Adamo Boari (Marrara (Ferrara), Italia,
22 de octubre de 1863 - † Roma, Italia,
24 de febrero de 1928). Fue un
arquitecto de origen italiano que tuvo
una carrera muy activa en México. Se le
conoce por la construcción de obras
arquitectonicas imponentes en la capital
de este país, entre las que sobresale el
Palacio de Bellas Artes, el teatro
nacional de México.
Sus estudios sobre arquitectura los
realizó en las universidades de Ferrara
y Bolonia, dónde obtiene el título de
ingeniero civil en ele año de 1886. Se
le conocen varios diseños realizados
para la exposición nacional de
arquitectura en Turín. En 1889 se
establece en Brasil, donde trabaja como
encargado de los proyectos para una
exposición universal, viajando más tarde
a Buenos Aires y Montevideo. También
trabajó en las ciudades norteamericanas
de Nueva York y Chicago.
Hacia 1903, viaja a México, en donde
bajo el régimen del Dictador Porfirio
Díaz, y por el cual es invitado, realiza
varios proyectos, entre los que destacan:
La parroquia de Matehuala (1898), el
Templo Expiatorio de Guadalajara(1899) y
un monumento a Porfirio Díaz (1900).
También diseñó su casa, ubicada en la
colonia Roma de la Ciudad de México.
En
la capital del país, trabaja en los
proyectos que le dieran fama y
reconocimiento, como: La Quinta Casa de
Correos o El Palacio de Correos y el
Palacio de Bellas Artes. Fue a este
último edificio al que más tiempo le
dedicó, trabajanado en él aún tiempo
después de haberse iniciado la
Revolución Mexicana (1916). Se le
encomendó la construcción del Palacio
Legislativo, el cual no se concluyó y en
su lugar se levanta el Monumento a la
Revolución Mexicana.
En
1916 vuelve a Italia y se establece en
Roma, viajando a menudo a Ferrara. se
menciona que desde Roma, enviaba
aportaciones e ideas para la
finalización del Palacio de Bellas Artes,
y que escribió un libro sobre la
construcción y diseño de teatros. Se
piensa que apoyó a su hermano Sesto
Boari para el proyecto del Teatro Nuevo
de Ferrara, que guarda cierta semejanza
con el de ya mencionado Teatro nacional
de México.
Adamo Boari murió en Roma el 24 de
febrero de 1928.
La vida de un teatro 70 años del Palacio de Bellas
Artes
POR: Graciela
Hernández García
Desde
mediados del siglo XIX, la sede principal de las manifestaciones escénicas
en México fue el Teatro Nacional, edificio de estilo clásico que se ubicaba
en la calle Vergara, hoy Bolívar. En el recinto, construido en 1844 por el
arquitecto español Lorenzo de la Hidalga, se presentaron durante medio siglo
funciones de opereta, zarzuela, ópera y representaciones teatrales. Cuando
se inauguró fue llamado Teatro de Santa Anna, pues fue construido con apoyo
del entonces presidente de la República. Al paso de los años, y atendiendo a
la correspondiente sucesión de poderes, se le conoció con nombres distintos:
Teatro Vergara, Teatro Imperial y, por último, Teatro Nacional.
Durante el porfiriato se creyó necesario que las nuevas construcciones
expresaran la vida, la filosofía y el concepto social en boga. Las
necesidades artísticas -principalmente de la ópera, a la que se había
aficionado un sector importante de la población- y el gusto por la vida
'social' eran cada día más demandantes. México necesitaba un edificio que le
diera a la ciudad el esplendor arquitectónico de las grandes capitales
europeas. La bella ciudad porfiriana seguía empeñándose en serlo a pesar de
los graves conflictos sociales y políticos a los que el país se enfrentaba.
El Teatro Nacional pronto dejó de ser suficiente en dimensiones y, por su
ubicación, además obstaculizaba las obras destinadas a prolongar la avenida
Cinco de Mayo (el actual Eje Lázaro Cárdenas). Por esas razones, y
respondiendo a las necesidades de la nueva metrópoli, se descartó hacer
modificaciones al viejo Teatro Nacional y se tomó la decisión de demolerlo.
Así se dio lugar al proyecto de construcción del nuevo Gran Teatro Nacional
o Palacio de Bellas Artes, que representaría nuestra propia cultura sin
dejar de sostener la mirada hacia lo europeo.
Un convento y una fábrica
El
terreno elegido para construir el nuevo teatro era el centro de la vida de
la capital, demarcado por las calles Mirador (Ángela Peralta), Santa Isabel
(Eje Central), Mariscala (Hidalgo) y Puente de San Francisco (Juárez).
Desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del XIX, el terreno estuvo
ocupado por el Convento de Santa Isabel. Dicho recinto fue clausurado por
las Leyes de Reforma y cedió su espacio a una fábrica de sedas. Más tarde,
el lugar fue utilizado como vivienda tipo vecindad, dividida por el llamado
Callejón de Santa Isabel, que llegaba directamente a la Alameda Central.
Adamo Boari
El
italiano Adamo Boari fue el arquitecto designado para llevar a cabo el
proyecto del Gran Teatro Nacional. Nacido en Ferrara (1863), Boari obtuvo el
título de ingeniero civil en 1886. Por motivos de trabajo se trasladó a
América. Se estableció un tiempo en Brasil, donde logró que su obra fuera
favorablemente reconocida y posteriormente cambió su residencia a
Montevideo, Buenos Aires y Chicago.
La fama de su trabajo llegó a México, por lo que fue invitado a participar
en diversos proyectos. Boari se estableció en la capital del país a partir
de 1899.
Participó en un concurso para la realización del Palacio Legislativo y
obtuvo el segundo lugar; también fue el encargado de los proyectos para
construir la cúpula de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, y realizó
algunos otros trabajos de considerable importancia, como su propia casa en
las calles de Monterrey y Álvaro Obregón, considerada el primer ejemplo en
México de arquitectura moderna por sus muros lisos y la ausencia total de
ornamentación. También fue destacada su participación en la construcción del
Palacio de Correos (1902-1907) y en los arreglos hechos al Palacio Nacional.
En 1902 Boari entregó los primeros planos del anteproyecto. Para él uno de
los aspectos más importantes era lograr que frente a los criterios
arquitectónicos extranjeros de construcción se estableciera la conciencia de
lo propio. Él mismo decía: "Hoy, más que nunca, cada país debe hacer gala de
sus formas arquitectónicas típicas, modernizándolas."
Modificando los cánones tradicionales, el art nouveau tuvo como influencia
fundamental el movimiento inglés conocido como Arts and crafts. Se
desarrolló principalmente en Europa y Estados Unidos y es considerado el
movimiento y estilo más representativo y moderno del siglo XIX.
Utiliza ornamentos de formas orgánicas, es decir, su fuente de inspiración
es la misma naturaleza y los trazos que nos regala son líneas onduladas,
ornamentos florales, etc. Trata el espacio de la representación visual en
forma plana o bidimensional, es decir, sin profundidad.
El mismo Boari decía que sus formas recordaban las curvas del humo del
cigarrillo; por ello manejaba los remates ondulantes.
No cabe duda que influyó notablemente en su obra el haber trabajado en el
taller de Frank Lloyd Wright, quien lo tenía en un excelente concepto como
arquitecto por su gran creatividad y entusiasmo.
Primera etapa de la construcción (1902-1916)
El proyecto comenzó con la demolición del otrora convento de Santa Isabel.
Entonces, nadie imaginó la cantidad de vestigios arqueológicos que se
encontrarían. Además de los antiguos cimientos de la torre del convento,
fueron desenterrados una fuente de azulejos de la época virreinal; una
piedra de sacrificios con una serpiente emplumada; un cauahxicalli, símbolo
musical de los mexicas, que actualmente se exhibe en el Museo Nacional de
Antropología, además de la lápida de la benefactora del convento, doña
Catalina de Peralta, quien donó el terreno para que se construyera.
El encargado de comenzar la obra fue el ingeniero Gonzalo Garita, quien al
considerar las dificultades que implicaba construir sobre un suelo fangoso
como el de la ciudad de México consultó con especialistas en otros países
para reducir al mínimo los posibles contratiempos.
Gonzalo Garita y la compañía estadounidense Milken Brothers trabajaron en
paralelo empleando las técnicas de construcción más avanzadas, y se
encargaron de elaborar cálculos y especificaciones. Concluyeron que la
estructura del edificio se haría con acero (técnica que estaba en boga),
concreto y mármol. Para contrarrestar las deficiencias del subsuelo tomaron
como referencia las características del suelo de Chicago, que es parecido al
de la ciudad de México, y se decidió usar una plataforma flotante.
La primera piedra del teatro se colocó el 2 de abril de 1904, pero el avance
de la obra fue muy lento y los trabajos se interrumpieron nueve años a causa
del movimiento revolucionario. El costo calculado inicialmente aumentó mucho
debido a todas estas situaciones (al inicio se presupuestaron 4 millones de
pesos y se fijó un plazo de 4 años para la construcción ).
Antes de estar concluida la estructura metálica, la construcción comenzó a
presentar hundimiento. La plataforma se inclinó hacia la Alameda y se
encontró una corriente de agua subterránea en la misma orientación que la
inclinación del inmueble. Se tomaron algunas medidas para evitar mayores
problemas y tiempo después fue necesario inyectar toneladas de cemento para
impedir que continuara el hundimiento.
Adamo Boari volvió a Italia en 1916, tras concluir únicamente el exterior
del edificio, pero mantuvo estrecha comunicación con quienes continuaron el
proyecto; incluso enviaba planos a los encargados. El arquitecto murió en
febrero de 1928 sin haber visto su obra concluida.
Federico Mariscal, continuador del proyecto
Al retirarse Boari, el encargado de finalizar la obra fue el arquitecto
mexicano Federico Mariscal (1881-1971), quien construyó también el teatro
Esperanza Iris. Con él comenzó una nueva etapa, marcada con su especial
concepto arquitectónico.
Mariscal cambió la tendencia de Boari de art nouveau a art déco, movimiento
geometrizante de vanguardia que ocupó importantes espacios en la
arquitectura y la pintura.
El art déco debe su nombre a una exposición de objetos de uso doméstico y
piezas gráficas que se hizo entre 1920 y 1940. Sus características son el
eclecticismo de las formas y los materiales utilizados. El movimiento estuvo
ampliamente influido por el cubismo, el futurismo y el constructivismo.
Su planteamiento estético es el purismo geométrico, la claridad en los
volúmenes, la simplicidad y los colores brillantes. Representa la 'belleza
de la forma' con sus figuras finas elásticas y delgadas.
El art déco en México coincide con la corriente nacionalista
posrevolucionaria. Es un estilo que refleja las contradicciones del mundo en
las décadas de 1920 y 1930, causadas por la complejidad histórica. (En la
colonia Condesa, en la ciudad de México, hay diversas construcciones de este
estilo, y el edificio del Banco de México es también representativo del art
déco.)
En 1930, Pascual Ortiz Rubio emitió un acuerdo para que la obra del teatro
fuera concluida, pero no había suficiente presupuesto. La obra no pudo
finalizarse hasta 1934, cuando era presidente Abelardo L. Rodríguez. El
teatro abrió entonces oficialmente sus puertas, pero ahora con el nombre de
Palacio de las Bellas Artes.
El día de la inauguración se representó la obra La verdad sospechosa, de
Juan Ruiz de Alarcón, con la compañía teatral de María Teresa Montoya y
Alfredo Gómez de la Vega.
El museo
Desde que fue concebido el Palacio de Bellas Artes se pensó en lo
conveniente de albergar en él un museo que promoviera la cultura tanto
nacional como extranjera, y en 1948, por decreto de Miguel Alemán, se
convirtió también en el Museo Nacional de Artes Plásticas.
Un año antes, en 1947, se hicieron las modificaciones y adaptaciones
necesarias para que el edificio fuese también la sede del Instituto Nacional
de Bellas Artes.
El edificio por dentro
Un gran espacio vestibular de triple cúpula se ofrece a la entrada del
edificio. Desde allí se pueden apreciar los tres niveles del recinto que
están comunicados por una gran escalinata de granito negro, en cuyo primer
descanso se encuentra la entrada principal al teatro.
Alrededor del vestíbulo se ubican las salas, la cómoda escalera de grandes
proporciones y el elegante teatro que por su adecuada forma permite la
debida acústica y correcta visibilidad desde el palco presidencial y los
demás palcos, los generales, las lunetas y las galerías (actualmente su
capacidad es de 1977 butacas).
Los muros, pisos y columnas se revistieron con mármoles mexicanos de varios
colores. La decoración de la principal sala interior fue encargada a la casa
Edgar Brandt, de París. Ahí se intercalan elementos típicamente mexicanos -máscaras
de mono, de coyote y de caballero águila en algunos arcos- con el art déco.
Para el escenario se construyó un telón de mosaicos sobre lámina de acero a
manera de compuerta de seguridad. El diseño -una impresionante vista del
Valle de México enmarcado por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl-
estuvo a cargo del pintor Gerardo Murillo, Dr. Atl (1875-1964), y fue
realizado por la Casa Tiffany de Nueva York. Más de un millón de cristales
opalescentes se utilizaron en su elaboración que duró dos años. El telón
tiene 32 centímetros de espesor; mide 14 metros de ancho, 12.5 metros de
altura y pesa 22 toneladas.
El techo de la sala de espectáculos fue diseñado y elaborado en Budapest por
Géza Maróti. Es un bellísimo plafón multicolor de cristal que representa a
Apolo rodeado por sus musas. La obra se terminó en 1919 y fue también Maróti
el creador del mosaico mural del arco del proscenio, en el que se describe
la evolución del arte teatral.
Los murales Nacimiento de la nacionalidad y México de hoy, de Rufino Tamayo,
embellecen los muros laterales del primer piso. En este nivel se encuentran
las salas Manuel M. Ponce y Adamo Boari para funciones de música de cámara y
presentaciones literarias; además de las salas Nacional e Internacional,
dedicadas a exposiciones. En el segundo piso se resume el movimiento
muralista mexicano con las obras Nueva democracia y Cuauhtémoc redivivo, de
David Alfaro Siqueiros; El hombre en el cruce de caminos, de Diego Rivera, y
Katharsis, de José Clemente Orozco. Ahí se puede admirar también la obra de
Jorge González Camarena, Roberto Montenegro y Rodríguez Lozano. El tercer
piso alberga el Museo de Arquitectura.
Esculturas y murales
El
edificio se engalana con esculturas de diferentes artistas. Todos los temas
tienen un significado importante para el 'palacio de la cultura' de México,
y la constante de casi todas estas obras es la representación de la figura
femenina.
El italiano Leonardo Bistolfi (1859-1993) realizó las esculturas para el
tímpano del arco de la fachada principal. La mujer desnuda representa La
Armonía, musa de los espíritus creativos, y se encuentra rodeada por los
estados del alma musical: el dolor, la ira, la alegría, la paz y el amor; un
gran número de querubines lo adorna, y en los extremos remata con relieves
que representan La Música y La Inspiración. El francés André Allar esculpió
las alegorías de La Juventud y La Edad Viril. Honoré Marqueste es el autor
de La Elocuencia, y Paul Gasc esculpió El Trabajo, La Verdad y La Ley. Géza
Maróti impacta con la majestuosa águila de bronce sobre unos danzantes en
círculo de la cúpula principal. Y en la plaza se pueden admirar los
bellísimos Pegasos del artista Agustín Querol.
El artista encargado de los diseños para los florones que adornan la fachada
fue Ginneti Fiorenzo, quien también hizo los mascarones con figuras de
coyote, chivo, perro y mono.
Es importante mencionar la maravillosa herrería de Alessandro Mazzucotelli,
que fue traída desde Italia, y que el artista mexicano Luis Romero Soto
complementó en 1932.
Hoy en día, el Palacio de las Bellas Artes es considerado uno de los teatros
más importantes y grandes del mundo. Cuenta, entre sus servicios, con
visitas guiadas, restaurante, tienda de discos, librería y estacionamiento,
además de un amplio programa tanto de espectáculos como de presentaciones
artísticas de calidad internacional.
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NOTICIAS SOBRE ADAMO BOARI |
Arquitectura:
Los Arquitectos del Palacio de Bellas Artes: Adamo Boari y Federico Mariscal.
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de
Bellas Artes, a través de la Dirección de Arquitectura del INBA, tienen el
agrado de invitarle a la inauguración de la exposición Los Arquitectos del
Palacio de Bellas Artes: Adamo Boari y Federico Mariscal. El evento tendrá
lugar en el Museo Nacional de Arquitectura el próximo jueves 30 de
septiembre a las 19:30 hrs. Para conocer los detalles de la misma se llevará
a cabo una rueda de prensa el día jueves 23 de septiembre del 2004 a las
11:00 hrs., en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes. (Jue Sep 09
2004)
La exposición “Los arquitectos del Palacio de Bellas Artes, Adamo Boari y
Federico Mariscal” celebra 100 años de la colocación de la primera piedra y
70 años de la inauguración del citado edificio. La exposición, cuya
curaduría estuvo a cargo del Arq. Víctor Jiménez, muestra los antecedentes,
los primeros proyectos y las soluciones que se realizaron en torno al nuevo
Teatro Nacional, actualmente Palacio de Bellas Artes. La muestra se divide
en dos grandes partes, que a su vez se subdividen en dos secciones cada una.
Abre la exposición con un muro donde se presenta una reproducción de 90 cm.
x 120cm. de un retrato original en blanco y negro de Adamo Boari junto con
un texto que explica el recorrido. La primera sección de la primera parte se
titula “El espacio como protagonista: Adamo Boari”. Se aborda ahí, a grandes
rasgos, el primer proyecto de Adamo Boari inspirado en la Opera de París de
Charles Garnier, y del que destaca la escalera y el espacio del hall que
comunicaría la sala del teatral con un lujoso Salón de Fiestas. Asimismo es
notoria la propuesta de construir una cúpula transparente sobre el hall, así
como una cubierta de iguales características en la Sala de Espectáculos,
proyecto que quedó inconcluso durante la Revolución y que finalmente no se
realizó. En esta sección se muestran los planos originales en tela de Adamo
Boari. Se incluyen ahí, en una vitrina, un conjunto de fotografías
originales tomadas por Guillermo Kahlo por encargo de Boari, así como tomas
de otros fotógrafos donadas por Francisco Mancilla al archivo de la
Dirección de Arquitectura del INBA. Aparecen también en el recorrido los
planos y fotografías de la evolución de la pérgola que unía el antiguo
Teatro Nacional con la Alameda.
En la sección siguiente, “El ornamento aplicado: Adamo Boari”, se abordan
los elementos con los que Boari quiso aplicar el estilo decorativo de la
época, el art noveau. Se inicia con una cédula de gran formato con un texto
explicativo. Boari llama a colaborar en algunos aspectos específicos a
escultores como Leonardo Bistolfi, A. Boni y Fiorenzo Gianetti, así como al
herrero Alessandro Mazzucotelli, y para desarrollar una serie de propuestas
de diverso tipo al húngaro Géza Maróti. También participa aquí el
escenógrafo neoyorquino Harry Stoner en el diseño del paisaje para elaborar
el mosaico de cristal opalescente creado por la casa Louis C. Tiffany, de
Nueva York. En esta sección se pueden apreciar también planos originales en
tela de Adamo Boari, el diseño del plafón con el tema de Apolo y las Musas
de Géza Maróti, así como su maqueta para la cortina metálica, proyecto no
aceptado por Boari. Igualmente se encuentra la muestra hecha por Tiffany de
un detalle del revestimiento de la cortina contra incendios que separa el
escenario de la sala, que fue la propuesta aceptada por Boari. Se muestran
los diseños en tinta sobre cartulina de Géza Maroti y algunas propuestas de
la época en que colaboró con Antonio Muñoz, hacia 1920. Se complementa
también esta sección con fotos de Kahlo y Mancilla. En un apartado dentro de
la misma sección se presenta un diagrama de los hundimientos del edificio
antes y después de las inyecciones de concreto aplicadas por Boari.
La segunda parte se titula, “El espacio configurado: Federico Mariscal”.
Inicia esta parte del recorrido un muro donde se presenta una reproducción
de 90cm. x 120cm. de un retrato original en blanco y negro de Federico
Mariscal junto con un texto que explica el recorrido. Al suspenderse hacia
1914 las obras del nuevo Teatro Nacional, éste se encontraba terminado en su
parte exterior, excepto la cúpula, y los interiores estaban prácticamente en
obra negra, sin considerar partes de la Sala de Espectáculos y el escenario
donde algunos elementos decorativos y mecánicos ya se habían instalado. De
1930 a 1934 el arquitecto Federico Mariscal dirigió la terminación del
edificio. Mariscal decide eliminar las cubiertas con vitrales, modificando
la calidad de la iluminación, así como convertir la Sala de Fiestas en museo.
En sus trabajos utiliza los elementos decorativos del estilo que había
resistido a la irrupción del funcionalismo: el art déco. Mariscal adhiere
las escaleras a los muros, solución contraria a la de Boari, creando dos
terrazas donde hoy se encuentran los murales de Rivera y Orozco, con la
función de ser miradores intermedios del hall. Durante el mismo se podrán
apreciar los planos originales sobre papel mantequilla de Federico Mariscal.
Se complementa con una selección de fotografías originales de la época del
archivo donado por Francisco Mancilla, colocadas en una vitrina.
A través de la sección llamada “La decoración emblemática: Federico Mariscal”
se finalizarán estos dos grandes bloques que explican las soluciones que
permitieron concluir el que se habría de llamar Palacio de Bellas Artes.
Museográficamente se abre la sección con una cédula de gran formato con un
texto explicativo. En los últimos años se emplean en el interior del Palacio
también las formas del art déco recurriendo sobre todo a mármoles nacionales,
así como elementos decorativos en bronce, acero y cristal que toman como
referencia el arte maya y la flora mexicana. En la sala principal se utilizó
ónix en los arcos que descienden a la bocaescena y acero en el contorno que
la enmarca. El área de butacas fue ampliada, los barandales metálicos de los
palcos y las formas prismáticas de los mismos son otros elementos de
lenguaje art déco. Se ilustra con planos de papel mantequilla de Federico
Mariscal y con las soluciones decorativas desarrolladas por Edgart Brant en
cartoncillo y acuarela. Al igual que las otras secciones se muestran fotos
originales del archivo de Francisco Mancilla, dentro de las que destacan las
realizadas por el fotógrafo Gómez Tagle inmediatamente después de la
conclusión de la obra.
Se finaliza el recorrido mostrando dentro de una vitrina las fotos
originales de Adamo Boari y Federico Mariscal, así como fotos de personajes
de la época. También se incluyen importantes documentos como el Informe
preliminar para la construcción del Teatro Nacional presentado por Adamo
Boari, considerado el proyecto más antiguo del edificio que se conoce, y el
informe que presentan Alberto J. Pani y Federico E. Mariscal, en 1934 a
Marte R. Gómez al Secretario de Hacienda y Crédito Público, en el que
describen cómo la obra fue transformada para convertirla en lo que es
actualmente. Se muestra la invitación original para la ceremonia de
inauguración del Palacio de Bellas Artes del 27 de septiembre de 1934 y los
periódicos El Universal del 23, 24, 28, 29 y 30 de septiembre de 1934, que
reseñan los diversos actos. El recorrido se complementa con un video donde
se pueden ver los antecedentes históricos y la historia de la construcción
del Palacio de Bellas Artes.
Existe otra sección en que se muestran 54 fotografías realizadas durante
2004 por el fotógrafo Nicola Lorusso, nacido en Florencia, Italia, y
actualmente radicado en nuestro país. Se trata de un ensayo fotográfico que
documenta un primer recorrido con tomas a color, impresas a 40cm por 50cm y
enmarcada con una marialuisa de algodón y marco en madera de nogal natural
con un tamaño final de 62cm. x 42cm. Aquí se describe la vida alrededor del
Palacio logrando una expresión de la memoria colectiva en que resalta el
Palacio como icono cultural y social y en el contexto del Centro Histórico
de la ciudad de México. Lorusso hace también otra visión menos narrativa a
través de una serie de fotos en blanco y negro con el mismo formato de las
primeras y enmarcadas con el mismo criterio. En ellas el artista retrata los
rincones menos explorados del palacio, presentando una visión del mismo
distinta de la que el público conoce. En ninguna se deja ver el palacio en
su aspecto acostumbrado, pero se concentra en algunos espacios insospechados
no exentos de misterio, logrando una serie de alusiones visuales de carácter
metafórico. Se describen los dos recorridos con una cédula con un texto del
crítico Alfonso Morales y una pequeña semblanza de la vida del fotógrafo.
La restauración del Palacio de Correos (Distrito Federal)
Viajero infatigable, primero como ingeniero de ferrocarriles en Italia y
luego en Brasil, Adamo Boari viajó después a Buenos Aires y a Montevideo.
Posteriormente, se estableció en Chicago, donde trabajó en el taller del
arquitecto Frank Lloyd Wright. Después de recorrer Europa para estudiar
minuciosamente los teatros más importantes del continente, realizó en esta
ciudad norteamericana el proyecto del Teatro Nacional de México, actual
Palacio de Bellas Artes. Texto: Juan Urquiaga
Viajero infatigable, primero como ingeniero de ferrocarriles en Italia y
luego en Brasil, Adamo Boari viajó después a Buenos Aires y a Montevideo.
Posteriormente, se estableció en Chicago, donde trabajó en el taller del
arquitecto Frank Lloyd Wright. Después de recorrer Europa para estudiar
minuciosamente los teatros más importantes del continente, realizó en esta
ciudad norteamericana el proyecto del Teatro Nacional de México, actual
Palacio de Bellas Artes.
Adamo Boari estaba siempre al día del movimiento arquitectónico, sobre todo
a través de las Exposiciones Universales, como la de París de 1900, a la que
se refiere como “la exposición que ha hecho un gran esfuerzo para
emanciparse de los estilos antiguos procurando dar mayor amplitud y más
libre desarrollo a las formas arquitectónicas”.
Boari fue un formidable constructor. Aplicó nuevas tecnologías, entre otras
la inyección de mortero fluido de cal y arena, gracias a la cual se frenó el
hundimiento del Palacio de Bellas Artes, experiencia aprovechada actualmente
por el ingeniero Enrique Santoyo en la estabilización de la catedral de
México. En su estudio de mecánica de suelos para el edificio de Correos, el
ingeniero Santoyo hace una interesante observación al comparar la planta del
antiguo Hospital de Terceros con la del Palacio de Correos: los dos
edificios son similares, y tuvieron dos patios de dimensiones parecidas,
como puede observarse al sobreponeruna planta sobre la otra. Esta similitud
dio por resultado que al construir Boari el edificio de Correos, la nueva
cimentación quedara situada en el lugar de la antigua cimentación del
hospital, sobre la zona que fue comprimida durante varios siglos, razón que
contribuyó a eliminar el hundimiento al no someter a presiones nuevas zonas
del terreno.
En la década de los cincuentas, el crecimiento del país obligó al Banco de
México a buscar nuevos espacios para sus oficinas administrativas y ocupó
parte del edificio vecino, que es justamente el Palacio de Correos.
Para tal fin se construyeron dos puentes que comunicaron el Palacio Postal
con la sede del banco, el cual ocupó los dos últimos pisos. Con las
adaptaciones necesarias, se instalaron oficinas, comedores y cocinas para
funcionarios y empleados del banco, destruyendo en esa zona toda la
decoración del Palacio. Asimismo, se modificó radicalmente la distribución
original con obras falsas que incrementaron el peso del edificio y
sobrecargaron la estructura de acero. En el último piso se techaron las
terrazas para destinarlas a despachos y se hicieron losas de concreto para
ocultar las instalaciones de las cocinas, así como firmes de cemento de gran
espesor en los entrepisos, supuestamente para evitar filtraciones de agua.
Se suprimieron también los antiguos elevadores, cuyas cabinas se habían
fabricado con rejas de bronce dorado, y las escaleras que comunicaban
verticalmente el edificio, con el fin de independizar la zona ocupada por el
Banco. El edificio quedó dividido en dos partes: la planta baja y el primer
piso, ocupados por el Correo, y los últimos niveles, que quedaron totalmente
aislados y al servicio del Banco de México.
El terremoto de 1985 provocóserios daños al Palacio de Correos. Las columnas
de fierro del último piso tuvieron desplomes hasta de 15 centímetros a causa
del incremento de peso que se le había agregado y que gravitaba directamente
sobre la estructura de acero.
Fue entonces cuando el Banco de México entregó a la Secretaría de Hacienda
los edificios del conjunto Alameda, que estaba por inaugurar, para que los
ocuparan las dependencias cuyos edificios habían quedado destruidos. Miguel
Mancera Aguayo, director general del Banco de México en aquella época,
decidió agrupar las dispersas oficinas del Banco de México, para lo cual se
elaboró un programa cuyo objetivo era adquirir edificios nuevos, cercanos e
integrados a la arquitectura del Centro Histórico.
Ante la destrucción ocasionada por el cambio de uso en los dos últimos pisos
del Palacio de Correos y en vista de los daños que habían causado, tanto el
terremoto como el paso del tiempo, Emilio Gamboa Patrón,secretario de
Comunicaciones, y Gonzalo Alarcón Osorio, director general de Correos,
decidieron que se restaurara el Palacio de Correos. Afortunadamente, para
llevar a cabo esta labor se contaba con abundante material gráfico y
documental, ya que en el Archivo General de la Nación está el Archivo
Histórico de la Secretaría de Comunicaciones, que contiene los contratos con
las especificaciones de la obra, firmados por el arquitecto Adamo Boari y
por el ingeniero Gonzalo Garita.
Además, en el año de 1984, cuando se celebraron los ochenta años del inicio
de la construccióny los cincuenta años de la inauguración del Palacio de
Bellas Artes, obra también del arquitecto Boari, tuve la suerte de localizar
en su casa de la ciudad de Roma, planos del Palacio de Bellas Artes y de dos
plantas y una fachada del Palacio de Correos. Elita Boari, hija del ilustre
arquitecto, los donó a México y hoy se encuentran en el Museo Nacional de
Arquitectura, con sede en el Palacio de Bellas Artes. Estos documentos
sirvieron para elaborar el proyecto que reintegrara al Palacio Postal sus
espacios y sus formas originales, acordes con la idea de su creador, y
normara el criterio que se siguió fielmente durante todo el proceso de
restauración.
Era indispensable empezar por la estructura, reforzando las columnas dañadas
por el sismo con placas de acero a fin de evitar algún incremento en las
deformaciones. Se aligeró notablemente el edificio al suprimir los rellenos
y firmes de concreto agregados sobre los entrepisos originales, realizados
con el sistema Roebling, muy en uso a principios del siglo, que consiste en
pequeñas bóvedas de lámina apoyadas en viguetas de fierro recubiertas con
una delgada losa de compresión de cemento. Para descubrir los espacios que
aparecían en los planos originales de Boari se removieron las construcciones
de los años posteriores.
Con el fin de reponer el espacio perdido, la administración del Correo
también se había visto obligada a construir entrepisos en la planta baja,
donde se colocaron los casilleros de los apartados postales. En el primer
nivel se ubicaron los depósitos de estampillas y valores, para lo cual fue
necesario, y por razones de seguridad, levantar muros y losas de concreto
que conformaron una bóveda. Todas estas obras falsas fueron demolidas para
recuperar los espacios originales.
El último piso del Palacio Postal está separado del resto del edificio por
el gran vitral que cubre la escalera monumental, área que se destinará a
museo. En este nivel se recuperó la terraza abierta que bordea el vacío de
la sala de los carteros y que había sido cubierta para construir algunas
oficinas del banco. En esa zona se acordó dejar aparente la estructura de
hierro por ser una de las primeras que se construyeron en México con ese
sistema.
La planta baja y los dos niveles superiores se relacionan visualmente a
través del gran vestíbulo de la escalera monumental. El espacio fluye en
sentido vertical y permite contemplar simultáneamente las ricas
ornamentaciones de las yeserías de los tres niveles, razón por la cual fue
necesario rehacer las del tercer piso, así como toda la carpintería de
puertas, lambrines, pisos de mármol y de parquet destruidos al convertirse
en dependencias del Banco de México.
Al tercer nivel se le devolvió la distribución original que aparece en los
planos de Boari, con las adecuaciones necesarias para el uso de la dirección
general de Correos. Para recuperar la unidad, fue indispensable también
reconstruir los elevadores para restablecer la comunicación vertical.
La espléndida herrería de bronce (que había sido pintada de negro) de
barandillas, puertas, ventanas y faroles, realizada en la ciudad italiana de
Florencia por la Fondería del Pignone, fue restaurada y recuperado el
acabado natural dorado propuesto por Boari. Se hicieron infinidad de calas
estratigráficas para conocer los colores originales que tuvo el Palacio en
todas sus partes y se volvieron a hacer o restauraron las columnas en que
había desaparecido la escayola, imitación de mármol conforme a la antigua
técnica veneciana.
El criterio para llevar a cabo la restauración estuvo siempre apegado a los
planos y a las especificaciones establecidas por su arquitecto. De esta
manera, fue posible recuperar los espacios y las formas arquitectónicas
originales, devolviendo al edificio la transparencia de sus espacios
interiores.
A manera de conclusión, cabe señalar que en los monumentos de valor
artístico e histórico no debe permitirse el cambio del programa generador
por otro ajeno al que le dio origen, pues esto ocasiona graves alteraciones
que muchas veces van en detrimento de su auténtico valor monumental. Fuente:
México en el Tiempo No. 39 noviembre / diciembre 2000
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