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ÍNDICE DE LOS REYES DE
VALENCIA
LOS PROTAGONISTAS DE UNA
ÉPOCA
Jaime I El Conquistador
1238-1276
Montpellier (Francia) 1208
- Valencia 1276
Nacido en Montpellier, era
hijo de Pedro II el Católico y de María de Montpellier. A la muerte
de su padre en la batalla de Muret, 1213, fue retenido por Simón de
Montfort, hasta que el papa Inocencio III le obligó a entregar al
joven a los catalanes en 1214 a petición de la nobleza aragonesa.
Pasó su minoría de edad en el castillo de Monzón, tutelado por los
Templarios, en tanto que su tío Sancho, conde de Rosellón, regía los
destinos del reino. Durante la regencia hubo frecuentes revueltas
nobiliarias, que acabaron en principio con la paz de Alcalá (1217)
pero que rebrotarán más tarde con especial virulencia, sobre todo a
cargo de su hijo bastardo Fernán Sánchez de Castro durante los
últimos años de su reinado. A los veinte años comenzó a gobernar,
iniciándose un período de disputas con la nobleza aragonesa, con
episodios como los sitios de Albarracín, 1220, y Montcada, 1223, y
cayendo prisionero en 1224. Solventada la cuestión interior, el
debilitamiento del poderío musulmán tras la derrota en las Navas de
Tolosa (1212) permite al rey emprender en 1229 la expansión del
reino por el Mediterráneo, con la conquista de Mallorca, Menorca
(1231) e Ibiza (1235), y por la Península, ocupando Burriana y
Peñíscola, el reino de Valencia (1238) e incorporando entre 1244-45
Játiva y Biar. Conquista también Murcia en 1266, aunque la cede a
Alfonso X de Castilla por el tratado de Almizra (1244) Su interés
principal se asienta en la expansión comercial y política en el
Mediterráneo. Así, la conquista de Mallorca, lograda gracias a la
potencia naval catalana, le permite establecer y controlar las
estratégicas rutas comerciales del occidente mediterráneo. Asentados
los territorios conquistados, el principal problema del rey fue
preparar el reparto de sus dominios entre sus hijos, establecido
mediante el testamento de 1247. En dicho documento, Jaime I legaba a
Alfonso, hijo de su primer matrimonio con Leonor de Castilla, el
reino de Aragón; para Pedro, fruto de su unión con Violante de
Hungría, el condado de Barcelona, el reino de Mallorca y el condado
de Ribagorza; y a Jaime y Fernando, hermanos de éste,
respectivamente les correspondían el reino de Valencia y el condado
de Rosellón. El descontento de Alfonso le hizo recurrir al monarca
castellano y provocó una revuelta nobiliaria, solventada por las
cortes de Alcañiz (1250), en las que se estableció que a Alfonso le
corresponderán Aragón y Valencia; a Pedro, Cataluña y a Jaime el
reino de Mallorca y el señorío de Montpellier. La cuestión aun no
quedará resuelta, debido a los acontecimientos que años más tarde se
sucederán. En 1258, Jaime I firma el Tratado de Corbeil con Luis IX
de Francia, con el que da fin a la reclamación de los condes de
Barcelona de los territorios al norte de los Pirineos (Languedoc y
Provenza, excepto el señorío de Montpellier), a cambio de la
renuncia de San Luis de Francia a los condados catalanes, sobre los
que tenía derechos adquiridos como descendiente de Carlomagno. En
1260 fallece el infante Alfonso, debiendo organizarse de nuevo la
herencia de los territorios de Jaime I. Así, quedan para su hijo
Pedro (III) los reinos de Aragón y Valencia y el condado de
Barcelona; y le corresponden a Jaime (II de Mallorca) el reino de
Mallorca y los condados de Rosellón, Colliure, Conflent y Cerdaña,
unidos vasalláticamente al condado de Barcelona. La rebelión
musulmana en el reino de Murcia, dominado por Alfonso X de Castilla
gracias al tratado de Almizra firmado entre ambos monarcas, empuja a
éste a solicitar la ayuda de Jaime I. La colaboración del rey
catalano-aragonés consigue pacificar la región en 1266, entregando
de nuevo el territorio al monarca castellano. En 1269 promovió una
cruzada a Tierra Santa, que fracasó a causa de una gran tormenta.
Pretendió también ser coronado por el papa Gregorio X en el Concilio
de Lyon (1274), pero éste se negó al no haberse realizado el pago
del censo establecido por Pedro II. La revuelta de los nobles,
característica de los primeros años de su reinado, rebrota
nuevamente en los últimos a cargo sobre todo de su hijo bastardo,
Fernán Sánchez de Castro, quien se enfrentará al infante Pedro. Por
otro lado, los musulmanes del reino de Valencia se rebelan contra el
control de Jaime I, obligando al rey a emprender personalmente la
campaña de pacificación. En otro orden de cosas, instituyó la moneda
barcelonesa de "tern" en 1258 y fomentó con su política
expansionista el comercio con Baleares y plazas africanas,
concediendo el derecho de nombrar cónsules a los consellers
barceloneses. Enfermo, abdica en sus hijos Pedro y Jaime y muere en
Valencia en 1276. Enterrado en Poblet, sus restos fueron trasladados
en 1835 a Tarragona y reintegrados a Poblet en 1952.
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Pedro I de Valencia
- Pedro III El Grande -
1276-1285
Elegido rey en 1240, lo
fue también de Sicilia a partir de 1282. Hijo de Jaime I, heredó de
su padre el trono de Aragón, Valencia y el principado de Cataluña.
Su matrimonio con Constanza de Suabia y la continuación de la
política de expansión en el Mediterráneo que emprendió su padre le
llevaron a reclamar derechos sobre Sicilia, aprovechando además el
descontento de la población local con la política de la casa de
Anjou. Así, en 1282 se apoderó de Sicilia pretextando preparar un
ataque a Túnez, lo que provocó que el papa Martín IV le excomulgara
y concediera derechos sobre la corona catalano-aragonesa a Carlos de
Anjou. En 1283, el rey francés Felipe el Atrevido invadió el
Ampurdán y tomó Gerona, si bien la victoria de la flota catalano-aragonesa
al mando de Roger de Lauria en el golfo de Rosas logró equilibrar la
disputa. La difícil situación de Pedro III, enfrentado a Francia y
al Papado, fue aprovechada por la nobleza aragonesa para emprender
un movimiento de presión que obligó al rey a jurar el Privilegio
Real, un conjunto de fueros favorable a sus intereses estamentales.
La nobleza catalana, por su parte, obligó al rey a conceder una
constitución en 1283, "Una vegada a l´any", que acabó de conformar
las cortes catalanas.
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Alfonso I de Valencia
- Alfonso III El Liberal –
1285-1291
Hijo de Pedro III de
Aragón y de Constancia de Sicilia, quedó a cargo del reino de Aragón
y Cataluña al marchar su padre a Sicilia en 1282. En 1285 participó
en la defensa de Cataluña contra el ataque francés. Ese mismo año
alcanzó el trono y en 1286 emprendió la anexión de Baleares,
enfrentándose a su tío Jaime II. Así, consiguió la fidelidad de
Mallorca e Ibiza y en 1287 tomó Menorca. Se enfrentó a Castilla en
represalia por la pasividad de Sancho IV en el ataque francés a su
padre, emprendiendo expediciones fronterizas y apoyando al infante
Alfonso de la Cerda. Interesado en los dominios mediterráneos, se
enfrento a Francia y al Papado por defender los derechos de su
hermano Jaime al trono de Sicilia. Así, el Papado donó el reino de
Aragón a Carlos de Valois y estableció censuras eclesiásticas, que
fueron revocadas en el tratado de Tarascón, en 1291. Según éste,
Aragón conservaba Mallorca y Alfonso III se comprometía a actuar
para que Jaime renunciase a Sicilia en favor del Papado. Los nobles
aragoneses, sin embargo, tomaron partido en favor de Carlos de
Valois, cuestión no resuelta hasta 1287, en que se les concedió el
Privilegio de la Unión. Murió en 1291, antes de contraer matrimonio
con Leonor de Inglaterra, legando Aragón, Cataluña, Valencia y
Mallorca a su hermano Jaime II, a condición de renunciar a Sicilia y
cederla a su otro hermano, Fadrique.
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Jaime II El Justo - 1291-1329
Nacido en 1260, era hijo
de Pedro el Grande. Sucedió a su hermano Alfonso III el Franco al
frente de la corona de Aragón. En 1286 fue proclamado rey de
Sicilia, pero hubo de enfrentarse a la oposición de Francia y del
papa Bonifacio VIII. Finalmente, firmo el Tratado de Agnani en 1295,
por el que renunciaba a Sicilia y se obligaba a devolver las
Baleares a Jaime II de Mallorca. En 1302 la paz de Caltabellota le
compensó con su proclamación como rey de Cerdeña y Córcega, mientras
que su hermano Federico era nombrado rey de Sicilia. Expandió su
reino por tierras peninsulares aprovechando la minoría de edad del
rey castellano Fernando IV, consiguiendo anexionar Alicante a sus
territorios. Durante su mandato, los almogávares, con Roger de Flor
al frente, alcanzaron el Mediterráneo oriental y fundaron los
ducados de Atenas y Neopatria (1311-1460). Así mismo, estableció
contactos con Egipto, Armenia y Tartaria. Prohibió la Orden de los
Caballeros del Temple y creó la de Montesa. En 1319 estableció la
indivisibilidad de los territorios que formaban su reino.
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Alfonso II de Valencia
- Alfonso IV El Benigno – 1327-1333
Hijo de Jaime II y de
Blanca de Anjou, alcanzó el trono en 1327 por la renuncia del
primogénito Jaime. Como infante, emprendió la campaña de conquista
de Cerdeña (1323-1325). Casado con Teresa de Entenza, nieta del
conde de Urgel, de éste matrimonio nació su sucesor Pedro IV el
Ceremonioso. Por su segundo matrimonio, con Leonor de Castilla, hija
de Fernando IV, donó numerosas posesiones del reino de Valencia a su
hijo Fernando, provocando las protestas de su primer hijo, Pedro, y
de una mayoría de la nobleza aragonesa y de la población valenciana.
Debido a esto, hubo de revocar su decisión y reafirmar la ordenanza
de su padre, declarando el reino indivisible. La mala gestión de los
funcionarios catalanes provocó revueltas en Cerdeña (1329),
instigadas por Génova, que supusieron un enfrentamiento económico y
militar nunca solventado por lo corto de su mandato. En el ámbito
peninsular, intentó emprender una cruzada conjunta con Castilla
contra los musulmanes, que nunca se llevó a cabo por los problemas
con Cerdeña y por el acuerdo firmado entre Alfonso XI y Mohamed IV
de Granada.
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Pedro II-
Pedro IV El Cerimonioso – 1336-1387
Hijo de Alfonso IV, a
quien sucedió, alcanzó el trono en 1336. Los primeros años de su
reinado se coligó con el rey castellano Alfonso XI para enfrentarse
a los benimerines. Como sus predecesores, estuvo interesado en
expandir el dominio del reino sobre el Mediterráneo. Así, en la
batalla de Llucmajor, en 1349, incorporó los territorios de
Mallorca, el Rosellón y la Cerdaña. En pugna con Génova por el
control del Mediterráneo, con seguridad el espacio económico más
importante de la época, ruta hacia el rico y exótico Oriente, se
alió con Venecia y consiguió firmar en 1356 firmar una paz en
Cerdeña. Su matrimonio con Constanza, hija de Federico IV de
Sicilia, incorporó ésta al reino y aseguró el control sobre los
ducados de Atenas y Neopatria. La antigua política de colaboración
con Castilla se tornó en enfrentamiento abierto, al ayudar a la
rebelión de los nobles castellanos encabezada por Enrique de
Trastámara contra Pedro I de Castilla. Las guerras externas tanto
peninsulares como en el Mediterráneo, las revueltas de nobles
aragoneses y valencianos (sofocadas en Épila y Mislata, 1348) y la
gran peste negra de 1348, provocaron cuantiosas pérdidas económicas,
por lo que el rey hubo de solicitar numerosos subsidios a las
Cortes. Para controlar la recaudación de impuestos y el sufragio a
los gastos del monarca surgió en 1359 la Diputació General de
Catalunya, organismo que pronto se convertirá en un parlamento
político.
Juan I El Cazador - 1387-1396
Hijo y sucesor de Pedro IV
el Ceremonioso, fue coronado en 1387 y casó con Violante de Bar en
1380. Durante el Cisma de Occidente apoyó a los papas de Avignon.
Perdió los ducados de Atenas (1388) y Neopatria (1390) conquistados
en tiempos de Jaime II. Aplacó en 1389 el intento de independencia
de Cerdeña e hizo frente en 1390 a una invasión francesa a cargo del
conde de Armagnac, quien intentaba así que se reconocieran sus
derechos sobre Mallorca. Ordenó diversas expediciones militares
contra Luis Durazzo, que acabaron por reincorporar Sicilia al reino
en 1394.
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Martín I Perpignan - El
Humano - 1396-1410
Nacido en Perpignan, es el
segundo hijo del matrimonio formado Pedro IV y de Leonor de Sicilia.
Durante el reinado de Juan I, su hermano, ejerció de lugarteniente
del reino. Casó a su hijo Martín el Joven con la reina María de
Sicilia, en 1390, en un intento de reincorporar Sicilia a los
dominios aragoneses. No obstante hubo de dirigir una expedición
militar para asegurar el control sobre la isla que, si bien
consiguió los resultados deseados, dio pie a una revuelta nobiliaria
que no acabó hasta 1398. Heredó el trono catalano-aragonés en 1396,
a la muerte de su hermano sin descendencia masculina, debiendo
encargarse de la regencia su mujer, María de Luna, hasta su vuelta
de Sicilia un año más tarde. La regente hubo de repeler la invasión
a cargo del yerno de Juan I, el conde de Foix, quien pretendía
defender los derechos sucesorios de su mujer. Instalado en el trono,
buscó y consiguió el apoyo de las Cortes y de las ciudades marítimas
apara solventar sus problemas económicos. Incorporó el condado de
Ampurias (1401) y apoyó al papa Benedicto XIII. Realizó una cruzada
sin demasiados resultados contra los corsarios de Tremecén (1398) y
Bona (1399). La sublevación de Cerdeña, apoyada por Génova, fue
sofocada por su hijo, Martín, en 1409. La muerte de éste dejó a su
padre como heredero de Sicilia. No obstante, se planteó un problema
sucesorio al no tener Martín I más hijos, ni de su primer matrimonio
ni del segundo con Margarita de Prades (1409). Muerto el rey, la
cuestión se resolvió en el Compromiso de Caspe (1412) en favor de
Fernando de Antequera.
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Fernando I
de Antequera - El Justo 1412-1416
Nacido en Medina del
Campo, es hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón, hija de
Pedro IV. En 1395 casó con Leonor de Alburquerque. Por herencia,
poseía extensas posesiones en Castilla y una gran influencia sobre
los asuntos del reino. Por esto, al morir su hermano el rey Enrique
III (1406), desempeñó el cargo de regente durante la minoría de edad
del hijo de éste, Juan II, junto con su madre, Catalina de Láncaster.
La regencia de ambos fue un período convulso, en el que se decidió
repartir administrativamente el reino en dos mitades. A Fernando le
correspondió el territorio del sur, aprovechando el potencial
castellano para renovar las hostilidades contra los musulmanes. Así,
tomó Antequera en 1410. La muerte sin sucesión de Martín I el Humano
(1410) hizo que optara al trono junto con Jaime de Urgel. Fernando
se vio apoyado por Benedicto XIII, gracias a la mediación de San
Vicente Ferrer, y logró acceder al trono tras la sentencia del
compromiso de Caspe, el 28 de junio de 1412. Un año más tarde aun
hubo de vencer una revuelta fomentada por Jaime de Urgel. La
oligarquía catalana le obligó en varias ocasiones a firmar acuerdos
que limitaban el poder de la monarquía, como en los años 1412-13,
ante las Cortes de Barcelona, y 1413, ante la Diputación General de
Cataluña. Como les ocurrió a sus predecesores, los asuntos
mediterráneos ocuparon gran parte de la preocupaciones de su
mandato. Logró pacificar Cerdeña mediante tratados con el vizconde
de Narbona y con Génova. Intervino en Sicilia en apoyo de la reina
viuda Blanca y en contra de Fadrique de Luna, hijo ilegítimo de
Martín el Joven. También nombró a su segundo hijo Juan virrey de
Sicilia, Cerdeña y Mallorca. En 1414, estableció acuerdos con el
sultán de Egipto y el rey de Fez. Apoyó a Benedicto XIII durante el
Cisma, si bien le retiró su ayuda tras ser depuesto en el Concilio
de Constanza (1416).
Alfonso
III
- Alfonso V El Magnánimo – 1416-1458
Casado en 1415 con María,
hija de Enrique III de Castilla y de Catalina de Láncaster, es hijo
de Fernando de Antequera y de Leonor de Alburquerque. Heredó el
trono aragonés en 1416 y se instaló en Barcelona, inaugurando un
mandato de desavenencias con los catalanes. Ligó la prosperidad de
su reino a la expansión por el Mediterráneo, a la que dedicó todos
sus esfuerzos. Así, anexionó Sicilia, cuyos derechos le habían sido
concedidos a su padre por Benedicto XII. En 1420 preparó una flota
de 24 naves en Los Alfaques para pacificar Alguer (Cerdeña). Logrado
su propósito, se dirigió a Córcega, donde sitió la fortaleza de
Bonifacio. La armada genovesa, recelosa de su política
expansionista, le obligó a retirarse, si bien sus auténticas
intenciones pasaban porque Juana de Nápoles le reconociera como
heredero. Para ello, hubo de negociar con ésta y enfrentarse a la
hostilidad de franceses y genoveses, partidarios de Luis de Anjou.
Vencidos sus enemigos, entra en Nápoles en 1421, si bien el cambio
de opinión de la reina Juana le obliga tres años más tarde a
regresar a Aragón en busca de refuerzos, al nombrar aquélla a Luis
de Anjou como sucesor. De vuelta a Aragón, decide intervenir en la
contienda que mantenían sus hermanos, los infantes de Aragón, con el
condestable de Castilla, don Álvaro de Luna. Vencido, decide volver
a fijar su vista en Sicilia, a donde regresa en 1432 tras dejar en
su lugar a la reina María. Recelosas de este nuevo intento, se unen
en su contra Venecia, Milán, Florencia y el papa, si bien no pueden
evitar que sea proclamado rey en 1435 a la muerte de Juana II. De
vuelta a Aragón, es apresado en Ponza por el duque de Milán,
acordando con él repartir la península italiana en tres partes: el
norte, con dominio milanés; el centro, con los Estados Pontificios y
el sur, con dominio napolitano. En 1443 logró de nuevo entrar en
Nápoles. Las largas estancias fuera del reino le hacen desatender
los asuntos internos. Así, en Cataluña se desatan la revuelta de los
"payeses de remensa". La toma de Constantinopla por los turcos
(1453) le hace unirse a la liga de los Estados cristianos. Aun tuvo
tiempo de proyectar un ataque contra Génova, principal rival en el
Mediterráneo pero la muerte le sorprendió antes de llevarlo a cabo,
en 1458.
Juan II de Trastámara -
1458-1479
Hijo de Fernando de
Antequera, sucedió a su hermano Alfonso el Magnánimo. Su matrimonio
con Blanca de Navarra le hizo rey de este Reino desde 1425, tras
morir Carlos el Noble. Se situó al lado del condestable Álvaro de
Luna en las disputas castellanas en 1425, para más adelante apoyar
las posiciones contrarias en dos ocasiones, 1429 y 1441. Fue
capturado en Ponza, 1445, durante la conquista de Nápoles al lado de
Alfonso V. Ese mismo año fue elegido lugarteniente de Aragón,
Valencia y Mallorca, siendo nombrado rey de Aragón en 1458. A la
muerte de Blanca de Navarra en 1441, casó con Juana Enríquez en
1444. Se enfrentó a su hijo Carlos de Viana, disputa que aprovechó
la Generalitat catalana para plantear reivindicaciones de autonomía
en los asuntos públicos en la Capitulación de Vilafranca, 1461. En
1462 da comienzo la rebelión de los payeses de remensa, empezando
así una guerra civil que enfrentará al rey con las instituciones
catalanas. La Generalitat intentará deshacerse de Juan II,
ofreciendo sucesivamente la Corona a Enrique IV de Castilla (1462),
al condestable Pedro de Portugal (1463-66) y a Renato de Anjou
(1466). Juan II, por su parte, recabará el apoyo de Francia, lo que
provoca la pérdida del Rosellón y la Cerdaña. Finalmente, logra
entrar en Barcelona en 1472, restableciendo la autoridad real. Al
morir Juan II, le sucede su hijo Fernando al frente de la corona de
Aragón, quien casará con Isabel de Castilla.
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Fernando II - El Católico - 1479-1516
Sos del Rey Católico
10-5-1452 - Madrigalejo (Cáceres) 22-1-1516
El 10 de mayo de 1452
nacía en la localidad zaragozana de Sos el hijo primogénito del rey
aragonés Juan II y su segunda esposa, la castellana Juana Enríquez,
hija de don Fadrique Enríquez, almirante de Castilla. Las Cortes de
Calatayud le juran como heredero de la corona de Aragón en 1461,
tras la muerte de su hermanastro Carlos, el príncipe de Viana. Antes
de su matrimonio conocemos algunas aventuras amorosas del joven
galán con una tal Aldonza Roig. Como resultados de estos amores
nacerán dos hijos naturales: Alfonso -que será nombrado años más
tarde arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón- y Juana -futura
esposa de don Bernardino Fernández de Velasco, condestable de
Castilla-. Durante del matrimonio también mantuvo relaciones
extraconyugales, naciendo dos hijas llamadas María de Aragón que
pasarían sus días en un convento de agustinas de los alrededores de
Madrid. En 1468 fallece doña Juana Enríquez y el príncipe Alfonso es
nombrado corregente del reino aragonés y rey de Sicilia,
posiblemente para dotar al joven de un reino con el que fortalecer
su próximo matrimonio con Isabel de Castilla, princesa de Asturias
en esos momentos. El 7 de enero se firma un protocolo entre los
futuros esposos por el que Fernando se compromete a actuar en
estrecha colaboración con Isabel y adoptar las decisiones en común.
El enlace no satisface a Enrique IV por lo que se realizará de
incógnito. Fernando parte a tierras castellanas en octubre de ese
año y el día 19 se celebrará el matrimonio, oficiado por el
arzobispo Carrillo quien proporciona a la pareja una dispensa papal
falsa, necesaria debido a tener como antepasado común a Juan I de
Castilla. Esta situación será regularizada por Sixto IV en 1471. Los
siguientes meses serán de absoluto aislamiento para los esposos que
ven como la mayoría de los nobles toman partido por la infanta Juana
en la carrera por el trono castellano. En mayo de 1471 se producen
las primeras adhesiones a los príncipes: el País Vasco se decanta
por Isabel y Fernando al tiempo que la poderosa familia de los
Mendoza va colocándose a su lado. La muerte de Enrique IV -12 de
diciembre de 1474- y la posterior autoproclamación de Isabel como
reina de Castilla -13 de diciembre de 1474- sorprenderá a Fernando
en Aragón. La guerra civil castellana está servida y el aragonés
quiere mover sus cartas. Se proclama el único descendiente varón
vivo de Enrique IV y se presenta como candidato al trono castellano.
Esta actuación motivará la firma entre los esposos de la concordia
de Segovia -15 de enero de 1475- en la que se establece absoluta
igualdad entre ambos en el ejercicio del poder real - a pesar de que
el nombre del rey debe anteceder al de la reina, al igual que las
armas de ambos-, norma que también se seguirá posteriormente en
Aragón. De esta manera los esposos se presentan como un bloque
consolidado, apoyado por un buen número de nobles, ciudades y villas
que desean el "buen gobierno del reino", empujando a los monarcas a
poner en marcha una política de consolidación del poder real. La
participación de Fernando en la Guerra de Sucesión será determinante
ya que Aragón apoyará a los jóvenes esposos frente a Alfonso V de
Portugal y Luis XI de Francia, que se inclinan por Juana. El inicial
avance portugués es frenado al tomar Fernando Zamora y obtener una
contundente victoria en la batalla de Toro -1 de marzo de 1476-. La
guerra estaba sentenciada al ser expulsados los franceses de
Fuenterrabía, aunque los focos de resistencia en Andalucía y
Extremadura aún tardarán tres años en ser apagados. El fin de la
guerra se sentencia en los Tratados de Alcaçovas -septiembre de
1479-. Desde ese momento la labor personal de Fernando e Isabel
resulta difícil de diferenciar, no sólo en Castilla sino también en
Aragón donde el rey Juan II ha muerto en enero de 1479 siendo
sucedido por Fernando. Los especialistas hablan del germen del
Estado Moderno en estos momentos, poniéndose como objetivo los
gobernantes la consolidación del poder monárquico. Las medidas
encaminadas a la organización del reino castellano son de gran
calado -creación de la Santa Hermandad y del Consejo Real,
regulación de la Hacienda Real, incorporación de los maestrazgos de
la Ordenes Militares a al corona la nombrar a Fernando Gran Maestre
de cada una de ellas, etc.-. Parece que la actividad en Aragón no
fue tan numerosa, destacando su actuación en la resolución de los
problemas de los campesinos de remensa a través de la sentencia
arbitral de Guadalupe (1486). Su intento de sustituir a los
diputados de la Generalitat catalana por otros elegidos por el
monarca no prosperó, teniendo mayor éxito en la implantación de la
insaculación para la elección de cargos en el ayuntamiento
barcelonés y de otras ciudades. El restablecimiento de la
Inquisición en la corona aragonesa trajo en un primer momento
problemas graves que acabaron con el asesinato del inquisidor Pedro
de Arbues. La respuesta fue contundente y la Inquisición se afianzó
en la corona. Siempre se ha hecho referencia al reparto de funciones
entre Isabel y Fernando, adjudicando a la soberana los asuntos
internos y al monarca los externos. En los asuntos de política
exterior Fernando demostró su capacidad política. Uno de los
primeros objetivos será poner punto final a la Reconquista, en unos
momentos en que el reino nazarí de Granada estaba dando muestras de
crisis y decadencia. La guerra duró diez años y en enero de 1492
Boabdil entregaba las llaves de la ciudad, poniendo fin a siete
siglos de presencia musulmana en la península. A pesar de que la
empresa se presentó como iniciativa de la corona castellana, el
papel desempeñado por Fernando será crucial. También participó en la
aventura americana que permitiría a Colón descubrir un nuevo
continente, siendo uno de los valedores de las Capitulaciones de
Santa Fe. Pero las miras del rey estaban en la defensa de los
intereses aragoneses en el Mediterráneo y aquí debemos hacer
referencia a los asuntos italianos y norteafricanos. En el norte de
Africa se toman importantes plazas: Melilla (1497), Mers-el-Kebir
(1505) y Orán (1509) estableciéndose protectorados en Bujía, Trípoli
y Argel. El Magreb parecía estar ocupado por la corona hispánica
cuando la derrota en la isla de Gelves (1511) hizo despertar del
sueño. El control de unas cuantas plazas fuertes será el resultado
de dicha derrota, poniéndose de manifiesto la fortaleza del Imperio
Turco en el Mediterráneo oriental. En Italia la corona de Aragón
controlaba Cerdeña y Sicilia mientras que Nápoles estaba gobernado
por Ferrante, hijo natural de Alfonso V el Magnánimo. Carlos VIII de
Francia también tenía intereses en la península y alcanzó un trato
con Fernando: la devolución a Aragón del Rosellón y la Cerdaña
-perdidos en la reciente guerra catalana- a cambio de libertad de
actuación francesa en Italia -Tratado de Barcelona, 1493-. Pero la
intervención del monarca francés en Nápoles motivará que Fernando
organice una Liga Santa junto al emperador Maximiliano, el papa
Alejandro VI, Milán y Venecia. Don Gonzalo Fernández de Córdoba
dirigirá las tropas aliadas que serán derrotadas en Seminara pero
que reaccionarán contundentemente en los próximos años y obligaran a
Francia a establecer la retirada. Luis XII de Francia vuelve a la
carga, ahora de manera diplomática y firma con Fernando el Tratado
de Granada (1500) por el que se reparte el reino de Nápoles. Las
aplicaciones del tratado traerán complicaciones y estallará de nuevo
la guerra, obteniendo don Gonzalo dos importantes victorias en
Ceriñola y Garellano (1503) siendo incorporado el reino de Nápoles a
la corona aragonesa dos años después. La política matrimonial
desarrollada por los Reyes católicos -título obtenido en 1494 de
manos de Alejandro VI- tendrá como objetivo aislar a Francia,
buscando como aliados de los reinos hispánicos a Portugal, el
Imperio e Inglaterra. Los enlaces serán los siguientes: Isabel
casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su
heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de
Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana
contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del
emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de
Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de
Inglaterra. El 26 de noviembre de 1504 Isabel fallece en Medina del
Campo dejando como heredera de Castilla a su hija Juana. El
testamento tiene un curioso párrafo: "cuando la Princesa, mi hija,
no estuviere presente en estos reinos o estando en ellos no quisiere
o no pudiere entender en la gobernación de ellos (...) el rey
Fernando, mi señor, rija, administre y gobierne los dichos mis
reinos y señoríos por la dicha Princesa" . Quizá por este párrafo
podemos deducir que Isabel aprecia ciertos trastornos mentales en su
hija y no desea que el reino caiga en manos de Felipe. Fernando se
hace cargo de Castilla como regente hasta la llegada de los nuevos
reyes que están en Flandes. Pero la nobleza castellana empieza a dar
muestras de preocupación y deseos de responder a los agravios
realizados anteriormente por los monarcas. Esta nobleza levantisca
apoya incondicionalmente a Felipe como rey quien también recibe el
apoyo de Luis XII de Francia y del Imperio. Una vez más Fernando da
muestras de su inteligencia política y firma con el rey francés la
paz de Blois (1505) por la que Luis renunciaba a sus derechos sobre
Nápoles y Fernando contraía matrimonio con la sobrina del monarca
francés, Germana de Foix. El matrimonio se celebró en Valladolid el
18 de marzo de 1506 y a los pocos meses Fernando abandona Castilla
rumbo a sus posesiones de Aragón, evitando cualquier problema con su
hija Juana y Felipe. La muerte de El Hermoso el 25 de septiembre de
1506 vuelve a poner de nuevo a Fernando en la órbita castellana.
Juana da muestras de incapacidad mental y en el país impera la
anarquía por lo que Cisneros decide llamar a Fernando en calidad de
regente, iniciándose la segunda regencia que abarcará entre 1507 y
1516. En el otoño de 1509 se encierra a Juana en Tordesillas al ser
declarada loca -locura por razones de Estado más que cuestiones
psíquicas, posiblemente- y ese mismo año fallece el pequeño Juan,
hijo de Fernando y Germana (3 de mayo de 1509). La energía
caracteriza este segundo periodo de regencia imponiendo fuertes
castigos a la nobleza levantisca, siendo el episodio más destacado
la invasión de Navarra en 1512. La invasión del reino vecino se
encuadra en las luchas contra Francia ya que el pequeño estado era
un fiel aliado francés. La excomunión de Julio II al monarca francés
se hizo extensiva a Navarra y Fernando ordenó al duque de Alba la
invasión que se consumó con la rendición de Pamplona el 25 de julio
de 1512. Antes de morir Fernando redactó dos testamentos; en el
primero de mayo de 1512 dejaba al infante Fernando como regente en
espera de la llegada de Carlos I. Sin embargo este testamento será
modificado en enero de 1516 al designar al cardenal Cisneros como
regente de Castilla. En un delicado estado de salud, Fernando
emprendió un viaje a Andalucía para organizar una gran armada contra
los turcos pero antes de llegar la comitiva regia a Madrigalejo
(Cáceres) el rey fallecía. Era el 23 de enero de 1516 y las coronas
de Castilla y Aragón iban a parar al joven Carlos quien se hacía
proclamar rey en Bruselas el 14 de marzo de 1516.
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Los reyes abajo
mencionados también fueron reyes de Aragón
Carlos I 1516 - 1556
El 24 de febrero de 1500
nacía en Gante Carlos I de España y V de Alemania. Sus padres eran
Felipe de Habsburgo, conocido como El Hermoso, archiduque de
Austria, duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y
Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes, y doña Juana de
Castilla, heredera de la corona castellana y de la aragonesa. Sus
abuelos maternos eran nada menos que los Reyes Católicos y los
paternos el Emperador Maximiliano I y doña María de Borgoña. Como
heredero de todos ellos al ser el primogénito, Carlos obtendrá uno
de los mayores imperios del Renacimiento, siendo uno de los primeros
impulsores de la idea de unificación en Europa, tomando la religión
católica como el instrumento unificador. La educación del joven
príncipe corrió a cargo de su tía Margarita de Austria, mujer de
gran cultura que inculcará en Carlos el amor por las artes y la
cultura. Como preceptor se hizo cargo del muchacho el cardenal
Adriano de Utrecht, futuro papa Adriano VI. Desde los nueve años
encontramos a otro personaje en el círculo de Carlos: Guillermo de
Croy, señor de Chievres, hombre de gran codicia que se ganó la
confianza del príncipe, durmiendo incluso en la misma habitación que
él con la excusa de que si el príncipe se despertaba, tendría
alguien con quien hablar. Aunque esta relación no parece
aparentemente positiva, el contacto de Carlos con Guillermo de Croy
le convertirá en un hombre de estado, acercándole a los secretos del
gobierno. En 1516 fallece don Fernando el Católico, dejando vacante
la corona de Aragón, mientras que la corona castellana estaba en
manos de doña Juana, recluida en Tordesillas debido a su enajenación
mental. Esto convertía a Carlos en regente del reino de Castilla
aunque en realidad todo el poder quedaba en sus manos. Carlos
embarcó en Flandes con destino a la península ibérica, llegando a
las playas de Asturias en septiembre de 1517. El cardenal Cisneros,
regente de Castilla, acudió al encuentro con el nuevo rey, pero
falleció en Roa antes de que se produjera. El cardenal no sufrió la
humillación de ver como el monarca le entregaba la dimisión, ingrata
recompensa para un hombre que tanto había dado al reino. La
camarilla de flamencos que rodeaba al inexperto rey (tenía 17 años y
no sabía hablar castellano, por lo que no se podía comunicar con sus
súbditos) acaparó rápidamente todos los puestos de confianza,
iniciando una auténtica caza y captura de los caudales del reino que
salían de las fronteras para la financiación de los asuntos en los
Países Bajos. Lo primero que hizo Carlos en tierras españolas fue
visitar a su madre, encerrada en Tordesillas desde hacía más de
siete años. El encuentro entre madre e hijos (a Carlos le acompañaba
su hermana Leonor, futura esposa de Manuel I de Portugal) fue
emotivo ya que hacía más de doce años que no se veían. Posiblemente
el motivo de la visita sería la legitimación de la decisión de
coronarse rey (lo que había hecho en Bruselas el 14 de marzo de
1516) cuando la legítima propietaria de Castilla no había fallecido.
Para solucionar este problema legal y político, desde este momento
en todos los documentos oficiales figurarán el nombre de ambos
soberanos, siempre el de la reina en primer lugar. Otro problema le
surge a la camarilla flamenca con don Fernando, el hermano menor de
Carlos, nacido en Alcalá de Henares, criado y educado en Castilla,
con un amplio número de partidarios dispuestos a coronarle. Incluso
los Guzmán pensaron en llevar a Fernando a Aragón donde sería
coronado rey con el apoyo de doña Germana de Foix, segunda esposa
del Católico. Con el fin de eliminar problemas, Chievres decidió
enviar a don Fernando a Bruselas. Sin embargo, las Cortes reunidas
en Valladolid se opusieron a dicha medida, exigiendo que Fernando
permaneciera en España al menos hasta que Carlos tuviera
descendencia. Pero Chievres consiguió su objetivo y envió al infante
a Bruselas, saltándose la decisión de la asamblea. Los ánimos
estaban bastante encendidos ya que los procuradores a Cortes
(encabezados por el representante de Burgos, Juan de Zumel) no
admitían que la presidencia estuviera en manos de un extranjero,
Jean de Sauvage, ni los desmanes cometidos por los flamencos. Por
eso se realizaron una serie de exigencias al rey como el respeto a
las leyes de Castilla, el inmediato despido de los extranjeros que
tuviera a su servicio, el aprendizaje del castellano y la ubicación
de castellanos en los cargos más importantes. Carlos juró respeto a
las leyes castellanas y consiguió un crédito de 600.000 ducados por
un plazo de tres años. Superado el escollo castellano, Carlos pone
rumbo a Aragón donde las complicaciones también estaban a la orden
del día. En las Cortes aragonesas existía un amplio grupo que quería
nombrar príncipe-heredero a Fernando. Tras meses de duros debates,
las Cortes reconocieron a Carlos como rey y le otorgaron un
empréstito de 200.000 ducados. Después pondría rumbo a Cataluña
donde los tratos también se prolongaron en el tiempo. Un año tuvo
que estar el rey entre sus súbditos catalanes. En Barcelona recibe
la noticia de su elección como Emperador, el 28 de junio de 1519.
Este nombramiento encenderá los ánimos en Castilla, al considerar
que los gastos de Carlos aumentarían considerablemente. Rápidamente
se extendieron las protestas desde Toledo a las otras ciudades del
reino, exigiendo la convocatoria de una reunión de Cortes donde se
recomendase al monarca que no se marchara del país, que no
permitiese el saqueo de las arcas castellanas por los flamencos y
que éstos abandonasen los cargos que ocupaban. Las Cortes fueron
convocadas en Santiago de Compostela, pero con unos propósitos
absolutamente diferentes. Los procuradores eran reacios a las
propuestas que les hacían los consejeros de Carlos por lo que
Gattinara decidió unilateralmente trasladar la reunión a La Coruña,
donde se concedió el ansiado subsidio con el que Carlos se
trasladaba a Alemania. El cardenal Adriano de Utrecht quedaba como
regente de un país en rebeldía. Desde que Carlos marchó a Alemania
(mayo de 1520) hasta su regreso a Castilla (julio de 1522) se
sucederán en España dos de los episodios más destacables del siglo
XVI: la revuelta de las comunidades en Castilla y la rebelión de las
germanías en Valencia. Camino de Alemania, Carlos hizo escala en
Inglaterra, llegando a Aquisgran donde sería coronado Rey de Romanos
en octubre de 1520. Al recibir el nombramiento, el nuevo emperador
se compromete a mantener los derechos de los príncipes, mantener el
orden imperial, emplear oficiales alemanes en el interior de las
fronteras, restaurar el Consejo de Regencia y convocar una Asamblea
de los Estados. Dicha asamblea, denominadas Dietas, tiene lugar en
Worms en 1521. En esta reunión Fernando es nombrado regente del
Imperio y elevado al rango de archiduque. Lutero es declarado
proscrito, iniciándose el enfrentamiento religioso que implica la
expansión del luteranismo. En la primavera de 1522 Carlos pone rumbo
a España, haciendo una escala en Inglaterra para firmar un acuerdo
con Enrique VIII con el fin de establecer la defensa de ambos países
contra Francia. En julio desembarcaba en Santander y desde ese
momento van a primar los asuntos exteriores sobre la política
interior. Y es que Carlos tendrá desde el primer momento una idea
imperial en su cabeza, imaginando una comunidad supranacional de
estados europeos unidos por la religión cristiana y vinculados por
la común pertenencia a la dinastía de los Habsburgo. Esta es la
razón por la que se considera a Carlos como uno de los primeros
impulsores de la Unión Europea. Lógicamente estas ideas provocan una
serie de obstáculos. El primero será Francia, cuyas fronteras
estaban rodeadas por los territorios de los Habsburgo, algo similar
a lo que le ocurre al Papado. Entre 1521 y 1544 Carlos va a
involucrarse en cuatro guerras con Francisco I de Francia, guerras
en las que el emperador saldrá victorioso en mayor medida. Esta es
la razón por la que se considera a ambos personajes como los últimos
caballeros medievales, llegándose a plantear el enfrentamiento mutuo
en un duelo para solucionar los conflictos. Muerto Francisco I será
su sucesor, Enrique II, quien continúe con el conflicto, obteniendo
el francés una contundente victoria. Con el fin de fortalecer sus
relaciones con Portugal, Carlos eligió como esposa a Isabel, la hija
del rey Manuel I de Portugal y María de Aragón, hija de los Reyes
Católicos. Los cónyuges eran primos hermanos lo que no eran una
disculpa ya que en la época los matrimonios entre los miembros de
las familias reales se consideraban una manera de mejorar la raza.
Isabel era una mujer muy atractiva, con unos bellos y grandes ojos
azules y un cuerpo esbelto, destacando por encima de su belleza su
inteligencia, como tendrá oportunidad de demostrar en sus numerosas
regencias del país. La boda se realizó en Sevilla el 11 de marzo de
1526, pasando los novios la luna de miel en Granada. Parece que el
amor nació de manera inmediata entre los cónyuges, a pesar de que
Carlos ya tenía una hija, fruto de su relación con Margarita van
Gest durante su estancia en Flandes, en 1522. Margarita de Austria
será el nombre de la primera hija ilegítima de don Carlos. Uno de
los momentos más importantes para Carlos será su coronación como
emperador que tuvo lugar en Bolonia el 24 de febrero de 1530, el
mismo día de su cumpleaños. Clemente VII se convertía en aliado de
la causa imperial al imponer a Carlos la corona de hierro de los
longobardos. Los cronistas nos cuentan que para pasar del palacio
donde se alojaba el séquito imperial hasta la catedral de San
Petronio se había colocado una pasarela, que se rompió en el momento
de pasar la comitiva. Todo quedó en un gran susto, solventado por
las fiestas que se celebraron. El acuerdo con el papa que permitió
la coronación obligará a Carlos a la defensa de los territorios de
la Iglesia, sometiendo Florencia y llegando a un acuerdo con
Venecia. De esta manera se pacificaba temporalmente la península
italiana. El nuevo enemigo procede ahora de Turquía y tiene un
nombre propio Solimán I. En este nuevo frente de conflicto destaca
la toma de Túnez por las tropas imperiales el 21 de julio de 1535.
Dos duros golpes va a soportar Carlos en 1539. El fallecimiento de
su esposa el 1 de mayo de 1539 provocó su hundimiento, retirándose
al monasterio de la Sisla durante dos meses, tiempo en el que no
permitió ningún tipo de visitas. Cuando parecía lago recuperado le
llega la noticia del motín que se produce en su ciudad natal, Gante.
El levantamiento había sido provocado por la negativa de los
ciudadanos a pagar impuestos para sufragar las guerras contra
Francia, incitando a la revuelta a las ciudades vecinas. Para
sofocar la rebelión, Carlos cruzó Francia invitado por Francisco y
cuando llegó a Gante la revuelta se sofocó, con su sola presencia.
Nueve dirigentes fueron ejecutados, la villa perdió sus privilegios
y tuvieron que pagar una indemnización, siendo obligados a mantener
una guarnición. Como hombre de acción, una vez tranquilizados la
mayoría de los frentes, Carlos se enzarzó en una nueva empresa: la
expedición contra Argel en octubre de 1541, encontrándose con una
tempestad que provocó la pérdida de 14 galeras y unas 100
embarcaciones menores. La operación resultó un fracaso y el
emperador ordenó reembarcar. Un nuevo frente de conflicto se cierne
sobre el Imperio, siendo uno de los mayores fracasos cosechados por
Carlos. La cuestión protestante motivará un gravísimo problema en
Alemania, consiguiendo imponer el emperador la fuerza en la batalla
de Muhlberg (24 de abril de 1547), inmortalizado por Tiziano en un
excelente retrato ecuestre. Sin embargo, esta euforia no es muy
duradera ya que los alemanes se aliaron con Enrique II de Francia,
quien tomó las plazas imperiales de Metz, Toul y Verdún, al tiempo
que los turcos tomaban Trípoli y Mauricio de Sajonia traicionaba la
confianza de Carlos y le atacaba en Innsbruck, pudiendo escapar por
los nevados pasos de los Alpes para salvarse en Italia. Las amenazas
eran continuas y las dificultades financieras aún peores, por lo que
Carlos, cansado y decepcionado, decidió abdicar. El 25 de octubre de
1555, ante los Estados Generales reunidos en Bruselas, el emperador
dejaba la soberanía de los Países Bajos en manos de su hijo Felipe.
Tres meses más tarde, el 16 de enero de 1556, renunciaba a las
coronas de Castilla, León, Aragón-Cataluña, Cerdeña y Sicilia a
favor de Felipe. En septiembre del mismo año abdicaba el gobierno
del Imperio en su hermano Fernando y se embarcaba rumbo a España. En
febrero de 1557 llega al monasterio de Yuste con el fin de
descansar, disfrutar de la comida y de la tranquilidad, ganada tras
casi 30 años de intenso ajetreo. En Yuste fallecía Carlos I de
España y V de Alemania el 21 de septiembre de 1558.
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Felipe II 1556 - 1598
La personalidad del Rey
Prudente definirá la historia europea de la segunda mitad del siglo
XVI. Su nacimiento en Valladolid el 21 de mayo de 1527 llenará de
gozo a sus padres, el emperador Carlos V y doña Isabel de Portugal.
Las fiestas que se celebraron a continuación quedaron interrumpidas
cuando llegó la noticia de un hecho que crispó a la Cristiandad: el
saqueo de Roma por las tropas imperiales. Carlos se vistió de luto y
los festivales, torneos y justas quedaron suspendidos. El pequeño
Felipe será jurado como heredero de la corona de Castilla el 10 de
mayo de 1529 en el madrileño convento de San Jerónimo. La educación
del príncipe quedará en manos de doña Isabel debido a los continuos
viajes del emperador. En 1534 don Juan Martínez Siliceo será
nombrado su tutor para que "le enseñase a leer y escribir". Al año
siguiente el príncipe tenía casa propia y don Juan de Zúñiga era
designado su ayo. Siliceo y Zúñiga diseñarán la educación del
muchacho. Como bien dice Henry Kamen: "Como alumno, el Príncipe no
era ni un modelo ni, mucho menos, sobresaliente. Su manejo del latín
siempre fue regular, su estilo literario, en el mejor de los casos,
mediocre, y su caligrafía siempre generalmente deficiente. Educado
como un humanista, nunca llegó a serlo". Las relaciones de don
Felipe con su madre fueron muy estrechas por lo que el fallecimiento
de doña Isabel en 1539 supuso un golpe muy duro para el pequeño
príncipe. Ese mismo año inicia sus tareas políticas ya que queda
como regente del Reino ante la marcha de su padre hacia la ciudad de
Gante. Felipe tenía doce años y recibió la estrecha colaboración de
un Consejo de Regencia, integrado por don Francisco de los Cobos, el
cardenal Tavera y el duque de Alba, familiarizándose con los asuntos
de Estado. Su primer matrimonio se producirá el 15 de noviembre de
1543. La elegida será su prima María Manuela de Portugal. La
duración de enlace será apenas de un año ya que la esposa falleció
tras el parto del príncipe Carlos, el 12 de julio de 1545. El mismo
año de su matrimonio Felipe volvió a quedar como regente de
Castilla. Seguía asesorado por un consejo y las últimas decisiones
estaban en manos del emperador pero Felipe iba recogiendo la
necesaria experiencia. El año 1554 será el de su segunda boda. La
nueva esposa será la reina de Inglaterra, María Tudor, ya que a
Carlos V le interesaba especialmente la alianza inglesa. Felipe
recibe el título de rey de Nápoles y duque de Milán, trasladándose a
Londres para celebrar su boda, el 25 de julio de 1554. El propio
príncipe consideró siempre su enlace como una cuestión de Estado y
permaneció largo tiempo en tierras inglesas. Asuntos de Estado le
llevaron a Flandes, donde el 25 de octubre de 1555 recibía de su
padre la soberanía de los Países Bajos. El trato con los holandeses
y alemanes fue muy estrecho, convirtiéndose en un monarca querido
por sus súbditos. Al año siguiente Carlos abdicaba en su hijo las
coronas de Castilla y Aragón, lo que hacía a Felipe el dueño del
Imperio más importante de su tiempo. Su tío Fernando recibía el
Imperio Alemán y los estados patrimoniales de los Habsburgo, familia
que se dividía en dos ramas: la austriaca y la española. En marzo de
1557 regresaba a Inglaterra convertido en rey de España y pasa
algunos meses en compañía de su esposa, intentando engendrar el tan
deseado hijo. En julio regresa a los Países Bajos para conseguir una
de las mayores victorias militares de su reinado: la batalla de San
Quintín, el 10 de agosto de 1557. El triunfo provocaba el fin de la
guerra con Francia y la firma de un acuerdo de paz, el Tratado de
Cateau-Cambresis, con el que se ponía fin a la disputa por el
control de Italia que quedaba en manos españolas. El tratado se
sellaba con el matrimonio de Felipe con la joven Isabel de Valois
-Felipe había enviudado por segunda vez en noviembre de 1558, sin
conseguir el deseado heredero-. De este enlace nacerán las dos hijas
con las que el monarca mantendrá una estrecha relación: Isabel Clara
Eugenia y Catalina Micaela. A su llegada a España en 1559 inició una
serie de cambios en la práctica y en la forma de gobierno, rompiendo
de esta manera con la tradición medieval y otorgando un carácter
innovador a la Corona, al tiempo que se fijaban las bases de la
administración pública moderna. Fruto de estos cambios será el
establecimiento de la corte permanente en Madrid (1561), la reforma
de la audiencia de Sevilla (1556), o la creación del Consejo de
Italia (1558) y de las audiencias de Charcas (1559), Quito (1563) y
Chile (1567). La paz con Francia le permitiría poner en práctica una
política mediterránea encaminada a frenar el expansionismo turco por
el norte de África y en la zona occidental del "Mare Nostrum".
Precisamente para poner fin a esta expansión se formó la Liga Santa
junto a Roma, Venecia y Génova, consiguiendo la espectacular
victoria en la Batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) dirigiendo
las naves el hermano del monarca, don Juan de Austria. Don Juan
había participado también con éxito en el aplastamiento de la
revuelta de los moriscos granadinos en 1568. Ocho años después se
producirá una segunda rebelión, llegando a solicitar ayuda a los
turcos. Esta segunda tentativa tendrá también una escasa incidencia
y será sofocada. El freno al avance turco llegará por la vía
diplomática a través de intermediarios. Felipe II conseguía cerrar
un frente de lucha y poder centrarse en los conflictos atlánticos,
especialmente la Guerra de los Países Bajos, prioridad en la
política felipina desde que se produjo la primera rebelión en 1566,
sofocada duramente con la intervención del duque de Alba y la
ejecución de los condes de Horn y Egmont. La muerte de Isabel de
Valois y el príncipe Carlos y la invasión del príncipe de Orange en
los Países Bajos motivaría que el año 1568 esté considerado como el
"annus horribilis" del reinado de Felipe. Quedaba viudo por tercera
vez, sin heredero varón y con una guerra en ciernes en el norte de
Europa. En 1570 volverá a contraer otra vez matrimonio -el cuarto-
siendo la elegida su propia sobrina, doña Anna de Austria. El
matrimonio tendrá 5 hijos, sobreviviendo sólo el heredero de la
corona, el futuro Felipe III. Doña Anna fallecería en 1580 pero el
rey ya no se volvería a casar, pasando sus últimos años viudo. En
esta década de los 70 la corte madrileña vivirá momentos de tensión
y rivalidades al enfrentarse de manera casi abierta las dos
facciones que competían por el favor real. La encabezada por el
duque de Alba y la liderada por el príncipe de Eboli -a su muerte
será Antonio Pérez quien se convierte en el jefe de este grupo-.
Entre 1576-1579 las rivalidades casi provocan un colapso
administrativo. Estos enfrentamientos tuvieron su punto culminante
en el asesinato de don Juan de Escobedo, secretario particular de
don Juan de Austria, el 31 de marzo de 1578, involucrándose al
propio monarca cuando el promotor del asesinato era Pérez. Mientras
estas rivalidades se producían en la corte, en los Países Bajos la
situación era cada vez más complicada. La política militarista del
duque de Alba había dejado paso a una línea más dialogante
establecida por don Luis de Requesens pero su fallecimiento en 1576
y el saqueo de Amberes por las tropas no favorecieron esta nueva
línea política emprendida. Don Juan de Austria pudo conseguir
finalizar el conflicto pero su muerte en Namur (1578) tampoco ayudó.
Felipe apostó por la llegada del cardenal Granvela como secretario
de Estado para resolver la crisis tanto política como financiera. De
esta manera se daba paso a la segunda etapa del reinado
caracterizada por el inicio del declive físico y moral del monarca.
La anexión de Portugal en 1581 será la gran victoria de este momento
-Felipe había sido nombrado rey de Portugal en 1580 por las cortes
de Thomar tras el fallecimiento del cardenal don Enrique, regente
del reino a la muerte de don Sebastián- pero la situación en Flandes
estaba estancada a pesar de los éxitos iniciales de Alejandro
Farnesio. La intervención de Isabel I de Inglaterra en el conflicto
de los Países Bajos inclinará la balanza a favor de los rebeldes
holandeses. La reacción del Rey Prudente será la organización de la
Armada de Inglaterra con la que pretendía invadir la isla británica,
contando con el embarque de las tropas de Farnesio. El desastre de
la Armada en el año 1588 iniciará la etapa de declive tanto política
como física del reinado de Felipe II. Esta tercera etapa vendrá
marcada por la progresiva dejación de funciones del monarca ya que
sus achaques y enfermedades le impedían controlar todos los asuntos
como era de su agrado. Para colaborar con las decisiones del monarca
se crea la Junta de Noche (1585) en la que participa el secretario
Vázquez de Leca. Cinco años más tarde se organiza la Junta Grande,
consejo cuyo objetivo primordial será hacer frente a la caótica
situación económica pero que se convertirá en la verdadera encargada
del gobierno de la Monarquía. Estos últimos años vendrán
caracterizados en cuanto a la política exterior por la intervención
en la política francesa a través de su apoyo a la Liga Católica. Los
deseos de situar a su hija Isabel Clara Eugenia en el trono francés
-era hija de Isabel de Valois- no se verán satisfechos al coronar a
Enrique IV como monarca galo. El inicio de un conflicto en la zona
norte de Francia, en el que participarían activamente las tropas de
Alejandro Farnesio, diversificaría los frentes de lucha y permitirá
la consolidación de la posición holandesa. La Paz de Vervins (1598)
ponía fin a la lucha hispano-francesa y dejaba los Países Bajos en
manos de Isabel Clara Eugenia, casada con el archiduque Alberto. A
medida que va avanzando en edad, la salud de Felipe II se iba
deteriorando y los ataques de gota se repetían con mayor frecuencia.
Llegará un momento en que no pueda firmar debido a la artrosis de su
mano derecha. A finales del mes de junio de 1598 Felipe sufrió unas
fiebres tercianas que le postraron en la cama, sufriendo dolores tan
intensos que no se le podía mover, tocar lavar o cambiar de ropa. A
las cinco de la madrugada del domingo 13 de septiembre de 1598
fallecía Felipe II en el monasterio de El Escorial. Tenía 71 años y
su agonía había durado 53 días.
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Felipe III 1598 - 1621
Nacido en 1578, el hijo de
Felipe II y de Ana de Austria. En 1582 se le designó heredero al
trono, cargo que ocupó sucediendo a su fallecido padre en 1598. Ese
mismo año contrajo matrimonio con la archiduquesa Margarita, hija
del archiduque Carlos y de María de Baviera, nieta del emperador
Fernando I. Su afición a la caza le hizo delegar el gobierno en
manos de los validos, el principal de ellos el duque de Lerma,
Francisco Gómez de Sandoval. Tradicionalmente se ha asignado a este
rey y su valido una imagen de indolencia y dejadez hacia los asuntos
públicos; sin embargo, sí que existieron algunas iniciativas
emprendidas para reformar determinados ámbitos de la administración
y de búsqueda de soluciones a los problemas de la nación, los más
principales de ellos el deterioro de la paz interior, dificultada
por las tensiones entre los distintos reinos; la caída del peso de
España en el conjunto de las naciones europeas y la crisis
institucional. En 1602 se realizó una visita para evaluar y conocer
las deficiencias y problemas de la administración, demostrando la
existencia de una amplia y generalizada corrupción funcionarial en
el seno del Consejo de Hacienda. Se supo también de la deficiente
organización de las instituciones, alguna de las cuales veían sus
competencias poco o mal definidas, lo que provocaba recelos y una
deficiente labor administrativa. Como solución, se fijaron nuevas
ordenanzas para eliminar las competencias entre los distintos
organismos que formaban el Consejo de Hacienda. Por otro lado, se
intentó solucionar el retraso en las actuaciones administrativas
haciendo que el Consejo de Indias dictaminase en días separados los
asuntos relativos al gobierno, la guerra, la hacienda y la justicia.
Para proteger el comercio con las colonias americanas y los
cargamentos de oro y plata que de allí provenían, amenazados por la
piratería y el corso, se creó la Junta de Guerra de Indias. Además
de la Indias, surgieron también otras Juntas como las de Desempeño
(1603), la de Hacienda de Portugal (1660), etc, que no supusieron
una fuerte reforma de las instituciones y cuyo efecto más inmediato
fue reducir las competencias de los Consejos. Algunas Juntas
tuvieron una duración corta, mostrando que la solución que se quiso
dar a los problemas no fue acertada y que, además de no agilizar la
función pública, su influencia sobre ella fue perniciosa e incapaz
de resolver los problemas. Con Felipe III las Cortes debieron ser
convocadas con frecuencia para atender asuntos de fiscalidad -como
los servicios de millones de 1601, 1608 y 1619-, con lo que su
importancia creció considerablemente, así como su poder frente a la
Corona. Se encargaban también de colaborar en la elaboración y
vigilancia relativa del presupuesto de la Hacienda Pública, control
que la Corona trató de evitar recurriendo a su poder sobre las
ciudades mediante la distribución del patronzago y a su influencia
sobre procuradores y poderes locales castellanos. En consecuencia,
se intensificó el dominio efectivo del trono sobre el territorio, a
pesar de la pervivencia de instituciones con las que en ocasiones
competía, lo que derivó en una mayor capacidad de integración y la
ausencia de repuestas en forma de conflicto. En 1619 el duque de
Lerma es apartado del poder, y con él cae en desuso la figura del
valido plenipotenciario, figura que aparece cuestionada a partir de
entonces y sujeta a restricciones. El aumento del poder de la
monarquía supone también un mayor grado de control sobre las Cortes
y otras instituciones. La Corte se estableció en Valladolid entre
1601 y 1606. La crisis económica y el consejo de los arbitristas
promovieron una política de no confrontación con el enemigo
tradicional, Inglaterra, y con Holanda, quese plasmó en la paz con
la primera, firmada en 1604, y en la Tregua de los Doce Años, con la
segunda, firmada en 1609. La política pacifista se asentó también en
una mejora de las relaciones con Jacobo I de Inglaterra y en una
acertada política de enlaces matrimoniales, que unió a Luis XIII con
una infanta española y al futuro Felipe IV con Isabel de Borbón. Sin
embargo, pronto la tendencia se vio rota al observar el ventajoso
aprovechamiento holandés del tratado de paz, a la "conjuración de
Venecia", lo que abría un nuevo escenario de conflicto, esta vez en
Italia, y al inicio de la Guerra de los Treinta Años. La difícl
situación en Bohemia hizo que se dedicasen los esfuerzos militares
hacia el Imperio, a pesar de los planes de Lerma de atacar Argel
como continuación de la expulsión de los moriscos (1609). El final
del reinado sucedió en medio de graves enfrentamientos con las
Cortes, acaecidos por el control ejercido por éstas en las
concesiones de servicios. Felipe III falleció en 1621.
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Felipe IV 1621 - 1665
Hijo de Felipe III y de su
esposa Margarita de Austria, nació en Valladolid en 1605. En 1621
alcanzó el trono, tras la muerte de su padre. Casó dos veces, con
Isabel de Borbón en 1615 y con Mariana de Austria en 1648, de cuyos
matrimonios nacieron doce hijos, sólo tres de los cuales sobrevivió
(María Teresa, Margarita y Carlos II). Tuvo además un hijo fuera de
sus matrimonios, don Juan José de Austria (1629), con la actriz
María Calderón, alias "La Calderona", oficialmente reconocido en
1642 pero rechazado que vio rechazada por su padre en 1663 su
pretensión de ser considerado infante. Objetivo prioritario de su
mandato fue restaurar el poder del trono, que había sufrido una
merma considerable en el reinado anterior. Delegó su poder en el
poderoso valido conde-duque de Olivares (1621-1643), con el fin de
realizar un ambicioso proyecto de reforma que afectaba a buena parte
de las instituciones. Su primera labor se centró en la Hacienda, en
la que se intentó la recuperación de rentas enajenadas, el control
sobre el gasto público, el ordenamiento y estructuración del sistema
impositivo, etc. En el ámbito económico, se intentó importar el
modelo mercantilista holandés y se presentó el proyecto de la Unión
de Armas, cuya finalidad era ordenar y canalizar los recursos
provenientes de los territorios periféricos, necesarios para
mantener un ejército capaz de hacer frente a los conflictos abiertos
y, de paso, establecer la periodicidad y seguridad de las entregas a
la Hacienda real. El proyecto de reformas se completó además con las
medidas moralizantes propuestas por la Junta de Reforma, entre 1618
y 1622. En 1624 la ideología reformadora se plasmó en el Gran
Memorial, cuyas grandes líneas de actuación eran la consecución de
una monarquía de corte administrativo, dominada por la eficacia, y
la racionalización de las acciones de gobierno, encaminadas ahora
hacia el cumplimiento de objetivos y con criterios puramente
ejecutivos. Sin embargo, diversos problemas darán al traste con el
proyecto reformador. La cantidad decreciente de oro que llega al
puerto de Sevilla entre 1619 y 1621, la oposición de la Cortes a los
cambios en los impuestos, la oposición de las regiones a la Unión de
Armas y el enfrentamiento de los consejos al Conde-Duque y a sus
juntas, todo ello incidió para declarar la primera quiebra de la
monarquía en 1627, tras haber conseguido dos grandes victorias
militares en 1625 (Bahía y Breda). Además, la intervención en
Bohemia en 1618 y la no renovación de la tregua de Amberes (1621),
viciaron la política exterior y supusieron un quebradero más de
cabeza para el gobierno de Olivares. La situación se fue tornando de
dramática a desastrosa. A pesar del beneficio que en primera
instancia supuso la quiebra, por cuanto las primeras medidas -
sustitución de los asentistas genoveses por portugueses, súbditos
del rey, y deflacción de 1628- dieron su fruto y enjugaron algo el
déficit, las medidas y acontecimientos siguientes resultaron
nefastos. Así, entre 1621 y 1626 se procedió a acuñar moneda de
vellón en exceso; a la carísima intervención en Mantua, siguieron
las derrotas de Matanzas (1628), Hertogenbosch (1629) y Pernambuco
(1630), con la pérdida de la primera. Las medidas no hicieron sino
agravar la situación: la abolición de los millones por parte de
Felipe IV y el incremento excesivo del monopolio de la sal en 1631
provocaron la rebelión en Vizcaya (1631-1634); los proyectos de
reforma quedaron definitivamente aparcados, instalada la monarquía
en un esfuerzo bélico que implicaba a todos los territorios y que
consumía los escasos recursos de la Hacienda. En 1635 se inicia la
guerra con Francia, un costosísimo conflicto que ahondará la crisis
de la monarquía, obligada a recurrir a la venta de regalías y
patrimonio de la Corona, al papel sellado (1636), a donativos y
valimientos, y a la utilización de las Cortes para aumentar los
servicios. La acuciante necesidad de fondos incrementa, además, la
presión sobre una nobleza ya endeudada, sobre la que recaerá la leva
de tropas y la defensa del reino, mientras que es alejada de la
Corte por Olivares. Si bien el desarrollo de la guerra fue en
principio exitoso (Nordlingen, 1634; Fuenterrabía, 1638), las
medidas tomadas para sufragarla provocaron las revueltas de
catalanes y portugueses (1640) y costaron el puesto a Olivares
(1643). En su lugar, se formó un gobierno de emergencia, tutelado
por Felipe IV, quien ya no volverá a dar el mismo grado de poder a
ningún valido. A pesar del cambio de gobierno, los problemas
continúan. La guerra prosigue y con ella la excesiva presión fiscal,
que dará lugar a una nueva quiebra en 1647. Las malas cosechas,
además, provocarán revueltas en Castilla (1647-52 y 1655-57) y
Nápoles (1647). La guerra con Francia se había vuelto insostenible,
por lo que se decide un cambio de política (paz de Munster, 1648;
paz de los Pirineos, 1659). La caída de Barcelona en 1652 permitirán
al rey recuperar parte del prestigio y confianza perdidos y le
facultarán para intentar en los últimos años de su reinado la
recuperación de Portugal (Elvas, 1658; Vila Viçosa, 1665). Falleció
el 17 de septiembre de 1665, dejando tras de sí una monarquía en
profunda recesión y crisis y con su autoridad fuertemente
cuestionada por nobles, ciudades y regiones.
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Carlos II 1665 - 1700
Su madre actuó de regente
hasta 1675, en que Carlos fue declarado mayor de edad. Débil e
incapaz para el gobierno fue objeto continuo de presiones políticas
y diplomáticas. Llamado "el Hechizado", su reinado coincidió con la
depresión del s. XVII: en Castilla se vivía una época de
despoblamiento, hundimiento de la agricultura, hambre, etc. La
derrota internacional y la quiebra de estado de Felipe IV había
inmerso a Castilla en una depresión profunda. Ante la falta de
descendencia del rey se nombró sucesor al Duque Felipe de Anjou,
nieto de Luis XIV y que sería en la rama dinástica española Felipe V
de Borbón. De Carlos II se conservan diferentes retratos donde
podemos observar su peculiar imagen que concuerda con ese apodo de
"Hechizado" por el que se le conocía. Ejemplo de estos retratos son
el realizado por Carreño o la Sagrada Forma de Claudio Coello.
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