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Alameda de Hércules
La Alameda de Hércules
es un importante paseo de Sevilla, cercano por un lado al río
Guadalquivir y por el opuesto al barrio de la Macarena y situado
cerca del centro comercial de la ciudad.
En 1876 los pedestales
de las columnas se protegieron del público con verjas. En 1885
fue colocada junto a las columnas de los leones una fuente de
mármol, conocida popularmente como "la Pila del Pato", que se
encontraba en el siglo XVI en la Plaza de San Francisco, detrás
del Ayuntamiento. Esta fue luego trasladada a otro lugar de la
ciudad y actualmente está en la plaza de San Leandro. En sus
cercanías, en la calle dedicada al Conde de Barajas, se
encuentra la que fue vivienda durante una temporada del escritor
romántico Gustavo Adolfo Bécquer. Antigua Audiencia
La Antigua Audiencia
es un edificio de la ciudad española de Sevilla. Supone el mayor edificio de cuantos se levantaron en España en el siglo XVIII, y uno de los más grandes esfuerzos constructivos de nuestra historia después del realizado en la construcción del Monasterio del Escorial. Su construcción fue larga y costosa, aunque su rentabilidad a la corona compensó la enorme inversión que supuso. Este inmenso edificio, que desde 1955 es sede de algunas facultades de la Universidad de Sevilla, se inicia en 1726 con trazas probablemente del ingeniero Ignacio de Sala, el primer arquitecto que aparece al frente de las obras y que dirigió hasta el año 1731. Después el arquitecto del edificio es Diego Bordik, quien se ocupó de continuarlo hasta 1737. Finalmente, Sebastián Van der Bosch lleva a término la obra, entre 1750 y 1757. Ajeno a la mentalidad del barroco sevillano de la época, este edificio muestra la estética conservadora y clasicista de la arquitectura borbónica “oficial”, aunque en detalles decorativos del interior y en su portada principal se advierte el sello y la impronta del arte local. Su estructura se desarrolla en planta rectangular, y en su origen estaba rodeado por un enorme foso que defendía el acceso desde el exterior; del que se conservan en la actualidad tres de sus lados. Todo el conjunto se realizó en cantería excelentemente aparejada, resultando así una obra acabada y perfecta, que hoy muestra íntegra gran parte de su aspecto original. Su dilatado espacio consta de dos unidades iguales a través de un eje de simetría que corre por una línea continuada de vestíbulos y patios, y que vincula las fachadas norte y sur. Las alas laterales se distribuyen en torno a varios patios menores que iluminan las dependencias interiores del edificio. Un tercio del espacio total del edificio, el ubicado en la fachada principal, se reservaba a funciones burocráticas, administrativas y a vivienda de los principales funcionarios; el resto se dedicaba a las funciones de elaboración del tabaco. Así en sus plantas se distribuían molinos, prensas, almacenes y salas de manufactura, quedando los secaderos en la superficie superior de las terrazas; los molinos y prensas, movidos por tracción animal estaban en planta baja, donde asombra el inmenso grosor de los muros, justificado por la necesidad de mantener en el interior un grado determinado de humedad que proporcionaban canales subterráneos, la mayor parte naturales, y que luego se distribuían por corrientes de aire estratégicamente dispuestas a través de corredores. Al exterior sus cuatro largas fachadas van marcadas por un ritmo decididamente horizontal, articulado a base de pilastras entre las que se sitúan amplios ventanales cuya única decoración es el sobrio frontón triangular en los del segundo cuerpo. Tras la escueta línea del friso superior se levanta una balaustrada coronada de soberbios pináculos y florones que poco alivian la horizontalidad del conjunto; sólo las portadas que se abren al frente de cada uno de sus lados rompen esta monotonía; pero tres de ellas son modernas, labradas hacia el año 1955, cuando el edificio se convierte en la Sede de la Universidad de Sevilla.
La portada principal,
situada en el centro de la calle San Fernando, muestra en su
virtuosismo escultórico y en su espectacularidad las
características propias del brillante barroco local. Obra de
Cayetano de Acosta, se levanta en dos cuerpos de altura y se
remata con frontón triangular partido que alberga en su tímpano
un aparatoso escudo real sobre el que sitúa la imagen de La Fama,
hoy símbolo de la universidad hispalense. Ambos cuerpos se
elevan con columnas pareadas separadas por el solemne balcón
central, en cuyo dintel figura la inscripción que señala el año
de la terminación del edificio, 1757, durante el reinado del
monarca Fernando VI.
Casa
consistorial de Sevilla Palacio Arzobispal Este Palacio Arzobispal se levanta sobre el antiguo palacio que se edificara como sede del obispo de Segovia Don Remondo de Losana, nombrado primer obispo de Sevilla, sobre unas casas cedidas en 1.252 por el rey Fernando III El Santo tras la conquista de la ciudad en 1.248; casas que estaban construidas sobre edificaciones almohades, a su vez levantadas sobre un conjunto termal de época romana hallado a un nivel más profundo. Del palacio construido para Don Remondo no queda prácticamente nada; a lo largo de los siglos el edificio se va ampliando hasta que a mediados del XVI unas reformas lo dejan según el concepto estructural con que aparece en la actualidad, y que responde a los cánones tradicionales del palacio andaluz, que reparte sus dependencias alrededor de dos amplios patios principales unidos por un cuerpo central donde sitúa su escalera principal, y que es lo que aparece a primera vista desde el exterior. Con una extensión de más de 6.500m2 y ocupando casi toda una manzana, presenta dos amplias fachadas abuhardilladas con altos y bien proporcionados huecos entre pilastras y elegantes molduras, donde se combinan los clásicos colores sevillanos de albero y sangre de toro; y en ellas, la situada frente a la plaza Virgen de Los Reyes centra una magnífica portada en dos cuerpos, obra de Lorenzo Fernández de Figueroa y Diego Antonio Díaz, construida en el siglo XVIII, considerada de las mejores del barroco sevillano. Del interior destaca su majestuosa escalera central realizada en mármoles de colores en un solo tiro y tres tramos, diseñada en el s. XVII por Fray Manuel Ramos y decorada con pinturas atribuidas a Juan de Espinal; así como la fuente del segundo patio, obra del siglo XVI. Y toda su valiosa colección de obras de arte, pues en la actualidad este palacio es la tercera pinacoteca de la ciudad, tras el Museo de Bellas Artes y la propia Catedral, con una importante serie de pinturas y esculturas repartidas por todo el palacio, que incluye obras de grandes autores como Francisco de Herrera El Viejo, Francisco Pacheco, Zurbarán y Murillo, entre otros. En especial destaca su Salón Principal, cuyo techo se encuentra decorado con setenta lienzos con temas de exaltación de la Iglesia Católica. Durante la ocupación francesa por las tropas napoleónicas, el palacio fue utilizado como Comandancia General del ejército y residencia del propio mariscal Soult y sus oficiales en la ciudad, sufriendo además y como en tantos otros casos, el expolio de gran parte de sus obras de arte. Como anécdota cabe decir que el lienzo “La Virgen entregando el rosario a Sto. Domingo”, obra temprana de Murillo, no se la llevaron al no saber reconocer en él la mano del maestro sevillano. Años más tarde fueron los Duques de Montpensier, recién llegados a la ciudad, los que vivieron en este palacio ocasionalmente mientras se realizaban las obras en su futura residencia, el Palacio de San Telmo. Como curiosidad, citar que hay una réplica de este palacio Arzobispal en Umbrete, población cercana a la capital, usada como residencia estival de los antiguos arzobispos. Bien de Interés Cultural, hoy es Monumento Nacional según aparece reflejado en el B.O.E. desde el año 1.969. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano. Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de Cazalla de la Sierra La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de Cazalla de la Sierra se levanta en la parte más alta de la ciudad, adosado junto a una puerta de las antiguas murallas almohades que rodeaban la primitiva villa. Construida inicialmente en estilo mudéjar, este templo, uno de los más destacados de la arquitectura sevillana, posteriormente fue ampliado durante el s. XVI debido al auge económico que por entonces vive la ciudad, ya con un lenguaje plenamente renacentista, que no obstante respetó en gran medida la traza original. No hay noticias ciertas sobre los maestros que acometieron esta gran reforma que no llegó a finalizarse y que fue iniciada en el año 1538; aunque debido a la fecha citada, sus características y su calidad técnica y artística se relaciona razonablemente con las intervenciones llevadas a cabo en provincias por los Maestros Mayores de la Catedral Hispalense, Diego de Riaño y Martín Gainza. En dicha reforma, se derriba parte de la obra mudéjar anterior, comenzándose la construcción de un nuevo templo de planta rectangular, muy del gusto renacentista imperante en la época. En el edificio, tal como nos ha llegado hasta hoy y con la superposición de estilos que se van sucediendo a lo largo de su historia, permite apreciar un total de tres fases superpuestas entre sí. Una primera fase mudéjar, con la que originariamente se levanta la iglesia, mantenida en la cabecera y en los pies del templo, que responde al tipo generalizado de las fábricas medievales en toda la comarca, con la disposición clásica de tres naves, torre-fachada y ábside poligonal. El estilo renacentista se muestra fundamentalmente en las reformas interiores que transforman la primitiva construcción medieval y donde sobresalen los grandes pilares con columnas clásicas adosadas y sus remates, derivados de los empleados en la Sacristía Mayor de la catedral de Sevilla, así como el sistema de bóvedas vaídas con casetones, magnífico ejemplo de este tipo de cubiertas, y uno de los mejores del renacimiento andaluz por su extraordinaria factura. Posteriormente, y en el segundo tercio del s. XVIII se acomete en el templo una tercera transformación importante llevada a cabo por Francisco López, donde se cubren con bóvedas de cañón los tramos que restaban por derribar de la antigua iglesia mudéjar de los pies del templo y se levantan sus portadas laterales, ya en claro estilo barroco. Como resultado de todas estas intervenciones, el conjunto aparece como un soberbio templo donde se conjugan distintos estilos, con elementos arquitectónicos muy notables entre los que sobresalen sin duda su torre-fachada, compuesta por dos núcleos claramente diferenciados que incluye una interesante portada ojival, y su magnífico espacio interior renacentista, con la decoración de casetones en las bóvedas y los relieves de apóstoles y santos sobre los entablamentos que coronan los grandes pilares de la iglesia.
Interiormente es muy
notable, además, el Retablo Mayor, fechado en el año 1574 y
realizado por Bautista Vázquez, que conserva interesantes
esculturas y relieves correspondientes al desaparecido retablo
ejecutado por Juan de Oviedo en 1532.
Ateneo
de Sevilla Plaza de España Al mismo tiempo que Barcelona realizaba su Exposición Internacional, en el año 1929, se inauguraba en Sevilla la Exposición Iberoamericana, un evento que tuvo un origen tan dilatado y ampliamente respaldado como aquella. La idea inicial de una Exposición Hispanoamericana fue dada a conocer ya en el año 1910. Para ello, se hizo venir desde Valencia al arquitecto Vicente Rodríguez Martín, para aprovechar su experiencia lograda en la Exposición Regional Valenciana de 1909; y también se llamó a Jean Claude Forestier para que proyectase unos enormes jardines, tomando como base el parque del vecino Palacio de San Telmo, en los terrenos donados a la ciudad de Sevilla en 1893 por la Duquesa de Montpensier. Forestier, abandonando sus ideas de jardinero francés, creó el famoso Parque de María Luisa, entre los años 1911 y 1914, reinventando un estilo andaluz que supo interpretar de manera excepcional, contando siempre con la inestimable colaboración del arquitecto director del certamen, que inicialmente fue Aníbal González Álvarez. El propio Aníbal González proyecta y dirige desde 1914 el interesante conjunto de la Plaza de América, donde se ubican el soberbio Pabellón Real, de estilo neogótico y hoy sede de Servicios municipales del Ayuntamiento, el Pabellón Mudéjar, actualmente sede del Museo de Artes y Costumbres Populares y el Pabellón de Bellas Artes, hoy Museo Arqueológico Provincial. Pero su obra más emblemática es sin duda la Plaza de España, un gran espacio de planta semielíptica, en uno de cuyos frentes mayores crea un espléndido edificio lineal adaptado a la curvatura de la plaza, a lo largo del cual destaca varios cuerpos principales y de mayor altura, y que continúa por los lados menores acabando en dos majestuosas y bellas torres repletas de detalles renacentistas y barrocos, una en cada extremo, envolviendo así gran parte del espacio central, al que se accede desde el frente a la fachada principal. A los pies del edificio diseña una ría paralela a él, que casi rodea del todo a la plaza, dejando libre sólo su acceso frontal. Por encima de ella, cuatro airosos puentes representan los cuatro antiguos reinos de España y conectan la plaza con el edificio y su entorno más inmediato, una inmensa galería de arcos y columnas de exquisita factura. Su construcción, detallista y llena de simbolismos, es un enorme edificio de ladrillo aplantillado perfectamente aparejado que aglutina de modo magistral a los otros materiales claves en la obra, como son las esbeltas columnas de mármol blanco y los bellos remates de variada cerámica policromada traídos desde Triana. Se diseña la Plaza orientada hacia el río, como camino a seguir hacia América, y trataba de simbolizar el abrazo de España con sus antiguas colonias, creando con sus múltiples decoraciones y perfeccionismos uno de los mejores exponentes de la arquitectura regionalista de Andalucía y de toda España. Considerada la obra más costosa de la Exposición, el único elemento ajeno a ella es la fuente central, colocada posteriormente. A lo largo del edificio, en su fachada a la plaza, el espacio se compartimenta en 48 recintos individuales, con bancos y ornamentos de azulejos alusivos a las distintas provincias españolas, donde se incluyen mapas, mosaicos sobre hechos históricos, escudos de cada ciudad, y a los lados, nichos en los cuales se disponían libros sobre la literatura, la historia y el arte de cada una de ellas. Elegida como lugar excepcional de la ceremonia de inauguración de la Exposición, contó para ello con la presencia del rey Alfonso XIII. Hoy el edificio alberga la Delegación del Gobierno central en Andalucía y la Capitanía General de la región militar del Sur. Bien de Interés Cultural, la Plaza de España es Monumento Nacional según consta en publicación aparecida en el BOE en el año 1.981. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Caños
de Carmona
En algunos puntos su
curso movía un número variable de molinos harineros.
Después de ser
descubierto nuevamente tras la demolición del puente que tenía
enterrado uno de los tramos de la arcada, también se dejó
visible una escultura de una Virgen, conocida como “la de
Madejas”, estaba en una hornacina protegida por una tela
metálica y fue saqueada al poco de dejarse a la vista. Ahora
sólo queda como recuerdo un azulejo en su lugar donado por una
hermandad religiosa. Su longitud es de aproximadamente 17,5 km. A unos 12 km. de su remate comenzaba el tramo a cielo abierto aprovechando los desniveles de la zona para suministrarse igualmente. Suministraba un caudal de unos 5000 m³ de agua potable al día. Iglesia de San Juan Bautista - Marchena
Se considera el templo
matriz de Marchena, y es sin duda, uno de los que encierran
mayor valor artístico de toda la provincia de Sevilla. Su fundador fue D. Rodrigo Ponce de León, cuya heráldica figura en el arco triunfal del presbiterio, junto con el de los Pacheco, perteneciente a su esposa. A este período pertenecerían las naves centrales, a las que con el tiempo se añadirían otras dos hasta formar un total de cinco.
La nave central del
templo se cubre con un soberbio artesonado de madera noble con
decoración de lacerías, estrellas y mocárabes, uno de los
mejores ejemplares de tradición mudéjar de toda la zona. De gran interés es el coro, cuya sillería se comienza en 1711, según trazas del ensamblador Juan de Valencia, quien lo acaba hacia 1717, en maderas de cedro y ciprés en dos bandas de asientos completamente tallados con medallones y relieves de santos entre estípites y cortinajes, así como el gran facistol giratorio central. Muy relevante es asimismo, la existencia de dos órganos ubicados en la parte superior del coro. Es sabido que esta iglesia de San Juan tuvo enorme importancia como cátedra musical durante los siglos XVI y XVII, donde desempeñó su ministerio Cristóbal de Morales, maestro de música del Palacio de los Duques de Arcos.
Pero quizás lo más
sorprendente de esta iglesia, está en su Sacristía, situada
detrás de la Capilla Mayor. Construida por los maestros Pedro y
Juan de Rueda y cubierta por un notable artesonado de madera del
siglo XVII, de ella parte su particular Museo, al que se accede
a través de una escalera de caracol del s.XVI. Dicho museo está
formado principalmente por la colección de nueve cuadros del
genial pintor extremeño Francisco de Zurbarán contratados en
1634 y entregados tres años más tarde. Entre los lienzos
expuestos destaca una impresionante Inmaculada donde se observa
el minucioso tratamiento del color y los tejidos que tanta
admiración ha producido en generaciones posteriores.
Casa de
las Sirenas Puerta de Córdoba - Carmona Dada la situación privilegiada de la ciudad de Carmona, su existencia se extiende desde la Prehistoria hasta nuestros días; de ahí que se conserven abundantes testimonios de su pasado. Pero es con el gobierno de Roma cuando alcanza su máximo esplendor; sus huellas aparecen por todas partes: Las Puertas de Sevilla y de Córdoba son de factura romana, así como el recinto funerario o el Anfiteatro. Por Carmona pasaba la Vía Augusta, de la que se conservan algunos restos y un puente. Fuera del recinto amurallado se conserva un sector importante de su magnífica Necrópolis de los siglos I y II, con más de setecientas tumbas excavadas, todo lo cual lo convierte en una ciudad romanizada de primer orden, que llegó a tener incluso el privilegio de acuñar moneda. Situada sobre una altiplanicie desde donde se domina el valle del Guadalquivir, la ciudad romana quedó rodeada por completo por murallas con un perímetro de unos 3 kilómetros. Este recinto amurallado de origen romano, aún se conserva en parte, aunque con modificaciones medievales islámicas y cristianas. Se sabe que la ciudad de Carmona en época romana contó con un total de cuatro Puertas que permitían la comunicación de la ciudad amurallada con el exterior, aunque de ellas sólo permanecen las dos citadas, debido a las numerosas vicisitudes que se dieron en esta tierra a lo largo de la historia. Estas dos Puertas actuales, la de Sevilla y la de Córdoba fueron creadas por el urbanismo romano como entradas principales a la ciudad y estaban conectadas mediante el tradicional “cardo máximo”, constituyéndose así como el principal eje viario de la ciudad. Aún hoy permanece sin cambios importantes este trazado, que permite el acceso a su interior por ambas puertas y su interconexión. La llamada Puerta de Córdoba es uno de los principales símbolos de la grandeza de aquella época. Data del siglo I, y su planta está básicamente construida por un muro recto de sillería almohadillada, de diez metros de altura aproximadamente, flanqueada por dos poderosas torres defensivas de planta octogonal, también de construcción romana y rematadas por almenas. Según las últimas investigaciones realizadas con carácter previo a su restauración se pudo comprobar que en su trazado primitivo contaba con tres arcos de entrada, existiendo otras dos puertas pequeñas laterales, una a cada lado de la central, cegadas en el siglo II a causa de la inestabilidad política de la zona. Esta circunstancia la convierte en la única puerta romana defensiva que respondía a este modelo de tres arcos en toda la península Ibérica. En época de los Reyes Católicos esta Puerta de Córdoba pierde su original función defensiva y con ello su austero aspecto militar, tomando una función fiscalizadora de los productos elaborados fuera de las murallas, y ejerciendo en la práctica como una aduana. Más adelante, en época renacentista se le hacen importantes reformas; y a principios del s. XVII se acuerda añadirle motivos ornamentales tales como escudos y estatuas de mármol, hoy desaparecidos, que aumentaron su monumentalidad y prestancia. Posteriormente, el aspecto barroco se le confirió en tiempos de Carlos II, con las reformas llevadas a cabo en el año 1688. Por último, a finales del s. XVIII se realiza la última intervención importante, a cargo del arquitecto neoclásico local José Echamorro, reedificándose parte del monumento y consolidándose todo el conjunto. En el intradós del vano principal se mantiene un interesante lienzo dieciochesco, que representa a la Virgen de Gracia, patrona de la ciudad. La importancia histórico-arquitectónica de esta Puerta de Sevilla quedó patente con su declaración como Monumento según publicación de La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Casa
del Rey Moro La Giralda La primera Mezquita Mayor de Sevilla, ubicada donde hoy está la Iglesia del Salvador –y de la que aún se conservan su pequeño patio de los naranjos o de las abluciones con sus muros perimetrales y su torre alminar-, pronto se queda pequeña e incapaz de acoger a los cientos de fieles que acuden a ella tras el enorme crecimiento experimentado por la ciudad bajo la época musulmana, y en especial cuando los almohades deciden convertirla en capital de su imperio en la Península. Por ello pronto se decide acometer la construcción de una nueva Mezquita Mayor de grandes proporciones, que ahora se emplaza próxima al río y al Alcázar que se levanta junto a él bien defendido por murallas que llegaban hasta el mismo muelle. De esta gran mezquita –al igual que de la anterior– sólo nos quedan su patio de abluciones con sus muros perimetrales y su torre alminar, aunque aquí con unas dimensiones y proporciones verdaderamente extraordinarias. De construcción almohade, ésta es una gran torre que se levanta con 82 metros de altura, de los cuales dos permanecen enterrados y otros cuatro desaparecieron tras las posteriores reformas cristianas. Se comienza a levantar por deseo del sultán Abu Yacub Yusuf Ad-Almanzor en el año 1184 bajo la dirección del arquitecto Ben Basso, empleándose para su cimentación sillares de piedra procedentes de edificios anteriores, especialmente romanos. La muerte del sultán da un giro a la construcción de la torre, pues su hijo y heredero encomienda la consecución de las obras al también arquitecto Alí de Gomara, quien prefiere continuar con ladrillo y no con sillares de piedra. Según la leyenda se necesitaron grandes plataformas para levantar la torre, hechas con restos de edificios visigodos y romanos tomados de alrededor. Interiormente no tiene escaleras y se cree que sus 35 rampas se crearon para que el anciano primer almuecín pudiera subir a caballo para hacer los azalá o llamadas a la oración desde su terraza superior. También subió a caballo a la torre como señal de victoria Fernando III el Santo, tras su conquista de la ciudad en 1248. El alminar lo formaban dos prismas rectangulares superpuestos coronados por una cúpula y un espigón metálico en el que se insertaban cuatro esferas de bronce dorado, desaparecidos tras el terremoto de 1356. Por su decoración, esbeltez y altura, no existe nada mejor dentro de su categoría y se la considera hermana de la Kotobyya de Marrakech y de la gran torre de la Mezquita de Al Hasan de Rabat. Su posterior transformación se debe al genio del arquitecto Hernán Ruiz II, encargado de llevar a cabo el deseo del Cabildo sevillano cuando, una vez acabada su gran catedral en el solar resultante tras la demolición de la mezquita, en 1.558 decide realizar sobre ella un cuerpo de campanas acorde con la magnificencia del gran templo cristiano. H. Ruiz, continuando la verticalidad de sus muros levanta el cuerpo principal con cinco vanos en cada frente, con carácter plenamente renacentista y perfectamente integrado en el alminar, como si de su prolongación natural se tratara. Y sobre él levanta otros tres más retranqueados sucesivamente hasta llegar al más alto donde se asienta el “giraldillo”, singular veleta giratoria formada por una estatua en bronce de más de 4 metros de altura que representa a la Fe y que acabó dando nombre al conjunto. De esta manera, el autor del campanario cristiano con sus 30 metros de altura sobre la vieja torre almohade quedó consagrado como el mejor arquitecto de su época, maestro entre maestros por su gran sensibilidad artística y sus amplios conocimientos técnicos. El diseño del giraldillo es obra de Luis de Vargas, modelado por Juan Bautista Vázquez el Viejo y fundido por Bartolomé Morel . Quedó instalada en la torre en el año 1568. Bien de Interés Cultural, hoy forma parte del Patrimonio de la Humanidad, según declaración de la UNESCO del año 1987. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Corral
del Coliseo Iglesia de Santa María de Mesa - Utrera La iglesia de Santa María de Mesa de Utrera, ubicada en el centro de la ciudad en un bello entorno de casas solariegas, es un templo que en su construcción original es de traza gótica del siglo XV, pero que en torno a 1600 es sometido a importantes obras de reforma que afectan principalmente a la cabecera de la iglesia y al crucero. Se trata de una iglesia de grandes dimensiones con cinco naves separadas por pilares que soportan arcos apuntados sobre las que descansan las cubiertas de bóvedas nervadas. En su conjunto conjuga formas artísticas tardogóticas y renacentistas con algunos elementos de corte barrocos. Es muy espectacular su magnífica torre-fachada de ladrillo y de forma rectangular situada a los pies de esta iglesia, construida a mediados del siglo XVI en cuatro cuerpos de altura que van disminuyendo en planta según se van superponiendo cada uno sobre los inferiores, los dos últimos acabados hacia el año 1770, dando lugar a una composición muy robusta y equilibrada, de gran sentido ascensorial. Esta torre tiene en su primer cuerpo una gran portada renacentista, obra del arquitecto de origen vizcaíno Martín de Gainza, quien tras la muerte de su maestro y antecesor Diego de Riaño es nombrado Maestro Mayor de la catedral de Sevilla (1535), y que realiza diferentes trabajos en tierras del arzobispado, como es esta iglesia mayor de Utrera, fechada hacia el año 1550. La articulación sin solución de continuidad entre portada y campanario que caracteriza a estas torres-fachadas era una fórmula que ya había sido empleada en algunos templos medievales. La labor de Gainza es actualizarla mediante un “nuevo” lenguaje renacentista. Para su composición en esta iglesia, la denominada Portada del Perdón la dispone enmarcada entre dos potentes balaustres de piedra rematados por un frontón triangular en cuyo centro se incluye un espléndido y profundo arco abocinado con sus jambas y trasdós minuciosamente labrados con figurillas enmarcadas en una perfecta cuadrícula renacentista. Ya en el centro del muro, la puerta adintelada se cierra con una sencilla cartela decorada con grutescos que a su vez se rodea de hornacinas con figuras religiosas y un relieve de la Virgen entre ángeles. Esta decoración clásica y menuda contrasta con el paramento liso del resto de los dos siguientes cuerpos de la torre, sólo horadados por dos óculos en su parte superior, obra de Hernán Ruiz II del tercer cuarto del s. XVI, y a los que posteriormente se le añadieron los dos cuerpos restantes del conjunto, de factura barroca y fechados hacia el año 1775. Cuenta esta iglesia con un gran Retablo Mayor, concertado por Martín Moreno en 1662 y terminado años después por Francisco Ballesteros. Presenta relieves con escenas de la vida de la Virgen y del martirio de los santos locales Estrabón y Artemidoro, además de esculturas de san Pedro y san Pablo. En un lateral se encuentra la figura orante de don Diego Ponce de León, fundador y patrono de una de las capillas, obra del s. XVI.
El coro, situado a los
pies de la nave central y con más de cincuenta asientos
repartidos en dos alturas es obra de Felipe del Castillo de
1774, decorada con medallones de santos y articulado por
estípites. También de esta época es el órgano ornamentado con
temas florales y ángeles, muy del gusto rococó. En su rico
patrimonio mobiliario hay que destacar el retablo de la Capilla
del Sagrario, una importante colección de platería y la Custodia
procesional, todo ello del siglo XVIII
Palacio
de San Telmo
Entre ellos hay tres
que son sevillanos de adopción, pues no nacieron en Sevilla,
aunque vivieron y murieron en ella, son: Arias Montano -de
Fregenal de la Sierra-, Rodrigo Ponce de León -de Cádiz- y Juan
Martínez Montañés -de Alcalá la Real-. Palacio de los Marqueses de Peñalor - Écija Al igual que sucede en otras poblaciones de Sevilla como Osuna o Estepa, la ciudad de Écija se ve envuelta en un importante auge económico y social durante el siglo XVIII debido en parte a la eficaz política agraria de los Borbones que anima al establecimiento en el lugar de una amplia nobleza rural de carácter terrateniente. Aquí, además de un marcado desarrollo de la arquitectura religiosa que llega a alcanzar cotas de calidad y cantidad difícilmente superables, se produce también una intensa actividad constructiva de carácter civil que hace posible la existencia de un conjunto de palacios pertenecientes a la alta aristocracia que gustaba de presumir en sus suntuosas fachadas su poder económico y la grandeza de sus blasones. Este enorme patrimonio le valió a la ciudad la justa consideración de Conjunto Histórico-Artístico a nivel nacional en el año 1.966. Entre los grandes palacios que conserva la ciudad está el de los marqueses de Peñaflor, construido en torno a 1726. Su planta es marcadamente alargada y la alineación de su fachada hubo de ajustarse al trazado curvo de la calle donde se encuentra, por lo que adopta una línea cóncava. Se levanta esta bella fachada en dos cuerpos de altura, abriéndose huecos en ambos. Los de la planta principal, en el cuerpo superior, se encuentran unidos mediante una gran balconada sobre ménsulas de hierro corrida y continua a todo lo largo, que por su singularidad y longitud no tiene parangón en la arquitectura barroca de nuestro país. De especial interés también es el efecto de las pinturas murales que aparecen en el frente de esta fachada, de marcado acento barroco y con figuraciones arquitectónicas muy efectistas, que parcialmente se han conservado hasta nuestros días gracias a la protección que le ofrece el pronunciado alero en forma de visera con que se remata su parte superior. Sobre un lateral se abre su aparatosa portada, organizada igualmente en dos cuerpos de altura perfectamente armonizados en su diseño arquitectónico. En el primer cuerpo la puerta se enmarca con sobrias columnas dóricas sobre las que se dispone un friso mixtilíneo rematado en sus laterales por el arranque partido de un frontón curvo; mientras en el segundo, columnas salomónicas a los lados del balcón principal se rematan con frontón mixtilíneo de acusado trazado ascensorial. Junto a ella se levanta una elegante torre-mirador de base cuadrada, cuyo acertado cuerpo superior se abre en doble arquería en cada frente y se remata con cubierta piramidal de tejas. El interior del palacio se distribuye en su parte principal en torno a un patio de dos plantas de altura con arcos superpuestos en cada lado formando un claustro con un original friso que cubre la parte baja a base de placas de mármol negro de Córdoba, mármol rosado de Cabra y ágata de Lanjarón, consiguiendo un excepcional ornamento barroco que se complementa con cornucopias de ágata y madera dorada. Desde este patio, una escalera que arranca con doble tramo se continúa en un único tiro hacia las dependencias del interior del palacio, en uno de cuyos salones del piso superior existe un artesonado renacentista con valiosa talla del s. XVI. En la zona de las caballerizas, una sobria portada barroca trabajada en piedra contiene un espacio donde se muestra el labrado escudo de sus propietarios, los Marqueses de Peñaflor. Bien de Interés Cultural, este palacio está catalogado como Monumento Nacional, según publicación aparecida en el BOE en 1.962. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Metropol Parasol de la Encarnación Colegiata De Ntra. Sra. De La Asunción - Osuna Fernando III El Santo conquista Osuna en 1240 y en 1264 ante los problemas de repoblación y mantenimiento de las fronteras, su hijo Alfonso X la cede a la Orden de Calatrava. En el s. XV, siendo maestre de la Orden don Pedro Girón, éste junto a su hermano Juan Pacheco -marqués de Villena- lucha contra los intereses de Enrique IV; hecho que marca un hito en la historia de la ciudad pues don Pedro, buscando constituir un estado que legar a sus descendientes, crea un mayorazgo para su hijo Alfonso Téllez Girón, nombrado primer conde de Ureña. Más tarde en 1.562, Felipe II otorga el título de duque de Osuna a otro don Pedro, el V conde de Ureña. El deseo de ascender en el estamento nobiliario hace a los Téllez Girón desarrollar todo un programa constructivo que remodelará completamente el paisaje urbano de la ciudad de Osuna, convirtiéndose así en sus grandes mecenas y tratando de montar un aparato monumental que le dé la imagen de señorío necesaria. Por ello a partir de 1596 promueven la reforma urbanística de la ciudad mediante la construcción de numerosos edificios de orden civil, religioso y académico, como son la Colegiata, una Universidad, diecinueve Monasterios, cuatro Hospitales y numerosas casas solariegas y palacios. Para entonces, Osuna ya es la capital del gran señorío de los Téllez Girón. Desde comienzos del s. XVI, Juan Téllez Girón, II conde de Ureña, entra de lleno en esta tarea de reformar la ciudad. Son tiempos de cambios. En 1528 Diego de Siloé vuelve de su período de aprendizaje por Italia con ideas artísticas nuevas que aplica en Andalucía como maestro de obras del Arzobispado. El y sus sucesores Diego de Riaño y Martín de Gainza, marcan las tendencias renacentistas en la zona e implantan las nuevas ideas en los edificios más importantes de la época. Con Juan Téllez Girón, IV conde de Ureña, se alcanza el momento de mayor esplendor en la ciudad. Él funda esta Colegiata en 1535 al conseguir del Papa Paulo III que la que ya era parroquia fuera al mismo tiempo Colegiata. El templo, de fachadas severas y torre inacabada, se levanta en el lugar que ocupara la anterior Iglesia del Castillo, totalmente destruida por un incendio. Se construye a partir de la cabecera, en puro estilo renacentista. Su juego de pilares, las bóvedas vahídas y la concepción espacial denotan claramente la presencia de aires renovadores en la arquitectura, y su magnífica Puerta del Sol, labrada frente a la ciudad con claros elementos clasicistas es buena prueba de ello. El edificio de la Colegiata en su conjunto viene a narrar la historia de la Casa de Osuna. Entre sus obras encontramos un Cristo crucificado, obra de Juan de Mesa de 1623, y una colección de tablas flamencas del s. XVI traídas a raíz del nombramiento del III Duque de Osuna como Virrey de Flandes. A comienzos del s. XVII, éste contrata cinco cuadros a José de Ribera, El Españoleto, para el altar mayor, todos ellos exponentes de la etapa napolitana del pintor, elevando así la calidad del patrimonio artístico de aquella, además de otras obras de arte importantes que llegan a la ciudad en la etapa en que este III duque es Virrey de Nápoles. En el año 1548 se completa la obra de la Colegiata con la Capilla y Patio del Sepulcro, ya en estilo plateresco. El Panteón Ducal de esta Colegiata, obra del siglo XVII, incluye una cripta donde existe una réplica a escala muy reducida, de una iglesia de tres naves y coro. En ella están los sarcófagos en piedra y madera de los Duques de Osuna, con sus leyendas funerarias; panteón que se viene utilizando tradicionalmente incluso hasta nuestros días. Bien de Interés Cultural, la Colegiata es Monumento Nacional, según aparece publicado en La Gaceta de Madrid desde el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Murallas de Sevilla
La catedral de Sevilla La catedral sevillana se instala en la mezquita Mayor almohade desde la toma de la ciudad por Fernando III en el año 1248. En el s. XIV se suceden transformaciones en el viejo edificio, cuyo estado ruinoso se deteriora por causa de terremotos en esta centuria. En 1401, el Cabildo, visto su estado ruinoso, decidió “...que se labre otra Eglesia, tal e tan buena, que no haya otra su igual ...”. Así, se derriba la mezquita, quedando en pie sólo el Patio de los Naranjos, la torre alminar, y la Capilla Real, que al ser de patronato regio no podía demolerse sin autorización del rey. La primera piedra se coloca en 1403; y en 1432, acabada la mitad occidental, Juan II autoriza el derribo de la vieja Capilla real, finalizando las obras de esta espectacular iglesia gótica en 1506. Muchos fueron sus arquitectos, en los más de 100 años que se tardó en levantarla. En 1386 es Maestro Mayor Alonso Martínez, a quien muchos historiadores suponen autor de las trazas. Tras otros muchos arquitectos, y el desplome del cimborrio en 1511, se cierra éste de nuevo a 40 m. de altura por Juan Gil de Hontañón en 1519, quedando tal como hoy se ve. Una vez acabado el gran templo gótico, con sus elevadas cinco naves de grandes proporciones, pronto se le van añadiendo otras dependencias, ya en estilo plateresco y renacentista, en las que intervinieron los más prestigiosos arquitectos y artistas de su época. Así, ya en tiempos de Carlos I y con su autorización, se derribó el ábside poligonal para construir allí la actual Capilla Real. Diego de Riaño construyó en 1528 las capillas del transcoro; diseñó y comenzó a construir la Sacristía Mayor, y trazó la espléndida Sala Capitular, de planta elíptica y composición sobria, uno de los más severos recintos de nuestra arquitectura. Le siguió en las obras Martín Gainza, levantando en 1535 la Sala Capitular diseñada por Riaño, e iniciando las de la Capilla Real, magnífica fábrica renacentista, cuya finalidad fue de servir de panteón a los reyes, y que conserva el cuerpo incorrupto del conquistador de la ciudad, Fernando III el Santo. En 1582 se cierra la cúpula de la Sala Capitular, proyectada por Asensio de Maeda, acabando finalmente la fábrica Juan de Minjares, en 1592. Para acabar la Capilla Real a la muerta de Gainza concurrieron con sus trazas varios maestros, siendo elegido Hernán Ruiz II, quien cierra su cúpula en 1562. El carácter manierista de su arquitectura llega a su máxima expresión en la citada Sala Capitular, cuyas nuevas trazas presentó en 1558. Su novedad no radica sólo en su planta elíptica, excepcional y anterior a las experiencias italianas, sino también en el orden suspendido que articula sus muros y en la magistral bóveda oval con que cubre este espacio, uno de los mejores de la arquitectura europea del s. XVI. En el s. XIX hubo un nuevo derrumbamiento en el crucero; reedificado de nuevo, se completó éste con dos portadas neogóticas en los extremos del mismo. Interiormente la catedral está repleta de obras de arte de incalculable valor, imposible de enumerar en poco espacio, resaltando aquí algunos ejemplos de mayor importancia: Su Retablo Mayor es el más extenso del mundo cristiano, donde, con más de un millar de imágenes talladas por más de veintitrés maestros, desde 1482 a 1564, se explica toda la Historia Sagrada.
En la Sacristía de los
Cálices se conserva el Cristo de la Clemencia, obra cumbre de M.
Montañés. La espectacular Custodia Grande, la mayor pieza de
plata de este género, es obra de Juan de Arfe. El grandioso
sepulcro de Cristóbal Colón, de corte romántico, es obra de
Arturo Mélida, de 1891. La Capilla de S. Hermenegildo
guarda el sepulcro del cardenal Cervantes, de L. Mercadante.
Bien de Interés Cultural, hoy es Patrimonio de la Humanidad por
la UNESCO desde 1987. Alcázar Este monumento es una parte de Sevilla que fue y continúa siendo realmente importante para esta ciudad. La entrada al edificio se realiza a través de la Puerta del León, para pasar al patio de la Montería. Justo enfrente se alza la majestuosa fachada detrás de la cual se encuentra el palacio que, junto con los jardines que lo rodean, constituye un conjunto difícil de olvidar. Los Reales Alcázares conforma un grupo abigarrado de edificaciones que se remonta a la época califal. Se trata, por tanto, no sólo del palacio más antiguo y de mayor carga histórica de los pertenecientes a la Corona Española, sino que es hoy uno de los recintos palaciegos más antiguos del mundo que pueden ser habitados. Historiadores de prestigio nos dicen que el Alcázar fue fundado en la época en la que los romanos estaban asentados en Sevilla, formando parte de la ciudadela militar donde tenía su sede oficial el Pretor. Otros autores dicen que el lugar donde estuvo ubicado el primitivo Alcázar y que sirvió de residencia a los califas y príncipes musulmanes, fue el denominado Prado de Santa Justa y Rufina, en el sitio aproximado donde hoy se encuentra la iglesia de la Trinidad y en donde, según la leyenda, existió un cenobio dedicado a las vírgenes y mártires sevillanas. Posteriormente fue reconstruido por los árabes en el tiempo que la dinastía de los Gemenais vivía en Sevilla, convirtiéndose, años más tarde, en la residencia fortaleza de los árabes, en el siglo IX. Tras la reconquista de Sevilla, se hicieron diversas modificaciones del palacio, que culminaron con las que efectuó Pedro I el Cruel en el siglo XIV y que consistieron en unos grandes cambios en sus distintas dependencias, llevándose a cabo por maestros y artistas que vinieron de otras tantas ciudades como Granada y Teruel. Sin perjuicio de otras modificaciones, a lo largo del siglo XVIII, se derrumbó parte del denominado Alcázar viejo, debido a que estaba muy deteriorado, a causa del terremoto del año 1755 y de un incendio que se declaró en el año 1762. En definitiva y al margen de todo lo anterior, el Alcázar ha sido el palacio que sirvió de morada a los reyes desde Fernando II el Santo, hasta nuestros días. De la belleza y hermosura del Alcázar nos da ejemplo el Patio de la Montería, llamado así porque era lugar de encuentro para salir a la práctica de la caza por el rey y sus caballeros; el Patio del Almirante, donde se produjeron hechos relacionados con el Descubrimiento de América; la capilla de los Navegantes, en la que se encuentra una de las representaciones más antiguas de la Virgen de los mareantes, obra de Alejo Fernández y, finalmente, el patio de las Doncellas, denominado en su origen Patio Piramidal. Todas las salas del Alcázar llaman la atención por la riqueza de su ornamentación, clave fundamental en todo el palacio en el que yeserías, artesonados, alicatados y otras muchas filigranas recorren cada una de las dependencias. Algunas de ellas tienen especial interés, como: el salón de Embajadores, cubierto por una magnífica cúpula semiesférica realizada en 1427, el patio de las Doncellas, que hemos nombrado anteriormente y que posee los zócalos de azulejos más bellos del Alcázar, colocados en tiempos de los Reyes Católicos o el patio de las Muñecas, de reducidas dimensiones y muy interesante colección de capiteles. Entre los tesoros que alberga este edificio se encuentra el cuadro de la Virgen de los Navegantes (en la Sala de los Almirantes), realizada por Alejo Fernández entre 1521 y 1536. A continuación, los jardines del Alcázar nos brindan uno de los paseos más agradables que puedan darse por el interior de este recinto. Este espacio constituye el reflejo del ideal heredado de la cultura árabe, del jardín como paraíso para la meditación y la purificación; de nuevo, puede observarse una increíble variedad de estilos: una primera zona manierista, con influencias románticas y regionalistas de finales del siglo XIX y principios conservador del Alcázar durante muchos años. Hay que decir que en el Alcázar, el rey Pedro I el Cruel ordenó la muerte de su hermanastro Don Fadrique y que aquí vivió su idilio de amor más apasionado con Doña María de Padilla. Si Sevilla siempre ha sido considerada como una ciudad en la que se han cruzado y convivido grandes culturas de la historia, el edificio del Alcázar es, desde luego, un testimonio vivo de ello. Sobre su solar se asentó parte de la necrópolis romana, una basílica paleocristiana, edificios visigodos y, por último, el castillo defensivo (alcázar) que levantaron los árabes del siglo VII y que fue después ampliado y enriquecido durante la época almohade. En la actualidad el Alcázar es la residencia oficial de los Reyes de España en sus visitas a Sevilla. Archivos de India El edificio se encuentra situado en una de las avenidas más emblemáticas del centro de la ciudad, por la cantidad de personas que normalmente se desplazan por ella en la vida cotidiana y porque deja entrever lugares increíbles. Ubicado en la avenida de la Constitución, que empieza en la puerta de Jerez, al lado del río Guadalquivir y termina en la plaza Nueva, donde se encuentra el Ayuntamiento de Sevilla. Esta avenida tiene en su haber a la Catedral y al lado a la antigua Lonja, que hoy es el Archivo de Indias. La Casa de Indias o Casa de Contratación de las Indias, se estableció en Sevilla por cédula de la reina Isabel la Católica, de fecha 14 de enero de 1503, con la finalidad de fomentar y regular el comercio con el Nuevo Mundo, que se acabada de descubrir gracias a la pericia de Cristóbal Colón. Construido bajo el reinado de Felipe II, este edificio concebido por Juan de Herrera, fue utilizado inicialmente como lonja de mercaderes. Tuvo su primera sede en las antiguas atarazanas, domicilio fijado por los Reyes Católicos, de donde se pasó, años más tarde, al llamado Cuarto de los Almirantes, en el Alcázar Viejo. Con Carlos III se convierte en Archivo General de Indias y, de este modo, en él se centraliza la documentación relacionada con las posesiones de España en ultramar entre los siglos XV y XIX. La creación entonces de la Real Casa Lonja consolidó la formación del núcleo administrativo y económico de la ciudad. La creciente actividad del puerto sevillano, gracias al monopolio del comercio de las Indias, atrajo a Sevilla a una variopinta multitud de personas, entre las que abundaban los agentes mercantiles, tratantes y mercaderes. Éstos utilizaban para sus transacciones y negocios las gradas de la Catedral, el Patio de los Naranjos e incluso el interior del templo, lo que originó continuos enfrentamientos con el cabildo eclesiástico y una carta de protesta del Arzobispo de Sevilla al rey Felipe II. Para poner fin a la conflictiva situación, el monarca acordó la construcción de una lonja en la que desarrollar las actividades comerciales. A tal efecto se dirigió a la Universidad de Mercaderes de Sevilla y al Asistente de la ciudad, ordenando a éste la localización del lugar idóneo para tal edificio. Se eligieron terrenos inmediatos a la Catedral y al Alcázar, en parte ocupados por algunos organismos dependientes de la Corona, por lo que fue necesaria su cesión, acaecida el 30 de octubre de 1572. De las trazas elaboradas por distintos arquitectos se seleccionaron las de Juan de Herrera, habiéndose iniciado las obras en 1583. Aunque una inscripción en la fachada septentrional indica que las primeras operaciones mercantiles se desarrollaron en 1598, el edificio no se llegó a concluir hasta mediados del siglo XVII, interviniendo en el largo proceso de construcción Alonso de Vandelvira, Miguel de Zumárraga y Pedro Sánchez Falconete, a quienes se relaciona con la planta alta y sus espléndidas bóvedas vaídas, decoradas, como pueden ver, con gran originalidad. Para hablar de su estructura les diremos que se trata de un edificio exento, elevado sobre un basamento para superar desniveles del terreno, de forma cuadrada y fachadas homogéneas, en cuyo interior se encierra un monumental patio de idéntica geometría y articulación clásica. Si en su tiempo este emblemático monumento apenas tuvo trascendencia, posteriormente llegaría a convertirse en obligado punto de referencia para la arquitectura barroca sevillana, especialmente la combinación de materiales, colores y texturas de sus tersas fachadas. Con la crisis que sufrió la ciudad a mediados del seiscientos, el edificio fue perdiendo su primitivo destino. En tal situación, sus muros acogieron a la Academia de Pintura, que, presidida por Murillo y Herrera el Mozo, se fundó en 1660. Sin embargo, su nuevo y definitivo uso le llegaría en 1785 cuando, en cumplimiento de los deseos del rey Carlos III y gracias al interés del Ministro de Indias, José de Gálvez y al celo de Juan Bautista Muñoz, cosmógrafo mayor del reino, se convirtió en Archivo General de Indias, reuniendo la documentación americanista hasta entonces dispersa por diferentes instituciones de Madrid, Simancas, Cádiz, y la propia Sevilla. Para hacer posible su nuevo destino, fue necesario rehabilitar el edificio, operación que suscitó vivas polémicas en los ámbitos artísticos del momento, pero que desarrolló con maestría, lucidez y mentalidad absolutamente moderna, el arquitecto Lucas Cintora. Desde entonces las naves y galerías del viejo recinto mercantil guardan el testimonio histórico, detallado y minucioso, de la presencia española en Filipinas y las tierras del Nuevo Mundo.
Palacio de la Condesa de Lebrija
Palacio de
las Dueñas Casa de Pilatos En la calle Águilas, que se encuentra a continuación de la Plaza de la Alfalfa podemos visitar la Casa de Pilatos, antiguo palacio de los Duques de Alcalá, hoy de Medinaceli. Las obras de este palacio comenzaron en 1500 por orden de Don Pedro Enrique y su esposa Doña Catalina de Ribera, siendo continuadas por Don Fadrique, primer hijo del marqués de Tarifa, al regresar de un viaje a Jerusalén, y siguió los planos del palacio que habitó Poncio Pilato en sus días. El palacio posee toda clase de mármoles, adornos platerescos y mudéjar. En los pilares que están sobre la puerta están las cinco cruces del Santo Sepulcro de Jerusalén y un arco en cuyas juntas se ven dos medallas con cabezas de emperadores de la época romana. La mayor parte de este palacio es de estilo mudéjar, destacando el patio principal de la planta baja rodeado de arcadas y embellecido por las estatuas que representan a las diosas Ceres, una Musa, Minerva y Atenea. Catedral y La Giralda Hoy vamos a conocer en Sevilla uno de los monumentos más representativos de la ciudad y también uno de los más grandes, se trata de la Catedral de Sevilla. Considerada como uno de los mayores templos del Cristianismo. La Catedral de Sevilla se encuentra situada en un entorno privilegiado, flanqueada por la avenida de la Constitución, la calle Placentines, la Plaza del Triunfo y la Plaza de la Virgen de los Reyes. Si nos situamos de cara a la Catedral, a la derecha encontramos el Palacio Arzobispal, frente a él se encuentra el Convento de la Encarnación. La fachada opuesta de la Catedral da a la avenida de la Constitución, una de las principales vías de la ciudad que comunica la Puerta de Jerez con la Plaza Nueva y a mitad de la cual se encuentra el famoso archivo de Indias. Sevilla acoge en su suelo una de las catedrales más grandes del mundo. Se trata de un templo gótico, aunque de origen árabe, construida en 1401, bajo la dirección del arquitecto Alonso Martínez. Sobre su grandeza, cuenta la leyenda que al ordenar su construcción, el cabildo dijo: “hagamos una obra tal y tan grande que los que la vieren acabada nos tengan por locos.” Entre sus varias entradas destacan las situadas en la Plaza Virgen de los Reyes. La Puerta de las Campanillas y la de Palos, por la que salen las cofradías de Semana Santa al regreso de su peregrinación al templo sagrado. Pero vayamos ahora a su interior, por allí se encuentra la capilla Real, en la que se representa al último rey árabe de Sevilla rendido a los pies de Fernando III, que acababa de reconquistar la ciudad. Precisamente en esta capilla está la urna de plata que acoge el cuerpo momificado del rey cristiano, hoy patrón de la ciudad. En el centro de la Capilla Real, se venera a la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla. Se trata de una imagen del siglo XII tallada en madera de alarce. No dejen de observar con detalle los cabellos de la virgen que con hilos de seda y oro simulan un cabello auténtico. Arriba, alrededor de la cúpula que cubre el altar reza una máxima latina, que traducida dice: Por mí reinan los reyes. Si nos dirigimos al extremo derecho, pueden observar el gran mausoleo donde supuestamente descansan los restos del descubridor Cristóbal Colón. Si se van hacia la Sacristía Mayor, pueden disfrutar tanto de las famosas tablas de Alfonso X, el sabio, una de las piezas de orfebrería más destacadas de toda la Edad Media, como de la Custodia, realizada por Juan de Arfe, con un peso de 300 kilos y que constituye una de las obras máximas de todo el Renacimiento español. La Catedral constituye un edificio polivalente, cuya valoración puede hacerse desde diversos punto de vista, todos ellos, en grado superlativo. Ante todo, es una gigantesca catedral, producto de la megalomanía de un Cabildo. Pero también es un colosal panteón y un museo de primera fila. Por otra parte, posee importantísimos archivos y bibliotecas, y puede considerarse como un gran teatro sacro y profano y un excelente auditorio. Una de las grandes paradojas de este templo es que su construcción en el solar de la mezquita mayor almohade, se hizo en un momento crítico de la ciudad, cuando la población estaba diezmada por epidemias de peste. Precisamente en la epidemia de ese año falleció el arzobispo don Gonzalo de Mena. Fue en ese momento, de sede vacante, cuando el Cabildo, decidió construir el mayor templo del mundo cristiano, que sólo sería superado posteriormente por San Pedro de Roma y por San Pablo de Londres. Conozcamos su estructura. El edificio ocupa una superficie de unas dos hectáreas. Es de planta de salón, de cinco naves y capillas entre los contrafuertes. En el siglo XVI se le adicionó en la cabecera y en el frente sur una serie de capillas de dependencias, tales como la Capilla Real, la Sala Capitular, Ante cabildo, La Sacristía de los Cálices, el Patio de los Oleos y la Capilla de la Virgen de la Antigua. A partir del siglo XVIII se construyeron otras piezas para archivos y oficinas en el ángulo sudoeste. Por su carácter singular, el edificio creó un hito en la historia de la arquitectura, ya que rasgos tales como la planta, pilares, tipos de bóveda y elementos compositivos y decorativos, influyeron no sólo en las iglesias del gótico tardío de la región y en las últimas catedrales castellanas, sino también en las grandes catedrales hispanoamericanas. En cuanto a la arquitectura funeraria hay que destacar la Capilla Real, donde se encuentran enterrados los reyes Fernando III, Beatriz de Suabia, Alfonso X y Pedro I, además de infantes y otros miembros de la familia real. Por su especial significación en la historia del arte hay que destacar el sepulcro del cardenal Cervantes. El sepulcro del cardenal don Diego Hurtado de Mendoza (Capilla de la Antigua) que es una ópera prima del Renacimiento de Sevilla. Además entre los personajes ilustres enterrados en esta catedral hay que destacar a Cristóbal Colón y su hijo Hernando. En cuanto a su riqueza artística, la Catedral de Sevilla posee uno de los más ricos tesoros artísticos conservados en ámbitos eclesiásticos del país. Su pinacoteca posee cerca de 550 pinturas. La cronología de sus fondos abarca desde los siglos XV al XX. El mejor representado es el siglo XVI con obras de Pedro de Campaña, Pablo de Céspedes entre otros. De la escuela sevillana del siglo XVII hay firmas importantes como Pacheco, Herrera, Zurbarán, Murillo. De la escuela española del siglo XVIII destacan obras de Valdés Leal, Matías de Arteaga, etc. Lo mismo podría decirse de la importante serie de retablos y esculturas que datan del siglo XVIII. Destacan el Retablo Mayor, el más grande de la cristiandad, con más de 400 m2 de relieves, construido a fines del siglo XV. Hay que mencionar los 300 libros corales, las más de 2.000 piezas de vestuario litúrgico, el llamado tesoro de la Catedral, la colección de 79 vidrieras más las artes aplicadas e industriales. En el patrimonio histórico y cultural hay que citar dos bibliotecas y un archivo. Sus fondos antiguos sólo son comparables con los de la Biblioteca Nacional y los del Escorial. Hospital de los Venerables (1675) en cuya iglesia se pueden ver obras de Murillo y Valdés Leal. Actual Sede de FOCUS desde el año 1991. Elegante Patio del siglo XVII con fuente central rodeada de grandes hundidas. Fundado por Don Justino de Neve con la finalidad de atender a los clérigos enfermos o muy mayores. Las obras comenzaron en 1676 con Juan Domínguez como maestro mayor, a quien se le une Leonardo de Figueroa. Iglesia del Salvador La Iglesia del Salvador ocupa el solar de la primitiva mezquita mayor sevillana denominada de Ibn Adabbas, erigida en el siglo IX. En el patio pueden apreciarse elementos constructivos de época romana y visigoda, habiendo sido reformado en su arquería en el siglo XVII. La Iglesia tiene planta de salón con tres naves. La cruz principal está cubierta por bóvedas de cañón y los restantes por bóvedas de aristas. Monasterio de la Cartuja Fue construido como Colegio de Naútica en 1682, luego cedido a los duques de Montpensier para su residencia y donado más tarde con sus jardines a la ciudad para la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. La fachada principal del edificio se termino en 1734, y presenta tres cuerpos. El primero está compuesto por columnas sobre las que se sitúa un balcón sostenido por atlantes con aspecto de indios, monstruos marinos, figuras alegóricas de las ciencias y las artes relacionadas con los estudios de naúticas. El conjunto termina con San Telmo al centro, y San Fernando y San Hermenegildo a los laterales. La más importante en el palacio es su capilla, de estilo barroco, de planta rectangular es una sola nave con pilastras corintias con bóveda de cañón y arcos fajones y lunetos. Palacio de San Telmo Fue construido como Colegio de Naútica en 1682, luego cedido a los duques de Montpensier para su residencia y donado más tarde con sus jardines a la ciudad para la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. La fachada principal del edificio se termino en 1734, y presenta tres cuerpos. El primero está compuesto por columnas sobre las que se sitúa un balcón sostenido por atlantes con aspecto de indios, monstruos marinos, figuras alegóricas de las ciencias y las artes relacionadas con los estudios de naúticas. El conjunto termina con San Telmo al centro, y San Fernando y San Hermenegildo a los laterales. La más importante en el palacio es su capilla, de estilo barroco, de planta rectangular es una sola nave con pilastras corintias con bóveda de cañón y arcos fajones y lunetos. Plaza de España Fue construida por Aníbal González con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Tiene forma semi elíptica y está rodeada por un gran edificio de varias plantas, rematado en sus extremos por dos torres. Representativa de la arquitectura regionalista, está realizada en ladrillo visto con aplicaciones de cerámica policroma. Destaca el lago y las torres que flanquean un semicírculo de 200 m. de diámetro.
Plaza
de Toros y Museo Taurino de La Real Maestranza de
Cabellería de Sevilla
El Museo se encuentra ubicado en la zona situada bajo las gradas. Fue inaugurado el 5 de Abril de 1989 por S.A.R. Condesa de Barcelona. La colección que alberga está dedicada a la Real Maestranza de Caballería por un lado, y a la Tauromaquia por otro. Su espacio está dividido en cuatro módulos o salas. Primera sala: En esta zona se encuentran los fondos más antiguos, como un cartel en seda situado en la entrada, fechado en 1740. Se muestra una variada representación de los servidores de la plaza en el siglo XVIII: timbaleros, desjarretadotes y lanceros. También se dedica un espacio a los juegos caballerescos practicados por la nobleza durante los siglos XVII y XVIII, entre las que destaca un dibujo realizado por su S.M. Felipe V, sobre los juegos caballerescos. Segunda Sala: Ocupado por un conjunto de pinturas de tema taurino, del siglo XIX. Destaca la obra "Cogida de muerte de Pepe Illo", de Eugenio Lucas Velázquez. Tercera Sala: Dedicado al toreo en época de Belmonte y Joselito el Gallo, y en el que pueden verse importantes obras esculpidas en bronce. Cuarta Sala: Alberga los fondos más modernos, de muy variada naturaleza. Desde cabezas de toros, trajes de toreros o capotes, hasta óleos y pinturas de autores contemporáneos. Torre del Oro La Torre del Oro constituye uno de los edificios más emblemáticos de esta ciudad, no solo por su historia sino por su construcción esbelta, por su gallardía y por ser vigía del Rió Guadalquivir. Pero para poder contemplarla en todo su esplendor es mejor que nos situemos en la margen izquierda del río. Exactamente en el Paseo de Cristóbal Colón, en el Arenal, donde se encuentra acompañada por el Auditorio de la Maestranza y la Plaza de Toros. Hemos dicho que es una de las torres más singulares del paisaje urbano de Sevilla. Junto con la Giralda, constituyen los monumentos más representativos de la ciudad. Separada de la muralla, la Torre del Oro fue levantada en el primer tercio del siglo 13, en los postreros momentos de los reino de Taifas y ya desde su nacimiento fue llamada por este nombre “Torre del Oro”, que en árabe es Borg-al-Azajal, al parecer por un revestimiento de azulejería dorada que destellaba al sol como el metal precioso y se reflejaba en el río, tomando color dorado y dañando la vista. Aunque la verdad es que hay opiniones encontradas porque otros opinan que el nombre proviene de albergar en su interior tesoros y riquezas de los nobles y señores poderosos de aquella época. Lo más lógico es que fuera esta segunda opinión la que más se ajusta a la realidad, ya que de ser por unos azulejos dorados, la torre debía haberse llamado “dorada” y no “del oro”. Así que juzguen ustedes mismos. Seguimos con su historia. Sepan que se construyó en el año 617 de la era musulmana, que corresponde, para situarnos, al periodo comprendido entre los años 1220 y 1221, como torre albarrana, es decir, separada de la muralla que desde el Alcázar se dirigía al río. La muralla se derribó en 1821. Aunque se desconoce su autor, se sabe que la mandó edificar el gobernador almohade Abu-I-Ula, para defensa de la ciudad, cerrando así la entrada al puerto con una gruesa cadena que cruzaba el río y que se sujetaba en otra torre, hoy desaparecida, que estaba justo enfrente, en la orilla de Triana. Ahora hablemos un poco de su estructura. Pero para apreciarla tendrán que situarse frente a ella. Comprobarán que la Torre del Oro es una torre de planta dodecadenal dividida en tres cuerpos. Ahora, entremos en su interior porque vamos a diferenciar esas tres partes que la componen. Tendremos que subir para apreciarlo porque el primer cuerpo es el más elevado, tiene forma circular y fue añadido en 1760. Bajemos un poco, ahora podemos ver el segundo, de ladrillo y de planta hexagonal, presenta la curiosidad de tener decoración cerámica en cintas verdes recuadrando los arcos, lo que constituyó una grata innovación en su época. Y ahora el más bajo, el tercer cuerpo que compone la torre, en él se superponen tres plantas, cubiertas con bóvedas de aristas. Con el paso de los años, y aunque ahora la vean rehabilitada, el abandono se cebó en la torre hasta el punto de alcanzar un ruinoso estado. En seguida se ordenó una obra de consolidación de tan importante monumento sevillano. Años más tarde en 1760 y tras sobrevivir al terremoto de Lisboa de 1755 el Marqués de Monte Realse planteó su demolición, con la única finalidad de ensanchar el paseo de coches de caballo y “a efecto de dejar el paso de San Telmo al puente de Triana más derecho”; menos mal que la fuerte oposición de los sevillanos impidió que se cometiera tal destrozo, llegando hasta el rey para que ello no ocurriera. Un siglo más tarde, de nuevo le acecha otra sentencia de muerte a esta torre, esta vez a manos de la Revolución de 1868, que la puso a la venta para aprovechar sus materiales de derribo, pero nuevamente los vecinos de la ciudad hicieron valer su sabio criterio y la torre se quedó donde estaba. Pero esta torre no ha sido siempre igual, aunque parezca lo contrario, a lo largo de siete siglos este inmueble ha tenido diversos usos, lo que ha incidido en su fisonomía. Ha sido torre albarrana de defensa, refugio amatorio del Pedro I (leyenda que les contaremos dentro de un momento), antigua capilla, prisión, almacén de pólvora y se de las oficinas de la Compañía del Río Guadalquivir. La Torre del Oro ha sido testigo de excepción de toda la actividad portuaria sevillana durante siglos y siglos hasta el traslado del puerto aguas abajo, asistiendo igualmente a los momentos de esplendor de la ciudad con la entrada y salida de la flota de indias. Hay que tener presente, y lo pueden comprobar si la observan desde fuera, que la puerta de ingreso actual se halla en una cota de cerca de 10 metros de altura en relación al río. Para descender al muelle, al que le invitamos a visitar posteriormente, había que bajar a una cámara inferior de la torre, que se cegó tras el mencionado terremoto de 1755. Existe un plano, fechado en 1608, en el que se observa ese pasadizo en alto, así como los almacenes y dependencias que se construyen entonces adosados a la muralla. Es curioso observar, en ese plano, que en los dos frentes de la torre situados en el ángulo noroeste tenía adosada una taberna. Además, sirvió en ocasiones de lugar de esparcimiento de la Corte, para fiestas y banquetes. Ahora, esos matices no los pueden ustedes observar, porque fue restaurada por el ingeniero naval Carlos Halcón, el 20 de marzo de 1900 y en dicha reconstrucción, entre otros cambios, se eliminaron estas dependencias y almacenes y unos balcones de hierro de la torre. Les prometimos una leyenda y ahí la tienen, porque cuentan que la Torre del Oro, servía de refugio a las damas que cortejaba el rey Pedro Primero el Cruel, cuyo más célebre amorío fue el de doña Aldonza, hermana de María Coronel, que vivió en la torre bajo custodia de sus fieles caballeros, mientras que su esposa, María de Padilla, habitaba en el Alcázar. En nuestros días, y al margen de leyendas, la Torre del Oro alberga este Museo Naval que van a conocer en estos momentos. Como pueden ver, exhibe varios objetos y piezas relacionadas con la vida marinera sevillana. Actualmente, la Torre del Oro, es un monumento indispensable para esta ciudad, a la que otorga extraordinarias vistas desde Los Remedios y Triana. Y que permite la visita de viajeros, como ustedes, que realzan su figura otorgándole, si cabe, aún más valor y aprecio del que ya posee. Esperamos tenerle de nuevo con nosotros en esta ciudad y que la visita haya sido de su agrado. Museo Arqueológico Este museo tiene sus orígenes a mediados del s. XIX. El edificio donde está instalado, pabellón Renacentista, se construyó para la Exposición de 1929, por Aníbal González. En el año 1942 se trasladó aquí la colección arqueológica, que se encontraba en el Museo provincial de Bellas Artes, convirtiéndose entonces en Museo Provincial Arqueológico. Este museo tiene tres plantas: En la planta baja podemos ver materiales procedentes de yacimientos prehistóricos de la provincia, siguiendo un orden cronológico. Hay que destacar el Tesoro del Carambolo, de época de los Tartesos. En la planta principal hay materiales de época romana y posteriores. La mayor parte de estas piezas proceden de la antigua ciudad de Itálica. De esta época hay que destacar las esculturas de los emperadores Trajano y Adriano (s. II), además de otros retratos de otros emperadores y miembros de sus familias. También hay otras esculturas importantes: • Astarté (s. VIII a.C.) (egipcio) • Relieve de las Nióbides (IV a.C.) (clásico) • Hermes (II a.C.) (clásico) • Diana (II a.C.) (clásico) • Venus de Itálica (clásico) • Hispania (s. II) (clásico) • Diana Cazadora (s. II) (clásico) • Sarcófago (s. IV) (paleocristiano) Otras piezas a destacar son: • Tesoro de Evora (s. VII a.C.) (fenicio) • Mosaico de Baco (s. III) (clásico) • Inscripción de la mezquita de San Juan de la Palma (s. XI) (islámico) • Pila bautismal (s. XV) (mudéjar). Hospital de las Cinco Llagas
Este edificio de grandes
dimensiones, tiene planta rectangular y cuatro patios definidos por la
traza cruciforme de las dos grandes crujías en que se disponían las
enfermerías. La fachada principal tiene dos cuerpos, con pilastras
dóricas y jónicas, y más decorado el cuerpo superior, con una gran
portada de mármol blanco rematada con el escudo de la fundación de las
Cinco Llagas, y a los lados figuran los escudos de sus fundadores. La
capilla, trazada por Hernán Ruiz en 1560, es obra muy representativa de
su estilo. Para comprender su importancia, nos remontamos a 1500, año en
que Catalina de Ribera obtiene la bula pontificia que permite la
fundación de una de las obras de beneficencia más conocidas y populares
en la Sevilla del quinientos. Su hijo D. Fadrique Enríquez de Ribera,
Marques de Tarifa, continuó y amplió la obra materna, hasta su muerte en
1539. Un año más tarde y por disposición testamentaria, los priores de
la cartuja de Santa María de las Cuevas y de los monasterios de San
Jerónimo de Buenavista y de San Isidoro del Campo son ahora los nuevos
patronos de la fundación, y como tales abren público concurso para
edificar un suntuoso edificio en las proximidades de la puerta de la
Macarena. Al mismo se presentaron prestigiosos arquitectos de la época y
el elegido fue Martín Gainza. Las obras se comenzaron en 1546 hasta su
muerte, en que le sucedió Hernán Ruiz. A este sucedería por las mismas
causas el napolitano Benvenuto Tortello en 1570 y en 1572 se pone al
frente de la obra Asensio de Maeda. El hospital estuvo funcionando hasta
que se debió cerrar por su lamentable estado de conservación. El edifico
fue rehabilitado y hoy en día es la sede del Parlamento de Andalucía.
Este museo es la segunda pinacoteca del país, después del Museo del Prado en Madrid. Este edificio era el antiguo convento de la Merced Calzada, fundado por San Pedro Nolasco sobre terrenos cedidos por San Fernando tras la conquista de la ciudad. Se realizaron reformas en el edificio a finales s. XVI y principios XVII por Juan de Oviedo. En 1835 tras la Desamortización de Mendizábal, la orden fue expulsada y cuatro años más tarde el edificio se destinó a museo. Este museo tiene 14 salas que contienen obras desde el gótico hasta el s. XX. Sala I: Obras del arte medieval español Sala II: Renacimiento. Podemos ver el cuadro del Greco “Retrato de su hijo Jorge Manuel”, y la magnífica escultura de “San Jerónimo penitente” de Torrigiano. Sala III: s. XVII. Final del Renacimiento y principios del barroco. Sala IV: Marienismo. En esta sala podemos ver una serie de cuadros realizados para este convento por Alonso Vázquez y Pacheco. Sala V: Barroco. Hay que destacar la serie de cuadros que Murillo pintó para la iglesia del convento de Capuchinos de Sevilla, se ha hecho una representación aproximada del retablo mayor. Sala VI: Barroco Sevillano Sala VII: aquí podemos ver una serie de cuadros que Murillo realizó para el convento de San Agustín. Sala VIII: Valdés Leal. Este pintor realizó una serie de cuadros que representan la vida de San Jerónimo para el Monasterio de Buenavista y la serie de San Ignacio, de la Casa profesa de la Compañía de Jesús. Sala IX: Pintura barroca europea, fundamentalmente flamenca e italiana. Sala X: Zurbarán. Obras realizadas para el Monasterio de la Cartuja. Sala XI: Pintura español y sevillana s. XVIII. Sala XII: Transito del Romanticismo al Realismo. Sala XIII: Romanticismo Sala XIV: Siglo XX. Iglesia del Salvador
En el lugar que hoy ocupa esta
iglesia se construyó una antigua mezquita fundada en s. IX durante el
reinado de Abd al Rahman II, conocida como Idn-Addabas. De esta mezquita
podemos ver algunos restos como el Patio de los Naranjos y el arranque
de la Torre. La construcción de este templo se inició en 1674 y en ella
trabajaron varios artistas. El último artista que trabajó en ella fue
Leonardo de Figueroa, entre 1696 y 1712, quien consiguió que las obras
se terminaran, dirigiendo el cerramiento de bóvedas y cúpulas y la
ornamentación interior. En uno de los laterales exteriores de la iglesia
se encuentra el retablo cerámico del Cristo del Amor, titular de la
cofradía del mismo nombre. Obra de 1930 de Enrique Mármol Rodrigo, es el
más grande de los retablos existentes de Sevilla ya que representa al
Cristo en su tamaño real. La iglesia tiene planta de salón, dividida en
tres naves, subdivididas en cuatro tramos. Sobre la zona del crucero se
levanta una cúpula sobre pechinas, con relieves pétreos con las figuras
de los Cuatro Evangelistas. En esta iglesia debemos destacar: El Retablo
Mayor realizado por Cayetano de Acosta (s. XVIII) Retablo barroco con la
efigie de San Cristóbal, tallada por Martínez Montañés en 1597. Retablo
de la Hermandad del Cristo del Amor. En el centro de este retablo, de
estilo neobarroco, se encuentra la escultura del titular, tallada por
Juan de Mesa entre 1618 y 1620. Capilla Sacramental, tiene una
portada-retablo realizada por Cayetano de Acosta. Dentro de esta capilla
se encuentra la efigie de Nuestro Padre Jesús de Pasión, tallada por
Martínez Montañés. Altar de Nuestra Señora del Rocío (titular de la
Hermandad del Rocío de Sevilla). De esta iglesia salen varias cofradías
de Semana Santa: Hermandad de la Borriquita, del Cristo del Amor y
Virgen del Socorro (Domingo de Ramos) Hermandad de Pasión (Jueves
Santo). Actualmente se visitan las obras de rehabilitación. La visita
permite conocer el pasado del templo, cuando aún era mezquita principal
de la ciudad. Se reconocen los núcleos funerarios y se identifica uno de
los mayores problemas del templo: un riachuelo que corre justo debajo de
la nave principal y que imposibilita la continuación de las catas hasta
que no se deseque el terreno. Se puede también subir a la cubierta desde
donde la vista es impresionante. Las visitas guiadas son hasta un máximo
de 20 personas y comienzan cada media hora. Reservas: Con un máximo de 3
meses de antelación. Por teléfono al 954595405: 10.00-12.00 (de lunes a
jueves) Por internet: www.colegialsalvador.org Sin reserva, acudir a
recepción. Teléfono incidencias en fin de semana: 954 502 265
La Hermandad de la Caridad
tiene sus orígenes en la Edad Media, y se fundó con fines humanitarios.
Se dedicaba a enterrar a los ahogados en el río y a los condenados a
muerte. Su iglesia, de estilo barroco, es obra de Pedro Sánchez
Falconete, que la comenzó, y la finalizó años más tarde Leonardo de
Figueroa. En la decoración de esta iglesia trabajaron los mejores
artistas de la época: Bernardo Simón de Pineda, quien realizó los
retablos; Pedro Roldán las esculturas; y también podemos ver pinturas de
Murillo y Valdés Leal. El hospital está construido sobre las antiguas
atarazanas mandadas construir por el rey Alfonso X el Sabio. En esta
institución tuvo un papel muy importante D. Miguel de Mañara, que
procedía de una rica familia italiana asentada en Sevilla. Se dice que
Tirso de Molina se basó en su vida para escribir “El burlador de Sevilla”
y más tarde Zorrilla para escribir “Don Juan Tenorio”. Fue hermano mayor
y le dio un gran impulso a la institución. En la iglesia podemos ver
cuadros de Valdés Leal, “Las Postrimerías”, considerados como sus obras
maestras. Y los cuadros que Murillo pintó sobre las obras de
misericordia, pero de las que desgraciadamente solo quedan dos. Las
otras están repartidas por diferentes museos extranjeros. Esta iglesia
es uno de los muchos ejemplos del estilo barroco tan extendido por
nuestra ciudad.
La iglesia de San Luis,
construida entre los años 1699 y 1731, constituye la mejor
representación del barroco en Sevilla. Situada en la que fuera casa de
los Sres. Enríquez de Riera, el terreno para su edificación fue cedido
gratuitamente por doña Lucía de Medina a la Compañía de Jesús para la
construcción de un noviciado, con la condición de que el templo se
consagrara a San Luis, rey de Francia, y que ella fuese enterrada en la
capilla mayor. Las obras fueron llevadas a cabo por el arquitecto
Leonardo de Figueroa, aunque también colaboraron Antonio Matías de
Figueroa y Diego Antonio Díaz. La fachada es de dos cuerpos, con mucha
decoración, alternando la piedra y el ladrillo. Dos torres de sección
octogonal flanquean esta fachada y añaden con sus chapiteles vidriados
policromía al conjunto. El interior está muy decorado, de gran belleza.
Las pinturas de la cúpula, sobre temas eucarísticos, se atribuyen a
Lucas Valdés, las de la excedra de los pies las ejecutó Domingo Martínez
en 1743, relativas a la apoteosis de San Ignacio de Loyola (fundador de
la Compañía de Jesús) y al libro de los Ejercicios de esta orden.
Podemos destacar: Retablo de San Juan Francisco Regis, realizado por
Pedro Duque Cornejo. Retablo de San Estanislao de Kostka, también
realizado por Pedro Duque Cornejo. Retablo de San Francisco Javier,
realizado por el escultor Juan de Hinestrosa. Retablo mayor, obra de
Pedro Duque Cornejo, realizado en 1730. Es una joya del arte barroco,
por la cantidad y calidad de los elementos que los componen: madera
tallada, lienzos, óleos sobre tablas. Hay que destacar dos lienzos del
s. XVII, situados a derecha e izquierda del retablo. Este retablo está
presidido por una pintura que representa a San Luis de Francia, obra de
Zurbarán. Retablo de San Ignacio de Loyola. La escultura de San Ignacio
y el busto de la Virgen con el Niño son obras de Duque Cornejo. Retablo
de San Francisco de Borja, obra de Duque cornejo. En la parte superior
vemos el escudo de armas del arzobispo D. Luis de Salcedo Azcona,
mecenas de la iglesia de San Luis. Retablo de San Luis de Gonzaga,
realizado por Duque Cornejo. En la hornacina del ático del retablo se
encuentra un busto del Ecce Homo, obra de Pedro de Mena. También hay que
destacar el Aguamanil de la Sacristía, atribuido a Leonardo de Figueroa.
De las industrias que florecieron en la Sevilla del s XVIII ninguna puede compararse con la del tabaco. Mascar tabaco, aspirarlo o fumarlo estaba de moda y para producir los distintos elaborados se levantó en Sevilla la más moderna fábrica que nadie pudiera imaginar en su época Esta venía a sustituir a la que existía desde 1610 y que estaba situadas en la plaza del Cristo de Burgos. Las obras de este edificio comenzaron en 1728, siguiendo el proyecto del ingeniero militar Ignacio Sala. Las obras se suspendieron en 1731 y de nuevo se reiniciaron en 1750 y esta vez fue el ingeniero Sebastián Van der Bocht el director del proyecto, que añadió el núcleo industrial numerosos elementos palaciegos, como la fachada, el vestíbulo, escalera y salones. En esta obra además intervinieron diferentes artistas sevillanos. La monumental fábrica quedó terminada por completo –incluyendo el foro, la cárcel y las casas de administración- en 1771. Su capacidad era algo sorprendente: un contingente humano de miles de obreros, en su mayoría mujeres a partir del s IX; inmensos talleres y almacenes, aireados por 24 patios; 21 fuentes y 010 pozos para la limpieza de la fábrica; 116 molinos de “desmonte”, 40 de repaso y 87 cuadras y caballerizas para guardar las casi 400 bestias encargadas de efectuar la molienda. Este edificio público, idead como una ciudadela, tenía capillas, garitas, puentes levadizos y foso. Esta empresa además de dar el mayor empleo a la población femenina de la Sevilla del XIX va a ser la encargada de proyectar mundialmente el mito de las cigarreras. En 1949 se aprobó por fin la instalación en este edificio de las distintas facultades universitarias, para lo que se realizaron algunas reformas en su interior, y así continúa para deleite de todos aquellos que quieran visitarlo. Desde que es sede de la universidad, en el se ubica la capilla de la Hermandad de los Estudiantes, con una bella imagen del Cristo de la Buena Muerte obra de Juan de Mesa realizada en 1620.
Archivo
Histótico de Sevilla
Existen dos fiestas emblemáticas en Sevilla y de prestigio
internacional: La Feria de Abril (salvo excepciones, se celebra dos semanas después de la Semana Santa). Lugar de encuentro de amigos y conocidos, oriundos y extranjeros donde lo que prima es la cordialidad y bienestar entre todos. El recinto ferial se encuentra situado en el barrio de Los Remedios, en la margen izquierda del Guadalquivir. En el mismo se instala un gran número de casetas que por unos días hace las delicias de familias, amistades viejas y nuevas, en las que uno se puede relajar comiendo y bebiendo productos típicos de la ciudad, o simplemente descansando y charlando al mismo tiempo que se deleita con los cantes y bailes por sevillanas. Las casetas están organizadas en distintas calles bautizadas con nombres de reconocidos toreros.
Ambas fiestas
están consideradas como Fiestas de Interés Turístico de
ámbito Nacional, y desde 1965, como Internacional. Semana Santa, Marzo de 2004 La Semana Santa es una fiesta religiosa en la que, tanto el pueblo sevillano, como el foráneo, celebran el dolor de la muerte de Jesucristo y la esperanza de la resurrección . La Pasión de Cristo y el dolor de la Virgen queda reflejado en las imágenes que sacan en procesión las cofradías. Estas cofradías están constituidas por los hermanos, que son agrupaciones de ciudadanos cristianos que pertenecen a una parroquia y son los encargados de ocuparse de todo durante el año, teniendo el privilegio de salir en semana santa como nazarenos vestidos con túnica larga y antifaz, o bien de costaleros, compartiendo todos unidos la carga del paso sobre los hombros. Normalmente cada cofradía lleva dos pasos, siendo el primero el que representa la figura de Jesús Crucificado o una escena referente a su Pasión y el segundo representa la figura de la Virgen, cuya imagen transporta al dolor esperanzado. Todos ellos, durante el desfile, suelen ir acompañados al son de música como: Los Campanilleros, Hiniesta Coronada, Amor de Madre, Réquiem, Silencio Blanco, Manuel, Amargura...... Es de gran tradición en Sevilla, que a las distintas cofradías en diferentes partes del recorrido, se les cante un palo del flamenco llamado saeta. Cada paso desfilará un día de la Semana Santa, saliendo de su parroquia, pasando por el "recorrido oficial" y volviendo a su Iglesia, siendo 52 el numero de cofradías que posee la ciudad, que desfilarán entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección, incluyendo la madrugada del Jueves. El próximo año tendrá lugar a mediados del mes de Abril. Feria de Abril El origen de la feria de Abril fue la Celebración de la Feria anual de ganado, pero con el paso del tiempo, se convirtió en prioritario la fiesta que actualmente conocemos, pasando a un segundo plano la tradición con la que comenzó. La feria empieza normalmente el lunes del “alumbrao”, llamado así porque a las 12 de la noche se encienden todas las luces de las calles y la portada a la vez . Es típico que antes del alumbrado, los socios de las diferentes casetas se reúnan en ellas para tomar “el pescaíto” con finito y manzanilla para tener un buen comienzo de la feria y finaliza el Domingo con los fuegos artificiales a las 12 de la noche. La feria es una réplica de una ciudad, con calles de albero adornadas con farolillos, banderines , luces y las casetas de lona donde se reúnen para cantar, bailar y saborear los platos típicos como el “pescaíto”, paella, “montaíto”, jamón...... que siempre van acompañados de una buena manzanilla o un vino de Jerez. A diario acuden sevillanos y foráneos al recinto ferial a media mañana, a disfrutar además, del paseo de caballos, con los jinetes vistiendo su traje de corto, llevando a la grupa a su acompañante vestida de flamenca y pudiéndose también observar los distintos enganches en los paseos por las calles. Es típico ver por la tarde a los padres con sus hijos vestidos con el traje típico, tomando un algodón de azúcar, coco o manzanas dulces, paseando por la feria o llevándolos a la “calle del Infierno” a subir en los “cacharritos”. Si se quiere vivir la feria al completo, no se puede dejar de ir a la plaza de las Buñueleras en la calle Manolo Vázquez, donde las gitanas al son de las música, el baile y las palmas, van haciendo los buñuelos delante de todos. Es tradicional, diferente y ofrecen muy buen servicio. Fuera del recinto ferial, en La Real Maestranza , a las 5 de la tarde, se lidian 6 toros cada día, de diferentes ganaderías, siendo otra opción para todos aquellos que quieran disfrutar de esta fiesta. Al anochecer se acercan de nuevo al recinto, donde miles de bombillas son encendidas, destacando la portada, que es una de las grandes referencias de la feria y que para su diseño, se toman como base fachadas de edificios característicos de la ciudad. Una vez finalizada la noche de alegría y diversión, es típico, el reunirse con los amigos alrededor de una buena taza de chocolate con churros antes de llegar a casa y descansar, para coger fuerzas ante la llegada de un nuevo día. Más informaciones aquí... Corpus Sevilla, Junio de 2004 El día del Corpus es una fiesta cristiana que se celebra en conmemoración a la Eucaristía. Tiene un estilo tradicional que mezcla lo cultural y social, donde se muestran los valores que a lo largo de los años se han ido conservando, haciéndolo tan especial para los sevillanos. Dos jueves después del domingo de Pentecostés En este día, se reflejan los sentimiento que provocan la unión de la gente, la misa, los seises .......y que culminan con la entrada de la Custodia de plata con el Cuerpo de Cristo en la catedral al final de la procesión. La procesión está encabezada por el Guión Sacramental de la Archicofradía del Sagrario. El primer paso, llevado por costaleros que corresponden a una hermandad y que anualmente van rotando ,son las imágenes de Santa Justa y Rufina, que representan la cristiandad de la metrópolis romana de Híspalis. El segundo y tercer paso representan imágenes que corresponden a los Obispos San Isidoro y San Leandro. El cuarto, imagen de San Fernando como recordatorio de la vuelta del cristianismo a España tras varios siglos de presencia islámica. Es acompañado de la Banda Municipal En quinto lugar se procesiona la Inmaculada Concepción. El sexto paso es el Niño Jesús bajo templete. En séptimo lugar se trata de lo que conocemos por Custodia Chica que representa a la Santa Espina . En Octavo y último lugar, cerrando la procesión, La Custodia. Virgen de Los Reyes Sevilla, de 15/8/2004 a 15/8/2004 Celebración en honor a la patrona de la Archidiosesis de Sevilla. En este día se saca en procesión a la Virgen de los Reyes a las 8 de la mañana dando una vuelta a la Catedral. Durante el recorrido, los Seises, van cantando y bailando a los pies de la Virgen. Feria de San Miguel, de 23/9/2004 a 26/9/2004 Este año se recupera el clásico de la Feria de San Miguel. Fue instituida por el Rey Alfonso X El Sabio y se celebraba con regularidad hasta los años 60. Se celebrarán tres corridas taurinas y se realizarán actividades deportivas y culturales. Virgen de la Inmaculada, de 8/12/2004 a 8/12/2004 Allí se concentra el pueblo sevillano, para acudir al desfile de todas las tunas de la ciudad y muchas de las afueras, que vienen a cantar a la Virgen en conmemoración a esta fiesta. El espectáculo y el ambiente se extenderá hasta muy entrada la mañana. A la mañana siguiente se asiste a la tradicional y antigua danza de los seises, donde niños vestidos con el tradicional traje celeste, blanco y oro, cantan y bailan en la catedral. Volver al inicio de Monumentos y Fiestas
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