

La investigación de la arquitectura,
contribuye a la teoría. La naturaleza de
la teoría resultante puede ser tal que
enuncie hechos, es decir, descriptiva, o
también la teoría puede buscar ayudar al
diseño. La teoría de la arquitectura
comprende todo los que se muestra en los
manuales de los arquitectos: legislación,
normas y estándares de edificios.
Todos ellos se pretende que ayuden en el
trabajo del arquitecto y mejoren su
producto - la calidad de los edificios-.
La intención es así la misma que en la
tecnología y la producción en general:
las teorías comprobadas ayudan a los
diseñadores a hacer su trabajo mejor y
más eficientemente. Esto ocasionalmente
incluso ayuda a hacer cosas que se
creían imposibles en tiempos pasados. No
hay nada más práctico que una buena
teoría. La teoría de la arquitectura
consiste en todo el conocimiento que el
arquitecto usa en su trabajo, incluyendo
cómo seleccionar el sitio mejor y los
materiales de construcción más adecuados.
Por otra parte, hay consejos sobre cómo
diseñar construcciones prácticas,
incluso la facilidad de mantenimiento y
reparaciones. Podemos descubrir que esto
incluye el estudiar empíricamente que
material usan de hecho como fuente los
arquitectos en su trabajo. Alguna gente
dice que el arquitecto es un artista y
que, a diferencia de los ingenieros, no
puede basar su trabajo en una teoría.
Esto es verdad, desde luego: el plan del
arquitecto no llega a hacerse solamente
por seguir las normas de los manuales ni
por proceder de una forma totalmente
racional a partir de la información
inicial que tiene. Pero incluso un
artista tiene que tener su técnica. En
el arte, como en cualquier otro trabajo,
se necesitan habilidades profesionales y
esto es lo mismo que saber lo que se
tiene que hacer
Arquitectura
La arquitectura es un rompecabezas
brillante, ortodoxo y original de masas
combinadas con luz. Nuestros ojos fueron
creados para ver las formas a la luz; la
luz y la sombra revelan las formas.
Cubos, conos, bolas, cilindros y
pirámides son figuras primarias que la
luz revela tan magníficamente. La imagen
que nos dan es clara y perspicua sin
indecisión. He ahí por qué son formas
bellas. El objeto de las creaciones de
los arquitectos, es el arte del espacio,
es decir, la esencia de la Arquitectura.
La arquitectura es la estudiada
construcción de espacios. La continua
renovación de la arquitectura proviene
de la evolución de los conceptos del
espacio. La ventaja de la arquitectura,
su importancia es la creación de
espacios, como estos pueden ser
ambientados y vividos por el ser humano,
son representados para su conocimiento
pero solo pueden ser comprendidos por
experiencia directa, por esta limitación
de conocimiento surge la perspectiva en
el siglo XV, esta parece expresar
claramente las dimensiones
arquitectónicas, a finales del XIX la
fotografía suplanta a los dibujos, y a
principios del XX se descubre la cuarta
dimensión, consistente en representar en
el mismo objeto sus diferentes puntos de
vista.
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y Estilo
Estrictamente la Arquitectura se puede
definir como el arte o la ciencia de
proyectar y construir edificios
perdurables. Frente al resto de las
artes, la arquitectura integra un fin
estético con un claro fin utilitario;
así presenta un aspecto técnico que
sigue unas determinadas reglas, propias
de su asociado la construcción, con el
objeto de crear obras adecuadas a su
propósito, al tiempo que como arte debe
ser capaz de provocar un placer estético.
Atendiendo a estos dos conceptos no se
debe confundir la definición de
Arquitectura como resultado, con la de
las técnicas que hacen posible este
resultado. En este sentido cabe
preguntarse si toda construcción, por
elemental que sea, es arquitectura, para
concluir que por el contrario
Arquitectura es el resultado de una
intención consciente de crear, mientras
que el simple conjunto de conocimientos
sobre materiales y técnicas, medio para
la ejecución del edificio ideado, es
construcción.
Atendiendo a estos dos conceptos el
tratadista romano Vitrubio fijó en el
siglo I a.C. las tres condiciones
básicas de la arquitectura: Firmitas,
utilitas, venustas ('resistencia,
funcionalidad y belleza').
Y siguiendo estas dos premisas la
arquitectura se ha materializado, en
todas las culturas, con unas
características peculiares. En las
sociedades más desarrolladas ha
producido variedades de estilos, de
técnicas y de propósitos. Todo ello
constituye lo que denominamos la
Historia de la Arquitectura, frente a lo
que se conoce como Teoría de la
Arquitectura.
Pese a la claridad que aparentemente
presenta la palabra arquitectura,
definida como el arte de construir, no
existe estrictamente una definición
convincente y que ofrezca una validez
universal. Cada etapa o cada corriente
ha producido sus propias definiciones.
Como tal, el concepto de arquitectura
como ‘arte de construir’ fue empleado
por Alberti en el primer tratado que
existe, estrictamente, sobre teoría de
la arquitectura, De re aedificatoria
(1485); este autor, incluso en el propio
título, desdeña, la idea de que la
arquitectura fuera una simple aplicación
matemática, como había expuesto Vitrubio.
Sin embargo la denominación de
arquitectura como ‘arte de construir’,
procede de la tradición neoclásica
francesa y no se incluye en los tratados
escritos hasta después de 1750; pero es
en el Renacimiento donde se empiezan a
separar estas cuestiones, hasta entonces
raramente se establece la distinción
entre arquitectura y construcción, la
arquitectura como arte y la construcción
como técnica, al igual que es el momento
en el que se varía la consideración del
artista, que pasa de ser un trabajador
manual a una persona que trabaja con el
intelecto.
La arquitectura frente a las otras artes
responde, en primer lugar, a una
necesidad básica del hombre de cobijo y
seguridad; y en segundo lugar, a una
necesidad estética, de modo que ambas se
convierten en un fenómeno inherente a la
historia de la cultura, de la
civilización, del pensamiento y de la
religión, durante siglos. Así la
arquitectura, con independencia de las
diferencias que determinan las distintas
técnicas constructivas y los diferentes
estilos estéticos, presenta una unidad
temática entre las realizaciones, sean
de culturas contrarias o de diversos
períodos; es decir, todas las culturas y
los distintos periodos han construido
viviendas, palacios, templos, edificios
públicos, etc., aunque estas
construcciones presenten una disparidad
formal y estilística tan enorme, como la
existente entre un zigurat mesopotámico
y una catedral gótica.
Una de las características determinantes
de la arquitectura a lo largo de los
siglos y que, de alguna forma, la
distancia del resto de las denominadas
Bellas Artes, es que está construida
para perdurar; esta idea determina que
muchos edificios no siempre hayan
desempeñado el mismo papel que
actualmente les atribuimos, y que por
supuesto cuando se construyeron apenas
valoraran la función artística ya que
imperaba, ante todo, la función
utilitaria. Éste sería el caso de una
gran parte de la arquitectura doméstica
y específicamente de la denominada
arquitectura popular, o los ejemplos,
tan de moda, de rehabilitación de
edificios históricos a los que se
asignan nuevos usos, palacios
convertidos en museos, conventos
utilizados como oficinas, castillos
transformados en hoteles, murallas
destinadas a parques, etc. Pero no sólo
se ha alterado su uso, sino también su
aspecto, integrándose dentro de la
memoria arquitectónica colectiva, con
una imagen distinta de lo que fue el
edificio original. Es difícil imaginar
el efecto que producirían los templos
griegos con su pintura original después
de nuestra costumbre de verlos
degradados y con sus materiales al
descubierto. Muchos edificios medievales
o barrocos no presentaban sus materiales
vistos, especialmente cuando habían sido
construidos con ladrillo, sino que
estaban enlucidos y, con frecuencia,
encalados. Sin embargo, la moda por los
materiales vistos y el rechazo de los
revestimientos de la arquitectura
contemporánea ha determinado que en las
intervenciones realizadas en los
monumentos para su conservación se hayan
seguido unos criterios que alteran y
modifican sensiblemente la apariencia
original de los edificios. Éstos
abandonan la función para los que fueron
creados, y en muchos casos también su
aspecto, y adquieren el valor que les
concede la Historia de la Arquitectura y
es este valor el que determina su
conservación y, en casos, su adaptación
a nuevas funciones.
A menudo se ha acometido el estudio de
las obras de arquitectura desde el
concepto, nacido en el siglo XVIII, de
monumento, es decir, obras aisladas que
en sí mismas o por el arquitecto que las
construyó merecen tener este
calificativo; siguiendo esta idea sobre
las construcciones excelentes, la
historia de la arquitectura, y a través
de ella la valoración de la
Arquitectura, se ha realizado mediante
el estudio de obras muy concretas,
paradigmáticas de un estilo, y de un
conjunto de grandes arquitectos. Así la
arquitectura, que es en sí misma una
actividad continua y orgánica de la
labor humana, enraizada dentro de las
más profundas necesidades del hombre,
tanto físicas como espirituales, ha sido
entendida como una sucesiva reunión de
construcciones singulares, de
arquitectos destacados y de estilos que
surgen como respuesta rebelde al estilo
anterior, como profunda reacción. Ésta
es actualmente, y ha sido, la historia
de la arquitectura, tal y como se puede
ver en los párrafos que siguen. Pero por
encima de esta visión, la arquitectura,
como ya se ha señalado, es un todo
continuo y orgánico, que responde no
sólo a la necesidad humana de cobijo,
sino a la necesidad más amplia de
civilización.
La historia de la arquitectura ha
olvidado durante mucho tiempo una parte
fundamental y muy numerosa de las
construcciones realizadas por el hombre,
en realidad se puede decir que la
historia de la arquitectura se ha ido
componiendo como una historia de
olvidos. Por una parte, ha olvidado un
enorme conjunto de construcciones,
enorme en cuanto a número y en cuanto a
repercusión, que fueron reflejo de cada
uno de los estilos artísticos en los que
se engloban, pese a no ser obras
sobresalientes de los mismos; a través
de estas construcciones se puede conocer
la repercusión real de un estilo
artístico, la adaptabilidad de sus
propuestas a las necesidades y a las
costumbres de una determinada comunidad,
o la incidencia que la nueva estética
tiene en esa comunidad. Pero la historia
de la arquitectura no sólo ha olvidado
esto, sino también el enorme conjunto de
construcciones que quedan englobadas de
forma genérica en lo que se denomina
arquitectura popular, pese al sinfín de
matices que este conjunto presenta y a
las dificultades que existen para trazar
la línea que separa las construcciones
populares de las que no lo son.
A esto hay que añadir que la historia de
la arquitectura se ha escrito muchas
veces como una historia de la estética
de la arquitectura, olvidando, aunque
disimuladamente, su componente de
funcionalidad; el arquitecto es ante
todo un intelectual, un artista, y la
arquitectura es por encima de cualquier
otra consideración “arte”.
Con estas visiones restrictivas la
historia de la arquitectura ha amputado
de su estudio amplios conjuntos de
construcciones que explican cada una de
las culturas a las que pertenecen desde
sus motivos más propios e internos, pero
que además nos hablan de sus desarrollos
económicos, de sus necesidades y
creencias religiosas, de sus formas de
gobierno, etc. La arquitectura se
convierte en una de las fuentes más
ricas y complejas desde la que se puede
abordar la historia de las
civilizaciones.
Pese a los nuevos planteamientos que las
metodologías modernas han introducido en
el estudio de la Historia del Arte, en
general, y de la Historia de la
Arquitectura en particular, lo cierto es
que esta historia, valorada en su
conjunto, está todavía por escribir. Y
son los problemas y los
condicionamientos de la arquitectura del
presente los que van determinando un
lento cambio de actitud hacia la
percepción de las obras del pasado. Así,
han sido los profundos problemas
urbanísticos que plantean las nuevas
ciudades, y las despiadadas
destrucciones de las ciudades
históricas, los que han determinado un
creciente auge de los estudios de
urbanismo histórico, unido esto a la
necesidad de entender cada arquitectura
construida en el contexto general de la
ciudad. La degradación, mutilación y
alteración experimentada por la ciudad
histórica ha llevado a la
reconsideración de conjunto y no de
monumento, como categoría de protección,
pero también como forma de abordar el
estudio y el conocimiento de las
arquitecturas; de la obra concreta se da
paso al estudio de la ciudad, la ciudad
entendida como obra de conjunto.
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y Estilo
Pese a sus limitaciones actuales, la
historia de la arquitectura ha permitido
conocer una parte del legado
arquitectónico recibido. Sin embargo, la
distinción entre la Historia y la Teoría
de la arquitectura es una invención
relativamente reciente, por lo que el
estudio histórico de la arquitectura es
también una disciplina incipiente.
Estrictamente, como idea no surge hasta
la mitad del siglo XVIII, cuando en 1758
Julien-David LeRoy publicó Les Ruines
des plus beaux monuments de la Grèce,
escrito donde se analizan los edificios
de la época de Vitrubio desde dos
perspectivas diferenciadas, la de la
historia y la de la teoría de la
arquitectura. Aunque la separación
académica de ambas disciplinas no se
produjo hasta 1818, cuando se
establecieron dos cátedras diferenciadas
en la Escuela de Bellas Artes de París;
precedente de este hecho es el curso
específico sobre Historia de la
Arquitectura que, desde 1750, impartía
Jacques-Francois Blondel, que
consideraba la Historia de la
Arquitectura como una sucesiva
enumeración de referencias literarias.
Sin embargo, el moderno concepto de
Historia de la Arquitectura deriva, como
se ha indicado, del movimiento
intelectual del siglo XVIII que
desarrolló los conceptos de razón,
naturaleza, y hombre, a través de los
cuales se llegó a la teoría del
evolucionismo y a su aplicación a cada
rama del conocimiento. Las ciencias,
especialmente naturales y sociales,
fueron consideradas en su secuencia
histórica. En la filosofía de la
arquitectura, como en el resto de las
filosofías, la introducción del método
histórico no solamente facilitó la
enseñanza de estos temas, sino que
también favoreció la elaboración de la
especulación teórica. Persuadidos por
estas ideas, a los estudiosos les
resultaba más interesante hablar de la
historia de la arquitectura que de la
arquitectura en sí misma, más cautivador
discutir las diferencias o coincidencias
de cada época arquitectónica que
reflexionar sobre métodos prácticos que
resolvieran los problemas del momento.
La importancia concedida a la historia,
desde el pensamiento evolucionista, y a
partir de él por el movimiento romántico,
tuvo como resultado, en arquitectura, no
sólo el desarrollo de los estudios de
historia de la arquitectura, sino una
actitud activa hacia ese pasado que se
concretó en los denominados estilos
historicistas, los “neos”, con especial
incidencia del neogótico que, en su
faceta más racional, pragmática y
científica, ayudó a la conclusión y
restauración de muchas catedrales
europeas, y al conocimiento profundo de
este estilo con la división de escuelas
regionales y cronologías, así como a la
solución de ciertos problemas
estructurales aportados por estudiosos
como Eugène Emmanuel Violet-Le Duc.
Si se ha definido la Arquitectura como
'el arte y la técnica de construir
edificios', se debe precisar que en este
hecho emplea los recursos de la práctica
y expresión requeridos por la
civilización donde se produce. Toda
sociedad sedentaria posee técnicas de
construcción, produce arquitectura, ya
que éste es un hecho necesario incluso
en las culturas menos desarrolladas. El
hombre, obligado a luchar contra los
elementos, consigue con la arquitectura
no sólo una defensa eficaz contra el
medio, sino también una forma de
humanizarlo, requisito y símbolo del
desarrollo de una civilización.
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y Estilo
La Arquitectura surge sólo cuando existe
la necesidad de ella, para colmar las
expectativas de un individuo o de un
grupo. Las leyes económicas evitan que
los arquitectos, para emular a otros
artistas, realicen obras para las cuales
la demanda es inexistente o sólo
potencial. Así, los tipos y usos de la
arquitectura dependen de las necesidades
sociales; los tipos están establecidos
no por los arquitectos sino por las
sociedades; la sociedad fija las
necesidades y asigna al arquitecto el
trabajo de descubrirlas, transformarlas
en idea y llevarlas a la práctica.
Atendiendo a estas necesidades podemos
decir que los tipos básicos de
arquitectura son: doméstica, religiosa,
social, industrial, comercial, etc. A
cada uno de ellos vamos a dedicar unas
breves líneas.
La arquitectura doméstica, es decir, los
edificios de vivienda, está producida
por una unidad social básica, que puede
ser el individuo, la familia, o el clan
y sus equivalentes. Esta arquitectura
cubre las necesidades básicas de
albergue y seguridad del hombre, y como
tal puede ser una arquitectura muy
simple, reducida a un único espacio,
pero al tiempo puede ser una
arquitectura muy compleja que reúna en
sí no sólo las necesidades básicas de
vivienda, sino también las necesidades
económicas básicas de una unidad
familiar, agrícolas, industriales o
comerciales.
Si esta arquitectura doméstica está
desarrollada por las elites de poder,
tendrá que atender a diferentes
funciones; los grupos poderosos
construyen casas, villas, jardines o
palacios de recreo, en las que prima por
encima del fin utilitario, de albergue,
seguridad, etc., un fin simbólico,
expresión de la distinción de clase;
estos edificios tienen que ser aptos
para disfrutar de una infinita variedad
de actividades domésticas conectadas con
la posición del individuo que los posee.
Pero además esta arquitectura, en
principio doméstica, puede desarrollar
funciones de otro tipo, por ejemplo los
palacios de las antiguas monarquías no
eran sólo y privadamente la casa del rey
y su familia, sino que en ellos se
reunían órganos de gobierno,
administraciones, etc. En este sentido
es modélico el palacio de Versalles, que
posee una ciudad en sí mismo, una ciudad
desarrollada para cubrir las necesidades
derivadas de la lujosa vida de la Corte
de Luis XIV.
Un tercer tipo de arquitectura doméstica,
son los edificios de vivienda. En ellos
se reúne la idea de comunidad con la
idea de privacidad. Las viviendas
grupales han existido desde siempre en
las distintas culturas, si bien
presentado matices muy diferenciados;
han existido viviendas comunales en
formas de organización igualitaria; el
sistema feudal definió el castillo como
un ámbito comunal donde se reunían todas
las clases sociales, y donde todos
tenían cobijo y protección. El imperio
romano, y fundamentalmente la ciudad de
Roma, desarrolló los edificios comunales
de apartamentos, con un criterio más
cercano la idea actual de bloque de
viviendas. Sin embargo fue a partir del
siglo XVII, pero especialmente en el
XVIII y XIX, cuando este tipo de
vivienda se hizo popular y empezó a ser
muy utilizada por la alta burguesía de
las ciudades. Concretamente en el XIX,
los grandes ensanches de la ciudades
históricas determinaron la aparición de
bloques de apartamentos de una
extraordinaria calidad, donde la idea de
alineación, clasicismo y uniformidad fue
dominante. Con todo, no ha sido hasta el
siglo XX, con el avance en diferentes
campos, la utilización de las grandes
estructuras de hierro y hormigón, la
aparición de los ascensores, las
calefacciones centrales, etc., cuando
estos edificios de apartamentos se
construyen con un gran número de pisos,
hasta llegar a los denominados
rascacielos, y cuando estos edificios se
popularizan y se convierten en la forma
de cubrir la acuciante y cada vez mayor
demanda de viviendas baratas. La
industrialización, el abandono del campo
y la aglomeración de población en las
ciudades determinan una presión sobre el
suelo y una demanda de viviendas que se
resuelve con la construcción de estos
bloques de apartamentos, ahora de dudosa
calidad y destinados a las clases de
menos recursos económicos.
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y Estilo
La historia de la arquitectura se
concentra de forma más intensa en los
edificios religiosos. Dada la
importancia de la religión en las
distintas civilizaciones, este tipo de
edificios constituyó con frecuencia uno
de los elementos más significativos
producidos por los artistas de cada
cultura.
La tipología de edificios religiosos es
muy compleja; las necesidades que debe
cubrir un edificio religioso son
esencialmente distintas de las
desarrolladas por la arquitectura
doméstica, al tiempo que en cada
religión las funciones y los ritos son
de muy diferente naturaleza, de tal
forma que, las características
constructivas y arquitectónicas de los
templos varían considerablemente de una
religión a otra, debido,
fundamentalmente, a las diferencias en
su liturgia, a sus rituales, y a los
distintos conceptos que cada cultura
desarrolla de la divinidad y la relación
de ésta con los creyentes.
El templo es un edificio destinado al
culto religioso y a la protección de las
imágenes, reliquias y espacios sagrados,
es por tanto un lugar de recogimiento y
reflexión. En las antiguas religiones
los templos no tuvieron un uso comunal.
En el antiguo Egipto y en India eran
considerados la residencia del Dios, de
ahí que la entrada en ellos estuviera
prohibida y sólo reservada a los
clérigos. En la antigua Grecia contenían
la imagen del Dios y eran accesibles al
culto, pero los servicios religiosos se
desarrollaban en la fachada principal
del templo y fuera de él. En las
antiguas culturas mayas y aztecas los
templos fueron erigidos en altura con
forma de pirámide, y sólo miembros
privilegiados de la sociedad podían
acercarse. Frente a esto, el
cristianismo, el budismo, el judaísmo y
el Islam entienden el templo como un
lugar de la comunidad donde se
desarrollan los ritos religiosos. Los
edificios construidos por estas
religiones tienen esencialmente unos
planteamientos idénticos, debido a que
responden a una común necesidad: que el
mayor número de fieles acceda al punto
focal donde se desarrolla el servicio
religioso. Consecuentemente los
musulmanes han adoptado la tradición de
las iglesias bizantinas, las modernas
sinagogas apenas se distinguen de las
iglesias, y el protestantismo absorbe la
arquitectura católica con una pequeña
revisión, eliminación de capillas y de
símbolos de decoración.
El complejo programa que después
desarrolla cada religión, lugares para
diversas actividades, demanda soluciones
arquitectónicas especificas; por ejemplo,
baptisterios, campanarios, salas
capitulares en la religión cristiana,
minaretes en la musulmana. Las modernas
sectas demandan un espacio para la
educación religiosa cercano al templo.
El catolicismo y las religiones
asiáticas han producido, además,
monasterios, conventos y abadías, donde
está conectado el lugar de culto con las
zonas de vivienda -que acomodan la
organización del espacio religioso con
el doméstico, el industrial, el agrícola,
etc.
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y Estilo
Este tipo de arquitectura surge por la
creencia del hombre en la existencia de
otra vida después de la muerte, y en la
necesidad de dejar una memoria
permanente en este mundo. El arte
funerario, de forma general, no es
siempre arquitectura, puesto que es
puramente simbólico y por lo tanto "situable"
en el tratamiento escultural; sin
embargo, sí que ha producido tipologías
de edificios específicos que han tenido
un rico desarrollo a lo largo de los
siglos: desde los menhires o los
dólmenes, construcciones megalíticas con
fines mortuorios, hasta las tumbas
monumentales que se produjeron en el
antiguo Egipto, creando tipologías tan
específicas como las pirámides, o en la
Grecia helenística, con la aparición de
un nuevo y específico edificio, el
mausoleo, cuyo mejor ejemplo es el de
Halicarnaso. La antigua Roma continuó
con la costumbre de construir mausoleos,
como la tumba de Adriano, sin embargo la
Edad Media rompió con esta tendencia. Su
visión teocéntrica del mundo llevó al
enterramiento en el interior de los
templos y al desarrollo escultural de
los mismos. El Renacimiento y su culto a
la fama y a la memoria del difunto
determina la aparición de panteones,
normalmente asociados y como una parte
más de las iglesias. El más destacado de
los panteones renacentistas es la
Capilla Medici de Miguel Ángel. Este
tipo de panteones o mausoleos se
construyeron también en Asia, cuyo mejor
ejemplo es el Taj Mahal, o en India, con
Uttar Pradesh.
Fundamentalmente durante el Renacimiento
y el Barroco, el culto a la muerte
desarrolló otro tipo de arquitectura,
las denominadas arquitecturas efímeras,
los catafalcos o túmulos levantados en
las iglesias para celebrar solemnes
exequias por los difuntos.
Aunque modernamente se ha abandonado
esta costumbre, se puede afirmar que las
actuales tumbas representan en parte la
vitalidad perdida de esta arquitectura
funeraria. Sin embargo, en la actualidad
se han realizado importantes muestras de
mausoleos destinados a la memoria de un
hombre público, el monumento a Víctor
Emmanuel II en Roma, el mausoleo de
Lenin en Moscú, o con un mayor carácter
escultural, como El monumento a los
caídos de Walter Gropius en Weimar.
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El desarrollo de la arquitectura
institucional o gubernamental es tan
extenso como el de la arquitectura
religiosa, con la diferencia de que las
funciones a las que deben adaptarse los
edificios son similares en todas las
sociedades: legislar, administrar e
impartir justicia son las funciones
básicas que debe cubrir el Estado.
Pese a estas funciones básicas y
generales propias de todas las
sociedades, la arquitectura
institucional y las tipologías de
edificios producida por la misma difiere
de acuerdo con la relación que se
establece entre el gobernante y el
gobernado. Cuando las funciones
gubernamentales están centralizadas en
manos de un único individuo, puede
existir simplemente la residencia del
propio gobernante como edificio
institucional; pero igualmente las
funciones pueden estar divididas, y se
ubican en diferentes edificios con
actividades especializadas. No existen,
sin embargo, unas tipologías claramente
definidas en la arquitectura
institucional, sino que los edificios se
van adaptado a las necesidades que exige
la práctica del gobierno: lugares o
espacios reservados a zonas de
deliberación, pasando por despachos y
oficinas administrativas.
Las distintas tipologías de edificios
van surgiendo como respuesta a los
diferentes sistemas de organización,
monarquía, teocracia, democracia, etc.
Los gobiernos que ejercen el poder con
gran autoridad y superioridad utilizan
la arquitectura para manifestar esta
prepotencia, producen, por tanto,
edificios de una monumentalidad
desproporcionada con los servicios a la
comunidad. Ejemplos de esta situación
hay a lo largo de toda la historia,
desde los palacios de los faraones
egipcios. En muchas ocasiones estos
gobernantes toman atributos propios de
la arquitectura religiosa en su
simbolismo.
Frente a esto, los gobiernos
democráticos tienen la responsabilidad
de expresar en su arquitectura el
sentimiento de la propia comunidad. En
este sentido el proceso democrático de
las ciudades-estados griegas y de las
ciudades libres medievales, produjo una
arquitectura a escala doméstica
integrada en la trama urbana, creando un
todo con la propia ciudad.
El crecimiento general de la burocracia
y el aumento de la complejidad de las
funciones del gobierno en el siglo XIX,
y sobre todo en el siglo XX, ha creado
una gran variedad de edificios para usos
específicos como capitolios, edificios
del parlamento, cortes, casa de moneda y
timbre, oficinas de correos, embajadas,
archivos, secretarias, ministerios,
etc.; cada uno demanda una solución
arquitectónica especializada, por lo que
se puede afirmar que la burocracia ha
creado la arquitectura gubernamental más
importante de la historia.
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y Estilo
Las instituciones públicas destinadas al
bienestar ciudadano son las que, en la
actualidad, proporcionan los recursos
para la educación, la salud y la
seguridad. Tradicionalmente muchas de
estas actividades han sido asumidas por
la iglesia o por el estado, pero
requieren soluciones arquitectónicas
que, por su propia especificidad, se
alejan de la arquitectura religiosa o de
la institucional comentadas.
La tipología de edificios que han
requerido estas necesidades sociales, no
puede analizarse a lo largo de la
historia debido a que la aceptación de
la responsabilidad del bienestar de la
comunidad ha diferido en grado en cada
sistema social. Los edificios destinados
a este bienestar social, escuelas,
hospitales, etc., rara vez eran
considerados necesarios en la
antigüedad, en la mayoría de la
arquitectura asiática y en la Edad Media
temprana; por ejemplo las necesidades de
atención a la salud en Grecia se
centraron en los recintos destinados al
dios Asclepius, considerado un dios
curativo, o en las culturas asiáticas,
en los templos y recintos budistas. Por
su parte, el imperio romano desarrolló
una grandiosa arquitectura destinada a
ofrecer servicios públicos,
abastecimiento de agua, alcantarillado,
etc. de la cual son una magnífica
muestra los acueductos supervivientes.
En la Edad Media surgieron tipologías
concretas de edificios destinados a
estos servicios.
En cuanto a los servicios educativos se
puede hablar del nacimiento de las
universidades y de la aparición de
edificios destinados a estos fines;
Oxford, Cambridge, París, o las
magníficas de Salamanca y Alcalá de
Henares, son algunos de los primeros
ejemplos. También surgen en este momento
los primeros hospitales, en principio
adjuntos a los monasterios, conventos o
iglesias, y más tarde como edificios
independientes, entre los que destacan
los hospitales creados a lo largo del
Camino de Santiago, o con una estructura
ciudadana el Hospital de los Inocentes
de Florencia. Las cárceles surgieron
también en este momento, aunque
originalmente para este fin se
utilizaban estructuras militares, como
por ejemplo la Torre de Londres o el
Bargello en Florencia, pero lentamente
se fueron construyendo edificios
específicos, que son ya comunes a
finales del siglo XVIII y principios del
XIX, entre ellas destaca la Prisión
George Dance's Newgate de Londres.
El siglo XIX marca el punto en el que
los servicios de la salud y de la
educación se empiezan a generalizar y se
convierten en un derecho público, lo que
determina la aparición de una creciente
y constante necesidad de soluciones
arquitectónicas especializadas. Se
estandarizan tipologías de hospitales,
de cárceles o incluso de escuelas,
destinadas a la enseñanza, desde la
guardería hasta la Universidad. Desde el
siglo XIX existe una creciente demanda y
una continua investigación
arquitectónica y es, sin duda, el siglo
XX el que ha ofrecido los mejores
ejemplos.
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y Estilo
Pocas actividades recreativas requieren
la utilización de tipologías de
edificios propias hasta que no se
organizan como eventos públicos. A
partir de este momento se tiene que
prever la participación activa o pasiva
de individuos, como ocurre con la mayor
parte de los acontecimientos deportivos,
funciones musicales, obras dramáticas, o
en actividades privadas pero que se
realizan en edificios públicos como
baños, museos, bibliotecas.
A través de la Historia, la necesidad de
entretenimiento es una constante en el
hombre; el tipo de entretenimiento puede
cambiar dependiendo de la cultura de la
clase social, del grupo religioso etc.,
pero, al igual que ocurre con la
arquitectura doméstica, la necesidad de
una arquitectura destinada a las
actividades de ocio y recreación con
carácter público es constante. Esta
arquitectura debe responder a diferentes
necesidades, si la participación del
individuo es pasiva, debe poder ver y
oír cómodamente, si su participación es
activa, debe encontrar los espacios
requeridos para desarrollar la actividad
elegida.
En la mayoría de las culturas la
institucionalización de las actividades
de entretenimiento tiene su origen en
los ritos religiosos, desde los cuales
gana independencia.
Existen actividades recreativas que han
creado unas tipologías arquitectónicas
específicas. Tal vez una de las más
destacadas y constante sea el teatro. El
teatro como actividad y como tipología
arquitectónica tiene su origen en
Grecia, con los ritos del dios Dionisos.
En un primer momento los teatros fueron
instalaciones temporales y al aire
libre, donde se utilizaban las cuestas y
las curvas naturales de las laderas para
atraer al espectador y evitar la
necesidad de subestructuras. Lentamente
estas estructuras se hicieron
permanentes.
El teatro se monumentalizó y se modificó
con los romanos; la utilización de arcos
y bóvedas permitió la construcción de
gradas inclinadas para los espectadores
en terrenos llanos. En la Edad Media,
fueron los templos y ciertas estructuras
temporales los que se utilizaron para la
representación de obras teatrales. En el
Renacimiento la tipología de edificio
revivió con la misma tipología que el
romano, el mejor ejemplo es el Teatro
Olímpico de Andrea Palladio en Vicenza.
El siglo XVII desarrolló nuevas formas
de actividad escénica, la ópera, el
ballet, el teatro. Por tanto, la
tipología de edificio se renueva y se
adapta para satisfacer la necesidad de
distinción de las clases económicamente
superiores, así se construyen teatros
como el Farnese en Parma, o el
Residenztheater en Munich.
La tipología del edificio se fija en una
estructura de plano inclinado hueco,
donde se acomoda la grada rectangular o
en herradura, con una cubierta
permanente que permite una iluminación
artificial.
De características muy parecidas al
teatro es el Auditorio que se suele
distinguir del primero por una ausencia
de los elementos propios de la escena y
por tener un mayor tamaño y capacidad.
Los auditorios se suelen destinar a
conciertos de todo tipo y a grandes
concentraciones de personas para
escuchar a uno o varios individuos. Como
una derivación propia de la tipología
del teatro, en los años centrales del
siglo XX tuvieron un gran auge los
cines, que suelen presentar una zona de
gradas y una zona de escena, pero sin la
misma.
En cuanto a los recursos deportivos, la
práctica del deporte, y sobre todo la
idea de la competición pública de esta
práctica y el convertirla en una
diversión pública, es propia del mundo
clásico. En Creta y en Grecia el deporte
fue una actividad sumamente valorada,
aunque las instalaciones propias para su
cultivo, como arenas deportivas,
circuitos o piscinas son más
características del mundo romano, que
creó tipologías de edificios específicas
destinadas a esta actividad, como el
circo destinado a las carreras de
carros, el estadio o el anfiteatro.
La tradición clásica del deporte quedó
interrumpida en la Edad Media y, aunque
se retomó la práctica deportiva como tal
en el Renacimiento, no fue hasta el
siglo XIX cuando se volvió a convertir
en un espectáculo y un entretenimiento
público. En la actualidad los diseños de
estadios y pistas de arena difieren
relativamente poco de lo que fueron el
Coliseo romano y el Circo Máximo, aunque
se ha reforzado la construcción de
grandes tribunas. Destacan el estadio de
Florencia, el de Helsinki, o el de la
Universidad Autónoma de México. Los
deportes que no tenían ningún precedente
en la antigüedad clásica, como el
baseball, han creado estructuras
arquitectónicas que son variaciones del
estadio.
Los edificios públicos de Museos y
Bibliotecas tienen su origen igualmente
en la antigüedad clásica, aunque también
aparecen sin ninguna conexión en la
antigua China y Japón. Los ejemplos más
tempranos se encuentran en la acrópolis
del Pérgamo helenístico y del Éfeso
romano.
Durante la Edad Media, los museos fueron
inexistentes, no así las bibliotecas,
que se recogieron en los monasterios y
en ellos se destinó una estancia propia
a su custodia. Fue en el Renacimiento y
en el Barroco cuando estas actividades
cobraron una enorme vigencia. Las
grandes colecciones de objetos curiosos,
antiguos o de obras de arte son el
precedente real de nuestros actuales
museos, y ya desde el Renacimiento se
construyeron zonas especiales destinadas
a la exhibición de los mismos, aunque
siempre de carácter privado. El ejemplo
más conocido es la Galería de los
Uffizzi, destinada a la exhibición de la
colección de obras de arte de los
Medicis. Igualmente las bibliotecas, que
desde siempre habían sido custodiadas en
salas especialmente destinadas para
alojarlas, adquieren ahora un auge
mayor; la más representativa es la
Biblioteca Laurenziana proyectada por
Miguel Ángel.
Pero este tipo de actividad no se hizo
pública hasta finales del siglo XVIII y
principios del XIX y fue en este momento
cuando se construyeron edificios
específicos destinados a Museos o
Bibliotecas. Adquirieron, sobre todo los
primeros, un gran protagonismo en la
arquitectura del siglo XX. Entre ellos
destaca el Museo Guggenheim de Frank
Lloyd Wright en Nueva York, aunque la
importancia concedida a estos edificios
hace que la totalidad de los grandes
arquitectos de la segunda mitad del
siglo hayan participado en proyectos de
este tipo, desde Mies y Kahn hasta
Stirling, Venturi, Moneo, Piano, Meier o
Gehry.
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y Estilo
La arquitectura industrial y comercial
responde a la necesidad de intercambio,
de transporte, de comunicación, de
fabricación, de almacenaje, etc., es
decir, a todas las exigencias de la
actividad económica del hombre. Hasta la
revolución industrial estas actividades
no eran especializadas, se resolvían
dentro de la arquitectura doméstica.
Solamente el lugar del mercado requirió
en alguna ocasión una estructura
arquitectónica especial. Sin embargo, la
revolución industrial y el inicio de la
producción en masa determinaron que el
número de personas destinadas a una
misma actividad en el mismo lugar se
incrementara radicalmente, lo que obligó
al diseño de lugares de trabajo para
gran cantidad de personas. La revolución
industrial afectó profundamente a las
técnicas y a las tipologías
arquitectónicas. A través de la
introducción de la máquina y la
producción en masa, la vida económica
salió del ambiente doméstico, en el que
se había movido desde siempre, a un área
dominada más por los procesos y los
dispositivos que por los individuos, lo
que originaba la necesidad de edificios
especializados para tales fines,
edificios de oficinas, almacenes y
mercados, para el intercambio de
mercancías; fábricas, minas,
laboratorios, plantas de transformación
para la producción; caminos, puentes,
túneles, estaciones de ferrocarril,
aeropuertos, etc., para el transporte;
estructuras para la transmisión y
recepción del teléfono, la radio, la
televisión, el periódico, los libros,
etc., para la comunicación; presas,
centrales de energía, etc., para la
distribución de energía.
Dentro de este largo listado de
tipologías de edificios especializados
en actividades económicas, se pueden
distinguir dos tipos básicos: aquellos
edificios en los que la actividad humana
es la principal preocupación, que se han
mantenido dentro de tipologías
arquitectónicas tradicionales, como por
ejemplo los bancos, que originalmente
tomaron como modelo los templos romanos,
y, por otra parte, aquellos que han
prestado una mayor atención a la máquina,
que han determinado la aparición de
modernas fábricas y edificios especiales.
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y Estilo
El arquitecto debe tener en cuenta en su
proyecto arquitectónico tres elementos
que, generalmente, van a condicionar de
forma global todo su trabajo. Éstos son
el emplazamiento, la tipología y el
coste de un edificio. Es decir, el
emplazamiento va a determinar las
variaciones que, dependiendo del medio
natural, se han de introducir en un
edificio para que éste se pueda ajustar
a las necesidades físicas invariables de
los seres humanos. La tipología
determina la estructura, requerida por
la sociedad, a la que debe ajustarse el
edificio dependiendo del uso al que esté
destinado. El coste implica la suma
económica a la que debe quedar sujeta la
realización global de ese edificio.
Así, el acto de realizar un proyecto
arquitectónico es un proceso de
particularización del mismo y, en última
instancia, de coordinación de las
demandas de los individuos y las del
medio natural, el uso y la capacidad
económica. Este proceso tiene un valor
cultural y también utilitario, porque al
crear un proyecto arquitectónico
destinado a la práctica de alguna
actividad social, el arquitecto
desarrolla una influencia inevitable en
la forma en la cual se lleva a cabo esta
actividad.
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y Estilo
El entorno natural es, inmediatamente,
un obstáculo y una ayuda en un proyecto
arquitectónico. Para hacer edificios
habitables y cómodos, se debe controlar
los efectos naturales -el calor, el frío,
la luz, el aire, la humedad, etc.-, y
prever las posibles fuerzas destructivas
-el fuego, los movimientos sísmicos, las
inundaciones, etc. Los métodos para
controlar este medio natural deben estar
previstos y ser recogidos en el proyecto.
Este entorno natural ha condicionado
durante siglos la construcción, así la
denominada arquitectura vernácula o
popular recoge como principal
característica la adecuación al medio
natural en que se gesta; incluso, esta
adecuación al medio ha creado, en la
antigua China, toda una filosofía sobre
la forma de construir edificios, el
denominado Feng Shui, que enseña a vivir
de acuerdo con las fuerzas del entorno.
La orientación, es decir, la disposición
de las partes de un edificio, debe estar
dirigida a controlar los efectos del
sol, del viento, de las precipitaciones,
y de todos los agentes climáticos.
Dentro de los edificios, el eje y la
colocación de cada espacio determina la
cantidad de sol que recibe. La
orientación puede controlar la
circulación del aire, reducir las
desventajas de la lluvia y de la nieve,
teniendo en cuenta que las
características climáticas son poco
variables y por tanto se pueden prever.
Las características del ambiente
inmediato también influyen en la
orientación, los árboles, los edificios
circundantes, la existencia de
carreteras, etc., modifican las
condiciones climáticas generales,
intensificándolas o disminuyéndolas.
A lo largo de la historia de la
arquitectura se ha ido diseñando una
serie de elementos estructurales que
pueden modificar estos efectos de las
fuerzas naturales, por ejemplo los
aleros, las molduras, los resaltes, los
pórticos, sirven de eficaz protección
contra la lluvia. Los tejados están
diseñados para verter y drenar el agua y
la nieve. Las paredes están diseñadas
mediante un espesor, una estructura y un
tipo de material, para aislar del frío y
aprovechar el calor interior o al
contrario. Estas mismas paredes, cuando
están correctamente selladas y
protegidas, son la principal defensa
contra el viento y la humedad. Las
ventanas y los materiales con los que se
cubren son los elementos principales por
los que se puede controlar la luz
natural, la cantidad, la distribución,
la intensidad, etc. La importancia dada
a cada uno de estos elementos
estructurales en el edificio, incluso,
ha caracterizado determinados estilos
artísticos. La masa de los muros sin
apenas huecos caracterizó al Románico y
la transparencia de las vidrieras de sus
amplios ventanales caracterizó al Gótico.
Igualmente el color tiene un importante
papel en el proyecto arquitectónico,
además de una enorme calidad expresiva,
tiene también una función utilitaria,
por su capacidad de absorber o reflejar
la luz y el calor, lo que le convierte
igualmente en un medio efectivo para
controlar el medio natural.
La opción por los materiales que se han
de utilizar puede condicionar todo el
proyecto arquitectónico. Estos
materiales deben cumplir dos condiciones,
en primer lugar soportar las
características ambientales, y en
segundo, ser útiles a la función que se
les quiere asignar. La arquitectura
tradicional ha sido sabia en la
adaptación de los materiales del entorno
más próximo a las necesidades
arquitectónicas y han sido los
materiales más que ningún otro elemento
los que han conformado las formas de
esta arquitectura.
Pero, cualquiera de estos elementos
puede quedarse fuera del control del
proyecto arquitectónico; en un ambiente
urbano, por ejemplo, se restringe la
libertad en la elección de la
orientación de los edificios, y las
formas arquitectónicas tradicionales no
pueden resolver los problemas propios de
él: humos, suciedad, ruido, olores, etc.
Las agresiones del medio no se controlan
exclusivamente mediante el diseño de la
estructura del edificio, sino que
también se debe controlar en el proyecto
de los interiores del mismo.
El acondicionamiento desempeñó un
pequeño papel hasta la introducción de
los sistemas mecánicos y eléctricos en
el siglo XIX. Hasta ese momento casi el
único modo de calefacción fue la
chimenea, aunque los romanos anticiparon
un sistema de agua caliente como
calefacción; para alumbrarse se
utilizaron lámparas y velas movibles y,
por tanto, se encontraban más dentro de
las preocupaciones propias del
mobiliario, que dentro de las de la
arquitectura. Igualmente los tapices y
colgantes fueron utilizados con
propósitos acústicos y como forma de
evitar corrientes de aire.
Actualmente la calefacción, los
aislantes, el aire acondicionado, la
iluminación artificial y los métodos
acústicos representan un papel
fundamental en el proyecto
arquitectónico. La industrialización ha
permitido una mejora de las condiciones
de comodidad que permite al arquitecto
diseñar libremente sin ajustarse
estrictamente a los tradicionales
condicionantes del medio natural.
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y Estilo
La planificación de los usos o funciones
de un edificio determina, de forma
global, la tipología de edificio que se
ha de elegir. Cada actividad humana
presenta unas necesidades propias, el
arquitecto debe analizar y ofrecer una
solución a los requisitos demandados;
esta solución se encuentra analizando y
diferenciando los espacios para las
distintas funciones a las que está
destinado y facilitando la circulación
entre estos espacios.
El número de funciones que requieren
espacios diferentes dentro de un
edificio dependen no sólo del tipo de
edificio, sino también de los
condicionantes propios de cada cultura,
así como de los hábitos de patrones
individuales. Una casa primitiva tiene
un solo cuarto con un área de hogar,
mientras que una casa moderna tiene
separada la cocina, el área de comer, la
de dormir, etc. Una habitación de
encuentro con un pasillo es suficiente
para los servicios religiosos de los
cuáqueros, mientras que una catedral
católica requiere una nave, un ábside,
pasillos, coro, capillas, cripta,
sacristía y deambulatorio.
La planificación de espacios
diferenciados ha de tener en cuenta el
diseño general (el emplazamiento, el
tamaño, la forma, las condiciones
ambientales, el orden etc.), el uso al
que está destinado (el número de usos y
su carácter, la duración, el momento, la
frecuencia, la variabilidad, etc.) las
personas que van a utilizarlo (el número,
el comportamiento, el sexo, la condición
física, etc.), e igualmente los muebles
y el equipamiento requerido.
La comunicación entre los diferentes
espacios, en los proyectos más simples,
se consigue mediante la apertura de
huecos entre uno y otro, pero la mayoría
de los edificios requieren espacios
especiales, horizontales y verticales,
destinados a la circulación, pasillos,
vestíbulos, escaleras, rampas,
ascensores, etc. Éstos se diseñan
atendiendo al análisis empleado para
diferenciar los usos del edificio. Su
función se limita a facilitar el
movimiento de personas y cosas por tanto
su eficacia depende de que ese
movimiento sea directo y fácil.
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y Estilo
Los costos más importantes en la
construcción de un edificio se centran
en el terreno, los materiales y el
trabajo. En todos los casos los costos
son altos cuando la materia es escasa y
son baratos cuando es abundante. Cuando
los costos están limitados influyen
directamente en el proyecto
arquitectónico.
El efecto de los altos valores
alcanzados por el terreno limita el
espacio ocupado por cualquier edificio
y, por tanto, la cantidad de dinero que
puede ser invertida en la construcción
del mismo. Cuando la cantidad de terreno
disponible es limitada, generalmente es
necesario construir en altura, esto
ocurrió en la antigua Roma con las
denominadas ínsula y en la época actual,
con los modernos rascacielos.
Cuando la elección de unos materiales se
ve condicionada por el coste, esto
repercute en el proyecto, la técnica y
la forma de los edificios. Igualmente
los altos costes del trabajo determinan
la opción de técnicas y por lo tanto la
utilización de materiales. Todos estos
condicionantes han producido la adopción
de técnicas constructivas estandarizadas
y el abandono de las prácticas
artesanales.
De esta forma se puede concluir que el
proyecto arquitectónico implica no sólo
el control del coste de cada área de la
edificación, sino los costes globales de
terreno, materiales y trabajo, y la
aportación de la solución más eficaz al
problema arquitectónico.
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y Estilo
Las técnicas de la arquitectura se van a
tratar aquí como los métodos mediante
los cuales se construyen las estructuras
con unos materiales determinados. Estos
métodos están condicionados no sólo por
la disponibilidad y el carácter de los
materiales, sino también por el grado de
desarrollo tecnológico conseguido por
una sociedad. La arquitectura depende de
un trabajo perfectamente estructurado,
de la existencia de las herramientas y
las técnicas precisas, de las
manufacturas, del transporte y de la
durabilidad de los materiales.
La evolución de estas técnicas está
condicionada por dos fuerzas. Una es
económica, la búsqueda de una mayor
estabilidad y durabilidad en la
construcción con un mínimo de materiales.
La otra es estética, el deseo de
configurar un determinado espacio. Las
técnicas, a lo largo de la historia de
la arquitectura, han sufrido un rápido
desarrollo atendiendo a dos hechos: que
los condicionantes económicos sugieran o
determinen la adopción de una
determinada estética, y que la aparición
de nuevas estéticas y estilos determinen
la aplicación de técnicas concretas.
El último propósito es construir una
estructura estable. Las fuerzas que
actúan sobre un edificio y lo pueden
desestabilizar son, en primer lugar, su
propio peso, y en segundo, otras cargas.
Estas fuerzas pueden ser activas en
todas las direcciones y para mantener la
estabilidad deben ser equilibradas. Para
ello existen una serie de elementos
arquitectónicos que se señalan más
adelante.
Las técnicas constructivas se comprenden
atendiendo a las características de los
materiales de construcción y a los
métodos por los que son utilizadas.
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y Estilo
La construcción de arquitecturas siempre
ha estado estrechamente condicionada por
las posibilidades de extracción, de
transporte y por las técnicas de
colocación de los distintos materiales,
según su propia estructura y
comportamiento, para conformar los
espacios requeridos.
Hay que separar estos materiales en dos
grandes grupos, que van a condicionar
básicamente el desarrollo de las
técnicas constructivas: aquellos que
trabajan a compresión, como la piedra,
el barro en sus distintas formas, los
conglomerados y los hormigones, y
aquellos que trabajan a flexión, como la
madera o el acero. Toda la historia de
la construcción tiene como referente la
evolución de las técnicas de uso y de
combinación de estos dos grandes grupos
de materiales.
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y Estilo
Dentro de las construcciones anteriores
a la etapa industrial, los materiales
utilizados son fundamentalmente de
origen vegetal, pétreos y terrosos
(adobe, tapial, ladrillo, mampostería o
sillería) o mixtas (entramados de madera
y barro o piedra, de madera y yeso,
etc.).
Los primeros alojamientos humanos
tendrían forma de tienda, construcción
derivada de colgar sobre un mástil las
pieles de los cazadores nómadas. En los
pueblos más sedentarios, aparecerían las
primeras chozas construidas con ramas y
barro. Asimismo, y como derivación del
cobijo protohistórico de los animales y
hombres en cuevas naturales, se
empezarían a producir alojamientos, a
menudo de una gran complejidad funcional,
tallados por el hombre en rocas
compactas.
Desde estas primeras chozas se produce
la evolución del barro como material
constructivo, se descubren los primeros
materiales compuestos: el barro se
mezcla con paja que le arma consiguiendo
una mayor cohesión y resistencia, o se
mezcla con elementos que multiplican su
grado de aislamiento, como el estiércol
de caballo o de vaca, o con turba. El
paso a los conglomerados de barro que
propician este tipo de arquitectura es
inmediato. Toda la estructura vertical
de las construcciones se va a realizar
con este material, que se prepara
mediante mezclas de tierra, arcilla y
arena con agua. Las formas más comunes
de estos conglomerados de barro son el
adobe y el tapial. La arquitectura
construida de barro, adobe y tapial se
extiende por todo el mundo a lo largo de
la historia. Las primeras ciudades de
Mesopotamia, hace 5.000 años, durante
las primeras civilizaciones caldeas y
sirias, se construyen de barro en sus
distintas formas. Posteriormente el
endurecimiento de mezclas arcillosas, a
través de su cocción, da lugar a los
materiales cerámicos. Su hallazgo de
origen remoto, se remonta al Neolítico,
aunque es el ladrillo el material
cerámico más utilizado en construcción y
que ha dado lugar, incluso, a estilos
arquitectónicos tan singulares como el
mudéjar.
La madera es, junto al barro, uno de los
materiales primeramente usados por el
hombre dadas sus excelentes cualidades.
Las construcciones en madera más
primitivas se realizaban simplemente
uniendo troncos en la parte superior y
apoyados en el suelo. Con el tiempo, el
desarrollo de las técnicas de
construcción posibilitó la realización
de una estructura vertical compuesta de
pies derechos de madera sobre los que
apoyaban vigas horizontales. Es en
Grecia donde aparece la carpintería como
arte y como técnica, unida a la de los
primeros ensamblajes complejos y a las
primeras herramientas especializadas,
hecho que permite la gran evolución de
la estructura de madera. El paso
siguiente son las cerchas o cuchillos,
elemento estructural completo formado
por dos piezas inclinadas, los pares, y
otra horizontal, el tirante, que
completa la triangulación del conjunto y
garantiza su indeformabilidad. Las
construcciones griegas adoptan y
desarrollan plenamente este tipo de
estructura de cuchillos de armadura
vertical. En Roma hubo soluciones más
complejas de estas estructuras de madera,
al incorporar a la estructura las
correas y al utilizar el bronce como
material en los tirantes. Las
características fundamentales de estas
soluciones constructivas clásicas
definen todas las tipologías que después
se mantendrán en la historia de la
construcción.
En la Edad Media se desarrollan menos
variantes de las estructuras de madera,
pero la gran evolución la protagoniza la
técnica del entramado, cada vez más
complejo. El conjunto de pilares
verticales, ahora en varias plantas,
vigas horizontales, pares de cubierta
inclinadas y, todo ello arriostrado por
elementos horizontales e inclinados,
rectos o con formas, constituyó unas
estructuras espaciales estables que
permitían una gran diversidad formal,
unido a la gran variedad de los
materiales utilizados tanto en el
relleno de los espacios entre maderas en
las fachadas (barro, adobe, ladrillo o
entablados), como en los materiales de
cubrición (madera, piedra, pizarra o
elementos vegetales como turba o brezo).
Pero, además, la madera, en su conjunto,
es mucho más en la historia de la
construcción; gracias a ella ha sido
posible la ejecución de la mayoría de
los edificios clásicos que conocemos,
como material de los elementos
provisionales destinados a posibilitar
la construcción con otros elementos (andamios,
apeos y cimbras o encofrados para la
ejecución de bóvedas y arcos), como
estructura horizontal (vigas de forjados)
o como estructuras de cubiertas (correas
y cambios sobre cerchas o formas
compuestas por pares y tirantes unidos
por péndolas y tornapuntas), como
zunchos o atados de muros, o conformando
propiamente la estructura (pilares,
zapatas y vigas), etc. En resumen, la
madera ha posibilitado la construcción
de la mayoría de las tipologías
constructivas existentes.
Junto al barro y la madera, la piedra,
tanto por sus variedades, como por sus
posibilidades y por su abundancia, ha
sido en la historia de la construcción
uno de los materiales más utilizados.
desde el comienzo de los tiempos. Quizás
la construcción más rudimentaria sea el
menhir, una gran roca fijada al suelo en
posición vertical, aunque las primeras
construcciones en piedra debieron de ser
muy elementales, casas y cercas para
encerrar ganado hechas con la piedra
recogida directamente de los campos. Las
primeras construcciones de piedra se
realizarían sin trabajarlas, a hueso o
en seco, piedras naturales, colocadas
sin elaboración previa, de forma
irregular, de tamaño que permite su
colocación a mano; esta técnica se
conoce con el nombre de mampuesto y da
lugar a las fábricas de mampostería. El
sillar es una pieza de piedra de grandes
dimensiones, tallada en todas sus caras
y con, por lo menos, dos dimensiones
mayores de 50 cm. La fábrica de sillería
no es otra cosa que la realizada con
sillares. El sillarejo sería una piedra
intermedia, en todos las órdenes, entre
el mampuesto y el sillar.
La primera influencia de los metales
como material en la construcción de
edificios se debe a la utilización de
los mismos en forma de herramientas, que
posibilitaban la labra o trabazón de los
materiales tradicionales y estimulaban
su desarrollo. La Revolución Industrial,
que comenzó en Inglaterra hacia el año
1760, acarreó numerosos cambios en todas
las culturas del mundo. No es hasta el
siglo XIX, con la aparición de los altos
hornos, cuando se produce un desarrollo
total de este material; la aparición de
la fundición y los aceros ha hecho
posible el cambio radical en el diseño
de las estructuras portantes de los
edificios, al posibilitar el salvar
grandes vanos con piezas rectas, hecho
que ha permitido el desarrollo del
racionalismo constructivo y, por tanto,
de la arquitectura moderna.
Ya no existen limitaciones en el diseño
de estructuras. Tanto en el sentido
vertical como en el horizontal, se
pueden alcanzar en los edificios alturas
insospechadas hasta el siglo XIX, y es
posible salvar grandes vanos con luces
rectas, con lo que se consigue unos
espacios interiores de grandes
dimensiones, libres de estructura, con
unos procedimientos técnicos de gran
simplicidad y con unos montajes, en
comparación con las complejas bóvedas
utilizadas para salvar estos espacios en
los edificios antiguos, de una rapidez
extraordinaria.
Ya se ha mencionado la utilización en la
construcción antigua de conglomerantes
basados en las cales, de conglomerantes
hidráulicos y de cementos naturales
obtenidos por calcinación de margas.
Pero es el descubrimiento y desarrollo
de los cementos artificiales, unido el
de los aceros, es el hecho que va a
impulsar definitivamente la
modernización de las técnicas históricas
de la construcción.
Los morteros y las pastas de cemento
artificiales han venido a sustituir a
los conglomerantes históricos que se han
venido mencionando. Pero es el hormigón
el compuesto que ha posibilitado el
desarrollo sin límites de la
construcción.
Característica fundamental de la masa de
hormigón es su docilidad a adaptarse a
moldes. Esta propiedad de la masa fresca
de hormigón permite su adaptación a
cualquier forma o a cualquier necesidad,
por medio de moldes o encofrados, que
permiten su uso en todas las variantes
que el diseño arquitectónico pueda
requerir.
El hormigón en masa se utiliza, dada su
escasa resistencia a los esfuerzos a
tracción y a flexión, de modo similar al
de las piedras naturales, en todas las
situaciones estructurales donde
solamente existan esfuerzos a compresión,
fundamentalmente y al igual que aquellas,
en cimentaciones, muros, rellenos, etc.
A partir de estos hormigones, se
obtienen los hormigones armados o
estructurales formados por la inclusión
de armaduras metálicas, de aceros de
resistencia normal, en su masa,
destinadas a absorber los esfuerzos a
tracción provocados por solicitaciones
de esfuerzos de flexión. Este nuevo
material consigue que las secciones de
hormigón trabajen a compresión, y las de
acero a tracción, dando como resultado
unas piezas de una gran resistencia a
todo tipo de solicitaciones que le
convierten en un material universalmente
utilizado, tanto para elementos
verticales - pilares-, como horizontales
-vigas-, conformando estructuras
completas de una infinita variedad
formal y de una gran estabilidad.
Este tipo de hormigón estructural se
completa con la variedad del hormigón
pretensado obtenido por la inclusión en
el hormigonado de piezas de aceros de
alta resistencia tensado previamente de
una manera permanente.
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y Estilo
Las técnicas constructivas desarrolladas
a partir de estos materiales
tradicionales va a dar lugar a los
estilos históricos preindustriales. La
utilización de forma intuitiva, según
las características de trabajo de cada
uno de estos materiales, con el objeto
de conseguir los espacios internos
necesarios como habitación, como
relación o como producción, van a
condicionar los sistemas constructivos
de estas arquitecturas que se pueden
dividir en dos grandes grupos: los
sistemas estáticos basados en piezas
rectas de gran formato, dinteles y
arquitrabes, trabajando a flexión con
grandes limitaciones por su propia
composición y apoyados en estructuras
masivas de muros y pilares, o los
sistemas dinámicos que transforman los
esfuerzos a flexión de las piezas, a
través del diseño en arco, bóveda o
cúpula, en esfuerzos a compresión que se
transmiten hasta las estructuras
portantes a través de componentes
verticales que absorben muros o pilares
y esfuerzos horizontales que se absorben
por medio de contrafuertes de distinto
diseño.
Las primeras arquitecturas, producidas
en el Egipto faraónico, en la Grecia
clásica, en Persia e India antes de la
conquista musulmana, o en gran parte de
la América precolombina, se realizan
fundamentalmente con el sistema
adintelado o arquitrabado. Los primeros
ejemplos de arquitectura adintelada se
encuentran en las colosales formaciones
megalíticas de la Edad de Piedra y de la
Edad del Bronce. Ya 3.000 años antes de
Cristo, los mesopotámicos construían
templos con muros exteriores de ladrillo
y tejados planos sobre vigas o dinteles
de madera. La arquitectura religiosa o
funeraria egipcia utiliza este mismo
sistema: inmensas salas hipóstilas,
bosques de enormes pilares macizando el
espacio encerrado entre masivos muros de
ladrillo e inmensos bloques de piedra
como dinteles conforman estas
construcciones que se extienden por todo
el país. En la Grecia clásica se
desarrollan hasta el límite las técnicas
de construcción en piedra: magníficas
columnatas de distintos órdenes, dórico,
jónico o corintio, sustentando grandes
dinteles de piedra y, sobre ellos,
cornisas o frontones esculpidos.
Durante el Imperio Romano se olvidan las
limitaciones de las estructuras
horizontales hasta entonces utilizadas,
y se desarrollan y llegan a unos niveles
sorprendentes nuevas fórmulas para
cubrir los espacios, basadas en el arco,
la bóveda y la cúpula, que hacen posible
la construcción de edificios de
proporciones colosales. Asimismo,
desarrollan y universalizan la
construcción con sillares, ladrillo u
hormigones a base de morteros. Pero es
en las cúpulas donde alcanzan una
increíble destreza, como ejemplo, el
Panteón en Roma. Por otra parte, la
construcción de bóvedas paralelas
permite la elevación de varias plantas
sobre arquerías con un reparto de
esfuerzos en pirámide. Por último, el
desarrollo del arco o de los conjuntos
de arcos, la arquería, posibilita a los
arquitectos romanos la construcción de
fachadas o de espacios interiores casi
libres de estructura vertical, con
enormes superficies donde el hueco o el
vacío domina al paramento macizo,
consiguiendo espacios interiores de gran
diafanidad y fachadas ciertamente
ligeras.
Los romanos no sólo llevaron al límite
las soluciones constructivas heredadas
de la antigüedad clásica sino que, con
el desarrollo de las técnicas de la
construcción de arcos, bóvedas y cúpulas
en las que fueron maestros,
posibilitaron las soluciones espaciales
y constructivas que la evolución de la
arquitectura durante la Edad Media, el
Renacimiento o el Barroco iba a
necesitar.
La caída del Imperio Romano produjo un
caos en el mundo occidental cristiano;
la Iglesia Católica fue la única
institución del mundo antiguo que
sobrevivió. Y es esta organización la
que va a seguir construyendo con las
técnicas heredadas del mundo antiguo. En
España se construyen multitud de
edificios en el período prerrománico de
gran interés constructivo. Los visigodos
cierran sus espacios con magníficos
muros de sillería y los cubren con
bóvedas soportadas por arquerías. Los
mozárabes utilizan esbeltas arquerías de
arcos sobrepasados o de herradura. Fuera
de España el imperio carolingio sigue
estas mismas líneas heredadas del mundo
antiguo.
Todas las soluciones constructivas
basadas en el arco, la bóveda o la
cúpula se van repitiendo a lo largo de
la historia. En el período románico se
universaliza la sustitución de las
armaduras de madera como cubierta por
bóvedas corridas, semicirculares o de
medio cañón sobre las naves, que
apoyaban sobre anchos muros de sillería
o de mamposterías reforzados con
contrafuertes cuando su masa no era
suficiente para este fin, y por la
adopción del arco semicircular o de
medio punto para la realización de las
arquerías y huecos en las fachadas. Este
tipo de construcción da como resultado
espacios interiores recogidos y aislados
y unos ejemplares constructivos de gran
robustez.
El estilo gótico no hace,
constructivamente, sino utilizar y
desarrollar todas las soluciones
ensayadas anteriormente. La estructura
de esta arquitectura se basa en la
concentración de los esfuerzos de las
cubiertas en puntos concretos, al
contrario de como se hacía en el
románico en que el peso de los
abovedamientos se repartía a lo largo de
los muros portantes. Este tipo de
solución estructural se consigue con las
bóvedas nervadas: las tradicionales
bóvedas de arista transforman sus
encuentros en nervios estructurales,
sobre los que se apoyan los paños de las
bóvedas, simple cerramiento ahora sin
función estructural, lo que permite que
los pesados arcos fajones antiguos se
transformen, asimismo, en ligeros
nervios principales o arcos formeros.
Todos estos nervios convergen en los
puntos de apoyo, pilares o grupos de
pilares que, ante la ligereza de la
cubierta, pueden diseñarse con una
esbeltez extraordinaria. El conjunto
resulta como una diáfana estructura a
base de elementos verticales, al haberse
liberado los muros de las cargas de la
cubierta, de los que parten haces de
nervios estructurales de secciones
mínimas. Además, el arquitecto gótico
diseña una serie de elementos exteriores
al edificio, los arbotantes y los
botareles, destinados a equilibrar la
estructura absorbiendo los empujes
horizontales. Este diseño del edificio
gótico libera a los muros tradicionales
de su función de carga convirtiéndolos
en simples cerramientos del espacio, a
la manera de como se construye la
arquitectura moderna, propiciando
incluso su sustitución por paños
acristalados, como sucede en las grandes
catedrales.
El Renacimiento redescubre la esencia de
la arquitectura romana, estudiando
fundamentalmente los restos construidos
y las reglas contenidas en los tratados
de Vitrubio sobre la era augusta.
Enfatizó las ideas modulares y los
reglas de la proporción y de la simetría
y resucitó los órdenes clásicos.
Arquitecturas horizontales, centradas y
simétricas, se resuelven con sistemas
constructivos arquitrabados o
adintelados, con superposición de
arquerías de los distintos órdenes y con
cubriciones planas de madera. Las
cúpulas se siguen utilizando ahora para
cubrir los lugares centrales de las
plantas o los cruceros de las iglesias.
El barroco, desde el punto de vista
constructivo, utiliza los mismos
elementos y el lenguaje básico descrito
para las épocas renacentista y clásica
antigua. El desarrollo de la decoración
en estas construcciones llevó a límites
realmente increíbles las técnicas del
tratamiento de los yesos, los estucos,
las pinturas, la azulejería o los
trabajos de labra de la piedra y de las
sillerías. Y son estos sistemas
constructivos, muros de carga, arquerías
o sucesiones de pilares, resueltos con
lenguajes clásicos, que soportan techos
planos de madera o cúpulas, los que
perviven hasta la aparición de los
modernos materiales de construcción, el
acero y los hormigones, ya en la época
de la arquitectura moderna.
La arquitectura popular, de la que se
hablará al final del artículo, se
caracteriza por no seguir ningún estilo
específico, ni estar proyectada por un
especialista, sino que se construye
directamente por los artesanos y
normalmente utiliza los materiales
disponibles en la zona.
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y Estilo
Son las piezas encargadas del armazón,
forma y calidad estética de un edificio,
piezas íntimamente trabadas entre sí
hasta su perfecta unidad dentro del
conjunto, que se consigue por fusión
completa de los elementos o contrastando
unos con otros con entidad y valor
propio. El espacio así limitado consigue
definir formas internas y externas. Hay
unos elementos arquitectónicos
encargados de separar el volumen del
ambiente que lo rodea, y otros internos
de separación de plantas, de
distribución, de sustentación,
definidores de su aspecto y función
interiores. Existen, por fin, otros de
relación interna y externa: puertas y
ventanas, así como los estéticos
condicionados por todos los anteriores,
ordenados, valorados y acentuados por la
decoración y ornamentación.
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y Estilo
Son elementos constructivos en los que
su espesor es menor que su longitud y su
altura. Se presentan en dos tipos
resistentes y de cerramiento. El primero
es el que soporta algún elemento
estructural o sujeto al terreno; está
construido de mampostería, de fábrica o
de hormigón. El segundo es aquel que
separa el espacio interior del exterior.
Los muros resistentes están construidos
con un espesor proporcional a las cargas
que tienen que resistir: su propio peso,
la carga de los elementos que tiene que
soportar y las fuerzas laterales que le
son enviadas. En la mayor parte de las
ocasiones la naturaleza de los propios
materiales permite resistir fuerzas sin
necesidad de aumentar la masa del muro,
o lo hace la propia complejidad de la
estructura del edificio. Los huecos que
se abren en el muro, puertas y ventanas,
desvían las fuerzas hacia los laterales
del mismo; en edificios de varias
plantas los huecos se deben colocar uno
sobre otro para dejar masas verticales
ininterrumpidas que transfieran los
empujes directamente a la tierra. El
número de huecos que se pueden abrir
depende de la fuerza de la estructura y
de las tensiones de la propia pared.
La colocación de los muros es
determinante para saber el tipo de
soporte que se ha de utilizar en suelos
y techos. El elemento de ayuda más común
es la viga, que debe quedar sujeta a las
paredes en ambos extremos.
A excepción de los muros de jardín, los
muros de cerramiento aparecen solamente
en estructuras donde las cargas son
recogidas por otros elementos como vigas
de madera u otros esqueletos.
Actualmente el acero y los refuerzos de
hormigón permiten que todas las paredes
se conviertan simplemente en muros de
cerramiento, los denominados muros
cortina o pantalla, en los que se puede
utilizar cualquier tipo de material, los
materiales tradicionales, el plástico,
el cristal, aleaciones de metal, etc.
Esta libertad permite también que las
paredes presenten formas distintas dando
paso a una mayor capacidad creativa.
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y Estilo
La forma más simple en la construcción
de carga y de soporte es el sistema de
pilar y dintel, en el cual los miembros
verticales, como postes, columnas,
pilares, etc., soportan otro miembro
horizontal como un dintel, una viga,
etc. Este sistema es la base que permite
la apertura de huecos en los muros, en
su forma pura sólo se observa en
columnatas y en estructuras de armazón,
puertas, ventanas, techos, etc.
Pero, el trabajo del dintel es soportar
las cargas sobre él y su propia carga
sin deformarse o romperse, esto puede
ocurrir si el dintel es demasiado débil
o es demasiado largo. Los dinteles de
materiales que no trabajan a flexión,
como la piedra, tienen que ser cortos,
mientras que los que son de materiales
que trabajan a flexión, como la madera o
el acero, pueden ser mucho mayores. Los
dinteles de albañilería son ineficaces
por la falta de cohesión del mortero.
El trabajo del pilar es soportar las
cargas del dintel sin deformarse o
torcerse. Esto ocurre si no se utilizan
los materiales adecuados, que en este
caso son los que trabajan a compresión,
como la piedra. También puede utilizarse
la madera, dependiendo de la carga, o el
acero, los postes de ladrillo o
albañilería también pueden ser altamente
eficientes.
Desde épocas prehistóricas y hasta el
imperio romano, la estructura de
pilar-dintel fue la más utilizada en el
diseño arquitectónico. Los interiores de
templos egipcios y los exteriores de los
templos griegos fueron proyectados con
columnas como elemento sustentante de
las estructuras adinteladas. El
desarrollo del arco y de la bóveda fue
un desafío para este sistema, sin
embargo, no redujo su importancia en la
arquitectura.
Este sistema se fue refinando pero en lo
fundamental no se ha alterado hasta la
aparición del hierro colado, que
posibilitó la reducción de la masa
general del edificio. Muchas de las
construcciones de los grandes y modernos
edificios se basan en la estructuras de
pilar y dintel del pasado, pero el acero
permite realizar estructuras mucho más
finas e infinitamente más altas. Una de
sus últimas aplicaciones son los pilares
hongo de hormigón.
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y Estilo
Los primeros constructores de espacios
cerrados podían, en un primer momento,
abrir solamente aperturas angostas
debido a la escasez y pesadez de los
dinteles de piedras monolíticas. Con la
invención del arco se solventaron
distintos problemas, primero, se podrían
abrir amplios huecos utilizando pequeños
bloques de ladrillo o piedra; la fábrica
del arco, en el borde superior, donde
forma una más amplia circunferencia,
está formada por bloques en forma de
cuña de distinto tamaño que presionan
firmemente contra la superficie entera
de bloques vecinos y conducen cargas
uniformemente. Los empujes de los
elementos sustentados se reciben en los
dos pilares o puntos fijos sobre los que
descansa el propio arco, desviándolos
lateralmente. Esta estructura de arcos
crea una serie de problemas de
equilibrio que no plantea la estructura
adintelada.
El tamaño de un arco está limitado
simplemente a la economía, los grandes
arcos ejercen grandes empujes y por
tanto deben poseer importantes refuerzos
caros de construir. Según resuelva el
problema de combinar la fuerza de apoyo
vertical con la descarga lateral, el
arco puede ser de medio punto, de
herradura, de ojiva, apuntado, etc. Las
dos tendencias principales del arco son
las de realizar una media circunferencia,
o apuntarse realizando una forma
intermedia entre la circunferencia y el
triángulo.
Pese a que los arcos eran conocidos como
estructura en el antiguo Egipto, se
consideraron inadecuados para
utilizarlos en su arquitectura
monumental. Así, la arquitectura egipcia
empleó el sistema adintelado y el arco
sólo fue usado con un carácter
excepcional y en partes no visibles. El
ejemplar más antiguo que se conoce es el
de Deuderah (3500 a.C.), construido de
adobes. Como elemento constructivo
adquirió plena importancia en la
arquitectura mesopotámica, de donde lo
aprendió la asiria. Los hititas y los
micénicos emplearon el seudo-arco. Los
griegos de la época clásica lo
utilizaron en excepcionales ocasiones,
aunque se fue haciendo más común en la
arquitectura helenística. Los romanos
aprendieron la técnica de los antiguos
etruscos y la desarrollaron plenamente
uniendo las dovelas con argamasa o
grapas. En casi todos sus monumentos
públicos utilizaron este elemento
constructivo, que tras ellos fue
adoptado por toda la arquitectura
cristiana medieval.
Esta arquitectura utilizó el arco de
forma sistemática, su amplio empleo
determinó que durante mucho tiempo se
considerara este elemento como una de
las características que diferencian unos
estilos arquitectónicos de otros. Aunque
un único elemento constructivo no puede
definir toda una forma de entender la
arquitectura, es i |