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Los libros son, entre mis consejeros, los
que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden
decirme lo que debo hacer.
Alfonso V el Magnánimo
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Poesía es la unión de dos
palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman
algo así como un misterio.
Federico García Lorca
PLANTEAMIENTOS
METODOLÓGICOS
La traducción se ejerce sobre textos escritos en una lengua
(original o de partida) que el traductor debe trasladar a otra
lengua (terminal o de llegada). La interpretación procede de forma
similar pero con la diferencia de que se ejerce sobre la lengua
hablada. Esta definición tan general no las convierte por ello en
actividades sin matices.
La tipología de la traducción es objeto de serios y variados
estudios que van desde la especificidad de las materias sobre las
que se aplica (traducción literaria, científico-técnica, jurídica) a
la finalidad y soporte del texto traducido: libro, revista o
periódico, texto informativo, subtítulos y guiones de cine y
televisión, carta o documento destinado a ser transformado infinidad
de veces hasta su redacción final, etcétera. En el caso de la
interpretación su diferenciación está sujeta, entre otras cosas a
las circunstancias y condiciones en que se realiza (simultánea,
consecutiva, susurrada), pero desde el punto de vista profesional,
lo que caracteriza y define a ambas son sus ámbitos de aplicación.
Dichos ámbitos, así como la proyección social y cultural de la
traducción y la interpretación (número de traductores e intérpretes,
instituciones que los forman, tutelan o representan, mercado laboral)
es lo que tendremos en cuenta a lo largo de este trabajo que, sin
desdeñar el análisis teórico del hecho traductivo, lo que pretende
es acercarse a su realidad para ayudar a comprender mejor cómo se
articula esta última y cuáles son sus características, sus
diferencias y sus puntos de contacto.
De todos modos no parece inútil recordar brevemente algunos de los
rasgos que caracterizan a la traducción, entendida como hecho
lingüístico, y que la convierten en un factor primordial a la hora
de analizar la imagen de una cultura, su peso político y su
desarrollo social. Para empezar, la traducción es una condición
indispensable para que se produzca el intercambio cultural, en el
sentido más amplio, entre países que hablan lenguas diferentes y
desconocidas entre si. No es sino el deseo de saber lo que piensan,
dicen y hacen los «otros» —y viceversa— lo que ha animado, desde la
noche de los tiempos, a comerciantes, eruditos o políticos de todas
las lenguas y nacionalidades a recurrir a la traducción y a la
interpretación.
Tampoco es un secreto que algunas de las ideas que caracterizan a
determinadas culturas son muchas veces producto de una reflexión
inducida por la vía indirecta de la traducción, que ha ido
modificando su primitiva formulación hasta volverla irreconocible e
inespecífica, convirtiéndola, en virtud de esa compleja alquimia, en
patrimonio de la humanidad. Se trata, según la expresión acuñada por
el profesor García Yebra de la «traducción implícita» que
realizamos todos cuando elaboramos un texto o un discurso hablado,
manejando conceptos e ideas adquiridos directa, o indirectamente de
otras lenguas.
La traducción se nos muestra como una actividad compleja y altamente
cualificada que, para su mejor cumplimiento, requiere un gran número
de conocimientos y de experiencias, ya que no consiste sólo en
realizar un trasvase de lexemas adecuándolos a un campo sintáctico
determinado, sino que se trata de una verdadera «transculturación».
Tiene además una función metafórica y metabólica: es una suerte de
alquimia donde se produce un mestizaje entre la lengua y el mundo
del emisor original del mensaje, y la lengua y el mundo del
traductor, y esto es válido para sus dos variantes, la escrita y la
hablada que aunque cumplen, como ya he dicho, idéntica función de
vasos comunicantes lo hacen según unos procedimientos y unas
características muy diferentes.
La traducción es, además, uno de los parámetros para medir la
importancia de una lengua de forma que, generalmente, cuanto
mayor es su importancia (y el número de hablantes no es un criterio
suficiente para calibrarla), menor suele ser el número de
traducciones que se realizan hacia ella y mayor el de las
traducciones realizadas desde ella. Los estudios y encuestas sobre
la traducción entre países europeos demuestran que el
portugués, el italiano y el español son los idiomas a los que más se
traduce, mientras que en francés y en inglés, en particular en el
Reino Unido, donde el número de publicaciones es el más elevado de
Europa, la actividad traductora es muy escasa.
Pero hay excepciones imputables a diferentes causas —algunas
estructurales y otras coyunturales— como ocurre con algunas lenguas
que tienen en determinados ámbitos (literarios, políticos o
científicos) una importancia crucial: lenguas clásicas —latín y
griego—, lenguas semíticas, lenguas orientales, las lenguas eslavas
y otras llamadas de «difusión limitada».
Hay otros factores que han aparecido en cierta forma recientemente y
que pueden modificar, en sentidos muy diferentes, aunque muchas
veces convergentes, la frecuencia o la necesidad de la traducción.
Me refiero al plurilingüismo como práctica habitual. Parecería que,
en principio, sólo necesitan acceder a la traducción aquellos que
desconocen la lengua de la que se traduce, por tanto cuanto mayor
sea el número de lenguas que se hablan o estudian en un país, menor
será también el recurso a lo que Steiner llama, no sin soberbia, «la
humillante confianza de la traducción».
Aunque esto es verdad para cierto tipo de traducciones y en
particular para algunas lenguas internacionales como, por ejemplo,
el inglés el plurilingüismo tiene, en contrapartida, un factor
positivo para el incremento de la traducción pues al aumentar el
número de personas que conocen más de una lengua, aumenta también el
de personas que pueden llevar a cabo una actividad cuyas
aplicaciones prácticas ofrecen un variopinto mosaico de
posibilidades alentadas, además, por el incremento de las relaciones
internacionales y por la introducción de nuevos y revolucionarios
métodos de trabajo y de comunicación.
Por otra parte hay que entender que el respeto a la realidad
multilingüe del mundo —que en la Unión Europea es doctrina— se
ejerce en doble dirección, lo que implica inevitablemente pasar por
la traducción pues si expresarse en la lengua propia es un derecho
inalienable no lo es menos entender en la lengua de uno lo que dicen
los demás en la suya de forma que todos estos factores, unidos a los
progresos realizados en la enseñanza de idiomas y a la vertiginosa
multiplicación de la información a través de los nuevos cauces de
comunicación (me refiero al así llamado «ciberespacio»), no puede
sino redundar en beneficio de la traducción haciendo menos
humillante, y cada vez más necesaria, su confianza en ella como
garantía de la multiplicidad y la diversidad lingüísticas.
Otro aspecto de la máxima importancia que no se puede ignorar a la
hora de analizar la trascendencia de la actividad traductora y la
necesidad de ocuparse seriamente de ella: si al tiempo que hace
falta para llevar a cabo la difusión de las ideas y del saber dentro
del mismo ámbito lingüístico donde se producen tales ideas (y no
está claro que la velocidad con que ahora se puede conseguir tal
difusión influya en la de su asimilación) añadimos el tiempo que se
necesita para traducirlas y difundirlas en otras lenguas podremos
calibrar la importancia, complejidad y dinamismo de la traducción en
la actualidad: se trata de una actividad plural, que se realiza en
doble dirección y cuya rapidez, eficacia y calidad son de una
importancia crucial para el mejor entendimiento y el cabal
desarrollo de los individuos.
También es una actividad ante la que ninguna institución ni persona
interesadas en la salud de la lengua pueden permanecer indiferentes
pues los traductores, además de ser, como decía Kundera «los
modestos constructores de Europa», tienen, por la naturaleza misma
de su función, una influencia en la formación y el enriquecimiento
de la lengua que ha sido fundamental para el nacimiento de buen
número de lenguas nacionales. Hace ya tiempo que todos sabemos que
el valor normativo de la traducción y su repercusión en la lengua,
tanto hablada como escrita, es inmenso (doblaje, subtitulado, prensa,
publicidad, etcétera) y que la responsabilidad de los traductores y
de los intérpretes no termina —o al menos no debería de hacerlo— en
el momento en que han finalizado su cometido. Si hiciera falta
encontrar más argumentos para avalar su trascendencia formativa,
bastaría con recordar que en el sector editorial el mayor número de
traducciones lo son de literatura infantil y juvenil.
Sobre el presente trabajo
El valor de este estudio es puramente instrumental. Está, por lo
tanto, sujeto a revisiones y actualizaciones. Partiendo de mi
trabajo anterior [9], y de acuerdo con los criterios del Anuario del
que forma parte, he pretendido condensar en él los datos actuales
sobre la traducción e interpretación referidos en su mayor parte al
español y a su proyección internacional, distribuyéndolos en tres
apartados —profesión, instituciones y formación— para terminar con
un apartado dedicado a las propuestas de actuación y un apéndice de
datos.
Mis fuentes se basan principalmente en mi propia experiencia como
traductora y como editora, pero sobre todo en mi experiencia
personal en el terreno asociativo, que me ha puesto en contacto de
manera privilegiada con la realidad profesional, así como en los
datos aportados por otras personas e instituciones a las que cito
cuando corresponde. Este estudio viene a sumarse al esfuerzo de
otros empeños similares emprendidos durante estos últimos años desde
diferentes sectores tanto públicos como privados. En nuestro país
muchos de estos trabajos proceden del ámbito universitario, como el
repertorio de traducciones llevado a cabo por el profesor Julio
César Santoyo desde la Universidad de León y otros proyectos
universitarios que mencionaré en el apartado dedicado a la enseñanza
de la traducción y la interpretación.
Por su parte, las asociaciones profesionales, además de los
correspondientes censos y otros repertorios , han dado a la luz
recientemente algunos estudios de tipo sociológico con la intención
de estudiar el perfil del traductor y su incidencia en el mundo
laboral, en particular en su calidad de autores, es decir referido
fundamentalmente a la práctica editorial . Todos ellos, así como
otras publicaciones similares (repertorios, guías, anuarios,
informes) que están proliferando en otros países contribuyen
no sólo a saber cuánto, cómo y en que circunstancias se traduce,
sino a localizar los focos donde incide la actividad traductora y a
conocer mejor sus canales de acceso, aprendizaje y salidas
profesionales, con el fin de mejorar sus prestaciones y su
incidencia en el estado de la lengua.
ANÁLISIS DEL SECTOR
Las salidas profesionales
Hasta hace no mucho en España el mercado de la traducción y la
interpretación estaba relegado a la iniciativa privada, basada en
las relaciones más o menos directas entre usuarios y traductores,
pero hace ya unos años que esto no es así debido a una serie de
factores sobradamente conocidos entre los que destacaré, por su
mayor incidencia en el hecho traductivo, la intensificación de las
relaciones internacionales, políticas e industriales, con la
consiguiente proliferación de congresos y simposios, el turismo, que
ha dejado de ser estacional, la oficialización del multilingüismo,
tanto dentro de nuestro país como en la Unión Europea, la
recuperación del sector editorial, todo ello apoyado por el
consabido incremento en la transmisión e informatización de datos.
Estas premisas han influido de forma espectacular en el cambio
experimentado durante esta última década y han conducido a un
aumento en la demanda de traductores e intérpretes, lo que implica
también una mayor profesionalización así como la necesidad de una
formación más específica y continuada.
En este apartado me voy a centrar en la práctica profesional y en el
mercado que la canaliza, tal y como está configurado en la
actualidad y que ha dejado muy lejos ya las divisiones tradicionales
Dicho mercado se reparte principalmente en dos grandes sectores. Uno
que podríamos llamar sector público o institucional (ministerios y
organismos dependientes de las Administraciones públicas, organismos
internacionales y organizaciones no gubernamentales, así como bancos
y determinadas empresas) y otro que se desarrolla dentro del sector
privado (traductores e intérpretes independientes, agencias de
traducción e interpretación, sector editorial).
Si hago esta distinción no es porque considere que los problemas
técnicos a los que se enfrentan los traductores e intérpretes que
trabajan para ambos sectores sean distintos, sino porque los
planteamientos sociales y laborales de su trabajo son radicalmente
diferentes. Los traductores del sector público son trabajadores
fijos, sujetos a horarios y a condiciones laborales comunes a otros
trabajadores y practican modalidades de traducción altamente
especializadas, generalmente de tipo jurídico, económico y
científico-técnico, mientras que los traductores del sector privado
(excepto los de algunas empresas con plantilla fija) son traductores
independientes, que trabajan en su propio domicilio y para todo tipo
de usuarios (en particular para las agencias de traducción y el
sector editorial) y que, en principio, practican todas las
modalidades de traducción e interpretación.
La traducción en el sector público e institucional
En este capítulo están incluidos las traducciones y los traductores
que trabajan en los organismos, empresas e instituciones nacionales
e internacionales, tanto públicas como privadas. Desde que España y
el español han cobrado mayor protagonismo en el plano internacional,
sobre todo desde que nuestro país se adhirió al espacio común
europeo, se ha generado una oferta sumamente interesante de puestos
de trabajo para traductores e intérpretes. La alta cualificación
exigida para acceder a ellos está influyendo de manera notable en la
formación académica de los traductores, en particular en lo que se
refiere a la traducción jurídica y a la traducción
científico-técnica que están empezando a robar así su prestigio a la
traducción literaria.
Por otra parte, las transformaciones sociales que se avecinan
(convivencia multicultural derivada de la libertad de
establecimiento, etcétera) así como muchos otros factores de tipo
jurídico y político, también afectan directamente a la actividad
traductora, tanto en el seno de dichas instituciones como dentro de
cada Estado miembro [14]. Esta influencia ya se está percibiendo en
nuestro país donde cada vez son más numerosas las empresas que
tienen departamentos de traducción y aunque no resulta fácil conocer
su número exacto ya es bastante frecuente encontrar anuncios en la
prensa de asesorías jurídicas, consultoras financieras, empresas de
informática, laboratorios, empresas de Investigación y Desarrollo,
etcétera, que solicitan traductores altamente cualificados para
incorporarse a ellas.
La traducción y la interpretación al español en los organismos
internacionales
Los organismos internacionales, integrados por un conjunto
heterogéneo de naciones plurilingües, llevan a cabo una labor de
interpretación y traducción sistemática y organizada de los
documentos producidos a raíz de las deliberaciones, reuniones y
conferencias que se realizan entre ese abigarrado conjunto de
naciones. En consecuencia, dichos organismos disponen de unos
servicios de traducción e interpretación independientes y
sólidamente estructurados que trabajan según unas normas muy
elaboradas y que constituyen, por el elevado nivel retributivo de
sus funcionarios, una de las salidas más ambicionadas por los
traductores e intérpretes.
Pero su contribución a la bolsa de trabajo de la traducción no se
limita, como veremos, al reclutamiento de dichos funcionarios ya que
el volumen de trabajo exige la contratación de servicios en el
exterior. En los organismos internacionales hay cierto número de
lenguas oficiales y todas ellas gozan, en principio, de la misma
consideración. Ahora bien, una cosa es la consideración jurídica
—que efectivamente existe— y otra muy diferente su aplicación real.
El análisis de esta desigualdad funcional entre las así llamadas
lenguas oficiales es sumamente indicativo del peso de cada una de
ellas y de su consideración en el mundo, que no es sino el reflejo
de la que gozan sus respectivos países.
Al hablar de organismos internacionales me refiero a las
instituciones de la Organización de las Naciones Unidas, ONU (seis
lenguas oficiales: francés, inglés, español, árabe, chino y ruso, de
las que sólo dos: el inglés y el francés, son lenguas oficiales o de
trabajo) y a lo que antes se conocía como Comunidad Europea y ahora,
después del Tratado de Maastrich, Unión Europea.
La diferencia entre ellas estriba en el hecho de que la ONU es
realmente una organización internacional, mientras que la UE es una
organización supranacional, matiz que condiciona fuertemente su
régimen lingüístico, basado en el principio del respeto al
multilingüismo, verdadero baluarte de la libertad de los pueblos que
componen la Unión y que a su vez reposa en el idioma, entendido como
una de las principales señas de identidad de dichos pueblos. La
exhaustividad de los datos que existen sobre la traducción y la
interpretación en las instituciones de la Unión Europa me permiten
extenderme en el análisis de su estructuración.
El régimen lingüístico por el que se rigen está formulado en el
Reglamento n.º 1 de 15 de abril de 1958 que desarrolla el artículo
217 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea de 27 de marzo
de 1957, conocido como Tratado de Roma por el cual todas las lenguas
oficiales de los Estados miembros son, a su vez, lenguas oficiales y
de trabajo (con excepción del luxemburgués, declarada lengua oficial
de Luxemburgo en 1984 y la peculiaridad del irlandés, lengua que
tiene otro estatuto lingüístico y en la que sólo se publica el
derecho primario.
También el catalán y el gallego tienen un tratamiento especial) y,
por lo tanto, hay que redactar en ellas todos los Reglamentos, el
Diario Oficial de las Comunidades Europeas y demás textos de alcance
general, de manera que cualquier versión, en cualquier idioma, es
igualmente válida a todos los efectos. Además, en el ya citado
Reglamento n.º 1 se dice que, «Por lo que respecta a los Estados
miembros donde existan varias lenguas oficiales, el uso de una
lengua se regirá, a petición del Estado interesado, por las normas
generales de la legislación de dicho Estado», y así, por ejemplo en
España, las diferentes lenguas oficiales pueden ser utilizadas a
elección del emisor.
A su vez, los textos remitidos por las instituciones de la Unión a
los Estados miembros o personas dependientes de su jurisdicción
deben estar redactados en la lengua de dicho Estado y si se trata de
un país que no pertenece a la UE se utilizará la lengua con la que
se le considera más relacionado, por ejemplo el español en el caso
de los países hispanohablantes. Aunque no existe ninguna normativa
al respecto, en el procedimiento decisorio de las instituciones de
la Unión, y sin perjuicio de la oficialidad ya citada de las once
lenguas que existen en la actualidad, hay dos categorías de lenguas:
las llamadas «lenguas vehiculares», que son las verdaderas
protagonistas, en las que se redactan los documentos y a las que se
traducen todos los documentos previos, y las llamadas «lenguas
traducidas» que son todas las demás y a las que sólo se traduce
según la demanda, además de las traducciones obligatorias.
En principio todas las lenguas pueden ser vehiculares, pero las
principales son el francés y el inglés y recientemente, aunque
todavía en menor medida, el alemán. En lo que se refiere a la
presencia del español, a pesar de que su peso en Europa es muy
pequeño, el hecho de que se trate de una lengua internacional cuya
importancia va en aumento también se refleja de manera indirecta
pero eficaz en su presencia en las instituciones de la Unión
Europea.
Por ejemplo, la supremacía cada vez mayor del alemán como lengua
vehicular tiene, de rechazo, una importante y beneficiosa
repercusión sobre el español, pues la mayoría de los candidatos a
los puestos de traductores de lengua alemana tienen como segunda
lengua, después del inglés, el español en detrimento, por supuesto,
del francés. Es de suponer que cuando se produzca la inevitable
incorporación de los países del Este, el español también se verá
reforzado por la sencilla razón de que en dichos países el
aprendizaje del español ha conocido, a través de Cuba, un gran auge.
Cada institución tiene un servicio de traducción independiente, con
su propio régimen lingüístico, en el que las diferentes lenguas
oficiales también tienen, en la práctica, diferentes jerarquías, lo
que se explica por el contenido de las respectivas funciones. En el
conjunto de todas ellas, el español ocupa un quinto lugar como
lengua de destino y un lugar casi insignificante como lengua de
partida. Vale la pena analizarlas una por una, para comprender, a la
luz de sus objetivos, la utilización de sus recursos lingüísticos.
— Comisión Europea. Es la mayor de todas las instituciones de la
Unión, tiene unos 14 000 funcionarios. Tiene sedes en Bruselas y
Luxemburgo. Su servicio de traducción se compone de 1.200
traductores de las 11 lenguas oficiales, de los cuales 120 son
españoles. En dicho servicio se traducen alrededor de un millón de
páginas anuales exclusivamente hacia la lengua materna o lengua
principal, como ellos mismos dicen para no ofender a las minorías
lingüísticas bilingües.
Las 11 lenguas son oficiales y de trabajo pero las principales
lenguas vehiculares son el francés y el inglés, lo que les convierte
no sólo en los idiomas más utilizados en la redacción de los textos
originales, sino también en los más traducidos en uno y otro
sentido. Como hemos dicho, la situación del alemán es algo
particular porque, a pesar de que son pocos los textos redactados en
esta lengua, la versión alemana es necesaria en todas las fases de
discusión interna de las propuestas legislativas de forma que cuando
se reúnen las veinte Comisarías no empiezan a trabajar hasta que no
se dispone de la versión alemana.
Es tal la lucha por la hegemonía lingüística interna que los
italianos, cuyo peso político en la UE no es nada desdeñable, no han
descansado hasta conseguir —esta vez en el terreno de la
interpretación— que en las reuniones oficiales de la Comisión,
además de en inglés, francés y alemán, se hable también en italiano.
—Consejo de la Unión Europea (Consejo de Ministros). Cuenta con unos
2.500 funcionarios y tiene su sede en Bruselas. Su división de
traducción tiene unos 400 traductores de las 11 lenguas. Es uno de
los pocos reductos internacionales de predominio del francés de
manera que a los candidatos a traductores se les exige el
conocimiento de dicha lengua.
—Parlamento Europeo. Tiene sedes en Luxemburgo y Estrasburgo, aunque
las comisiones parlamentarias trabajan principalmente en Bruselas.
La plantilla está formada por unos 3.200 puestos permanentes y unos
500 contratados. Su división de traducción cuenta con unos 400
forman traductores que traducen de y hacia todas las lenguas siendo
la institución más auténticamente multilingüe.
—Comité Económico y Social y Comité de las Regiones. Tiene su sede
en Bruselas. Funcionan con una infraestructura común, con unos 600
puestos en plantilla. Su servicio lingüístico cuenta con unos 150
traductores.
—Tribunal de Justicia. Su sede está en Luxemburgo, con 750 puestos
permanentes y 87 temporales entre los cuales hay 250 traductores de
todas las lenguas todos ellos licenciados en derecho. Existen además
otros organismos como la Agencia Europea del Medio Ambiente,
Europol, Banco Central Europeo, Oficina de Patentes, Observatorio
Europeo cuyo servicio de traducción central, con sede en Luxemburgo,
se está creando en la actualidad.
En cuanto a la interpretación en las Instituciones de la Unión
Europea, me voy a referir a la del Servicio Común
Interpretación-Conferencias de la Comisión Europea, considerado como
el mayor servicio de interpretación del mundo pues emplea a una
media de setecientos intérpretes en las cerca de cincuenta reuniones
que celebran diariamente, tanto en Bruselas como en otros lugares,
las distintas instituciones: El Consejo de la Unión, la Comisión, el
Comité Económico y Social, el Comité de Regiones y el Banco Europeo
de Inversiones, así como los diferentes organismos europeos
establecidos en los Estados miembros.
Para acceder al puesto de funcionario intérprete, además de los
requisitos habituales, se requiere un profundo conocimiento de la
actualidad, en particular política y económica, dotes de
comunicación oral (expresarse en público con propiedad, soltura y
claridad) y excelentes conocimientos de al menos tres de los once
idiomas siguientes (incluyendo el materno): alemán, danés, español,
finés, francés, griego, inglés, italiano, neerlandés, portugués y
sueco. Es interesante destacar la combinación lingüística que se
exige a los candidatos de lengua española: tres de los otros diez
idiomas o bien francés o inglés más otro idioma oficial que no sean
el italiano ni el portugués o bien español e inglés más otro idioma
oficial que no sean el italiano ni el portugués.
Además de estos servicios lingüísticos fijos o de plantilla (cuerpo
de funcionarios lingüistas), se recurre también a la contratación
exterior, ampliando así la oferta al sector privado. La contratación
se realiza a través de las ofertas públicas [18] y pueden optar a
ellas los profesionales de todos los Estados miembros que cumplan
los requisitos exigidos.
Dentro de la traducción institucional hay que contar también con la
oferta generada por las Organizaciones No Gubernamentales (ONG),
algunas de las cuales [19] tienen en su nómina a centenares de
traductores que por el tenor de sus cometidos están continuamente
recibiendo y generando información en todos los idiomas, tanto en lo
que se refiere a documentos escritos como a congresos y coloquios.
La traducción en la Administración española
La situación en la Administración española es muy ambigua. En
principio sólo se reconoce oficialmente en materia de traducción e
interpretación la que se realiza en la Oficina de Interpretación de
Lenguas del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde existía un
Cuerpo de Interpretación de Lengua que ha sido sustituido en 1991
por el Cuerpo de Traductores e Intérpretes adscritos exclusivamente
a dicho Ministerio.
La existencia de este cuerpo oficial no implica que tenga el
monopolio de las traducciones que se realizan en los Ministerios y
otros organismos oficiales, pues desde hace ya mucho tiempo, en
particular desde que, por los años ochenta se empezaron a contratar
traductores que procedían generalmente de la traducción literaria y
de la traducción independiente para traducir el derecho derivado al
español (requisito indispensable para la Adhesión), los demás
Ministerios y organismos dependientes de las administraciones
públicas han ido cubriendo su necesidad, cada vez más creciente, de
traductores, bien con funcionarios procedentes de otros cuerpos y
capacitados lingüísticamente, bien contratando personal laboral en
oferta de empleo público.
A pesar de que en dichas ofertas los traductores e intérpretes
figuran en el Grupo A, hay un desajuste en la aplicación de las
respectivas categorías que afecta a gran número de contratados
laborales de los diferentes organismos públicos y que es un síntoma
más de la indefinición e indefensión de la figura del traductor
dentro de la Administración y de la sociedad españolas. Si al
elevado número de traductores contratados por los Ministerios,
empresas públicas y otros organismos dependientes de la
Administración Central sumamos los que sin duda existen en las
Administraciones autonómicas, en la actualidad estos profesionales
(cuyo número exacto es difícil debido a la mencionada indefinición
de su estatuto) componen un grupo lo suficientemente numeroso como
para que se tomen en cuenta sus reivindicaciones.
Hay también otro colectivo de traductores víctima de la citada
indefinición y a quienes la oficialización de los estudios de
traducción e interpretación afecta especialmente. Me refiero a los
Intérpretes Jurados que están a caballo entre la traducción
institucional (es el Ministerio de Asuntos Exteriores quien, a
través de la Oficina de Interpretación de Lenguas, convoca los
exámenes para conseguir el título) y los traductores independientes,
ya que su actividad es completamente privada.
Los requisitos para acceder a dicho título han sufrido recientemente
una serie de modificaciones muy polémicas, pues se exime del examen
a los candidatos en posesión de la licenciatura de Traducción e
Interpretación que hayan superado determinados créditos de
traducción jurídica. Los Intérpretes o Traductores Jurados (trabajan
en las dos variantes, la oral y la escrita) intervienen en las
transacciones comerciales, en la convalidación de títulos, estatutos
de sociedades, interpretación ante los tribunales y todos aquellos
procedimientos que requieran una certificación oficial o «traducción
jurada», por lo tanto, las modalidades de traducción que practican
son las inherentes a esas materias.
La traducción y la interpretación en el sector privado
El traductor independiente conserva muchas de las características
que definían al traductor en épocas menos especializadas: muchos de
ellos simultanean su trabajo con otras actividades (puede ser
profesor, o escritor, o tener otro tipo de empleo) [21], es
polifacético y multidisciplinario (algunos de ellos practican todas
las modalidades de traducción) y suelen trabajar esporádicamente.
También es el tipo de traductor que puede surgir por multitud de
razones: creatividad o identificación con el autor (en el caso de la
traducción literaria) o por otras razones totalmente coyunturales
que rozan a veces la improvisación y el intrusismo.
Pero cada vez hay más profesionales que se dedican exclusivamente a
la traducción independiente pues la demanda de esta forma de trabajo
autónomo (teletrabajo o a domicilio) ha aumentado en todos los tipos
de traducción y de interpretación, debido entre otras cosas, al
correo electrónico y otras «facilidades». A ellos acuden las
editoriales, las agencias de traducción y, como hemos visto, las
empresas y organismos (públicos y privados) cuando el exceso de
trabajo les obliga a contratar en el exterior. También son los que
atienden al mercado que genera el cada vez más pujante sector de las
comunicaciones (prensa, televisión, cine, publicidad, etcétera),
bien sea individualmente, bien sea a través de las agencias de
traducción e interpretación.
Las agencias de traducción
Las agencias de traducción son uno de los mayores usuarios de este
tipo de traductores. Son empresas de servicios que realizan trabajos
de traducción e interpretación para otras empresas o para
particulares. Los precios que ofrecen a sus clientes suelen ser muy
competitivos con el fin de conseguir el mayor volumen de trabajo
posible. Las agencias de traducción han proliferado en los últimos
tiempos debido a los mismos factores que han impulsado la traducción
en los demás sectores.
Las hay que ofrecen todo tipo de traducciones (desde la de una
simple carta hasta un informe comercial o técnico, un artículo de
prensa o un guión de cine) y las hay especializadas en textos
legales o médicos, e incluso en catálogos de arte, folletos
turísticos o textos literarios. Estas últimas suelen completar su
oferta con otros servicios editoriales, como corrección de estilo y
de pruebas o composición de textos y diseño gráfico. También hay
agencias de interpretación que canalizan gran parte del volumen de
trabajo de esta profesión.
Aunque la calidad del servicio que proporcionan las agencias de
traducción e interpretación ha mejorado considerablemente durante
estos últimos años, existen todavía focos incontrolados donde el
anonimato y la dispersión fomentan el intrusismo laboral y la escasa
fiabilidad de los servicios prestados.
Los traductores de libros y el sector editorial
Pocas son las editoriales que a la hora de programar su línea
editorial se pueden abastecer exclusivamente de lo escrito en su
propio idioma, en particular para algunas materias y en un mercado
cada vez más pujante. Ni siquiera las culturas más autárquicas
pueden permitirse el lujo de prescindir de lo que se piensa y
escribe en otros ámbitos lingüísticos y culturales y tienen que
recurrir a la traducción para completar su oferta.
La UNESCO, publica un Anuario Estadístico, que abarca las siguientes
áreas de producción cultural: educación, gastos de la educación,
ciencia y tecnología, bibliotecas, edición de libros, periódicos y
revistas, papel cultural, películas y cines, radiodifusión sonora y
televisión y comercio internacional de impresos. Para España, la
bibliografía la establece el Instituto Bibliográfico Hispánico de
Madrid (Biblioteca Nacional). Hasta 1993 el apartado correspondiente
a la edición de libros incluía datos sobre la traducción pero con un
desfase de más de un lustro y, por lo tanto, con unos datos tan
antiguos que, aunque pueden resultar de gran utilidad para los
historiadores de la traducción, carecen de interés para el análisis
de la situación actual que persigue este ensayo.
Los datos que proporciona la Dirección General del libro
(procedentes de la Agencia Española ISBN, de la propia Dirección
General del Libro y del Instituto Nacional de Estadística) sobre el
sector editorial nos permiten cuantificar con bastante exactitud el
número de traducciones que se realizan en España y evaluar mejor
determinados comportamientos culturales, uno de cuyos parámetros es,
ya lo sabemos, la traducción. También nos permiten aproximarnos al
número real de usuarios. Por ejemplo, durante el año 1996 hubo 3.400
agentes editores, de los cuales un 77,3% eran editoriales privadas,
un 14,5% instituciones públicas y un 8,2% instituciones sin ánimo de
lucro y autores que se financiaron su propia edición.
Todos ellos fueron clientes potenciales de traducciones lo cual
amplía el mercado de la traducción editorial de manera considerable.
En España, la actividad traductora, que siempre ha sido excelente,
ha ido incrementándose desde la década de los ochenta y se ha
estabilizado durante estos últimos cinco años, situándose en torno a
la cuarta parte de la producción total de títulos, como se puede ver
en el cuadro 1 y en el cuadro 2.
Desde 1994 en la Panorámica se detallan las reediciones y
reimpresiones, aunque no en lo que respecta a las traducciones, pero
de todas formas, y en ausencia de datos más fidedignos, podemos
hacernos una idea relativa del volumen de traducciones que contratan
los editores anualmente. Por eso vale la pena comprobar más de cerca
la evolución durante estos últimos cinco años:
Si comparamos estos porcentajes con el resultado alcanzado en otros
países europeos comprobamos que durante el año 1995 (los datos de
1996 no están disponibles) en Italia se tradujeron 13.030 títulos,
(26,40% sobre la oferta total), en Alemania se mantuvo un volumen de
traducción relativamente importante: 10.206 (oferta total, 14,4%),
en Portugal 2.488 (oferta total 38,1%) y en Francia descendió
estrepitosamente con sólo 1.671 libros traducidos (oferta total,
4,8%), aunque este último dato es de 1994.
En cuanto a la frecuencia de las traducciones por lenguas, el inglés
sigue estando a la cabeza, con la particularidad de que el segundo
lugar lo ocupa por primera vez el castellano en detrimento del
francés. La razón hay que buscarla en el incremento de las
traducciones entre las lenguas españolas que suponen el 18,6% (2.203
libros) del total de traducciones y la disminución progresiva de la
traducción en lenguas extranjeras que este año únicamente
representan el 19,2% del total de libros editados. En el cuadro 3 se
puede comparar los datos de 1996 con los del año anterior.
Todavía no disponemos de los datos comparativos de 1996, pero en
1995 el predominio del inglés es una característica común a toda
Europa, pues las obras traducidas en Francia de este idioma
representan el 73,25% de todos los libros traducidos en dicho país,
en Alemania el 69,44% y en Italia el 52,37%. Ahora que sabemos
cuánto se traduce y de qué idiomas habría que analizar cuáles son
las materias de las que se traduce y cómo están repartidas, dentro
de ellas, las traducciones. En el cuadro 4 se reflejan los
resultados más recientes.
Estos últimos datos nos permiten comprobar la versatilidad de los
traductores de libros y sus muy variadas especialidades y
procedencias. Por lo general, la traducción editorial o traducción
de libros está asimilada a lo que se suele llamar también traducción
literaria. Es el tipo de traducción más prestigiosa de todas (aunque
la peor retribuida), en particular en su vertiente auténticamente
literaria, que muchas veces se apoya ventajosamente en el prestigio
del autor traducido.
En esta categoría, además de la traducción «literaria» (en el
sentido anglosajón del término es decir, de obras de ficción), están
incluidas también las traducciones de obras de «no ficción» ya se
trate de humanidades, ciencias artes o cualquier otra especialidad.
La importancia de las materias traducidas, la incidencia que su
lectura tiene sobre la formación lingüística del lector, la
trascendencia de algunos de sus autores, nos obligan a llamar la
atención de los responsables editoriales sobre los peligros que
entraña una profesionalización mercenaria, sin vocación ni
formación, reclutada de cualquier manera y a cualquier precio.
La traducción, las nuevas tecnologías y las redes de información
No quiero concluir este apartado sin referirme a la revolución que
supone en el ámbito de la traducción los programas de traducción
asistida por ordenador y la existencia de redes de información que
permiten comunicarse entre si, a través de todo el mundo, a
profesionales y estudiosos de la traducción. En lo que se refiere a
la traducción asistida o automática [26], además de las
repercusiones lingüísticas (no hay que olvidar la inevitable
simplificación léxica y sintomática), las que pueden resultar de su
aplicación profesional son inesperadas, en particular en el campo de
la traducción institucional.
En cuanto a las redes de información, hay que consignar que la
presencia de la traducción dentro de ellas está constituyendo ya una
realidad a la que pocos profesionales deberían sustraerse. Por
ejemplo se calcula que en Internet, la Red de Redes, hay
treinta millones de usuarios en la actualidad y que dentro de diez
años serán aproximadamente cien millones. En Internet se puede
encontrar no sólo listas de correos y listas de distribución sino
también grupos de noticias y páginas de traductores (algunos de los
cuales proponen alternativas lingüísticas no siempre aceptables),
que incluyen debates, artículos, documentación, anuncios de
servicios profesionales, etcétera, así como diccionarios, glosarios
(por ejemplo, EURODICATOM, una de las bases de datos terminológicas
de la Unión Europea más importantes) y repertorios bibliográficos de
las entidades que están integradas en ellas (y prácticamente ya lo
están casi todas) de forma que podemos consultar los fondos de la
Biblioteca Nacional o el Index Translationum sin movernos de nuestro
lugar de trabajo.
Las redes rompen con los formatos y los cauces habituales de
comunicación y difusión de publicaciones y no sólo plantean
lenguajes específicos, sino nuevos y muy arduos problemas de índole
jurídica como puedan ser los derechos de autor y de distribución.
El sector institucional -
Las Asociaciones
El movimiento asociativo empezó en España muy pronto, en el año
1954, cuando un grupo de diplomáticos y de funcionarios del
Ministerio de Asuntos Exteriores, como Julio Gómez de la Serna y
Marcela de Juan, responsable de la Oficina de Interpretación de
Lenguas, así como de traductores literarios procedentes del exilio,
como Consuelo Berges, fundaron APETI (Asociación Profesional
Española de Traductores e Intérpretes) y se integraron en la F.I.T.
(Federación Internacional de Traductores), ong creada un año antes,
afecta a la unesco.
Eso supuso el inicio de un movimiento asociativo que se ha visto
incrementado con el reconocimiento de la diversidad lingüística del
Estado español, hasta el punto de que en la actualidad en España
existe un número muy elevado de asociaciones de traductores e
intérpretes. Los objetivos de todas ellas son, en términos
generales, muy parecidos: velar por la defensa de los intereses
profesionales, representar a los traductores ante la instancias
oficiales y las demás instituciones relacionadas con la traducción y
conseguir un reconocimiento público acorde con la función realizada.
A pesar de todo lo anterior, la figura del traductor y del
intérprete carece todavía de normativa legal específica, de forma
que cualquiera con competencia lingüística puede practicar ambas
profesiones. Esta ausencia de normativa jurídica en nuestro país no
es una excepción: algo muy similar ocurre en el resto de los países
de la UE. Por ello la Comisión, a través de su comité de Asuntos
Culturales propone que se elabore un modelo de Estatuto profesional
en colaboración con las autoridades y los medios profesionales.
Cada Estado miembro puede regular la profesión como le parezca
teniendo en cuenta, entre otras cosas, la diversidad de
traducciones, la formación y la especialización de los traductores
así como el respeto a las normas impuestas por la libre circulación
en el seno de la Unión Europea que se rigen por la directiva del
Consejo de 21 de diciembre cuyo objetivo es impedir que los
ciudadanos de cualquier Estado miembro se vean excluidos de la
práctica de la profesión regulada en otro Estado miembro. Por su
parte la UNESCO había elaborado en 1979 la Recomendación de Nairobi
par prevenir la protección jurídica de los traductores y de las
traducciones y los medios prácticos de mejorar su situación y la
O.I.T. (Organización Internacional del Trabajo) ha delimitado los
perfiles laborales de ambas profesiones bajo los epígrafes 1-95-30 y
1-95-40 del documento de la «International Standard Classification
of Occupations».
En España, los traductores e intérpretes que trabajan por su cuenta,
ya sea para el sector público o para el sector privado, están
sujetos al Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF),
al Impuesto de Actividades Económicas (IAE) y a la afiliación y
cotización a la Seguridad Social y al Impuesto sobre el Valor
Añadido (IVA) (excepto los traductores literarios que al ser
considerados autores de una obra derivada están exentos del pago de
este impuesto). Vemos que por el momento la sociedad sólo es
exigente con el traductor en lo que se refiere a sus obligaciones
fiscales.
Hay un grupo de traductores que gozan de un reconocimiento y de unos
derechos especiales, fruto del trabajo de las asociaciones. Me
refiero a los traductores literarios, en su acepción más lata de
traductores de libros, reconocidos como autores en la Ley de
Propiedad Intelectual de 11 de noviembre de 1987. Sin embargo, así
como la propiedad intelectual de la traducción está garantizada, no
lo está tanto ni el reconocimiento ni la percepción de los derechos
de autor del traductor, de forma que se producen situaciones tan
dispares y disparatadas como las que se reflejan en los estudios ya
citados.
La entidad que regula los derechos de autor es el Centro Español de
Derechos Reprográficos (CEDRO), sociedad de gestión a la que pueden
pertenecer todos los autores y traductores de libros, a título
personal pero a cuya Junta directiva pertenecen representantes de
determinadas asociaciones de traductores.
La reivindicación de los traductores como propietarios de su obra no
está exenta de connotaciones que deberían revertir sobre su calidad,
porque si el traductor es el propietario de su traducción también
será el responsable y son ya bastantes las voces que exigen un
control de calidad que debería de ser reclamable por parte del
usuario final, esto es por parte del lector. Como dice el profesor
Julio César Santoyo, «el traductor se mueve en medio de una
impunidad aterradora» [32], para no hablar de los problemas
relacionados con la responsabilidad del traductor técnico (manuales
de uso), o del intérprete jurado [33].
Pero hay muchos intereses que se oponen a dicho control y, en
definitiva, habría que remitir la responsabilidad a los editores de
libros, redactores de periódicos y revistas, cadenas de televisión,
laboratorios, etcétera, que también se mueven «en medio de una
impunidad aterradora» y que, al no valorar debidamente la
importancia de la traducción en la calidad final de su producto,
muchas veces contratan indiscriminadamente y a la baja y se
reservan, además, el derecho a someter la traducción a un proceso de
reelaboración o de censura llevado a cabo por personas sin la
suficiente competencia lingüística.
Las instituciones relacionadas con la traducción
y la interpretación: política de ayudas, becas y premios
La traducción de los documentos y escritos que hacen referencia a la
comunicación institucional y comercial obedecen a la aplicación de
las normativas legales y a las necesidades del intercambio
comercial. No precisan ningún otro estímulo para que se realicen. No
ocurre lo mismo en el sector editorial donde dichas ayudas sirven de
acicate para la traducción de cierto tipo de textos que tendrían
serias dificultades para introducirse en el mercado, algunas por su
escasa repercusión comercial y otras por el elevado coste de la
traducción.
Conviene señalar que las ayudas consisten generalmente en
subvenciones directas o indirectas a traductores y editores así como
en premios o becas a traductores. La política de ayudas a la
traducción varía notablemente de un país a otro al no tener todas
las lenguas el mismo nivel de difusión. Sin embargo, analizándolas
con detenimiento se observa en todos los países dos tipos de ayuda:
la destinada a promover su cultura en el exterior, lo que se conoce
como extraducción, y la destinada a promover la traducción de obras
de otras lenguas a la propia, o intraducción.
En lo que respecta a las diferentes políticas nacionales, hay una
tendencia cada vez mayor por parte de las lenguas de gran difusión
como el inglés, el español, el francés, y el alemán a favorecer la
expansión hacia el exterior, aunque en algunos países como España,
Francia y Alemania se practican ambas modalidades.
Instituciones nacionales
En España, el principal promotor de la política de intraducción y de
extraducción es el Ministerio de Educación y Cultura, a través de la
Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas. Su acción se
estructura de la manera siguiente.
Dentro de la convocatoria anual a las ayudas a la creación
literaria, además de las modalidades de poesía, narrativa y ensayo,
existían hasta hace poco unas ayudas a la traducción a cualquiera de
las lenguas del Estado español de obras originales escritas en otros
idiomas dentro del campo de las humanidades. Dichas ayudas estaban
dirigidas a subvencionar directamente a los traductores,
independientemente de la publicación de la traducción. Aún no se
sabe por qué tipo de acción van a ser sustituidas. En la actualidad
sólo están en vigor:
— Ayudas a la traducción y edición entre las lenguas oficiales
españolas de obras de autores contemporáneos. Consiste en el pago
del coste de la composición de la obra y la edición deberá
realizarse en el plazo máximo de dos años.
— Ayudas a la traducción y edición en lenguas extranjeras de obras
literarias o científicas de autores españoles. Creadas en 1984,
están destinadas a promover la concesión de ayudas económicas a
aquellos editores españoles o extranjeros que editen y difundan, en
cualquier lengua extranjera, obras literarias o científicas de
autores españoles escritas originalmente y publicadas en cualquiera
de las lenguas españolas. Un repaso al contenido del cuadro 5, donde
se refleja la evolución de dichas ayudas desde su creación, puede
resultar sumamente interesante para tener un atisbo de cuál es la
repercusión de nuestra cultura en el exterior.
Podemos ver que los autores contemporáneos más solicitados son
también los más «comerciales» y más de moda en nuestro propio país
(Javier Marías, Vázquez Montalbán, Arturo Pérez Reverte, Juan
Goytisolo, Almudena Grandes, Carmen Martín Gaite y otros por el
estilo), lo que indica que la demanda de los editores extranjeros,
en su mayor parte no es sino la respuesta a la oferta de las
editoriales privadas y de los agentes literarios españoles. No
ocurre así con los clásicos, cuya traducción obedece a una demanda
más «auténtica» (no hay que olvidar la gran significación del
hispanismo en el ámbito universitario internacional y sus
repercusiones en la traducción y difusión de la literatura
española).
Dentro del apartado de los clásicos, Cervantes es el autor con mayor
número de solicitudes (se puede afirmar que no hay traducción actual
de El Quijote que no haya sido financiada en parte con estas ayudas)
seguido de Lope de Vega y San Juan de la Cruz. Otro de los clásicos
más difundidos es La Regenta de Clarín y, cada vez más, las obras de
Benito Pérez Galdós, en particular Fortunata y Jacinta, cuya
traducción al neerlandés ha gozado este año de ayuda, como en años
anteriores lo fue al sueco y a otros idiomas.
En 1997 dichas ayudas han supuesto una dotación de más de 60
millones de pesetas, lo que supone una reducción importante si
tenemos en cuenta que para 1991 estaba asignada la misma cantidad, o
incluso la rebasaban para traducir a otros idiomas a un centenar de
autores españoles de distintas épocas.
La repercusión de estas ayudas (y de las ayudas similares que
existen en la Unión Europea y que veremos a continuación) en los
países receptores así como su recepción por parte de la crítica,
merecería un análisis más minucioso que en este caso se ve
dificultado por la ausencia de datos fiables o tan siquiera
cuantificables. También los agentes literarios y los departamentos
de venta de derechos internacionales de las editoriales tendrían
mucho que decir sobre esto y sobre la difusión cultural en general.
En cuanto a los premios, el Ministerio de Educación y Cultura
convoca en la actualidad un solo Premio Nacional de Traducción con
dos modalidades: a la mejor traducción publicada durante el año
anterior y al conjunto de la obra de un traductor. Los Premios
Nacionales han sufrido un franco retroceso pues además de los ya
citados existían anteriormente un Premio Nacional de Traducción de
Libros Infantiles y Juveniles (1978-1993), un Premio Nacional de
Traducción entre Lenguas Españolas (1980-1984) y un Premio Nacional
de Fomento de la Traducción de Autores Españoles a otros idiomas
(1980-1984).
La ausencia de un premio como este último contrasta con la
proliferación de galardones y becas a traductores extranjeros, como
los que conceden la Embajadas de Francia, Alemania y Austria. Una
excepción, es el recién creado Premio Valle-Inclán al mejor
traductor al inglés de obras españolas, promovido por la Sociedad de
Autores británica y financiado por el Instituto Cervantes, la
Consejería de Educación del Ministerio de Educación y Cultura y la
Oficina cultural de la Embajada de España en Londres. También las
instituciones autonómicas otorgan premios de traducción a sus
respectivas lenguas (vasca, catalana y gallega).
Las instituciones privadas que fomentan la traducción son muy
escasas. Una de ellas es la Fundación Consuelo Berges, creada por
esta traductora en 1982 con el fin de desarrollar y fomentar la
traducción de obras de lengua francesa en general y, en particular,
con el fin de conceder el Premio Stendhal (autor de cuya obra fue
traductora y estudiosa la fundadora) para premiar la mejor
traducción del francés al español publicada durante el año anterior.
Excepto una primera edición concedida en vida de Consuelo Berges, el
premio empezó a otorgarse anualmente a partir de su muerte (1987) y
va ya por su séptima edición. También hay que mencionar la Escuela
de Traductores de Toledo, dependiente de la Universidad de
Castilla-La Mancha y especialmente volcada a las relaciones entre
las «tres culturas», desde la perspectiva de la traducción
literaria.
Aunque vinculada al ámbito universitario, quiero consignar aquí la
existencia de otra Institución española relacionada con la
traducción, en particular con la traducción científica y con uno de
su principales instrumentos: la terminología. Se trata del CINDOC,
Centro de Información y Documentación Científica, organismo
dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que
cuenta además con un Servicio de Traducciones y edita un Catálogo de
Traducciones y otras publicaciones relacionadas con la terminología
científica y la traducción.
Instituciones internacionales
También los organismos internacionales, UNESCO y CEE, mantienen
programas de ayuda a la traducción literaria y a otras
manifestaciones de la traducción como son la formación y la
investigación. Concretamente la UNESCO lleva practicando desde 1948
un programa de ampliación y enriquecimiento del patrimonio literario
internacional mediante la traducción a idiomas de gran difusión como
el francés, el inglés y el español, de obras literarias escritas en
lenguas de menor difusión. De ahí ha surgido la Colección UNESCO de
obras representativas en las que se favorece, en particular, las
obras de poesía aunque también se contemplan los demás géneros
literarios. La selección corre a cargo de comités de expertos
nombrados por las Comisiones Nacionales y las ONG.
La UNESCO es la responsable de un ambicioso repertorio de
traductores, el Index Translationum, que merecería una seria
revisión en su planteamiento como puede comprobar cualquier
traductor que consulte su entrada correspondiente. Como ya se ha
mencionado es posible consultarlo en las redes informáticos y
también se difunde en forma de disco óptico (CD-ROM), con todas las
traducciones registradas en la base de datos XTRANS, de 1979 a 1993
(volúmenes 32 a 45 del Index impreso) o sea, más de 500.000
referencias (equivalente a 13 volúmenes impresos) que, en principio,
es actualizado anualmente.
Además la UNESCO mantiene un estrecho contacto con la Federación
Internacional de Traductores (FIT), que incluye programas de
formación de traductores y varios tipos de premios: uno para a una
traducción literaria, otro a una traducción científica, otro para
una traducción de literatura infantil y otro más para premiar la
traducción de una lengua de difusión limitada.
La UNESCO presta también apoyo técnico y financiero a otras
instituciones, como por ejemplo el Servicio Iberoamericano de
Información sobre la Traducción (SIIT), centro cuyo objetivo es la
difusión de informaciones en el campo de la traducción, la
interpretación, la terminología y la lingüística aplicada, a través
de un boletín y de otras de publicaciones, o la Unión Latina,
organización intergubernamental que reúne a treinta estados cuyo
idioma oficial o nacional es una lengua neolatina, entre ellos
España, como es natural. Sus objetivos son el desarrollo y fomento
de los idiomas y la cultura latinos en todos sus aspectos.
Incluye diferentes programas de acción en los campos relacionados
con todos esos temas. El llamado Segundo Programa desarrolla
actividades de investigación, recolección de datos, información e
intermediación en todo lo que concierne a las lenguas latinas en
materia de terminología científico-técnica y trabaja en estrecha
colaboración con las instituciones de todos los países a los que
pertenece. Organiza exposiciones y conferencias sobre lingüística,
terminología, lingüística informática y edición de diccionarios, así
como diferentes publicaciones y repertorios.
En cuanto a la Unión Europea, en 1957 lanzó un programa de ayuda a
la traducción de obras literarias escritas en lenguas europeas de
menor difusión pero la experiencia se abandonó en 1967 al no dar el
resultado apetecido. En 1989, dentro del Programa Ariane, se aprobó
un proyecto piloto de ayuda financiera a las traducciones de obras
literarias contemporáneas. En 1997, se ha aplicado por primera vez
el programa Ariane como programa comunitario, adoptado por un
periodo de dos años con un presupuesto global de siete millones de
ecus, de los cuales, 2,3 millones están destinados a la traducción y
promoción del libro y de la lectura y que se articula en torno a
tres tipos de acciones:
— Ayudas a la traducción de obras literarias de calidad del siglo
XX, obras de teatro y obras y estudios de referencia en el ámbito
cultural. Se concede prioridad a la traducción de obras en lenguas
menos difundidas a lenguas de mayor difusión, seguidas de las obras
en lenguas menos difundidas a otras también menos difundidas,
después a las obras en lenguas de mayor difusión a lenguas menos
difundidas para terminar con las obras en lenguas de mayor difusión
a otras también de mayor difusión, teniendo a su vez prioridad, en
este último caso, las lenguas con literaturas menos traducidas. La
ayuda cubre el 100 por cien de los honorarios del traductor. Las
obras las elige la Comisión previo dictamen del Comité consultivo de
expertos nombrados por los respectivos Estados miembros. El perfil
de los solicitantes es muy similar al de los que se acogen a las
ayudas de la Dirección General del Libro: los autores más conocidos
y algunas obras de referencia.
— Proyectos de cooperación realizados entre socios pertenecientes a
los Estados miembros en el ámbito del libro y de la lectura,
incluida la traducción.
— Proyectos de perfeccionamiento y formación de profesionales en el
ámbito de la traducción y de difusión de las literaturas europeas.
El Programa Ariane apoya también al premio Aristeion en sus dos
vertientes: el premio europeo de traducción y el premio europeo de
literatura.
Las Casas del Traductor
Uno de los logros más brillantes de los apoyos a la traducción lo
constituyen los Colegios Internacionales de Traducción Literaria o
Casas del Traductor que se crearon hace ya veinte años para servir
de lugar de residencia, estudio y trabajo de los traductores
literarios. Se rigen, de manera informal aunque consensual, por la
llamada «Carta de Prócida» (Italia, 1991), ratificada por la
Resolución de Budmerice (Eslovaquia, 1996).
En la actualidad hay unos catorce centros diseminados por toda
Europa (incluida Europa del Este). Los más consolidados y
«modélicos» son los de Straelen (Alemania) que fue el pionero, y
Arles (Francia). En España la Casa del Traductor está situada en
Tarazona y es también una de las más antiguas. Estos centros no
obedecen a ninguna denominación o estructura homogénea y se
organizan en función de sus posibilidades y de las personas que los
dirigen, aunque todos están animados por el mismo espíritu. Más allá
de las variantes regionales o nacionales, un Colegio o Casa de
traductores literarios se define como un lugar de trabajo y de
investigación, dotado de una infraestructura de alojamiento para los
traductores literarios que suelen trabajar con la lengua del país
anfitrión, y que dispone de los elementos necesarios para que los
residentes lleven a cabo su trabajo.
Es también un lugar de encuentro y de intercambio para los
traductores de todas las nacionalidades (incluidos los autores que
quieran trabajar con sus traductores), teóricos de la traducción,
lingüistas, lexicólogos, profesionales del libro y universitarios, y
un centro de documentación dotado de biblioteca especializada en
traducción (revistas, diccionarios de todo tipo, obras literarias
originales y traducidas). Cada Colegio es autónomo y puede actuar
libremente dentro de su contexto nacional, manteniendo con las demás
Casas una política fluida de información e intercambio de proyectos,
presupuestos, estatuto jurídico, normas de funcionamiento y
publicaciones e intentando encontrar interlocutores y modos de
actuación similares.
Ante la proliferación de centros por toda Europa, la Red de Colegios
ha perfilado recientemente los criterios fundamentales para la
creación de nuevos Colegios: La voluntad de una persona, un grupo o
una asociación que apoye el proyecto del Colegio en relación con su
área, ya sea geográfica o lingüística, o literaria (en aquellos
casos en los que se trata de asumir la difusión y defensa de una
literatura nacional); una base jurídica, unas raíces, es decir, la
implantación de la Casa (si ello es posible) en un entorno con
patrimonio cultural ( bien sea monumento, ciudad o región); un lugar
de residencia permanente que permita el trabajo individual, así como
los intercambios intelectuales en un ambiente de cordialidad; las
herramientas de trabajo adecuadas: biblioteca, material informático
y acceso a bases de datos; medios económicos para el equipamiento y
el funcionamiento permanente (gastos de personal, mantenimiento,
compra de material y de libros) y la financiación de lo que la
«Carta de Prócida» llamó los «efectos secundarios»: publicaciones,
coloquios, seminarios, encuentros con escritores, premios de
traducción, sin olvidar las ayudas para la dotación de becas para
los residentes, medios para promover la circulación de las obras y
las ideas, y apoyar a lenguas (y por tanto las literaturas)
«minoritarias» o de débil difusión, aunque sean mayoritarias
numéricamente (chino, ruso, etc.).
La «Resolución de Budmerice» consolida el derecho a la originalidad
e independencia de cada Colegio de traductores literarios en cuanto
a sus proyectos, financiación y funcionamiento en un país dado, pero
considera una necesidad vital el apoyo financiero de las
Instituciones Europeas (Unión Europea y Consejo de Europa) dentro de
la política de apoyo al libro y a la lectura, en la que, como ya
hemos visto, la traducción literaria juega un papel esencial.
Los Colegios de traductores literarios obedecen, como se ha dicho, a
iniciativas individuales o asociativas, apoyadas moral y
económicamente ante todo por la Comisión Europea pero también por el
Consejo de Europa y, de una manera que varía según el país, por los
ministerios, comunidades autónomas, municipios, ayuntamientos y
etcétera e incluso por instituciones privadas que se reparten entre
ellos los gastos de becas, encuentros, coloquios, compra de libros o
publicaciones.
LA ENSEÑANZA
DE LA TRADUCCIÓN
Hasta hace unos años en España, desde el punto de vista pedagógico,
la traducción sólo se utilizaba como un procedimiento más para la
enseñanza de idiomas o en los estudios de Filología y no siempre con
muy buena prensa, aunque ahora vuelven a surgir voces que defienden
su eficacia. Fuera de esa práctica más o menos extendida la
traducción se empezó a enseñar en la Universidad Complutense de
Madrid como tal disciplina en el Instituto Universitario de Lenguas
Modernas y Traductores, creado en 1974 por profesores, que también
eran traductores, como Emilio Lorenzo y Valentín García Yebra, con
la intención de formar profesionales en el campo de la traducción.
El IULMYT no ha dejado de funcionar desde entonces y sigue
impartiendo estudios de postgrado. Hasta que en 1991 con la Ley de
Reforma Universitaria, se creó la licenciatura de Traducción e
Interpretación, la formación universitaria de traductor e intérprete
(además de los estudios de postgrado antes mencionados) había estado
encomendada a las Escuelas Universitarias de Traducción e
Interpretación (conocidas como las EUTIS) que otorgaban el grado de
diplomado y que estuvieron funcionando ya desde mediados de los
setenta.
A partir de 1991 la Universidad española ha asistido al auge de
estos estudios que se han convertido en una de las opciones más
solicitadas dentro de las nuevas titulaciones surgidas de la Reforma
de los planes de estudio, hasta el punto de que ya se han creado
catorce Facultades de Traducción e Interpretación.
Todas estas facultades de Traducción e Interpretación se han
agrupado en una Conferencia de Centros de Traducción e
Interpretación, asociación que, además de interlocutora de las demás
instancias relacionadas con la materia, pretende convertirse en el
portavoz y aglutinante de los problemas planteados por este tipo de
estudios. No obstante, quisiera destacar dos aspectos especialmente
relevantes y que constituyen materia de debate.
El primero se refiere a la necesidad de separar la Traducción y la
Interpretación en los planes de estudio, como desde un principio
sugirieron las asociaciones profesionales consultadas, en razón de
sus diferentes planteamientos tanto teóricos como prácticos. El
segundo tiene que ver con un problema más general, y que atañe, en
particular, a las vías de acceso a la profesión de traductor. Me
refiero a los problemas que estas nuevas titulaciones plantean en el
panorama laboral, al tratarse de una profesión de libre acceso, que
carece de regulación al respecto.
Los profesionales en ejercicio se enfrentan ahora a un proceso de
adaptación, respeto a los derechos adquiridos y homologación de
titulaciones muy similar al que conocieron profesiones como
Periodismo o Bellas Artes.
Conclusiones
La traducción y la interpretación antes de ser profesiones han sido
prácticas habituales en todos los procesos sociales y culturales,
ligadas por supuesto al conocimiento de idiomas, pero sin que se las
considerara ni una disciplina académica ni una profesión, de forma
que Steiner no andaba muy descaminado al referirse a la traducción
como a un conjunto de prácticas tan amplio y tan variado que escapa
a todo esquema único [46]. Sin embargo, parece lógico que en una
sociedad cada vez más exigente con la formación de sus profesionales
se hayan ido perfilando ese «conjunto de prácticas» hasta el punto
de convertirse en una profesión digna de ser regulada y desde luego,
remunerada.
Es evidente que estamos conociendo en España un momento crucial para
la consideración social y profesional de la traducción; a pesar de
ello, grandes sectores de opinión, por ejemplo la prensa literaria y
la mayor parte de los intelectuales, permanecen indiferentes a la
importancia de esa función de la que sin embargo dependen. Es de
esperar que la incorporación de la traducción a la Universidad
contribuya a elevar la categoría profesional de los traductores y a
dignificar su profesión.
Dicha incorporación abre también una fructífera vía de investigación
teórica que no puede sino redundar en beneficio de su práctica. No
me refiero solamente a los estudios sobre historia de la traducción
desarrollados en tesis doctorales y a otros proyectos de
investigación, sino también a los laboratorios de nuevas tecnologías
aplicadas a la traducción, y otra serie de investigaciones que sólo
pueden llevarse a cabo en condiciones favorables en el ámbito
universitario.
Los estudios terminológicos, tan necesarios para los traductores
científico-técnicos (y para los literarios) proceden también del
ámbito universitario y en él se están desarrollando en la actualidad
el mayor número de coloquios y encuentros sobre la teoría y la
práctica de la traducción y la interpretación, en la que estudiosos
y profesionales tienen ocasión de revalidar sus conocimientos y
contrastar sus experiencias.
En cuanto al mercado laboral, de lo anteriormente expuesto se deduce
que a pesar de la tantas veces reiterada indefinición de sus
competencias y del consiguiente descontento de los profesionales que
la practican, la traducción y la interpretación han conocido un
notable incremento en todos los sectores. El más controlable, el
sector editorial, es también uno de los más pujantes. Ya en 1981, la
Comisión de las Comunidades Europeas había advertido que la edición
era uno de los sectores más prometedores dentro de mercado de la
traducción y que los ámbitos de expansión eran los de la traducción
técnica (económica, jurídica y científica) y en menor medida los
ámbitos de lo literario y de la educación, como hemos podido ver al
analizar el sector editorial español.
Al comprobar el elevado número de traducciones que se hacen en
España hay una reflexión que hacer: durante el año 1996 se
publicaron 11.833 traducciones de las que hay que descontar (haciendo
un cálculo proporcional) las correspondientes reimpresiones y
reediciones. Si tenemos en cuenta que los traductores censados, es
decir, los que pertenecen a las asociaciones de traductores rondan
el millar y que los activos quizás no lleguen a los ochocientos (de
los cuales no todos se dedican por entero a la traducción
editorial), deducimos que las editoriales han tenido que recurrir
forzosamente a traductores supuestamente no profesionales, lo cual
refleja una vez más la escasa profesionalización de muchos
traductores así como la importancia y la urgencia de formar
traductores literarios.
En España, en algunos centros como el IULMTYT de Madrid o la Escuela
de Traductores de Toledo y en algunas Facultades de Traducción o
Interpretación se enseña traducción literaria pero no de forma
continuada y específica. También las Asociaciones profesionales
organizan esporádicamente talleres durante sus Encuentros y
Congresos, a todas luces insuficientes por su brevedad. Los agentes
editores, responsables en definitiva del producto ante el consumidor
final, es decir, ante el lector, no deberán ser ajenos a esta
necesidad.
En lo que se refiere a la lengua española, la novedad de algunos
temas que han de ser traducidos e interpretados (por ejemplo en las
instituciones de Unión se abarcan todos los temas concebibles con
excepción de la teología y los temas de defensa) obliga a la
creación de neologismos, lo que supone un indudable enriquecimiento
léxico, así como a plantearse la necesidad de una red terminológica
que, en nuestro país, es todavía muy incipiente o al menos está poco
coordinada.
Por último, la incorporación de las nuevas tecnologías pone de
manifiesto la insuficiencia de recursos lingüísticos del español
para su aplicación industrial. Hay toda una tecnología lingüística —herramientas
integradas de composición, bases de datos, interfaces con sistemas
humanos, traducción automática, correo electrónico, tratamiento del
habla, etc.— que habrá que establecer lo antes posible para poder
estar a la altura a la que está destinada nuestra lengua en los
albores del nuevo milenio.
DEMOGRAFÍA DE LA LENGUA
ESPAÑOLA
INTRODUCCIÓN
El conocimiento del número de hablantes de una lengua tiene un gran
valor para cualquier comunidad lingüística. Si se percibe que una
lengua tiene vitalidad, esto es, que cuenta con un número apreciable
de hablantes, su importancia social puede verse incrementada dentro
de la misma comunidad y entre los miembros de comunidades
lingüísticas ajenas: cuanto mayor es el número de hablantes, mayor
puede ser también el prestigio de una lengua.
Por otra parte, es obvio que la política, la industria, la educación
lingüística o la investigación científica de una comunidad tienen
una estrecha relación con su perfil sociolingüístico; de ahí que el
conocimiento de las características de una lengua, empezando por el
número de hablantes, sea susceptible de proyección en el ámbito de
la praxis social.
Las comunidades lingüísticas son agrupaciones y mercados cuyo tamaño
y posibilidades determinan unos modos sociales, económicos y de
comunicación, pero es importante advertir que la consideración
social de una lengua, si bien está ligada a su vitalidad, también
depende de otros factores, como la historia, la autonomía o el nivel
de desarrollo normativo, científico-técnico y literario: todas las
comunidades encierran valores simbólicos, difícilmente
cuantificables, que a menudo se reflejan en la vida cotidiana.
La intención de estas páginas es presentar y comentar algunos datos
fundamentales de la demografía de la lengua española. Sin embargo,
aunque nuestro interés estará centrado de forma casi exclusiva en el
español, resultará obligado, por una parte, prestar atención a otras
lenguas, como el inglés o el francés, con el fin de fijar unas
referencias que ayuden a valorar más objetivamente la situación
actual y, por otra, hacer referencia a las lenguas con las que el
español convive, tanto en Europa como en América.
Estimar la cantidad de personas que hablan una lengua viva es algo
complicado, «más complicado, si cabe, que estimar el número de
lenguas» que existen en el mundo . Esta afirmación pone de
manifiesto un hecho al que se enfrentan cotidianamente todos los
demolingüistas —independientemente de su origen— y cuya principal
consecuencia es la falta de un conocimiento preciso de la realidad.
La tarea de hacer recuentos de hablantes no carece de antecedentes
ni para el español ni para otras muchas lenguas, porque desde hace
tiempo los anuarios estadísticos internacionales y algunas
enciclopedias lingüísticas incluyen epígrafes sobre este particular.
Además, existen obras monográficas, algunas de gran importancia —como
el Statistical Report on the Languages of the World de Gyula Décsy
—, en las que se ofrecen las cifras de hablantes de las más diversas
lenguas y familias lingüísticas .
A pesar de todo, varios trabajos recientes han llamado la atención
sobre las lagunas que ofrece la demolingüística del españo: en ellos,
el interés por lo puramente demolingüístico se ha conjugado con unos
planteamientos más amplios, como la consecución de un índice capaz
de cuantificar el peso político del español en el mundo o el estudio
de la situación de la enseñanza del español como lengua extranjera.
Al abordar la demolingüística del español específicamente y del modo
más universal posible, este estudio no tiene la pretensión de
resolver todos los problemas asociados al recuento de hablantes de
esta lengua. Nuestra aspiración es presentar un cálculo aproximado
del número de hablantes de lengua española en la actualidad,
utilizando para ello los limitados recursos existentes, sean éstos
de origen demográfico o propiamente lingüístico.
Tal objetivo, tan necesario como aparentemente simple, requiere una
serie de labores previas, como explicar el procedimiento de cálculo,
qué se entiende por hablante e incluso qué se va a considerar como
lengua española: ¿Se puede hacer un recuento? ¿Se considera hablante
de español al que tiene esta lengua como segunda o tercera? ¿Se ha
de incluir en la lista de hispanohablantes a los de la isla de Guam
(Islas Marianas) o a los hablantes de papiamento de Curazao (Antillas
Holandesas) junto a los puertorriqueños?
Todo ello está lleno de erizadas dificultades porque la
incertidumbre es la norma en cualquier estimación lingüística,
especialmente en lo que se refiere a una lengua internacional y en
expansión, como es el caso del español. Los problemas son tantos que
conferir a un recuento de esta naturaleza el tratamiento de
definitivo rayaría en la temeridad, pero, al mismo tiempo, no es
menos cierto que muchas de las dificultades que van a quedar en
evidencia podrían encontrar algún tipo de paliativo en futuros
estudios: una labor coordinada y periódica de recogida de datos, de
puesta al día de la información, vendría a cubrir una laguna
injustificable en el mundo hispánico.
El esfuerzo, por parcial o inseguro que sea su resultado, ha de
merecer la pena porque proporcionará un claro beneficio —el
beneficio de la información— a muchos sectores de la comunidad
hispanohablante.
ASPECTOS METODOLÓGICOS DE LA LINGÜÍSTICA
Como ya se ha comentado, las investigaciones demolingüísticas
tropiezan con múltiples problemas que confieren a sus resultados un
carácter inseguro o provisional. Estas dificultades emanan, por un
lado, de la volubilidad de algunos conceptos teóricos fundamentales
—lengua materna, lengua principal, bilingüismo—, por otro, de lo
heterogéneo y cambiante de la realidad que se pretende cuantificar,
de la complejidad metodológica que supone la aplicación de ciertos
procedimientos cuantitativos y, en fin, de las lagunas de las
fuentes cuantitativas disponibles en lo que se refiere a su
universalidad, fiabilidad y comparabilidad.
La demografía lingüística suele utilizar como herramienta de trabajo
el concepto de «Grupo de Lengua Materna» (GLM), definido como el
conjunto de hablantes que comparten una lengua materna determinada.
El problema está en que los especialistas en psicolingüística y en
sociología del lenguaje —y los lingüistas, en general— no manejan un
criterio uniforme acerca de la interpretación y la definición del
concepto de «lengua materna».
Para unos, la lengua materna o nativa es aquella que se aprende
durante la infancia, generalmente antes de los tres años, de los
padres; para otros, es aquella de la que se hace uso principal o
cuyo uso predomina en la vida de un individuo, aunque su adquisición
no se haya producido en primer lugar; para otros, es la lengua que
mejor se domina, al margen de su uso y del momento de su adquisición;
y otros piensan que debe considerarse como tal la variedad cuya
adquisición viene a concluirse en los años de la adolescencia (vernáculo).
El problema no es baladí, pues son muchos los hablantes bilingües
que tienen dificultades para identificar su propia lengua materna,
especialmente en situaciones lingüísticas complejas (inmigración de
origen lingüístico diverso; situaciones de lenguas minoritarias).
Ante tal circunstancia, la única salida razonable, a la hora de
afrontar tareas demolingüísticas, es la de optar, de modo riguroso,
por una de las posibilidades interpretativas.
Muy ligado a este escollo conceptual, se presenta el de la
definición y caracterización del bilingüismo y del hablante bilingüe.
Para bien o para mal, la lingüística cuenta con definiciones del
concepto de «bilingüismo» propuestas desde posiciones muy diferentes:
todas ellas podrían alinearse a lo largo de una escala que situaría,
en un extremo, las definiciones que ofrecen una concepción estricta
del fenómeno, definiciones del tipo «el bilingüismo consiste en el
dominio pleno, simultáneo y alternante de dos lenguas»; en el otro
extremo se encontrarían las definiciones de límites menos angostos,
las que hablan de bilingüismo para referirse simplemente al
conocimiento de una segunda lengua, en el grado que sea. Esta
situación también obliga a la demolingüística a tomar decisiones
metodológicas que permitan aplicar criterios uniformes a la hora de
contar los hablantes bilingües.
En consecuencia, la utilización de los conceptos básicos de «lengua
materna» y «bilingüismo» en el campo de la demolingüística exige una
interpretación, en lo posible, unívoca y constante, así como la
aplicación de unos criterios coherentes que puedan servir de
referencia. Así, cuando se habla de «lengua materna» en sociología
del lenguaje —por ejemplo, a la hora de recoger información con
vistas a una planificación lingüística— se suele considerar como tal
la lengua que se ha adquirido en el ámbito familiar durante la
primera infancia.
En esta misma línea, a propósito del bilingüismo, sería razonable
definir el «bilingüe» como la persona que tiene una competencia
parecida en dos lenguas y que es capaz de usar una u otra en
cualquier circunstancia con parecida eficacia. A pesar de todo,
estas definiciones no esquivan completamente otros problemas, como
el de la medición del bilingüismo.
Junto a las dificultades de índole teórica hay que sopesar aquellas
que se derivan de la realidad demográfica estudiada. Se calcula que
la población mundial está aumentando a una tasa del 1,35 por ciento
anual (aunque este ritmo va en descenso desde los años setenta) lo
que implica que en sólo diez años pueden experimentarse cambios
demográficos muy importantes. En algunos países, que suelen estar a
la cola del desarrollo, estas tasas pueden superar el 3 (Honduras,
Kenia) y el 4% (Mozambique, Jordania). Según una previsión de las
Naciones Unidas para el año 2000, la población mundial superará los
6000 millones.
Al crecimiento natural de la población habría que añadir, como
factor de cambio demográfico, los movimientos migratorios, que si
bien no tienen por qué afectar a corto plazo a los datos de lengua
materna, sí pueden influir en las generaciones sucesivas, así como
en los datos de uso de las distintas lenguas. En estas condiciones,
cualquier estimación de hablantes puede quedar anticuada
rapidísimamente.
Información lingüística en los censos
También debe tenerse en cuenta otra clase de dificultades a las que
se enfrenta la demolingüística: las que nacen de los censos. Los
censos son recuentos de carácter periódico realizados en un espacio
mínimo de tiempo (días) con el fin de ofrecer algo así como una
imagen fotográfica de la población de un país. Para completarlos (los
censos suelen realizarse en el mejor de los casos con una
periodicidad de diez años) los estadísticos nacionales e
internacionales emplean fuentes complementarias, como padrones
municipales, registros de nacimiento, matrimonio y defunción, etc.
Con éstos actualizan los datos de los censos y calculan las tasas de
crecimiento, negativo o positivo, de la población, que utilizan para
hacer estimaciones presentes y proyecciones futuras de la población
nacional, además de cruces y tabulados temáticos sobre aspectos muy
diversos de la sociedad.
Pues bien, muchos de los censos nacionales de población, en los que
se basa en buena medida la demolingüística, no recogen información
sobre las lenguas y su uso. El conocimiento de la realidad social es
un requisito previo imprescindible para la acción de gobierno: este
es el motivo fundamental del desarrollo de los censos y otros
registros estadísticos en los Estados modernos. En el caso que nos
ocupa, los censos lingüísticos tienen una gran importancia porque la
población de un territorio no coincide ni aproximadamente con el
número de hablantes de una sola lengua en el mismo territorio salvo
en casos muy contados. Para muchos países, sin embargo, la lengua o
lenguas habladas por sus habitantes no es materia de investigación.
Aunque la falta de recursos puede explicar en casos extremos la
falta de preguntas lingüísticas en los censos, no hay una
correspondencia unívoca entre el nivel de desarrollo de un país y la
existencia de información lingüística. Estas preguntas se encuentran
en países con población heterogénea, donde se atribuye a la
información lingüística un valor del que carece en países de habla
homogénea. Junto a la información sobre el país de nacimiento, la
nacionalidad, la raza y la religión, la información estadística
sobre lenguas suele utilizarse para conocer la composición étnica de
la población, pero también para la planificación cultural y
educativa.
Sí hay correspondencia entre el nivel de desarrollo y la fiabilidad
de muchos censos, determinada por criterios como los de periodicidad,
regularidad, exactitud o comparabilidad internacional. Algunas de
estas carencias de fiabilidad afectan por igual a la interpretación
de datos lingüísticos y a la de datos de otra clase. Nos referimos a
errores que pueden surgir en cualquier estadio de la recolección,
procesamiento o presentación de los datos, y que pueden conducir a
la infra o supra valoración de la población en el censo (errores de
cobertura) o a la defectuosa recogida de datos (errores de contenido).
En lo que respecta concretamente a los datos lingüísticos, la
fiabilidad de un censo puede depender también de ciertos aspectos
psicológicos (el encuestado puede exagerar su conocimiento de una
lengua u ocultarlo por motivos sociales) o políticos (las cifras
pueden aparecer infladas o rebajadas para apoyar una causa cultural
o política asociada a la lengua).
En el momento de preparar un cuestionario de intención lingüística,
es posible encontrar, como dificultad primera y de enorme
trascendencia, la que tiene que ver con la forma de redactar o de
hacer las preguntas. Los cuestionarios lingüísticos —los de los
censos o los monográficos— pueden buscar informaciones muy diversas:
en unos casos se pregunta por el conocimiento de la lengua o las
lenguas del individuo, por su competencia lingüística; en otros, por
el uso que se hace de ellas o por el nivel de dominio de las lenguas.
Puede
ocurrir que los cuestionarios aplicados en lugares diferentes, aun
buscando un mismo tipo de información, lo hagan por medio de
preguntas distintas, que inevitablemente llevan a la recogida de
respuestas heterogéneas, muchas veces imposibles de comparar: se
puede preguntar por el uso habitual o por el uso según determinados
tipos de ámbitos o dominios o según determinados tipos de
interlocutores. En ocasiones, esto ocurre incluso en los censos
realizados dentro de un mismo país.
A los aspectos tratados sumaremos el que se refiere al nombre de las
variedades lingüísticas en estudio, porque una misma denominación
puede referirse a un habla o a un diasistema; con otras palabras, es
posible que lo que para unos hablantes no es más que una modalidad
dialectal, para otros sea una lengua o incluso una familia de
lenguas. Cuando el referente lingüístico no está bien fijado, las
posibilidades de interpretación pueden ser múltiples. Esto va en
detrimento de una cabal comprensión e interpretación de los
recuentos censales; al mismo tiempo, la ambigüedad referencial puede
utilizarse según el particular interés de los redactores de los
cuestionarios.
Limitaciones de los censos
Las notas técnicas del Anuario Demográfico de las Naciones Unidas,
que recoge discontinuamente tablas de población clasificadas por las
lenguas de aquellos países que incluyen en sus censos datos de
carácter lingüístico, explican las limitaciones de los datos de
procedencia censal a efectos internacionales . Estos son
difícilmente comparables porque cada país recoge información
diferente en función de sus necesidades y porque los que recogen
información semejante lo hacen de modo distinto.
Así, los recuentos de las Naciones Unidas mezclan datos de tres
tipos: hablantes de lengua materna, la lengua más empleada y el
conocimiento de otras lenguas, según las preguntas de los censos
nacionales. El concepto de lengua materna produce datos más o menos
comparables entre unos países y otros, puesto que las preguntas del
censo sobre las que se basan las estadísticas son esencialmente
equivalentes en todos ellos, aunque no indican el uso ni el nivel de
conocimiento de la misma.
Las preguntas sobre el uso de las lenguas toman, en cambio, formas
diversas —lengua empleada habitualmente, lengua mejor hablada,
lengua hablada en el hogar, lengua hablada con fluidez— e ignoran la
capacidad de usar lenguas distintas en ámbitos diferentes. Las
preguntas sobre conocimiento de otras lenguas no producen
habitualmente datos comparables.
Otras dificultades para la interpretación de los datos surgen de que
muchos países aplican límites de edad para la recogida de datos de
lengua [8], de que hay personas multilingües que son registradas en
varios recuentos de hablantes a la vez, por lo que a menudo la suma
de los hablantes de distintas lenguas en un mismo país no coincide
con la población total, o de la falta de método en la agrupación de
lenguas y dialectos, lo que produce disparidades en la clasificación
y el detalle de los hablantes de unos países a otros.
Tomemos, para ilustrar las dificultades de la comparación, algunos
ejemplos. Canadá, país de población cultural y racialmente
heterogénea y de inmigración reciente, pasa por ser uno de los
países del mundo donde se ejerce con más cuidado la protección de
las minorías. En el censo canadiense de 1996, dos cuestionarios
diferentes trataban con un grado distinto de detalle las cuestiones
lingüísticas.
El cuestionario abreviado, que recibieron cuatro de cada cinco
hogares y que constaba de siete preguntas, incluía una sobre la
lengua materna. El cuestionario extenso, dirigido a uno de cada
cinco hogares, contenía 48 preguntas más, entre ellas algunas
dedicadas a la primera lengua adquirida en la infancia, lenguas
comprendidas y lenguas habladas en casa, y conocimiento de lenguas
oficiales y no oficiales en las distintas regiones de Canadá. Estos
datos, según la oficina de estadística canadiense, serán empleados
«to establish programs to protect the rights of Canadians under the
Canadian Charter of Rights and Freedoms», así como «in forecasting
language training requirements and in determining where services
must be provided in both official languages to comply with the
Official Languages Act».
Es claro que en el caso canadiense, como en el de todos los países
donde se recogen oficialmente datos lingüísticos, la forma de
allegarlos está condicionada por la realidad social y política del
país. En Canadá sobresalen dos rasgos: la protección a las minorías
(básicamente indígenas, pero también originadas por la inmigración
reciente) y la coexistencia entre los dos grupos culturales
dominantes, anglófonos y francófonos, especialmente en algunas
provincias canadienses.
Por otro lado, la diversidad étnica de la población, la persistencia
de minorías indígenas y la coexistencia de las lenguas amerindias
con la lengua española explican que no falten en Hispanoamérica
censos con información lingüística, aunque ésta adolezca de algunas
de las lagunas mencionadas. En el último censo mexicano, que desde
hace décadas recoge con regularidad datos sobre la lengua de la
población, se incluyó esta instrucción al encuestador:
(Pregunte sólo si esta persona tiene 5 años cumplidos o más)
¿Esta persona habla alguna lengua indígena? sí / no;
¿Qué lengua indígena habla?
¿Habla también español? sí / no.
El censo guatemalteco de 1994 incluyó las siguientes preguntas sobre
etnia y lengua a los mayores de 3 años:
¿Es indígena? sí / no;
¿En qué lengua o idioma aprendió a hablar? K’iché / Kaqchikel / Mam
/ Q’eqchí / Otra lengua maya... / Español / Otro idioma...;
¿Habla usted alguna lengua maya? K’iché / Kaqchikel / Mam / Q’eqchí
/ Otra lengua maya... / Ninguna;
¿Habla idioma español? sí / no;
¿Usa traje maya? sí / no.
Además recogen o han recogido en algún momento datos sobre la lengua
de la población, al menos, Bolivia, Ecuador, Honduras, Nicaragua,
Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico y Venezuela. En otros países,
como Chile y Colombia, se recoge información étnica aunque no
lingüística.
En lo que se refiere a Europa, es muy infrecuente encontrar datos
lingüísticos de forma oficial y periódica en los censos. En esta
misma línea, el censo español tampoco atiende a cuestiones
lingüísticas.
DEMOLINGÜÍSTICA DEL MUNDO HISPANO
Las descripciones cuantitativas de una lengua —sea el español, sea
cualquier lengua— han de tener en cuenta sus caracteres más
destacados, internos y externos. Las características de la lengua
española, como sistema lingüístico y como vehículo de comunicación
de una amplia comunidad, se pueden resumir en los seis puntos
siguientes:
1. El español es un idioma homogéneo. Si bien es difícil cuantificar
el nivel de homogeneidad de una lengua —a pesar de los esfuerzos de
la lingüística cuantitativa— y partiendo del hecho de que cualquier
lengua del mundo es esencialmente variable y, por lo tanto, presenta
variedades internas de naturaleza geolingüística y sociolingüística,
se puede afirmar que el español es una lengua relativamente
homogénea que ofrece un riesgo débil o moderado de fragmentación.
Los fundamentos de esta homogeneidad relativa se encuentran en la
simplicidad del sistema vocálico (5 elementos), la amplitud del
sistema consonántico compartido por todo el mundo hispánico, la
dimensión del léxico patrimonial compartido (léxico fundamental) y
la comunidad de una sintaxis elemental.
2. El español es una lengua de cultura de primer orden; huelga todo
comentario sobre la historia, la calidad y la riqueza de la
literatura española e hispanoamericana.
3. El español es una lengua internacional; tiene un carácter oficial
y vehicular en 21 países del mundo.
4. El español es una lengua geográficamente compacta: la mayor parte
de los países hispanohablantes ocupa territorios contiguos, lo que
convierte este dominio en una de las áreas lingüísticas más extensas
del mundo.
5. El español es una lengua en expansión; el aumento del número de
hablantes ha sido continuo desde la época de la colonización
americana, si bien el mayor crecimiento demolingüístico se ha
producido a lo largo del siglo XX.
6. Aunque el territorio correspondiente al mundo hispánico incluye
grandes zonas bilingües o plurilingües, ofrece en términos generales
un índice de comunicatividad muy alto y un índice de diversidad bajo
o mínimo, índices que cobran una significación especial cuando se
comparan con los de territorios no hispánicos. Se habla de
comunicatividad alta cuando en una comunidad plurilingüe existe una
lengua concreta que sirve de medio de comunicación en toda la
sociedad; se habla de diversidad para aludir a la probabilidad de
encontrar dos hablantes, elegidos al azar, que hablen lenguas
diferentes: en el caso de los países hispánicos, si «hablar» una
lengua se entiende como «usar» una lengua, la diversidad sería muy
baja (veáse el cuadro 1).
Estos comentarios a propósito de la diversidad y comunicatividad de
los territorios hispánicos nos aproximan directamente a la realidad
indígena de Hispanoamérica porque, sin duda, muchas de las
incógnitas y carencias sobre la demolingüística del español están
relacionadas, de forma muy estrecha, con el conocimiento y el uso de
las lenguas indígenas americanas.
Es innegable que la lengua española ha tenido un protagonismo
singular en América desde los primeros tiempos de la colonización y
que su presencia se ha hecho singularmente preponderante a partir de
la independencia de los países hispanoamericanos. Todo ello se ha
producido de una forma tal que el español es sentido
generalizadamente no como una lengua ajena e impuesta, sino como
parte de la esencia hispanoamericana, en su conjunto y de cada una
de sus áreas.
Hispanoamérica indígena
Las lenguas de los pueblos indígenas más primitivos tecnológica y
organizativamente experimentaron un intenso proceso de reducción y
sustitución ya en los primeros momentos de la conquista; las lenguas
generales (náhuatl, quechua) y las de los pueblos más desarrollados
han sobrevivido, a pesar de que fueron arrinconadas por las clases
criollas republicanas. Sin embargo, ni siquiera estas últimas
lenguas escapan al proceso de sustitución conocido a lo largo del
último siglo.
Es verdad que en los últimos años se han organizado importantes
movimientos en defensa de lo indígena y a favor del
multiculturalismo, como es verdad que se han ido oficializando las
lenguas indígenas de mayor peso, pero tal realidad no está
impidiendo que sigan desapareciendo lenguas minoritarias y que la
proporción relativa de hablantes de estas lenguas se vaya reduciendo
paulatinamente.
El estudio demográfico de las lenguas indígenas presenta casi todos
los problemas generales que hemos tenido oportunidad de exponer:
falta de censos, censos incompletos o anticuados, falta de rigor en
la recogida de la información lingüística. Por eso no existe una
información precisa y rigurosa sobre el conocimiento y el uso de las
lenguas indígenas en Hispanoamérica. Se sabe que México y Perú son
los países con mayor población indígena de toda América (cerca de
nueve millones cada uno) y que la implantación del guaraní en
Paraguay alcanza probablemente al 90% de la población, pero
desconocemos una gran parte de la realidad: los problemas
metodológicos se antojan insalvables. A este respecto, Ralph Fasold
ha señalado, sobre datos aportados por Joan Rubin:
«En Paraguay, la pregunta sobre la lengua pasó de ser una pregunta
sobre el conocimiento en el censo de 1950 a ser una pregunta sobre
el uso habitual en el censo de 1962. En 1950 se preguntaba a los
paraguayos qué lengua o lenguas sabían hablar. En 1962, en cambio,
se les preguntaba por la lengua o las lenguas que normalmente
hablaban. Si una persona sabía español y guaraní, pero normalmente
usaba el guaraní, en 1950 respondería que era bilingüe, pero en 1962
respondería que usaba sólo el guaraní.»
Siendo así las cosas, es fácil comprender la dimensión del problema
que supone determinar el número de personas que tienen el español
como lengua materna.
La aplicación de un método para el estudio de la demografía del
español necesita que se comenten y fijen unos criterios lingüísticos
elementales. Si se pretende conocer el GLM de la lengua española, es
necesario optar definitivamente por un concepto de «lengua materna»:
para esta investigación consideraremos «lengua materna» aquella que
se adquiere en el ámbito familiar durante la primera infancia y
prescindiremos de la amplia casuística que la realidad ofrece. Ello
no va a impedir, no obstante, una vez contabilizado el GLM, la
realización de recuentos complementarios en los que se manejen
criterios diferentes o que atiendan a situaciones particulares.
El GLM del español
En cuanto a la caracterización de lo que vamos a considerar «lengua
española», no puede olvidarse su carácter de coiné; se trata de una
lengua que, como hemos dicho más arriba, se caracteriza por su
homogeneidad lingüística, especialmente en sus niveles más cultos.
Pero, por muy cierta que sea esta realidad, tampoco se debería
ignorar otro hecho: que la lengua española aglutina variedades
geolingüísticas y sociolingüísticas diversas, aunque, de acuerdo con
nuestros actuales intereses, sólo las primeras van a ser valoradas.
Así pues, consideraremos como manifestaciones de la «lengua española»
todas sus variedades dialectales —europeas, americanas y africanas—
e incluiremos aquí las hablas criollas de base hispánica, así como
las variedades judeo-españolas distribuidas por varios lugares del
mundo.
El cuadro 2 está basado en los datos recogidos y elaborados por el
anuario de la Enciclopedia Británica 1997 Book of the Year -Events
of 1996 (en adelante BBY). Estos datos tienen, a los efectos de la
comparación, la virtud de haber pasado por el tamiz de los mismos
recolectores y editores, que en parte han dejado hecho el trabajo de
homogeneización de datos de naturaleza, tiempo y fiabilidad a menudo
muy dispares. En las notas, estos datos se completan con datos
procedentes de los censos nacionales, en aquellos países donde las
respectivas oficinas del censo recogen información lingüística o que
permita deducir usos lingüísticos. De esa forma, el lector puede
contar con algunos elementos de juicio para evaluar la exactitud de
la fuente principal.
El BBY emplea como base de datos los Anuarios Demográficos de las
Naciones Unidas, que en última instancia dependen de los datos
proporcionados por las autoridades estadísticas de los distintos
países, y también directamente de los propios censos nacionales. Al
exponer los criterios empleados para su recuento de hablantes, el
BBY resume lo esencial de los problemas metodológicos explicados en
este ensayo: muchos países no recogen datos oficiales sobre el uso
de las lenguas y las estimaciones no basadas en censos o encuestas
nacionales revelan una acusada falta de precisión.
Para completar los datos oficiales y otras estimaciones de base, los
redactores han interpolado datos procedentes de otras fuentes: a
veces no hay datos de habla en los censos, pero sí de carácter
étnico (pertenencias a etnias o grupos indígenas) o de nacionalidad
(extranjeros residentes, lugar de origen de inmigrantes) que
permiten deducir usos lingüísticos.
Para la elaboración del cuadro 2, se han aplicado a los datos del
BBY los siguientes criterios unificadores: sólo cuentan los
hablantes que tienen el español como lengua materna en países o
territorios donde ésta es oficial de un modo u otro; junto a los
miembros del GLM se han contado los que figuran como bilingües de
español con otra u otras lenguas, ignorando en qué grado las conocen
o usan respectivamente.
El cuadro 3 complementa el anterior con cifras de procedencia
diversa sobre los hablantes de español en países y territorios del
mundo donde la lengua española no es oficial. Si los del cuadro 2
son datos que han de tomarse con las mayores precauciones, estos son
aún más imprecisos. A la falta de comparabilidad en el nivel de
conocimiento de la lengua, el carácter y la extensión de su uso, hay
que añadir la variedad de las fuentes y del origen de los datos en
el tiempo.
Algunos
proceden de fuentes censales comparables, otros de registros de
extranjeros; hay estimaciones basadas en datos remotos o parciales
que no se han corregido con ajustes y proyecciones como en el cuadro
2. Se encontrarán en este cuadro países y territorios donde hay
minorías de hablantes de español poco significativas. Otros casos
similares (Trinidad y Tobago, Jamaica) y algunos más de países donde
pueden encontrarse colonias de españoles o hispanoamericanos (Holanda,
Noruega) han sido omitidos por no disponer de datos precisos.
Una combinación de cuadro 2 y del cuadro 3 daría como resultado una
cifra de hablantes de español en un nivel aproximado al de la lengua
materna (es decir, incluyendo a aquellos hablantes que tienen un
alto dominio de la lengua española aun cuando hayan adquirido otra
lengua con anterioridad, al mismo tiempo o posteriormente, y
mantengan el uso de ambas) de alrededor de 350.000.000 (351.068.983)
de individuos.
ANÁLISIS COMPARATIVO DE LA DEMOLINGÚÍSTICA DEL
ESPAÑOL, EL INGLÉS Y EL FRANCÉS
Un objetivo subsidiario de este ensayo, como se anunciaba en la
introducción, es la comparación de las cifras de hablantes del
español con las de otras lenguas. Es el modo de situar la lengua
española en el mundo y de dar la medida de su verdadera vitalidad.
Se han escogido para ello dos lenguas, el inglés y el francés,
comparables al español por sus características intrínsecas (pertenecen
a la misma familia lingüística y al mismo ámbito cultural) y por su
posición internacional. Se trata de los tres idiomas europeos más
extendidos en el mundo, hasta el punto de que se pueden considerar
hoy por hoy como las tres primeras lenguas de comunicación
internacional.
El cuadro 4 se basa en la misma fuente y los mismos criterios que el
cuadro 2, sin los cuales la comparación no sería significativa.
Junto a los hablantes de los tres idiomas como lengua materna, se
incluyen los que la usan como lengua franca y los que son bilingües
con otras lenguas, así como los hablantes de dialectos o derivados
de ellas en los países donde son respectivamente oficiales. Quedan
excluidos los hablantes en los países donde no son oficiales las
tres lenguas objeto de la comparación y, por tanto, los datos
recogidos en el cuadro 3.
Este criterio deja fuera a más de 23 millones de hispanohablantes en
grado equivalente al de lengua materna, de los cuales 20 millones
residen en Estados Unidos. No pierden menos el inglés y el francés,
empleados, al igual que el español, por minorías o comunidades de
inmigrantes en distintos países, y en otros muchos como segunda
lengua, como lengua franca, en el gobierno o la educación.
El cuadro 5 refleja el ámbito de influencia de las tres lenguas de
la comparación en términos de países donde son oficiales, y de
potenciales hablantes de las respectivas lenguas en tanto que
habitantes de esos países. Los tres idiomas suman el 42,7% de la
población mundial repartida en más de un centenar de países y
territorios de los 200 largos que componen la sociedad internacional.
Combinando el cuadro 4 y el cuadro 5, el cuadro 6 muestra la
homogeneidad en el uso del español en los países donde es oficial,
en comparación con el inglés y el francés.
El cuadro 7 muestra la evolución de los hablantes de las tres
lenguas de la comparación, de 1984 (año del que por primera vez el
BBY incluye datos de hablantes, en su edición de 1985) a 1996, y una
proyección de los mismos hablantes para el año 2010. Esta proyección,
de elaboración propia, está basada por una parte en las proyecciones
demográficas del mismo BBY y, por otra, en el supuesto de que la
proporción hablantes / habitantes de las tres lenguas en 1996
permanece inalterable de aquí a 2010. Aunque sujeto a todas las
contingencias imaginables, este supuesto toma como referencia que
entre 1984 y 1996 esa proporción no varió sustancialmente.
Es de esperar, sin embargo, que en muchos países de reciente
descolonización, donde el inglés y el francés son oficiales pero no
hablados por la generalidad de la población, la alfabetización
progresiva de la población conduzca, si se realiza en esas lenguas,
a una mayor extensión de las mismas dentro de esos países. Este no
será el caso de los países de habla hispana, donde el español tiene
ya poco margen de crecimiento como lengua nacional, como se aprecia
en el cuadro 6.
El cuadro 7 indica también la evolución posible de las tres lenguas
de la comparación en cuanto a la proporción de sus hablantes
respecto a la población mundial. Crecen más, aunque casi
imperceptiblemente, el francés y el inglés que el español, quizá por
ese terreno de expansión que les proporciona el hecho de ser
oficiales en países de altas tasas de crecimiento de la población.
Aún más será así si crece el uso de esas lenguas por la
alfabetización y su adopción como lengua administrativa.
En general destaca la estabilidad de los tres idiomas, quizá
explicable porque el periodo considerado es demasiado corto para
reflejar las tendencias a largo plazo. Según el cuadro 7, la
tendencia a más largo plazo podría ser la de un descenso muy suave
de las tres lenguas en conjunto, que correspondería a las
diferencias en los crecimientos naturales de la población en las
distintas áreas del mundo (compensado sólo en parte por la extensión
del uso de los idiomas metropolitanos en las antiguas colonias). Los
hablantes de español habrían aumentado relativamente en este periodo
por compartir, en su mayor parte, las poblaciones del mundo
hispánico las características demográficas de los países en
desarrollo (la explosión demográfica).
La comparación de los dos cuadros sugiere que, en términos relativos,
el español podría haber llegado en los años noventa al final de un
ciclo de expansión relativa de sus hablantes. Una vez terminada lo
que los demógrafos llaman la «transición demográfica» (rápido
crecimiento caracterizado por altas tasas de natalidad y caída de la
mortalidad) los países de habla hispana entrarían en una fase de
crecimiento pausado.
CONCLUSIONES Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓN
El informe demolingüístico elaborado concluye que el número de
hablantes de español en el mundo (GLM y bilingües) supera los 350
millones. Para llegar a esta cifra se han tenido que afrontar
numerosos problemas teóricos, metodológicos y técnicos, tantos que
forzosamente se ha de hablar de cautela, de provisionalidad y de
cálculos aproximativos.
Las
estadísticas comparadas permiten apreciar que el número de
hispanohablantes en el mundo es claramente inferior al de los
anglófonos y notablemente superior al de los hablantes de francés.
En general, en la evolución demográfica de los tres idiomas destaca
una estabilidad que puede deberse a que el periodo considerado
(1984-1996) es demasiado corto para reflejar tendencias prolongadas.
Hemos podido observar, no obstante, que crecen más, aunque muy poco,
el francés y el inglés que el español, quizá por las posibilidades
de expansión que les proporciona su oficialidad en países de
elevadas tasas de crecimiento de la población.
El español en el siglo XXI
Las proyecciones realizadas para el año 2010 revelan, con todas las
reservas necesarias, que el español podría haber llegado al final de
un ciclo de expansión relativa de su número de hablantes.
Consecuentemente, si el aumento de los hispanohablantes desde este
final de siglo se prevé como pausado, a partir de ahora la eventual
expansión del español habría de basarse en otros factores, muchos de
ellos de naturaleza cualitativa, como un mayor prestigio cultural,
mayor poder adquisitivo, mayor uso como segunda lengua, mayor uso
como lengua de la ciencia y la tecnología o la adopción como lengua
franca fuera de los países de habla hispana, entre otros. Una vez
alcanzada una presencia internacional de primer orden, es el momento
de promover e impulsar políticas lingüísticas encaminadas a
acrecentar el prestigio cultural, científico y tecnológico de los
países hispánicos y, por tanto, de la lengua española.
Al mismo tiempo, sería aconsejable que, a través de los instrumentos
políticos –nacionales e internacionales– que se estimaran oportunos,
se llegara a un acuerdo entre todos los países hispanohablantes con
la mirada puesta en una planificación del español, que podría buscar,
como objetivos comunes y esenciales, los siguientes: a) favorecer la
unidad, el enriquecimiento y la actualización de la lengua española;
b) garantizar el derecho a la comunicación en español en situaciones
públicas en los países hispanohablantes; c) proteger el derecho a
hacer un uso correcto y prestigioso de la lengua española. El
español es una lengua de cultura, internacional, homogénea, extensa
y compacta que merece una política lingüística que contribuya a
mantener estos atributos, en beneficio de la propia lengua y de sus
hablantes como individuos.
Finalmente, las dificultades metodológicas del análisis demográfico,
a las que se ha hecho referencia más arriba, nos obligan a sugerir
la realización de estadísticas lingüísticas comparables en todo el
mundo hispánico, en su conjunto y para cada uno de sus países. Sería
bueno trabajar a partir de unos mismos criterios para fijar los glm
e introducir en los censos preguntas homologadas, capaces, no ya de
garantizar, sino simplemente de hacer posible la comparación de los
datos. Hasta que no se haga así y así se practique durante un tiempo
prolongado, será difícil conocer con el rigor debido la situación de
las lenguas que se dan cita en el mundo hispánico, muy especialmente
de la lengua española.
EL ESPAÑOL EN LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES
EL
ESPAÑOL COMO LENGUA DIPLOMÁTICA
La coincidencia absoluta de título y autor entre este informe, el
artículo incluido en el libro El peso de la lengua española en el
mundo [1] y la intervención, el 16 de julio de 1996, en Soria, en el
seminario «La lengua española en el mundo. Aspectos políticos y
económicos», organizado por las fundaciones Duques de Soria e
Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior,
conlleva necesariamente una repetición de datos, posiciones y
argumentos a los que quien esto escribe ha llegado, no sólo a través
de un estudio teórico, sino de una vivencia profesional como
Representante de España, de manera permanente u ocasional, en
algunas de las organizaciones Internacionales mencionadas en este
informe, y del contacto y colaboración con colegas y funcionarios
internacionales, españoles e iberoamericanos, con los que le une
este interés común por la defensa y promoción de la utilización de
nuestro idioma en los foros internacionales.
Como afirmé en el citado seminario en Soria: «la perspectiva desde
la que ahora vamos a intentar ver a nuestra lengua en el mundo», es
decir, «en los organismos Internacionales, puede ser hoy, quizás, la
más adecuada para juzgar sobre su peso real, sus posibilidades, sus
riesgos y carencias, y sobre este juicio, basado en hechos, trazar
una estrategia orientada a la acción, posibilista pero ambiciosa,
con los pies en la tierra pero la mirada en el horizonte,
contemplando, como se pide en la convocatoria de este seminario, los
aspectos políticos y económicos, que en el marco de las
organizaciones Internacionales se nos presentan con particular
claridad y relieve».
Protagonismo de las organizaciones internacionales
«El
creciente protagonismo de estas organizaciones Internacionales»,
dije en el citado seminario, «es una de las características más
definidoras de nuestros tiempos, fruto de dos fenómenos coincidentes
y complementarios:
»El espectacular progreso de las comunicaciones, en su más amplio
sentido, que permite el traslado de mercancías, personas, noticias,
imágenes e ideas de manera rápida (instantánea, e incluso
relativamente previa a veces) y asequible, que ha producido un mundo
interdependiente, en el que todos nos vemos afectados —en diverso
grado, por supuesto— por lo que ocurre en cualquier lugar del
planeta, que se ha convertido, según la acertada expresión de Mc
Luhan en la aldea global.
»La percepción, por los sectores más sensibles e influyentes, en los
países más avanzados, de las dos catástrofes de este siglo, las dos
guerras mundiales, como consecuencia de los intentos de establecer
sistemas de relación internacional basados en la vieja idea
imperial, que, hasta el estallido de 1914, había sido el motor de la
Historia.
»La nueva Sociedad Planetaria se manifiesta —y va desarrollándose—»,
afirmé en la misma ocasión, «por la creación de foros, ágoras,
lugares públicos en los que, sin tapujos, a veces, pero también en
pequeños grupos que se hablan más secretamente con frecuencia, se
discuten los asuntos públicos, sin que en estos foros o ágoras, como
ocurría también en los que les precedieron, se llegue siempre a
adoptar decisiones o acuerdos que, sin embargo, sí son muchas veces
propiciados —y condicionados— por estos debates.
»Estos foros o ágoras son las Conferencias u organizaciones
Internacionales, de muy variados tipos, porque los miembros de esta
Comunidad Internacional (que se está creando y que aún carece de
estructuras semejantes al instrumento característico de la
denominada Edad Moderna: el Estado) ya no son sólo los Estados, sino
entes supraestatales, unas veces públicos o de interés público,
otras privados, e incluso a veces los individuos, los seres humanos
directamente».
El latín en la diplomacia
El Embajador Joaquín Ortega Salinas inició su Memoria, no publicada,
presentada en la Escuela Diplomática en cumplimiento del artículo 56
del Reglamento de la citada Escuela, el 19 de abril de 1965,
afirmando que «comparada con nuestro tiempo, la Edad Media fue,
desde el punto de vista del lenguaje, una época privilegiada,
gracias al predominio absoluto del latín como lengua culta,
eclesiástica y política. Quedaba así resuelto, al menos entre las
minorías rectoras, el problema de la intercomunicación. Pero el
Renacimiento, la Reforma y la aparición de los Estados nacionales
determinaron un cambio de rumbo irreversible.
»El latín, lengua oficial del Sacro Imperio Germánico, difícilmente
podía sobrevivir al ocaso de la institución imperial, pero este
proceso de sustitución fue lento. Los clásicos españoles que
concibieron el Derecho de Gentes precisamente para permitir la
convivencia entre naciones después del fracaso de la etnarquía,
escribieron su obra en latín».
Recuerda el Embajador Ortega en esa memoria que «en un momento
concreto pareció que se afirmaba el español como lengua diplomática.
La anécdota es conocida: con motivo de su coronación en la Corte
Pontificia, en 1530, Carlos V pronuncia un discurso en español; el
obispo de Mâcon, Embajador de Francia, no le entiende y el Emperador
replica: Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras
palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece
ser sabida y entendida de toda la gente cristiana.
»Después, por la abdicación de Carlos V y la separación del Imperio
y de España entre otras razones, no pudo el español sustituir al
latín como lengua internacional».
«En el Congreso de Westfalia», recuerda asimismo el Embajador Ortega
[6], «aparece por primera vez el concepto de igualdad entre los
Estados y como corolario el de la igualdad entre los idiomas; el
latín empieza a dejar paso a los idiomas vulgares en la redacción de
plenipotencias y en las deliberaciones, si bien todos los documentos
se redactaron en latín. Todavía en Utrecht, en 1715, se celebraron
las negociaciones en latín (…)».
El francés y el inglés en la diplomacia
«El vacío dejado por el latín que la lengua española no pudo llenar
por entonces», dice asimismo el Embajador Ortega en su Memoria, «fue
aprovechado por la francesa. (…) Las primeras armas del francés como
idioma diplomático se remontan a Westfalia, en Nimega consigue ya un
adelanto notable y en Rastadt , por primera vez, el francés es el
único idioma de negociación. A partir de entonces se va confirmando
esta regla aunque en la práctica tropiece con ciertas resistencias.
Así en Aquisgrán (1748) [10] se hace constar la reserva de que el
empleo del francés no puede constituir un precedente para futuras
negociaciones» .
«En 1815», recuerda más adelante el Embajador Ortega, «en el Acta
final del Congreso de Viena, los ingleses exigen la inclusión de una
reserva semejante a la que constaba en el acta de Aix. (…) La
reserva de Viena desaparece ya en el tratado de París de 1856, punto
culminante de una evolución lenta y sostenida. En 1878, en el
Congreso de Berlín, Bismarck tiene que hacer uso de su autoridad
para resolver un incidente diplomático suscitado por la reclamación
del representante de Francia. En efecto, el Embajador ruso
interrumpe su discurso en francés y sigue en inglés en honor de
Disraeli, que no entendía bien el otro idioma.
»Al aminorar la resistencia inglesa empieza a cobrar fuerza la
oposición norteamericana. En 1895, en el tribunal arbitral reunido
en París para conocer de su controversia con el Reino Unido sobre la
jurisdicción en el mar de Bering, los Estados Unidos se opusieron al
empleo del idioma francés. (…) en la conferencia de la paz de 1919,
a instancias de Wilson, el inglés quedaba equiparado al francés».
«Las versiones francesa e inglesa del Tratado de Versalles eran
igualmente auténticas», recuerda asimismo el Embajador Ortega, «pero
todavía conseguía la diplomacia de la Tercera República que el texto
francés de los Tratados de Neuilly, Saint-Germain, Trianon y Sèvres,
fuera fehaciente en caso de discrepancia y que el Tratado de
Lausanne se redactara únicamente en francés».
Pese a que Estados Unidos se abstuvo de participar en la creación de
la Sociedad de las Naciones, en los órganos de ésta se instaló el
bilingüismo franco-inglés, sin que prosperaran —afirma el Embajador
Ortega en su Memoria— intentos de delegaciones hispanoamericanas
para una utilización más amplia del español.
«En 1920, en la Conferencia de la Unión Postal Universal celebrada
en Madrid», recuerda asimismo el Embajador Ortega, «el representante
de los Estados Unidos pedía que se reconociera el español como
lengua oficial junto al francés, e incluso con carácter prioritario,
por ser mayoría los países de habla española. La propuesta no
prosperó».
Las características de la representación en la Oficina Internacional
del Trabajo (OIT) fueron motivo, recuerda el Embajador Ortega, de
que los representantes de los países de habla española solicitaran
que se tradujeran las intervenciones a nuestro idioma y que Alemania,
en 1927, solicitara para el suyo el rango de lengua oficial. Ninguno
de los dos intentos tuvo éxito .
«En el período de liquidación de la Sociedad de Naciones, o sea al
final de la segunda Guerra Mundial», señala el Embajador Ortega, «se
pusieron de manifiesto dos fenómenos contradictorios: por una parte
el predominio del inglés (los grandes instrumentos internacionales
que iban a determinar la inmediata posguerra, Carta del Atlántico,
Acuerdos de Bretton Woods, etc., se redactaron principalmente en
inglés); por otra parte, el reconocimiento de varios idiomas
internacionales en las conferencias destinadas a regular la paz, por
ejemplo en la Conferencia de Chicago sobre Aviación Civil y muy
principalmente en la de San Francisco».
Es en esta Conferencia de San Francisco donde se consagra el nuevo
sistema lingüístico que va a caracterizar a la organización de las
Naciones Unidas y, en consecuencia, a gran parte de los organismos
internacionales que irán naciendo en el marco de la nueva
organización.
El Embajador Ortega en su Memoria afirma que «en la farragosa
documentación de la Conferencia de San Francisco no hay constancia
clara del origen de la propuesta. En el proyecto de Dumbarton Oaks
no se hace referencia alguna ni a los idiomas de la Conferencia ni a
los de la futura organización. En las observaciones previas de los
gobiernos a quienes fue sometida la propuesta antes de convocarse la
Conferencia no se menciona tampoco la cuestión, salvo en las de
Brasil y Venezuela, que por razones prácticas se inclinaban por el
mantenimiento del régimen de la Sociedad de Naciones. Cuba en cambio
pedía la equiparación del español con el inglés y el francés, y
presentó propuestas concretas en ese sentido al principio de la
Conferencia».
En el proyecto de Reglamento presentado por la Secretaría
Provisional se proponían los cinco idiomas oficiales en los que
debía redactarse el texto definitivo de la Carta, pero se señalaba
un único idioma de trabajo, el inglés, en el que se redactarían los
documentos, las actas y el diario y en el que se realizarían las
declaraciones.
Francia, que no era potencia invitante, pero que estaba previsto
sería uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, se
opuso a este monolingüismo, con el apoyo en general de las
Delegaciones hispanoamericanas, aunque la Delegación de Honduras
anunció que, si se concedía al francés el rango de lengua
suplementaria de trabajo, exigiría el mismo trato para el español.
Chile, Venezuela y Perú intervinieron en favor del francés.
Finalmente, a propuesta de la URSS, quedaron definitivamente
aprobados los cinco idiomas oficiales de la Conferencia, y francés e
inglés como idiomas de trabajo, dejando el concepto de idioma
oficial ceñido —precisa el Embajador Ortega cuya Memoria sigo en
todo este apartado— «al objetivo de la Conferencia, o sea la
redacción de la Carta».
Evocados estos antecedentes vamos a tratar, en los siguientes
apartados, de señalar la realidad actual en los diversos organismos
Internacionales de los que España es miembro, con referencias
concretas a cada organización, empezando por la de las Naciones
Unidas, por ser la más universal y la que origina el nuevo sistema.
ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDA (I)
La Carta de esta Organización (firmada en San Francisco el 26 de
junio de 1945 y que entró en vigor el 24 de octubre del mismo año)
supone, como hemos anunciado, un cambio importante respecto a la
situación anterior, ya que el Pacto de la Sociedad de las Naciones
que la precedió estaba redactado en dos idiomas oficiales: inglés y
francés, ambos con el mismo valor, mientras que la Carta de la
Organización de las Naciones Unidas se redactó en cinco idiomas:
chino, francés, ruso, inglés y español, estableciéndose en su
artículo final, el 111, que «son igualmente auténticos». Expresión
paralela se utiliza en el texto inglés «are equally authentic»,
mientras que el francés dice «feront également foi».
El profesor Jacqué, en el comentario que acabamos de citar en la
nota n.º 21, recuerda que durante los trabajos preparatorios
únicamente el representante de los Países Bajos se refirió a las
dificultades que podrían originarse por esta redacción de la Carta
en cinco idiomas, todos con el mismo valor jurídico. El delegado
soviético replicó que aún serían mayores las dificultades que se
producirían si quería hacerse prevalecer uno de los textos.
El resultado fue, como afirma el profesor Jacqué citando a Ruth
Russell, que no se incluyó en la Carta ninguna disposición sobre su
interpretación, lo que teóricamente puede dar lugar a problemas en
relación no sólo con este instrumento, sino en general con otros
tratados multilingües.
Este artículo 111 no determinaba con certeza cuáles serían los
idiomas en los que se realizarían los trabajos de los órganos de la
nueva organización, a quienes correspondió la decisión.
Así, la batalla volvió a plantearse, incluso antes de que se
celebrase el primer período de sesiones de la Asamblea General, en
el seno de la Comisión preparatoria de las Naciones Unidas, que se
creó al terminar la Conferencia de San Francisco para asegurar la
interinidad hasta la convocatoria de estos órganos de las Naciones
Unidas, y para tomar las medidas concretas que facilitaran la
iniciación de actividades del nuevo organismo.
Idiomas oficiales e idiomas de trabajo
El embajador Ortega, en las páginas 91 a 114 de su Memoria, tan
merecida y repetidamente citada en este informe, ha hecho una
interesante historia de estos trabajos y de las deliberaciones en el
primero, segundo y tercer período de sesiones de la Asamblea
General, que, con gran esfuerzo, renuncio a incorporar a este
informe, señalando únicamente que, como hice constar en mi artículo
«El idioma español en las organizaciones internacionales»:
«La Asamblea General, en su primer período de sesiones, aprobó el 1
de febrero de 1946 un Reglamento Provisional (basado en un texto que
figuraba en el Informe de la Comisión Preparatoria de las Naciones
Unidas) según el cual en todos los Órganos de las Naciones Unidas,
excepto la Corte Internacional de Justicia, chino, francés, inglés,
ruso y español serán los idiomas oficiales, e inglés y francés los
idiomas de trabajo.
»Se precisaba en esta Resolución que los discursos en un idioma de
trabajo serían interpretados en el otro, y que los discursos en un
idioma oficial serían interpretados en los dos idiomas de trabajo.
Se admitía la posibilidad de utilizar terceros idiomas, pero
haciéndose cargo de la interpretación a un idioma de trabajo. Las
Actas se redactarían en los idiomas de trabajo, salvo petición de
alguna delegación de traducción a un idioma oficial. Los resúmenes
de las Actas se harían, tan pronto como fuera posible, en los
idiomas oficiales. Los Diarios de los Órganos de las Naciones Unidas
se publicarían en los idiomas de trabajo.
»En el tercer período de sesiones, la Asamblea General decidió
incluir el español entre sus idiomas de trabajo y enmendar en tal
sentido los artículos 44 a 48 de su Reglamento. Lo mismo hizo con el
ruso en el XXIII período de sesiones [28] y con el chino en el
período XXVIII.
»En este mismo período de sesiones (XXVIII), la Asamblea General
decidió incluir el árabe entre los idiomas oficiales y de trabajo
[30] con lo cual se incorporaba un nuevo idioma a los citados en el
artículo 111 y quedaba, por tanto, definitivamente claro que este
artículo no tenía jurídicamente ninguna relevancia en la
determinación de los idiomas en que se desarrollarían los trabajos
de los Órganos de las Naciones Unidas y que su alcance se limitaba a
establecer la igualdad de los cinco textos de la Carta.
»El artículo 51 del Reglamento de la Asamblea General en su vigente
redacción establece, pues, que el árabe, el chino, el español, el
francés, el inglés y el ruso serán a la vez los idiomas oficiales y
los idiomas de trabajo de la Asamblea General, sus comisiones y sus
subcomisiones, desarrollándose, después, en los artículos 52 a 57,
ambos inclusive, esta igualdad entre los seis idiomas (árabe, chino,
español, francés, inglés y ruso) y su situación privilegiada con
respecto a los de los otros países Miembros».
«Evolución análoga», señalé en el citado artículo, «fue seguida por
el Consejo de Seguridad, que en los artículos 41 a 47 de su
Reglamento Provisional da el mismo trato privilegiado que la
Asamblea a los seis idiomas citados».
El Consejo Económico y Social
«En el Consejo Económico y Social», señalé en el citado artículo
[34], «continúa, sin embargo, la distinción entre idiomas oficiales
y de trabajo, ya que el artículo 32 de su Reglamento dispone: El
árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso serán
los idiomas oficiales, y el español, el francés y el inglés los
idiomas de trabajo del Consejo». Los artículos 33 a 35, ambos
inclusive, regulan el régimen lingüístico del Consejo Económico y
Social (ECOSOC).
El español se incorpora así, en este Reglamento del Consejo
Económico y Social, al francés e inglés en el reducidísimo grupo de
idiomas de trabajo, diferenciándose de las otras tres lenguas
oficiales (árabe, chino y ruso), quizás por entender los autores del
Reglamento que los tres idiomas de trabajo son, en verdad, idiomas
de comunicación universal, mientras que los otros tres están más
concentrados en determinadas zonas y tienen una relevancia más
coyuntural como instrumento.
El embajador Ortega ha historiado también en su Memoria los
esfuerzos de los países de lengua española en favor de la
utilización privilegiada de nuestro idioma en este Consejo Económico
y Social, «que ofrecía particular interés», dice el embajador
Ortega, «por la índole propia de sus actividades y por coordinar los
organismos especializados».
Las Comisiones Económicas Regionales, situadas en el marco del
Consejo Económico y Social, siguen, en la práctica, regímenes
lingüísticos diferentes, pues, por ejemplo en la Comisión Económica
para Europa (CEE), el ruso es idioma oficial, junto al inglés y al
francés [38], mientras que en la Comisión Económica para África son
lenguas de trabajo el árabe, el inglés y el francés [39]; en la
Comisión Económica y Social para Asia Occidental el inglés, el
francés y el árabe; en la Comisión Económica y Social para Asia y el
Pacífico, el inglés, el ruso, el chino y el francés; y en la
Comisión Económica para América Latina (CEPAL) son idiomas oficiales
el español, el francés, el inglés y el portugués, y los tres
primeros, idiomas de trabajo.
El embajador Ortega afirma en su Memoria que, al aprobarse el nuevo
régimen lingüístico del ECOSOC, consecuencia de una propuesta
presentada por Argentina, Cuba, México y Uruguay en su XIV período
de sesiones [44], permaneció inalterado el régimen lingüístico de
las Comisiones Regionales, «en la CEPAL por estar ya previsto el
empleo del español como idioma de trabajo; en la CEE por no haber
entonces ninguna delegación de habla española. No obstante», opina
el embajador Ortega, «cuando ingresó España en las Naciones Unidas
en 1955 y, por consiguiente, en la Comisión Económica para Europa,
hubiera podido exigir, en aplicación estricta del Reglamento, el
reconocimiento del español como idioma de trabajo».
Secretaría de las Naciones Unidas
La Secretaría de las Naciones Unidas tiene como idiomas de trabajo
el francés y el inglés, conforme a lo establecido en el Reglamento
de Idiomas, anexo a la resolución 2 del 1 de febrero de 1946.
El citado reglamento se refiere a «todos los órganos de las Naciones
Unidas aparte del Tribunal de Justicia Internacional», esto es,
según el artículo 7.1 de la Carta, a la Asamblea General, Consejo de
Seguridad, Consejo Económico y Social y Secretaría.
Como antes he mencionado, la Asamblea General, el Consejo de
Seguridad y el Consejo Económico y Social han adoptado,
posteriormente, su propio reglamento de idiomas conforme al apartado
b de esta resolución 2 de la Asamblea General.
En cuanto a los Fondos y Programas de las Naciones Unidas —Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD/Fondo Población),
Fondo Internacional de Naciones Unidas para la Infancia (United
Nations International Children Emergency Fund, UNICEF), United
Nations Development Fund for Women (UNIFEM)—, según me informó el 2
de abril de 1997 el entonces embajador de España ante esta
Organización de las Naciones Unidas, Carlos Westendorp, la
dependencia funcional del Secretario General de las Naciones Unidas
en que se encuentran estos fondos y programas supone que, en su
ámbito interno, se aplique el régimen de idiomas de trabajo de la
Secretaría.
En el ámbito intergubernamental, la Junta Ejecutiva de UNICEF sigue
el régimen de los seis idiomas oficiales y tres idiomas de trabajo
(español, francés e inglés).
La Junta Ejecutiva PNUD/Fondo Población (que es conjunta para ambos
programas) sigue el mismo régimen.
El sistema es similar respecto al UNIFEM, ya que este Fondo es
dirigido por la Junta Ejecutiva PNUD/Fondo Población.
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y
Centro de Asentamientos Humanos de las Naciones Unidas (HABITAT):
según me ha informado el pasado 17 de junio de 1997 el embajador de
España en Nairobi, Fermín Prieto-Castro, acreditado ante estos dos
organismos de Naciones Unidas:
«tanto la Secretaría del PNUMA como el Centro de Asentamientos
Humanos siguen las normas de la Secretaría de ONU en cuanto a la
utilización de idiomas, que son las siguientes:
idiomas oficiales: inglés y francés, para escritos internos;
idiomas de trabajo: inglés, francés y español, para correspondencia,
anuncios de vacantes, etc.;
para las reuniones oficiales: el árabe, el chino, el español, el
francés, el inglés y el ruso;
en los Comités de Representantes permanentes del PNUMA y de HABITAT,
y para aliviar costes, se decidió en su momento, utilizar solamente
el inglés;
para las reuniones de la Comisión de HABITAT y para las reuniones
del Consejo de Administración del PNUMA, me remito a los artículos
24 y 63 de sus respectivos Reglamentos, de los que adjunto fotocopia».
En efecto, el Reglamento de la Comisión de Asentamientos Humanos, en
su Sección VII. «Idiomas y Actas» dispone:
«Idiomas oficiales y de trabajo. Artículo 24:
»1. El árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso
serán los idiomas oficiales y de trabajo de la Comisión. Los
discursos pronunciados en cualquiera de estos idiomas serán
interpretados a los demás idiomas de la Comisión.
»2. Todo representante podrá formular una exposición en cualquier
otro idioma si dispone la interpretación de la exposición a uno de
los idiomas oficiales. La interpretación hecha por los intérpretes
de la secretaría a los demás idiomas oficiales podrá basarse en la
interpretación dada en el primer idioma oficial.
»Idiomas de las resoluciones y de las demás decisiones oficiales.
Artículo 25:
»Todas las resoluciones, recomendaciones y demás decisiones
oficiales y todos los informes de la Comisión se proporcionarán en
los idiomas oficiales de la Comisión.
»Distribución de las decisiones oficiales y de los informes.
Artículo 26:
»Tan pronto como sea razonablemente factible, la secretaría
transmitirá a todos los miembros de la Comisión y a cualesquiera
otros participantes en el período de sesiones las resoluciones,
recomendaciones y otras decisiones oficiales de la Comisión. El
texto impreso de tales resoluciones, recomendaciones y otras
decisiones oficiales, así como de los informes de la Comisión a la
Asamblea General, será distribuido en todos los idiomas de trabajo
de la Comisión después de la clausura del período de sesiones a
todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas, a los organismos
especializados y a las organizaciones intergubernamentales a que se
refiere el artículo 58».
El Reglamento del Consejo de Administración del Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente en su Sección IX, «Idiomas
y Actas» establece:
«Idiomas e interpretación. Artículo 63:
»1. El árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso
serán los idiomas oficiales y de trabajo del Consejo de
Administración. Los discursos pronunciados en cualquiera de estos
idiomas serán interpretados en los demás idiomas del Consejo de
Administración.
»2. Cualquier representante podrá hacer uso de la palabra en idioma
distinto de los idiomas del Consejo de Administración. En este caso
se encargará de suministrar la interpretación en uno de los idiomas
del Consejo de Administración. La interpretación hecha por los
intérpretes de la secretaría en los demás idiomas del Consejo de
Administración podrá basarse en la interpretación hecha en el primer
idioma del Consejo de Administración.
»Idiomas en que se proporcionará el texto de las resoluciones, las
demás decisiones oficiales y los documentos, y distribución de los
mismos. Artículo 64:
»1. El texto de todas las resoluciones, recomendaciones y demás
decisiones oficiales del Consejo de Administración, así como de los
informes del Consejo de Administración a la Asamblea General y de
otros documentos, será proporcionado en los idiomas del Consejo de
Administración.
»2. El texto de las resoluciones, recomendaciones y demás decisiones
oficiales adoptadas por el Consejo de Administración, los comités
que éste constituya para los períodos de sesiones y demás órganos
auxiliares, será distribuido por la secretaría a todos los miembros
del Consejo de Administración y a los demás participantes en el
período de sesiones. El texto impreso de estas resoluciones,
recomendaciones y demás decisiones oficialmente adoptadas, así como
el de los informes del Consejo de Administración a la Asamblea
General, será distribuido, tan pronto como sea posible después de la
clausura del período de sesiones, a todos los Estados Miembros de
las Naciones Unidas o miembros de algún organismo especializado o
del Organismo Internacional de Energía Atómica, y a las
organizaciones intergubernamentales mencionadas en el artículo 68».
La encargada de Negocios de la Embajada de España en Nairobi,
Cristina Díaz, me informó el 22 de julio de 1997, que «el Comité de
Representantes Permanentes de HABITAT utilizó siempre el inglés en
sus sesiones de trabajo. El Comité de Representantes Permanentes del
PNUMA sólo en el año 1992 hizo uso de intérpretes, pero el coste fue
tan alto que no se volvió a repetir. Sin embargo, el Consejo de
Administración en su 17 sesión (10 a 21 mayo 1993) instó al Director
Ejecutivo que solicitara al Secretario General que considerara la
posibilidad de financiar los servicios de interpretación a cargo del
presupuesto General de las Naciones Unidas. La propuesta no prosperó
y desde 1993 se ha venido utilizando sólo el inglés».
En la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos,
conocida comúnmente por sus siglas en inglés, UNRWA (United Nations
Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East), en
principio es aplicable el régimen establecido por la Asamblea
General de Naciones Unidas, que, como hemos señalado antes, no
distingue ya entre idiomas oficiales y de trabajo, y otorga ambas
calificaciones al inglés, francés, ruso, chino, español y árabe,
pero en la práctica «el idioma de trabajo de la Agencia», según
información remitida por su sede en Gaza el 6 de mayo de 1997 al
Cónsul General de España en Jerusalén, D. Manuel Cacho, que me la
transmitió el 19 de mayo de 1997, «es el inglés y limitadamente el
árabe». En la misma información se menciona el hecho de que la
Comisión Consultiva de UNRWA, un órgano subsidiario de la Asamblea
General establecido al crearse la Agencia [50], decidió en 1981 que
los idiomas de trabajo de la Comisión serían el árabe, el inglés y
el francés.
La Universidad de las Naciones Unidas
La Universidad de las Naciones Unidas (UNU) es un organismo cuya
libertad académica y autonomía están establecidas en el artículo II
de su Carta aprobada por resolución 3081 (XXVIII) de la Asamblea
General de las Naciones Unidas, el 6 de diciembre de 1973. Tiene su
origen en una propuesta presentada por el entonces Secretario
General de las Naciones Unidas, U Thant. La promesa del gobierno de
Japón de contribuir con usa 100 millones de dólares al Fondo de
Dotación de la UNU facilitó su establecimiento. En junio de 1992, el
mismo gobierno puso a disposición de la UNU el edificio de su sede
permanente en Tokio.
Como perteneciente a la Organización de Naciones Unidas, son idiomas
oficiales de la UNU los seis de la ONU, es decir, inglés, francés,
español, chino, árabe y ruso. Sin embargo —según me informó el
pasado 20 de mayo de 1997 el Consejero Cultural de la Embajada de
España en Tokio, D. Gerardo Bugallo—, en la práctica se usa más el
inglés y, aunque no es idioma oficial, se usa frecuentemente el
japonés. Un 95% de las publicaciones se escriben en inglés, seguido
por el japonés, francés y español, traducidos del inglés.
El Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las
Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer, International
Research and Training Institute for the Advancement of Women (INSTRAW)
fue establecido por el Consejo Económico y Social, de conformidad
con una decisión anterior de la Asamblea General, basándose en la
recomendación de la Conferencia Mundial del Año Internacional de la
Mujer, celebrada en la ciudad de México en 1975.
El Instituto es un órgano autónomo enmarcado en el sistema de las
Naciones Unidas y fue establecido, de acuerdo con la Carta de las
Naciones Unidas, para servir de vehículo a nivel internacional con
la finalidad de emprender investigaciones, establecer programas de
capacitación y distribuir información, para integrar y movilizar a
la mujer dentro del proceso de desarrollo.
Este Instituto, cuya sede está en la ciudad de Santo Domingo (República
Dominicana) realiza sus publicaciones en inglés, español y francés,
y «se rige», según información de su Directora en funciones, Martha
Dueñas Loza, comunicada el 19 de marzo de 1997 a la Directora del
Centro Cultural Hispánico, Agregada Cultural a la Embajada de España
en la República Dominicana, Dña. Ana Tomé, que me la transmitió el
30 de abril de 1997, «por los glosarios publicados por la Secretaría
General de Naciones Unidas» en los seis idiomas oficiales de la
Organización.
El problema de la utilización de diversos idiomas en la Organización
de Naciones Unidas sigue vigente, como demuestra el hecho de que el
pasado 2 de noviembre de 1995, en la sesión 49 de la Asamblea
General de Naciones Unidas, fuera aprobada por 100 votos a favor, 35
en contra y 29 abstenciones, la resolución 50/11 titulada «Multilingüismo»
que, por su interés y actualidad, reproduzco en nota a pie de página,
mencionando también la posición adoptada por los diferentes países,
por entender que es extraordinariamente significativa.
En cumplimiento de esta resolución, el 6 de noviembre de 1997, el
Secretario General de Naciones Unidas presentó al quincuagésimo
segundo período de sesiones de la Asamblea General el informe que
reproduzco en nota a pie de página [54]. En la conclusión de este
informe, el Secretario General afirma: «Como se señala anteriormente,
la Secretaría ha seguido una política de promoción continua de la
enseñanza y utilización de los idiomas oficiales e idiomas de
trabajo de la Organización en todas sus actividades. En atención a
la resolución 50/11 de la Asamblea General, se han redoblado los
esfuerzos encaminados a ese fin para que la promoción del
multilingüismo siga siendo un objetivo primordial de la Organización».
La Corte Internacional de Justicia
En la Corte Internacional de Justicia sigue vigente el bilingüismo
característico del sistema de la Sociedad de las Naciones de que
procede.
El Secretario General de esta Corte Internacional de Justicia, D.
Eduardo Valencia-Ospina, señalaba, el pasado 24 de marzo de 1997, al
Embajador de España en La Haya, D. José Pons, que me transmitió esta
información, vía Ministerio de Asuntos Exteriores, el 1 de abril de
1997, que «el Comité consultivo de Juristas de 1920, que preparó el
primer proyecto de Estatuto de la Corte permanente de Justicia
internacional, se había pronunciado a favor de un monolingüismo
francófono, considerando que la permanencia de la Corte debía
confirmarse con la permanencia del idioma».
«Sin embargo», afirma el mismo Secretario General, «el Consejo y la
Asamblea de la Sociedad de las Naciones decidieron que la CPJI
tendría dos idiomas oficiales, como la propia Sociedad: francés e
inglés. Este principio se mantuvo en 1945 para la CIJ, a pesar de
que las Naciones Unidas hubiesen adoptado cinco idiomas oficiales.
Es pues en francés y en inglés que la Corte trabaja (en formación
plenaria como en sus salas y en sus distintos comités). Los jueces
se expresan en francés y/o en inglés y las partes redactan sus
escritos y pronuncian sus alegatos en uno de estos dos idiomas o en
los dos.
»En principio, la Secretaría se encarga en cada caso de las
traducciones escritas y de las interpretaciones orales de un idioma
oficial al otro. Las partes pueden convenir entre ellas la
utilización del mismo idioma; pueden también usar otro idioma que el
francés o el inglés, a ciertas condiciones que vienen precisadas en
el Estatuto y el Reglamento de la Corte (por ejemplo, España ejerció
esta facultad —y utilizó el idioma español en el asunto Borchgrave
ante la CPJI y en el de la Barcelona Traction ante la CIJ). Los
documentos de la Secretaría son bilingües y la correspondencia se
hace en francés o en inglés. Todos los funcionarios deben dominar
los dos idiomas».
Este régimen está establecido en el artículo 39 del Estatuto,
precisado en particular por los artículos 51, 70, 71 y 96 del
Reglamento.
El Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia
l Tribunal
Penal Internacional para la ex-Yugoslavia aprobó su estatuto el 25
de mayo de 1993 y en él dedicó el Artículo 33 [56] a su régimen
lingüístico. La Sra. Dorothee de Sampayo Garrido-Nijgh informó, en
nombre de la Secretaría General del Tribunal, el pasado 26 de marzo
de 1997, al Embajador de España en la Haya, D. José Pons, que me lo
transmitió vía Ministerio de Asuntos Exteriores, de que, según este
artículo 33, «inglés y francés son los idiomas usados en todas las
decisiones de los Jueces del Tribunal, todos los documentos
expedidos por el Tribunal y toda la correspondencia oficial dentro
de y desde el Tribunal. Además todas las audiencias son celebradas
en inglés, francés y, como todos los acusados hasta la fecha
procedían de la ex-Yugoslavia, en serbo-croata».
Según esta información «ha habido varios casos en los que testigos y
amicus curiae comparecientes ante el tribunal han usado su propio
idioma, que no era ni francés ni inglés ni serbo-croata. Las
personas que comparecen ante el Tribunal Internacional, aparte el
defensor, tienen el derecho de proceder así de acuerdo con la Regla
3 (C) de las Reglas de Procedimiento y Prueba. Hasta ahora, alemán y
holandés han sido los únicos idiomas utilizados».
Se afirma también en la información que «no ha sido utilizada
tampoco la posibilidad ofrecida por la Regla 3 (C) por ningún
defensor para usar un idioma diferente del francés, inglés o
serbo-croata».
Termina afirmando la señora Dorothee de Sampayo Garrido-Nijgh que
«el español no es un idioma de trabajo del Tribunal y aunque una
persona compareciente ante el Tribunal, aparte del defensor, tiene
el derecho de usar el español, nadie lo ha hecho hasta ahora.
Algunos funcionarios del Tribunal, sin embargo, son hispanohablantes
y usan este idioma entre ellos de manera no oficial».
El Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra en
Ruanda
El Tribunal
Internacional para Crímenes de Guerra en Ruanda (The International
Criminal Tribunal for Rwanda, ICTR) fue creado por la resolución 955
(1994) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas [58], que en el
denominado «Estatuto» del Tribunal estableció dos idiomas oficiales:
francés e inglés.
Según información del Jefe de los Servicios de Idiomas y
Conferencias de este Tribunal, el Sr. Joël Quénette, de 24 de abril
de 1997, a la Encargada de Negocios a.i. de la Embajada de España en
Dar es Salaam, Dña. Cristina Latorre, que me ha transmitido el 30
del mismo mes de abril el Embajador, D. Luis Gómez de Aranda, «todos
los documentos oficiales se redactan en francés o inglés y son
habitualmente enviados para traducción en el otro idioma oficial del
ICTR. Sin embargo, algunos documentos procedentes de Ruanda, donde
uno de los idiomas oficiales es el kinyarwanda, están en kinyarwanda.
Estos pueden incluir deposiciones de testigos así como otros varios
documentos solicitados por la Oficina del Fiscal. Estos documentos
son traducidos del kinyarwanda al francés o al inglés. Habitualmente
son traducidos al otro idioma oficial del ICTR para los archivos. La
interpretación se hace simultáneamente en ambos, francés e inglés.
»Como algunos testigos en los procesos proceden de Ruanda y se
desenvuelven mejor hablando en kinyarwanda, se proporciona
interpretación al y del kinyarwanda. Sin embargo, debido a las
dificultades para conseguir intérpretes experimentados de
kinyarwanda, la interpretación al kinyarwanda se está haciendo en la
actualidad de manera consecutiva».
Organización de las Naciones Unidas para la educación,
la ciencia y la cultura (UNESCO)
La Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), aprobada en Londres el
16 de noviembre de 1945, fue redactada en francés e inglés, y en el
párrafo 1 de su artículo XIV se dispone que ambos textos «serán
igualmente auténticos»; pero, a diferencia de la Carta de las
Naciones Unidas, en el apartado 2 de este artículo XIV se establece:
«Todas las cuestiones y controversias relativas a la interpretación
de la presente Constitución serán sometidas, para su resolución, a
la Corte Internacional de Justicia o a un tribunal de arbitraje,
según determinare la Conferencia General con arreglo a su Reglamento».
El Reglamento de la Conferencia General, aprobado en su tercera
reunión, titula su capítulo X «Lenguas», estableciendo en el
artículo 52: «El árabe, el chino, el español, el francés, el inglés
y el ruso son las lenguas de trabajo de la Conferencia General»,
autorizando en el artículo 53 al Consejo Ejecutivo «cuando la
Conferencia se celebre en un país cuyo idioma oficial no sea una de
las lenguas de trabajo», «a tomar disposiciones oficiales para el
empleo, durante la Conferencia, del idioma del país de que se trate».
El artículo 54, en su párrafo 1, dispone: «Las lenguas oficiales de
la Conferencia General serán el árabe, el chino, el español, el
francés, el hindi, el inglés, el italiano, el portugués y el ruso»
y, en su párrafo segundo, señala que «cualquier otro idioma podrá
ser igualmente reconocido como lengua oficial de la Conferencia
General a petición del Estado o los Estados Miembros interesados;
sin embargo, ningún Estado Miembro podrá pedir ese privilegio para
más de una lengua».
Esta multiplicidad de posibilidades se intenta contener en los dos
artículos siguientes, pues el artículo 55 afirma que «todos los
documentos, así como el Diario de la Conferencia General, se
publicarán en las lenguas de trabajo», y distingue a continuación
entre la publicación «provisional» en que cada intervención se
reproducirá en la lengua de trabajo empleada por el orador y la «definitiva»
en que estas reproducciones serán seguidas, si la intervención se ha
hecho en lengua de trabajo que no sea francés o inglés, de
traducción, alternativamente de una sesión a otra, en una u otra de
esas dos lenguas.
Se intenta así conciliar la igualdad en principio concedida a las
seis lenguas de trabajo, con la exigencia práctica de que los textos
sean entendidos por el mayor número posible de lectores, lo que
lleva a traducirlos, pero sólo a uno, alternativamente diferente de
una sesión a otra, de los idiomas de trabajo, reconociendo así una
mayor universalidad al francés y al inglés por encima de los otros
cuatro: árabe, chino, español y ruso.
A las lenguas oficiales (las nueve mencionadas en el artículo 54, es
decir, las seis del artículo 53 más el hindi, el italiano y el
portugués) a las que puede añadir más la Conferencia General, según
el segundo apartado de este artículo 54, se traducirán (según
dispone el artículo 56, «todas las modificaciones del texto de la
Constitución y todas las decisiones de la Conferencia que afecten a
la Constitución y a la condición jurídica de la UNESCO».
Es decir, que las modificaciones de la Constitución deberán ser
traducidas a más idiomas (nueve en principio) que los dos (francés e
inglés) del texto original. En el apartado 2 de este artículo 56 se
abre aún más esta posibilidad de traducción a lenguas oficiales,
pues bastará con la petición de una Delegación para que haya que
traducir a cualquier lengua oficial cualquier documento importante,
pero la Delegación peticionaria deberá proporcionar los traductores
necesarios.
En el artículo 57 se abre la posibilidad para los delegados de
utilizar cualquier idioma, aunque no sea lengua de trabajo, pero con
la obligación de encargarse de su interpretación a una lengua de
trabajo, a partir de la cual la Secretaría lo hará interpretar a las
otras lenguas de trabajo.
En el Consejo Ejecutivo las lenguas de trabajo (según el artículo 21
de su Reglamento aprobado en su 29.ª reunión) serán el árabe, el
chino, el español, el francés, el inglés y el ruso, es decir, las
mismas de la Conferencia General, sin que exista, en el Consejo
Ejecutivo, la categoría de «lengua oficial».
El Acuerdo de Sede firmado en París el 2 de julio de 1954 con el
Gobierno francés, fue «hecho por duplicado en francés e inglés
siendo ambos textos igualmente auténticos».
Esta amplitud lingüística, producto de la propia naturaleza de la
UNESCO, convive con la tensión que las razones económicas provocan
en el seno de la Organización, y que llevan a reducciones
presupuestarias que perjudican más a unas u otras de las seis
lenguas de trabajo, como consecuencia de los esfuerzos de los
Miembros cuyos idiomas no figuran entre estos seis para intentar
limitar los gastos producidos por el multilingüismo que, piensan, no
son para ellos rentables. Frente a estos intentos, los
Representantes de los países a los que pertenecen los idiomas de
trabajo vienen reaccionando para no sólo mantener el statu quo
jurídico, sino, sobre todo, procurar que éste no se degrade en la
práctica.
Así, en 1974 se creó por los países de nuestro idioma el denominado
«Comité del Idioma Español» (CIE), del que forman parte España,
todos los países iberoamericanos cuyo idioma oficial es el español y
que tienen Delegación Permanente ante la UNESCO, más Guinea
Ecuatorial y Filipinas. La presidencia se ejerce de manera rotativa,
cambiando cada semestre, por los países miembros del Comité. En
estos momentos, julio de 1997, es ejercida por la República de El
Salvador. España desempeña siempre la Secretaría.
Voluntariado Naciones Unidas (United Nations Volunteer Program, UNV)
Según me
informó el pasado 10 de junio de 1997, el Embajador de España en
Bonn, José Pedro Sebastián de Erice:
«Sus idiomas oficiales son los seis de las Naciones Unidas.
»Aparte de esta disposición, no tienen ninguna normativa escrita
sobre el uso de idiomas.
»En la práctica, las reglas para el uso real de idiomas son
informales y siguen criterios enteramente pragmáticos. Tienen en
cuenta la demanda real, los conocimientos de idiomas del personal,
las reducidas dimensiones de la organización y, en particular, de su
sede central, las limitaciones del presupuesto para traducciones e
interpretación, y la escasísima frecuencia de reuniones
intergubernamentales.
»Ello se plasma en que el inglés es la lengua de trabajo de la
organización, con dominio casi absoluto: es la lengua franca del
personal de la sede central; la lengua en que se redactan los
documentos de trabajo; y el idioma que más suele usarse para
contactos exteriores, incluso con delegaciones oficiales.
»Sin embargo, ello no impide que se puedan usar otros idiomas (algunos
funcionarios francófonos hacen a veces gala de utilizar su idioma):
simplemente es poco práctico y por tanto poco frecuente, salvo que
haya razones especiales que lo aconsejen.
»Una de estas razones es, lógicamente, la especialización geográfica:
en ese sentido, los funcionarios de la Sección de América Latina de
UNV (una sección bastante importante por el número de proyectos en
esa región) hablan español prácticamente todos.
»Asimismo, cuando hay visitas de delegaciones de países
iberoamericanos, las reuniones pueden tener lugar en español cuando
los interlocutores son de dicha Sección. Sin embargo, cuando son de
otras secciones, suele hablarse inglés, eventualmente haciendo de
intérprete algún funcionario de la Sección de América Latina.
»UNV tiene muy raramente reuniones o conferencias
intergubernamentales: apenas una cada 4 ó 5 años. La próxima será a
finales de 1997, asistiendo representantes de Gobiernos, otras
organizaciones internacionales, ONGs, organizaciones nacionales de
voluntarios, etc. a fin de discutir la futura política y estrategias
del voluntariado de ONU.
»Sólo en estas ocasiones, y concretamente en la conferencia citada,
habrá excepcionalmente servicio de interpretación simultánea.
»Para seleccionar los idiomas de interpretación se seguirá el
criterio de la demanda real financiable. En consecuencia, los
idiomas serán inglés, francés y español (ya que habrá muchos
delegados hispanoparlantes y hay muchos programas en países
iberoamericanos). Se está estudiando la posibilidad de interpretar
también el ruso, pero sólo si viniesen delegaciones de la CEI de
entidad suficiente. Prácticamente se descarta el árabe y el chino.
»Estos gastos de interpretación los cubre el presupuesto de la
organización, pero son muy excepcionales. Normalmente se usa inglés
o interpreta algún funcionario, y muy rara vez se recurre, para
casos muy justificados, a interpretación comercial para alguna
delegación que la requiera.
»Por lo que se refiere a textos escritos, los proyectos de documento
y las publicaciones se redactan casi siempre primero en inglés.
Luego se traducen según la demanda. En concreto, casi todos se
traducen al francés y al español. Algunas veces, también al árabe o
al ruso. Y de vez en cuando al alemán, por ser el idioma del país
anfitrión, si hay interés.
»En cualquier caso, como puede verse, no se traducen ni publican
automáticamente todos los textos en todos los idiomas oficiales de
Naciones Unidas. Depende de las necesidades prácticas, por ejemplo,
de cuál sea el país en que se desarrolle la actividad o el proyecto
de voluntariado en cuestión.
»UNV no dispone de un servicio de interpretación ni de traducciones
propiamente dicho. Las traducciones se hacen a veces por
funcionarios de la sede central, pero casi siempre se encargan a
traductores privados, mientras lo permita el presupuesto.
»La información en internet de UNV (http://www.unv.org) está
actualmente sólo en inglés».
Secretariado de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
cambio climático (United Nations conference on climatic change,
UNFCCC)
Según me
informó el citado Embajador de España en Bonn, D. José Pedro
Sebastián de Erice, el pasado 10 de junio de 1997:
«Sus idiomas oficiales son los seis de las Naciones Unidas,
incluyendo por tanto el español.
»Según parece (me dijeron que mirarían en los archivos por si acaso)
no tienen normas escritas que vayan más allá de esta norma general
de toda organización de Naciones Unidas.
»En la práctica (ya se puede hablar de práctica aunque se trata de
una organización muy joven), la lengua de trabajo es el inglés, ya
que se trata de una pequeña organización que no tiene fondos para
trabajar en todos los idiomas en todas las reuniones. En eso se
parece a UNV, pero, a diferencia de esta última, tiene más reuniones
intergubernamentales y documentos oficiales.
»En ese sentido, los documentos se suelen redactar en inglés.
»Sin embargo, todos los documentos oficiales, sin excepción, se
publican en los seis idiomas oficiales. De hecho, no se pueden
publicar hasta que estén disponibles en las seis lenguas.
»Igualmente, en grandes reuniones oficiales con representantes de
los Gobiernos (que tienen lugar varias veces al año a diferentes
niveles) hay interpretación simultánea a los seis idiomas oficiales.
»En cambio, en reuniones especializadas las facilidades de
interpretación son reducidas, en función de los costes, teniendo en
cuenta las limitaciones presupuestarias de esta pequeña organización.
Y en este tipo de reuniones entra en juego por tanto la regla
informal de la demanda, en la que el español sale relativamente
favorecido (aunque muy por debajo del inglés), dado el número de
países hispanoparlantes.
»En la dirección de internet de UNFCCC (http://www. unfccc.de) se
puede consultar más datos. Esta página web está actualmente sólo en
inglés, pero me dice su responsable que están estudiando la
posibilidad de hacerla también en francés y en español. Quizás
también algo en ruso, pero en cambio creen que es muy prematuro para
hacerlo en árabe o chino, por falta de Standards para esos idiomas».
Eloy Ybáñez Bueno
LA LENGUA ESPAÑOLA EN LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA
EL ESPAÑOL Y LA CIENCIA
En un reciente documento, preparatorio de la actuación de la Unión
Europea en vísperas del próximo milenio, se dice:
«No hay duda alguna de que, actualmente, el mundo es mas complejo.
Para entenderlo mejor y situarse mejor en él, el individuo debe
saber más. Es innegable que muchas de las respuestas a los grandes
problemas de la sociedad, tanto el crecimiento y el empleo como la
salud, el medio ambiente o la movilidad, deben buscarse en la
ciencia y la tecnología... En una sociedad europea que se debate
entre transformarse o seguir igual, el individuo, en su quehacer
diario, es, al mismo tiempo, ciudadano, consumidor de productos y de
servicios, y creador de ideas y de comportamientos. Inmerso en un
mundo que se basa de manera cada vez más directa en el dominio del
conocimiento, a veces se para a pensar en las repercusiones de los
avances científicos en su modo de vida y sus valores.»
Ciencia y tecnología, sus avances y valores, que se acompañan de la
esencialidad de una comunicación multilingüe. Comunicación
multilingüe porque, en primer lugar, la concepción misma de la
ciencia y, por ende, la descripción científica comparten con el
lenguaje la raíz de sus problemas. En segundo término, porque la
ciencia es una artesanía organizada a escala mundial, y la
organización demanda comunicación, y la organización científica
exige el lenguaje escrito y el oral entre los científicos. Y, en
tercero, en las mismas palabras de Lapesa, porque
«... no podemos desatender el momento histórico en que vivimos. La
sociedad se transforma; la ciencia y la técnica llenan de realidades
nuevas el mundo; las formas del vivir cambian a ritmo acelerado. La
sacudida alcanza, con intensidad sin precedentes, al lenguaje. De
una parte, por la invasión de palabras nuevas, resultado unas veces
de la mayor comunicación entre los distintos países y de la
uniformación internacional de las formas de vida. Otras veces, como
consecuencia de la ampliación del campo de intereses del hombre
medio, a quien afectan rápidamente los progresos científicos y
técnicos que antes eran sólo materia de especialistas...»
Lengua y organización de la realidad
La lengua, en efecto, es la primera ciencia que posee el hombre. La
lengua es una primera clasificación del mundo y ella nos muestra una
organización de la realidad; pero esta inicial descripción
científica por el lenguaje natural sirve demasiado trabajosamente a
ciertos tipos de realidades científicas. El desarrollo de la ciencia
y la aparición de nuevos dominios en ella van acompañados de una
necesidad de superación del lenguaje natural. Sucedía así en Al otro
lado del espejo:
«Alicia caminaba por el bosque de las cosas sin nombre, abrazada al
suave cuello del Cervatillo, cuando el animalito miró a la niña con
sus ojos grandes y dulces. ¿Cómo te llamas?, ¡recuérdalo!, ¡piensa!
La pobre Alicia respondía ¡ojalá lo supiera! mientras acariciaba al
Cervatillo que logró desasirse de ella con un repentino brinco en el
aire justo al salir del bosque, a la vez que se alejaba gritando
¡soy un cervatillo y tú eres una niñita!. Alicia conoció así su
nombre...»
Y también la creación que supone el dar nombre preocupó a los
insectos:
«...cuando una vocecilla amiga haciendo cosquillas en el oído de
Alicia susurraba: sí que no me harías daño aunque soy un insecto; y,
luego, preguntaba a la niña ¿así pues, no te gustan los insectos?;
tras lo que Alicia comenzó una conversación con el Mosquito, que así
resultó ser el insecto con el que hablaba: me gustan cuando hablan y
no me divierto con ninguno, más bien los tengo miedo, a lo menos a
los más grandes.
Alicia y el Mosquito platicaron sobre los nombres de los insectos
—el Tábano, la Libélula, el Dragón, la Mariposa...—; pero, ¿de qué
sirve que tengan nombres si no responden cuando se les habla por su
nombre?, arguyó el Mosquito. A ellos no les sirve de nada, respondió
Alicia; pero es útil para las personas cuando los nombran. Y si no,
¿para qué tienen nombres las cosas?»
Relato de cómo la lengua natural sirve de telar sobre el que
entretejer una lengua modificada, una terminología especial, con
pretensiones más o menos universalistas, e, incluso, los mismos
sistemas simbólicos, carentes de ambigüedad, con total ambición
universalista. Todos los dominios de la ciencia estuvieron siempre
empeñados en crear un lenguaje simbólico apropiado a su objeto,
tendente a la abstracción y a un mejor ajuste a la estructura de la
realidad. Y, a la vez, la lengua natural se ha ido amplificando con
un cierto grado de cientificismo y refinando en su intento de lograr
una mayor amplitud de sus objetivos. Este grado de cientificismo
entremezclado con la lengua natural aparece ya arraigado en los
tiempos clásicos, aunque data de los dos últimos siglos el gran
incremento de su presencia; lo que ha dado origen a esa primera
consideración de la comunicación multilingüe.
Comunicación multilingüe cuya naturaleza ha ido cambiando con los
tiempos en función de la hegemonía política, el poderío económico y
la influencia tecnológica de las naciones; de un siglo a esta parte
tan fuertemente relacionados entre sí.
Puede ser un bonito ejemplo clásico la magna obra del módico griego
Dioscórides de Anazarbus que, en el siglo i, acompañó a los
ejércitos romanos en sus campañas y logró reunir una enorme cantidad
de información sobre plantas medicinales. En De Materia Medica
sistematizó los conocimientos de 700 plantas y un millar de
sustancias, unificó los criterios de su descripción ateniéndose de
forma regular a la exposición de la sinonimia de cada especie, sus
caracteres, comprobaciones, acciones, uso médico y falsificaciones.
A partir de Galeno, a lo largo de toda la Edad Media, y hasta bien
avanzado el mundo moderno, la Materia Medica fue un instrumento
imprescindible para la práctica de la medicina, a la que acudieron
durante siglos médicos, farmacéuticos y profanos de todos los países
en busca de datos para la preparación de multitud de remedios. Los
libros de Dioscórides, los de Arquímedes y los de Plinio llegaron a
tener total vigencia hasta los físicos y naturalistas del
Renacimiento. Y la misma ciencia árabe, al estilo del Liber
Fundamentorum Pharmacologiae, de Abu Mansur, acudió al latín como
medio de difusión de sus hallazgos. Tomás Moro escribió en latín su
Utopia y Francis Bacon, finalizando el siglo XVI, publicó una
traducción latina de la primera serie de sus Ensayos; y, en tiempos
de Shakespeare, se redactó en latín la primera Farmacopea Britanica.
Comunicación científica en español
A los mismos criterios de hegemonía se refería Rodríguez Carracido,
al comparar la comunicación científica en español de su momento,
hace medio siglo, con la de tiempos anteriores, la de los siguientes
al Descubrimiento de América. Así eran algunos de sus lamentos:
«Afírmase comúnmente que sólo en las producciones literarias y
filosóficas se revela el carácter nacional, pero no en las
científicas, en las cuales con absurda obstinación no quiere verse
la personalidad del autor, alegando que los fenómenos naturales
están sujetos a las mismas leyes en todas las zonas del Planeta y su
conocimiento lo expresan por idénticas fórmulas los hombres que
viven en las más apartadas regiones... nadie negará que la tradición
de los grandes maestros orienta en determinadas direcciones la labor
investigadora de los que trabajan influidos por las enseñanzas de
aquellos iniciadores de verdaderas series intelectuales,
constituyendo grupos específicos de cultura dentro del saber general
humano... Por estas condiciones personales y locales de su proceso
conceptúo que no es empeño artificioso distinguir la nacionalidad de
la ciencia; y sin que a ello se opongan sus modestas proporciones,
afirmar que existe ciencia española, hoy poco perceptible por la
pobreza del organismo nacional que la produce, pero de gran realce
en el período pujante de nuestra Patria; realce adquirido
principalmente en la labor original que hubo de realizar para el
conocimiento y la explotación de las riquezas del Nuevo Mundo.»
Está claro que se refería, por ejemplo, a la Historia General de las
Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo, publicada como sumario en
1526; a la Historia Natural y Moral de las Indias del jesuita José
de Acosta; a El Arte de los Metales, de Álvaro Alonso Barba; a los
numerosos estudios sistemáticos que, ya en el siglo XVIII,
resultaron de las tres expediciones botánicas que dirigieron Ruiz y
Pavón —al Perú— , Mutis —a Nueva Granada— y Sessé y Mociño —a Nueva
España—.
A estos últimos hacía alusión Carracido de esta manera:
«La cultura importada por la dinastía borbónica fue puramente
literaria en sus comienzos, pero la gran estimación concedida a los
que entonces eran llamados conocimientos útiles promovió los
estudios científicos dando la preponderancia a los que conducían a
la explotación y acrecentamiento de las producciones naturales.
Nuestros estadistas, influidos por las tendencias de su siglo,
mostraron gran interés en poseer el inventario de las riquezas
minerales y vegetales de las colonias, y con este deseo renació la
literatura científica hispanoamericana.»
Ejemplos de este tipo de comunicación científica fueron las noticias
recogidas en los Anales de Historia Natural, desde 1799, de los
hallazgos de la expedición de Humboldt, que recorrió gran parte de
América, y que redactaban, entre otros, Proust, Herrgen y Cavanilles.
Los importantes estudios españoles sobre la minería y la flora
americana, y su correspondiente comunicación científica en español,
no lograron conectar con todo lo que la ciencia europea venía ya
mostrando abundantemente. No supieron nuestros políticos, tampoco
los científicos ni los filósofos con toda seguridad, compartir las
innovaciones metodológicas que suponía la autonomía de la ciencia,
reivindicada por Galileo, entre otras novedades de la vida social y
política del siglo XVII; ni, mucho menos aún, incorporarse a la
posterior revolución y empleo de la química, en el siglo XIX, que
consiguió el aislamiento e identificación de numerosos productos
naturales procedentes de plantas.
Y la lengua española que mantuvo las brillantes aportaciones de las
singularidades de la flora americana, no pudo servir de medio de
comunicación a una posterior ciencia que, inexistente, facilitó el
camino a las demás lenguas europeas. A partir de entonces, y a
través del siglo XX, nunca estuvo el poder político tan ligado al
prestigio científico y tecnológico, y, a ellos, como en las
anteriores zancadas de la historia, la comunicación lingüística de
la ciencia. No en balde:
«la lengua es un fenómeno en esencia político; incluso podría
decirse que lengua y política son dos caras de la misma moneda en la
medida en que ambas, más que permitir y ordenar la comunicación
social son la comunicación misma. Y jerga familiar o profesional,
dialecto local, lengua nacional, lengua internacional y lingua
franca.»
La referencia anterior de Lapesa puede empalmarse con una colección
de otras sobre la actual situación del español en la ciencia y la
tecnología. Una de estas asegura:
«La situación del español en la ciencia y la tecnología nunca
hubiera sido una preocupación en un Congreso internacional de la
lengua española de no haberse producido un cambio sustancial en la
superficie de contacto entre ciertos productores de sentido
científico-técnico y una importante mayoría de extraños a él.
Mientras nuestros lógicos, matemáticos o físicos hablaban entre
ellos (bien o mal, con mucha o poca contaminación lingüística, de
acuerdo o no con la norma y el uso de la lengua), por ejemplo sobre
las expresiones del álgebra de Boole, a muy pocos incomodaba: nada
nuevo desde Pitágoras, Euclides o Aristóteles en el discurso
científico de Occidente. La cuestión cobró dimensiones de problema
acuciante cuando sofisticaciones científicas —precisamente como el
álgebra de Boole— desembocaron en desarrollos tecnológicos
patentables y en productos de una industria de punta que por su
intrusión masiva y creciente en la cotidianeidad se convirtió en un
hecho de cultura revolucionario. Nadie ignora que los avances
actuales en el campo de la investigación científica y los
desarrollos tecnológicos ligados a los sectores más dinámicos de la
economía tienen en el inglés su lengua vehicular. Verdadera lingua
franca del fin de este milenio, su imperio —por el momento
avasallante— deriva de problemáticas conocidas para los
sociolingüistas: el grado de vitalidad, cohesión, expansión,
difusión y penetración de una lengua depende del prestigio que, para
propios y ajenos, tenga la cultura de la cual es portadora...»
LENGUA Y CULTURA
Es seguramente así, en muy buena medida, que la cultura impone la
lengua. Pero, no es menos cierto que, también, la lengua, con sus
estructuras y reglas generativas, contribuye a la conformación de la
cultura. Si la primera premisa podría dar lugar a un cierto
conformismo en el «¿qué hacer?»; la segunda obliga a «¡tener que
hacer!» algo en cuanto a la comunicación lingüística de la ciencia
en español. Si la primera premisa pudiera conducirnos —y conduce de
hecho— a la cómoda dejadez de la subordinación en tantas formas
posibles como la lengua modela la vida cotidiana de la sociedad y,
mucho más aún, la actividad de la comunidad científica; la segunda
está forzando la imprescindible adecuación de la lengua española
para su incorporación a los grandes sistemas de comunicación, a las
interfases con la moderna instrumentación informática, a la
confección y uso de las grandes memorias electrónicas y a la
explotación de servicios.
Esta adecuación, y la capacidad de acceso de las lenguas a las
nuevas tecnologías, se está convirtiendo en algo así como una forma
de selección natural previa que va a regular su supervivencia en el
seno de una nueva modalidad de darwinismo social. Adecuación que ha
de enraizarse en la cultura y suponer la imposición de determinadas
pautas sociales y políticas. A fin de cuentas, no es sino la
propiedad que tiene la tecnología de configurar la sociedad. Y, en
particular, «las consecuencias de la explosión de las tecnologías de
la información y la comunicación sobre la evolución de la sociedad
civil, sus riesgos y esperanzas: empleo, trabajo, acceso al
conocimiento, cultura, poder, derecho, democracia, educación,
desigualdades, exclusión, ética». A lo que se unirá toda una
colección de factores de crecimiento adicionales, al estilo de la
educación continuada y la salud; la telemedicina y el teletrabajo;
las industrias culturales, de masas —electrónica, informática,
fotografía, micromecánica, etc.—, de formación, del ocio y del
espectáculo; el aprovechamiento de la evolución de la demografía;
las actividades de asociación no lucrativas; los servicios propios
de los sistemas de control y redistribución —banca, seguros,
administración, etc.—; el multilingüismo como factor fundamental de
interdependencia; y, en general, la impregnación del medio humano y
la satisfacción de sus intereses materiales, espirituales o
políticos, por las facilidades de comunicación.
Este desafío lingüístico se recoge en el citado Informe Danzin, del
que son, literalmente, los párrafos siguientes:
«L'évolution probable des systèmes d'information est la
simplification d'utilisation par l'usager. La complexité
technologique sera progressivement effacée par la simplicité des
accès. La langue naturelle deviendra l'instrument unique de la
communication avec les systèmes d'information: langue écrite mais
aussi langue parlée. La langue portée par la technologie ne sera
qu'apparemment la langue du commun. En réalité, pour être comprise
par les machines, cette langue devra subir une mécanisation au
regard de laquelle l'invention de l'imprimerie doit être regardée
comme une opération de petite envergure. On doit donc s'attendre à
une sélection de caractère darwinien entre les langues, qui ne
laissera subsister comme langues de communication universelles qu'un
petit nombre de langues informatisées. Le défi linguistique n'est
que l'un des aspects du défi culturel. Celui qui dispose de
l'information sous une forme consommable (corpus, thesaurus,
programmes de toutes natures, hypermédias, etc.) présente une
supériorité culturelle sans limite par rapport à celui qui est privé
de ces moyens.»
CIENCIA Y
POLÍTICA LINGÜÍSTICA
Si nos apuntamos, como parece deba ser, a esta adecuación de la
lengua española como imprescindible argumento previo para
enfrentarse a este desafío, o, si queremos, para su mantenimiento,
empleo y expansión, no cabe la menor duda de que ello tiene que
basarse en una política lingüística coherentemente correcta, capaz
de atender a los múltiples flancos que muestra. Necesidad en la que
coinciden los autores que, en los últimos años, han tratado este
asunto con notable solvencia (5,7,8,9). Uno de ellos, al referirse
al empleo del español como lengua de producción e intercambio de los
resultados de las ciencias, tanto humanas y sociales como las
exactas, físicas y naturales, asegura, a modo de resumen:
«La conclusión dista mucho, por el momento, del triunfalismo
engañoso de los desinformados de turno: la internacionalidad del
español es más relativa que absoluta, aunque esta consecuencia no
sólo depende de la utilización, sino también de la falta de
inversión. El español podría ser realmente una lengua internacional
si se realizaran los esfuerzos oportunos para que así fuera, lo que
equivale a decir si se considerara la rentabilidad de la inversión
lingüística.»
Ocurre, sin embargo, que esta rentabilidad es un parámetro complejo,
muy difícil de evaluar cuando a él contribuyen componentes
económicos, ciertamente, directos algunos y otros muchos no tanto,
y, a la vez, factores culturales, de prestigio, etcétera. Mas las
inversiones, con gran frecuencia, no son sino conocimiento y
preocupación por las situaciones, sin implicaciones económicas
importantes, como las que señala José A. Pascual:
«Una de ellas se refiere a lo que se conoce como intelectualización
de una lengua estandarizada, es decir, la mayor o menor facilidad
que existe para realizar en ella formulaciones precisas y rigurosas
y, si es necesario, abstractas; esta intelectualización tiene uno de
sus pilares en la terminología, que es uno de los ámbitos en que nos
encontramos más desasistidos los hispanohablantes... Carecemos de
una institución que oriente eficaz y compartidamente la creación
terminológica en España y en la América de habla española; hecho
para el que no existen graves problemas de índole teórica, pero que
exige una política lingüística bien orientada que facilite la
creación paralela de voces técnicas en los distintos países de habla
hispana».
INTELECTUALIZACIÓN DE LA LENGUA ESPAÑOLA
Dentro, pues, de esta reconocida exigencia de una política
lingüística coherente, el proceso de intelectualización de la lengua
española resulta imprescindible en el quehacer político nacional de
la comunicación científica e, incluso, se ha señalado su urgencia
por importantes motivos económicos internacionales. Uno de ellos,
que pudiera afectarnos de forma muy directa, se refiere a la puesta
en vigor del Mercado Común del Sur y a la necesidad de confeccionar
repertorios terminológicos especializados —medio ambiente, economía,
etc.— en portugués y español, que solucionen los múltiples problemas
de comunicación entre consumidores y productores de Brasil y las
naciones de la cuenca del Plata. Otros influyen, de manera muy
general, sobre nuestro prestigio lingüístico y político en el seno
de la Unión Europea; y es bien sabida nuestra limitada presencia e
influencia en este campo.
En este necesario gran proceso de intelectualización de la lengua
española, ha de tomar parte una colección de proyectos parciales —que
añadir al señalado de los recursos terminológicos— cuyo
comportamiento cooperativo sólo puede producirse sobre la base de la
coherencia política. Y, si a los científicos habría que mostrarles
que sus jergas, a veces necesariamente crípticas, y casi siempre
buscadamente elitistas, tendrían en la lengua y en su corrección un
gran valor añadido; la administración y la gestión de nuestra
ciencia, bajo cualquiera de sus denominaciones, debiera ser
consciente de la necesidad de buscar el imprescindible equilibrio
entre la lógica aceptación de las novedades, concisas e impersonales
en su forma, generalmente en inglés, de la literatura científica
actual en las revistas especializadas internacionales, y el absurdo
desmerecimiento de las publicaciones científicas por el sólo hecho
de serlo en español o en revistas españolas, oficialmente
desconsideradas en una dudosa apreciación de méritos investigadores
académicos. Profunda y persistente incoherencia de nuestra débil
política lingüística que, felizmente, crea herramientas, aunque
escasas de medios, como el Instituto Cervantes para la difusión del
conocimiento y el uso de nuestra lengua, pero, a la vez, restringe
una de las posibilidades más prestigiosas de su ejercicio.
No es necesario dejar de reconocer que la lengua vehicular de los
hechos científicos y tecnológicos es, desde hace varias décadas, el
inglés, por el propio peso de sus investigaciones y desarrollos,
para abandonar a su suerte, en una compleja ilación, a las propias
revistas, bibliotecas, sociedades científicas, divulgación, ensayos,
promoción científica, relaciones internacionales, etc. Todos estos
ingredientes están profusamente interrelacionados y sinergizan con
facilidad sus actividades. Y no debiera ser excusa su posible
deficiente calidad porque habría que añadir nuevos agravios y nuevas
responsabilidades. Y, en este sentido, la Resolución de 6 de
noviembre de 1996, BOE del 20 de noviembre de 1996 (Gobierno del
Partido Popular) copia literalmente la de 26 de octubre de 1995, BOE
del 16 de noviembre de 1995 (Gobierno del Partido Socialista), al
establecer los criterios específicos de evaluación de la actividad
investigadora, aceptándose como «prestigio reconocido las que ocupen
posiciones relevantes en los listados por ámbitos científicos en el
Subject Category Listing del Journal Citation Reports del Science
Citation Index (Institute of Scientific Information, Philadelphia,
PA, USA)». No se excluirá a este reconocimiento práctico, tendría
menor importancia, si nuestra política lingüística pudiera hacer
suyo el tipo de afirmación del Consejo Superior de la lengua
francesa :
«La langue française est au coeur de notre culture et de notre
patrimoine, un patrimoine que nous partageons avec l'ensemble de la
communauté francophone qui attend de nous une politique linguistique
dynamique et inventive. Essentielle pour le développement culturel,
économique et social du pays, elle est aussi le vecteur de la
présence de la France au plan international... Pour que le français
demeure une langue de communication internationale, il convient de
favoriser sa diffusion et de s'attacher à lui conserver sa place
dans les secteurs sensibles, notamment dans la vie scientifique et
dans les organismes internationaux.»
EL ESPANOL
EN EL MUNDO, MÁS GOLES QUE LA
ROJA
Fuente: EL PAÍS
Un informe del Cervantes
corrobora las grandes cifras del idioma a escala universal.- El
español, que hoy celebra su día, es la segunda lengua de hablantes
nativos y el segundo idioma de comunicación universal -
JESÚS RUIZ MANTILLA - Madrid - 19/06/2010
El aumento del interés por
el español en el mundo sigue imparable. Mete más goles que la
roja y las expectativas de dominio en algunos países y
continentes crecen. El informe que habitualmente lanza en Instituto
Cervantes y ha sido presentado hoy en el día del español
(jornada en la que se celebran actos festivos en todo el mundo)
certifica la salud de hierro y el empuje de una lengua que hablan
450 millones de personas. Brasil y Estados Unidos son los países más
permeables y receptivos. Desde que entró en vigor la ley que obliga
a enseñar el idioma en la enseñanza secundaria, la demanda ha
crecido de forma incontestable en el primer país. De un millón de
estudiantes ha pasado a cinco.
El informe
certifica que el español es la segunda lengua del
mundo por número de hablantes nativos y el segundo
idioma de comunicación internacional. Por razones
demográficas, el porcentaje de población mundial que
habla español como lengua nativa está aumentando,
mientras la proporción de hablantes de chino e
inglés desciende.
Las
previsiones son muy halagüeñas para el futuro: en
2030, el 7,5% de la población mundial será
hispanohablante (un total de 535 millones de
personas), porcentaje que destaca por encima del
ruso (2,2%), del francés (1,4%) y del alemán (1,2%).
Para entonces, solo el chino superará al español
como grupo de hablantes de dominio nativo.
EE UU,
potencia del español
Dentro de
tres o cuatro generaciones, el 10% de la población
mundial se entenderá en español, confirma el estudio.
Pero hay zonas donde dominará, como Estados Unidos.
Allí se producirá un vuelco y una hegemonía que
cambiará muchas mentalidades. En 2050 Estados Unidos
será el primer país hispanohablante del mundo, prevé
el informe. El inglés, el francés, el español y el
alemán, en este orden, son los idiomas más
estudiados como lengua extranjera, según datos de
2005.
Tampoco
son despreciables los recursos económicos que genera
directamente en España. Unos 237.000 estudiantes
viajaron a España a aprender español durante 2007
mientras que fuera, el Instituto Cervantes registra
un crecimiento anual del 21% en número de matrículas
de estudiantes de español, un idioma que prevén,
estudian alrededor de 20 millones de personas en
todo el mundo. El número de turistas idiomáticos que
llegan a España ha crecido, desde el 2000 hasta el
2007, un 137,6%.
Pero
todavía, el idioma tiene sus callos y sus barreras.
Europa es la principal. El español es la quinta
lengua de la Unión Europea por número de hablantes
nativos. El 9% de los europeos habla español como
lengua nativa. Fuera de España, más de 30 millones
de ciudadanos europeos hablan español. La entrada de
España en la Comunidad Económica Europea en 1986
supuso un claro estímulo para el aprendizaje del
español entre los ciudadanos comunitarios.
España es
el país de la UE que más estudiantes Erasmus acoge:
el 17% de los alumnos de la UE que solicitan estas
becas acude a universidades españolas. Pero no es el
idioma de las preferencias entre los europeos, sino
el cuarto idioma más útil de la Unión, después del
inglés, el francés y el alemán.
La ciencia
sí proporciona más alegrías al crecimiento del
español. El empuje de los países latinos en
desarrollo ayuda. Se ha convertido en un instrumento
esencial para la difusión de los resultados de los
estudios científicos relacionados con el hispanismo
o con América Latina. España ocupa el décimo puesto
en la clasificación mundial de producción
científica. En la clasificación de citación, España
se sitúa en el puesto decimoprimero, después de
superar a Suecia en el año 2004. España presenta un
índice de especialización temática superior al
mundial en ciencias del espacio, ciencias de la
agricultura, matemáticas, física, ingeniería y
medicina clínica.
Peso
económico
El informe
ofrece datos que deben ayudar a pensar a las
autoridades con más profundidad sobre la importancia
económica del idioma: compartir el español aumenta
un 290% el comercio bilateral entre los países
hispanohablantes. Las empresas editoriales españolas
tienen 162 filiales en el mundo repartidas en 28
países, más del 80% en Iberoamérica, lo que
demuestra la importancia de la lengua común a la
hora de invertir en terceros países. Norteamérica
(México, Estados Unidos y Canadá) y España suman el
78% del poder de compra de los hispanohablantes. Los
hispanos de EE UU son el grupo inmigrante que más
mantiene el dominio de su lengua a través de las
sucesivas generaciones y el que congrega más
hablantes adoptivos.
El mercado
canta. El poder de compra de los hispanos, es, desde
2007, el más alto entre los grupos minoritarios de
Norteamérica, superando al de los afroamericanos. El
crecimiento de las compañías hispanas entre 1997 y
2002 fue de un 31% frente al 10% de crecimiento
medio de las compañías norteamericanas. En cuanto al
poder de la lengua en la red es creciente.
El español
es la tercera lengua más utilizada en la Red. El
7,9% de los usuarios de Internet se comunican en
español. El uso del español en la Red ha
experimentado un crecimiento de 650,9% entre el año
2000 y 2009. La penetración de Internet en España es
la mayor entre los países hispanohablantes, pero
Chile y Argentina tienen niveles de penetración que
se acercan a la media de la Unión Europea. España,
México y Argentina se encuentran entre los 20 países
con mayor número de usuarios de Internet. La demanda
de documentos en español es la cuarta en importancia
entre las lenguas del mundo.
La
ingeniería lingüística en España
Joaquim Llisterri y Juan M. Garrido Almiñana
Ingeniería lingüística e industrias de la lengua
Antecedentes: el marco de la ingeniería lingüística
en España
Situación actual de la ingeniería lingüística en
España
Análisis comparativo
La ingeniería lingüística en España
Ingeniería
lingüística e industrias de la lengua
El ámbito
de la ingeniería lingüística
El ámbito de las industrias de la lengua
El término «ingeniería lingüística» utilizado para
delimitar el ámbito de este capítulo abarca un
amplio espectro de actividades que suelen englobarse
dentro de lo que se ha denominado «las industrias de
la lengua». La ingeniería lingüística podría
definirse, siguiendo un documento reciente de la
Comisión Europea, como «la aplicación de los
conocimientos sobre la lengua al desarrollo de
sistemas informáticos que puedan reconocer,
comprender, interpretar y generar lenguaje humano en
todas sus formas» (Ingeniería lingüística. Cómo
aprovechar la fuerza del lenguaje). Por su parte,
las industrias de la lengua se centran en «una serie
de actividades comerciales en las que el tratamiento
del lenguaje por personas o por máquinas o por una
combinación de unas y otras, forma una parte
fundamental del producto o servicio» (Lenguaje y
tecnología. De la torre de Babel a la aldea global,
p.12).
Como se desprende de ambas definiciones, la
existencia de las industrias de la lengua,
entendidas como una actividad de índole
fundamentalmente comercial, requiere el desarrollo
de la ingeniería lingüística para disponer de las
herramientas y técnicas a partir de las que se crean
productos que realizan diversas funciones
relacionadas con la utilización del lenguaje.
El presente capítulo se centra en las actividades
que actualmente se llevan a cabo en España en el
campo de la ingeniería lingüística en lengua
española, dejando para una etapa posterior el
análisis más detallado de las industrias de la
lengua en su sentido más amplio. Por otra parte,
este último ámbito ha sido abordado recientemente en
el capítulo dedicado a «las industrias del idioma»
del informe sobre la lengua española en las
autopistas de la información editado por Fundesco en
1996.
El ámbito de la ingeniería lingüística
La
ingeniería lingüística comprende una serie de
técnicas relacionadas con el tratamiento informático
del lenguaje. En conjunto, estas técnicas pueden
dividirse entre las que se aplican al tratamiento de
la lengua hablada y las propias del procesamiento
del texto escrito, aunque debe señalarse que cada
vez existe una mayor convergencia entre ambas,
difuminando progresivamente una separación
relativamente estricta hasta hace unos años. Para
cada uno de estos campos, existen procedimientos que
permiten la entrada de información lingüística en un
sistema informático, y métodos que facilitan la
generación de lengua hablada o escrita, tal como se
representa en la figura 1.
El texto escrito puede introducirse en un ordenador
tanto desde una fuente impresa —reconocimiento
óptico de caracteres (ROC)— como desde una fuente
manuscrita —reconocimiento de caracteres manuscritos
o reconocimiento inteligente de caracteres (RIC)—,
mientras que, en el caso de la lengua hablada, la
entrada de información siempre se lleva a cabo
mediante la voz. Sin embargo, en este último caso
puede pretenderse la conversión del habla en un
texto escrito —reconocimiento de habla—, identificar
quién es la persona que habla y verificar su
identidad o descubrir automáticamente la lengua que
está utilizando un determinado locutor.
La salida de un sistema de procesamiento de lengua
escrita es siempre un texto, sea generado
automáticamente por el sistema a partir de una
información básica —generación de textos— sea
modificado a partir de los datos lingüísticos de
entrada. En cambio, la producción de información
oral por un ordenador requiere aplicar métodos de
síntesis del habla, entre los cuales destaca la
conversión de texto a habla, que permite transformar
una representación escrita en su equivalente sonoro.
Además de integrar y generar información
lingüística, los sistemas informáticos desarrollados
en el marco de la ingeniería lingüística pueden
también llevar a cabo el procesamiento de dicha
información. Las principales técnicas aplicadas para
tal fin se resumen en la figura 2.
Observamos como, tanto en el caso de la lengua
escrita como en el de la lengua oral, es posible
alcanzar la compresión, entendiendo por tal concepto
algo mucho más restringido que la comprensión
humana; se trata aquí de llegar a que el sistema
informático disponga de datos suficientes para
procesar la información lingüística en función de
las necesidades de la aplicación que se desee darle
—por ejemplo la traducción o el establecimiento de
un diálogo para que el usuario realice determinadas
transacciones—. La comprensión requiere,
naturalmente, un análisis, que puede llevarse a cabo
tanto en lo que se refiere a la estructura de las
palabras —análisis morfológico—, de las frases —análisis
sintáctico—, del significado —análisis semántico— o
de las características comunicativas del texto —análisis
pragmático—.
La ingeniería lingüística requiere también la
existencia de los denominados recursos lingüísticos,
consistentes en corpus textuales, orales o léxicos
que proporcionan los datos necesarios para el
desarrollo o el funcionamiento de las aplicaciones.
En la figura 3 se resumen los principales tipos de
recursos empleados habitualmente.
Existen corpus de tipo textual, corpus orales (constituidos
bien sea por grabaciones o por transcripciones
ortográficas de la lengua oral) y corpus léxicos
consistentes en elementos del vocabulario de la
lengua (Leech, 1991; Leech y Fligelstone, 1992;
McEnery y Wilson, 1996). Para el desarrollo de
ciertas aplicaciones, es necesario disponer también
de recursos terminológicos que cubran áreas
especializadas del léxico de la lengua (Cabré,
1992). Finalmente, las gramáticas computacionales o
electrónicas son un componente indispensable de
buena parte de los sistemas de procesamiento del
lenguaje natural.
La utilización de los corpus está ligada a una serie
de procesos y herramientas que facilitan su uso y su
explotación, resumidos en la figura 4.
La codificación consiste en la introducción en el
corpus de marcas relacionadas con su estructura y
formato, de modo que éste pueda recuperarse al ser
utilizado en sistemas informáticos diferentes.
Operaciones más propiamente lingüísticas son las que
pueden llevarse a cabo mediante herramientas de
segmentación de palabras, de descomposición de la
palabra en su raíz y sus terminaciones (lematización)
o de desambiguación, a fin de determinar la
categoría gramatical o el significado de palabras
que pueden tener más de uno. Por otra parte, la
utilización de un corpus requiere a menudo que los
elementos que lo componen estén anotados
lingüísticamente mediante un conjunto de etiquetas
que definen sus propiedades; en el caso de los
corpus orales, suele etiquetarse el nivel fonético
segmental y el nivel prosódico —sincronizando la
anotación con la señal sonora si es preciso—,
mientras que en los corpus textuales, los elementos
léxicos se etiquetan en función de sus propiedades
morfológicas, sintácticas, semánticas o, en algún
caso, pragmáticas.
Finalmente, se han creado diversas herramientas para
la explotación de los corpus, especialmente en la
investigación lingüística y en la lexicografía:
entre ellas destacan los programas que realizan
listas de palabras ordenándolas en función de su
frecuencia de aparición o los que permiten obtener
concordancias —en las que las palabras buscadas
aparecen ordenadas alfabéticamente, acompañadas de
su contexto anterior y posterior—; en esta misma
línea, también puede obtenerse información sobre la
frecuencia con la que dos o más palabras aparecen
seguidas (colocaciones).
Este breve repaso, necesariamente ni exhaustivo ni
detallado, muestra que la ingeniería lingüística
constituye un campo de trabajo interdisciplinar, en
el que confluyen la informática y la lingüística —de
aquí que algunos autores se refieran a la
«lingüística informática» o la «informática
lingüística» en este contexto— y con el que se
relacionan especialidades como la lingüística
computacional, el procesamiento del lenguaje natural
y el procesamiento del habla. Para más información
sobre la ingeniería lingüística en sus diferentes
vertientes, remitimos al lector a la excelente
recopilación de Cole et al. (Eds.) (1997) y a otros
trabajos que presentan panorámicas generales como
son los de Carré et al. (1991), Fuchs (1993), Moure
y Llisterri (1996), Vidal Beneyto (1991) o Vidal y
Busquets (1996).
El ámbito de las industrias de la lengua
Las
posibilidades de procesar la información lingüística
han dado lugar al surgimiento de herramientas y
productos que forman la base de las industrias de la
lengua, también denominadas «industrias del idioma».
En la figura 5 se esquematizan algunas de ellas.
Cae fuera del alcance de este capítulo realizar una
descripción pormenorizada de cada una de las
aplicaciones de la ingeniería lingüística; las
publicaciones de la DG XIII/E de la Comunidad
Europea citadas en la bibliografía (Ingeniería
lingüística. Cómo aprovechar la fuerza del lenguaje;
Lenguaje y tecnología, De la torre de Babel a la
aldea global; ¿Ingeniería lingüística? Un mayor uso
del lenguaje en todos los sentidos y Language
Engineering, The Technology), así como el trabajo
más avanzado de Sager (1992), ofrecen una panorámica
general de las industrias de la lengua para los
lectores interesados. Nos limitaremos, pues, a
mencionar que, como puede observarse en la figura 5,
tanto las técnicas propias del tratamiento del texto
escrito como las desarrolladas para el procesamiento
del habla dan lugar a diversas funciones que se
incorporan a programas informáticos, denominados a
veces en inglés.
En el campo de la lengua escrita, señalamos las
herramientas de ayuda a la redacción y corrección de
documentos —que abarcan de los correctores
ortográficos a la creación de un entorno con acceso
a diccionarios electrónicos, enciclopedias y
correctores gramaticales o de estilo—, la gestión de
la documentación, incluyendo la posibilidad de
generar y resumir automáticamente documentos, y la
traducción, tanto en su modalidad completamente
automática como en lo que se refiere a las
herramientas que pueden ayudar al traductor humano.
En cuanto al tratamiento del habla, se dispone en la
actualidad de programas que permiten el dictado
automático o la conversión en su forma sonora de un
texto en formato electrónico. Es posible también,
mediante los sistemas de diálogo que incorporan
síntesis, reconocimiento y un cierto grado de
comprensión, obtener información o realizar
transacciones a través del teléfono.
Cabe destacar que el multilingüismo es un aspecto
recurrente en la mayoría de las aplicaciones de la
ingeniería lingüística. Los recursos lingüísticos
que enumeramos en la figura 3 pueden ser tanto
monolingües como multilingües, con el fin de
incorporarlos a sistemas de traducción, ya sea de
lengua escrita o de traducción del habla. Por otra
parte, algunas de las aplicaciones desarrolladas en
el ámbito de las industrias de la lengua encuentran
su utilidad en la enseñanza de lenguas asistida por
ordenador, tanto en los sistemas presenciales como
en la enseñanza a distancia.
Para finalizar este apartado, es necesario referirse
también a la relevancia de las aplicaciones de la
ingeniería lingüística como ayuda a las personas con
discapacidades visuales —que pueden hacer uso de
conversores de texto a habla—, auditivas —para
quienes la conversión de habla en texto puede ser
una alternativa viable en ciertos casos— o con
transtornos de la producción del habla, que pueden
utilizar igualmente sistemas de conversión de texto
a habla.
____________________________________
Autores:
-
J.
ESCOBAR: La traducción y la interpretación
en español
-
F.
MORENO y J. OTERO: Demografía de la lengua española
-
E.
YBÁÑEZ: El idioma español en las organizaciones internacionales
-
A.
MARTÍN MUNICIO: El español y la ciencia
___________________________
Recopilado
del: CVC.cervantes.es/obref/anuario/ |