Reyes de Valencia

   
 

 

 

 

 

       

 

 

            ÍNDICE DE LOS REYES DE VALENCIA

          LOS PROTAGONISTAS DE UNA ÉPOCA

 

Jaime I El Conquistador 1238-1276

Montpellier (Francia) 1208 - Valencia 1276

Nacido en Montpellier, era hijo de Pedro II el Católico y de María de Montpellier. A la muerte de su padre en la batalla de Muret, 1213, fue retenido por Simón de Montfort, hasta que el papa Inocencio III le obligó a entregar al joven a los catalanes en 1214 a petición de la nobleza aragonesa. Pasó su minoría de edad en el castillo de Monzón, tutelado por los Templarios, en tanto que su tío Sancho, conde de Rosellón, regía los destinos del reino. Durante la regencia hubo frecuentes revueltas nobiliarias, que acabaron en principio con la paz de Alcalá (1217) pero que rebrotarán más tarde con especial virulencia, sobre todo a cargo de su hijo bastardo Fernán Sánchez de Castro durante los últimos años de su reinado. A los veinte años comenzó a gobernar, iniciándose un período de disputas con la nobleza aragonesa, con episodios como los sitios de Albarracín, 1220, y Montcada, 1223, y cayendo prisionero en 1224. Solventada la cuestión interior, el debilitamiento del poderío musulmán tras la derrota en las Navas de Tolosa (1212) permite al rey emprender en 1229 la expansión del reino por el Mediterráneo, con la conquista de Mallorca, Menorca (1231) e Ibiza (1235), y por la Península, ocupando Burriana y Peñíscola, el reino de Valencia (1238) e incorporando entre 1244-45 Játiva y Biar. Conquista también Murcia en 1266, aunque la cede a Alfonso X de Castilla por el tratado de Almizra (1244) Su interés principal se asienta en la expansión comercial y política en el Mediterráneo. Así, la conquista de Mallorca, lograda gracias a la potencia naval catalana, le permite establecer y controlar las estratégicas rutas comerciales del occidente mediterráneo. Asentados los territorios conquistados, el principal problema del rey fue preparar el reparto de sus dominios entre sus hijos, establecido mediante el testamento de 1247. En dicho documento, Jaime I legaba a Alfonso, hijo de su primer matrimonio con Leonor de Castilla, el reino de Aragón; para Pedro, fruto de su unión con Violante de Hungría, el condado de Barcelona, el reino de Mallorca y el condado de Ribagorza; y a Jaime y Fernando, hermanos de éste, respectivamente les correspondían el reino de Valencia y el condado de Rosellón. El descontento de Alfonso le hizo recurrir al monarca castellano y provocó una revuelta nobiliaria, solventada por las cortes de Alcañiz (1250), en las que se estableció que a Alfonso le corresponderán Aragón y Valencia; a Pedro, Cataluña y a Jaime el reino de Mallorca y el señorío de Montpellier. La cuestión aun no quedará resuelta, debido a los acontecimientos que años más tarde se sucederán. En 1258, Jaime I firma el Tratado de Corbeil con Luis IX de Francia, con el que da fin a la reclamación de los condes de Barcelona de los territorios al norte de los Pirineos (Languedoc y Provenza, excepto el señorío de Montpellier), a cambio de la renuncia de San Luis de Francia a los condados catalanes, sobre los que tenía derechos adquiridos como descendiente de Carlomagno. En 1260 fallece el infante Alfonso, debiendo organizarse de nuevo la herencia de los territorios de Jaime I. Así, quedan para su hijo Pedro (III) los reinos de Aragón y Valencia y el condado de Barcelona; y le corresponden a Jaime (II de Mallorca) el reino de Mallorca y los condados de Rosellón, Colliure, Conflent y Cerdaña, unidos vasalláticamente al condado de Barcelona. La rebelión musulmana en el reino de Murcia, dominado por Alfonso X de Castilla gracias al tratado de Almizra firmado entre ambos monarcas, empuja a éste a solicitar la ayuda de Jaime I. La colaboración del rey catalano-aragonés consigue pacificar la región en 1266, entregando de nuevo el territorio al monarca castellano. En 1269 promovió una cruzada a Tierra Santa, que fracasó a causa de una gran tormenta. Pretendió también ser coronado por el papa Gregorio X en el Concilio de Lyon (1274), pero éste se negó al no haberse realizado el pago del censo establecido por Pedro II. La revuelta de los nobles, característica de los primeros años de su reinado, rebrota nuevamente en los últimos a cargo sobre todo de su hijo bastardo, Fernán Sánchez de Castro, quien se enfrentará al infante Pedro. Por otro lado, los musulmanes del reino de Valencia se rebelan contra el control de Jaime I, obligando al rey a emprender personalmente la campaña de pacificación. En otro orden de cosas, instituyó la moneda barcelonesa de "tern" en 1258 y fomentó con su política expansionista el comercio con Baleares y plazas africanas, concediendo el derecho de nombrar cónsules a los consellers barceloneses. Enfermo, abdica en sus hijos Pedro y Jaime y muere en Valencia en 1276. Enterrado en Poblet, sus restos fueron trasladados en 1835 a Tarragona y reintegrados a Poblet en 1952.

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Pedro I de Valencia - Pedro III El Grande - 1276-1285

Elegido rey en 1240, lo fue también de Sicilia a partir de 1282. Hijo de Jaime I, heredó de su padre el trono de Aragón, Valencia y el principado de Cataluña. Su matrimonio con Constanza de Suabia y la continuación de la política de expansión en el Mediterráneo que emprendió su padre le llevaron a reclamar derechos sobre Sicilia, aprovechando además el descontento de la población local con la política de la casa de Anjou. Así, en 1282 se apoderó de Sicilia pretextando preparar un ataque a Túnez, lo que provocó que el papa Martín IV le excomulgara y concediera derechos sobre la corona catalano-aragonesa a Carlos de Anjou. En 1283, el rey francés Felipe el Atrevido invadió el Ampurdán y tomó Gerona, si bien la victoria de la flota catalano-aragonesa al mando de Roger de Lauria en el golfo de Rosas logró equilibrar la disputa. La difícil situación de Pedro III, enfrentado a Francia y al Papado, fue aprovechada por la nobleza aragonesa para emprender un movimiento de presión que obligó al rey a jurar el Privilegio Real, un conjunto de fueros favorable a sus intereses estamentales. La nobleza catalana, por su parte, obligó al rey a conceder una constitución en 1283, "Una vegada a l´any", que acabó de conformar las cortes catalanas.

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Alfonso I de Valencia - Alfonso III El Liberal – 1285-1291

Hijo de Pedro III de Aragón y de Constancia de Sicilia, quedó a cargo del reino de Aragón y Cataluña al marchar su padre a Sicilia en 1282. En 1285 participó en la defensa de Cataluña contra el ataque francés. Ese mismo año alcanzó el trono y en 1286 emprendió la anexión de Baleares, enfrentándose a su tío Jaime II. Así, consiguió la fidelidad de Mallorca e Ibiza y en 1287 tomó Menorca. Se enfrentó a Castilla en represalia por la pasividad de Sancho IV en el ataque francés a su padre, emprendiendo expediciones fronterizas y apoyando al infante Alfonso de la Cerda. Interesado en los dominios mediterráneos, se enfrento a Francia y al Papado por defender los derechos de su hermano Jaime al trono de Sicilia. Así, el Papado donó el reino de Aragón a Carlos de Valois y estableció censuras eclesiásticas, que fueron revocadas en el tratado de Tarascón, en 1291. Según éste, Aragón conservaba Mallorca y Alfonso III se comprometía a actuar para que Jaime renunciase a Sicilia en favor del Papado. Los nobles aragoneses, sin embargo, tomaron partido en favor de Carlos de Valois, cuestión no resuelta hasta 1287, en que se les concedió el Privilegio de la Unión. Murió en 1291, antes de contraer matrimonio con Leonor de Inglaterra, legando Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca a su hermano Jaime II, a condición de renunciar a Sicilia y cederla a su otro hermano, Fadrique.

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Jaime II El Justo - 1291-1329

Nacido en 1260, era hijo de Pedro el Grande. Sucedió a su hermano Alfonso III el Franco al frente de la corona de Aragón. En 1286 fue proclamado rey de Sicilia, pero hubo de enfrentarse a la oposición de Francia y del papa Bonifacio VIII. Finalmente, firmo el Tratado de Agnani en 1295, por el que renunciaba a Sicilia y se obligaba a devolver las Baleares a Jaime II de Mallorca. En 1302 la paz de Caltabellota le compensó con su proclamación como rey de Cerdeña y Córcega, mientras que su hermano Federico era nombrado rey de Sicilia. Expandió su reino por tierras peninsulares aprovechando la minoría de edad del rey castellano Fernando IV, consiguiendo anexionar Alicante a sus territorios. Durante su mandato, los almogávares, con Roger de Flor al frente, alcanzaron el Mediterráneo oriental y fundaron los ducados de Atenas y Neopatria (1311-1460). Así mismo, estableció contactos con Egipto, Armenia y Tartaria. Prohibió la Orden de los Caballeros del Temple y creó la de Montesa. En 1319 estableció la indivisibilidad de los territorios que formaban su reino.

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Alfonso II de Valencia - Alfonso IV El Benigno – 1327-1333

Hijo de Jaime II y de Blanca de Anjou, alcanzó el trono en 1327 por la renuncia del primogénito Jaime. Como infante, emprendió la campaña de conquista de Cerdeña (1323-1325). Casado con Teresa de Entenza, nieta del conde de Urgel, de éste matrimonio nació su sucesor Pedro IV el Ceremonioso. Por su segundo matrimonio, con Leonor de Castilla, hija de Fernando IV, donó numerosas posesiones del reino de Valencia a su hijo Fernando, provocando las protestas de su primer hijo, Pedro, y de una mayoría de la nobleza aragonesa y de la población valenciana. Debido a esto, hubo de revocar su decisión y reafirmar la ordenanza de su padre, declarando el reino indivisible. La mala gestión de los funcionarios catalanes provocó revueltas en Cerdeña (1329), instigadas por Génova, que supusieron un enfrentamiento económico y militar nunca solventado por lo corto de su mandato. En el ámbito peninsular, intentó emprender una cruzada conjunta con Castilla contra los musulmanes, que nunca se llevó a cabo por los problemas con Cerdeña y por el acuerdo firmado entre Alfonso XI y Mohamed IV de Granada.

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Pedro II- Pedro IV El Cerimonioso – 1336-1387

Hijo de Alfonso IV, a quien sucedió, alcanzó el trono en 1336. Los primeros años de su reinado se coligó con el rey castellano Alfonso XI para enfrentarse a los benimerines. Como sus predecesores, estuvo interesado en expandir el dominio del reino sobre el Mediterráneo. Así, en la batalla de Llucmajor, en 1349, incorporó los territorios de Mallorca, el Rosellón y la Cerdaña. En pugna con Génova por el control del Mediterráneo, con seguridad el espacio económico más importante de la época, ruta hacia el rico y exótico Oriente, se alió con Venecia y consiguió firmar en 1356 firmar una paz en Cerdeña. Su matrimonio con Constanza, hija de Federico IV de Sicilia, incorporó ésta al reino y aseguró el control sobre los ducados de Atenas y Neopatria. La antigua política de colaboración con Castilla se tornó en enfrentamiento abierto, al ayudar a la rebelión de los nobles castellanos encabezada por Enrique de Trastámara contra Pedro I de Castilla. Las guerras externas tanto peninsulares como en el Mediterráneo, las revueltas de nobles aragoneses y valencianos (sofocadas en Épila y Mislata, 1348) y la gran peste negra de 1348, provocaron cuantiosas pérdidas económicas, por lo que el rey hubo de solicitar numerosos subsidios a las Cortes. Para controlar la recaudación de impuestos y el sufragio a los gastos del monarca surgió en 1359 la Diputació General de Catalunya, organismo que pronto se convertirá en un parlamento político.

Juan I  El Cazador - 1387-1396

Hijo y sucesor de Pedro IV el Ceremonioso, fue coronado en 1387 y casó con Violante de Bar en 1380. Durante el Cisma de Occidente apoyó a los papas de Avignon. Perdió los ducados de Atenas (1388) y Neopatria (1390) conquistados en tiempos de Jaime II. Aplacó en 1389 el intento de independencia de Cerdeña e hizo frente en 1390 a una invasión francesa a cargo del conde de Armagnac, quien intentaba así que se reconocieran sus derechos sobre Mallorca. Ordenó diversas expediciones militares contra Luis Durazzo, que acabaron por reincorporar Sicilia al reino en 1394.

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Martín I Perpignan - El Humano - 1396-1410

Nacido en Perpignan, es el segundo hijo del matrimonio formado Pedro IV y de Leonor de Sicilia. Durante el reinado de Juan I, su hermano, ejerció de lugarteniente del reino. Casó a su hijo Martín el Joven con la reina María de Sicilia, en 1390, en un intento de reincorporar Sicilia a los dominios aragoneses. No obstante hubo de dirigir una expedición militar para asegurar el control sobre la isla que, si bien consiguió los resultados deseados, dio pie a una revuelta nobiliaria que no acabó hasta 1398. Heredó el trono catalano-aragonés en 1396, a la muerte de su hermano sin descendencia masculina, debiendo encargarse de la regencia su mujer, María de Luna, hasta su vuelta de Sicilia un año más tarde. La regente hubo de repeler la invasión a cargo del yerno de Juan I, el conde de Foix, quien pretendía defender los derechos sucesorios de su mujer. Instalado en el trono, buscó y consiguió el apoyo de las Cortes y de las ciudades marítimas apara solventar sus problemas económicos. Incorporó el condado de Ampurias (1401) y apoyó al papa Benedicto XIII. Realizó una cruzada sin demasiados resultados contra los corsarios de Tremecén (1398) y Bona (1399). La sublevación de Cerdeña, apoyada por Génova, fue sofocada por su hijo, Martín, en 1409. La muerte de éste dejó a su padre como heredero de Sicilia. No obstante, se planteó un problema sucesorio al no tener Martín I más hijos, ni de su primer matrimonio ni del segundo con Margarita de Prades (1409). Muerto el rey, la cuestión se resolvió en el Compromiso de Caspe (1412) en favor de Fernando de Antequera.

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Fernando I de Antequera -  El Justo 1412-1416

Nacido en Medina del Campo, es hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón, hija de Pedro IV. En 1395 casó con Leonor de Alburquerque. Por herencia, poseía extensas posesiones en Castilla y una gran influencia sobre los asuntos del reino. Por esto, al morir su hermano el rey Enrique III (1406), desempeñó el cargo de regente durante la minoría de edad del hijo de éste, Juan II, junto con su madre, Catalina de Láncaster. La regencia de ambos fue un período convulso, en el que se decidió repartir administrativamente el reino en dos mitades. A Fernando le correspondió el territorio del sur, aprovechando el potencial castellano para renovar las hostilidades contra los musulmanes. Así, tomó Antequera en 1410. La muerte sin sucesión de Martín I el Humano (1410) hizo que optara al trono junto con Jaime de Urgel. Fernando se vio apoyado por Benedicto XIII, gracias a la mediación de San Vicente Ferrer, y logró acceder al trono tras la sentencia del compromiso de Caspe, el 28 de junio de 1412. Un año más tarde aun hubo de vencer una revuelta fomentada por Jaime de Urgel. La oligarquía catalana le obligó en varias ocasiones a firmar acuerdos que limitaban el poder de la monarquía, como en los años 1412-13, ante las Cortes de Barcelona, y 1413, ante la Diputación General de Cataluña. Como les ocurrió a sus predecesores, los asuntos mediterráneos ocuparon gran parte de la preocupaciones de su mandato. Logró pacificar Cerdeña mediante tratados con el vizconde de Narbona y con Génova. Intervino en Sicilia en apoyo de la reina viuda Blanca y en contra de Fadrique de Luna, hijo ilegítimo de Martín el Joven. También nombró a su segundo hijo Juan virrey de Sicilia, Cerdeña y Mallorca. En 1414, estableció acuerdos con el sultán de Egipto y el rey de Fez. Apoyó a Benedicto XIII durante el Cisma, si bien le retiró su ayuda tras ser depuesto en el Concilio de Constanza (1416).

Alfonso III - Alfonso V El Magnánimo –  1416-1458

Casado en 1415 con María, hija de Enrique III de Castilla y de Catalina de Láncaster, es hijo de Fernando de Antequera y de Leonor de Alburquerque. Heredó el trono aragonés en 1416 y se instaló en Barcelona, inaugurando un mandato de desavenencias con los catalanes. Ligó la prosperidad de su reino a la expansión por el Mediterráneo, a la que dedicó todos sus esfuerzos. Así, anexionó Sicilia, cuyos derechos le habían sido concedidos a su padre por Benedicto XII. En 1420 preparó una flota de 24 naves en Los Alfaques para pacificar Alguer (Cerdeña). Logrado su propósito, se dirigió a Córcega, donde sitió la fortaleza de Bonifacio. La armada genovesa, recelosa de su política expansionista, le obligó a retirarse, si bien sus auténticas intenciones pasaban porque Juana de Nápoles le reconociera como heredero. Para ello, hubo de negociar con ésta y enfrentarse a la hostilidad de franceses y genoveses, partidarios de Luis de Anjou. Vencidos sus enemigos, entra en Nápoles en 1421, si bien el cambio de opinión de la reina Juana le obliga tres años más tarde a regresar a Aragón en busca de refuerzos, al nombrar aquélla a Luis de Anjou como sucesor. De vuelta a Aragón, decide intervenir en la contienda que mantenían sus hermanos, los infantes de Aragón, con el condestable de Castilla, don Álvaro de Luna. Vencido, decide volver a fijar su vista en Sicilia, a donde regresa en 1432 tras dejar en su lugar a la reina María. Recelosas de este nuevo intento, se unen en su contra Venecia, Milán, Florencia y el papa, si bien no pueden evitar que sea proclamado rey en 1435 a la muerte de Juana II. De vuelta a Aragón, es apresado en Ponza por el duque de Milán, acordando con él repartir la península italiana en tres partes: el norte, con dominio milanés; el centro, con los Estados Pontificios y el sur, con dominio napolitano. En 1443 logró de nuevo entrar en Nápoles. Las largas estancias fuera del reino le hacen desatender los asuntos internos. Así, en Cataluña se desatan la revuelta de los "payeses de remensa". La toma de Constantinopla por los turcos (1453) le hace unirse a la liga de los Estados cristianos. Aun tuvo tiempo de proyectar un ataque contra Génova, principal rival en el Mediterráneo pero la muerte le sorprendió antes de llevarlo a cabo, en 1458.

Juan II de Trastámara - 1458-1479

Hijo de Fernando de Antequera, sucedió a su hermano Alfonso el Magnánimo. Su matrimonio con Blanca de Navarra le hizo rey de este Reino desde 1425, tras morir Carlos el Noble. Se situó al lado del condestable Álvaro de Luna en las disputas castellanas en 1425, para más adelante apoyar las posiciones contrarias en dos ocasiones, 1429 y 1441. Fue capturado en Ponza, 1445, durante la conquista de Nápoles al lado de Alfonso V. Ese mismo año fue elegido lugarteniente de Aragón, Valencia y Mallorca, siendo nombrado rey de Aragón en 1458. A la muerte de Blanca de Navarra en 1441, casó con Juana Enríquez en 1444. Se enfrentó a su hijo Carlos de Viana, disputa que aprovechó la Generalitat catalana para plantear reivindicaciones de autonomía en los asuntos públicos en la Capitulación de Vilafranca, 1461. En 1462 da comienzo la rebelión de los payeses de remensa, empezando así una guerra civil que enfrentará al rey con las instituciones catalanas. La Generalitat intentará deshacerse de Juan II, ofreciendo sucesivamente la Corona a Enrique IV de Castilla (1462), al condestable Pedro de Portugal (1463-66) y a Renato de Anjou (1466). Juan II, por su parte, recabará el apoyo de Francia, lo que provoca la pérdida del Rosellón y la Cerdaña. Finalmente, logra entrar en Barcelona en 1472, restableciendo la autoridad real. Al morir Juan II, le sucede su hijo Fernando al frente de la corona de Aragón, quien casará con Isabel de Castilla.

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Fernando II - El Católico - 1479-1516

Sos del Rey Católico 10-5-1452 - Madrigalejo (Cáceres) 22-1-1516

El 10 de mayo de 1452 nacía en la localidad zaragozana de Sos el hijo primogénito del rey aragonés Juan II y su segunda esposa, la castellana Juana Enríquez, hija de don Fadrique Enríquez, almirante de Castilla. Las Cortes de Calatayud le juran como heredero de la corona de Aragón en 1461, tras la muerte de su hermanastro Carlos, el príncipe de Viana. Antes de su matrimonio conocemos algunas aventuras amorosas del joven galán con una tal Aldonza Roig. Como resultados de estos amores nacerán dos hijos naturales: Alfonso -que será nombrado años más tarde arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón- y Juana -futura esposa de don Bernardino Fernández de Velasco, condestable de Castilla-. Durante del matrimonio también mantuvo relaciones extraconyugales, naciendo dos hijas llamadas María de Aragón que pasarían sus días en un convento de agustinas de los alrededores de Madrid. En 1468 fallece doña Juana Enríquez y el príncipe Alfonso es nombrado corregente del reino aragonés y rey de Sicilia, posiblemente para dotar al joven de un reino con el que fortalecer su próximo matrimonio con Isabel de Castilla, princesa de Asturias en esos momentos. El 7 de enero se firma un protocolo entre los futuros esposos por el que Fernando se compromete a actuar en estrecha colaboración con Isabel y adoptar las decisiones en común. El enlace no satisface a Enrique IV por lo que se realizará de incógnito. Fernando parte a tierras castellanas en octubre de ese año y el día 19 se celebrará el matrimonio, oficiado por el arzobispo Carrillo quien proporciona a la pareja una dispensa papal falsa, necesaria debido a tener como antepasado común a Juan I de Castilla. Esta situación será regularizada por Sixto IV en 1471. Los siguientes meses serán de absoluto aislamiento para los esposos que ven como la mayoría de los nobles toman partido por la infanta Juana en la carrera por el trono castellano. En mayo de 1471 se producen las primeras adhesiones a los príncipes: el País Vasco se decanta por Isabel y Fernando al tiempo que la poderosa familia de los Mendoza va colocándose a su lado. La muerte de Enrique IV -12 de diciembre de 1474- y la posterior autoproclamación de Isabel como reina de Castilla -13 de diciembre de 1474- sorprenderá a Fernando en Aragón. La guerra civil castellana está servida y el aragonés quiere mover sus cartas. Se proclama el único descendiente varón vivo de Enrique IV y se presenta como candidato al trono castellano. Esta actuación motivará la firma entre los esposos de la concordia de Segovia -15 de enero de 1475- en la que se establece absoluta igualdad entre ambos en el ejercicio del poder real - a pesar de que el nombre del rey debe anteceder al de la reina, al igual que las armas de ambos-, norma que también se seguirá posteriormente en Aragón. De esta manera los esposos se presentan como un bloque consolidado, apoyado por un buen número de nobles, ciudades y villas que desean el "buen gobierno del reino", empujando a los monarcas a poner en marcha una política de consolidación del poder real. La participación de Fernando en la Guerra de Sucesión será determinante ya que Aragón apoyará a los jóvenes esposos frente a Alfonso V de Portugal y Luis XI de Francia, que se inclinan por Juana. El inicial avance portugués es frenado al tomar Fernando Zamora y obtener una contundente victoria en la batalla de Toro -1 de marzo de 1476-. La guerra estaba sentenciada al ser expulsados los franceses de Fuenterrabía, aunque los focos de resistencia en Andalucía y Extremadura aún tardarán tres años en ser apagados. El fin de la guerra se sentencia en los Tratados de Alcaçovas -septiembre de 1479-. Desde ese momento la labor personal de Fernando e Isabel resulta difícil de diferenciar, no sólo en Castilla sino también en Aragón donde el rey Juan II ha muerto en enero de 1479 siendo sucedido por Fernando. Los especialistas hablan del germen del Estado Moderno en estos momentos, poniéndose como objetivo los gobernantes la consolidación del poder monárquico. Las medidas encaminadas a la organización del reino castellano son de gran calado -creación de la Santa Hermandad y del Consejo Real, regulación de la Hacienda Real, incorporación de los maestrazgos de la Ordenes Militares a al corona la nombrar a Fernando Gran Maestre de cada una de ellas, etc.-. Parece que la actividad en Aragón no fue tan numerosa, destacando su actuación en la resolución de los problemas de los campesinos de remensa a través de la sentencia arbitral de Guadalupe (1486). Su intento de sustituir a los diputados de la Generalitat catalana por otros elegidos por el monarca no prosperó, teniendo mayor éxito en la implantación de la insaculación para la elección de cargos en el ayuntamiento barcelonés y de otras ciudades. El restablecimiento de la Inquisición en la corona aragonesa trajo en un primer momento problemas graves que acabaron con el asesinato del inquisidor Pedro de Arbues. La respuesta fue contundente y la Inquisición se afianzó en la corona. Siempre se ha hecho referencia al reparto de funciones entre Isabel y Fernando, adjudicando a la soberana los asuntos internos y al monarca los externos. En los asuntos de política exterior Fernando demostró su capacidad política. Uno de los primeros objetivos será poner punto final a la Reconquista, en unos momentos en que el reino nazarí de Granada estaba dando muestras de crisis y decadencia. La guerra duró diez años y en enero de 1492 Boabdil entregaba las llaves de la ciudad, poniendo fin a siete siglos de presencia musulmana en la península. A pesar de que la empresa se presentó como iniciativa de la corona castellana, el papel desempeñado por Fernando será crucial. También participó en la aventura americana que permitiría a Colón descubrir un nuevo continente, siendo uno de los valedores de las Capitulaciones de Santa Fe. Pero las miras del rey estaban en la defensa de los intereses aragoneses en el Mediterráneo y aquí debemos hacer referencia a los asuntos italianos y norteafricanos. En el norte de Africa se toman importantes plazas: Melilla (1497), Mers-el-Kebir (1505) y Orán (1509) estableciéndose protectorados en Bujía, Trípoli y Argel. El Magreb parecía estar ocupado por la corona hispánica cuando la derrota en la isla de Gelves (1511) hizo despertar del sueño. El control de unas cuantas plazas fuertes será el resultado de dicha derrota, poniéndose de manifiesto la fortaleza del Imperio Turco en el Mediterráneo oriental. En Italia la corona de Aragón controlaba Cerdeña y Sicilia mientras que Nápoles estaba gobernado por Ferrante, hijo natural de Alfonso V el Magnánimo. Carlos VIII de Francia también tenía intereses en la península y alcanzó un trato con Fernando: la devolución a Aragón del Rosellón y la Cerdaña -perdidos en la reciente guerra catalana- a cambio de libertad de actuación francesa en Italia -Tratado de Barcelona, 1493-. Pero la intervención del monarca francés en Nápoles motivará que Fernando organice una Liga Santa junto al emperador Maximiliano, el papa Alejandro VI, Milán y Venecia. Don Gonzalo Fernández de Córdoba dirigirá las tropas aliadas que serán derrotadas en Seminara pero que reaccionarán contundentemente en los próximos años y obligaran a Francia a establecer la retirada. Luis XII de Francia vuelve a la carga, ahora de manera diplomática y firma con Fernando el Tratado de Granada (1500) por el que se reparte el reino de Nápoles. Las aplicaciones del tratado traerán complicaciones y estallará de nuevo la guerra, obteniendo don Gonzalo dos importantes victorias en Ceriñola y Garellano (1503) siendo incorporado el reino de Nápoles a la corona aragonesa dos años después. La política matrimonial desarrollada por los Reyes católicos -título obtenido en 1494 de manos de Alejandro VI- tendrá como objetivo aislar a Francia, buscando como aliados de los reinos hispánicos a Portugal, el Imperio e Inglaterra. Los enlaces serán los siguientes: Isabel casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. El 26 de noviembre de 1504 Isabel fallece en Medina del Campo dejando como heredera de Castilla a su hija Juana. El testamento tiene un curioso párrafo: "cuando la Princesa, mi hija, no estuviere presente en estos reinos o estando en ellos no quisiere o no pudiere entender en la gobernación de ellos (...) el rey Fernando, mi señor, rija, administre y gobierne los dichos mis reinos y señoríos por la dicha Princesa" . Quizá por este párrafo podemos deducir que Isabel aprecia ciertos trastornos mentales en su hija y no desea que el reino caiga en manos de Felipe. Fernando se hace cargo de Castilla como regente hasta la llegada de los nuevos reyes que están en Flandes. Pero la nobleza castellana empieza a dar muestras de preocupación y deseos de responder a los agravios realizados anteriormente por los monarcas. Esta nobleza levantisca apoya incondicionalmente a Felipe como rey quien también recibe el apoyo de Luis XII de Francia y del Imperio. Una vez más Fernando da muestras de su inteligencia política y firma con el rey francés la paz de Blois (1505) por la que Luis renunciaba a sus derechos sobre Nápoles y Fernando contraía matrimonio con la sobrina del monarca francés, Germana de Foix. El matrimonio se celebró en Valladolid el 18 de marzo de 1506 y a los pocos meses Fernando abandona Castilla rumbo a sus posesiones de Aragón, evitando cualquier problema con su hija Juana y Felipe. La muerte de El Hermoso el 25 de septiembre de 1506 vuelve a poner de nuevo a Fernando en la órbita castellana. Juana da muestras de incapacidad mental y en el país impera la anarquía por lo que Cisneros decide llamar a Fernando en calidad de regente, iniciándose la segunda regencia que abarcará entre 1507 y 1516. En el otoño de 1509 se encierra a Juana en Tordesillas al ser declarada loca -locura por razones de Estado más que cuestiones psíquicas, posiblemente- y ese mismo año fallece el pequeño Juan, hijo de Fernando y Germana (3 de mayo de 1509). La energía caracteriza este segundo periodo de regencia imponiendo fuertes castigos a la nobleza levantisca, siendo el episodio más destacado la invasión de Navarra en 1512. La invasión del reino vecino se encuadra en las luchas contra Francia ya que el pequeño estado era un fiel aliado francés. La excomunión de Julio II al monarca francés se hizo extensiva a Navarra y Fernando ordenó al duque de Alba la invasión que se consumó con la rendición de Pamplona el 25 de julio de 1512. Antes de morir Fernando redactó dos testamentos; en el primero de mayo de 1512 dejaba al infante Fernando como regente en espera de la llegada de Carlos I. Sin embargo este testamento será modificado en enero de 1516 al designar al cardenal Cisneros como regente de Castilla. En un delicado estado de salud, Fernando emprendió un viaje a Andalucía para organizar una gran armada contra los turcos pero antes de llegar la comitiva regia a Madrigalejo (Cáceres) el rey fallecía. Era el 23 de enero de 1516 y las coronas de Castilla y Aragón iban a parar al joven Carlos quien se hacía proclamar rey en Bruselas el 14 de marzo de 1516.

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Los reyes abajo mencionados también fueron reyes de Aragón

Carlos I 1516 - 1556

El 24 de febrero de 1500 nacía en Gante Carlos I de España y V de Alemania. Sus padres eran Felipe de Habsburgo, conocido como El Hermoso, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes, y doña Juana de Castilla, heredera de la corona castellana y de la aragonesa. Sus abuelos maternos eran nada menos que los Reyes Católicos y los paternos el Emperador Maximiliano I y doña María de Borgoña. Como heredero de todos ellos al ser el primogénito, Carlos obtendrá uno de los mayores imperios del Renacimiento, siendo uno de los primeros impulsores de la idea de unificación en Europa, tomando la religión católica como el instrumento unificador. La educación del joven príncipe corrió a cargo de su tía Margarita de Austria, mujer de gran cultura que inculcará en Carlos el amor por las artes y la cultura. Como preceptor se hizo cargo del muchacho el cardenal Adriano de Utrecht, futuro papa Adriano VI. Desde los nueve años encontramos a otro personaje en el círculo de Carlos: Guillermo de Croy, señor de Chievres, hombre de gran codicia que se ganó la confianza del príncipe, durmiendo incluso en la misma habitación que él con la excusa de que si el príncipe se despertaba, tendría alguien con quien hablar. Aunque esta relación no parece aparentemente positiva, el contacto de Carlos con Guillermo de Croy le convertirá en un hombre de estado, acercándole a los secretos del gobierno. En 1516 fallece don Fernando el Católico, dejando vacante la corona de Aragón, mientras que la corona castellana estaba en manos de doña Juana, recluida en Tordesillas debido a su enajenación mental. Esto convertía a Carlos en regente del reino de Castilla aunque en realidad todo el poder quedaba en sus manos. Carlos embarcó en Flandes con destino a la península ibérica, llegando a las playas de Asturias en septiembre de 1517. El cardenal Cisneros, regente de Castilla, acudió al encuentro con el nuevo rey, pero falleció en Roa antes de que se produjera. El cardenal no sufrió la humillación de ver como el monarca le entregaba la dimisión, ingrata recompensa para un hombre que tanto había dado al reino. La camarilla de flamencos que rodeaba al inexperto rey (tenía 17 años y no sabía hablar castellano, por lo que no se podía comunicar con sus súbditos) acaparó rápidamente todos los puestos de confianza, iniciando una auténtica caza y captura de los caudales del reino que salían de las fronteras para la financiación de los asuntos en los Países Bajos. Lo primero que hizo Carlos en tierras españolas fue visitar a su madre, encerrada en Tordesillas desde hacía más de siete años. El encuentro entre madre e hijos (a Carlos le acompañaba su hermana Leonor, futura esposa de Manuel I de Portugal) fue emotivo ya que hacía más de doce años que no se veían. Posiblemente el motivo de la visita sería la legitimación de la decisión de coronarse rey (lo que había hecho en Bruselas el 14 de marzo de 1516) cuando la legítima propietaria de Castilla no había fallecido. Para solucionar este problema legal y político, desde este momento en todos los documentos oficiales figurarán el nombre de ambos soberanos, siempre el de la reina en primer lugar. Otro problema le surge a la camarilla flamenca con don Fernando, el hermano menor de Carlos, nacido en Alcalá de Henares, criado y educado en Castilla, con un amplio número de partidarios dispuestos a coronarle. Incluso los Guzmán pensaron en llevar a Fernando a Aragón donde sería coronado rey con el apoyo de doña Germana de Foix, segunda esposa del Católico. Con el fin de eliminar problemas, Chievres decidió enviar a don Fernando a Bruselas. Sin embargo, las Cortes reunidas en Valladolid se opusieron a dicha medida, exigiendo que Fernando permaneciera en España al menos hasta que Carlos tuviera descendencia. Pero Chievres consiguió su objetivo y envió al infante a Bruselas, saltándose la decisión de la asamblea. Los ánimos estaban bastante encendidos ya que los procuradores a Cortes (encabezados por el representante de Burgos, Juan de Zumel) no admitían que la presidencia estuviera en manos de un extranjero, Jean de Sauvage, ni los desmanes cometidos por los flamencos. Por eso se realizaron una serie de exigencias al rey como el respeto a las leyes de Castilla, el inmediato despido de los extranjeros que tuviera a su servicio, el aprendizaje del castellano y la ubicación de castellanos en los cargos más importantes. Carlos juró respeto a las leyes castellanas y consiguió un crédito de 600.000 ducados por un plazo de tres años. Superado el escollo castellano, Carlos pone rumbo a Aragón donde las complicaciones también estaban a la orden del día. En las Cortes aragonesas existía un amplio grupo que quería nombrar príncipe-heredero a Fernando. Tras meses de duros debates, las Cortes reconocieron a Carlos como rey y le otorgaron un empréstito de 200.000 ducados. Después pondría rumbo a Cataluña donde los tratos también se prolongaron en el tiempo. Un año tuvo que estar el rey entre sus súbditos catalanes. En Barcelona recibe la noticia de su elección como Emperador, el 28 de junio de 1519. Este nombramiento encenderá los ánimos en Castilla, al considerar que los gastos de Carlos aumentarían considerablemente. Rápidamente se extendieron las protestas desde Toledo a las otras ciudades del reino, exigiendo la convocatoria de una reunión de Cortes donde se recomendase al monarca que no se marchara del país, que no permitiese el saqueo de las arcas castellanas por los flamencos y que éstos abandonasen los cargos que ocupaban. Las Cortes fueron convocadas en Santiago de Compostela, pero con unos propósitos absolutamente diferentes. Los procuradores eran reacios a las propuestas que les hacían los consejeros de Carlos por lo que Gattinara decidió unilateralmente trasladar la reunión a La Coruña, donde se concedió el ansiado subsidio con el que Carlos se trasladaba a Alemania. El cardenal Adriano de Utrecht quedaba como regente de un país en rebeldía. Desde que Carlos marchó a Alemania (mayo de 1520) hasta su regreso a Castilla (julio de 1522) se sucederán en España dos de los episodios más destacables del siglo XVI: la revuelta de las comunidades en Castilla y la rebelión de las germanías en Valencia. Camino de Alemania, Carlos hizo escala en Inglaterra, llegando a Aquisgran donde sería coronado Rey de Romanos en octubre de 1520. Al recibir el nombramiento, el nuevo emperador se compromete a mantener los derechos de los príncipes, mantener el orden imperial, emplear oficiales alemanes en el interior de las fronteras, restaurar el Consejo de Regencia y convocar una Asamblea de los Estados. Dicha asamblea, denominadas Dietas, tiene lugar en Worms en 1521. En esta reunión Fernando es nombrado regente del Imperio y elevado al rango de archiduque. Lutero es declarado proscrito, iniciándose el enfrentamiento religioso que implica la expansión del luteranismo. En la primavera de 1522 Carlos pone rumbo a España, haciendo una escala en Inglaterra para firmar un acuerdo con Enrique VIII con el fin de establecer la defensa de ambos países contra Francia. En julio desembarcaba en Santander y desde ese momento van a primar los asuntos exteriores sobre la política interior. Y es que Carlos tendrá desde el primer momento una idea imperial en su cabeza, imaginando una comunidad supranacional de estados europeos unidos por la religión cristiana y vinculados por la común pertenencia a la dinastía de los Habsburgo. Esta es la razón por la que se considera a Carlos como uno de los primeros impulsores de la Unión Europea. Lógicamente estas ideas provocan una serie de obstáculos. El primero será Francia, cuyas fronteras estaban rodeadas por los territorios de los Habsburgo, algo similar a lo que le ocurre al Papado. Entre 1521 y 1544 Carlos va a involucrarse en cuatro guerras con Francisco I de Francia, guerras en las que el emperador saldrá victorioso en mayor medida. Esta es la razón por la que se considera a ambos personajes como los últimos caballeros medievales, llegándose a plantear el enfrentamiento mutuo en un duelo para solucionar los conflictos. Muerto Francisco I será su sucesor, Enrique II, quien continúe con el conflicto, obteniendo el francés una contundente victoria. Con el fin de fortalecer sus relaciones con Portugal, Carlos eligió como esposa a Isabel, la hija del rey Manuel I de Portugal y María de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Los cónyuges eran primos hermanos lo que no eran una disculpa ya que en la época los matrimonios entre los miembros de las familias reales se consideraban una manera de mejorar la raza. Isabel era una mujer muy atractiva, con unos bellos y grandes ojos azules y un cuerpo esbelto, destacando por encima de su belleza su inteligencia, como tendrá oportunidad de demostrar en sus numerosas regencias del país. La boda se realizó en Sevilla el 11 de marzo de 1526, pasando los novios la luna de miel en Granada. Parece que el amor nació de manera inmediata entre los cónyuges, a pesar de que Carlos ya tenía una hija, fruto de su relación con Margarita van Gest durante su estancia en Flandes, en 1522. Margarita de Austria será el nombre de la primera hija ilegítima de don Carlos. Uno de los momentos más importantes para Carlos será su coronación como emperador que tuvo lugar en Bolonia el 24 de febrero de 1530, el mismo día de su cumpleaños. Clemente VII se convertía en aliado de la causa imperial al imponer a Carlos la corona de hierro de los longobardos. Los cronistas nos cuentan que para pasar del palacio donde se alojaba el séquito imperial hasta la catedral de San Petronio se había colocado una pasarela, que se rompió en el momento de pasar la comitiva. Todo quedó en un gran susto, solventado por las fiestas que se celebraron. El acuerdo con el papa que permitió la coronación obligará a Carlos a la defensa de los territorios de la Iglesia, sometiendo Florencia y llegando a un acuerdo con Venecia. De esta manera se pacificaba temporalmente la península italiana. El nuevo enemigo procede ahora de Turquía y tiene un nombre propio Solimán I. En este nuevo frente de conflicto destaca la toma de Túnez por las tropas imperiales el 21 de julio de 1535. Dos duros golpes va a soportar Carlos en 1539. El fallecimiento de su esposa el 1 de mayo de 1539 provocó su hundimiento, retirándose al monasterio de la Sisla durante dos meses, tiempo en el que no permitió ningún tipo de visitas. Cuando parecía lago recuperado le llega la noticia del motín que se produce en su ciudad natal, Gante. El levantamiento había sido provocado por la negativa de los ciudadanos a pagar impuestos para sufragar las guerras contra Francia, incitando a la revuelta a las ciudades vecinas. Para sofocar la rebelión, Carlos cruzó Francia invitado por Francisco y cuando llegó a Gante la revuelta se sofocó, con su sola presencia. Nueve dirigentes fueron ejecutados, la villa perdió sus privilegios y tuvieron que pagar una indemnización, siendo obligados a mantener una guarnición. Como hombre de acción, una vez tranquilizados la mayoría de los frentes, Carlos se enzarzó en una nueva empresa: la expedición contra Argel en octubre de 1541, encontrándose con una tempestad que provocó la pérdida de 14 galeras y unas 100 embarcaciones menores. La operación resultó un fracaso y el emperador ordenó reembarcar. Un nuevo frente de conflicto se cierne sobre el Imperio, siendo uno de los mayores fracasos cosechados por Carlos. La cuestión protestante motivará un gravísimo problema en Alemania, consiguiendo imponer el emperador la fuerza en la batalla de Muhlberg (24 de abril de 1547), inmortalizado por Tiziano en un excelente retrato ecuestre. Sin embargo, esta euforia no es muy duradera ya que los alemanes se aliaron con Enrique II de Francia, quien tomó las plazas imperiales de Metz, Toul y Verdún, al tiempo que los turcos tomaban Trípoli y Mauricio de Sajonia traicionaba la confianza de Carlos y le atacaba en Innsbruck, pudiendo escapar por los nevados pasos de los Alpes para salvarse en Italia. Las amenazas eran continuas y las dificultades financieras aún peores, por lo que Carlos, cansado y decepcionado, decidió abdicar. El 25 de octubre de 1555, ante los Estados Generales reunidos en Bruselas, el emperador dejaba la soberanía de los Países Bajos en manos de su hijo Felipe. Tres meses más tarde, el 16 de enero de 1556, renunciaba a las coronas de Castilla, León, Aragón-Cataluña, Cerdeña y Sicilia a favor de Felipe. En septiembre del mismo año abdicaba el gobierno del Imperio en su hermano Fernando y se embarcaba rumbo a España. En febrero de 1557 llega al monasterio de Yuste con el fin de descansar, disfrutar de la comida y de la tranquilidad, ganada tras casi 30 años de intenso ajetreo. En Yuste fallecía Carlos I de España y V de Alemania el 21 de septiembre de 1558.

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Felipe II 1556 - 1598

La personalidad del Rey Prudente definirá la historia europea de la segunda mitad del siglo XVI. Su nacimiento en Valladolid el 21 de mayo de 1527 llenará de gozo a sus padres, el emperador Carlos V y doña Isabel de Portugal. Las fiestas que se celebraron a continuación quedaron interrumpidas cuando llegó la noticia de un hecho que crispó a la Cristiandad: el saqueo de Roma por las tropas imperiales. Carlos se vistió de luto y los festivales, torneos y justas quedaron suspendidos. El pequeño Felipe será jurado como heredero de la corona de Castilla el 10 de mayo de 1529 en el madrileño convento de San Jerónimo. La educación del príncipe quedará en manos de doña Isabel debido a los continuos viajes del emperador. En 1534 don Juan Martínez Siliceo será nombrado su tutor para que "le enseñase a leer y escribir". Al año siguiente el príncipe tenía casa propia y don Juan de Zúñiga era designado su ayo. Siliceo y Zúñiga diseñarán la educación del muchacho. Como bien dice Henry Kamen: "Como alumno, el Príncipe no era ni un modelo ni, mucho menos, sobresaliente. Su manejo del latín siempre fue regular, su estilo literario, en el mejor de los casos, mediocre, y su caligrafía siempre generalmente deficiente. Educado como un humanista, nunca llegó a serlo". Las relaciones de don Felipe con su madre fueron muy estrechas por lo que el fallecimiento de doña Isabel en 1539 supuso un golpe muy duro para el pequeño príncipe. Ese mismo año inicia sus tareas políticas ya que queda como regente del Reino ante la marcha de su padre hacia la ciudad de Gante. Felipe tenía doce años y recibió la estrecha colaboración de un Consejo de Regencia, integrado por don Francisco de los Cobos, el cardenal Tavera y el duque de Alba, familiarizándose con los asuntos de Estado. Su primer matrimonio se producirá el 15 de noviembre de 1543. La elegida será su prima María Manuela de Portugal. La duración de enlace será apenas de un año ya que la esposa falleció tras el parto del príncipe Carlos, el 12 de julio de 1545. El mismo año de su matrimonio Felipe volvió a quedar como regente de Castilla. Seguía asesorado por un consejo y las últimas decisiones estaban en manos del emperador pero Felipe iba recogiendo la necesaria experiencia. El año 1554 será el de su segunda boda. La nueva esposa será la reina de Inglaterra, María Tudor, ya que a Carlos V le interesaba especialmente la alianza inglesa. Felipe recibe el título de rey de Nápoles y duque de Milán, trasladándose a Londres para celebrar su boda, el 25 de julio de 1554. El propio príncipe consideró siempre su enlace como una cuestión de Estado y permaneció largo tiempo en tierras inglesas. Asuntos de Estado le llevaron a Flandes, donde el 25 de octubre de 1555 recibía de su padre la soberanía de los Países Bajos. El trato con los holandeses y alemanes fue muy estrecho, convirtiéndose en un monarca querido por sus súbditos. Al año siguiente Carlos abdicaba en su hijo las coronas de Castilla y Aragón, lo que hacía a Felipe el dueño del Imperio más importante de su tiempo. Su tío Fernando recibía el Imperio Alemán y los estados patrimoniales de los Habsburgo, familia que se dividía en dos ramas: la austriaca y la española. En marzo de 1557 regresaba a Inglaterra convertido en rey de España y pasa algunos meses en compañía de su esposa, intentando engendrar el tan deseado hijo. En julio regresa a los Países Bajos para conseguir una de las mayores victorias militares de su reinado: la batalla de San Quintín, el 10 de agosto de 1557. El triunfo provocaba el fin de la guerra con Francia y la firma de un acuerdo de paz, el Tratado de Cateau-Cambresis, con el que se ponía fin a la disputa por el control de Italia que quedaba en manos españolas. El tratado se sellaba con el matrimonio de Felipe con la joven Isabel de Valois -Felipe había enviudado por segunda vez en noviembre de 1558, sin conseguir el deseado heredero-. De este enlace nacerán las dos hijas con las que el monarca mantendrá una estrecha relación: Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. A su llegada a España en 1559 inició una serie de cambios en la práctica y en la forma de gobierno, rompiendo de esta manera con la tradición medieval y otorgando un carácter innovador a la Corona, al tiempo que se fijaban las bases de la administración pública moderna. Fruto de estos cambios será el establecimiento de la corte permanente en Madrid (1561), la reforma de la audiencia de Sevilla (1556), o la creación del Consejo de Italia (1558) y de las audiencias de Charcas (1559), Quito (1563) y Chile (1567). La paz con Francia le permitiría poner en práctica una política mediterránea encaminada a frenar el expansionismo turco por el norte de África y en la zona occidental del "Mare Nostrum". Precisamente para poner fin a esta expansión se formó la Liga Santa junto a Roma, Venecia y Génova, consiguiendo la espectacular victoria en la Batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) dirigiendo las naves el hermano del monarca, don Juan de Austria. Don Juan había participado también con éxito en el aplastamiento de la revuelta de los moriscos granadinos en 1568. Ocho años después se producirá una segunda rebelión, llegando a solicitar ayuda a los turcos. Esta segunda tentativa tendrá también una escasa incidencia y será sofocada. El freno al avance turco llegará por la vía diplomática a través de intermediarios. Felipe II conseguía cerrar un frente de lucha y poder centrarse en los conflictos atlánticos, especialmente la Guerra de los Países Bajos, prioridad en la política felipina desde que se produjo la primera rebelión en 1566, sofocada duramente con la intervención del duque de Alba y la ejecución de los condes de Horn y Egmont. La muerte de Isabel de Valois y el príncipe Carlos y la invasión del príncipe de Orange en los Países Bajos motivaría que el año 1568 esté considerado como el "annus horribilis" del reinado de Felipe. Quedaba viudo por tercera vez, sin heredero varón y con una guerra en ciernes en el norte de Europa. En 1570 volverá a contraer otra vez matrimonio -el cuarto- siendo la elegida su propia sobrina, doña Anna de Austria. El matrimonio tendrá 5 hijos, sobreviviendo sólo el heredero de la corona, el futuro Felipe III. Doña Anna fallecería en 1580 pero el rey ya no se volvería a casar, pasando sus últimos años viudo. En esta década de los 70 la corte madrileña vivirá momentos de tensión y rivalidades al enfrentarse de manera casi abierta las dos facciones que competían por el favor real. La encabezada por el duque de Alba y la liderada por el príncipe de Eboli -a su muerte será Antonio Pérez quien se convierte en el jefe de este grupo-. Entre 1576-1579 las rivalidades casi provocan un colapso administrativo. Estos enfrentamientos tuvieron su punto culminante en el asesinato de don Juan de Escobedo, secretario particular de don Juan de Austria, el 31 de marzo de 1578, involucrándose al propio monarca cuando el promotor del asesinato era Pérez. Mientras estas rivalidades se producían en la corte, en los Países Bajos la situación era cada vez más complicada. La política militarista del duque de Alba había dejado paso a una línea más dialogante establecida por don Luis de Requesens pero su fallecimiento en 1576 y el saqueo de Amberes por las tropas no favorecieron esta nueva línea política emprendida. Don Juan de Austria pudo conseguir finalizar el conflicto pero su muerte en Namur (1578) tampoco ayudó. Felipe apostó por la llegada del cardenal Granvela como secretario de Estado para resolver la crisis tanto política como financiera. De esta manera se daba paso a la segunda etapa del reinado caracterizada por el inicio del declive físico y moral del monarca. La anexión de Portugal en 1581 será la gran victoria de este momento -Felipe había sido nombrado rey de Portugal en 1580 por las cortes de Thomar tras el fallecimiento del cardenal don Enrique, regente del reino a la muerte de don Sebastián- pero la situación en Flandes estaba estancada a pesar de los éxitos iniciales de Alejandro Farnesio. La intervención de Isabel I de Inglaterra en el conflicto de los Países Bajos inclinará la balanza a favor de los rebeldes holandeses. La reacción del Rey Prudente será la organización de la Armada de Inglaterra con la que pretendía invadir la isla británica, contando con el embarque de las tropas de Farnesio. El desastre de la Armada en el año 1588 iniciará la etapa de declive tanto política como física del reinado de Felipe II. Esta tercera etapa vendrá marcada por la progresiva dejación de funciones del monarca ya que sus achaques y enfermedades le impedían controlar todos los asuntos como era de su agrado. Para colaborar con las decisiones del monarca se crea la Junta de Noche (1585) en la que participa el secretario Vázquez de Leca. Cinco años más tarde se organiza la Junta Grande, consejo cuyo objetivo primordial será hacer frente a la caótica situación económica pero que se convertirá en la verdadera encargada del gobierno de la Monarquía. Estos últimos años vendrán caracterizados en cuanto a la política exterior por la intervención en la política francesa a través de su apoyo a la Liga Católica. Los deseos de situar a su hija Isabel Clara Eugenia en el trono francés -era hija de Isabel de Valois- no se verán satisfechos al coronar a Enrique IV como monarca galo. El inicio de un conflicto en la zona norte de Francia, en el que participarían activamente las tropas de Alejandro Farnesio, diversificaría los frentes de lucha y permitirá la consolidación de la posición holandesa. La Paz de Vervins (1598) ponía fin a la lucha hispano-francesa y dejaba los Países Bajos en manos de Isabel Clara Eugenia, casada con el archiduque Alberto. A medida que va avanzando en edad, la salud de Felipe II se iba deteriorando y los ataques de gota se repetían con mayor frecuencia. Llegará un momento en que no pueda firmar debido a la artrosis de su mano derecha. A finales del mes de junio de 1598 Felipe sufrió unas fiebres tercianas que le postraron en la cama, sufriendo dolores tan intensos que no se le podía mover, tocar lavar o cambiar de ropa. A las cinco de la madrugada del domingo 13 de septiembre de 1598 fallecía Felipe II en el monasterio de El Escorial. Tenía 71 años y su agonía había durado 53 días.

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Felipe  III 1598 - 1621

Nacido en 1578, el hijo de Felipe II y de Ana de Austria. En 1582 se le designó heredero al trono, cargo que ocupó sucediendo a su fallecido padre en 1598. Ese mismo año contrajo matrimonio con la archiduquesa Margarita, hija del archiduque Carlos y de María de Baviera, nieta del emperador Fernando I. Su afición a la caza le hizo delegar el gobierno en manos de los validos, el principal de ellos el duque de Lerma, Francisco Gómez de Sandoval. Tradicionalmente se ha asignado a este rey y su valido una imagen de indolencia y dejadez hacia los asuntos públicos; sin embargo, sí que existieron algunas iniciativas emprendidas para reformar determinados ámbitos de la administración y de búsqueda de soluciones a los problemas de la nación, los más principales de ellos el deterioro de la paz interior, dificultada por las tensiones entre los distintos reinos; la caída del peso de España en el conjunto de las naciones europeas y la crisis institucional. En 1602 se realizó una visita para evaluar y conocer las deficiencias y problemas de la administración, demostrando la existencia de una amplia y generalizada corrupción funcionarial en el seno del Consejo de Hacienda. Se supo también de la deficiente organización de las instituciones, alguna de las cuales veían sus competencias poco o mal definidas, lo que provocaba recelos y una deficiente labor administrativa. Como solución, se fijaron nuevas ordenanzas para eliminar las competencias entre los distintos organismos que formaban el Consejo de Hacienda. Por otro lado, se intentó solucionar el retraso en las actuaciones administrativas haciendo que el Consejo de Indias dictaminase en días separados los asuntos relativos al gobierno, la guerra, la hacienda y la justicia. Para proteger el comercio con las colonias americanas y los cargamentos de oro y plata que de allí provenían, amenazados por la piratería y el corso, se creó la Junta de Guerra de Indias. Además de la Indias, surgieron también otras Juntas como las de Desempeño (1603), la de Hacienda de Portugal (1660), etc, que no supusieron una fuerte reforma de las instituciones y cuyo efecto más inmediato fue reducir las competencias de los Consejos. Algunas Juntas tuvieron una duración corta, mostrando que la solución que se quiso dar a los problemas no fue acertada y que, además de no agilizar la función pública, su influencia sobre ella fue perniciosa e incapaz de resolver los problemas. Con Felipe III las Cortes debieron ser convocadas con frecuencia para atender asuntos de fiscalidad -como los servicios de millones de 1601, 1608 y 1619-, con lo que su importancia creció considerablemente, así como su poder frente a la Corona. Se encargaban también de colaborar en la elaboración y vigilancia relativa del presupuesto de la Hacienda Pública, control que la Corona trató de evitar recurriendo a su poder sobre las ciudades mediante la distribución del patronzago y a su influencia sobre procuradores y poderes locales castellanos. En consecuencia, se intensificó el dominio efectivo del trono sobre el territorio, a pesar de la pervivencia de instituciones con las que en ocasiones competía, lo que derivó en una mayor capacidad de integración y la ausencia de repuestas en forma de conflicto. En 1619 el duque de Lerma es apartado del poder, y con él cae en desuso la figura del valido plenipotenciario, figura que aparece cuestionada a partir de entonces y sujeta a restricciones. El aumento del poder de la monarquía supone también un mayor grado de control sobre las Cortes y otras instituciones. La Corte se estableció en Valladolid entre 1601 y 1606. La crisis económica y el consejo de los arbitristas promovieron una política de no confrontación con el enemigo tradicional, Inglaterra, y con Holanda, quese plasmó en la paz con la primera, firmada en 1604, y en la Tregua de los Doce Años, con la segunda, firmada en 1609. La política pacifista se asentó también en una mejora de las relaciones con Jacobo I de Inglaterra y en una acertada política de enlaces matrimoniales, que unió a Luis XIII con una infanta española y al futuro Felipe IV con Isabel de Borbón. Sin embargo, pronto la tendencia se vio rota al observar el ventajoso aprovechamiento holandés del tratado de paz, a la "conjuración de Venecia", lo que abría un nuevo escenario de conflicto, esta vez en Italia, y al inicio de la Guerra de los Treinta Años. La difícl situación en Bohemia hizo que se dedicasen los esfuerzos militares hacia el Imperio, a pesar de los planes de Lerma de atacar Argel como continuación de la expulsión de los moriscos (1609). El final del reinado sucedió en medio de graves enfrentamientos con las Cortes, acaecidos por el control ejercido por éstas en las concesiones de servicios. Felipe III falleció en 1621.

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Felipe IV 1621 - 1665

Hijo de Felipe III y de su esposa Margarita de Austria, nació en Valladolid en 1605. En 1621 alcanzó el trono, tras la muerte de su padre. Casó dos veces, con Isabel de Borbón en 1615 y con Mariana de Austria en 1648, de cuyos matrimonios nacieron doce hijos, sólo tres de los cuales sobrevivió (María Teresa, Margarita y Carlos II). Tuvo además un hijo fuera de sus matrimonios, don Juan José de Austria (1629), con la actriz María Calderón, alias "La Calderona", oficialmente reconocido en 1642 pero rechazado que vio rechazada por su padre en 1663 su pretensión de ser considerado infante. Objetivo prioritario de su mandato fue restaurar el poder del trono, que había sufrido una merma considerable en el reinado anterior. Delegó su poder en el poderoso valido conde-duque de Olivares (1621-1643), con el fin de realizar un ambicioso proyecto de reforma que afectaba a buena parte de las instituciones. Su primera labor se centró en la Hacienda, en la que se intentó la recuperación de rentas enajenadas, el control sobre el gasto público, el ordenamiento y estructuración del sistema impositivo, etc. En el ámbito económico, se intentó importar el modelo mercantilista holandés y se presentó el proyecto de la Unión de Armas, cuya finalidad era ordenar y canalizar los recursos provenientes de los territorios periféricos, necesarios para mantener un ejército capaz de hacer frente a los conflictos abiertos y, de paso, establecer la periodicidad y seguridad de las entregas a la Hacienda real. El proyecto de reformas se completó además con las medidas moralizantes propuestas por la Junta de Reforma, entre 1618 y 1622. En 1624 la ideología reformadora se plasmó en el Gran Memorial, cuyas grandes líneas de actuación eran la consecución de una monarquía de corte administrativo, dominada por la eficacia, y la racionalización de las acciones de gobierno, encaminadas ahora hacia el cumplimiento de objetivos y con criterios puramente ejecutivos. Sin embargo, diversos problemas darán al traste con el proyecto reformador. La cantidad decreciente de oro que llega al puerto de Sevilla entre 1619 y 1621, la oposición de la Cortes a los cambios en los impuestos, la oposición de las regiones a la Unión de Armas y el enfrentamiento de los consejos al Conde-Duque y a sus juntas, todo ello incidió para declarar la primera quiebra de la monarquía en 1627, tras haber conseguido dos grandes victorias militares en 1625 (Bahía y Breda). Además, la intervención en Bohemia en 1618 y la no renovación de la tregua de Amberes (1621), viciaron la política exterior y supusieron un quebradero más de cabeza para el gobierno de Olivares. La situación se fue tornando de dramática a desastrosa. A pesar del beneficio que en primera instancia supuso la quiebra, por cuanto las primeras medidas - sustitución de los asentistas genoveses por portugueses, súbditos del rey, y deflacción de 1628- dieron su fruto y enjugaron algo el déficit, las medidas y acontecimientos siguientes resultaron nefastos. Así, entre 1621 y 1626 se procedió a acuñar moneda de vellón en exceso; a la carísima intervención en Mantua, siguieron las derrotas de Matanzas (1628), Hertogenbosch (1629) y Pernambuco (1630), con la pérdida de la primera. Las medidas no hicieron sino agravar la situación: la abolición de los millones por parte de Felipe IV y el incremento excesivo del monopolio de la sal en 1631 provocaron la rebelión en Vizcaya (1631-1634); los proyectos de reforma quedaron definitivamente aparcados, instalada la monarquía en un esfuerzo bélico que implicaba a todos los territorios y que consumía los escasos recursos de la Hacienda. En 1635 se inicia la guerra con Francia, un costosísimo conflicto que ahondará la crisis de la monarquía, obligada a recurrir a la venta de regalías y patrimonio de la Corona, al papel sellado (1636), a donativos y valimientos, y a la utilización de las Cortes para aumentar los servicios. La acuciante necesidad de fondos incrementa, además, la presión sobre una nobleza ya endeudada, sobre la que recaerá la leva de tropas y la defensa del reino, mientras que es alejada de la Corte por Olivares. Si bien el desarrollo de la guerra fue en principio exitoso (Nordlingen, 1634; Fuenterrabía, 1638), las medidas tomadas para sufragarla provocaron las revueltas de catalanes y portugueses (1640) y costaron el puesto a Olivares (1643). En su lugar, se formó un gobierno de emergencia, tutelado por Felipe IV, quien ya no volverá a dar el mismo grado de poder a ningún valido. A pesar del cambio de gobierno, los problemas continúan. La guerra prosigue y con ella la excesiva presión fiscal, que dará lugar a una nueva quiebra en 1647. Las malas cosechas, además, provocarán revueltas en Castilla (1647-52 y 1655-57) y Nápoles (1647). La guerra con Francia se había vuelto insostenible, por lo que se decide un cambio de política (paz de Munster, 1648; paz de los Pirineos, 1659). La caída de Barcelona en 1652 permitirán al rey recuperar parte del prestigio y confianza perdidos y le facultarán para intentar en los últimos años de su reinado la recuperación de Portugal (Elvas, 1658; Vila Viçosa, 1665). Falleció el 17 de septiembre de 1665, dejando tras de sí una monarquía en profunda recesión y crisis y con su autoridad fuertemente cuestionada por nobles, ciudades y regiones.

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Carlos II 1665 - 1700

Su madre actuó de regente hasta 1675, en que Carlos fue declarado mayor de edad. Débil e incapaz para el gobierno fue objeto continuo de presiones políticas y diplomáticas. Llamado "el Hechizado", su reinado coincidió con la depresión del s. XVII: en Castilla se vivía una época de despoblamiento, hundimiento de la agricultura, hambre, etc. La derrota internacional y la quiebra de estado de Felipe IV había inmerso a Castilla en una depresión profunda. Ante la falta de descendencia del rey se nombró sucesor al Duque Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y que sería en la rama dinástica española Felipe V de Borbón. De Carlos II se conservan diferentes retratos donde podemos observar su peculiar imagen que concuerda con ese apodo de "Hechizado" por el que se le conocía. Ejemplo de estos retratos son el realizado por Carreño o la Sagrada Forma de Claudio Coello.

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Este sitio se actualizó por última vez el 28/10/08