![]()
Si encuentras algún error, o conoces información que deba ser incluida, o eres autor de alguna fotografía y/o artículo de algún monumento de España y deseas que se te haga referencia, contáctame mediante este correo y lo haré con gusto: esf@espanolsinfronteras.com
Torre de Punta Umbría Torre Almenara - Punta Umbría - La Torre Almenara, conocida también como Torre Umbría, fue mandada construir por el Rey Felipe III entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. Situada entre la Torre Catalán y Torre Arenillas, en sus orígenes formaba parte de un sistema de vigilancia con hogueras, o sonando caracolas, utilizado para la defensa de la costa de los continuos ataques de los piratas turcos. Es una torre cilíndrica de 15 metros de altura y se construyó con un impuesto especial de un maravedí, por cada libra de pescado capturado por los marineros del lugar. El Almonaster la Real Cuenta la localidad de Almonaster la Real con un antiguo castillo situado en su parte más alta, erigido durante el Califato de Córdoba, reforzado durante el época de los almorávides y reconstruido tras la reconquista cristiana. En su perímetro amurallado destaca la silueta de la Torre del Alcaide, el camino de ronda y la conocida como la “puerta falsa”. Este viejo castillo esconde dentro de sus murallas una joya poco conocida y difícil de imaginar que pueda existir en su interior: se trata de una singular y bella mezquita, único ejemplar de oratorio islámico que se conserva en la Sierra de Aracena, al norte de la provincia de Huelva, y sin duda el monumento más emblemático de esta población, testigo mudo de diferentes formas de expresión de la arquitectura religiosa a lo largo de los tiempos y por diferentes culturas dentro de un mismo emplazamiento. En efecto, la actual mezquita fue construida sobre antiguos restos arquitectónicos romanos y visigodos, como lo demuestran las distintas piezas allí encontradas. Entre ellas se incluyen para el primer caso un ara funeraria y capiteles y fustes de columnas de estilos corintio y jónico; y para el segundo, un dintel monolítico tallado en granito y fragmentos de un altar visigótico y de un epitafio cristiano. Es conocida la costumbre de los primeros pobladores musulmanes en la península Ibérica, de asentar sus mezquitas sobre iglesias visigodas, como ocurrió también con la propia mezquita de Córdoba; siendo frecuente que éstas a su vez fueran asentadas sobre lugares de culto pagano de la época romana, dando forma así a un asentamiento religioso continuado para un mismo lugar. Esta mezquita, construida aprovechando parte de los materiales anteriores ya existentes, cuenta con variados tipos de columnas y capiteles de distintas secciones y alturas, sobre los que descansan gruesos arcos de ladrillo bajo los muros que forman las cinco naves de la sala de oración cuyas gradas, al igual que en la de Córdoba, corren transversales a la quibla. Contiene entre sus valiosos elementos un mihrab realizado a finales del siglo IX que se considera de los más antiguos de la Península; éste, actualmente ha perdido su revestimiento y aparece como un nicho profundo de aspecto arcaico construido en ladrillo y piedra. Todo el conjunto tiene un cierto encanto rústico, cuyo carácter parece tener su origen en ser una solución provinciana en el programa de edificaciones de la época de los califas. Tras la conquista cristiana de la zona, siendo la Iglesia la inspiradora de esta gran empresa, pronto se necesitó un lugar para su culto, por lo que se cristianiza la mezquita realizando en ella algunas transformaciones como son la construcción de un ábside en el costado este y a continuación una sacristía; y en el costado oeste un pórtico -con lo cual adquiere el edificio un eje central nuevo, correspondiente a la nueva religión- y una torre campanario donde pregonar el triunfo de la nueva religión. Así, en el extremo sur se levanta esta torre que aprovecha la primitiva fábrica islámica, recreciendo sobre ella dos nuevos cuerpos para alojamiento de las campanas, y que se remata con una elegante balaustrada de piedra de estilo renacentista.
La evolución histórica de este
castillo-mezquita ha sido el hilo conductor que ha servido de elemento
puente entre las distintas generaciones y culturas de los moradores de
esta tierra, llegando con plena vigencia hasta nuestros días acogiendo a
la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción. Hoy, la mezquita es
utilizada también para celebraciones de diversas actividades culturales
en las que participa la comunidad islámica, como ejemplo de convivencia
entre culturas. Convento e Iglesia de San Francisco - Ayamonte A comienzos del s. XIV la villa de Ayamonte, junto con otras de la zona, pasa a manos de los Guzmanes. En 1.471 los Reyes Católicos otorgan al Duque de Béjar, don Pedro de Zúñiga, el título de marqués de Ayamonte, y algo más tarde el emperador Carlos I concede a don Francisco de Zúñiga y Guzmán II el título de Marqués y señor del estado de Ayamonte. Este convento de San Francisco lo funda en 1.527 doña Leonor de Manrique y Castro, viuda de don Francisco de Zúñiga y Guzmán, marquesa de Ayamonte, aumentando una de sus descendientes, doña Teresa de Zúñiga, la gran duquesa de Béjar su extensión y su patrimonio. En él se guardó la Sagrada Reliquia del Santo Sudario que trajo don Francisco de Guzmán en el año 1.578. La historia nos cuenta cómo más adelante, hacia 1.648, el convento se erige en foco de la conspiración por la independencia de Portugal y a favor del separatismo andaluz, en la que participan el entonces marqués de Ayamonte, Manuel Silvestre de Guzmán -que sería decapitado por ello-, y don Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, quienes pretendían que Andalucía fuera un reino soberano colocando en el trono al entonces duque de Medina Sidonia. El convento, como tantos edificios, sufrió las consecuencias del terremoto de Lisboa del año 1.755 que lo destruyó parcialmente, y queda finalmente abandonado tras la desamortización de Mendizábal. Actualmente es una casa de vecinos, aunque se está trabajando por su reconstrucción. El templo del convento, situado en las inmediaciones del palacio del marqués de Ayamonte, es el único resto actual del conjunto, junto con la Capilla de la Soledad, convertida hoy en museo que guarda el tesoro artístico de la Hermandad del mismo nombre. Quedó en pie la nave central de lo que había sido una iglesia de tres naves, resultando ser ahora una iglesia del tipo conocido como “de cajón”, al que luego se le adosaron algunas capillas en varios volúmenes prismáticos. Su actual y única nave, orientada en la dirección Este-Oeste queda rematada en su fachada con una alta y muy esbelta espadaña de doble cuerpo, de delicada silueta y perfil atrevido. Interiormente consta de un sotocoro formado por dos series de arcos sobre columnas genovesas, adornados con pinturas esgrafiadas con párrafos del Libro de los Salmos y de los Proverbios, mas el cuerpo central, un sencillo volumen paralelepípedo de construcción mudéjar que se cubre con una espléndida techumbre de madera de lacería policromada, típica de la escuela sevillana del siglo XIV y una de los mejores de la provincia de Huelva, donde figuran los escudos de sus fundadores. El presbiterio se separa del resto del templo por un gran arco de medio punto enmarcado por alfiz y adornado con pinturas similares a las del sotocoro y se cubre con una rica y complicada armadura ochavada sobre pechinas de madera, obra de la primera mitad del XVI. En su frente, su gran Retablo Mayor de estilo renacentista y de autor desconocido es obra de finales del siglo XVI, formada por cuatro cuerpos y cinco calles, siendo básicamente un retablo pictórico de óleos sobre lienzo con esculturas en su calle central; todo ello articulado a través de pequeñas columnas jónicas estriadas y entablamentos lisos, de gran efecto visual. A los lados existen pinturas que representan los escudos de armas del marquesado de Ayamonte y de la Casa de Béjar Exteriormente posee una sencilla y elegante portada a modo de porche, de estilo renacentista; obra que puede fecharse dentro del siglo XVI, y que contiene a su derecha la citada Capilla de la Soledad, abierta al público como museo. Este templo, por sus indudables valores artísticos es hoy Bien de Interés Cultural, declarado Monumento Nacional según publicación de La Gaceta de Madrid, del año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano Iglesia de San Bartolomé - Villalba del Alcor Villalba comienza a ser conocida a partir de la época musulmana cuando se convierte en población fronteriza entre los reinos de Niebla y Sevilla. Por ese motivo durante el siglo XII y en el período almohade se decide edificar aquí un castillo en la ladera de la sierra, conocido como el Castillo de Ostia. Cuando el rey Fernando III en 1248 conquista Sevilla y el Aljarafe cae también Villalba, aunque continúa como plaza fronteriza hasta la toma de Niebla en el año 1.262. Por su excelente situación geográfica y dominando gran parte del Condado de Niebla, sobre su alcor se han ido superponiendo las sucesivas culturas históricas que han pasado a través de ella. Hoy la población se mantiene dominadora del paisaje, con la silueta, sólida y airosa a la vez de su iglesia parroquial de San Bartolomé, el excepcional resultado de la conversión en iglesia cristiana de su antiguo ribat-fortaleza y mezquita, una combinación singular que le confiere a su edificio más emblemático unas características arquitectónicas únicas. Con la planta de forma cuadrangular propia de un ribat almohade, cuenta con una estructura interior de mezquita, con un patio de abluciones y una orientación Este para su nave original. Con la toma de la población por las fuerzas cristianas, en el siglo XV se construye sobre ésta otra nave de estilo mudéjar perpendicular a ella y más tarde se levantan sus portadas y se le van adosando capillas, dando forma así a un espacio religioso muy particular. En síntesis, la actual iglesia está formada por un gran rectángulo flanqueada por cuatro torres, una en cada esquina, que queda dividido a su vez en los zonas en forma de L en torno a un patio central, la primera es la ocupada por la iglesia propiamente dicha y la segunda actualmente destinada a vivienda y dependencias parroquiales. El interés excepcional del edificio está en que se puede ver en él cómo sobre un primer elemento básico se van asentando las distintas aportaciones de los siguientes estilos arquitectónicos y artísticos que se suceden, dando como resultado un conjunto único de singular belleza y armonía. El elemento base sobre el que se realiza el proceso es la construcción almohade, que impregna de su particular estética a todos los demás venidos a continuación, como son el mudéjar, el gótico, el renacimiento, el barroco, y hasta la funcionalidad de una vivienda moderna. La reciente restauración realizada por los arquitectos Hernández Gimenez y Manzano Martos permite seguir el proceso de construcción del edificio, en el que se distinguen las siguientes fases: el siglo XII, para el conjunto inicial del que quedan el muro norte y las dos torres del mismo, al igual que la estructura propia de mezquita. De los siglos XIII y XIV parecen ser la nave sur y el patio, en cuya realización intervienen alarifes embutidos por la estética almohade. Entre los siglos XIV y XV se levanta la nave de levante y la intersección de ambas naves en el espacio central abovedado, que recuerda a una qubba musulmana. Y de finales del siglo XV y principios del XVI, las portadas. A estos núcleos fundamentales se le van añadiendo luego otras naves menores siguiendo el sentido ortogonal o incluso saliendo fuera del recinto fortificado en forma de pequeñas capillas. Del conjunto de estas intervenciones resulta el edificio actual, raro ejemplo de iglesia derivada de fortaleza y mezquita, que recuerda en su proceso evolutivo al existente en Almonáster, al norte de la misma provincia. En éste de Villalba destacan los limpios volúmenes cúbicos exteriores de sus recintos por donde se distribuyen como de forma aleatoria portadas, espadañas, contrafuertes y almenas, junto con huecos de diversos tipos y tamaños, todo ello sobre alta plataforma escalonada que realza aún más la espectacularidad del conjunto. En su interior se pueden ver hermosas pinturas murales y un valioso tesoro de orfebería litúrgica, además de la lápida de Marco Calpurnio que se conserva en el patio. Por su singularidad y valores arquitectónicos, la iglesia es hoy Bien de Interés Cultural y está declarada como Monumento, según publicación aparecida en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano. Iglesia de San Pedro La antigua Onub, ocupada por los musulmanes desde los primeros años de su entrada en la península Ibérica en el año 713, no consigue su reconquista a manos de los reyes cristianos hasta 1.257, año en que Alfonso X El Sabio logra entrar en la ciudad de Niebla y recuperar así toda esta zona para los reyes de Castilla. Desde entonces la población de Huelva pertenece a la Corona o a importantes señores feudales como son los duques de Medina-Sidonia, de cuyo señorío forma parte a mitad del s. XV; y gracias a su buena situación geográfica como centro de comunicaciones por mar, durante el XVI se convierte en una pujante población, origen de la ciudad actual. La primitiva iglesia de San Pedro, fundada por esta época, es la más antigua de la ciudad. Se trata de un edificio de estilo gótico-mudéjar levantado en ladrillo sobre una anterior mezquita musulmana localizada junto al solar del antiguo castillo de la villa medieval, y su cronología puede fecharse entre los siglos XV o XVI. Tanto su planta como su alzado responden al típico esquema de templo mudéjar dela zona: iglesia de tres naves -la central de mayor altura que las laterales-, separadas por arquerías de cinco arcos apuntados, y con ábside central de tipo poligonal realizado hacia 1.500. Exento de otras edificaciones, se eleva sobre una plataforma que contribuye a destacar su característica silueta y sus bellas líneas arquitectónicas. No obstante y como tantos, el edificio presenta importantes reformas y añadidos, unos correspondientes al siglo XVII y otros, los más notables, al siglo XVIII, realizados éstos principalmente como consecuencia de los devastadores efectos del terremoto de Lisboa de 1755, cuando muchas de estas construcciones quedaron seriamente dañadas. Entre lo más destacado de esta iglesia hay que citar su portada y el Retablo Mayor, obra barroca realizada entre los años 1730 y 1758 por el escultor Antonio de Carvajal y dorada por José Fernández del Hierro. Durante la Guerra Civil española, tanto la iglesia como este retablo sufrieron grandes daños, que fueron restaurados en los años posteriores a la contienda. Otros elementos importantes son su valiosa techumbre de madera, que data del siglo XVII y con la que se cubre tanto su nave central -a base de armadura mudéjar con tirantes decorados- como las laterales -de colgadizo de madera y sustituidas desde el sismo de 1969 por planchas y vigas de hormigón que imitan a la anteriores-; la Capilla de la Inmaculada Concepción, realizada hacia el año 1535; el paño de fábrica mudéjar de su fachada meridional, y la torre. Esta torre es una pieza de gran elegancia en dos cuerpos de altura, coronada por alto chapitel piramidal revestido con decoración de azulejos vidriados en blanco y azul, diseñada y construida entre 1.770 y 1.772 por Pedro de Silva, autor de otras tantas torres en toda la provincia, y hoy constituye una de las imágenes barrocas más apreciadas de la ciudad; sus múltiples pilastras cajeadas con decoración vidriada y los movidos remates de su cuerpo superior son el perfecto complemento de los balconcillos centrados de sus caras por donde asoman las campanas. Las portadas laterales son obra barroca de Antonio de Figueroa, de entre 1771 y 1772. Entre sus bienes muebles es muy interesante un Niño Jesús de plomo conocido como “El Porterito”, del círculo artístico de Martínez Montañés y fechado en el s. XVII; una talla anónima del titular del templo, San Pedro, de la segunda mitad del s. XVI, una valiosa colección de obras de orfebrería, la sillería del coro y la reja de la Capilla de la Inmaculada, obras del s. XVIII. Recientemente la Iglesia ha adquirido la categoría de Monumento, tras su declaración como Bien de Interés Cultural obtenida por publicación en BOJA del año 1.999. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano. Castillo de Sancho IV Se aprovechan sus cualidades arquitectónicas para celebrar en su interior y alrededores numerosos actos encuadrados dentro de la programación cultural de los veranos y de las Jornadas Medievales (Principios de Agosto).
Se debió construir a finales
del siglo XIII (hacia 1293) por orden del Rey Sancho IV el bravo, como
parte de la llamada "Banda Gallega", línea defensiva paralela a la
frontera portuguesa. En este punto concreto, se defendía a la ciudad de
Sevilla ante posibles invasiones desde el país vecino, ya que en la
época existió una fuerte disputa sobres las fronteras de ambos reinos.
Otros castillos de este mismo sector son los de Aroche, Aracena y (ya en
la provincia de Sevilla), Castillo de las Guardas. El sistema defensivo
se completaba con una serie de torres intercomunicadas con ahumadas de
día y hogueras de noche. Convento de Santa Clara - Moguer 1492 fue un año histórico para la villa marinera de Moguer, que tuvo un papel altamente destacado en la aventura del Nuevo Mundo, pues el apoyo dado a Cristóbal Colón por doña Inés Enríquez, abadesa del Convento de Santa Clara y tía del rey don Fernando el Católico, fue decisivo para la consecución del primer viaje americano. La empresa en sí tuvo además a otros destacados personajes de la localidad, los hermanos Niño, y a la carabela Santa Clara o La Niña, “...la más marinera y aderezada”, construida en sus astilleros. Creado por el Almirante de Castilla y primer señor de Moguer, don Alonso Jofre Tenorio junto con su mujer doña Elvira Alvarez en 1337, el convento de Santa Clara se funda para albergar en él a monjas clarisas, quienes residen en este monasterio hasta principios del siglo XX. Es esta la joya arquitectónica de Moguer, un magnífico conjunto conventual rodeado de muros de gran sobriedad que le da cierto carácter de fortaleza. Posee dos importantes claustros mudéjares de los siglos XIV y XV: el Claustro Grande o de las Madres, recinto cuadrado cerrado por cuatro arquerías ojivales de ascendencia almohade, cuya arquería baja forma el claustro conventual más antiguo de Andalucía y desde el que se divisa la espadaña cuyas campanas fueron las primeras en anunciar el descubrimiento de América; y el Claustrillo, muy similar al existente en el cercano convento de La Rábida. Entre sus dependencias principales cabe destacar el Refectorio, la Sala Capitular, el dormitorio renacentista datado en 1589, y la enfermería del siglo XV. La iglesia conventual construida entre los años 1338 y 1405 es de estilo gótico-mudéjar, de planta de salón y sin crucero. Está dividida por arcos apuntados en tres naves –la central más alta y larga que las laterales- cubiertas por bóvedas de crucería y con ábside poligonal que prolonga su nave central por la cabecera, siendo las laterales de testero plano. Su fábrica es de ladrillo, excepto en los elementos de soporte y nervios de la bóveda que son de cantería, y al exterior muestra sus robustos contrafuertes. El Retablo Mayor es obra de Jerónimo Velázquez, realizado entre 1635 y 1640. Frente a él se sitúa un coro bajo que posee una espléndida sillería de estilo mudéjar nazarí del s. XV única en su estilo, cuyos brazos reproducen los leones de la Alambra, mientras que en los respaldos aparecen los escudos de las religiosas. El antecoro está cubierto por un elegante artesonado mudéjar y alberga en sus vitrinas obras de canto gregoriano del siglo XV. Ante el altar se halla el gran conjunto escultórico formado por el panteón familiar de los Portocarrero, siguientes señores de Moguer y patronos del monasterio. Consta de nueve enterramientos y es una magnífica obra realizada en alabastro en el s. XVI, a excepción del enterramiento de D. Juan Portocarrero y Dña. María Osorio que fueron labrados en mármol blanco por los italianos Cian Giacome della Porta y Giovanni María da Fasallo en 1548. Entre otros valiosos bienes muebles del convento destacan las puertas del coro, del siglo XV; el Retablo de la Circuncisión del Señor, obra de Martínez Montañés, el Niño Jesús de las Lágrimas, del siglo XVIII, obra de La Roldana; los libros de coro del siglo XV y el conjunto de dalmáticas de los siglos XVII y XVIII. El monasterio de Santa Clara es, junto con el convento de La Rábida y la iglesia de San Jorge de Palos, uno de los edificios emblemáticos del descubrimiento de América y elemento clave en la aventura americana; frecuentado por Cristóbal Colón durante sus estancias en Moguer, se sabe que aquí veló y oró a su regreso de las Indias la madrugada del 16 de marzo del año 1.493. En la actualidad es sede del Museo Diocesano de Huelva de Arte Sacro, está catalogado como Bien de Interés Cultural y es Monumento Nacional desde 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano. Iglesia de San Juan de la Palma - La Palma del Condado Durante el tercer cuarto del siglo XVIII se vive en la zona de Huelva un intenso proceso constructivo, especialmente debido a las consecuencias del tristemente célebre terremoto de Lisboa del año 1755 que afectó sobre todo al área onubense, donde muchos edificios religiosos, los únicos con cierta altura, tuvieron que rehacerse al haberse caído o quedado en mal estado. Cuando este proceso ya estaba en marcha, otro terremoto -en 1761- agravó todavía más la situación de los edificios que aún quedaban en pie, por lo que hubo que reconstruir la mayoría de sus iglesias parroquiales, especialmente sus torres, que se derrumbaron todas casi sin excepción. Esta reconstrucción fue llevada a cabo en gran parte por arquitectos sevillanos, ya que entonces la actual provincia de Huelva pertenecía a la diócesis de Sevilla, siendo quizás el más destacado Pedro de Silva (1.715-1.782), buen exponente de la arquitectura barroca tardía de la Andalucía Occidental, y nombrado Maestro Mayor del Arzobispado hispalense en 1.756. Así, arruinada la primitiva iglesia mudéjar de La Palma del Condado a consecuencia de aquel primer terremoto se comienza la edificación de un nuevo templo bajo la dirección del arquitecto Pedro de San Martín, quien utiliza sus propias trazas para su realización. En 1.759 Pedro de Silva asume la dirección de las obras, ya avanzadas hasta la altura de cornisas, correspondiéndole a él por tanto cerrar las bóvedas, levantar la torre y trazar la portada, ocupándose de estos trabajos hasta 1.776, año en que se concluye este gran templo. De la mano del maestro de obras local Francisco Díaz Pinto, su construcción es bastante conservadora en su interior, donde muestra la disposición tradicional de las clásicas tres naves con cúpula sobre el crucero, y contrasta con la dinámica resolución de sus elementos exteriores, especialmente en su fachada principal, enjalbegada de blanco y perfilada con bellas líneas ondulantes de ritmo ascensorial, en cuyo remate superior destaca la presencia de un pequeño templete en el centro y pináculos apiramidados en los laterales. Especial mención merece su portada, realizada a modo de retablo en perfecto aparejo de ladrillo y con clara simbología de arco de triunfo, cuyo color rojizo contrasta con el blanco del resto de la fachada. Planteada en dos cuerpos de altura, en el primero y enmarcado por columnas jónicas pareadas con hornacinas intermedias se dispone el vano central de acceso acabado en arco de medio punto. El segundo cuerpo, más reducido, alberga otra hornacina central donde figura una imagen de la Inmaculada sobre un potente y dinámico balcón mixtilíneo ondulado resalta esta parte superior de la portada, rematada con frontón curvo enmarcado por ligeros pináculos. Especial acierto tuvo De Silva en el diseño de la torre, ubicada en su flanco izquierdo; quizás la más airosa de todas cuantas se trazaron en esta época en el área onubense. Su alto fuste cuadrado abierto sólo en pequeñas ventanas más un balcón superior se remata con un elegante cuerpo de campanas abierto en tres arcos desiguales en cada uno de sus frentes. Singular atractivo presenta en aquí la aplicación de las clásicas piezas de azulejos bicromados en azul y blanco tan habitual en esta zona, que siguiendo esquemas geométricos revisten el campanario, la balaustrada que lo corona y el esbelto y puntiagudo chapitel, intensificando así el espíritu de ligereza ascensorial que caracteriza a este elemento. Bien de Interés Cultural, esta iglesia goza hoy de la declaración de Monumento Nacional, según su publicación aparecida en BOE en el año 1.983. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano. Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores - Aracena La localidad de Aracena, capital de la Sierra de su nombre y declarada de Interés Turístico Nacional, desciende formando círculos desde el castillo construido en la cima de su cerro por los portugueses en el s. XIII sobre la aldea almohade de Cartasana, en época de continuas guerras fronterizas con el vecino reino de Castilla. De aquél viejo castillo se conservan el recinto central, una torre, dos aljibes y lienzos de las cercas que protegían la antigua población. Mejor suerte ha tenido la Iglesia de los Templarios, la parroquia más antigua de la ciudad levantada en su interior, sustituyendo posiblemente a una antigua mezquita, que se alza impasible en el lado oriental del recinto dominando la población y la sierra. Su fábrica de granito es una de las construcciones más antiguas e interesantes de la provincia. Construida entre los siglos XIII y XV, en ella se da culto a la Virgen del Mayor Dolor, patrona de la ciudad. Tuvo una primera etapa constructiva hacia 1260, de la que subsisten la cabecera, el primer tramo de las naves y el atrio que ocupa toda la fachada. El resto del templo, naves y portadas del evangelio y principal, se acomete a finales del s. XV en estilo gótico tardío. Otras partes de la iglesia son mudéjares, como la torre y la fachada de la epístola. El templo tiene tres naves sin crucero y coro alto a los pies de finales del siglo XVI cerrado con antepecho calado. La cabecera poligonal posee contrafuertes exteriores, algunos eliminados al añadírsele un camarín barroco. Las bóvedas de las naves se sitúan a igual altura y al exterior la cubierta es una azotea que parece estuvo almenada y pudo tener función defensiva o militar. El ábside, precedido de un tramo rectangular con nervio central conserva sus bóvedas de crucería. En el interior se ven claramente sus etapas constructivas: el primer tramo, contemporáneo a la cabecera, tiene pilares rectangulares con medias columnas adosadas en los frentes, mientras los restantes soportes de la nave central tienen sección romboidal sobre zócalo alto. La fachada principal presenta un pórtico cubierto con crucería y tres grandes arcos apuntados apoyados en pilares con medias columnas en los frentes, que hace las veces de atrio. Tras él se sitúa la llamada Puerta Real, compuesta con agujas terminadas en pináculos que centran un gablete con arquivoltas y una red de rombos con motivos florales. Del exterior lo más notable además de la portada es su soberbia torre mudéjar de base cuadrada y rematada de almenas, que le da un claro aspecto militar y de defensa. Situada en la nave del evangelio y junto a la cabecera, parece haber estado adosada a una edificación anterior y está decorada en un solo frente, donde luce la clásica decoración almohade en paños cuadrados de sebka formados por lazos de arquillos polilobulados entrelazados que arrancan de finas columnillas en su base, siguiendo el modelo de otras torres almohades de la región, aunque algo más pobre y tosca. En el cuerpo inferior, dos grandes arcos apuntados también lobulados entre una columna central y pilares en los extremos forman la base y el inicio de la decoración. De la obra mueble gótica del templo no queda nada. Las tablas de San Ginés y Santa Brígida desaparecieron en 1936 al igual que el Calvario ubicado en la viga de la iglesia. En cambio existen dos excelentes esculturas: una imagen yacente, del s XVI de Miguel Florentín, artífice italiano afincado en Sevilla, y la espléndida Virgen del Mayor Dolor del s XIX, de Juan de Astorga. Hoy la iglesia presenta buen estado de conservación tras las restauraciones de 1956 y 1971. Catalogada Bien de Interés Cultural, su declaración como Monumento Nacional se publicó en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano Iglesia de San Jorge - Palos de la Frontera Esta interesante iglesia posee la cualidad de ser un edificio histórico de primer orden ya que se sabe que en ella, reunidos el Cabildo de la villa y los vecinos a toque de campana, se dio lectura en mayo de 1492 a la Real Pragmática por la que se ordenaba la entrega de dos carabelas al almirante Cristóbal Colón para que pudiera llevar a cabo su innovadora empresa, y se instaba asimismo al reclutamiento de marinos de la localidad para formar parte de ella. Con la aportación de Martín Alonso Pinzón, natural de esta villa, Palos de la Frontera entra de lleno en la Historia. Este hecho de singular trascendencia, ocurrió en el interior de esta Iglesia de San Jorge Mártir, templo de estilo gótico-mudéjar, cuyo cuerpo principal debió ser costeado por los Condes de Miranda a mediados del siglo XV, muy probablemente sobre otra edificación más antigua levantada durante los siglos XIII ó XIV. Se trata de una iglesia muy sobria y austera, como corresponde a las construcciones de aquella época, marcada por los fuertes estribos, las líneas sencillas de su puerta principal construida en piedra a mediados del s. XV, y las almenas de sus muros, que le dan un cierto aire militar. Todo ello contrasta con la denominada Puerta de los Novios por la que salieron los marinos para embarcarse en aquella madrugada del 3 agosto de 1492 que, decorada con una delicada labor de ladrillo en dos tonos de color, la convierte en un hermoso ejemplo de la arquitectura mudéjar y uno de los mejores ejemplos de toda la provincia de Huelva. De planta rectangular, en su interior se disponen tres naves con crucero más tres capillas laterales, dos en el lado del evangelio, y una en el de la epístola. El material base de su construcción es el ladrillo visto, aunque también posee elementos de piedra, como la portada de los pies, y así como otros de madera. Esta iglesia parece ser el resultado de una evolución constructiva en el tiempo, pues si bien es cierto que el núcleo principal conserva la esencia de una edificación antigua, su cabecera parece el principio de lo que pudo ser un suntuoso templo gótico, de no haber sido por que se tuvieron de paralizar las obras a comienzos del s. XVI. Existen también elementos arquitectónicos posteriores a los ya citados, como el actual campanario, obra de la segunda mitad del s. XVIII, realizado sobre un sobrio fuste cuadrado de ladrillo; posee un solo cuerpo de campanas de moderado estilo barroco y está rematado por un sencillo chapitel de base piramidal revestido de cerámica vidriada. Igual sucede con parte del coro y la bóveda de una de las capillas, cuyas obras, al igual que el campanario, se llevaron a cabo durante las reparaciones efectuadas para solucionar los desperfectos ocasionados por el tristemente célebre terremoto de Lisboa del año 1755. En su interior destaca una imagen de alabastro de Santa Ana del s. XV, la azulejería que representa a los santos Getulio y Cereal, donde se advierten influencias de los maestros italianos del XVII, los distintos frescos con temas de Santiago, la Virgen y San Jorge, y las imágenes polícromas de Santa Ana, obra de Hernando de Uceda de 1561, así como el Cristo de la Sangre, obra de finales del XVI. Bien de Interés Cultural, por sus valores históricos y arquitectónicos se cataloga como Monumento Nacional, según publicación aparecida en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano. Casa Colón Se inauguró en 1883 como Gran Hotel Colón. En este establecimiento de lujo, compuesto por cuatro edificios, tuvieron lugar los actos conmemorativos del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Su estructura es una mezcla de distintos estilos arquitectónicos (inspiración británica, elementos coloniales...). El gran salón, ubicado en la parte norte del edificio albergó la vida social onubense durante años y sus jardines, de gran extensión y belleza, fueron lugar para la contemplación y el esparcimiento. En la actualidad, la construcción alberga al Palacio de Congresos, Salas de Exposiciones, el Archivo Municipal y distintas dependencias municipales. Catedral de Nuestra Señora de La Merced
De entre todas las
iglesias de Huelva, la iglesia parroquial de la Merced fue elegida,
por su historia y fisonomía, como sede del cabildo y catedral al ser
desgajada la diócesis de Huelva de la Archidiócesis de Sevilla el 26
de noviembre de 1953. La iglesia se estrenó como catedral de Huelva
el 15 de marzo de 1954.
Iglesia de San Pedro Es el templo más antiguo de la ciudad, perteneciente a los siglos XV y XVI, de estilo gótico-mudéjar. Compuesto por tres naves, separadas por arquerías y ábside poligonal, responde en planta y alzado al típico templo mudéjar sevillano. A partir del siglo XVII el edificio ha sufrido algunas reformas, de las cuales las más importantes se llevaron a cabo tras el terremoto de 1755. Monasterio de Santa María de la Rábida
El Monasterio de la Rábida
es un monasterio franciscano en el término municipal de Palos de la
Frontera, en la provincia de Huelva. Erigido en los siglos XIV-XV,
sobresalen por su interés artístico la iglesia gótico-mudéjar, así
como las estancias decoradas con frescos de Daniel Vázquez Díaz, el
claustro y el museo, donde se conservan numerosos objetos
commemorativos del Descubrimiento de América. Tiene de 2.000 m² de
extensión y es de planta irregular. El monasterio a lo largo de los
más de 500 años de su historia ha sufrido modificaciones, sobre todo
a raíz del terremoto de Lisboa de 1755. En él se hospedó Cristóbal
Colón años antes de partir hacia el Nuevo Mundo. Declarado Monumento
Nacional en 1856.
Monumento a Colón Este monumento levantado en honor de la figura de Cristóbal Colón se sitúa en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Obra de la escultora norteamericana Whitney, fue construido en 1929. Museo de Huelva Sus colecciones están estructuradas en dos secciones, la primera dedicada a la Arqueología, muestra el origen del universo, la historia paleontológica y geológica de Huelva y la actividad humana y la historia de sus pobladores desde el Paleolítico. Y la segunda, la sección de Bellas Artes que se centra en el arte de Huelva en el siglo XX, facilitando la bipolaridad entre exposiciones temporales y exposiciones permanentes. Santuario de Nuestra Señora de la Cinta Su construcción, de estilo gótico, data del siglo XV y en él se venera la imagen de la Patrona de la población. Se compone de tres naves construidas en ladrillo, con arco de herradura mudéjar en el centro. En el interior puede contemplarse una pintura mural que alude a la figura de la Virgen de la Cinta. El edificio ha sufrido varias transformaciones a lo largo del tiempo.
Volver al inicio de Monumentos y Fiestas
Carnaval Huelva, Febrero de 2004 En febrero el Carnaval con el popular entierro del ‘Choco’ que congrega a numerosas ‘viudas’. En el Carnaval también se celebran concursos de agrupaciones carnavalescas, la Gran Cabalgata, la Maratón Ciclista, el Carrusel de las Agrupaciones Garbanzada, Castillo de fuegos artificiales y el Gran baile de disfraces con la entrega de los premios. Tiene lugar en el mes de febrero. San Sebastián Huelva, Enero de 2005 Se celebra el fin de semana después del 20 de enero. Si cae en sábado o domingo se celebra ese fin de semana. Semana Santa Huelva, Marzo de 2005 Es una celebración religiosa en conmemoración a la muerte y resurrección de Jesucristo. Durante esta semana desfilan 23 cofradías con sus pasos por las calles de Huelva. Es una de las fiestas, más celebrada e importante, al igual que en otros muchos lugares andaluces. El Rocío Huelva, Mayo de 2005 La Romería de El Rocío se celebra todos los años coincidiendo con el Domingo de Pentecostés, siendo al día siguiente la procesión de la Virgen de El Rocío. En esta Romería acuden Hermandades procedentes de todo el mundo. La Romería consiste en un camino que se realizan las Hermandades a pie o a caballo, que es la forma habitual que |