

A pie de
página hay una explicación detallada sobre el
motivo de haber incluido estas fotos en esta
web. Y además podrás ver también las galerías de Flickr
con otras imágenes muy lindas.
Castillo
de la Yedra - Cazorla
Se ubica en las
estribaciones inferiores del cerro de Salvatierra, sobre el
río de Cazorla, y encima de un saliente rocoso cuyos
aledaños, sobre la ribera del río, constituirían la
primitiva área urbana de la Cazorla medieval. Su planta
irregular responde, no solo, a la topografía del lugar sino
también a sus continuadas transformaciones. De oeste a este
presenta las siguientes estructuras:
• La gran torre
del homenaje con su patio de armas.
• Un recinto intermedio con estructuras de servicio, aljibe,
almacén etc.
• Un recinto reducido que forma el complejo acceso a la
fortaleza.
• La albacara o recinto amurallado exterior, defendido por
torres de planta rectangular y dotado posiblemente con una
puerta hacia el sur y un postigo hacia el noreste.
La disposición de estas estructuras se hace siguiendo el
desnivel del terreno, por lo que la altura existente entre
la zona más occidental y la oriental, es considerable. Las
profundas transformaciones sufridas a lo largo de este siglo,
sobre todo desde los años setenta y ochenta, ha provocado
que parte de construcción la original esté enmascarada por
las obras recientes. Sus orígenes son inciertos,
posiblemente musulmanes, aunque de ellos apenas si podemos
reconocer algunos muros de tapial y algunos elementos
aislados. Es muy probable que se tratara de un "hims" o
fortificación poco compleja, para refugio de los musulmanes
esparcidos por la zona y que en época cristiana, al
trasladar la capitalidad del Adelantamiento de Cazorla, se
retomara su total reestructuración. La torre del homenaje es
su elemento más representativo. Es de planta cuadrada con
tres alturas y terraza. Bajo la planta primera, un posible
aljibe que recogiera el agua de lluvia, abierto sobre la
roca del cerro.
La construcción está realizada en piedra caliza y con una
buena cantería, utilizándose la toba tan solo en lugares muy
determinados. El modelo constructivo se basa en una
cimentación sobre la roca, apoyándose la construcción sobre
muros de gran grosor, que van disminuyendo conforme la
edificación se eleva, así la ultima planta tiene muros de
casi un metro cincuenta menos de grosor que en su base. Esto
permite abrir ventanales, en este caso dobles (geminadas).
Las cubiertas de estas estancias son diferentes en función
del nivel o altura. La de la planta primera es una bóveda de
medio cañón apuntada de excelente factura, que pasa a ser
adintelada o plana en la segunda y de una magnifica bóveda
de crucería para la última. Esta última planta es la más
notable arquitectónicamente, con tres amplios ventanales
geminados y unas columnillas decoradas toscamente, abiertos
al norte, este y oeste. La bóveda es muy alta, de crucería y
con cuatro nervios muy pronunciados. La entrada a la
fortaleza es pendiente y zigzagueante hasta alcanzar el
recinto intermedio. Por lo general en la fábrica o
construcción de la fortaleza hay elementos constructivos de
influencia musulmana, al igual que en la resolución
arquitectónica de algunos de los espacios, lo que lleva a
pensar en la utilización de obreros y alarifes de origen
musulmán. La utilización del ladrillo y el mortero, así como
la solución dada a la puerta de acceso o del aljibe de la
torre, fortalecen aún más la sospecha de esta presencia. La
albacara o recinto exterior presenta una mayor libertad
constructiva, utilizando todo tipo de materiales y con un
trazado ajustado a la topografía del lugar. Las torres
adosadas son irregulares en su planta e incluso se levantan
sobre que los muros, para cimentarse en parte sobre ellos.
Del resto de muralla que pudiera formar parte de un segundo
recinto amurallado apenas si quedan restos, aunque hacia el
camino san Isicio, al oeste, o en las laderas que caen hacia
el camino de la ermita del Santo Ángel, permiten intuir una
segunda línea que las uniera por la calle de la Luz.
Su tipología arquitectónica así como algunos de los
materiales hallados sugieren que sus orígenes bien pudieran
ser musulmanes, posiblemente de época almohade (siglo XII),
aunque a lo largo de los siglos XIII, XIV y XV los
cristianos terminaron de darle su configuración definitiva,
lo que explica que en una buena parte de sus estancias
interiores predomine el estilo gótico. Fuente: cazorla.es -
Autor: Juan Antonio Bueno Cuadros - Cronista Oficial de
Cazorla
Iglesia
de San Pablo - Úbeda
Dentro del
carácter arquitectónico plenamente renacentista que impera
en los múltiples edificios que ennoblecen la a ciudad de
Ubeda, ya sean de tipo civil como de tipo religioso,
sorprende muy gratamente la presencia de esta singularísima
iglesia de San Pablo, anterior a todos ellos, y donde se
mezclan de modo admirable elementos de épocas anteriores,
tanto góticos como otros de tipo románico y platerescos.
Los vestigios
arquitectónicos más antiguos que subsisten, nos la acreditan
como un templo románico muy tardío; tales son la portada
llamada de Los Carpinteros, de molduraje y decoración
románicos con arco ojival, y los óculos de los lunetos de la
nave principal. La tradición, no comprobada, dice que en su
lugar hubo anteriormente una mezquita musulmana.
La mayor parte de
lo que hoy día podemos contemplar pertenece a una
restauración o terminación del templo ya en pleno
gótico-isabelino, que culmina en los albores del plateresco
con la realización de su magnífica puerta principal, fechada
en 1511, y que al parecer debió estar policromada, según las
huellas que aparecen en el tímpano y sobre los escudos. Al
lado de esta portada se alza una tribuna o balcón sobre una
volada repisa sostenida por dos columnitas de mármol, en la
que se advierten elementos decorativos clásicos. Su traza es
atribuida al gran arquitecto Andrés de Vandelvira, y desde
ella se hacían públicos los edictos del Concejo. También
sirvió como capilla pública, para que los mercaderes de la
plaza pudieran cumplir con sus deberes religiosos sin
abandonar sus puestos.
Existe otra
portada muy sencilla en la fachada posterior, mandada
construir en 1485 por el obispo Ossorio, de quien es el
escudo existente sobre ella.
Posee esta iglesia
un singular ábside poligonal fechada hacia el año 1380, que
fue elevado en el siglo XVII y se remata con una poco
habitual galería superior abierta con huecos continuos. La
torre terminada en 1537 por Antonio Santero, es de estilo
plateresco y habría de servir de inspiración para las demás
torres de Ubeda, con su campanil octogonal sobre base
cuadrada y los clásicos jarrones de piedra o flameros en las
esquinas.
Al pie del ábside,
y adosado a él, aparece una fuente pública de planta
circular y frontón triangular acabada en 1559, decorada con
escudos de los Austrias, de Ubeda y de Porcel.
En el interior de
la iglesia, una serie de capillas góticas permite ver la
evolución de este estilo, desde el más primitivo, hasta el
flamígero de la de las Mercedes.
Un precioso ejemplar de capilla funeraria, ya plateresca, es
la del camarero don Francisco de Vago, con un bello túmulo
sobre el sepulcro, y reja del maestro ubetense Alvarez de
Molina.
Otro sepulcro
notable es el del comendador don Juan de Monsalve y
Sanmartín, caballero de Malta muerto en la lucha contra los
moriscos, con su estatua yacente mutilada, que se encuentra
en la capilla de esta familia, también decorada con reja de
gran calidad y con interesantes frescos que decoran sus
bóvedas.
Muy vinculada esta
iglesia a la historia de Úbeda, fue incendiada y destruida
por Pero Gil, leal de don Pedro I El Cruel, cuando éste
asaltó la ciudad, partidaria de los Trastámara. En esta
ocasión fue destruido el archivo de la nobleza y de la
Universidad de priores, custodiado en la capilla de las
Mercedes.
Bien de Interés
Cultural, esta iglesia está catalogada como Monumento según
publicación aparecida en La Gaceta de Madrid, ya desde el
año 1.926. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos
Ruiz Serrano.
Catedral
de Baeza
La jienense
Catedral de Baeza está dedicada a la Asunción de la Virgen.
Como casi todas las catedrales, ésta de Baeza tiene una
larga historia de construcciones y reconstrucciones. Parece
ser que en este lugar hubo un templo romano pagano y luego
cristiano. Sobre él, los musulmanes edificaron una mezquita
que llegó a ser convertida en templo cristiano efímeramente
en 1147 en tiempos de Alfonso VII, cuando Baeza fue
conquistada hasta su pérdida poco después por el empuje
almohade.
Ya en el siglo XIII, Baeza es reconquistada definitivamente
por Fernando III (1227) y de nuevo reconvertida al culto
cristiano. A lo largo del siglo XIII o comienzos del XIV se
construyó sobre esta mezquita un templo de estilo alfonsí,
seguramente como otros construidos en Córdoba y Sevilla,
aunque mudejarizado.
De esta época es la portada occidental, de arco de herradura
apuntado y polilobulado y el rosetón superior de traza
cisterciense y decorado con puntas de diamante pero con
tracerías mudéjares. Este rosetón ha de admirarse con
cuidado pues lleva bustos de personajes en una de las
molduras concéntricas.
También se aprecia en la fachada septentrional el
guardapolvos de arco apuntado y puntas de diamante de esta
iglesia medieval.
Las reformas siguieron y en el muro meridional se abre una
portada gótica (puerta del Perdón) de finales del siglo XV.
Sin embargo, la catedral de Baeza va a sufrir una radical
transformación en el siglo XVI, convirtiéndose en una bella
catedral renacentista.
El muro norte tiene una gran portada del año 1587, obra de
Juan Bautista Villalpando. Es adintelada enmarcada por
pilastras. El cuerpo superior, entre pináculos y otras dos
pilastras lleva un relieve con la Natividad de la Virgen.
Las ventanas superiores de este muro tiene un gran sabor
renacentista al estar rematadas por frontón.
En el extremo noroeste se levanta la torre de planta
cuadrada de origen árabe y reformas de los siglos XIV, XVI y
XIX. Interiormente la catedral de Baeza se articula mediante
tres naves separadas por columnas de capiteles
renacentistas.
Iglesia
de Santa Cruz - Baeza
Es éste uno de los
pocos ejemplos de arquitectura románica existente en toda
Andalucía. Es sabido que todo el sur peninsular estuvo bajo
el poder musulmán al menos desde el siglo VIII hasta bien
entrado el XIII; y así se entiende que desde los tiempos de
aquellas primeras invasiones islámicas todas las nuevas
edificaciones en la zona sólo podían corresponderse
necesariamente con las propias de la cultura y la religión
musulmana, dominante en todo el territorio.
La decisiva
batalla de las Navas de Tolosa de 1212 ganada por los reyes
cristianos al mando de Alfonso VIII, trae como consecuencia
el derrumbamiento del poder del imperio almohade, y con ello
la rápida reconquista del norte de Andalucía en pocas
décadas, impulsada principalmente por la firme intervención
del rey Fernando III El Santo. Esta circunstancia hace
posible el asentamiento estable de las primeras poblaciones
cristianas en la zona durante la primera mitad del s. XIII,
y a que pudiera aparecer en sus principales ciudades un arte
románico tardío, al que ya le quedaba poco tiempo como
estilo arquitectónico propio de la Baja Edad Media.
Este arte
cristiano que en principio se muestra puro en su pureza y
rigor, con el tiempo va incorporando algunos elementos
propios del mudéjar y del gótico, lo que da lugar a la
creación de las características particulares de las iglesias
andaluzas del período siguiente.
La primera ciudad
en recuperarse para Castilla es Baeza, en 1227, a la que
siguen poco después otras cercanas a ella como Andújar y
Úbeda; y pronto se construyen allí las primeras iglesias en
este estilo tardorrománico, de las cuales se conservan hoy
restos de distinto valor.
De todas ellas, la
iglesia de Santa Cruz de Baeza, es sin duda la de estilo
románico mejor conservada en toda Andalucía.
Interiormente
consta de tres naves separadas por arcos de medio punto
sobre pilastras cilíndricas que se rematan con capiteles
románicos decorados con motivos vegetales y se cubren con
viguería de madera vista y sencilla acabada a dos aguas. De
las tres naves, la central termina en ábside semicircular o
de tambor, mientras que las laterales lo hacen con muro
recto.
Es interesante
observar el vestigio de un arco visigótico en su interior,
lo que hace suponer que puede tratarse de la reconstrucción
de un templo cristiano usado por la población mozárabe
durante el dominio musulmán. Más interesante aún son sus
pinturas murales policromadas que cubren parte de sus muros
y ábside, correspondientes a los siglos XV y XVI, poco
comunes en nuestra geografía.
Su fachada
principal es muy sobria, con las características propias de
los templos románicos del sur de Castilla, y refleja en su
paramento el sistema de cubierta a dos aguas de su interior
y la disposición de un sencillo rosetón circular para la
iluminación interior de su nave central.
Conserva sus dos
portadas abocinadas de medio punto sobre columnillas, aunque
de ellas, sólo la lateral sobre el muro meridional es propia
de esta iglesia, siendo añadida la portada occidental
situada a los pies, procedente de las ruinas de la también
iglesia románica de San Juan. Ambas portadas son de factura
muy similar, lo que hace suponer que sus construcciones
debieron realizarse con muy poca diferencia de tiempo, tras
la reconquista de esta zona.
Situadas en un
cuerpo adelantado respecto al muro, estas portadas se
componen de una serie de cuatro arquivoltas en las que se
incluyen baquetones y escocias. Por fuera se protegen con
sendos guardapolvos decorados con punta de diamante que
quedan rematados por encima con un sencillo tejaroz
sustentado por canecillos de piedra.
De indudable valor
histórico y documental, su sencilla e interesante
arquitectura se suma a la alta nómina de edificios únicos de
esta ciudad, justamente declarada por la UNESCO Patrimonio
de la Humanidad. Recogida de datos y elaboración de Ficha:
Carlos Ruiz Serrano.
Iglesia
de Santa maría la Mayor - Andújar
La iglesia de
Santa María La Mayor de Andújar se levanta sobre una vieja
mezquita, casi en el centro del antiguo recinto medieval,
convertido más tarde en el nuevo centro renacentista de la
ciudad.
Su construcción
debió de iniciarse hacia el año 1.225 en estilo gótico, y se
prolonga hasta el año 1624. Por ello presenta un singular
mestizaje de estilos tanto en sus fachadas como en el
interior, que se organiza a través de una planta de salón
con tres naves de cuatro tramos cada una y bóvedas de
crucería en los pies.
Durante el siglo
XVI se inicia la construcción de su singular y
característica torre, muy robusta, ancha y cuadrada; algo
tosca, realizada en ladrillo y con decoración de inspiración
mudéjar, a la que posteriormente se le añadió una pequeña
espadaña sobre uno de los lados.
Francisco del
Castillo El Mozo (Jaén, 1.521-1.586), importante arquitecto
que inicia su aprendizaje en Italia junto a Vignola,
desarrolla a la vuelta a su provincia natal una intensa e
interesante actividad constructiva en toda la zona,
proyectando su talento y su técnica al servicio de una
arquitectura renacentista y manierista de gran calidad,
especialmente en reformas de iglesias ya existentes, cuyas
transformaciones dirigió con verdadera maestría en distintas
ciudades de su entorno, como Andújar, Martos o Jaén, entre
otras.
Desde el año 1559,
Del Castillo se ocupa en reconvertir el antiguo espacio
gótico de esta iglesia de Santa María de Andújar en un
elegante templo de salón de corte renacentista. Para ello,
entre otras importantes reformas interiores, cambia las
viejas cubiertas de crucería de sus naves por una sucesión
de bellas bóvedas vaídas de claro estilo manierista en las
naves laterales, disponiendo a su vez una serie de cúpulas
rebajadas para la nave central, que se decoran con pinturas
murales fechadas en 1606 y atribuidas a Blas de Ledesma. Con
esta magistral intervención su autor consigue cambiar el
efecto espacial de este viejo templo, al que dota de una
impresionante sensación de esbeltez y espectacularidad,
propias de las grandes iglesias del renacimiento andaluz.
Interiormente
cuenta además esta iglesia con importantes obras artísticas.
Así, entre sus capillas laterales destaca la de Luis de
Valdivia o Capilla del Greco –por encontrarse allí el cuadro
de el Greco La Oración en el Huerto realizado entre 1605 y
1610- cerrada con una espléndida reja de hierro forjado y
estilo renacentista realizada en un taller local. Está
fechada en 1.578 y cuenta con un motivo iconográfico en la
sobrepuerta con la representación de la Imposición de la
Casulla a San Ildefonso. En su interior se encuentra un
Cristo atado a la Columna, talla policromada de la primera
mitad del siglo XVI atribuida a Jerónimo Quijano.
También la capilla
de Los Reinoso se cierra con una reja de hierro forjado,
obra del año 1575, con el motivo iconográfico de la
Anunciación, y originariamente ubicada en la iglesia de
Santiago.
Al exterior, en la
Plaza de Santa María se levanta la portada norte, obra del
maestro Domingo de Tolosa de principios del siglo XVI, y se
abre con arco de medio punto enmarcado por columnas
corintias, entablamento clásico y decoración de candelieri.
La dedicada a San
Pedro, situada al sur, es del maestro Antonio de Tomar, de
la segunda mitad del mismo siglo y de un purismo muy
estricto; está formada por dos pilastras con entablamento
liso enmarcando un arco de medio punto. Finalmente, la
portada de los pies del templo, la última en abrirse, se
debe a Pedro García y responde al estilo herreriano. Se
distingue por la ausencia de ornamentación y la sobriedad de
sus distintos elementos: pilastras toscanas, entablamento
dórico y frontón triangular flanqueado por las clásicas
esferas de piedra. Recogida de datos y elaboración de
Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Fortaleza
y Abadía de la Mota - Alcalá la Real
El conjunto
histórico de La Mota se encuentra enclavado estratégicamente
en la cumbre de un escarpado cerro, a casi 100 m respecto a
la ciudad de Alcalá la Real que se encuentra a sus pies. Sus
características, forma y situación le dan una visión
predominante a modo de perfecta atalaya natural, que domina
el paisaje a varios kilómetros a la redonda. En 1.341
Alfonso XI conquista definitivamente la fortaleza tras
varios intentos de sus antecesores; y ante la importancia de
la plaza como punto de partida hacia el reino de Granada e
interesado en que dependiera exclusivamente de la Corona,
funda aquí una Abadía de Patronato Real al tiempo que la
dota de privilegios especiales.
La inexpugnable
“Qal ál Banu Said” está flanqueada por peñas y tajos que
forman cuerpo con la muralla exterior. Tuvo una segunda
muralla que protegía sus accesos y otra tercera exterior que
guardaba el arrabal de Santo Domingo. Estas murallas eran la
garantía de su defensa frente al enemigo que carecía de
maquinaria de guerra apropiada para conquistarla, y que
necesariamente recurría a un asedio de meses esperando a que
la plaza se rindiera por falta de agua y alimentos.
Situada en su
interior, lo más singular del conjunto es su iglesia de
Santa María la Mayor, que comienza a edificarse sobre una
anterior mezquita en la década de 1530 como sede de la
abadía fundada por Alfonso XI tras la toma de la ciudad.
Constituida como símbolo de la victoria del ejército
cristiano sobre el poder musulmán, su enorme torre de 42 m
se levanta con decidida intención por encima de la del
Homenaje de la Alcazaba, proclamando el establecimiento de
un nuevo orden en el lugar y dominando el conjunto con su
espectacular silueta.
Conocida como
Iglesia abacial o de la Mota, se comienza a levantar bajo
protección del abad Juan de Ávila según trazas de Martín de
Bolívar, sustentada por cuatro pilares interiores que junto
con los muros y contrafuertes exteriores sostienen las
bellas bóvedas de crucería estrellada que cubren el templo.
A su estructura gótica inicial se unen luego elementos
decorativos del plateresco y del primer renacimiento
representados por heráldicas y rosetas distribuidas en los
paramentos. Su interior se organiza en tres naves de dos
tramos cada una y coro alto a los pies, siendo muy notable
su Capilla Bautismal de doble portada renacentista y bóveda
de casetones atribuida a Jacobo Florentin, maestro italiano
que trabaja en Granada a principios del XVI.
En una segunda
etapa, a final de ese siglo, se acomete la remodelación de
su cuerpo central con intervención de Ambrosio de Vico y
Ginés Martín de Aranda, este último verdadero artífice que
dirige la realización de la Sacristía y tres portadas donde
se repiten elementos renacentistas de bella factura junto a
relieves de la Asunción de la Virgen y el gran escudo
abacial, quizás perteneciente al abad que impulsó esta
reforma, don Maximiliano de Austria. Aquí los muros
perimetrales se organizan en dos pisos, el inferior formado
por seis arcos de medio punto con tres capillas-hornacinas y
sus portadas, y el superior por arcos ojivales en
consonancia con los arcos góticos del período anterior. Una
tercera etapa termina en 1.627, profundizándose la cabecera
de la iglesia medieval y creando en el muro del Este tres
grandes arcos triunfales.
Con la Guerra de
la Independencia comienza la decadencia del templo pues las
tropas francesas a su llegada a Alcalá en 1810 desmantelan
la iglesia y la convierten en almacén para usos militares,
incendiándola en su retirada y provocando la caída de la
bóveda. El s. XIX y las desamortizaciones no mejoran su
situación pues llegó a ser usada como lugar de
enterramiento, y no fue hasta después de la Guerra Civil
cuando comienzan las reparaciones, cuya continuidad en el
tiempo han puesto de manifiesto la existencia de tumbas
también de otras culturas diferentes.
Bien de Interés
Cultural, la iglesia ahora en restauración está catalogada
como Monumento Nacional, según aparece publicado en La
Gaceta de Madrid, desde el año 1.931. Recogida de
datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Catedral
de la Asunción
Como la mayoría de
las catedrales andaluzas, la primitiva catedral de Jaén se
implanta en la que fuera desde el año 825 mezquita mayor de
la ciudad musulmana, conquistada para Castilla por Fernando
III El Santo en 1.246.
En 1.492 y bajo el
obispado de Luis Osorio se comienza a construir una catedral
gótica por el maestro Pedro López con la intervención de
Enrique Egas continuándose las obras hasta 1.519, aunque
hubo de derribarse parte de su fábrica en 1.525 por amenazar
ruina, quedando parado el proceso hasta 1.548, año en que el
Cabildo de la ciudad decide el concurso de los maestros L.
Quijano, P. Machuca y A. Vandelvira para la construcción de
un nuevo templo. Resulta elegido Andrés de Vandelvira quien
inicia las obras por la cabecera, conservando algunos
paramentos levantados por P. López, decorados con robusta
franja de follaje gótico.
De planta
rectangular, esta catedral es una espléndida iglesia de
salón compuesta por tres naves, capillas-hornacinas
laterales y cabecera plana. Como en las de Granada, Guadix y
Baeza, los pilares se recrecieron con columnas corintias de
fustes estriados y bastones a distinta altura, típico en
Vandelvira, pero superando la grandiosidad del espacio
diáfano interior de este templo a los antes citados, y con
un clasicismo de mayor perfección que el de aquéllas.
En el lado de la
epístola levanta Vandelvira su majestuosa Sacristía,
realizando una de sus mejores composiciones. De planta
rectangular, plantea en sus lados parejas de columnas
estriadas sobre pedestal corrido que unidas a pilastras se
distancian a longitudes diferentes para soportar arcos de
radios distintos y alternados, formando un ritmo genial y
único; sobre ellos corre un entablamento general donde
repite el ritmo de arcos desiguales y alternados del cuerpo
inferior, dando lugar a un recinto clásico excepcional. La
sala se cubre con bóveda de medio cañón decorada con
medallones, acabándose en 1.577, dos años después de la
muerte del maestro. Junto a la Sala Capitular de esta misma
catedral, acabada en 1.556 y concebida por Vandelvira con
gran purismo en sus órdenes jónicos apilastrados e
igualmente cubierta con bóveda de cañón, son dos de las
obras maestras indiscutibles de la mejor arquitectura
renacentista en Andalucía. Luego otros maestros mayores de
la catedral -Aranda y López de Rojas- realizan una intensa
actividad en ella creando obras de la mejor tradición
manierista y de comienzos del barroco.
Juan de Aranda y
Salazar, llamado por el obispo Baltasar Moscoso en 1.634
para continuar las obras comenzadas por Vandelvira, levanta
la Capilla Mayor –donde se guarda la reliquia de la Santa
Faz- y las del lado del evangelio, siendo sus obras más
personales la majestuosa cúpula central y la portada
septentrional del crucero.
Eufrasio López de
Rojas, maestro mayor desde 1.659, diseña una monumental
fachada que se concluye en 1.688. Plantea la búsqueda de
efectos espaciales a través de una acertada conjunción de la
arquitectura y un amplio repertorio iconográfico creado por
el genio de Pedro Roldán (1624-1699), tanto en estatuas como
en relieves, que le confiere con su gran tamaño, estructura
y decoración gran sentido barroco italiano a un esquema
clasicista; y supone por su elegancia y formalismo una de
las obras cumbres de la arquitectura española del s. XVII.
La culminación de
la catedral estuvo a cargo de José Gállego, quien desde
1.726 se ocupa del cerramiento final de sus bóvedas, la
construcción del gran coro -concluido en 1.736- y las trazas
del trascoro, que aloja una gran pintura del academicista M.
Salvador Maella (1.739-1.819).
Mención especial
merece su Museo Catedralicio, las Galerías Altas y la
Capilla del Sagrario, obra de V. Rodríguez. Entre sus obras
de arte están las pinturas de P. Machuca, la Virgen de las
Angustias de J. de Mora o imagen de Ntro. Padre Jesús El
Abuelo, de Sebastián de Solís (s. XVI), bien de Interés
Cultural, la catedral de Jaén fue declarada Monumento
Nacional desde 1.931, según aparece publicado en La Gaceta
de Madrid de ese mismo año. Recogida de datos y elaboración
de Ficha: Carlos Ruiz Serrano
Universidad de Baeza
La antigua ciudad
de Baeza, primera de las poblaciones andaluzas reconquistada
definitivamente a los musulmanes, en 1227 y a manos de
Fernando III El Santo, tuvo especial protagonismo en la vida
política y social del país desde finales de la Edad Media.
Convertida en
punta de lanza para futuras conquistas cristianas, los reyes
de Castilla otorgan numerosos privilegios a sus moradores,
atrayendo a numerosos nobles y ciudadanos que vienen a vivir
aquí.
Sin embargo es
durante el s. XVI cuando Baeza alcanza su mayor esplendor.
En esta época la ciudad cuenta con sede episcopal (catedral),
universidad e imprenta, y es entonces cuando se levantan los
magníficos edificios renacentistas que hoy vemos, y que
junto con el resto de su legado artístico y monumental le
han hecho merecedora de la nominación de ciudad Patrimonio
de la Humanidad por parte de la UNESCO en el año 2003, junto
con su vecina ciudad de Úbeda.
La importancia
social, artística y económica alcanzada por esta ciudad fue
factor decisivo para la implantación en ella de esta
Universidad, creada en 1538, y que junto con las de Sevilla,
Granada y Osuna, resulta ser una de las cuatro únicas
existentes en la Andalucía del s. XVI.
Fundada por bula
del Papa Paulo III cuenta entre sus primeros colaboradores
con personajes de la importancia de San Juan de Ávila o San
Juan de la Cruz. Posteriormente en 1667 se produce un
hermanamiento con la Universidad de Salamanca, que reconoce
la validez de los grados de la de Baeza, manteniéndose aquí
la vida universitaria hasta el año 1824, fecha en que se
suprime la institución para pasar a convertirse en Instituto
de Enseñanza Media.
La estructura del
edificio se corresponde básicamente con la de los palacios
renacentistas de la época. Su traza se atribuye al
arquitecto jiennense Francisco del Castillo (1.521-1.586),
quien dispone su organización alrededor de un gran patio
central abierto de planta cuadrada y doble arquería de arcos
superpuestos, decorados con relieves de medallones y
escudos, que se apoyan en esbeltas columnas de mármol blanco.
El actual cierre acristalado de la galería superior sobre el
antepecho de piedra es un añadido, frecuente en los grandes
patios similares de este tipo de edificios.
El Paraninfo es
uno de sus espacios internos más valiosos e interesantes,
con gran altura y cubierto por un interesante artesonado; su
decoración no obstante, es del s. XVIII, y entre sus cuadros
se representan las figuras de Rodrigo López, su fundador,
San Juan de Ávila, primer patrono, y Diego de Valdivia,
catedrático predicador.
Muy interesantes
son también su capilla, de una sola nave y cubierta de
bóveda de cañón, y la torre, espléndida y de cuatro cuerpos,
con bello campanario de base octogonal y decoraciones a base
de cerámica vidriada. La fachada, levantada en el año 1593
es una magnífica muestra del arte renacentista andaluz.
En 1979 se crea en
este mismo edificio la Universidad de Verano de Baeza,
adscrita a la de Granada, para albergar parte de sus cursos
estivales, y en 1984 adopta el nombre de Universidad Antonio
Machado, en recuerdo del insigne escritor andaluz que
impartió clases de francés en la ciudad entre los años 1912
y 1919. Y como no podía ser de otra manera, en la actualidad
la labor del edificio como centro docente sigue vigente,
pasando en 1994 a constituir una de las sedes permanentes de
dicha Universidad que desarrolla actividades de docencia e
investigación de forma continuada a lo largo del año,
impartiendo además de los tradicionales cursos de verano,
otros de doctorados, maestrías y de formación especializada.
Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz
Serrano.
Capilla
del Salvador - Úbeda
Considerada una de las obras maestras del Renacimiento
español, el encuadre urbano de la ciudad de Úbeda le añade
espectacularidad a su riqueza monumental y artística. Ésta
procede de la importancia histórica que toma la villa cuando
al ser tomada definitivamente de la dominación islámica en
1.234 por Fernando III El Santo, pasa a ser durante casi
tres siglos plaza fronteriza con el Reino de Granada. Aquí
toman asiento algunos de los más preclaros linajes de
Castilla, que si bien ayudan eficazmente a los reyes en la
Reconquista, también ensangrientan la zona con sus luchas de
banderías.
En tiempos de Carlos I y Felipe II algunos de estos
personajes ocupan puestos de gobierno en el imperio español,
dando lugar a su Siglo de Oro y es entonces cuando nace la
Úbeda del renacimiento que ha llegado hasta nuestros días.
Uno de ellos es don Francisco de los Cobos y Molina,
comendador mayor de la Orden de Santiago y Secretario de
Estado del emperador Carlos.
A él se debe la fundación de esta Sacra Capilla, creada para
enterramiento familiar bajo la advocación del Divino
Salvador, que no se trata de una capilla corriente adherida
a una iglesia o catedral, sino de una construcción de
categoría muy superior, autónoma e independiente.
De los Cobos elige para dar forma artística a sus ideas al
mejor arquitecto del momento, el burgalés Diego de Siloé, en
1.536, cuando éste dirigía las obras de la catedral de
Granada, contratando su ejecución con el cantero local
Alonso Ruiz y el alcaraceño Andrés de Vandelvira. Por
diferencias entre De los Cobos y Siloé se suspenden las
obras en 1.539 reanudándose al año siguiente sin contar ya
con éste, y estipulándose que la fachada principal –cuyo
diseño aún no había sido trazado- sería igual a la del
Perdón de la catedral de Granada, obra de Siloé, lo que se
hizo sólo hasta el primer cuerpo.
Andrés de Vandelvira toma entonces el mando, continúa la
construcción y diseña el resto del edificio, siendo suya la
espléndida Sacristía, con su singular acceso desde la
iglesia resuelta en ángulo con gran virtuosismo. También son
suyas las bellas portadas laterales, que manifiestan
reminiscencias platerescas y las raíces castellanas de su
autor. Tanto la magnífica portada central como las laterales,
se consideran de las mejores compuestas de todo el
Renacimiento andaluz.
Decisiva intervención en su decoración escultórica tuvo el
francés Esteban Jamete, que trabaja en su fachada principal,
de alto contenido simbólico, de 1.541 a 1.543, y que nacido
en Orleáns dejó lo mejor de su producción artística en
España. Flanqueada entre dos bellas torretas cilíndricas, a
la derecha de esta fachada se alza el campanario más alto de
la ciudad.
Todo el interior de la Capilla, cubierto de reliquias,
imaginería y pinturas, es grandioso. Cuenta con una soberbia
reja renacentista decorada con escudos, grutescos y
heráldica, realizada en 1.555 por Francisco de Vilalpando; y
representa la separación simbólica y real de la zona
reservada a la familia del fundador frente a la permitida
para el uso del pueblo.
El Presbiterio, en proyecto no tenía más decoración que las
medias columnas adosadas a los paramentos, y era de gran
sobriedad y belleza; pero en el siglo XVII fue objeto del
añadido de la gran rocalla sobre los muros y del baldaquino
sobre la capilla central, obra de García de Pantaleón.
El Retablo Mayor, obra de Alonso Berruguete, representa la
Transfiguración del Señor. De todo el conjunto sólo la
figura de Cristo es hoy original, ya que lamentablemente el
resto fue destruido durante la Guerra Civil española de
1.936 a 1.939.
Bien de Interés Cultural, La Capilla del Salvador de Úbeda,
Patrimonio de la Humanidad, es Monumento Nacional desde
1.931, según aparece publicado en La Gaceta de Madrid de ese
año.
Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz
Serrano
Baños Árabes
De este tipo de edificaciones
los Baños Árabes de Jaén son los más notables de España. Su construcción
data de los siglos X y XII. Se ocultó bajo el palacio del conde de
Villar Dom Pardo en el siglo XVI, y se redescubrió en el año 1913. De
ellos se conservan las tres salas y fueron declarados Monumento
Nacional.
Castillo de Santa
Catalina
Actualmente Parador Turístico,
el castillo es de estructura árabe aunque muy modificado por los
cristianos. De su edificación original sólo queda la torre del homenaje,
el patio de armas y torres unidas a las murallas. En el interior del
Castillo se encuentra la Capilla gótica del siglo XIII - XIV que forma
parte del conjunto del Castillo. La Capilla se encuentra en una de las
torres y se accede por un hermoso arco de herradura.
Capilla de San
Andrés
Construida en el siglo XV. La
fundó el Venerable Gutiérrez González Doncel, victima del saqueo de
Roma. Llegaron de Roma a la Santa Capilla varias obras de arte. Carlos I
le otorgó el título de Santa porque se trajo tierra desde las catacumbas
de Roma, para derramarla por sus dependencias
Catedral
De estilo renacentista y
construido entre los siglos XVI y XVII. En el primer cuerpo de la
fachada principal hay unas columnas con capiteles corintios que llegan
hasta el segundo cuerpo que tiene una balaustrada de piedras rematada
por una serie de estatuas. En el interior, en el centro de la nave
principal está el coro con una sillería labrada en madera. En la capilla
mayor destaca un hermoso sagrario. El templo conserva el lienzo de Sana
Faz que según la tradición fue con el que la Verónica limpió el rostro
de Cristo. La Catedral ha sido declarada monumento histórico artístico
Convento de Nuestra
Señora la Merced
Edificado en el siglo XVI y
reedificada a principios del siglo XVIII. Del siglo XVIII corresponde la
fachada que posee una hornacina con la imagen de la Virgen y el Niño.
Entre sus obras pictóricas destaca el altar de las Ánimas y la Virgen
del Carmen. Desde 1885 rigen en el Convento los Misioneros del Corazón
de María
Convento de Santa
Clara
Fundado por Fernando III. Su
templo es de una sola nave, rectangular y cubierto por un artesonado
mudéjar. La bóveda de la capilla es de nervios, estrellada, de finales
del siglo XVI y tiene un retablo hecho en 1958, por Francisco Palma
Burgos. Otra pieza destacable es el patio claustral. Ejemplar
renacentista de dos galerías y de arcos superpuesto de medio punto
apoyados sobre columnas de orden toscano.
Convento de Santa
Úrsula
Fundado en el siglo XVI, fue
una institución dedicada a la recuperación de mujeres descarriadas. Está
situado junto a la Iglesia de La Magdalena y está regido por las Madres
Angustias Recoletas. Tiene una iglesia sencilla con una decoración
modesta y cubierta por un artesonado. Es allí donde se elaboran las
Yemas de Santa Úrsula, postre rico y dulce cuya receta trajeron una
madre y dos hijas procedentes de Cuzco (Perú) que procesaron como
religiosas en el convento, en el primer tercio del siglo XVIII.
Iglesia de la
Magdalena
Es la parroquia más antigua de
la ciudad. Fue construida a principios del siglo XVI sobre los restos de
una mezquita árabe. La portada principal es del gótico isabelino donde
figura la imagen de la Magdalena y la heráldica del cardenal Merino. La
torre de base cuadrada y remate octogonal, fue alminar morisco y en ella
está el campanario. El interior de la iglesia se compone de cuatro
naves. En el altar mayor se encuentra el cristo de la clemencia de
Salvador de Cuellar y un relieve de la santa del siglo XVIII.
Iglesia de San
Bartolomé
Edificada entre los siglos XVI
y XVIII. Fue erigida en el siglo XIV. Es de estilo mudéjar y en su
interior destaca el retablo mayor (datado a finales del siglo XVI) obra
de Sebastián Solís. También alberga una de las mejores tallas de Jaén,
el Cristo de la Expiración de José de Medina.
Iglesia de San
Idelfonso
La portada de la fachada
principal es de estilo neoclásico y está enmarcada por dos torres. El
interior de la iglesia es de estilo gótico y formada por tres naves
separadas mediante pilares. Alberga el altar mayor, la capilla de la
Virgen y los retablos de la nave del Descenso, todo ello de gran.
Iglesia de San Juan
La fecha de su construcción es
desconocida, aunque se cree que pudo ser construida en el último tercio
del siglo XIII. En su interior se puede encontrar esculturas
policromadas como Nuestra Señora del Socorro y el paso procesional de El
Calvario. En ella destaca la torre del concejo donde hay una campana del
siglo XVI.
Monasterio de Santa
Teresa
Monasterio ocupado por monjas
carmelitas descalzas. En su interior, en su iglesia del siglo XVII,
alberga un retablo mayor con pinturas de Sebastián Martínez y de
Ambrosio de Valois. Lo más destacado del convento es el manuscrito del
Cántico espiritual de San Juan de la Cruz que la Madre Isabel de la
Encarnación trajo desde Granada.
Murallas
La muralla no rodeaba el
perímetro de la ciudad, se extendía mucho más, lo que provocaba
sucesivas ampliaciones del recinto. Debido a estas ampliaciones,
prácticamente han desaparecido quedando sólo algunos restos como la
torre adosada al Palacio de Torralba.
Palacio de los Vélez
El Palacio de los Vélez es una
edificación levantada por Alfonso Vélez y Mendoza. El Palacio ha sufrido
diversas modificaciones. Su fachada data de 1630. Tiene un pórtico con
tres arcos, abierto a un pequeño jardín.
Palacio del
Condestable Iranzo
El palacio fue construido en
el siglo XV para el gobernador de la ciudad. Está situado dentro del
casco histórico de la ciudad de Jaén y se restauró en 1991. Actualmente
acoge los servicios de la concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento
y una Biblioteca Municipal.
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Fiestas
de Invierno
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La
Inmaculada
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El 8 de
diciembre, festividad de la Inmaculada, se celebra con
especial solemnidad y brillantez en la Santa Capilla de
San Andrés. Se entregan dotes a doncellas humildes de la
barriada de San Andrés, en cumplimiento de los estatutos
de la institución.
-
La
Navidad La Navidad en Jaén tiene una rica y
variada tradición. En el Jaén del Condestable Miguel Lucas de
Iranzo, se celebraban, entre otros actos, representaciones
teatrales sobre el Nacimiento del Señor y la Adoración del Niño
Jesús por los Reyes Magos. Había representaciones en la Iglesia
Mayor y también en el Palacio del Condestable.
Conviene
resaltar que con estas representaciones el teatro pasa de la
calle al interior de los palacios. Se debe ello a la aparición
de núcleos cortesanos que están influidos por los gustos
renacentistas. Es este teatro de elite, frente al callejero y
bullicioso, favorecido por Enrique IV, pues el Condestable
aglutina a un influyente núcleo cortesano.
Dicen los
estudiosos del folklore y las costumbres de de Jaén que mientras
que en la Andalucía occidental la gran fiesta es la Semana
Santa, en la oriental siempre ha habido costumbre de celebrar
con mayor fervor las pascuas de invierno.
Así, resulta ya
del ayer la Navidad celebrada en la intimidad de los conventos
de Jaén. Con escenas costumbristas que perviven hoy día. Con
antiquísimos villancicos que se han transmitido de generación en
generación y con toda su pureza tanto en las formas como en el
fondo. Basta con visitar por la Navidad los conventos de las
Bernardas, Carmelitas Descalzas, Santa Úrsula, Dominicas, San
Clemente o Santa Clara, para poder gozar de escenas realmente
emotivas en torno a la Navidad.
Desde la Catedral
impresionante, majestuosa, con la tradicional «Misa del Gallo»,
pasando por todos los barrios, todas las parroquias, iglesias y
conventos, la Navidad giennense adquiere una especial
significación. Pero la Navidad de Jaén es esencialmente
familiar. Las familias ser reúnen en torno a mesas repletas de
manjares, cantan villancicos. Los grupos de amigos salen en
busca de fiesta después de la cena de nochebuena y, en un
ambiente que recuerda a las carnestolandas, se canta, se usan
máscaras, se baila. Pero la fiesta de navidad no acaba el día
25. Durante todos esos días, una vieja costumbre ya algo
debilitada se reproduce durante esas tardes invernales: el
aguilando.
|
Si no me das el
aguilando al niño le voy a pedir que te de un dolor de muelas que no te deje dormir al kirikiki, al kirikicuando de aquí no me voy sin el aguilando.
|
Zambombas, almireces, botellas
de anís y cucharas, panderetas, castañuelas, guitarras, bandurrias...
cualquier instrumento resulta idóneo para sonsacar unos mantecados
acompañado de una copa de coñac, anís o resol. Pedir el aguilando es una
costumbre ya poco extendida, a perder. Se fue trocando por hacer la
visita, una versión menos vociferante, más burguesa y provinciana con
resultados a la postre similares. Y tal vez con el tiempo tal vez acabe
también por perderse.
También los villancicos toman un carácter festivo, en ocasiones picante.
Este era uno de los que hace unos años se escuchaba por las calles de la
ciudad:
A María Zambullo, por ser tan curiosa, pa freír un huevo se puso en pelota. Le saltó una chispa en el ruiseñor; a Belén pastores, que se lo quemó. |
En otras ocasiones, las letras toman tonos más sociales y críticos con
sus tiempos:
En mi vida he
visto yo lo que he visto esta mañana: San José en el sindicato apuntándose para Alemania. |
-
Las
Navidades siguen: los inocentes, la noche vieja, el año nuevo,
los reyes... En Jaén siempre ha habido una especial predilección
por la festividad de los Reyes Magos. Además de los autos
medievales que también el Condestable celebraba. En estas
fiestas, Año Nuevo y Reyes, eran frecuentes los bailes de
máscaras.
Otra costumbre, precursora de las actuales
cabalgatas, documentada en el siglo XIX consistía en ir a
esperar a los Reyes Magos. Los mozos montaban sus cabalgaduras
y, provistos de abundante vino y aguardiente y seguidos por
grupos de mozuelos a pie, iban a la afueras de la ciudad, por la
Puerta de Santa Ana, a esperar en vela a tan ilustres
personajes, motivo para disfrutar de los placeres del alcohol y
hasta abusar de él y que en más de una ocasión dio lugar a algún
infortunado incidente.
-
Las Lumbres
de San Antón
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Noche del 16 al 17
de Enero
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Sin duda, San Antón es
una de las fiestas más propias, más particulares del calendario
jiennense. Ritual de fuego, con todas las connotaciones propias
de la fiesta campesina, la noche de San Antón se ha adaptado al
ambiente urbano, acomodándose a los espacios abiertos, plazas,
ensanches y solares que la ciudad va enclavando en su paisaje.
No es desde luego una fiesta privativa de la capital.
Muchos pueblos en la provincia la celebran: Cazorla, Baeza,
Torreperogil, Torres, Arquillos, Cárchel... Pero quizá en Jaén,
esa mutación de la fiesta rural a la fiesta urbana, de cómo los
vecinos han recuperado y hecho suya una tradición ancestral,
reviste los tintes más interesantes y curiosos.
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Orígenes y relaciones religiosas.
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De los orígenes de la
fiesta tenemos ya constancia en las Crónicas del Condestable
Iranzo. D. Miguel, en la noche del 16 de enero, la víspera de la
celebración, enviaba cuatro hachas de vela que ardían ante el
altar del santo toda la noche y el día 17 completo. Una cofradía
de ballesteros, de aquellos que combatían a los moros, se
mantenía bajo la advocación del Santo y además tenía una capilla
dedicada en la Catedral.
Lo cierto es que es un santo
que ha contado a lo largo de los años con la simpatía y la
devoción de los giennenses. Vivió Antonio el Ermitaño durante
las últimas décadas del siglo III en la ciudad de Tebaida, en lo
parte alta del valle del Nilo. Sus andanzas tuvieron que hacerse
muy populares en la Edad Media. La iconografía lo representa
vestido con un sayal y acompaña de un cerdo, lo que puede
significar varias cosas: al diablo vencido por el propio santo y
condenado a seguirlo bajo esa forma; también podría simbolizar a
los animales que el santo protege como patrón; pero también a
los cerdos que los frailes antonianos poseían para sustentar a
los enfermos, a los que colgaban del cuello una campanilla con
la cruz en forma de tau para reconoceros y que los fieles se
encargaban de cebar.
-
Una fiesta
profana, una fiesta campesina.
-
Pero desde luego la
festividad de San Antón tiene más de profano que de religiosa.
Tal vez se trate de un caso de sincretismo. O tal vez a la
fiesta religiosa se le han sumado elementos profanos dispersos,
quién sabe.
Determinados rituales, más propios de
carnestolandas, persisten en la fiesta y hasta en la tradición.
Después de todo, es una fiesta inmediata a la Navidad, muy pocos
días después de reyes, y previa a la más profana de todas:
carnaval.
Tradicionalmente, al atardecer se encendían
lumbres en las huertas, cortijos y caserías y en el monte, en
todos aquellos lugares en los que había ganado y animales
domésticos. Es posible que en estas hogueras tuvieran
connotaciones mágicas, que se esperara de ellas ahuyentar las
enfermedades y plagas de los animales: En San Antón, la gallina
pon, dice el refrán.
Hay también una relación clara con
el ciclo de la cosecha y de las labores del olivar. Para la
fiesta, la recolección de la aceituna está acabada y se pasa a
la poda del olivo. Precisamente son estos restos de la corta, el
ramón, el material básico de la hoguera. A ella se le unen los
capachos viejos de esparto, que se usaban en el prensado
tradicional, empapados aún en aceite, un excelente combustible,
y muebles viejos de los que acaso se cambian una vez que se
dispone de dinero al cobrar los jornales de la aceituna.
Durante los días previos, los vecinos, y muy especialmente
los niños, salen a los campos cercanos y buscan en las casas en
busca de materiales que sirvan de combustible: “y el que no haya
dado, que se le muera el gato”. No son infrecuentes las reyertas
entre las chiquillerías de barrios o calles distintas por la
posesión del ramón. Tampoco los asaltos y hurtos sobre los
almacenes de los rivales... Situaciones que preceden y van
creando el ambiente de la fiesta, pero también suscitan
sentimientos de pertenencia al grupo más inmediato, el interés
porque la lumbre de cada uno sea la mejor.
Algunos
componentes de la fiesta.
Pero a la luz de las
hogueras se les une el ruido: no sólo el crepitar del ramón. Es
frecuente que se arrojen petardos, “mistos de crugío”, cohetes
rateros o buscapiés... un elemento más para avivar la fiesta y
suscitar las risas.
Desde la hoguera, y en lo alto de un
mástil, se sitúa un muñeco de trapo, una especie de
espantapájaros que se confecciona con ropas viejas y se rellena
de paja. El ocasiones la cabeza se confecciona con una calabaza
hueca y pies y manos se rellenan de mistos, piñas roseteras,
petardos, que explosionan ruidosamente al prenderse. ¿Qué
representa? Tal vez el triunfo sobre el diablo y su expulsión.
La figura del mal que desaparece en un mar de fuego.
Bailes y canciones populares.
Es en San Antón cuando
se canta y baila el melenchón, posiblemente el baile más propio
de Jaén. A medio camino entre juego y el baile, el melenchón se
baila en la plaza, junto o alrededor del fuego. Lola Torres
recogió letras de multitud de melenchones, que se han librado
así del olvido, y describía el baile de la siguiente forma:
“toman parte de este juego o baile “mocicos y mocicas” cogidos
de la mano. Unas veces en forma de “melenchón”, rodeando la
lumbre, y otras en un llanete cerca de ella. En este caso,
durante la primera pare, que es la copla, se queda un mozuelo o
una muchacha en el centro. En el estribillo elige pareja y
entonces ellos dos prendidos de la mano danzan de un lado para
otro, llevando el ritmo, mientras los demás, parados, cantan la
canción acompañándose de palmadas, en las partes o tiempos
fuertes del compás”.
Las letras eran algo picantonas,
desenfadas, improvisada en la mayoría de los casos:
A la flor
de Romero, romero verde, el romero se seca,
ya no florece... O también: Y sal a
bailar salero, salero sal a bailar, que
tiene usted para mí la gracia de Dios salá.
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Gastronomía
En San Antón se concitan las aficiones caseras por
las tapas que se toman en casa, acompañando al vaso de vino o al
botellín de cerveza, a las que se le añaden algunas
particularidades gastronómicas. Es tradicional que en esa noche
todos coman, entre vino y vino y al calor de la hoguera, las
rosetas, palomitas de maíz saladas o endulzadas. Aquellos que
van de una lumbre a otra suelen llevar su bolsa llena de rosetas
y hasta en los bares se ofrece esa noche como una tapa más.
Pero cualquier tapa sencilla es adecuada para esa noche:
embutidos de la aún reciente matanza, unos tomates picados con
cebolleta, unos filetes de tocino crudo...
Tal vez el
plato más característico sea calabaza batatera o el carruécano
asado al horno con azúcar y canela. Por supuesto, todo lo dicho
acompañado con un vino o una cerveza.
En las fogatas más
tradicionales, los vecinos comparten las vituallas en alguna
mesa que se sitúa en una esquina de la plazuela o de la calle.
Es frecuente que a los visitantes, los que van de una lumbre a
otra, se les ofrezca un vino y una tapa mientras se queda
acompañándolos un rato. En la actualidad son más frecuentes las
barras preparadas en la calle por las asociaciones de vecinos,
en ocasiones con su plancha para poder degustar alguna tapa
caliente y su grifo de cerveza... son los tiempos, que avanzan
una barbaridad.
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La
fiesta moderna
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Pero la fiesta ha ido
transformándose con los años. Frente a otras celebraciones
populares que se han debilitado con el paso del tiempo hasta
casi desaparecer, San Antón se ha ido revitalizando y adaptando
al paisaje urbano de una ciudad que muta y crece.
A ello
a contribuido sin duda alguna la celebración de la Carrera
Popular de San Antón, que se viene celebrando desde hace algunos
años. Un acontecimiento deportivo con el que se han identificado
los jiennenses que salen a aplaudir a los corredores a lo largo
del circuito urbano. Se distribuyen entre los espectadores una
especie de luminarias o pequeñas antorchas que festonean las
calles y que dotan a la noche de un espectáculo singular.
También es notable cómo los barrios más modernos se han
incorporado a esta tradición: cualquier espacio abierto es un
lugar apropiado para amontonar el ramón y prender la lumbre en
cuanto el sol se va, y entonces el fuego se alza entre bloques
de pisos y modernas farolas. El Ayuntamiento organiza además un
concurso entre las lumbres de los distintos barrios, lo que
procura un incentivo añadido a la celebración.
Frente a
estos síntomas de revitalización, se empiezan a echar sin
embargo otros elementos. Por un lado, y en aras de la seguridad,
cada vez son menos las hogueras que se celebran en el núcleo
urbano y se suelen desplazar hacia solares y zonas algo más
despobladas. Así, el espectáculo de las sombras proyectadas
contra las fachadas blancas es cada vez más infrecuente. También
van ganando terreno los altavoces de feria y las rumbas y las
sevillanas, incluso los animadores con micrófono en mano, en
detrimento de melenchones y coplillas.
Lumbres hay por
toda la ciudad, pero las más interesantes coinciden con los
barrios más populares: las de la Magdalena, las de San Felipe y
las de la Alcantarilla han gozado siempre de fama. Pero también
se ambientan mucho las de Santa Isabel o las de la parte alta de
la Avenida de Andalucía, que los jiennense conocen como el Gran
Eje, o las del Polígono del Valle.
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Fiestas de
Primavera
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Semana Santa
Con seguridad
la Semana Santa es una de las celebraciones con mayor sesgo y
protagonismo religioso de las que se viven en Jaén.
Tal
vez la Semana Santa aquí no se asemeje en cuanto a
espectacularidad a la de otras capitales andaluzas; por contra,
predomina el recogimiento y los desfiles profesionales son algo
más austeros, aunque no por ello exentos de brillantez. También
hay que decir que pese a las aglomeraciones, es posible seguir
los desfiles desde los puntos más señaladas con relativa
facilidad. Las sillas, situadas a lo lago de la carrera oficial,
están a disposición e cualquiera que desee ocuparlas previo
pago, sin necesidad de estar abonados, y no impiden la visión a
aquellos que prefieren presenciar los pasos de pie.
Las
manifestaciones puramente religiosas, como los oficios, también
toman especial protagonismo en ese momento. En la Catedral, por
la tarde del Viernes Santo, tras la acción litúrgico de la Cruz,
desde el altar mayor, los púlpitos y los balcones, se bendice a
los fieles, al pueblo, a la ciudad, a los campos, con la
venerada reliquia del Santo Rostro.
Sin embargo, la
época del año, el estallido de luz y olores que supone la
primavera, impregnan el ambiente de un sentimiento de alegría
que se manifiesta de manera festiva. Así, los bares del centro,
sobre todo los de San Ildefonso y los del Arco del Consuelo,
acogen estos días al multitudinario público que se da cita en la
calle para acompañar los pasos y, si el clima es benigno,
aparecen las primeras terrazas. Cuando llega la Cuaresma, en
Jaén puede hablarse ciertamente de un importante movimiento
cofrade, que ha venido preservando durante años viejos
estatutos. La revitalización que el movimiento cofrade ha
experimentado desde los años 80' ha repercutido en que los
desfiles procesionales recobren esplendor, desapareciendo, por
ejemplo, prácticamente, los casi generalizados pasos de ruedas
tan frecuentes en los 70', o los costaleros profesionales,
incluso generándose nuevas costumbres, como las cuadrillas de
mujeres costaleras.
En Jaén el momento álgido de la
Semana Santa es sin lugar a dudas la madrugada del Viernes
Santo, cuando sale de la Catedral la imagen de Nuestro Padre
Jesús Nazareno, conocido entre el pueblo como "El Abuelo". La
muchedumbre se agolpa en la plaza de Santa María para presenciar
este espectáculo y apenas unas horas más tarde, lo hace de nuevo
para presenciar el Encuentro que protagoniza con la imagen de la
Virgen. Su cofradía, con más de siete mil hermanos, es una de
las más numerosas de España.
En los últimos años se ha
convertido en una cita ineludible para los pasos que procesionan
por el casco antiguo hacer parada frente a la sede de la Peña
Flamenca, en la calle Maestra, para apreciar la calidad de las
saetas que se cantan desde su balcón.
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Corpus
Christi
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Gozó tradicionalmente
la festividad del Corpus de una gran devoción popular en Jaén,
que en los últimos años ha decaído en extremo, especialmente
desde que ya no es considerado fiesta laboral. El dicho popular
hacía referencia a esta fiesta cuando decía "...tres juves hay
en el año que relucen más que el sol..." Se trata de una
fiesta instituida en Lieja en 1246. Precisamente ese año,
Fernando III tomaba la ciudad de Jaén. Años más tarde, Urbano IV
la haría extensiva al esto de la cristiandad.
Las
Crónicas del Condestable Iranzo ya hacen referencia a una
celebración que no carecía de solemnidad: "A la fiesta del
Corpus Christi el repostero de estrados del señor condestable
hacía barrer toda la calle delante de su posada y echar muchos
ramos e juncia. Y colgaba en las paredes de la dicha calle, por
donde había de pasar el Corpus Christi, cuantos paños franceses
tenía. Y su merced iba a la iglesia mayor muy bien vestido y
acompañado de muchos caballeros e otras gentes. Y de que había
oído misa, iba con las andas en la procesión".
La fiesta
tenía un protagonismo religioso, pero no le faltaban añadidos
profanos que la convertían en un día de fiesta y diversión, en
las que diablillos y tapadas hacían acto de presencia con las
más procaces ocurrencias. Fue también objeto de reglamentación
municipal, considerada como era una fiesta cívica.
Pronto
ven también la luz las cofradías sacramentales en cada una de
las parroquias de la ciudad. Especial importancia tomó la
Cofradía de Corpus Christi de la Magdalena.
Espectacular
es la procesión del Santísimo Sacramento en Jaén que, en carroza
de plata, se expone en una majestuosa custodia, réplica de la
que en 1535 labró el platero Juan Ruiz "El Vandalino".
Durante el siglo XIX la fiesta se volvería más íntima. Junto a
la procesión, centro de la festividad, se celebrarían verbenas,
conciertos, festejos taurinos... dándole a la fiesta un matiz de
despedida de la primavera.
Ha sido siempre una fiesta de
mañana, aunque el Obispo Monescillo, preocupado por la fuerza
que tomaba el sol en aquellas mañanas de junio, lograra de Pío
IX en 1876 el privilegio de que la procesión se celebrara en la
ciudad por la tarde, una medida que no llegaría a cuajar.
La celebración de esta fiesta en la provincia ha conservado
en algunos pueblos su original esplendor. Sus señas de identidad
son los adornos florarles, las danzas callejeras, los caballitos
y mojigangas, falsos dragones, representaciones treatrales,
autos sacramentales, aquitecturas efímeras, fuegos de artificio,
porras de juncos y fiestas de rueda.
En Villacarrillo, la
Adoración Nocturna ha logrado mantener el pulso de esta
celebración. León XIII le concedió una celebración especial y
destaca la decoración de sus calles.
También destacan los
arcos y altares de Villardompardo. En Baeza procesiona la
custodia desde la catedral. En Andújar la Custodia se ve
acompañada de danzas, máscaras y gigantes.
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Las Cruces de
Mayo.
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El primer fin de
semana del mes de mayo, los jiennenses recorren las calles del
Jaén más viejo en busca de las cruces de flores que los vecinos
colocan en plazas y rincones. La cruz se elabora con flores y se
rodea de cerámicas, macetas, una silla de anea, una guitarra o
mantones, que engalanan y dan un toque folklórico a las
distintas escenas, en las que no faltan las inevitables ramas de
olivo.
El Ayuntamiento viene organizando desde hace unos
años un concurso oficial, en el que se premian los mejores
trabajos y en el que se inscriben cerca de una treintena de
Cruces.
Pero es cada vez más frecuente que residenciales
y colegios organicen sus particulares cruces, que son la
perfecta excusa para ratos de convivencia, baile y un refrigerio
a compartir con el resto de los vecinos del barrio.
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Fiestas de
Otoño
-
Noche de
Todos los Santos.
1 de Noviembre.
En la Noche de Todos los Santos tradicionalmente los
giennenses celebraban la cena familiar, a base de pavo bien
condimentado, batatas asadas, gachas y diversos postres.
Y el día 1 de noviembre, en la Catedral, había exposición
con el Santo Rostro y procesión por el interior del templo, con
misa solemne, en acción de gracias por los males que pudieron
ocurrir, y que no se registraron, cuando el famoso terremoto de
Lisboa de 1.755, que tuvo gran repercusión en Jaén y en la
Catedral.
Concluida la Fiesta de Todos los Santos, los
giennenses preparan su visita a los cementerios para rendir
homenaje a sus fallecidos.
Esta noche sigue concitando
aún a muchas familias que se dan cita de forma especial para
cenar juntos. Muchas de ellas tienen por costumbre poner un
cubierto de más en la mesa, en recuerdo de aquellos que ya no
están.
Verbenas de
Verano
-
San Juan.
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El solsticio de
verano, la noche más corta del año, tiene una enorme tradición
en las celebraciones populares. Tal vez la festividad de San
Juan no haya tenido arraigo en la capital, más proclive a la
celebración de los ciclos invernales.
Pero San Juan al
fin y al cabo da nombre a una parroquia y a un barrio
excepcionalmente antiguos y definitorios de la historia y la
personalidad de la ciudad. En estas fechas, las verbenas de
barrio arrancan y se mantendrán durante todo el verano. La de
San Juan está organizada por la Asociación de Vecinos Torre del
Concejo. Así era conocida la torre de la parroquia de San Juan y
San Pedro porque era allí donde, en la Edad Media, se reunía
este órganos de gestión municipal.
La verbena de San
Juan se celebra en la Plaza de Rosales, el espacio más diáfano
del barrio. En las barras allí instaladas se pueden degustar
tapas típicas de la tierra al medio día y por la noche, la
actividad sin duda más celebrada de todas las programadas. Pero
también se programan actividades deportivas, como campeonatos de
futbito, y actividades infantiles. Por las noches, verbena y
alguna actuación flamenca.
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La Virgen
María Pastora
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Se celebra el primer
domingo de septiembre, en el barrio de San Ildefonso, en
conmemoración a la Divina Pastora que se venera en la Parroquia
y que se veneró en el antiguo convento de Capuchinos. Dice el
dicho popular: "Que no diga nadie en el mundo que sabe lo que es
bonito si no ha visto la Divina Pastora que hay en Capuchinos".
La fiesta incluye el revoloteo de banderas en la plaza, tras
la celebración de la misa en el templo, y la Antigua Cofradía
programa diversos actos de carácter devoto. La Hermandad fue
fundada en 1595 por ganaderos del entonces arrabal de San
Ildefonso, y posee casa propia en la Calle Los Romeros, de ese
mismo barrio. Posteriormente, la imagen de la Virgen procesiona
por el barrio.
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Las Romerías
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Romería de Santa
Catalina.
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Explicar a alguien de
fuera que en Jaén la romería es en noviembre resulta un poco
extraño. Si de alguna forma los ritos más ancestrales se han venido
sincretizando en costumbres populares, el fenómeno más manifiesto es
el que relaciona los ritos de la fertilidad, en primavera, ¿cuándo
si no?, con las romerías. Y si alguien lo negara, que todo puede
ser, claro, siempre cabe decir que cuándo mejor se está en el campo
para pasarlo bien es justamente en esa época, por eso del clima y de
que es cuando toda la vegetación estalla. Ninguna de ambas razones
es fácil de aplicar en el mes de Noviembre, desde luego, cuando no
es en absoluto difícil que a uno le caiga un chaparrón o le de un
algo del frío que se puede pasar monte arriba o monte abajo.
Hay que retrotraerse en la historia para entender tan excéntrica
decisión. Santa Catalina, mártir, fue la encargada de anunciar a
Fernando III el Santo la próxima caída de la ciudad de Jaén,
precisamente el día de su onomástica, un 25 de noviembre de 1245. Se
ha dicho que la ciudad cayó justamente ese día. No es cierto, lo
haría en los primeros días de marzo del año siguiente. Sin embargo,
desde entonces la citada santa y mártir fue patrona de Jaén hasta el
momento del descenso de la Virgen de la Capilla.
No he encontrado, la verdad, una explicación lógica en las crónicas
locales a tan excéntrica elección de fechas. Sólo puedo decir que la
romería ha tenido sus altibajos, sin ir más lejos estos últimos años
no han sido precisamente los mejores, y que si aún se conserva es
por el impulso que se le dio a la cofradía a mediados de los 60.
Hay otra cuestión que también difiere de las romerías al uso. Santa
Catalina de Alejandría, virgen y mártir, no es, desde luego, la
Virgen María. Fernando III el Santo le erigió una capilla en 1.246
en el castillo, junto a la torre del Homenaje, y desde entonces es
la patrona de la ciudad. La capilla sufrió daños con los años y en
1.929 se restauró. Se le encargó una imagen a Mariano Benlliure que
quedó destrozada en la Guerra Civil. En 1.966 se volvió a restaurar.
La Romería en sí tiene unos componentes sencillos. Se da el
esencialmente religioso que ocupa las primeras horas de la jornada:
misa en la capilla de Santa Catalina y procesión por el castillo.
Finiquitada la primera parte, se inicia la parte más lúdica de la
fiesta.
Yo he subido más de media docena de veces a la Romería y en mi vida
me he comido una sardina. Tanto el cerro del Castillo como el del
Neveral, que se encuentran uno al lado del otro, dominan la ciudad y
están poblados de densos pinares. Si bien es cierto que hay un par
de zonas de recreo, que no siempre han estado correctamente
preparadas para hacer barbacoas, pronto se ocupaban y a nadie se le
ocurría, con las sequías que se gastan por estos lares, prender
fuego para asar sardinas. No obstante, la tradición es justamente
esa. Comer sardinas asadas. Lo normal es que uno se las coma en
alguno de los chiringuitos que se instalan a la vera de la carretera
que da acceso al castillo y en la explanada del parador. También es
frecuente, en idénticas condiciones, que se preparen en grandes
paelleras el arroz caldoso, que es el que se estila por aquí.
Pero para mí que siempre a sido más una romería de mochililla,
navaja y fiambrera. Las pandillas de adolescentes, así era yo cuando
subía, buscaban abrigo en los pinares, en pequeños claros entre los
árboles, y así compartían entre risas una merienda y algo de
alcohol. Por todo eso, a mí Santa Catalina más que a sardina asada o
a arroz caldoso, me sabe en el recuerdo a beso, alguna que otra vez
robado, y abrazo furtivo. Tal vez por ello cuando el 25 de noviembre
llega miro de soslayo hacia arriba. Es más frecuente que haga frío,
que la niebla pueble los pinares, incluso que se hagan jirones las
brumas en las torres del castillo a que haga sol y una temperatura
plácida, pero aún así, ¿sabe?, y aunque a mí eso de pringarme los
dedos con sardinas me da como un poquito de asco si no me las puedo
lavar inmediatamente, suspiro por no tener un motivo para estar allí
arriba, pasándolo tan ricamente.
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Romería de la
Virgen Blanca.
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La Cofradía de la Virgen
Blanca tiene sus orígenes en el siglo XVI. Su ermita está en el
paraje de La Imora, donde se celebra una Romería el tercer domingo
de septiembre. Se trata de una de las cofradías marianas más
antiguas de Jaén. Esta ermita de la Virgen Blanca fue reconstruida en el año 1976,
según un proyecto del arquitecto Luis Berges.
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Romería del
Cristo del Arroz.
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El segundo domingo de mayo
se celebra la típica romería del Cristo de Charcales o «Del Arroz»,
en el paraje de La Fuente de la Peña, situado a las afueras de la
ciudad, junto al cerro de Santa Catalina y en el camino hacia
Jabalcuz. En este lugar hubo, desde 1588, una ermita donde se
veneraba a la Virgen de la Peña, que desapareció con el tiempo. La
ermita actual, dedicada al Cristo de Charcales, es del siglo XIX,
pero con los antecedentes de la citada ermita de la Virgen de la
Peña.
En torno al Cristo de Charcales, o «Del Arroz», la imaginación
popular ha tejido varias leyendas, que han sido, tradicionalmente,
la base de la devoción y de la romería. Una de ellas es la del
agricultor que encuentra un imagen del cristo.
En un principio esta romería se hacía por los agricultores y
ganaderos de la ciudad, y, desde un tiempo a esta parte, se ha
incorporado a ella gran parte de la población, con la Asociación de
Vecinos «La Gloria», del barrio de La Glorieta-San Felipe. Se
celebra con una misa ante la imagen del Cristo, que luego es llevado
en procesión por los alrededores de la ermita.
Las familias se acomodan por aquellos pagos y preparan sus comidas,
preferentemente arroz al estilo de Jaén, esto es, con mucho caldo y
todo lo contrario de la paella valenciana. De aquí que,
popularmente, al Cristo de Charcales se le conozca como también
«Cristo del Arroz». Por la tarde, el Cristo procesiona desde la
ermita hasta las calles principales del barrio de La Glorieta,
acompañado de los romeros, los miembros de la Cofradía y
representantes de otras cofradías de Gloria de la ciudad.
La Cofradía del Cristo de Charcales acude a la Romería con banderas,
estandartes, trompetas, tambores, y durante la fiesta se cantan y
bailan las canciones y las danzas de la tierra, como «Las Jaeneras»,
«El bolero», de Jaén, y «Por sevillanas». Y aparecen los trajes
típicos con el de «Pastira» para mujeres y el «Chirri» para los
hombres.
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Romería de la
Virgen de la Cabeza
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La última semana de abril,
desde Jaén, se prepara la Romería de la Virgen de la Cabeza, en
Sierra Morena. Esta Virgen es la patrona de la Diócesis. Por ello, y
también sin duda por la magnitud de la Romería en sí, esta
celebración trasciende del carácter local que supone que se celebre
en Andújar que en la ciudad de Jaén se vive con especial intensidad.
En la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Merced, donde está
canónicamente instituida la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de
Jaén, se celebran diversos cultos religiosos. La cofradía giennense
espera a la cofradía de Colomera (Granada) para, desde Jaén,
dirigirse a Sierra Morena. Ambas cofradías, con sus banderas y
estandartes, con sus atuendos multicolores, acompañadas de tambores
y cornetas, hacen un pasacalles romero, invitando a la participación
y reviviendo así una antiquísima tradición popular.
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La Romería del
Rocío en Jaén
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Existe también en Jaén
devoción y afición por el Rocío. La Hermandad de Jaén se constituyó
en 1982. En 1978, un grupo de amigos que se reunían en la peña Los
Cabales habían ido al Rocío y se enamoraron del ambiente que allí se
respiraba y de ahí la idea de fundar la Hermandad, apadrinada por la
Hermandad de Villamanrique de la Condesa (Sevilla). Para el Rocío
del año 2001, la Hermandad contaba con unos 900 hermanos. Se
considera a sí misma como una hermandad seria y que vive
intensamente su devoción. La Hermandad ha formado también un coro
rociero.
La hermandad, con su carreta al frente, desfila por las calles de
Jaén el día que se inicia el camino en una alegre y festiva
cabalgata de música y color.En la actualidad se está trabajando para
lograr construir una Casa de Hermandad propia en el Rocío.
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Férias
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Feria de la
Virgen de la Capilla.
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Mientras unos la
consideran la feria chica o menor de la capital, otros la tienen
como la verbena del barrio de San Ildefonso, uno de los más antiguos
y populares de la capital.En realidad estas fiestas conmemoran el
Descenso de la Virgen a la ciudad, «para socorrer a nuestros mayores»,
como reza la jaculatoria, que se registró, según las crónicas, en la
noche del 10 al 11 de junio de 1.430.
Siempre se ha recordado este acontecimiento, pero es en nuestro
siglo cuando estas fiestas han alcanzado una gran brillantez y
popularidad.En un principio eran unas fiestas populares y una
verbena con el Rosario de San Bernabé, entre otros actos religiosos
que se celebraban. Luego, con el tiempo, estas fiestas tuvieron una
mayor resonancia, tal y como ahora se celebran.
Los actos religiosos provienen prácticamente desde el momento del
descenso. Los Cabildos Catedralicio y Municipal, con las Cruces
parroquiales y el clero, seguidos de los vecinos, acuden hasta la
Iglesia de San Ildefonso y celebran misa en acción de gracias a la
virgen por su visita. En esta misa se pronuncia el tradicional "Sermón
del Descenso", pronunciado por el Obispo. De época posterior procede
la procesión: existen precedentes de procesiones dentro del templo y
para el Corpus, pero es en 1026 cuando se fusionan las distintas
cofradías y se establece la procesión del día 11.
El Ayuntamiento tomó la decisión de declarar este día fiesta local
en 1946. Esta institución promueve diversos actos culturales,
deportivos, taurinos y recreativos, que tienen como marco principal
el barrio de San Ildefonso, pero que trascienden a la vida toda la
ciudad cambiando por unos días su habitual fisonomía.En el recinto
ferial se instalan diversas atracciones y chiringuitos para los más
pequeños. No es, sin embargo, feria de casetas. Son los
establecimientos, excelentes bares y tabernas, los que sacan a las
calles mesas y sillas con lo que el barrio adquiere una inusitada
actividad y un ambiente excepcional.
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La Feria de San
Lucas.
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La feria de San Lucas se
ha conocido desde hace años por ser la última del ciclo de fiestas
primaverales y veraniegas de Andalucía, y aún de España, a lo que ha
ayudado sin duda su carácter de última feria taurina de la
temporada.
Por tanto, ha tenido siempre ese tinte otoñal, lluvioso con
demasiada frecuencia, que le ha ido transmitiendo su carácter.
El precedente: las fiestas de la Virgen de Agosto.
Contra la creencia de muchos, la Feria de San Lucas no procede de la
Edad Media ni el Condestable Lucas de Iranzo, allá por el siglo XIV,
fue su creador. Es cierto que las Crónicas del Condestable hacen
mención de celebraciones para celebrar la onomástica de este
personaje histórico. Sin embargo, estas fiestas no pasaban de un
ámbito doméstico y privado.
En realidad, la feria tradicional de Jaén se celebraba en
conmemoración de la Virgen de Agosto. Fue un privilegio concedido
por Enrique IV de Castilla a la ciudad de Jaén el día 23 de Junio de
1453, obsérvese que aún faltaban cinco años para que el Condestable
llegara a nuestra ciudad, y se trataba de una medida que pretendía
ordenar la multitud de ferias y mercados que se venían celebrando en
distintos puntos del Reino de Jaén. Esta ordenación obedecía a
cuestiones fiscales. Se trataba de beneficios concedidos por
monarcas anteriores que estaban exentas de impuestos. El rey así,
los concentró en la feria que se venía celebrando ya en la ciudad de
Jaén, del 1 al 15 de agosto, añadiendo otros cinco días más.
Entre las costumbres de esta feria, la más destacada era alzar el
paño de la Verónica desde la balconada de la Catedral, lo que
provocaría que estos días se convirtieran en lugar de encuentro de
peregrinos llegados desde distantes puntos del reino y aún desde más
lejos.
El Cabildo, con gran poder económico hasta mediados del XIX, impulsó
estas celebraciones y siempre puso empeño en dotarlas de brillantez,
pues el propio templo catedralicio estaba bajo la advocación de la
Asunción de la Virgen.
A las celebraciones religiosas se le sumaban los festejos taurinos y
los fuegos de artificio.
La Feria de Agosto se mantuvo hasta mediados del pasado siglo XX,
como feria de ganado. Incluso algunos alcaldes de principios de
siglo, a ellos se refiere Cazabán en su Don Lope de Sosa, le
depararon algunos momentos de esplendor. Pero finalmente,
desaparecería, tomándole el relevo como segunda feria de la ciudad
la de la Virgen de la Capilla, hasta entonces una modesta feria de
barrio.
Los orígenes de la Feria de San Lucas.
La Feria de San Lucas aparece en realidad en 1.805, debido a una
epidemia de peste y fiebre amarilla que aconsejó no levantar la
cuarentena de la ciudad durante aquel mes de agosto. El Concejo de
la ciudad decidió entonces celebrar aquel año la feria haciéndola
coincidir con una antigua feria menor de ganado vacuno que se venía
celebrando en Octubre.
La Guerra de la Independencia provocó un importante quebranto en la
cabaña ganadera jiennense. Por eso, en 1814 muchos ganaderos de la
provincia y tratantes se dieron cita durante el mes de octubre en
Jaén, costumbre que se fue asentando en los años de carencia y
epidemias que siguieron.
La Real Sociedad de Amigos del País propuso en 1833 realzar la feria
de octubre como feria agrícola y ganadera con festejos. Así, las
ferias de Agosto y Octubre convivieron durante años. Motivos
económicos sin embargo fueron inclinando la balanza hacia la de
octubre. Ya en 1855 sólo se celebró la de octubre. Como se ha dicho,
la feria de agosto tuvo algunos momentos brillantes, en 1909 o en
1929, pero acabó languideciendo.
Las primeras ubicaciones de la Feria.
En un primer momento, la feria se ubicó en la Plaza de San Francisco
y calle Los Álamos. Pasó más tarde a la Carrera y después se
trasladó a la plaza del Mercado, hoy de la Constitución. En 1833 se
celebró en las Hazas del Pilar de los Callejones. La profusión de
animales por el caso urbano ocasionaba no pocas molestias. Tal vez
por ello se pasaría a los descampados de Peñamefecit y al Ejido de
Belén.
Gigantes y cabezudos.
Los primeros gigantes y cabezudos llegaron a Jaén en 1902, con
ocasión de las celebraciones por la mayoría de edad de Alfonso XIII
y ya se harían presentes en cuantas cabalgatas se celebraran en la
ciudad. Los primeros fueron dos gigantes, una reina y un chino, y
dos cabezudos, un bandolero y una gitana.
En la feria de 1930 se le unieron otros cuatro, elaborados por el
fotógrafo Jaime Roselló. En 1944 se incorporó el lagarto de Jaén,
que se transportaba en un camión, y Blancanieves y los siete
enanitos, obra del dibujante local Juan de Dios López.
La Feria Moderna.
La Feria ha ido teniendo posteriormente otros emplazamientos:
Arquitecto Berges y al solar del Estadio de la Victoria y la Escuela
de Magisterio. También hubo ocasiones, como en 1915, que se
celebraron en la Magdalena, el Hospicio de Mujeres o de los
Huérfanos.
En 1952 se celebraron en unos eriales por debajo del Portillo de San
Jerónimo, antes de llegar a la Salobreja. En 1953 se acondicionaría
el Recinto Ferial Felipe Arche. En este período hasta principios de
los 90, casi cincuenta años, la feria discurriría íntimamente ligada
a la Carretera Granada, la Avenida de las Cruces y el Portillo de
San Jerónimo. En sus locales vacíos, solares y almacenes se ubicaban
las casetas, algo distintas tal vez a las actuales. En el ferial se
instalaban las tómbolas, casetas de tiro y atracciones. En la
avenida que parte de la carretera de Granada hacia la plaza de toros
se instalaban turroneros y tenderetes de chucherías.
Hasta los años 80 llegaron tres grandes casetas, permanentes, que
acogían la Caseta Municipal. La más importante de todas era la del
Condestable, situada justo en la esquina con la Carretera de
Granada. Aquí se solían celebrar las actuaciones de la feria. Se
elevaba sobre el ferial y precisamente sus vistas sobre las luces
era uno de sus atractivos. De forma un poco extraña, albergaba un
pequeño escenario en una esquina. Las otras dos, algo más
destartaladas, eran la de El Lagarto y Las Tres Morillas. Cofradías,
peñas y otros grupos compartían con la Caseta Municipal la gestión
de las tres.
Entre las casetas privadas, durante años tuvo gran predicamento la
de Coosur, por la calidad de sus platos, que durante algunos años
ocupó la esquina con el portillo de San Jerónimo. El recinto ferial
de Felipe Arche terminó por quedar pequeño. A principios de los 90
se decidió reubicarlo. Fue una decisión desafortunada. El Arche se
cerró y se construyó ese mastodonte que quieren llamar parque...
pero no se pensó en alternativa. Peleas partidistas fueron
postergando durante unos 8 años el proyecto. Y la feria vivió su
peores momentos. Pasó de descampados en las lagunillas a los del
actual bulevar: terrenos mal acondicionados, barrizales, falta de
infraestructuras...
Finalmente, se inauguró el actual recinto ferial, algo más abajo del
antiguo. El ferial se configura por un sistema de plataformas. Se va
descendiendo por un paseo que comunica con las tres primeras, donde
se ubican las casetas. De ahí se pasa a la Caseta Municipal, una
antigua nave industrial. En el fondo, se extiende una gran explanada
donde se sitúan atracciones, barracas y churrerías.
El ferial ha venido ha paliar las penurias de años pasados, pero se
ha relevado, con sólo inaugurarlo, insuficiente. A los dos años ya
tuvo una importante obra de readaptación y todos los años surgen
quejas de aquellos que no consiguen un espacio para montar su caseta.
Entre las costumbres más extendidas de la Feria de San Lucas,
destaca, además de los almuerzos, cenas, bailes, copas, atracciones
y toros, la afición por la hípica. Se suele celebrar, si la peste
equina lo permite, un concurso hípico en el Coso de la Alameda.
Empieza a primera hora de la tarde y acaba justo a la hora de irse
para el ferial y hay gran afición entre los jiennenses a las
pequeñas apuestas.
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