Aragón, facilitada
por la debilidad almorávide ante cristianos y almohades -musulmanes-; él
mismo todavía ocupó Alcañiz, en 1157 (poblada a fuero de Zaragoza),
mientras que los pactos con Ibn Mardanis de Valencia y Alfonso VII de
Castilla garantizaron la intervención en Levante. Alfonso II completó la
ocupación de las tierras de Teruel, desde 1163, por los ríos Martín,
Guadalope y Matarraña; con la ocupación de núcleos como Caspe, Fabara,
Valderrobles, Calanda y Castellote, entre 1166 y 1169, se reunió, casi
completamente, los territorios del actual Aragón -Teruel cayó en 1171-.
De la expansión del siglo XIII al turbulento siglo XV
La vinculación de la dinastía barcelonesa con los señoríos del sur de
Francia (señorío de Provenza, fidelidad de Occitania, pacto con el conde
de Tolosa) exigió la intervención de Pedro II el Católico -casado en
1204 con María de Montpellier, que aportaba su señorío como dote- ante
el deseo anexionista de la Francia del norte, aprovechando la ocasión
que les brindaba la cruzada antialbigense convocada por el papa
Inocencio III (1208); la dura actuación de los cruzados movió al conde
de Foix y al vizconde de Carcasona-Razés a solicitar la ayuda del rey,
que se entrevistó sin éxito (1210) con Simón de Monfort, jefe de la
cruzada, para lograr una solución pacífica, y envió una embajada a Roma
(1212), que no pudo cambiar la decisión del Pontífice de, no sólo
eliminar la herejía cátara, sino entregar Occitania a los Capeto
franceses; el propio rey acudió a tierras tolosanas tras participar en
las Navas de Tolosa, dispuesto a defender a sus vasallos, pero murió en
Muret (1213) ante los cruzados. Su sucesor, Jaime I, todavía fue señor
de Montpellier, pero se ocupó preferentemente de la continuación de la
guerra contra los musulmanes, en Mallorca (rendida en 1229) y Valencia,
en esta con la ayuda del aragonés Blasco de Alagón; desde Teruel (y
Barcelona) se enviaron las expediciones que tomaron la capital (1238) y
desde donde se consolidó la región montañosa lindante con Castilla
(Utiel y Requena).
Otro aragonés, Artal de Alagón, sometió Villena y Sax (1239), lo que
movió a Fernando III de Castilla a entrar en Murcia y Alicante. La
aportación aragonesa a la conquista de Valencia fue grande: en sus
orígenes se trató de una empresa de la nobleza de Aragón, especialmente
en el norte, pero luego participaron también los concejos aragoneses (y
catalanes) en el sur. La unión con Cataluña supuso en parte subordinarse
a su política de expansión territorial y comercial por el Mediterráneo,
a partir de la segunda mitad del siglo XIII. Pedro III conquistó Sicilia
ante la penetración de los angevinos en el mercado tunecino, pero tuvo
que hacer frente a Carlos de Valois, a quien el Papa Martín V designó
como gobernante de la Corona aragonesa, que atacó por los Pirineos con
ayuda de Felipe III de Francia; la ocasión fue aprovechada por la
nobleza aragonesa para defender sus privilegios en la Unión aragonesa
ante el monarca. Tras la política de castigo de Alfonso III, Jaime II y
Alfonso IV lograron reconducir la situación en el Mediterráneo, con el
tratado de Anagni (1295), por el que se renunciaba teóricamente a
Sicilia y Mallorca, pero se convertían en aliados comerciales. Esto
permitió la intervención en la guerra civil castellana (1295-1312) con
la esperanza de obtener el reino de Murcia, que no se logró, aunque sí
Alicante (1304); se logró en 1323-24 la conquista de Cerdeña. Alfonso IV
el Benigno continuó la política territorial en esta isla -clave en el
comercio mediterráneo, y minas de plata de Iglesias y salinas de
Callari- (con sublevaciones internas continuas y presiones genovesas),
apoyado por los mercaderes y la nobleza catalana, y también los nobles
aragoneses. Las relaciones con Castilla fueron buenas gracias a su
matrimonio con Leonor de Castilla. La expansión por el mediterráneo
movió a Pedro IV a unificar la política de todos los estados regidos por
catalanes: Mallorca (anexionó la isla entre 1343 y 1349). La sublevación
de la nobleza aragonesa y valenciana, encabezada por los infantes Jaime
de Urgel y Fernando, al ser nombra Constanza -hija de Pedro IV- como
heredera, fue finalmente vencida en 1349, y abolidos sus privilegios. La
Peste Negra de 1348-50 afectó a los territorios de la Corona de Aragón;
Cerdeña quedó desguarnecida y las salinas de Callari abandonadas; ante
el peligro que corría el comercio catalán y los ingresos de la
monarquía, se enviaron nuevos contingentes a la isla. Fue atacada por
los genoveses (apoyados por los castellanos) y tuvo que ser defendida
con ayuda de los venecianos. Tras la muerte de Martín I sin hijos
(1410), se impuso como heredero el infante Fernando de Antequera,
regente de Castilla, elegido por representantes de los tres reinos de la
Corona en Caspe (1412).
Fernado I apoyó el comerció catalán en el Mediterráneo, que amplió y
mantuvo mediante tratados de paz con Génova y la pacificación de Sicilia
y Cerdeña. Su hijo, Alfonso V, emprendió una política de grandeza que
agravó los problemas de la Corona: intentó hacer efectivo el dominio
sobre Córcega, con oposición genovesa; la posibilidad de ocupar el reino
de Nápoles le hizo desistir definitivamente. Nápoles se convirtió en el
eje de sus dominios, abandonando los reinos peninsulares, cuyo gobierno
confió a su mujer, María de Castilla, y su hermano, Juan de Navarra, con
dificultades para gobernar por el esquema autoritario que rebajaba el
papel de la nobleza aragonesa y las Cortes catalanas. Juan II se
encontró, en la segunda mitad del s. XV, con el descontento social de
los campesinos y pequeños comerciantes catalanes ante la mala situación
económica, y con el de la nobleza y grandes comerciantes por ser
relegados políticamente. Tras el enfrentamiento entre los partidos de la
Busca y la Biga en Barcelona, la Diputación de Cataluña prohibió la
entrada del monarca en el Principado sin permiso, que aceptó hasta que
encontró ayuda exterior en las tropas de Luis IX de Francia, que le
retiró su apoyo cuando se nombró rey de Cataluña a Renato de Anjou. Juan
II obtuvo entonces el apoyo de Castilla mediante el matrimonio de su
hijo Fernando con la infanta Isabel de Castilla; la Diputación fue
vencida en 1472, pero la Corona de Aragón quedaría subordinada a la de
Castilla.
Edad Moderna
La unión entre las dos Coronas durante la Edad Moderna se realizó según
el esquema aragonés: cada reino mantuvo sus propias instituciones. Hasta
Carlos I no se crearon organismos comunes, sin suprimir los antiguos; el
principal fue el Consejo de Aragón, del que se creó el Consejo de Italia
en 1555. La pérdida de importancia política en el s. XVI fue acompañada
por una gran agitación social, entre bandos nobiliarios y de sus
vasallos contra ellos, además de los originados por el descontento hacia
la preeminencia castellana. El caso de Antonio Pérez, secretario de
Felipe II huido de la Corte y refugiado en Aragón, fue la culminación
del proceso: la negativa del Justicia Mayor de Aragón, Juan Lanuza, a
entregarlo al ejército real, le costó la vida y la supresión de algunas
instituciones propias (1591), intensificándose el proceso de integración
en la monarquía hispánica, aunque las Cortes de Tarazona (1592)
mantuvieron los fueros aragoneses. La expulsión de los moriscos de 1610
afectó fundamentalmente a Aragón, por el vacío demográfico que originó
(hasta un 16 % de la población) y el transtorno que supuso a la economía
(a la agricultura. la artesanía y la construcción).
En el s. XVII, el reino de Aragón se mantuvo fiel al rey (Felipe IV ) en
la guerra contra la secesión de Cataluña (1640-1652); el virrey de
Aragón, duque de Nochera, realizó una intensa labor diplomática que no
alcanzó el éxito. Comenzadas las hostilidades, hubo que organizar la
defensa ante los ataques de catalanes y franceses; los aragoneses
contribuyeron con subsidios y alojamiento de los ejércitos reales, y con
tropas propias. Aragón aceptó inicialmente el testamento de Carlos II, y
Felipe V juró los Fueros en 1701 y celebró Cortes en Zaragoza (1702).
Sin embargo, la presión fiscal y la labor del conde de Cifuentes en el
Bajo Aragón a favor del archiduque Carlos, movieron a los aragoneses a
ponerse al lado del pretendiente cuando este fue proclamado rey en
Madrid por sus partidarios (1706); Zaragoza fue el centro organizador de
las ofensivas contra la comarca de las Cinco Villas y el noroeste de
Aragón. Expulsadas las tropas del archiduque tras la batalla de Almansa
(1707), Aragón vio como eran suprimidos sus fueros e instituciones con
el Decreto de Nueva Planta;; todavía Felipe V tuvo que retirarse de la
ciudad en 1710, pero la recuperó definitivamente a finales de año. El
consejo de Aragón fue incorporado al de Castilla y se introdujo
impuestos castellanos como las alcabalas; el reformismo borbónico, no
obstante, se apoyó a lo largo del s. XVIII en una serie de políticos e
intelectuales de la región: Aranda, Luzán, Piquer, y en la Real Sociedad
Económica de Amigos del País. La apertura del Canal Imperial (1788)
mejoró el regadío aragonés.
La guerra de la Independencia (1808-1814) afectó profundamente a Aragón,
como zona inmediata de paso entre Francia y el interior de la Península;
las derrotas españolas en el valle del Ebro colocaron a Zaragoza en
estado de sitio desde junio de 1808, que se intensificó el año siguiente
con la llegada de nuevos ejércitos y la caída de otras ciudades
aragonesas (Calatayud, Huesca); a pesar de la heroicidad de sus
defensores (Palafox, Agustina de Aragón), la ciudad cayó en febrero en
manos francesas. Los aragoneses prosiguieron la guerra mediante la
táctica de guerrillas, más móviles que el ejército francés: Pedro
Villacampa en Teruel y Calatayud, Felipe Perena en el Cinca, y otros (el
Empecinado atacó Calatayud en 1811); entre 1813 y 1814, finalmente, el
territorio aragonés pasó progresivamente a manos españolas: Zaragoza fue
tomada en julio de 1813.
Edad Contemporánea
Tras la muerte de Fernando VII, el levantamiento carlista
contra el nombramiento de Isabel II como heredera del trono encontró
importante apoyo en el Bajo Aragón, en el que se había extendido el
descontento hacia el gobierno vigente; desde 1833 se organizaron
diversas partidas no demasiado numerosas y de corto alcance,
lideradas por cabecillas con prestigio: Carnicer, Conesa, Quílez. A
partir de 1835 Cabrera quedó como Comandante General del Bajo Aragón,
la principal autoridad carlista en Aragón y Valencia hasta el fin de
la guerra; se estructuraron las partidas con la consistencia de un
ejército y gran parte de la provincia de Teruel quedó bajo dominio
carlista, con algunos lugares clave para el abastecimiento y la
obtención de información sobre el enemigo, como Beceite y Cantavieja.
En 1837, la "Expedición Real", que pretendía coronar a d. Carlos en
Madrid, cruzó la provincia de Huesca desde Navarra, derrotando en
Huesca y Barbastro a las tropas liberales; tras descender por
Cataluña y Valencia, atravesó de nuevo Aragón por Teruel, camino de
Castilla, a lo largo del Jiloca. Desde 1838 fueron numerosas las
acciones carlistas sobre las ciudades del sur del Ebro, pero en 1839
Espartero les confinó en el Maestrazgo, tras una línea de
fortificaciones, y la ofensiva liberal desde el norte y el sur les
rindió en 1840.
En la época de la Restauración borbónica, la
alternancia en el poder de liberales y conservadores sólo tendió a
cumplirse en Aragón durante el reinado de Alfonso XII (1874-1885) y
los primeros años de la Regencia, deteriorándose visiblemente
después; la región registró cierta polarización de tendencias:
Huesca fue predominantemente liberal, mientras que Teruel se decantó
por los conservadores; Zaragoza, por su parte, registró una
presencia igualada de las dos fuerzas políticas, además de otras,
como republicanos, regionalistas y social-católicos que no tenían
representación en otros lugares. La estabilidad de la época permitió
la reconstrucción económica: en Aragón, el campesinado pudo acceder
a la propiedad de la tierra en mayor medida que en otras regiones
españolas; se extendió el regadío, que recibió la atención constante
de reformadores como Joaquín Costa y Lucas Mallada (en 1902 se
aprobó el Plan Nacional de Obras Hidráulicas y en 1926 se crearon
las Confederaciones Sindicales Hidrográficas, para un
aprovechamiento coordinado del agua), y sobre él se desarrolló una
importante industria agroalimentaria, con el azúcar (que permitió la
creación de una banca autóctona aragonesa -en 1876, el Banco de
Crédito de Zaragoza-, la harina y el aceite como productos básicos.
Zaragoza se convirtió en un importante nudo ferroviario, que
comunicaba con Francia, Barcelona y Tarragona, Valencia y Sagunto,
Madrid y Valladolid, y Pamplona y Logroño; la red eléctrica, aunque
se retrasó hasta finales de los años 90, aunque el uso mayoritario
del sistema hidráulico lo extendió rápidamente.
La tendencia
política de finales del s. XIX y principios del XX se repitió
durante las elecciones bajo la II República; repartido casi por
igual entre el Frente Popular, que triunfó en Huesca y Zaragoza, y
la CEDA , que obtuvo la victoria en Teruel, con una leve presencia
Radical en Daroca. La sublevación del Ejército en 1936 se hizo con
el control inicial de todo Aragón, aunque milicias populares
recuperaron a finales del verano la mitad oriental de la región; el
frente se mantuvo estable durante dos años, dividiendo en dos
mitades verticales Aragón, que sufrió las peores batallas de la
Guerra Civil. En la zona republicana, sindicalistas y anarquistas
establecieron el colectivismo, eliminando a sus propietarios; pero
escaparon al control del gobierno y Negrín las disolvió con el apoyo
de los comunistas. El frente se rompió cuando el ejército
republicano atacó sin éxito Huesca, pero rindiendo Belchite y Teruel
en dura batalla (1937); pero la estrategia del ejército franquista
de separar en dos la zona republicana dirigiéndose hacia el
Mediterráneo concentró sus esfuerzos en el Ebro, y la reconquista de
Teruel en 1938 derrumbó la defensa republicana (toma de Belchite,
Alcañiz, Fraga al norte); hacia mayo casi toda la región estaba
ocupada. La guerra destrozó la infraestructura económica, además de
las pérdidas humanas; la reconstrucción se inició lentamente,
primero, para tomar velocidad después: se incidió de nuevo en los
sistemas de regadío, con la inauguración del pantano de Yesa y el
canal de las Bárdenas (1959); Zaragoza se convirtió en el foco
industrial de toda la región, afectada de una intensa emigración
hacia las capitales circundantes: Madrid, Bilbao, Barcelona y
Valencia.
La Comunidad Autónoma actual
Aragón manifestó su autonomía en diciembre de 1977, cuando se
redactó el Estatuto de la Comunidad, que no se aprobó
definitivamente hasta el 10 de agosto de 1982. El órgano de poder
ejecutivo, se instituyó provisionalmente en 1978, y en 1983 se
celebraron las primeras elecciones a Cortes. Las Cortes de Aragón,
con residencia en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, están
integradas por 67 diputados representantes del pueblo aragonés;
ejercen el poder legislativo, aprueban los presupuestos regionales y
controlan la acción de la Diputación. El Tribunal de Justicia de
Aragón -institución de origen medieval- tiene la función de defender
los derechos de los aragoneses y tutelar el ordenamiento jurídico
aragonés. La Diputación General de Aragón está compuesta por el
Presidente y los consejeros designados por él; el Presidente es
elegido por las Cortes entre sus diputados, y se ocupa, con sus
consejeros de la acción de gobierno. El principal problema de la
actual comunidad de Aragón es el contraste entre el valle del Ebro (que
centraliza el regadío y las principales actividades económicas -centro
del triángulo de las regiones más industrializadas-, las
comunicaciones, y la población en la capital de la región, Zaragoza)
y los rebordes montañosos en las provincias de Huesca y Teruel,
rurales y despobladas que, no obstante, forman parte del patrimonio
natural y artístico de Aragón.
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Aragón
Las manifestaciones artísticas en Aragón son reflejo de su proceso
histórico y, por tanto, más ricas en momentos de mayor gran
protagonismo de la región. Es poco lo que se conserva de época
romana y visigoda: villa Fortunatus en Fraga o el templo-mausoleo de
Lucio Emilio Lupo en Fabra (Zaragoza), y algunos arcos de herradura
en San Juan de la Peña.
Del periodo árabe son las mezquitas de Huesca y Zaragoza, la
influencia musulmana en campanarios pirenaicos y, sobre todo, la
Aljafería de Zaragoza, reconstruida hacia 1047 por al-Muqtadir.
Los estilos más característicos de la región son el románico al
norte, y el mudéjar al sur: el románico, procedente de Cataluña, se
manifiesta en la catedral de Roda (1056-67) y la de Jaca, la más
representativa, foco de una escuela arquitectónica y escultórica.
San Juan de la Peña (1080) destaca por su ubicación injertada en la
roca. Loarre es uno de los primeros castillos románicos. El románico
del s. XII encuentra su modelo en el monasterio de Santa María en
Santa Cruz de la Serós. La escultura románica ofrece imágenes de
Cristo y la Virgen casi en exclusiva. En el siglo XIII aparecen los
primeros arcos apuntados y se desarrolla el mudéjar (S. Pablo de
Zaragoza), con la culminación de este estilo entre los s. XIV y XV:
San Andrés y Santa María en Calatayud, la Parroquieta de la Seo de
Zaragoza y las cuatro torres mudéjares de Teruel; son especialmente
interesantes los artesonados de madera de la catedral de Teruel, o
la capilla del castillo de Mesones en la Parroquieta.
El
mejor representante del gótico -poco extendido- es la catedral de
Huesca, la de Tarazona, y algunos monasteros cistercienses; el más
destacado escultor es Juan de la Huerta, compañero de Claus Sluter,
que realizó el retablo de los Corporales en Daroca. El plateresco es
poco empleado en edificios completos, más frecuentemente se
encuentra en portadas que cubren edificios más antiguos. Forment fue
el autor del retablo mayor del Pilar y del de la catedral de Huesca,
iniciador de una larga escuela. El barroco no fue muy seguido: la
iglesia de las Escolapias de Zaragoza posee además pinturas de
Claudio Coello; este comienza la escuela que culmina en los hermanos
Bayeu y los frescos de Nuestra Señora del Pilar. La obra más
representativa del neoclásico es también el símbolo de Zaragoza: la
Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Son atractivos los grandes
grupos escultóricos de la Asunción, en diversas iglesias. En
pintura, es de nuevo la Basílica del Pilar la mejor muestra, con
frescos de Bayeu, el conocido Francisco de Goya, y González
Velázquez. A partir del s. XIX, cambia la orientación del arte y de
la cultura; las viejas formas se utilizan con funciones diferentes,
sustituidas luego con el uso de nuevos materiales, como el hierro.
Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2004.
El himno de Aragón - Historia
Según
la Ley 3/1989, de 21 de Abril, la Comunidad de Aragón cuenta con su
propio himno.
La letra es de los poetas aragoneses Ildefonso Manuel Gil López (Poeta
y novelista, nace en Paniza (Zaragoza) en 1912. Licenciado en
Derecho por la Universidad de Madrid y doctor en Letras, impartió
clases de filosofía en la Universidad de Zaragoza, y literatura
española en Nueva York. Considerado patriarca de las letras
aragonesas, Ildefonso Manuel Gil, fallece el lunes 29 de Abril de
2.003, en su domicilio de Zaragoza), Angel Guinda( Ángel Guinda
nació en Zaragoza el 26 de agosto de 1948.), Rosendo Tello(nace en
Letux-Zaragoza, 1931. poeta y ensayista) y Manuel Vilas(nace en
Barbastro, Huesca, España, 1962). La música fue compuesta por el
maestro, aragonés también, Antón García Abril (nace en Teruel en
1933, Su obra sinfónica es muy extensa, abarcando la mayoría de las
Formas Musicales: ópera, obras para orquesta, cantatas, conciertos,
( violín, piano, guitarra, violonchelo, flauta, dos pianos), música
de cámara, destacándose en esta última, sus numerosos ciclos de
canciones inspirados en los más prestigiosos poetas españoles; está
en posesión de numerosos galardones y premios).
La letra del
himno es la siguiente:
Nos ha llevado el tiempo al confín de los sueños.
Un nuevo día tiende sus alas desde el sol.
Oh tambores del cierzo, descorred ya las nubes,
y a las cumbres ascienda la voz.
El paso de los siglos trazó su destino
que llama a la justicia y a la libertad.
Germinarán los campos, abiertos a sus cielos,
con la verde espiga, los racimos de oro
y el inmarchitable olivo de la paz.
¡Luz de Aragón, torre al viento, campana de soledad!
¡Que tu afán propague, río sin frontera, tu razón, tu
verdad!
Vencedor de tanto olvido, memoria de eternidad,
pueblo del tamaño de hombres y mujeres, ¡Aragón, vivirás!
Resplandece el tiempo;
llega ya la edad,
para que la piedra
sea manantial,
de enlazar nuestras vidas
y entonar las voces.
Desde las blancas cimas donde duerme la nieve
hasta los llanos rojos que mece el aire azul,
un claro cielo enciende, con la frente en el agua,
sus coronas radiantes de luz.
Abramos las ventanas, que cante la noche,
y al ritmo de la vida, en rueda de amor,
se estrecharán las almas, cogidas de la aurora.
Brille la esperanza, se abran los caminos
en la tierra grave como un corazón.
¡Luz de Aragón, torre al viento, campana de soledad!
¡Que tu afán propague, río sin frontera, tu razón, tu
verdad!
Vencedor de tanto olvido, memoria de eternidad,
pueblo del tamaño de hombres y mujeres, ¡Aragón, vivirás!
¡Tierra abierta, pueblo grande, Aragón!
¡Patria mía, patria mía, Aragón!
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Aragón
La Princesa Pyrene
Túbal, el
mitológico nieto de Noé y primer poblador de la península, tenía una
hija, Pyrene, dotada de todas las gracias de la feminidad. La fama de su
belleza llegó a oídos del horrible Gerión, monstruo de tres cabezas y
pastor de brutales costumbres, que decide hacerla su esposa. Pero Pyrene
se niega a los deseos del pastor y huye hacia el Norte, ocultándose en
un monte cerca del Mediterráneo. Gerión la busca enfurecido por entre
las cuevas y revueltas del monte y al fin, desesperado por no
encontrarla, decide prender fuego al monte.
Por aquel
entonces Hércules volvía a Italia tras cumplir uno de sus trabajos,
cuando observó la enorme humareda que se elevaba al norte. Al acercarse
oyó los gritos pidiendo auxilio de la desesperada Pyrene, pero cuando
llegó a rescatarla ésta ya estaba agonizante. Sin embargo, aún tuvo
tiempo de contarle su historia.
Hércules
decidió enterrarla en aquél mismo lugar, preparándole un colosal
mausoleo en honor a su belleza y su valor. Así, cogiendo las rocas del
incendiado monte, fue montando unos sobre otros los enormes peñascos
hasta formar la hermosa cordillera que, en recuerdo de la hija de Túbal,
se llamaría Pirineos
La Leyenda de la Campana de Huesca, aparece
por primera vez en la Crónica de San Juan de la Peña (siglo XIV). En
esta Crónica se cuenta que los nobles aragoneses desobedecían a su rey,
Rarniro II el Monje (que fue rey de Aragón entre 1134 y 1137), teniendo
aquellos al reino sumido en el desorden. El monarca decidió entonces
pedir consejo al que había sido su maestro en el monasterio francés de
San Ponce de Torneras, en el que Ramiro había sido monje. Su antiguo
maestro, condujo al mensajero del rey al huerto del monasterio y por
toda respuesta, cortó las coles que más sobresalían diciéndole que
contara a su rey cuanto había visto. Ramiro, al conocer lo sucedido,
comprendió que el huerto simbolizaba su reino y que las coles eran sus
nobles más poderosos. Decidido ya a terminar con la nobleza, el rey
convocó Cortes en Huesca, pretextando para ello que quería hacer una
campana tan grande, que se oyera en todo el reino. Pero cuando los
principales nobles llegaban a palacio, los hombres de Ramiro los
detenían y decapitaban de inmediato. Tras este castigo, Ramiro II
consiguió devolver la paz a su reino.
Los amantes de
Teruel
Cuenta la
tradición que a principios del siglo XIII vivían en Teruel los jóvenes
Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. El trato constante desde
la infancia entre ambos, se convirtió con el tiempo en profundo amor.
Diego solicitó de don Pedro Segura la mano de su hija Isabel. Este
rehusó aceptar alegando la escasez de fortuna del jóven. Diego resolvió
entonces pedir a su amada un plazo de espera para lograr la hacienda
necesaria al deseo de su padre; Isabel le concedió cinco años y él
partió a la guerra.
Llegado el
fin del plazo y como Diego no regresaba, don Pedro apremió a su hija
para que se casara y ésta, viendo que el plazo habia pasado sin tener
noticias de su amante, aceptó.
Diego
regresó cargado de honores y riquezas cuando Isabel pertenecía ya a otro
hombre. El amante, desesperado, se reunió con su amada para despedirse
de ella rogándole que, en prenda de su imposible amor, le diera un beso,
con lo cual se consideraría satisfecho. Isabel, invocando su honestidad
se lo negó y Diego cayó muerto a sus pies.
Durante la
celebración del entierro en la iglesia de San Pedro, todos los
asistentes vieron como una dama encubierta se acercaba al cuerpo
inanimado de Diego y, llegando hasta él, descubría su rostro y lo beaba
quedando allí reclinada. En el momento de iniciarse el entierro, fueron
a rogarle que se retirara viendo entonces que se trataba de Isabel de
Segura quien no obedecía a sus ruegos porque estaba ya muerta.
La Dolores
La historia
de La Dolores se basa en una copla anónima que cuenta las aventuras de
una joven honesta y caritativa que sirve en un mesón de Calatayud.
Seducida por un barbero llamado Melchor es pretendida, a la vez, por
Patricio, un rico mercader y por un sargento petulante llamado Rojas. De
la muchacha se enamora locamente el seminarista Lázaro, sobrino de la
mesonera. La historia termina con la muerte de Melchor al recibir una
puñalada de manos de Lázaro.
La ficción
se mezcla con la realidad y ésta responde a que La Dolores, de nombre
María de los Dolores Peinador Narvión, fue una mujer sumamente bella.
Nació en Calatayud (Zaragoza), el 13 de mayo de 1819, en una distinguida
familia. Al morir su madre le dejó una cuantiosa herencia que el padre
se encargó de administrar. Tras la boda de la joven, en 1839, comenzaron
sus desgracias. Entabló interminables litigios con su padre por la
herencia materna y llevó una desordenada vida matrimonial, por lo que
acabó en la miseria, surgiendo entonces la copla popular. Dolores
Peinador murió en Madrid en agosto de 1894 y fue enterrada en el
cementerio de la Almudena.
La labor de
investigación, que ha permitido conocer la historia de esta desdichada
mujer, ha sido realizada por Antonio Sánchez Portero. En su ciudad
natal, Calatayud, se conserva el Mesón de la Dolores, antes conocido
como Posada de San Antón, y el Museo de la Dolores, en el que se recogen
los recuerdos de la vida de Dolores Peinador hasta convertirse en
leyenda.
El Romero de Loarre
Cuenta la
leyenda que San Demetrio viajaba por la sierra de Loarre acompañado de
una mula ciega. Al pasar por Loarre la mula tropezó en una mata de
romero, cayendo ambos al suelo, con tan mala fortuna que ambos quedaron
heridos de muerta. Pero, San Demetrio, antes de morir dijo que ya nunca
más nacería romero en el monte de Loarre.
Y así
sucedió. Se puede encontrar romero en la muga de otros pueblos, pero no
en el monte de Loarre.
Santa Orosia
Nacida
probablemente en Jaca en el siglo IX, Eurosia (que significa "buena rosa"),
murió a manos musulmanas a orillas del río Basa defendiendo su
virginidad y su fe en Cristo. Sus asesinos la descuartizaron y
abandonaron sus restos en una cueva. Tiempo después, un ángel se le
apareció a un pastorcillo del lugar, y le indicó dónde se hallaban los
restos de la devota y cómo habrían de ser llevados a la catedral de San
Pedro, de Jaca.
Cuando el
pastor llegó a la cueva, sólo halló allí la cabeza y el tronco. La
primera quedó en la iglesia parroquial de Yebra, para ser venerada en el
lugar del suplicio. El tronco, en las alforjas del pastor, tomó el
camino de Jaca. Al paso de la mártir, las campanas de las iglesias de
los pueblos tañían solas, y llovía copiosamente sobre los campos que
agonizaban de sed. En Jaca, las campanas anunciaron su llegada y todo el
pueblo recibió con alborozo su reliquia, haciendo de aquella "buena rosa"
su patrona: Santa Orosia.
La brecha de
Roldán
Roldán,
sobrino de Carlomagno, luchaba en la batalla de Roncesvalles, cuando su
caballo, “Vigilante”, cayó muerto y él atrapado por el peso de su
montura. Carlomagno viendo perdida la batalla y a su sobrino dado por
muerto huye a Francia.
Cuando
Roldán despierta, se encuentra sólo y ayudado por la moche escapa
dirección a Francia hasta llegar a Ordesa. Herido de muerte, sólo desea
volver a ver su tierra.
Cuando ya
se siente acorralado por soldados y perros decide que aunque el no
llegue a su patria, por lo menos su espada “Durandarte” legue a Francia.
De tal modo que levantó su espada y la arrojó con tal fuerza que fuera a
caer al otro lado de las montañas. La espada golpeó contra la roca, la
atravesó y formó una brecha desde donde Roldán vez por última vez su
patria.
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Aragón
Su economía
tradicional, perteneciente al sector primario, con
predominio de los cultivos cerealísticos y forrajeros,
apoyados por una cabaña ovina importante, se ha visto
muy modificada en los últimos años por el ascenso
imparable del sector terciario, donde destaca el
comercio, seguido del turismo. A estos efectos resulta
destacable el papel de Zaragoza y su capacidad comercial
y logística en el sector noreste peninsular.
El PIB de Aragón supone el 3% del PIB total de España,
situándose el PIB per cápita, en el año 2005, en 22.403
€. La empresa Opel (General Motors) tiene una planta
situada cerca de la ciudad de Zaragoza, en el municipio
de Figueruelas. Existen otras empresas importantes en
generación eléctrica como Endesa con su Central Térmica
Teruel, en Andorra; la papelera SAICA, en Zaragoza; o la
maderera de Cella, la tercera de Europa.
Sus productos tradicionales son ya conocidos a nivel
internacional, destacando el Ternasco de Aragón, los
vinos del Somontano, el Jamón de Teruel, el aceite de
oliva del Bajo Aragón, el Melocotón de Calanda y la
almendra. Las denominaciones de origen existentes les
han ayudado a abrir nuevos mercados internacionales como
Japón o Estados Unidos además de Europa.
El futuro se perfila hacia el crecimiento del sector
terciario, el mantenimiento del secundario, y la
reducción paulatina del terciario, al igual que la
mayoría de las economías occidentales. Como actividades
económicas importantes destaca el crecimiento del
turismo deportivo, potenciado a través de Aramón, es
decir, el conjunto de las estaciones de esquí; si bien
se está desarrollando un fenómeno reciente facilitado
por la mejora de las comunicaciones por carretera (Autovía
Mudéjar), como es el turismo cultural, donde la ciudad
de Teruel se está convirtiendo en un centro de atracción
a nivel nacional, gracias a su patrimonio histórico (el
Mudéjar), el parque temático Dinópolis y su cercanía a
Albarracín.
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Aragón
La
Comunidad Autónoma de Aragón se halla situada en el cuadrante
nordeste de la Península Ibérica y comprende las provincias de
Huesca, Teruel y Zaragoza. Tiene una superficie de 47.645,8 Km2. que
representa el 8,6% del total de España y el 1,5% del territorio de
la Unión Europea (Cuadro 1).
Su orografía delimita tres zonas claramente diferenciadas: la
cordillera pirenaíca al norte, el Sistema Ibérico al Sur, y la
depresión del Ebro en el centro de ambas. La altimetría es muy
variable, yendo desde los 190 a los 3.000 metros, lo cual tiene un
efecto importante en la definición del clima, caracterizado éste por
grandes contrastes térmicos, vientos fríos y secos y una escasa e
irregular pluviometría. En la zona central de la depresión del Ebro,
donde se asientan gran número de cultivos, las precipitaciones no
alcanzan los 350 mm.
La comunidad aragonesa tiene 729 municipios (Cuadro 2), distribuídos
así: 202 en Huesca, 236 en Teruel y 291 en Zaragoza. Una
característica del tejido municipal es el desequilibrio de su tamaño
poblacional, debiendose resaltar que de un total regional en torno a
los 1.200.000 habitantes, la mitad reside en la capital de Zaragoza
y el segundo núcleo -Huesca- pasa a tener solo un censo algo
superior a los 45.000, lo que da una idea exacta de la ausencia de
jerarquía urbana en la comunidad. Del conjunto de 729 municipios
aragoneses, únicamente 20 superan los 5.000 habitantes, y en el otro
extremo el 70% de ellos tienen menos de 500 habitantes.
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Aragón
La
Comunidad Autónoma de Aragón cuenta con ocho espacios protegidos,
uno de los cuales está declarado Parque Nacional, el Parque Nacional
de Ordesa y Monte Perdido, en Huesca.
En conjunto los espacios protegidos aragoneses ocupan una superficie
aproximada de 102.489 ha, y son los siguientes:
-
El
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se encuentra en la
provincia de Huesca. Se trata del macizo calizo más alto de toda
Europa y está dominado por el Monte Perdido del que nacen los
cuatro valles principales: Ordesa, Añisclo, Escuain y Pineta. El
paisaje es grandioso y está cubierto de nieve gran parte del año.
En él se aprecian las huellas de los grandes glaciares en forma
de circos convertidos en lagos o glaciares suspendidos.
La vegetación es muy variada y se encuentran formaciones que van
desde las de ribera y ambientes húmedos hasta los prados alpinos;
también se encuentran representados los bosques de encina, roble,
pino silvestre, haya, abeto y pino negro. En este entorno vive
una especie en peligro de extinción, el quebrantahuesos. Otra de
las especies propias de este hábitat ya extinta es el bucardo.
También habitan truchas, desmanes y tritones en las aguas frías;
mientras que en los bosques se refugian el jabalí, el zorro, el
armiño y la marmota. Las aves están representadas por el águila
real y la perdiz nival.
-
El
Parque Natural de la Dehesa del Moncayo se encuentra en el
provincia de Zaragoza y es un claro ejemplo del paisaje de
montaña ibérico. Se extiende desde la cota de los 900 m de
altura hasta el cerro de San Miguel (2.316 m). A lo largo de
este desnivel se desarrolla una vegetación muy variada de
encinares, robledales, hayedos, pinares y piornales.
La gran riqueza de vegetación favorece la existencia de una
fauna muy variada, entre los que destacan la perdiz pardilla, el
buitre leonado y el águila real.
-
El
Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara se encuentra en
la provincia de Huesca. Se trata de un extenso parque
prepireanico que se extiende a lo largo de las sierras de Guara,
Gabardiella, Arangol, Balcés y Sevil y los cañones de los ríos
Fulmen, Guatizalema y Alcanadre o Vero, que cortan las sierras
mediante profundos barrancos casi inaccesibles, donde se
practica el barranquismo.
En cuanto a la vegetación, en las zonas de sol crecen encinares
y quejigales, mientras que en la umbría se desarrollan los
robledales. En las paredes rocosas viven diversas rapaces.
-
El
Parque Natural de Posets-Maladeta está situado en la provincia
de Huesca, en el Pirineo central. Se extiende desde el fondo del
valle hasta la cima del pico Aneto; en este territorio se
encuentran varios macizos de gran altura como el de la Maladeta.
En esta zona es donde el relieve glaciar ha dejado su huella más
profunda.
Además de poseer los glaciares más extensos del Pirineo, cuenta
con numerosos ibones. Hasta los 2.300 m de altura hay hayedos y
pinares de pino silvestre y de pino negro. Más arriba se suceden
los prados alpinos, los roquedos y las nieves a lo largo de todo
el año, en donde viven el sarrio, la marmota y la perdiz nival.
-
La
Reserva Natural de los Galachos de la Alfranca de Pastiz, la
Cartuja y el Burgo de Ebro está situada en la provincia de
Zaragoza. Se trata de un tramo del valle del Ebro en el que se
encuentran meandros abandonados, también llamados galachos, que
son uno de los ecosistemas ribereños mejor conservados. En los
sotos y en las zonas húmedas hay una importante colonia de
garzas y en invierno se ven concentraciones de anátidas y
paseriformes.
-
El
Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno se encuentra en la
provincia de Teruel, en las sierra de Albarracín y se extiende
por los municipios de Albarracín, Bezas y Gea de Albarracín.Se
trata de un extenso pinar de pino rodeno situado sobre
espectaculares formaciones de areniscas rojas y conglomerados.
-
El
Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos está situado en la
provincia de Huesca, en el Pirineo entre los valles del río
Gallego y del Noguera Ribagorzana. Se conservan masas
permanentes de hielo y formas glaciares singulares: circos,
lagos, valles en artesa, morrenas, todo ello junto a una flora y
fauna propias de la zona.
-
El
Sitio Nacional de San Juan de la Peña está situado en la
provincia de Huesca. Es conocido por albergar el monasterio de
San Juan de la Peña, el templo aragonés más importante de la
Alta Edad Media. Forma un destacado ecosistema de montaña media.
En las zonas con más sombra se encuentra una densa masa forestal
en la que se mezclan el pino silvestre, el haya, el abeto y el
tilo. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006
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Nombre oficial:
Comunidad Autónoma de Aragón. División administrativa:
Tres provincias. Capital: Zaragoza. Extensión:
47.720 km².
Población
Población: 1.204.215 (2001)
Natalidad: 9.937 (2000) Mortalidad: 12.484 (2000)
Crecimiento vegetativo: -2.547 Residentes extranjeros:
7.590 (2000) Gentilicio: aragonés.
Desarrollo económico y laboral
PIB a precios
de mercado: 18.877 millones de € (2000) Índice de
bienestar: 6 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 503.500 (2001) Población inactiva:
490.900 (2001) Población ocupada: 467.100 (2001)
Población parada: 36.400 (2001) Tasa de paro: 7,2 %
(2001) Paro registrado: 35.267 (2001)
Administración y gobierno
Estatuto de
autonomía: LO 8/1982, de 10 de agosto (BOE nº195, de 16
de agosto de 1982). Reformado por LO 6/1994, de 24 de
marzo y por LO 5/1996, de 30 de diciembre.
Órganos
autonómicos:
Ejecutivo: Diputación General de Aragón.
Presidente: Marcelino Iglesias Ricou. Legislativo:
Cortes de Aragón: 67 diputados. Judicial: Tribunales
Superiores de Aragón. Partidos políticos con
representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de
2003): PSOE: 27 escaños; PP: 22 escaños; Partido
Aragonesista (PAR): 8 escaños; Chunta Aragonesista
(CHA): 9 escaños; IU: 1 escaño. Funcionarios de la
administración pública (año 2001): 77.231 Admón.
Estatal: 38.667 Admón. Autonómica: 23.448 Admón.
Local: 11.692 Universidades: 3.424 Enlaces en
Internet: http://www.aragob.es; Página oficial de la
Diputación General de Aragón. http://www.cortesaragon.es;
Página oficial del Parlamento de Aragón.
Otros datos de interés o curiosidades
Fiesta autonómica: 23
de abril, Día de Aragón.
Fuente de algunos de estos
artículos:
ENCICLONET - La
Enciclopedia Universal
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