
SAN MILLÁN DE
LA COGOLLA - P. HISTÓRICO DE LA
HUMANIDAD
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Historia -
SAN MILLÁN DE LA
COGOLLA - SAN MILLÁN O EMILIANO
Los orígenes
del pueblo están relacionados con la vida de San Millán o
Emiliano, pastor devoto de San Felices que se retiró a las
montañas para llevar una vida de soledad, oración y
penitencia. Vivió en la gruta del Aidillo, a la que acudían
gentes en busca de su auxilio y consejo. A mediados del
siglo VI, durante el reinado de Atanagildo, se construye el
monasterio de Suso, cuna de la lengua castellana, donde
murió San Millán.
El prestigio y fama del Santo aumentaron cuando, según
cuenta la leyenda, se le apareció a Fernán González a lomos
de un corcel en la batalla de Simancas.
En el siglo IX, Sancho III el Mayor mandó colocar las
reliquias de San Millán en un arca que se depositó en el
templo. De nuevo, la leyenda narra cómo las pretensiones del
monarca García, hijo de Sancho III el Mayor, de trasladar
las reliquias del Santo a Santa María de Nájera no se verán
cumplidas por la incapacidad de los bueyes para trasladar la
carga, por lo que el Rey mando construir el nuevo monasterio
de Yuso o de abajo.
Patrimonio Artístico
Los Monasterios
de Suso y Yuso de San Millán de la Cogolla fueron declarados
en 1997 Patrimonio de la Humanidad. Este galardón viene
avalado tanto por razones históricas, artísticas y
religiosas, como por razones lingüísticas y literarias. Sin
duda, estas últimas han forjado la personalidad histórica de
esta tierra como "cuna" de un hecho trascendente: la
importancia universal del idioma que entre los muros de Suso
dio sus primeros balbuceos.
Ninguna otra lengua conocida, de extensión e importancia
comparables a la española., puede ser atribuida y asociada a
un monumento y entorno natural tan singularizado y concreto
como San Millán.
En San Millán de la Cogolla confluyen una serie de valores
artísticos, culturales e históricos que lo hacen único. Sus
dos monasterios, el de Suso o "el de arriba" y el de Yuso o
"el de abajo", situados en un enclave paisajístico
verdaderamente impresionante, integran un conjunto
monumental de gran importancia y trascendencia.
En este marco surgió el primer ejemplo histórico de la
lengua española: el primer pasaje de prosa continua, una
muestra de un sistema lingüístico, perfecto en sí mismo, en
razón de su utilidad comunicativa, alejado ya de los
esquemas latinos, con independencia lingüística consciente.
Y en este mismo marco, sólo algunos siglos más tarde,
escribió sus versos Gonzalo de Berceo, el primer poeta de
nombre conocido de nuestra literatura.
Pero San Millán es mucho más que un conjunto arquitectónico
singular, más que unas glosas en romance, más que el lugar
en que desarrolló su vocación y escribió Berceo. El
verdadero tesoro que encierran estos Monasterios, lo que han
dado al mundo y les ha hecho merecer el reconocimiento de la
comunidad internacional a través de su declaración como
Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO es,
precisamente, un patrimonio lingüístico.
La Lengua española es el medio de expresión, fluido y en
incesante cambio, de una comunidad con fuerte energía
social; el vehículo de convivencia y entendimiento y el
vínculo de unión de todos los pueblos del mundo hispánico.
De todo el devenir de la historia de nuestras naciones, el
idioma sigue evidenciándose como el logro más estable,
sólido, creativo y rentable, lo que supone nuestra mayor
riqueza. La Lengua española representa un valor universal
excepcional, en tanto que, con el concurso de todos los que
la usamos, se constituye en el eje fundamental y distintivo
de una de las principales comunidades del mundo, con cerca
de 400 millones de hablantes.
De ahí que esta Comunidad Autónoma de La Rioja entendiera
siempre que la designación de la UNESCO no debía ser sólo un
orgullo para la región, sino para toda esa inmensa comunidad
que habla y piensa en español.
Pero si los riojanos no nos sentimos ni dueños ni
propietarios de nada y mucho menos de la lengua, de la que
somos los españoles copropietarios con nuestros hermanos de
allende los mares, sí que nos hemos sentido responsables de
tan simbólico legado histórico y lo hemos querido hacer
antes y después de la Declaración como Bien Cultural de
Interés Mundial que nos fue concedida el 4 de diciembre de
1997. Si San Millán constituyó el germen de una más que
sobresaliente vida cultural mediante el acopio, selección y
difusión de textos por parte de sus escribas e hicieron que
La Rioja tuviera gran vitalismo en este sentido y que fuera
en la Edad Media un núcleo creador y difusor de cultura de
primer orden, quiere hoy seguir siendo un centro cultural y
de visita de valor universal, donde se sigue manteniendo y
promoviendo la vida monacal, académica y turística.
La misma universalidad que caracteriza al español, la lengua
de una comunidad de pueblos con fuerte energía social que se
expresa también mediante variedades que le son propias y
contribuyen a crear su identidad. Esta diversidad es
justamente signo de unidad; pues gracias a esa pluralidad
lingüística, el español es una lengua universal. Sin perder
el fecundo contraste de las lenguas y culturas de las dos
orillas del Atlántico, el español es una lengua para todos.
Además, el español se ha ido elaborando mediante el contacto
entre las diversas modalidades peninsulares y americanas. Es
muy significativo que sea precisamente en el Códice 60, en
el que se recogen las Glosas Emilianenses, donde aparecen
por primera vez, en armoniosa compañía, las primeras frases
escritas en vascuence y las más antiguas expresiones del
todavía balbuciente español.
Personajes Célebres
La figura de
San Millán de la Cogolla surge en unos momentos en los que en la
península ibérica perviven los restos del imperio romano ya
cristianizado y los bárbaros visigodos ocupan la zona norte,
siendo rey Eurico. Es la época mítica del primer
cristianismo plagada de leyendas, símbolos nuevos,
reminiscencias de tribus prerromanas y hechos fantásticos
que se nutre de la materia de la que están hechos los
sueños.
Nace Millán o Emiliano en Berceo en el año 473, hijo de una
familia campesina de origen hispano romano se dedica a
pastorear un rebaño de ovejas. La tradición lo representa en
unos montes idílicos tocando la dulzaina o entonando
canciones con el acompañamiento de la cítara. A los veinte
años y sumido en un sueño místico un ángel le indica el
camino de los riscos de Bilibio (Haro) en los que un
ermitaño de nombre Félix o Felices le instruirá para que
siga su ejemplo. Regresa Millán a los montes en los que
había cuidado su rebaño para huir del mundo y refugiándose
en las cuevas de la sierra de la Demanda durante cuarenta
años llevar una vida de ascetismo.
Su modo de vida va cobrando fama de santidad y es llamado
por Dídimo, obispo de Tarazona, para ser ordenado sacerdote
y nombrarle párroco de Berceo. Aquí se produce uno de los
hechos más curiosos de su legendaria biografía: puesto que
estas tareas administrativas no parecían encajar con su
carácter y entregaba todas las donaciones propiedad de la
parroquia a los necesitados fue acusado de malversación de
fondos por lo que fue destituido por el obispo Dídimo.
De nuevo vuelve a sus montes despojado de todo atributo
terrenal y vive como ermitaño solitario mientras va
creciendo su aureola de santidad. Se le atribuyen diversos
milagros y comienzan a acudir numerosos peregrinos a
conocerle y hubo otros eremitas que se quedaron en este
pequeño valle para seguir sus enseñanzas y formar una
comunidad. Vivían en cuevas y construyeron un oratorio
primitivo, sus nombres son: Aselo, Geroncio, Citonato,
Sofronio, Oria y Potamia.
Murió en el año 574 con 101 años de edad y fue enterrado en
el suelo del oratorio. Los monjes eligieron otro abad y
permanecieron como ermitaños alrededor del sepulcro de San
Millán. No dejó nada escrito, fue hacia el 650 que San
Braulio, obispo de Zaragoza, que había escuchado de boca de
su hermano Fronimiano, monje en la Cogolla, los relatos de
los discípullos del santo escribió en un latín comprensible
para el pueblo la primera biografía de San Millán.
El Monasterio de Yuso
El Monasterio
de Yuso destaca por sus grandes dimensiones. Es el fruto de
la actividad arquitectónica de varios siglos (fundado en el
siglo XI, fue reconstruido en los siglos XVI,XVII y XVIII) y
en él se conjugan, sin contraponerse, diferentes estilos
(renacentista, barroco ...). Además, el edificio alberga
abundantes obras de arte: tan sólo en el Museo hay un
elevadísimo número de cuadros, pinturas de los siglos XVII,
XVIII y XIX, fundamentalmente, entre las que destacan unos
veintidós lienzos de Juan de Rizzi (considerado el mejor de
los pintores claustrales españoles); así como importantes
cobres del siglo XVII.
De gran calidad es también la reja, realizada en 1676, que
cierra el coro bajo de la iglesia, lo mismo que la
escultura, de la que tenemos buena muestra en el trascoro
rococó, que contiene ocho tallas de la mejor imaginería
española. En esta misma zona de la iglesia se encuentra una
de las joyas del monasterio: un púlpito de nogal, que parece
ser de finales del siglo XVI y es una de las mejores gubias
españolas. Otra de las joyas son las valiosas arquetas de
oro y marfil, hechas en la segunda mitad del siglo XI, que
contienen las reliquias de San Millán y son únicas en
Europa.
De especial interés es el conjunto formado por la Biblioteca
y el Archivo, que pueden ser considerados entre los mejores
de la España monasterial. El Archivo medieval consta,
fundamentalmente, de dos cartularios (el Galicano y el
Bulario) y de unos trescientos documentos originales. La
Biblioteca se conserva tal como quedó definitivamente
amueblada a finales del siglo XVIII (no hay,
intencionadamente, luz eléctrica, por ejemplo). Su verdadero
valor e interés radica, no tanto en su número - más de diez
mil -, como en los ejemplares raros que conserva. Una de
estas rarezas bibliográficas es el Evangelario de Jerónimo
Nadal, impreso en Amberes en 1595 y si raro es poseer un
ejemplar de esta edición príncipe, más raro es que todas las
láminas estén policromadas, una a una. Especialmente
luminoso fue el descubrimiento de la Summa Casuum de
Bartholomeus de Sancto Concordio, un incunable en perfecto
estado, editado antes de 1475 y del que sólo se conservan
cinco ejemplares en el mundo.
El Monasterio de Suso
Los orígenes
del Monasterio de Suso hay que explicarlos necesariamente a
partir de la vida del santo Millán. Es el santo el que da
nombre al valle y al pueblo, a las devociones y al
monasterio. Millán vivió como un anacoreta en unas cuevas,
donde hoy está el monasterio, en las que fue también
enterrado en el año 574.
Con la vida eremítica de San Millán se inaugura la historia
de Suso. La evolución del tipo de religiosidad existente en
cada una de las diferentes etapas de su cronología
(eremítica, cenobítica y monástica) corre pareja a las
diferentes transformaciones constructivas que el edificio
experimenta (cuevas, cenobio visigótico, monasterio mozárabe
y ampliaciones del románico).
Este cruce de diversas culturas se aprecia claramente en la
actualidad, ya que se pueden diferenciar las cuevas del
edificio que aparece adosado a la roca, donde se distingue
la iglesia de dos naves de cinco tramos, elementos
arquitectónicos del primitivo edificio visigótico del siglo
VI y pórtico de acceso mozárabe del siglo X.
Tras la muerte de Millán, en torno a su sepulcro se crea una
primera comunidad de presbíteros. Esto significa un primer
cambio en el tipo de vida iniciada con el santo: se pasa de
la vida eremítica a la vida cenobítica. Ahora hay ya cierta
organización, ya se puede hablar de vida en común. Cada
eremita vive en su cueva y una vez por semana se reúnen en
el nuevo edificio, en el cenobio.
Sin serlo todavía oficialmente, el pueblo ha hecho santo a
Millán. Aquí se encuentra el germen del surgimiento del
Monasterio de San Millán. La afluencia de peregrinos al
sepulcro de San Millán es desde entonces continua. A partir
de ese momento el monasterio de San Millán de Suso va
creciendo en importancia. Entonces un monasterio no se
correspondía con lo que hoy entendemos como tal: eran
centros de organización, por supuesto, religiosa, pero
también económica, cultural, sociológica e, incluso,
política.
Destacaba ya Suso desde sus comienzos, en el aspecto
cultural, por su flamante escritorio, del que salió una
buena y rica colección de manuscritos y códices, entre los
que destacan el Códice Emilianense de los Concilios, datado
en 992; la Biblia de Quiso, que lleva data del 664, o una
copia del Apocalipsis, de Beato de Liébana y con la letra
del siglo VIII, lo que le hace ser uno de los principales
escritorios, si no el más notable, de la Edad Media
Española. Nos encontramos en el período tal vez de mayor
esplendor del monasterio. Es el marco en el que va a surgir
la que hoy es la más antigua manifestación escrita de la
Lengua Española.A mediados del siglo XI el rey García
Sánchez mandó construir en Nájera el monasterio de Santa
María la Real. Tanto al rey como al obispo y a los nobles
les pareció conveniente que las reliquias de San Millán
fueran trasladadas a dicha iglesia. La Crónica Najerense
cuenta que, al ir el rey a realizar su propósito, ocurrió lo
inesperado: una vez cargados los restos del santo sobre un
carruaje tirado por bueyes y cuando la comitiva había bajado
al valle, los animales se pararon y no hubo fuerza humana
que los hiciera avanzar ni retroceder.
El rey entendió que esto era un aviso del cielo y decidió
construir un nuevo monasterio sobre el lugar donde se habían
detenido los animales: el Monasterio de San Millán de Yuso.
Con el fin de diferenciar los dos monasterios, al de la
parte baja del Valle se le va a llamar San Millán de Yuso (
del latín deorsum, que significa ‘abajo’) y al de la parte
alta, San Millán de Suso ( del latín sursum ‘arriba’).
Economía
El pueblo de San Millán vive de la agricultura,
principalmente, cebada, trigo y patata; el turista que viene
a pasar el verano y el visitante del monasterio también
contribuyen a la economía local.
Fiestas y
Folclore
San Millán, el 12 de noviembre.
Santa Potamia, el 25 de abril, para petición de lluvia.
Romería, el 13 de junio, sólo para hombres, a la ermita
donde se cree que vivió San Millán, al regreso los hombres
se colocan coronas de cantueso en la cabeza, antaño se
manteaban a los perros y se consumía rapé.
Virgen del Carmen, 16 de julio. Romería multitudinaria que
se celebra en Lugar del Río, durante la que se mantiene la
danza típica de San Millán.
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