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página hay una explicación detallada sobre el
motivo de haber incluido estas fotos en esta
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Alameda de
Hércules
La Alameda de Hércules
es un importante paseo de Sevilla, cercano por un lado al río
Guadalquivir y por el opuesto al barrio de la Macarena y situado
cerca del centro comercial de la ciudad.
Data del año 1574. En esta fecha el Conde de Barajas pobló estos
terrenos que normalmente eran pantanosos (por las frecuentes
subidas del río) con árboles frondosos y bellas fuentes. Uno de
sus extremos los adornó en 1578 con dos columnas sacadas de un
templo romano dedicado a Hércules que existió en la calle
Mármoles y encontrados durante unas excavaciones para restaurar
una vivienda. Sobre ellas se colocaron dos esculturas de Julio
César (restaurador de Híspalis) y Hércules (fundador de la
ciudad). En el otro extremo, en la segunda mitad del siglo
XVIII, se colocaron otras columnas rematadas con leones y
escudos representando a España y Sevilla.
La Alameda siempre constituyó una de las zonas más inundables de
la ciudad, por su cercanía al río y por su baja cota. A título
de ejemplo en el año 1649, año de la fatídica epidemia de peste
que asoló la ciudad, se relata que la Alameda estaba tan
inundada que se navegaba por ella con barcos.
En 1876 los pedestales
de las columnas se protegieron del público con verjas. En 1885
fue colocada junto a las columnas de los leones una fuente de
mármol, conocida popularmente como "la Pila del Pato", que se
encontraba en el siglo XVI en la Plaza de San Francisco, detrás
del Ayuntamiento. Esta fue luego trasladada a otro lugar de la
ciudad y actualmente está en la plaza de San Leandro. En sus
cercanías, en la calle dedicada al Conde de Barajas, se
encuentra la que fue vivienda durante una temporada del escritor
romántico Gustavo Adolfo Bécquer.
Fue un concurrido paseo hasta el siglo XVIII. Ha desaparecido el
famoso mercadillo de los domingos (1975-2004) que ya no
concentra a los habituales vendedores ambulantes que durante
muchos años se hacían coincidir en este sitio de Sevilla,
habiendo desplazado su ubicación a otro punto de la ciudad. Por
la noche es animada zona de copas y restaurantes, estando casi
completamente desaparecida la prostitución por la que fue famosa
durante mucho tiempo.
Allí se puede acudir a la Casa de las Sirenas, palacete del
siglo XX, hoy edificio municipal utilizado como Centro Cívico,
en el que se organizan exposiciones, cursos, talleres y
actividades culturales y vecinales.
Actualmente se halla en pleno proceso de remodelación
urbanística. Este incluye la desaparición del albero que cubría
tradicionalmente su suelo y de las verjas que protegían del
público a los pedestales de las columnas. También se ha
construido en la obra fallida de la estación de Metro del
proyecto de 1977 un depósito para recogida de las aguas
pluviales, popularmente conocido como Pozo de las Tormentas.
Antigua
Audiencia
La Antigua Audiencia
es un edificio de la ciudad española de Sevilla.
Construida entre 1595 y 1597, está situada en la Plaza de San
Francisco, y actualmente es la sede de la Caja de Ahorros San
Fernando de Sevilla. Ha sufrido numerosas reformas a la largo de
su historia. Fue reformada en los siglos XVI y XIX y en 1924
Aníbal González recompuso la fachada e interior. La última gran
remodelación se efectuó en 1983, de la mano de Rafael Manzano,
recuperándose con todo su esplendor para Sede de la Caja de
Ahorros.
Fábrica de
Tabacos
Supone el mayor
edificio de cuantos se levantaron en España en el siglo XVIII, y
uno de los más grandes esfuerzos constructivos de nuestra
historia después del realizado en la construcción del Monasterio
del Escorial. Su construcción fue larga y costosa, aunque su
rentabilidad a la corona compensó la enorme inversión que supuso.
Este inmenso edificio,
que desde 1955 es sede de algunas facultades de la Universidad
de Sevilla, se inicia en 1726 con trazas probablemente del
ingeniero Ignacio de Sala, el primer arquitecto que aparece al
frente de las obras y que dirigió hasta el año 1731. Después el
arquitecto del edificio es Diego Bordik, quien se ocupó de
continuarlo hasta 1737. Finalmente, Sebastián Van der Bosch
lleva a término la obra, entre 1750 y 1757.
Ajeno a la mentalidad
del barroco sevillano de la época, este edificio muestra la
estética conservadora y clasicista de la arquitectura borbónica
“oficial”, aunque en detalles decorativos del interior y en su
portada principal se advierte el sello y la impronta del arte
local.
Su estructura se
desarrolla en planta rectangular, y en su origen estaba rodeado
por un enorme foso que defendía el acceso desde el exterior; del
que se conservan en la actualidad tres de sus lados. Todo el
conjunto se realizó en cantería excelentemente aparejada,
resultando así una obra acabada y perfecta, que hoy muestra
íntegra gran parte de su aspecto original. Su dilatado espacio
consta de dos unidades iguales a través de un eje de simetría
que corre por una línea continuada de vestíbulos y patios, y que
vincula las fachadas norte y sur. Las alas laterales se
distribuyen en torno a varios patios menores que iluminan las
dependencias interiores del edificio.
Un tercio del espacio
total del edificio, el ubicado en la fachada principal, se
reservaba a funciones burocráticas, administrativas y a vivienda
de los principales funcionarios; el resto se dedicaba a las
funciones de elaboración del tabaco. Así en sus plantas se
distribuían molinos, prensas, almacenes y salas de manufactura,
quedando los secaderos en la superficie superior de las terrazas;
los molinos y prensas, movidos por tracción animal estaban en
planta baja, donde asombra el inmenso grosor de los muros,
justificado por la necesidad de mantener en el interior un grado
determinado de humedad que proporcionaban canales subterráneos,
la mayor parte naturales, y que luego se distribuían por
corrientes de aire estratégicamente dispuestas a través de
corredores.
Al exterior sus cuatro
largas fachadas van marcadas por un ritmo decididamente
horizontal, articulado a base de pilastras entre las que se
sitúan amplios ventanales cuya única decoración es el sobrio
frontón triangular en los del segundo cuerpo. Tras la escueta
línea del friso superior se levanta una balaustrada coronada de
soberbios pináculos y florones que poco alivian la
horizontalidad del conjunto; sólo las portadas que se abren al
frente de cada uno de sus lados rompen esta monotonía; pero tres
de ellas son modernas, labradas hacia el año 1955, cuando el
edificio se convierte en la Sede de la Universidad de Sevilla.
La portada principal,
situada en el centro de la calle San Fernando, muestra en su
virtuosismo escultórico y en su espectacularidad las
características propias del brillante barroco local. Obra de
Cayetano de Acosta, se levanta en dos cuerpos de altura y se
remata con frontón triangular partido que alberga en su tímpano
un aparatoso escudo real sobre el que sitúa la imagen de La Fama,
hoy símbolo de la universidad hispalense. Ambos cuerpos se
elevan con columnas pareadas separadas por el solemne balcón
central, en cuyo dintel figura la inscripción que señala el año
de la terminación del edificio, 1757, durante el reinado del
monarca Fernando VI.
Bien de Interés Cultural, el edificio está catalogado como
Monumento según publicación aparecida en el BOE en el año 1.959.
Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Casa
consistorial de Sevilla
La Casa consistorial de la ciudad de Sevilla, en España,
constituye una de las muestras más notables de la arquitectura
plateresca.
Se comenzó a edificar en el siglo XV por Diego de Riaño, a quien
se le encargó que labrara una construcción de piedra, duradera y
con fachadas a la Plaza Mayor ante el convento de San Francisco.
De este modo, este maestro ejecutó el sector meridional del
Ayuntamiento, el arquillo de comunicación con el monasterio
franciscano y dos plantas recubiertas de relieves platerescos
con representaciones de personajes históricos y míticos,
heráldicas y emblemas alusivos a los fundadores de la ciudad,
como Hércules y Julio César.
Esta sede fue reformada, tras el derribo del convento de San
Francisco, en el s. XIX por Demetrio de los Ríos y Balbino
Marrón, quienes trazaron una nueva fachada principal, orientada
a la Plaza Nueva, de corte neoclásico. A su vez, reorganizaron
el interior alrededor de dos patios y una gran escalera.
Actualmente se guardan en él algunos elementos de elevado
interés artístico e histórico, como el pendón de la ciudad.
Palacio
Arzobispal
Este Palacio Arzobispal se levanta
sobre el antiguo palacio que se edificara como sede del obispo de
Segovia Don Remondo de Losana, nombrado primer obispo de
Sevilla, sobre unas casas cedidas en 1.252 por el rey Fernando
III El Santo tras la conquista de la ciudad en 1.248;
casas que estaban construidas sobre edificaciones almohades,
a su vez levantadas sobre un conjunto termal de época romana hallado
a un nivel más profundo.
Del palacio construido para Don
Remondo no queda prácticamente nada; a lo largo de los siglos el
edificio se va ampliando hasta que a mediados del XVI unas reformas
lo dejan según el concepto estructural con que aparece en la
actualidad, y que responde a los cánones tradicionales del palacio
andaluz, que reparte sus dependencias alrededor de dos amplios
patios principales unidos por un cuerpo central donde sitúa su
escalera principal, y que es lo que aparece a primera vista desde el
exterior.
Con una extensión de más de 6.500m2
y ocupando casi toda una manzana, presenta dos amplias fachadas
abuhardilladas con altos y bien proporcionados huecos entre
pilastras y elegantes molduras, donde se combinan los clásicos
colores sevillanos de albero y sangre de toro; y en
ellas, la situada frente a la plaza Virgen de Los Reyes centra una
magnífica portada en dos cuerpos, obra de Lorenzo Fernández de
Figueroa y Diego Antonio Díaz, construida en el siglo
XVIII, considerada de las mejores del barroco sevillano.
Del interior destaca su majestuosa
escalera central realizada en mármoles de colores en un solo tiro y
tres tramos, diseñada en el s. XVII por Fray Manuel Ramos y
decorada con pinturas atribuidas a Juan de Espinal; así como
la fuente del segundo patio, obra del siglo XVI. Y toda su valiosa
colección de obras de arte, pues en la actualidad este palacio es la
tercera pinacoteca de la ciudad, tras el Museo de Bellas Artes y la
propia Catedral, con una importante serie de pinturas y esculturas
repartidas por todo el palacio, que incluye obras de grandes autores
como Francisco de Herrera El Viejo, Francisco
Pacheco, Zurbarán y Murillo, entre otros. En especial
destaca su Salón Principal, cuyo techo se encuentra decorado
con setenta lienzos con temas de exaltación de la Iglesia Católica.
Durante la ocupación francesa por
las tropas napoleónicas, el palacio fue utilizado como Comandancia
General del ejército y residencia del propio mariscal Soult y sus
oficiales en la ciudad, sufriendo además y como en tantos otros
casos, el expolio de gran parte de sus obras de arte. Como anécdota
cabe decir que el lienzo “La Virgen entregando el rosario a Sto.
Domingo”, obra temprana de Murillo, no se la llevaron al no
saber reconocer en él la mano del maestro sevillano.
Años más tarde fueron los Duques de
Montpensier, recién llegados a la ciudad, los que vivieron en este
palacio ocasionalmente mientras se realizaban las obras en su futura
residencia, el Palacio de San Telmo.
Como curiosidad, citar que hay una
réplica de este palacio Arzobispal en Umbrete, población cercana a
la capital, usada como residencia estival de los antiguos arzobispos.
Bien de Interés Cultural, hoy es
Monumento Nacional según aparece reflejado en el B.O.E. desde el año
1.969. Recogida de datos
y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Iglesia de
Nuestra Señora de la Consolación de Cazalla de la Sierra
La iglesia de Nuestra
Señora de la Consolación de Cazalla de la Sierra se levanta en
la parte más alta de la ciudad, adosado junto a una puerta de
las antiguas murallas almohades que rodeaban la primitiva villa.
Construida
inicialmente en estilo mudéjar, este templo, uno de los más
destacados de la arquitectura sevillana, posteriormente fue
ampliado durante el s. XVI debido al auge económico que por
entonces vive la ciudad, ya con un lenguaje plenamente
renacentista, que no obstante respetó en gran medida la traza
original.
No hay noticias
ciertas sobre los maestros que acometieron esta gran reforma que
no llegó a finalizarse y que fue iniciada en el año 1538; aunque
debido a la fecha citada, sus características y su calidad
técnica y artística se relaciona razonablemente con las
intervenciones llevadas a cabo en provincias por los Maestros
Mayores de la Catedral Hispalense, Diego de Riaño y Martín
Gainza. En dicha reforma, se derriba parte de la obra mudéjar
anterior, comenzándose la construcción de un nuevo templo de
planta rectangular, muy del gusto renacentista imperante en la
época.
En el edificio, tal
como nos ha llegado hasta hoy y con la superposición de estilos
que se van sucediendo a lo largo de su historia, permite
apreciar un total de tres fases superpuestas entre sí.
Una primera fase
mudéjar, con la que originariamente se levanta la iglesia,
mantenida en la cabecera y en los pies del templo, que responde
al tipo generalizado de las fábricas medievales en toda la
comarca, con la disposición clásica de tres naves, torre-fachada
y ábside poligonal.
El estilo renacentista
se muestra fundamentalmente en las reformas interiores que
transforman la primitiva construcción medieval y donde
sobresalen los grandes pilares con columnas clásicas adosadas y
sus remates, derivados de los empleados en la Sacristía Mayor de
la catedral de Sevilla, así como el sistema de bóvedas vaídas
con casetones, magnífico ejemplo de este tipo de cubiertas, y
uno de los mejores del renacimiento andaluz por su
extraordinaria factura.
Posteriormente, y en el segundo tercio del s. XVIII se acomete
en el templo una tercera transformación importante llevada a
cabo por Francisco López, donde se cubren con bóvedas de cañón
los tramos que restaban por derribar de la antigua iglesia
mudéjar de los pies del templo y se levantan sus portadas
laterales, ya en claro estilo barroco.
Como resultado de
todas estas intervenciones, el conjunto aparece como un soberbio
templo donde se conjugan distintos estilos, con elementos
arquitectónicos muy notables entre los que sobresalen sin duda
su torre-fachada, compuesta por dos núcleos claramente
diferenciados que incluye una interesante portada ojival, y su
magnífico espacio interior renacentista, con la decoración de
casetones en las bóvedas y los relieves de apóstoles y santos
sobre los entablamentos que coronan los grandes pilares de la
iglesia.
Interiormente es muy
notable, además, el Retablo Mayor, fechado en el año 1574 y
realizado por Bautista Vázquez, que conserva interesantes
esculturas y relieves correspondientes al desaparecido retablo
ejecutado por Juan de Oviedo en 1532.
Hoy la iglesia está considerada Bien de Interés Cultural con
categoría de Monumento, según publicación aparecida en el BOE en
el año 1.983. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos
Ruiz Serrano.
Ateneo
de Sevilla
Ateneo de Sevilla, fue fundado en Sevilla en 1887 por Manuel
Sales y Ferré, en principio se llamó Ateneo y Sociedad de
Excursiones. Es una asociación cultural, científica, literaria y
artística. Entre sus iniciativas, está la organización de la
Cabalgata de Reyes Magos (que en Sevilla se celebra desde 1918
por iniciativa del Ateneo) y la convocatoria de los premios
literarios «Ateneo de Sevilla». En este lugar con motivo del
tercer centenario de la muerte de Góngora, surgió la Generación
de 1927. A él han pertenecido ilustres políticos y literatos
sevillanos (García Bravo-Ferrer, José María Izquierdo, etc.).
Además y desde principios del siglo XX cuenta con una sección
dedicada al Ajedrez con importantes figuras tales como Joaquín
Torres Caravaca o Juan de la Mata y Ortigosa -que destacaron en
la década de los años 20 y 30-, y Rafael E. Cid Pérez,
presidente de la Federación Andaluza de Ajedrez y organizador
del Campeonato Mundial de Ajedrez Sevilla 1987 entre los
jugadores soviéticos Garry Kasparov y Anatoli Karpov.
El Ateneo de Sevilla también destaca por su labor editorial, y
buena muestra de ello son sus publicaciones sobre personajes
ilustres de la ciudad, en un intento de perpetuar su memoria.
Mención merece, en este sentido, la tarea divulgativa de la obra
de José María Izquierdo que el también escritor y presidente de
la docta casa -Enrique Barrero- viene desarrollando.
Debido a su importancia e influencia, en algunos puntos de
Andalucía se hicieron imitaciones de menor nivel. Éste fue el
caso del Ateno de Isla Cristina que, gracias a la colaboración
de Blas Infante, abrió sus puertas en esta localidad onubense el
10 de septiembre de 1926.
Plaza de
España
Al mismo tiempo que
Barcelona realizaba su Exposición Internacional, en el año 1929,
se inauguraba en Sevilla la Exposición Iberoamericana, un evento
que tuvo un origen tan dilatado y ampliamente respaldado como
aquella.
La idea inicial de una
Exposición Hispanoamericana fue dada a conocer ya en el año
1910. Para ello, se hizo venir desde Valencia al arquitecto
Vicente Rodríguez Martín, para aprovechar su experiencia lograda
en la Exposición Regional Valenciana de 1909; y también se llamó
a Jean Claude Forestier para que proyectase unos enormes
jardines, tomando como base el parque del vecino Palacio de San
Telmo, en los terrenos donados a la ciudad de Sevilla en 1893
por la Duquesa de Montpensier. Forestier, abandonando sus ideas
de jardinero francés, creó el famoso Parque de María Luisa,
entre los años 1911 y 1914, reinventando un estilo andaluz que
supo interpretar de manera excepcional, contando siempre con la
inestimable colaboración del arquitecto director del certamen,
que inicialmente fue Aníbal González Álvarez.
El propio Aníbal
González proyecta y dirige desde 1914 el interesante conjunto de
la Plaza de América, donde se ubican el soberbio Pabellón Real,
de estilo neogótico y hoy sede de Servicios municipales del
Ayuntamiento, el Pabellón Mudéjar, actualmente sede del Museo de
Artes y Costumbres Populares y el Pabellón de Bellas Artes, hoy
Museo Arqueológico Provincial.
Pero su obra más
emblemática es sin duda la Plaza de España, un gran espacio de
planta semielíptica, en uno de cuyos frentes mayores crea un
espléndido edificio lineal adaptado a la curvatura de la plaza,
a lo largo del cual destaca varios cuerpos principales y de
mayor altura, y que continúa por los lados menores acabando en
dos majestuosas y bellas torres repletas de detalles
renacentistas y barrocos, una en cada extremo, envolviendo así
gran parte del espacio central, al que se accede desde el frente
a la fachada principal.
A los pies del
edificio diseña una ría paralela a él, que casi rodea del todo a
la plaza, dejando libre sólo su acceso frontal. Por encima de
ella, cuatro airosos puentes representan los cuatro antiguos
reinos de España y conectan la plaza con el edificio y su
entorno más inmediato, una inmensa galería de arcos y columnas
de exquisita factura.
Su construcción,
detallista y llena de simbolismos, es un enorme edificio de
ladrillo aplantillado perfectamente aparejado que aglutina de
modo magistral a los otros materiales claves en la obra, como
son las esbeltas columnas de mármol blanco y los bellos remates
de variada cerámica policromada traídos desde Triana. Se diseña
la Plaza orientada hacia el río, como camino a seguir hacia
América, y trataba de simbolizar el abrazo de España con sus
antiguas colonias, creando con sus múltiples decoraciones y
perfeccionismos uno de los mejores exponentes de la arquitectura
regionalista de Andalucía y de toda España.
Considerada la obra
más costosa de la Exposición, el único elemento ajeno a ella es
la fuente central, colocada posteriormente. A lo largo del
edificio, en su fachada a la plaza, el espacio se compartimenta
en 48 recintos individuales, con bancos y ornamentos de azulejos
alusivos a las distintas provincias españolas, donde se incluyen
mapas, mosaicos sobre hechos históricos, escudos de cada ciudad,
y a los lados, nichos en los cuales se disponían libros sobre la
literatura, la historia y el arte de cada una de ellas. Elegida
como lugar excepcional de la ceremonia de inauguración de la
Exposición, contó para ello con la presencia del rey Alfonso
XIII. Hoy el edificio alberga la Delegación del Gobierno central
en Andalucía y la Capitanía General de la región militar del Sur.
Bien de Interés
Cultural, la Plaza de España es Monumento Nacional según consta
en publicación aparecida en el BOE en el año 1.981. Recogida de
datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Caños
de Carmona
Los Caños de Carmona, son unos restos de un acueducto romano que
existió en Sevilla a pleno rendimiento hasta su demolición en
1912.
Se emplearon para su construcción como único material el
ladrillo, constaba de aproximadamente 400 arcos sobre pilares en
la zona que estaba a la vista de todos, en algunos lugares con
un cuerpo superior también de arcadas, parece ser que es el
único existente en España.
Data de la época en que fueron levantadas las murallas de
Sevilla, aproximadamente entre los años 68 y 65 adC, fecha que
tuvo como cuestor de la ciudad a Julio César, siendo
reconstruido por vez primera por los almohades entre los años
1171 y 1172 debido a su estado ruinoso.
Cerca del siglo XIII, cuando comenzaba la Guerra de Granada
volvieron a hacerse reparaciones en sus canalizaciones y arcos.
A finales del siglo XIV se reformó nuevamente, añadiéndoseles
nuevos arcos que determinaron el número que se conoce en el
presente.
Donde comenzaban actualmente es un misterio, hay dudas de que
estuviera en Carmona, pero sí se sabe que se abastecía del
manantial de Santa Lucía, ubicado en el municipio de Alcalá de
Guadaira donde los caños pasaban atravesando largos túneles
subterráneos y bóvedas excavadas en la roca o fabricadas de
ladrillos (algunos de ellos con un peso de seis kilos), a lo
largo de los cuales habían accesos hasta la superficie para
ventilar la conducción y permitir entrar y salir a los obreros
que lo mantenían, contándose en esta zona alrededor de veinte
accesos, y terminaba en la Puerta de Carmona (antigua puerta de
las murallas, derribadas en 1868), donde existía un gran
depósito desde el que se distribuían las aguas hacia diversos
puntos de la ciudad, siendo disfrutada principalmente por la
aristocracia, instituciones religiosas, la Casa Pilatos, las
Huertas del Rey y los Reales Alcázares además de algunas fuentes
y baños públicos.
Hasta la fecha en que fueron derribados para hacer esta zona de
la ciudad más viable, todavía estaba en perfecto funcionamiento,
sólo han quedado tres pequeños tramos a lo largo de la vía que
ocupaba, el que está en mejor estado de conservación se
encuentra así porque durante años formó parte de los pilares de
un puente que se alzaba sobre la calle hasta que lo volvieron a
descubrir tras la destrucción del puente hace pocos años.
Curiosidades
La fecha de su primera reconstrucción por el califa almohade Abu
Yaqub Yusuf fue cuando también mandó construir la mezquita y el
alminar –Giralda-, el puente de barcas sobre el río Wad al-Kebir
y el palacete de la Buhaira con sus jardines (Jardines de la
Buhaira) que también se abastecían de las aguas que traía el
acueducto.
En algunos puntos su
curso movía un número variable de molinos harineros.
Su nombre se debe a que la Puerta de Carmona estaba adosada a
los Caños de Carmona.
Después de ser
descubierto nuevamente tras la demolición del puente que tenía
enterrado uno de los tramos de la arcada, también se dejó
visible una escultura de una Virgen, conocida como “la de
Madejas”, estaba en una hornacina protegida por una tela
metálica y fue saqueada al poco de dejarse a la vista. Ahora
sólo queda como recuerdo un azulejo en su lugar donado por una
hermandad religiosa.
Eran la fuente de agua de más calidad de la ciudad hasta la
época actual, debido a que las galerías subterráneas que también
lo formaban se abastecían del agua de recogida por filtración.
Su longitud es de
aproximadamente 17,5 km. A unos 12 km. de su remate comenzaba el
tramo a cielo abierto aprovechando los desniveles de la zona
para suministrarse igualmente. Suministraba un caudal de
unos 5000 m³ de agua potable al día.
Iglesia de
San Juan Bautista - Marchena
Se considera el templo
matriz de Marchena, y es sin duda, uno de los que encierran
mayor valor artístico de toda la provincia de Sevilla.
Aunque es evidente la yuxtaposición de varios estilos
arquitectónicos y artísticos, éste es fundamentalmente un templo
gótico-mudéjar, que inicialmente se construye en la última
década del siglo XV, aunque luego va sucesivamente
transformándose y ampliándose hasta su estado actual.
Su fundador fue D.
Rodrigo Ponce de León, cuya heráldica figura en el arco triunfal
del presbiterio, junto con el de los Pacheco, perteneciente a su
esposa. A este período pertenecerían las naves centrales, a las
que con el tiempo se añadirían otras dos hasta formar un total
de cinco.
La nave central del
templo se cubre con un soberbio artesonado de madera noble con
decoración de lacerías, estrellas y mocárabes, uno de los
mejores ejemplares de tradición mudéjar de toda la zona.
El Retablo Mayor, de estilo gótico tardío o flamígero es de
madera de cedro de los llamados de batea con guardapolvos,
incluye relieves y pinturas del primer tercio del siglo XVI, con
elementos de rasgos renacentistas. Se atribuye su autoría a
Alejo Fernández en los elementos pictóricos, y a Jorge Fernández
en las tallas de relieves. A este altar Mayor se accede a través
de una reja de hierro forjado del siglo XVIII con dos púlpitos
de igual traza y escalinatas de jaspe de Cabra, fechadas en el
año 1639.
De gran interés es el
coro, cuya sillería se comienza en 1711, según trazas del
ensamblador Juan de Valencia, quien lo acaba hacia 1717, en
maderas de cedro y ciprés en dos bandas de asientos
completamente tallados con medallones y relieves de santos entre
estípites y cortinajes, así como el gran facistol giratorio
central. Muy relevante es asimismo, la existencia de dos órganos
ubicados en la parte superior del coro. Es sabido que esta
iglesia de San Juan tuvo enorme importancia como cátedra musical
durante los siglos XVI y XVII, donde desempeñó su ministerio
Cristóbal de Morales, maestro de música del Palacio de los
Duques de Arcos.
Pero quizás lo más
sorprendente de esta iglesia, está en su Sacristía, situada
detrás de la Capilla Mayor. Construida por los maestros Pedro y
Juan de Rueda y cubierta por un notable artesonado de madera del
siglo XVII, de ella parte su particular Museo, al que se accede
a través de una escalera de caracol del s.XVI. Dicho museo está
formado principalmente por la colección de nueve cuadros del
genial pintor extremeño Francisco de Zurbarán contratados en
1634 y entregados tres años más tarde. Entre los lienzos
expuestos destaca una impresionante Inmaculada donde se observa
el minucioso tratamiento del color y los tejidos que tanta
admiración ha producido en generaciones posteriores.
Exteriormente, la iglesia no aparenta la enorme importancia
artística que atesora. Su fachada principal tiene los rasgos
sencillos de los templos gótico-mudéjar habituales de la época,
con una sencilla puerta de arcos múltiples ligeramente apuntados
que se enmarcan por un simple alfiz entre dos ligeros
contrafuertes cilíndricos. Más vistosa es su torre campanario,
de fuste cuadrado alto y ciego y origen mudéjar, que se remata
con un añadido cuerpo de campanas de estilo barroco rematado en
chapitel.
Este magnífico templo está considerado Bien de Interés Cultural
y declarado Monumento Nacional, según su publicación aparecida
en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y
elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano
Casa de
las Sirenas
La Casa de las Sirenas, es un palacete residencial ubicado en la
ciudad de Sevilla, del siglo XIX y estilo francés, situado hacia
el centro de la Alameda de Hércules. Se llamaba en su origen "Recreo
de la Alameda", pero popularmente es conocido como "Casa de las
Sirenas" por las grandes figuras de estos seres mitológicos que
adornaban las rampas de acceso a la portada principal y otras
menores en la cima de las jambas de esta portada.
Fue mandado construir por Don Lázaro Fernández de Angulo,
marqués de Esquivel. Se culmina en 1864, y a los seis años el
marqués de Esquivel vendió la casa. Desde entonces ha pasado por
diversos dueños, hasta quedar abandonada desde la década de
1980. El estado de abandono llegó hasta la auténtica ruina,
desplomándose los tejados e incluso parte de la fachada sur. Se
robaron las rejas de la portada principal y las famosas sirenas.
En 1992 la adquiere el Ayuntamiento de Sevilla, emprendiendo su
reconstrucción.
Actualmente es Centro Cívico del Distrito "Casco Antiguo", con
abundantes actividades culturales: conferencias, conciertos,
exposiciones, etc.
Puerta
de Córdoba - Carmona
Dada la situación
privilegiada de la ciudad de Carmona, su existencia se extiende
desde la Prehistoria hasta nuestros días; de ahí que se
conserven abundantes testimonios de su pasado. Pero es con el
gobierno de Roma cuando alcanza su máximo esplendor; sus huellas
aparecen por todas partes: Las Puertas de Sevilla y de Córdoba
son de factura romana, así como el recinto funerario o el
Anfiteatro. Por Carmona pasaba la Vía Augusta, de la que se
conservan algunos restos y un puente. Fuera del recinto
amurallado se conserva un sector importante de su magnífica
Necrópolis de los siglos I y II, con más de setecientas tumbas
excavadas, todo lo cual lo convierte en una ciudad romanizada de
primer orden, que llegó a tener incluso el privilegio de acuñar
moneda.
Situada sobre una
altiplanicie desde donde se domina el valle del Guadalquivir, la
ciudad romana quedó rodeada por completo por murallas con un
perímetro de unos 3 kilómetros. Este recinto amurallado de
origen romano, aún se conserva en parte, aunque con
modificaciones medievales islámicas y cristianas. Se sabe que la
ciudad de Carmona en época romana contó con un total de cuatro
Puertas que permitían la comunicación de la ciudad amurallada
con el exterior, aunque de ellas sólo permanecen las dos citadas,
debido a las numerosas vicisitudes que se dieron en esta tierra
a lo largo de la historia. Estas dos Puertas actuales, la de
Sevilla y la de Córdoba fueron creadas por el urbanismo romano
como entradas principales a la ciudad y estaban conectadas
mediante el tradicional “cardo máximo”, constituyéndose así como
el principal eje viario de la ciudad. Aún hoy permanece sin
cambios importantes este trazado, que permite el acceso a su
interior por ambas puertas y su interconexión.
La llamada Puerta de
Córdoba es uno de los principales símbolos de la grandeza de
aquella época. Data del siglo I, y su planta está básicamente
construida por un muro recto de sillería almohadillada, de diez
metros de altura aproximadamente, flanqueada por dos poderosas
torres defensivas de planta octogonal, también de construcción
romana y rematadas por almenas.
Según las últimas
investigaciones realizadas con carácter previo a su restauración
se pudo comprobar que en su trazado primitivo contaba con tres
arcos de entrada, existiendo otras dos puertas pequeñas
laterales, una a cada lado de la central, cegadas en el siglo II
a causa de la inestabilidad política de la zona. Esta
circunstancia la convierte en la única puerta romana defensiva
que respondía a este modelo de tres arcos en toda la península
Ibérica.
En época de los Reyes
Católicos esta Puerta de Córdoba pierde su original función
defensiva y con ello su austero aspecto militar, tomando una
función fiscalizadora de los productos elaborados fuera de las
murallas, y ejerciendo en la práctica como una aduana. Más
adelante, en época renacentista se le hacen importantes reformas;
y a principios del s. XVII se acuerda añadirle motivos
ornamentales tales como escudos y estatuas de mármol, hoy
desaparecidos, que aumentaron su monumentalidad y prestancia.
Posteriormente, el aspecto barroco se le confirió en tiempos de
Carlos II, con las reformas llevadas a cabo en el año 1688.
Por último, a finales
del s. XVIII se realiza la última intervención importante, a
cargo del arquitecto neoclásico local José Echamorro,
reedificándose parte del monumento y consolidándose todo el
conjunto.
En el intradós del
vano principal se mantiene un interesante lienzo dieciochesco,
que representa a la Virgen de Gracia, patrona de la ciudad.
La importancia
histórico-arquitectónica de esta Puerta de Sevilla quedó patente
con su declaración como Monumento según publicación de La Gaceta
de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de
Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Casa
del Rey Moro
La Casa del Rey Moro de Sevilla es una de las escasas
construcciones domésticas de fines del siglo XV y principios del
XVI que ha llegado hasta nuestros días, en dicha ciudad.
Pertenece a un momento en que coinciden el gótico final y los
inicios del renacimiento con una fuerte tradición islámica, lo
que le aporta una gran riqueza formal.
Perteneciente a la tipología de vivienda particular de estilo
mudéjar con huerta y jardín domésticos, su situación en las
afueras de la ciudad y su cercanía a las murallas le hacen
participar, en cierta manera, de rasgos de arquitectura rural.
La Casa cuenta actualmente con dos fachadas: La principal que da
a la calle Sol y otra, en su lateral izquierdo, que permitía el
acceso, en época histórica, a la huerta de la vivienda y que
actualmente es una pequeña calle sin salida.
Tiene planta rectangular y una distribución espacial en torno a
un patio central porticado en tres de sus lados. Las zonas
anterior y posterior del inmueble están constituidas por dos
crujías, mientras las laterales presentan sólo una y de menor
anchura.
La fachada, de ladrillo visto encalado y sin decoración, tiene
dos puertas: Una moderna que da acceso a un ala dedicada a sala
de exposiciones y la original del edificio. En la planta primera
destacan un balcón, un pequeño vano y una cornisa de escaso
vuelo que se desarrolla por toda la fachada y sostiene las tejas
de las cubiertas hasta llegar al mirador, de factura reciente.
La distintas remodelaciones que ha sufrido la casa hacen que sea
el patio que ha permanecido sin reformas, el espacio de mayor
interés. Presenta arcadas completas en la planta baja y alta en
los flancos norte y sur, y sólo la alta en su lado este. Donde
éstas faltan existe un muro en el que se abren vanos comunes.
Las arcadas se sostienen por pilares de ladrillo de color rojizo
de diferentes secciones, siendo en la planta baja, octogonales y
con basas simples. Los arcos peraltados enmarcados en alfices
apoyan en capiteles con forma de paralelepípedo recortados en la
parte inferior de los ángulos. En las galerías altas existe una
gran tipología de soportes, los arcos son rebajados e igualmente
enmarcados en alfices. El resto de los componentes del patio
pertenecen a la última restauración. En las demás estancias la
adaptación a nuevos usos ha homogeneizado su aspecto.
Elemento a destacar en el inmueble es la techumbre del salón
principal, un artesonado de tirantes, de estilo mudéjar,
bastante restaurado, de traza sencilla, en el que únicamente
aparece decoración de lacería en los tres tirantes.
La Giralda
La primera Mezquita
Mayor de Sevilla, ubicada donde hoy está la Iglesia del Salvador
–y de la que aún se conservan su pequeño patio de los naranjos o
de las abluciones con sus muros perimetrales y su torre alminar-,
pronto se queda pequeña e incapaz de acoger a los cientos de
fieles que acuden a ella tras el enorme crecimiento
experimentado por la ciudad bajo la época musulmana, y en
especial cuando los almohades deciden convertirla en capital de
su imperio en la Península. Por ello pronto se decide acometer
la construcción de una nueva Mezquita Mayor de grandes
proporciones, que ahora se emplaza próxima al río y al Alcázar
que se levanta junto a él bien defendido por murallas que
llegaban hasta el mismo muelle. De esta gran mezquita –al igual
que de la anterior– sólo nos quedan su patio de abluciones con
sus muros perimetrales y su torre alminar, aunque aquí con unas
dimensiones y proporciones verdaderamente extraordinarias.
De construcción
almohade, ésta es una gran torre que se levanta con 82 metros de
altura, de los cuales dos permanecen enterrados y otros cuatro
desaparecieron tras las posteriores reformas cristianas. Se
comienza a levantar por deseo del sultán Abu Yacub Yusuf Ad-Almanzor
en el año 1184 bajo la dirección del arquitecto Ben Basso,
empleándose para su cimentación sillares de piedra procedentes
de edificios anteriores, especialmente romanos. La muerte del
sultán da un giro a la construcción de la torre, pues su hijo y
heredero encomienda la consecución de las obras al también
arquitecto Alí de Gomara, quien prefiere continuar con ladrillo
y no con sillares de piedra.
Según la leyenda se
necesitaron grandes plataformas para levantar la torre, hechas
con restos de edificios visigodos y romanos tomados de alrededor.
Interiormente no tiene escaleras y se cree que sus 35 rampas se
crearon para que el anciano primer almuecín pudiera subir a
caballo para hacer los azalá o llamadas a la oración desde su
terraza superior. También subió a caballo a la torre como señal
de victoria Fernando III el Santo, tras su conquista de la
ciudad en 1248. El alminar lo formaban dos prismas rectangulares
superpuestos coronados por una cúpula y un espigón metálico en
el que se insertaban cuatro esferas de bronce dorado,
desaparecidos tras el terremoto de 1356. Por su decoración,
esbeltez y altura, no existe nada mejor dentro de su categoría y
se la considera hermana de la Kotobyya de Marrakech y de la gran
torre de la Mezquita de Al Hasan de Rabat.
Su posterior
transformación se debe al genio del arquitecto Hernán Ruiz II,
encargado de llevar a cabo el deseo del Cabildo sevillano cuando,
una vez acabada su gran catedral en el solar resultante tras la
demolición de la mezquita, en 1.558 decide realizar sobre ella
un cuerpo de campanas acorde con la magnificencia del gran
templo cristiano. H. Ruiz, continuando la verticalidad de sus
muros levanta el cuerpo principal con cinco vanos en cada frente,
con carácter plenamente renacentista y perfectamente integrado
en el alminar, como si de su prolongación natural se tratara. Y
sobre él levanta otros tres más retranqueados sucesivamente
hasta llegar al más alto donde se asienta el “giraldillo”,
singular veleta giratoria formada por una estatua en bronce de
más de 4 metros de altura que representa a la Fe y que acabó
dando nombre al conjunto. De esta manera, el autor del
campanario cristiano con sus 30 metros de altura sobre la vieja
torre almohade quedó consagrado como el mejor arquitecto de su
época, maestro entre maestros por su gran sensibilidad artística
y sus amplios conocimientos técnicos.
El diseño del
giraldillo es obra de Luis de Vargas, modelado por Juan Bautista
Vázquez el Viejo y fundido por Bartolomé Morel . Quedó instalada
en la torre en el año 1568.
Bien de Interés
Cultural, hoy forma parte del Patrimonio de la Humanidad, según
declaración de la UNESCO del año 1987. Recogida de datos y
elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Corral
del Coliseo
El Corral del Coliseo es un antiguo corral de comedias del siglo
XVI. Situado en la C/Alcázares de Sevilla, cerca de la Plaza de
la Encarnación.
Se conservan algunos documentos que arrojan alguna luz sobre lo
que significó este monumental edificio en el teatro sevillano de
principios del s. XVII.
En marzo de 1612 Claramonte dirige el Corral del Coliseo en
Sevilla, y se compromete a facilitar a la Compañía ocho comedias
viejas o ya estrenadas por cuatrocientos reales, y las nuevas o
nunca vistas, a razón de 250 reales.
Un pleito en 1619 entre el dueño del Corral del Coliseo y unos
autores de comedias sirve también de guía para entender la
sociedad de la época. La querella era interpuesta por Francisco
de Rivera, arrendador del Corral del Coliseo, en 5 de junio de
1619, ante Juan Muñoz de Escovar, del Conssejo e Contaduría
mayor de quentas de su Magestad, Juez del Desenpeño desta ciudad
de Seuilla, contra Juan Acacio y Diego de Vallejo (ambos autores
de comedias), porque decidieron representar los autos
sacramentales del Corpus en el Corral de doña Elvira. Con ello,
contravenían una resolución anterior, del 25 de mayo, del mismo
juez en la que disponía que hse representaran en el Corral del
Coliseo. Por lo que decía el arrendador del Corral porque
semejante desacato no se deue dar lugar, a Vuestra merced pido y
suplico, mande prender a los dichos autores de comedias, que son
Juan Acacio y Diego de Vallejo, y quitar los carteles que están
puestos, executándoles por las penas en que an yncurrido y en
los daños que a la hacienda desta ciudad por la dicha caussa se
le an seguido y siguen, y pido justicia. / Ansí para en prueba
de lo susodicho, hago demostración de vno de los carteles que
los susodichos an puesto por las esquinas y del auto por Vuestra
merced proueydo y notificaciones, y pido justicia.... Sirven
estos escritos para revivir la sociedad de la época y entender
el teatro del siglo de oro.
Se sabe además, que en 1620, Ortiz y los Valencianos
representaron la obra de Claramonte El Gran Rey de los Desiertos
en el Corral del Coliseo. En este mismo año el Corral del
Coliseo sufrió un terrible incendio.
Además, se hace referencia también al Corral del Coliseo como en
un contrato por el que se obligaba a representar 30 funciones a
la compañía que regentaban los padres de Bárbara Coronel y en la
que ella misma actuaba, antes de ser actriz de renombre en
aquella época.
Iglesia de
Santa María de Mesa - Utrera
La iglesia de Santa
María de Mesa de Utrera, ubicada en el centro de la ciudad en un
bello entorno de casas solariegas, es un templo que en su
construcción original es de traza gótica del siglo XV, pero que
en torno a 1600 es sometido a importantes obras de reforma que
afectan principalmente a la cabecera de la iglesia y al crucero.
Se trata de una iglesia de grandes dimensiones con cinco naves
separadas por pilares que soportan arcos apuntados sobre las que
descansan las cubiertas de bóvedas nervadas. En su conjunto
conjuga formas artísticas tardogóticas y renacentistas con
algunos elementos de corte barrocos.
Es muy espectacular su
magnífica torre-fachada de ladrillo y de forma rectangular
situada a los pies de esta iglesia, construida a mediados del
siglo XVI en cuatro cuerpos de altura que van disminuyendo en
planta según se van superponiendo cada uno sobre los inferiores,
los dos últimos acabados hacia el año 1770, dando lugar a una
composición muy robusta y equilibrada, de gran sentido
ascensorial.
Esta torre tiene en su
primer cuerpo una gran portada renacentista, obra del arquitecto
de origen vizcaíno Martín de Gainza, quien tras la muerte de su
maestro y antecesor Diego de Riaño es nombrado Maestro Mayor de
la catedral de Sevilla (1535), y que realiza diferentes trabajos
en tierras del arzobispado, como es esta iglesia mayor de Utrera,
fechada hacia el año 1550.
La articulación sin
solución de continuidad entre portada y campanario que
caracteriza a estas torres-fachadas era una fórmula que ya había
sido empleada en algunos templos medievales. La labor de Gainza
es actualizarla mediante un “nuevo” lenguaje renacentista.
Para su composición en
esta iglesia, la denominada Portada del Perdón la dispone
enmarcada entre dos potentes balaustres de piedra rematados por
un frontón triangular en cuyo centro se incluye un espléndido y
profundo arco abocinado con sus jambas y trasdós minuciosamente
labrados con figurillas enmarcadas en una perfecta cuadrícula
renacentista. Ya en el centro del muro, la puerta adintelada se
cierra con una sencilla cartela decorada con grutescos que a su
vez se rodea de hornacinas con figuras religiosas y un relieve
de la Virgen entre ángeles.
Esta decoración
clásica y menuda contrasta con el paramento liso del resto de
los dos siguientes cuerpos de la torre, sólo horadados por dos
óculos en su parte superior, obra de Hernán Ruiz II del tercer
cuarto del s. XVI, y a los que posteriormente se le añadieron
los dos cuerpos restantes del conjunto, de factura barroca y
fechados hacia el año 1775.
Cuenta esta iglesia
con un gran Retablo Mayor, concertado por Martín Moreno en 1662
y terminado años después por Francisco Ballesteros. Presenta
relieves con escenas de la vida de la Virgen y del martirio de
los santos locales Estrabón y Artemidoro, además de esculturas
de san Pedro y san Pablo. En un lateral se encuentra la figura
orante de don Diego Ponce de León, fundador y patrono de una de
las capillas, obra del s. XVI.
El coro, situado a los
pies de la nave central y con más de cincuenta asientos
repartidos en dos alturas es obra de Felipe del Castillo de
1774, decorada con medallones de santos y articulado por
estípites. También de esta época es el órgano ornamentado con
temas florales y ángeles, muy del gusto rococó. En su rico
patrimonio mobiliario hay que destacar el retablo de la Capilla
del Sagrario, una importante colección de platería y la Custodia
procesional, todo ello del siglo XVIII
Bien de Interés Cultural, esta iglesia de Santa María está
declarada Monumento Nacional según publicación aparecida en BOE
en el año 1.979. Recogida de datos y elaboración de Ficha:
Carlos Ruiz Serrano.
Palacio
de San Telmo
El Palacio de San Telmo, sede de la presidencia de la Junta de
Andalucía, comenzó a construirse en el año 1682, en terrenos
extramuros propiedad del Tribunal de la Inquisición para sede
del Colegio Seminario de la Universidad de Mareantes en la que
se acogía y formaba a los huérfanos de los marineros.
Es uno de los edificios emblemáticos de la arquitectura barroca
sevillana, dispone de planta rectangular con varios patios
interiores, uno de ellos central, torres en las cuatro esquinas,
capilla y jardines. La capilla, a la que se accede desde uno de
los patios es obra del arquitecto Leonardo de Figueroa y en su
decoración interior participaron: Pedro Duque y Cornejo –escultor-,
Miguel de Quintana –cantero-, Domingo Martínez –pintor- y Juan
Tomás Díaz –carpintero-, es de un exuberante barroquismo. Está
presidida por la imagen de Nuestra Señora del Buen Aire, de
principios del siglo XVII. En su fachada principal destaca la
magnífica portada de estilo churrigueresco, obra de otros
miembros de la familia Figueroa, en concreto de Matías y Antonio
Matías, hijo y nieto de Leonardo de Figueroa, su coste fue de
50.000 pesos. En ella, enmarcada por columnas, se observa en su
parte superior la figura de San Telmo, patrón de los navegantes,
flanqueado por los patronos de la ciudad: San Fernando y San
Hermenegildo. Algo más abajo aparecen doce figuras de mujeres:
seis a cada lado, que simbolizan las asignaturas de las artes
del mar que se estudiaban en la Universidad de Mareantes.
Soportando el balcón se esculpen con aspecto de indios unos
poderosos atlantes.
Coronando la fachada situada en la calle Palos de la Frontera,
en dirección al Hotel Alfonso XIII, se encuentran las esculturas
de los Doce Sevillanos Ilustres, obra de Antonio Susillo, y que
son:
Juan Martínez Montañés, escultor.
Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz y capitán general de la
Reconquista de Granada.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintor.
Miguel Mañara. Caballero y filántropo fundador del Hospital de
la Santa Caridad.
Lope de Rueda, escritor.
Fernando de Herrera, poeta.
Luis Daoíz, militar héroe de la Guerra de la Independencia.
Benito Arias Montano, humanista.
Bartolomé Esteban Murillo, pintor.
Fernando Afán de Rivera, duque de Alcalá, humanista.
Fray Bartolomé de las Casas, religioso, Obispo de Chiapas
(México) y protector de los indios.
Entre ellos hay tres
que son sevillanos de adopción, pues no nacieron en Sevilla,
aunque vivieron y murieron en ella, son: Arias Montano -de
Fregenal de la Sierra-, Rodrigo Ponce de León -de Cádiz- y Juan
Martínez Montañés -de Alcalá la Real-.
En 1991 se comienza su rehabilitación para convertirlo en sede
oficial de la presidencia de la Junta de Andalucía, en 2005 se
inició la segunda fase de rehabilitación que se ha centrado
básicamente en rescatar la estructura original del interior del
edificio, que había sido sometido a múltiples intervenciones que
lo habían desvirtuado. El proyecto ha sido encargado al
arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra.
Tras ser construido en 1682 para Universidad de Navegantes, pasó
un siglo más tarde a ser Colegio de Marina, siendo adquirido, en
1844, por los Duques de Montpensier, transformándolo en su
residencia. Posteriormente la Duquesa de Montpensier, la Infanta
María Luisa de Orleans, lo cedió al morir a la Archidiócesis de
Sevilla para la construcción de un Seminario, habiendo donado a
la ciudad de Sevilla sus jardines que hoy forman el espléndido
Parque de María Luisa de la ciudad. En el año 1989 fue cedido
por el Arzobispado de Sevilla para que albergara la sede de la
Presidencia de la Junta de Andalucía.
Palacio de
los Marqueses de Peñalor - Écija
Al igual que
sucede en otras poblaciones de Sevilla como Osuna o Estepa, la
ciudad de Écija se ve envuelta en un importante auge económico y
social durante el siglo XVIII debido en parte a la eficaz
política agraria de los Borbones que anima al establecimiento en
el lugar de una amplia nobleza rural de carácter terrateniente.
Aquí, además de un
marcado desarrollo de la arquitectura religiosa que llega a
alcanzar cotas de calidad y cantidad difícilmente superables, se
produce también una intensa actividad constructiva de carácter
civil que hace posible la existencia de un conjunto de palacios
pertenecientes a la alta aristocracia que gustaba de presumir en
sus suntuosas fachadas su poder económico y la grandeza de sus
blasones. Este enorme patrimonio le valió a la ciudad la justa
consideración de Conjunto Histórico-Artístico a nivel nacional
en el año 1.966.
Entre los grandes
palacios que conserva la ciudad está el de los marqueses de
Peñaflor, construido en torno a 1726. Su planta es marcadamente
alargada y la alineación de su fachada hubo de ajustarse al
trazado curvo de la calle donde se encuentra, por lo que adopta
una línea cóncava.
Se levanta esta bella
fachada en dos cuerpos de altura, abriéndose huecos en ambos.
Los de la planta principal, en el cuerpo superior, se encuentran
unidos mediante una gran balconada sobre ménsulas de hierro
corrida y continua a todo lo largo, que por su singularidad y
longitud no tiene parangón en la arquitectura barroca de nuestro
país. De especial interés también es el efecto de las pinturas
murales que aparecen en el frente de esta fachada, de marcado
acento barroco y con figuraciones arquitectónicas muy efectistas,
que parcialmente se han conservado hasta nuestros días gracias a
la protección que le ofrece el pronunciado alero en forma de
visera con que se remata su parte superior.
Sobre un lateral se
abre su aparatosa portada, organizada igualmente en dos cuerpos
de altura perfectamente armonizados en su diseño arquitectónico.
En el primer cuerpo la puerta se enmarca con sobrias columnas
dóricas sobre las que se dispone un friso mixtilíneo rematado en
sus laterales por el arranque partido de un frontón curvo;
mientras en el segundo, columnas salomónicas a los lados del
balcón principal se rematan con frontón mixtilíneo de acusado
trazado ascensorial. Junto a ella se levanta una elegante
torre-mirador de base cuadrada, cuyo acertado cuerpo superior se
abre en doble arquería en cada frente y se remata con cubierta
piramidal de tejas.
El interior del
palacio se distribuye en su parte principal en torno a un patio
de dos plantas de altura con arcos superpuestos en cada lado
formando un claustro con un original friso que cubre la parte
baja a base de placas de mármol negro de Córdoba, mármol rosado
de Cabra y ágata de Lanjarón, consiguiendo un excepcional
ornamento barroco que se complementa con cornucopias de ágata y
madera dorada. Desde este patio, una escalera que arranca con
doble tramo se continúa en un único tiro hacia las dependencias
del interior del palacio, en uno de cuyos salones del piso
superior existe un artesonado renacentista con valiosa talla del
s. XVI.
En la zona de las
caballerizas, una sobria portada barroca trabajada en piedra
contiene un espacio donde se muestra el labrado escudo de sus
propietarios, los Marqueses de Peñaflor.
Bien de Interés
Cultural, este palacio está catalogado como Monumento Nacional,
según publicación aparecida en el BOE en 1.962. Recogida de
datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Metropol Parasol de la Encarnación
El Metropol Parasol de la Encarnación será una estructura de
hormigón con revestimiento de madera de 150 x 70 metros y una
altura aproximada de 30 metros que estará ubicada en pleno
centro de Sevilla, levantada sobre un solar que lleva en
condiciones de abandono alrededor de 31 años, donde fueron
encontrados importantes restos arqueológicos hace unos años,
cuando se estaba excavando para construir un parking subterráneo.
Tras el gran descubrimiento se determinó por convertir la zona
en museo (que albergará los restos almohades y romanos allí
encontrados) y plaza de paseo para disfrute de oriundos y
extranjeros, de esa manera se conservarían los restos y al mismo
tiempo podrían ser observados por quien quisiera.
La obra consiste en seis parasoles de grandes dimensiones, de
madera, que como su nombre indica, darán sombra al público, así
como protegerán los restos encontrados. Dentro de la estructura,
además del museo (nivel bajo) existirá un mercado y una plaza
umbría (nivel de superficie), en la zona superior se habilitará
un lugar por donde se podrá disfrutar de vistas del casco
histórico a cierta altura y un trayecto por donde pasear (Sky
Walks), a una altura de 22 metros se acondicionará un
restaurante (supuesto Sky Café, de 585 m²), se prevée que todo
el conjunto será inaugurado a finales de 2009.
Todo estará rodeado de vegetación para intentar crear un
microclima convirtiendo el lugar en un sitio fresco y sombreado.
Fue diseñado por el arquitecto berlinés Jürgen Mayer.
Colegiata De Ntra. Sra. De La Asunción
- Osuna
Fernando III El Santo conquista Osuna en 1240 y en 1264 ante los
problemas de repoblación y mantenimiento de las fronteras, su hijo
Alfonso X la cede a la Orden de Calatrava.
En el
s. XV, siendo maestre de la Orden don Pedro Girón, éste junto a su
hermano Juan Pacheco -marqués de Villena- lucha contra los intereses
de Enrique IV; hecho que marca un hito en la historia de la ciudad
pues don Pedro, buscando constituir un estado que legar a sus
descendientes, crea un mayorazgo para su hijo Alfonso Téllez Girón,
nombrado primer conde de Ureña. Más tarde en 1.562, Felipe II otorga
el título de duque de Osuna a otro don Pedro, el V conde de Ureña.
El
deseo de ascender en el estamento nobiliario hace a los Téllez Girón
desarrollar todo un programa constructivo que remodelará
completamente el paisaje urbano de la ciudad de Osuna,
convirtiéndose así en sus grandes mecenas y tratando de montar un
aparato monumental que le dé la imagen de señorío necesaria. Por
ello a partir de 1596 promueven la reforma urbanística de la ciudad
mediante la construcción de numerosos edificios de orden civil,
religioso y académico, como son la Colegiata, una Universidad,
diecinueve Monasterios, cuatro Hospitales y numerosas casas
solariegas y palacios. Para entonces, Osuna ya es la capital del
gran señorío de los Téllez Girón.
Desde
comienzos del s. XVI, Juan Téllez Girón, II conde de Ureña, entra de
lleno en esta tarea de reformar la ciudad. Son tiempos de cambios.
En 1528 Diego de Siloé vuelve de su período de aprendizaje por
Italia con ideas artísticas nuevas que aplica en Andalucía como
maestro de obras del Arzobispado. El y sus sucesores Diego de Riaño
y Martín de Gainza, marcan las tendencias renacentistas en la zona e
implantan las nuevas ideas en los edificios más importantes de la
época.
Con
Juan Téllez Girón, IV conde de Ureña, se alcanza el momento de mayor
esplendor en la ciudad. Él funda esta Colegiata en 1535 al conseguir
del Papa Paulo III que la que ya era parroquia fuera al mismo tiempo
Colegiata. El templo, de fachadas severas y torre inacabada, se
levanta en el lugar que ocupara la anterior Iglesia del Castillo,
totalmente destruida por un incendio. Se construye a partir de la
cabecera, en puro estilo renacentista. Su juego de pilares, las
bóvedas vahídas y la concepción espacial denotan claramente la
presencia de aires renovadores en la arquitectura, y su magnífica
Puerta del Sol, labrada frente a la ciudad con claros elementos
clasicistas es buena prueba de ello.
El
edificio de la Colegiata en su conjunto viene a narrar la historia
de la Casa de Osuna. Entre sus obras encontramos un Cristo
crucificado, obra de Juan de Mesa de 1623, y una colección de tablas
flamencas del s. XVI traídas a raíz del nombramiento del III Duque
de Osuna como Virrey de Flandes. A comienzos del s. XVII, éste
contrata cinco cuadros a José de Ribera, El Españoleto, para el
altar mayor, todos ellos exponentes de la etapa napolitana del
pintor, elevando así la calidad del patrimonio artístico de aquella,
además de otras obras de arte importantes que llegan a la ciudad en
la etapa en que este III duque es Virrey de Nápoles.
En el
año 1548 se completa la obra de la Colegiata con la Capilla y Patio
del Sepulcro, ya en estilo plateresco. El Panteón Ducal de esta
Colegiata, obra del siglo XVII, incluye una cripta donde existe una
réplica a escala muy reducida, de una iglesia de tres naves y coro.
En ella están los sarcófagos en piedra y madera de los Duques de
Osuna, con sus leyendas funerarias; panteón que se viene utilizando
tradicionalmente incluso hasta nuestros días.
Bien de
Interés Cultural, la Colegiata es Monumento Nacional, según aparece
publicado en La Gaceta de Madrid desde el año 1.931.
Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Murallas de Sevilla
En tiempos de Julio César, aproximadamente entre los años 68 y
65 adC, cuando era cuestor de la ciudad, se construyeron estas
murallas y sus torreones, reemplazando la antigua empalizada
hecha con troncos y barro existente desde la época cartaginesa.
Durante el imperio de Augusto fueron ampliadas y perfeccionadas
debido al crecimiento de la ciudad.
Los árabes añadieron más a la defensa de la ciudad ensanchándola,
y fortalecieron ese ensanche amurallándolo bajo el dominio del
sultán Alí Ibn Yusuf, quien amplió el espacio protegido por la
cerca en casi dos veces su antigua superficie. Los almorávides,
que eran conscientes del avance conseguido sobre los reinos
cristianos del norte de España se dedicaron a reforzar sus
defensas, construyendo y fortaleciendo las murallas.
Tras el ataque vikingo del año 844, el emir Abderramán II manda
reconstruir las murallas destruidas. En pleno dominio árabe, el
califa Abderramán III mandó destruir las murallas y puertas
romanas en el año 913, pensando que se evitarían conatos de
secesión contra Córdoba, convertida por él mismo en capital de
Al-Andalus.
El primer rey de la taifa de Sevilla, Abú al-Qasim ordena
levantar de nuevo las murallas en el año 1023 para protegerse de
las tropas cristianas. La defensa amurallada tenía una dimensión
de siete kilómetros con 166 torreones, 13 puertas y 6 postigos.
Las murallas estaban prácticamente íntegras llegado el siglo
XIX, a raíz de la revolución de 1868, se decidió derribar gran
parte de las mismas, quedando solamente los tramos desde la
Macarena (donde se contabilizan siete torreones cuadrados y uno
octogonal) hasta la puerta de Córdoba, algún tramo en los
jardines del Valle y el sector del Alcázar.
En estas épocas Sevilla fue una ciudad cerrada, tal vez la mejor
amurallada de Europa. El trazado reali