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¿Por qué te miro así tan abatida,
pobre flor?¿En dónde están las galas de tu vida
y el color?
Manuel Acuña
Díme, ¿por qué tan triste
te consumes,
dulce bien? ¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco
de un amor...
Manuel Acuña
LENGUAS DE
MÉXICO
Las lenguas habladas en
México son numerosas, incluyendo las decenas de lenguas indígenas y
las lenguas de otras procedencias. México es la nación
hispanohablante más poblada del mundo, con sus 103,2 millones de
habitantes, de los cuales la gran mayoría habla el idioma
español. Constitucionalmente, no existe una declaratoria oficial que
haga de esa lengua de filiación latina la lengua oficial del país,
que de facto ocupa ese papel.
Desde 1992, la Constitución Mexicana define al país como nación "pluricultural",
en reconocimiento de los pueblos indígenas. Oficialmente el gobierno
reconoce a 65 lenguas indígenas, que de acuerdo con la Ley de los
Derechos Lingüísticos del 2001, "lenguas nacionales" en igualdad de
condiciones con respecto al español; esto es, con la "misma validez
en sus territorios". Así, por ejemplo, a partir del año 2005, el
gobierno ha oficializado la traducción del himno nacional a las
lenguas indígenas.
La clasificación de las lenguas indígenas habladas en México tiende
a agrupar dialectos de la misma familia, aun si estas llegan a ser
ininteligibles entre sí (por ejemplo, el gobierno reconoce al
náhuatl como una sola lengua, aun si las variaciones dialectales que
hablan los nahuas de la Sierra de Puebla, y los nahuas de Morelos
son significativas). Por ello, algunos lingüistas tienden a elevar
esta cifra a más de 100, clasificando a estos dialectos como lenguas
separadas.
La población hablante de lenguas indígenas en México no es conocida
con precisión. El censo del INEGI señala que se trata de alrededor
de seis millones de personas, pero el dato corresponde sólo a los
mayores de cinco años. La población étnica indígena fue calculada
por la CDI en 12,7 millones de personas en 1995, lo que equivalía al
13,1% de la población nacional en ese año (1995). A su vez, la
CDI sostenía que en 1995, los hablantes de lenguas indígenas en el
país sumaban alrededor de siete millones. La mayor parte de esa
población se concentra en la región centro y sur del país.
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México
EL IDIOMA ESPAÑOL Y SU
EVOLUCIÓN EN MÉXICO
Aunque como se ha señalado antes,
no existe una declaratoria legal que lo convierta en lengua oficial, el idioma
español es la lengua más extendida en el territorio mexicano. Su uso en los
documentos oficiales y su hegemonía en la enseñanza estatal lo han convertido en
un idioma oficial de facto en México, y poco más del 99% del total de los más de
103 millones de mexicanos lo emplean, ya como segunda lengua o como lengua
materna.
El español llegó al territorio que actualmente conocemos como México acompañando
a los conquistadores hispanos en las primeras décadas del siglo XVI. Sin duda,
los primeros contactos entre los hablantes de las lenguas indígenas de la región
y los hispanoparlantes se dieron a raíz del naufragio de dos marinos españoles.
Uno de ellos, Jerónimo de Aguilar, se convertiría ulteriormente en intérprete de
Hernán Cortés.
A partir de la penetración española en el territorio mexicano, el idioma español
fue obteniendo una presencia mayor en los ámbitos más importantes de la vida.
Primero, en Nueva España, fue elevado a la calidad de lengua oficial y única de
la administración hacia el siglo XVII, aun cuando en los primeros años después
de la Conquista se permitió el uso de las lenguas indias e incluso se alentó el
empleo del náhuatl como lingua franca. No obstante lo anterior, se calcula que
al concluir la Guerra de Independencia, el número de hablantes de español
rebasaba el 40 % de la población. Los indígenas seguían empleando
mayoritariamente sus lenguas vernáculas.
A lo largo de todo el siglo XIX y la mayor parte del siglo XX, la política
dominante en lo que refiere a la lengua nacional era la de castellanizar a los
hablantes de lenguas indígenas. Como se deduce de los párrafos anteriores, no
era una decisión nueva, sino la continuación de la tendencia impuesta por las
leyes coloniales en el siglo XVII. El siglo XIX no vio mayores progresos en el
afán de incorporar a los indios a la sociedad nacional, por medio de la
supresión de sus culturas étnicas (y con ellas, sus idiomas). Sin embargo, con
la masificación de la instrucción pública luego de la Revolución, la proporción
de hablantes de español comenzó a crecer poco a poco. Al iniciar el siglo XX,
los hablantes de español ya eran mayoría (aproximadamente ochenta de cada cien
mexicanos). Entre 1900 y el año 2000, la mayor parte de los pueblos indígenas
fueron castellanizados.
Español mexicano
Obviamente el español hablado en México no es
homogéneo. Cada región tiene sus propios modismos, como ocurre en el resto de
los países de habla hispana. Sin embargo, es posible hablar de algunas
características que son más o menos comunes a todos los dialectos regionales que
conforman aquello que, para acortar, es llamado dialecto mexicano del español.
Por ejemplo, es notable la abundancia de voces de origen náhuatl, incluso en
zonas donde esta lengua no era empleada de modo generalizado, como la península
de Yucatán o el norte de México. Muchas de estas voces sustituyeron las propias
de los conquistadores o las que fueron adquiridas por ellos en las Antillas,
durante la primera etapa de la colonización hispana en América. Otras tantas
fueron adoptadas porque los españoles carecían de palabras para referirse a
algunas cosas que desconocían y que estaban presentes en el contexto de la
civilización mesoamericana. Como ejemplo de lo anterior, tenemos...
Metate, del náhuatl métatl, que designa una piedra plana trípode sobre la que se
muele el nixtamal, los chiles y cualquier cosa suceptible de convertirse en
pasta. Todo metate va acompañado de un tejolote (del náhuatl texólōtl 'núcleo
[de piedra] (ōlōtl) de moler (tes(i))', que es una piedra larga que sirve como
rodillo para prensar los materiales dispuestos en el metate, por acción de la
fuerza humana. El tejolote recibe el nombre alternativo de mano del metate.
Molcajete, del náhuatl molcáxitl,
que literalmente significa recipiente para guisos, designa una herramienta de
cocina, también de piedra, de forma cóncava y trípode que se emplea para moler
alimentos y convertirlos en salsas. Va acompañado de su respectivo tejolote, o
mano del molcajete. Algunos españoles de la época de la Conquista lo llamaban
mortero, pues su uso y función es similar al de ese recipiente existente en
Europa.
Nixtamal, del náhuatl nextamalli, literalmente empanada de maíz cocido con cal
viva de concha nácar, es el nombre con que se conoce en México al maíz precocido
con cal como paso previo a su molienda para la preparación de masa para
tortillas. El agua de cal empleada en el proceso recibe el nombre de nexayote,
najayote o nejayote (del náhuatl nexáyotl, que significa agua de ceniza).
Petate, del náhuatl pétatl.
Literalmente designa un tejido de palma que en el resto de la América
hispanoparlante y en España se conoce como estera. Derivado de petate es el
verbo petatearse, que en México significa estirar la pata, y en modo menos
coloquial, morirse.
Como los anteriores cuatro,
ejemplos sobran en todo México. A ello hay que sumar la abundante toponimia de
origen indígena que pasó a formar parte del habla cotidiana de los mexicanos
hispanófonos y otras voces de origen indígena cuya extensión es de índole
regional y que constituyen algunas de las diferencias entre las variedades
locales del español mexicano.
Aparte del léxico, existen algunas particularidades fonológicas del español de
México. Generalmente, los mexicanos tienden a suprimir la pronunciación de
algunas vocales átonas y a la elisión en algunas palabras, especialmente cuando
en una oración una palabra concluye en vocal y la siguiente comienza en vocal.
Además, en contraste con los nativos de España, los mexicanos no tienen grandes
dificultades para pronunciar conjuntos de dos consonantes seguidas, como [ks], [tl]
y otras (aunque también es frecuente en algunos sociolectos el cambio de
consonantes, como en [kl] en lugar de [tl], o bien, [ks]] en vez de [ps]).
También hay que señalar que como en el resto de América Latina, el habla
española de México se caracteriza por la ausencia del fonema /θ/, que se
sustituye por /s/ ya que las dos sibilantes del español del siglo XVI
convergieron en el español de América.
En México no existe el voseo, salvo en algunas regiones del sureste, donde se
emplean tres pronombres para la segunda persona plural con connotaciones
semánticas diferentes. Es general la distinción entre tú y usted, empleándose la
segunda en las fórmulas de respeto o de conversación con personas a quienes no
se conoce. Lo anterior vale especialmente para las generaciones adultas, puesto
que entre los jóvenes tiende a desaparecer esta distinción. De igual manera,
mientras los adultos suelen referirse a las acciones realizadas por ellos mismos
con los pronombres uno o yo, cada vez se vuelve más general el uso de tú para
este tipo de construcciones, supuestamente por influencia del inglés. Por eso,
cuando uno podría decir que ha hecho tal o cual cosa, alguien más dirá que tú
haces la misma cosa, pero refiriéndose a sí mismo.
Ya entrando en el campo de los anglicismos, se acusa que el mexicano es uno de
los dialectos del español con un mayor número de voces de origen inglés. Sin
embargo, como señala Grijelmo, esto es algo relativo, puesto que existen algunos
conceptos para los que los mexicanos hispanófonos han elaborado voces castizas
que, sin embargo, han sido calcadas del inglés en otras partes del mundo de
habla hispana. Como ejemplo de lo anterior, en México los carros se estacionan,
y no se aparcan, tal como se hace en España, donde sin embargo los "coches" se
"alquilan", mientras en México los "carros" se "rentan" (cars are rented).
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México
LA X EN MÉXICO
Lo problemático de no ser mexicano
y sumergirse en un mundo de escritura mexicana del español es la lectura de la
x, que ha sido motivo de múltiples comentarios de extranjeros que visitan el
país. De modo general, se escribe con x todo término de origen español que así
lo requiera, como excepción, existencia y muchos cientos más. En todos estos
casos, la x se pronuncia como [ks], tal como señala la regla estándar. Pero en
el caso de las voces indígenas, la regla no está tan estandarizada ni es
necesariamente conocida por el resto de los hispanohablantes, aun cuando tiene
sus orígenes en la Península Ibérica del siglo XVI.
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México
LA GRAFÍA X
POESSE EN MÉXICO CUATRO VALORES DISTINTOS:
El convencional, [ks], como en los ejemplos señalados antes o en Tlaxcala, el
nombre de un estado y ciudad del centro del país (cuyo topónimo deriva del
náhuatl Tlaxcallan, o Ciudad de las tortillas).
Un valor [ʃ], empleado en voces de
origen indígena como mixiote (un guiso preparado en la película que recubre la
penca del maguey), Holbox (nombre de una isla en el Caribe mexicano) y Xadani (población
zapoteca del istmo de Tehuantepec).
Un valor [x], como en Xalapa (nombre
de la capital de Veracruz) o axolote (un anfibio de los lagos del centro del
país).
Un valor [s], como en Xochimilco
(el famoso lago de la chinampería chilanga).
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México
VARIEDADES DEL ESPAÑOL MEXICANO
Si bien aquí se han señalado
algunas características muy particulares y generales a casi todas las versiones
del español de México, también se ha señalado (aunque no insistido en) que
existen algunas peculiaridades regionales y sociales, que fragmentan el español
mexicano en múltiples dialectos. Las variedades regionales poseen algunos rasgos
que son muy específicos, y en algunos casos más que ser regionales son
comunitarias (por ejemplo pueblos alejados o pequeñas rancherías con considerado
aislamiento donde se preservan variedades extremadamente peculiares, en
comparación con las mayoritarias; poblaciones de orígen mestizo, pero de gran
antigüedad, que fueron castellanizándose desde hace mucho tiempo y gradualmente;
y lo que tenemos son islas lingüísticas donde se habla, variedades de castellano
bastante antiguo y regionalizado, que pueden ser como por ejemplo dialectos o
hablas con influencias muy fuertes de voces asturianas o extremeñas -como
terminaciones en u, en vez de en o; por ejemplo perru, en vez de perro; o
pronunciar la h muda con sonido de j, o h aspirada-; formas de hablar el español
que se aprendieron hace mucho tiempo y a lo largo de los siglos adquirieron
características fonológicas y léxicas muy particulares y muy fuertes,
particularmente influencias de las lenguas indígenas; particularmenteésto
sucedió y subsiste hoy día en los estados del centro del país, como el Estado d
México o Michoacán, donde la influencia fonológica y léxica en estas variedades
que sobreviven en islas se debe en gran parte a lenguas originarias, en especial
al náhuatl y al otomí-mazahua en el Estado de México o Purépecha en Michocán. Es
común el uso de gran cantidad de léxico indígena para designar varios elementos
-así como léxico español antiguo con formas verbales y de conjugacion también
antiguas-, así como anteponer o posponer prefijos o sufijos en lengua indigena a
las palabras castellanas p. ej. (típico en Rancherías como San José de los
ranchos, en el Estado de México)"tabamus cinandu ipan chante y ps que ansina
nomas que empeza a jedir el hueysoc aquel, y que se ensendie too el focu, y
jedía mas, no ps el huey-sostote que me anda dando; ps si se abrasa toditu").
Para un recién llegado de fuera, muchas veces resulta en momentos difícil
comprender la totalidad del discurso de los interlocutores lugareños). Algunas
macrovariedades son perfectamente distinguibles y su extensión es más o menos
amplia. Entre ellas están los dialectos empleados en el norte de México, en
Occidente, el de la península de Yucatán, el del Distrito Federal (con
variaciones graduales según sociolectos e influencias de otras regiones por la
migraciòn) y las variedades de las costas.
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México
LENGUAS INDÍGENAS DE MÉXICO
Con alrededor de seis millones de
personas hablantes de alguna lengua indígena, México alberga la mayor cantidad
de personas hablantes de lenguas amerindias en América detrás de Perú. Sin
embargo, en números relativos, la proporción de estas comunidades lingüísticas
es menor en comparación con países como Guatemala (42,8%) y Perú (35%), e
incluso a las de Ecuador (9,4%) y Panamá (8,3%) [2]. Excepción hecha del náhuatl,
ninguna de las lenguas indígenas de México posee más de un millón de usuarios.
El nahuatlahtohlli es la cuarta lengua indígena de América por el tamaño de su
comunidad lingüística, detrás del quechua, el aymara y el guaraní.
PROCESO DE
MARGINACIÓN DE LAS LENGUAS INDÍGENAS DE MÉXICO
Como se explicó antes, en el momento de hablar acerca del español, las lenguas
indígenas fueron objeto de un proceso de marginación y relegación a los ámbitos
domésticos y comunitarios de la vida social. Desde su llegada a la Nueva España,
algunos misioneros se dieron a la tarea de registrar las lenguas de los indios,
estudiarlas y aprenderlas, con el propósito de ayudar a una evangelización más
eficiente. Con este último propósito, los misioneros de Indias propugnaron por
la enseñanza de los indígenas en su propia lengua. De acuerdo con esa visión,
Felipe II había decretado en 1570 que el náhuatl debía convertirse en la lengua
de los indios de Nueva España, con la finalidad de hacer más operativa la
comunicación entre los nativos y la colonia peninsular. Sin embargo, en 1696,
Carlos II, estableció que el español sería el único idioma que podía y debía ser
empleado en los asuntos oficiales y el gobierno del virreinato (Cifuentes,
1998). A partir del siglo XVII, los pronunciamientos a favor de la
castellanización de los indios fueron cada vez más numerosos. Con ello, los
colonizadores renunciaron a su vocación bilingüe, vocación que llevó en un
primer momento a los misioneros y a los encomenderos a aprender las lenguas de
los nativos. Esa necesidad de bilingüismo se trasladó entonces a los actores que
articulaban las relaciones entre los niveles más altos del gobierno y los
pueblos indígenas, es decir, la élite nativa encarnada en los caciques
regionales.
A lo largo del período colonial, el español y las lenguas indígenas entraron en
una relación de intercambio que llevó, por un lado, al español de cada región a
conservar palabras de origen indígena en el habla cotidiana; y a las lenguas
indígenas a incorporar no sólo palabras españolas, sino de otros idiomas indios
y especialmente de las lenguas caribes.
Después de la consumación de la independencia de México, la ideología liberal
dominante llevó a los encargados de la educación pública en el país, a
implementar políticas educativas cuyo propósito era la castellanización de los
indígenas. Según sus defensores, con la castellanización los indios quedarían
plenamente integrados a la nación mexicana (una nación criolla, según el
proyecto liberal decimonónico), en igualdad con el resto de los ciudadanos de la
República. Salvo el Segundo Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano, ningún
otro gobierno del país se interesó por la conservación de las lenguas indias
durante el siglo XIX, ni siquiera el del único presidente indígena que ha tenido
el país: Benito Juárez.
En 1889, Antonio García Cubas calculó la proporción de hablantes de lenguas
indígenas en un 38% del total de la población mexicana. Si se compara con el 60%
que estimaba una encuesta de población en 1820, es notable la reducción
proporcional de los hablantes de lenguas nativas como componente de la
población. Al final del siglo XX, la proporción se redujo a menos del 10% de la
población mexicana. En el transcurso, más de un ciento de lenguas
desaparecieron, especialmente las propias de los grupos étnicos que habitaban en
el norte de México, en el territorio que corresponde aproximadamente con las
macro-áreas culturales denominadas Aridoamérica y Oasisamérica. Sin embargo, a
pesar de que en números relativos los hablantes de lenguas indígenas fueron
reducidos a una minoría, en términos netos su población aumentó. En la
actualidad representan más de siete millones de personas.
Antes de 1992, las lenguas indígenas no tenían ninguna especie de reconocimiento
jurídico por la Federación. En ese año, el artículo 4° de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos fue reformado, con el propósito de
reconocer el carácter pluricultural de la nación mexicana, y la obligación del
Estado de proteger y fomentar las expresiones de esa diversidad. Siete años más
tarde, el 14 de junio de 1999, el Consejo Directivo de la Organización de
Escritores en Lenguas Indígenas presentó al Congreso de la Unión una Propuesta
de Iniciativa de Ley de Derechos Lingüísticos de los Pueblos y Comunidades
Indígenas, con el propósito de abrir un canal legal de protección de las lenguas
nativas. Finalmente, la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos
Indígenas fue promulgada en diciembre de 2002. Esta ley contempla mecanismos
para la conservación, fomento y desarrollo de las lenguas indígenas, pero
también una compleja estructura que dificulta su realización (Cuevas, 2004: 13)
MATCAB.
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México
DE LA
CASTELLANIZACIÓN A LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGÜE
Por castellanización se entiende en México al proceso de adopción de la lengua
española por parte de los pueblos indígenas. Como se señaló anteriormente, sus
antecedentes de jure más remotos datan del siglo XVII, aunque no fue sino hasta
el siglo XIX cuando alcanzó su máxima expresión, en el contexto de la República
liberal. Con la generalización de la educación pública, la castellanización se
hizo más profunda aunque ello no derivó en el abandono absoluto de las lenguas
indígenas por parte de sus hablantes. En otros casos, la castellanización fue
acompañada por el exterminio físico o el etnocidio; casos especiales son los
yaquis (Guerra del Yaqui, 1825-1897), los mayas (Guerra de Castas, 1848-1901) y
los californios[4] (cuyas lenguas se extinguieron a finales del siglo XIX, luego
de una larga agonía que comenzó con el establecimiento de misiones católicas en
la península). Los apaches[5] son un caso un poco diferente, aunque resistieron
cualquier esfuerzo de castellanización desde el siglo XVII, entraron en
conflicto abierto con españoles y mexicanos, e incluso con las demás etnias del
norte (tarahumaras, sumas, conchos, tobosos). Esto se agudizó al ser empujados
hacia el oeste por la expansión de Estados Unidos, causando el constante
conflicto en los estados del norte de México y del sur de Estados Unidos(Guerra
apache, durante todo el XIX).
La castellanización tenía como propósito eliminar las diferencias étnicas de los
indígenas con respecto al resto de la población, para, en última instancia,
integrarlos en "igualdad" de condiciones a la nación. En México, uno de los
principales criterios históricos para la definición de lo indígena ha sido la
lengua (el criterio "racial" sólo desapareció en el discurso oficial en la
tercera década del siglo XX). Por ello, las estrategias para inducir el abandono
de las lenguas indígenas estaba enfocado a la prohibición legal de su empleo en
la educación, en la prohibición fáctica del ejercicio de la docencia para los
indígenas (cuando un indígena llegaba a ser profesor, el gobierno se encargaba
de reubicarlo en una comunidad donde no se hablara su lengua madre) y otras
similares.
Contra lo que pensaban los defensores de la castellanización de los indígenas,
su incorporación al mundo de habla española no significó una mejoría en las
condiciones materiales de existencia de los grupos étnicos. La política de
castellanización se tropezaba también con las carencias del sistema educativo
nacional. Suponía que los educandos manejaban de antemano la lengua española,
aunque en muchas ocasiones no ocurría de esta forma. Muchos indígenas que
tuvieron acceso a la educación pública durante la primera mitad del siglo XX en
México eran monolingües, y al prohibírseles el uso de la única lengua que
manejaban, eran incapaces de comunicarse en el medio escolar. Por otra parte,
los docentes muchas veces eran indígenas cuyo dominio del español también era
precario, lo que contribuyó a la reproducción de las deficiencias competitivas
entre los niños. En vista de lo anterior, en la década de 1970 se incorporó la
enseñanza en lengua indígena en las zonas de refugio, pero sólo como un
instrumento transitorio que debería contribuir a un aprendizaje más efectivo del
español.
Durante la década de 1980, la educación bilingüe fue objeto de una promoción
intensiva (en términos comparativos con períodos anterior, puesto que nunca ha
constituido un sistema masivo en México). Pero aun cuando los propósitos seguían
siendo los mismos (la incorporación de los indígenas a la nación mestiza y la
castellanización), se enfrentaba desde entonces a las carencias que acusa el
sistema de educación intercultural implementado en la segunda mitad de la década
de 1990. A saber, que el profesorado asignado a zonas de habla indígena con
frecuencia no domina el idioma indígena que hablan sus estudiantes. Por otra
parte, sólo en fechas muy recientes la Secretaría de Educación Pública se
preocupó por la producción de textos en lenguas indígenas, y sólo en algunas de
ellas. La gran diversidad lingüística de México, aunada a las dimensiones
reducidas de algunas comunidades lingüísticas, han conducido al sistema de
educación intercultural bilingüe a enfocarse sólo en los grupos más amplios.
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México
BILINGÜISMO Y DIGLOSIA
La mayor parte de los hablantes de
lenguas indígenas en México son bilingües. Esto es resultado de un largo proceso
histórico en que sus lenguas fueron relegadas a los ámbitos de la vida
comunitaria y doméstica. Debido a ello, la mayor parte de los indígenas se
vieron en la necesidad de aprender a comunicarse en español tanto con las
autoridades como con los habitantes de las poblaciones mestizas, que se
convirtieron en los centros neurálgicos de las redes comunitarias en que se
veían integradas sus sociedades. A la declinación del número de monolingües
entre los mexicanos hablantes de lenguas indígenas contribuyó también, como se
ha señalado antes, la intensiva campaña educativa de corte castellanizante.
En la actualidad, existen comunidades lingüísticas donde menos del 10% de sus
miembros hablan exclusivamente la lengua amerindia. Es el caso de la comunidad
lingüística de los chontales de Tabasco, que apenas presentan un 0,13% de
monolingües del total. Les siguen los yaquis (0,33%) mazahuas (grupo étnico del
estado de México, caracterizado por su temprana integración en la red económica
de grandes ciudades como México D.F. y Toluca), con 0,55% de monolingües; y los
mayos de Sonora y Sinaloa, con 1,78%. Las comunidades con la mayor cantidad de
indígenas monolingües son también aquellas donde el analfabetismo es más elevado
o cuyo territorio étnico tradicional se localiza en las regiones más marginadas
de México. Tal es el caso de los amuzgos de Guerrero y Oaxaca, con 42% de
monolingües y 62% de analfabetismo; los tzeltales y tzotziles de los Altos de
Chiapas, con 36,4% y 31,5% de monolingües respectivamente; y los tlapanecos de
la Montaña de Guerrero, con 31,5% de monolingüismo.
En años recientes, algunas comunidades lingüísticas indígenas de México han
emprendido campañas de rescate y revalorización de sus propias lenguas. Quizá la
excepción sean los zapotecos de Juchitán, núcleo urbano de Oaxaca donde la
lengua zapoteca tiene una fuerte presencia en todos los ámbitos de la vida desde
el siglo XIX. Los movimientos reivindicadores de las lenguas indígenas han
tenido lugar casi exclusivamente entre aquellos pueblos con elevado bilingüismo
o que de una u otra manera se han insertado en la vida urbana. Este es el caso
de los hablantes de maya yucateco, los purépechas de Michoacán, los nahuas de
Milpa Alta o los mixtecos que viven en Los Ángeles.
Pero lo general es que las lenguas indígenas sigan relegadas a la vida familiar
y comunitaria. Un ejemplo notable es el de los otomíes de algunas regiones del
valle del Mezquital. Estos grupos se han negado a recibir instrucción en su
propia lengua, dado que esos son conocimientos que se pueden aprender "en la
casa", y que finalmente carecerán de utilidad práctica en la vida futura de los
educandos. Lo que solicitan los padres en casos de este tipo es que la
alfabetización de los niños indígenas sea en lengua española, dado que es un
idioma que necesitarán para relacionarse en lugares distintos de la comunidad de
origen. Porque aunque la ley mexicana haya elevado al rango de lenguas
nacionales a las lenguas indígenas (más conocidas por el común de los mexicanos
como dialectos, palabra empleada en el sentido de que no son verdaderas
lenguas), el país carece de mecanismos para garantizar el ejercicio de los
derechos lingüísticos de los indígenas. Por ejemplo, los materiales editados
(textos o fonogramas) en estos idiomas son muy pocos, los medios de comunicación
no prestan espacios para su difusión, salvo algunas estaciones creadas por el
desaparecido Instituto Nacional Indigenista (actual Comisión Nacional para el
Desarrollo de los Pueblos Indígenas o CDI) en zonas con amplia población
hablante de idiomas indios; y porque, finalmente, la mayor parte de la sociedad
mexicana se comunica en español.
CLASIFICACIÓN DE
LAS LENGUAS INDÍGENAS
El estudio de las lenguas indígenas
comenzó desde la llegada misma de los españoles al territorio que actualmente
ocupa México. Algunos de los misioneros, por encontrarse más cercanos a los
nativos, advirtieron las semejanzas que existían entre algunas de las lenguas,
por ejemplo, el zapoteco y el mixteco. En el siglo XIX, las lenguas nativas
fueron objeto de una clasificación semejante a la que se realizaba en Europa
para las lenguas indoeuropeas. Esta tarea fue emprendida por Manuel Orozco y
Berra, intelectual mexicano de la segunda mitad del siglo XIX. Algunas de sus
hipótesis clasificatorias fueron retomadas por Morris Swadesh a principios del
siglo XX.
Uno de los grandes problemas que presenta el establecimiento de relaciones
genéticas entre las lenguas de México es la falta de documentos escritos
antiguos que permitan conocer la evolución de las familias lingüísticas. En
muchos casos, la información disponible consiste en unas cuantas palabras
registradas antes de la desaparición de un idioma. Tal es el caso, por ejemplo,
del idioma coca, cuyos últimos vestigios lo constituyen algunas palabras de las
que se sospecha pertenecen más bien a alguna variedad del náhuatl hablado en
Jalisco. Swadesh calculaba que el número de idiomas hablados en el territorio
mexicano llegaba a los ciento cuarenta. Actualmente sólo sobreviven sesenta y
cinco.
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México
OTRAS LENGUAS
Aunque el español es la lengua
oficial de México, el inglés es usado ampliamente en los negocios. El dominio
del idioma inglés es una característica muy demandada en la búsqueda de
empleados profesionistas, lo cual ha llevado a un incremento exponencial en la
cantidad de escuelas e institutos de enseñanza del inglés y la mayoría de las
escuelas privadas ofrecen educación bilingüe e incluso lo que se ha demoninado
"bi-cultural". También es un idioma importante y se habla en las ciudades
fronterizas. El inglés también es el idioma principal de las comunidades de
inmigrantes estadounidenses en las costas de Baja California, y en pequeños
pueblos, como San Miguel de Allende o Chapala donde la población de origen
estadounidense representa al 50% de la población.
No se tienen datos oficiales acerca de la presencia de otros idiomas no
indígenas en el territorio mexicano. El INEGI los incluye dentro de la categoría
Otras lenguas extranjeras, aunque en sus tabulados finales no se desglosan
cuáles son esas lenguas extranjeras.
El Instituto Lingüístico de Verano calculaba que a mitad de la década de 1990
existían 70 mil hablantes de bajo sajón en la república. La mayor parte de ellos
se asientan en los territorios semidesérticos de Chihuahua, Zacatecas, Durango,
Tamaulipas y Campeche. De esa comunidad, menos de la tercera parte habla también
español, lo cual se puede explicar por el aislamiento de la comunidad menonita
con respecto a sus vecinos. Asimismo, aunque se estima que la población de
gitanos en el país debía ascender a unos 16 mil individuos; el ILV calcula que
de ellos, unos cinco mil hablan el idioma romaní o caló. Siempre según el ILV,
en Coahuila habitan unos quinientos hablantes de afro-seminola, una lengua
criolla basada en el inglés, originaria de la costa oriental de Estados Unidos.
Esta comunidad llegó a México en 1849, en un número de 133 miembros, huyendo de
persecuciones esclavistas e indígenas en Estados Unidos. Constituían los
elementos restantes de la Rebelión Seminola de Florida, a la cual se integraron
esclavos huyendo de sus amos. Cruzaron el Río Bravo en el área de Eagle Pass y
colaboraron en las Guerras contra los Apaches entre 1849 y 1855. Al final la
mayoría de los seminolas accedieron a regresar a Estados Unidos, quedándose en
Coahuila principalmente los seminolas negros, estableciéndose en Nacimiento de
los Negros, Coahuila hasta la fecha (2007). Sus derechos fueron reconocidos y
confirmados por Porfirio Díaz, Venustiano Carranza y Lázaro Cárdenas.
Por otra parte, se sabe de la presencia de comunidades importantes de hablantes
del francés, alemán, italiano, véneto, catalán, vasco, gallego, asturiano, árabe,
chino, hebreo, griego, ruso, japonés y coreano, aunque el ILV no presenta datos
que permitan exponer una cifra acerca de su peso en las estadísticas. En la
misma situación se encuentran muchos grupos indígenas no nativos de México y
cuyas lenguas no fueron consideradas nacionales por la legislación del país (cosa
que sí ocurrió, por ejemplo, con las lenguas de los refugiados guatemaltecos).
En este caso está una importante comunidad de ecuatorianos y peruanos hablantes
de quechua asentados en el Distrito Federal y en el Estado de México.
Aunque México se reconoce, según sus leyes, como un país multicultural y
determinado a la protección de las lenguas de sus diversos pueblos, no ha dado
personalidad legal a las comunidades lingüísticas enumeradas en este apartado.
La ley mexicana no contempla protección o promoción para estos idiomas, aun
cuando forman parte de la identidad de un grupo de ciudadanos mexicanos. Cabe
notar que en en este punto, la legislación mexicana es equiparable respecto a
las legislaciones de la mayoría de los países occidentales, en donde las lenguas
de inmigrantes relativamente recientes, o marginales poblacionalmente, tienden a
no ser consideradas como lenguas nacionales en riesgo, y por lo tanto, dignas de
protección.
ARCAÍSMOS
La
primera impresión que produce el español de México es que se trata de un
habla conservadora. En efecto, no son pocos los casos en que el habla de
México ha conservado modos antiguos de decir, sin dejarse influir por
las innovaciones realizadas en otras zonas de la comunidad lingüística
hispana. El hecho de que algunas voces o expresiones ya desaparecidas en
el habla de España se sigan oyendo en México es la razón por la cual se
ha señalado el arcaísmo como característica del español mexicano. Son
arcaísmos respecto a España expresiones como: se me hace (me parece),
¿qué tanto? (¿cuánto?), muy noche, dizque, donde (usado como condicional
en expresiones como: «Donde se lo digas, te mato»). Los arcaísmos
resultan más evidentes en el vocabulario. Palabras ya olvidadas en
España conservan vigencia en México: pararse (ponerse de pie), prieto,
liviano, demorarse, dilatarse, esculcar, luego, recibirse (graduarse),
etc.
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México
CARÁCTER RÚSTICO
A
causa de la procedencia social de la mayor parte de los conquistadores y
colonizadores españoles -soldados, expresidiarios, aventureros, etc.-
pueden señalarse el vulgarismo y el carácter rústico como rasgos
característicos del español de América. Sin embargo, la ciudad de México
fue donde se formó el lenguaje más culto de la colonia. Con una gran
capacidad de asimilación, muy pronto estuvo al nivel cultural de las más
grandes ciudades españolas: nueve años después de la conquista, en 1530,
tiene una imprenta, la primera de América, en 1537 comienza a ser corte
de virreyes; en 1547 es cabeza de arzobispado, en 1553 inaugura su
universidad, y su ambiente literario era muy atractivo para los
escritores españoles. Por todas estas características, no es el
vulgarismo el rasgo peculiar de su español, aunque no falten rasgos de
carácter rústico. Entre ellos, tal vez el más importante sea el de
convertir los hiatos (término con el que se denomina la combinación de
dos vocales que son elementos constituyentes de sílabas contiguas y que
no forman diptongo) en diptongos: pior (peor), poliar (pelear), cuete
(cohete), pasiar (pasear), linia (línea).
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México
ALGUNOS
CAMBIOS
No
obstante, a pesar de que el español hablado en México se muestra
conservador respecto al de España, no puede permanecer estacionario.
Como toda lengua, está sujeto a las tendencias evolutivas, siguiendo un
desarrollo paralelo al desarrollo del español de España, pero por
caminos diferentes. Una vez arraigado en México, empezó a vivir una
nueva vida y a adquirir una personalidad propia. A partir del siglo XVI
empezó su desarrollo, alcanzando soluciones distintas a las obtenidas en
España. Entre los cambios que experimentó el español de México, se
cuentan:
-
desarrollo de las
perífrasis del gerundio: «voy llegando» (acabo de llegar), «voy
acabando» (estoy a punto de acabar), «vamos haciendo una cosa»
(hagamos una cosa), «y un día, ¡que lo va viendo el profesor!»;
-
uso de la
preposición hasta, que no expresa el límite de la acción, sino su
inicio: «viene hasta las dos» (no viene hasta las dos), «hasta ayer
lo compré» (apenas ayer lo compré);
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México
INFLUENCIA NÁHUATL
En
la diferenciación del español de México influyó el sustrato indígena,
principalmente náhuati, sobre el que se depositó la lengua castellana.
Sin embargo, si bien en el léxico su influencia es innegable, apenas se
deja sentir en el terreno gramatical. En el vocabulario, además de los
mexicanismos con los que se ha enriquecido la lengua española, como
tomate, hule, chocolate, coyote, petaca, etcétera; el español de México
cuenta con muchos nahuatlismos que le confieren una personalidad léxica
propia. Puede ocurrir que la voz náhuatl coexista con la voz española,
como en los casos de cuate y amigo, guajolote y pavo, chamaco y niño,
mecate y reata, etc. En otras ocasiones, la palabra indígena difiere
ligeramente de la española, como en los casos de huarache, que es un
tipo de sandalia; tlapalería, una variedad de ferretería, molcajete, un
mortero de piedra, etc. En otras ocasiones, la palabra náhuatl ha
desplazado completamente a la española. tecolote, atole, milpa, ejote,
jacal, papalote, etc. Son muchos los indigenismos que designan
realidades mexicanas para las que no existe una palabra castellana:
mezquite, zapote, jícama, ixtle, cenzontle, tuza, pozole, tamales,
huacal, comal, huipil, metate, etc. Hay que hacer notar que la fuerza
del sustrato náhuatl cada día hace sentir menos su influencia, ya que no
hay aportaciones nuevas.
IFLUENCIA INGLESA
En
cambio, la corriente de anglicismos, o sea, palabras del inglés
incorporadas al español, va en continuo aumento. Hay muchas palabras del
inglés que se usan tanto en América como en España: filmar, beisbol,
club, coctel, líder, cheque, sandwich, etc, Pero en el español mexicano
se usan otros muchos anglicismos que no se utilizan en todos los países
de habla hispana. En este caso se encuentran: carro, checar, hobby,
folder, overol, suéter, réferi, lonchería, closet, etc. Frente a esta
corriente anglicista actúa el ideal de la lengua hispánica, el afán de
propiedad expresiva, el sentido de comunidad lingüístíca con los demás
países hispanohablantes. Todos estos factores se dejan sentir en México
con gran fuerza, por lo cual no se presenta el temor por el porvenir
inmediato de la lengua.
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México
Bibliografía
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hablantes. Trillas. México. ISBN 968-24-4048-3.
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historia. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
- Instituto Nacional Indigenista. Historia de los Pueblos Indígenas de México.
México. ISBN 968-49-6338-6
Cuevas, Susana (2004): Ley de Derechos Lingüísticos en México. En http://www.linguapax.org/congres04/pdf/4_cuevas.pdf.
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En: Ciencias. No. 60-61. Octubre de 2000. pp. 133-140.
Hamel, Enrique (2000): Políticas del lenguaje y educación indígena en México.
Orientaciones culturales y estrategias pedagógicas en una época de globalización.
En: http://uam-antropologia.info/web/articulos/2000_hamel.pdf. Consultado en
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Warman, Arturo (2003): Los indios mexicanos en el umbral del milenio. Fondo de
Cultura Económica. México. ISBN 968-16-7007-8
Fuente de este artículo - Wikipedia
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