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Huelva (Historia)


Granada (Historia)

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Andalucía es una comunidad autónoma española compuesta por ocho
provincias: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y
Sevilla. Su capital es Sevilla y tiene la sede del Tribunal Superior
de Justicia en Granada.
Es la comunidad autónoma más poblada (7.975.672 habitantes, en 2006)
y la segunda más extensa, lo que unido a su historia y cultura le
confiere un peso singular y decisivo en el conjunto de España.
Andalucía se encuentra situada en el extremo suroccidental de
Europa, limitando al sur con el estrecho de Gibraltar, el mar
Mediterráneo y el peñón de Gibraltar, y al oeste con la República de
Portugal y el océano Atlántico. Dentro de España, limita al norte
con Extremadura y Castilla-La Mancha, al este con la Región de
Murcia.
Andalucía es reconocida en el Preámbulo del Estatuto de Autonomía de
2007 como una realidad nacional, algo que, según la Constitución
española, la eleva como nacionalidad histórica. Sin embargo, en el
articulado de su Estatuto de Autonomía, se define a Andalucía sólo
como nacionalidad histórica al amparo de lo dispuesto en el artículo
segundo de la Constitución española, que reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las mismas. A pesar de esto, existen
movimientos políticos y sociales que propugnan la entidad de
Andalucía como nación, algo que en la actualidad no tiene
correspondencia en ningún texto legal.
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Andalucía
La situación geográfica de Andalucía y su clima han favorecido que en
esta Comunidad Autónoma estén representadas con gran riqueza todas las
épocas históricas.
Prehistoria
Las industrias líticas más arcaicas no superan los 700.000 años de
antigüedad, correspondientes al Paleolítico Inferior y responden a la
cultura material conocida como achelense. Los restos aparecen en Cullar-Baza
I (Granada), El Aculadero (Puerto de Santa María, Cádiz) y Venta Micena
(Granada). Andalucía estuvo densamente poblada durante el Paleolítico
Medio, lo cual proporcionó un gran número de restos arqueológicos, que
permiten a los investigadores trazar una secuencia completa de la
cultura correspondiente a ese período: el musteriense. Hay que destacar
los cuarenta niveles de la Cueva de la Carihuela (Piñar, Granada). Los
más antiguos restos humanos fósiles encontrados en Andalucía pertenecen
al género Homo Sapiens Neanderthalensis, correspondientes a la época del
Pleistoceno Superior. Los yacimientos con hallazgos más importantes
referentes a aquél son las canteras Forbes y Devil´s Tower (Gibraltar),
la Cueva del Boquete de Zafarraya (Málaga) y la Cueva de la Carihuela (Piñar).
En Andalucía esta especie sobrevivió más que en el resto de Europa, los
fósiles más modernos se han fechado en el 24000 a.C. En el Paleolítico
Superior se produjo una explotación del entorno más intensiva, se
comenzaron a explotar recursos hasta entonces no utilizados. El género
humano construyó en la región los primeros poblados semipermanentes y
aparecieron las primeras cabañas. Los Neardenthalensis andaluces fueron
sustituidos por los Homo Sapiens Sapiens, de una manera más o menos
brusca. Los materiales correspondientes al Homo moderno pertenecen al auriñaciense, como se puede ver en las cuevas de La Pileta (Benaoján),
Nerja y Cueva Ambrosio (Vélez Blanco). Andalucía fue una de las últimas
regiones del Mediterráneo donde se desarrolló el Neolítico (aprox 4000
a.C.). La mayoría de los asentamientos tuvieron la particularidad de
estar situados en cuevas. En Andalucía los lugares con más número de
hallazgos están en las provincias costeras de Almería, Granada y Málaga,
y la provincia cercana de Jaén. La Cueva de la Carihuela (Piñar,
Granada), ha proporcionado una estratigrafía completa de la evolución
del Neolítico en la Comunidad. A esta época perteneció una de las
necrópolis más antigua encontrada, la Cueva de los Murciélagos (Abiñol).
En la cueva hay una serie de enterramientos colectivos, cuyo ajuar
consistía en objetos metálicos, abundante cerámica y objetos de
cestería, lo que refleja los tipos de materiales que se usaron en ese
período. En la Cueva de Nerja la presencia de silos con diversos tipos
de cereal, fue la muestra de que los habitantes de esta zona realizaron
un cultivo intensivo y selectivo. Aparte de la cultura neolítica de
cuevas se pudo apreciar en el sudeste la aparición de una serie de
poblados al aire libre, generalmente en altura. Así, en Almería
estuvieron El Garcel, La Gerundia y Tres Cabezas, y en Granada, La Peña
de los Gitanos, todos con cerámica de formas variadas, sílex geométrico
y útiles pulimentados.
Los enterramientos andaluces en esta época se realizaban en fosas
circulares rodeadas de piedras. El Megalitismo se puede definir como la
corriente cultural que se caracterizó por la construcción de
enterramientos colectivos bajo grandes y variados monumentos de piedra.
Correspondió en Andalucía con las primeras manifestaciones de la
metalurgia. En la Península una de los primeros focos de este fenómeno
apareció en el sudeste. Donde se produjo una evolución continua desde
las últimas fases del Neolítico al aire libre. Esto se produjo en
lugares como el yacimiento de la Peña de los Gitanos (Granada). El megalitismo en Andalucía vino acompañado de un aumento de la población y
un incremento del número de asentamientos. Aunque la mayoría de las
cuevas continuaron ocupadas prefirieron los hábitats al aire libre. En
Andalucía el Megalitismo estuvo representado por los grandes sepulcros
de corredor y falsa cúpula denominados tholos. Muchos de estos sepulcros
estaban asociados a poblados fortificados con grandes murallas y al
aumento del uso de los metales. La primera etapa recibe el nombre de
calcolítico, por el descubrimiento y trabajo del cobre. Al principio su
uso fue escaso y tuvo poca repercusión. Los ajuares de las tumbas
estaban compuestos por hachas planas, puñales triangulares y cinceles de
producción simple. Paralelamente se produjo una transformación en el
seno de las sociedades, además de una intensificación en la explotación
del medio. Se empezó a usar el regadío, el abono y el arado, con lo cual
aumentó la producción agrícola. Los asentamientos cambiaron su ubicación
y aumentaron en su tamaño. La zona de Almería es el segundo lugar de
Europa, después de los Balcanes donde apareció la metalurgia. A
principios del III milenio a.C. en la denominada cultura de Los Millares
aparecieron las primeras producciones metalúrgicas. Lo rudimentario de
estas primeras fases hace pensar a los investigadores actuales en un
desarrollo local, no como afirmaban otros en el influjo de una presencia
colonizadora. El procesó debió ser facilitado por la riqueza minera de
la zona. Esta cultura estuvo representada en Almería en lugares como Los
Millares, Almizaraque, Cerro de las Canteras, etc.; y en Granada estaban
Virgen del Orce, El Malagón, etc. Son yacimientos con viviendas
circulares, con zócalo de piedra y sobre todo con grandes murallas que
rodean todo su perímetro. Entre todos destaca el de Los Millares (Santa
Fe de Mondújar). Su extensión sobrepasa las 4 ha, que pudieron albergar
más de 1.000 habitantes. En las proximidades se encuentran diez fortines
desde los que se controla todo el lugar. Las diferencias en el ajuar de
estas tumbas colectivas muestran que existió una desigual distribución
de la riqueza y una sociedad jerarquizada. En la Edad del Bronce, con
una tecnología metalúrgica mucho más perfeccionada, donde fueron ganando
en importancia los objetos metálicos, surgió la cultura de El Argar.
Recibe el nombre del yacimiento de Almería de ese mismo nombre. Este
fenómeno se extendió por Jaén y Granada. Los últimos estudios parecen
observar una cierta continuidad desde la cultura de Los Millares.
Algunos yacimientos como Almizaraque no se abandonan, pero a la vez
surgieron nuevos asentamientos. La mayoría se situaron en lugares altos
y estratégicos desde los cuales se controlaba todo el entorno. Los
sepulcros se situaban debajo de las viviendas y son siempre
individuales. El ajuar también habla de que aquí existió una desigualdad
en la distribución de la riqueza. En torno al año 1400 a.C. se produjo
el colapso de esta cultura, con el abandono de asentamientos, lo que se
debió al agotamiento de las tierras y de los recursos minerales. Durante
el Bronce Medio y Final surgió el denominado Bronce del Suroeste,
situado en la provincia de Huelva. Esta manifestación cultural estaba
incluida en el fenómeno que dominaba todo el Atlántico de Europa, el
Bronce Atlántico, que se caracterizaba por el comercio de grandes
cantidades de objetos de bronce entre los pueblos de ese entorno, como
muestran hallazgos como el depósito de la Ría de Huelva.
A partir de la Edad del Hierro se empezó a producir en las costas
andaluzas presencia de carácter colonizador de pueblos mediterráneos,
con el caso destacado de los fenicios. Esta presencia quedó reflejada en
las fuentes clásicas (Pomponio Mela, Plinio, Estrabón). En sus obras,
estos autores da una fecha en torno al 1100 a.C. como inicio de la
presencia fenicia en la Península. Sin embargo, las recientes
excavaciones no confirman esa fecha. Los restos más antiguos
corresponden al yacimiento de Morro de Mezquitilla (Málaga) y
corresponderían al siglo IX a.C., aunque no hay que descartar la
posibilidad de contactos anteriores al establecimiento definitivo de los
navegantes fenicios. Hacia el año 800 a.C. fue cuando los fenicios
empezaron a establecerse de forma permanente en Andalucía, situándose a
ambos lados del estrecho de Gibraltar. Los asentamientos tuvieron su
origen en la demanda de plata, estaño y otros metales. Las relaciones
con los indígenas quedaron demostradas por los restos de origen fenicios
encontrados en yacimientos de población local. Los primeros materiales
en Castillo de Doña Blanca (Puerto de Santa María), yacimiento indígena,
son de una fecha en torno al 750 a.C. Las excavaciones parecen muestran
dos núcleos diferenciados en las factorías fenicias. Uno sería el de la
Baja Andalucía, donde Gades (la actual Cádiz) sería el eje central.
Según las fuentes clásicas, desde su Templo de Melqart (posteriormente
identificado con Hércules) se controlaba todo el comercio de Andalucía.
El otro núcleo está representado por los asentamientos del litoral
Mediterráneo andaluz, donde destacan Sexi (Almuñecar), Abdera (Adra),
Malaka (Málaga), Toscanos y Villaricos. En torno al 550 a.C. se produjo
la pérdida de la influencia oriental y aumentó la presencia de material
de origen cartaginés. Paralelamente a este proceso la población se
agrupó dando a lugar a grandes ciudades como Málaga, Cádiz, Almuñecar o
Villaricos. Desde estos asentamientos los fenicios, con sus relaciones
comerciales, modificaron la estructuras sociales y los hábitos de los
pobladores autóctonos de Andalucía. Es lo que ha dado en llamarse
período orientalizante, caracterizado por la presencia de materiales de
factura oriental. En Andalucía oriental coincidiría con lo que las
fuentes griegas llamaron Tarteso. Esos textos hablaron de la existencia
de un reino centralizado relativamente extenso, que coincidiría
aproximadamente con la Andalucía actual, regido por una monarquía cuya
capital situaban en los alrededores de la desembocadura del
Guadalquivir. El rey gobernaría sobre una sociedad dividida en siete
grupos sociales, los cuales habían conseguido un alto de nivel de
civilización, que vino acompañado del desarrollo de la escritura. Había
habido dos dinastías en Tarteso. Una mítica formada por Gerión, Nórax,
Gárgoris y Habis; la otra histórica cuyo único representante conocido
fue Argantonio. Los restos arqueológicos de momento no han descubierto
una sociedad tan avanzada como dijeron los autores clásicos. Su capital
se ha solido identificar con el yacimiento del período orientalizante de
Huelva. La presencia de las plantas cuadrangulares, la cerámica a torno
y el uso de instrumentos metálicos indica que se produjo la transición
hacia formas complejas de organización social. Estas diferencias
quedaban de manifiesto en las necrópolis con grupos de tumbas con mayor
riqueza, como se ve en La Joya, probablemente debido al comercio con los
fenicios, que se llevaban a cambio las riquezas metalíferas como las
procedentes de Río Tinto (Huelva). Hacia mediados del siglo VI a.C. se
produjo una decadencia en el ámbito de Tarteso. Generalmente se atribuyó
esa destrucción a la presencia cartaginesa, pero probablemente se debió
al agotamiento de los yacimientos de metal. El comercio con los griegos
quedó atestiguado con la presencia en Huelva de materiales griegos a
finales del siglo VII a.C. Los turdetanos fueron los sucesores directos
de los tartésicos, incluidos en el entorno de la cultura ibérica. Su
economía era eminentemente agrícola, aunque continuaron con la
producción minera en lugares como Cástulo (Linares). Según las fuentes
existían una serie de jefezuelos que apenas controlaban uno o dos de los
núcleos. Los asentamientos se concentraron principalmente en la zona de
Córdoba y Jaén, donde destacan La Bobadilla, Casillas de Martos, Almedinilla y Porcuna, sin olvidar los yacimientos de la Alta Andalucía
donde apareció la Dama de Baza.
Edad Antigua
Dos relatos cartagineses, sobre los periplos de Hannón e Himilcón,
fueron ejemplos indudables del control que ese pueblo ejerció sobre el
comercio procedente de las factorías fenicias de las costas andaluzas en
el siglo V a.C. La supremacía la consiguió con la superioridad naval y a
través de pactos, tratados y alianzas. Parece ser que no se produjo una
ocupación militar de la Península, aunque algunas fuentes (Livio) nos
hablan de episodios militares de Cartago en Andalucía. Lo que parece más
atestiguado es el envío de población hacia las factorías fenicias, como
muestra la necrópolis mixta de Villaricos. El general Amílcar desembarcó
en Gades en el 237 a.C. Con lo que comienza el dominio militar de los
cartagineses. Su misión es someter a los pueblos locales andaluces. Las
operaciones se desarrollan a lo largo del Guadalquivir. Su objetivo
parecen ser las minas de plata de Cástulo. Amílcar tuvo que librar
muchos encuentros con las poblaciones indígenas hasta conseguir su
sometimiento. Su política hacia ellos fue de dura represión. El control
de Andalucía trajo consigo el dominio de los centros productores de
minerales y de la sal. A su muerte en el 226 a.C. le sucedió en el mando
su yerno Asdrúbal, que cambió la política hacia la población entablando
lazos de amistad con los jefes de las comunidades. Para ello utilizó la
figura de la fides ibérica, en la cual se juraba fidelidad a un jefe
hasta la muerte. En el 222 a.C. le sucede Aníbal que continuó con su
política, como mostró el hecho de que se casó con la hija de un régulo
indígena de la región de Cástulo.
En el 216 a.C. los romanos, con su general Escipión, hicieron su
aparición en Andalucía, en el norte del Guadalquivir. La situación de
los campos de batalla de Fliturgi (Mengíbar), Munda (Montilla) y Cástulo
mostraron que se trató de una lucha por controlar el Medio y el Bajo
Guadalquivir. En el 211 a.C. los romanos fueron expulsados desde Cástulo
hacia el norte. A partir del 209 a.C. Escipión inició la definitiva
conquista del valle del Guadalquivir hasta Cádiz. Fue tomando, entre
otras, sucesivamente Baecula (Bailén), Ilipa (Alcalá del Río) y Carmo
(Carmona). En el año 206 a.C. la ciudad fenicia de Gades (Cádiz), el
último reducto de resistencia cartaginesa en Andalucía, se entrega a los
romanos. Todo el territorio de Andalucía quedó bajo la autoridad romana,
que exigió tributos y rehenes a la mayoría de las poblaciones. Las
comunidades pudieron mantener en esta etapa sus costumbres y cultos
locales. Algunas ciudades recibieron el estatuto de federadas por su
cooperación en la guerra, como fue el caso de Malaka (Málaga). Nada más
terminar la guerra, Escipión fundó en el 206 a.C. la primera ciudad
romana en Hispania, Itálica (Santiponce).
Roma trató de tomar medidas para adecuar el territorio a su propio
modelo. El territorio conquistado por Roma en la Península fue dividido
en dos provincias en el 197 a.C. Todo el territorio de Andalucía fue
incluido en la Ulterior. Al frente estaba un gobernador provincial con
rango de Praetor, al cual se le concedió el mando de una legión. La
región en los primeros años sufrió una serie de rebeliones, como la de
los régulos turdetanos Culchas y Luxinio, que fueron duramente
reprimidas. A partir de entonces, Andalucía no cuestionaría la ocupación
romana. Sin embargo las bandas lusitanas realizaron ataques en busca de
botín en el territorio, en el 154 a.C. sufrieron sus ataques Cádiz y
Almuñécar. En el 152 a.C. la capital de la Ulterior se trasladó a
Corduba (Córdoba), fundada por Claudio Marcelo, que ya sería capital
durante el resto de la República. Roma potenció las ciudades
anteriormente existentes y creó otras nuevas, fundando colonias como
Carteia en 171 a.C. Sertorio se sublevó en el año 77 a.C. contra el
régimen republicano. El general obtuvo importantes victorias sobre el
gobernador de la Ulterior, como la de Ucubi (Espejo), sin embargo la
Andalucía apoyó al general Metelo. César fue nombrado Cuestor de la
Ulterior en el año 69 a.C. y Praetor en el año 61 a.C. Esto trajo a
tierras andaluzas las Guerras Pompeyanas. El 49 a.C. Pompeyo controlaba
la Ulterior, pero el legado de Pompeyo tuvo que entregar la región a
César con sus dos legiones. Este volvió a perderla, pero el ejército
pompeyano fue derrotado definitivamente en suelo andaluz: batalla de
Munda (Montilla). En el año 27 a.C. Augusto realizó una reforma
administrativa. Dividió en tres provincias Hispania. Una de ellas
recibió el nombre de Betica. Limitaba al oeste y norte con el río Anas
(Guadiana) y los límites por el este eran los mismos de la Ulterior. A
finales de su gobierno Augusto separó de la Bética para unirla a la
Tarraconensis parte de los territorios del este andaluz: Cástulo con sus
minas y las zonas de los alrededores de Tugi y Acci. El gobernador de la
Bética tenía grado de procónsul, y la provincia quedó supeditada a la
autoridad del senado. La seguridad de la región se tuvo que asignar a
tropas ciudadanas locales, pues no se le asignó ninguna legión. La
provincia se dividía en cuatro conventus, que llevaban el nombre de las
capitales de los mismos: Gades, Corduba, Hispalis y Astigi. Estas
unidades tenían la función de administrar justicia, recaudar impuestos,
y el reclutamiento de las tropas. En la Bética, según Estrabón, había
200 ciudades, lugares donde se levantaron edificios públicos, donde
destacaron el teatro de Acinippo (Ronda), los tetrástilos de Málaga y
Cádiz y el templo de Abdera. La arqueología confirma que las
explotaciones mineras de la provincia se encontraban en pleno
rendimiento. La plata y el cobre se extraían de las minas de Río Tinto,
Mina Marina, Mina Antoniana y Mina Samariense. Estrabón hablaba de que
numerosas naves traían y llevaban productos de toda clase de productos
andaluces desde la Bética. Esta región fue una de las provincias del
Imperio con mayor densidad de población. La llegada de la dinastía
Flavia al poder tras la crisis del 67-68 d.C., supuso el auge de las
oligarquías hispanorromanas. Aquellos colocaron en cargos de
responsabilidades a un alto número de personajes procedentes de la
Bética, este fue el caso de verdaderas sagas familiares como los Ulpios
y los Aelios de Itálica. Vespasiano concede a todas las ciudades el
derecho latino. Del reinado de Domiciano conservamos las leyes en bronce
de dos ciudades andaluzas que obtuvieron la categoría de municipio
durante su reinado: Malaca y Salpensa. La culminación del ascenso de los
béticos estuvo con Trajano, nacido en Itálica, que llegó a ser el primer
emperador de provincias. Él fue el encargado de la reconstrucción de las
ciudades de Corduba, Carmo y Astigi.
Su sucesor fue el también itálico Adriano, que reconstruyó totalmente su
ciudad natal. Promulgó una ley olivarera, el principal cultivo de la
Andalucía romana, que muestra una organización fiscal que estaba
encargada de la exportación del aceite a Roma y las provincias. Se
tienen noticias de una invasión mora en el 172 d.C., en época de Marco
Aurelio. La inseguridad hizo que la provincia pasar a control del
Emperador. Las luchas del siglo III no afectaron demasiado a la
provincia, aunque se aprecia un descenso en el número de habitantes de
las ciudades. Con la reestructuración de Diocleciano los límites de la
Bética no se modificaron, pero se incluyó en la Diocesis Hispaniarum.
Algunos autores colocan la capital de la Diócesis en Hispalis (Sevilla).
También con Diocleciano aparecieron las primeras menciones a comunidades
cristianas en Andalucía, sufrieron el martirio Justa y Rufina en Sevilla
y Acislo y Zoilo en Córdoba. En el 305 d.C. se reunieron en Elvira
(Granada) los obispos de las iglesias de Hispania. Existieron obispos en
la Bética en ciudades como Corduba, Egabrum (Cabra), Malaca e Hispalis.
La crisis provocada por las invasiones y la desorganización civil
reforzó el poder de los obispos de estas ciudades. A partir del 313 hay
escisiones en la Iglesia de la Bética, en ella hubo obispos arrianos
como Gregorio de Elvira y de Córdoba es Osio que jugó un importante
papel en contra del arrianismo.
Guerras civiles romanas en Hispania
En el siglo V d.C. se rompió el equilibrio entre las ciudades y el
campo. Los grandes latifundios se fueron constituyendo en entidades
autónomas. Estas propiedades tenían sus propios talleres, que les
proporcionaban todo lo que necesitaban y sus propias bandas armadas. Las
relaciones sociales pasaron a ser la de cliente-patrono. La situación se
agravó en el 409, con el traslado de las luchas imperiales al territorio
de Hispania y la llegada de los pueblos bárbaros a la Bética. Los
vándalos silingos efectuaban continuas expediciones de rapiña en la
provincia enfrentándose con las tropas hispanorromanas, llegaron a
ocupar Hispalis, hasta que fueron expulsados por tropas visigodas, que
habían firmado un tratado de defensa con el Imperio. Las luchas que
sostuvieron los vándalos asdingos y suevos, condujeron a los primeros a
trasladarse a la Bética. Su entrada se produjo en el 419 y estuvieron
manteniendo continuamente contiendas con las tropas locales, hasta que
en el 429 abandonaron Andalucía con destino a África. Amalarico libró a
toda la región del pago de tributos a Italia. La dominación militar
visigoda de Andalucía fue conseguida bajo el reinado de Teudis. Éste
trató de controlar la costa sur andaluza para evitar las posibles
invasiones, cosa que le impidieron los bizantino. La capital del reino
Visigodo se trasladó a Hispalis. La presencia de los visigodos no fue
muy bien vista por la élite hispanorromana que todavía controlaba la
administración, por lo que se produjeron numerosas sublevaciones. Cuando
surgió un enfrentamiento por el trono entre Agila y Atanagildo, la
nobleza hispanorromana de la Bética se puso de parte del último, el cual
tuvo que pedir ayuda a Bizancio.
Atanagildo se hizo con el trono derrotando a su rival en las cercanías
de Hispalis, luego tuvo que enfrentarse con sus aliados bizantinos que
estaban conquistando la costa andaluza, cosa que finalmente estos
consiguieron. La presencia bizantina en Andalucía del 554 al 624 fue una
de las principales preocupaciones de los visigodos. Con el traslado de
la capital a Emerita Augusta, la Bética perdió momentáneamente su peso
político, recobrada cuando Leovigildo inició la conquista de las plazas
en poder de los bizantinos. Entre el 570 y el 572 tomó lugares como:
Baza o Medina-Sidonia y eliminó el foco de rebelde de Córdoba. El Rey
entregó una serie de territorios en la Bética a su hijo Hermenegildo, el
cual se convirtió al catolicismo, los visigodos eran arrianos, y se hizo
proclamar rey en Hispalis. Sus principales centros de apoyo fueron esta
ciudad y de nuevo Córdoba. Leovigildo consiguió derrotar definitivamente
a su hijo en el 584. Durante el reinado de Sisebuto surgió la figura de
Isidoro de Sevilla, que es el fiel reflejo de la política cultural
romanizante que llevó su soberano. Fue el rey Suintila el que consigue
echar definitivamente a los bizantinos de Andalucía en el 621.
Edad Media
Las continuas luchas de los visigodos trajo a los musulmanas a la
región. En el 711 el gobernador de Tánger, Musa, desembarcó en
Gibraltar. Acompañado de 18.000 árabes y beréberes, tomó las principales
ciudades de Andalucía, y estableció la sede del gobernador en Sevilla.
Andalucía quedó constituida en el centro de la provincia de Al-Andalus,
sometida al califa de Damasco. La excesiva independencia inicial de la
administración trajo un continuo cambio de cargos administrativos,
además obligó al traslado de la capital a Córdoba. Los conquistadores
árabes no poseían la capacidad necesaria para realizar un política de
poblamiento, por lo que su principal labor fue el ordenamiento de las
tierras y la fiscalidad, a la vez que exigían la arabización de la
población sometida. Los árabes se instalaron por toda Andalucía,
especialmente entorno al Guadalquivir y la costa andaluza. Mientras que
los beréberes se instalaron en las serranías de Ronda, Málaga y en
Sierra Nevada. Abd Al-Rahman I en su huida de la derrota omeya llegó a
suelo andaluz, concretamente a Almuñécar, en el año 755. Supo aprovechar
las disensiones internas de la población y a él se le unieron los
beréberes, yemeníes y yundíes. Su primera acción fue conquistar Sevilla
y de allí pasó a Córdoba, donde la población le proclamó emir. El nuevo
emirato quedó dividido en circunscripciones o coras, cuyas capitales se
situaron en ciudades de cierta importancia como Cabra, Granada, Jaén,
Sevilla, Carmona y Écija. Durante el gobierno de Al-Hakam I se produjo
la revuelta del Arrabal en la ciudad de Córdoba, que fue apagada con
excesiva dureza. De nuevo con su nieto, Abd Al-Rahman II, tuvo que
enfrentarse con la oposición mozárabe en la misma ciudad, a la vez que
tuvo que rechazar a los normandos que habían desembarcado en el litoral
de Sevilla. El poder a finales del siglo IX sufrió un proceso
descentralizador, debido al resurgimiento de los enfrentamientos en
suelo Andalucía entre los beréberes y los árabes. Los indígenas, que se
quejaban de la discriminación, se sublevaron bajo el mando de Ibn Hafsun,
que llegó a convertirse al cristianismo. La revuelta se extendió
rápidamente en las zonas rurales de Málaga y la zona montañosa situada
entre el mar y el valle del Guadalquivir. Paralelamente una serie de
ciudades se fueron independizando, este fue el caso de Granada y
Sevilla. La unificación de Andalucía bajo un mismo gobierno se vuelve a
producir con Abd Al-Rahman III, que a su vez se atribuyó por primera vez
el título de califa y príncipe de los creyentes. Su labor constructora,
engrandeció todavía más la ciudad de Córdoba; a él se debe una de las
ampliaciones y el minarete de la gran mezquita, además de la
construcción al pie de la sierra cordobesa de la ciudad de Medina
Azahara, a donde trasladó el gobierno en el año 945. Al-Mansur se hizo
con el poder aprovechando la flaqueza de Hissan II. Su política
consistió en liberar a los andalusíes del servicio militar a cambio de
una subida de impuestos, compensado todo con la creación de un ejército
de mercenarios. Este ejército tenía como base Andalucía, de la cual
partía para realizar expediciones de saqueo por toda la Península. Tras
la desaparición del hijo mayor de Al-Mansur, que heredó el cargo,
Andalucía se sumió en el caos. Los miembros del ejército formado por Al-Mansur,
en su mayoría beréberes procedentes del norte de África, se convirtieron
en un factor determinante en la política de la región. A la vez que la
dinastía Omeya se sublevaba al haber sido apartada del poder, la
sublevación de la ciudad de Córdoba estuvo auspiciada por esta familia.
El califato se convirtió entonces en centro de continuas luchas entre
los diferentes grupos étnicos que formaban la sociedad musulmana. La
unidad dio paso en territorio andaluz a la formación de una serie de
estados pequeños y de existencia efímera, donde en la mayoría gobernaban
la facción beréber. Estos pequeños principados, conocidos como reinos de
taifas, variaron continuamente en su número y tamaño; aunque destacaron
los andaluces que tenían como capital Albarracín, Almería, Carmona,
Huelva, Granada, Ronda y Sevilla. Ésta fue la gran taifa dominante que
iría aumentando su tamaño a costa de las demás, tan sólo frenada por la
de Granada. Sevilla, en colaboración con otras taifas, se vio obligado a
acudir a los almorávides africanos tras la caída de Toledo en el año
1085. El impulso conquistador de los cristianos fue frenado por el emir
magrebí Yusuf ibn Tas Fun, en la batalla de Zalaca. El emir regreso en
1089 con la intención de conquistar las taifas y hacerse con el control
de Andalucía, labor que culminó con éxito dos años más tarde. La
imposibilidad de los almorávides de mantener tropas a la vez en el norte
de África y en Andalucía permitió a Alfonso I llegar a saquear todo el
sur andaluz. El declinar del poder almorávide produjo de nuevo el
surgimiento del fenómeno de los reinos de taifas con capitales en
Almería, Córdoba, Granada, Guadix, Jaén, Málaga y Sevilla. La
discrepancia del gobierno almorávide se vio reflejada en una serie de
movimientos de tipo religioso, entre los cuales destacó el grupo de los
almohades, que consiguieron hacerse con el poder. Su política se basaba
en un programa de carácter regenerador y espiritualmente puritano. Su
presencia se hizo notar en Andalucía desde el verano de 1146. La
situación de inestabilidad fue aprovechada por los cristianos que
conquistaron Almería en el 1147. Surgió un líder local Ibn Mardinis que
sublevó Jaén, Baeza, Guadix, Carmona, Écija y Granada. Mientras, los
almohades iban conquistando los reinos con lentitud, Sevilla (1147) y
Córdoba (1149), pudieron reconquistar Almería en 1157, sin embargo, la
revuelta de Ibn Mardin no fue sofocada hasta 1172. Los almohades
prosiguieron y desarrollaron la labor de sus predecesores en suelo
andaluz, Córdoba siguió siendo el centro de la cultura, a la vez que
Sevilla se convirtió en el centro de residencia de los líderes almohades.
Durante el reinado del cuarto califa almohade Al-Nassir se produjo la
entrada de los cristianos en Andalucía. Las tropas establecidas en
Sierra Morena fueron derrotadas, en las Navas de Tolosa (1212), por la
alianza que formaron las fuerzas de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II
de Aragón y Sancho de Navarra.
El imperio almohade andaluz fue disgregándose en los años siguientes,
dando paso al período de los terceros reinos de taifas. Este hecho fue
aprovechado por los cristianos. Las poblaciones de ciudades como Sevilla
eran continuamente diezmadas por las incursiones de los castellanos.
Fernando III se lanzó a la conquista del valle del Guadalquivir, así fue
conquistada Córdoba en 1236. Sobre todos los reinos de taifas andaluces
destacó el gobernado por la dinastía fundada por Muhammad Ibn Yusuf Ibn
Nasir. Éste se proclamó emir en su ciudad natal, Porcuna, de allí
conquistó Jaén. En 1237 consiguió ser reconocido en Granada, desde donde
se anexionó Almería y Málaga. Se vio obligado a entregar a Fernando III
la ciudad de Jaén (1246), pero consiguió frenar la acometida cristiana
al declararse vasallo del soberano castellano. El ejército granadino fue
decisivo con su ayuda para la conquista de ciudades andaluzas como
Sevilla, Jerez y Niebla. Granada fue el último reducto en Andalucía de
la presencia musulmana, una permanencia que siempre tuvo que mantenerse
en una situación de equilibrio basada en la política exterior. Los
granadinos tuvieron que recurrir a los benimerines, los cuales
mantuvieron tropas en Andalucía en plazas como Algeciras, Gibraltar y
Ronda. Los benimerines trataron de frenar a los castellanos en su
conquista de la zona del Campo de Gibraltar, pero fueron derrotados en
la batalla del Salado en 1340. Algeciras fue conquistada por Alfonso XI
en 1344. Mientras, en la zona de Andalucía conquistada por los
castellanos comenzaron a formarse grandes latifundios y comenzó una
política de castellanización del territorio, en las ciudades donde la
población había resistido se expulsó a los musulmanes. Con la
repoblación se trató de premiar a los que habían participado
militarmente en la reconquista de Andalucía. A mediados del siglo XIV se
inició un período de paz, que en Granada se reflejó en la construcción
de la Alhambra.
Sin embargo, a finales de ese siglo se comenzaron por ambos bandos una
serie de expediciones con el fin de tomar botín al contrario. A
principios del siglo XV, los castellanos reiniciaron la conquista, que
se vio facilitada por las disensiones sucesorias en el reino de Granada.
Enrique IV conquistó Gibraltar y Archidona en 1462. Durante el reinado
de Abu Al-Hasan, se frenó las conquistas castellanas, a la vez que llegó
a realizar algunas incursiones en tierras castellanas. La familia más
poderosa del reino de Granada, los Abencerrajes, destituyeron al sultán
y pusieron en el trono a su hijo Boabdil en 1482. Este hecho fue
aprovechado por los Reyes Católicos, que fueron tomando poco a poco todo
el territorio granadino: Ronda cayó en 1485, Málaga en 1487, Baza en
1489, el mismo año se entregaban Almería y Guadix, finalmente Granada
capituló en 1492. En el tratado donde se establecieron las
capitulaciones permitió a los granadinos y mudéjares andaluces conservar
sus costumbres y propiedades.
Edad Moderna
Los Reyes Católicos demostraron desde el principio de su reinado un
especial interés por Andalucía. La conquista de Granada les permitió
crear nuevos feudos a beneficio de la nobleza. El confesor de la reina
Fray Hernando de Talavera fue el encargado de la política de conversión
por medios pacíficos de los musulmanes andaluces. En Granada los reyes
firmaron el 31 de marzo de 1492 el edicto de expulsión de los judíos.
Tanto la conquista de Canarias como la de América partieron de
Andalucía. La región va a proporcionar a Colón numerosos barcos y
elementos colonizadores. El enrolamiento en un barco resultó una de las
formas de emigración en un intento de salir de la pobreza, que comenzaba
a ser crónica para los habitantes andaluces. La vinculación con América
quedó afianzada con la elección de Sevilla como puerto único y con la
fundación de la Casa de Contratación. El cardenal Cisneros a finales de
1499 inició una campaña para la conversión forzosa de los musulmanes
andaluces, esto desencadenó la sublevación del barrio granadino del
Albaicín. La revuelta se extendió por el territorio que había ocupado el
antiguo reino nazarí. La revuelta teñida de carácter social y fiscal
rechazaba las conversiones. La represión fue acompañada de conversiones
masivas, con lo que Cisneros hizo triunfar su política y se promulgó el
decreto de bautismo o expulsión. Las ciudades andaluzas reconocieron al
rey Carlos I. Granada, Córdoba, Jaén y Sevilla, firman en esta última en
el año 1521 un compromiso de lealtad hacia el soberano. Uno de los
principales problemas durante este período lo constituyeron los piratas
berberiscos que atacaban las ciudades de la costa andaluza. En 1566
expiró uno de los últimos plazos para que los moriscos de Granada
asimilaran correctamente el cristianismo.
Los habitantes de Las Alpujarras se sublevaron en 1568, y sólo con
medidas drásticas como la dispersión de 75.000 moriscos andaluces por
toda Castilla se pudo acabar con la situación. En 1609 se produjo la
expulsión definitiva de los moriscos, se embarcaron en Sevilla, desde
donde partieron los 68.000 expulsados de Andalucía. Los Austrias
eligieron a Granada como sede de una de las chancillerías, instituciones
encargadas de impartir justicia. Las costas andaluces se vieron
perjudicadas por el enfrentamiento continuo con los ingleses, Cádiz fue
saqueada en 1596 y 1625. El sistema de señoríos puso en manos de las
nobles la mayoría de las tierras. Como consecuencia del enfrentamiento
surgidos entre estos nobles y el estado central, se formó una
conspiración en 1641 de índole separatista en Andalucía, al frente del
cual estaban el Duque de Medina Sidonia y el Marques de Ayamonte. En el
período 1647-1651 se cebaron en Andalucía la peste, que causó solamente
en Sevilla 60.000 muertos, y una época de sequía y malas cosechas. El
hambre y los precios excesivos hicieron surgir revueltas de índole
popular en localidades como: Córdoba, Sevilla y Osuna, que fueron
duramente reprimidas. La situación de pobreza se fue incrementando
paralelamente al aumento del tamaño de los latifundios, como demuestra
el hecho que en las estadísticas de la época sólo hubiera un 20% de
campesinos propietarios. En el siglo XVIII sólo se cultivaba una parte
del suelo y con una técnica bastante primitiva, que obtenía escasos
rendimientos. El hambre se hizo endémica en Andalucía, durante la
hambruna de 1709 se vivieron escenas bastantes duras con la gente
obligada a comer en Sevilla raíces y frutos silvestres.
A lo largo del siglo XVIII la región fue foco de bandolerismo y
contrabando, este último se desarrolló alrededor del tabaco. Andalucía,
durante la Guerra de Sucesión, se mostró partidaria de Felipe V. Los
puertos andaluces consiguieron frenar la invasión de los aliados de la
Gran Alianza, pero no pudieron evitar la pérdida de Gibraltar a manos de
los ingleses en 1704. Desde 1680 Cádiz había ido sustituyendo a Sevilla
como puerto comercial con América, lo cual se vio refrendado
oficialmente con el traslado de la Casa de Contratación en 1717. Como
premio a la fidelidad andaluza la corte de los borbones se estableció en
Sevilla del año 1724 al 1733. Desde 1760, Andalucía sufrió los efectos
de una pertinaz sequía, lo que llevó a las masas andaluzas a sumarse a
los movimientos que en 1766 tuvieron lugar, conocidos como el Motín de
Esquilache. Las revueltas tuvieron especial virulencia donde la pobreza
y el hambre eran más fuertes: Cádiz, Baza, Andújar, Ronda y sobre todo
Sevilla. El Gobierno, que había nombrado a Olavide gobernador de
Andalucía, inició un proceso colonizador en las campiñas de Córdoba,
Sevilla y en Sierra Morena, con la que se pretendía solucionar los
problemas sociales y el bandolerismo. Se reclutaron 6.000 colonos
alemanes que comenzaron a llegar en 1767, estos se establecieron en
poblados como La Carolina, Santa Elena y Guarromán. Otra medida adoptada
para solucionar los problemas de orden público fue la creación en 1776
de la Compañía de Escopeteros Voluntarios de Andalucía, que actuaron
como fuerzas de orden público.
Las influencias de la Revolución Francesa llegaron a Andalucía a través
de Cádiz, donde existía una casa social francesa que actuó como centro
distribuidor de propaganda. El enfrentamiento de España con la Francia
revolucionaría primero, y con Inglaterra después hundió el comercio
andaluz con América. El golpe decisivo a la economía vino con la derrota
en Trafalgar (1805) de la escuadra franco-española.
En marzo de 1808 la presencia militar francesa se hace efectiva en
Andalucía. Sevilla fue la primera capital que se sumó al alzamiento
contra los franceses, donde se constituyó una Junta Suprema. Las juntas
locales se extendieron por todo el territorio: Jerez, Ronda Carmona y
finalmente Cádiz. El ejército del general Castaños, acantonado en
Andalucía, constituyó un apoyo importante para expulsar a los franceses,
que fueron derrotados en la batalla de Bailén. La llegada de Napoleón
hizo que la Junta Central se trasladara a Sevilla. A pesar de la tenaz
resistencia las tropas franceses ocuparon toda Andalucía, salvo Cádiz,
que soportó un asedio ininterrumpido que duró dos años y medio. Se
convocaron en 1810 Cortes Generales en Cádiz, allí el 19 de marzo de
1812 se promulgó la Constitución de la monarquía española (véase
Constitucionalismo español). En Andalucía la nobleza terrateniente vio
con buenos ojos la reacción absolutista de Fernando VII. A pesar de
ello, el inicio de la reacción contra el absolutismo tuvo su origen en
la ciudad que vio nacer la Constitución.
El destacamento destinado a la guerra colonial se sublevó cuando iba a
ser embarcado al mando de Riego, el movimiento desde Andalucía se
propagó por toda España. Con la entrada de la Santa Alianza a restituir
al rey en su trono las Cortes se trasladaron a Sevilla. Los franceses
rápidamente se hicieron con el control de toda Andalucía. Es en Jerez de
la Frontera donde Fernando VII firma el decreto que inauguró la Década
Ominosa. Gibraltar se convirtió en el lugar de refugio de los liberales,
que desde allí emprendieron numerosos intentos de desembarco en la
costas andaluzas con el fin de acabar con el absolutismo. Numeroso
andaluces fueron fusilados por su apoyo al liberalismo, los casos más
conocidos fueron los de Mariana Pineda y Torrijos. En el año 1833 se
estableció la división administrativa que todavía rige en Andalucía. Las
juntas revolucionarias andaluzas que surgieron en 1835 apoyaron la causa
de Isabel II. Éstas crearon un órgano central en Andújar, que algunos
autores consideran como el primer órgano de gobierno andaluz. La
desamortización de Mendizábal tuvo como resultado que los grandes
propietarios andaluces aumentaran sus posesiones, con lo que reforzaron
sus posiciones de supremacía en la sociedad andaluza. Los latifundistas
lideraron en Andalucía una insurrección armada que puso fin al gobierno
progresista. Junto a estos propietarios, que vieron crecer sus
beneficios, en la región se iban asentando los movimientos políticos y
sociales que actuaron como oposición al sistema. Desde 1856 los
movimientos revolucionarios tuvieron siempre un programa teñido de
fuerte reivindicación social, como demuestran las sublevaciones en
Sevilla y Loja. La hostilidad se fue incrementando en la población cada
vez más empobrecida, que culminó con La Gloriosa en 1868. Este
movimiento surgió en Cádiz y acabó con el reinado de Isabel II. Tras la
desaparición de la monarca las Juntas Provinciales Revolucionarias
andaluzas se negaron a disolverse, con el consiguiente enfrentamiento
con el ejército. Estos levantamientos tenían carácter republicano. Los
campesinos comenzaron a ocupar las tierras, por lo cual los burgueses se
desentendieron del movimiento. Las elecciones, convocadas por el sistema
de sufragio universal, dieron en Andalucía el triunfo a los
republicanos. Éstos se erigieron en los líderes de la sublevación, que
se extendió por toda Andalucía, en la que se alzó como un clamor la
exigencia del reparto de tierras. La revuelta fue sofocada tras la toma
de los centros principales: Cádiz, Córdoba, Sevilla y Málaga. Una vez
que se proclamó la República se declararon cantones independientes
Sevilla, Granada, Málaga, Córdoba y Cádiz. Todos se fueron entregando
pacíficamente salvo Sevilla y Cádiz, que fueron tomados por la fuerza.
Durante la República se asentaron las organizaciones proletarias. La
Asociación Internacional de Trabajadores tenía 47 asociaciones en
Andalucía en 1870. En 1881 se estableció en Andalucía una sección de la
Federación de Trabajadores de la Región Española. La grave situación
económica por la que pasaba la clase obrera a causa de la crisis
agrícola hace que funcione una solidaridad de clase entre los
proletarios andaluces. La plaga de la filoxera entre 1879 y 1883 afectó
de forma considerable a los campesinos. Los gobiernos municipales
andaluces eran gobernados por los conservadores durante la Restauración,
quedaban tan sólo núcleos de liberales en la costa y en los centros
mineros. Sin embargo los votos se vieron afectados por el fenómeno del
caciquismo, sistema que respondía a las clientelas y grupos de presión.
Los movimientos de corte revolucionario fueron incrementando su número e
importancia, a la vez que aumentaron la violencia de sus acciones. Los
anarquistas comenzaron a cobrar un papel preponderante en estas
protestas, como mostraron el fenómeno de La Mano Negra y la sublevación
de 1892 en Jerez. Mientras, en los ámbitos de la intelectualidad
comienza a surgir el movimiento regionalista andaluz, que en 1883
elaboró un proyecto de constitución federal para Andalucía.
Edad Contemporánea
Los primeros años del siglo XX fueron de ambiente prerrevolucionario, se
producían numerosas huelgas y levantamientos obreros y campesinos. La
dictadura de Primo de Rivera reprimió los movimientos obreros que fueron
duramente perseguidos. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) fue
eliminada de Andalucía. La conspiración andaluza de 1929 puso fin a la
dictadura. Como resultado, el republicanismo resurgió en toda Andalucía.
La izquierda de ideas republicanas se presentó unida en Andalucía a las
elecciones municipales de 1931, donde su triunfo fue total.
El gobierno de la República veía con preocupación la posibilidad de una
acción de tipo revolucionario en los obreros y campesinos andaluces. Los
conflictos laborales se incrementaron, todos pedían mejores condiciones
sociales. A finales de 1932 se aprobó la tan reclamada por lo andaluces
ley de reforma agraria. Ese mismo año, en Sevilla se produjo el
levantamiento de Sanjurjo contra la República, que resultó un
estrepitoso fracaso. La CNT, a su vez, se movilizó contra la que
considera república burguesa, a consecuencia de lo cual se produjeron
los sangrientos acontecimientos de la villa gaditana de Casas Viejas,
que costaron la vida a 21 campesinos y 3 policías. Con el triunfo del
Frente Popular en Andalucía, las movilizaciones obreras sufrieron un
aumento, bajo la exigencia de una aceleración de la reforma agraria.
Cuando estalla la guerra Andalucía tenía elaborado un proyecto de
Estatuto de Autonomía. Sevilla fue la primera ciudad andaluza donde
triunfó el alzamiento, desde donde los sublevados conquistaron todo el
oeste de la región. En 1937 la conquista de Málaga supuso el fin de la
actividad bélica en Andalucía. La región quedó dividida en dos partes,
la occidental en manos del bando nacional, y la Oriental, que había
permanecido fiel a la República. La toma de Almería el 31 de marzo de
1939 puso fin a la Guerra Civil.
La posguerra supuso el inició del fenómeno de la emigración masiva, que
tuvo como destinos principales Madrid y Cataluña. La pobreza fue grande
en el campo andaluz, acentuada durante el período de autarquía. Los
planes de estabilización, como el Plan Jaén (1959), o la
industrialización iniciada en 1960, no consiguieron acabar con el atraso
de la región. Los últimos años del franquismo coincidieron con el
aumento de las protestas sociales y la reorganización de las fuerzas
políticas.
La Comunidad Autónoma actual
Tras la muerte del dictador se inició el proceso preautonómico. Se
constituyó la Asamblea de Parlamentarios el 12 de octubre de 1977. El 4
de diciembre del mismo año manifestaciones populares masivas a lo largo
de toda la región pidieron la autonomía. En enero de 1978, la Asamblea
eligió como primer presidente andaluz al socialista Plácido Fernández
Viagas. La comunidad se adhirió a la iniciativa autonómica que preveía
el articulo 151 de la Constitución. El 28 de febrero 1980 se celebró el
referéndum que ratificaba esta vía, día que quedó establecido como Día
de Andalucía. La aprobación definitiva del Estatuto tuvo lugar con la
celebración de un nuevo referéndum el 20 de octubre de 1981. Ese
Estatuto estableció la actual organización institucional de la Comunidad
Autónoma de Andalucía. Esta comprende el Parlamento, que ejerce la
función legislativa; el Consejo de Gobierno, que ejerce las funciones
ejecutivas y dirige la administración, y finalmente nos encontramos con
la figura del Presidente de la Junta, que es el encargado de presidir el
Gobierno y de nombrar y separar los consejeros. En 1981 se celebraron
las primeras elecciones al Parlamento andaluz, con amplia victoria del
Partido Socialista Obrero Español (PSOE) (52% de los votos). Fue
proclamado presidente Rafael Escuredo, que dimitió en 1984 y fue
sustituido por José Rodríguez de la Borbolla. En las elecciones de 1986,
el PSOE obtuvo nuevamente la mayoría absoluta, que mantuvo el mismo
presidente. Las elecciones de 1990, 1994, 1996 y 2000 volvieron a dar el
triunfo a los socialistas, con Manuel Chaves como presidente de la
Junta, aunque en las tres últimas ocasiones con mayoría simple. El
propio Chaves protagonizó su quinto triunfo consecutivo y recuperó la
mayoría absoluta en los comicios autonómicos de 2004.
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Andalucía
El arte
andaluz presenta una gran riqueza a lo largo de su Historia. El arte
paleolítico nos dejó en Andalucía una gran muestra de arte
esquemático y naturalista. La zona de Andalucía oriental vio como se
desarrollaban en sus abrigos muestras del arte rupestre levantino.
Durante el orientalizante, coincidente con la colonización fenicia,
se produjo el desarrollo de la orfebrería, muestra de ello fue el
tesoro del Carambolo. En época ibérica, las mejores muestras del
arte se dieron en la escultura: Dama de Baza y el conjunto de
Porcuna. A los romanos debemos la urbanización de la región, con sus
numerosas muestras arquitectónicas, como muestran los restos
arqueológicos de Itálica.
Con la presencia romana comenzó la literatura andaluza, el cordobés
Séneca fue uno de los escritores más influyentes de su tiempo. La
presencia visigoda también dejó su reflejo en la literatura, la
figura de Isidoro de Sevilla destaca sobre todos sus contemporáneos.
La larga estancia musulmana en Andalucía quedó reflejada en el arte.
El período califal nos proporcionó la mezquita de Córdoba y una
ciudad de nueva construcción, Medina Azahara. Los almohades
aportaron la Giralda de Sevilla. La joya del arte hispanoárabe fue
una obra del período nazarí, la Alhambra de Granada. La literatura
árabe tuvo a muchos andaluces entre sus mayores autores: escritores
como Ibn Hazm y Averroes. Lo tardío de la presencia cristiana en
Andalucía hizo que el románico no se desarrollara. El gótico también
tuvo escasas muestras, aunque nos proporcionó la catedral de Sevilla
(1402). Producto de la influencia del arte árabe fue el nacimiento
entre los cristianos el arte mudejar. En el siglo XV la pintura y la
escultura comenzaron a cobrar protagonismo, por la influencia de la
escuela flamenca en artistas como: Bartolomé Bermejo y Pedro de
Córdoba. Uno de los principales humanistas españoles fue el
sevillano Antonio de Nebrija.
La principal muestra de la arquitectura del XVI fueron: el Palacio
de Carlos V en la Alhambra, de estilo italiano y la Catedral de
Granada. La escultura de este siglo siguió influida por el arte
italiano, hasta que surgió la escuela andaluza de escultura, que
consiguió su pleno apogeo en el siglo XVII. En pintura destacaron
los maestros renacentistas Luis de Vargas y Pablo Céspedes. La
figura destacada de la escritura resultó sin duda el poeta cordobés
Luis de Góngora. El siglo XVII, según diversos autores, fue el más
brillante del arte andaluz. La arquitectura desarrolló el estilo que
influenció en las construcciones populares, que consistía en
revestir las fachadas de yeso, piedra blanca y ladrillo vitolado. La
escuela andaluza de escultura continuó su desarrollo con Juan
Martínez Montañés, Alonso Cano y Pedro de Mena. La pintura presentó
el estilo realista que quedó reflejado en las obras de: Juan de
Roelas, Francisco de Herrera, Zurbarán, Murillo, Velázquez y Antonio
del Castillo. La literatura resultó a partir del siglo XIX la
principal muestra de la cultura andaluza, los románticos estuvieron
representados por Ángel Saavedra y Gustavo Adolfo Becquer.
La primera mitad del siglo XX vio el arte de los hermanos Machados,
Antonio y Manuel, y Juan Ramón Jiménez. La generación del 27, que se
unió con motivo de su admiración por el poeta granadino Góngora,
contó entre sus principales miembros a los andaluces: Vicente
Aleixandre, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Federico García Lorca. La
posguerra estuvo representado por los poetas: Luis Rosales, Ángel
García López y José Caballero Bonald. La arquitectura del siglo XIX
y XX desarrolló un profundo estilo de corte regionalista, que
consistía en mezclar los diversos elementos de la tradición
artística.
La pintura del siglo XX nos proporcionó dos de los mayores pintores
andaluces, aunque de dos estilos totalmente diferente. La tradición
andaluza se reflejó en los cuadros de Julio Romero de Torres. El
universalismo vino con la figura del malagueño Pablo Ruiz Picasso,
uno de los pintores más influyentes y conocidos de su tiempo. El
arte andaluz actual tiene representantes descollantes en todos los
campos: en la escultura a Miguel Berrocal, en la pintura a Luis
Gordillo y la literatura al académico más joven, Antonio Muñoz
Molina. Enciclonet.
Himno de Andalucía
La letra
oficial del himno de Andalucía es la siguiente:
|
La bandera blanca y verde vuelve, tras siglos de guerra, a decir paz y esperanza, bajo el sol de nuestra tierra.
¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad! ¡Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad!
Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos hombres de luz, que a los hombres, alma de hombres les dimos.
¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad! ¡Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad!
|
Dale
en los enlaces abajo para escuchar algunas de las
siguientes versiones:
Para oír estos
himnos se hace necesario tener instalado en el ordenador
el Windows Media Player...
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Según
los últimos datos disponibles, correspondientes al año 2005, el
Producto Interior Bruto andaluz, a precios de mercado, se eleva a
127.681 millones de euros, lo que implica un crecimiento medio del
3'65% entre 2000 y 2005, superior al ritmo de crecimiento de España
y de la Eurozona. Todo ello ha permitido incrementar en 5 décimas
(desde el año 2000) la participación que la producción andaluza
tiene en el conjunto nacional español, hasta situarse en el 13,8% de
la producción nacional. Sin embargo, en el mismo período la
población andaluza ha experimentado un crecimiento notable (de
459.000 personas entre 2000-2005), sobre todo debido a la
inmigración, lo que da como resultado un PIB per cápita sólo
ligeramente superior a los 16.200 euros. Este PIB per cápita le
situaría en un 75'5% de la media correspondiente a la UE-25, es
decir, fuera del objetivo de convergencia, a pesar de lo cual se
mantendrá dentro de dicho objetivo al menos durante el período
2007-2013.
Resumiendo los principales rasgos de la economía andaluza, podríamos
destacar:
La tasa de desempleo, aunque al parecer reduciéndose con cierta
rapidez, es aún muy elevada, de 13'85 (la media en España es 9'16).
Balanza comercial negativa, empeorando en los últimos años debido al
peso de las importaciones de petróleo y de bienes de consumo
(importaciones 14.261 Millones de euros, exportaciones 17.535
millones de euros).
Peso
decreciente del sector primario dentro del VAB andaluz, hasta
situarse en un 5'5% en 2005. Excesiva importancia de la
construcción (muy intensiva en el empleo), principal responsable del
crecimiento del VAB andaluz en los últimos años, con una
contribución de un 13% al VAB andaluz en 2005. Tímido
crecimiento, casi estancamiento, de la industria (12% del VAB),
dentro de la cual sigue teniendo gran importancia la industria
agroalimentaria. El sector servicios supone un 62%
aproximadamente del VAB. Dentro de este sector es especialmente
importante el turismo, con más de 23 millones de turistas en 2005.
Andalucía sigue acercándose a la media europea, modificando su
estructura productiva, diversificando su industria, y disminuyendo
progresivamente el peso del sector primario en su economía.
Wikipedia.
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Su gran extensión
territorial, con abundantes serranías, zonas desérticas y altas
cumbres nevadas y marcados contrastes climáticos, permite que
Andalucía presente un abigarrado mosaico de paisajes. Enlace de dos
continentes, con un privilegiado enclave entre el mar Mediterráneo y
el Océano Atlántico, Andalucía cuenta con una gran variedad de
espacios y recursos naturales en sus 87.299 km2.
Cuenta con las mayores cumbres de la Península, macizos volcánicos,
zonas húmedas y sectores costeros en un excelente estado de
conservación donde pervive una rica fauna y vegetación.
Andalucía presenta igualmente un variado paisaje urbano y rural, que
va desde las construcciones más milenarias de asentamientos
prehistóricos, construcciones de la época romana o árabe, hasta las
más modernas y actuales construcciones.
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Andalucía
Andalucía tiene numerosos espacios naturales protegidos (más de
ochenta), debido a la importancia ecológica de su paisaje, su fauna
y su vegetación. Andalucía es la región con mayor variedad y riqueza
natural de Europa.
En conjunto, los espacios protegidos andaluces abarcan
aproximadamente el 18% del territorio regional, lo que sitúa a
Andalucía a la cabeza de las comunidades autónomas españolas por el
número de parajes naturales protegidos.
Andalucía tiene dos parques nacionales, el emblemático Parque
Nacional de Doñana (provincias de Huelva y Sevilla), declarado por
la UNESCO Reserva de la Biosfera, y el Parque Nacional de Sierra
Nevada (provincias de Granada y Málaga).
Además cuenta con más de una veintena de parques naturales que
abarcan la mayor parte de la superficie andaluza protegida. En
general, los parque naturales corresponden a espacios montañosos y
boscosos y áreas litorales.
Las reservas naturales son en su mayoría enclaves húmedos de enorme
importancia para la flora y la fauna, en especial la aves. Las
reservas naturales son más pequeñas que los parques naturales en
extensión, pero tienen un enorme valor medioambiental.
Otros ámbitos protegidos de importancia son los parajes naturales.
Andalucía tiene treinta y un paraje natural, cuya diversidad abarca
desde las formaciones kársticas del Torcal de Antequera (Málaga)
hasta el desierto de Tabernas (Almería), el único desierto que
existe en Europa.
Asimismo, cabe mencionar que Andalucía tiene en sus costas otro
medio natural con personalidad propia, con numerosos tramos de
playas, alguna de ellas protegidas. Tradicionalmente, la costa
andaluza se ha dividido en Costa de Almería, Costa Tropical
granadina, Costa del Sol en Málaga y Costa de la Luz en Cádiz y
Huelva. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006.
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Datos básicos
Nombre oficial: Comunidad Autónoma de Andalucía. División administrativa: Ocho provincias. Capital: Sevilla. Extensión: 87.595 km².
Población
Población: 7.357.558 (2001) Natalidad: 80.756 (2000) Mortalidad: 60.289 (2000) Crecimiento vegetativo: 20.467 Residentes extranjeros: 132.428 (2000) Gentilicio: andaluz.
Desarrollo económico y laboral
PIB a precios de mercado: 80.733 millones de € (2000) Índice de bienestar: 4 (media nacional 2001: 5 sobre 10) Población activa: 2.902.700 (2001) Población inactiva: 2.941.200 (2001) Población ocupada: 2.249.800 (2001) Población parada: 653.000 (2001) Tasa de paro: 22,5 % (2001) Paro registrado: 352.619 (2001)
Administración y Gobierno
Estatuto de autonomía: LO 6/1981, de 30 de diciembre (BOE nº 9, de 11 de
enero de 1982). Órganos autonómicos: Ejecutivo: Junta de Andalucía. Presidente: Manuel Chaves González. Legislativo: Parlamento de Andalucía: 109 diputados. Judicial: Tribunales Superiores de Andalucía. Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 12 de
marzo de 2000): PSOE de Andalucía: 52 escaños; Partido Popular: 46 escaños; IU-Los
Verdes (IULV-CA): 6 escaños; Coalición Andalucista Poder Andaluz (PA): 5
escaños. Funcionarios de la administración pública (año 2001): 405.091 Admón. Estatal: 90.886 Admón. Autonómica: 207.142 Admón. Local: 90.285 Universidades: 16.778
Otros datos de
interés o curiosidades
Fiesta autonómica: 28 de febrero, Día de Andalucía.
Fuente de algunos de estos artículos:
ENCICLONET
- La Enciclopedia Universal
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