
Ciudad de España, capital de la provincia de
Cádiz (Comunidad
Autónoma de Andalucía),
situada a 4 m de altitud, en la costa atlántica andaluza y en el
extremo de la península que cierra al SO la bahía homónima, de 9 km
de longitud y 1 de anchura, por lo que presenta un aspecto insular.
Cuenta con 133.242 habitantes (enero 2004), que responden al
gentilicio de gaditanos, sobre una extensión de 10,68 km².

HISTORIA DE CÁDIZ
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imágenes de esta ciudad.
INTRODUCCIÓN
En
este paseo por la Historia de Cádiz vamos a ver desde su fundación,
entre el siglo XII – VIII a.c. hasta nuestros días. Por Cádiz,
ciudad trimilenaria, han pasado numerosas culturas, empezando por
los fenicios, los púnicos, los cartagineses, romanos, vándalos,
visigodos, musulmanes, etc, y todos han dejado huella de su cultura
y de su paso por nuestra ciudad. Este es el motivo de que la
población de Cádiz sea tan heterogénea y tan abierta a los cambios y
a recibir otras culturas.
Veremos como fueron los inicios de la Cádiz cristiana, como afectó
el descubrimiento de América a la ciudad, los sucesivos ataques de
que fue víctima en el siglo XVI, el protagonismo que tuvo en la
Guerra de Sucesión Española y como fue nuestra ciudad bajo el mando
de los Borbones.
Y, por último, mencionar la importancia de Cádiz a principios del
siglo XIX, con la Guerra de la Independencia y la Constitución de
1812, proclamada en Cádiz. Y terminaremos contando lo que sucedió en
la ciudad bajo el reinado de Fernando VII, en la Primera y Segunda
República Española, durante la guerra civil, el Franquismo y algunos
de los acontecimientos ocurridos en la ciudad en fechas reciente.
CÁDIZ EN LA ANTIGUEDAD - LA FUNDACIÓN DE GADIR
Cádiz, la ciudad más antigua del Mediterráneo occidental, fue
fundada por los fenicios provenientes de Tiro, en la costa
sirio-Palestina, que tuvieron que salir de su territorio debido a
dos factores:
• La escasez de recursos económicos y de tierras, ya que vivían en
una isla muy estrecha y rodeada de montañas.
• La presión económica que ejercía sobre ellos el rey de Siria, que
los obligaba a pagar impuestos exagerados e injustos.
Los datos con los que hoy día disponemos datan la fundación de Cádiz
entre los siglos XII y VIII. Según las fuentes literarias, Gadir fue
fundada en el año 1104, 80 años después de la guerra de Troya. Pero
esta información no está constatada por las fuentes arqueológicas,
de las que no tenemos constancia antes del siglo VIII. Otro punto en
contra de la fundación de Cádiz en fechas tan tempranas es que no
fueron escritas por contemporáneos a la fundación, sino por griegos
y romanos siglos más tarde, caso de Estrabón que escribió mucho
sobre la situación geográfica de Cádiz, pero dicho personaje vivió
en el siglo I a.c.
Cádiz fue elegida por los fenicios por su buen emplazamiento (tanto
por vía marítima como fluvial para acceder al interior del país),
sus numerosos recursos para la subsistencia, la fertilidad de sus
tierras y por sus minas metalíferas, que permitía a los fenicios,
comerciantes de tradición, comerciar con África y con el resto de la
Península Ibérica. Además era un lugar muy fácil de defender por su
situación isleña y por la muralla que la rodeaba. Aunque todavía no
se han encontrado restos de dicha muralla, sabemos que debió existir
porque los fenicios vivían en ciudades-estado, por supuesto
amuralladas, y porque precisamente Gadir significa “ Ciudad
Amurallada ”.
Las ciudades-estados eran ciudades independientes unas de otras
política y económicamente, aunque existía cierta cooperación entre
ellas, sobre todo para la defensa de pueblos invasores.
Gadir no fue la única ciudad que fundaron en la Península. Por toda
la costa Mediterránea fundaron ciudades y controlaron el sur
peninsular. Pero fue desde Gadir desde donde se controlaba todo el
comercio con el Mediterráneo, con ciudades de África como Egipto,
con el norte de la Península, y con ciudades fundadas por los
griegos como Marsella o Ampurias. Muy importante es la relación
comercial que Gadir mantuvo con Tartessos, pueblo poco conocido pero
el que se sabe que fue muy rico
Tan grande fue la influencia y la importancia de Cádiz en la
Antigüedad, que siglos más tarde, desaparecida ya la Cádiz fenicia,
autores griegos y romanos aún hablan de su fundación, del comercio
fenicio con todo el Mediterráneo desde Cádiz y de su riqueza humana,
económica y metalífera.
Así, conocemos los textos que nos han llegado, por ejemplo de
Estrabón (siglo I a.c.) o Plinio (siglo I d.c.), que nos describen
la fisonomía de Cádiz, muy distinta a la que conocemos hoy día,
entre otras cosas. Estudiando estos textos y contrastándolo con las
nuevas tecnologías, sabemos que existieron tres islas:
• Erytheia: donde los fenicios desarrollaron su vida urbana. Todo
apunta a que fue la Torre Tavira la zona elegida por los fenicios
para asentarse, por ser la zona más alta de la ciudad.
• Kotinoussa: llegaría hasta Santi Petri desde la Caleta, donde se
ubicó algunos de los templos más importantes de todo el Mediterráneo
Occidental, el Templo de Melkart o el de kronion (dedicado a
Cronos). Los templos en la Antigüedad, más que una zona de culto,
era el lugar donde se desarrollaba el comercio y se realizaban todas
las transacciones económicas. Esto vuelve a ratificar la bonanza
económica del Gadir fenicio (aunque esta bonanza no acabará con
ellos). Es en esta zona donde se han encontrados numerosos objetos
relacionados con el comercio, como estatuillas de dioses, sobre todo
de Melkart y de Astarté (dioses fenicios que los indígenas de Cádiz
aceptaron oponer resistencia, como el resto de las costumbres
traídas por este pueblo), quemadores d perfumes, joyas, etc.
• Antípolis, La Isla de San León, actual San Fernando. Esta zona no
estaba habitada, al igual que kotinoussa. Las dos primeras islas,
Erytheia y Kotinoussa, estaría separada por un canal que, empezando
en el muelle, recorrería San Juan de Dios y la Catedral, hasta
llegar a la Caleta.
Los fenicios extendieron su cultura por todo el sur peninsular, eran
grandes comerciantes, orfebres, artesanos y eso repercutió
beneficiosamente en la zona, tanto que en el mundo romano se hablará
del Laudea Hispaniae, una mítica ciudad, Gadir, llena de oro y
riquezas, situada en la Turdetania (valle del Guadalquivir), donde
sus habitantes eran muy cultos, civilizados y ricos. No debemos
olvidar la herencia dejada por los fenicios, como el alfabeto.
Gracias a ellos la península conoció y empezó a utilizar la
escritura.
El declive de Gadir como ciudad fenicia, al igual que el de
Tartessos, está poco documentado y lo que se dan hasta el momento
son hipótesis.
CÁDIZ BAJO LA DOMINACIÓN PÚNICA Y CARTAGINESA
Del siglo VI a.c. ( desaparición de Tartessos) hasta el siglo III
a.c. es un periodo poco documentado. Esta es la época que se conoce
como Púnica, un periodo que termina con la llegada de los
cartagineses. Es en estos tres siglo cuando se conoce un gran auge
de la economía gaditana por la exportación de salazones, que seguirá
en aumento en época romana, y por el comercio de los fenicios
gaditanos con Cartago.
Los cartagineses eran fenicios que, al igual que los llegados a
Cádiz, se asentaron en el Norte de África y fundaron Cartago. Éstos
llegaron a Cádiz en el año 237 a.c., movidos por la necesidad de
buscar riquezas en el valle del Guadalquivir para compensar las
pérdidas que habían sufrido tras la Primera Guerra Púnica entre Roma
y Cartago.
En 237 a.c. se produce el desembarco de Amílcar en Cádiz, de la
familia de los Bárquidas, antiguos administradores de Alejandro
Magno. Gadir siempre estuvo luchando en pros de la causa
cartaginesa. A partir de ahí se extiende su influencia no solo en
Cádiz, sino en todo el valle del Guadalquivir primero y en el
Levante después. Su auge como imperio vino motivado por la
explotación de las minas de plata de Sierra Morena, minas que más
tarde explotarán los romanos.
CONQUISTA ROMANA
La Conquista Romana de la Península Ibérica comienza en el año 218
a.c. y finaliza en el 206 a.c. con la rendición de Cádiz y la
definitiva expulsión de los cartagineses de la Península.
La causa de que los romanos necesitaran conquistar la península,
aparte de las económicas y estratégicas, fue el ataque a Sagunto por
parte de los cartagineses, ya que habían firmado un acuerdo en el
que los cartagineses no podían extender su influencia por encima del
valle del Ebro; y aunque este no fue el caso, Roma atacó.
Tras muchas luchas sólo Cádiz se mantuvo en pie, hasta que se
entregó incondicionalmente al Imperio Romano en el año 206 a.c.
A partir de aquí, Roma conquistará el resto de la Península Ibérica.
Gades, nombre romano de Cádiz, fue tratada por el Imperio Romano de
una forma muy especial, debido a su rendición pacífica. Adquirió el
estatuto de civitas foederata (ciudad federada de Roma). Este
privilegio le permitió mantener su autonomía política y económica y
ello se vio beneficiado en la economía de la ciudad, que aumentó
considerablemente, además de estar exenta de pagar impuestos.
La Península fue dividida en provincias administrativas, y Cádiz
quedó bajo la provincia de la Bética.
Con el paso del tiempo, Cádiz fue adquiriendo mayor importancia
dentro del Imperio Romano. Tenemos que mencionar a la familia
gaditana de los Balbos, que hizo crecer la ciudad, por las buenas
relaciones que mantenía con julio César (siglo I a.c.).
La supremacía de la ciudad y su importancia bajo dominio del Imperio
queda constatada con la construcción de dos vías comerciales:
• La Vía augusta, que unía a Gades con Roma, pasando por otras
ciudades importantes del Imperio.
• La Vía de la Plata, que unía a Gades con Asturias y el Norte de la
Península.
Uno de los productos más exquisitos de todo el Imperio y demandado
por las mejores familias era producido en Cádiz desde época fenicia.
Estamos hablando del Garum , una salsa realizada a partir de las
vísceras de diversos pescados.
Cádiz también está presente en la Guerra Civil de Roma, cuando los
del bando pompeyano mandaron construir barcos en Cádiz y saquearon
el templo de Hércules (muchos coinciden con que este templo es el
antiguo templo de Melkart). Pero los gaditanos cierran las tropas a
las tropas pompeyanas, y éstas son derrotadas por el ejército de
César. Gracias a este apoyo por parte de Cádiz al emperador, éste,
en el año 49 a.c. le concede a Cádiz la ciudadanía romana y la eleva
a la categoría de municipio. Aunque Estrabón nos cuenta como César
abolió algunas costumbre gaditanas autóctonas por considerarlas
bárbaras. Pero esto no tuvo que tener una importancia relevante para
la ciudad.
Pero, al igual que en todo el Imperio, la decadencia económica y la
inestabilidad política se empieza a dejar notar en la ciudad a
partir de la segunda mitad del siglo III y durante el siglo IV,
hasta que el Imperio entero caerá bajo la dominación de los pueblo
bárbaros.
El legado urbanístico que ha dejado el dominio romano en la ciudad
no es mucho, ya que a lo largo de toda la historia de Cádiz se ha
ido construyendo encima de los edificios ya existentes. Lo que sí
podemos ver es el teatro romano, de gran tamaño (comparado con otros
realizados en otras provincias del Imperio). Pero las excavaciones
realizadas no han podido sacarlo a la luz en su totalidad, ya que la
parte baja del edificio está bajo construcciones de vivienda
actuales, en el barrio del Pópulo.
LA EDAD MEDIA
EL DOMINIO VISIGODO Y MUSULMÁN
Cádiz bajo la dominación visigoda
Con la invasión de los bárbaros, suevos, vándalos y alanos se
dividen Hispania a partir del siglo V, quedándose los vándalos en
toda la zona de la Bética, donde se encuentra Cádiz, que es
conquistada por este pueblo en al año 409 (aunque durará muy poco su
domino).
La historia de Cádiz en esta etapa queda inserta en la historia de
España en general, no pudiéndose entender de forma aislada.
El control de los vándalos en la Bética dura muy poco, hasta el año
429, en el que los visigodos firman un fuero con Roma (se convierten
en pueblo federado, aliado de Roma), por el que pueden asentarse en
la Península Ibérica. En el siglo VI ya tenían bajo control la mayor
parte del territorio peninsular, aunque no se sabe en el momento en
e que Cádiz cayó bajo su domino.
Puede que sea este el periodo del que menos se conozco de la ciudad
de Cádiz. De Cádiz bajo el domino visigodo y musulmán hay pocos
textos y pocos documentos que nos hablen de ella. El nombre pasó de
Gades a Qadis (nombre árabe) y su actividad principal,
probablemente, siguió siendo el comercio.
Cádiz bajo el dominio musulmán
No sabemos si Cádiz se rindió mediante una capitulación con los
musulmanes (es decir, de forma pacífica y pactando) o si, por el
contrario, fue conquistada mediante las armas. Si este hubiese sido
el caso, la población que se quedó en el lugar debió pagar un
tributo al pueblo dominante, los musulmanes, sobre su propiedad y
otro de capitación.
Cuando los musulmanes entran en la Península Ibérica en el año 711,
uno de los primeros territorios que conquista es Medina Sidonia y,
por lo tanto, Cádiz, ya que en el siglo VI, bajo el dominio
visigodo, Cádiz había quedado dentro del territorio comarcal de
Medina Sidonia.
Durante el Emirato Dependiente de Damasco (711-756) no tenemos
noticias de Cádiz. Es a partir del Emirato Independiente de Córdoba
(756-912) cuando empezamos a encontrar referencias de la ciudad,
concretamente con Abderraman II (822-852) Cádiz es atacada por los
Normandos (las razzias se extendieron por todo el valle del
Guadalquivir). Este hecho hizo que se construyeran fortificaciones
para la defensa de sus ciudades. A partir de la paz en que quedó Al-Andalus
después de estos ataques, Cádiz empezó a resurgir como ciudad,
aunque seguimos teniendo pocos documentos que nos hablen de ella.
Intuimos que al principio del periodo almorávide-almohade
(1086-1245) Cádiz es una ciudad no muy brillante, pero su despliegue
económico empezó gracias a la importancia de su puerto de mar y a
que la Vía Augusta, todavía en funcionamiento, hacía que Cádiz fuese
un buen sitio para el comercio.
Otro dato importante en el que Cádiz vuelve a ser protagonista, es
la entrada de los almohades en la Península Ibérica a partir de 1145
por esta ciudad.
A partir de 1212, con la batalla de Navas de Tolosa, se incrementan
las razzias cristianas por todo Al-Andalus. En 1234 tenemos noticias
de una razzia en Qadis. Años más tarde, en 148, Cádiz ya está bajo
influencia cristiana, con el rey Fernando III El Santo . Este dato
nos consta porque este es el año en el que los cristianos conquistan
Sevilla y pactan con muchos pueblos de Cádiz. Cádiz pertenecía al
reino de Taifa de Abbad de Sevilla.
Pero no será hasta el reinado de Alfonso X El Sabio cuando ya es una
zona totalmente cristiana, a partir de 1262 ó 1264.
LA CÁDIZ CRISTIANA
Como ya hemos dicho anteriormente, será bajo el reinado de Alfonso X
El Sabio cuando Cádiz ya forma parte totalmente del reino de
Castilla. Se supone que no fue en un momento concreto, sino que fue
un proceso que duró varios años. A partir de este momento ya tenemos
más documentos que nos hablen de Cádiz y su historia.
En 1262 se empieza a repoblar Cádiz con personas traídas del norte
de España, aunque en 1264 tuvo que ser reforzada esta repoblación
con gente de Santander, Laredo y Castro principalmente.
Bajo el dominio de los cristianos, la ciudad de Cádiz se empezó a
amurallar. Prueba de ello son las numerosas puertas que todavía hoy
podemos ver, como el Arco de la Rosa (Puerta del Arrabal de
Santiago), la Puerta Norte o Puerta del Mar (Arco del Pópulo) o la
Puerta del Arrabal de Santa María (Arco de los Blancos).
No fue hasta la conquista de Granada en 1492 cuando se terminaron
losa ataques a Cádiz, que fue continuamente asaltada por piratas y
musulmanes bereberes del Norte de África debido, sobre todo, a la
importancia creciente de Cádiz adquirida por su puerto de mar.
Desde su reconquista, Cádiz siempre gozó de privilegios, como el
concedido por Juan I en el año 1385, por el cual se quedaba exenta
de pagar a la corona el Impuesto de Almirantazgo y Anclaje.
Durante las décadas siguientes fueron aumentando estos privilegios
concedidos por los sucesivos monarcas cristianos. Uno de los más
importantes es el Privilegio Rodado entregado a Cádiz en 1943 y
conservado hoy día en el Archivo Municipal de la ciudad de Cádiz.
LA EDAD MODERNA
EL AUGE DE CÁDIZ TRAS EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA
A
partir del descubrimiento de América, en Cádiz comienza un nuevo
periodo de esplendor, fundamentalmente debido a dos hechos:
• El descubrimiento de América: desde Cádiz salieron numerosas
expediciones, como el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1496 y el
cuarto en 1502.
• La Real Cédula dada por los Reyes Católicos en 1943, por el que
podía comerciar con el Norte de África y hacer expediciones por el
resto del continente africano.
En 1503 se instaura la Casa de Contratación en Sevilla, institución
que monopolizaba el comercio con América, con lo que Cádiz se vio
apartada del comercio y sufrió un duro golpe. En 1516 también
se prohíbe que Cádiz comercie con Berbería
Por otra parte, durante el siglo XVI se sucederán diversos ataques a
Cádiz, el primero de ellos en 1521 realizado por Berbería del Norte
de África. En 1530 un nuevo asalto, esta vez bajo el mando del
corsario Barbarroja, que fracasó en su intento e hizo que Cádiz
desarrollara un buen aparato defensivo. Los ataques a la ciudad
siguen, como en 1553 por Argel; en 1559 por los turcos, hundiendo
las galeras de la bahía; en 1587 y en 1596 por los ingleses.
Con Carlos I (1516-1556) se vuelve a constatar la primacía de Cádiz,
cuando éste le otorga a la ciudad el título de Muy Leal, que tiene
desde entonces, por haber apoyado al monarca en la guerra civil con
la que comenzó su reinado, porque una facción lo consideraba un
extranjero (había pasado su vida en Alemania antes de convertirse en
rey de España)
Es en el reinado de Felipe II (1556-1598) cuando Cádiz adquiere
mayor esplendor. El comercio con América sigue creciendo, al igual
que con el norte de África y, por tanto, su puerto se va afianzando
como el más importante de todo el reino. Gracias a ello, la ciudad
se extenderá más allá de sus antiguas fronteras (crecerá por
extramuros), además de haber en relativo aumento de la población de
la ciudad gaditana durante el siglo XVI.
Con el ataque de 1587 por los ingleses, Felipe II se ve en la
necesidad de construir una nueva muralla que defienda a la ciudad de
los continuados ataques. Dicha muralla es la que conocemos hoy día,
aunque no se terminará hasta época de los Borbones.
En 1596 un nuevo ataque por los ingleses. La ciudad fue destruida,
pero no consiguieron hacerse con la flota indiana ni acabar con la
Segunda Armada Española. La ciudad, en ruinas, fue abandonada por
los ingleses.
Con el primer Austria Menor en el trono, Felipe III (1598-1621) se
decreta la expulsión de los moriscos, aunque esto no afecta
directamente a Cádiz. Es un periodo de estabilidad para la ciudad en
todos los planos, tanto económico, como social y político.
Con el siguiente Austria Menor, Fernando IV (1621-1665) Cádiz vuelve
a ser escenario de ataque, cuando es asaltada por la armada
anglo-holandesa, por motivo del fracasado intento de matrimonio
entre el heredero inglés y la hermana del monarca español (es
posible que esta fuese la excusa y los motivos fuesen otros, como
intereses personales). Tras las luchas, los ingleses se retiran,
gracias a los refuerzos llegados de Madrid.
Aunque económicamente Cádiz era una ciudad en auge, sucedieron
algunas catástrofes como peste y epidemias traídas por los barcos
que comerciaban con las Indias. El clima tampoco ayudó, ya que se
conocen que hubo algunos terremotos y fuertes temporales. El más
importante de ellos fue el producido en 1755 en Lisboa, que provocó
en Cádiz un maremoto e inundó la ciudad. Pero las aguas se
retiraron, según la tradición y leyendas gaditanas, a un milagro
producido por la virgen del Rosario, a la que sacaron a pasear,
junto con el estandarte de la Palma para que velara por la ciudad, y
así sucedió.
LA CASA DE CONTRATACIÓN
La Casa de Contratación se establece en Sevilla en el año 1503 para
controlar el comercio con América. Los barcos con dicho destino
solamente podían salir del puerto de Sevilla, pasando por la
desembocadura del río Guadalquivir, en Sanlúcar de Barrameda.
En el tiempo en que la Casa de Contratación estuvo en Sevilla
(posteriormente se traslada a Cádiz), Cádiz sirvió de antepuerto,
siendo allí donde se realizaban las transacciones comerciales y el
desembarco de cargamento antes de que los barcos llegaran hasta
Sevilla, así no tenían que superar las barreras de arena que se
formaba en la desembocadura del río Guadalquivir. Con el paso del
tiempo Cádiz adquirió más importancia comercial, quedando Sevilla
simplemente a las labores burocráticas y administrativas, hasta que
en 1717 la Casa de Contratación pasa a instalarse en Cádiz, con
Sevilla siempre en contra.
El doble puerto que existía entre Cádiz-Sevilla provocará numerosas
confrontaciones. El 4 de julio de 1680 se autoriza que todos los
barcos que iban para América debían salir del puerto de Cádiz. Desde
esta fecha hasta 1717 el puerto de Cádiz se irá haciendo cada vez
con más protagonismo, incluso administrativo, hasta que consigue que
la Casa de Contratación y el Consulado de Cargadores se establezca
en Cádiz, por Real Decreto de 2 de mayo de 1717.
Sevilla no se quedará con las manos cruzadas y logrará que la Casa
de Contratación y el Consulado de Cargadores pase de nuevo a Sevilla
el 21 de septiembre de 1725por Real Decreto. Este triunfo Sevillano
duró muy poco, ya que el 31 de diciembre de 1726 se anula este
decreto y la Casa de Contratación y el Consulado regresan a Cádiz,
donde permanecerá hasta su desaparición en 1790.
LA GUERRA DE SUCESIÓN
Esta guerra comienza con la muerte de Carlos II en el año 1700 sin
haber dejado descendencia. Así se dividen dos facciones:
• Los que defendían al Archiduque Carlos de Austria como heredero
• Los que apostaban por Felipe de Anjou
El elegido como monarca de España será el Segundo, Felipe V, de la
familia de los Borbones, comenzando así la dinastía en España. Pero
el Archiduque Carlos de Austria no estuvo conforme con esta decisión
y formó una coalición en contra de Felipe V, formada por Gran
Bretaña, el Imperio Austriaco, Holanda, Prusia, Hannover y, a partir
de 1703, Portugal. Esto guerra es lo que se conoce como la Primera
Guerra Carlista.
En este contexto de inestabilidad política, el 23 de agosto de 1702
tenemos ante las costas gaditanas una flota de 207 barcos de las
tropas aliadas. Su intención era tomar Cádiz, para así poder
penetrar al resto de la Península. Pero el intento resultó fallido y
tomaron El Puerto de Santa María y el Río San Pedro.
Debido a la falta de aprovisionamientos, la flota enemiga se retira
de la Península el 1 de octubre, no sin antes haber saqueado Rota
junto con El Puerto de Santa María.
Dos años después, en 1704, los ingleses intentan tomar de nuevo
Cádiz y se acercan a sus costas con 120 barcos. La causa era apoyar
un supuesto alzamiento cuyos miembros debían hacerse con el castillo
de San Sebastián. Pero como esto no ocurrió, tomaron Gibraltar el 4
de agosto. En el resto de la contienda Cádiz no será atacada más ni
tendrá ningún protagonismo. Esta guerra termina en 1713, cuando se
firma del Tratado de Utrech.
Todos los intentos de ser tomada que sufrió Cádiz durante la Guerra
de Sucesión repercutieron negativamente en la economía gaditana, ya
que las flotas indianas no pudieron desembarcar ni salir del puerto
de Cádiz, por lo que la economía se paralizó durante estos años.
CÁDIZ CON LOS BORBONES
Con los Borbones como monarcas, en Cádiz comienza un periodo de paz
y prosperidad económica, llamado “ El Siglo de Oro Gaditano” .
Gracias a este esplendor, en la ciudad se asientan numerosas
colonias de extranjeros, entre los que destacan genoveses,
cántabros, ingleses y catalanes, todos ellos dedicados al comercio y
a actividades que generaron para la ciudad muchos beneficios.
El primer hecho que confirma este progreso es la hegemonía de Cádiz
en el comercio con la India, con el traslado de la Casa de
Contratación y el Consulado de Cargadores de Sevilla a Cádiz, del
que hemos hablado y desarrollado anteriormente.
Carlos III llega al trono en 1759, y con él se dan los primeros
síntomas de la decadencia de Cádiz, al ampliar, en 1765, hasta nueve
el número de puertos que podían comerciar con las Indias Americanas.
Es en 1776 cuando sale de Cádiz el último barco dirigido hacia las
Indias, con destino a Veracruz. Y en 1790 se suprime definitivamente
la Casa de Contratación. Esto supone que cualquier puerto puede ya
comerciar con América, por tanto Cádiz se verá gravemente afectada
al perder la hegemonía que había tenido en este comercio desde el
descubrimiento de América.
La decadencia de Cádiz se verá más acrecentada con las guerras
hispano-británicas, que tuvo, en muchas ocasiones, como escenario a
Cádiz, debido a la política seguida por los ingleses. Ellos atacaban
realizando bloqueos de los puertos más importantes para así
debilitar el país, y entre esos puertos se encontraba Cádiz.
En 1976 España firma el Primer Tratado de San Ildefonso y se alía
con Francia para atacar y defenderse de Inglaterra.
Bloqueos a Cádiz podemos mencionar el de 1797, en 1800, en 1804, en
1805, todos ellos con violentos ataques a la ciudad, intentos
fallidos de tomarla, y pérdidas tanto materiales como humanas.
El suceso más importante de esta guerra será la Batalla de
Trafalgar. La contienda comienza el 20 de octubre de 1805.
anteriormente se había formado en el puerto de Cádiz una flota
hispano-francesa de 33 naves. Estas naves, con Federico Gravina al
frente, son derrotadas por la flota inglesa, bajo el mando del
Almirante Villanueve. En la batalla mueren el inglés Nelson y
Federico Gravina.
Los supervivientes hispano-franceses se refugian en Cádiz, y esta
ciudad da asilo no solo a los de su bando, sino a todos los heridos
que llegaron a sus costas sin importar en que lado de la contienda
lucharon.
La decadencia de Cádiz en los años finales del siglo XVIII y
principios del siglo XX queda bien reflejada en los padrones, donde
se ve un claro descenso de la población gaditana, debido tanto a las
guerras como a las epidemias que arrasaron a la ciudad durante el
siglo XVI y XVII y XVIII.
LA EDAD CONTEMPORANEA
LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y LAS CORTES DE CÁDIZ
Con la excusa de atacar a los ingleses, España estaba prácticamente
entera ocupada por los franceses. Carlos IV abdica en Bayona y cede
el trono al José I Bonaparte. Tanto Carlos IV como su hijo Fernando,
estaban retenidos en Francia contra su voluntad. Inmediatamente
después de la coronación de José I Bonaparte surge una oposición,
una oposición que no era tanto a la ocupación francesa como a las
ideas revolucionarias que estos traían y querían implantar en
nuestro país.
Esto es a lo que se llama Guerra de la Independencia y Cádiz será de
nuevo protagonista, ya que de 1810 a 1812 será, junto con San
Fernando, el único reducto que no estará ocupado por los franceses.
En este contexto, se inician las primeras reuniones de lo que será
la Primera Constitución Española, la de 1812. Estas reuniones se
inician en San Fernando, ya que la ciudad de Cádiz sufría una
epidemia de fiebre amarilla. Las reuniones finalizan en 1812, y el
19 de marzo de ese mismo año se proclama la Primera Constitución
Española, en el Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz, una
constitución de carácter liberal y que tuvo a la Iglesia totalmente
en contra. A esta constitución se le conoce como la Pepa, en
conmemoración con el día que se firmó (el día de San José).
Pero en 1814, llegan los absolutistas a las Cortes de Cádiz
(anteriormente estaba formada en su mayoría por liberales) y apoyan
a Fernando VII para que regrese a España y al trono. Él, con el
apoyo de los absolutistas, vuelve a implantar la monarquía absoluta,
disuelve las Cortes de Cádiz y elimina la validez legal de la
Constitución.
Tras estos acontecimientos, Cádiz empezará a decaer, no tiene
infraestructura para dar el trabajo necesario para mantener a la
ciudad y tiene los medios para poder modernizarse como los están
haciendo otras ciudades de España.
DE FERNANDO VII A LA PRIMERA REPÚBLICA ESPAÑOLA
Cádiz va a perder protagonismo, y lo que ocurren son hechos aislados
que tienen que enmarcarse en el contexto nacional.
En 1820 se produce un levantamiento en las Cabezas de San Juan, con
el propósito de tomar Cádiz como símbolo de petición de la vuelta de
la Constitución de 1812, cosa que consiguieron tres meses después.
En 1822 los liberales consiguen llegar al poder.
En 1868 se proclama en Cádiz un alzamiento nacional contra Isabel II,
conocido bajo el nombre de “La Gloriosa” . Este alzamiento es el
germen que consigue que años después sea proclamada la Primera
República Española. De momento consigue destronar a la reina Isabel
II y queda como regente Serrano.
En Cádiz se formó una Junta Revolucionaria Local y Provincial. Desde
Cádiz se empieza la resistencia, con barricadas, y es aquí donde
aparece la figura de Fermín Salvoechea, liderando las revueltas
populares. Todas estas sublevaciones fueron sofocadas.
DE LA PRIMERA A LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA
Las sublevaciones empezadas en Cádiz fueron los primeros pasos para
la proclamación de la Primera República Española, el 11 de febrero
de 1873, tras abdicar el monarca Amadeo I de Saboya, que estuvo en
el trono menos de un año.
Con importancia solo local podemos destacar los asaltos a los
conventos del .Rosario y San Francisco tras la proclamación de la
República.
Bajo la presidencia de Pi y Margall en la República, estalla en
movimiento cantonal en España, formándose uno en Cádiz. Este
movimiento fue reprimido en pocas semanas.
Con la restauración Borbónica en 1874 (vuelta de Alfonso XII) se da
una etapa de tranquilidad y estabilidad política en toda España. En
Cádiz no ocurre nada significativo en este periodo, sólo que es en
esta ciudad donde se reúnen las tropas que irán a luchar e la Guerra
de Cuba.
El siglo XX comienza con un duro golpe para los trabajadores de
Cádiz: en 1903 se cierran los astilleros.
Con la Dictadura de Primo de Rivera, se vuelven a abrir los
astilleros y se construyó la Factoría Naval de San Carlos, hechos
estos dos que permitió que la ciudad pudiese levantar un poco su
economía.
Durante la Segunda República ocurre en Cádiz un acontecimiento de
repercusión nacional: el Golpe del General Sanjurgo en el año 1932,
que tuvo aquí, junto con Sevilla y Granada, su principal fuerza.
DE LA GUERRA CIVIL HASTA NUESTROS DÍAS
La Guerra Civil estalla el 17 de julio de 1936. Meses antes, en
marzo, José López Pinto Berizo está en Cádiz como Gobernador
Militar. Un mes después el militar Enrique Varela Iglesias (de San
Fernando), lo tenemos en la ciudad. Ellos serán los que inicien la
sublevación en Cádiz.
El 18 de julio las tropas nacionalistas están ya en Cádiz, sitiando
la ciudad. En ella vemos tres focos de resistencia:
En el barrio de la Viña y en Santa María se habían formado también
algunos grupos de resistencia, levantándose barricadas. Lo mismo
pasó en la calle San Juan y Prim, para proteger contra los
falangistas a la Casa del Pueblo, en la calle Arbolí. Pero los
ejércitos nacionalistas no abandonaron la ciudad y los focos de
resistencia fueron cayendo uno a uno en menos de un día.
Días más tarde, el 27 de julio, León de Carranza llega a la ciudad y
es nombrado Gobernador Civil y Alcalde.
El bando republicano sólo intentó ayudar a Cádiz una vez, el 8 de
agosto, que fue bombardeada por el buque republicano Cervantes .
Este bombardeo sólo ocasionó un muerto y algunos daños materiales.
Los fusilamientos de la guerra se realizaron en la Plaza de Toros,
en los fosos de la Puerta de Tierra y en la valla del Hospicio.
En los primeros años de posguerra, ya con el Régimen Franquista,
Cádiz y el resto de España pasa por la etapa de más pobreza de su
historia, acentuado además por la autarquía política del Régimen de
Franco y el bloqueo internacional
En 1947 sucede la “Explosión de Cádiz”, una explosión producida en
el almacén de minas de la Base de Defensa Submarina del Barrio de
San Severiano. La onda expansiva provocada por la explosión no
afectó al casco antiguo, ya que este fue protegido por la muralla
que siglos atrás se había construido en la ciudad. Los heridos se
contabilizaban por miles, cerca de los 5.000 y muertos hubo unos 150
aproximadamente.
El Gobierno Central ayudó mucho a la ciudad en estos primeros
momentos, primero económicamente, y luego ayudando a regenerar las
zonas afectadas. Ello provocó que Cádiz no solo se rehabilitara,
sino que creciera urbanísticamente. Una de las obras realizada
después de la tragedia fue abrir dos arcos en la Puerta de Tierra
para facilitar la entrada en Cádiz.
José León de Carranza llega a la alcaldía de Cádiz en 1948, con el
propósito de hacer crecer su economía creando una Zona Franca y un
buen puerto.
A partir de la segunda mitad de los años 60 se empieza a ver una
recuperación económica con el esplendor de la industria naval de la
Bahía. Este crecimiento se verá en todo el país. Cádiz se
especializará en la industria naval y química, sectores que no
evolucionarán todo lo que se esperaba.
Las personas de los pueblos de alrededor emigrarán a la capital por
estas fechas, atraídos por el comercio y por la manera en que estaba
creciendo la ciudad más allá de las murallas. También es muy
importante la construcción del puente José León de Carranza, que se
inauguró en 19 de octubre de 1969, y unía a Cádiz con el otro lado
de la Bahía. Durante todo el siglo XX la población de Cádiz
irá aumentando. Pero a partir de la década de los 90 empezó a
decrecer y su evolución sigue siendo negativa.
Una obra importante realizada en la ciudad en fecha reciente es el
soterramiento del tren. Todavía quedan algunas obras pendientes de
gran importancia, como el segundo puente hacia la Bahía.
Baluarte de la Candelaria, Casa de
las Cadenas, Castillo de Santa Catalina, Catedral de
Cádiz, Catedral Vieja, Gran Teatro Falla, Hospital de Mujeres, Iglesia
de Santo Domingo, Iglesia del Carmen, La Caleta, La Puerta de
Tierra, Museo Catedralicio Casa de Contaduría, Museo de Cádiz,
Museo Histórico Municipal, Oratorio de San Felipe Neri, Plaza
de España, Teatro Romano, Torre Tavira.
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Alcala de los Gazules, Alcala
del Valle, Algar, Algeciras, Algodonales, Arcos de la Frontera, Barbate,
Benalup, Benamahoma, Benaocaz, Bornos, Cadiz, Castellar de la Frontera, Chiclana de la Frontera, Chipiona, Conil de la Frontera, El Bosque, El Gastor, El Puerto de Santa Maria, Espera, Grazalema, Jerez de la
Frontera, Jimena de la Frontera, La Linea de la Concepcion, Los Barrios,
Medina-Sidonia, Olvera, Paterna de Rivera, Prado del Rey, Puerto Real,
Puerto Serrano, Rota, San Fernando, San Roque, Sanlucar de Barrameda,
Setenil de las Bodegas, Tarifa, Torre-Alhaquime, Trebujena, Ubrique,
Vejer de la Frontera, Villaluenga del Rosario, Villamartin, Zahara de la
Sierra, Zahara de los Atunes.
Carnaval, Corpus, Día de la Patrona, San Juan, Semana Santa, Velada
de los Ángeles.
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La actividad económica de la
ciudad se estructura en torno a su puerto, que, aunque no tiene una
especial relevancia comercial, es el primer puerto pesquero de
Andalucía.
Como actividades industriales
son dignas de destacar los astilleros navales, los transformados
metálicos, la construcción de material ferroviario, la industria del
papel y la alimentaria. Sus actividades comerciales hacen de la ciudad
el más importante mercado regional, con repercusiones, también, en el
comercio internacional.
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La cocina gaditana esta
influenciada sobre todo por los vinos que se producen en la provincia y
por la amplia gama de pescados propios del litoral gaditano: atunes,
doradas, urtas robalos, acedías, mojarras, etc., asi como por sus
mariscos: gambas, cigalas, bocas, cañaíllas..., y los celebres
langostinos de sanlucar de barrameda.
No hay que olvidar los quesos
artesanales, chacinas y carnes en los pueblos de la sierra. la
repostería, riquísima, con clara influencia de los árabes y la
aportación de los conventos de la monjas. son deliciosos el tocino de
cielo, los alfajores de medina sidonea, el turrón y los churros de
Cádiz, y los famosos pestiños, exquisitos dulces navideños típicos en
toda la provincia.
Los numerosos restaurantes,
bares, marisquerías, tabernas y chiringuitos (bares junto a la playa)
nos dan la oportunidad de probar esta variada gastronomía y sus
excelentes vinos: finos, amontillados, olorosos, manzanillas, brandies...criados en la provincia, y que dan un especial carácter a
esta tierra.
Recetas
Buñuelos de bacalao, Caldillo
de Perros, Caldo de pescado, Gazpacho caliente, Panizas, Papas con Chocos, Sopa a
la marinera, Sopa al estilo de Cádiz, Sopa de Gato, Sopa Moruna de
Cádiz, Tortillas de Camarones.
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Restaurante La Marea
-
Restaurante Azahar Costa
-
Venta Aurelio (En Chipiona)
-
Yeyo Celebraciones (En San Fernando)
-
Restaurante El Mirador
...
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Los monumentos arriba
mencionados y los espacios naturales
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-
Lucio
Cornelio Balbo, llamado Balbo el Mayor (en latín Lucio
Cornelius Balbus Maior; Gades, hoy Cádiz, 97 a. C. ó 100 a. C.,
fecha de la muerte desconocida) fue un político y gobernante
hispano que ocupó los más altos puestos en la República de Roma,
siendo el primer extranjero en conseguir el honor de cónsul en
el año 40 a. C. Pertenecía a una poderosa familia de origen
púnico enriquecida por el comercio.
Origen de la familia
Desde que los romanos en sus guerras contra los cartagineses
conquistaron lo que hoy es Andalucía, entre los años 211 a. C.,
que entran en Cástulo, y el 207 a. C. que toman Gades, los
indígenas de la Península pasaron de la alegría por la expulsión
de los ocupantes cartagineses a la constatación de que los
romanos no eran libertadores, sino nuevos amos que pretendían
las ricas minas y campos de su tierra. Se produjo así el
levantamiento en el año 197 a. C. que duraría hasta que el
general Catón, con nuevas legiones, acabó con la resistencia en
el 194 a. C. Desde la pretura de Tiberio Graco en el 179 a. C.
ya no se conocen más problemas romanos en Andalucía. Convertida
en la provincia de Hispania Ulterior, y luego durante el reinado
de Augusto en la Bética, ésta destacará pronto dentro del mundo
romano por sus aportaciones materiales y humanas al Imperio. En
este ambiente se establecieron desde Gades importantes redes
comerciales con el Mediterráneo, destacando las familias de
origen fenicio, como el clan Balbo. La familia Balbo parecía
tener una especial vinculación con el templo de Hércules-Melkart,
hecho que hace suponer su origen fenicio (ratificable con las
consonantes B-l de su apellido y de Baal, aunque no se ha podido
probar la conexión fenicio-latina en esta cuestión lingüística).
Otros creen que su familia procedía de cartagineses enriquecidos
que, antes de Zama, había huido con sus riquezas a Cádiz.
La guerra sertoriana
Durante la guerra sertoriana (80-71 a. C.), Gades, y con ella
Balbo, se puso del lado de la legalidad vigente de Metelo frente
a la oposición demócrata de Sertorio. Durante la guerra tuvo
oportunidad de recorrer Lusitania y de establecer importantes
relaciones personales y mercantiles. Cuando Pompeyo se hace
cargo del ejército republicano en el año 76, Balbo se une a él,
y poco después obtiene la ciudadanía romana extensible a toda su
familia gracias a la Lex Gellia Cornelia, (72 a. C.). Tal
concesión fue impugnada y luego defendida victoriosamente por el
abogado e insigne retórico Cicerón. Balbo toma los gentilicios
romanos de Cornelio y Lucio, siendo admitido entonces en el
Orden Ecuestre; donde se reunían los miembros más poderosos del
segundo Estado, ya muy cerca en condiciones materiales y
políticas del patriciado. Pertenecer a la clase alta de la
sociedad romana, en la que se encontraban patricios, caballeros
y aun plebeyos enriquecidos (como Mario), resultaba fundamental
para administrar las minas que eran, desde hacía tiempo,
elementos fundamentales en el patrimonio de la familia.
Encuentro con Julio César
Balbo coincidió con Cayo Julio César, nombrado cuestor la Bética,
en el año 69 a. C. Este encuentro resultaría crucial para su
futuro, ya que se convierte en consejero y amigo del futuro
dictador. Es de la mano de Balbo como César va al templo
gaditano de Hércules-Melkart a rezar ante la divinidad fenicia
"y al contemplar una estatua de Alejandro Magno se echó a llorar,
como avergonzado de su inactividad pues no había hecho todavía
nada digno de memoria en una edad en la que ya Alejandro había
conquistado el orbe de la tierra" (cita según Suetonio). La
escena ha sido imaginada al óleo por el decimonónico pintor
vejeriego José Morillo. La amistad se ve confirmada con el
regreso de César a la Bética, ahora como propretor de la
Hispania Ulterior, en el año 61 a. C., proporcionando Gades un
gran apoyo a la flota romana en la campaña de Lusitania, donde
Balbo ya era oficial de la plana mayor de César. En esa campaña
es posiblemente cuando Balbo reafirma una vieja relación, que
iba a ser duradera, con la futura colonia luego llamada Cáceres.
No sólo la colonia sino sus alrededores como, por ejemplo,
Aliseda, donde había minas que pudieron ser propiedad de Balbo.
En el 60 a. C., Balbo ya aparece en Roma como hombre de
confianza de Julio César, y contribuyendo al acuerdo que
facilitó el triunvirato entre César, Pompeyo y Craso. En esta
época conoce a Cicerón, y el historiador Teófanes de Mitilene
protegido de Pompeyo, lo protege y apoya. En el 59 marcha junto
a César a su campaña de las Galias siendo su enlace con Roma
adonde viajaba continuamente para mantener informado a César de
los acontecimientos políticos en la capital. Estos años de
trabajo duro, de financiar con su fortuna las campañas romanas y
de creación de un auténtico servicio secreto al servicio de
Julio César, le proporcionan un papel fundamental en la política
romana del momento, siendo el artífice del pacto entre Pompeyo y
César en el año 56 a. C. (Pacto de Lucca). Sin embargo, tanto
poder le acarrea problemas con los enemigos de César, que le
acusan de usurpar la ciudadanía romana abriéndose un proceso en
el que fue defendido por Cicerón con su famoso discurso "Pro
Balbo".
Influencia y legado
Balbo fue elegido patrono de Gades y en Roma heredó por
testamento el patrimonio de Teófanes de Mitilene, debido a su
gran prestigio. Luego siguió a César por Helvecia y Galia como
encargado de sus finanzas. Derrotados los pompeyanos en Munda
(45 a. C.), César, por mediación de Balbo otorgó la ciudadanía
romana a todos los gaditanos. En ese momento aparece en la
historia su sobrino Balbo el Menor, también llamado Lucio
Cornelio, que se distinguirá en el ejército romano. De vuelta a
Roma y tras el asesinato de César en marzo del 44 a. C., Balbo
organizó un partido cesariano en apoyo de Octavio frente a Marco
Antonio. Cuando ambos llegan a un acuerdo en el año 40 a. C.,
Balbo fue honrado con el consulado, siendo el primer no itálico
en conseguirlo. Poco después se retira de la política activa
para seguir apoyando a su sobrino, sin que se conozca la fecha
de su muerte.
-
Manuel
de Falla y Matheu (Cádiz, España, 23 de noviembre de 1876
- Alta Gracia, Argentina, 14 de noviembre de 1946) fue un
compositor nacionalista español. Con Isaac Albéniz, Joaquín
Rodrigo, Enrique Granados y Joaquín Turina es uno de los músicos
más importantes de la primera mitad del siglo XX en España.
Infancia y juventud
Manuel María de los Dolores Falla y Matheu1 nació el 23
de noviembre de 1876 en el domicilio familiar de la Plaza de
Mina número 3 en Cádiz, hijo de José María Falla y Franco y de
María Jesús Matheu y Zabala. Recibió sus primeras lecciones de
solfeo de mano de su madre, intérprete de piano, y su abuelo. A
los 9 años de edad continuó sus estudios musicales con una
profesora de piano llamada Eloísa Galluzo. Además su nodriza le
enseñó nanas y canciones populares que dejaron huella en él. En
1889 prosiguió sus estudios de piano con Alejandro Odero y
aprendió armonía y contrapunto con Enrique Broca. A los quince
años sus intereses eran principalmente la literatura y el
periodismo. Con un grupo de amigos fundó la revista literaria
"El Burlón" y en 1890 participó en una segunda titulada "El
Cascabel", que terminó dirigiendo. En 1893, tras asistir a un
concierto en Cádiz donde se interpretaron, entre otras, obras de
Edvard Grieg sintió, según sus propias palabras, que su "vocación
definitiva es la música".
Traslado a Madrid
A partir de 1896 comenzó a viajar a Madrid, donde asistió
al Real Conservatorio de Música y Declamación. Allí se
perfeccionó en piano con José Tragó, un condiscípulo de Isaac
Albéniz. En 1897 compuso Melodía, una obra para violonchelo y
piano y dedicada a Salvador Viniegra, ya que Falla participaba
en las sesiones de música de cámara que se realizaban en casa de
éste. Ese mismo año se trasladó definitivamente a Madrid, donde
al año siguiente finalizó con honores sus estudios en el
Conservatorio. Al año siguiente superó, con la calificación de
sobresaliente, los tres primeros años de solfeo y cinco de piano
en el Conservatorio, en calidad de alumno libre, y compuso
Scherzo en do menor. En 1899 terminó los estudios oficiales en
la Escuela Nacional de Música y Declamación y obtuvo, por
unanimidad, el primer premio de piano de dicho centro. Ese mismo
año estrena sus primeras obras: Romanza para violonchelo y
piano, Nocturno para piano, Melodía para violonchelo y piano,
Serenata andaluza para violín y piano, Cuarteto en Sol y Mireya.
Por esa época, el joven músico añadió el "de" a su apellido, con
el que sería conocido. En 1900 compuso Canción para piano y
algunas piezas vocales y para piano. Estrenó Serenata andaluza y
Vals-Capricho para piano en el Ateneo de Madrid. Debido a la
precaria situación económica de la familia, comenzó a impartir
clases de piano. Realizó sus primeras obras de zarzuela, como La
Juana y la Petra o La casa de tócame Roque. En 1901 conoció a
Felip Pedrell, quien tendría notable influencia en su posterior
carrera ya que despertó en él el interés por el flamenco y, en
especial, por el cante jondo. Compuso obras como Cortejo de
gnomos y Serenata, ambas para piano y tras componer algunas
zarzuelas, hoy perdidas u olvidadas, como Los amores de Inés y
Limosna de amor. El 12 de abril de 1902 estrenó, en el Teatro
Cómico de Madrid, Los amores de la Inés y ese mismo año conoció
a Joaquín Turina y la Sociedad de Autores publicó Vals-Capricho
y Serenata andaluza. Al año siguiente compuso y presentó Allegro
de concierto al concurso convocado por el Conservatorio de
Madrid, que finalmente ganó Enrique Granados y la Sociedad de
Autores publicó las obras Tus ojillos negros y Nocturno. Ese
mismo año, comenzó su colaboración con Amadeo Vives las
zarzuelas Prisionero de guerra, El cornetín de órdenes y La cruz
de Malta, de las que sólo se conservan algunos fragmentos. Los
años de estudio en la capital española culminaron con la
composición, en 1904, de la ópera La vida breve, en colaboración
con Carlos Fernández Shaw, que se hizo acreedora del primer
premio de un concurso convocado por la Real Academia de Bellas
Artes de San Fernando. Aunque las bases del concurso estipulaban
que el trabajo ganador debía representarse en el Teatro Real de
Madrid, Falla hubo de esperar ocho años para dar a conocer su
partitura, no en Madrid sino en Niza (Francia). Dado de que no
conocía todavía Granada, la ciudad en la que se ambienta esta
ópera, Falla pidió información a su amigo Antonio Arango. De
esta época son los Cantares de Nochebuena. En abril de 1905
obtuvo el premio de piano convocado por la firma Ortiz y Cussó.
El 15 de mayo de ese año estrenó en el Ateneo de Madrid la obra
Allegro de concierto. El 13 de noviembre la Academia de Bellas
Artes otorgó el premio de su concurso a La vida breve.
Etapa parisina
La siguiente etapa de su formación tuvo lugar en Francia.
En 1907 se afincó en París, por consejo de Joaquín Turina y
Víctor Mirecki Larramat, y allí entró en relación con Claude
Debussy, Maurice Ravel, Paul Dukas, Isaac Albéniz, Alexis
Roland-Manuel, Florent Schmitt, Ricardo Viñes o Pablo Picasso.
Es difícil saber qué experiencia vívida puede cambiar el rumbo
de una sensibilidad artística creadora pero la relación que
Falla mantuvo con estos músicos en París influyó de manera
determinante en su música posterior. Por ejemplo, Debussy quien
había oído y admiraba el arte flamenco de España, le aconsejó
que tomara esta música como fuente de inspiración; consejo que
el español debió tener en cuenta en obras como Noches en los
jardines de España, en que el impresionismo contemporáneo se
utiliza casi como soporte para armonías, ritmos y sonoridades
flamencas. En 1908 y debido a la mediación de Albéniz, el rey
Alfonso XIII le otorgó una beca para que pudiera seguir
residiendo en París y concluir las Cuatro piezas españolas. En
enero de ese año inició una gira por el norte de España, junto
con el violinista Antonio Fernández Bordas y el violonchelista
Víctor Mirecki. El 23 de marzo terminó la obra Con afectos de
júbilo y gozo. Paul Milliet tradujo al francés el libreto de La
vida breve para que el estreno de la obra fuera posible en
Francia. El 27 de marzo del año siguiente se estrenaron en la
Salle Érard las Cuatro piezas españolas interpretadas por
Ricardo Viñes, que más tarde fueron publicadas por el editor
Jacques Durand gracias a la recomendación de Dukas, Debussy y
Ravel. Ese mismo año comenzó a componer Noches en los jardines
de España y revisó sustancialmente la orquestación de La vida
breve. El 4 de mayo de 1910 la soprano Ada Adiny-Milliet estrenó
en la Société Nationale Indépendante, acompañada al piano por
Falla, las Trois mélodies, realizadas sobre textos de Théophile
Gautier y que fueron publicadas por Rouart, Lerolle et Cie. En
ese mismo año se produjo su primer encuentro con Ígor Stravinski
y conoció a Georges Jean-Aubry, Ignacio Zuloaga, Joaquín Nin y
Wanda Landowska. Un año más tarde realizó su primera visita a
Londres y en marzo ofreció algunos recitales. En 1912 realizó un
viaje a Suiza e Italia. En Milán negoció con Tito Ricordi la
publicación de La vida breve. El 30 de noviembre, Ricardo Viñes
presentó en la Sociedad Filarmónica Madrileña las Cuatro piezas
españolas de Falla. El 1 de abril de 1913 se estrenó en el
Casino Municipal de Niza La vida breve y el 30 de diciembre de
ese año se realizó en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de
París el ensayo general, con público y crítica. La obra se
estrenó oficialmente el 7 de enero de 1914 en dicho teatro. Max
Eschig publicó la partitura y se convirtió en el editor de Falla.
Ese mismo año conoció a Gregorio Martínez Sierra y a su esposa,
María Lejárraga. En 1914 compuso las Siete canciones populares
españolas. Tras el inicio de la Primera Guerra Mundial, Falla
regresó a su país natal y fijó su residencia de nuevo en Madrid.
El 14 de noviembre se representó La vida breve en el Teatro de
la Zarzuela y en el mes siguiente termina la Oración de las
madres que tienen a sus hijos en brazos.
Vuelta a Madrid
El 15 de enero de 1915, Joaquín Turina y Manuel de Falla fueron
homenajeados por el Ateneo de Madrid. En dicho homenaje se
estrenaron las Siete canciones populares españolas,
interpretadas por la soprano Luisa Vela y acompañada al piano
por el propio Falla. El 8 de febrero se realizó el concierto de
presentación de la Sociedad Nacional de Música en el Hotel Ritz
de Madrid, en el que la soprano Josefina Revillo interpretó por
primera vez la Oración de las madres que tienen a sus hijos en
brazos. El 15 de abril tuvo lugar el estreno de la primera
versión de El amor brujo en el Teatro Lara, interpretado por
Pastora Imperio en el papel de Candelas y bajo la dirección
orquestal de José Moreno Ballesteros, padre de Federico Moreno
Torroba, quien tocó la parte de piano. A finales de marzo y
principios de abril acompañó a María Lejárraga en viaje por
Granada, Ronda, Algeciras y Cádiz. Poco después se trasladó a
Barcelona con el matrimonio Martínez Sierra y su estancia en la
ciudad se prolongó casi seis meses. Fue invitado por Santiago
Rusiñol a pasar unos días en el Cau Ferrat de Sitges y allí
trabajó intensamente en las Noches en los jardines de España. El
23 de septiembre, el sexteto de José Media-Villa estrena en
Portugal una versión de El amor brujo realizada por el mismo
Falla. El 18 de diciembre concluyó El pan de Ronda que sabe a
verdad, una obra realizada sobre un texto de María Lejárraga. El
28 de marzo del año siguiente la Orquesta Sinfónica de Madrid,
dirigida por Enrique Fernández Arbós, estrenó la primera versión
de concierto de El amor brujo en el Hotel Ritz de Madrid. El 9
de abril, se estrenó en el Teatro Real la obra Noches en los
jardines de España a cargo de la misma orquesta, junto con el
pianista José Cubiles y dirigida de nuevo por Fernández Arbós.
Junto con el matrimonio Martínez Sierra, comienza a trabajar en
la pantomima El corregidor y la molinera, basada en la novela El
sombrero de tres picos de Pedro Antonio de Alarcón. En el número
de abril de la Revista Musical Hispano-Americana se publicó el
texto de Falla "Enrique Granados, Evocación de su obra" y el
periódico La Tribuna del 5 de junio hizo lo propio con "El gran
músico de nuestro tiempo: Igor Stravinsky". Falla entabló
contacto con Ígor Stravinski y Sergéi Diágilev, cuyos célebres
Ballets Rusos se hallaban por aquella época en Madrid, e inició
un viaje por el sur del país acompañado por Diágilev y el
bailarín Léonide Massine. A lo largo de esa primavera y verano
se realizaron varios conciertos en Sevilla, Cádiz y Granada. El
26 de junio interpreta Noches en los jardines de España junto a
la Sinfónica de Madrid dirigida por Arturo Saco del Valle, en el
Palacio de Carlos I de Granada. Además, realizó el prólogo de la
obra La música francesa contemporánea, de Georges Jean-Aubry y
en el número de diciembre de la Revista Musical
Hispano-Americana publicó un nuevo artículo titulado "Introducción
al estudio de la música nueva".
El 7 de abril de 1917 se estrenó en el Teatro Eslava la obra El
corregidor y la molinera a cargo de una orquesta formada por
profesores de la Sociedad Filarmónica de Madrid, dirigidos por
Joaquín Turina. El 29 de abril, la Orquesta Sinfónica de Madrid,
dirigida por Enrique Fernández Arbós realizó una interpretación
en el Teatro Real de una versión de concierto para pequeña
orquesta de El amor brujo. Ese mismo año Falla realiza el
prólogo de la "Enciclopedia abreviada de Música", de Joaquín
Turina, y publicó "Nuestra música" en el número de junio de la
revista Música. Durante el verano inició un nuevo viaje por
España con Diágilev y Massine y el 8 de octubre acudió a
Fuendetodos a la inauguración de un monumento en homenaje a
Francisco de Goya. Antes de finalizar el año, inició una nueva
gira por el norte de España acompañando a la soprano Aga
Lahowska. En 1918 comenzó a componer la ópera cómica Fuego fatuo,
con libreto de María Lejárraga, pero que no llegó a estrenarse.
El 27 de abril, Falla pronunció una conferencia titulada "El
arte profundo de Claude Debussy" en un homenaje que rindió el
Ateneo de Madrid al compositor francés. Por encargo de la
princesa Edmond de Polignac compone El retablo de Maese Pedro,
que estrena en el salón parisiense de ésta. En 1919 fallecieron
sus padres, el 12 de febrero su padre y el 22 de julio su madre.
El 22 de julio los Ballets Russos de Diágilev realizaron el
estreno de El sombrero de tres picos en el Alhambra Theatre de
Londres, con coreografía de Massine y decorados y figurines de
Pablo Picasso. Esta obra pasó a formar parte del repertorio fijo
de la compañía rusa. Por encargo de Arthur Rubinstein comienza a
componer Fantasia Baetica e inició las negociaciones del
contrato con J. & W. Chester de Londres, que se pasaron a ser
sus principales editores. El Centro Artístico de Granada le
tributó un homenaje el 15 de septiembre, por lo que Falla
realizó un viaje a la ciudad, en compañía de su hermana María
del Carmen y del matrimonio Vázquez Díaz. Durante su estancia en
la ciudad, se hospedó primero en la Pensión Alhambra, donde su
amigo desde su estancia en París, Ángel Barrios, le reservó
habitaciones, y más tarde en la Pensión Carmona, según su primer
biógrafo, John Brande Trend, al que conoció durante ese viaje.
Ambas pensiones estaban situadas en la Calle Real de la Alhambra.
Allí llevó una vida retirada, rodeado de un grupo de amigos
entre los que se encontraba Federico García Lorca.
Etapa granadina
El 4 de enero de 1920, tuvo lugar el estreno en París de Noches
en los jardines de España, bajo la dirección de Enrique
Fernández Arbós y con Joaquín Nin en el papel solista, y ese
mismo mes, los Ballets Rusos realizaron una exitosa
representación de El sombrero de tres picos en el Théâtre
National de l'Opéra de París. El 8 de febrero, Arthur Rubinstein
estrenó en Nueva York la Fantasia Baetica. El compositor
gaditano concluyó su primera obra en Granada en agosto, Homenaje
pour le Tombeau de Claude Debussy para guitarra. A mediados del
mes siguiente fijó su residencia en dicha ciudad en las mismas
habitaciones que ocupó anteriormente Daniel Vázquez Díaz en la
Pensión Carmona y más tarde se trasladó al carmen de Santa
Engracia en la Calle Real de la Alhambra, número 40. En
diciembre publicó su artículo "Claude Debussy et l'Espagne" en
La Revue Musicale. El estreno de Homenaje pour le Tombeau de
Claude Debussy tuvo lugar el 24 de enero de 1921 en París, con
la interpretación del arpa-laúd a cargo de Marie-Louise Henri
Casadesus. El estreno en su versión para guitarra fue realizado
por Miguel Llobet durante una gira por España un mes más tarde.
En esa época, Falla estuvo muy vinculado con la vida cultural de
la ciudad andaluza y frecuentó las amistades de personajes como
Miguel Cerón, Fernando de los Ríos, Hermenegildo Lanz, Manuel
Ángeles Ortiz y, sobre todo, Federico García Lorca. En mayo
realizó un viaje a París y Londres, ciudad en la que interpretó
la parte para piano de Noches en los jardines de España en el
Queen's Hall. A su regreso a España coincidió en la capital con
Ígor Stravinski que estaba dirigiendo en el Teatro Real su
ballet Petrushka. Durante años había mantenido una estrecha
relación personal y profesional con el matrimonio Martínez
Sierra, que se rompió debido a desacuerdos en torno al proyecto
de una obra titulada Don Juan de España. Tras esta ruptura,
comenzó la composición de las dos suites de El sombrero de tres
picos y termina Fanfare pour une fête, por encargo de la revista
Fanfare de Londres, que sería publicada en su primer número en
agosto.
A comienzos de 1922 estableció definitivamente su residencia en
el carmen de la Antequeruela Alta, número 11. El diplomático
Ricardo Baeza, amigo de Falla, le encomendó el encargo de
componer Canto de los remeros del Volga, en favor de los
refugiados rusos. Realizó un viaje durante la Semana Santa de
Sevilla, durante el cual conoció a Segismundo Romero y a Eduardo
Torres, con los que en un futuro colaboraría para formar la
Orquesta Bética de Cámara y que finalmente se presentaría el 11
de junio en 1924 con un concierto en el sevillano Teatro Llorens.
Se unió a Miguel Cerón, Federico García Lorca, Hermenegildo Lanz,
Ignacio Zuloaga y otros para promover la creación del "Concurso
de Cante Jondo" con el fin de rescatar el "canto primitivo
andaluz". Dicho concurso fue organizado por el Centro Artístico
y tuvo lugar los días 13 y 14 de junio en la Plaza de los
Aljibes de la Alhambra. El 6 de enero de 1923, Manuel de Falla,
Hermenegildo Lanz y Federico García Lorca realizaron una función
en casa de Lorca de títeres de cachiporra en la que
representaron obras de Miguel de Cervantes, el propio Lorca o el
Misterio de los Reyes Magos, un auto sacramental del siglo XIII
para el que Falla había compuesto la música incidental. En
febrero, La Revue Musicale publicó dos artículos de Falla:
"Felipe Pedrell, (1841-1922)" y "Wanda Landowska à Grenade", que
detallaba la visita de dicha clavecinista a Granada en noviembre
del año anterior. Los días 23 y 24 de marzo se realizó el
estreno en público de la versión de concierto de El retablo de
Maese Pedro en el Teatro San Fernando de Sevilla. La
escenificación de la obra tuvo lugar en el palacete de la
princesa de Polignac en París y los decorados y figurines fueron
obra de Manuel Ángeles Ortiz y los títeres con cabezas y figuras
planas de Hermenegildo Lanz. Realizó algunos viajes a Francia,
Bélgica e Italia y en Madrid conoció a Ernesto Halffter. Comenzó
a componer Concerto para clave y cinco instrumentos a instancias
de Wanda Landowska y el 12 de diciembre, Manuel de Falla y Ángel
Barrios fueron propuestos como académicos por la Real Academia
de Bellas Artes de Granada, siendo finalmente admitidos por
unanimidad como académicos de número el 21 de febrero del año
siguiente.
A comienzos de 1924 finalizó la obra Psyché, sobre un texto de
Georges Jean-Aubry, y que se estrenaría el 9 de febrero del año
siguiente en el Palau de la Música de Barcelona. El 7 de abril
fue nombrado académico de honor de la Real Academia
Hispano-Americana de Ciencias y Artes de Cádiz. En junio de
dicho año tuvo lugar la presentación de la Orquesta Bética de
Cámara, por la que llevaba trabajando desde hacía dos años. El
10 de diciembre se estrenó una revisión orquestal del Prélude à
l'après-midi d'un faune de Claude Debussy que Falla había
compuesto para dicha orquesta. Esta interpretación corrió bajo
la dirección de Ernesto Halffter y tuvo lugar en el Teatro San
Fernando de Sevilla.
El año siguiente aceptó el cargo como académico numerario de la
Real Academia de Bellas Artes de Granada. El 22 de mayo tuvo
lugar el estreno en París de la versión definitiva para ballet
de El amor brujo en el Trianon Lyrique, con decorados y
figurines de Gustavo Bacarisas, Falla ejerciendo como director
musical y Antonia Mercé "La Argentina" y Vicente Escudero en los
papeles de Candelas y Carmelo, respectivamente. El 20 de
noviembre, la Orquesta Bética interpretó la revisión orquestal
realizada por Falla de la obertura de El barbero de Sevilla de
Gioachino Rossini en el Teatro San Fernando de Sevilla, dirigida
por su discípulo Ernesto Halffter. El 29 de diciembre tuvo lugar
la representación de El retablo de maese Pedro en Nueva York,
con la Philharmonic Symphony Orchestra, Wanda Landowska y Willem
Mengelberg, como director. Fue nombrado miembro de la Hispanic
Society of America. En 1926 participó en el homenaje que realizó
el Centro Artístico en honor a Luis Bagaría. Las
representaciones de El retablo realizadas en Ámsterdam el 26 de
abril, que contó con Luis Buñuel como director de escena y con
Willem Mengelberg como director de orquesta, y Zúrich el 20 de
junio en el Festival de la Sociedad Nacional de Música
Contemporánea fueron un éxito. Terminó la composición del
Concerto para clavecín y orquesta de cámara, que fue estrenado
el 5 de noviembre en el Palau de la Música de Barcelona por
Wanda Landowska, acompañada por un grupo de profesores de la
Orquestra Pau Casals y dirigidos por el propio Falla. Fue
homenajeado con motivo de su cincuenta cumpleaños y recibió la
distinción de "hijo adoptivo" de la ciudad de Sevilla el 20 de
marzo e "hijo predilecto" de la ciudad de Cádiz en abril. Los
homenajes continuaron en 1927, ya que fue nombrado "hijo
adoptivo" de Guadix el 28 de febrero. Anteriormente, los días 8
y 9 de ese mismo mes, se realizaron sendos conciertos de la
Orquesta Bética de Cámara en el Coliseo Olympia de Granada,
dirigidos por Ernesto Halffter y el propio Falla,
respectivamente. En Barcelona, el 17 de marzo tuvo lugar el
"Festival Falla", que contó con la presencia del compositor. El
mes siguiente, Falla se unió al homenaje que el Ateneo de
Granada rindió al compositor alemán Ludwig van Beethoven. Falla
compuso la música para el Soneto a Córdoba de Luis de Góngora
como conmemoración del tercer centenario del fallecimiento del
escritor, obra que fue estrenada el 14 de mayo en la Salle
Pleyel de París, con Madeleine Greslé y el propio compositor al
piano. En esa época comenzó la preparación de la música
incidental para la representación del auto sacramental de Pedro
Calderón de la Barca El gran teatro del mundo que se realizó en
la Plaza de los Aljibes de la Alhambra el 27 de junio (aunque en
un principio estaba planeada para el 18, problemas técnicos
impidieron la representación) que fue organizada por el Ateneo
de Granada y la Junta de Damas de Honor y Mérito. En dicha
representación intervinieron además, Antonio Gallego Burín como
director artístico, Hermenegildo Lanz como escenógrafo y Ángel
Barrios como director de orquesta. El 5 de noviembre se realizó
un "Festival Falla" en Madrid, en el que el propio compositor
interpretó el Concerto. Sus actuaciones finalizaron ese año el
11 de diciembre con un homenaje a Domenico Scarlatti, del que
interpretó 14 sonatas en el Ateneo de Granada. El 30 de enero de
1928 tomó posesión de su cargo como académico de número de la
Real Academia de Bellas Artes de Granada. En marzo realizó un
viaje a París para supervisar una producción de El amor brujo,
que contaba con la presencia de Antonia Mercé "La Argentina" y
los decorados y el vestuario fueron elaborados por Gustavo
Bacarisas. En el Théâtre National de l'Opéra-Comique se estrenó
una producción de El retablo de maese Pedro dirigida por Ignacio
Zuloaga. El día 14, recibe la condecoración de caballero de la
Legión de Honor. En septiembre viajó a Siena, en compañía de su
amigo Juan Gisbert Padró, para actuar como solista en una
audición del Concerto y el 29 de octubre fue nombrado miembro de
la Kungliga Svenska Musikaliska Akademien Vágnar de Estocolmo.
Por esas mismas fechas fue visitado en Granada por Maurice
Ravel.
En un principio, y para no entrar en disputas con Conrado del
Campo, que había preparado durante años la elección de Falla
como miembro de la Real Academia de San Fernando, rechazó la
invitación formulada por miembros de ésta para cubrir la plaza
vacante a raíz del fallecimiento de Manuel Manrique de Lara. El
13 de mayo de 1929, y tras las presiones de los académicos,
Falla fue elegido por unanimidad, aunque nunca llegó a leer su
discurso de ingreso. John Brande Trend publicó el primer libro
monográfico sobre Falla en Nueva York, titulado Manuel de Falla
and Spanish music. En esa época estaba totalmente inmerso en
Atlántida y tenía la esperanza de poder estrenar la obra en la
Exposición Universal de Barcelona o en la Exposición
Iberoamericana de Sevilla que se celebraban ese mismo año. A
finales de enero de 1930, fue visitado por Alfredo Casella, que
se encontraba en la ciudad realizando unos conciertos con el
Trío Italiano. En junio, realizó la grabación del Concerto y
algunas de sus canciones en París, en la que acompañó al piano a
María Barrientos. En diciembre realizó un viaje a Cádiz para
dirigir un concierto en el teatro que lleva su nombre. Durante
esta estancia en su tierra natal aprovechó la ocasión para
realizar una excursión, inspirada por sus trabajos en Atlántida,
al islote de Sancti Petri, lugar en el que supuestamente
estarían las ruinas del templo de Hércules. En 1931 realizó su
última visita a Londres para dirigir El retablo de maese Pedro
en una retransmisión de la BBC. El 14 de mayo, un mes después de
la proclamación de la Segunda República en España, escribió
junto con otros amigos granadinos, al presidente de la
República, Niceto Alcalá Zamora, y a su amigo Fernando de los
Ríos, ministro de Justicia, para pedirles que tomaran las
medidas oportunas para detener la quema y saqueo de iglesias,
así como el creciente proceso de "desevangelización" de España.
Ese mismo año fue designado vocal de la recién creada Junta
Nacional de Música. En 1937, colabora con José María Pemán en un
Himno marcial para las fuerzas nacionalistas. Para ello, Falla
arregla y adapta el "Canto de los Almogávares", de Los Pirineos
de Felipe Pedrell, con letra nueva de José María Pemán.
Exilio en Argentina y fallecimiento
El 28 de septiembre de 1939, después de la Guerra Civil Española
y en puertas de la Segunda Guerra Mundial, Manuel de Falla se
exilió en Argentina, a pesar de los intentos de los gobiernos
del general Francisco Franco, que le ofrecían una pensión si
regresaba a España. Fue nombrado Caballero, con el grado de Gran
Cruz, de la Orden de Alfonso X el Sabio en 1940.2 Vivió en su
exilio argentino gracias a la ayuda de algunos mecenas, entre
ellos la familia Cambó, y lo hizo de forma tranquila en una casa
en las sierras, donde su hermana cuidaba de él, ya que casi
siempre estaba enfermo. Finalmente, falleció el 14 de noviembre
de 1946 tras sufrir una parada cardiorrespiratoria, sin que
hubiera podido culminar su última obra. La tarea de finalizarla,
según los esbozos dejados por el maestro, correspondió a su
discípulo Ernesto Halffter. En este país, exiliado, estrenaría
su Suite Homenajes. Sus restos fueron trasladados desde Buenos
Aires, hasta su tierra natal, Cádiz, a bordo del minador Marte.
En Cádiz fueron recibidos por su familia, José María Pemán y
diferentes autoridades eclesiásticas, civiles y militares, entre
las que se encontraba el Ministro de Justicia, Raimundo
Fernández-Cuesta, en representación del Jefe del Estado,
Francisco Franco. El cortejo fúnebre se dirigió del muelle a la
Catedral de Santa Cruz de Cádiz, donde se celebró un solemne
funeral. Con autorización expresa del papa Pío XII, los restos
fueron enterrados en la cripta de la catedral, donde se
encuentran actualmente junto a los de José María Pemán.3
Análisis musical y estilo
Durante su estancia en París compuso sus obras más célebres: la
pantomima El amor brujo y el ballet El sombrero de tres picos (compuesto
para cumplimentar un encargo de los célebres Ballets Rusos de
Sergéi Diágilev), las Siete canciones populares españolas para
voz y piano, la Fantasia Baetica para piano y Noches en los
jardines de España, estrenada en el Teatro Real en 1916. Su
estilo fue evolucionando a través de estas composiciones desde
el nacionalismo folclorista que revelan estas primeras
partituras, inspiradas en temas, melodías, ritmos y giros
andaluces o castellanos, hasta un nacionalismo que buscaba su
inspiración en la tradición musical del Siglo de Oro español y
al que responden la ópera para marionetas El retablo de Maese
Pedro, una de sus obras más alabadas, y el Concierto para clave
y cinco instrumentos. La madurez creativa de Falla comenzó con
su regreso a España, en el año 1914. En las obras El retablo de
Maese Pedro y el concierto para clavecín y orquesta de cámara de
1926 se percibe cómo la influencia de la música folklórica es
menos visible que una suerte de neoclasicismo al estilo de Ígor
Stravinski. Mientras que en sus obras anteriores Falla hacía
gala de una extensa paleta sonora, heredada directamente de la
escuela francesa, en estas últimas composiciones, su estilo fue
haciéndose más austero y conciso, y de manera especial en el
Concierto. Los últimos veinte años de su vida, Manuel de Falla
los pasó trabajando en la que consideraba había de ser la obra
de su vida: la cantata escénica Atlántida, sobre un poema del
poeta en lengua catalana Jacinto Verdaguer, que le había
obsesionado desde su infancia y en el cual veía reflejadas todas
sus preocupaciones filosóficas, religiosas y humanísticas.
En la cultura popular
Como homenaje a su labor artística, el Banco de España decidió
emplear un retrato de Manuel de Falla en el anverso de los
billetes de 100 pesetas, que fueron emitidos a partir del 19 de
noviembre de 1965. Este billete fue el de mayor circulación
durante la década de los 1970 hasta que, debido a la inflación,
en 1982 se tomo la decisión de acuñar monedas de 100 pesetas. El
billete de 100 pesetas con la efigie de Manuel de Falla comenzó
entonces a ser retirado por los bancos, aunque siguió siendo de
curso legal hasta la instauración del euro.
-
Emilio
Castelar y Ripoll (Cádiz, 7 de septiembre de 1832 – San
Pedro del Pinatar, Murcia, 25 de mayo de 1899) fue un político y
escritor español, fue Presidente del Poder Ejecutivo de la
Primera República Española
Origen
Nace en Cádiz el 7 de septiembre de 1832. Sus padres, Manuel
Castelar y María Antonia Ripoll, de ideología liberal, eran
oriundos de la provincia de Alicante. La restauración
absolutista de Fernando VII obligó a su padre, Manuel Castelar,
a exiliarse en Gibraltar durante siete años por haber sido
condenado a muerte acusado de afrancesado. A la muerte repentina
de su padre, Castelar contaba sólo con siete años y se trasladó
a Elda con la familia de su madre.
Formación
Ya de pequeño, y gracias al influjo de su madre, María Antonia
Ripoll,1 era un lector insaciable, lo que se traducía en un
rendimiento escolar muy alto. Se inició en sus estudios de
Segunda Enseñanza en el Instituto de Alicante en 1845. Estudió
Derecho y Filosofía en la Universidad de Madrid, junto con
hombres que serán sus adversarios políticos más tarde como
Antonio Cánovas del Castillo, se licenció en Derecho a los
veinte años e hizo el doctorado un año más tarde (1853-54), y
obtuvo una cátedra de Historia Filosófica y Crítica de España
(1857). Durante el tiempo de sus estudios pudo colaborar con la
Escuela Normal de Filosofía lo que le permitió ayudar a salvar
las penurias de su familia.
Entrada en política
Al terminar su formación se dedicó de lleno a la lucha política,
canalizada a través del periodismo (llegó a ser Presidente de la
Asociación de Escritores y Artistas Españoles desde 1877 a 1879,
pasó por varios periódicos como El Tribuno del Pueblo, La
Soberanía Nacional y La Discusión hasta fundar el suyo propio en
1864: La Democracia). Su primer discurso lo realizó el 25 de
septiembre de 1854 durante un mitin del Partido Democrático en
Madrid y desde ese momento, no sólo los asistentes, sino también
la prensa madrileña, lo encumbrarían como un orador excepcional
y un defensor a ultranza de la libertad y la democracia.
Defendía un republicanismo democrático y liberal, que le
enfrentaba a la tendencia más socializante de Pi y Margall.
Desde esas posiciones luchó tenazmente contra el régimen de
Isabel II, llegando a criticar directamente la conducta de la
reina en su artículo El rasgo (1865). En represalia por aquel
escrito fue cesado de su cátedra de Historia Crítica y
Filosófica de España en la Universidad Central de Madrid que
ocupaba desde 1857, provocando revueltas estudiantiles y de
profesores contra su cese que fueron reprimidas por el gobierno
de forma sangrienta en lo que se denominó la «Noche de San
Daniel» el 10 de abril de 1865. El gobierno de Ramón María
Narváez dimite y lo sustituye Leopoldo O'Donnell que restituirá
la cátedra a Castelar. Más tarde intervino en la frustrada
insurrección del Cuartel de San Gil de 1866, y fue condenado a
garrote vil pero consiguió huir a Francia en un exilio de dos
años.
Revolucionario
Participó en la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II,
pero no consiguió que condujera a la proclamación de la
República. Fue diputado en las inmediatas Cortes constituyentes,
en las que destacó por su capacidad oratoria, especialmente a
raíz de su defensa de la libertad de cultos (1869). Siguió
defendiendo la opción republicana dentro y fuera de las Cortes
hasta que la abdicación de Amadeo I de Saboya provocó la
proclamación de la Primera República Española (1873). Durante el
primer gobierno republicano, presidido por Estanislao Figueras,
ocupó la cartera de Estado, desde la que adoptó medidas como la
eliminación de los títulos nobiliarios o la abolición de la
esclavitud en Puerto Rico. Pero el régimen por el que tanto
había luchado se descomponía rápidamente, desgarrado por las
disensiones ideológicas entre sus líderes, aislado por la
hostilidad de la Iglesia, la nobleza, el ejército y las clases
acomodadas, y acosado por la insurrección cantonal, la
reanudación de la guerra carlista y el recrudecimiento de la
rebelión independentista en Cuba. La Presidencia fue pasando de
mano en mano —de Figueras a Pi y Margall en junio y de éste a
Salmerón en julio— hasta que en septiembre, las Cortes
Constituyentes le nombraron Presidente del Poder Ejecutivo de la
República
Presidente de la República
Para tratar de salvar el régimen disolvió las Cortes, movilizó
hombres y recursos y encargó el mando de las operaciones a
militares profesionales, aunque de dudosa fidelidad a la
República. Cuando se reanudaron las sesiones de Cortes a
comienzos de 1874, Castelar presentó su dimisión el 3 de enero
tras perder una votación parlamentaria [2]; mientras se votaba
el nombramiento del nuevo presidente del poder ejecutivo, que
iba siendo favorable a Eduardo Palanca Asensi, el general Pavía
dio un golpe de Estado y disolvió las Cortes. A Castelar se le
ofreció formar gobierno, pero éste rechazó; finalmente fue el
general Serrano quien aceptó ser presidente del Poder Ejecutivo.
Restauración monárquica
Liquidada así la Primera República, el pronunciamiento de
Martínez Campos vino a restablecer la Monarquía proclamando rey
a Alfonso XII. Castelar se exilia en París. Tras regresar de un
largo viaje, Castelar ingresó en la Real Academia Española y en
la Real Academia de la Historia y volvió a la política,
encarnando en las Cortes de la Restauración la opción de los
republicanos «posibilistas» que aspiraban a democratizar el
régimen desde dentro. Cuando en los años noventa se aprobaron
las leyes del jurado y del sufragio universal, Castelar se
retiró de la vida política, aconsejando a sus partidarios la
integración en el Partido Liberal de Sagasta (1893).
Legado
Considerado como el más elocuente orador de España, ha sido
también uno de los grandes prosistas del siglo XIX. Influido por
el Romanticismo, del que también hay huellas en su oratoria, se
recuerdan entre sus obras los Recuerdos de Italia, alguna novela
como Ernesto, Fra Filipo Lippi y colecciones de artículos,
discursos y diversos estudios jurídicos, históricos y de crítica
literaria y artística, además de ensayos sobre ideología
política.
Ciudad de Castelar
En homenaje a Emilio Castelar existe en Argentina, en la
provincia de Buenos Aires, una ciudad con su nombre. En
principio el nombre fue dado a la estación de ferrocarril que,
posteriormente, dio origen al pueblo, hacia 1913. Fue declarada
oficialmente Ciudad de Castelar en 1971, cuando superó los
10.000 habitantes. Pasado el año 2000, superaba los 100.000
habitantes. Fuente: Wikipedia
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Cádiz ha sido
denominada en diversas épocas con epítetos cariñosos, por
algunos personajes famosos. Así Lord Byron la llama, Sirena
del Océano, Pemán, Señorita del mar y popularmente se dice
que es la Tacita de plata.
Como chascarrillo se cuenta que una vez un visitante
graciosillo le preguntó a un guardia urbano en Cádiz: "¿Es
cierto el rumor que corre de que en Cádiz hay muchos
maricones?" El guardia contestó: "Depende del número de
forasteros".
En Cádiz no hay Feria de Abril como en Sevilla ni Feria del
caballo como en Jerez. Los gaditanos son conscientes de esto
y lo tienen a gala. Hay una copla que corre de boca en boca
sobre este tema:
Ni romería ni feria tiene esta tierra
El gaditano y Cádiz,
si no es campero,
es porque es andaluz,
fino y marinero.
Si no sabe lucí
el traje de montar
es porque a los de aquí
no les sirve el caballo
para ir a pescar.

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