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La más noble función de
un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel
cronista, del tiempo que le ha tocado vivir.
Camilo José Cela
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Erotismo y poesía: el
primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización
del lenguaje.
Octavio Paz
A VUELTAS
CON EL SESEO Y EL CECEO
Manuel Alvar
Advertencia
preliminar
0. Al estudiar con
fines socio-lingüísticos el habla de Sevilla1, he tenido que
enfrentarme -una vez más- con el debatido problema del seseo y del
ceceo. Las consideraciones de los tratadistas que me precedieron,
los datos que yo había allegado -muchas veces con otros fines-, la
interpretación exclusivamente fonética que quiero dar a mis
aclaraciones y la proyección extra-andaluza del seseo, me han
llevado muy lejos de los supuestos iniciales. Al reordenar la
información, Sevilla se me queda como un hito señero, pero hay otras
cosas a las que atender.
Acaso el carácter original de estas páginas se trasluzca en la
necesidad que siento de remontarme hacia los inicios de lo que
considero investigación actual; ello es inevitable, porque
inevitable es -también- intentar entender todo el problema. De todos
modos, procuro no perderme en excursos marginales y aprovechar -como
siempre- lo que los demás han dicho y ahora me resulta necesario.
SESEO Y CECEO
1.1. Han sido
necesarias muchas páginas para aclarar qué se entiende por ceceo. La
documentación antigua había venido sembrando confusiones, cuando no
demostrando ignorancia. Tal es el caso del historiador portugués
João de Barros que en 1540 habló de «o cecear cigano de Sevilla»;
texto que Amado Alonso pretendió que de nada servía, pues Barros
ignoraba en qué consistía el ceceo, creía que los gitanos eran de
Sevilla, sin tener en cuenta su nomadismo2, y lo que él identifica
por ceceo (çe, no ke) no nos dice si era sevillano no gitano3. Acaso
haya que atenuar las afirmaciones tajantes en demasía, pues -aunque
tarde- alguna otra identificación se hizo entre andaluces y gitanos
por lo que respecta al ceceo. En el Arenal de Sevilla (acto II, esc.
1.ª), Lope escribe:
La lengua de los gitanos
nunca la habrás menester,
sino el modo de romper
las dicciones castellanas:
que con eso y que zacees,
a quien no te vio jamás,
gitana parecerás.
Por su parte, Gracián dice en El Criticón:
«ceceaba uno tanto, que hacía rechinar los dientes y todos
convinieron en que era andaluz o gitano»4.
No son raros los testimonios de Gracián con respecto al ceceo, pero
-sobre tardíos- resultan poco claros. Vemos que identifica andaluz
con gitano, lo que no es mucho decir, pero es que el jesuita
aragonés no veía con buenos ojos -ni oía con buenos oídos- a los
andaluces. Ya lo he señalado. En cuanto a las otras referencias al
ceceo serían -si nos amparáramos en la autoridad de Romera- ajenas a
nuestro objeto, pues la pronunciación «deficiente» de ce . ce, sirve
para ahuyentar y no para atraer. Ahora bien, rechinar los dientes
para cecear evoca el ciceo y no el seseo, con lo que la
pronunciación de los gitanos sería ceceante con ce, como ciertas
hablas andaluzas, pero no la de Sevilla capital. Si unimos esto a
que no se encuentra el ceceo para llamar a los animales y sí
articulaciones que puedan ser resultados enfáticos de ese5 habrá que
pensar que, en los días de Gracián, el timbre ciceante de la ce se
había estabilizado de manera definitiva y así -sin buscar más tres
pies al gato- tendremos que interpretar la pronunciación del ceceoso
o los avisos del cesaste6. Claro que nada de esto -por su
cronología- nos sirve para aclarar el ceceo de los gitanos y los
sevillanos de Barros, ni la alusión de Lope en el ejemplo aducido7.
Para poder aclarar qué se entendía por ceceo en el siglo XVI8 habrá
que volver los ojos a otros autores, pues no toda Andalucía cecea,
sino que buena parte sesea, y en el debatido problema del ceceo, con
los andaluces andan mezclados los canarios, que nunca han ceceado,
ni cecean9.
1.2. El sistema
medieval castellano con sus dos pares de sibilantes (s [z] fricativa
sonora - ss [s] sorda, y z ç [ŝ] sorda) estaba caracterizado por el
carácter apical de las primeras y el predorsal de las segundas. Al
perderse la oclusión de y [ŝ] surgió una oposición mínima entre
articulaciones apicales y predorsales, que era de difícil
sostenimiento por la proximidad tanto articulatoria como de
timbre10. El castellano adelantó hasta q las z y s predorsales -con
lo que vinieron a distinguirse de las z, s apicales; mientras que el
andaluz las atrajo al punto de articulación de las predorsales,
neutralizándolas. Como, por otra parte, se había anulado la
oposición de sonoridad, el castellano creó una oposición q - s
mientras que, en andaluz, todo quedó en una neutralización, /s/11.
SEVILLA Y EL
CECEO - SESEO
2. Cómo se llegó a esta situación última es un largo proceso en el
que el habla de Sevilla ha sido testimonio decisivo. No suele
aducirse la documentación de Jaime Huete que, en su Tesorína (c.
1531) hace hablar en andaluz a fray Vegecio. Tanto más de valorar el
hecho por cuanto Huete tuvo clara conciencia de su condición
regional12 y, al remedar a los demás, trataba de ajustarse a la
realidad que oía. Como ocurrirá después con Mateo Alemán, sus
grafías de ç y z corresponden a consonante sorda; la primera procede
de una -s- sorda intervocálica (confeçor, v. 623; moçen, v. 640) o
de una s- inicial (çalud, v. 636), mientras que z es la grafía que
corresponde al ceceo de s implosiva: hezizte (v. 627), loz doz (v.
628), Dioz (v. 630), traez alforjaz (v. 634). Creo que se puede
inferir de este conjunto de ejemplos que la ç corresponde a las
posiciones tensivas y la z a las distensivas, pero una y otra son
sordas.
Por 1592, Arias Montano dio un testimonio del cambio andaluz de ç
por s, que en modo alguno debe interpretarse como ceceo actual13. En
1609, el sevillano Mateo Alemán señala taxativamente la fusión de s-ss,
mientras que distingue entre z-ç, no en cuanto a la sonoridad -que
ambas son sordas para él- sino en el modo de articularlas: z era
fricativa y ç africada14, pero su descripción no es sevillana, sino
general, pues él mismo -en opinión de A. Alonso- era ceceante15 y
denunció la igualación ç-z-s en tierras de Andalucía16. Ahora bien
el valor de este ceceo no era muy claro en un principio: podía
tratarse tanto de ciceo como de seseo17. El gran lingüista Amado
Alonso señala la aparición de un timbre ce incipiente, en Pedro de
Alcalá (1501) y con su testimonio quiere explicar las alusiones al
ceceo que se hacen más de un siglo después18, y que acreditarían el
cumplimiento del proceso por 1630, año en que Gonzalo Correas
imprime estas palabras en su Ortografía:
La suavidad del zezeo de las damas sevillanas, ke
hasta los onbres les imitan por dulze19.
A renglón seguido el maestro Correas vitupera a las gentes del
Maestre y Malpartida de Plasencia (Extremadura) que «hablando kieren
más parezer hembras o serpientes ke onbres o que palos». Ahora bien
Fuente del Maestre es pueblo seseante con s, mientras que cecea
Malpartida20, lo que se cohonesta mal con el apoyo para el timbre
ceceante. Creo que de estos textos no se puede inferir la existencia
del ceceo, sino que la situación actual podrá aclarar lo que ocurría
hace tres siglos: había mujeres ceceantes (= seseantes con s
coronal) como las de Lucena y Cabra, aducidas en el Estebanillo
González (1646)21. De los mismos informes de A. Alonso se puede
inferir el carácter seseante que tenía lo que sus autoridades llaman
ceceo: Ambrosio de Salazar habla del cecear con gracia; Correas de
la suavidad del zezeo de las damas sevillanas; Quevedo insiste en el
carácter mujeril del ceceo: si un barbado cecea / ¿qué hará doña
Serafina?; Suárez de Figueroa se refiere a una lengua ceceosa llena
de donosidad y Lope a un hablar suave, con un poco de ceceo. Todos
estos testimonios, salvo el de Figueroa, que por el frenillo que
aduce me parece ambiguo, son muy claros: el ceceo era suave y con
remilgamiento femenino. Dudo que de aquí pueda deducirse otra cosa
que el seseo (z = s, como hoy lo entendemos) y no el ceceo (s =z) y
habrá que pensar en Mateo Alemán como seseante22.
3. En oposición al ceceo de timbre seseante, al que creo se refieren
los autores anteriores, está el ciceante en la pronunciación ce, ci,
z, por cuanto éste se identificaba con el «habla gorda o gruesa» de
que hablaban otros contemporáneos. No creo que con el seseo se pueda
identificar el ceceo pronunciado «con alguna violencia» de que habla
Juan Pablo Bonet o la «langue grasse» de César Oudin (1619) o la z
«con lengua gorda, un poco ciceada, semejante a la za o tha árabe [
... ] en vez de la c siseada», que se infiere de la descripción que
hace Pedro de Alcalá23. Bernal Díaz del Castillo, tan parco y eficaz
retratando a sus compañeros de armas, nos facilita unos informes
sumamente válidos, aunque no todos hayan sido tenidos en cuenta.
Luis Marín -nacido en Sanlúcar- «ceceaba un poco como sevillano»24;
de aquella gran persona y gran soldado que fue Gonzalo de Sandoval,
dice que «ceceaba tanto cuanto» 25 y, en otro retrato, de Cristóbal
de Olid, nacido cerca de Linares o Baeza, se apostilla que «en la
plática hablaba algo gordo y espantoso»26. Creo ciertas las
observaciones de Diego Catalán 27, al separar el ceceo de Marín del
de Sandoval, que sería defecto personal, por cuanto el hablante
pertenece a pueblo distinguidor28; en cuanto al hablar gordo de
Olid, no sé si se puede vincular con el ceceo, por más que la
caracterización sirva, de acuerdo con Bonet o Oudin, por ejemplo. De
serlo habría que achacarlo -también- a circunstancias
individuales29.
4.1. Me parece que esta interpretación aclara una serie de textos
que no ayudaban a resolver nuestro problema, pero que se iluminan
desde la situación actual. Sevilla sería en casi todos sus niveles
seseante (c = s), como suele serlo hoy, mientras que el campo sería
-como hoy- de habla gorda, ceceante. Haciendo las encuestas de la
capital para el ALEA el informante culto, que seseaba con
espontaneidad, denunciaba su carácter culto distinguiendo
enfáticamente entre s predorsal y ce postdental; frente a él la
mujer culta era seseante como los informantes no instruidos. Los
condicionamientos que el cuestionario y el explorador imponen en
gentes -no se olvide- que pueden tener un mínimo de instrucción,
llevaron alguna vez al caos fonético de mezclar seseo y distinción
en una misma palabra por el hombre inculto (ceresa), mientras que la
mujer que estudiaba Letras restituía -como el hombre culto- la
pronunciación etimológica de la ce, pero con articulación postdental.
4.1.1. Frente al campo, ceceante siempre, Sevilla capital es
seseante30, por cuanto carecen de valor las lecturas amaneradas de
dos universitarios o un caso de ce en un hombre de escasa
instrucción y en una palabra en la que puede haber algún
condicionante externo. Se cumple así -una más- el prestigio social
que el seseo tiene frente al ceceo. Aquel normal en las clases
instruidas, incluso en zonas ceceantes; éste relegado a los estratos
más bajos de la población31.
4.1.2. Teniendo en cuenta que, al hablar de ceceo sevillano, podían
distinguirse dos cosas, el timbre seseante de la capital o el
ceceante del campo, se aclaran las alusiones a la suavidad del ceceo
de las sevillanas (= seseo) y la coincidencia que con ella tiene el
ceceo de Fuente del Maestre y de Canarias, uno y otro seseo en la
nomenclatura lingüística actual. Así se explicaría también que
Huillery (1661), que había aprendido español en Sevilla, igualara
ce, ci al francés ss (= seseo). Lo que hoy entendemos por ceceo era
el habla gorda de los escritores de la Edad de Oro, que sería habla
de gitanos, por gitanos, pero no -exclusivamente- por sevillanos, o
de gentes -como señalan Alcalá, Barros y Bonet- con defectos
articulatorios. Porque me resulta imposible creer que hubiera un
ceceo con timbre ciceante, que fuera, después, reemplazado por
seseo. Si en un determinado momento todos pronunciaban ce
-campesinos y urbanos- no es presumible que hubiera «conciencia de
la rusticidad»32 del fenómeno33. Para que ésta existiera era
necesario que la realización ceceante no fuera general y se
estableciera una oposición sociológica, como la que hoy existe.
También en Sevilla debió existir un ceceo, pero no general, ni
siquiera plenamente urbano: producto -acaso- de un intercambio con
gentes que esporádicamente llegaban a la ciudad o se asentaban en
ella después de su peregrinación. Tal sería el caso de los gitanos:
podrían cecear, pero no por ser sevillanos, sino porque su condición
gitanil los ponía en contacto con zonas rurales ceceantes de las que
tomaron la pronunciación, repudiada siempre por las gentes urbanas
de lengua seseante. Se explicaría entonces -por escritores poco
conocedores de los matices de la realidad- la generalización de la
especie del ceceo sevillano, por ser rasgo de unos gitanos que
vivían en Sevilla, pero la peculiaridad local -y ahora sí que
interviene la condición social- repudiaría un rasgo no sólo vulgar,
sino de un grupo marginado. Creo que esta interpretación, por
verosímil, podría ilustrar la oposición de Diego Catalán a las
doctrinas de Amado Alonso y no sólo como una interpretación
negativa, sino salvando ciertos atisbos del gran filólogo, que no
podemos repudiar34. Por lo demás, Tomás Buesa, muchos años profesor
en la Universidad Laboral de Sevilla, me dice que ha tenido alumnos
del barrio de Triana que eran ceceantes35. Hecho éste que -creo-
puede servir para entender algo de lo que pasó en otro tiempo:
Triana es un barrio muy popular, esos alumnos eran de muy pobre
nivel cultural36 y quedaría por saber el origen familiar. De
cualquier modo tendríamos una muestra de la interacción que los
barrios bajos ejercer para pasar ruralismos hacia la ciudad y
urbanismos hacia el campo, del mismo modo que debió ocurrir al
estabilizarse en timbre seseante o ceceante lo que en principio fue
una articulación predorsal inestable. En tal sentido aceptaría la
hipótesis de Catalán: hubo diferencia social, en Sevilla mismo,
entre gentes del hampa y clases bajas (gitanos entre ellos) que
ceceaban con ce, mientras que los cultos seseaban37. De acuerdo con
esto -o apoyando mi hipótesis- la distribución social del seseo -
ceceo se vino a realizar en el período más antiguo del fenómeno que
estudiamos y simultáneamente a su aparición como tal. No me parece
aceptable hablar de generalización del ceceo, de que surgiera una
conciencia de grupo y en la restitución del seseo.
5.1. Pero no uniformemos los problemas: no todos los cultos repudian
el ceceo en Andalucía, sino que entre ellos hay -también y muchos-
ceceantes, por más que siguen siendo válidos los planteamientos que
hicieron Navarro y sus colaboradores38. Posiblemente, desde esos
primeros tiempos en que se produjo la neutralización, hubo una doble
realización con tendencia hacia el seseo (que fue norma de Sevilla,
y luego de Córdoba) o con tendencia al ceceo (que ocupó otras muchas
zonas). Si el seseo hubiera sido posterior al ceceo, parece probable
que aparecieran brotes - o casos- de ese en los sitios ceceantes, lo
que no suele ocurrir39, mientras que cada vez se van encontrando más
casos de ce en zonas o gentes seseantes con ese predorsal40.
Y lo que vemos hoy -seseo que se adelanta hacia ceceo- en tantos
lugares del mundo hispánico sirve para apoyar lo que se sabe del
siglo XVI: el seseo se anticipó al ceceo41. Lo que ocurrió es que
hubo un desplazamiento articulatorio y la s apical vino a
confundirse con la predorsal procedente de z y ç [ŝ]. Este es -a mi
modo de ver- el fundamento de todo el problema y, por supuesto, el
camino que lleva a la solución. Cuando Juan Sánchez, «cordobés que
probablemente enseñaba en Sevilla», describe (1584) a la s andaluza
nos señala que «la c tiene su asiento en el pico de la lengua, y la
s más adelante en el plano della»42;esto es, con palabras de Lapesa,
«para un andaluz de 1584 la articulación de la s era la misma que la
andaluza de hoy». Por tanto, si Mateo Alemán era sevillano y hablaba
como tal, su pronunciación sería -en cuanto al valor del «ceceo»- ni
más ni menos a como es hoy: seseante y con s predorsal.
5.2. Estos hechos43 me llevan a formular una explicación puramente
fonética: la articulación de la s predorsal se realiza con el ápice
apoyado en los incisivos inferiores y con dos estrechamientos del
predorso de la lengua; uno, contra los alvéolos, y otro contra los
incisivos superiores; según predomine la resonancia de uno u otro
estrechamiento, la realización se acercará a [s] (predominio de la
constricción alveolar) o [ce] (predominio de la constricción
dentosuperior)44. Entonces no haría falta pensar en una articulación
prioritaria, sino -simplemente- una s predorsal que se realizará
como tal (o como colonal plana) o como postdental. En un momento
dado, el timbre de la articulación era inestable (testimonio de
Bernal Díaz del Castillo, por ejemplo), pero luego se estabilizó en
las dos realizaciones que ahora conocemos. Proceso que pudo ser
simultáneo hacia ese y hacia ce y que se impuso como ese en ciertas
ciudades (concretamente Sevilla, por lo que vino a ser norma de
prestigio), mientras que fue ce en ciertas áreas rurales (no en
todas). No deja de ser importante que en las ciudades con mayor
prestigio social (Sevilla y Córdoba) se haya seseado, mientras que
en Huelva (de importancia muy limitada frente a Moguer o Palos),
Cádiz, Málaga y, parcialmente, Granada, se cecee45. Creo, pues, que
la diferenciación sociológica de la articulación ese - ce se produjo
antes de estabilizarse como tales las dos realizaciones del fonema
/S/ y la preferencia urbana llevó a [s] y la rural o inculta a [q].
SESEO CANARIO Y
AMERICANO
6. Sin acabarse de consolidar el timbre seseante o ceceante del
ceceo, el fenómeno pasó a Canarias y a América, donde se realizó
como seseo. Nivelación que debe explicarse de algún modo que no sea
el «autóctono». Porque, si los andaluces llevaron a América un
proceso en trance de realización, aunque no estabilizado, no cabe
duda que el seseo no es autóctono. Como intento de explicación del
seseo canario y del americano propongo otro hecho sociológico. En la
abigarrada sociedad colonial vinieron a mezclarse gentes muy
heterogéneas que llevaron a esa nivelación lingüística, tan
brillantemente descrita por Amado Alonso46. En nuestro caso, los no
andaluces se incorporaron a la pronunciación andaluza ceceante (ni
seseante ni ciceante todavía, según podría valer el testimonio de
Bernal Díaz), pero, en esa pronunciación revolucionaria, el
adelantar todas las sibilantes hasta ce postdental era un rasgo que
pugnaba con las realizaciones de los no andaluces. Entonces, en ese
proceso de nivelación en que todos colaboraron, la aportación de
quienes no neutralizaban las cuatro sibilantes fue refrenar el
proceso. En las realizaciones ese - ce encontraban que ese (de
cualquier timbre) se identificaba con la realización regional de sus
eses. Y la nivelación se produjo en un cierto punto medio,
auténticamente nivelador: no se llegó a ce porque era un resultado
demasiado estridente para los no andaluces; éstos aceptaron la
confusión, pero a cambio de no alcanzar las consecuencias últimas.
Si en Canarias o América no hubiera habido sino andaluces, hoy
serían ceceantes; la función de los otros españoles consistió en
limitar el «andalucismo», aunque no podamos soslayar que el
andalucismo existió.
7. El estudio cuidadoso de los documentos del Nuevo Reino de Granada
ha venido a probar que no puede sostenerse la doctrina de Amado
Alonso: en el siglo XVI había confusión total de las sibilantes;
esto es, el seseo se había generalizado. Con la imperfección que los
documentos arrojan -por dificultades para identificar personas, por
falta de ellos en determinados años- sabemos que en 1585, Francisco
Lorenzo, cura de Usme, que el conquistador Hernando de Velasco,
castellano viejo (1586), que los autores indios y los criollos,
todos practicaban «un seseo completo» 47. Habíase cumplido el
proceso nivelador; a él se incorporaron todos, y todos lo
practicaron sin ninguna suerte de discriminación. Fundada Santa Fe
en 1539 y desaparecida (en 1900) la documentación anterior a 155048,
los materiales allegados por Olga Cock tienen carácter fundacional:
no podemos pensar que en once años se pusiera en marcha un fenómeno
absolutamente generalizado en otros treinta. En Menéndez Pidal hemos
aprendido la duración de un cambio lingüístico: el que nos ocupa no
es sino una etapa de algo que ya empieza a estar documentado en el
siglo XIV, y que a América pasó en un adelantado trance de
realización. Mal podían realizarse las tres etapas que Alonso señala
para el cambio peninsular, porque a América va una lengua que ha
alcanzado -ya- la tercera. Quienes vienen a Santa Fe la practican, y
aquí se asienta, y aquí se nivela. Si nos atenemos al testimonio de
Bogotá, no es por parcial limitación, sino porque poseemos una
imagen real, fidedigna y escrupulosamente investigada de lo que allí
ocurrió, que -naturalmente- no fue distinto de lo que ocurrió en
otras partes49. Los soldados que en Santa Fe se encontraron, venidos
desde el norte con Alfonso de Quesada o desde el sur con Sebastián
de Benalcázar, no hablarían de manera discrepante. Si en el siglo
XVI el Nuevo Reino ofrecía una imagen de absoluta uniformidad
seseante, no puede creerse que se acuñara en la sabana de Bogotá, ni
en Tierra Firme, ni siquiera en las Antillas unos pocos años antes.
7.1. Y como complemento de todo esto, si es que no debe anticiparse
a cualquier especulación, la procedencia de los pobladores. Hoy
disponemos de unos materiales seguros y concluyentes: entre 1493 y
1519, más de mil colonizadores sevillanos (1.259 exactamente)
sabemos que pasaron a América50 y que, de los 5.481 que ha
identificado Boyd-Bowman, un 39,7 % eran andaluces, mientras que los
castellanos viejos -sus inmediatos seguidores- se quedaban en un
modesto 18 %51.
EL SESEO
JUDEO-ESPAÑOL
8.1. Del mismo modo en judeo-español: su pronunciación participaba
de los rasgos de la región de origen y, al trastocarse la geografía
por causa de la expulsión, vinieron a encontrarse en continuidad
geográfica gentes que -geográficamente- nunca lo hubieran estado en
la Península. Y se alcanzó un nuevo grado de nivelación, paralelo en
todo al del español americano. Irving Spiegel, al est udiar la
pronunciación antigua del judeo-español52, concluye que «we have
previously that the Spanish Jews spoke the current popular Spanish
of their day», pero «all things considerd our study points to a
widespread fricative pronunciation of ç»53. Con los fragmentos que
conozco de la obra de Spiegel no puedo atreverme a generalizar, pero
me parece necesario saber el origen regional de los autores, su
tradición literaria, las relaciones con otros de los textos
copiados, etc. Creo, por otra parte, que puede ser distinta de la
trasliteración generalizada que la pronunciación de un sitio
preciso. De cualquier modo, entre los judíos la ç era fricativa;
esto es, había seseo entre ellos. Ahora bien, si el seseo era
sevillano, los sefardíes sevillanos sesearían por serlo
-independientemente de que la tendencia regional cristiana
encontrara apoyo en su propia realidad lingüística. En todo caso,
ambas realizaciones se ayudarían y se reforzarían mutuamente 54.
8.1.1. Así como la diáspora produjo modificaciones en los contenidos
de la literatura tradicional de los sefardíes55, su lengua resultó
condicionada por los mismos hechos. Me parece evidente que estos
judíos llevaban -también- norma «sevillana», con independencia de
sus propias peculiaridades que, supongo, no podrían ser tantas que
modificaran hondamente el sistema fonológico castellano. Porque si
hoy rastreamos aragonesismos u occidentalismos en las hablas
«castellanas» de Skoplje56 o de Monastir57, por no citar sino un par
de botones de muestra, me parece raro que en el siglo XV los judíos
no tuvieran las peculiaridades lingüísticas de las regiones en que
vivían, cuando tan íntimamente se relacionaban con los cristianos,
e, incluso, influían en la vida común.
Así, pues, entre los judíos la pronunciación seseante sería
conocida, si creemos, lo que no me parece incontrovertible, que
fuera éste un rasgo suyo por ser judíos, o si juzgamos que tal seseo
se manifestaba como peculiaridad sevillana58. La historia de los
judíos sevillanos del siglo XV es una angustiada desazón de
persecuciones, dispersiones y delaciones basta con leer la Historia
de Amador de los Ríos. En la peregrinación los judíos sevillanos
llevarían la norma de su ciudad. No deja de ser significativo que
Yosef Ha-Kohen, en su dramático libro 'Emeq ha-bakha59 se refiera
-precisamente- a Sevilla:
En el año de 5245, que es el de 148560, Fernando e Isabel, reyes de
España, desterraron a los judíos de la gran ciudad de Sevilla, y de
todo el país de Andalucía y se fueron a otras tierras, hasta hoy.
8.1.2. Siete años antes del descubrimiento, hubo un desplazamiento
de judíos sevillanos y andaluces que hablaban -con las diferencias
de léxico exigidas por la religión61 -como sus otros convecinos. El
proceso fonético de la desafricación de y [ŝ] estaba en marcha por
cuanto se documentaba ya en 144562; los judíos no se zafarían al
hecho común. Por otra parte, otras comunidades -catalana,
portuguesa- seseaban al encontrarse en la diáspora, con lo que la
nivelación estaría presionada en judeo-español no sólo por razones
de nivelación interna (digamos de las comunidades de hablas
castellanas), sino externas (seseo catalán y portugués)63. La
confluencia de gentes de regiones distintas en la misma ciudad de
Marruecos o de los Balcanes es un hecho harto sabido64, como lo es
que los judíos expulsados intentaran agruparse en sinagogas
regionales, por más que la independencia no siempre fuera posible65.
Bástennos unas palabras de M. L. Wagner:
« Se distinguieron entre sí los judíos procedentes de Castilla, de
Andalucía, de Aragón, de Cataluña, de Portugal, y hasta hoy día
muchas familias sefardíes recuerdan aún su procedencia. Más tarde la
lengua tendió a unificarse por el continuo trato entre sí de los
sefardíes de distinta procedencia, y esta unificación se realizó
sobre todo en las grandes ciudades, donde antes se hablarían de
seguro distintos dialectos.»
Caracteres, ya cit., p. 15.
PROPORCIÓN DE S Y Z EN CASTELLANO
9. Seseo en América, en
Canarias y en judeo-español como resultado de una nivelación. Los no
andaluces limitan el adelantamiento articulatorio e identifican su
ese apical con la predorsal; es decir articulaciones que -en
definitiva- suenan ese y no ce. Pero es que en el sistema
fononológico del español la ce es consonante mucho menos empleada
que la ese. Navarro Tomás escribe taxativamente:
«Antes que las vocales i, u, y que ninguna otra consonante, figura
la s con proporción media de 8.50. Se suman por partes
aproximadamente iguales en la indicada cifra de la s inicial de
sílaba y la final».
Fonología española, Syracuse, 1946, p. 18.
Frente a ella la ce castellana no es sino un 2.2367. Incluso, para
unos hablantes no andaluces, el «ceceo» de carácter seseante no
sería sino una extensión de su ese, numéricamente muy frecuente, a
costa de una articulación de timbre semejante, pero mucho menos
usada.
CONCLUSIONES
10. Al resumir lo que acabo de exponer, mi postura acepta y se ayuda
de investigaciones anteriores; matiza otras y aduce alguna nueva
consideración. Tengo que hacerme cargo de todo ello para que mis
ideas tengan la coherencia necesaria.
1. La aparición del seseo exige, como es sabido, la
desoclusivización de /z/ y /ç/, fenómeno anterior a la conquista de
Canarias y al descubrimiento de América.
2. El ensordecimiento de s [z] y ss [s] es posterior al fenómeno
recién aducido por cuanto desaparecido en todos los dialectos
hispánicos (con excepción del chinato), aún se conserva con
vitalidad en judeo-español68.
3. La pérdida de la oclusión de z y ç hizo que surgiera una
sibilante fricativa predorsal distinta de la s castellana (apical).
Fonéticamente, esta s predorsal tiene dos acercamientos hacia los
dientes: uno en los alvéolos, otro en la cara interna de los
dientes. Si domina el primero, la articulación se estabiliza en /s/;
si el segundo, en /q/ posdental.
4. El fenómeno recién transcrito muestra la indiferenciación
fonológica de lo que se llama seseo (realización con timbre seseante)
y ceceo (realización ciceante) por cuanto no son sino variantes de
un fenómeno (neutralización de las sibilantes) al que los antiguos
conocían por «ceceo».
5. Desde un punto de vista sociológico, la /s/ se aceptaba y era
tenida como muestra de gracia o remilgamiento femenino; en tanto la
/q/ se consideraba como «habla gorda o gruesa». Y esto en la época
misma en que el sistema andaluz se debatía por elegir una de las
variantes combinatorias (valga el testimonio de Bernal Díaz del
Castillo). Por eso el seseo fue fenómeno urbano y no rural.
6. Las dos eses, de articulación harto próxima se neutralizaron en
un sonido único: /s/ predorsal, que ha sufrido diversos
desplazamientos articulatorios, pero sin hacerle perder su propio
carácter.
7. Esta /s/ predorsal, inestable en un principio, no como fonema,
sino como realización, era típicamente sevillana y en 1584 estaba
totalmente fijada en su timbre seseante.
8. El ceceo no creo que fuera general, pues, de serlo, no podría
-por un movimiento reversible y basado en una conciencia que no
existía- restituirse como seseo. Si acaso, el seseo se anticipó y el
ceceo -al menos los brotes que se encuentran en las zonas seseantes-
es posterior.
9. El «ceceo» -sin estabilizarse como timbre seseante o ciceante
pasó a América- hecho que se confirma no sólo por la documentación
andaluza, sino porque se ha extendido por todo el Nuevo Mundo, tanto
en zonas montañosas como costeras, llegando a ser fenómeno general.
10. Este «ceceo» se realizó como de timbre siseante (lo que hoy
entendemos por seseo) por causas sociológicas: sabemos que los
fundadores de Bogotá debían ser seseantes, como lo eran todos los
estratos de la ciudad por 1550. Esto nos sitúa ante un fenómeno muy
rápido de nivelación lingüística.
11. Los pobladores andaluces en el llamado «período antillano»
(1493-1519) fueron -en los datos comprobados- un 39.7%, mientras que
los castellanos viejos, sus inmediatos seguidores se quedan con un
18%. Era lógico que la norma «ceceante», acreditada en Andalucía
desde muchos años atrás, pasara a las regiones que iban a ser
colonizadas, lo que va contra el carácter «autóctono» del seseo
americano69.
12. Lo que sí es autóctono es el proceso de nivelación: los cambios
geográficos que determina la emigración, pusieron en contacto gentes
que distinguían la s de unas africadas que no se habían
desoclusivizado; pero estos hombres -en contacto con el 40% de
andaluces al que me he referido- aceptan una s (distinta de la suya,
pero fonológicamente s) e impiden que la articulación todavía
inestable llegue a ce, que -en su sistema- era o caminaba hacia un
fonema distinto. La nivelación es el resultado de un aporte andaluz
(seseo) y otro no-andaluz (impedir el ceceo).
13. De Andalucía, el «ceceo» pasó a Canarias, donde se consolidó
como seseo por idéntico proceso de nivelación que -en algún momento-
pudo estar favorecido por los portugueses, tan abundantes en las
islas, y cuya lengua es seseante70.
14. Entre los judíos existió un seseo de cuya generalización no
tenemos sino el sistema de las grafías -permítaseme la extensión-
«aljamiadas». Aun no aceptando la extensión general del seseo por
zonas que oportunamente aduzco, ellas mismas me obligan a aceptar
-al menos- la pronunciación local de los judíos sevillanos. La
importancia y avatares de esta sociedad en el siglo XV nos es
conocida. La nivelación de la lengua de los sefardíes -cumplida en
todas partes- afectó, también, al fenómeno que nos ocupa, pues no
iba a quedar, sólo él, marginado en la historia del judeo-español. Y
menos aún de ser válida la generalización del seseo antes de la
diáspora.
MANUEL ALVAR -
Universidad Complutense de Madrid.
EL CECEO
El ceceo es un fenómeno
lingüístico de la lengua española, por el cual los fonemas
representados por las grafías "c" (ante "e" o "i"), "z" y "s" se
vuelven equivalentes, asimilándose a la consonante fricativa dental
sorda [θ]. Es una de las características de la modalidad lingüística
andaluza. Tal fenómeno se da principalmente en las zonas costeras de
Andalucía, como algunas zonas de la provincia de Cádiz,
especialmente las localidades gaditanas de San Fernando, Algeciras,
La Línea de la Concepción y otras poblaciones donde no se ha
alcanzado un crecimiento demográfico alto. En ciudades que han
experimentado un mayor crecimiento poblacional, el ceceo ha ido
desapareciendo. La mayor parte de Málaga (excepto la zona de
Antequera), la mitad sur de las provincias de Huelva, Sevilla y
Granada y la zona del poniente almeriense. Además hay algunos
núcleos de población ceceantes en Jaén, Sevilla y Córdoba.
Históricamente el ceceo ha tenido mucha peor aceptación social que
el seseo de la América hispana (pese a que en Andalucía el ceceo ha
tenido históricamente un uso bastante mayor que el seseo y una
extensión mayor que la actual). Antaño los hablantes cultos de las
zonas de ceceo cambiaban esa articulación por la seseante, imitando
el habla prestigiosa de las Américas. Precisamente en Sevilla se
habla mayoritariamente con seseo por su relación con las Américas
durante la colonización. Dicho esto, en la actualidad observamos que
el ceceo andaluz tiende, en algunos casos, a sustituirse por la
distinción de la [θ], para las grafías "c" (ante "e" o "i") y "z", y
la consonante fricativa alveolar sorda [s] para la grafía "s", como
en la fonética castellana, difundida por los medios de comunicación
y la escuela. Actualmente la pronunciación ceceante está mejor
valorada entre los hablantes que la practican y la consideración
social del fenómeno ha perdido, normalmente, el estigma que padecía
frente al seseo o la distinción. De hecho, puede afirmarse que en la
actualidad el seseo sevillano o cordobés ha disminuido de modo que
los ceceantes no ven necesidad de renunciar al ceceo y sólo
manifiestan un cambio hacia la distinción o el seseo ocasionalmente,
en contextos conversacionales en los que algún interlocutor sea no
ceceante.
Por el vacío bibliográfico existente en torno al ceceo, muchas
personas creen que este fenómeno es exclusivamente andaluz. Esta
creencia no es totalmente correcta; el ceceo existe y ha existido
siempre como rasgo dialectal o ideolectal en América latina. Pese a
no disponer de datos concretos podemos afirmar que el ceceo convive,
en mayor o menor medida, en todas aquellas regiones donde la /s/
tiene una articulación predorsal, es decir, aquellas zonas de
Hispanoamérica en donde el fonema /s/ se articula con la punta de la
lengua apoyada en la cara posterior de los dientes inferiores. Como
decimos, este ceceo puede presentarse de forma ideolectal (como
rasgo personal) en cualquier región de la lengua española y es
considerado un defecto del habla (basándose en causas
extralingüisticas). Dicho esto, existen diversas noticias
dialectales que señalan áreas de ceceo en Puerto Rico, El Salvador,
Nicaragua, Honduras, Venezuela, Colombia, Perú, Chile y Argentina.
No obstante el ceceo hispanoaméricano se presenta de modo más
irregular y aislado que en el andaluz, donde el fenómeno es uniforme
desde Ayamonte (frente a la frontera portuguesa) hasta Roquetas de
Mar ( Almería) y sobrepasa con toda probabilidad los tres millones
de hablantes, por lo que la articulación ceceante suele asociarse,
con propiedad, al español de Andalucía.
EL SESEO
El seseo es un fenómeno
lingüístico de la lengua española y de la lengua gallega, por el
cual los fonemas representados por las grafías "c" (ante "e" o "i"),
"z" y "s" se vuelven equivalentes, asimilándose a la consonante
fricativa alveolar sorda [s]. Este fenómeno, presente en la enorme
mayoría de las variantes del idioma español, no aparece sin embargo
en el dialecto tradicionalmente considerado la referencia
lingüística principal, el dialecto castellano —la denominada
modalidad norteña del idioma español—, en que la "c suave" y la "z"
tienen el valor de la consonante fricativa dental sorda [θ].
La mayoría de los dialectos americanos del castellano son seseantes;
en España, el fenómeno aparece como solución mayoritaria en la zona
central de Andalucía (donde se originó el fenómeno) y las islas
Canarias. En Canarias el seseo es general a todo el archipiélago. En
Andalucía la zona fundamentalmente seseante comprende, por
provincias:
-
En Huelva: el
Andévalo.
-
En Cádiz: La ciudad
de Cádiz y otras muchas ciudades del entorno son seseantes.
-
En Sevilla: la
ciudad de Sevilla, la sierra norte y la zona de Estepa.
-
En Córdoba: todo el
centro y sur de la provincia (zona de la campiña y del valle del
Guadalquivir), incluida la capital.
-
En Málaga: la zona
de Antequera.
-
En Jaén: zonas del
valle del Guadalquivir, poblaciones fronterizas con Córdoba,
algunas poblaciones aisladas más al este y Alcalá la Real.
-
En Granada: zona
del extremo occidental, Montefrío y Algarinejo. Zonas aisladas
más al oriente.
-
En Almería: casi
desaparecido como solución mayoritaria, existe no obstante como
tal en algún núcleo de población.
También se da un seseo como sustrato del catalán en amplias
zonas de la Comunidad Valenciana, ya que la lengua castellana ha
sustituido a la valenciana pero queda, de esta última, tanto
vocabulario específico como la característica del seseo,
resultado de la inexistencia del fonema [θ] en la lengua
catalana.
Existe asimismo seseo entre las generaciones gallegohablantes de
edad más avanzada al hablar castellano por influencia directa de
pronunciaciones dialectales del gallego. Se da este fenómeno, a
grandes rasgos, en la parte más occidental del territorio gallego El
mapa corresponde al seseo en lengua gallega, pero se puede aplicar
también al seseo en castellano, aunque en claro retroceso.
Actualmente, la presión de la fonética castellana, adoptada
mayoritariamente por los medios de comunicación (incluso en
Andalucía), está causando una regresión histórica del seseo en
España. No obstante, en el caso de los seseos andaluz y canario, tal
fenómeno goza de una extensión absolutamente dominante en sus
respectivas zonas (en el caso del andaluz, en la Andalucía seseante),
por lo que la posible regresión, en el caso de producirse, no
afectaría de forma sustancial el carácter seseante de lo hablado en
dichas zonas. En el resto del mundo hispano la característica es la
contraria, ya que no se pronuncia el fonema [θ] en ninguna variable
estándar (existen no obstante numerosos casos de población ceceante
en distintos puntos de Hispanoamérica).
ORIGEN
DEL SESEO
Las razones del seseo
se remontan a los diferentes cursos evolutivos que siguió el
complejo sistema de sibilantes que poseía el español anterior al
siglo XVII, y que se modificó de distintas maneras en las regiones
norte y sur de España. En ese entonces, se empleaba una distinción
entre cuatro fonemas que podemos resumir del modo siguiente:
Ver gráfico en
Wikipedia
Hacia fines del siglo XVI, este sistema experimentó un primer cambio,
por el cual las africadas [ts] y [dz] perdieron la plosión inicial
para transformarse en las correspondientes fricativas [ş] y [ý]; sin
embargo, el sistema resultante era inestable, al ser la similitud
fonética entre los dos pares de sonidos demasiado marcada como para
hacer depender de su diferenciación los criterios fonológicos.
La evolución que siguió a partir de este punto difirió en las
regiones norte y sur de la península. En la zona de Castilla las
consonantes sonoras desaparecieron, dejando sólo las sordas [ş] y
[s]; la distinción entre éstas se subrayó a través del
adelantamiento de la posición del ápice de la lengua en [ş], que de
dento-alveolar se transformó en la dental [θ], perdiendo en el
proceso la sibilancia.
Ver gráfico en
Wikipedia
Como efecto colateral,
el proceso que distanció ambas sibilantes afectó también a la
consonante fricativa palatal sorda [∫], que correspondía a las
grafías de "x", "g" y "j"; para distinguirla claramente de /s/, a la
que se aproxima mucho en su forma de articulación, la consonante se
desplazó hacia atrás, dando la consonante fricativa velar sorda [x].
La diferencia en la pronunciación de la "j", que en muchos dialectos
americanos sigue realizándose como [ç], es otro de los rasgos que
los separa del dialecto castellano.
En la zona de Andalucía, la distinción entre consonantes
dento-alveolares y apico-alveolares desapareció antes de que el
proceso de ensordecimiento eliminara las consonantes sonoras; de
hecho, según Ralph Penny[1], el andaluz nunca llegaría a oponerlas.
Como resultado, la diferencia entre /s/ y /θ/ no tuvo ocasión de
desarrollarse, y efectivamente el dialecto andaluz asimiló todas las
grafías a un único fonema. La realización concreta de este último
varió de acuerdo a las zonas; la pronunciación que llegó a América
era la [s], común a otros idiomas, pero en algunas regiones se
conservó la dento-alveolar [ş]. Esta última se distingue de la /θ/
castellana por ser sibilante, y de la /s/ seseante por la posición
más alta de la punta de la lengua, y es casi exclusiva del dialecto
andaluz entre las lenguas de Europa.
El predominio de los nativos de las tierras del sur peninsular entre
los colonizadores del Nuevo Mundo llevaron a la mayor difusión de la
pronunciación andaluza en éste, salvo en los centros administrativos
de Lima y de México, en los que la presencia
más o menos constante de personajes de importancia nacidos en la
península conservó la distinción entre /s/ y /θ/ entre las clases
superiores durante un tiempo. El sonido [θ] sobrevive en el dialecto
de Cuzco (Perú) aunque sólo sea en los números "doce" y "trece.
BIBLIOGRAFÍA
-
Zamora Vicente,
Alonso, Dialectología española, segunda
edición muy aumentada, Ed. Gredos, 1967 (6ª
reimpresión, 1996).
-
Alvar, Manuel
(director), Manual de dialectología hispánica.
El español de España, Ed. Ariel, 1999.
-
Alvar, Manuel
(ed.) (1996), Manual de dialectología
hispánica: el español de América, Barcelona:
Ariel.
ISBN
84-344-8218-
|