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Las ilusiones perdidas
son hojas, desprendidas del árbol del corazón.
José de Esponcedra
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Son tus labios un rubí
partido por gala en dos,
arrancado para ti de la corona de un dios.
José de Esponcedra
Esta lengua también se llama castellano...por ser el nombre de la
comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos
medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación
del idioma; el término español es relativamente reciente y no es
admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues
entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán
y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio
de sus comunidades autónomas respectivas; son esos hablantes bilingües
quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la
lengua, castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.
En
los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no
plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los
términos castellano y español. En los primeros documentos tras la
fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por
acuerdo la denominación de lengua española.
Quien mejor ha estudiado esta espinosa cuestión ha sido Amado Alonso en
un libro titulado Castellano, español, idioma nacional. Historia
espiritual de tres nombres (1943). Volver a llamar a este idioma
castellano representa una vuelta a los orígenes y quién sabe si no sería
dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto esfuerzo y
estudio le dedicaron, como Andrés Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel
Manacorda de Rossetti.
Renunciar al término español plantearía la dificultad de reconocer el
carácter oficial de una lengua que tan abierta ha sido para acoger en su
seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición. Por
otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su
lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de
calificarla como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar
algunos ejemplos. Lo cual podría signifcar el primer paso para la
fragmentación de un idioma, que por número de hablantes ocupa el tercer
lugar entre las lenguas del mundo. En España se hablan además el catalán
y el gallego, idiomas de tronco románico, y el vasco, de origen
desconocido.
Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar,
propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las
lenguas ibéricas" y al vasco, caso de no ser una de ellas.
De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos
autónomos conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el
latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca > braga, camisia >
camisa, lancea > lanza.
Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de
entonar y emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el
origen de una serie de cambios en las fronteras silábicas y en la
evolución peculiar del sistema consonántico.
Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto
que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega
desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también
influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en
diferentes momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano,
escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del
moderno golpear), púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y
polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia,
Calpe.
A
partir del renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos
nuevos en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas
para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente
creación, o helicóptero.
Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo hizo a
través del latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy
romanizados entre los siglos III y V. Forman parte de este cuerpo léxico
guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz
germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba 'castillo' y
después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en los topónimos
europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo,
Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués
y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente.
Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de
origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira,
Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en
-a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso
sacristán.
Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al
vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al
respecto. Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas
particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en la
conformación del castellano por dos motivos: el condado de Castilla se
fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte
de León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los
árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos
lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte
castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos
fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano.
La
introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro,
cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y
ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno
de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del
fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r).
La
otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de
pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban
por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración,
representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así
del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán,
italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en
francés y faina en rumano; en vasco es irin.
La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de
España, y el español es una de ellas, pues en la península se asienta
durante ocho siglos la dominación de este pueblo. Durante tan larga
estancia hubo muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los
cristianos comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo eran
superiores desde el punto de vista militar, sino también en cultura y
refinamiento.
De
su organización social y política se aceptaron la función y la
denominación de atalayas, alcaldes, robdas o rondas, alguaciles,
almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates,
quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy
sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o
azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y
regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones.
Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en
jabón del latín 'saponem'. Añadieron el sufijo -í en la formación de los
adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí.
Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de
"Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". No podría entenderse correctamente
la evolución de la lengua y la cultura de la península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le corresponde.
POLÉMICA EN
TORNO A ESPAÑOL O CASTELLANO
La polémica en torno a
los términos "español" y "castellano" consiste en decidir si, dado
el uso histórico de los dos términos, resulta más adecuado llamar a
la lengua hablada en la mayor parte de América Latina y la península
ibérica "español", o bien, "castellano".
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Castellano
INTRODUCCIÓN
Aunque la introducción
del idioma en los países conquistados fue previa a la existencia de
España como Estado moderno, el Diccionario de Lengua Española de la
Real Academia Española de la Lengua, da castellano y español como
sinónimos. La denominación español fue predominando en la península
ibérica a partir de la unificación de los reinos de España durante
el reinado de Carlos I de España en el siglo XVI.
La denominación castellano es más frecuente en Sudamérica y
península ibérica, mientras que en Centroamérica, México y Colombia
es más frecuente el término español, si bien cuesta discernir si la
respuesta es condicionada por la pregunta, pues la denominación de
castellano es más frecuente en contextos de oficialidad, y el
término español es más frecuente en la denominación espontánea.
En España a menudo se usa el término español al referirse a la
lengua en contraposición a lenguas extranjeras, y castellano con
relación a otras lenguas que también son españolas. Este es el uso
que recomienda Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades
del castellano. La Constitución Española de 1978, en su artículo
tercero, utiliza la denominación castellano para la lengua,
diferenciándola de las otras lenguas españolas:
El castellano es la lengua española oficial del Estado. (...) Las
demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas
Comunidades Autónomas...
Se arguye que el resto de lenguas habladas en España, como el
euskera, el catalán o el gallego, también son españolas[1], y que
los casos del alemán en Alemania y del francés en Francia surgen de
una centralización lingüística con orígenes completamente diferentes
a los del castellano en España.
Por el contrario, hay quienes argumentan que el término español hace
referencia a la lengua oficial del Estado español, mientras que
un idioma como el gallego hace referencia a la lengua propia de
Galicia. El hecho de que provincias como La Coruña sean gallegas y
españolas a la vez, son la base de la llamada cooficialidad de los
idiomas español y gallego.
Otros autores afirman que aunque el castellano medieval se vio
influido en su evolución por otras lenguas peninsulares, los cambios
no fueron significativos. En base a esto se propone como
denominación correcta el término castellano, pues es el idioma que
surgió en Castilla y después se extendió por todo el territorio
español por la supremacía política del Reino de Castilla sobre los
demás reinos peninsulares. Estos autores suelen poner como ejemplo
que en el Reino Unido y otros países angloparlantes el idioma se
denomina inglés (y no británico), pues es originario de Inglaterra,
aunque éste caso no es enteramente extrapolable a nuestra lengua
pues el término castellano no encuentra eco en otras lenguas como sí
lo halla el inglés (y ente caso el término español).
Después que España perdiera sus últimas colonias americanas, algunos
intelectuales americanos siguieron empleando el término "América
Española", en las primeras décadas del siglo XX. Aunque esto
causó rechazo en algunos sectores sociales, todos los países de
habla castellana denominan oficialmente española a su lengua , como
lo evidencian sus afiliaciones a la Asociación de Academias de la
Lengua Española.
ALGUNAS RAZONES DE LA
CONTROVERSIA
La controversia
trasciende el debate méramente académico o de adecuación
terminológica, ya que con cierta frecuencia el debate se ha mezclado
con intencionalidades políticas de dos tipos:
Dentro de España, ciertos sectores nacionalistas y/o regionalistas
han preferido el término castellano por entender que todas las
lenguas de España son autóctonas de un cierto territorio que es
subparte del territorio español. Sin embargo, en los últimos tiempos
puede percibirse también una tendencia a utilizar el término español
por parte de estos sectores, para reforzar la idea de que los
territorios como Cataluña o Euskadi no forman parte de España. En
contraposición, el españolismo, defiende mayoritariamente el término
español para señalar la preeminencia o naturalidad de describir a la
lengua como forma predominante de comunicación en España.
En tiempos de la
dictadura de Primo de Rivera se produce un apropiamiento del término
español al mismo tiempo que se fijan cánones de corrección basados
en el uso castellano (y concretamente burgalés) para evitar la
centrifugación patente en las hablas periféricas (bable, andaluz,
panocho...). Más tarde durante la dictadura de Franco se reforzará
la identificación del español con la indisolubilidad de la patria.
En América latina, se
ha llegado a considerar que el uso del término español era una forma
de subordinación cultural a España.
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Castellano
PREFERENCIAS DE USO
Las academias de la
lengua
Las Academias de la
Lengua de los países en los que el término castellano es usado
corrientemente (como Chile, o Argentina) han adoptado la
denominación de idioma español. Para estas academias, que fijan el
vocabulario oficial de su país, el término es de origen filológico y
no tiene connotaciones políticas. Por ejemplo, según la Academia
Argentina de Letras:
En el uso general las denominaciones «castellano» y «español» son
equivalentes. No obstante, es preferible, en razón de una más
adecuada precisión terminológica, reservar el tradicional nombre de
«castellano» para referirse al dialecto de Castilla anterior a la
unificación, y llamar «español» -como internacionalmente se hace- a
la lengua que desde entonces lleva en sí, junto al viejo tronco, los
múltiples aportes que otros pueblos de España y de América han dado
al «castellano»
Por su parte la Asociación de Academias de la Lengua Española
mediante su publicación, el Diccionario panhispánico de dudasha
dicho:
Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de
América, y que también se habla como propia en otras partes del
mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica
sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy
superada.
Fuente: Wikipedia - La
enciclopedia Libre
LAS LENGUAS DE LA
PENÍNSULA IBÉRICA
Aunque el latín no era una lengua autóctona de la península ibérica, el
hecho de que en ella se hablara la lengua de los iberos, celtíberos,
cántabros o lusitanos no tuvo la misma importancia que la llegada del
latín en la Hispania, a partir del año 218 a.C.,
el cual, una vez impuesto, fue usado con propiedad por los hispanos. Sin
embargo, luego del debilitamiento, fragmentación y finalmente caída del
imperio de occidente, la lengua latina siguió su propio camino, en el
cual confluyeron las formas tradicionales de expresión y los nuevos
hábitos lingüísticos desarrollados por estos hablantes.
Justamente, es en este periodo, que va desde el siglo IX
hasta el XII, cuando surgieron en la península unos romances, que darían
paso a lenguas románicas —gallego-portugués, leonés, castellano,
navarro-aragonés, catalán y mozárabe—, unas nuevas formas de hablar el
latín, sólo que independientes ya de su lengua madre, convertidas cada
una en un sistema propio, siendo el castellano —de todas ellas— la
lengua destinada a ser una de las más habladas en todo el mundo y de
ser, además, la lengua de transición entre la edad media y la edad
moderna.
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del castellano
ORÍGENES DEL ESPAÑOL
El
castellano, dialecto románico surgido en Castilla y origen de la lengua
española, nació en una franja montañosa, mal y tardíamente romanizada,
inculta y con fuertes raíces prerromanas (Burgos, Iria Flavia, Oviedo,
Amaya, Pamplona), en la cual surgieron los condados y reinos medievales
españoles, y en torno a esos nuevos centros fueron desarrollándose las
variedades dialectales. El castellano, dialecto de los montañeses y
vascos encargados, en el siglo IX,
de defender de los árabes (en la península desde el año 711) la frontera
oriental del reino asturleonés, toma su nombre de castilla —del latín
castella, plural de castellum— que en periodo visigótico
significó ‘pequeño campamento militar’ (diminutivo de castrum) y
luego ‘tierra de castillos’. Con respecto a los vascos, se sostiene que
éstos, con su propia lengua , influyó profundamente en esta nueva lengua
románica.
La
modalidad idiomática navarro-aragonesa, utilizada en el lugar en donde
confluían tres reinos, Castilla, Navarra y Aragón, dio origen, en el
siglo XI,
a los primeros documentos peninsulares en una lengua romance: las glosas
emilianenses (puedes consultar
un interesante artículo sobre ellas en la Página de Ricardo Soca)y
las glosas silenses . En el año 1042, por otra parte, se escribieron las
jarchas, primeros textos en castellano, pero con caracteres árabes o
hebreos.
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del castellano
CONSOLIDACIÓN DEL CASTELLANO
El
primer texto literario escrito íntegramente en castellano fue el anónimo
Cantar de mío Cid, cuya versión original data del siglo XII
(1140 aproximadamente), aunque la que hoy se conoce es la de 1307,
copiada por Per Abatt. También del siglo XIII
es la Grande e General Estoria de España de Alfonso X,
rey de Castilla entre 1252 y 1284. Estos primeros textos escritos en
castellano no se ajustaban a una única norma ortográfica, ya que ésta no
existía. Sin embargo, a partir de Alfonso el Sabio que publicó sus
obras en castellano en vez de latín es posible detectar una cierta
uniformidad y ésta es, probablemente, la escritura más fonética de la
historia del idioma, además de haber adquirido, gracias a este monarca,
el prestigio de lengua nacional. De hecho, se consideran que en la
historia lingüística del castellano se pueden distinguir dos etapas: la
primera, denominada "romance", en la que se escriben las primeras
muestras de la nueva lengua, donde las variedades se van homogeneizando
en torno al habla de Burgos, primer centro de nivelación del idioma, y
la segunda, denominada "castellana", que comienza a partir de la obra
del mencionado Alfonso X
el Sabio. Más tarde, en el siglo XIV,
aparece el Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz, arcipreste de Hita.
Por su parte, en el ámbito histórico, Castilla se consolidó como la
monarquía más poderosa del centro peninsular, lo cual le permitió, en el
siglo XIII
—gracias al dominio que ejerció sobre los reinos vecinos convertirse en
el único reino ibérico capaz de lograr la recuperación de los
territorios bajo dominio musulmán, lo cual es, prácticamente, sinónimo
de la expansión del castellano. Es entonces cuando este dialecto,
eminentemente innovador e integrador, se hizo lengua de cultura, pues
Castilla convertida ya en una gran nación necesitó de una forma
lingüística común.
Además, fue la lengua a través de la cual se tradujeron grandes obras
históricas, jurídicas, literarias y científicas, gracias a lo cual en
toda Europa se conoció la cultura de Oriente, proceso en el cual tuvo
importancia radical Alfonso X y su corte de intelectuales agrupados en
la Escuela de traductores de Toledo, integrada, entre otros, por judíos
conocedores del hebreo y el árabe.
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del castellano
EL CASTELLANO COMO
LENGUA UNIFICADORA
Con la unión monárquica de Castilla y Aragón se concluyó el proceso de
la reconquista, con el cual se había iniciado la lucha contra los
musulmanes y que concluyó con la recuperación del reino de Granada,
además de, con la expulsión de los judíos en 1492, los cuales hablaban
una variedad del castellano: el judeoespañol o sefardí.
Según los especialistas, el castellano actuó como una cuña que, clavada
al norte, rompió con la antigua unidad de ciertos caracteres comunes
románicos antes extendidos por la península, penetró hasta Andalucía,
dividió alguna originaria uniformidad dialectal, rompió los primitivos
caracteres lingüísticos desde el Duero a Gibraltar, borrando los
dialectos mozárabes, y ensanchó cada vez más su acción de norte a sur
para implantar la modalidad especial lingüística nacida en el rincón
cántabro. A la vez, el castellano se enriqueció gracias a los
regionalismos peninsulares; por ejemplo, del gallego y del portugués (bosta,
corpiño, chubasco), del leonés (rengo ‘cojo’), del andaluz (barrial
‘barrizal’, pollera ‘falda de mujer’), etcétera. Así, el
castellano unificó rápidamente a gran parte de la península: desplazó
las hablas leonesas y aragonesas; se convirtió en la lengua romance
propia de Navarra, en lengua única de Castilla, de Andalucía y del
reconquistado reino de Granada. Tuvo tal fuerza que no sólo se consolidó
como lengua de unidad, sino también se vio definitivamente consagrada
con la aparición de la primera gramática de una lengua romance: la
Gramática de la lengua castellana de Elio Antonio de Nebrija,
publicada en 1492 y, veinticinco años después, en 1517, con la obra del
mismo autor, las Reglas de ortografía castellana, que compendia
el texto anterior en su parte ortográfica.
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del castellano
EL ESPAÑOL LLEGA A AMÉRICA
En
1492, cuando Cristóbal Colón llegó a América, el castellano se
encontraba consolidado en la península, pero durante los siglos XV
y XVI se produjo una verdadera revolución consonántica que afectó
especialmente a las llamadas sibilantes, las cuales se redujeron, y ésa
fue la variedad que llegó al Nuevo Mundo, generalmente conocida como
español de América. En este continente se enriqueció con el aporte de
las lenguas aborígenes de Hispanoamérica.
A
partir del siglo XVI
se impuso el término de español al convertirse en lengua
nacional. De hecho, en 1536, es el emperador Carlos I,
en presencia del Papa, quien utiliza por primera vez la expresión
lengua española, la cual —según el monarca— "era tan noble que
merecía ser sabida y entendida de toda la gente cristiana, hecha para
hablar con Dios". El término castellano subsistió como nombre del
actual dialecto de Castilla.
Desde 1492 a la fecha, el español se ha extendido por los cinco
continentes. Además de ser la lengua oficial de España y de diecinueve
países de América y el Caribe (México, Guatemala, Honduras, El Salvador,
Cuba, República Dominicana, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela,
Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile y
Puerto Rico, en este último, junto con el inglés), es, además, idioma
nativo —total o parcialmente— en determinadas zonas de Estados Unidos
(Nuevo México, Arizona, Texas, California y Florida), país en el cual es
la segunda lengua principal, con 23 millones de hablantes. Se estima que
en la próxima década, entre 27 y 30 millones de norteamericanos hablarán
español, los cuales constituirán el 12% de la población de Estados
Unidos. Ya Nueva York y Los Ángeles tienen, respectivamente, más de un
millón de hispanohablantes.
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del castellano
EL ESPAÑOL EN OTROS
LUGARES DEL MUNDO
El
español también se habla en Filipinas (cerca de un millón y medio de
hablantes en 1988), junto con el inglés y el tagalo, y en Trinidad, isla
situada cerca de Venezuela. Por otra parte, debido a que la isla de
Pascua (cuya lengua nativa es el rapa-nui) es territorio de
Chile, también se puede decir que el español se habla en la Polinesia.
Se
afirma que el español es asimismo la lengua materna de cientos de miles
de judíos sefardíes o sefarditas descendientes de aquellos expulsados de
España en 1492, quienes viven especialmente en Turquía, los Balcanes, el
Asia Menor, norte de África; pero también en Holanda, Grecia, Bulgaria,
Yugoslavia, Egipto, Líbano y Siria; además, existen grandes comunidades
en Francia, Estados Unidos e Israel.
En
África, se habla español en Marruecos, y es lengua oficial y de
instrucción en la Guinea Ecuatorial, donde la hablan más de 300.000
habitantes, mientras que en Oceanía cada día crece el porcentaje de
hispanohablantes, pues en Australia reside un gran número de inmigrantes
de origen hispano. Finalmente, se estudia en colegios y/o universidades
en casi todas partes y es lengua oficial de las Naciones Unidas, la
Unión Europea y otros organismos internacionales.
En
consecuencia, la lengua española tiene presencia en todos los
continentes, lo que la convierte en la tercera lengua más hablada en el
mundo y en una de las más extendidas geográficamente. De las
aproximadamente 5.000 lenguas que existen en todo el orbe, el español
ocupa un lugar de privilegio con cerca de 400 millones de hablantes.
Reto de futuro de acuerdo con la Real Academia
Española
Según el análisis del director de la Real Academia Española, Victor
García de la Concha, "La globalización tiende a reducir el número de
lenguas internacionales de comunicación. Y, para sobrevivir, hay que
ser una lengua de uso de gran número de personas, tener un idioma
unitario, estar muy presente en las tecnologías y ser una lengua
importante en la diplomacia y los foros internacionales. De momento
cumplimos las dos primeras condiciones, pero hay que fortalecer la
segunda y considerar las otras dos como reto del futuro".
El nuevo gobierno español ya ha señalado que el Instituto Cervantes
y la proyección exterior de la cultura española serán dos de sus
grandes prioridades. El primer gran reto, según los expertos, es
tratar de consolidar la buena salud del idioma.
La labor del Instituto Cervantes, aunque necesaria, no es suficiente.
Según José Antonio Millán, lingüista y creador del Centro Virtual
Cervantes (CVC), con 40 centros no es posible llegar físicamente a
todos los lugares donde hay gente que quiere aprender español. En
2004 el Instituto Cervantes ha tenido un presupuesto de 60 millones
de euros, un 124 % más que en 1996, y desde entonces ha inaugurado
13 centros físicos nuevos (hay cuatro más listos para su apertura) y
ocho Aulas Cervantes de documentación y apoyo a hispanistas, de las
que abrirá tres más en universidades extranjeras. Si en el curso
95-96 había matriculadas en los centros del IC 26.878 personas, en
el curso 2002 la cifra ascendió a 81.689. Durante estos años se
formó a 400.000 alumnos y a 40.000 profesores.
En el cuadro comparativo del Instituto Cervantes con las otras
instituciones europeas para la difusión de la cultura y la lengua
podemos apreciar que España sigue muy por debajo de los grandes
países europeos. Tanto Inglaterra (British Council), como Alemania (Instituto
Goethe), sobrepasan con creces el presupuesto y el número de centros
del IC.
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