
La capital de la
provincia más olivarera de España se asienta en una llanura ondulada, a
los pies del cerro del Santa Catalina sobre el que se alza el imponente
castillo del mismo nombre.

HISTORIA DE JAÉN
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Pré historia -
Los orígenes
No son muchas las noticias que tenemos en Jaén acerca de asentamientos
prehistóricos. Los alrededores de la ciudad presentan diversos
yacimientos de pinturas rupestres, sobre todo en el sur, donde los
abrigos rocosos son más abundantes. Se tratan de figuras aisladas y
esquemáticas, zoomórficas o humanas con tonos predominantes en rojo y
negro, con presencia de algún azul oscuro. Este tipo de pinturas,
relacionadas con el tipo levantino, presenta dificultades de datación.
Los especialistas barajan su comienzo en el Neolítico medio,
aproximadamente en la mitad del tercer milenio, y abarcaría hasta el
primer período de la Edad del Bronce.
Los principales yacimientos conocidos son los de Peñas de Castro, Cerro
de la Mella, Fuente de la Peña -muy cerca de la ciudad ésta, donde se
ubica la Cueva Secreta-, Cerro Veleta, Cerro del Canjorro y Cueva de los
Soles, en Cerro Calar. Es posible que la crisis de subsistencia que se
produjo a mediados del tercer milenio empujara hacia el Alto
Guadalquivir a algunos grupos que encontraran en la Vega de Jaén valores
suficientes para instalarse en una zona en la que desde muy primera hora
la disponibilidad de agua en abundancia fue un factor determinante.
Este punto de la Edad del Bronce conectaría estos primitivos pobladores
con la cultura de Argar, que se desarrolla a lo largo del II Milenio en
una extensa zona del sureste peninsular, especialmente en Murcia y
Almería, pero que acabaría por extenderse al sur de Alicante, norte de
Granada y sureste de Jaén y Albacete. Su modelo de poblamiento buscaba
la proximidad con nacimientos y ramblas. Los asentamientos, en lugares
altos, disponían de pequeñas fortificaciones y en su interior se abrían
calles estrechas que permitían la circulación ente las distintas
agrupaciones de casas. Sin conocer aún las conclusiones definitivas de
las excavaciones realizadas desde hace una década en Marroquíes Bajos,
la tipología anunciada al principio de los hallazgos parece coincidir
con estos poblamientos.
La cultura argárica aportó importantes cambios en la organización
social, en las producciones de cerámica y de bronce, en el ritual
funerario y en la explotación agropecuaria. Practicó una agricultura
basada en el regadío y en el control de los recursos hidráulicos. El
mantenimiento de estas instalaciones agrícolas requirió una organización
social fuerte, con una elite poderosa. Esta clase dominante adoptó las
armas como símbolo de su poder y se enterró con ellas.
Ejemplos de estas costumbres funerarias y próximos a alguno de los
abrigos rupestres mencionados anteriormente, encontramos ejemplos de
arquitectura megalítica, como el de los dólmenes de los Cañones de
Otíñar, descubiertos en 1965 y cuyo ajuar pasó a manos particulares,
posiblemente material argárico. Existen otros dólmenes cercanos, pero en
muy mal estado y expoliados. En 1956 se descubría en Marroquíes Altos, a
la espaldas de la actual Parroquia de Cristo Rey una necrópolis datada
en el primer período de la Edad del Bronce.
A fines del II milenio a. d. C. desaparece por paulatino agotamiento el
mundo argárico y se inicia el período final de la Edad del Bronce,
recibiendo la comarca numerosas influencias que llegan desde el
interior. La principal vendrá desde el reino de Tartesos, en la
desembocadura del Guadalquivir. En el año 1000 a. d. C., las
civilizaciones avanzadas del Oriente Mediterráneo iniciaban su expansión
marítimo - comercial hacia los límites del mundo conocido.
En el plano de la hipótesis, es posible que en este período se
localizaran, coincidiendo con el actual núcleo urbano, al menos dos
grupos asentados en la zona. Uno, si acaso más reducido, asentado en la
falda del cerro de Santa Catalina, cerca del manantial de la Magdalena,
como demuestran los hallazgos de Caño Quebrado (1941), y un segundo tal
vez más numeroso que se asentaría al final de la pendiente del monte,
junto a la rambla que hoy ocupa el Paseo de la Estación, con una
importante actividad agraria y que ocuparía la zona de Marroquíes Bajos.
Edad Antigua - Tierra
de Iberos
Las primeras manifestaciones
del mundo ibérico en la provincia datan del siglo VI a.C. Siguiendo
fuentes clásicas, como Estrabón, Plinio o Ptolomeo, la provincia
quedaría dividida bajo la influencia de oretanos y turdetanos, sobre la
que los romanos establecerían los límites entre la Tarraconense y la
Bética. Los textos de Plinio permiten albergar supuestos sobre la
existencia de un tercer núcleo independiente, los mentesanos.
En el plano siempre de la hipótesis, y siguiendo los trabajos de Arturo
Ruiz, Oretania se extendería desde Mengíbar, por el norte del valle del
Guadalquivir hasta Baeza, desde donde ocuparía la zona sur de los ríos
Torres, Bedmar, Jandulilla y Guadiana Menor, y ocupando las sierras de
Cazorla y Segura. La Bastetania debió ocupar las zonas las zonas más al
sur. Ya a finales del siglo V es apreciable una organización territorial
madura, que se centralizaría en Cástulo para los oretanos y en Obulco
para los turdenanos.
En este momento es apreciable en la zona un aumento de la población que
se trasladaría a la aparición de numerosos asentamientos en la zona, más
de doscientos según fuentes romanas, con una tipología constructiva que
los arqueólogos han llamado oppidum: poblaciones situadas sobre una
meseta, fuertemente fortificadas, de mayor tamaño que los asentamientos
levantinos que implicaría una estructura social desarrollada. A su vez,
en estos oppidum ya en la campiña se distinguen unos de mayor tamaño,
como Obulco o Iliturgis, y otros menores en la campiña alta, entre los
que se encontraría el de Puente Tablas, en las cercanías de la actual
ciudad.
El trabajo comunal, tal vez el uso de esclavos públicos, produjo sin
duda excedentes de producción que de alguna manera revertieron en las
estructuras familiares y en los propios oppidums, pero que también
provocaron una estratificación social, como se demuestra en los
distintos tipos de ajuares funerarios hallados, e incluso en la
apropiación de parte de los excedentes de oppidum dominados que pasaban
a manos de otros oppidums dominadores.
Los restos arqueológicos
testimonian la presencia ibérica en las proximidades del Castillo de
Santa Catalina, haciendo especial referencia al interesante poblado
ibérico del Puente de Tablas. Las excavaciones realizadas en este último
enclave han determinado la existencia de un muro escalonada, con torres
avanzadas de grandes sillares en lo que se ha dado en llamar como plaza
de armas. Han sido abundantes los hallazgos de cerámica de borde
quebrado y vuelto de finales del siglo V y principios del IV. El poblado
no se romaniza y en él se encuentran restos asimismo de cultura
tartésica y medieval.
Situada en una zona de paso,
Jaén tuvo a griegos y fenicios como pobladores y, por tanto, como
protagonistas de hechos históricos. Tito Livio y Estrabón dan
noticias de importantes hallazgos cerámicos en esta ciudad que el
primero cita como Auringi y Oringe; Polibio, como Elinga y el
Concilio de Ilíberis, como Advinge, Plinio como Nijis u Oringis,
para ser llamada por los romanos Flavia, luego de declararla
municipio.
La conquista cartaginesa del
Guadalquivir comenzaría en el 237 a.C. y se prolongaría hasta el 231.
Amílcar vencería a Istolatio, general celta, posiblemente al mando de
tropas mercenarias al servicio de los turdetanos, y a Indortes. El hecho
de que Amílcar muriera a manos de los oretanos en Cástulo, lo que
explicaría el tratamiento que los cartagineses darían a los pobladores
de la zona. Tras la derrota y dominación de los oretanos, sin embargo,
Asdrúbal seguiría una política diplomática: se casó con la hija del
caudillo de aquellos y su proclamación como General de todos los Iberos,
insertándose así en la estructura sociopolítica indígena.
La
consecuencia inmediata de esta presencia fue la explotación de los
yacimientos mineros de Sierra Morena. El Jaén cartaginés tuvo cierto
protagonismo. Establecidos Asdrúbal y Aníbal en Cástulo, Vilches y el
Centenillo, sería el propio Aníbal quien haría de Auringis (Jaén) una
gran fortaleza que, juntamente con Mentesa Bastia (La Guardia), llegaría
a tener una gran importancia estratégica, dada su situación próxima a la
Vía Hércula y a otras calzadas ibéricas, caminos éstos que servían para
unir a Levante con Turdetania, que hunde sus raíces en el antiguo
imperio de Tartesos. A la entrada de los cartagineses fue Jaén alcázar
de Asdrúbal, haciéndose entonces la ciudad grande, rica y fuerte, hasta
el extremo de ser terror para los romanos.
La Romanización
Lucio Scipión, hermano de Scipión el Africano, en duros
combates, se apoderó de Jaén calificándose esta plaza como opulenta,
fortísima y bien situada. Era una ciudad notable de cuyo esplendor, al
hilo de la narración de Tito Livio, poco quedaría. Una vez
expulsados los cartagineses, todo el territorio se integró en la
estructura política, administrativa y económica de Roma. Así, el sistema
esclavista se impone y se produce una progresiva sobreexplotación de los
recursos tanto mineros como agrícolas, lo que tiene una decisiva
influencia en la implantación del hecho urbano.
Tras la reforma de 197 a.C.,
existirían tres tipos de ciudades: estipendarias, sometidas al pago de
tributos; ciudades libres, que poseían sus propia administración aunque
sin el reconocimiento de ciudadanía romana; y ciudades federadas, con
iguales derechos que las anteriores, pero obligadas a contribuciones
militares.
Ya en época imperial, con
Vespasiano, las tierras de la provincia se dividirían entre las
provincias Baética y Carhaginensis, el cuyo límite justo se ubicaría
Aurgi. Hacia el siglo III, el territorio que hoy ocupa la
provincia estaba cruzado por varías vías. Dos únián Corduba con
Cástutulo. Otra comunicaba Aurgi con Mengíbar y también con Mentesa,
coincidiendo con el antiguo camino de La Guardia.
Los romanos la declararon
municipio con el nombre de Flavia. De esta época se conservan diversos
restos arqueológicos: estelas funerarias, restos de villas con hermosos
mosaicos, esculturas, baños, etc. El Acueducto del Carmen quedó
definitivamente destruido en la década de los 80' del recién finalizado
siglo. Podríamos considerar que sería en esta época cuando el núcleo
originario de la ciudad se establecería definitivamente, siendo desde
entonces el punto de expansión urbana con continuidad hasta nuestros
días.
Las dimensiones de la ciudad
romana eran considerablemente inferiores a la árabe o a la actual. Se
circunscribía a una parte del barrio de la Magdalena hasta su
confluencia con el barrio de San Juan. Precisamente en la plaza de la
Magdalena se cree que se ubicaba en foro. En esta época se construiría
la red de alcantarillado que desalojaría las aguas fecales hacia el Caño
del Agua.
La irrupción del cristianimos
en la provincia vendría de la mano de San Eufrasio, que crea la diócesis
de Iliturgi que posteriormente pasaría a Cástulo. Ya en la etapa final,
Diocleciano procedería a una nueva división territorial que provocaría
que el territorio de la provincia perteneciera a dos provincias romanas:
la zona occidental, que incluía Iliturgi y Tucci (Martos) quedaría en la
Bética y la oriental, incluyendo Cástulo, Auringis y Mentesa en la
Cartaginense.
Edad Media - El
período visigodo
La entrada de los pueblos bárbaros en España se produjo en
1409. Los vándalos silinjos ocupan la Bética, quedando por ahora la
Cartaginense libre.
Los Visigodos irrumpirían en 415, que
recorren la península eliminando a los bárbaros a cambio del trigo que
les entrega el imperio y que liberarían la Bética. Cuatro años más
tarde, suevos y vándalos inician un periodo de enfrentamientos y la
Bética y la Cartaginense sufren saqueos y destrucción. A mediados del
siglo V la presencia de los Suevos se extienden por la provincia de Jaén.
Los visigodos se asentaría definitivamente en el primer tercio del siglo
VI. Jaén quedaría al margen de sus asentamientos y seguiría siendo un
territorio en el que predominaba la población hispanorromana, con
algunas guarniciones militares, como Mentesa, en las que se concentraba
la población germánica. Durante todo este siglo, la presencia visigoda
por tanto es débil y son frecuentes las rebeliones de la aristocracia
romana.
Leovigildo iniciaría hacia el 577 una intensa política de
unificación y marcaría el fin de la romanización de nuestra provincia y
la completa integración en el el estado visigodo. En la segunda mitad
del mismo siglo surge la presencia bizantina, que ocuparía una franja
mediterránea que llegaría justo hasta la línea del Subbético. Los
visigodos a lo largo de diferentes campañas irían recuperando este
territorio.
En cuanto a la organización territorial, la provincia
seguiría dividida tal y como se dispuso bajo el reinado de Vespasiano en
Baética y Cartaginense, con metrópolis en Hispalis y Toledo
respectivamente. Al frente de cada territorio estaba el dux, elegido por
el rey, que administraba justicia y comandaba el ejército. Las ciudades
diferían de nuestro actual concepto, ya que en su entorno existían
algunas localidades dependientes con idénticos derechos.
En esta
época decae la ciudad frente a la creciente importancia de Mentesa (La
Guardia) impulsada por la presencia bizantina y por su enorme interés
estratégico sobre el valle del Guadalbullón, llegando a ser sede
episcopal y una de las plazas fuertes más importantes junto al “limes
bizantino”. Un dato curioso aportado por una constitución aprobada por
Sisebuto en 612 es la presencia judía de cierta entidad en Aurgi.
La agricultura era la base de la economía, localizándose las mejores
tierras en las cuencas del alto Guadalquivir, Guadalimar y Guadalbullón,
en las que el regadío permitía la existencia de huertas. La población
rural de pendía de un señor, propietario de la tierra. Las tierras de
secano ocupaban la mayor parte del territorio, abundando el cereal, la
vid y el olivo. Ya entonces era conocido el aceite de esta zona por su
calidad, existiendo familias dedicadas a su fabricación y venta. En
cuanto al cereal, se transportaba a molinos de agua que se concentraban
en las orillas del Guadalquivir. En cuanto a la industria, seguramente
era pobre y rudimentaria, relacionada con las necesidades demandadas por
la agricultura.
Jaén islámico
Durante cinco siglos
estuvieron los árabes en Jaén. La consideraron como una gran ciudad. Le
dieron walí, levantaron mezquitas, construyeron fortificaciones y
palacios. Conquistada Jaén por Abdelazib, en el 713. En el siglo X sería
la capital del reino moro llamado Dijaryan. Los almorávides la
incorporarían a su imperio en 1.091 y los almohades la ganarían en
1.148.
Con los árabes Jaén, la cora de Yayyan es una excelente
tierra regada por abundante agua que fluye en forma de ríos y fuentes,
poseedora de gran cantidad de cultivos, así como de una famosa industria
de tapices y utensilios domésticos de madera que se exportaban por todo
Al-Andalus y el Magreb. Así la describe Al-Sagundi: “Yayyan es la ciudad
del Al-Andalus con la que ninguna otra ciudad puede ser comparada en
abundancia de cereal, número de valientes soldados y fortaleza y solidez
de sus murallas”. Se señala la magnífica situación geográfica de Jaén (Kiurin,
Gien o Geen, para otros) como paso obligado entre Córdoba y Toledo, y
entre Córdoba y Tudmir, pues se podría afirmar que algunas de las más
importantes vías del sur de Al-Andalus cruzaban la cora de Jaén o de
Yayyan. Aquella Giyen o Geen, «camino de caravanas», tuvo épocas de
enorme esplendor.
La cora dependeía del califato cordobés, al
frente de la que se encontraba un camil. Dentro de la Cora, al-Razi cita
como medinas de interés a Mentesa, Úbeda y Baeza. Esta época deja
una enorme marca en la configuración urbana. Aquella ciudad seguiría el
modelo islámico de oriente, que se ha descrito como: “secreta,
indiferenciada, sin rostro, misteriosa y recóndita, hondamente
religiosa, símbolo de igualdad de los creyentes antes el Dios Supremo”.
Medina Yayyan aparece plenamente configurada en el primer cuarto del
siglo XI como núcleo urbano compuesto por la medina amurallada y la
alcazaba. El abundante potencial de agua en la propia ciudad y en sus
inmediaciones hizo que surgieran fértiles huertos y vegas circundantes
para cuyo riego se construyeron albercas. La ciudad estaba formada
por un nicho central o madīna, en que se hallaba la mezquita mayor, en
torno a la cual se agrupaba la vida comercial y religiosa, en el mercado
cerrado de productos valiosos, las alhóndigas o almacenes de mercancías,
y al mismo tiempo, posadas, baños y zocos.
La mezquita aljama,
construida por cAbd al-Ramãn II, se alzaba en una zona desde la que se
dominaba toda la ciudad, en una plaza de la que partían las calles
principales, angostas y tortuosas, que se tornaban a cada paso, formadas
por manzanas de casas grandes e irregulares. Al-Himyari la describiría
así en el siglo XII: “la mezquita aljama de Jaén domina la villa y se
sube a ella por escalones en sus cuatro frentes. Tiene cinco naves
sostenidas por columnas de mármol y un gran patio rodeado de ganerías y
cubiertas”. Las calles más estrechas no tenían salida generalmente, pero
sí una puerta para ingreso que se cerraba por la noche al objeto de
ofrecer seguridad a sus vecinos. A éstas se le denominaban adarves y aún
se conservan algunos. Otras calles aparecen atravesadas por cobertizos y
pasos que unían las plazas elevadas de las casas, a uno y otro lado de
la calle. Las gentes se agrupaban en los arrabales y barrios por sus
creencias religiosas, así como por su medio de vida u ocupación, de
donde se tomaba el nombre del barrio.
Este conjunto de calles se
ha clasificado en cuatro tipos, distinguiéndose las vías maestras; las
calles públicas, que parten de las anteriores, en las que se afincaban
los artesanos y que funcionaban como maestras de los barrios; las calles
de paso, conectadas con las públicas; y por fin, los callejones sin
salida. Las dos vías maestras discurrían paralelas siguiendo las
curvas de nivel, cruzando la falda del monte, y que confluían en la
Puerta de Martos:
La primera enlazaba la parte noroeste con el
sector suroeste, la Puerta de Martos con la Puerta de Granada, y por
tanto, unía los caminos que conducían a ambas poblaciones. Se conoce
como calle Maestra Alta y se correspondería con las actuales plaza de la
Magdalena y calles de Almendros Aguilar, Merced Alta y Puerta Granada.
La calle Maestra Baja uniría los sectores noroeste y oeste, la Puerta de
Martos con la de Santa María, y con el tiempo sería la que mayor entidad
adquiriría y en la que aparecerían los edificios más destacados. Se
correspondería con la plaza de la Magdalena, Santo Domingo, Martínez
Molina, Maestra, Alcaicería, Mezquita Aljama y Campanas.
Esta estructura urbana se mantendría en época medieval y moderna
Se desarrolla una tipología de vivienda unifamiliar: casas sin arreglo
ni igualdad y por común oscuras, de mala distribución interior; con
gradas para pasar de unas piezas a otras y los pisos desiguales. Las
ventanas pequeñas con muchas rejas y celosías, aun las que miran a los
patios interiores y a los corrales. La mayor parte tenían sus galerías y
corredores sobre postes o columnas pequeñas, a su tradicional usanza.
Las puertas de la calle tienen todavía dinteles de madera, aunque sea la
fachada de piedra.
Durante la larga dominación árabe se
produjeron luchas entre moros y cristianos y prolongadas etapas de paz.
Alfonso el Batallador cercaría Jaén entre 1.125 y 1.151, conquistándola
finalmente Fernando III el Santo, en 1.246. Los moros la atacaron en
1.300, pero no consiguieron hacerse con la plaza debido a la ayuda
prestada a Jaén por los Caballeros de Baeza. A lo largo de aquella etapa
árabe el castillo de Jaén, que era modificado continuamente, fue
escenario de grandes acontecimientos.
La huella
cristiana en la Ciudad
Los primeros intentos de toma de la ciudad por parte de los
cristianos estuvieron a cargo de Alfonso VI, que fracasó en 1151 por la
oposición de los Almohades. Alfonso VII lo intentaría en 1144 y 1148 y
pondría cerco a la ciudad en 1169, todo ello bajo la dominación
almorávide.
Pero los mayores logros estarían a cargo de Fernando III, que en
1225 intentaría un asalto apoyado por las huestes del emir de Baeza,
al-Bayyasí. Tres años después alcanzaría Otíñar. A Fernando III se le
presentaba el problema de que precisaba de mayores fuerzas para lograr
un ataque definitivo, tal era el grado de fortificación de Yayyan.
Descartado el asalto, Fernando III optó por la estrategia del asedio y
el hambre. Durante el invierno 1245 lanzaría duros ataques y arrasaría
cultivos y aldeas cercanas a la ciudad, que resistió hasta la primavera
de 1246.
Al-Ahmar, necesitado de consolidar su nuevo reino de
Granada, prefirió rendir vasallaje al rey castellano y entregó la ciudad.
Existen diversas hipótesis sobre las condiciones en las que el rey
castellano toma la ciudad, pero lo cierto es que no tardaría mucho en
consagra la aljama que ocupaba el lugar de la actual catedral.
Jaén pasó entonces a ocupar la sede civil y eclesiástica del Alto
Guadalquivir, tomando el lugar de Baeza, que lo había sido desde 1227,
decisión sobre la que pesó sobre todo el enclave estratégico que ocupaba
la ciudad. El reino de Jaén quedaría entonces configurado por cuatro
ciudades: Jaén, Úbeda, Baeza y Andújar, y tres villas: Arjona,
Santisteban del Puerto e Iznatoraf, comprendiendo unos límites bastante
aproximados a la de la actual provincia. La ciudad de Alcalá la Real se
incorporaría a mediados del siglo XIV. Ya en 1260 la ciudad había
obtenido concesiones reales, como el título de "noble". En 1383 ya era "muy
famosa, muy noble y leal ciudad" y en 1466 Enrique IV añadió el título
de "guarda y descendimiento de los reinos de Castilla".
La figura de Miguel Lucas de Iranzo
Entre 1459 y 1471 viven en Jaén Miguel Lucas de Iranzo, Condestable de
Castilla. Su perfil político y de hombre de armas va a la par de su
gusto por los fastos y los lujos y por sus mejoras en la ciudad. La
"Crónica del Condestable", que ha llegado hasta nuestros días, refleja
ese mundo y nos transmite la imagen de un perfecto caballero medieval.
El Concejo y el gobierno del municipio
El
Concejo funcionaba como una Asamblea Ciudadana y se encargaba del
gobierno de la ciudad. Jaén estaba regida por el Fuero de Toledo,
mientras que otras ciudades del reino, como Baeza o Úbeda, lo eran por
el de Cuenca. El primero era más restrictivo que el segundo. Los
miembros del Concejo se elegían por sorteo, celebrado el día de San
Juan, entre las collaciones o parroquias de la ciudad. También por
sorteo se elegían alcaldes, alguaciles, pregoneros, mayordomos y
alcaides del castillo. La jurisdicción medieval abarcaba además de la
ciudad las aldeas, todos los términos, tierras cultivadas, dehesas y
montes.
A medida que avanzó la Edad Media, el gobierno municipal
vio recortadas sus atribuciones en favor del poder real. Alfonso XI
crearía la figura del Corregidor, el primero de los cuales tomaría
posesión de su cargo en 1383 en Jaén, nombrado por el Rey. Esta figura
fue aún más reforzada por los Reyes Católicos, que apoyaron en esta
figura la consolidación de su poder. El número de regidores pasaría de
12 a 24, pasándose a llamar Caballeros Veinticuatros, recayendo su
nombramiento en la nobleza. Jaén era ciudad con voto en Cortés, lo que
hacía muy apetecible el puesto de Caballero, por sus beneficios
políticos y económicos.
Una sociedad jerarquizada
Como cualquier
sociedad medieval, la de Jaén distaba de ser igualitaria y su
jerarquizaba como una pirámide, en cuya cúspide se encontraba la
nobleza, exenta de impuestos y que además disfrutaba de privilegios
políticos. Los hidalgos eran nobles que detentaban una situación
económica desahogada y participaban como regidores en el gobierno de la
ciudad. Los Caballeros de Cuantía eran aquellos que podían permitirse
mantener sus propios caballos y armas, a cambio de lo que se les
permitía acceder a determinados oficios municipales. El clero ocupaba un
importante papel social y económico, merced a donativos reales y
particulares, pero sobre todo gracias a los diezmos. Más abajo aún en
esa pirámide social se encontraba la mayoría de los jaeneros de la
época, agricultores y en menor medida, comerciantes y artesanos. Pero
habría que contabilizar aún a un amplio grupo de desherados que apenas
sobrevivían en la miseria mendigando por las calles.
En cualquier
caso, en un primer momento, en el siglo XIII, la mayoría de las tierras
eran de realengo, con la excepción de los territorios ocupados por las
órdenes de Calatrava y de Santiago, y las posesiones del Arzobispado de
Toledo en Cazorla. El proceso de señorialización de la propiedad de la
tierra sería sin embargo un proceso constante que prácticamente
invertiría la solución para el siglo XVI.
Economía
La mayoría de las fuentes de la
época coinciden en describir el Reino de Jaén como un territorio rico
por su agricultura y ganadería. La riqueza en especial de la capital
devenía de la abundancia del agua de sus manantiales. En esta época se
alternaban las huertas de poyo, que producían abundantes hortalizas, con
viñas y olivares, en un afán de garantizar el autoabastecimiento.
Distintas disposiciones reales y municipales intentaron frenar el
aumento del cultivo del cereal. Había que contar además con la
producción de plantas industriales, como la grana, el cáñamo, el
zumaque, utilizado para obtener tinturas, o el lino.
Frente al paisaje actual, en el que el olivar ocupa la casi
totalidad del territorio, en este momento era mucho más frecuente el
cereal, que se acompañaba de encinares, robledales, fresnos, álamos y
pinares. Esta riqueza forestal proporcionaba madera y carbón vegetal. La
cabaña ganadera de Jaén, sobre todo la ovina, era el principal puntal
económico, gracias a los pastos que se extendían por sus alrededores.
La abundancia de moreda y plantas industriales facilitó el desarrollo de
una industria textil de cierta entidad, lo que promovió la aparición de
oficios de tejedores, tintoreros o bataneros. Buena parte del caudal de
la Magdalena se utilizó en este momento para su uso en las tenerías
dispuestas en sus cercanías. A su vez, esta pujanza industrial
promovió el desarrollo del comercio con otras poblaciones del Reino y
con Castilla.
La vida cotidiana en la Edad Media
A pesar del momento de prosperidad económica que se vivieron
en estos años, la vida de los jiennenses distaba mucho de ser fácil, de
acuerdo con las duras condiciones generales de la época a lo que habría
que añadir las incursiones moriscas que desde Cambil y Granada se
soportaron durante años.
En 1295 los moros ponían asedio a la
ciudad. En 1368, el ejército de Mohamad el Viejo, rey de Granada, aliado
con D. Pedro I de Castila, en contra de D. Enrique de Trastámara, sitia
Jaén, Úbeda y Baeza. Entró a saco en las dos primeras, dándose saqueo y
actos sangrientos. La mezquita sufrió importantes daños, hasta el punto
de que se echó abajo para construir la catedral gótica. Estos hechos
suponían destrucción y hambre, además del propio peligro de las armas,
para campesinos y ganaderos. Además de acostumbrarse a un modo de vida
que les obligaba a estar permanentemente alerta y a contribuir a las
labores de vigilancia, defensa y acciones de castigo.
Tampoco las
infraestructuras de la época permitían afrontar los incidentes de la
naturaleza. A épocas de sequía le sucedían temporadas de copiosas
lluvias y son frecuentes los desbordamientos de ríos y la destrucción de
puentes que habían de mejorarse cada cierto tiempo.
La evolución urbana de la
ciudad
Con
la reconquistas, Jaén fue recibiendo familias castellanas y leonesas que
venían para iniciar la colonización de los nuevos territorios. Martínez
de Mazas dice: "la esención de todo género de tributos que había gozado
desde el rey D. Enrique II hbía llamado muchos pobladores a la ciudad, y
los campos, deseosos de cultivo, producían en abundancia los frutos de
que son capaces. Esto trae consigo el fomento de la industria y
aplicación de las demás artes; y se sabe que en los siglos XIV y XV
habían paños de todas clases y colores, y de otras telas, como bayetas,
sargas, frisos y cordeletes".
La ciudad medieval tenía un fuerte
carácter defensivo. Se construye el nuevo castillo de Abrehuy y el
recinto amurallado se amplía para acoger al barrio de San Ildefonso.
Además del recinto amurallado y el alcázar, existían otros núcleos
defensivos: Otíñar, Pegalajar, Torredelcampo, El Burrueco...
La
estructura urbana se divide en collaciones, que se distinguían por los
oficios de sus moradores: en la de Santa María se afincaría la nobleza
local y los hidalgos, abundando también los clérigos. En las de Santiago
y San Lorenzo destacarían los aguadecimileros, batihojas, sombrereros,
bordadores y oficios relacionados con el cuero y los paños.
No fueron los judíos ajenos la prosperidad económica de la ciudad.
Por eso, cuando en la segunda mitad del siglo XV se desataron
persecuciones contra ellos encontraron la protección del Condestable
Lucas de Iranzo.
La ciudad se extendía de forma alargada por la falda del cerro del
castillo, con una longitud aproximada de 1.200 metros y 400 de ancho,
sin llegar a superar las 50 hectáreas.
Precisamente el
Condestable emprendió diversas obras que, si bien no tendrían carácter
monumental, sí indicarían el carácter de un regidor preocupado por el
aspectos de la ciudad. Sus intervenciones revelan su doble concepción
como fortaleza y al tiempo, como lugar de habitación y esparcimiento,
escenario urbano cotidiano y también adecuado para los momentos de
celebraciones y fiestas.
Las actuaciones de la
época son:
Consolidación de la muralla, fortificación de las tres
fortalezas y demolición de las partes ruinosas. Conservación de la
primitiva estructura, con la excepción de ligeros claros ante las
iglesias utilizados como cementerio y mercado.
La falta general
de infraestructuras y servicios públicos es nota común. Se carece de
pavimentación y alcantarillado, por lo que el aspecto de las calles es
polvoriento, pedregoso y desaseado. El vecindario arroja a la calle y a
los arroyos madres que surcan la ciudad con sus residuos domésticos. En
1488 se publican ordenanzas al respecto. Se allanan las calles y se
eliminan los obstáculos que impiden la circulación de las caballerías.
Se trasladan las carnicerías del interior de la ciudad a la Puerta
Barrera. Se señala una de las vías que posteriormente se convertiría en
la principal de la ciudad, la Carrera.
El siglo XVIII en Jaén
La gravísima crisis que Jaén ha vivido durante
el XVII se prolonga durante la nueva centuria. La mayoría de sus
habitantes viven en la miseria y la ciudad continúa su proceso de
decadencia. Prueba de ello es la pérdida de población que sufre su
término, que pierde la cuarta parte de sus habitante.
A finales
del siglo XVII, el Cabildo de Jaén expresaba su preocupación por esta
situación y se lamentaba en los siguientes términos: "el hallarse esta
çiudad y su reynado tan falta de mucha jente, de tratos y de frutos".
Las causas de esta decadencia tienen que ver con la enorme presión
fiscal que los Austrias habían ejercido sobre la ciudad para financiar
sus campañas bélicas en Europa, sumada al abuso de la venta de
jurisdicciones y oficios, lo que había mermado sensiblemente la
superficie de término municipal de la ciudad. Además, las malas cosechas
provocaron en el último tercio del XVII hambrunas que sirvieron de cebo
a las epidemias de 1649, 1677 y 1685, que diezmaron especialmente a las
poblaciones de Jaén, Martos y Jódar, y que solamente comenzarían a
recuperarse en la segunda mitad del XVIII, siguiendo la tónica del resto
del país. En 1785, el censo de Floridablanca estimaría en 16.249
habitantes de la capital y once años más tarde, crecería hasta 17.349,
lejos aún de la población alcanzada durante el siglo XVI.
Sin embargo, algunos autores
modernos han señalado que las causas de esa decadencia obedecían a
causas estructurales y que sus orígenes deben buscarse más atrás aún.
Estas explicaciones se centran en el reparto de las tierras, que son
acaparadas por nobleza y clero, una situación que provoca el
empobrecimiento de los agricultores y arrendantarios. En el sistema
interviene además la figura del subarriendo, una especie de
intermediario entre el subarrendatario y el propietario, que queda en
pocas manos y que agrava aún más la situación de los campesinos que
realmente trabajan la tierra. Los grandes propietarios suelen residir
fuera, en la corte, y trasladan el gasto que le supone soportar ese tren
de vida a las rentas agrarias, que sufren continuos aumentos. A este
panorama de crisis agraria abría que sumarle el aumento de los precios,
que repercutía aún más en el deterioro de la economía campesina.
Los cultivos predominantes en la época eran los propios de la triada
mediterránea: cereal, vid y olivo, a los que habría que añadir algunos
frutales. El sistema se estancaría debido a la falta de innovación de
las técnicas de labranza, una corta rotación de los cultivos y a la
escasez de regadíos, que iría haciendo perder productividad a las
explotaciones y repercutiría en un progresivo empobrecimiento del suelo.
Así las cosas, buena parte de los pequeños propietarios y arrendantarios
perderían sus tierras y el campesinado se iría proletarizando.
La llegada de los Borbones
Tras la Guerra
de Sucesión, en la que los jiennenses habían tomado partido por Felipe
de Borbón, la nueva monarquía impulsa algunos intentos reformistas que
en Jaén encontraron eco en una minoría de ilustrada, formada por algunos
miembros de la nobleza y el clero local. Estos intentos reformistas se
encontraron con la fuerte oposición de una mayoría fuertemente
conservadora, muy apegada a la tradición y reacia a los cambios.
El 21 de mayo de 1786, 96 de estos ilustrados se reúnen en el Salón del
Actos del ayuntamiento y fundan La Real Sociedad Económica de Amigos del
País de la ciudad y reino de Jaén. En este grupo destacaba D. José
Martínez de Mazas, Deán de la Catedral, que señalaría "...la merma de
población, la ruina de las fábricas y talleres, el abandono de los
montes, la postración de la agricultura..." como principales males de la
época.
Las primeras actividades
de la Sociedad fue la convocatoria de Premios para estudios que
investigaran las causas de la decadencia de las fábricas de seda,
curtidos y tejidos de lana. También mostraron su preocupación por la
situación de las mujeres, promoviendo su educación y su capacitación
profesional para la industria manufacturera, que se consideraba un
sector estratégico para abandonar el estado de postración económica que
se vivía.
Estos esfuerzos, sin embargo, no prosperarían y la
situación de deterioro económico y social de la ciudad prosiguieron con
toda su crudeza.
Desde la administración central se impulsaron
medidas de reforma agraria, que cristalizaron en las colonizaciones de
Sierra Morena. Con ello, además de poner en explotación tierras baldías,
se intentaba repoblar una zona tradicionalmente infectada de bandoleros
que dificultaban gravemente las comunicaciones con la Meseta. Como parte
del proyecto, se creo la Intendencia de las Nuevas Poblaciones,
independiente del resto del Reino de Jaén, que fijó su sede en La
Carolina. Con estas medidas llegaron colonos procedentes del centros de
Europa, y de gallegos, valencianos y catalanes. Las nuevas poblaciones
surgidas de este proyecto serían Guarromán, Carboneros, Santa Elena,
Navas de Tolosa, etc., pueblos que se trazaron de acuerdo con un
concepto racionalista, que se expresaba en una trama ortogonal diseñada
en torno a una plaza central en la que se situaba el edificio del
ayuntamiento y la iglesia.
Este proyecto, sin embargo, no afectó a la estructura
agraria del resto del Reino, que siguió fuertemente marcada por el
absentismo y apoyada en una creciente masa de jornaleros.
También
como una experiencia que no afectó al resto de la economía del Reino, es
destacable el incremento de la demanda maderera que se vive, al hilo de
la construcción de la Fábrica de Tabacos de Sevilla y de la
modernización de la flota marítima de guerra. Orcera acogería en 1748 la
sede de la Provincia Marítima, una circunscripción que agruparía a
pueblos de Jaén y de Albacete, Granada y Murcia. Durante cuarenta años,
estas sierras se explotarían sistemáticamente, sin una apropiada
racionalización, lo que provocaría graves problemas de deforestación. Se
calcula que este período se talarían unos cien millones de pinos, muchos
de los cuales quedarían abandonados en el monte, sin que nadie los
aprovechara.
La demanda local era tan pobre que la artesanía y la
industria languidecían. La actividad comercial era muy baja. Se
producían tan sólo algunos productos de primera necesidad para
satisfacer necesidades domésticas.
La producción de seda, que
nunca dejó su carácter preindustrial, tuvo cierta importancia. El hilado
se producía en el ámbito familiar, logrando unas calidades mediocres,
pero que se beneficiaría de las exenciones a los gremios de Arte Mayor y
Menor decretadas entre 1731 y 1751. Algunos talleres de la época sería
la Casa Fábrica, La Constancia o El Hospicio. Estos talleres pronto
tendrían que competir con las importaciones, que lograban mejores
precios y mayor calidad.
Las infraestructuras eran
escasas y malas. Jaén, así, se convirtió en un centro de influencia
económica comarcal.
Por último, destacaremos una cierta
recuperación de las explotaciones mineras de Sierra Morena.
Arco de San Lorenzo, Baños
Árabes, Capilla de San Andrés, Castillo de Santa Catalina, Catedral,
Convento de Nuestra Señora de la Merced, Convento de Santa Clara,
Convento de Santa Úrsula, Convento de Santo Domingo, Iglesia de la
Magdalena, Iglesia de San Bartolomé, Iglesia de San Idelfonso,
Iglesia de San Juan, Monasterio de Santa Teresa, Murallas, Museo
Internacional de Arte Naïf, Museo Provincial de Bellas Artes de Jaén,
Palacio de los Covaleda Nicuesa, Palacio de los Vélez, Palacio de los
Vilches, Palacio del Condestable Iranzo.
Corpus, Feria de la
Divina Pastora, Feria de San Lucas, Romería del Cristo de
Charcales, San Antón, Santa Catalina, Semana Santa,
Virgen de la Capilla.
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Es el centro olivarero más importante del país. Sólo al entrar en la
ciudad, y si se reconoce el olor a aceite puro de oliva, se puede
confirmar este hecho. Además es un destacado mercado cerealista.
El denominado Plan Jaén, del
año 1953, impulsó el desarrollo de diversas industrias, como el refinado
de aceites, elaboración de harinas y galletas, productos lácteos,
embutidos, materiales para la construcción, papeles, etc., sin embargo,
ninguna de ellas ha podido relegar de su lugar predominante a las
actividades primarias o del sector terciario, especialmente el comercio.
Jaén es la mayor productora de aceite de oliva de
España. Famoso en la península desde la época de los romanos, es la
grasa vegetal más apreciada en la gastronomía, un ingrediente que, desde
la antigüedad, ha sido elemento indispensable en la cocina jiennense.
Entre las peculiaridades culinarias de Jaen, hay
que destacar las verduras y hortalizas, presentes en infinidad de platos
al ser la huerta un elemento común a toda la región. Con el tomate,
cebolla, pepino, pan y en algunos casos manzana se prepara el gazpacho;
y también una buena pipirrana. La huerta jiennense proporciona
berenjenas, guisantes, lechugas, habas, espárragos trigueros... que a la
plancha y con unas gotas de aceite conforman un excelente asadillo
jiennense. La alboronía o almoronía (berenjenas asadas con patatas,
tomate, pimiento y habas secas), son un plato de honda raíz árabe. Con
las setas de cardo, se realizan excelentes sopas, que forman parte de la
cocina de cuchara de Jaén. Hay que destacar también los potajes de
acelgas y espinacas, las judías con perdiz, el cocido, las migas, el
ajoharina, las judías palmeras y el potaje carmelitano.
Recetas
Ajilimójili, Ajo de la mano,
Alfajores, Andrajos, Cabrito asado, Caldo para salsa, Codornices
Escabechadas, Paté de Aceitunas, Perdices Escabechadas, Pipirrana,
Puré de judías, Sopa buena, Sopa de Perdiz. Enciclopedia
Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006.
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Casa
Antonio (En Jaén) - Casa Vicente (En Jaén) -
Mesones
14 (En Jaén) -
La
Casería de Piedra (En Jabalcuz) -
Restaurante el Marqués (En Ubeda)
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Todos los monumentos arriba
mencionados y los espacios naturales.
Alcalá Venceslada,
Antonio
Alcázar (del), Baltasar
Al-Hamar
Almagro López, Juan
Almendros Aguilar, Antonio
Álvarez, Rafael, "El Brujo"
Ángeles Ortiz, Manuel
Anguita Sánchez, Virgilio
Arche Hermosa, Felipe
Arregui Ergüí, Ángel María
Arroyo López, Emilio
Barberán Barberán, Cecilio
Berges Martínez, Luis
Berges Roldán, Luis
Biedma (de) Lamoneda, Patrocinio
Biedma (de), Nicolás
Caballero Venzalá, Manuel
Calahorro Téllez, Fernando
Calvache de Martínez, Teodoro
Castro (de), Juan
Calatayud Sierra, Ramón
Cazabán Laguna, Alfredo
Cebrián Ruiz, Emilio
Cerezo Moreno, Francisco
Claver, Eduardo
Contreras Rodríguez, Mª del Pilar
Cortés Zarrías, Gaspar
Costa, Joaquín
Cruz Rueda, Ángel
Escabias Muñoz, Manuel
Eslava Galán, Juan
Espantaleón Molina, Ramón
Fe Jiménez, Inocente
Fernández de Moya y Sicilia, Fausto
Fernández Ramos, Luis
Fernández Torres, Alfonso
Flores de Lemus, Antonio
García Anguita, Antonio
García de la Puente, Juan Manuel
García de Vargas, Ricardo
García Lomas Hernández, José Luis
García López, Ricardo ("K-Hito")
García Maroto, Eduardo
García Morente, Manuel
García Requena, Ricardo
García Rodríguez-Acosta, Antonio
Gómez Damas, Miguel
González López, Luis
Gutiérrez Higueras, Juan Pedro
Hidalgo de Caviedes, Rafael
Higueras Cátedra, Jacinto
Higueras Fuentes, Jacinto
Jiménez Manjón, Antonio
Jurado Morales, José
Laínez Alcalá, Rafael
Lamoneda (de) Fernández, Ramón
Lara Gavilán, Antonio (Tono)
López Carrascosa, Rosario
López Carvajal, Cristóbal |
López Carvajal,
Cristóbal
López García, Bernardo
Lucas de Iranzo, Miguel
Martínez de Mazas
Martínez, Rafael
Martínez Molina, Rafael
Martínez Montañés, Juan
Martínez Ramos, Basilio
Martínez de Velasco, Félix
Mata (de) Carriazo Arroquia, Juan
Méndez Rodríguez, Cándido
Merino, Esteban Gabriel
Millán López, Manuel
Molina, Fray Manuel
Monescillo (de), Antolín
Montuno Morente, Vicente
Morales Robles, José
Mozas Mesa, Manuel
Muñoz-Cobo Arredondo, Diego
Muñoz Garnica, Manuel
Muñoz Molina, Antonio
Nogales Martínez, Cándido
Nogué Massó, José
Ortega García,Antonio
Ortega Nieto, Juan Miguel
Ortega Sagrista, Rafael
Oya Rodríguez, Vicente
Palma García, Fermín
Palomino Kayser, Carmelo
Pancorvo, Francisco
Parras Guijosa, Luis
Paz Gómez Rodríguez (de la), Mariano
Piedra Guardia, Antonio
Porlán, Rafael
Prado y Palacios, José
Puche Rodríguez-Acosta, Gabino
Rodríguez de la Torre, Pedro
Romero Maroto, Antonio
Ruiz Jiménez, Joaquín
Ruiz Pulido, Cristóbal
Ruiz Rico, Juan
Ruiz Rodríguez, Arturo
Sáenz de Tejada y Orti, Cristina ("Gracián Quijano")
Sagaz Zubelzu, Luis
Sánchez Molina, José ("Manolé")
Santa-Bárbara de Sicilia, Consuelo
Santamarina, Clemente
Sarmiento de Mendoza, Antonio
Segovia Morón, Josefa
Segovia Torres, Andrés
Serrano Gámez, Ildefonso
Solís Ruiz, Domingo
Soriano, Bernabé
Suárez de la Fuente del Sauce, Alonso
Tamayo Serrano, José María
Torres Laguna, Carlos
Torres (de) Ortega, José
Torres Rodríguez de Gálvez, Dolores (Lola Torres)
Vega (de la) Gutiérrez, José
Ximénez Patón, Bartolomé
Yahya Benalháquem el Becrí, Algazal
Yanguas Messía, José
Zabaleta Fuentes, Rafael
Zarrías Arévalo, Gaspar |
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|
ALbanchez
De Magina
Alcala La Real
Alcaudete
Aldeahermosa
Aldeaquemada
Andujar
Arbuniel
Arjona
Arjonilla
Arquillos
Arroturas
Arroyo Del Ojanco
Aulabar
Baeza
Bailen
Baños De La Encina
Batanejo
Beas De Segura
Bedmar
Begijar
Belerda
Belmez
Belmez De La Moraleda
Benatae
Bobadilla
Bonache
Burunchel
Cabra Del Santo Cristo
Cabrita
Cambil
Campillo De Arenas
Campillo Del Rio
Camporredondo
Cañada Catena
Cañada Del Señor
Cañada Morales
Canena
Carboneros
Carchel
Carchelejo
Casas De Carrasco
Casas De Estepa
Caserias
Casicas Del Rio Segura
Casillas De Mures
Castellar
Castillo De Locubin
Catena Alto
Cazalilla
Cazorla
Ceal
Cequia
Charilla
Chiclana De Segura
Chilluevar
Chozas
Cortijo Nuevo
Cortijos Nuevos
Cortijuelo
Coto-Rios
Cuenca
Cuevas De Ambrosio
Don Domingo
Don Marcos
Don Pedro
Donadio
El Acebuchar
El Artuñedo
El Batan
El Campillo
El Centenillo
El Cerezo
El Marmol
El Molar
El Ojuelo
El Parralejo
El Parrizoso
El Patronato
El Porrosillo
El Puerto
El Reguelo
El Robledo
El Tamaral
El Tranco
Ermita Nueva
Escañuela
Espeluy
Fontanar
Frailes
Fuensanta De Martos |
Fuente
Alamo
Fuente Del Rey
Fuente Segura
Fuerte Del Rey
Garciez
Genave
Guadalen
Guadalimar
Guarroman
Gutar
Herrera
Higuera De Calatrava
Hinojares
Hornos (Peal De Becerro)
Hornos (Hornos)
Hortichuela
Hoya Del Salobral
Huelma
Huerta Del Manco
Huesa
Ibros
Iznatoraf
Jabalcuz
Jabalquinto
Jaen
Jamilena
Jimena
Jodar
La Agracea
La Alberquilla
La Ballestera
La Caleruela
La Carolina
La Carrasca
La Castilleria
La Cerradura
La Condesa
La Cruz
La Fernandina
La Guardia De Jaen
La Iruela
La Isabela
La Matea
La Mesa
La Muela
La Pedriza
La Platera
La Porrosa
La Puerta De Segura
La Quinteria
La Rabita
La Ropera
La Toba
La Yedra
Lahiguera
Larva
Las Casillas
Las Ericas
Las Escuelas
Las Fuentes
Las Gorgollitas
Las Grageras
Las Infantas
Las Nogueras
Las Ventas
Lendinez
Linares
Llanos Del Sotillo
Lopera
Los Almansas
Los Goldines
Los Llanos
Los Mochuelos
Los Pascuales
Los Rosales
Los Teatinos
Los Villares (Los Villares)
Los Villares (Andújar)
Los Yeguerizos
Lupion
Mancha Real
Marchena
Marmolejo
Martin Malo
Martos
Mengibar
Miller
Miraelrio
Mogon
Monte Lope-Alvarez |
Montizon
Mures
Nava De San Pedro
Navas De San Juan
Navas De Tolosa
Noalejo
Noguerones
Onsares
Orcera
Otiñar
Peal De Becerro
Pedronares
Pegalajar
Peguera Del Madroño
Peñolite
Poblado Del Iara
Poblado San Julian
Ponton Alto
Pontones
Porcuna
Poyotello
Pozo Alcon
Prados De Armijo
Puente De Genave
Puente Del Obispo
Puente Tablas
Puente-Honda
Puerto Alto
Quesada
Ribera Alta
Ribera Baja
Rihornos
Rus
Sabariego
Sabiote
San Jose
San Jose De Escobar
San Miguel
Santa Ana
Santa Elena
Santa Eulalia
Santiago De Calatrava
Santiago De La Espada
Santisteban Del Puerto
Santo Tome
Santuario Virgen De La Cabeza
Segura De La Sierra
Siles
Solana De Torralba
Solera
Sorihuela Del Guadalimar
Sotogordo
Tiscar
Tobaruela
Tobos
Torre De Cuadros
Torre Del Campo
Torreblascopedro
Torredonjimeno
Torreperogil
Torrequebradilla
Torres
Torres De Albanchez
Torrubia
Toya
Ubeda
Vadillo Castril
Vadohornillo
Vados De Torralba
Valdecazorla
Valdemarin
Valdepeñas De Jaen
Vega De Castrobayona
Vega Santa Maria
Vegas De Triana
Venta De Agramaderos
Venta De Los Santos
Ventas Del Carrizal
Ventorrillo
Ventosilla
Veracruz
Vilches
Villacarrillo
Villalobos
Villanueva De La Reina
Villanueva Del Arzobispo
Villardompardo
Villargordo
Villarrodrigo |
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El Lagarto de la Magdalena
Tanto la capital como los pueblos de la provincia,
cuentan en su acervo cultural con muchas tradiciones
y leyendas, que se han ido forjando a lo largo de
los siglos.
Una de las más curiosas, y de las mejor estudiadas,
es la de "EL LAGARTO DE LA MAGDALENA", o según
decimos en Jaén "El lagarto de la Malena". Esta
leyenda ha dejado un dicho, antes muy popular entre
las personas mayores, cuando querían proferir una
especie de maldición contra alguien que los tenía
hasta el "moño": "¡ASÍ REVIENTES COMO EL LAGARTO DE
LA MALENA!", expresión que hace alusión al fin que
tuvo el monstruo.
Esta leyenda, tan típica de Jaén, junto a la del
Santo Rostro y a la de la imagen de Nuestro Padre
Jesús Nazareno, son el tríptico más conocido y
popularizado del acervo de leyendas jaeneras.
Como todas las leyendas, también esta tiene varias
versiones según las modificaciones que ha sufrido a
lo largo del tiempo. Todas hacen alusión al mismo
hecho, un enorme monstruo, sierpe o lagarto, vivía
en una cueva existente en un manantial que había
intramuros de la ciudad y que se comía a cualquier
persona o animal que se acercara a beber. La
diferencia fundamental entre las tres está en el
"matador" que realiza la hazaña de eliminar al "peligro
público".
En el venero que hay frente a la iglesia de la
Magdalena vivía un lagarto muy grande que se comía a
cualquier persona o animal que se acercara a por
agua o a beber, y ya no había quien saliera de sus
casas en el barrio de la Magdalena, ni para trabajar,
de lo asustadas que estaban las personas.
Un pastor pensó en una forma de acabar con el
monstruo, desoyó un cordero, cosió la piel por todos
lados menos por los extremos y la rellenó de yesca.
Luego ensangrentó la piel para que pareciera un
cordero muerto. Colocó la piel del cordero rellena
de yesca a la entrada de la cueva, prendió fuego a
la yesca y dando un silbo se apartó.
Salió el lagarto y engulló el cordero simulado, la
yesca le abrasó las entrañas y le hizo reventar. Con
ello cesó el peligro y se celebró la memoria del
industrioso pastor. En tiempos remotos apareció en
el manantial de la Magdalena una enorme sierpe o
lagarto que se alimentaba de cualquier animal o
persona que se acercara a beber.
Cierto caballero se ofreció a librar a la población
de la amenaza que suponía la existencia de dicho
monstruo. Aceptado su ofrecimiento por las
autoridades de la ciudad, se revistió de espejos y
armado con una lanza se acercó al manantial.
Con grandes voces llamó la atención del lagarto para
que saliera de su madriguera. Al salir el monstruo,
cegado por los reflejos de los espejos, quedó por un
momento confuso e indeciso, circunstancia que
aprovechó el caballero para darle muerte con la
lanza que portaba. En el manantial que hay cerca de
la iglesia de la Magdalena, había en tiempos
remotos, un gran lagarto que se comía a todo el que
se atrevía a acercarse a beber.
Había en la cárcel un preso, condenado a muerte que
se ofreció voluntario para matar al lagarto si le
perdonaban la vida. Cuando las autoridades aceptaron
su ofrecimiento, pidió un caballo, una lanza y un
saco con pólvora. De noche se colocó enfrente de la
cueva donde vivía el lagarto con un costal (saco)
lleno de panes calientes. Cuando le dio el olor al
lagarto, salió de la cueva y en cuanto vio al preso
se lanzó hacia él, pero este salió corriendo
mientras le iba echando panes al lagarto por las
calles de Jaén hasta que, al llegar a la plaza de
San Ildefonso, cambia los panes por el saco de
pólvora pinchado en la lanza, el monstruo se lo
tragó y reventó.
El albañil emparedador
Esta leyenda se refiere a un albañil en paro que fue
contratado, ya caída la tarde, en la Plaza Vieja, (Actual
Plaza de S. Francisco, en la que se encuentra la
Diputación Provincial) donde en los siglos XIX y XX
se concentraban a diario, los jornaleros y
trabajadores en paro, al cobijo de los soportales de
Correos y de las viejas carnicerías.
Al albañil en cuestión le vendaron los ojos y antes
de llegar al lugar en el que debería realizar el
arreglo, le hicieron callejear para despistarle y
que no reconociera el lugar a donde lo llevaban.
Cuando al fin se puso manos a la obra, su susto fue
mayúsculo al encontrarse con que tenía que levantar
una pared para tapar un hueco en el que se
encontraba un cadáver, mientras tañían las campanas
de una iglesia próxima.

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