Natural de
Madrid, se licenció en 1923 y ha sido uno de los
arquitectos más prolíficos del siglo XX.
Su dilatada trayectoria profesional refleja como
pocas los cambios que se fueron produciendo en la
arquitectura española; practicó un estilo
particular, no se vinculó oficialmente a ninguna
corriente de vanguardia y, sin embargo, experimentó
las novedades técnicas y el empleo de nuevos
materiales que iban apareciendo. Así, fue
evolucionando desde los presupuestos de la
arquitectura tradicional hacia los nuevos postulados
funcionalistas, racionalistas y expresionistas,
propios de la arquitectura moderna que hacía furor
en la Europa de las décadas de 1920 y 1930, y en el
GATEPAC, «Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles
para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea».
De esta época son su edificio para la Compañía
Arrendataria de Tabacos (1925), junto a Fernando
Cánovas del Castillo; el Cine Callao de la Gran Vía
y su edificio de oficinas colindante (1926-1927); el
Cine Europa de la calle de Bravo Murillo
(1928-1929); el primer Aeropuerto de Barajas
(1929-1931); el Cine Barceló en su calle homónima
(1930-1931) -en la imagen-; la desaparecida Piscina
la Isla en el Río Manzanares (1931); el diseño del
Bar Chicote de la Gran Vía (1931); y la Casa-Cuna de
Nuestra Señora de las Mercedes en la calle de
Francisco Silvela (1934-1936). También realizó
numerosos edificios de viviendas: en la calle de
Espronceda con vuelta a la calle Fernández de la Hoz
(1930-1933); la vivienda del Doctor Mouriz en el
Paseo de la Habana (1930), ya desaparecida; el
edificio «García Villa» en la calle de Fernández de
los Ríos con vuelta a la calle Blasco de Garay
(1931); el de la calle de Velázquez, 57 (1932-1934);
el edificio de viviendas de la calle Almagro, 26
(1932-1942); el edificio Carlos III de la calle Goya
y un edificio en la calle Miguel Ángel, iniciados en
1936 y concluidos en la posguerra.
Todas estas obras fueron realizadas con soluciones
modernistas como el estilo barco para modelar el
hormigón, las rotondas para los edificios en
esquina, y, sobretodo, las terrazas jardín en los
edificios de viviendas para hacerlas más
funcionales, higiénicas y cómodas.
Con el estallido de la Guerra Civil (1936-1939),
Gutiérrez Soto se trasladó con su familia a
Torrelodones y luego se refugió en la embajada de
Méjico. En 1937 decidió alistarse en el ejército del
aire del bando nacional y se trasladó a Málaga. En
esta ciudad construiría el Mercado de Mayoristas
(1937-1942).
Acabada la guerra, su estilo se vinculó a la
arquitectura nacionalista y neoherreriana de la
posguerra. Sus obras van a tener cierta voluntad
modernista pero se van a adaptar a los postulados
políticos del momento, y, sobretodo, a la coyuntura
económica. Coincidiendo ideológicamente con
Domínguez Salazar, con el que colaboró en alguna
ocasión, fue partidario de una arquitectura española
moderna basada en la tradición y llegó a tildar la
arquitectura moderna como apátrida. Lo que se
pretendía era devolverle a España y a Madrid su
gloriosa imagen imperial, razón por la que se va a
poner en marcha un cambio de estética en la cornisa
del Manzanares, con nuevas construcciones
neoherrerianas, villanovianas y tradicionales.
Las aportaciones de Gutiérrez Soto a este cambio
estético fueron la construcción del Ministerio del
Aire (1940-1951) y el diseño de la plaza de la
Moncloa, originariamente llamada de los Mártires de
Madrid. También realizó algunas reformas importantes
como la llevada a cabo en el antiguo palacio del
Marqués de Salamanca (1945), construyó el cine
Narváez en su calle homónima (1940) y un edificio de
viviendas en la calle Doctor Marañón (1940-1944).
A raíz de la celebración del Congreso Panamericano
de Lima de 1948, Gutiérrez Soto pudo comprobar como
la arquitectura española se había quedado anclada en
el pasado. A partir de este momento desempolvo sus
antecedentes modernistas y se esforzó en actualizar
sus trabajos. De esta nueva etapa son sus Oficinas
del Alto Estado Mayor en el Paseo de la Castellana
con vuelta a la calle Vitrubio (1949-1953); el Hotel
Richmond en la plaza de la República Argentina
(1953-1954); las Casas del Patronato del Aire en la
plaza de Moncloa (1964), y el edificio de la Unión y
el Fénix en el Paseo de la Castellana, 37
(1965-1971). También participó en la edificación del
Gran San Blas –Parcela G- (1959-1962); construyó
junto a Eugenio Gutiérrez Santos la Torre del Retiro
en la avenida Menéndez Pelayo, 67 (1969-1971),
aplicando el concepto de ciudad jardín vertical y
abierta; y levantó varios edificios de viviendas en
la calle de Jorge Juan, 37 (1952), en el Paseo de la
Castellana, 124 (1953), en la calle de Vallehermoso
con vuelta a Rodríguez San Pedro (1953), y en la
calle de Irún (1963).
Este arquitecto tan prolífico, que ingresó en la
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en
1956, también realizó los proyectos para los cines
Amaya y Rex, construyó los edificios Zurich en la
calle Sevilla y Comodore en la plaza de la República
Argentina, y levantó la iglesia de las Carmelitas en
la calle de Ayala.
Fuera de Madrid ha dejado muestras de su talento en
Córdoba (Cine Pathé o Góngora, 1929-1932), en
Barcelona (edificio Fábregas, 1935-1944), en Palma
de Mallorca (palacio Juan March, 1940-1945; Hotel
Victoria, 1953; y Hotel Fénix, 1957), en Vigo (cine
Fraga, 1942-1948), en Marbella y San Pedro de
Alcántara (viviendas Casola y Pernet, 1960; Hotel
Club de Golf, 1965; apartamentos el Lugano,
1973-1974) y en Cádiz (Club de Golf de San Roque,
1963).
Cine
Barceló
Es un edificio
concebido funcionalmente, como sala de fiestas, cine y otras dependencias, y
con un diseño unitario. Como gran parte de los cines de la época, contaba
con una terraza para celebrar, durante el verano, proyecciones nocturnas. El
cine de invierno, por el contrario, se situaba en local cerrado y la sala de
fiesta, en el sótano.
La planta tiene forma elipsoidal y se dispone en la diagonal de un solar de
dimensiones reducidas buscando aprovechar al máximo el espacio disponible.
La Piscina La Isla
En esta obra,
hoy desaparecida, Soto atiende a demandas sociales y se aproxima a criterios
higienistas mediante la adopción de las nuevas tecnologías. Se trata de tres
piscinas en el río Manzanares, una cubierta y dos al aire libre, dotadas de
medios higiénicos esterilizantes y de purificación de aguas.
Sigue el estilo barco de Le Corbusier ya que es acorde a la función y al
medio acuático.
Edificios de Viviendas
Son
característicos sus Edificios de Viviendas para clase media-alta. Consigue
crear una distribución racional mediante la combinación de tres espacios: de
día, de noche y de servicio. Busca una distribución higiénica, se organiza
en torno a patios interiores que garantizan la luz y la ventilación. Algunos
ejemplos, en la capital española, son el Edificio de Viviendas de la calle
Miguel Ángel, el de la calle Velázquez, el de la calle Espronceda, el de
Juan Bravo, el de la calle Almagro o el complejo urbano Carlos III en la
calle Goya.
Constituyen los mejores ejemplos racionalistas junto con el Cine Barceló, la
Piscina La Isla y el bar Chicote. Todas fueron realizadas con soluciones
modernistas, como el estilo barco para modelar el hormigón, las rotondas
para los edificios en esquina y, sobretodo, las terrazas jardín en los
edificios de viviendas para hacerlas más funcionales, higiénicas y cómodas.
Cuando estalla la Guerra Civil (1936-1939), Gutiérrez Soto se traslada con
su familia a Torrelodones y luego se refugia en la embajada de Méjico. En
1937 se alista en el ejército del aire del bando nacional y se traslada a
Málaga, donde construye el Mercado de Mayoristas.
Acabada la guerra, su estilo se vincula a la arquitectura nacionalista y
neoherreriana de la posguerra. Sus obras van a tener cierta voluntad
modernista pero se van a adaptar a los postulados políticos del momento.
Mercado de Mayoristas (1937-1942)
Aunque el
Mercado de Mayoristas fuera uno de los primeros edificios inaugurados en la
posguerra, sigue los esquemas racionalistas y funcionalistas de la época
anterior, aunque la obra está llena de escudos y emblemas.
La forma triangular del solar se respeta en sus tres plantas: sótano, baja y
primera. El sótano estaba destinado a cámaras frigoríficas, la planta baja
es la zona comercial y la primera, se destina a lonja de contratación y
equipamientos.
El edificio es de líneas rectas y cuerpos cúbicos. La alternancia de
volúmenes que lo caracteriza, se expresa en la superposición de cuerpos de
distintas dimensiones que resaltan su horizontalidad, acentuada por los
porches laterales que cubrían las zonas de descarga.
Ministerio del Aire de Madrid
En 1940 recibió el encargo del Ministerio del Aire de Madrid. Gutiérrez Soto
piensa que el edificio podría enlazar con la tradición de la arquitectura
española y toma como modelo a Juan de Herrera. Se compone de un gran cuerpo
apaisado, sólido y compacto. Su planta es rectangular y en el interior
consta de tres patios que permiten la ventilación. Rompe con la
horizontalidad al disponer cuatro robustas torres verticales coronadas con
chapiteles.
A raíz de la celebración del Congreso Panamericano de Lima de 1948,
Gutiérrez Soto comprueba que la arquitectura española se había quedado
anclada en el pasado y decide transformar su arquitectura con voluntad
moderna. De esta nueva etapa son sus Oficinas del Alto Estado Mayor en el
Paseo de la Castellana de Madrid, el Hotel Richmond, los Edificios de
viviendas de la calle Jorge Juan, 37 y el edificio de la Unión y el Fénix en
el Paseo de la Castellana, que supone una adaptación a pequeña escala del
rascacielos neoyorquino.
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ARTÍCULO EN EL PAÍS SOBRE LA
MUERTE DE SOTO |
Gutiérrez Soto: la imagen
cambiante de una arquitectura
La muerte de Luis Gutiérrez Soto nos
induce a la reflexión sobre su
trayectoria profesional, una de las más
contradictorias, en primera aproximación,
que se han dado entre los arquitectos
españoles.Terminada la carrera en 1923,
le correspondió vivir en su inicio el
despertar del racionalismo madrileño,
tras la huella de la generación de la
Ciudad Universitaria, por un camino
facilitado por el ejemplo de Zuazo, pero
sin una convicción profunda, ya que su
modo de entender la arquitectura estaba
mucho más próximo a López Otero, con
quien trabajó nada más acabar los
estudios. De 1923 a 1936 podemos
distinguir en la obra de Gutiérrez Soto
dos tendencias bastante definidas, que
coexisten sin demasiados problemas y que
esquemáticamente podemos. incluir en el
racionalisino-exprelionista y el
eclecticismo-art.deco.
La guerra civil y sus consecuencias
inmediatas situaron a Gutiérrez Soto
en.la onda de, los equívocos del
nacionalismo imperialista. A estos
sueños de gloria correspondió el
arquitecto con algunas de sus obras
menos afortunadas y más conocidas, que
sirvieron curiosamente para elevarle a
unas cotas de prestigio máximo desde las
que operó una evolución, poco reconocida
pero evidente, hacia un tipo de
arquitectura capaz de recuperar algunos
de los valores de la anteguerra, no sólo
racionalistas, liberada de las peores
vestiduras de postguerra.
Esta etapa de la producción de Gutiérrez
Soto, que podemos hacer coincidir con
los años 45-60, representa quizá la más
significativa de sus aportaciones, y en
cierto modo, la consistencia de sus
propuestas ha contribuido en buena
medida ala formalización de una imagen
urbana coherente.
La enorme cantidad de ejemplos
elaborados siguiendo la pauta marcada
por Gutiérrez Soto en esta época sirvió
para difundir un cierto modelo de
arquitectura de consumo que nunca se
planteó otra singularidad que la de la
buena apariencia.
Fue justamente en esta etapa cuando el
arquitecto asumió un papel de líder
ideológico en cierto modo, y desde la
tribuna de las llamadas Sesiones de
Crítica, intentó dar cierta coherencia
teórica a una especie de «credo
arquitectónico» ambiguo y
pretendidamente capaz de asimilar tanto
el herreriano de la postguerra como el
estilo evolutivo posterior, adobado con
casticismos, tradición y lógica «constructiva»,
en una mezcla que no resistiría un
análisis riguroso pero que entre
nosotros y entonces era viable
precisamente por sus imprecisiones.
Con posterioridad, la obra de Gutiérrez
Soto se debatió indecisa entre una serie
de propuestas formales en las que el
arquitecto fue volviendo sus ojos a
elaboraciones de distinta procedencia,
logrando, no obstante, mantener en
algunas aquel excelente tono de otras
épocas.
Los cambios inteligibles
La diversa peripecia creativa de
Gutiérrez Soto nos puede hacer pensar en
un arquitecto seguidor de modas con
habilidad suficiente para superar las
etapa sin quedar marcado por ellas. Si
embargo, si analizamos más fondo ciertos
rasgos de su producción, observaremos
que, el último término, Gutiérrez Soto
era un arquitecto esencialmente
ecléctico, con una marcada tendencia a
la ambigüedad formal de un gusto
decadente por el ornato que siempre, aun
en los casos más extremos, le llevó
lejos de la ortodoxia y que, puestos a
clasificar, incluiríamos en una cierta
tendencia art-deco latente en todas las
apariencias estilística asumidas a lo
largo de su vida Esta constante es la
que hace s obra coherente, los cambios
inteligibles, su personalidad
significativa. Nunca fue su arquitectura
inequívocamente racionalista n
expresionista, sino «1925 »; nunca
totalmente nazi ni totalmente castiza,
sino contradictoriamente imperial y
localista, pero siempre logró comunicar
con una eficacia realmente única entre
nosotros, las propuestas formales con
aquellas con las que la sociedad se iba
sucesivamente identificando.
El desequilibrio existente entre su
rigor teórico y sus aptitudes creadoras
evitó seguramente una arquitectura que
en otro caso hubiera sido ejemplar. A
pesar de ello, algunas obras de su
extensa producción, como la casa de
Martínez Campos, 35 (1927), el cine
Europa (1928), el cine Bar celó (1930),
la casa de la calle de Almagro (1934),
el bloque de la calle de Miguel Angel
(1936), las casas de Bretón de los
Herreros (1949), las de Juan Bravo
(1953), las viviendas para Vallehermoso
(1955) o la torre Retiro (1953), dejan
clara constancia de una labor de alto
nivel, que incluso en casos como el
edificio Fénix (1967), tan discutido, o
el Ministerio del Aire (1941), tan
discutíble, se hace evidente.
Del «dulce encanto» de la mejor
arquitectura de Gutiérrez Soto, Madrid,
su ciudad en sentido absoluto, ha
resultado beneficiaria en una forma
urbana precisa y claramente definitoria
de su evolución histórica a lo largo de
medio siglo.
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FUENTES DE ALGUNOS DE ESTOS
ARTÍCULOS |
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