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Palacio de los
Marqueses de Viana
El palacio de los marqueses de
Viana es una notable mansión señorial ubicada en el centro de la ciudad
de Córdoba, que a lo largo de los años, y a partir del s. XIV, se va
ampliado mediante la adquisición de fincas colindantes; ocupado en la
actualidad una extensión de algo más de 6.500 m2, de los que
aproximadamente la mitad corresponde a espacios abiertos, en los que se
incluyen un total de doce patios y un gran jardín de corte romántico.
Considerada como una de las
residencias nobiliarias más soberbias de Andalucía, en ella se puede
observar la evolución de la arquitectura cordobesa desde el final de la
Edad Media hasta nuestros días, así como los más diversos tipos de
artesanías: pavimentos con mosaicos romanos, carpinterías de talla y
excelentes artesonados mudéjares y renacentistas.
Los hallazgos arqueológicos
obtenidos en la zona de los jardines, así como las estratificaciones del
suelo hacen pensar que la finca tuvo como origen una ínsula romana.
El tono general del edificio
es austero y poco ostentoso, aunque posee elementos arquitectónicos de
gran empaque y solera, como la escalera principal de acceso a planta
alta. En sus muros se guardan obras de arte y colecciones únicas, como
tapices flamencos, óleos de la escuela de Brueghel y una valiosa
colección de cuadros. En su biblioteca de 7.000 volúmenes destacan los
libros de caza; y todo se muestra en su marco original, en el que
alfombras, lámparas y elementos decorativos crean un ambiente único, con
salones de gran categoría como el del Mosaico, el del Artesonado, el de
las Vajillas o el de Goya.
Varias de las primeras
familias de la aristocracia cordobesa han sido propietarias de este
palacio: don Miguel Ruiz, tesorero mayor de Andalucía y Murcia; el
comendador de Segura; o los terceros marqueses de Viana, don Fausto
Saavedra y Collado.
Se conoce poca documentación
sobre los muchos y diferentes personajes que a lo largo de su historia
intervienen en la construcción de esta magnífica casa-palacio: maestros
y artistas anónimos de la propia ciudad de Córdoba o su entorno; no así
de su espléndida portada principal, obra de finales del siglo XVI
atribuida al arquitecto Juan de Ochoa. De corte renacentista, se
encuentra en un pequeño frente en ángulo entre edificaciones de tipo
tradicional de muros blanqueados jalonados con balcones y ventanas,
donde resalta la labra y el color de su piedra en dos plantas de altura,
con una recia puerta adintelada entre molduras almohadilladas de
estudiada estructuración, muy del gusto de la época, y con una vistosa
decoración superior que presenta a dos guerreros flanqueando el balcón,
que a su vez se corona con el elaborado y aparatoso escudo nobiliario de
los titulares de la mansión.
Esta portada da acceso al
primer patio –llamado por ello del Recibo-, adornado con arcos de medio
punto sobre columnas y azulejos alusivos a la casa. Cada uno de los
otros patios tiene su nombre propio, popular y poético a la vez: del
Archivo, de la Capilla, de la Cancela, de los Jardines, del Pozo, de la
Alberca, de las Rejas, de los Naranjos, etc. y muestran un fascinante
repertorio de disposiciones arquitectónicas, pavimentos y ornamentación
vegetal de gran interés.
La Caja Provincial de Ahorros
de Córdoba adquiere el edificio en 1980 para abrirlo como museo,
evitándose así la dispersión de su rico patrimonio, y a petición suya se
consigue la declaración de Monumento y Jardín Artístico de carácter
Nacional, por Real Decreto en 1.981. Recogida de datos y elaboración de
Ficha: Carlos Ruiz Serrano
La Gran
Mezquita-Aljama
Tal vez, sea la obra
arquitectónica más característica del mundo árabe, debido al aislamiento
de la España musulmana y a los propósitos de su fundador Abderrahmán I
que, enorgullecido de su ascendencia árabe superviviente de la matanza
de los Omeyas, pretendió levantar un edificio, no sólo como una acto
piadoso, sino también, y lo que es más importante, como una clara
manifestación del poder del Islam frente al cristianismo de al-Andalus y
como un acto de independencia del Califato de Bagdad.
Precisamente por estas razones, la mezquita se construyó como una
réplica de la gran mezquita de Damasco; para ello el emir Abderrahmá
trató con la comunidad mozárabe la venta de la parte que utilizaban de
la iglesia visigoda inmediata a la mezquita y, tras laboriosas
negociaciones, pagó una cuantiosa suma de dinero a los cristianos y les
concedió autorización para que reconstruyeran los templos destruidos
extramuros de la Medina. Así, logró adquirir la propiedad de toda la
iglesia en el año 785 (186 de la Héjira). La construcción se inició al
año siguiente sin que pudiera ser concluida hasta el reinado de su hijo
Hixem I (788-796). Durante la primera mitad del siglo IX, la ciudad de
Córdoba alcanzó un gran desarrollo urbanístico impuesto por el
crecimiento demográfico y económico producido durante el reinado de
Abderrahmán II; este emir ordenó realizar obras de ampliación en la
mezquita, realizadas por expertos artífices, que se continuaron durante
el reinado de su hijo el emir Mohamed I (852-886).
Durante el siglo X las obras realizadas en la mezquita alcanzaron el
mayor desarrollo: a la iniciativa del primer califa cordobés,
Abderrahmán III, se debe la construcción del alminar que sustituyó al
primitivo y la consolidación de la fachada de la sala de oración que da
al patio; su hijo y sucesor, Al-Hakam II, al año siguiente de acceder al
trono, 962, ordenó la ejecución de ampliaciones del haram desplazando la
quibla, con su mihrab hacia el sur.
En tiempos del califa Hixem II (976-1016), y por orden de Almanzor, se
produjo una tercera ampliación, impulsada por un nuevo crecimiento de la
población cordobesa y, seguramente, guiados por un deseo de demostrar la
grandeza del gobernante y sus sentimientos religiosos. Según cuentan los
biógrafos de Almanzor él mismo ayudó con sus manos en la construcción,
en la que trabajaron numerosos cristianos cautivos.
Según el modelo de la mezquita
de Damasco, la de Córdoba tiene un patio y una sala de oración con
soportes de columnas y doble arcada, con la diferencia, respecto del
modelo, de que en la cordobesa no existen muros con tragaluces, no
obstante gracias a la gran altura que alcanza el nivel superior, se
obtiene una adecuada iluminación interior. La sala de oración de la
mezquita de Córdoba se diferencia de la de Damasco en su asimetría, que
es consecuencia del proceso histórico de su construcción, pese a que las
adiciones que se realizaron durante los reinados de Abderrahmán II, Al-Hakam
II e Hixem II trataron de seguir la disposición original del primer
edificio, por este motivo resultó una construcción con una gran unidad
estilística.
La planta de la mezquita de Córdoba es el resultado de un proceso de
construcción que se inició en el año 785 y concluyó en el 988. La planta
del primer edificio la describe Gómez Moreno con gran precisión: «El
área total del edificio, comprendidos los muros, cubre un cuadrado casi
exacto de 76'70 x 75'73 m que se reparte en dos sectores de norte a sur,
casi iguales entre sí; el del norte, descubierto, como patio el otro
techado, con su cabecera hacia el sur, y accesible al patio mediante
once arcos, que corresponden a otras tantas naves enfiladas a la
cabecera. De las naves, la central tiene un ancho, de eje a eje, de 7'85
m; 4 laterales a un lado y otro de la central de un anchura de 6'86 m; y
dos extremas de 5'38 m. El grosor de los muros es de 1'14 m». Las once
naves del haram están dirigidas de norte a sur, perpendiculares al muro
de la quibla, con un mihrab en el centro que desapareció al ampliar la
mezquita hacia el sur en el siglo IX. La primera ampliación del haram
tuvo lugar en el reinado del emir Abderrahmán II, durante los años 833
al 848, en ella se derribó la quibla y se alargaron las naves hacia el
mediodía unos 24 m, manteniendo la anchura de las once naves primitivas.
La ampliación dio cabida a unos 7000 fieles más. Durante el reinado de
Abderrahmán III el haram no sufrió alteraciones; sí, en cambio,
corresponden a este califa la construcción de un nuevo minarete (oculto
hoy por la obra barroca que lo recubre), ampliación del patio y reformas
en las fachadas y arquerías del mismo. Su sucesor Al-Hakam II decidió
una nueva ampliación de la sala de oraciones, prolongó nuevamente las
once naves y trasladó la quibla hacia el sur unos 45'6 m más, hasta
llegar a la murallas que bordeaban la Medina en la margen derecha del
río Guadalquivir. Esta ampliación es casi comparable, por su tamaño, a
la superficie de la obra primitiva. Además a uno y otro lado del mihrab
se construyeron unas pequeñas salas cuyos interiores se comunican entre
sí.
La última y más grande ampliación se realizó durante el califato de
Hixem II, pero por decisión del todopoderoso Almanzor. El aumento se
realizó hacia el este, derribando el muro oriental, se añadieron ocho
naves que se orientaron, igual que el resto, de norte a sur hasta llegar
a la quibla, que naturalmente tuvieron que aumentar la parte
correspondiente. El resultado de todo este proceso fue que la planta
presenta descentrados el mihrab y la nave central, más ancha que el
resto, que conduce hasta él; quedó destruida así la simetría
longitudinal que casi es preceptiva en los obras religiosas islámicas.
Respecto de la orientación, ya que, en vez de mirar hacia La Meca, está
dirigida hacia el sur como las mezquitas sirias (Damasco), este hecho se
interpreta como un símbolo de independencia respecto de Bagdad, como un
deseo de mantener la tradición siria o, sencillamente, porque no se
conociera, cuando se comenzó la construcción, que La Meca estaba situada
al este y no al sur de Córdoba.
En esta mezquita se
aprovecharon muchos elementos del mundo visigodo y romano; se apunta la
posibilidad de inspiración en ambas fuentes para la organización de los
soportes superpuestos y arquerías (la inferior de herradura) que
caracterizan esta mezquita, se cita como un claro precedente de la
estructura cordobesa el acueducto romano de Los Milagros, en Mérida.
En efecto, en las mezquitas de origen siríaco el soporte principal del
edificio son las columnas y los pilares, extraídos frecuentemente de
edificios antiguos, cuyas ruinas eran abundantes tanto en Oriente como
en Occidente; esto es lo que precisamente hicieron los primeros
arquitectos de Córdoba en el siglo VIII, aprovechar sistemáticamente los
elementos de edificios romanos y visigodos. En la primera fase de
construcción el arquitecto de Abderrahmán I utilizó 110 columnas para
formar las once naves con doce intercolumnios cada una de ellas. El
diferente origen de las mismas determinó diferencias entre ellas: los
fustes son de variados tamaños y grosores, unos lisos y otros estriados
verticales o en espiral; unas con basa, otras sin ella; unas son de
mármol, otras de granito; en fin, no todas eran iguales, aunque sí de
características similares. Al faltarles a estos soportes la altura
requerida, los constructores recurrieron al procedimiento de añadir a
cada columna uno, cimacio de planta cuadrada sobre el que descansa un
pilar monolítico de sección rectangular, rematado en su parte inferior
por uno modillones o rollos que los adaptan al cimacio. Cada dos pilares
quedan enlazados por arcos, el superior de medio punto y el inferior de
herradura. Éstos arrancan del cimacio que sirve de soporte al pilar y
las dovelas de los riñones quedan embutidas en el propio pilar,
resultando arcos enjarjados, es decir, la primera dovela está labrada en
el mismo sillar del pilar correspondiente.
Estos arcos inferiores sirven de entibo e impiden el desplazamiento
lateral de las columnas al enjarjarse en el núcleo del pilar que se
superpone a cada columna. Las dovelas de la doble arquería se alternan
en un cromatismo bicolor, rojo y blanco, derivado del material usado:
siete dovelas de piedra y ocho de ladrillo rojo, por cada arco superior,
y a la inversa en los de herradura. Esta bicromía y la estructura del
sistema de soportes relacionan muy directamente la mezquita con la
arquitectura civil romana del acueducto de los Milagros, ya citado.
Sobre esta estructura, que se repite infinitamente en toda la superficie
de la sala de oración, descansa a 8'60 m de altura la techumbre del
edificio, originariamente horizontal, formado por tableros de madera
sobre vigas transversales a la naves.
En la ampliación de doce intercolumnios nuevos a las once naves, que se
efectuó durante Al-Hakam II se introdujeron muchas novedades
arquitectónicas: las columnas son expresamente labradas, por lo que
todas son iguales en su fuste aunque los capiteles alternan, unos son de
tipo corintio y otros compuestos; no tienen basa y el cimacio, por
influencias bizantinas, adquiere una forma cruciforme; a la tipología
clásica de arcos se añaden otros (apuntado, lobulado), se varían las
proporciones (el arco de herradura del siglo X tiene la altura o flecha
mayor que el primitivo, lo que produce un descentramiento del trasdós
que deja de ser paralelo al intradós, por lo que resulta más estrecho en
los salmeres que en la clave), y, por último, se desarrolló la técnica
del entrecruzamiento de los arcos que es a la vez un recurso
arquitectónico que sirve para consolidar la resistencia de las arquerías
y una técnica decorativa que embellece los lugares más destacados de la
mezquita.
Novedad importante, por la gran trascendencia que posteriormente tuvo
para la arquitectura medieval cristiana, fue la introducción de bóvedas
nervadas cuyos nervios no se unen en la cima de la cúpula sino que se
cruzan en forma de polígono estrellado, dejando libre la clave central.
Son cuatro las que hay en la mezquita: una cubre los pies de la nave
central prolongada durante el siglo X y está formada por cuatro arcos
cruzados en ángulo recto y otros cuatro dispuestos oblicuamente formado
múltiples espacios triangulares y un espacio central cuadrado, todos
ellos decorados con pequeñas bóvedas de gallones; y otras tres que
cubren las bóvedas de la macsura que se organizan estructuralmente sobre
una base cuadrada y cuyos pares de arcos se entrecruzan formando una
polígono estrellado de ocho puntas, cuyo centro se decora con una bóveda
esquifada.
Una de las obras más admirables de la mezquita de Córdoba es el mihrab,
cuya entrada se forma por una gran arco de herradura encuadrado en un
alfiz rectangular que se apoya en un par de columnas a cada lado. Las
dovelas del arco, decoradas con mosaicos de estilo bizantino, convergen
en un punto situado por debajo de los centros de giro del trasdós e
intradós, que tampoco tienen el mismo. La hornacina de este mihrab, muy
profunda y de planta octogonal, está empotrada en el grueso muro de la
quibla, se señala al exterior por un abultamiento que tiene aspecto de
contrafuerte, y está cubierta por una cúpula en forma de concha
esculpida en un solo bloque de mármol.
La ausencia de criterios
propios ornamentales en los primeros momentos constructivos, hizo que
los constructores musulmanes incorporaran técnicas decorativas
bizantinas, si bien las adaptan a una temática acorde con el sentido
estético y religioso, destacando los motivos vegetales, geométricos y
los epigráficos. En Córdoba el verdadero elemento decorativo, que
sobrepasa a todos los demás, es el conjunto formado por la columna,
pilar, arcos y su variedad cromática, lo que constituyen un elemento
ornamental con valor absoluto que reside en sí mismo y en la estética
que nace de la repetición pluridimensional de este elemento; la
prolongación del espacio que surge en todas las direcciones, desde
cualquier punto, genera una visión especialmente satisfactoria por el
cromatismo y la proyección guiada entre columnas y arquerías.
Desde los datos que aportan un análisis más realista hay que considerar
otros aspectos de la ornamentación, por ejemplo, la de los capiteles,
variada dependiendo de la época: los más primitivos son de orden
corintio o compuesto, labrados con delicadeza en época romana, junto a
ellos se encuentran algunos de procedencia visigoda de talla más tosca
en los que las hojas de acanto adoptan forma de pencas dispuestas
esquemáticamente. Cuando se hacen capiteles ex-professo, en las
ampliaciones del siglo X, adoptan la forma de un núcleo cilíndrico
dividido en tres zonas: las dos inferiores decoradas con hojas de acanto
lisas y poco resaltadas, destacándose únicamente las puntas enroscadas,
el resto está adherido al cuerpo del capitel; en la zona superior tienen
cuatro medios discos en los ángulos. Las superficies están talladas con
profundos entrantes hechos con el trépano, y crean un capitel con
aspecto de "avispero". El lugar más profusamente decorado mediante
mosaicos y paneles de mármol labrados es el frontal del arco de
herradura y alfiz del mihrab. La decoración de ataurique de múltiples
ramificaciones y de laceria de complicado trazado geométrico, se
combinan con las inscripciones en letra cúfica que reproducen el
versículo LIX, 23 del Corán, que dice: «En nombre de Dios, clemente y
misericordioso. Él es el Dios; no hay más dios que Él: el Rey, el Santo,
la Paz, el Fiel, el Protector, el Glorioso, el Victorioso, el Excelso.
Él está por encima de cuánto ellos le asocian.» Sobre los cimacios de
las columnas laterales que soportan el arco de acceso, se encuentra una
inscripción que indica la fecha y el nombre de Al-Hakam II que mandó la
decoración de este espacio.
La estructura primitiva de las
fachadas exteriores se aprecia especialmente en la occidental, la única
que se conserva de la obra realizada por Abderrahmán I. En su desarrollo
se distingue la alternancia de poderosos contrafuertes que remarcan la
presencia de puertas de acceso a la gran sala de oración. En todo el
perímetro, a lo largo de los siglos se han ido abriendo 19 puertas, de
las cuales la más antigua, posiblemente ya existente en el primitivo
templo cristiano, es la puerta de San Esteban, que va a servir de modelo
a todas las demás, aunque en siglos posteriores se adoptaron estilos muy
diferentes.
Todas las portadas tienen un arco de herradura enmarcado por un alfiz;
en sus dovelas, jambas, albanegas y fondos de arcos ciegos se utilizan
enchapados de piedra tallada siguiendo las técnicas orientales
bizantinas de tallado a bisel. Ya se ha indicado que la más
característica es la puerta de San Esteban, de piedra caliza y aunque
restaurada en el siglo IX conserva los elementos fundamentales de su
estructura: flanqueada por dos poderosos contrafuertes está dividida en
tres zonas verticales, la central contiene la puerta propiamente dicha
con un arco de herradura y alfiz; a cada uno de los lados, y sobre unos
paños decorados con bajorrelieves de acanto tallados al estilo romano,
hay otros dos arcos ciegos con nichos y pequeñas ventanas rectangulares
encima; sobre la puerta tiene tres arquillos ciegos, y más arriba
rematando el muro hay un saliente, a modo de barbacana coronada por
merlones de forma escalonada con dentellones agudos. Al este se abren
las puertas construidas desde finales del siglo X: la Puerta de Santa
Catalina, de estilo renacentista; en el costado norte, la Puerta del
Perdón, de estilo mudéjar del siglo XIV; y la Puerta de las Palmas, del
mismo estilo.
Tras la conquista de Granada
fue convertida en templo cristiano, Carlos V impuso la incorporación de
una Catedral que sobresaliera por encima de la mezquita. La Catedral,
incorporada en el siglo XVI, es de estilo plateresco y tiene planta de
cruz latina. Consta de capilla mayor, crucero y coro. Las obras se
comenzaron bajo la dirección de Hernán Ruiz el Viejo, en el año 1523,
continuada por su hijo, Hernán Ruiz el Joven, y llevada a cabo
finalmente por Moro, en 1599. De entre los elementos a resaltar tenemos
el Altar de mármol rojo, dos importantes púlpitos barrocos y la
extraordinaria sillería del coro, de estilo barroco-churrigueresco, obra
de Pedro Duque Cornejo. Otras partes de la antigua mezquita fueron
transformadas para adaptarse a las necesidades de los nuevos mecenas y
creyentes: la nave más ancha, que parte de la Puerta de las Palmas,
conduce a la Capilla Villaviciosa, el antiguo mihrab, con bóveda vaída;
junto a ella se encuentra la Capilla Real, del siglo XIV, con bellísima
ornamentación mudéjar de estucos y al lado izquierdo se encuentra la
edificación circular de la capilla de Santa Teresa y de la sacristía. De
las más de 30 capillas que se pueden contabilizar, destaca especialmente
la de Nuestra Señora del Rosario, con tres pinturas de Alonso Cano.
Castillo de Priego
Fortaleza árabe reformada en
los siglos XIII y XIV. De carácter esencialmente militar, es austero,
como corresponde a las razones defensivas que marcaron su origen.
Está formado por un perímetro amurallado, franqueado por torres
cuadrangulares y una cilíndrica. En su entrada principal, existe un
corredor de acceso con dos arcos de herradura apuntados, enmarcados en
un alfiz, con portón al exterior y ranura para el deslizamiento de un
rastrillo.
Hasta hace escasas décadas
sobre esta entrada campeaba el escudo de la Casa de Aguilar.
La Torre del Homenaje es Monumento Histórico-Artístico Nacional desde
1943. Se ubica descentrada en el patio de armas, su altura es de 30
metros, parte de los cuales son semisubterráneos en la actualidad.
De planta cuadrada, consta de tres plantas cubiertas con bóvedas de
cañón: una inferior, originalmente usada como aljibe y abastecida desde
la azotea mediante un bajante de atenores; una media que se emplearía
como almacén; y una superior, empleada como residencia y adornada en sus
vanos con cuatro ventanas con doble arco de herradura y columna lateral
con capitel de mocárabes nazarita.
Cronológicamente, esta torre, llamada también Torre Gorda, puede datarse
de la segunda mitad del siglo XIII, cuando la villa de Priego era una
encomienda de la Orden de Calatrava, aunque la presencia de los
capiteles nazaritas en los ventanales nos indican la posibilidad de ser
un añadido de la primera mitad de siglo XIV cuando Priego volvió a estar
bajo el dominio islámico.
Iglesia de San
Bartolomé - Montoro
La ciudad de Montoro, situada
sobre una pequeña elevación a orillas del Guadalquivir, al este de la
provincia de Córdoba, cuenta con grandes valores arquitectónicos y
monumentales, entre los que sobresalen el soberbio puente sobre el río y
esta iglesia de San Bartolomé, ambos del s.XV, que les han servido para
su declaración de Conjunto Histórico Artístico, desde el año 1969.
De su mejor etapa de esplendor
nos queda esta iglesia de San Bartolomé, realizada en la piedra molinaza
característica de esta zona, en estilo tardogótico, y donde también se
incluyen elementos posteriores de tipo renacentistas y manieristas,
éstos últimos debidos a los prestigiosos arquitectos Hernán Ruiz, I y
II, padre e hijo, respectivamente.
Los orígenes de este templo se
remontan al año 1483, cuando, siendo obispo de Córdoba don Iñigo
Manrique, la entonces parroquia de San Bartolomé situada en el Castillo
de la Mota se traslada a una antigua iglesia construida en la Plaza
Mayor. Algo más tarde, en 1520, se reforma su fachada y se amplía hacia
su parte oriental; y en 1548, bajo el obispado de Leopoldo de Austria,
tío del emperador Carlos I, se reforma el templo y se construyen el
primer cuerpo de la torre y la nueva Sacristía; y se levantan a su vez
otros elementos menores tales como el frontón triangular, el escudo de
Leopoldo de Austria y el monumento dedicado a San Rafael con columnas
dóricas como soporte que decoran la fachada del edificio, todo ello obra
del propio Hernán Ruiz II.
Así, comenzada la iglesia en
el estilo gótico-humanista imperante en la época, sus obras se
prolongaron durante varios siglos, ya que hasta bien entrado el XIX no
se concluyó del todo.
Su magnífica portada a la
Plaza de España, en estilo gótico de transición al renacimiento, es obra
de Hernán Ruiz I, adintelada y con el característico marco de motivos de
galleta, elevándose sobre un panel con decoración de cuadrilóbulos, que
soporta un medio punto de remate a manera de frontón guarnecido con
motivos de hojarasca gótica. Del mismo estilo son las esculturas de San
Bartolomé y Santiago, que coronan las columnas laterales, y la de la
Virgen del Rosario que preside y culmina el conjunto.
En el interior del templo se
distingue una planta de tres amplias naves separadas por arcos
apuntados; la cabecera es triple y está cubierta por bóveda de
terceletes con ligaduras. Entre ellas destaca la Capilla Mayor, por su
profundidad y trazado poligonal. La nave central luce un artesanado de
madera con tirantas y ricas labores estrelladas de lazo que no es
original, pues éste fue destruido en la Guerra Civil Española. El coro
data de 1.793 y posee una espléndida sillería de nogal y un órgano
corrido al lado de la epístola, de un sólo teclado y catorce registros.
Dentro del estilo renacentista
sobresale la citada Sacristía; y algo posterior, ya en época barroca, la
Capilla de Nuestra Señora del Rosario, obra realizada en el año 1746.
La torre quedó inconclusa con
sólo un primer cuerpo hasta que en el año 1817 adquiere su imagen
actual; entonces, sobre su base prismática se levanta un robusto
campanario neoclásico decorado con pilastras toscanas en las aristas y
dotada de una balaustrada corrida. A su vez, este segundo cuerpo se
completa con un tercero de plata octogonal, donde también se alojan
campanas, que se remata con una cúpula semiesférica. La majestuosidad de
esta torre es total, y domina por completo el paisaje urbano de Montoro,
uno de los más espectaculares de la provincia de Córdoba.
Bien de Interés Cultural, la
iglesia está declarada como Monumento según publicación en BOJA del año
2.002. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano
Castillo de Priego
Fortaleza árabe reformada en
los siglos XIII y XIV. De carácter esencialmente militar, es austero,
como corresponde a las razones defensivas que marcaron su origen.
Está formado por un perímetro amurallado, franqueado por torres
cuadrangulares y una cilíndrica. En su entrada principal, existe un
corredor de acceso con dos arcos de herradura apuntados, enmarcados en
un alfiz, con portón al exterior y ranura para el deslizamiento de un
rastrillo.
Hasta hace escasas décadas
sobre esta entrada campeaba el escudo de la Casa de Aguilar.
La Torre del Homenaje es Monumento Histórico-Artístico Nacional desde
1943. Se ubica descentrada en el patio de armas, su altura es de 30
metros, parte de los cuales son semisubterráneos en la actualidad.
De planta cuadrada, consta de tres plantas cubiertas con bóvedas de
cañón: una inferior, originalmente usada como aljibe y abastecida desde
la azotea mediante un bajante de atenores; una media que se emplearía
como almacén; y una superior, empleada como residencia y adornada en sus
vanos con cuatro ventanas con doble arco de herradura y columna lateral
con capitel de mocárabes nazarita.
Cronológicamente, esta torre, llamada también Torre Gorda, puede datarse
de la segunda mitad del siglo XIII, cuando la villa de Priego era una
encomienda de la Orden de Calatrava, aunque la presencia de los
capiteles nazaritas en los ventanales nos indican la posibilidad de ser
un añadido de la primera mitad de siglo XIV cuando Priego volvió a estar
bajo el dominio islámico.
Puerta del Puente
Situada al pie del
Guadalquivir y en la salida tradicional de la ciudad hacia el sur a
través de su histórico Puente Romano, su ubicación se localiza en el
mismo lugar donde antes estuvieron unas Puertas romanas –que la unía con
la Vía Augusta- y luego otras de factura islámica, la Bab al-Qantara.
Tras la ampliación de la
muralla romana en tiempos del emperador Tiberio (año 42 antes de Cristo
– año 37 de nuestra era) la ciudad extiende su perímetro de muros hasta
la misma orilla del río, lo cual lleva a la construcción de una puerta
monumental desde la que se accedería a ella por su gran puente y a su
cardo máximo o eje principal. Esta puerta parece que pudo tener tres
vanos, de los cuales uno daría acceso a través de escalinatas a la
ribera del río y los otros dos al interior de la ciudad.
En el año 1.572, debido al
estado de deterioro que presentaba la vieja puerta, ante la necesidad de
darle la importancia que esta puerta requería, y coincidiendo con la
visita a la ciudad del monarca Felipe II, el corregidor Francisco Zapata
de Cisneros en nombre del ayuntamiento de la ciudad decide sustituirla
por una nueva, ahora con el espíritu y la impronta renacentista que la
ciudad requería.
Su construcción la comienza Francisco de Montalbán, aunque en muy pocos
meses es el arquitecto Hernán Ruiz III, tercero en la generación de esta
familia de artistas quien se hace cargo de las obras, a las que imprime
de la fuerza y monumentalidad que se esperaba para la ocasión, y con un
presupuesto que casi triplica el estimado en principio.
Con un majestuoso aspecto de
enorme Arco de Triunfo inspirado en los esquemas clásicos romanos,
predomina en ella la visión de sus cuatro grandes columnas dóricas de
fuste acanalado que, adelantadas respecto al resto del conjunto a modo
de pórtico, flanquean el vano de la puerta. La sensación de gran solidez
y firmeza la proporcionan la ancha puerta adintelada donde quedan
marcadas las dovelas superiores, la placa conmemorativa que monta sobre
ella, y sobre todo el fuerte entablamento que lo recorre superiormente
rematado por la rotunda cornisa y el inacabado frontón curvo que aparece
sobre él, decorado con los relieves de un gran escudo sostenido por dos
guerreros.
Por un posible problema de
endeudamiento del ayuntamiento de la ciudad y falta de fondos, la
construcción se detiene sin concluir durante un largo período de tiempo,
y es en 1.928 cuando se reconstruye por completo, ahora con un carácter
de puerta conmemorativa, una vez que en 1.912 queda libre de los restos
de murallas y de las edificaciones colindantes, repitiéndose por el
interior lo mismo que al exterior, y rebajándose a mediados de ese mismo
siglo el terreno circundante hasta recuperar la cota original.
A principios del s. XXI se
procede a una limpieza integral de la Puerta, además de realizar en su
base importantes catas arqueológicas; en el 2005 se acometen unas obras
completas de remodelación que culminan dos años después con su
reapertura como espacio público de exposición, centrándose éste en la
creación de una sala temática permanente sobre la historia de la propia
Puerta y de la muralla, así como en el establecimiento de un singular
mirador de la ciudad hacia el gran río, desde su terraza superior a
nivel de las cornisas.
Bien de Interés Cultural, la
Puerta del Puente de Córdoba es hoy Monumento Nacional, según consta en
publicación de La Gaceta de Madrid desde el año 1.931.
Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Iglesia de la
Asunción - Priego de Córdoba
El auge general alcanzado
a nivel económico en los ambientes rurales cordobeses durante el
siglo XVIII beneficia a numerosas poblaciones, en las que se
advierte en esa época una febril actividad constructiva por la que
se reforman algunos de sus edificios más importantes y se revisten
de barroco muchas de sus iglesias.
Una de las localidades más relevantes en este sentido es Priego de
Córdoba, que en 1711 pasa a depender del Ducado de Medinaceli
alcanzando entonces una etapa de gran prosperidad por ser uno de los
centros de sericultura más importantes de España. Aquí residió el
gran arquitecto barroco Francisco Hurtado Izquierdo, quien dejó
varios discípulos formados en su estética, entre los que destaca J.
Sánchez de Rueda.
La iglesia de la Asunción
es un templo gótico–mudéjar del s. XVI, que como tantas en esta
localidad fue muy remodelado en estilo barroco durante el siglo
XVIII. Su construcción se inicia en 1525 a instancias de la Marquesa
de Priego, y cuenta con tres naves separadas por arcos apuntados
sobre pilares octogonales que soportan la cubierta mudéjar que aún
se conserva tras la bóveda barroca. Templo de grandes valores
artísticos, destacan en él su alta torre de 1.541, la portada de
Santa Ana, renacentista y atribuida a Martín de Bolívar, la capilla
del Cristo de los Parrillas de 1.636 cuya imagen del Cristo fechada
hacia 1.635 se atribuye a Alonso de Mena y el Retablo Mayor
plateresco, atribuido a la escuela de Juan Bautista Vázquez El Viejo
y montado en 1567. En la iglesia además, existe un museo que cuenta
con numerosas piezas de arte, entre las que destacan el templete y
custodia de plata de 1589 y el juego de altar de oro y esmaltes,
donado por el arzobispo y Virrey Caballero y Góngora en 1794.
La iglesia la remodela
Jerónimo Sánchez de Rueda entre 1743 y 1747, transformando su
primitiva fisonomía; su intervención consistió principalmente en
abrir una cúpula sobre el crucero, cubrir la nave con bóveda de
arista y disponer atrevidas yeserías de vigoroso resalte mixtilíneo
a la altura de los capiteles de las columnas y en la línea de las
cornisas, bóvedas y cúpula. La conducción de estas obras corrió a
cargo del también arquitecto Juan de Dios de Santaella.
Coincidiendo con la
aparición del estilo rococó en la segunda mitad del s XVIII, se
alcanza en Priego el máximo desarrollo de su actividad constructiva,
que culmina con la actuación en esta población del arquitecto
Francisco Javier Pedrajas, quien en 1.772 lleva a cabo el espléndido
revestimiento decorativo del interior del Sagrario de esta iglesia,
y que tal vez sea también el autor de la estructura arquitectónica
de este recinto, una de las obras maestras del barroco español.
De planta octogonal, se
levanta su alzado con pilares vinculados a arcos de medio punto que
forman un espacio circular sobre el que se dispone un friso y una
balconada con tribuna que rodea al recinto. En cada tramo se abren
ventanas de perfil mixtilíneo y sobre ellas la cúpula sobre tambor
también abierta en ventanales, a través de los cuales una potente
iluminación penetra al interior incidiendo en las superficies
arquitectónicas totalmente revestidas de profusas yeserías de
elegante rococó cuya visión permite leer en sus muros un amplio
programa de exaltación eucarística. El asombroso efecto visual del
espacio central de este Sagrario queda precedido por una antecámara
rectangular, también revestida con decoración de yeserías con tema
eucarístico, cuya función es la de ser el ámbito desde donde se
permite al espectador asomarse al recinto del Sagrario, reservado
exclusivamente a la eucaristía expuesta en el tabernáculo.
Bien de Interés Cultural,
la Capilla del Sagrario de esta Iglesia de La Asunción es Monumento
Nacional según consta en publicación aparecida en La Gaceta de
Madrid de 1.931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos
Ruiz Serrano.
Medina Azahara
Cuando
'Abd ar-Rahmán III proclamó el califato, en el año 929, la dinastía
de los omeyas de al-Andalus había alcanzado el punto culminante de
su poder. El califato quiso dejar patente su nuevo rango
construyendo la ciudad palaciega de Medina Azahara (936 - 1010),
situada a solo 13 kilómetros al noroeste de Córdoba, que convirtió
en sede administrativa y gubernamental de su reino. Los trabajos de
construcción de Medina Azahara progresaron rápidamente, pues, 'Abd
ar-Rahmán III invirtió en ellos un tercio de todos los ingresos del
Estado, con o que impulsó el proyecto de construcción más grande y
ambicioso de su tiempo, que no fue superado en los siglo sucesivos.
La ciudad palaciega aprovechó su situación en una pendiente parecida
a una terraza a los pies de Sierra Morena. Según al-Idrisi, un
viajero cultivado que visitó las ruinas de la ciudad palaciega en el
siglo XII, Medina Azahara se asentaba sobre tres terrazas. En el
lugar más alto estaba el palacio del califa, que destacaba respecto
a los otros palacios por su ubicación aislada. El palacio simboliza
de manera impresionante el poder del califa, que desde este lugar
podía mirar más allá de la ciudad y de los límites de su territorio.
Se supone que este palacio es uno de los primeros edificios que se
construyeron en Medina Azahara. En la terraza media había edificios
del gobierno y palacios, así como las salas de recepciones y las
viviendas de funcionarios importantes. Entre la terraza media y la
inferior se encontraba la mezquita, sobre una colina artificial que
unía la zona cortesana de la terraza media con la zona de sencillas
viviendas de la terraza inferior. En el año 941 se pudo celebrar en
la mezquita el primer salat ÿumu'a del viernes, ya que al parecer la
mezquita fue construida en tan solo 48 días por un millar d
trabajadores. En el año 945 se ha documentado una primera recepción
grandiosa en la ciudad palaciega, y poco tiempo después el califa
debió de trasladar allí su casa real y su ceca. La supervisión de
los trabajos de construcción de Medina Azahara le fue encargada más
tarde, todavía en vida del califa, a su hijo y sucesor al-Hakam II.
Fuentes históricas relatan que los trabajos de construcción de
Medina Azahara duraron más de 40 años, es decir, 25 años bajo el
gobierno de Abd ar-Rahmán III y 15 años bajo el reinado de al-Hakam
II, es decir, del 961 al 976. Además de impulsar la ampliación de la
Gran Mezquita de Córdoba, al-Hakam II también ejerció seguramente
una gran influencia en algunas construcciones palaciegas de Medina
Azahara, sobre todo en las salas de recepciones, los jardines, baños
e instalaciones de fuentes.
Con la muerte de al-Hakam II en el año 976, los trabajos de
construcción del edificio oficial de Medina Azahara fueron
probablemente suspendidos, aunque todavía se trabajó en los
edificios de la terraza inferior, que no tenían reilación directa
con el distrito del palacio. Allí se extendía la ciudad con sus
casas sencillas, cuarteles, jardines y mercados. Fuentes históricas
mencionan la existencia de manufacturas estatales e incluso la
existencia de una prisión subterránea.
La importancia de Medina Azahara como ciudad palaciega y sede del
califato se redujo cuando Almanzor, primer ministro y regente del
califa Hisham II, todavía menor de edad, fundó en las cercanías de
Córdoba la residencia de Madina az-Zahira (978 - 980). El final de3
Medina Azahara no llegó, sin embargo, hasta el año 1010, cuando
grupos rebeldes bereberes redujeron a cenizas el que había sido el
monumento más característico del calid¡fato de Córdoba, si bi8en las
ruinas de la ciudad palaciega estuvieron pobladas al menos hasta
principios del siglo XII.
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La
edificación de Medina Azahara
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El
área fortificada de Medina Azahara forma un rectángulo de 1518
metros de longitud por 745 metros de anchura; hasta ahora han
sido excavados aproximadamente un 10% de los restos. Las
excavaciones anteriores se realizaron sólo en las terrazas
superior y media, y por lo tanto tan sólo afectaron directamente
al distrito palaciego. Las edificaciones de la terraza inferior
o de la planicie no se han excavado hasta ahora, aunque se ha
podido detectar la posición de otras edificaciones por medio de
las fotografía de infrarrojos, que podrían, con el desarrollo de
excavaciones, aportar otras informaciones sobre la vida
cotidiana de los habitantes de la ciudad palaciega.
En la posición más alta de Medina Azahara se encuentra el
palacio del califa, conocido como la Casa Real (Dar al-Mulk). El
palacio se distingue por la decoración de su muros y por el
revestimiento del suelo en forma de mosaicos. hasta el momento,
el palacio es accesible a los visitantes debido a las medidas de
consolidación.
Al lado del palacio se ve una hilera de edificaciones,
caracterizadas la mayoría de las veces por un patio interior
grande y casi cuadrado. Se trata de edificios administrativos y
gubernamentales. Así, al lado del palacio hay un complejo un con
patio de forma trapezoidal, alrededor del cual se agrupan series
de habitaciones conservadas de manera incompleta. Este complejo
de viviendas se halla a casi dos metros por debajo del
colindante palacio del califa, para el cual estaba reservada la
terraza superior, si bien sobresale unos siete metros por encima
de las otras edificaciones de la terraza media, de manera que la
delimitación de las diferentes terrazas no era tan unívoca, como
cabría deducir de las fuentes históricas.
La construcción situada en el ángulo noroeste de la terraza
media estaba al parecer reservada a la servidumbre y a la
guardia del califa. Se une a ella otro complejo de viviendas con
dos patios casi idénticos, separados el uno del otro por una
rampa. Debido a la estructura de los patios casi idénticos de
ambas casas, se suele llamar a este complejo de edificaciones,
situado aproximadamente a ocho metro más abajo que el palacio
califal, las explanadas gemelas. La explanada izquierda, es
decir, la occidental, tiene un gran patio de forma rectangular,
cuya extensión de norte a sur es de aproximadamente 20 metros,
mientras que su extensión de este a oeste es de más de 14
metros. El patio está rodeado por tres de sus lado d por series
de habitaciones, de las cuales la serie frontal del norte es la
mejor conservada. La sala media de la serie de habitaciones del
norte mide 3,50 por 9,82 metros y es la estancia principal de la
edificación.
Las habitaciones adyacentes son algo más pequeñas y todas tienen
una profundidad de 3,5 metros. DE las explanadas gemelas, la
occidental es la que alberga el conjunto de viviendas nobles de
este complejo, mientras que la explanado oriental estaba
reservada a las actividades económicas.
Directamente bajo las explanadas gemelas se ubica un patio en
forma trapezoidal situado a unos siete metros de profundidad.
Tiene una longitud de 27,40 metros y en su centro una anchura de
unos 8 metros. En él convergían diferentes caminos de la ciudad
palaciega, por lo que esta zona estaba especialmente bien
vigilada y fue denominada "complejo de los vigilantes". El
complejo de los vigilantes no sólo daba acceso a las explanadas
gemelas situadas más arriba, sino que desde él tambié3n se
alcanzaban los edificios situados al sur de la ciudad palaciega,
destinado a viviendas para personalidades importante, como los
familiares del califa, sus ministro y visires y los altos
funcionarios de la corte.
En el sur, el complejo de los vigilantes se abre a otros
palacios de la ci8udad. Se ha de mencionar en particular un
complejo de edificios que se identificó como la "casa del visir
Ya'afar al-Mushafi" gracias a una inscripción. Ya'afar fue
nombrado en el año 961 primer ministro del califa al-Hakam II y
fue una de las personalidades más influyentes de la corte. Su
casa se divide en tres zonas: una zona oficial para la
representación, la zona de vivienda del visir y las estancias
del personal de servicio. En la zona representativa de la casa
había un salón basilical de tres naves al que se accedía a
través de un pórtico que daba paso a un gran patio cuadrado.
Tras el salón basilical se extendía la vivienda privada con sus
numerosas habitaciones de paso, a las que estaban adosadas las
viviendas de la servidumbre. Desde el gran patio de la casa se
llegaba a un pequeño baño privado, denominado "casa con alberca",
que también se podía alcanzar desde un edificio palaciego vecino.
Este complejo de edificios está compuesto por dos construcciones
casi idénticas, cuyos pórticos, antaño exquisitamente decorados,
se abren hacia las partes angostas del patio. Restos
arqueológicos y características de la decoración del edificio
conservada en fragmentos permiten clasificar este palacio en la
fase temprana de Medina Azahara. Se supone que 'Abd ar-Rahmán
III construyó este palacio para su hijo y sucesor al-Hakam II.
En la parte norte de este palacio hay un "patio con pilares"
algo más elevado, que se llama así debido a su patio central
rodeado de pilares. En el patio casi cuadrado, que abarca una
superficie total de 440 metros cuadrados, se encontraron
fragmentos de un sarcófago romano que evidentemente había sido
reutilizado como pila.
En realidad, un edificio sólo se puede identificar si en él se
han conservado inscripciones o si hay fuentes históricas que
informen de su función Es curioso que en Medina Azahara se
distingan dos tipos de edificios los que tienen grandes patios
interiores con series de habitaciones a su alrededor, modelo
procedente de la antigüedad y que está extendido por la zona
mediterránea, y los que tienen salones basilicales, que servían
para la representación. La mezquita y el salón de recepción de
Medina Azahara son de este tipo.
La mezquita de Medina Azahara se construyó en el año 941 en la
parte este de la ciudad. Sus cimientos, descubiertos en las
excavaciones, corresponden a un salón de cinco naves que
discurren perpendicularmente a la pared de la quibla.
Las dos naves laterales exteriores se prolongaron hasta superar
el fontispicio, casi como e la Gran Mezquita de Córdoba, y se
continuaron de forma circular como galería en torno al patio de
la mezquita, situado delante. Es obvio que la Gran Mezquita de
Córdoba sirvió de modelo para la mezquita del palacio. La
mezquita de Medina Azahara, de la que sólo se conservan los
cimientos, no es ciertamente la única mezquita de la ciudad
palaciega, pero así es la única que se distingue por su
inmediata proximidad al distrito del palacio. Directamente
delante de la mezquita se encuentra una casa que era utilizada
para las abluciones (mawwadda), como se cabe suponer por los
numerosos depósitos de agua de este complejo de edificios.
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Los
grandes salones de recepción de Medina Azahara
Una distribución del espacio comparable a la de la mezquita de
Medina Azahara sirve de base para los dos grandes salones de
recepción de la ciudad palaciega que han sido reconstruidos. Los
dos salones de recepción son de tiempos del califa al-Hakam II,
y por lo tanto fueron construidos algo más de diez años después
que la mezquita.
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En
la terraza media llama la atención un gran salón de cinco naves
con p
pórtico, ante el que se extiende un gigantesco patio cuadrado de
2.500 metros cuadrados. El palacio está ubicado en la parte
oriental del distrito del palacio y hasta la fecha ha sido
llamado "Dar al-Jund" (casa del ejército). Debido a las
múltiples y a veces cambiantes funciones de los salones
basilicales, este edificio no se ha podido identificar con
seguridad. De todos modos, cabe suponer que esta construcción
servía para fines representativos, ya que en la antigua
literatura especializada se le denomina a menu7do salón de
recepción . Como en estos grandes salones también acostumbraban
a tener lugar juntas, últimamente el edificio se relaciona con
el aparato administrativo de Medina Azahara. Actualmente el
edificio recibe el nombre de "Casa de los Visires" (Dar al-Wuzara)
y se supone que en él se reunían los visires. entre sus deberes
se contaban dar órdenes, firmar contratos de venta y
arrendamiento, expedir documentos y aclarar cuestiones de
jurisprudencia.
Una planta semejante a la de la Casa de los Visires se puede ven
en el Salón Rico, que debe su nombre a la rica decoración del
edificio. Se encuentra justo en el centro de la ciudad y
presenta cinco naves con un pórtico transversal delantero
flanqueado por compartimentos. Las medidas exteriores de este
edificio son de 38 por 28 metros. Frente al palacio está el
llamado "Gran Jardín". Desde el jardín se llegaba a través de la
arcada de entrada del Salón Rico al pórtico, en el que hay una
inscripción según la cual el edificio puede fecharse entre los
años 953-954 y hasta 956-957. Se accedía a la nave central a
través de una abertura de tres arcos flanqueada a su vez a la
altura de las dos naves laterales colindantes por una abertura
de dos arcos. Las tres naves centrales formaban el núcleo del
Salón Rico, flanqueado por dos naves exteriores paralelas y
divididas en dos cámaras. Estas dos naves exteriores están
separadas de la estancia principal por un muro macizo. Las naves
exteriores están unidas mediante grandes puertas en forma de
arco de herradura con el núcleo del edificio de tres naves, así
como con los compartimentos de ángulo al sur, que flanquean el
pórtico.
La estancia principal está dividida por dos arcadas
longitudinales compuestas por seis grandes arcos de herraduras.
En la pared frontal de la nave central se ve un gran arco de
herradura ciego, ante el que se sentaba el califa durante las
recepciones y demás ceremonias cortesanas
-
La
decoración del Salón Rico
El Salón Rico se caracteriza sobre todo por su decoración. Así8,
en la base del núcleo del edificio de tres naves hay grandes
placas con motivos vegetales en relieve, en las que están
representados árboles de la vida formados por un tronco central
con ramificaciones complejamente entrelazadas que se alzan hasta
una gran corona redonda de hojas y flores Las coronas de hojas
de estos árboles de la vida recuerdan lejanamente las coronas de
palmeras sasánidas recogidas por el arte omeya oriental del
siglo VIII y que algo más de dos siglos después encontrarán
nuevas formas en Medina Azahara. Las formas de las hojas y
flores de estos paneles murales parecen, por el contrario,
remitir al arte abasí de Samarra (siglo IX), que experimentó
aquí un renacimiento. Al parecer, los artesanos que trabajaron
en Medina Azahara conocían estos modelos procedentes de Oriente
y los transformaron según el gusto local, con lo que finalmente
nacieron las formas que nosotros hay día consideramos como
características del arte califal de Córdoba y de Medina Azahara.
Ante el Salón Rico pasa un ancho camino a través del cual se
llegaba al llamado Jardín Alto, así como a las edificaciones
palaciegas situadas más al este. Justo delante del Salón rico
hay un gran estanque, cuya superficie reflejó una vez la fachada
del edificio, con lo que volvía a ponerse de relieve su
significado. además, en el centro del Jardín Alto, sobre el eje
central orientado hacia el Salón Rico, hay un pabellón concebido
como una sala de tres naves, que de esta manera refleja
fielmente en tamaño menor el modelo del Salón Rico. De este
pabellón todavía se conservan los muros de cimentación, los
pilares que lo flanquean y los cimientos de los pilares. El
Salón Rico ocupa una situación central en el plano general de la
ciudad palaciega y además es el centro de las miradas de la
terraza media. El eje longitudinal del Jardín Alto con el
pequeño pabellón en el centro está orientado hacia el Salón
Rico, situado enfrente, realzando así su importancia. El tamaño
del Jardín Alto es de aproximadamente 65 por 77 metros, lo que
supone una superficie total de más de 5000 metros cuadrados.
Está rodeado de un sólido muro que eleva el conjunto formado por
el Salón Rico y el Jardín Alto en forma de podio sobre los
edificios de la terraza inferior, es decir, de la llanura,
salvando una deferencia de altura de más de 12 metros. Esto
explica también el nombre de "Jardín Alto".
Al este del Jardín Alto se halla, en la terraza inferior, otro
jardín de estructura análoga, el llamado "Jardín Bajo". El
visitante, que en un principio se acercaba a Medina Azahara
desde la llanura, debía de sentirse muy impresionado por las
edificaciones del palacio, lo que correspondía a los deseos del
califa, que quiso dejar constancia visible de su poder con la
construcción de Medina Azahara.
Iglesia de San
Juan Bautista - Hinojosa del Duque
Fundada
como Hinojosa del Pedroche a principio del s. XIV durante la
repoblación realizada en la comarca por el Consejo de Córdoba, pasa
a integrarse en 1.444 y por donación del monarca Juan II con la
vecina Belalcázar en el señorío y luego condado de los Gutiérre de
Sotomayor. Su nombre actual data de 1.533 al convertirse en duque su
titular, don Francisco, pasando a ser la villa más próspera del
condado. Situada cerca de la frontera con Extremadura y Castilla la
Mancha, con el final de los privilegios feudales (siglo XIX), queda
bajo la jurisdicción de Trujillo (Cáceres), pasando finalmente a
formar parte de Córdoba en el año 1.833.
De su patrimonio arquitectónico, lo más interesante sin duda es su
Iglesia de san Juan Bautista, cuya construcción se inicia a mediados
del s. XV, siendo su proyecto final llevado a cabo fundamentalmente
por los arquitectos Hernán Ruiz, I y II, padre e hijo,
respectivamente.
Se
trata de un magnífico templo de transición del gótico al
renacimiento de planta basilical formado por tres naves separadas
por arcos apuntados que descansan en pilares con columnas adosadas.
La cubierta de su nave central es un gran artesonado de par y
nudillo con tirantas de clara inspiración mudéjar, mientras que en
las laterales aparecen bóvedas de crucería gótica.
La
Capilla Mayor de esta iglesia, conocida como La Catedral de la
Sierra, la diseña Hernán Ruiz I El Viejo y está decorada con una
elegante bóveda estrellada que alberga en sus plementos pinturas
murales barrocas dedicadas a san Juan Bautista, titular del templo.
Muy importante su Baptisterio, quizás su capilla más interesante,
obra de Hernán Ruiz II ElJoven, el mejor arquitecto del renacimiento
andaluz en esta zona, que cubre la sala con una atrevida bóveda
vaída de granito con molduras en relieve donde se entrelazan
círculos y óvalos, con un rosetón avenerado en el centro.
El
exterior es igualmente interesante y cuenta con una rica crestería
de piedra sobre sus muros, donde aparece un singular juego de tres
ventanas correspondientes a la sacristía de transición gótica al
plateresco junto a los escudos de los Sotomayor y los Zúñiga,
señores de Belalcázar.
La joya
del templo es su monumental portada concebida a modo de retablo en
dos cuerpos de altura mas un tímpano curvo que sobresale por encima
del muro. Iniciada por Hernán Ruiz I en 1.539 y terminada por su
hijo en 1.571, está considerada la obra maestra del renacimiento
cordobés. Su composición es muy clásica, con un cuerpo bajo donde se
ubica la puerta de entrada enmarcada entre arcos concéntricos
finamente decorados, hornacinas y medallones; mientras el alto
dispone un bajorrelieve cuadrado en piedra coronado por el tímpano
curvo superior flanqueado por pináculos. En un derroche de maestría,
a esta portada se le antepone una fina estructura columnaria formada
por un bello pórtico de columnas pareadas a dos alturas con fuerte
entablamento intermedio fragantemente tallado que, exenta y
adelantada respecto al plano de la iglesia a la manera de arco
triunfal romano, le confiere un aspecto de gran clasicismo y
elegancia.
La
torre es espléndida y majestuosa. De planta rectangular, exenta y
realizada en distintas épocas, parte de un cuerpo gótico inicial y
macizo en cuyo espesor se abre la puerta principal a los pies de la
nave central en estilo gótico-mudéjar. Sobre él se alza otro cuerpo
con sus lados mayores redondeados y sobre éste la creación del
arquitecto Juan de Ochoa quien, llamado por el obispo Francisco
Pacheco en 1.588 levanta otros tres cuerpos escalonados en estilo
renacentista, de plantas rectangular, cuadrada y octogonal
sucesivamente, todo ello de enorme esbeltez y monumentalidad, que se
corona finalmente en 1.754 con cruz y veleta, obra de Pedro A.
Muñoz.
Bien de
Interés Cultural, esta iglesia es Monumento Nacional según aparece
publicada su catalogación en BOE desde el año 1.981. Recogida de
datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Parroquia de
San Mateo - Lucena
La villa señorial de Lucena
era desde época romana camino obligado de la vía Córdoba-Antequera y
hacia el puerto de Málaga, y estuvo bajo dominación árabe desde el siglo
VIII hasta 1340, cuando Fernando III se apodera de su castillo y villa,
donándola luego al Cabildo cordobés. Situada en el centro de la ciudad
está su iglesia parroquial de San Mateo, donde probablemente se halló
antes una sinagoga y luego la mezquita, adaptada como en tantos otros
casos al culto cristiano inmediatamente después de la reconquista.
Las noticias históricas de
esta parroquia se remontan al año 1375, pero la construcción actual es
de finales del siglo XV. Así, se sabe que en 1498 se derriba el edificio
anterior y se construye éste a expensas de don Luis de Córdoba, segundo
marqués de Comares. En esta época se levantan la cabecera y dos de las
portadas; las naves son del primer tercio del siglo XVI y la portada
principal, de corte renacentista, de final de ese mismo siglo.
El grueso de la obra se
atribuye a Hernán Ruiz I y a su hijo Hernán Ruiz II, y hasta mitad del
siglo XVII no hay grandes obras salvo la adición de capillas y la
construcción en 1663 de un coro en la nave central que ocupó tres de sus
tramos, y que fue eliminado en 1851. Es por tanto un edificio que
conjuga elementos constructivos y decorativos propios del gótico y el
mudéjar con otros renacentistas. Así, los pilares de la cabecera son
góticos, con finos baquetones que mueren en capitel corrido decorado con
cardina; pero los que separan las naves son de planta cuadrangular con
medias columnas adosadas sobre zócalo, de capiteles y molduras
renacentistas.
El templo tiene tres naves sin
crucero y cabecera plana, con bóvedas que aquí es estrellada, mientras
que la que antecede a la Capilla Mayor presenta una cruz de Calatrava.
Contrasta esta cubierta en piedra con la de las naves, casi a igual
altura, que se cubren con artesonados de madera.
La fachada más antigua es la
del evangelio, formada por un vano semicircular enmarcado por dos agujas
terminadas en pináculos y decorado con cardinas y rosetas, en cuyo
tímpano preside una Virgen con el Niño bajo doselete gótico. La de la
epístola, de 1544 y dedicada a San Miguel, tiene similar composición,
conjugando formas tardogóticas y platerescas.
El Altar Mayor es una gran
obra del manierismo español, con magnífico retablo elaborado en su parte
arquitectónica por Jerónimo Hernández, que forma una trama cuadriculada
entre columnas y entablamentos clásicos donde se alojan escenas en
relieve con imágenes de Juan Bautista Vázquez el Viejo; realizado en
Sevilla entre 1570 y 1578, fue dorado y policromado veinte años más
tarde por el pintor lucentino Antonio Mohedano.
Pero lo más destacable es sin
duda su Capilla del Sagrario, espléndida obra barroca realizada entre
1740 y 1772 según trazas del sacerdote, arquitecto y pintor local
Leonardo Antonio de Castro. Los maestros Jerónimo y Acisclo Ramírez
dirigen las obras de este monumental planteamiento decorativo repleto de
símbolos eucarísticos y elementos ornamentales de carácter vegetal y
geométrico con gran proliferación de espejos y figuras de ángeles, obra
del escultor y retablista Pedro de Mena Gutiérrez, quien realiza las
yeserías, el tabernáculo del centro de su planta octogonal -cubierta por
una espectacular cúpula que la dota de una intensa luminosidad- y la
bella portada que se abre a la nave. En el exterior se levanta su
portada de mármoles de distintas tonalidades, obra de Juan del Pino
Ascanio, cuyo barroquismo colorista contrasta con la austeridad de
líneas que imperan en el resto del templo.
Bien de Interés Cultural, la
iglesia está declarada Monumento según se publica en BOJA en 2.001.
Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Iglesia de San Lorenzo
Fernando III El Santo
reconquista Córdoba a los musulmanes en Junio de 1.236 y organiza la
ciudad mediante la fundación de catorce parroquias, las llamadas
iglesias fernandinas cuyos templos se erigen entre finales del s. XIII y
principios del XIV.
Estas construcciones, con
definidas aportaciones mudéjares, pueden clasificarse como
pertenecientes al momento de transición del románico al gótico, y
responden a un arquetipo muy generalizado: fachada con rosetón, tres
naves con intercolumnios de arcos apuntados sobre pilares, cubiertas de
madera y cabecera de ábsides poligonales con sencillas bóvedas de
crucería. Entre las iglesias cordobesas que representan esta tipología
destacan la de San Andrés, la Magdalena, Santa Marina y esta de San
Lorenzo; y su existencia demuestra que hubo en Andalucía una auténtica
escuela de arquitectura ojival.
La iglesia de San Lorenzo se
levanta sobre una antigua mezquita musulmana. Es de planta rectangular
sin crucero, de tres naves con cuatro tramos separadas por pilares con
columnas adosadas. El ábside central es poligonal de cinco lados
precedido por un tramo rectangular y se cubre por bóvedas de crucería
con espinazo central. Sus muros- realizados a soga y tizón según el
modelo califal- y puertas, muestran el rico repertorio de zigzag y
vegetales que es usual en todos los edificios de la ciudad de aquella
época; y la torre, en un lateral, se levanta sobre un alminar musulmán,
transformado luego en campanario cristiano en 1555 por el arquitecto
renacentista cordobés Hernán Ruiz el Joven con evidentes tintes
manieristas.
En el primer tramo de las
naves y sobresaliendo de la planta se abren capillas funerarias góticas.
La de la nave del evangelio, llamada de La Magdalena fue fundada por don
Pedro Fernández de Valenzuela y aún conserva unas sencillas bóvedas de
tracería. La del lado opuesto es doble, creada bajo la advocación del
Calvario, hoy está muy restaurada.
Es de las pocas que cuentan
con porche exterior para proteger la entrada en toda Andalucía, si bien
éste es posterior, quizás del siglo XVI. Tiene en su fachada un
magnífico rosetón formado en su conjunto por seis círculos, de mayor a
menor, que le sirven de marco, y en su interior uno más pequeño con
arcos apuntados que se entrelazan y apoyan sobre pequeñas columnas.
Tras muchas reformas, durante
la Edad Moderna va cubriéndose de decoraciones barrocas, destruidas en
parte por un incendio en 1687; aunque a finales del s. XIX la nave
central presentaba aún falsas bóvedas y el pórtico estaba cegado. Las
restauraciones realizadas en 1957 lo han despojado felizmente de todos
esos añadidos, especialmente desde el descubrimiento del ciclo pictórico
del ábside, del s. XV, con pasajes que representan la vida del santo
titular, lo que obligó a trasladar parte del retablo mayor -obra de M.
Hernández y Francisco Hurtado Izquierdo- a un lateral del templo. La
cubierta es un buen ejemplo de artesonado de madera de lacería mudéjar.
En su interior se venera la
Virgen de los Remedios, de gran devoción en Córdoba; y la imagen del
Santísimo Cristo del Remedio de Animas, una impresionante talla del
siglo XVII.
Bien de Interés Cultural con
calificación de Monumento según publicación en BOJA de 1.985. Recogida de datos y
elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.
Templo Romano
Los soberbios
restos arqueológicos del templo romano en Córdoba se
hallan en la confluencia de las calles Nueva y Claudio
Marcelo. Por las columnas y capiteles existentes debió
de ser de grandes dimensiones. En la actualidad, se
conservan restos de la cimentación del templo, altar y
contrafuertes. De los pórticos que delimitaban la plaza
hay todavía vestigios en la planta baja del Ayuntamiento
y en otros solares. Ubicado al lado del Ayuntamiento, su
data se supone alrededor del siglo I d.C., en etapa del
emperador Claudio, cuando a la colonia patricia Corduba
se la dotó de un gran recinto monumental en forma de
plaza porticada, presidida por este templo romano
hexástilo y pseudoperíptero, dedicado a sus dioses
mitológicos. Estaba situado en medio de una plaza
elevada sobre alto podio y ceñido su perímetro por
esbeltas columnas corintias. El conjunto se completaba
con un circo.
El Alcázar de los
Reyes Cristianos
En el Alcázar se evocan
fácilmente las históricas figuras que pasaron por sus recintos: la reina
Isabel y su esposo Fernando, que durante ocho años gobernaron España
desde aquí, viviendo en la fortaleza, y los cinco hijos de este egregio
matrimonio, de entre ellos la infanta doña Maria, que nació en este
alcázar, y don Juan, el joven malogrado, que pudo ser primer rey de la
España unificada.
En este palacio se registraron
hechos, históricos unos, curiosos otros, como el bautizo de la infanta
cordobesa.
Cuentan, que mientras Colón
descubría América, Córdoba descubría los toros. Al parecer, la primera
corrida de que se tenga constancia documental, se celebró en este
palacio, lidiándose dos reses en honor y divertimento del príncipe Don
Juan.
Luego de la reconquista de
Granada, los Reyes Católicos cedieron el Alcázar al Tribunal del Santo
Oficio, después fué cárcel civil, y posteriormente prisión militar.
Posee el alcázar magníficos
jardines, en uno de ellos, en el Paseo de los Reyes, están colocadas las
estatuas de los monarcas que, de una forma u otra, han tenido relación
con el alcázar; además de un grupo escultórico que representa a los
Reyes Católicos, ante los cuales está Cristóbal Colón.
Medina Azhara
Madinat alZahra la popular
Medina Azahara, fue construida por el califa Abd alRahman III, a 5 km.
de Córdoba, y su edificación fue llevada a cabo con el dinero que le
legó la favorita alZabra. Comenzó a erigirse en el año 325 de la Hégira
(936 de J.) y duró su construcción 25 años. Los sucesores de Abd
alRahman III la ampliaron y embellecieron su ornamentación y sus
jardines. Sin embargo, la hermosa ciudad sufrió como ninguna las
vicisitudes políticas y, en el año 1010, contando sólo 74 años de
existencia, fue destruida y saqueada por los bereberes. En 1236, al ser
conquistada Córdoba por Fernando III el Santo, no quedaba de Madinat
alZahra más que el recuerdo, y los materiales de sus ruinas sirvieron
para que se construyeran con ellos palacios, iglesias y conventos. En el
año 1853, Pedro de Madrazo identificó los restos que quedaban y en 1923
todo el recinto fue declarado Monumento Nacional.
La ciudad tiene planta casi rectangular y está construida mediante
terrazas escalonadas, adaptadas al declive de la montaña, separadas por
muros muy amplios. La parte alta estaba ocupada por los palacios; en la
zona intermedia se distribuyeron huertas y jardines, y en la parte baja
colocaron la mezquita mayor, viviendas, talleres y demás dependencias.
Hay, sin embargo, una gran extensión, donde los montículos formados por
los viejos escombros y la tierra que el tiempo ha ido acumulando,
permiten indicar perfectamente dónde estaban muchos de los diversos
edificios que aún no han podido ser objeto de excavación.
El visitante puede hacerse una completa idea de la grandeza y
magnificencia de la ciudad, sólo con pasear por sus estancias y patios,
pues se conservan restos de pinturas, zócalos y losas, así como
fragmentos de columnas, trozos de fustes, basas y capiteles de mármol
blanco bellamente trabajados, correspondientes a los órdenes compuesto y
corintio.
Donde verdaderamente encontraremos la demostración de la inmensa belleza
de Madinat alZahra y de sus armoniosas proporciones, es en el edificio
descubierto en 1944, del que se hallaron tantos materiales, que ha sido
posible acometer la empresa de su fidedigna restauración.
En el formidable salón que servía para las audiencias y recepciones del
califa Abd alRahman III y sus sucesores, se han encontrado inscripciones
que no sólo conservan las fechas, sino también los nombres de los
artistas que lo construyeron pudiendo deducirse de ello, que se terminó
entre los años 956-57. Es tal la profusión de columnas, capiteles,
arquerías, zócalos, murales, etc., que se nos muestra en todo su
esplendor el punto culminante de la plena absorción de las influencias
sirias y bizantinas por los alarifes cordobeses, lo cual es como poner
de relieve lo más exquisito del arte califal español.
No seria posible cerrar estos textos, tan expresivos de admiración ante
las construcciones musulmanas de Córdoba, sin dedicar un recuerdo a
Madinat alZahira, la ciudad cortesana fundada por Almanzor. Es difícil
situar su exacto emplazamiento; pero si se sabe que fue levantada en la
margen derecha del Guadalquivir, y que al irse extendiendo sus calles y
edificios, llegaron a unirse con los arrabales de Córdoba. Fue destruida
y saqueada el 1009 y con su ruina finalizó la dinastía de los amiríes.
Palacio de
Viana
Entre las diferentes Casas-Palacios de Córdoba, sobresale el
Palacio-Museo de Viana, por la riqueza histórico-artística que en él se
muestra y por la magnificencia y esplendidez de sus patios y jardines.
Muy cerca del templo de San Lorenzo, entre la plaza y la calle de Don
Gome, un tanto desapercibido por sus aparencias, se halla el
extraordinario conjunto.
Haciendo honor al adagio de que "la auténtica y mejor belleza se
encuentra siempre adentro", pocas veces se nos sorprenderá como en este
Palacio, anterior pertenencia de los Marqueses de Viana, y hoy singular
Museo – que atesora diversidad de obras de incalculable valor histórico
y artístico -.
Sinagoga
En el barrio de la Júderia se halla el templo hebreo de la sinagoga.
Según inscripción que reza en sus muros, fue obra de Isaac Mejeb y data
su construcción del año 1315 de nuestra era. Aunque existieron otras
sinagogas en Córdoba, hoy es la única que se conserva en Andalucía, de
las tres existentes en España.
La sinagoga actual no tiene puerta directa a la calle; de esta se entra
a un pequeño patio, que a la derecha tiene el acceso al santuario. Esta
entreda da paso, a su vez, a un pórtico. Pasado el zaguán ya dentro del
recinto, el muro se encuentra decorado por la rica y profusa labor de
yesería que caracteriza el arte Mudejar de la época y se abren en él
tres balconcillos de una galería superior que estaba destinada a las
mujeres. El muro oriental es el más interesante, pues en el se abre el
hueco para el tabernáculo, donde se guardaban los rollos del Pentateuco.
La decoración de este muro es de magnífica yesería y el tablero central
está coronado por una arquería de mocárabes.
Baños Árabes
Todos los barrios de las
grandes urbes andalusíes poseían varios baños -hammam-. En la época de
máximo esplendor de Córdoba, entre los siglos X y XI, existían
novecientos baños dentro de la ciudad. La mayoría fueron abandonados
poco a poco tras la Reconquista, la toma de Granada por los Reyes
Católicos y la expulsión de los moriscos en 1492. Poco después, los
cristianos, que siempre vieron en ellos lugares de perversión, acabaron
prohibiéndolos para evitar la seducción de los cuerpos desnudos y las
reuniones clandestinas en su interior, debido a su carácter político.
Capilla de San Bartolomé
Esta capilla se encuentra situada en pleno barrio de la Judería, dentro
del recinto de la Facultad de Filosofía y Letras, antiguo hospital del
cardenal Salazar. San Bartolomé es una de varias capillas adosadas al
muro perimetral de la mezquita-catedral de Córdoba, algunas de ellas más
antiguas incluso que la propia catedral, y ha sido fechada en el siglo
XIV. Es un conjunto que constituye un buen ejemplo de la estética
gótico-mudéjar. Es casi cuadrada, con atrio y capilla, zócalos de
azulejos y patio empedrado. La capilla es como un relicario, donde se
muestran en unidad arquitectura y decoración; las dos corrientes
destacan por ser severa la primera y deslumbrante la segunda. En ella se
funden el mundo medieval cristiano y árabe, y ha sido definida por
Lamperez como románico ojival-mudéjar. Es el resultado, en definitiva,
de la convivencia entre maestros cristianos con alarifes musulmanes, con
una estructura eminentemente cristiana y una decoración árabe. La
capilla de San Bartolomé fue el lugar elegido para enterrar a Luis de
Góngora.
Casa de las Ceas
Como evocación al Nuevo Mundo
recién descubierto y a los cordobeses que viajaron a él, se creó la Casa
del Indiano, construida por Juan Cosme de Paniagua a su regreso de
América. Se trata de un buen ejemplo de arquitectura civil en estilo
mudéjar de fines del siglo XV, con restauraciones llevadas a cabo
durante el siglo XX, en las que intervino Mateo Inurria. La fachada es
el único elemento que se conserva de la casa solariega de las Ceas del
siglo XV; ésta, de dos plantas de altura, tiene una portada adintelada,
con lacerías y arquillos ciegos. Los balcones de la planta alta, de
estilo gótico, presentan una columnilla de parteluz, y el de la planta
baja se introdujo durante la restauración efectuada a principios del
siglo XX.
Convento de los trinitarios
Situado cerca de la Puerta de
Plasencia, existió una antigua ermita, la de Nuestra Señora de Gracia,
lugar en el que fray Juan Bautista de la Concepción, beato de los
Trinitarios, eligió el lugar donde establecer el convento de la Orden.
Éste se llevó a cabo en 1686, cuya fachada principal fue encargada a
Sebastián Vidal.
Palacio de la Merced
Este edificio, situado en la
Plaza de Colón, fue convento de frailes mercedarios. Con el tiempo se
convirtió en Palacio de la Merced y en la actualidad es sede de la
Diputación Provincial de Córdoba. Su construcción en el siglo XVIII
coincide con la expansión que vive la ciudad en ese momento y
especialmente la Iglesia. Con su amplia fachada es, por tanto, uno de
los mejores ejemplos del barroco cordobés. De este edificio destaca su
claustro, uno de los más bellos de la arquitectura barroca andaluza, y
su patio renacentista. Un incendio acabó con su Iglesia hace unos años.
En ella había esculturas de Gómez de Sandoval, además de bellas muestras
pictóricas. El convento de la Merced fue construido sobre una basílica
romana que luego fue palacio árabe.
Cristo de los Faroles
En la Plaza de los Capuchinos,
uno de los enclaves más tradicionales de Córdoba, se encuentra el Cristo
de los Faroles. Coincidiendo con el auge que cobran las órdenes
religiosas en el siglo XVIII, hay que destacar el apogeo de los
capuchinos en ese momento. Precisamente, el promotor de esta imagen,
fray Diego José de Cádiz, pertenecía a esta orden. El Cristo de los
Desagravios y Misericordia, popularmente conocido como Cristo de los
Faroles, fue realizado por Juan Navarro León en 1794. Su visión resulta
sobrecogedora especialmente en medio de la noche, cuando aparece
iluminado por los faroles que le rodean.
El Gran Capitán
En la Plaza de las Tendillas,
situada en el corazón del barrio antiguo de Córdoba, se encuentra la
estatua del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, realizada por
Mateo Inurria. Desde esta misma plaza, donde confluyen las principales
calles de la ciudad, también se accede a la iglesia de San Nicolás de la
Villa, realizada en el siglo XIV.
Hospital del cardenal Salazar
En pleno barrio de la Judería Francisco Hurtado Izquierdo levanta el
antiguo hospital del Cardenal Salazar, también conocido como Hospital de
Agudos, hoy dentro del recinto de la Facultad de Filosofía y Letras. De
planta casi cuadrada, con atrio y capilla, zócalos de azulejos y patio
empedrado. Se trata de un conjunto que constituye un buen ejemplo de la
estética academicista. En su interior se encuentra la Capilla de San
Bartolomé.
Iglesia de la
Compañía, del colegio de los jesuitas. Data del siglo XVI, y en
ella sobresalen el Altar Mayor, de estilo churrigueresco, y la
majestuosa escalera barroca emplazada en su patio.
Iglesia de San Agustín, originariamente gótica,
restaurada en el siglo XVI. En su interior, se conservan bellos frescos
realizados por Nino de Guevara y Antonio Castillo, así como una imagen
de la Virgen de Juan de Mesa.
Colegiata de San Hipólito, gótica del siglo XIV
reformada en el XVIII en estilo barroco. En ella se encuentran los
sarcófagos de mármol de Alfonso XI de Castilla y de su padre, Fernando
IV.
Iglesia de San Lorenzo, iglesia gótico-romana,
reformada en 1687, en la que destaca el bello rosetón de su fachada. Su
interior conserva notables frescos del siglo XV con escenas de la Pasión.
Iglesia de San Miguel, erigida bajo el reinado de
Fernando III el Santo, posee un bonito pórtico de estilo gótico temprano.
Iglesia de San Nicolás de la Villa, del siglo
XIII, renovada en el XV. Destaca por su bello campanario.
Iglesia de San Pablo, templo gótico-romano fundado
como iglesia conventual de los padres dominicos, en 1241. Ha sido objeto
de edificaciones anexas en diferentes estilos arquitectónicos. En su
interior hay un bello artesonado con decoración mudéjar. También
destacan la estatua de la Virgen de las Angustias, obra de Juan de Mesa,
y la capilla del Rosario.
Iglesia de San Pedro, antigua de los cristianos durante la
dominación islámica. El ábside y los pórticos laterales datan del siglo
XIII. Su techumbre constituye un bello artesonado del siglo XVI. El
Altar Mayor es de estilo churrigueresco, del siglo XVIII.
Iglesia de Santa Marina, es la iglesia gótica más
antigua de la ciudad. El interior es de tres naves y fue reformado en el
siglo XVIII. Destacan las pinturas de la capilla de la Virgen del
Rosario y la bella decoración mudéjar de la entrada de la sacristía.
Iglesia de Santa Victoria, de estilo clasicista,
construida entre 1761 y 1788. Posee capilla circular y fachada de
columnas.
Convento de San Francisco, fundado en el siglo
XIII. Su iglesia cuenta con un pórtico clasicista y decoración interior
churrigueresca, con pinturas de Valdés Leal, figuras de Alonso Cano y la
bella obra de su discípulo, Pedro de Mena, que efijió a San Pedro de
Alcántara.
Convento de Santa Clara, fundado por Alfonso X en
1262, sobre los restos de una antigua mezquita, de la que se conservan
el minarete y las murallas almenadas con torres en las esquinas.
Convento de Santa Isabel, fundado en 1491 por el
condestable de Priego. Su iglesia tiene pórtico de estilo renacentista y
cúpula decorada en estilo barroco.
Puente romano, un arco triunfal llamado Puerta del
Puente, construido en 1571 por Hernán Ruíz, constituye el acceso al
puente. El puente, sobre el río Guadalquivir, como su nombre indica es
de origen romano, pero fue reformado en la época árabe.
Palacio Episcopal, construido en el solar del
antiguo alcázar. Posee un bello pórtico gótico, y, en su interior,
destacan bellos tapices del siglo XVI. Muy cerca del palacio se
encuentra la hermosa Puerta de San Jacinto, de estilo gótico-plateresco.
Casas señoriales, con las que cuenta la ciudad,
por ello mencionaremos, la Casa del Carpio, del siglo XV; la de los Ceas,
del mismo siglo, con bella fachada mudéjar y decoración plateresca en la
entrada; la de los Villalones, renacentista; y la del marqués de
Fuensanta del Valle, entre otras.
El Ayuntamiento, renacentista, data del siglo
XVII. Sobresale una bella escalera de mármol negro que conduce a las
salas superiores, en una de las cuales se halla el gran cuadro El
Arcángel Rafael, obra de Antonio del Castillo.
Torre de la Malmuerta, en otro tiempo formó parte
de la muralla defensiva de la ciudad. Construida entre los años 1406 y
1408, tiene planta octogonal y está coronada de almenas. Durante el
reinado de los Reyes Católicos fue utilizada como prisión, y en el siglo
XVIII, fue un observatorio.
Torre de
Calahorra
Imponente fortaleza, probablemente, de origen árabe, pero construida en
su totalidad en 1369 por Enrique II de Castilla. Actualmente acoge el
Museo Municipal, donde se exponen importantes documentos relativos a la
ciudad.
Puerta de
Almodóvar
Se encuentra incorporada en las murallas. Está coronada por almenas
escalonadas y flanqueada por otras torres de planta cuadrada. Conduce al
barrio judío. Típicos e inolvidables espacios urbanos, son la plazuela
de los Dolores, con el famoso Cristo de los faroles en el centro; la
plaza del Potro; y la Plaza de la Corredera.En 1994, gran parte del
casco histórico de la ciudad fue declarado por la UNESCO Patrimonio de
la Humanidad.
También posee importantes museos, que albergan obras de arte dignas de
una detenida visita; el Museo Arqueológico Provincial, el Museo de
Bellas Artes, el Museo Julio Romero de Torres y el Museo Municipal
taurino.
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de Monumentos y Fiestas
Semana Santa Lucena , Marzo de 2005
Desde el domingo de Ramos al de
Resurrección desfilan 36 pasos llevados por los costaleros a la vista
del público. En el próximo año tiene lugar en el mes de Abril.
Romerías Lucena , Abril de 2003
El tercer domingo de Abril y el
primer domingo de Junio se celebran las romerías de bajada y subida al
santuario.
Fiestas Aracelitanas Lucena , 05/05/05
En torno al primer domingo de
Mayo, cuya protagonista es la Virgen de Araceli, que desfila en
multitudinaria procesión; el momento culminante es la entrada en San
Mateo, a medianoche, iluminada por un gran despliegue de fuegos
artificiales.
Feria del Valle Lucena , de 8/9/2004 a 10/9/2004
En estos días se organizan actos
culturales, musicales, concursos... Los vecinos también realizan grandes
verbenas donde se puede degustar los productos típicos de estos días.
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de Monumentos y Fiestas
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estas páginas son el resultado de la recopilación de
diversas fuentes. Tanto los artículos como las fotos han
sido recopilados de la red, y es posible que estos no sean del todo exactos,
que estén incompletos o desactualizados, o que contengan
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todas las referencias y fuentes, puede que me haya
olvidado de alguna. De ser así, os pido que me aviséis para que las
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