Monumentos y Fiestas

Aracena - Ayuntamiento - Anibal González

 

 

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MONUMENTOS DE HUELVA

Torre de Punta Umbría

Torre Almenara - Punta Umbría - La Torre Almenara, conocida también como Torre Umbría, fue mandada construir por el Rey Felipe III entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. Situada entre la Torre Catalán y Torre Arenillas, en sus orígenes formaba parte de un sistema de vigilancia con hogueras, o sonando caracolas, utilizado para la defensa de la costa de los continuos ataques de los piratas turcos. Es una torre cilíndrica de 15 metros de altura y se construyó con un impuesto especial de un maravedí, por cada libra de pescado capturado por los marineros del lugar.

El Almonaster la Real

Cuenta la localidad de Almonaster la Real con un antiguo castillo situado en su parte más alta, erigido durante el Califato de Córdoba, reforzado durante el época de los almorávides y reconstruido tras la reconquista cristiana. En su perímetro amurallado destaca la silueta de la Torre del Alcaide, el camino de ronda y la conocida como la “puerta falsa”.

Este viejo castillo esconde dentro de sus murallas una joya poco conocida y difícil de imaginar que pueda existir en su interior: se trata de una singular y bella mezquita, único ejemplar de oratorio islámico que se conserva en la Sierra de Aracena, al norte de la provincia de Huelva, y sin duda el monumento más emblemático de esta población, testigo mudo de diferentes formas de expresión de la arquitectura religiosa a lo largo de los tiempos y por diferentes culturas dentro de un mismo emplazamiento.

En efecto, la actual mezquita fue construida sobre antiguos restos arquitectónicos romanos y visigodos, como lo demuestran las distintas piezas allí encontradas. Entre ellas se incluyen para el primer caso un ara funeraria y capiteles y fustes de columnas de estilos corintio y jónico; y para el segundo, un dintel monolítico tallado en granito y fragmentos de un altar visigótico y de un epitafio cristiano. Es conocida la costumbre de los primeros pobladores musulmanes en la península Ibérica, de asentar sus mezquitas sobre iglesias visigodas, como ocurrió también con la propia mezquita de Córdoba; siendo frecuente que éstas a su vez fueran asentadas sobre lugares de culto pagano de la época romana, dando forma así a un asentamiento religioso continuado para un mismo lugar.

Esta mezquita, construida aprovechando parte de los materiales anteriores ya existentes, cuenta con variados tipos de columnas y capiteles de distintas secciones y alturas, sobre los que descansan gruesos arcos de ladrillo bajo los muros que forman las cinco naves de la sala de oración cuyas gradas, al igual que en la de Córdoba, corren transversales a la quibla. Contiene entre sus valiosos elementos un mihrab realizado a finales del siglo IX que se considera de los más antiguos de la Península; éste, actualmente ha perdido su revestimiento y aparece como un nicho profundo de aspecto arcaico construido en ladrillo y piedra.

Todo el conjunto tiene un cierto encanto rústico, cuyo carácter parece tener su origen en ser una solución provinciana en el programa de edificaciones de la época de los califas.

Tras la conquista cristiana de la zona, siendo la Iglesia la inspiradora de esta gran empresa, pronto se necesitó un lugar para su culto, por lo que se cristianiza la mezquita realizando en ella algunas transformaciones como son la construcción de un ábside en el costado este y a continuación una sacristía; y en el costado oeste un pórtico -con lo cual adquiere el edificio un eje central nuevo, correspondiente a la nueva religión- y una torre campanario donde pregonar el triunfo de la nueva religión. Así, en el extremo sur se levanta esta torre que aprovecha la primitiva fábrica islámica, recreciendo sobre ella dos nuevos cuerpos para alojamiento de las campanas, y que se remata con una elegante balaustrada de piedra de estilo renacentista.

La evolución histórica de este castillo-mezquita ha sido el hilo conductor que ha servido de elemento puente entre las distintas generaciones y culturas de los moradores de esta tierra, llegando con plena vigencia hasta nuestros días acogiendo a la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción. Hoy, la mezquita es utilizada también para celebraciones de diversas actividades culturales en las que participa la comunidad islámica, como ejemplo de convivencia entre culturas.
Su indudable calidad arquitectónica e histórica, le valieron a este Castillo-mezquita su declaración de Monumento Nacional, publicado en La Gaceta de Madrid del año 1.931.  Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Convento e Iglesia de San Francisco - Ayamonte

A comienzos del s. XIV la villa de Ayamonte, junto con otras de la zona, pasa a manos de los Guzmanes. En 1.471 los Reyes Católicos otorgan al Duque de Béjar, don Pedro de Zúñiga, el título de marqués de Ayamonte, y algo más tarde el emperador Carlos I concede a don Francisco de Zúñiga y Guzmán II el título de Marqués y señor del estado de Ayamonte.

Este convento de San Francisco lo funda en 1.527 doña Leonor de Manrique y Castro, viuda de don Francisco de Zúñiga y Guzmán, marquesa de Ayamonte, aumentando una de sus descendientes, doña Teresa de Zúñiga, la gran duquesa de Béjar su extensión y su patrimonio. En él se guardó la Sagrada Reliquia del Santo Sudario que trajo don Francisco de Guzmán en el año 1.578.

La historia nos cuenta cómo más adelante, hacia 1.648, el convento se erige en foco de la conspiración por la independencia de Portugal y a favor del separatismo andaluz, en la que participan el entonces marqués de Ayamonte, Manuel Silvestre de Guzmán -que sería decapitado por ello-, y don Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, quienes pretendían que Andalucía fuera un reino soberano colocando en el trono al entonces duque de Medina Sidonia.

El convento, como tantos edificios, sufrió las consecuencias del terremoto de Lisboa del año 1.755 que lo destruyó parcialmente, y queda finalmente abandonado tras la desamortización de Mendizábal. Actualmente es una casa de vecinos, aunque se está trabajando por su reconstrucción.

El templo del convento, situado en las inmediaciones del palacio del marqués de Ayamonte, es el único resto actual del conjunto, junto con la Capilla de la Soledad, convertida hoy en museo que guarda el tesoro artístico de la Hermandad del mismo nombre. Quedó en pie la nave central de lo que había sido una iglesia de tres naves, resultando ser ahora una iglesia del tipo conocido como “de cajón”, al que luego se le adosaron algunas capillas en varios volúmenes prismáticos. Su actual y única nave, orientada en la dirección Este-Oeste queda rematada en su fachada con una alta y muy esbelta espadaña de doble cuerpo, de delicada silueta y perfil atrevido.

Interiormente consta de un sotocoro formado por dos series de arcos sobre columnas genovesas, adornados con pinturas esgrafiadas con párrafos del Libro de los Salmos y de los Proverbios, mas el cuerpo central, un sencillo volumen paralelepípedo de construcción mudéjar que se cubre con una espléndida techumbre de madera de lacería policromada, típica de la escuela sevillana del siglo XIV y una de los mejores de la provincia de Huelva, donde figuran los escudos de sus fundadores.

El presbiterio se separa del resto del templo por un gran arco de medio punto enmarcado por alfiz y adornado con pinturas similares a las del sotocoro y se cubre con una rica y complicada armadura ochavada sobre pechinas de madera, obra de la primera mitad del XVI. En su frente, su gran Retablo Mayor de estilo renacentista y de autor desconocido es obra de finales del siglo XVI, formada por cuatro cuerpos y cinco calles, siendo básicamente un retablo pictórico de óleos sobre lienzo con esculturas en su calle central; todo ello articulado a través de pequeñas columnas jónicas estriadas y entablamentos lisos, de gran efecto visual. A los lados existen pinturas que representan los escudos de armas del marquesado de Ayamonte y de la Casa de Béjar

Exteriormente posee una sencilla y elegante portada a modo de porche, de estilo renacentista; obra que puede fecharse dentro del siglo XVI, y que contiene a su derecha la citada Capilla de la Soledad, abierta al público como museo.

 Este templo, por sus indudables valores artísticos es hoy Bien de Interés Cultural, declarado Monumento Nacional según publicación de La Gaceta de Madrid, del año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

Iglesia de San Bartolomé - Villalba del Alcor

Villalba comienza a ser conocida a partir de la época musulmana cuando se convierte en población fronteriza entre los reinos de Niebla y Sevilla. Por ese motivo durante el siglo XII y en el período almohade se decide edificar aquí un castillo en la ladera de la sierra, conocido como el Castillo de Ostia. Cuando el rey Fernando III en 1248 conquista Sevilla y el Aljarafe cae también Villalba, aunque continúa como plaza fronteriza hasta la toma de Niebla en el año 1.262.

Por su excelente situación geográfica y dominando gran parte del Condado de Niebla, sobre su alcor se han ido superponiendo las sucesivas culturas históricas que han pasado a través de ella. Hoy la población se mantiene dominadora del paisaje, con la silueta, sólida y airosa a la vez de su iglesia parroquial de San Bartolomé, el excepcional resultado de la conversión en iglesia cristiana de su antiguo ribat-fortaleza y mezquita, una combinación singular que le confiere a su edificio más emblemático unas características arquitectónicas únicas.

Con la planta de forma cuadrangular propia de un ribat almohade, cuenta con una estructura interior de mezquita, con un patio de abluciones y una orientación Este para su nave original. Con la toma de la población por las fuerzas cristianas, en el siglo XV se construye sobre ésta otra nave de estilo mudéjar perpendicular a ella y más tarde se levantan sus portadas y se le van adosando capillas, dando forma así a un espacio religioso muy particular.

En síntesis, la actual iglesia está formada por un gran rectángulo flanqueada por cuatro torres, una en cada esquina, que queda dividido a su vez en los zonas en forma de L en torno a un patio central, la primera es la ocupada por la iglesia propiamente dicha y la segunda actualmente destinada a vivienda y dependencias parroquiales.

El interés excepcional del edificio está en que se puede ver en él cómo sobre un primer elemento básico se van asentando las distintas aportaciones de los siguientes estilos arquitectónicos y artísticos que se suceden, dando como resultado un conjunto único de singular belleza y armonía. El elemento base sobre el que se realiza el proceso es la construcción almohade, que impregna de su particular estética a todos los demás venidos a continuación, como son el mudéjar, el gótico, el renacimiento, el barroco, y hasta la funcionalidad de una vivienda moderna.

La reciente restauración realizada por los arquitectos Hernández Gimenez y Manzano Martos permite seguir el proceso de construcción del edificio, en el que se distinguen las siguientes fases: el siglo XII, para el conjunto inicial del que quedan el muro norte y las dos torres del mismo, al igual que la estructura propia de mezquita. De los siglos XIII y XIV parecen ser la nave sur y el patio, en cuya realización intervienen alarifes embutidos por la estética almohade. Entre los siglos XIV y XV se levanta la nave de levante y la intersección de ambas naves en el espacio central abovedado, que recuerda a una qubba musulmana. Y de finales del siglo XV y principios del XVI, las portadas.

A estos núcleos fundamentales se le van añadiendo luego otras naves menores siguiendo el sentido ortogonal o incluso saliendo fuera del recinto fortificado en forma de pequeñas capillas.

Del conjunto de estas intervenciones resulta el edificio actual, raro ejemplo de iglesia derivada de fortaleza y mezquita, que recuerda en su proceso evolutivo al existente en Almonáster, al norte de la misma provincia. En éste de Villalba destacan los limpios volúmenes cúbicos exteriores de sus recintos por donde se distribuyen como de forma aleatoria portadas, espadañas, contrafuertes y almenas, junto con huecos de diversos tipos y tamaños, todo ello sobre alta plataforma escalonada que realza aún más la espectacularidad del conjunto. En su interior se pueden ver hermosas pinturas murales y un valioso tesoro de orfebería litúrgica, además de la lápida de Marco Calpurnio que se conserva en el patio.

Por su singularidad y valores arquitectónicos, la iglesia es hoy Bien de Interés Cultural y está declarada como Monumento, según publicación aparecida en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Iglesia de San Pedro

La antigua Onub, ocupada por los musulmanes desde los primeros años de su entrada en la península Ibérica en el año 713, no consigue su reconquista a manos de los reyes cristianos hasta 1.257, año en que Alfonso X El Sabio logra entrar en la ciudad de Niebla y recuperar así toda esta zona para los reyes de Castilla. Desde entonces la población de Huelva pertenece a la Corona o a importantes señores feudales como son los duques de Medina-Sidonia, de cuyo señorío forma parte a mitad del s. XV; y gracias a su buena situación geográfica como centro de comunicaciones por mar, durante el XVI se convierte en una pujante población, origen de la ciudad actual.

La primitiva iglesia de San Pedro, fundada por esta época, es la más antigua de la ciudad. Se trata de un edificio de estilo gótico-mudéjar levantado en ladrillo sobre una anterior mezquita musulmana localizada junto al solar del antiguo castillo de la villa medieval, y su cronología puede fecharse entre los siglos XV o XVI.

Tanto su planta como su alzado responden al típico esquema de templo mudéjar dela zona: iglesia de tres naves -la central de mayor altura que las laterales-, separadas por arquerías de cinco arcos apuntados, y con ábside central de tipo poligonal realizado hacia 1.500. Exento de otras edificaciones, se eleva sobre una plataforma que contribuye a destacar su característica silueta y sus bellas líneas arquitectónicas.

No obstante y como tantos, el edificio presenta importantes reformas y añadidos, unos correspondientes al siglo XVII y otros, los más notables, al siglo XVIII, realizados éstos principalmente como consecuencia de los devastadores efectos del terremoto de Lisboa de 1755, cuando muchas de estas construcciones quedaron seriamente dañadas.

Entre lo más destacado de esta iglesia hay que citar su portada y el Retablo Mayor, obra barroca realizada entre los años 1730 y 1758 por el escultor Antonio de Carvajal y dorada por José Fernández del Hierro. Durante la Guerra Civil española, tanto la iglesia como este retablo sufrieron grandes daños, que fueron restaurados en los años posteriores a la contienda.

Otros elementos importantes son su valiosa techumbre de madera, que data del siglo XVII y con la que se cubre tanto su nave central -a base de armadura mudéjar con tirantes decorados- como las laterales -de colgadizo de madera y sustituidas desde el sismo de 1969 por planchas y vigas de hormigón que imitan a la anteriores-; la Capilla de la Inmaculada Concepción, realizada hacia el año 1535; el paño de fábrica mudéjar de su fachada meridional, y la torre.

Esta torre es una pieza de gran elegancia en dos cuerpos de altura, coronada por alto chapitel piramidal revestido con decoración de azulejos vidriados en blanco y azul, diseñada y construida entre 1.770 y 1.772 por Pedro de Silva, autor de otras tantas torres en toda la provincia, y hoy constituye una de las imágenes barrocas más apreciadas de la ciudad; sus múltiples pilastras cajeadas con decoración vidriada y los movidos remates de su cuerpo superior son el perfecto complemento de los balconcillos centrados de sus caras por donde asoman las campanas.

Las portadas laterales son obra barroca de Antonio de Figueroa, de entre 1771 y 1772. Entre sus bienes muebles es muy interesante un Niño Jesús de plomo conocido como “El Porterito”, del círculo artístico de Martínez Montañés y fechado en el s. XVII; una talla anónima del titular del templo, San Pedro, de la segunda mitad del s. XVI, una valiosa colección de obras de orfebrería, la sillería del coro y la reja de la Capilla de la Inmaculada, obras del s. XVIII.

Recientemente la Iglesia ha adquirido la categoría de Monumento, tras su declaración como Bien de Interés Cultural obtenida por publicación en BOJA del año 1.999. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Castillo de Sancho IV

Se aprovechan sus cualidades arquitectónicas para celebrar en su interior y alrededores numerosos actos encuadrados dentro de la programación cultural de los veranos y de las Jornadas Medievales (Principios de Agosto).

Se debió construir a finales del siglo XIII (hacia 1293) por orden del Rey Sancho IV el bravo, como parte de la llamada "Banda Gallega", línea defensiva paralela a la frontera portuguesa. En este punto concreto, se defendía a la ciudad de Sevilla ante posibles invasiones desde el país vecino, ya que en la época existió una fuerte disputa sobres las fronteras de ambos reinos. Otros castillos de este mismo sector son los de Aroche, Aracena y (ya en la provincia de Sevilla), Castillo de las Guardas. El sistema defensivo se completaba con una serie de torres intercomunicadas con ahumadas de día y hogueras de noche.

Hay que destacar que el castillo no fue asentamiento feudal, sino que está más en la línea de fortificaciones costruidas en apoyo a la reconquista, o para estabilizar las fronterass entre reinos peninsulares. Estuvo regido por un alcaide, y a lo largo de su historia sufrió numerosos deterioros, motivados unos por el progresivo abandono en que fue cayendo al cesar su finalidad militar, y otros, debidos a causas naturales, como los ocasionados por el mismo terremoto que arrasó Lisboa a principios del siglo XVII. Ha sido objeto de varias reparaciones, la más importante de las cuales fue la restauración realizada en los primeros años de la década de los setenta, que lo devolvió a su primitivo estado.

El castillo Fortaleza consta de dos sectores: una primera muralla defensiva, la Barbacana, restaurada parcialmente, y el castillo propiamente dicho. Este se divide a su vez en dos partes: el patio de armas y el alcázar, flanqueado por seistorres. Bajo el patio se halla un gran algive que se conserva casi intacto, y que servía de suministro de agua al castillo. El alcázar consta de dos plantas superpuestas que sirbieron para la habitación del Alcaide, almacén y mazmorra. Una terraza corrida sirve de techo al Alcázar. En ella sobresale la Torre del Homenaje, De construcción ligeramente posterior al resto del edificio, y que es su punto más alto. Un largo paseo de ronda circunvala toda la construcción.

En la actualidad, continua perteneciendo al Ayuntamiento de Sevilla, pero los organismos ocupados de su mantenimiento son el Ayuntamiento de Cortegana y la Asociación de Amigos del Castillo, junto con otras instituciones autonómicas y nacionales. Está declarado como Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento. Fuente del artículo: www.sol.com

Convento de Santa Clara - Moguer

1492 fue un año histórico para la villa marinera de Moguer, que tuvo un papel altamente destacado en la aventura del Nuevo Mundo, pues el apoyo dado a Cristóbal Colón por doña Inés Enríquez, abadesa del Convento de Santa Clara y tía del rey don Fernando el Católico, fue decisivo para la consecución del primer viaje americano. La empresa en sí tuvo además a otros destacados personajes de la localidad, los hermanos Niño, y a la carabela Santa Clara o La Niña, “...la más marinera y aderezada”, construida en sus astilleros.

Creado por el Almirante de Castilla y primer señor de Moguer, don Alonso Jofre Tenorio junto con su mujer doña Elvira Alvarez en 1337, el convento de Santa Clara se funda para albergar en él a monjas clarisas, quienes residen en este monasterio hasta principios del siglo XX.

Es esta la joya arquitectónica de Moguer, un magnífico conjunto conventual rodeado de muros de gran sobriedad que le da cierto carácter de fortaleza. Posee dos importantes claustros mudéjares de los siglos XIV y XV: el Claustro Grande o de las Madres, recinto cuadrado cerrado por cuatro arquerías ojivales de ascendencia almohade, cuya arquería baja forma el claustro conventual más antiguo de Andalucía y desde el que se divisa la espadaña cuyas campanas fueron las primeras en anunciar el descubrimiento de América; y el Claustrillo, muy similar al existente en el cercano convento de La Rábida. Entre sus dependencias principales cabe destacar el Refectorio, la Sala Capitular, el dormitorio renacentista datado en 1589, y la enfermería del siglo XV.

La iglesia conventual construida entre los años 1338 y 1405 es de estilo gótico-mudéjar, de planta de salón y sin crucero. Está dividida por arcos apuntados en tres naves –la central más alta y larga que las laterales- cubiertas por bóvedas de crucería y con ábside poligonal que prolonga su nave central por la cabecera, siendo las laterales de testero plano. Su fábrica es de ladrillo, excepto en los elementos de soporte y nervios de la bóveda que son de cantería, y al exterior muestra sus robustos contrafuertes.

El Retablo Mayor es obra de Jerónimo Velázquez, realizado entre 1635 y 1640. Frente a él se sitúa un coro bajo que posee una espléndida sillería de estilo mudéjar nazarí del s. XV única en su estilo, cuyos brazos reproducen los leones de la Alambra, mientras que en los respaldos aparecen los escudos de las religiosas. El antecoro está cubierto por un elegante artesonado mudéjar y alberga en sus vitrinas obras de canto gregoriano del siglo XV.

Ante el altar se halla el gran conjunto escultórico formado por el panteón familiar de los Portocarrero, siguientes señores de Moguer y patronos del monasterio. Consta de nueve enterramientos y es una magnífica obra realizada en alabastro en el s. XVI, a excepción del enterramiento de D. Juan Portocarrero y Dña. María Osorio que fueron labrados en mármol blanco por los italianos Cian Giacome della Porta y Giovanni María da Fasallo en 1548.

Entre otros valiosos bienes muebles del convento destacan las puertas del coro, del siglo XV; el Retablo de la Circuncisión del Señor, obra de Martínez Montañés, el Niño Jesús de las Lágrimas, del siglo XVIII, obra de La Roldana; los libros de coro del siglo XV y el conjunto de dalmáticas de los siglos XVII y XVIII.

El monasterio de Santa Clara es, junto con el convento de La Rábida y la iglesia de San Jorge de Palos, uno de los edificios emblemáticos del descubrimiento de América y elemento clave en la aventura americana; frecuentado por Cristóbal Colón durante sus estancias en Moguer, se sabe que aquí veló y oró a su regreso de las Indias la madrugada del 16 de marzo del año 1.493. En la actualidad es sede del Museo Diocesano de Huelva de Arte Sacro, está catalogado como Bien de Interés Cultural y es Monumento Nacional desde 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.                                                                                

Iglesia de San Juan de la Palma - La Palma del Condado

Durante el tercer cuarto del siglo XVIII se vive en la zona de Huelva un intenso proceso constructivo, especialmente debido a las consecuencias del tristemente célebre terremoto de Lisboa del año 1755 que afectó sobre todo al área onubense, donde muchos edificios religiosos, los únicos con cierta altura, tuvieron que rehacerse al haberse caído o quedado en mal estado. Cuando este proceso ya estaba en marcha, otro terremoto -en 1761- agravó todavía más la situación de los edificios que aún quedaban en pie, por lo que hubo que reconstruir la mayoría de sus iglesias parroquiales, especialmente sus torres, que se derrumbaron todas casi sin excepción.

Esta reconstrucción fue llevada a cabo en gran parte por arquitectos sevillanos, ya que entonces la actual provincia de Huelva pertenecía a la diócesis de Sevilla, siendo quizás el más destacado Pedro de Silva (1.715-1.782), buen exponente de la arquitectura barroca tardía de la Andalucía Occidental, y nombrado Maestro Mayor del Arzobispado hispalense en 1.756.

Así, arruinada la primitiva iglesia mudéjar de La Palma del Condado a consecuencia de aquel primer terremoto se comienza la edificación de un nuevo templo bajo la dirección del arquitecto Pedro de San Martín, quien utiliza sus propias trazas para su realización.

En 1.759 Pedro de Silva asume la dirección de las obras, ya avanzadas hasta la altura de cornisas, correspondiéndole a él por tanto cerrar las bóvedas, levantar la torre y trazar la portada, ocupándose de estos trabajos hasta 1.776, año en que se concluye este gran templo. De la mano del maestro de obras local Francisco Díaz Pinto, su construcción es bastante conservadora en su interior, donde muestra la disposición tradicional de las clásicas tres naves con cúpula sobre el crucero, y contrasta con la dinámica resolución de sus elementos exteriores, especialmente en su fachada principal, enjalbegada de blanco y perfilada con bellas líneas ondulantes de ritmo ascensorial, en cuyo remate superior destaca la presencia de un pequeño templete en el centro y pináculos apiramidados en los laterales.

Especial mención merece su portada, realizada a modo de retablo en perfecto aparejo de ladrillo y con clara simbología de arco de triunfo, cuyo color rojizo contrasta con el blanco del resto de la fachada. Planteada en dos cuerpos de altura, en el primero y enmarcado por columnas jónicas pareadas con hornacinas intermedias se dispone el vano central de acceso acabado en arco de medio punto. El segundo cuerpo, más reducido, alberga otra hornacina central donde figura una imagen de la Inmaculada sobre un potente y dinámico balcón mixtilíneo ondulado resalta esta parte superior de la portada, rematada con frontón curvo enmarcado por ligeros pináculos.

Especial acierto tuvo De Silva en el diseño de la torre, ubicada en su flanco izquierdo; quizás la más airosa de todas cuantas se trazaron en esta época en el área onubense. Su alto fuste cuadrado abierto sólo en pequeñas ventanas más un balcón superior se remata con un elegante cuerpo de campanas abierto en tres arcos desiguales en cada uno de sus frentes. Singular atractivo presenta en aquí la aplicación de las clásicas piezas de azulejos bicromados en azul y blanco tan habitual en esta zona, que siguiendo esquemas geométricos revisten el campanario, la balaustrada que lo corona y el esbelto y puntiagudo chapitel, intensificando así el espíritu de ligereza ascensorial que caracteriza a este elemento.

Bien de Interés Cultural, esta iglesia goza hoy de la declaración de Monumento Nacional, según su publicación aparecida en BOE en el año 1.983. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores - Aracena

La localidad de Aracena, capital de la Sierra de su nombre y declarada de Interés Turístico Nacional, desciende formando círculos desde el castillo construido en la cima de su cerro por los portugueses en el s. XIII sobre la aldea almohade de Cartasana, en época de continuas guerras fronterizas con el vecino reino de Castilla. De aquél viejo castillo se conservan el recinto central, una torre, dos aljibes y lienzos de las cercas que protegían la antigua población.

Mejor suerte ha tenido la Iglesia de los Templarios, la parroquia más antigua de la ciudad levantada en su interior, sustituyendo posiblemente a una antigua mezquita, que se alza impasible en el lado oriental del recinto dominando la población y la sierra.

Su fábrica de granito es una de las construcciones más antiguas e interesantes de la provincia. Construida entre los siglos XIII y XV, en ella se da culto a la Virgen del Mayor Dolor, patrona de la ciudad. Tuvo una primera etapa constructiva hacia 1260, de la que subsisten la cabecera, el primer tramo de las naves y el atrio que ocupa toda la fachada. El resto del templo, naves y portadas del evangelio y principal, se acomete a finales del s. XV en estilo gótico tardío. Otras partes de la iglesia son mudéjares, como la torre y la fachada de la epístola.

El templo tiene tres naves sin crucero y coro alto a los pies de finales del siglo XVI cerrado con antepecho calado. La cabecera poligonal posee contrafuertes exteriores, algunos eliminados al añadírsele un camarín barroco. Las bóvedas de las naves se sitúan a igual altura y al exterior la cubierta es una azotea que parece estuvo almenada y pudo tener función defensiva o militar. El ábside, precedido de un tramo rectangular con nervio central conserva sus bóvedas de crucería. En el interior se ven claramente sus etapas constructivas: el primer tramo, contemporáneo a la cabecera, tiene pilares rectangulares con medias columnas adosadas en los frentes, mientras los restantes soportes de la nave central tienen sección romboidal sobre zócalo alto.

La fachada principal presenta un pórtico cubierto con crucería y tres grandes arcos apuntados apoyados en pilares con medias columnas en los frentes, que hace las veces de atrio. Tras él se sitúa la llamada Puerta Real, compuesta con agujas terminadas en pináculos que centran un gablete con arquivoltas y una red de rombos con motivos florales.

Del exterior lo más notable además de la portada es su soberbia torre mudéjar de base cuadrada y rematada de almenas, que le da un claro aspecto militar y de defensa. Situada en la nave del evangelio y junto a la cabecera, parece haber estado adosada a una edificación anterior y está decorada en un solo frente, donde luce la clásica decoración almohade en paños cuadrados de sebka formados por lazos de arquillos polilobulados entrelazados que arrancan de finas columnillas en su base, siguiendo el modelo de otras torres almohades de la región, aunque algo más pobre y tosca. En el cuerpo inferior, dos grandes arcos apuntados también lobulados entre una columna central y pilares en los extremos forman la base y el inicio de la decoración.

De la obra mueble gótica del templo no queda nada. Las tablas de San Ginés y Santa Brígida desaparecieron en 1936 al igual que el Calvario ubicado en la viga de la iglesia. En cambio existen dos excelentes esculturas: una imagen yacente, del s XVI de Miguel Florentín, artífice italiano afincado en Sevilla, y la espléndida Virgen del Mayor Dolor del s XIX, de Juan de Astorga. Hoy la iglesia presenta buen estado de conservación tras las restauraciones de 1956 y 1971.

Catalogada Bien de Interés Cultural, su declaración como Monumento Nacional se publicó en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

Iglesia de San Jorge - Palos de la Frontera

Esta interesante iglesia posee la cualidad de ser un edificio histórico de primer orden ya que se sabe que en ella, reunidos el Cabildo de la villa y los vecinos a toque de campana, se dio lectura en mayo de 1492 a la Real Pragmática por la que se ordenaba la entrega de dos carabelas al almirante Cristóbal Colón para que pudiera llevar a cabo su innovadora empresa, y se instaba asimismo al reclutamiento de marinos de la localidad para formar parte de ella. Con la aportación de Martín Alonso Pinzón, natural de esta villa, Palos de la Frontera entra de lleno en la Historia. 

Este hecho de singular trascendencia, ocurrió en el interior de esta Iglesia de San Jorge Mártir, templo de estilo gótico-mudéjar, cuyo cuerpo principal debió ser costeado por los Condes de Miranda a mediados del siglo XV, muy probablemente sobre otra edificación más antigua levantada durante los siglos XIII ó XIV. 

Se trata de una iglesia muy sobria y austera, como corresponde a las construcciones de aquella época, marcada por los fuertes estribos, las líneas sencillas de su puerta principal  construida en piedra a mediados del s. XV, y las almenas de sus muros, que le dan un cierto aire militar. Todo ello contrasta con la denominada Puerta de los Novios por la que salieron los marinos para embarcarse en aquella madrugada del 3 agosto de 1492 que, decorada con una delicada labor de ladrillo en dos tonos de color, la convierte en un hermoso ejemplo de la arquitectura mudéjar y uno de los mejores ejemplos de toda la provincia de Huelva.

De planta rectangular, en su interior se disponen tres naves con crucero más tres capillas laterales, dos en el lado del evangelio, y una en el de la epístola. El material base de su construcción es el ladrillo visto, aunque también posee elementos de piedra, como la portada de los pies, y así como otros de madera. 

Esta iglesia parece ser el resultado de una evolución constructiva en el tiempo, pues si bien es cierto que el núcleo principal conserva la esencia de una edificación antigua, su cabecera parece el principio de lo que pudo ser un suntuoso templo gótico, de no haber sido por que se tuvieron de paralizar las obras a comienzos del s. XVI.

Existen también elementos arquitectónicos posteriores a los ya citados, como el actual campanario, obra de la segunda mitad del s. XVIII, realizado sobre un sobrio fuste cuadrado de ladrillo; posee un solo cuerpo de campanas de moderado estilo barroco y está rematado por un sencillo chapitel de base piramidal revestido de cerámica vidriada. Igual sucede con parte del coro y la bóveda de una de las capillas, cuyas obras, al igual que el campanario, se llevaron a cabo durante las reparaciones efectuadas para solucionar los desperfectos ocasionados por el tristemente célebre terremoto de Lisboa del año 1755.

En su interior destaca una imagen de alabastro de Santa Ana del s. XV, la azulejería que representa a los santos Getulio y Cereal, donde se advierten influencias de los maestros italianos del XVII, los distintos frescos con temas de Santiago, la Virgen y San Jorge, y las imágenes polícromas de Santa Ana, obra de Hernando de Uceda de 1561, así como el Cristo de la Sangre, obra de finales del XVI.

Bien de Interés Cultural, por sus valores históricos y arquitectónicos se cataloga como Monumento Nacional, según publicación aparecida en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Casa Colón

Se inauguró en 1883 como Gran Hotel Colón. En este establecimiento de lujo, compuesto por cuatro edificios, tuvieron lugar los actos conmemorativos del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Su estructura es una mezcla de distintos estilos arquitectónicos (inspiración británica, elementos coloniales...). El gran salón, ubicado en la parte norte del edificio albergó la vida social onubense durante años y sus jardines, de gran extensión y belleza, fueron lugar para la contemplación y el esparcimiento. En la actualidad, la construcción alberga al Palacio de Congresos, Salas de Exposiciones, el Archivo Municipal y distintas dependencias municipales.   

Catedral de Nuestra Señora de La Merced 

De entre todas las iglesias de Huelva, la iglesia parroquial de la Merced fue elegida, por su historia y fisonomía, como sede del cabildo y catedral al ser desgajada la diócesis de Huelva de la Archidiócesis de Sevilla el 26 de noviembre de 1953. La iglesia se estrenó como catedral de Huelva el 15 de marzo de 1954.

El convento de la Merced fue levantado por orden de Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia y señor de Huelva en esta época. La iglesia, actual catedral de Huelva, servía de capilla para los cultos del convento de los Mercedarios Descalzos, y fue fundado en 1605. El lugar, desde el siglo XVI, estaba ocupado por una construcción anterior que se desconoce. La iglesia de La Merced con su aspecto actual es fruto de obras a lo largo de tres siglos por lo que la fachada primigenia presumiblemente tendría otra fisonomía. El conjunto, iniciado de inspiración renacentista y continuado siguiendo los modelos del Barroco, tiene un cierto sabor colonial, sin perder su esencia conventual. La autoría original no está aún determinada y puede ser atribuida a uno de los siguientes arquitectos: Alonso de Valdevira, maestro mayor de obras de El Condado, Fray Juan de Santa María o el maestro mayor Martín Rodríguez de Castro. Se inicia su construcción en 1605 con dirección del maestro albañil Pedro Gómez Utebami y las obras más importantes finalizaron entre 1612 y 1615.

La estructura original duró apenas un siglo, debido a que la ruina amenazaba el conjunto ya en 1714 y el terremoto de Lisboa de 1755 resintió la edificación de manera grave, dejando destruida la capilla de San Cayetano. A pesar de ello, el siguiente seísmo en 1765 fue el que terminó de afectar gravemente a la Iglesia y Convento de La Merced, siendo necesaria una remodelación integral. A finales del siglo XVIII, bajo proyecto de Pedro de Silva, ya en puro estilo barroco, se erigió el nuevo templo, encargándose de las obras Ambrosio de Figueroa y a su muerte en 1775, las continúa Francisco Díaz Pinto. Esta remodelación que conformaría el aspecto actual de la Iglesia de la Merced duró hasta bien entrado el siglo XIX.

Los principales trabas en la larga reforma de la iglesia fueron la invasión napoleónica de Huelva de 1811, la supresión de los señoríos en 1811 (ya que seguía vinculado a la Casa de Medina Sidonia) y la supresión de las comunidades religiosas masculinas por el ministro Mendizábal en 1835. La desamortización de Mendizábal (1835), al igual que en otros inmuebles de la Iglesia en España, provocó que el convento de La Merced pasara a manos públicas, en este caso la Diputación provincial. Este organismo fue el encargado de impulsar la reanudación de las obras en La Merced. La iglesia siguió abierta al culto y el convento sirvió como instalaciones militares desde 1844. Posteriormente a partir de 1861 el antiguo convento cambió de uso y alojó a un Instituto de Segunda Enseñanza y Escuela Normal de Maestros. También ha albergado la sede de la Diputación y del Instituto General Técnico y ha servido como Hospital Provincial, alzando para este uso sanitario un tercer piso en 1957. Actualmente es la sede central de la Universidad de Huelva, además de las facultades de Derecho y Económicas.

El 22 de agosto de 1877, la Diputación Provincial de Huelva concluyó la restauración de todo el histórico edificio. En la ultima década del siglo XIX se llevan a cabo retoques de remodelación y se concluye así el proyecto decorativo del interior, manteniendo el estilo barroco como predominante del conjunto. En 1915, ante el problema de la falta de campanas que convocasen a los actos litúrgicos, se levantaron sobre las inacabadas torres laterales de la fachada principal, las actuales espadañas de doble cuerpo de inspiración colonial.

En 1953 con la creación de la nueva diócesis onubense se elige la iglesia parroquial de La Merced como nueva catedral. El 28 de febrero de 1969 un nuevo terremoto azotó la zona (con este son tres los que dañan la estructura del edificio) y volvió a ser clausurada para una necesaria restauración, bajo la dirección del arquitecto Rafael Manzano, finalizando en 1977 las obras. Para su protección, el 12 de marzo de 1970 fue firmado el decreto de declaración de la ya catedral de La Merced como Monumento Histórico-Artístico.

  • El edificio - Interior

  • El templo original renacentista construido en el siglo XVII por las sucesivas reformas fue convirtiéndose en iglesia de planta de salón de corte basilical de tres naves separadas por arcos de medio punto y crucero central. De su decoración destaca el Cristo de Jerusalén y la talla de la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad. Su vinculación a la Casa de los Guzmán queda patente en el panteón familiar de los Condes de Niebla (título dependiente del Ducado de Medina Sidonia), que alberga la iglesia.

  • Nave central

  • La nave central predomina sobre las laterales y está cubierta por bóveda de cañón dividida en cinco tramos. Los arcos formeros divisorios son de medio punto, y sobre ellos se eleva una tribuna corrida con balcones de reja de forja. En la entrada destaca el arco vaído que soporta el coro alto como prolongación de las tribunas laterales. La tribuna en desuso ya en época de su construcción pudo ser debida a la remodelación mercedaria medieval del edificio. La iglesia se sostiene mediante pilares, de los que destaca los cuatro de sección cruciforme que soportan la cúpula del crucero, con pilastras adosadas rematadas en capiteles corintios. Adosado al segundo pilar, está el púlpito, pieza del barroco purista, realizado alrededor de 1624, con decoración pictórica de comienzos del siglo XIX y relieves con los símbolos de la Orden de la Merced.

  • Naves laterales

  • Las naves laterales, divididas cuatro tramos y con retablos laterales de inspiración barroca, se cubren con bóvedas de arista. El fondo de las naves se decora con capilla en la nave derecha por la que se accede al campanario y la izquierda en antesacristía, por la que se comunicaba con el convento anexo. Sendas naves tienen tres altares en forma de retablos. A la derecha, cercano al altar mayor, un primer retablo de madera dorada y policromada del siglo XVIII con hornacina central, el retablo a la Virgen de la Cinta, atribuida a Juan Martínez Montañés y a Baltasar Quintero, y al fondo otro retablo de madera dorada y policromada con lienzo de San Lorenzo pintado por Herrera el Viejo, y decoración del siglo XIX. A la izquierda otro retablo de madera tallada, dorada y policromada decorado con rocallas decorado con lienzo del arcángel Rafael en su parte superior, en el centro de la nave otro retablo con un relieve de San Ramón Nonato, santo mercedario, con decoración del siglo XVIII y al fondo otro de similares características, esta vez del siglo XIX.

  • Crucero y presbiterio

  • El crucero se cubre con una amplia cúpula hemisférica sobre pechinas, que están decoradas con tondos pintados. La cúpula se cierra con tambor y linterna. En los laterales del crucero encontramos dos retablos barrocos, el situado en la nave del Evangelio o derecha se dedica a la Virgen de los Dolores, y en la nave de la Epístola o izquierda, el retablo del Sagrario, con talla de San José.

    El presbiterio de la iglesia precisaba de una remodelación para su nueva función catedralicia, colocando en él el coro para canónigos que se extiende desde el altar mayor hasta el crucero. Existe una capilla contigua con templete ejecutado en madera dorada, con decoración de rocallas del siglo XVIII. Tras el altar mayor encontramos el camarín dedicado a la Virgen de la Cinta, que llega al templo desde el Santuario de la Cinta en su festividad cada 8 de septiembre.

  • Fachada

  • La portada es de estilo barroco. Construida en ladrillo revocado, está organizada en tres cuerpos individualizados por cornisas. El inferior en que se enmarca el portón de entrada de medio punto, sirve como zócalo. La parte central está concebida a modo de gran retablo con hornacinas. Los laterales se decoran con pilastras que enmarcan el conjunto estilizando su estética. Una balaustrada sobre la cornisa divisoria corona el tramo central. La parte superior rematada con espadañas para las campañas sobresale del edificio. Otras iglesias de la provincia de Huelva basaron su diseño en la fachada de La Merced. El estilo de iglesias como La Merced sirvió para configurar en Latinoamérica el barroco colonial. Contiguo al templo se encuentra el antiguo convento de La Merced, hoy sede de la Universidad de Huelva, totalmente remodelado a lo largo del siglo XX.

Iglesia de San Pedro 

Es el templo más antiguo de la ciudad, perteneciente a los siglos XV y XVI, de estilo gótico-mudéjar. Compuesto por tres naves, separadas por arquerías y ábside poligonal, responde en planta y alzado al típico templo mudéjar sevillano. A partir del siglo XVII el edificio ha sufrido algunas reformas, de las cuales las más importantes se llevaron a cabo tras el terremoto de 1755.  

Monasterio de Santa María de la Rábida 

El Monasterio de la Rábida es un monasterio franciscano en el término municipal de Palos de la Frontera, en la provincia de Huelva. Erigido en los siglos XIV-XV, sobresalen por su interés artístico la iglesia gótico-mudéjar, así como las estancias decoradas con frescos de Daniel Vázquez Díaz, el claustro y el museo, donde se conservan numerosos objetos commemorativos del Descubrimiento de América. Tiene de 2.000 m² de extensión y es de planta irregular. El monasterio a lo largo de los más de 500 años de su historia ha sufrido modificaciones, sobre todo a raíz del terremoto de Lisboa de 1755. En él se hospedó Cristóbal Colón años antes de partir hacia el Nuevo Mundo. Declarado Monumento Nacional en 1856.

El monasterio se eleva sobre una alcor, que domina la confluencia de los ríos Tinto y Odiel, conocida desde antiguo como Peña de Saturno. Se sabe que hubo en tiempos de los fenicios un altar dedicado a su dios Baal (Hércules), y que más tarde los romanos eligieron este mismo lugar para venerar a su diosa Proserpina. Los árabes levantaron aquí un pequeño monasterio con monjes-caballeros como los de las órdenes cristianas. Este tipo de monasterio musulmán solía estar en la costa fronteriza y tomaba el nombre de rábida o rápita, de donde le viene la denominación. Los ascetas musulmanes se perfeccionaban espiritualmente al tiempo que defendían el lugar fronterizo. En el siglo XIII, pertenecía a los Caballeros Templarios, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Milagros.

En el siglo XV fue convento franciscano. La tradición cuenta que el propio san Francisco de Asís llegó a este lugar en compañía de 12 discípulos para fundar un pequeño y humilde monasterio franciscano. Dado el enclave que ocupaba, el lugar fue desde el principio un refugio o fortaleza para defenderse de los ataques frecuentes de los piratas que merodeaban la costa. El papa Eugenio IV otorgó una bula de indulgencias para todo aquel que ayudara en este sitio a los viajeros necesitados. Gran parte de los edificios conventuales fueron construidos en aquellos años (primeros del siglo XV). Los nobles de la comarca y los vecinos del lugar ayudaron y colaboraron en gran medida. El monasterio cobró gran importancia en la historia a partir de la llegada de Cristóbal Colón que encontró refugio y atención entre los frailes de La Rábida.

Después de Guerra de la Independencia Española y de la Desamortización de Mendizábal el monasterio quedó casi en la ruina hasta que en 1855 se llevó a cabo una restauración por iniciativa de los condes de Motpensier y de la Diputación Provincial. En 1882 el rey Alfonso XII visitó el monasterio y apoyó una segunda iniciativa de rehabilitación y mejora con el fin de conmemorar años más tarde el IV Centenario del Descubrimiento de América. Dirigió las obras en esta ocasión el arquitecto Velázquez Bosco que supo respetar el ambiente y el espíritu del edificio original.

  • El edificio - Iglesia

  • No se puede precisar con seguridad la fecha de su construcción. Uno de los elementos que se conservan con mayor antigüedad es un arco que da entrada a una pequeña capilla. Se pueden ver algunos frescos originales que son piezas de arte de gran valor. El techo está cubierto por un artesonado pintado con minuciosidad, de influencia mudéjar, bien conservado. Sobre las paredes hay cuadros del pintor Juan de Dios del siglo XVIII, con representaciones de la vida de san Francisco. Presidiendo el altar mayor está la escultura de un cristo que sustituyó a uno anterior antiguo destruido durante la Guerra Civil Española. En el muro sur hay una pequeña capilla dedicada a la patrona de La Rábida, la Virgen de los Milagros.

  • Claustro

  • De estilo mudéjar, data del siglo XV y se conserva en buen estado. En el siglo XVII fue ampliado con otro piso construido con almenas para la defensa de las invasiones piratas. Está decorado con pinturas de época reciente y con algunos fragmentos que se conservan de pinturas originales. En el segundo piso hay un exposición permanente de maquetas a escala de las tres carabelas: La Pinta, La Niña y la Santa María.

  • Sala capitular

  • Es una sala rectangular, amplia y luminosa donde en tiempos de Colón, los frailes se reunían con él y escuchaban y debatían sus teorías y proyectos de navegación. Se le ha dado el nombre de “Sala de las conferencias de Colón”. Tiene un buen artesonado que data del siglo XVIII. En 1992 (celebración del IV Centenario) fue utilizado como sede de un consejo de ministros presidido por el rey Juan Carlos I.

  • Otras dependencias

  • El refectorio es una sala rectangular con un púlpito encalado para la lectura.  La biblioteca guarda documentos y objetos de valor histórico, como un mapamundi de Juan de la Cosa en el que aparece por primera vez la costa americana. Existe una sala donde se exhiben las banderas de cada uno de los países americanos y una arqueta que contiene tierra americana.

  • Alrededor de un pequeño patio adornado con numerosas plantas y flores, se encuentran unas salas decoradas con frescos en colores pastel, obra del pintor español Daniel Vázquez Díaz realizadas en 1930. Los temas de estas pinturas discurren en torno a Colón, su expedición, su partida y demás hechos históricos. El estilo de las pinturas es de un incipiente cubismo recién aprendido por el autor en París.

  • Entorno del monasterio

  • En una rotonda situada en los jardines se encuentra la Columna de los Descubridores, obra que se levantó para conmemorar el IV Centenario. Es de piedra muy blanca y está tallada con numerosas figuras y escenas sobre el tema de la colonización americana.

    Frente a la puerta de entrada puede verse una cruz de hierro y los bustos de los franciscanos fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena. Junto a la entrada de la tienda de recuerdos puede verse una placa de azulejos con la siguiente inscripción:

    La Rábida es la primera afirmación del movimiento hispanoamericano. El lugar donde se engendró el Nuevo Mundo es sagrado para la emoción racial. El español o americano que sienta hondo y eleve el pensamiento ¿no nos ayudará en nuestros propósitos de convertir en amor y paz la fuerza que irradia este humilde monasterio? El Cristo ante el cual oraron Colón, fray Juan Pérez, Marchena y los Pinzones abre sus brazos a los hombres de todas las creencias y buena voluntad.

  • Virgen de los Milagros

  • Patrona del monasterio, de pequeño tamaño, esculpida en alabastro, artísticamente pertenece a la escuela andaluza del siglo XIV. Según una leyenda sin base histórica, esta imagen fue traída en uno de sus viajes por un marinero de Palos de la Frontera y después, a la llegada de los árabes, fue ocultada en el fondo de la ría. Más tarde la rescataron con sus redes unos pescadores y la devolvieron a la iglesia del monasterio. Sí corresponde a la historia el hecho de que Colón y parte de su tripulación oraron ante esta imagen horas antes de iniciar el viaje que les llevaría a las costas del Nuevo Continente.

Monumento a Colón

Este monumento levantado en honor de la figura de Cristóbal Colón se sitúa en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Obra de la escultora norteamericana Whitney, fue construido en 1929. 

Museo de Huelva 

Sus colecciones están estructuradas en dos secciones, la primera dedicada a la Arqueología, muestra el origen del universo, la historia paleontológica y geológica de Huelva y la actividad humana y la historia de sus pobladores desde el Paleolítico. Y la segunda, la sección de Bellas Artes que se centra en el arte de Huelva en el siglo XX, facilitando la bipolaridad entre exposiciones temporales y exposiciones permanentes. 

Santuario de Nuestra Señora de la Cinta

Su construcción, de estilo gótico, data del siglo XV y en él se venera la imagen de la Patrona de la población. Se compone de tres naves construidas en ladrillo, con arco de herradura mudéjar en el centro. En el interior puede contemplarse una pintura mural que alude a la figura de la Virgen de la Cinta. El edificio ha sufrido varias transformaciones a lo largo del tiempo.

 

 

 

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FIESTAS

Carnaval Huelva, Febrero de 2004  

En febrero el Carnaval con el popular entierro del ‘Choco’ que congrega a numerosas ‘viudas’. En el Carnaval también se celebran concursos de agrupaciones carnavalescas, la Gran Cabalgata, la Maratón Ciclista, el Carrusel de las Agrupaciones Garbanzada, Castillo de fuegos artificiales y el Gran baile de disfraces con la entrega de los premios. Tiene lugar en el mes de febrero.

San Sebastián Huelva, Enero de 2005  

Se celebra el fin de semana después del 20 de enero. Si cae en sábado o domingo se celebra ese fin de semana. 

Semana Santa Huelva, Marzo de 2005  

Es una celebración religiosa en conmemoración a la muerte y resurrección de Jesucristo. Durante esta semana desfilan 23 cofradías con sus pasos por las calles de Huelva. Es una de las fiestas, más celebrada e importante, al igual que en otros muchos lugares andaluces.   

El Rocío Huelva, Mayo de 2005  

La Romería de El Rocío se celebra todos los años coincidiendo con el Domingo de Pentecostés, siendo al día siguiente la procesión de la Virgen de El Rocío. En esta Romería acuden Hermandades procedentes de todo el mundo. La Romería consiste en un camino que se realizan las Hermandades a pie o a caballo, que es la forma habitual que