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El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y
sabe mucho.
Miguel de Cervantes Saavedra
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El regalo de un libro,
además de obsequio, es un delicado elogio.
Anónimo
Esta lengua también se llama castellano...por ser el nombre de la
comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos
medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación
del idioma; el término español es relativamente reciente y no es
admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues
entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán
y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio
de sus comunidades autónomas respectivas; son esos hablantes bilingües
quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la
lengua, castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.
En
los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no
plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los
términos castellano y español. En los primeros documentos tras la
fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por
acuerdo la denominación de lengua española.
Quien mejor ha estudiado esta espinosa cuestión ha sido Amado Alonso en
un libro titulado Castellano, español, idioma nacional. Historia
espiritual de tres nombres (1943). Volver a llamar a este idioma
castellano representa una vuelta a los orígenes y quién sabe si no sería
dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto esfuerzo y
estudio le dedicaron, como Andrés Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel
Manacorda de Rossetti.
Renunciar al término español plantearía la dificultad de reconocer el
carácter oficial de una lengua que tan abierta ha sido para acoger en su
seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición. Por
otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su
lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de
calificarla como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar
algunos ejemplos. Lo cual podría signifcar el primer paso para la
fragmentación de un idioma, que por número de hablantes ocupa el tercer
lugar entre las lenguas del mundo. En España se hablan además el catalán
y el gallego, idiomas de tronco románico, y el vasco, de origen
desconocido.
Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar,
propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las
lenguas ibéricas" y al vasco, caso de no ser una de ellas.
De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos
autónomos conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el
latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca > braga, camisia >
camisa, lancea > lanza.
Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de
entonar y emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el
origen de una serie de cambios en las fronteras silábicas y en la
evolución peculiar del sistema consonántico.
Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto
que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega
desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también
influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en
diferentes momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano,
escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del
moderno golpear), púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y
polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia,
Calpe.
A
partir del renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos
nuevos en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas
para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente
creación, o helicóptero.
Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo hizo a
través del latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy
romanizados entre los siglos III y V. Forman parte de este cuerpo léxico
guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz
germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba 'castillo' y
después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en los topónimos
europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo,
Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués
y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente.
Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de
origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira,
Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en
-a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso
sacristán.
Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al
vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al
respecto. Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas
particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en la
conformación del castellano por dos motivos: el condado de Castilla se
fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte
de León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los
árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos
lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte
castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos
fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano.
La
introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro,
cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y
ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno
de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del
fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r).
La
otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de
pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban
por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración,
representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así
del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán,
italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en
francés y faina en rumano; en vasco es irin.
La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de
España, y el español es una de ellas, pues en la península se asienta
durante ocho siglos la dominación de este pueblo. Durante tan larga
estancia hubo muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los
cristianos comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo eran
superiores desde el punto de vista militar, sino también en cultura y
refinamiento.
De
su organización social y política se aceptaron la función y la
denominación de atalayas, alcaldes, robdas o rondas, alguaciles,
almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates,
quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy
sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o
azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y
regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones.
Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en
jabón del latín 'saponem'. Añadieron el sufijo -í en la formación de los
adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí.
Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de
"Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". No podría entenderse correctamente
la evolución de la lengua y la cultura de la península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le corresponde.
POLÉMICA EN
TORNO A ESPAÑOL O CASTELLANO
La polémica en torno a
los términos "español" y "castellano" consiste en decidir si, dado
el uso histórico de los dos términos, resulta más adecuado llamar a
la lengua hablada en la mayor parte de América Latina y la península
ibérica "español", o bien, "castellano".
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Castellano
INTRODUCCIÓN
Aunque la introducción
del idioma en los países conquistados fue previa a la existencia de
España como Estado moderno, el Diccionario de Lengua Española de la
Real Academia Española de la Lengua, da castellano y español como
sinónimos. La denominación español fue predominando en la península
ibérica a partir de la unificación de los reinos de España durante
el reinado de Carlos I de España en el siglo XVI.
La denominación castellano es más frecuente en Sudamérica y
península ibérica, mientras que en Centroamérica, México y Colombia
es más frecuente el término español, si bien cuesta discernir si la
respuesta es condicionada por la pregunta, pues la denominación de
castellano es más frecuente en contextos de oficialidad, y el
término español es más frecuente en la denominación espontánea.
En España a menudo se usa el término español al referirse a la
lengua en contraposición a lenguas extranjeras, y castellano con
relación a otras lenguas que también son españolas. Este es el uso
que recomienda Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades
del castellano. La Constitución Española de 1978, en su artículo
tercero, utiliza la denominación castellano para la lengua,
diferenciándola de las otras lenguas españolas:
El castellano es la lengua española oficial del Estado. (...) Las
demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas
Comunidades Autónomas...
Se arguye que el resto de lenguas habladas en España, como el
euskera, el catalán o el gallego, también son españolas[1], y que
los casos del alemán en Alemania y del francés en Francia surgen de
una centralización lingüística con orígenes completamente diferentes
a los del castellano en España.
Por el contrario, hay quienes argumentan que el término español hace
referencia a la lengua oficial del Estado español, mientras que
un idioma como el gallego hace referencia a la lengua propia de
Galicia. El hecho de que provincias como La Coruña sean gallegas y
españolas a la vez, son la base de la llamada cooficialidad de los
idiomas español y gallego.
Otros autores afirman que aunque el castellano medieval se vio
influido en su evolución por otras lenguas peninsulares, los cambios
no fueron significativos. En base a esto se propone como
denominación correcta el término castellano, pues es el idioma que
surgió en Castilla y después se extendió por todo el territorio
español por la supremacía política del Reino de Castilla sobre los
demás reinos peninsulares. Estos autores suelen poner como ejemplo
que en el Reino Unido y otros países angloparlantes el idioma se
denomina inglés (y no británico), pues es originario de Inglaterra,
aunque éste caso no es enteramente extrapolable a nuestra lengua
pues el término castellano no encuentra eco en otras lenguas como sí
lo halla el inglés (y ente caso el término español).
Después que España perdiera sus últimas colonias americanas, algunos
intelectuales americanos siguieron empleando el término "América
Española", en las primeras décadas del siglo XX. Aunque esto
causó rechazo en algunos sectores sociales, todos los países de
habla castellana denominan oficialmente española a su lengua , como
lo evidencian sus afiliaciones a la Asociación de Academias de la
Lengua Española.
ALGUNAS RAZONES DE LA
CONTROVERSIA
La controversia
trasciende el debate méramente académico o de adecuación
terminológica, ya que con cierta frecuencia el debate se ha mezclado
con intencionalidades políticas de dos tipos:
Dentro de España, ciertos sectores nacionalistas y/o regionalistas
han preferido el término castellano por entender que todas las
lenguas de España son autóctonas de un cierto territorio que es
subparte del territorio español. Sin embargo, en los últimos tiempos
puede percibirse también una tendencia a utilizar el término español
por parte de estos sectores, para reforzar la idea de que los
territorios como Cataluña o Euskadi no forman parte de España. En
contraposición, el españolismo, defiende mayoritariamente el término
español para señalar la preeminencia o naturalidad de describir a la
lengua como forma predominante de comunicación en España.
En tiempos de la
dictadura de Primo de Rivera se produce un apropiamiento del término
español al mismo tiempo que se fijan cánones de corrección basados
en el uso castellano (y concretamente burgalés) para evitar la
centrifugación patente en las hablas periféricas (bable, andaluz,
panocho...). Más tarde durante la dictadura de Franco se reforzará
la identificación del español con la indisolubilidad de la patria.
En América latina, se
ha llegado a considerar que el uso del término español era una forma
de subordinación cultural a España.
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Castellano
PREFERENCIAS DE USO
Las academias de la
lengua
Las Academias de la
Lengua de los países en los que el término castellano es usado
corrientemente (como Chile, o Argentina) han adoptado la
denominación de idioma español. Para estas academias, que fijan el
vocabulario oficial de su país, el término es de origen filológico y
no tiene connotaciones políticas. Por ejemplo, según la Academia
Argentina de Letras:
En el uso general las denominaciones «castellano» y «español» son
equivalentes. No obstante, es preferible, en razón de una más
adecuada precisión terminológica, reservar el tradicional nombre de
«castellano» para referirse al dialecto de Castilla anterior a la
unificación, y llamar «español» -como internacionalmente se hace- a
la lengua que desde entonces lleva en sí, junto al viejo tronco, los
múltiples aportes que otros pueblos de España y de América han dado
al «castellano»
Por su parte la Asociación de Academias de la Lengua Española
mediante su publicación, el Diccionario panhispánico de dudasha
dicho:
Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de
América, y que también se habla como propia en otras partes del
mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica
sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy
superada.
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Recopiado
de: Wikipedia - La
enciclopedia Libre
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