Alejandro de la
Sota Martínez (20 de octubre de 1913 - 14 de febrero de 1996) fue un
arquitecto español.
Nació en Pontevedra, hijo de una familia de origen santanderino y creció en
un entorno de clase media alta, que le permitió desarrollar pronto sus
aptitudes artísticas. Se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela de
Arquitectura de Madrid, de la que se graduó en 1941 y donde fue nombrado Dr.
Arquitecto en 1965. Durante casi dos décadas, de 1956 a 1972, fue profesor
en esa misma escuela. Al mismo tiempo, fue arquitecto oficial de numerosas
empresas estatales, incluyendo Aviaco, la Dirección General de Correos,
Iberia o el Instituto Nacional de Colonización.
Obra
De la Sota desarrolla toda su carrera en Madrid, ciudad en la que fallece,
aunque mantuvo lazos familiares con su Galicia natal. La obra de Sota es
exponente de un racionalismo equilibrado, que une una intensa creatividad
arquitectónica con la simplicidad constructiva. Fue uno de los grandes
promotores de la industrialización en la construcción de los años 1960,
introduciendo elementos industriales en la obra y la profesionalización de
la misma. Sus edificios suelen combinar de forma sorprendente un gran rigor
geométrico, de lineas claras y rectas, con la audacia en las estructuras.
De la Sota recibió el Premio Nacional de Arquitectura en tres ocasiones, la
Medalla de Oro Al Mérito de las de Bellas Artes y la Medalla de Oro del
Consejo de Arquitectos.
Obras representativas
Casa de la Avenida Doctor Arce nº 20 (Madrid) (1953-1964)(Demolida)
Gobierno Civil (Tarragona) (1956-1963)
Talleres Aeronáuticos TABSA (Madrid) (1957-1958)
Gimnasio del Colegio Maravillas (Madrid) (1961)
Bloque de Viviendas (Salamanca) (1963)
Colegio Mayor César Carlos (Madrid) (1967)
Residencia de Verano Infantil (Miraflores de la Sierra, Madrid) (1957-1959)
Central Lechera CLESA (Madrid) (1963)
Viviendas en calle del Prior (Salamanca) (1962-1963)
Edificio de Correos, declarado Bien de Interes Cultural, (Úbeda) (1964)
Edificio Industrial CENIM (Madrid) (1965-1967)
Pabellón Polideportivo (Pontevedra) (1966)
Colegio Residencia Caja de Ahorros Provincial (Orense) (1966-1967)
Aulas y Seminarios de la Universidad (Sevilla) (1972) (premio nacional de
arquitectura)
Centro de Cálculo de la Caja Postal (Madrid) (1973-1976)
Banco Pastor (Pontevedra) (1974)
Edificio de Correos y Telecomunicaciones (León) (1980-1983)
Edificio Caja Postal de Ahorros (Madrid) (1986-1989)
Biblioteca Universitaria (Santiago de Compostela) (1990)
Edificio de Juzgados (Zaragoza) (1991-1993)
Rediseño y Rehabilitación del Edificio del Cabildo Insular (Las Palmas)
(1994)
1913 Nace
el 20 de octubre en Pontevedra, España.
1936 Interrumpe sus estudios por la Guerra Civil y
los retoma al finalizar.
1941 Título en la Escuela Técnica Superior de
Arquitectura de Madrid.
1941-1947 Trabaja para el Instituto Nacional de
Colonización.
1952 Se casa con Sara Rius.
1956-1963 Profesor de Proyectos en la ETSAM.
1960 Funcionario en la Dirección General de Correos.
1964 Pide excedencia en Correos para dedicarse su
despacho.
1964-1972 Profesor de Elementos de Composición en la
ETSAM.
1972 Reinicia su carrera en Correos hasta su
jubilación.
1996 Muere el 14 de febrero en Madrid, España.
|
FIGURAS OCULTAS: SOTA - POR ANTÓN
CAPITEL |
La figura de Alejandro de la Sota
alcanzó en Madrid, y en toda España, las
dimensiones auténticas de un mito. Fué
enormemente admirado y, también, muy
seguido: su influencia puede detectarse
con facilidad en una gran cantidad de
arquitectura, desde la de generaciones
algo anteriores a la de quien esto
escribe hasta la de las últimas e,
incluso, entre la de los que hoy son
estudiantes. Puede decirse así que en la
arquitectura española contemporánea se
introdujo en gran medida el influjo de
su celebrada manera.
Pero, nótese bien: de su "manera", y no
tanto de su completa forma de hacer, más
variada, compleja y enigmática que la
imagen que se suele tener de ella. Sus
discípulos, la pléyade de seguidores y
el influjo general a que me he referido
han cultivado y cultivan los rasgos "sotianos"
-en expresión que ha tomado carta de
naturaleza-; es decir, las
características más aparentes de su
arquitectura, lo que podríamos llamar su
"estilo". Un racionalismo de
simplificación extrema, cultivador del
"minimal", idealista en cuanto a la
construcción material que es en buena
parte su lenguaje; exaltadamente
compositivo y cultivador de una belleza
"diamantina", purista, a menudo velada y
conducida por componentes y pruritos
técnicos o simbologías funcionales.
Hasta aquí, algo de lo que trasmitió
intensamente.
Pero la arquitectura de de la Sota era
más: más complicada y más difícil de
entender y de definir. La continuidad
figurativa de su carrera en la etapa de
madurez no debe ocultarnos que su obra
encierra componentes bastante
diversificados. Su primera etapa fue muy
distinta, como demuestra la celebrada y
tristemente desaparecida casa de la
calle del Doctor Arce, en Madrid, culmen
de una aventura juvenil que se había
iniciado en el plasticista y surreal
neo-barroco del pueblo de Esquivel. No
fue hasta la segunda mitad de los años
50 y en los primeros 60 cuando de la
Sota, con el Gobierno Civil de
Tarragona, primero, y con el Gimnasio
para el Colegio Maravillas, después,
consolidaba aparentemente su propio modo
de hacer mediante las que se siguen
considerando, sin duda, sus dos grandes
obras maestras.
Pero, aceptado que esto es así, ¿cabe
entre estos edificios mayor diversidad?
Tarragona y el Maravillas no tienen
apenas semejanzas, ni siquiera
estilísticas, más allá de una fuerte
adhesión al modo "racional". El Gobierno
Civil es un edificio monumental, a medio
camino entre la manera de Breuer y la de
Terragni, exaltadamente compositivo e
idealista, de belleza prístina y "diamantina",
conceptual. La planta de su torre es un
cuadrado y, en su pureza geométrica,
alcanza las condiciones de una obra
abstracta. En este camino la
arquitectura de D.Alejandro anticipaba
un neo-racionalismo "after modern" -como
fue el practicado mucho más adelante, y
no con tanta fortuna, por conocidos
proyectistas norteamericanos- desligado
de la consigna de "función, técnica y
sociedad". Su perseverancia en él
hubiera sido altamente prometedora.
El Gimnasio para el Colegio Maravillas
es otra cosa. La preocupación por servir
la idea de espacio y hacerlo mediante la
técnica y el extremo protagonismo puesto
en el diseño de la sección no sólo
pueden entenderse como instrumentos
adecuados al tema; también son expresión
de ideales muy distintos, que le
llevaron en este caso a anticipar en
cierto modo las espectaculares
concepciones que, años después, harían
popular a Stirling. En el espacio del
gimnasio hay incluso matices "orgánicos",
como los hay también de ésta y otras
clases en el gusto por el material y la
textura, tan exacerbado como para
proponer el curioso y surreal recurso
del material aislante visto, muy
celebrado e imitado. Tampoco puede
decirse que estas diferencias sean sólo
las que proceden del servicio al "carácter",
si bien la utilización de este concepto
fué muchas veces tan evidente como poco
observado, o no muy admirado, en la obra
sotiana. Debe tenerse en cuenta, sin
embargo, si se pretende comprenderla
bien. El trabajo de de la Sota
presentaba, pues, en aquellos años de
plenitud, formas de hacer muy distintas
y que podemos volver a observar,
igualmente emblematizadas, en el
edificio de viviendas en Salamanca, de
un lado, y en los talleres del CENIM o
la fábrica CLESA, ambos en Madrid, y de
otro. (O de otros, si se quiere ser más
riguroso).
Pero puede decirse que, a partir de
entonces, no prosiguió del todo con
éstas sus dos formas principales de
hacer, sino que, más bien, tendió a
mezclarlas intentando llegar a una
identificación entre ellas, operación
que prefirió a la de decidirse por
alguna o a practicarlas según la ocasión,
aunque, de un modo menos claro, también
lo hiciera. Quiso integrar una
arquitectura compositiva y abstracta,
tan exquisita como formalista -a la que
tendía por talante a aproximarse más,
pero sin darle del todo rienda suelta-
con otra espacialista y técnica, de
exacerbada expresión funcional,
aproximación quizá menos propia, pero a
la que se acercaba animado por su
condición de moderno.
Habiendo abandonado de forma bien
temprana el potencial que suponía el
plasticismo, el informalismo y los
matices orgánicos de la primera parte de
su carrera, abandonará también estas dos
vías marcadas por sus obras maestras, al
menos en lo que éstas tenían de más
diferenciadas y de intensas. Potenció
más bien la segunda, aunque sin volver a
utilizar plenamente el modo exaltado y
espacialista del Gimnasio.
Su camino fué así una senda de renuncia,
de voluntaria represión de su propia
potencia como creador. Obsesionado por
oponerse al contemporáneo organicismo
español, y al eclecticismo, en general,
se proclamó a sí mismo como el custodio
de lo que entendía como valores
propiamente modernos. Lo curioso es que
lo hiciera en favor de un ideal que
logró aparecer como unitario, pero que
no era realmente puro, sino sincrético.
Pues pensó que a la verdadera modernidad
correspondía, no tanto el tratamiento
radical que, a pesar de todo, su obra
fue capaz de sugerir, sino la
combinación del compositivismo abstracto
y purista emblematizado en Tarragona con
el tecnicismo espacialista y la
expresión funcional propia del Gimnasio
Maravillas.
Tanto su talento como su refinamiento
eran enormes, y la calidad alcanzada en
esta empeñada mezcla -testimonio a la
postre de una duda irresuelta- fue
extraordinaria. Aunque, probablemente,
una postura menos tensa, no tan empeñada
en sostener tamaña disciplina, hubiera
dado, aún más, la auténtica medida de
sus cualidades. Preso de su propia
imagen, atado al éxito de su
interpretación de la verdadera vía
moderna, sólo pura en apariencia, pudo
concederse pocas relajaciones en su
ascético camino. Casi ninguna.
De entre las que pueden considerarse
tales destaca un aspecto escasamente
analizado -y escasamente percibido- en
su obra. Me refiero a algunos matices
figurativos integrados en su abstracta
producción, de alto interés por el
enriquecimiento y la complejidad que
significan para la misma. Como un pintor
conceptual que ocultara, sin embargo, y
con una sutil veladura, las figuras que
subyacen, apenas perceptibles, en el
fondo del cuadro, de la Sota hacía
intervenir en sus simplificadas
geometrías figuras de elementos muy
concretos, velados por el interés en
convertirlos en conceptos, o en simples
esquemas. Esta actitud se relaciona muy
directamente con su atractiva afición
por el arte de la caricatura, que
practicó con especial fortuna, y tanto
con personas como con edificios. Esto es,
con su empeño en tratar y destacar lo
esencial, lo simplificado, en favor de
sus rasgos más pertinentes, y hacerlo a
menudo no sólo con lo tectónico o
abstracto, sino en relación a lo
figurativo y personificado,
representativo o simbólico. Son rasgos
que llevaron a la arquitectura su
soterrado y casi secreto pero alto
sentido del humor, alguna vez del lado
del surrealismo: cosas concretas que
hablan de sí mismas, veladas por la
condición de las formas racionales;
cosas en las que pocos se fijan y de las
que él nunca habló.
Me refiero, por un lado, a detalles como
los de los esquemáticos miradores de la
casa de Salamanca, o los que tienen el
Colegio Maravillas y la Casa de Correos
de León. Mucho más intensamente, podemos
verlos representados en el Colegio Mayor
César Carlos, en la ciudad universitaria
de Madrid. Es ésta una obra singular de
un tema abundantemente repetido en sus
alrededores. Su más fuerte carga no está
tanto, o sólo, en la habilidad de la
ordenación, o en la elegancia y sutileza
de su manera. También en que dicha
ordenación propone dos volúmenes a modo
de dos personajes distintos situados en
un suelo o campo común. Estos personajes
están violentamente alterados en su
significación: para lo privado -el
pabellón de habitaciones-, y por el
tamaño y el valor que alcanza, se
realizó un volumen pregnante,
monumental, emblema del cierto carácter
público que a la institución quiere
darse; para el pabellón que es realmente
público, en cambio, se concibió por su
pequeñez una imagen doméstica, como un
"chalet" bastante parecido a los que
otras veces hizo.
Pero esta voluntaria tergiversación del
carácter está acentuada además por la
velada aunque no menos incisiva
simbología representada en el pabellón
de dormitorios, que exhibe la silueta de
un arco de triunfo, homenaje directo al
personaje que da nombre a la residencia:
al césar Carlos. Es éste un gesto
caricaturesco, humorístico, de contenida
jovialidad, pero casi secreto, como si
se pensara que sólo entienda el que
pueda entender. Por esta senda, de la
Sota descubría la complejidad de
intenciones de la arquitectura, y la
utilizaba a fondo, aunque fuera
sutilmente.
El Colegio Mayor fué en lo formal el más
claro heredero de la actitud del
Gobierno Civil de Tarragona, sin que
alcanzara acaso su calidad, pero
testimoniando estos poco observados
contenidos. La condición unitaria de la
imagen del colegio se logró al revestir
a los "personajes" de esta prosopopeya
con un mismo vestido, un mismo color: el
de la verde plaqueta, que los unifica a
despecho de su distinta configuración y
carácter. Así, con la misma ropa, son
diferentes, pero declaran formar parte
de una singular pareja.
Estas cuestiones son algunas de las que
me llevan a pensar que la arquitectura
de de la Sota está lejos de
identificarse tan sólo con la refinada y
continua "manera" que sus discípulos y
seguidores, amantes de lo universal,
vieron siempre en su producción. Pues
contiene, como hemos visto, una mayor
diversidad y una mayor complejidad,
insólitos componentes y hasta algunos
enigmas. Su purismo fue, paradójicamente,
la sombra de una duda, pues la
continuidad que imprimió a su maduro
modo de hacer era más la expresión de un
criterio de "justo medio" en la diversa
interpretación que del racionalismo
podía hacerse que el producto de una
postura realmente radical. Los matices
de todo tipo no le fueron ajenos, y así
liberó a la caricatura y a la
prosopopeya del yugo ascético que se
impuso.
En unas declaraciones tardías, de la
Sota confesó haber sucumbido siempre
ante la "superstición" de la belleza, y
de ello se lamentaba, acaso porque ésta
hubiera sido también otra difícil
atadura. Pienso, sin embargo, que preso
D. Alejandro de dicha superstición, la
tuvo por un placentero "pecado" ante el
que no podía evitar la caída, pero al
que no se decidió nunca a entregarse por
entero. Un sentimiento que fue común y
no menos inconfesable para tantos de los
maestros modernos. Esto es, de sus
maestros: de aquéllos que decidió emular
más que superar, pues para él la
arquitectura moderna -la arquitectura
racional- era la "Buena Nueva"; ningún
otro horizonte debía ser oteado más allá
de ella.
Escribí en una ocasión: "Es artista
quien descubre lo bello que hay en las
cosas".
Debemos agradecimiento a quien es
artista. Con Chillida es muy grande la
deuda contraída. Chillida nos enseñó a
disfrutar de tantas cosas como creó,
como de tanto cómo, por sus creaciones,
entraron hoy en el mundo de la belleza.
Los picos, palas y azadones son ya,
pertenecen ya, al mundo del arte. Le
volvemos a dar gracias a Chillida.
Yo creo muy seriamente que el mundo
sería distinto si el mundo gustase del
arte abstracto; lo creo así. Si la
humanidad se elevase tanto, tanto que
dejase de ser, las relaciones de los
hombres serían otras, mejores, distintas,
nuevas.
Es necesario gozar de las cosas allí
donde dejan de serio, en su principio,
donde desapareció tanto de su
superficialidad que no queda más que ese
escollo puro, lo noble que en toda cosa
hay. Entendiendo así las cosas, nadie (¡inculto!)
podría enfadarse al ver y leer una
exposición y su catálogo del arte único
que hoy es permitido hacer. La
abstracción permite, tolera, hacer hoy
una cosa y llamarla "maternidad", o
decir "música callada", o "espíritu
redentor", y, sin embargo, impide
llamarle mesa a la mesa o silla a la
silla y es porque esto, hoy, es poco.
Gracias, Chillida, porque tu "música
callada" se oye y porque unas tenazas ya
no son algo muy serio en nuestro mundo.
Podría hablarse, al hacerlo de las obras
de Chillida, de su gran belleza estática
o dinámica, de su euritmia, de calidades...
Yo prefiero darle las gracias -estoy
pesado- por su lección de cómo hay que
entender hoy el mundo. Si en las demás
artes, en los demás quehaceres de la
vida, fuéramos capaces de imitar a
Chillida en sus esculturas, habríamos
hecho buen arte. La arquitectura no es
tan abstracta como la gente cómodamente
se cree; también a veces es como en
pintura "niña y abanico". Sigamos el
ejemplo de Eduardo Chillida y habremos
hecho algo.
1945-1953 Poblado de Esquivel para el
Instituto Nacional de Colonización,
Esquivel, España
1953-1954 Casa de la Avenida Doctor
Arce, Madrid, España
1954 Proyecto Diputación Provincial de
La Coruña, La Coruña, España
1955-1956 Poblado de Fuencarral B,
Madrid, España
1956 Proyecto Iglesia Parroquial,
Vitoria, España
1956 Proyecto Delegación de Hacienda, La
Coruña, España
1956-1963 Gobierno Civil de Tarragona,
Tarragona, España
1957 Proyecto Parroquia de San Esteban,
Cuenca, España
1957-1958 Talleres aeronáuticos TABSA,
Madrid, España
1957-1959 Residencia de verano infantil,
Miraflores de la Sierra, España
1958-1962 Gimnasio del Colegio
Maravillas, Madrid, España
1959-1963 Central Lechera CLESA, Madrid,
España
1959-1966 Vivienda de Alejandro de la
Sota, Madrid, España
1962-1963 Viviendas en calle del Prior,
Salamanca, España
1962-1964 Casa Valera, Villalba, España
1965-1967 Edificio industrial CENIM,
Madrid, España
1966 Polideportivo, Pontevedra, España
1966-1967 Colegio Residencia Caja de
Ahorros Provincial, Orense, España
1967-1968 Colegio Mayor César Carlos,
Madrid, España
1970 Proyecto Edificio Bankunión,
Madrid, España
1972 Aulas y Seminarios de la
Universidad de Sevilla, Sevilla, España
1973-1976 Centro de Cálculo de la Caja
Postal, Madrid, España
1974 Banco Pastor, Pontevedra, España
1975 Proyecto para la compañía Aviaco,
Madrid, España
1976 Casa Domínguez (La Caeyra),
Pontevedra, España
1980 Proyecto Museo Provincial, León,
España
1980-1983 Edificio de Correos y
Telecomunicaciones, León, España
1984 Proyecto Urbanización en Alcudia,
Alcudia, España
1986 Proyecto Edificio de viviendas en
la M-30, Madrid, España
1986-1989 Edificio Caja Postal de
Ahorros, Madrid, España
1989-1991 Proyecto Ampliación de la
Embajada Española, París, Francia
1990 Biblioteca Universitaria, Santiago
de Compostela, España
1991 Proyecto Edificio de viviendas
sociales, Madrid, España
1991-1993 Edificio de Juzgados,
Zaragoza, España
1963 Premio Nacional de Arquitectura.
1973 Premio Nacional de Arquitectura.
1973 Premio Nacional de Artes Plásticas.
1974 Premio Nacional de Arquitectura
(Aulas y Seminarios de la Universidad de
Sevilla).
1975 Premio Concursos Nacionales de
Bellas Artes: Arquitectura (Aulas y
Seminarios de la Universidad de
Sevilla).
1975 Premio al mejor edificio construido
en Sevilla (Aulas y Seminarios de la
Universidad de Sevilla).
1984 Medalla de Oro al Mérito en las
Telecomunicaciones.
1985 Premio Ciudad de Pontevedra.
1986 Medalla de Oro Al Mérito de las de
Bellas Artes.
1988 Medalla de Oro de la Arquitectura (CSCAE).
1988 Premio Pinat.
1993 Premio Antonio Camuñas de
Arquitectura.
1996 Medalla de Oro de Arquitectura
Colegio de Arquitectos de Cataluña.
|
FUENTES DE ALGUNOS DE ESTOS
ARTÍCULOS |
|