Monumentos y Fiestas

Jerez de la Frontera - Monumento al Minotauro

 

 

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MONUMENTOS DE CÁDIZ

El castillo de Olvera

El castillo de Olvera se alza a 700 metros de altitud sobre un cerro rocoso que domina el pueblo del mismo nombre, en la provincia de Cádiz. Desde él se divisaba la línea fronteriza de castillos que separaba las Españas musulmana y cristiana. Se puede acceder a él por la llamada calle Calzada.

Fue construido por los cristianos, sobre una fortaleza árabe del siglo XII que formó parte de la línea fronteriza del reino nazarí de Granada, después de su reconquista por Alfonso XI tras un duro asedio en el año 1327.

La planta del castillo de Olvera se de forma irregular, al adaptarse a la roca sobre la que se asienta, que lo sitúa en una mejor posición defensiva. La fortaleza tiene una única puerta de acceso, protegida por una barbacana y rematada con un escudo. De sus muros partía la muralla que rodeaba la población. Se conserva muros, varios torreones y la torre del Homenaje, aunque los elementos arquitectónicos que predominan son posteriores a la conquista cristiana, de finales del siglo XIV.

Lo que más destaca del castillo y lo hace inconfundible con respecto a otros de la provincia son dos elementos. En primer lugar, la torre del Homenaje, de de planta rectangular y con algunas saeteras, y segundo lugar la torre circular que se alza sobre el escarpado de la peña y que está coronado con un chapitel de teja.

Se encuentra en estado de ruina consolidada. Lo que queda del castillo se haya restaurado y en buen estado. Castillos net

Palacio de los Marqueses Villapanés - Jerez de la Frontera

Es sin duda la casa-palacio más monumental y está ubicada en el barrio de San Miguel, entre las calles Empedrada y Cerro Fuerte. Tiene planta alargada y ligeramente triangular. En realidad son dos casas unidas entre sí. La más antigua es la conocida por “la casa grande” con fachada a calle Empedrada y “la casa chica” con fachada a calle Cerro Fuerte y Cruz Vieja. Don Miguel María Panés y Pabón, tercer titular del Marquesado de Villapanés, construyó este palacio en el siglo XVIII para hacerlo su residencia.

La portada de “la casa grande” a calle Empedrada es bastante elegante y sencilla a la vez. Está compuesta por dos columnas de mármol rojo que sostienen un balcón recto. En la clave del arco de ingreso hay una carátula de león y el conjunto se completa con dos escudos, uno a cada lado de la portada. El balcón es rectilíneo y el cuerpo alto se decora con el mismo tipo de pilastras. La separación de la planta noble con el sobrado se subraya con guardapolvo de pizarra. La fachada a esta calle Empedrada, es de tres plantas y de considerable longitud. La planta noble se compone de vanos enrejados con repisa decorada y guardapolvos de pizarra. La separación con el sobrado se resuelve con balconcitos sin imposta de separación con la planta inferior. En este palacio estuvo la mejor biblioteca del Jerez del XIX, su magnífica colección de libros lamentablemente desaparecida.

El patio principal al que se accede a través de un amplio zaguán por la portada de la calle Empedrada, es de forma cuadrada con galería perimetral de arcos sencillos sobre columnas de mármol rojo. Al fondo del patio, se sitúa la escalera principal. La escalera de un solo tramo con peldaños, zócalos y balaustrada de mármol rojo y paredes pintadas al fresco. El techo está formado por una bóveda esquilfada profusamente decorada con escudos, cartelas, molduras mixtilíneas y figuras de angelotes. La escalera es el elemento más espectacular del edificio.

La “casa chica” , cuya construcción se inició en 1766, conserva básicamente el perímetro exterior de la edificación original. Su planta es trapezoidal y su fachada dividida en dos cuerpos y sobrado. La portada de mármol presenta elegante disposición de dos cuerpos con balcón recto, figurando en el primero un arco de medio punto, en cuyo centro aparece la cabeza de un león, con pilastras a los lados rematadas con figuras de atlantes.

Sus esquinas se destacan sobremanera, son únicas. Construidas de cantería vista resaltada, se decoran con columnas sobre pedestal. En las dos hornacinas las molduras de sus bases se prolongan por un solo lado, el que da ala calle Cruz Vieja; y en estas “repisas” se apoyan dos leones rampantes, uno en cada esquina.

En la hornacina de la izquierda, la que hace chaflán con la calle Empedrada, está la imagen del Arcángel San Miguel y en la que da a calle Cerro Fuerte, el Arcángel San Rafael. Con acceso directo desde el zaguán y calle Cerro Fuerte, se encuentra una estancia de una sola planta cuya estructura es de arcos sobre pilares que bien podría ser la bodega.

Este edificio, de propiedad municipal está siendo utilizado actualmente como centro de enseñanza y de barrio. Fuente: http://www.jerez2020.com

Teatro Romano de Cádiz

El Teatro Romano de Cádiz es por sus dimensiones el mayor de los edificios de su clase en España. Es también el más antiguo de la península, construido por Balbo como parte del urbanismo de la nueva ciudad romana. Todo un barrio medieval y sus posteriores construcciones se levantaron encima de este teatro, aprovechando gran parte de sus materiales y los desniveles propios del edificio.

En Gades existían los tres tipos de edificios destinados a grandes espectáculos públicos ; teatro, anfiteatro y circo. Sobre el teatro, en concreto, se tenían noticias a través de los textos clásicos pero hasta 1980 no se localizaron sus restos en el subsuelo del barrio del Pópulo, que junto al contiguo barrio de Santa María era el área de la Neapolis construida por Balbo el Menor en el s. I a.C. para ampliar el reducido perímetro de la ciudad más antigua.

La estructura excavada sólo ha dejado al descubierto una parte del edificio pero por ella podemos hacernos una idea aproximada de sus características. Se levantó, como era habitual, aprovechando en parte una pendiente del terreno para apoyar sobre ella el graderío y se utilizó para su construcción hormigón, mampostería y aparejo isódomo. Destaca en su conjunto la galería de circulación y acceso al graderío cubierta con una bóveda de cañón anular de hormigón, que se abría bajo la cavea.

El apoyo del orden superior de gradas es posible que no descansara sobre bóvedas, sino sobre un entramado de maderas soportado por muros anulares y radiales. En una de las filas de asientos de la media cavea, aparecen las fosas cuadrangulares en las que se alojaban los postes que soportaban el velarium ; en la parte inferior de las gradas se abre la parte superior de uno de los vomitorios o puertas de las galerías internas.

Iglesia de N. Sra. de la O - Sanlúcar de Barrameda

La iglesia de Nuestra Señora de la O, situada en el Barrio Alto de Sanlúcar de Barrameda la funda en el año 1360 doña Isabel de la Cerda y Guzmán, nieta del célebre Guzmán el Bueno, quien huyendo de la persecución que sufren los Guzmanes por causa del rey don Pedro I El Cruel, acaba refugiándose en esta ciudad.

El templo se construye adosado a los muros defensivos existentes en la ciudad y en concreto a los pertenecientes al Alcázar Viejo o de Las Siete Torres, una de las cuales fue habilitada como campanario. Más tarde, con la ruina de las murallas de este alcázar la iglesia quedó aislada, tal como se ve en nuestros días. Su configuración actual es el resultado de un continuado proceso constructivo sobre la primitiva iglesia, que si bien le ha enriquecido en cuanto a la suma de patrimonio arquitectónico y artístico, ha disminuido la pureza de su estilo original y de su arquitectura mudéjar, única en la zona.

La configuración primitiva del templo responde a las características de las iglesias mudéjares sevillanas del s. XIV, de las que allí han quedado tantos ejemplos notables: planta rectangular con ábside poligonal, tres naves de distinta altura separadas por arcos apuntados y cubiertas por armaduras mudéjares con artesonados en madera con lacería estrellada, y cubierta del ábside con nervaduras góticas labradas en piedra.

La joya de esta iglesia está en su fachada principal, situada a sus pies, en la plaza de los condes de Niebla, donde posee una monumental y espectacular portada mudéjar del s. XIV, única en su género. Está formada por una única puerta de arco apuntado con arquivoltas sobre la que se desarrolla una profusa decoración estructurada en tres pisos. En el inferior se sitúan a ambos lados y entre leones los escudos nobiliarios de los padres de los fundadores, los Medinaceli y los Guzmanes; en el piso central se continúa con un grupo de cuatro arcos conopiales ciegos, y finalmente en el superior un paño de entramado del clásico sebka mudéjar, acaba rematado por un pequeño tejaroz sostenido por canecillos.

La actual torre campanario es un añadido posterior realizado por encargo del séptimo duque de Medina-Sidonia don Alonso Pérez de Guzmán al arquitecto renacentista de tintes manieristas Alonso de Vandelvira sobre una de las torres del desaparecido castillo, en el año 1604. Para su realización, éste levantó un primer cuerpo de campanas rectangular sobre la torre, al que añadió otro menor de planta elíptica, coronados ambos por reja alrededor.

Tras esta misma reforma los soportes de las naves adquirieron entonces forma y molduración clasicista, en el tono habitual de esta saga de arquitectos; con añadidos de capillas, retablos y ornamentaciones que han restado parte de la simplicidad y nitidez original a la obra, aunque el nuevo aspecto abigarrado y colorista del conjunto forma ya parte de la evolución de los estilos artísticos de la arquitectura andaluza.

En su interior es muy interesante la Capilla de San Sebastián, costeada por don Alonso de Zárate, administrador de la Aduana, de mediados del s. XVI, con portada plateresca y tabla manierista del pintor portugués Vasco de Pereira, del s. XVI. Asimismo, existe un valioso cuadro que representa el Descendimiento de Cristo, obra de la escuela flamenca del s. XVI atribuida por varios autores a Pedro de Campaña, pintor flamenco del s. XVI formado en Italia.

Bien de Interés Cultural, esta interesante iglesia de Nuestra Señora de la O es Monumento Nacional según consta en publicación aparecida en La Gaceta de Madrid desde el año 1931.  Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Iglesia de San Jorge - Alcalá de los Cazules

La villa de Alcalá, que a la llegada de los árabes pasa a pertenecer a la Cora de Medina Sidonia y así vino a llamarse de Medina y más tarde de los Gazules por una familia aristocrática de berberiscos cuyo apelativo significa aguerrido o avanzado, fue reconquistada para la corona de Castilla por el infante don Enrique en el año 1248.

Se atribuye a don Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa y señor de Alcalá la consecución, en 1524, de una bula del papa Clemente VII para unir en una sola parroquia las tres entonces existentes en la localidad. Esta familia de los Ribera, señores de la villa, tenían patronato sobre iglesias y conventos de la misma (Santo Domingo y Santa Clara), por lo que aparecen con frecuencia sus nombres asociados con su historia.

Del primitivo templo construido sobre la antigua mezquita aljama en lo alto de la villa, nada se sabe. La reconstrucción de aquella iglesia mayor de San Jorge en el siglo XVI nos deja una espléndida portada gótica a los pies del templo, con alto tímpano labrado bajo arco conopial y entre calados pináculos, que al igual que otras de la zona (Iglesia de Santiago de Jerez o la Prioral del Puerto de Santa María), sigue la estética de los modelos sevillanos existentes en su catedral.

La transformación de la primitiva iglesia gótica en el templo actual se inicia en el año 1637 de manos del maestro mayor Gabriel del Valle. Actualmente la iglesia presenta planta de cruz latina con tres naves, la central con bóveda de cañón y más alta que las laterales que se cubren con bóvedas de arista y sobre arcos rebajados; una cúpula igualmente rebajada cierra el crucero.

La poderosa torre situada junto a la portada gótica está relacionada también con esta gran reforma del siglo XVII, presentando tres cuerpos cúbicos sobre grada, más el cuerpo superior de campanas, todo ello realizado en ladrillo visto que resalta y contrasta con los paramentos encalados existentes junto a ella y las vistosas portadas. Superiormente, y por encima de una elaborada cornisa de triple línea, se remata con un chapitel piramidal de base cuadrada revestido con azulejos vidriados en color azul.

En el año 1739 se construye en ladrillo la portada lateral de San Juan Bautista junto a la torre, con vano recto bajo bocetón mixtilíneo y flanqueada entre columnas de capitel corintio ante pilastras, sobre cuyo entablamento corre una movida cornisa muy barroca rematada por altos pináculos que enmarcan una hornacina central.
Interiormente es muy interesante el Retablo Mayor de esta iglesia, de tres cuerpos y tres calles, con estípites churriguerescos del siglo XVIII que arropan en la hornacina central una bella talla de San Jorge a caballo, y cuyo vistoso efecto plástico se prolonga superiormente a través de la bóveda de cañón con lunetos sobre el presbiterio, revestida con profusas pinturas murales. Asimismo destacan el Coro y el trascoro, realizados con maderas nobles y rica talla en estilo bien conjuntado, con columnillas salomónicas y hojarasca barroca, obra de final del mismo siglo XVIII.

Entre sus obras de valor hay que citar la custodia procesional del orfebre sevillano Bartolomé del Castillo, concertada en 1614, con cruz de plata de Fernando de Hozes, de 1729.

En la Sacristía se custodia un valioso pendón municipal de paño carmesí, color de Castilla, bordado con la imagen de San Jorge en el anverso y con las armas de los Ribera en el reverso, rematado con una cruz de plata.

Bien de Interés Cultural, se encuentra incoado como Monumento, declarado en el BOJA en el año 1.989. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Iglesia de Santiago - Jerez de la Frontera

Durante el siglo XIV la población de Jerez logra salir del estrecho cinturón que significaba para sus habitantes el conjunto de sus antiguas murallas; había crecido y se afianzaba como la más firme ciudad de la frontera cristiana con los musulmanes, sintiéndose sus habitantes incómodos en las estrechas casas de aquella villa almohade reconquistada en 1264 por el rey Alfonso X.

Pero habitar en los extramuros requería la seguridad que al fin se dio en medida suficiente sólo con la victoria de la Batalla del Salado (1349), que alejó y pacificó la frontera. En adelante, vivir fuera de la muralla seguía significando un cierto riesgo, pero ya no era una temeridad. Y por ello, a finales del s. XIV, y durante todo el siglo XV se comienza con una activa construcción de casas en dos zonas de la llanura próxima a los muros, surgiendo así los barrios de San Miguel y de Santiago, ambos en torno a antiguas ermitas que luego se convierten en parroquias, respondiendo a una clara necesidad pastoral.

La de Santiago se construye donde la ermita de su nombre, levantada en tiempos de la reconquista, quedándole adosada la también antigua ermita de la Virgen de la Paz, hoy Capilla de la Paz, de estilo mudéjar, anterior a la propia iglesia y cubierta por bóveda de nervios cruzados decorados con dientes y mocárabes.

El templo actual se construye desde finales del siglo XV y hasta la primera mitad del XVI, bajo la dirección del maestro Alfonso Rodríguez.

Se trata de una grande y hermosa construcción gótica, a la que se le han añadido luego en estilo barroco el remate de la torre y la espadaña, así como la Capilla del Sagrario, hecha por la hermandad del Prendimiento en el siglo XVIII, cuya imagen titular es una magnífica imagen barroca procesional atribuida a Luisa Roldán (La Roldana, 1.656-1.704).

La iglesia tiene planta de salón con ábside de cinco lados, y está dividida por pilastras góticas en tres naves de alturas desiguales, que por el exterior se compensan con los clásicos arbotantes. Toda la iglesia se muestra actualmente con su grandiosa sencillez arquitectónica que le presta austera elegancia y distinción, después de la acertada restauración realizada por Pons Sonella (1964) que en el exterior eliminó las edificaciones adosadas que impedían la visión del ábside; y en el interior, todos los retablos añadidos sin valor alguno. El templo carece de crucero y se cubre con bóvedas de crucería sencilla, con excepción de la Capilla Mayor, que muestra tramos de nervadura.

La fachada principal es una soberbia obra del estilo ojival andaluz. El escudo de los Reyes Católicos indica la época de su construcción, de finales del s. XV. Destaca su estilizada y bella portada central entre los dos laterales prácticamente ciegos, rematados por los clásicos arbotantes y pináculos de la época de final del gótico. Las otras dos portadas, en los muros laterales, son asimismo de estilo gótico. La torre es de 1663, y la espadaña de 1760; realizadas en el estilo y la estética propios de su tiempo.

En el muro de la nave de la epístola queda adosada una edificación que engloba a la Sacristía, concluida en 1603 en estilo renacentista-manierista, de planta cuadrada y cubierta con cúpula ojival que se asienta sobre trompas con estatuas y conchas, siendo un conjunto de gran belleza artística.

La indudable categoría de este gran templo, catalogado Bien de Interés Cultural, le valió su declaración de Monumento según publicación aparecida en La Gaceta de Madrid en el año 1.931. Recogida da datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

Puerta de Tierra

Tras el trágico saqueo a que fue sometida la ciudad de Cádiz en el año 1.596 por el conde de Essex al mando de las tropas angloholandesas se acomete la ingente tarea de la fortificación de todo su recinto urbano. Este esfuerzo secular por rodear de murallas la ciudad ha configurado el carácter final de ésta como “pieza terminada”, con un borde cerrado y rotundo formado por el zócalo de las murallas bañadas por el mar salvo en este pequeño frente, camino obligado para todo el acceso de entrada y salida a la ciudad desde tierra firme.

          A partir de un primitivo muro del siglo XV y tras continuas modificaciones y ampliaciones, se inicia la construcción de este tramo de muralla y puerta comenzado en 1639 por Ignacio Sala, ingeniero militar llegado a Cádiz para trabajar en sus fortificaciones junto con Juan Martín Cermeño. Se trata de un robusto frente almenado que tuvo varias líneas paralelas de murallas y glacis, hoy desaparecidos, cuya composición original se detalla con minuciosidad en la maqueta de la ciudad expuesta en el Museo Municipal; maqueta que, al parecer, fue la única acabada a partir de la orden del rey Carlos III de realizar bajorrelieves de todas las ciudades y plazas-fuertes importantes de su reino.

          Situaba en la parte más angosta del territorio, en el límite de desarrollo de la ciudad hacia el sur, está construida con sillares de piedra ostionera y mampuesto. Su frente se complementa a ambos extremos con los semibaluartes de San Roque y Santa Elena, hoy muy modificados, pero aún existentes.

          En su centro se encuentra la Puerta principal de la ciudad y durante mucho tiempo única entrada por tierra a su interior. Su portada monumental es de un elegante estilo barroco, proyectada por José Barnola y ejecutada por Torcuato Cayón de la Vega en el año 1755. Tiene dos cuerpos de altura: el inferior con dos pares de columnas toscanas sostiene un friso de triglifos y metopas, figurando sobre la central el escudo de la ciudad bajo la que existe una inscripción en piedra sobre el dintel de entrada dedicado al rey Fernando VI. El segundo cuerpo tiene en su base dos leones y una alegoría de la fama que junto a la cornisa trilobulada en la parte superior sirven para enmarcar un majestuoso escudo real.

          La otra cara de esta Puerta que da al interior de la ciudad presenta a su vez un gran pórtico bajo arcos semicirculares, ya de comienzos del neoclasicismo.

          A mediados del siglo XX el conjunto es reducido y alterado de forma muy importante, encargándose el arquitecto Antonio Sánchez Esteve, a partir de un concurso municipal de ideas, de adaptarlo para las nuevas necesidades del tráfico rodado impuestas por la época. Es entonces cuando se abren los dos enormes arcos laterales hoy existentes, uno a cada lado de la Puerta para el paso de vehículos, perdiendo el conjunto su carácter de muralla cerrada y haciendo necesario para ello una remodelación del torreón central, que perdió los dos cartabones laterales, a la vez que ganó las airosas cúpulas de las cuatro garitas de sus extremos.

          Durante mucho tiempo ésta ha sido “la fachada” de la ciudad por tierra y su única entrada posible por esta vía. Convertido hoy en verdadera pieza de articulación entre las ciudades vieja y nueva, representa todo un símbolo y la culminación del esfuerzo de la población por garantizar sus defensas frente a los antiguos y persistentes ataques exteriores.

Integrada dentro de la denominada Muralla Moderna junto con el resto de baluartes y murallas exteriores que circundan la ciudad, hoy está catalogada como Bien de Interés Cultural, y declarada como Monumento Nacional, según publicación aparecida en el BOE en el año 1940.  Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

Puerta o Arco de la Pastora - Medina Sidonia

Medina Sidonia es una de las poblaciones más antiguas de la Bética y su fundación se atribuye a los fenicios procedentes de Sidón, del que derivaría su nombre. De los tiempos de Roma guarda importantes restos arqueológicos, así como de época visigótica. Es conquistada por Musa ibn Nusair, gobernador de los Omeyas procedente del norte de África en 712, permitiendo a los cristianos practicar su religión en extramuros, continuando así el obispado luego trasladado a Cádiz por Alfonso X.

De todo esto y de la capitalidad de la Cora de su nombre durante la dominación árabe da idea la importancia continuada de esta población en la historia.
La fortificación de la villa formaba un triple anillo o recinto: en primer lugar estaba la Cerca exterior que circundaba a toda la población medieval; por encima de ella se situaba el Alcázar, y dominando todo, el Castillo, levantado en el siglo X sobre una antigua fortaleza romana y cuyos adarves abrazaban la totalidad del conjunto.

Son pocos los restos que se conservan hoy del recinto amurallado de Medina Sidonia, pero suficientes para dar idea de la magnitud de la obra. El perímetro fortificado tenía varias torres y lienzos de murallas. De entre las torres destaca la de Doña Blanca, donde según la tradición permaneció presa y fue ejecutada doña Blanca de Borbón, hija de don Pedro de Borbón y esposa de don Pedro I de Castilla, llamado El Justiciero por unos, El Cruel por otros. Ya sea leyenda o historia, la visión de la torre transmite cierta inquietud: de planta cuadrada, sobrio estilo mudéjar y sencilla arquitectura, está labrada en piedra tosca y desprovista de ornamentación; aparece desmoronada y con una lápida conmemorativa en recuerdo de la ejecución de doña Blanca, a los 22 años de edad.

De las cuatro puertas que tuvo la ciudad aún quedan tres: la de Belén, la del Sol y este Arco o Puerta de la Pastora, la más monumental de las que se conservan en la actualidad, a lo cual contribuye en fuerte medida la magnífica visión que le otorga la gran escalinata de acceso desde la villa extramuros. La Puerta de Belén conduce al corazón de la villa medieval, junto a algunos lienzos de la antigua muralla, torreón y Caballerizas del Duque. La Puerta del Sol se llama así porque está orientada a los rayos del Sol naciente, a espaldas del que fue Palacio Ducal de los Duques de Medina Sidonia.

Por su parte, esta Puerta o Arco de la Pastora, perteneciente igualmente al cerramiento de la antigua muralla, se encuentra situada en la plaza del mismo nombre, siendo en su día uno de los principales accesos a la medina o ciudad musulmana. Fue construida en época árabe durante el periodo califal, al más puro estilo musulmán durante el siglo X. Está formado por un gran arco de herradura, siendo el extradós ligeramente apuntado. La entrada exterior descansa sobre dos grandes columnas de origen romano y la interior en gruesos sillares de piedra. El dovelaje del arco es de piedra berroqueña, quedando marcadas con diferente material su clave y la línea de impostas. Hay un pequeño retablo que guarda la imagen de La Pastora, de donde toma nombre la Puerta.

Contiguo al arco se conserva un resto de lienzo de muralla con sus almenas y la base de una torre albarrana, cuya función era proteger y defender la entrada a la ciudad por este punto. Estos restos de murallas se encuentran embutidos en los edificios del caserío, dejándose ver en ocasiones como ocurre en el caso de la calle Muro. Dentro de su recinto medieval se conservan entre otras edificaciones de enorme interés la Iglesia de Santa María la Coronada y las Caballerizas del Duque, así como diversos restos de antiguas casas señoriales.

El Arco de la Pastora fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento Nacional según consta en publicación aparecida en La Gaceta de Madrid el 3 de junio de 1931. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

El Real Observatorio - San Fernando

El primer núcleo de población de la zona de la bahía gaditana comprendida entre el río Arillo y el caño de Sancti Petri se concentraba alrededor del castillo de San Romualdo, que defendía el paso por tierra a toda esta zona, y desde los tiempos siguientes a la reconquista emprendida por el rey Alfonso X queda bajo el dominio de la Casa de Arcos –Los Ponce de León- , de donde le viene al lugar el nombre popular de Isla de León.

Durante los siglos XVI y XVII, al amparo del desarrollo del comercio con América y sus excelentes consecuencias para la población de la Bahía de Cádiz, la población se va convirtiendo poco a poco en un enclave de creciente importancia estratégica, tanto comercial como militar. Y es precisamente esta interesante posición la que lleva a la nueva dinastía borbónica a disponer la incorporación de la villa a la Corona, en el año 1729. Esta circunstancia conlleva un impulso importante en la trayectoria de la Isla de león, ya que a su vez se decide convertirla en un centro militar de primer orden.

Dentro de esta política se incluye la creación del Arsenal de la Carraca y se confirma a finales de siglo con nuevas iniciativas institucionales, como son el traslado desde Cádiz de los servicios del Departamento Marítimo, la construcción desde 1786 de la nueva Población militar de San Carlos, y la inauguración en 1798 del Instituto y Observatorio Astronómico de la Marina, creado en Cádiz en 1.753 a propuesta del insigne marino y científico Jorge Juan.

Los planos de este Observatorio Astronómico, el más antiguo de España, se deben al arquitecto y tratadista Gaspar de Molina, Marqués de Ureña. Levantado en cinco años, desde 1793 hasta 1798, se inspira en el modelo madrileño creado por el academicista Juan de Villanueva, y se ubica estratégicamente en una de las zonas más altas de la población, al pie de la bahía de Cádiz.
De planta simétrica y forma de T, el edificio de dos plantas de altura, es un bello ejemplar de la arquitectura neoclásica, de cuidadas proporciones, que se asienta sobre una amplia plataforma horizontal a la que se accede por su frente principal a través de gradas escalonadas.

En su fachada frontal se alzan cuatro grandes columnas de orden dórico y fuste acanalado sobre las que apoyan los elementos clásicos: arquitrabe, friso y cornisa, ésta sobre canes muy volados, dando lugar a un fuerte entablamento y a un espacio cubierto de acentuado carácter clásico. Los huecos de las dos plantas son muy verticales, y están enmarcados por finas franjas de piedra, siendo los de planta alta balcones abalaustrados sobre cornisa apoyada en ménsulas. El resultado es una pieza muy armónica, con claro predominio del color blanco en sus paramentos. Superiormente se levanta el observatorio propiamente dicho y su elegante cúpula sobre tambor.

De este noble edificio, no solo tiene importancia su arquitectura, sino también la valiosa colección de instrumentos del s. XVIII que ya pasa a ser objeto de Museo. Actualmente es uno de los centros científicos más importantes de Europa y el lugar desde donde se establece la hora oficial de España; de entre sus elementos de investigación destaca la Sección Hora, que consta de una batería de relojes atómicos los cuales, desde su instalación en 1973, establecen y mantienen la Escala de Tiempo Universal Coordinado. Durante sus 250 años de funcionamiento se han ido añadiendo a sus tareas astronómicas iniciales misiones tan importantes para la Armada y la ciencia española, como el cálculo de las efemérides y la publicación del Almanaque Náutico, el Curso de Estudios Superiores, el Depósito de Cronómetros e Instrumentos de la Marina y las observaciones meteorológicas, sísmicas y magnéticas. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

El Teatro Romano

El Teatro Romano de Cádiz es por sus dimensiones el mayor de los edificios de su clase en España. Es también el más antiguo de la península, construido por Balbo como parte del urbanismo de la nueva ciudad romana. Todo un barrio medieval y sus posteriores construcciones se levantaron encima de este teatro, aprovechando gran parte de sus materiales y los desniveles propios del edificio.

En Gades existían los tres tipos de edificios destinados a grandes espectáculos públicos ; teatro, anfiteatro y circo. Sobre el teatro, en concreto, se tenían noticias a través de los textos clásicos pero hasta 1980 no se localizaron sus restos en el subsuelo del barrio del Pópulo, que junto al contiguo barrio de Santa María era el área de la Neapolis construida por Balbo el Menor en el s. I a.C. para ampliar el reducido perímetro de la ciudad más antigua.

La estructura excavada sólo ha dejado al descubierto una parte del edificio pero por ella podemos hacernos una idea aproximada de sus características. Se levantó, como era habitual, aprovechando en parte una pendiente del terreno para apoyar sobre ella el graderío y se utilizó para su construcción hormigón, mampostería y aparejo isódomo. Destaca en su conjunto la galería de circulación y acceso al graderío cubierta con una bóveda de cañón anular de hormigón, que se abría bajo la cavea.

El apoyo del orden superior de gradas es posible que no descansara sobre bóvedas, sino sobre un entramado de maderas soportado por muros anulares y radiales. En una de las filas de asientos de la media cavea, aparecen las fosas cuadrangulares en las que se alojaban los postes que soportaban el velarium ; en la parte inferior de las gradas se abre la parte superior de uno de los vomitorios o puertas de las galerías internas. Autor: Redacción - Cádiz. Net

Iglesia de San Felipe Neri

La Iglesia de San Felipe Neri de Cádiz, perteneciente a un primitivo oratorio de filipenses de hacia el año 1.671 comienza su actual transformación sobre el 1685 a manos del maestro de obras Blas Díaz, quedando acabada para su inauguración en 1719. No obstante, elementos importantes como su primera cúpula debieron quedar arruinadas tras los efectos del terremoto de Lisboa de 1755, por lo que hubo de acometerse su reconstrucción, ahora mediante el también maestro de obras Pedro Luis Afanador, quien la deja acabada en 1764, tal como hoy la vemos.

Se trata de un espléndido templo barroco de planta elíptica articulado mediante parejas de pilastras jónicas adosadas a sus muros con hornacinas intermedias, entre las que, a través de un cuidado ritmo compositivo y simétrico, intercala capillas laterales de distintos tipos y composición.

El elegante trazado vertical de este primer cuerpo de la iglesia queda interrumpido mediante una balconada longitudinal y continua apoyada sobre cornisa, de gran efecto visual, que a su vez se rompe junto al Altar Mayor para permitir su remonte sobre todos los demás, marcando así claramente el eje principal de la composición. Por encima de él, un segundo cuerpo vertical apenas sin hueco y con una decoración muy plana repite el ritmo de las dobles columnas inferiores y plantea una nueva balconada sobre cornisa, esta vez continua y cerrada, de donde arranca una primera bóveda elíptica con estudiado juego de ventanales a ejes con los altares. Ésta a su vez queda coronada por una tercera balconada cerrada que mediante un acertado juego arquitectónico soporta dos nuevas bóvedas elípticas concéntricas que cierran el templo.

No cabe duda de que la concepción espacial de esta iglesia es de las más logradas de cuantas existen en la ciudad, y tanto la ausencia de elementos intermedios, como la potente luz que se filtra por los altos ventanales de la bóveda, hacen de este templo un ejemplar de singular belleza.

En su interior contiene retablos de distintas épocas y magnífica factura, siendo los más antiguos el de La Anunciación, de clara influencia sevillana, y el de los mármoles genoveses de la Capilla del Sagrario, fundado por el marqués de Cinco Torres. En su frente principal, se levanta el suntuoso Retablo Mayor, de refinado estilo rococó, que contiene una espléndida pintura de la Inmaculada, obra del artista sevillano Bartolomé Esteban Murillo de hacia 1.681.

Además de su indudable interés arquitectónico y artístico, la iglesia cuenta con especial significado histórico a nivel nacional por haber sido sede de las Cortes que crean aquí la primera Constitución moderna española, modelo de otras que luego se elaborarían en Europa y América.

En efecto, desde febrero de 1811 el Consejo de Regencia del Gobierno de la Nación reside en Cádiz donde se refugia huyendo del avance de las tropas napoleónicas, ante la presión que éstas ejercen en la vecina Isla de León, lugar donde se comenzaron las sesiones en septiembre de 1810. La nueva Constitución española queda elaborada en esta iglesia y proclamada el día 19 de marzo de 1812, día de San José, por lo se la llamó popularmente La Pepa.

De aquella efemérides queda un significativo recuerdo y homenaje en el exterior del propio templo, cuya fachada se organiza mediante pilastras jónicas de orden gigante, entre las que se disponen numerosas lápidas dedicadas a aquellos diputados doceañistas, colocadas la mayoría en 1912 con motivo del primer centenario de las Cortes de Cádiz. Bajo la iglesia hay además una cripta con dos mausoleos que contienen los restos mortales de varios de los diputados de aquél evento y de las victimas de la represión del levantamiento liberal de 1820.

Justamente reconocidos los méritos de esta iglesia y sin duda incrementados por los altos valores históricos que le avalan, hoy está catalogada como Bien de Interés Cultural y su declaración como Monumento Nacional fue publicada en La Gaceta de Madrid en 1931.  Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Antiguo Ayuntamiento - Jerez de la Frontera

El siglo XV marca el comienzo del esplendor de Jerez, convertida en lugar de residencia de una cada vez más numerosa y distinguida nobleza. La ciudad se convierte en una de las más prósperas de Andalucía ya que además de la explotación ganadera exporta los frutos de la tierra, especialmente sus vinos, por toda Europa; y desde finales del siglo, a las nuevas tierras americanas.

Como prueba de la pujanza del Cabildo jerezano, que durante todo el siglo XVI conoce un período de esplendor sin precedentes, se levantan notables edificios en la ciudad, tanto de tipo religioso como de carácter civil, ya sean éstos de promoción particular (algunas de las grandes casas-palacios son de esta época) o de promoción pública.

A este último grupo pertenece esta Casa del Cabildo o Antiguo Consistorio, construido por los maestros mayores de la ciudad Andrés de Ribera, Diego Martín de Oliva y Bartolomé Sánchez, como rezan las inscripciones de su dintel central y tímpanos laterales. Levantado durante los años 1569 y 1.575 durante el reinado de Felipe II, es éste un noble edificio con tres fachadas, la principal a la Plaza de la Asunción, en una sola planta; y está compuesto por un cuerpo principal más otro contiguo que se prolonga como una logia abierta o galería porticada con tres arcos de medio punto y marcado estilo italianizante, todo ello decorados con grutescos y figuras genuinamente renacentistas.

A Diego Martín de Oliva le corresponde la gran sala rectangular cubierta por bóveda de cañón con casetones y arcos fajones que apoyan en capiteles-ménsulas, en cuyo testero se encuentra la figura sedente de Alfonso X El Sabio. El antecabildo es obra de Andrés de Ribera y Bartolomé Sánchez y se cubre con tres bóvedas también con casetones, muy planas inspiradas en los tratados de Serlio.

Con una estudiada composición arquitectónica y escultórica, la fachada del cuerpo principal tiene sus huecos rectos o adintelados flanqueados por columnas de órdenes corintios con frisos fragantemente decorados y frontones triangulares. Sobre ellos se apoyan las figuras de las cuatro Virtudes y se alzan estatuas clásicas de gran contenido simbólico y de poder, representando a Hércules y Julio César.

Contrasta la gracilidad de la arquería abierta y apoyada sobre livianas columnas de mármol blanco del ala lateral, con la rotundidad de la fachada del cuerpo principal al que se adosa. Ésta se presenta firmemente apoyada sobre gradas y articulada por semicolumnas corintias pareadas que se apoyan sobre pedestales únicos, y se acaba con una cuidada decoración y una ligera balaustrada de piedra superior que se continúa sobre todo el conjunto de la fachada. La rotundidad planteada en este cuerpo principal se acentúa con la incorporación de pilastras rematadas con jarrones clásicos en su balaustrada, cuyo eje se recrece con un elegante ático central donde se sitúan los escudos de la Casa Real y del Consistorio de Xerez.

Por su clasicismo, finura y estética, este bello edificio civil, levantado en pleno centro de Jerez, representa sin duda una de las mejores muestras de toda la arquitectura renacentista, no sólo de la ciudad, sino también de toda la provincia de Cádiz.

Desde 1873 y hasta fecha reciente, el edificio ha albergado a la Biblioteca Municipal, con una riqueza bibliográfica que se cataloga en más de 40.000 volúmenes, y también al Museo Arqueológico de la ciudad, en cuyo interior se expone el famoso Casco del Guadalete, del s. VII a. de Cristo y varios ídolos femeninos de la Edad del Bronce, entre otras valiosas piezas.
El conjunto está catalogado Bien de Interés Cultural (BIC), y declarado Monumento por el BOE desde 1962. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Basílica de Santa María - Arcos de la Frontera

Son muchas las culturas que dejan huella en esta tierra, pero es en época musulmana cuando Arcos surge como población floreciente, llegando a ser reino de Taifa bajo el mando de Ben Jazrum. En 1.264 Alfonso X El Sabio recupera la villa para Castilla quedando de aquella época el sabor árabe de sus calles estrechas, sus casas blancas de cal, el altivo castillo y la Puerta de Matrera. Sin embargo es la monumentalidad cristiana la que ha servido para que su casco antiguo sea declarado Conjunto Histórico Artístico (año 1.962), gracias a la enorme riqueza de sus iglesias, palacios y conventos.

En 1.473 Enrique IV eleva Arcos a la categoría de ciudad en premio a las ayudas bélicas de sus hombres en la reconquista, dirigidos por Rodrigo Ponce de León, nombrado marqués de Cádiz y duque de Arcos. Su decisiva intervención en la Batalla del Salado (1.340) lleva a Alfonso XI a eximirles de tributos e impuestos, resultando una ciudad privilegiada en lo social y en lo económico.

Supuestamente asentada sobre el relleno resultante del desmonte que subía al castillo, Diego de Riaño, Maestro Mayor de la catedral de Sevilla (1.528) y luego también de las iglesias de Arcos, trabaja en esta iglesia de Santa María, de planta de salón y tres naves de igual altura, siguiendo las obras iniciadas hacia 1.520 en estilo gótico por Alonso Rodríguez y Juan Gil de Hontañón, también Maestros Mayores de la catedral hispalense, de cuyo arzobispado dependía Arcos.

Le sucede Martín de Gainza a quien, ya en estilo renacentista, se atribuye la resolución y rica decoración de las bóvedas del presbiterio, la Capilla Mayor y la Sacristía, esta última de planta centrada y bóveda rebajada, cuyo esquema deriva de la de la catedral sevillana, que el maestro acabó a la muerte de Riaño. También interviene Hernán Ruiz II, quizás el mejor arquitecto renacentista de Andalucía y Maestro Mayor de la catedral de Sevilla (1.557), cuya presencia está documentada en Arcos en 1.559 y siguientes para vigilar y reconocer las obras.

Del exterior destaca la gran portada de Santa María situada a sus pies y labrada hacia 1.520, obra de Alonso de Baena. Representa el paso del final del gótico al plateresco o primer renacimiento, y está centrada por dos enormes contrafuertes redondeados en forma de pináculos góticos repletos de vistosos doseletes adosados. La puerta queda enmarcada por arquivoltas sobre las que aparecen escudos catedralicios sostenidos por leones, y se remata por dos altos nichos verticales de corte plateresco.

El magnífico Retablo Mayor fue concertado en 1.585 por Juan Bautista Vázquez El Joven y Jerónimo Hernández, quien muere al año siendo sustituido por su discípulo Andrés de Ocampo, que realiza la mayor parte del trabajo entre 1.594 y 1.608, con escenas sobre la Ascensión de la Virgen.

El coro está considerado de los mejores de Andalucía. Existía uno anterior, obra de Miguel de Adán y Juan de Oviedo, pero dado su deterioro se decide reemplazarlo por este nuevo. La sillería comienza a tallarse en 1.734 por Agustín de Medina y Pedro de Ahumada, y cuenta con asientos en caoba y cedro con incrustaciones de naranjo y granadillo, separados por columnillas salomónicas.

En el s. XVII se proyecta la enorme torre barroca como un referente a la Giralda, obra de Vicente Catalán Bengoechea. Está inacabada, pues preveía sobre lo actual un segundo cuerpo de campanas, más otro octogonal para el reloj y otro menor como remate. En su composición se mezclan elementos renacentistas junto a los de corte barroco como son la triple balconada redondeada bajo las campanas en cada cara, las estatuas y los bellos exornos de piedra alternados con semiesferas cerámicas vidriadas. En 1.699 el arquitecto jerezano Diego Moreno Meléndez, autor del mejor barroco en su ciudad, construye los arbotantes adintelados que cruzan de parte a parte el Callejón de las Monjas y que sostienen desde entonces el muro de la iglesia, inclinado por el peso de las bóvedas.

Bien de Interés Cultura, esta valiosa iglesia fue justamente declarada Monumento Nacional en el año 1.931, según queda publicado en La Gaceta de Madrid de ese mismo año. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano

El puerto de Santa María - Iglesia Mayor Priorial

Se construye este templo en la parte alta de la ciudad, y su fábrica está documentada desde el año 1486 coincidiendo con la etapa de apogeo constructivo que fomentan los duques de Medinaceli, señores jurisdicionales de la villa y promotores de la obra. Como la mayoría de los edificios de la zona y la propia catedral de Sevilla se levanta con piedra arenisca procedente de la Sierra de San Cristóbal, de la vecina ciudad de Jerez.

El primer maestro de obras de la iglesia del que se tienen noticias es Alonso Rodríguez, quien trabajaba por entonces en la catedral de Sevilla y en otras iglesias de aquella diócesis, así como en el Monasterio de la Victoria portuense, de financiación ducal del año 1504. 

Con tres naves –la central a mayor altura- mas dos laterales para capillas, en 1493 el edificio se encontraba abierto al culto, aunque aún tardaría años en concluirse. De esta primera etapa se conserva la fachada de los pies o del Perdón, de estilo gótico tardío, quizás inacabada por A. Rodríguez, o puede que arruinada como otras partes del templo, por el terremoto de 1636.

Por los efectos de dicho terremoto se producen importante daños, desplomándose la nave principal y quedando el resto del edificio en malas condiciones. Entonces se acomete una reedificación del templo, que dura casi toda la segunda mitad del s. XVII y corre a cargo de Antón Martín Calafate, quien recibe las obras en 1647 y utiliza parte de la iglesia que aún se conservaba como eran los muros exteriores, el ábside y algunas capillas.

Posteriormente y a partir de 1659 el nuevo maestro Mayor de la ciudad Francisco de Guindos se hace cargo de la obra levantando las bóvedas de crucería y abriendo nuevas capillas.

De ésta época es la apertura de la espléndida puerta lateral (Puerta del Sol) realizada como fachada-retablo donde, alternando entre múltiples columnas y pináculos abalaustrados, se incluyen notables elementos decorativos platerescos y barrocos. En el centro, en una hornacina del cuerpo alto se aloja la imagen de la patrona de la ciudad, Ntra. Sra. de los Milagros sobre el castillo de San Marcos, emblema del escudo de la ciudad. El remate superior, es un ático de cornisa curvilínea con dos grandes óculos sobre el que se disponen las alegorías de las virtudes teologales, todo ello arropado en una profusa decoración de temas variados, puramente platerescos. Se inauguró el templo reconstruido, aunque no definitivamente terminado en el año 1671.

El aspecto exterior del edificio en su conjunto combina así de forma singular una apariencia gótica -en los arbotantes que enlazan el sistema de sus contrafuertes claramente perceptibles desde el exterior, en su portada de los pies y en su ábside pentagonal-, con decoraciones, cresterías, retablos y remates platerescos y barrocos.

El interior de la iglesia es soberbio y de aspecto catedralicio: el clásico Coro con su cerramiento de piedra situado frente al altar mayor, las bellas bóvedas nervadas de distintos tipos y el ábside poligonal le dan prestancia y grandeza.

Contiene además muchas e interesantes obras de arte, donde se pueden destacar entre otras, el magnífico retablo de plata mexicana realizado en 1682 por José Medina en San Luis de Potosí (México) y hoy situado en la Capilla del Sagrario; el retablo barroco del s. XVII de la Capilla de la Virgen de los Milagros, de la escuela de Pedro Duque Cornejo; la sillería del Coro atribuida a Juan Bautista Vázquez el Joven, y el baldaquino monumental de estilo neoclásico levantado en el centro del altar Mayor a finales del s. XVIII por el arquitecto local Torcuato Benjumeda,

Bien de Interés Cultural, la iglesia está declarada Monumento Nacional, según consta en publicación del BOE del año 1.982. Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Iglesia Parroquial De San Juan Bautista - Chiclana De La Frontera

Chiclana, que aparece en la historia en 1.303 cuando la villa es cedida por el rey Fernando IV a Alonso Pérez de Guzmán el Bueno en recompensa por los servicios prestados en la defensa de la plaza de Tarifa, comienza a construir su primitiva iglesia gótica de San Juan Bautista hacia 1.510. Las obras se realizan muy lentamente (hasta 1.576 no se concluyen la sacristía y la torre), y se decide derribarla en el s. XVIII ante la imposibilidad de acometer su ampliación debido al acusado estado de ruina que presenta. Actualmente se conserva en el nuevo templo parte del bajorrelieve del Descendimiento que perteneció al retablo mayor de aquella iglesia, fechado hacia 1.552, cuyos artífices fueron el entallador flamenco Roque Balduque y el pintor Andrés Ramírez.

El arquitecto gaditano Torcuato Cayón de la Vega, entonces encargado de las obras de la catedral de Cádiz y figura clave en la transición entre la arquitectura barroca y la neoclásica, diseña la iglesia actual, que se construye a partir de 1.776 bajo su dirección y hasta su muerte en 1.783, con planta de salón, cripta bajo el presbiterio, y tres naves de igual altura sobre pilares cruciformes.

Continua las obras, con modificaciones, su ahijado y discípulo Torcuato Benjumeda, natural del Puerto de Santa María, la figura más destacada del Neoclásico gaditano; y las continua hasta su muerte en 1.836 sin ver concluidas las mismas, que se van demorando por falta de fondos. En esa fecha quedan por hacer, entre otras, las dos torres-campanarios diseñadas por él para los pies de la fachada y la cubrición de la cúpula y su linterna.

La fachada principal se eleva sobre una plataforma que salva el desnivel existente entre el interior y la plaza, con rampas a los lados y amplia grada en el centro. Se construye entre los años 1.791 y 1.797 y queda compartimentada por las típicas pilastras con guirnaldas en los capiteles jónicos, clásicas en las obras de Benjumeda. La portada es de dos cuerpos de altura; la baja con dobles columnas corintias pareadas en zig-zag, permite la creación de un balcón central superior, en cuyo espacio se había proyectado la imagen de su titular y patrón de la ciudad. Remata el conjunto, un amplio frontón triangular con esculturas de dos grandes ángeles que portan un escudo heráldico, en cuyos cuarteles campean los escudos de la propia parroquia, de Chiclana y de Cádiz.

Las obras se suspenden bajo la ocupación francesa de la villa en el año 1.810, y hasta 1.812. En esa etapa la iglesia sufre grandes deterioros al ser destinada a cuartel general y parque de artillería por la tropa invasora, desapareciendo en ese tiempo entre otros valiosos elementos los mármoles ya labrados para el altar mayor y la imagen de San Juan prevista para la fachada.

Tras muchas vicisitudes, la iglesia se consagra en 1.814 con las obras acabadas sólo provisionalmente (la cúpula aún era provisional y de madera), predicando la primera misa el magistral don Antonio Cabrera, natural de Chiclana, canónigo de la catedral de Cádiz. Quedaban por hacer aún partes importantes, como son las dos torres-campanarios de la fachada, la nueva estatua de mármol de San Juan que presidiría su balcón central y la linterna de la cúpula.

Del interior del templo destacan las magníficas bóvedas labradas en piedra, la cripta bajo el altar mayor, los pequeños retablos laterales de estilo neoclásico diseñados por Benjumeda, dos lienzos barrocos junto al altar mayor, atribuidos a la escuela de Zurbarán, y valiosas piezas de orfebrería, como la magnífica Custodia del s. XVIII.

Bien de Interés Cultural, su valioso patrimonio arquitectónico y artístico fue justamente reconocido al incluirse como Monumento Nacional por el BOE en 1.975.
Recogida de datos y elaboración de Ficha: Carlos Ruiz Serrano.

Alcázar de Jerez de la Frontera

La llegada de los musulmanes a la península lbérica supuso, en el área que quedó bajo su dominio (Al-Andalus), la configuración de una nueva sociedad compuesta en su mayor parte por la población hispano-visigoda. A ésta se añadieron otros contingentes, sobre todo árabes y bereberes, que llegaron tanto en el momento de la conquista como en periodos posteriores.

Tras la desaparición de la dinastia omeya cordobesa (1031) y la disgregación de Al~Andalus en pequeños reinos, Jerez -que debía ser en este momento una pequeña población- quedará ligado al recién creado reino de Arkus (Arcos)

Pero a fines del período almorávide (mediados del s.Xll) en lo que se denomina "segundas taifas" alcanzó su independencia como urbe, gobernada por el caudillo Abu-l-Gamar Ben Garrum, quien será de los primeros régulos en someterse al dominio almohade. Debía poseer la ciudad por estas fechas una notable entidad y personalidad, como describe el cronista al-ldrisi: “La ciudad de Jerez es de mediano tamaño y bien fortificada por todas sus partes; está rodeada por muchas vides, olivos e higueras, y posee abundante trigo a precios convenientes”

Su recinto amurallado, que puede aún seguirse con relativa facilidad fue elemento fundamental de defensa; su trazado que se adapta al emplazamiento aprovecha la orografía del terreno para adaptarse al relieve del suelo.

Obra almohade del siglo Xll, forma un cuadrilátero irregular, con una puerta en cada uno de sus lados, los lugares más espectaculares del recinto y con el Alcázar situado en el ángulo sudeste que corresponde a la parte más alta de la ciudad.

La importancia del recinto amurallado de Jerez se explica por tratarse de una ciudad fronteriza y enlace estratégico de primer orden. La cerca tenía aproximadamente 4.000 metros de perímetro y abarcaba una superficie de 46 Ha.

El Alcázar recinto fortificado dentro de la ciudad, residencia del "Wali" del califa sevillano, aparece enmarcado por varias torres: la torre del Mirador; la torre Octógona en la que se muestra el característico encintado doble de piedra y ladrillo propio de las construcciones almohades y la torre del Homenaje, la mayor del castillo y donde se llevaba a cabo el juramento de los vasallos a su señor.

Dentro del recinto del Alcázar, merecen especial atención los Baños Almohades, con su noria y aljibe, y la Mezquita.

Los Baños responde a las plantas generales de estos edificios con la distribución en tres zonas que se mantienen desde los baños romanos: caldarium o sala caliente, tepidarium o sala templada y frigidarium o sala fría.

Antiguo Hospital de Mujeres

Introducción - La calle Hospital de Mujeres de Cádiz debe su nombre al hecho de que a mediados del siglo XVII se dedicaran algunas casas de Cádiz al cuidado y curación de mujeres pobres. No obstante, la capilla que conocemos data del siglo siguiente, siendo una joya monumental de rica y cuidada decoración, y uno de los edificios más representativos del barroco gaditano.

Al morir en el año 1634 el capitán D. Antonio de la Yust, dejó dicho en su testamento que era su deseo que se crease un hospital dedicado a la curación de mujeres pobres, dejando la cantidad de dinero necesaria para el cumplimiento de esta voluntad suya.

Orígenes - No se sabe por qué causas, sus deseos no se llevaron a cabo hasta el año 1650, en cuya fecha, el capitán D. Manuel Ilibarri, ejecutor testamentario de D. Antonio de la Yust, adquirió para tal fin algunas casas situadas en la calle Columela esquina a Feduchy, entregándoselas en presencia del Obispo D. Francisco Guerra a unas piadosas mujeres que se dedicaban al cuidado de las enfermas desvalidas.

El historiador gaditano Fray Gerónimo de la Concepción en su obra "Emporio del Orbe" atribuye injustamente esta piadosa obra al capitán D. Manuel Ilibarri al decir que "dejó en su testamento en el año 1648 un cuantioso legado para que con él se comprase casa a propósito donde se atendiese a la cura de mujeres pobres o enfermas", cuando lo cierto es que D. Manuel Ilibarri obró cumpliendo cláusulas testamentarias de D. Antonio de la Yust, y con el dinero que éste mismo había dejado para tal fin.

El edificio - El edificio se estructura en torno a dos patios separados por una original escalera imperial con seis tramos dobles y otros tantos simples, mesetillas simples centrales y hermosísima cúpula elíptica sobre pechinas en la parte superior, que conducía a las enfermerías. Tanto en la cúpula como en los tramos de escaleras están decorados por yeserías, constituyendo una de las escaleras más interesantes del barroco andaluz.

El primer patio y principal articula en primer cuerpo sobre columnas toscanas y arcos semicirculares y un segundo, cerrado con pilastras que separan los vanos decorados con frontones rotos y óculos de luz. Una dinámica cornisa corona todo el perímetro. El segundo patio es de menos detalle. En ambos es de interés el via-crucis en azulejos del siglo XVIII.

La fachada, como se observa en la foto de cabecera, es de tres cuerpos y decoración barroca con reminiscencias italianizantes, presenta vanos cruciformes en el primer piso, con frontones rotos y óculos en el segundo y ventanas cuadradas entre pilastras jónicas en el tercero.

La capilla del hospital, con entrada directa desde la calle, es de planta de salón con tres naves a igual altura, separadas por columnas de mármol de orden toscano, que sostienen bóveda vaída, en el crucero. Hacia el año 1920, siendo Obispo de la Diócesis D. José María Rancés y Villanueva, se realizaron importantes obras en esta Capilla bajo la dirección del arquitecto D. Juan Cabrera. Las pinturas al fresco, en la cúpula, alusivas a la Virgen del Carmen, son obra de Felipe Abarzuza. El retablo mayor es neoclásico, cobijando una Virgen del Carmen de la misma época.

El resto de los retablos son barrocos con profusa decoración de estípites y rocalla.

Baluarte de la Candelaria

El baluarte de La Candelaria formaba parte del frente marítimo de la Bahía que protegía la entrada al puerto y el frente noroeste de la ciudad.

Fue construido en el año 1672 por iniciativa de don Diego Caballero de Illescas, cuando era gobernador de la plaza, con la intención de proteger la entrada natural al puerto de Cádiz. Dada su posición, sufrió los continuos embates del mar, siendo ingenieros militares de la talla de Ignacio Sala, Juan Zapatero y Antonio Hurtado los que ejecutaron las reparaciones.. En el siglo XVIII se montó una explanada con batería a barbeta.

Ha servido de cuartel, maestranza de ingenieros, palomar del servicio colombófilo del cuerpo de ingenieros.

Catedral de Cádiz

La Catedral de Cádiz es una magnífica muestra de los cambios de estilo dados a lo largo de los 116 años de su construcción.

Comenzada en estilo barroco su planta y el interior hasta el friso rococó, es terminada en neoclásico, en su fachada, torres, cúpulas, segundo cuerpo del interior, la mayoría de retablos y el altar mayor.

Sus capillas cuentan con un gran número de obras de arte procedentes de la Catedral Vieja y de conventos desamortizados, y el magnífico museo catedralicio se encuentra en la Casa de la Contaduría.

Con el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz en 1717, se produce un gran desarrollo económico por lo que el Cabildo desea construir una catedral acorde con el esplendor de la ciudad, ya que la existente, mandada a construir por Alfonso X sobre 1260, fue incendiada en 1596 y se encontraba en muy mal estado tras varias reconstrucciones.

Las obras dieron comienzo en 1722 según proyecto del arquitecto Vicente Acero, el cual tras haber trabajado durante cinco años en la Catedral de Granada, deja ver en ésta la influencia de la anterior y la de Guadix.

Acero dimite y en 1739 se hace cargo de las obras Gaspar Cayón, pasando en 1757 a su sobrino Torcuato Cayón. Tras la muerte de éste en 1783, le sucede Miguel Olivares hasta 1790, fecha en que las dirige Manuel Machuca. Finalmente desde 1832 hasta 1838, en que se dan por finalizadas, las dirige Juan Daura.

El exterior - La fachada principal está realizada con mucho movimiento a base de formas cóncavas y convexas. Posee tres pórticos. El central tiene dos cuerpos, de los cuales el primero posee cuatro columnas corintias de fuste profusamente decorado y columnas estriadas, el segundo cuerpo es un gran ventanal flanqueado por los Santos Patronos, San Servando y San Germán, del genovés Esteban Frucos realizados en el siglo XVII, que anteriormente estuvieron en la Catedral Vieja.

Todo ello está rematado por un gran arco abocinado con frontón triangular, y sobre él se situa una escultura del Divino Salvador realizada en mármol de Carrara por Esteban Frucos.

El interior - Es de planta de cruz latina con tres naves separadas mediante columnas corintias estriadas que sostienen un rico friso con decoración de rocallas y una compleja y movida cornisa ; todo este cuerpo está recubierto de mármoles. El segundo está dentro del orden clásico, de pilastras adosadas ; este cuerpo, al igual que las cubiertas están realizados en piedra caliza. Las cubiertas son bóvedas vaidas con profusa decoración de orden clásico. El crucero, tiene una cúpula semiesférica sobre tambor, obra de Juan Daura, cuyo exterior es romo y está recubierta de cerámica amarilla y rodeada de imágenes de Santos, atribuidas a discípulos de Cosme Velázquez.

De este interior destaca la amplia y compleja girola donde se utilizan bóvedas triangulares y cuadradas y las dieciséis capillas repartidas en las naves laterales.

El Presbiterio - Es de planta circular y en él se encuentra el altar mayor con forma de templete sustentado por columnas pareadas de estilo corintio, realizado en mármol de Carrara gris, jaspes rojos y capiteles en bronce, construido por Juan de la Vega según proyecto de Manuel Machuca. En el interior se encuentra el sagrario, de estilo renacentista, ejecutado en bronce y plata por el tallista gaditano Juan Rosado a finales del siglo XIX y sobre él una imagen de la Inmaculada Concepción del siglo XVII atribuida a Francisco Villegas.

La primera piedra de este altar mayor fue colocada por la Reina Isabel II el 22 de Octubre de 1862, la cual donó 75.000 pts. para gastos de construcción de dicha obra.

Los púlpitos son de estilo isabelino en bronce dorado obras de Juan de la Vega. Los ángeles lampareros son de estilo barroco italiano del siglo XVIII, y las lámparas que portan son de plata de mediados del XIX.

Coro - Está situado en el segundo tramo de la nave central. La sillería, fechada en 1702, está realizada en maderas de cedro y caoba y son obra de Agustín Perea y sus hijos. Está compuesta por dos cuerpos.

El primer cuerpo consta de 40 asientos con espaldares altos separados por columnas salomónicas entre las que van tallas de santos y la parte superior tiene un gran entablamiento saliente, subdividido por medallones tallados con bustos de santos, todo ello rematado por una crestería de ángeles músicos. El segundo está compuesto por 25 asientos, de un estilo más sencillo.

El sitial del Obispo es de mediados del siglo XIX, según diseño de Juan de la Vega. El coro está cerrado por una magnífica reja de hierro fundido, diseñada por Juan de la Vega, de estilo renacentista, decorada con el escudo catedralicio en el centro y a ambos lados los bustos de San Servando y San Germán. Esta reja fue donada por la familia Picardo.

Dignos de mención son los órganos, uno con caja de estilo barroco y el otro isabelino, diseñado por Juan de la Vega. Uno de estos órganos se estrenó el día de la visita de la Reina Isabel II.

Cripta - Excavada en la misma roca que forma el suelo de Cádiz, tiene planta de cruz, destacando la bóveda casi plana construída p