Monumentos y Fiestas

 

 

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MONUMENTOS DE SEVILLA

Alameda de Hércules

La Alameda de Hércules es un importante paseo de Sevilla, cercano por un lado al río Guadalquivir y por el opuesto al barrio de la Macarena y situado cerca del centro comercial de la ciudad.

Data del año 1574. En esta fecha el Conde de Barajas pobló estos terrenos que normalmente eran pantanosos (por las frecuentes subidas del río) con árboles frondosos y bellas fuentes. Uno de sus extremos los adornó en 1578 con dos columnas sacadas de un templo romano dedicado a Hércules que existió en la calle Mármoles y encontrados durante unas excavaciones para restaurar una vivienda. Sobre ellas se colocaron dos esculturas de Julio César (restaurador de Híspalis) y Hércules (fundador de la ciudad). En el otro extremo, en la segunda mitad del siglo XVIII, se colocaron otras columnas rematadas con leones y escudos representando a España y Sevilla.

La Alameda siempre constituyó una de las zonas más inundables de la ciudad, por su cercanía al río y por su baja cota. A título de ejemplo en el año 1649, año de la fatídica epidemia de peste que asoló la ciudad, se relata que la Alameda estaba tan inundada que se navegaba por ella con barcos.

En 1876 los pedestales de las columnas se protegieron del público con verjas. En 1885 fue colocada junto a las columnas de los leones una fuente de mármol, conocida popularmente como "la Pila del Pato", que se encontraba en el siglo XVI en la Plaza de San Francisco, detrás del Ayuntamiento. Esta fue luego trasladada a otro lugar de la ciudad y actualmente está en la plaza de San Leandro. En sus cercanías, en la calle dedicada al Conde de Barajas, se encuentra la que fue vivienda durante una temporada del escritor romántico Gustavo Adolfo Bécquer.

Fue un concurrido paseo hasta el siglo XVIII. Ha desaparecido el famoso mercadillo de los domingos (1975-2004) que ya no concentra a los habituales vendedores ambulantes que durante muchos años se hacían coincidir en este sitio de Sevilla, habiendo desplazado su ubicación a otro punto de la ciudad. Por la noche es animada zona de copas y restaurantes, estando casi completamente desaparecida la prostitución por la que fue famosa durante mucho tiempo.

Allí se puede acudir a la Casa de las Sirenas, palacete del siglo XX, hoy edificio municipal utilizado como Centro Cívico, en el que se organizan exposiciones, cursos, talleres y actividades culturales y vecinales.

Actualmente se halla en pleno proceso de remodelación urbanística. Este incluye la desaparición del albero que cubría tradicionalmente su suelo y de las verjas que protegían del público a los pedestales de las columnas. También se ha construido en la obra fallida de la estación de Metro del proyecto de 1977 un depósito para recogida de las aguas pluviales, popularmente conocido como Pozo de las Tormentas.

Antigua Audiencia

La Antigua Audiencia es un edificio de la ciudad española de Sevilla.

Construida entre 1595 y 1597, está situada en la Plaza de San Francisco, y actualmente es la sede de la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla. Ha sufrido numerosas reformas a la largo de su historia. Fue reformada en los siglos XVI y XIX y en 1924 Aníbal González recompuso la fachada e interior. La última gran remodelación se efectuó en 1983, de la mano de Rafael Manzano, recuperándose con todo su esplendor para Sede de la Caja de Ahorros.

Fábrica de Tabacos

Supone el mayor edificio de cuantos se levantaron en España en el siglo XVIII, y uno de los más grandes esfuerzos constructivos de nuestra historia después del realizado en la construcción del Monasterio del Escorial. Su construcción fue larga y costosa, aunque su rentabilidad a la corona compensó la enorme inversión que supuso.

Este inmenso edificio, que desde 1955 es sede de algunas facultades de la Universidad de Sevilla, se inicia en 1726 con trazas probablemente del ingeniero Ignacio de Sala, el primer arquitecto que aparece al frente de las obras y que dirigió hasta el año 1731. Después el arquitecto del edificio es Diego Bordik, quien se ocupó de continuarlo hasta 1737. Finalmente, Sebastián Van der Bosch lleva a término la obra, entre 1750 y 1757.

Ajeno a la mentalidad del barroco sevillano de la época, este edificio muestra la estética conservadora y clasicista de la arquitectura borbónica “oficial”, aunque en detalles decorativos del interior y en su portada principal se advierte el sello y la impronta del arte local.

Su estructura se desarrolla en planta rectangular, y en su origen estaba rodeado por un enorme foso que defendía el acceso desde el exterior; del que se conservan en la actualidad tres de sus lados. Todo el conjunto se realizó en cantería excelentemente aparejada, resultando así una obra acabada y perfecta, que hoy muestra íntegra gran parte de su aspecto original. Su dilatado espacio consta de dos unidades iguales a través de un eje de simetría que corre por una línea continuada de vestíbulos y patios, y que vincula las fachadas norte y sur. Las alas laterales se distribuyen en torno a varios patios menores que iluminan las dependencias interiores del edificio.

Un tercio del espacio total del edificio, el ubicado en la fachada principal, se reservaba a funciones burocráticas, administrativas y a vivienda de los principales funcionarios; el resto se dedicaba a las funciones de elaboración del tabaco. Así en sus plantas se distribuían molinos, prensas, almacenes y salas de manufactura, quedando los secaderos en la superficie superior de las terrazas; los molinos y prensas, movidos por tracción animal estaban en planta baja, donde asombra el inmenso grosor de los muros, justificado por la necesidad de mantener en el interior un grado determinado de humedad que proporcionaban canales subterráneos, la mayor parte naturales, y que luego se distribuían por corrientes de aire estratégicamente dispuestas a través de corredores.

Al exterior sus cuatro largas fachadas van marcadas por un ritmo decididamente horizontal, articulado a base de pilastras entre las que se sitúan amplios ventanales cuya única decoración es el sobrio frontón triangular en los del segundo cuerpo. Tras la escueta línea del friso superior se levanta una balaustrada coronada de soberbios pináculos y florones que poco alivian la horizontalidad del conjunto; sólo las portadas que se abren al frente de cada uno de sus lados rompen esta monotonía; pero tres de ellas son modernas, labradas hacia el año 1955, cuando el edificio se convierte en la Sede de la Universidad de Sevilla.

La portada principal, situada en el centro de la calle San Fernando, muestra en su virtuosismo escultórico y en su espectacularidad las características propias del brillante barroco local. Obra de Cayetano de Acosta, se levanta en dos cuerpos de altura y se remata con frontón triangular partido que alberga en su tímpano un aparatoso escudo real sobre el que sitúa la imagen de La Fama, hoy símbolo de la universidad hispalense. Ambos cuerpos se elevan con columnas pareadas separadas por el solemne balcón central, en cuyo dintel figura la inscripción que señala el año de la terminación del edificio, 1757, durante el reinado del monarca Fernando VI.
Bien de Interés Cultural, el edificio está catalogado como Monumento según publicación aparecida en el BOE en el año 1.959. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Casa consistorial de Sevilla

La Casa consistorial de la ciudad de Sevilla, en España, constituye una de las muestras más notables de la arquitectura plateresca.

Se comenzó a edificar en el siglo XV por Diego de Riaño, a quien se le encargó que labrara una construcción de piedra, duradera y con fachadas a la Plaza Mayor ante el convento de San Francisco. De este modo, este maestro ejecutó el sector meridional del Ayuntamiento, el arquillo de comunicación con el monasterio franciscano y dos plantas recubiertas de relieves platerescos con representaciones de personajes históricos y míticos, heráldicas y emblemas alusivos a los fundadores de la ciudad, como Hércules y Julio César.

Esta sede fue reformada, tras el derribo del convento de San Francisco, en el s. XIX por Demetrio de los Ríos y Balbino Marrón, quienes trazaron una nueva fachada principal, orientada a la Plaza Nueva, de corte neoclásico. A su vez, reorganizaron el interior alrededor de dos patios y una gran escalera. Actualmente se guardan en él algunos elementos de elevado interés artístico e histórico, como el pendón de la ciudad.

Palacio Arzobispal

Este Palacio Arzobispal se levanta sobre el antiguo palacio que se edificara como sede del obispo de Segovia Don Remondo de Losana, nombrado primer obispo de Sevilla, sobre unas casas cedidas en 1.252 por el rey Fernando III El Santo tras la conquista de la ciudad en 1.248; casas que estaban construidas sobre edificaciones almohades, a su vez levantadas sobre un conjunto termal de época romana hallado a un nivel más profundo.

Del palacio construido para Don Remondo no queda prácticamente nada;  a lo largo de los siglos el edificio se va ampliando hasta que a mediados del XVI unas reformas lo dejan según el concepto estructural con que aparece en la actualidad, y que responde a los cánones tradicionales del palacio andaluz, que reparte sus dependencias alrededor de dos amplios patios principales unidos por un cuerpo central donde sitúa su escalera principal, y que es lo que aparece a primera vista desde el exterior.

Con una extensión de más de 6.500m2 y ocupando casi toda una manzana, presenta dos amplias fachadas abuhardilladas con altos y bien proporcionados huecos entre pilastras y elegantes molduras, donde se combinan los clásicos colores sevillanos de albero y sangre de toro; y en ellas, la situada frente a la plaza Virgen de Los Reyes centra una magnífica portada en dos cuerpos, obra de Lorenzo Fernández de Figueroa y Diego Antonio Díaz, construida en el siglo XVIII, considerada de las mejores del barroco sevillano.

Del interior destaca su majestuosa escalera central realizada en mármoles de colores en un solo tiro y tres tramos, diseñada en el s. XVII por Fray Manuel Ramos y decorada con pinturas atribuidas a Juan de Espinal; así como la fuente del segundo patio, obra del siglo XVI. Y toda su valiosa colección de obras de arte, pues en la actualidad este palacio es la tercera pinacoteca de la ciudad, tras el Museo de Bellas Artes y la propia Catedral, con una importante serie de pinturas y esculturas repartidas por todo el palacio, que incluye obras de grandes autores como Francisco de Herrera El Viejo, Francisco Pacheco, Zurbarán y Murillo, entre otros. En especial destaca su Salón Principal, cuyo techo se encuentra decorado con setenta lienzos con temas de exaltación de la Iglesia Católica.

 Durante la ocupación francesa por las tropas napoleónicas, el palacio fue utilizado como Comandancia General del ejército y residencia del propio mariscal Soult y sus oficiales en la ciudad, sufriendo además y como en tantos otros casos, el expolio de gran parte de sus obras de arte. Como anécdota cabe decir que el lienzo “La Virgen entregando el rosario a Sto. Domingo”, obra temprana de Murillo, no se la llevaron al no saber reconocer en él la mano del maestro sevillano. 

Años más tarde fueron los Duques de Montpensier, recién llegados a la ciudad, los que vivieron en este palacio ocasionalmente mientras se realizaban las obras en su futura  residencia, el Palacio de San Telmo.

Como curiosidad, citar que hay una réplica de este palacio Arzobispal en Umbrete, población cercana a la capital, usada como residencia estival de los antiguos arzobispos. Bien de Interés Cultural, hoy es Monumento Nacional según aparece reflejado en el B.O.E. desde el año 1.969.  Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de Cazalla de la Sierra

La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de Cazalla de la Sierra se levanta en la parte más alta de la ciudad, adosado junto a una puerta de las antiguas murallas almohades que rodeaban la primitiva villa.

Construida inicialmente en estilo mudéjar, este templo, uno de los más destacados de la arquitectura sevillana, posteriormente fue ampliado durante el s. XVI debido al auge económico que por entonces vive la ciudad, ya con un lenguaje plenamente renacentista, que no obstante respetó en gran medida la traza original.

No hay noticias ciertas sobre los maestros que acometieron esta gran reforma que no llegó a finalizarse y que fue iniciada en el año 1538; aunque debido a la fecha citada, sus características y su calidad técnica y artística se relaciona razonablemente con las intervenciones llevadas a cabo en provincias por los Maestros Mayores de la Catedral Hispalense, Diego de Riaño y Martín Gainza. En dicha reforma, se derriba parte de la obra mudéjar anterior, comenzándose la construcción de un nuevo templo de planta rectangular, muy del gusto renacentista imperante en la época.

En el edificio, tal como nos ha llegado hasta hoy y con la superposición de estilos que se van sucediendo a lo largo de su historia, permite apreciar un total de tres fases superpuestas entre sí.

Una primera fase mudéjar, con la que originariamente se levanta la iglesia, mantenida en la cabecera y en los pies del templo, que responde al tipo generalizado de las fábricas medievales en toda la comarca, con la disposición clásica de tres naves, torre-fachada y ábside poligonal.

El estilo renacentista se muestra fundamentalmente en las reformas interiores que transforman la primitiva construcción medieval y donde sobresalen los grandes pilares con columnas clásicas adosadas y sus remates, derivados de los empleados en la Sacristía Mayor de la catedral de Sevilla, así como el sistema de bóvedas vaídas con casetones, magnífico ejemplo de este tipo de cubiertas, y uno de los mejores del renacimiento andaluz por su extraordinaria factura.

Posteriormente, y en el segundo tercio del s. XVIII se acomete en el templo una tercera transformación importante llevada a cabo por Francisco López, donde se cubren con bóvedas de cañón los tramos que restaban por derribar de la antigua iglesia mudéjar de los pies del templo y se levantan sus portadas laterales, ya en claro estilo barroco.

Como resultado de todas estas intervenciones, el conjunto aparece como un soberbio templo donde se conjugan distintos estilos, con elementos arquitectónicos muy notables entre los que sobresalen sin duda su torre-fachada, compuesta por dos núcleos claramente diferenciados que incluye una interesante portada ojival, y su magnífico espacio interior renacentista, con la decoración de casetones en las bóvedas y los relieves de apóstoles y santos sobre los entablamentos que coronan los grandes pilares de la iglesia.

Interiormente es muy notable, además, el Retablo Mayor, fechado en el año 1574 y realizado por Bautista Vázquez, que conserva interesantes esculturas y relieves correspondientes al desaparecido retablo ejecutado por Juan de Oviedo en 1532.
Hoy la iglesia está considerada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, según publicación aparecida en el BOE en el año 1.983. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Ateneo de Sevilla

Ateneo de Sevilla, fue fundado en Sevilla en 1887 por Manuel Sales y Ferré, en principio se llamó Ateneo y Sociedad de Excursiones. Es una asociación cultural, científica, literaria y artística. Entre sus iniciativas, está la organización de la Cabalgata de Reyes Magos (que en Sevilla se celebra desde 1918 por iniciativa del Ateneo) y la convocatoria de los premios literarios «Ateneo de Sevilla». En este lugar con motivo del tercer centenario de la muerte de Góngora, surgió la Generación de 1927. A él han pertenecido ilustres políticos y literatos sevillanos (García Bravo-Ferrer, José María Izquierdo, etc.). Además y desde principios del siglo XX cuenta con una sección dedicada al Ajedrez con importantes figuras tales como Joaquín Torres Caravaca o Juan de la Mata y Ortigosa -que destacaron en la década de los años 20 y 30-, y Rafael E. Cid Pérez, presidente de la Federación Andaluza de Ajedrez y organizador del Campeonato Mundial de Ajedrez Sevilla 1987 entre los jugadores soviéticos Garry Kasparov y Anatoli Karpov.

El Ateneo de Sevilla también destaca por su labor editorial, y buena muestra de ello son sus publicaciones sobre personajes ilustres de la ciudad, en un intento de perpetuar su memoria. Mención merece, en este sentido, la tarea divulgativa de la obra de José María Izquierdo que el también escritor y presidente de la docta casa -Enrique Barrero- viene desarrollando.

Debido a su importancia e influencia, en algunos puntos de Andalucía se hicieron imitaciones de menor nivel. Éste fue el caso del Ateno de Isla Cristina que, gracias a la colaboración de Blas Infante, abrió sus puertas en esta localidad onubense el 10 de septiembre de 1926.

Plaza de España

Al mismo tiempo que Barcelona realizaba su Exposición Internacional, en el año 1929, se inauguraba en Sevilla la Exposición Iberoamericana, un evento que tuvo un origen tan dilatado y ampliamente respaldado como aquella.

La idea inicial de una Exposición Hispanoamericana fue dada a conocer ya en el año 1910. Para ello, se hizo venir desde Valencia al arquitecto Vicente Rodríguez Martín, para aprovechar su experiencia lograda en la Exposición Regional Valenciana de 1909; y también se llamó a Jean Claude Forestier para que proyectase unos enormes jardines, tomando como base el parque del vecino Palacio de San Telmo, en los terrenos donados a la ciudad de Sevilla en 1893 por la Duquesa de Montpensier. Forestier, abandonando sus ideas de jardinero francés, creó el famoso Parque de María Luisa, entre los años 1911 y 1914, reinventando un estilo andaluz que supo interpretar de manera excepcional, contando siempre con la inestimable colaboración del arquitecto director del certamen, que inicialmente fue Aníbal González Álvarez.

El propio Aníbal González proyecta y dirige desde 1914 el interesante conjunto de la Plaza de América, donde se ubican el soberbio Pabellón Real, de estilo neogótico y hoy sede de Servicios municipales del Ayuntamiento, el Pabellón Mudéjar, actualmente sede del Museo de Artes y Costumbres Populares y el Pabellón de Bellas Artes, hoy Museo Arqueológico Provincial.

Pero su obra más emblemática es sin duda la Plaza de España, un gran espacio de planta semielíptica, en uno de cuyos frentes mayores crea un espléndido edificio lineal adaptado a la curvatura de la plaza, a lo largo del cual destaca varios cuerpos principales y de mayor altura, y que continúa por los lados menores acabando en dos majestuosas y bellas torres repletas de detalles renacentistas y barrocos, una en cada extremo, envolviendo así gran parte del espacio central, al que se accede desde el frente a la fachada principal.

A los pies del edificio diseña una ría paralela a él, que casi rodea del todo a la plaza, dejando libre sólo su acceso frontal. Por encima de ella, cuatro airosos puentes representan los cuatro antiguos reinos de España y conectan la plaza con el edificio y su entorno más inmediato, una inmensa galería de arcos y columnas de exquisita factura.

Su construcción, detallista y llena de simbolismos, es un enorme edificio de ladrillo aplantillado perfectamente aparejado que aglutina de modo magistral a los otros materiales claves en la obra, como son las esbeltas columnas de mármol blanco y los bellos remates de variada cerámica policromada traídos desde Triana. Se diseña la Plaza orientada hacia el río, como camino a seguir hacia América, y trataba de simbolizar el abrazo de España con sus antiguas colonias, creando con sus múltiples decoraciones y perfeccionismos uno de los mejores exponentes de la arquitectura regionalista de Andalucía y de toda España.

Considerada la obra más costosa de la Exposición, el único elemento ajeno a ella es la fuente central, colocada posteriormente. A lo largo del edificio, en su fachada a la plaza, el espacio se compartimenta en 48 recintos individuales, con bancos y ornamentos de azulejos alusivos a las distintas provincias españolas, donde se incluyen mapas, mosaicos sobre hechos históricos, escudos de cada ciudad, y a los lados, nichos en los cuales se disponían libros sobre la literatura, la historia y el arte de cada una de ellas. Elegida como lugar excepcional de la ceremonia de inauguración de la Exposición, contó para ello con la presencia del rey Alfonso XIII. Hoy el edificio alberga la Delegación del Gobierno central en Andalucía y la Capitanía General de la región militar del Sur.

Bien de Interés Cultural, la Plaza de España es Monumento Nacional según consta en publicación aparecida en el BOE en el año 1.981. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Caños de Carmona

Los Caños de Carmona, son unos restos de un acueducto romano que existió en Sevilla a pleno rendimiento hasta su demolición en 1912.

Se emplearon para su construcción como único material el ladrillo, constaba de aproximadamente 400 arcos sobre pilares en la zona que estaba a la vista de todos, en algunos lugares con un cuerpo superior también de arcadas, parece ser que es el único existente en España.

Data de la época en que fueron levantadas las murallas de Sevilla, aproximadamente entre los años 68 y 65 adC, fecha que tuvo como cuestor de la ciudad a Julio César, siendo reconstruido por vez primera por los almohades entre los años 1171 y 1172 debido a su estado ruinoso.

Cerca del siglo XIII, cuando comenzaba la Guerra de Granada volvieron a hacerse reparaciones en sus canalizaciones y arcos. A finales del siglo XIV se reformó nuevamente, añadiéndoseles nuevos arcos que determinaron el número que se conoce en el presente.

Donde comenzaban actualmente es un misterio, hay dudas de que estuviera en Carmona, pero sí se sabe que se abastecía del manantial de Santa Lucía, ubicado en el municipio de Alcalá de Guadaira donde los caños pasaban atravesando largos túneles subterráneos y bóvedas excavadas en la roca o fabricadas de ladrillos (algunos de ellos con un peso de seis kilos), a lo largo de los cuales habían accesos hasta la superficie para ventilar la conducción y permitir entrar y salir a los obreros que lo mantenían, contándose en esta zona alrededor de veinte accesos, y terminaba en la Puerta de Carmona (antigua puerta de las murallas, derribadas en 1868), donde existía un gran depósito desde el que se distribuían las aguas hacia diversos puntos de la ciudad, siendo disfrutada principalmente por la aristocracia, instituciones religiosas, la Casa Pilatos, las Huertas del Rey y los Reales Alcázares además de algunas fuentes y baños públicos.

Hasta la fecha en que fueron derribados para hacer esta zona de la ciudad más viable, todavía estaba en perfecto funcionamiento, sólo han quedado tres pequeños tramos a lo largo de la vía que ocupaba, el que está en mejor estado de conservación se encuentra así porque durante años formó parte de los pilares de un puente que se alzaba sobre la calle hasta que lo volvieron a descubrir tras la destrucción del puente hace pocos años.

Curiosidades

La fecha de su primera reconstrucción por el califa almohade Abu Yaqub Yusuf fue cuando también mandó construir la mezquita y el alminar –Giralda-, el puente de barcas sobre el río Wad al-Kebir y el palacete de la Buhaira con sus jardines (Jardines de la Buhaira) que también se abastecían de las aguas que traía el acueducto.

En algunos puntos su curso movía un número variable de molinos harineros.
Su nombre se debe a que la Puerta de Carmona estaba adosada a los Caños de Carmona.

Después de ser descubierto nuevamente tras la demolición del puente que tenía enterrado uno de los tramos de la arcada, también se dejó visible una escultura de una Virgen, conocida como “la de Madejas”, estaba en una hornacina protegida por una tela metálica y fue saqueada al poco de dejarse a la vista. Ahora sólo queda como recuerdo un azulejo en su lugar donado por una hermandad religiosa.
Eran la fuente de agua de más calidad de la ciudad hasta la época actual, debido a que las galerías subterráneas que también lo formaban se abastecían del agua de recogida por filtración.

Su longitud es de aproximadamente 17,5 km. A unos 12 km. de su remate comenzaba el tramo a cielo abierto aprovechando los desniveles de la zona para suministrarse igualmente.  Suministraba un caudal de unos 5000 m³ de agua potable al día.

Iglesia de San Juan Bautista - Marchena

Se considera el templo matriz de Marchena, y es sin duda, uno de los que encierran mayor valor artístico de toda la provincia de Sevilla.

Aunque es evidente la yuxtaposición de varios estilos arquitectónicos y artísticos, éste es fundamentalmente un templo gótico-mudéjar, que inicialmente se construye en la última década del siglo XV, aunque luego va sucesivamente transformándose y ampliándose hasta su estado actual.

Su fundador fue D. Rodrigo Ponce de León, cuya heráldica figura en el arco triunfal del presbiterio, junto con el de los Pacheco, perteneciente a su esposa. A este período pertenecerían las naves centrales, a las que con el tiempo se añadirían otras dos hasta formar un total de cinco.

La nave central del templo se cubre con un soberbio artesonado de madera noble con decoración de lacerías, estrellas y mocárabes, uno de los mejores ejemplares de tradición mudéjar de toda la zona.

El Retablo Mayor, de estilo gótico tardío o flamígero es de madera de cedro de los llamados de batea con guardapolvos, incluye relieves y pinturas del primer tercio del siglo XVI, con elementos de rasgos renacentistas. Se atribuye su autoría a Alejo Fernández en los elementos pictóricos, y a Jorge Fernández en las tallas de relieves. A este altar Mayor se accede a través de una reja de hierro forjado del siglo XVIII con dos púlpitos de igual traza y escalinatas de jaspe de Cabra, fechadas en el año 1639.

De gran interés es el coro, cuya sillería se comienza en 1711, según trazas del ensamblador Juan de Valencia, quien lo acaba hacia 1717, en maderas de cedro y ciprés en dos bandas de asientos completamente tallados con medallones y relieves de santos entre estípites y cortinajes, así como el gran facistol giratorio central. Muy relevante es asimismo, la existencia de dos órganos ubicados en la parte superior del coro. Es sabido que esta iglesia de San Juan tuvo enorme importancia como cátedra musical durante los siglos XVI y XVII, donde desempeñó su ministerio Cristóbal de Morales, maestro de música del Palacio de los Duques de Arcos.

Pero quizás lo más sorprendente de esta iglesia, está en su Sacristía, situada detrás de la Capilla Mayor. Construida por los maestros Pedro y Juan de Rueda y cubierta por un notable artesonado de madera del siglo XVII, de ella parte su particular Museo, al que se accede a través de una escalera de caracol del s.XVI. Dicho museo está formado principalmente por la colección de nueve cuadros del genial pintor extremeño Francisco de Zurbarán contratados en 1634 y entregados tres años más tarde. Entre los lienzos expuestos destaca una impresionante Inmaculada donde se observa el minucioso tratamiento del color y los tejidos que tanta admiración ha producido en generaciones posteriores.

Exteriormente, la iglesia no aparenta la enorme importancia artística que atesora. Su fachada principal tiene los rasgos sencillos de los templos gótico-mudéjar habituales de la época, con una sencilla puerta de arcos múltiples ligeramente apuntados que se enmarcan por un simple alfiz entre dos ligeros contrafuertes cilíndricos. Más vistosa es su torre campanario, de fuste cuadrado alto y ciego y origen mudéjar, que se remata con un añadido cuerpo de campanas de estilo barroco rematado en chapitel.

Este magnífico templo está considerado Bien de Interés Cultural y declarado Monumento Nacional, según su publicación aparecida en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

Casa de las Sirenas

La Casa de las Sirenas, es un palacete residencial ubicado en la ciudad de Sevilla, del siglo XIX y estilo francés, situado hacia el centro de la Alameda de Hércules. Se llamaba en su origen "Recreo de la Alameda", pero popularmente es conocido como "Casa de las Sirenas" por las grandes figuras de estos seres mitológicos que adornaban las rampas de acceso a la portada principal y otras menores en la cima de las jambas de esta portada.

Fue mandado construir por Don Lázaro Fernández de Angulo, marqués de Esquivel. Se culmina en 1864, y a los seis años el marqués de Esquivel vendió la casa. Desde entonces ha pasado por diversos dueños, hasta quedar abandonada desde la década de 1980. El estado de abandono llegó hasta la auténtica ruina, desplomándose los tejados e incluso parte de la fachada sur. Se robaron las rejas de la portada principal y las famosas sirenas. En 1992 la adquiere el Ayuntamiento de Sevilla, emprendiendo su reconstrucción.

Actualmente es Centro Cívico del Distrito "Casco Antiguo", con abundantes actividades culturales: conferencias, conciertos, exposiciones, etc.

Puerta  de Córdoba - Carmona

Dada la situación privilegiada de la ciudad de Carmona, su existencia se extiende desde la Prehistoria hasta nuestros días; de ahí que se conserven abundantes testimonios de su pasado. Pero es con el gobierno de Roma cuando alcanza su máximo esplendor; sus huellas aparecen por todas partes: Las Puertas de Sevilla y de Córdoba son de factura romana, así como el recinto funerario o el Anfiteatro. Por Carmona pasaba la Vía Augusta, de la que se conservan algunos restos y un puente. Fuera del recinto amurallado se conserva un sector importante de su magnífica Necrópolis de los siglos I y II, con más de setecientas tumbas excavadas, todo lo cual lo convierte en una ciudad romanizada de primer orden, que llegó a tener incluso el privilegio de acuñar moneda.

Situada sobre una altiplanicie desde donde se domina el valle del Guadalquivir, la ciudad romana quedó rodeada por completo por murallas con un perímetro de unos 3 kilómetros. Este recinto amurallado de origen romano, aún se conserva en parte, aunque con modificaciones medievales islámicas y cristianas. Se sabe que la ciudad de Carmona en época romana contó con un total de cuatro Puertas que permitían la comunicación de la ciudad amurallada con el exterior, aunque de ellas sólo permanecen las dos citadas, debido a las numerosas vicisitudes que se dieron en esta tierra a lo largo de la historia. Estas dos Puertas actuales, la de Sevilla y la de Córdoba fueron creadas por el urbanismo romano como entradas principales a la ciudad y estaban conectadas mediante el tradicional “cardo máximo”, constituyéndose así como el principal eje viario de la ciudad. Aún hoy permanece sin cambios importantes este trazado, que permite el acceso a su interior por ambas puertas y su interconexión.

La llamada Puerta de Córdoba es uno de los principales símbolos de la grandeza de aquella época. Data del siglo I, y su planta está básicamente construida por un muro recto de sillería almohadillada, de diez metros de altura aproximadamente, flanqueada por dos poderosas torres defensivas de planta octogonal, también de construcción romana y rematadas por almenas.

Según las últimas investigaciones realizadas con carácter previo a su restauración se pudo comprobar que en su trazado primitivo contaba con tres arcos de entrada, existiendo otras dos puertas pequeñas laterales, una a cada lado de la central, cegadas en el siglo II a causa de la inestabilidad política de la zona. Esta circunstancia la convierte en la única puerta romana defensiva que respondía a este modelo de tres arcos en toda la península Ibérica.

En época de los Reyes Católicos esta Puerta de Córdoba pierde su original función defensiva y con ello su austero aspecto militar, tomando una función fiscalizadora de los productos elaborados fuera de las murallas, y ejerciendo en la práctica como una aduana. Más adelante, en época renacentista se le hacen importantes reformas; y a principios del s. XVII se acuerda añadirle motivos ornamentales tales como escudos y estatuas de mármol, hoy desaparecidos, que aumentaron su monumentalidad y prestancia. Posteriormente, el aspecto barroco se le confirió en tiempos de Carlos II, con las reformas llevadas a cabo en el año 1688.

Por último, a finales del s. XVIII se realiza la última intervención importante, a cargo del arquitecto neoclásico local José Echamorro, reedificándose parte del monumento y consolidándose todo el conjunto.

En el intradós del vano principal se mantiene un interesante lienzo dieciochesco, que representa a la Virgen de Gracia, patrona de la ciudad.

La importancia histórico-arquitectónica de esta Puerta de Sevilla quedó patente con su declaración como Monumento según publicación de La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Casa del Rey Moro

La Casa del Rey Moro de Sevilla es una de las escasas construcciones domésticas de fines del siglo XV y principios del XVI que ha llegado hasta nuestros días, en dicha ciudad. Pertenece a un momento en que coinciden el gótico final y los inicios del renacimiento con una fuerte tradición islámica, lo que le aporta una gran riqueza formal.

Perteneciente a la tipología de vivienda particular de estilo mudéjar con huerta y jardín domésticos, su situación en las afueras de la ciudad y su cercanía a las murallas le hacen participar, en cierta manera, de rasgos de arquitectura rural.

La Casa cuenta actualmente con dos fachadas: La principal que da a la calle Sol y otra, en su lateral izquierdo, que permitía el acceso, en época histórica, a la huerta de la vivienda y que actualmente es una pequeña calle sin salida.

Tiene planta rectangular y una distribución espacial en torno a un patio central porticado en tres de sus lados. Las zonas anterior y posterior del inmueble están constituidas por dos crujías, mientras las laterales presentan sólo una y de menor anchura.

La fachada, de ladrillo visto encalado y sin decoración, tiene dos puertas: Una moderna que da acceso a un ala dedicada a sala de exposiciones y la original del edificio. En la planta primera destacan un balcón, un pequeño vano y una cornisa de escaso vuelo que se desarrolla por toda la fachada y sostiene las tejas de las cubiertas hasta llegar al mirador, de factura reciente.

La distintas remodelaciones que ha sufrido la casa hacen que sea el patio que ha permanecido sin reformas, el espacio de mayor interés. Presenta arcadas completas en la planta baja y alta en los flancos norte y sur, y sólo la alta en su lado este. Donde éstas faltan existe un muro en el que se abren vanos comunes. Las arcadas se sostienen por pilares de ladrillo de color rojizo de diferentes secciones, siendo en la planta baja, octogonales y con basas simples. Los arcos peraltados enmarcados en alfices apoyan en capiteles con forma de paralelepípedo recortados en la parte inferior de los ángulos. En las galerías altas existe una gran tipología de soportes, los arcos son rebajados e igualmente enmarcados en alfices. El resto de los componentes del patio pertenecen a la última restauración. En las demás estancias la adaptación a nuevos usos ha homogeneizado su aspecto.

Elemento a destacar en el inmueble es la techumbre del salón principal, un artesonado de tirantes, de estilo mudéjar, bastante restaurado, de traza sencilla, en el que únicamente aparece decoración de lacería en los tres tirantes.

La Giralda

La primera Mezquita Mayor de Sevilla, ubicada donde hoy está la Iglesia del Salvador –y de la que aún se conservan su pequeño patio de los naranjos o de las abluciones con sus muros perimetrales y su torre alminar-, pronto se queda pequeña e incapaz de acoger a los cientos de fieles que acuden a ella tras el enorme crecimiento experimentado por la ciudad bajo la época musulmana, y en especial cuando los almohades deciden convertirla en capital de su imperio en la Península. Por ello pronto se decide acometer la construcción de una nueva Mezquita Mayor de grandes proporciones, que ahora se emplaza próxima al río y al Alcázar que se levanta junto a él bien defendido por murallas que llegaban hasta el mismo muelle. De esta gran mezquita –al igual que de la anterior– sólo nos quedan su patio de abluciones con sus muros perimetrales y su torre alminar, aunque aquí con unas dimensiones y proporciones verdaderamente extraordinarias.

De construcción almohade, ésta es una gran torre que se levanta con 82 metros de altura, de los cuales dos permanecen enterrados y otros cuatro desaparecieron tras las posteriores reformas cristianas. Se comienza a levantar por deseo del sultán Abu Yacub Yusuf Ad-Almanzor en el año 1184 bajo la dirección del arquitecto Ben Basso, empleándose para su cimentación sillares de piedra procedentes de edificios anteriores, especialmente romanos. La muerte del sultán da un giro a la construcción de la torre, pues su hijo y heredero encomienda la consecución de las obras al también arquitecto Alí de Gomara, quien prefiere continuar con ladrillo y no con sillares de piedra.

Según la leyenda se necesitaron grandes plataformas para levantar la torre, hechas con restos de edificios visigodos y romanos tomados de alrededor. Interiormente no tiene escaleras y se cree que sus 35 rampas se crearon para que el anciano primer almuecín pudiera subir a caballo para hacer los azalá o llamadas a la oración desde su terraza superior. También subió a caballo a la torre como señal de victoria Fernando III el Santo, tras su conquista de la ciudad en 1248. El alminar lo formaban dos prismas rectangulares superpuestos coronados por una cúpula y un espigón metálico en el que se insertaban cuatro esferas de bronce dorado, desaparecidos tras el terremoto de 1356. Por su decoración, esbeltez y altura, no existe nada mejor dentro de su categoría y se la considera hermana de la Kotobyya de Marrakech y de la gran torre de la Mezquita de Al Hasan de Rabat.

Su posterior transformación se debe al genio del arquitecto Hernán Ruiz II, encargado de llevar a cabo el deseo del Cabildo sevillano cuando, una vez acabada su gran catedral en el solar resultante tras la demolición de la mezquita, en 1.558 decide realizar sobre ella un cuerpo de campanas acorde con la magnificencia del gran templo cristiano. H. Ruiz, continuando la verticalidad de sus muros levanta el cuerpo principal con cinco vanos en cada frente, con carácter plenamente renacentista y perfectamente integrado en el alminar, como si de su prolongación natural se tratara. Y sobre él levanta otros tres más retranqueados sucesivamente hasta llegar al más alto donde se asienta el “giraldillo”, singular veleta giratoria formada por una estatua en bronce de más de 4 metros de altura que representa a la Fe y que acabó dando nombre al conjunto. De esta manera, el autor del campanario cristiano con sus 30 metros de altura sobre la vieja torre almohade quedó consagrado como el mejor arquitecto de su época, maestro entre maestros por su gran sensibilidad artística y sus amplios conocimientos técnicos.

El diseño del giraldillo es obra de Luis de Vargas, modelado por Juan Bautista Vázquez el Viejo y fundido por Bartolomé Morel . Quedó instalada en la torre en el año 1568.

Bien de Interés Cultural, hoy forma parte del Patrimonio de la Humanidad, según declaración de la UNESCO del año 1987. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Corral del Coliseo

El Corral del Coliseo es un antiguo corral de comedias del siglo XVI. Situado en la C/Alcázares de Sevilla, cerca de la Plaza de la Encarnación.

Se conservan algunos documentos que arrojan alguna luz sobre lo que significó este monumental edificio en el teatro sevillano de principios del s. XVII.

En marzo de 1612 Claramonte dirige el Corral del Coliseo en Sevilla, y se compromete a facilitar a la Compañía ocho comedias viejas o ya estrenadas por cuatrocientos reales, y las nuevas o nunca vistas, a razón de 250 reales.

Un pleito en 1619 entre el dueño del Corral del Coliseo y unos autores de comedias sirve también de guía para entender la sociedad de la época. La querella era interpuesta por Francisco de Rivera, arrendador del Corral del Coliseo, en 5 de junio de 1619, ante Juan Muñoz de Escovar, del Conssejo e Contaduría mayor de quentas de su Magestad, Juez del Desenpeño desta ciudad de Seuilla, contra Juan Acacio y Diego de Vallejo (ambos autores de comedias), porque decidieron representar los autos sacramentales del Corpus en el Corral de doña Elvira. Con ello, contravenían una resolución anterior, del 25 de mayo, del mismo juez en la que disponía que hse representaran en el Corral del Coliseo. Por lo que decía el arrendador del Corral porque semejante desacato no se deue dar lugar, a Vuestra merced pido y suplico, mande prender a los dichos autores de comedias, que son Juan Acacio y Diego de Vallejo, y quitar los carteles que están puestos, executándoles por las penas en que an yncurrido y en los daños que a la hacienda desta ciudad por la dicha caussa se le an seguido y siguen, y pido justicia. / Ansí para en prueba de lo susodicho, hago demostración de vno de los carteles que los susodichos an puesto por las esquinas y del auto por Vuestra merced proueydo y notificaciones, y pido justicia.... Sirven estos escritos para revivir la sociedad de la época y entender el teatro del siglo de oro.

Se sabe además, que en 1620, Ortiz y los Valencianos representaron la obra de Claramonte El Gran Rey de los Desiertos en el Corral del Coliseo. En este mismo año el Corral del Coliseo sufrió un terrible incendio.

Además, se hace referencia también al Corral del Coliseo como en un contrato por el que se obligaba a representar 30 funciones a la compañía que regentaban los padres de Bárbara Coronel y en la que ella misma actuaba, antes de ser actriz de renombre en aquella época.

Iglesia de Santa María de Mesa - Utrera

La iglesia de Santa María de Mesa de Utrera, ubicada en el centro de la ciudad en un bello entorno de casas solariegas, es un templo que en su construcción original es de traza gótica del siglo XV, pero que en torno a 1600 es sometido a importantes obras de reforma que afectan principalmente a la cabecera de la iglesia y al crucero. Se trata de una iglesia de grandes dimensiones con cinco naves separadas por pilares que soportan arcos apuntados sobre las que descansan las cubiertas de bóvedas nervadas. En su conjunto conjuga formas artísticas tardogóticas y renacentistas con algunos elementos de corte barrocos.

Es muy espectacular su magnífica torre-fachada de ladrillo y de forma rectangular situada a los pies de esta iglesia, construida a mediados del siglo XVI en cuatro cuerpos de altura que van disminuyendo en planta según se van superponiendo cada uno sobre los inferiores, los dos últimos acabados hacia el año 1770, dando lugar a una composición muy robusta y equilibrada, de gran sentido ascensorial.

Esta torre tiene en su primer cuerpo una gran portada renacentista, obra del arquitecto de origen vizcaíno Martín de Gainza, quien tras la muerte de su maestro y antecesor Diego de Riaño es nombrado Maestro Mayor de la catedral de Sevilla (1535), y que realiza diferentes trabajos en tierras del arzobispado, como es esta iglesia mayor de Utrera, fechada hacia el año 1550.

La articulación sin solución de continuidad entre portada y campanario que caracteriza a estas torres-fachadas era una fórmula que ya había sido empleada en algunos templos medievales. La labor de Gainza es actualizarla mediante un “nuevo” lenguaje renacentista.

Para su composición en esta iglesia, la denominada Portada del Perdón la dispone enmarcada entre dos potentes balaustres de piedra rematados por un frontón triangular en cuyo centro se incluye un espléndido y profundo arco abocinado con sus jambas y trasdós minuciosamente labrados con figurillas enmarcadas en una perfecta cuadrícula renacentista. Ya en el centro del muro, la puerta adintelada se cierra con una sencilla cartela decorada con grutescos que a su vez se rodea de hornacinas con figuras religiosas y un relieve de la Virgen entre ángeles.

Esta decoración clásica y menuda contrasta con el paramento liso del resto de los dos siguientes cuerpos de la torre, sólo horadados por dos óculos en su parte superior, obra de Hernán Ruiz II del tercer cuarto del s. XVI, y a los que posteriormente se le añadieron los dos cuerpos restantes del conjunto, de factura barroca y fechados hacia el año 1775.

Cuenta esta iglesia con un gran Retablo Mayor, concertado por Martín Moreno en 1662 y terminado años después por Francisco Ballesteros. Presenta relieves con escenas de la vida de la Virgen y del martirio de los santos locales Estrabón y Artemidoro, además de esculturas de san Pedro y san Pablo. En un lateral se encuentra la figura orante de don Diego Ponce de León, fundador y patrono de una de las capillas, obra del s. XVI.

El coro, situado a los pies de la nave central y con más de cincuenta asientos repartidos en dos alturas es obra de Felipe del Castillo de 1774, decorada con medallones de santos y articulado por estípites. También de esta época es el órgano ornamentado con temas florales y ángeles, muy del gusto rococó. En su rico patrimonio mobiliario hay que destacar el retablo de la Capilla del Sagrario, una importante colección de platería y la Custodia procesional, todo ello del siglo XVIII
Bien de Interés Cultural, esta iglesia de Santa María está declarada Monumento Nacional según publicación aparecida en BOE en el año 1.979. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Palacio de San Telmo

El Palacio de San Telmo, sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, comenzó a construirse en el año 1682, en terrenos extramuros propiedad del Tribunal de la Inquisición para sede del Colegio Seminario de la Universidad de Mareantes en la que se acogía y formaba a los huérfanos de los marineros.

Es uno de los edificios emblemáticos de la arquitectura barroca sevillana, dispone de planta rectangular con varios patios interiores, uno de ellos central, torres en las cuatro esquinas, capilla y jardines. La capilla, a la que se accede desde uno de los patios es obra del arquitecto Leonardo de Figueroa y en su decoración interior participaron: Pedro Duque y Cornejo –escultor-, Miguel de Quintana –cantero-, Domingo Martínez –pintor- y Juan Tomás Díaz –carpintero-, es de un exuberante barroquismo. Está presidida por la imagen de Nuestra Señora del Buen Aire, de principios del siglo XVII. En su fachada principal destaca la magnífica portada de estilo churrigueresco, obra de otros miembros de la familia Figueroa, en concreto de Matías y Antonio Matías, hijo y nieto de Leonardo de Figueroa, su coste fue de 50.000 pesos. En ella, enmarcada por columnas, se observa en su parte superior la figura de San Telmo, patrón de los navegantes, flanqueado por los patronos de la ciudad: San Fernando y San Hermenegildo. Algo más abajo aparecen doce figuras de mujeres: seis a cada lado, que simbolizan las asignaturas de las artes del mar que se estudiaban en la Universidad de Mareantes. Soportando el balcón se esculpen con aspecto de indios unos poderosos atlantes.

Coronando la fachada situada en la calle Palos de la Frontera, en dirección al Hotel Alfonso XIII, se encuentran las esculturas de los Doce Sevillanos Ilustres, obra de Antonio Susillo, y que son:

Juan Martínez Montañés, escultor.
Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz y capitán general de la Reconquista de Granada.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintor.
Miguel Mañara. Caballero y filántropo fundador del Hospital de la Santa Caridad.
Lope de Rueda, escritor.
Fernando de Herrera, poeta.
Luis Daoíz, militar héroe de la Guerra de la Independencia.
Benito Arias Montano, humanista.
Bartolomé Esteban Murillo, pintor.
Fernando Afán de Rivera, duque de Alcalá, humanista.
Fray Bartolomé de las Casas, religioso, Obispo de Chiapas (México) y protector de los indios.

Entre ellos hay tres que son sevillanos de adopción, pues no nacieron en Sevilla, aunque vivieron y murieron en ella, son: Arias Montano -de Fregenal de la Sierra-, Rodrigo Ponce de León -de Cádiz- y Juan Martínez Montañés -de Alcalá la Real-.

En 1991 se comienza su rehabilitación para convertirlo en sede oficial de la presidencia de la Junta de Andalucía, en 2005 se inició la segunda fase de rehabilitación que se ha centrado básicamente en rescatar la estructura original del interior del edificio, que había sido sometido a múltiples intervenciones que lo habían desvirtuado. El proyecto ha sido encargado al arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra.

Tras ser construido en 1682 para Universidad de Navegantes, pasó un siglo más tarde a ser Colegio de Marina, siendo adquirido, en 1844, por los Duques de Montpensier, transformándolo en su residencia. Posteriormente la Duquesa de Montpensier, la Infanta María Luisa de Orleans, lo cedió al morir a la Archidiócesis de Sevilla para la construcción de un Seminario, habiendo donado a la ciudad de Sevilla sus jardines que hoy forman el espléndido Parque de María Luisa de la ciudad. En el año 1989 fue cedido por el Arzobispado de Sevilla para que albergara la sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Palacio de los Marqueses de Peñalor - Écija

 Al igual que sucede en otras poblaciones de Sevilla como Osuna o Estepa, la ciudad de Écija se ve envuelta en un importante auge económico y social durante el siglo XVIII debido en parte a la eficaz política agraria de los Borbones que anima al establecimiento en el lugar de una amplia nobleza rural de carácter terrateniente.

Aquí, además de un marcado desarrollo de la arquitectura religiosa que llega a alcanzar cotas de calidad y cantidad difícilmente superables, se produce también una intensa actividad constructiva de carácter civil que hace posible la existencia de un conjunto de palacios pertenecientes a la alta aristocracia que gustaba de presumir en sus suntuosas fachadas su poder económico y la grandeza de sus blasones. Este enorme patrimonio le valió a la ciudad la justa consideración de Conjunto Histórico-Artístico a nivel nacional en el año 1.966.

Entre los grandes palacios que conserva la ciudad está el de los marqueses de Peñaflor, construido en torno a 1726. Su planta es marcadamente alargada y la alineación de su fachada hubo de ajustarse al trazado curvo de la calle donde se encuentra, por lo que adopta una línea cóncava.

Se levanta esta bella fachada en dos cuerpos de altura, abriéndose huecos en ambos. Los de la planta principal, en el cuerpo superior, se encuentran unidos mediante una gran balconada sobre ménsulas de hierro corrida y continua a todo lo largo, que por su singularidad y longitud no tiene parangón en la arquitectura barroca de nuestro país. De especial interés también es el efecto de las pinturas murales que aparecen en el frente de esta fachada, de marcado acento barroco y con figuraciones arquitectónicas muy efectistas, que parcialmente se han conservado hasta nuestros días gracias a la protección que le ofrece el pronunciado alero en forma de visera con que se remata su parte superior.

Sobre un lateral se abre su aparatosa portada, organizada igualmente en dos cuerpos de altura perfectamente armonizados en su diseño arquitectónico. En el primer cuerpo la puerta se enmarca con sobrias columnas dóricas sobre las que se dispone un friso mixtilíneo rematado en sus laterales por el arranque partido de un frontón curvo; mientras en el segundo, columnas salomónicas a los lados del balcón principal se rematan con frontón mixtilíneo de acusado trazado ascensorial. Junto a ella se levanta una elegante torre-mirador de base cuadrada, cuyo acertado cuerpo superior se abre en doble arquería en cada frente y se remata con cubierta piramidal de tejas.

El interior del palacio se distribuye en su parte principal en torno a un patio de dos plantas de altura con arcos superpuestos en cada lado formando un claustro con un original friso que cubre la parte baja a base de placas de mármol negro de Córdoba, mármol rosado de Cabra y ágata de Lanjarón, consiguiendo un excepcional ornamento barroco que se complementa con cornucopias de ágata y madera dorada. Desde este patio, una escalera que arranca con doble tramo se continúa en un único tiro hacia las dependencias del interior del palacio, en uno de cuyos salones del piso superior existe un artesonado renacentista con valiosa talla del s. XVI.

En la zona de las caballerizas, una sobria portada barroca trabajada en piedra contiene un espacio donde se muestra el labrado escudo de sus propietarios, los Marqueses de Peñaflor.

Bien de Interés Cultural, este palacio está catalogado como Monumento Nacional, según publicación aparecida en el BOE en 1.962. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Metropol Parasol de la Encarnación

El Metropol Parasol de la Encarnación será una estructura de hormigón con revestimiento de madera de 150 x 70 metros y una altura aproximada de 30 metros que estará ubicada en pleno centro de Sevilla, levantada sobre un solar que lleva en condiciones de abandono alrededor de 31 años, donde fueron encontrados importantes restos arqueológicos hace unos años, cuando se estaba excavando para construir un parking subterráneo. Tras el gran descubrimiento se determinó por convertir la zona en museo (que albergará los restos almohades y romanos allí encontrados) y plaza de paseo para disfrute de oriundos y extranjeros, de esa manera se conservarían los restos y al mismo tiempo podrían ser observados por quien quisiera.

La obra consiste en seis parasoles de grandes dimensiones, de madera, que como su nombre indica, darán sombra al público, así como protegerán los restos encontrados. Dentro de la estructura, además del museo (nivel bajo) existirá un mercado y una plaza umbría (nivel de superficie), en la zona superior se habilitará un lugar por donde se podrá disfrutar de vistas del casco histórico a cierta altura y un trayecto por donde pasear (Sky Walks), a una altura de 22 metros se acondicionará un restaurante (supuesto Sky Café, de 585 m²), se prevée que todo el conjunto será inaugurado a finales de 2009.

Todo estará rodeado de vegetación para intentar crear un microclima convirtiendo el lugar en un sitio fresco y sombreado. Fue diseñado por el arquitecto berlinés Jürgen Mayer.

Colegiata De Ntra. Sra. De La Asunción - Osuna

Fernando III El Santo conquista Osuna en 1240 y en 1264 ante los problemas de repoblación y mantenimiento de las fronteras, su hijo Alfonso X la cede a la Orden de Calatrava.

En el s. XV, siendo maestre de la Orden don Pedro Girón, éste junto a su hermano Juan Pacheco -marqués de Villena- lucha contra los intereses de Enrique IV; hecho que marca un hito en la historia de la ciudad pues don Pedro, buscando constituir un estado que legar a sus descendientes, crea un mayorazgo para su hijo Alfonso Téllez Girón, nombrado primer conde de Ureña. Más tarde en 1.562, Felipe II otorga el título de duque de Osuna a otro don Pedro, el V conde de Ureña.

El deseo de ascender en el estamento nobiliario hace a los Téllez Girón desarrollar todo un programa constructivo que remodelará completamente el paisaje urbano de la ciudad de Osuna, convirtiéndose así en sus grandes mecenas y tratando de montar un aparato monumental que le dé la imagen de señorío necesaria. Por ello a partir de 1596 promueven la reforma urbanística de la ciudad mediante la construcción de numerosos edificios de orden civil, religioso y académico, como son la Colegiata, una Universidad, diecinueve Monasterios, cuatro Hospitales y numerosas casas solariegas y palacios. Para entonces, Osuna ya es la capital del gran señorío de los Téllez Girón.

Desde comienzos del s. XVI, Juan Téllez Girón, II conde de Ureña, entra de lleno en esta tarea de reformar la ciudad. Son tiempos de cambios. En 1528 Diego de Siloé vuelve de su período de aprendizaje por Italia con ideas artísticas nuevas que aplica en Andalucía como maestro de obras del Arzobispado. El y sus sucesores Diego de Riaño y Martín de Gainza, marcan las tendencias renacentistas en la zona e implantan las nuevas ideas en los edificios más importantes de la época.

Con Juan Téllez Girón, IV conde de Ureña, se alcanza el momento de mayor esplendor en la ciudad. Él funda esta Colegiata en 1535 al conseguir del Papa Paulo III que la que ya era parroquia fuera al mismo tiempo Colegiata. El templo, de fachadas severas y torre inacabada, se levanta en el lugar que ocupara la anterior Iglesia del Castillo, totalmente destruida por un incendio. Se construye a partir de la cabecera, en puro estilo renacentista. Su juego de pilares, las bóvedas vahídas y la concepción espacial denotan claramente la presencia de aires renovadores en la arquitectura, y su magnífica Puerta del Sol, labrada frente a la ciudad con claros elementos clasicistas es buena prueba de ello.

El edificio de la Colegiata en su conjunto viene a narrar la historia de la Casa de Osuna. Entre sus obras encontramos un Cristo crucificado, obra de Juan de Mesa de 1623, y una colección de tablas flamencas del s. XVI traídas a raíz del nombramiento del III Duque de Osuna como Virrey de Flandes. A comienzos del s. XVII, éste contrata cinco cuadros a José de Ribera, El Españoleto, para el altar mayor, todos ellos exponentes de la etapa napolitana del pintor, elevando así la calidad del patrimonio artístico de aquella, además de otras obras de arte importantes que llegan a la ciudad en la etapa en que este III duque es Virrey de Nápoles.

En el año 1548 se completa la obra de la Colegiata con la Capilla y Patio del Sepulcro, ya en estilo plateresco. El Panteón Ducal de esta Colegiata, obra del siglo XVII, incluye una cripta donde existe una réplica a escala muy reducida, de una iglesia de tres naves y coro. En ella están los sarcófagos en piedra y madera de los Duques de Osuna, con sus leyendas funerarias; panteón que se viene utilizando tradicionalmente incluso hasta nuestros días.

Bien de Interés Cultural, la Colegiata es Monumento Nacional, según aparece publicado en La Gaceta de Madrid desde el año 1.931.         Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Murallas de Sevilla

En tiempos de Julio César, aproximadamente entre los años 68 y 65 adC, cuando era cuestor de la ciudad, se construyeron estas murallas y sus torreones, reemplazando la antigua empalizada hecha con troncos y barro existente desde la época cartaginesa. Durante el imperio de Augusto fueron ampliadas y perfeccionadas debido al crecimiento de la ciudad.

Los árabes añadieron más a la defensa de la ciudad ensanchándola, y fortalecieron ese ensanche amurallándolo bajo el dominio del sultán Alí Ibn Yusuf, quien amplió el espacio protegido por la cerca en casi dos veces su antigua superficie. Los almorávides, que eran conscientes del avance conseguido sobre los reinos cristianos del norte de España se dedicaron a reforzar sus defensas, construyendo y fortaleciendo las murallas.

Tras el ataque vikingo del año 844, el emir Abderramán II manda reconstruir las murallas destruidas. En pleno dominio árabe, el califa Abderramán III mandó destruir las murallas y puertas romanas en el año 913, pensando que se evitarían conatos de secesión contra Córdoba, convertida por él mismo en capital de Al-Andalus.

El primer rey de la taifa de Sevilla, Abú al-Qasim ordena levantar de nuevo las murallas en el año 1023 para protegerse de las tropas cristianas. La defensa amurallada tenía una dimensión de siete kilómetros con 166 torreones, 13 puertas y 6 postigos.

Las murallas estaban prácticamente íntegras llegado el siglo XIX, a raíz de la revolución de 1868, se decidió derribar gran parte de las mismas, quedando solamente los tramos desde la Macarena (donde se contabilizan siete torreones cuadrados y uno octogonal) hasta la puerta de Córdoba, algún tramo en los jardines del Valle y el sector del Alcázar.

En estas épocas Sevilla fue una ciudad cerrada, tal vez la mejor amurallada de Europa. El trazado reali