Monumentos y Fiestas

Jaén - Baeza - Catedral

 

 

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MONUMENTOS DE JAÉN

Castillo de la Yedra - Cazorla

Se ubica en las estribaciones inferiores del cerro de Salvatierra, sobre el río de Cazorla, y encima de un saliente rocoso cuyos aledaños, sobre la ribera del río, constituirían la primitiva área urbana de la Cazorla medieval. Su planta irregular responde, no solo, a la topografía del lugar sino también a sus continuadas transformaciones. De oeste a este presenta las siguientes estructuras:

• La gran torre del homenaje con su patio de armas.
• Un recinto intermedio con estructuras de servicio, aljibe, almacén etc.
• Un recinto reducido que forma el complejo acceso a la fortaleza.
• La albacara o recinto amurallado exterior, defendido por torres de planta rectangular y dotado posiblemente con una puerta hacia el sur y un postigo hacia el noreste.

La disposición de estas estructuras se hace siguiendo el desnivel del terreno, por lo que la altura existente entre la zona más occidental y la oriental, es considerable. Las profundas transformaciones sufridas a lo largo de este siglo, sobre todo desde los años setenta y ochenta, ha provocado que parte de construcción la original esté enmascarada por las obras recientes. Sus orígenes son inciertos, posiblemente musulmanes, aunque de ellos apenas si podemos reconocer algunos muros de tapial y algunos elementos aislados. Es muy probable que se tratara de un "hims" o fortificación poco compleja, para refugio de los musulmanes esparcidos por la zona y que en época cristiana, al trasladar la capitalidad del Adelantamiento de Cazorla, se retomara su total reestructuración. La torre del homenaje es su elemento más representativo. Es de planta cuadrada con tres alturas y terraza. Bajo la planta primera, un posible aljibe que recogiera el agua de lluvia, abierto sobre la roca del cerro.

La construcción está realizada en piedra caliza y con una buena cantería, utilizándose la toba tan solo en lugares muy determinados. El modelo constructivo se basa en una cimentación sobre la roca, apoyándose la construcción sobre muros de gran grosor, que van disminuyendo conforme la edificación se eleva, así la ultima planta tiene muros de casi un metro cincuenta menos de grosor que en su base. Esto permite abrir ventanales, en este caso dobles (geminadas). Las cubiertas de estas estancias son diferentes en función del nivel o altura. La de la planta primera es una bóveda de medio cañón apuntada de excelente factura, que pasa a ser adintelada o plana en la segunda y de una magnifica bóveda de crucería para la última. Esta última planta es la más notable arquitectónicamente, con tres amplios ventanales geminados y unas columnillas decoradas toscamente, abiertos al norte, este y oeste. La bóveda es muy alta, de crucería y con cuatro nervios muy pronunciados. La entrada a la fortaleza es pendiente y zigzagueante hasta alcanzar el recinto intermedio. Por lo general en la fábrica o construcción de la fortaleza hay elementos constructivos de influencia musulmana, al igual que en la resolución arquitectónica de algunos de los espacios, lo que lleva a pensar en la utilización de obreros y alarifes de origen musulmán. La utilización del ladrillo y el mortero, así como la solución dada a la puerta de acceso o del aljibe de la torre, fortalecen aún más la sospecha de esta presencia. La albacara o recinto exterior presenta una mayor libertad constructiva, utilizando todo tipo de materiales y con un trazado ajustado a la topografía del lugar. Las torres adosadas son irregulares en su planta e incluso se levantan sobre que los muros, para cimentarse en parte sobre ellos. Del resto de muralla que pudiera formar parte de un segundo recinto amurallado apenas si quedan restos, aunque hacia el camino san Isicio, al oeste, o en las laderas que caen hacia el camino de la ermita del Santo Ángel, permiten intuir una segunda línea que las uniera por la calle de la Luz.

Su tipología arquitectónica así como algunos de los materiales hallados sugieren que sus orígenes bien pudieran ser musulmanes, posiblemente de época almohade (siglo XII), aunque a lo largo de los siglos XIII, XIV y XV los cristianos terminaron de darle su configuración definitiva, lo que explica que en una buena parte de sus estancias interiores predomine el estilo gótico. Fuente: cazorla.es - Autor: Juan Antonio Bueno Cuadros - Cronista Oficial de Cazorla

Iglesia de San Pablo - Úbeda

Dentro del carácter arquitectónico plenamente renacentista que impera en los múltiples edificios que ennoblecen la a ciudad de Ubeda, ya sean de tipo civil como de tipo religioso, sorprende muy gratamente la presencia de esta singularísima iglesia de San Pablo, anterior a todos ellos, y donde se mezclan de modo admirable elementos de épocas anteriores, tanto góticos como otros de tipo románico y platerescos.

Los vestigios arquitectónicos más antiguos que subsisten, nos la acreditan como un templo románico muy tardío; tales son la portada llamada de Los Carpinteros, de molduraje y decoración románicos con arco ojival, y los óculos de los lunetos de la nave principal. La tradición, no comprobada, dice que en su lugar hubo anteriormente una mezquita musulmana.

La mayor parte de lo que hoy día podemos contemplar pertenece a una restauración o terminación del templo ya en pleno gótico-isabelino, que culmina en los albores del plateresco con la realización de su magnífica puerta principal, fechada en 1511, y que al parecer debió estar policromada, según las huellas que aparecen en el tímpano y sobre los escudos. Al lado de esta portada se alza una tribuna o balcón sobre una volada repisa sostenida por dos columnitas de mármol, en la que se advierten elementos decorativos clásicos. Su traza es atribuida al gran arquitecto Andrés de Vandelvira, y desde ella se hacían públicos los edictos del Concejo. También sirvió como capilla pública, para que los mercaderes de la plaza pudieran cumplir con sus deberes religiosos sin abandonar sus puestos.

Existe otra portada muy sencilla en la fachada posterior, mandada construir en 1485 por el obispo Ossorio, de quien es el escudo existente sobre ella.

Posee esta iglesia un singular ábside poligonal fechada hacia el año 1380, que fue elevado en el siglo XVII y se remata con una poco habitual galería superior abierta con huecos continuos. La torre terminada en 1537 por Antonio Santero, es de estilo plateresco y habría de servir de inspiración para las demás torres de Ubeda, con su campanil octogonal sobre base cuadrada y los clásicos jarrones de piedra o flameros en las esquinas.

Al pie del ábside, y adosado a él, aparece una fuente pública de planta circular y frontón triangular acabada en 1559, decorada con escudos de los Austrias, de Ubeda y de Porcel.

En el interior de la iglesia, una serie de capillas góticas permite ver la evolución de este estilo, desde el más primitivo, hasta el flamígero de la de las Mercedes.
Un precioso ejemplar de capilla funeraria, ya plateresca, es la del camarero don Francisco de Vago, con un bello túmulo sobre el sepulcro, y reja del maestro ubetense Alvarez de Molina.

Otro sepulcro notable es el del comendador don Juan de Monsalve y Sanmartín, caballero de Malta muerto en la lucha contra los moriscos, con su estatua yacente mutilada, que se encuentra en la capilla de esta familia, también decorada con reja de gran calidad y con interesantes frescos que decoran sus bóvedas.

Muy vinculada esta iglesia a la historia de Úbeda, fue incendiada y destruida por Pero Gil, leal de don Pedro I El Cruel, cuando éste asaltó la ciudad, partidaria de los Trastámara. En esta ocasión fue destruido el archivo de la nobleza y de la Universidad de priores, custodiado en la capilla de las Mercedes.

Bien de Interés Cultural, esta iglesia está catalogada como Monumento según publicación aparecida en La Gaceta de Madrid, ya desde el año 1.926. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Catedral de Baeza

La jienense Catedral de Baeza está dedicada a la Asunción de la Virgen. Como casi todas las catedrales, ésta de Baeza tiene una larga historia de construcciones y reconstrucciones. Parece ser que en este lugar hubo un templo romano pagano y luego cristiano. Sobre él, los musulmanes edificaron una mezquita que llegó a ser convertida en templo cristiano efímeramente en 1147 en tiempos de Alfonso VII, cuando Baeza fue conquistada hasta su pérdida poco después por el empuje almohade.

Ya en el siglo XIII, Baeza es reconquistada definitivamente por Fernando III (1227) y de nuevo reconvertida al culto cristiano. A lo largo del siglo XIII o comienzos del XIV se construyó sobre esta mezquita un templo de estilo alfonsí, seguramente como otros construidos en Córdoba y Sevilla, aunque mudejarizado.

De esta época es la portada occidental, de arco de herradura apuntado y polilobulado y el rosetón superior de traza cisterciense y decorado con puntas de diamante pero con tracerías mudéjares. Este rosetón ha de admirarse con cuidado pues lleva bustos de personajes en una de las molduras concéntricas.

También se aprecia en la fachada septentrional el guardapolvos de arco apuntado y puntas de diamante de esta iglesia medieval.

Las reformas siguieron y en el muro meridional se abre una portada gótica (puerta del Perdón) de finales del siglo XV.  Sin embargo, la catedral de Baeza va a sufrir una radical transformación en el siglo XVI, convirtiéndose en una bella catedral renacentista.

El muro norte tiene una gran portada del año 1587, obra de Juan Bautista Villalpando. Es adintelada enmarcada por pilastras. El cuerpo superior, entre pináculos y otras dos pilastras lleva un relieve con la Natividad de la Virgen. Las ventanas superiores de este muro tiene un gran sabor renacentista al estar rematadas por frontón.

En el extremo noroeste se levanta la torre de planta cuadrada de origen árabe y reformas de los siglos XIV, XVI y XIX. Interiormente la catedral de Baeza se articula mediante tres naves separadas por columnas de capiteles renacentistas.

Iglesia de Santa Cruz - Baeza

Es éste uno de los pocos ejemplos de arquitectura románica existente en toda Andalucía. Es sabido que todo el sur peninsular estuvo bajo el poder musulmán al menos desde el siglo VIII hasta bien entrado el XIII; y así se entiende que desde los tiempos de aquellas primeras invasiones islámicas todas las nuevas edificaciones en la zona sólo podían corresponderse necesariamente con las propias de la cultura y la religión musulmana, dominante en todo el territorio.

La decisiva batalla de las Navas de Tolosa de 1212 ganada por los reyes cristianos al mando de Alfonso VIII, trae como consecuencia el derrumbamiento del poder del imperio almohade, y con ello la rápida reconquista del norte de Andalucía en pocas décadas, impulsada principalmente por la firme intervención del rey Fernando III El Santo. Esta circunstancia hace posible el asentamiento estable de las primeras poblaciones cristianas en la zona durante la primera mitad del s. XIII, y a que pudiera aparecer en sus principales ciudades un arte románico tardío, al que ya le quedaba poco tiempo como estilo arquitectónico propio de la Baja Edad Media.

Este arte cristiano que en principio se muestra puro en su pureza y rigor, con el tiempo va incorporando algunos elementos propios del mudéjar y del gótico, lo que da lugar a la creación de las características particulares de las iglesias andaluzas del período siguiente.

La primera ciudad en recuperarse para Castilla es Baeza, en 1227, a la que siguen poco después otras cercanas a ella como Andújar y Úbeda; y pronto se construyen allí las primeras iglesias en este estilo tardorrománico, de las cuales se conservan hoy restos de distinto valor.

De todas ellas, la iglesia de Santa Cruz de Baeza, es sin duda la de estilo románico mejor conservada en toda Andalucía.

Interiormente consta de tres naves separadas por arcos de medio punto sobre pilastras cilíndricas que se rematan con capiteles románicos decorados con motivos vegetales y se cubren con viguería de madera vista y sencilla acabada a dos aguas. De las tres naves, la central termina en ábside semicircular o de tambor, mientras que las laterales lo hacen con muro recto.

Es interesante observar el vestigio de un arco visigótico en su interior, lo que hace suponer que puede tratarse de la reconstrucción de un templo cristiano usado por la población mozárabe durante el dominio musulmán. Más interesante aún son sus pinturas murales policromadas que cubren parte de sus muros y ábside, correspondientes a los siglos XV y XVI, poco comunes en nuestra geografía.

Su fachada principal es muy sobria, con las características propias de los templos románicos del sur de Castilla, y refleja en su paramento el sistema de cubierta a dos aguas de su interior y la disposición de un sencillo rosetón circular para la iluminación interior de su nave central.

Conserva sus dos portadas abocinadas de medio punto sobre columnillas, aunque de ellas, sólo la lateral sobre el muro meridional es propia de esta iglesia, siendo añadida la portada occidental situada a los pies, procedente de las ruinas de la también iglesia románica de San Juan. Ambas portadas son de factura muy similar, lo que hace suponer que sus construcciones debieron realizarse con muy poca diferencia de tiempo, tras la reconquista de esta zona.

Situadas en un cuerpo adelantado respecto al muro, estas portadas se componen de una serie de cuatro arquivoltas en las que se incluyen baquetones y escocias. Por fuera se protegen con sendos guardapolvos decorados con punta de diamante que quedan rematados por encima con un sencillo tejaroz sustentado por canecillos de piedra.

De indudable valor histórico y documental, su sencilla e interesante arquitectura se suma a la alta nómina de edificios únicos de esta ciudad, justamente declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Iglesia de Santa maría la Mayor - Andújar

La iglesia de Santa María La Mayor de Andújar se levanta sobre una vieja mezquita, casi en el centro del antiguo recinto medieval, convertido más tarde en el nuevo centro renacentista de la ciudad.

Su construcción debió de iniciarse hacia el año 1.225 en estilo gótico, y se prolonga hasta el año 1624. Por ello presenta un singular mestizaje de estilos tanto en sus fachadas como en el interior, que se organiza a través de una planta de salón con tres naves de cuatro tramos cada una y bóvedas de crucería en los pies.

Durante el siglo XVI se inicia la construcción de su singular y característica torre, muy robusta, ancha y cuadrada; algo tosca, realizada en ladrillo y con decoración de inspiración mudéjar, a la que posteriormente se le añadió una pequeña espadaña sobre uno de los lados.

Francisco del Castillo El Mozo (Jaén, 1.521-1.586), importante arquitecto que inicia su aprendizaje en Italia junto a Vignola, desarrolla a la vuelta a su provincia natal una intensa e interesante actividad constructiva en toda la zona, proyectando su talento y su técnica al servicio de una arquitectura renacentista y manierista de gran calidad, especialmente en reformas de iglesias ya existentes, cuyas transformaciones dirigió con verdadera maestría en distintas ciudades de su entorno, como Andújar, Martos o Jaén, entre otras.

Desde el año 1559, Del Castillo se ocupa en reconvertir el antiguo espacio gótico de esta iglesia de Santa María de Andújar en un elegante templo de salón de corte renacentista. Para ello, entre otras importantes reformas interiores, cambia las viejas cubiertas de crucería de sus naves por una sucesión de bellas bóvedas vaídas de claro estilo manierista en las naves laterales, disponiendo a su vez una serie de cúpulas rebajadas para la nave central, que se decoran con pinturas murales fechadas en 1606 y atribuidas a Blas de Ledesma. Con esta magistral intervención su autor consigue cambiar el efecto espacial de este viejo templo, al que dota de una impresionante sensación de esbeltez y espectacularidad, propias de las grandes iglesias del renacimiento andaluz.

Interiormente cuenta además esta iglesia con importantes obras artísticas. Así, entre sus capillas laterales destaca la de Luis de Valdivia o Capilla del Greco –por encontrarse allí el cuadro de el Greco La Oración en el Huerto realizado entre 1605 y 1610- cerrada con una espléndida reja de hierro forjado y estilo renacentista realizada en un taller local. Está fechada en 1.578 y cuenta con un motivo iconográfico en la sobrepuerta con la representación de la Imposición de la Casulla a San Ildefonso. En su interior se encuentra un Cristo atado a la Columna, talla policromada de la primera mitad del siglo XVI atribuida a Jerónimo Quijano.

También la capilla de Los Reinoso se cierra con una reja de hierro forjado, obra del año 1575, con el motivo iconográfico de la Anunciación, y originariamente ubicada en la iglesia de Santiago.

Al exterior, en la Plaza de Santa María se levanta la portada norte, obra del maestro Domingo de Tolosa de principios del siglo XVI, y se abre con arco de medio punto enmarcado por columnas corintias, entablamento clásico y decoración de candelieri.

La dedicada a San Pedro, situada al sur, es del maestro Antonio de Tomar, de la segunda mitad del mismo siglo y de un purismo muy estricto; está formada por dos pilastras con entablamento liso enmarcando un arco de medio punto. Finalmente, la portada de los pies del templo, la última en abrirse, se debe a Pedro García y responde al estilo herreriano. Se distingue por la ausencia de ornamentación y la sobriedad de sus distintos elementos: pilastras toscanas, entablamento dórico y frontón triangular flanqueado por las clásicas esferas de piedra.  Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Fortaleza y Abadía de la Mota - Alcalá la Real

El conjunto histórico de La Mota se encuentra enclavado estratégicamente en la cumbre de un escarpado cerro, a casi 100 m respecto a la ciudad de Alcalá la Real que se encuentra a sus pies. Sus características, forma y situación le dan una visión predominante a modo de perfecta atalaya natural, que domina el paisaje a varios kilómetros a la redonda. En 1.341 Alfonso XI conquista definitivamente la fortaleza tras varios intentos de sus antecesores; y ante la importancia de la plaza como punto de partida hacia el reino de Granada e interesado en que dependiera exclusivamente de la Corona, funda aquí una Abadía de Patronato Real al tiempo que la dota de privilegios especiales.

La inexpugnable “Qal ál Banu Said” está flanqueada por peñas y tajos que forman cuerpo con la muralla exterior. Tuvo una segunda muralla que protegía sus accesos y otra tercera exterior que guardaba el arrabal de Santo Domingo. Estas murallas eran la garantía de su defensa frente al enemigo que carecía de maquinaria de guerra apropiada para conquistarla, y que necesariamente recurría a un asedio de meses esperando a que la plaza se rindiera por falta de agua y alimentos.

Situada en su interior, lo más singular del conjunto es su iglesia de Santa María la Mayor, que comienza a edificarse sobre una anterior mezquita en la década de 1530 como sede de la abadía fundada por Alfonso XI tras la toma de la ciudad. Constituida como símbolo de la victoria del ejército cristiano sobre el poder musulmán, su enorme torre de 42 m se levanta con decidida intención por encima de la del Homenaje de la Alcazaba, proclamando el establecimiento de un nuevo orden en el lugar y dominando el conjunto con su espectacular silueta.

Conocida como Iglesia abacial o de la Mota, se comienza a levantar bajo protección del abad Juan de Ávila según trazas de Martín de Bolívar, sustentada por cuatro pilares interiores que junto con los muros y contrafuertes exteriores sostienen las bellas bóvedas de crucería estrellada que cubren el templo. A su estructura gótica inicial se unen luego elementos decorativos del plateresco y del primer renacimiento representados por heráldicas y rosetas distribuidas en los paramentos. Su interior se organiza en tres naves de dos tramos cada una y coro alto a los pies, siendo muy notable su Capilla Bautismal de doble portada renacentista y bóveda de casetones atribuida a Jacobo Florentin, maestro italiano que trabaja en Granada a principios del XVI.

En una segunda etapa, a final de ese siglo, se acomete la remodelación de su cuerpo central con intervención de Ambrosio de Vico y Ginés Martín de Aranda, este último verdadero artífice que dirige la realización de la Sacristía y tres portadas donde se repiten elementos renacentistas de bella factura junto a relieves de la Asunción de la Virgen y el gran escudo abacial, quizás perteneciente al abad que impulsó esta reforma, don Maximiliano de Austria. Aquí los muros perimetrales se organizan en dos pisos, el inferior formado por seis arcos de medio punto con tres capillas-hornacinas y sus portadas, y el superior por arcos ojivales en consonancia con los arcos góticos del período anterior. Una tercera etapa termina en 1.627, profundizándose la cabecera de la iglesia medieval y creando en el muro del Este tres grandes arcos triunfales.

Con la Guerra de la Independencia comienza la decadencia del templo pues las tropas francesas a su llegada a Alcalá en 1810 desmantelan la iglesia y la convierten en almacén para usos militares, incendiándola en su retirada y provocando la caída de la bóveda. El s. XIX y las desamortizaciones no mejoran su situación pues llegó a ser usada como lugar de enterramiento, y no fue hasta después de la Guerra Civil cuando comienzan las reparaciones, cuya continuidad en el tiempo han puesto de manifiesto la existencia de tumbas también de otras culturas diferentes.

Bien de Interés Cultural, la iglesia ahora en restauración está catalogada como Monumento Nacional, según aparece publicado en La Gaceta de Madrid, desde el año 1.931.  Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Catedral de la Asunción

Como la mayoría de las catedrales andaluzas, la primitiva catedral de Jaén se implanta en la que fuera desde el año 825 mezquita mayor de la ciudad musulmana, conquistada para Castilla por Fernando III El Santo en 1.246.

En 1.492 y bajo el obispado de Luis Osorio se comienza a construir una catedral gótica por el maestro Pedro López con la intervención de Enrique Egas continuándose las obras hasta 1.519, aunque hubo de derribarse parte de su fábrica en 1.525 por amenazar ruina, quedando parado el proceso hasta 1.548, año en que el Cabildo de la ciudad decide el concurso de los maestros L. Quijano, P. Machuca y A. Vandelvira para la construcción de un nuevo templo. Resulta elegido Andrés de Vandelvira quien inicia las obras por la cabecera, conservando algunos paramentos levantados por P. López, decorados con robusta franja de follaje gótico.

De planta rectangular, esta catedral es una espléndida iglesia de salón compuesta por tres naves, capillas-hornacinas laterales y cabecera plana. Como en las de Granada, Guadix y Baeza, los pilares se recrecieron con columnas corintias de fustes estriados y bastones a distinta altura, típico en Vandelvira, pero superando la grandiosidad del espacio diáfano interior de este templo a los antes citados, y con un clasicismo de mayor perfección que el de aquéllas.

En el lado de la epístola levanta Vandelvira su majestuosa Sacristía, realizando una de sus mejores composiciones. De planta rectangular, plantea en sus lados parejas de columnas estriadas sobre pedestal corrido que unidas a pilastras se distancian a longitudes diferentes para soportar arcos de radios distintos y alternados, formando un ritmo genial y único; sobre ellos corre un entablamento general donde repite el ritmo de arcos desiguales y alternados del cuerpo inferior, dando lugar a un recinto clásico excepcional. La sala se cubre con bóveda de medio cañón decorada con medallones, acabándose en 1.577, dos años después de la muerte del maestro. Junto a la Sala Capitular de esta misma catedral, acabada en 1.556 y concebida por Vandelvira con gran purismo en sus órdenes jónicos apilastrados e igualmente cubierta con bóveda de cañón, son dos de las obras maestras indiscutibles de la mejor arquitectura renacentista en Andalucía. Luego otros maestros mayores de la catedral -Aranda y López de Rojas- realizan una intensa actividad en ella creando obras de la mejor tradición manierista y de comienzos del barroco.

Juan de Aranda y Salazar, llamado por el obispo Baltasar Moscoso en 1.634 para continuar las obras comenzadas por Vandelvira, levanta la Capilla Mayor –donde se guarda la reliquia de la Santa Faz- y las del lado del evangelio, siendo sus obras más personales la majestuosa cúpula central y la portada septentrional del crucero.

Eufrasio López de Rojas, maestro mayor desde 1.659, diseña una monumental fachada que se concluye en 1.688. Plantea la búsqueda de efectos espaciales a través de una acertada conjunción de la arquitectura y un amplio repertorio iconográfico creado por el genio de Pedro Roldán (1624-1699), tanto en estatuas como en relieves, que le confiere con su gran tamaño, estructura y decoración gran sentido barroco italiano a un esquema clasicista; y supone por su elegancia y formalismo una de las obras cumbres de la arquitectura española del s. XVII.

La culminación de la catedral estuvo a cargo de José Gállego, quien desde 1.726 se ocupa del cerramiento final de sus bóvedas, la construcción del gran coro -concluido en 1.736- y las trazas del trascoro, que aloja una gran pintura del academicista M. Salvador Maella (1.739-1.819).

Mención especial merece su Museo Catedralicio, las Galerías Altas y la Capilla del Sagrario, obra de V. Rodríguez. Entre sus obras de arte están las pinturas de P. Machuca, la Virgen de las Angustias de J. de Mora o imagen de Ntro. Padre Jesús El Abuelo, de Sebastián de Solís (s. XVI), bien de Interés Cultural, la catedral de Jaén fue declarada Monumento Nacional desde 1.931, según aparece publicado en La Gaceta de Madrid de ese mismo año. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

Universidad de Baeza

La antigua ciudad de Baeza, primera de las poblaciones andaluzas reconquistada definitivamente a los musulmanes, en 1227 y a manos de Fernando III El Santo, tuvo especial protagonismo en la vida política y social del país desde finales de la Edad Media.

Convertida en punta de lanza para futuras conquistas cristianas, los reyes de Castilla otorgan numerosos privilegios a sus moradores, atrayendo a numerosos nobles y ciudadanos que vienen a vivir aquí.

Sin embargo es durante el s. XVI cuando Baeza alcanza su mayor esplendor. En esta época la ciudad cuenta con sede episcopal (catedral), universidad e imprenta, y es entonces cuando se levantan los magníficos edificios renacentistas que hoy vemos, y que junto con el resto de su legado artístico y monumental le han hecho merecedora de la nominación de ciudad Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO en el año 2003, junto con su vecina ciudad de Úbeda.

La importancia social, artística y económica alcanzada por esta ciudad fue factor decisivo para la implantación en ella de esta Universidad, creada en 1538, y que junto con las de Sevilla, Granada y Osuna, resulta ser una de las cuatro únicas existentes en la Andalucía del s. XVI.

Fundada por bula del Papa Paulo III cuenta entre sus primeros colaboradores con personajes de la importancia de San Juan de Ávila o San Juan de la Cruz. Posteriormente en 1667 se produce un hermanamiento con la Universidad de Salamanca, que reconoce la validez de los grados de la de Baeza, manteniéndose aquí la vida universitaria hasta el año 1824, fecha en que se suprime la institución para pasar a convertirse en Instituto de Enseñanza Media.

La estructura del edificio se corresponde básicamente con la de los palacios renacentistas de la época. Su traza se atribuye al arquitecto jiennense Francisco del Castillo (1.521-1.586), quien dispone su organización alrededor de un gran patio central abierto de planta cuadrada y doble arquería de arcos superpuestos, decorados con relieves de medallones y escudos, que se apoyan en esbeltas columnas de mármol blanco. El actual cierre acristalado de la galería superior sobre el antepecho de piedra es un añadido, frecuente en los grandes patios similares de este tipo de edificios.

El Paraninfo es uno de sus espacios internos más valiosos e interesantes, con gran altura y cubierto por un interesante artesonado; su decoración no obstante, es del s. XVIII, y entre sus cuadros se representan las figuras de Rodrigo López, su fundador, San Juan de Ávila, primer patrono, y Diego de Valdivia, catedrático predicador.

Muy interesantes son también su capilla, de una sola nave y cubierta de bóveda de cañón, y la torre, espléndida y de cuatro cuerpos, con bello campanario de base octogonal y decoraciones a base de cerámica vidriada. La fachada, levantada en el año 1593 es una magnífica muestra del arte renacentista andaluz.

En 1979 se crea en este mismo edificio la Universidad de Verano de Baeza, adscrita a la de Granada, para albergar parte de sus cursos estivales, y en 1984 adopta el nombre de Universidad Antonio Machado, en recuerdo del insigne escritor andaluz que impartió clases de francés en la ciudad entre los años 1912 y 1919. Y como no podía ser de otra manera, en la actualidad la labor del edificio como centro docente sigue vigente, pasando en 1994 a constituir una de las sedes permanentes de dicha Universidad que desarrolla actividades de docencia e investigación de forma continuada a lo largo del año, impartiendo además de los tradicionales cursos de verano, otros de doctorados, maestrías y de formación especializada. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Capilla del Salvador - Úbeda

Considerada una de las obras maestras del Renacimiento español, el encuadre urbano de la ciudad de Úbeda le añade espectacularidad a su riqueza monumental y artística. Ésta procede de la importancia histórica que toma la villa cuando al ser tomada definitivamente de la dominación islámica en 1.234 por Fernando III El Santo, pasa a ser durante casi tres siglos plaza fronteriza con el Reino de Granada. Aquí toman asiento algunos de los más preclaros linajes de Castilla, que si bien ayudan eficazmente a los reyes en la Reconquista, también ensangrientan la zona con sus luchas de banderías.

En tiempos de Carlos I y Felipe II algunos de estos personajes ocupan puestos de gobierno en el imperio español, dando lugar a su Siglo de Oro y es entonces cuando nace la Úbeda del renacimiento que ha llegado hasta nuestros días. Uno de ellos es don Francisco de los Cobos y Molina, comendador mayor de la Orden de Santiago y Secretario de Estado del emperador Carlos.

A él se debe la fundación de esta Sacra Capilla, creada para enterramiento familiar bajo la advocación del Divino Salvador, que no se trata de una capilla corriente adherida a una iglesia o catedral, sino de una construcción de categoría muy superior, autónoma e independiente.

De los Cobos elige para dar forma artística a sus ideas al mejor arquitecto del momento, el burgalés Diego de Siloé, en 1.536, cuando éste dirigía las obras de la catedral de Granada, contratando su ejecución con el cantero local Alonso Ruiz y el alcaraceño Andrés de Vandelvira. Por diferencias entre De los Cobos y Siloé se suspenden las obras en 1.539 reanudándose al año siguiente sin contar ya con éste, y estipulándose que la fachada principal –cuyo diseño aún no había sido trazado- sería igual a la del Perdón de la catedral de Granada, obra de Siloé, lo que se hizo sólo hasta el primer cuerpo.

Andrés de Vandelvira toma entonces el mando, continúa la construcción y diseña el resto del edificio, siendo suya la espléndida Sacristía, con su singular acceso desde la iglesia resuelta en ángulo con gran virtuosismo. También son suyas las bellas portadas laterales, que manifiestan reminiscencias platerescas y las raíces castellanas de su autor. Tanto la magnífica portada central como las laterales, se consideran de las mejores compuestas de todo el Renacimiento andaluz.

Decisiva intervención en su decoración escultórica tuvo el francés Esteban Jamete, que trabaja en su fachada principal, de alto contenido simbólico, de 1.541 a 1.543, y que nacido en Orleáns dejó lo mejor de su producción artística en España. Flanqueada entre dos bellas torretas cilíndricas, a la derecha de esta fachada se alza el campanario más alto de la ciudad.

Todo el interior de la Capilla, cubierto de reliquias, imaginería y pinturas, es grandioso. Cuenta con una soberbia reja renacentista decorada con escudos, grutescos y heráldica, realizada en 1.555 por Francisco de Vilalpando; y representa la separación simbólica y real de la zona reservada a la familia del fundador frente a la permitida para el uso del pueblo.

El Presbiterio, en proyecto no tenía más decoración que las medias columnas adosadas a los paramentos, y era de gran sobriedad y belleza; pero en el siglo XVII fue objeto del añadido de la gran rocalla sobre los muros y del baldaquino sobre la capilla central, obra de García de Pantaleón.

El Retablo Mayor, obra de Alonso Berruguete, representa la Transfiguración del Señor. De todo el conjunto sólo la figura de Cristo es hoy original, ya que lamentablemente el resto fue destruido durante la Guerra Civil española de 1.936 a 1.939.
Bien de Interés Cultural, La Capilla del Salvador de Úbeda, Patrimonio de la Humanidad, es Monumento Nacional desde 1.931, según aparece publicado en La Gaceta de Madrid de ese año.

Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

Baños Árabes 

De este tipo de edificaciones los Baños Árabes de Jaén son los más notables de España. Su construcción data de los siglos X y XII. Se ocultó bajo el palacio del conde de Villar Dom Pardo en el siglo XVI, y se redescubrió en el año 1913. De ellos se conservan las tres salas y fueron declarados Monumento Nacional.

Castillo de Santa Catalina 

Actualmente Parador Turístico, el castillo es de estructura árabe aunque muy modificado por los cristianos. De su edificación original sólo queda la torre del homenaje, el patio de armas y torres unidas a las murallas. En el interior del Castillo se encuentra la Capilla gótica del siglo XIII - XIV que forma parte del conjunto del Castillo. La Capilla se encuentra en una de las torres y se accede por un hermoso arco de herradura.

Capilla de San Andrés 

Construida en el siglo XV. La fundó el Venerable Gutiérrez González Doncel, victima del saqueo de Roma. Llegaron de Roma a la Santa Capilla varias obras de arte. Carlos I le otorgó el título de Santa porque se trajo tierra desde las catacumbas de Roma, para derramarla por sus dependencias

Catedral 

De estilo renacentista y construido entre los siglos XVI y XVII. En el primer cuerpo de la fachada principal hay unas columnas con capiteles corintios que llegan hasta el segundo cuerpo que tiene una balaustrada de piedras rematada por una serie de estatuas. En el interior, en el centro de la nave principal está el coro con una sillería labrada en madera. En la capilla mayor destaca un hermoso sagrario. El templo conserva el lienzo de Sana Faz que según la tradición fue con el que la Verónica limpió el rostro de Cristo. La Catedral ha sido declarada monumento histórico artístico 

Convento de Nuestra Señora la Merced

Edificado en el siglo XVI y reedificada a principios del siglo XVIII. Del siglo XVIII corresponde la fachada que posee una hornacina con la imagen de la Virgen y el Niño. Entre sus obras pictóricas destaca el altar de las Ánimas y la Virgen del Carmen. Desde 1885 rigen en el Convento los Misioneros del Corazón de María

Convento de Santa Clara 

Fundado por Fernando III. Su templo es de una sola nave, rectangular y cubierto por un artesonado mudéjar. La bóveda de la capilla es de nervios, estrellada, de finales del siglo XVI y tiene un retablo hecho en 1958, por Francisco Palma Burgos. Otra pieza destacable es el patio claustral. Ejemplar renacentista de dos galerías y de arcos superpuesto de medio punto apoyados sobre columnas de orden toscano. 

Convento de Santa Úrsula 

Fundado en el siglo XVI, fue una institución dedicada a la recuperación de mujeres descarriadas. Está situado junto a la Iglesia de La Magdalena y está regido por las Madres Angustias Recoletas. Tiene una iglesia sencilla con una decoración modesta y cubierta por un artesonado. Es allí donde se elaboran las Yemas de Santa Úrsula, postre rico y dulce cuya receta trajeron una madre y dos hijas procedentes de Cuzco (Perú) que procesaron como religiosas en el convento, en el primer tercio del siglo XVIII. 

Iglesia de la Magdalena 

Es la parroquia más antigua de la ciudad. Fue construida a principios del siglo XVI sobre los restos de una mezquita árabe. La portada principal es del gótico isabelino donde figura la imagen de la Magdalena y la heráldica del cardenal Merino. La torre de base cuadrada y remate octogonal, fue alminar morisco y en ella está el campanario. El interior de la iglesia se compone de cuatro naves. En el altar mayor se encuentra el cristo de la clemencia de Salvador de Cuellar y un relieve de la santa del siglo XVIII. 

Iglesia de San Bartolomé 

Edificada entre los siglos XVI y XVIII. Fue erigida en el siglo XIV. Es de estilo mudéjar y en su interior destaca el retablo mayor (datado a finales del siglo XVI) obra de Sebastián Solís. También alberga una de las mejores tallas de Jaén, el Cristo de la Expiración de José de Medina.  

Iglesia de San Idelfonso 

La portada de la fachada principal es de estilo neoclásico y está enmarcada por dos torres. El interior de la iglesia es de estilo gótico y formada por tres naves separadas mediante pilares. Alberga el altar mayor, la capilla de la Virgen y los retablos de la nave del Descenso, todo ello de gran.

Iglesia de San Juan 

La fecha de su construcción es desconocida, aunque se cree que pudo ser construida en el último tercio del siglo XIII. En su interior se puede encontrar esculturas policromadas como Nuestra Señora del Socorro y el paso procesional de El Calvario. En ella destaca la torre del concejo donde hay una campana del siglo XVI. 

Monasterio de Santa Teresa 

Monasterio ocupado por monjas carmelitas descalzas. En su interior, en su iglesia del siglo XVII, alberga un retablo mayor con pinturas de Sebastián Martínez y de Ambrosio de Valois. Lo más destacado del convento es el manuscrito del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz que la Madre Isabel de la Encarnación trajo desde Granada. 

Murallas

La muralla no rodeaba el perímetro de la ciudad, se extendía mucho más, lo que provocaba sucesivas ampliaciones del recinto. Debido a estas ampliaciones, prácticamente han desaparecido quedando sólo algunos restos como la torre adosada al Palacio de Torralba.

Palacio de los Vélez 

El Palacio de los Vélez es una edificación levantada por Alfonso Vélez y Mendoza. El Palacio ha sufrido diversas modificaciones. Su fachada data de 1630. Tiene un pórtico con tres arcos, abierto a un pequeño jardín. 

Palacio del Condestable Iranzo

El palacio fue construido en el siglo XV para el gobernador de la ciudad. Está situado dentro del casco histórico de la ciudad de Jaén y se restauró en 1991. Actualmente acoge los servicios de la concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento y una Biblioteca Municipal.

 

 

 

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FIESTAS

Fiestas de Invierno

  • La Inmaculada

  • El 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada, se celebra con especial solemnidad y brillantez en la Santa Capilla de San Andrés. Se entregan dotes a doncellas humildes de la barriada de San Andrés, en cumplimiento de los estatutos de la institución.

  • La Navidad
    La Navidad en Jaén tiene una rica y variada tradición. En el Jaén del Condestable Miguel Lucas de Iranzo, se celebraban, entre otros actos, representaciones teatrales sobre el Nacimiento del Señor y la Adoración del Niño Jesús por los Reyes Magos. Había representaciones en la Iglesia Mayor y también en el Palacio del Condestable.

    Conviene resaltar que con estas representaciones el teatro pasa de la calle al interior de los palacios. Se debe ello a la aparición de núcleos cortesanos que están influidos por los gustos renacentistas. Es este teatro de elite, frente al callejero y bullicioso, favorecido por Enrique IV, pues el Condestable aglutina a un influyente núcleo cortesano.

    Dicen los estudiosos del folklore y las costumbres de de Jaén que mientras que en la Andalucía occidental la gran fiesta es la Semana Santa, en la oriental siempre ha habido costumbre de celebrar con mayor fervor las pascuas de invierno.

    Así, resulta ya del ayer la Navidad celebrada en la intimidad de los conventos de Jaén. Con escenas costumbristas que perviven hoy día. Con antiquísimos villancicos que se han transmitido de generación en generación y con toda su pureza tanto en las formas como en el fondo. Basta con visitar por la Navidad los conventos de las Bernardas, Carmelitas Descalzas, Santa Úrsula, Dominicas, San Clemente o Santa Clara, para poder gozar de escenas realmente emotivas en torno a la Navidad.

    Desde la Catedral impresionante, majestuosa, con la tradicional «Misa del Gallo», pasando por todos los barrios, todas las parroquias, iglesias y conventos, la Navidad giennense adquiere una especial significación. Pero la Navidad de Jaén es esencialmente familiar. Las familias ser reúnen en torno a mesas repletas de manjares, cantan villancicos. Los grupos de amigos salen en busca de fiesta después de la cena de nochebuena y, en un ambiente que recuerda a las carnestolandas, se canta, se usan máscaras, se baila. Pero la fiesta de navidad no acaba el día 25. Durante todos esos días, una vieja costumbre ya algo debilitada se reproduce durante esas tardes invernales: el aguilando.

Si no me das el aguilando
al niño le voy a pedir
que te de un dolor de muelas
que no te deje dormir
al kirikiki,
al kirikicuando
de aquí no me voy
sin el aguilando.

Zambombas, almireces, botellas de anís y cucharas, panderetas, castañuelas, guitarras, bandurrias... cualquier instrumento resulta idóneo para sonsacar unos mantecados acompañado de una copa de coñac, anís o resol. Pedir el aguilando es una costumbre ya poco extendida, a perder. Se fue trocando por hacer la visita, una versión menos vociferante, más burguesa y provinciana con resultados a la postre similares. Y tal vez con el tiempo tal vez acabe también por perderse.

También los villancicos toman un carácter festivo, en ocasiones picante. Este era uno de los que hace unos años se escuchaba por las calles de la ciudad:

A María Zambullo,
por ser tan curiosa,
pa freír un huevo
se puso en pelota.
Le saltó una chispa
en el ruiseñor;
a Belén pastores,
que se lo quemó.

En otras ocasiones, las letras toman tonos más sociales y críticos con sus tiempos:

En mi vida he visto yo
lo que he visto esta mañana:
San José en el sindicato
apuntándose para Alemania.
  • Las Navidades siguen: los inocentes, la noche vieja, el año nuevo, los reyes... En Jaén siempre ha habido una especial predilección por la festividad de los Reyes Magos. Además de los autos medievales que también el Condestable celebraba. En estas fiestas, Año Nuevo y Reyes, eran frecuentes los bailes de máscaras.

    Otra costumbre, precursora de las actuales cabalgatas, documentada en el siglo XIX consistía en ir a esperar a los Reyes Magos. Los mozos montaban sus cabalgaduras y, provistos de abundante vino y aguardiente y seguidos por grupos de mozuelos a pie, iban a la afueras de la ciudad, por la Puerta de Santa Ana, a esperar en vela a tan ilustres personajes, motivo para disfrutar de los placeres del alcohol y hasta abusar de él y que en más de una ocasión dio lugar a algún infortunado incidente.

  • Las Lumbres de  San Antón

  • Noche del 16 al 17 de Enero

  • Sin duda, San Antón es una de las fiestas más propias, más particulares del calendario jiennense. Ritual de fuego, con todas las connotaciones propias de la fiesta campesina, la noche de San Antón se ha adaptado al ambiente urbano, acomodándose a los espacios abiertos, plazas, ensanches y solares que la ciudad va enclavando en su paisaje.

    No es desde luego una fiesta privativa de la capital. Muchos pueblos en la provincia la celebran: Cazorla, Baeza, Torreperogil, Torres, Arquillos, Cárchel... Pero quizá en Jaén, esa mutación de la fiesta rural a la fiesta urbana, de cómo los vecinos han recuperado y hecho suya una tradición ancestral, reviste los tintes más interesantes y curiosos.

  • Orígenes y relaciones religiosas.

  • De los orígenes de la fiesta tenemos ya constancia en las Crónicas del Condestable Iranzo. D. Miguel, en la noche del 16 de enero, la víspera de la celebración, enviaba cuatro hachas de vela que ardían ante el altar del santo toda la noche y el día 17 completo. Una cofradía de ballesteros, de aquellos que combatían a los moros, se mantenía bajo la advocación del Santo y además tenía una capilla dedicada en la Catedral.

    Lo cierto es que es un santo que ha contado a lo largo de los años con la simpatía y la devoción de los giennenses. Vivió Antonio el Ermitaño durante las últimas décadas del siglo III en la ciudad de Tebaida, en lo parte alta del valle del Nilo. Sus andanzas tuvieron que hacerse muy populares en la Edad Media. La iconografía lo representa vestido con un sayal y acompaña de un cerdo, lo que puede significar varias cosas: al diablo vencido por el propio santo y condenado a seguirlo bajo esa forma; también podría simbolizar a los animales que el santo protege como patrón; pero también a los cerdos que los frailes antonianos poseían para sustentar a los enfermos, a los que colgaban del cuello una campanilla con la cruz en forma de tau para reconoceros y que los fieles se encargaban de cebar.

  • Una fiesta profana, una fiesta campesina.

  • Pero desde luego la festividad de San Antón tiene más de profano que de religiosa. Tal vez se trate de un caso de sincretismo. O tal vez a la fiesta religiosa se le han sumado elementos profanos dispersos, quién sabe.

    Determinados rituales, más propios de carnestolandas, persisten en la fiesta y hasta en la tradición. Después de todo, es una fiesta inmediata a la Navidad, muy pocos días después de reyes, y previa a la más profana de todas: carnaval.

    Tradicionalmente, al atardecer se encendían lumbres en las huertas, cortijos y caserías y en el monte, en todos aquellos lugares en los que había ganado y animales domésticos. Es posible que en estas hogueras tuvieran connotaciones mágicas, que se esperara de ellas ahuyentar las enfermedades y plagas de los animales: En San Antón, la gallina pon, dice el refrán.

    Hay también una relación clara con el ciclo de la cosecha y de las labores del olivar. Para la fiesta, la recolección de la aceituna está acabada y se pasa a la poda del olivo. Precisamente son estos restos de la corta, el ramón, el material básico de la hoguera. A ella se le unen los capachos viejos de esparto, que se usaban en el prensado tradicional, empapados aún en aceite, un excelente combustible, y muebles viejos de los que acaso se cambian una vez que se dispone de dinero al cobrar los jornales de la aceituna.

    Durante los días previos, los vecinos, y muy especialmente los niños, salen a los campos cercanos y buscan en las casas en busca de materiales que sirvan de combustible: “y el que no haya dado, que se le muera el gato”. No son infrecuentes las reyertas entre las chiquillerías de barrios o calles distintas por la posesión del ramón. Tampoco los asaltos y hurtos sobre los almacenes de los rivales... Situaciones que preceden y van creando el ambiente de la fiesta, pero también suscitan sentimientos de pertenencia al grupo más inmediato, el interés porque la lumbre de cada uno sea la mejor.

    Algunos componentes de la fiesta.

    Pero a la luz de las hogueras se les une el ruido: no sólo el crepitar del ramón. Es frecuente que se arrojen petardos, “mistos de crugío”, cohetes rateros o buscapiés... un elemento más para avivar la fiesta y suscitar las risas.

    Desde la hoguera, y en lo alto de un mástil, se sitúa un muñeco de trapo, una especie de espantapájaros que se confecciona con ropas viejas y se rellena de paja. El ocasiones la cabeza se confecciona con una calabaza hueca y pies y manos se rellenan de mistos, piñas roseteras, petardos, que explosionan ruidosamente al prenderse. ¿Qué representa? Tal vez el triunfo sobre el diablo y su expulsión. La figura del mal que desaparece en un mar de fuego.

    Bailes y canciones populares.

    Es en San Antón cuando se canta y baila el melenchón, posiblemente el baile más propio de Jaén. A medio camino entre juego y el baile, el melenchón se baila en la plaza, junto o alrededor del fuego. Lola Torres recogió letras de multitud de melenchones, que se han librado así del olvido, y describía el baile de la siguiente forma: “toman parte de este juego o baile “mocicos y mocicas” cogidos de la mano. Unas veces en forma de “melenchón”, rodeando la lumbre, y otras en un llanete cerca de ella. En este caso, durante la primera pare, que es la copla, se queda un mozuelo o una muchacha en el centro. En el estribillo elige pareja y entonces ellos dos prendidos de la mano danzan de un lado para otro, llevando el ritmo, mientras los demás, parados, cantan la canción acompañándose de palmadas, en las partes o tiempos fuertes del compás”.

    Las letras eran algo picantonas, desenfadas, improvisada en la mayoría de los casos:

    A la flor de Romero,
    romero verde,
    el romero se seca,
    ya no florece...
    O también:
    Y sal a bailar salero,
    salero sal a bailar,
    que tiene usted para mí
    la gracia de Dios salá.


    Gastronomía

    En San Antón se concitan las aficiones caseras por las tapas que se toman en casa, acompañando al vaso de vino o al botellín de cerveza, a las que se le añaden algunas particularidades gastronómicas. Es tradicional que en esa noche todos coman, entre vino y vino y al calor de la hoguera, las rosetas, palomitas de maíz saladas o endulzadas. Aquellos que van de una lumbre a otra suelen llevar su bolsa llena de rosetas y hasta en los bares se ofrece esa noche como una tapa más.

    Pero cualquier tapa sencilla es adecuada para esa noche: embutidos de la aún reciente matanza, unos tomates picados con cebolleta, unos filetes de tocino crudo...

    Tal vez el plato más característico sea calabaza batatera o el carruécano asado al horno con azúcar y canela. Por supuesto, todo lo dicho acompañado con un vino o una cerveza.

    En las fogatas más tradicionales, los vecinos comparten las vituallas en alguna mesa que se sitúa en una esquina de la plazuela o de la calle. Es frecuente que a los visitantes, los que van de una lumbre a otra, se les ofrezca un vino y una tapa mientras se queda acompañándolos un rato. En la actualidad son más frecuentes las barras preparadas en la calle por las asociaciones de vecinos, en ocasiones con su plancha para poder degustar alguna tapa caliente y su grifo de cerveza... son los tiempos, que avanzan una barbaridad.
     

  • La fiesta moderna

  • Pero la fiesta ha ido transformándose con los años. Frente a otras celebraciones populares que se han debilitado con el paso del tiempo hasta casi desaparecer, San Antón se ha ido revitalizando y adaptando al paisaje urbano de una ciudad que muta y crece.

    A ello a contribuido sin duda alguna la celebración de la Carrera Popular de San Antón, que se viene celebrando desde hace algunos años. Un acontecimiento deportivo con el que se han identificado los jiennenses que salen a aplaudir a los corredores a lo largo del circuito urbano. Se distribuyen entre los espectadores una especie de luminarias o pequeñas antorchas que festonean las calles y que dotan a la noche de un espectáculo singular.

    También es notable cómo los barrios más modernos se han incorporado a esta tradición: cualquier espacio abierto es un lugar apropiado para amontonar el ramón y prender la lumbre en cuanto el sol se va, y entonces el fuego se alza entre bloques de pisos y modernas farolas. El Ayuntamiento organiza además un concurso entre las lumbres de los distintos barrios, lo que procura un incentivo añadido a la celebración.

    Frente a estos síntomas de revitalización, se empiezan a echar sin embargo otros elementos. Por un lado, y en aras de la seguridad, cada vez son menos las hogueras que se celebran en el núcleo urbano y se suelen desplazar hacia solares y zonas algo más despobladas. Así, el espectáculo de las sombras proyectadas contra las fachadas blancas es cada vez más infrecuente. También van ganando terreno los altavoces de feria y las rumbas y las sevillanas, incluso los animadores con micrófono en mano, en detrimento de melenchones y coplillas.

    Lumbres hay por toda la ciudad, pero las más interesantes coinciden con los barrios más populares: las de la Magdalena, las de San Felipe y las de la Alcantarilla han gozado siempre de fama. Pero también se ambientan mucho las de Santa Isabel o las de la parte alta de la Avenida de Andalucía, que los jiennense conocen como el Gran Eje, o las del Polígono del Valle.

  • Fiestas de Primavera

  • Semana Santa
    Con seguridad la Semana Santa es una de las celebraciones con mayor sesgo y protagonismo religioso de las que se viven en Jaén.

    Tal vez la Semana Santa aquí no se asemeje en cuanto a espectacularidad a la de otras capitales andaluzas; por contra, predomina el recogimiento y los desfiles profesionales son algo más austeros, aunque no por ello exentos de brillantez. También hay que decir que pese a las aglomeraciones, es posible seguir los desfiles desde los puntos más señaladas con relativa facilidad. Las sillas, situadas a lo lago de la carrera oficial, están a disposición e cualquiera que desee ocuparlas previo pago, sin necesidad de estar abonados, y no impiden la visión a aquellos que prefieren presenciar los pasos de pie.

    Las manifestaciones puramente religiosas, como los oficios, también toman especial protagonismo en ese momento. En la Catedral, por la tarde del Viernes Santo, tras la acción litúrgico de la Cruz, desde el altar mayor, los púlpitos y los balcones, se bendice a los fieles, al pueblo, a la ciudad, a los campos, con la venerada reliquia del Santo Rostro.

    Sin embargo, la época del año, el estallido de luz y olores que supone la primavera, impregnan el ambiente de un sentimiento de alegría q