|
|
ÍNDICE DE LOS REYES DE
MALLORCA
LOS PROTAGONISTAS DE UNA
ÉPOCA
Mallorca, Reino de (1276-1343)
Estado de la España Medieval, creado en 1276, a raíz del testamento
de Jaime I el Conquistador y que fue definitivamente anexionado a la
Corona de Aragón por Pedro IV en 1343. Aunque el reino mantuvo una
entidad propia estuvo vasalláticamente supeditado a Aragón y siempre
fue objeto de deseo de los monarcas aragoneses.
La Corona de Aragón y la conquista de Mallorca
El
nacimiento de la Corona de Aragón se podría fechar en 1137, año en
el que el monarca aragonés Ramiro II el Monje cedió sus territorios
al conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, al que además entregó a
Petronila su hija y heredera, en matrimonio. En el nuevo Estado, el
soberano actuaba como un nexo, llamándose Rey de Aragón y Conde de
Barcelona, aunque los catalanes siempre le dieron el título de rey.
La Corona se fue ampliando con las sucesivas conquistas de Valencia,
Mallorca, Cerdeña, Sicilia, Nápoles y los ducados de Atenas y
Neopatria. Los diferentes reinos de la Corona se integraron de forma
federalista, conservando cada uno de ellos sus propias
instituciones. Esta situación se mantuvo hasta principios del siglo
XVIII, cuando los Borbones proclamaron los Decretos de Nueva Planta,
que pusieron fin a la mayoría de las instituciones de los
confederados para supeditar Aragón a Castilla.
Por otra parte, la derrota de las Navas de Tolosa (1212) desintegró
el poder almohade en la Península Ibérica, circunstancia que fue
aprovechada por monarcas, como Jaime I, para acelerar los procesos
de Reconquista. Para este rey, la conquista de Mallorca significaba
el establecimiento de una base política y económica que favorecería
los intereses del comercio catalán en los mercados de Oriente, pero
también era una oportunidad única para encauzar las energías de una
nobleza levantisca, en una causa común. La ocasión para iniciar la
conquista vino dada en verano de 1226, cuando el valí musulmán de
Mallorca, Abú Yahya, apresó en aguas de Ibiza dos naves catalanas y,
amparado por genoveses y pisanos, se negó a devolverlas. La
declaración de guerra por parte del monarca aragonés fue la excusa
para acometer un proyecto que llevaba muchos años latente. En las
cortes de Barcelona de noviembre de 1228 (a las que no acudió
representación aragonesa) se ultimaron los preparativos de la
expedición, cuyo objetivo se planteó como la anexión total de las
islas. Jaime I se comprometió a repartir las tierras y riquezas
conquistadas de forma proporcional al número de caballeros y hombres
de armas que cada participante aportase. La expedición comenzó el 5
de septiembre de 1229 y culminó el último día del mismo año. El
reino de Mallorca y las islas quedaba anexionado a la Corona de
Aragón.
Volver al inicio de los Reyes de
Mallorca
Historia
En marzo de 1230 Jaime I otorgó la Carta de Franquicia en la que se
expresaron los derechos y exenciones de que disfrutarían los
moradores del reino de Mallorca. El resultado fue un sistema más
liberal que el vigente en Cataluña, en el que el feudalismo perdió
su lugar. De hecho el feudalismo acabaría por consolidarse en las
islas en una de las diversas variantes ofrecidas por el sistema. La
Corona de Mallorca fue ofrecida por Jaime I al infante Pedro de
Portugal, a cambio del condado de Urgel, que Pedro había heredado de
su esposa, Aurembiaix. A su muerte en 1265 Mallorca volvió a
depender directamente del monarca. Tres años antes, sin embargo,
Jaime I había dictado su testamento, en el que quedó patente su
concepción patrimonialista del reino: a su hijo mayor, Pedro (futuro
Pedro III) le dejó los reinos de Aragón y Valencia y el condado de
Barcelona, mientras que para el hijo menor, Jaime, quedaron el reino
de Mallorca, con Ibiza y el vasallaje de Menorca (aún islámica), y
las posesiones que la Corona de Aragón había conservado en la
Francia meridional, es decir, el señorío de Montpellier, los
condados de Rosellón, Conflent y Cerdaña y el vizcondado de Carladés.
La ejecución del testamento, tras la muerte de Jaime el Conquistador
(27 de julio de 1276), dio lugar al nacimiento del reino
independiente de Mallorca.
Jaime II de Mallorca fue coronado rey y juró los privilegios y
franquicias que su padre había concedido al reino, repartiendo la
capitalidad entre Perpiñán y el palacio establecido en la Almudaina
mallorquina. En 1278 Jaime de Mallorca estableció una alianza con el
conde de Foix, cabecilla de la nobleza francesa levantada contra el
poder real. Esto no agradó a Pedro III, que estaba en guerra con el
francés y quería que el reino de Mallorca tomase partido por Aragón.
La situación se resolvió a través del pacto de infeudación firmado
por ambos hermanos el 20 de enero de 1279, por el cual Jaime se
declaraba feudatario de Pedro III, en su nombre y en el de sus
sucesores. El acuerdo fue el punto de partida del fin de la
autonomía del reino de Mallorca, ya que requería el homenaje del
pueblo al nuevo rey y obligaba al rey de Mallorca a comparecer al
menos una vez al año en las cortes de Cataluña como señal de
sumisión (Jaime II quedó exento de esta obligación).
Pero
Jaime II, casado con Esclarmunda de Foix, siempre mostró mayor
basculamiento hacia Francia que hacia Cataluña y en 1283 firmó un
tratado con Felipe III de Francia por el que fortificó el Rosellón.
Además, cuando después de la conquista del Sicilia por parte del rey
aragonés, el papa lanzó sobre él la excomunión (1283), Jaime II se
declaró libre del juramento vasallático de 1279 y permitió que el
rey de Francia atravesase sus tierras para invadir Cataluña. El papa
Martín IV había acordado investir a Felipe III con aquellos
territorios que pudiese conquistar al rey excomulgado y el monarca
francés, por su parte, había pactado con Jaime II el intercambio de
los feudos ultrapirenaícos del reino de Mallorca por el reino de
Valencia, lo cual era del agrado de Jaime II. Sin embargo la campaña
francesa fue un fracaso y durante su desarrollo murió el rey de
Francia (1285); Pedro III, también moribundo, ordenó a su hijo y
heredero, Alfonso III, que acometiese la expedición de castigo
contra el reino de Mallorca.
Inmediatamente Alfonso III se lanzó a la conquista de las Baleares.
La ciudad de Mallorca, donde existía un sector de población que
recibía remuneración derivada del pacto de vasallaje de 1279, se
rindió sin lucha el 19 de noviembre de 1285. Alaró, Pollença,
Santueri e Ibiza siguieron la misma suerte. Menorca estaba aún en
manos de los musulmanes, aunque éstos habían jurado vasallaje a
Jaime II, por lo que Alfonso de Aragón conquistó la isla, en
previsión de que su tío pudiese encontrar apoyo allí y la pobló con
catalanes.
Tres expediciones de Jaime sobre Cataluña, aliado con el Papado y
con el rey de Francia, entre 1286 y 1288, terminaron en fracaso y
sus derechos no se vieron reconocidos en la paz de Tarascón de 1291.
Pero tras la muerte de Alfonso III en 1291 la corona de Aragón pasó
a su hermano, Jaime II de Aragón y la situación cambió en 1295 con
la firma de la paz de Agnani, por la que Jaime de II de Mallorca
recibía de nuevo el reino de Mallorca más la isla de Menorca,
comprometiéndose, como siempre, a guardar vasallaje a la Corona de
Aragón. Desde este momento hasta su muerte en 1311, Jaime II mantuvo
la paz y fue un excelente gobernante. Hacia 1300 fundó once nuevas
villas en la isla de Mallorca, estabilizó la economía y comenzó la
acuñación de moneda propia.
A la muerte de Jaime II el trono recayó en su segundo hijo, Sancho
I, que fue un rey amante de la paz y continuó la labor de
organización emprendida por su padre. Al año siguiente de la
coronación viajó a Barcelona, donde rindió vasallaje a Jaime II de
Aragón. Durante su reinado puso las primeras piedras de lo que sería
el Gran i General Consell y fundó una institución benéfica llamada
Caixa dels Mariners. Francia siguió fomentando la enemistad entre
Mallorca y Aragón, pero Sancho I se desmarcó de la política francesa
y en 1321 apoyó a Jaime II en su expedición para la conquista de
Cerdeña. Como agradecimiento, el monarca aragonés mantuvo protección
del señorío de Mallorca sobre Montpellier, contra las pretensiones
de los reyes de Francia. El mayor problema del reinado de Sancho I,
y que estuvo a punto de constarle la guerra con Aragón en 1319, fue
la falta de herederos. Con el apoyo del papa, en 1322 Sancho de
Mallorca nombró sucesor a su sobrino Jaime, hijo de su hermano
Fernando y en 1324 estableció un Consejo de Regencia que se habría
de renovar anualmente hasta que el heredero alcanzase la mayoría de
edad.
A la muerte de Sancho I en 1324, Jaime III de Mallorca sólo contaba
con diez años de edad y asumió el gobierno otro de sus tíos, Felipe,
hasta 1328. El rey Jaime II de Aragón seguía con la intención de
conquistar Mallorca, pero Roma se interpuso y la defensa de los
derechos dinásticos de Jaime III fue puesta en manos de eminentes
legistas. Cuando Jaime III de Mallorca alcanzó la mayoría de edad
fue prometido en matrimonio a Constanza, hermana del heredero del
trono aragonés, el futuro Pedro IV el Ceremonioso y a la muerte del
rey de Aragón, Jaime III presentó vasallaje a su sucesor, Alfonso IV
(1329). Pero cuando Pedro IV subió al poder y reclamó del rey de
Mallorca el juramento de fidelidad que le debía por el pacto de
1279, éste no acudió y se excusó diciendo que no podía abandonar sus
tierras en un momento en el que el rey de Francia había vuelto a
plantear sus derechos sobre Montpellier (1341). El año siguiente fue
acusado de fabricar en Perpiñán moneda barcelonesa y al ser
requerido por un tribunal de Barcelona tampoco se presentó, por lo
que fue acusado de rebeldía. Finalmente, aconsejado por el arzobispo
de Aquisgrán, enviado directamente por el papa Clemente VI, Jaime
III acudió a rendir vasallaje a Barcelona, pero se negó a someterse
a ningún tribunal, alegando que sólo el papa lo podría juzgar. En
todo caso, en 1342 el tribunal falló el pleito de los dos cuñados
condenando al rey de Mallorca y disponiendo que todos sus Estados
fuesen confiscados. Los dos reyes se prepararon para la guerra.
Pedro IV desembarcó en Mallorca el 18 de mayo de 1343 y la isla se
rindió sin lucha. El año siguiente atacó Rosellón, Menorca e Ibiza,
que fueron conquistados. Jaime III escapó a Francia y, con la ayuda
de Felipe IV atacó los condados del Conflent y Cerdaña, pero sin
resultados. Poco después vendió Montpellier al rey de Francia, por
una cantidad con la que armó un ejército para recuperar su reino,
pero fue vencido y muerto en la batalla de Llucmajor (1349). Desde
este momento Pedro IV se tituló rey de Mallorca y el reino quedó
definitivamente unido a la Corona de Aragón, en cuyas cortes se
discutieron en adelante los asuntos de Mallorca.
El hijo
de Jaime III, Jaime IV, no renunció a la corona y pasó de una
prisión a otra, hasta que un grupo de nobles lo liberó. Después se
unió a los enemigos de Aragón y formó parte de un grupo de
mercenarios franceses que asoló el reino durante la Guerra de los
Cien Años. Jaime IV dejó en herencia el reino de Mallorca a su
hermana Isabel, pero cuando el primero murió, ésta no reclamó ningún
derecho. Por otra parte, desde Llucmajor Mallorca quedó totalmente
unida a Aragón y durante el Compromiso de Caspe (1412) sus síndicos
no participaron en la elección de un nuevo rey.
Volver al inicio de los Reyes de
Mallorca
Economía
Las
tres ciudades principales del reino de Mallorca, Ciutat (la actual
Palma de Mallorca), Montpellier y Perpiñán tenían características
diferentes, pero un denominador común: eran importantes enclaves en
las rutas comerciales que unían el norte de Europa, el sur de
Francia y los reinos ibéricos mediterráneos con África e Italia.
Jaime el Conquistador quiso hacer del reino de Mallorca un estado
totalmente autónomo, aunque sus sucesores trabajaron en el sentido
contrario, para hacer depender el reino de la Corona de Aragón. Los
monarcas aragonese fueron adquiriendo una visión cada vez más clara,
no sólo del potencial comercial de Mallorca, sino también de la
relación entre la economía mallorquina y la de otros territorios
mediterráneos. Efectivamente, la función del comerció entre Mallorca
y Sicilia o Cerdeña, por ejemplo, sirvió tanto para enriquecer a los
comerciantes catalanes, como para abastecer a los habitantes de la
isla, lo cual posibilitaba su estabilidad política. La economía
mallorquina se fue integrando en el entramado comercial catalán a la
par que el reino se integraba políticamente en la Corona de Aragón.
Sin embargo, los monarcas mallorquines concibieron su sistema
económico como un modo de reivindicar su independencia respecto a
Aragón, lo que explica el establecimiento de aranceles entre los
territorios catalanes y mallorquines, de consulados mallorquines en
el extranjero, o la creación de un sistema monetario propio. Casi
inmediatamente después de que Jaime II ciñese la corona, se
establecieron vínculos por vía marítima con Inglaterra, con los
puertos de Levante y con la costa atlántica de Marruecos. Tras la
conquista catalana se intentó fomentar en la isla el cultivo de
cereales, dado que sus propios habitantes no llegaban al
autoabastecimiento. Sin embargo las Baleares eran ricas en sal y
lana, los primeros productos que fueron exportados. Desde el siglo
XIII se dio la exportación de aceite, producción que se convertiría
en masiva en el siglo XV. La industria textil mallorquina creció más
tarde que la de Barcelona y no hay vestigios de ella hasta
principios del siglo XIV, alcanzando una gran relevancia a mediados
de siglo. En general, todo el siglo XIV asistió a la transformación
de Mallorca de centro comercial a centro de producción, papel que
asumió gracias a la decadencia simultánea del comercio de Barcelona.
Todavía antes de 1229 hay pruebas suficientes que muestran un
comercio regular entre Mallorca y Barcelona, siendo la isla una
especie de cabeza de puente entre la Europa cristiana y África, y
lugar de paso frecuente para los mercaderes genoveses. Desde 1240 se
intuye en Ciutat de Mallorca una élite comercial en proceso de
formación, mezcla de elementos catalanes, italianos, provenzales,
judíos y ocasionalmente musulmanes y mozárabes. Los italianos
negociaron para conseguir un status privilegiado, lo que cristalizó
en instituciones como la lonja del genovesos. Marsella consiguió
casi 300 casas en la capital y el éxito de su comercio queda de
manifiesto en los documentos mercantiles marselleses del siglo XIII.
Jaime I también dio ciertas concesiones a algunos judíos del norte
de África para que se estableciesen en la isla. La imposible
competencia con los ricos comerciantes italianos debió causar
trastornos a la economía catalana o local y desembocó en la llamada
batalla del proteccionismo, que dio lugar a decretos de expulsión de
los italianos, demasiado frecuentes como para pensar que llegasen a
entrar realmente en vigor. A mediados del siglo XIII los papas
Gregorio IX e Inocencio IV permitieron comerciar con el Magreb a los
catalanes establecidos en Mallorca, pues de otra forma no tendrían
medio de ganarse la vida. Estas disposiciones muestran como en la
época la producción en la isla debía ser aún muy pequeña y daban pie
a un tipo de comercio que tuvo una gran relevancia en la Mallorca
catalana: el de esclavos musulmanes. Desde entonces y hasta finales
de la Edad Media, el Magreb fue el destino favorito de los
comerciantes mallorquines. Los vínculos con el norte de África se
vieron reforzados por los tratados celebrados por Jaime I con
diversos soberanos magrebíes. Sicilia también mantuvo estrechos
vínculos con Mallorca y ya desde tempranas fechas hay datos sobre la
creación de una primitiva ruta de las islas. Y mucho antes de que el
Rosellón y Mallorca estuviesen unidos bajo una corona común,
existían entre las Baleares y Colliure unos vínculos comerciales que
hacen pensar en relaciones más amplias, vía Perpiñán, y que
conectaría con las principales rutas que atravesaban Francia.
En los
primeros años de la formación del reino independiente, el comercio
con Barcelona continuó sin trabas. Pero el estallido de la guerra
que llevaría a las Vísperas Sicilianas perturbó las rutas del
comercio balear, desde el momento en el que el rey de Mallorca se
alió con Francia y el Papado, haciendo peligroso el contacto directo
con Cataluña y Valencia. Como consecuencia de estas alianzas, entre
1285 y 1298 Jaime II perdió las Baleares. La ruptura con Cataluña
significó que el suministro de alimentos a Mallorca quedaba
amenazado por el hecho de que Sicilia, que era una importante
proveedora de cereales, hubiese sido conquistada por el rey de
Aragón. Por otra parte, el comercio con Flandes, Inglaterra, Egipto
y Tierra Santa se desarrollaba normalmente durante el invierno,
aunque los barcos que tomasen esas rutas debían de ser pocos. De
estas fechas data la creación de consulados, síntoma del propósito
de los reyes de Mallorca de establecer una red comercial autónoma al
margen de Barcelona.
Durante el primer cuarto del siglo XIV la economía mallorquina
estaba totalmente supeditada al comercio exterior, tanto para el
abastecimiento, como gracias al auge que estaba experimentando la
actividad textil. Pero desde 1300 Jaime II aprobó las ordenanzas
para la creación de nuevas poblaciones, que formaban parte de un
sistema más amplio, encaminado a vertebrar con más fuerza las partes
continental e insular del reino, reduciendo su dependencia respecto
al entramado mercantil de Barcelona. Coinciden estas iniciativas con
el establecimiento en las Baleares de un sistema de acuñación de
moneda, con el hecho de que los cónsules de Mallorca fuesen
nombrados en pugna con los cónsules catalanes y con las fundaciones
de poblaciones fortificadas o bastides en el sur de Francia. También
de estas fechas viene la imposición de aranceles al comercio
catalán, lo que fue motivo de querella del rey de Aragón y desembocó
en un largo contencioso, que se unió al derivado del control de las
rentas procedentes del comercio africano y la ampliación del
impuesto de ancouratge. Con todo ello, la debilidad de la monarquía
mallorquina era evidente y derivaba del fracaso a la hora de obtener
ingresos sustanciales procedentes de las actividades económicas
desarrolladas por sus súbditos. Hubo un intento de cambiar esto
mediante la imposición de leyes que incrementaron, por ejemplo, el
impuesto de residencia de los musulmanes en la isla. Aún así, las
amplias exenciones concedidas por los reyes aragoneses hicieron
vanos estos intentos.
Volver al inicio de los Reyes de
Mallorca
Jaime I 1229-1276
Rey de Mallorca, hijo de don Jaime el Conquistador y de doña
Violante de Hungría; nació en 1243 y murió en 1311. Recibió de su
padre en 1256 las islas Baleares, el condado de Rosellón y el
señorío de Mompeller, obligando a su hermano mayor Pedro III a que
confirmase esta donación; tuvo guerras con éste, y después con su
hijo Alfonso III, que querían incorporar a la corona de Aragón la
parte que Jaime I había separado para su hijo. Jaime, tan
injustamente atacado, fue sostenido por los papas y los reyes de
Francia. En 1298 hizo un tratado definitivo con Jaime II de Aragón,
para arreglar las relaciones de las dos monarquías. Desde entonces
se ocupó en fomentar la prosperidad de su país, haciendo renacer la
agricultura y la industria; reedificó el castillo de Bellver, fundó
gran número de villas, acuñó moneda, y realizó varias fundaciones
piadosas.
Jaime II, Rey de Mallorca 1276-1311
Rey de Mallorca, nieto de Jaime I, e hijo del infante don Fernando;
nació en Sicilia en 1315 y murió en 1349. Elevado al trono de
Mallorca por muerte de su tío Sancho en 1324, fue reconocido por
Jaime II de Aragón y Carlos IV de Francia. Hizo la guerra a los
moros, y después a los genoveses; habiéndose enemistado con Pedro IV
de Aragón, éste aprovechó el momento en que Jaime se hallaba en
lucha con el rey de Francia, a propósito del señorío de Mompeller, y
le hizo citar para responder a una acusación de felonía. Como Jaime
no compareciera, Pedro le despojó de todas sus posesiones en 1344,
sin que pudiera recobrarlas a pesar de la protección del Papa. En
1349 vendió al rey de Francia el señorío de Mompeller en ciento
veinte mil escudos de oro, que le sirvieron para equipar una
escuadra y desembarcar en Mallorca; pero fue vencido en los campos
de Llucmayor y pereció en el combate.
Volver al inicio de los Reyes de
Mallorca
Sancho I
1311-1324
Rey de
Mallorca desde 1311, hijo y sucesor de Jaime II y de Esclaramunda de
Foix. Obtuvo también los títulos de conde del Rosellón y señor de
Montpellier. Se casó en 1309 con María de Sicilia, hija de Carlos II de
Nápoles. Heredó el trono tras la renuncia del primogénito, que ingresó
en la orden franciscana. Su reinado estuvo marcado por la paz y la
prosperidad económica, lo que no impidió que tomase partido en diversas
expediciones militares, por ejemplo, la que protagonizaron los
almogávares contra el reino bizantino.
Mantuvo buenas relaciones
con Jaime II de Aragón, de quien se reconoció vasallo en 1312. Acató de
este modo la decisión papal que trataba de poner fin al litigio entre
ambos reinos. En 1321 acudió a las cortes de Gerona en las cuales se
comprometió a prestar ayuda militar al rey aragonés en su expedición de
conquista de Cerdeña, a cambio, Jaime II de Aragón se comprometió a
apoyarlo frente a Francia en la cuestión del señorío de Montpellier,
cuya posesión le disputaban. Para la campaña de Cerdeña, mandó Sancho
veinte galeras y numerosos soldados. Él mismo se puso al frente del
ejército y tomó parte activa en el sitio de Vilaesglesias en 1324, en el
cual falleció sin haber dejado descendencia. Le sucedió en el trono su
sobrino Jaime III, hijo de su hermano Fernando al que Sancho había
ayudado en 1315-1316 en la conquista del principado de Morea. El cuerpo
del rey fue llevado a Perpiñán.
Volver al inicio de los Reyes de
Mallorca
Jaime III, Rey de Mallorca 1336-1375
Rey de Mallorca, hijo de Jaime II, nació en Perpiñán en 1336 y murió
en 1375. Habiendo caído prisionero en la batalla en que su padre
perdió la vida, estuvo cautivo doce años en Barcelona, donde su tío
Pedro IV de Aragón no le ahorró humillaciones. Habiendo logrado
fugarse en 1362, se refugió en Nápoles, donde se casó con Juana,
viuda y heredera de aquel reino. Deseoso de conquistar el reino de
su padre, se unió al ejército conducido a España por el príncipe de
Gales, para restablecer en su trono a Pedro de Castilla; éste
prometió ayudarle, pero posteriormente olvidó sus promesas. Después
de caer prisionero en poder de Enrique de Trastámara, y de pagar
Juana un crecido rescate para obtener su libertad, volvió a hacer
varias tentativas, y murió repentinamente en Vallderan, pueblo
inmediato a Urgel; se atribuyó su muerte a un veneno.
Volver al inicio de los Reyes de
Mallorca
|