Reyes de Castilla y León

   
 

 

 

 

 

         

 

        ÍNDICE DE LOS REYES DE CASTILLA Y LEÓN

           LOS PROTAGONISTAS DE UNA ÉPOCA

Fernando III 1230-1252

Heredó el gobierno de León de manos de su padre, Alfonso IX (1230), y consiguió el mandato sobre Castilla por cesión de su madre, doña Berenguela (1217), gracias a la muerte de su tío Enrique I. Residente en León tras la anulación del matrimonio de sus padres, a la muerte de Enrique I de Castilla su madre Berenguela le hace llamar a Castilla y le entrega el mando sobre el reino. Durante los primeros años de su gobierno hubo de combatir la revuelta nobiliaria encabezada por la casa de los Lara y la invasión leonesa encabezada por su padre Alfonso IX, rechazada frente a Burgos. La herencia recibida supone la unión definitiva de ambos reinos, aunque durante los primeros años será un foco de problemas. La cuestión está en la cuestionada legitimidad de Fernando para recibir la herencia de sus padres, pues su madre, Berenguela, es la heredera directa del trono castellano, mientras que, por otra parte, su padre Alfonso IX lega su reino a sus hijas Sancha y Dulce, hijas de su primer matrimonio con Teresa Sánchez de Portugal. La diplomacia desempeñada por su madre, el carácter conciliador de Fernando y el clima de optimismo generado por la victoria sobre los musulmanes en las Navas de Tolosa (1212) suavizan las iniciales reservas que la entronización de Fernando III había suscitado entre los castellanos. Por parte leonesa, Fernando y su madre Berenguela logran en 1230 la renuncia de las herederas al trono a cambio del pago anual de 30.000 maravedíes. Resueltas las divisiones internas castellanas, el 30 de noviembre de 1219 contrajo matrimonio en Burgos con Beatriz de Suabia, nieta del emperador alemán Federico I Barbarroja, uniendo de este modo la casa de Castilla con los principales representantes del partido gibelino. Tres días más tarde es ordenado caballero en el monasterio de las Huelgas. El camino está expedito para relanzar las labores de conquista de los territorios musulmanes, aprovechando el clima de euforia desatado por la victoria de las Navas y la debilidad del poder árabe peninsular. En 1224, la Curia de Carrión decide adjudicar todos los recursos necesarios para la lucha contra los musulmanes, iniciándose un período de numerosas e importantes conquistas militares. Así, en 1236 se toma Córdoba, una conquista que va más allá de lo puramente militar por el carácter simbólico de la antigua capital del califato. La situación de prosperidad económica que vive el reino posibilita el lanzamiento de constantes campañas militares, con lo que las conquistas se suceden. Caen sucesivamente Chillón, Almodóvar, Lucena, Aguilar, Écija, Osuna y Estepa. En 1243 es tomado Murcia; en 1245 conquista Jaén. Tras un asedio de dos años, el 23 de noviembre de 1248 es tomada la ciudad de Sevilla, lo que supone el punto álgido del poderío militar y económico del monarca castellano-leonés. La conquista de Sevilla, autentica joya del poder musulmán, requerirá por vez primera de un ataque marítimo y un auténtico despliegue de medios técnicos y materiales. Así, se prepara una flota en el Cantábrico que asolará la ciudad a las órdenes del almirante Ramón Bonifaz, evitando además la llegada de auxilio desde el exterior. Conquistada buena parte del sur peninsular, la preocupación de Fernando III será ahora asegurar el control sobre los territorios conquistados y organizar y estructurar bajo el patrón de asentamiento castellano tanto los recursos como el espacio anexionados. Para lograr cumplimentar este doble objetivo, se dispone a organizar un ataque contra el norte de África y establece un sistema de reparto de las tierras y bienes tomados a los musulmanes entre caballeros y peones cristianos, con el fin de asegurar la subsistencia de los nuevos pobladores mediante los recursos necesarios. Casado en segundas nupcias con doña Juana, hija del conde de Ponthieu, de sus dos matrimonios nacieron trece hijos. Mandó traducir al castellano el "Liber Iudiciorum", conocido como "Fuero Juzgo", y durante su reinado se erigieron las catedrales de Burgos en 1221 y Toledo en 1226. Ya en sus tiempos su mandato fue considerado modélico, pues logró restringir de manera notable el dominio musulmán en la península Ibérica y establecer medidas políticas y económicas que mejoraron las condiciones de vida de sus súbditos. La muerte le sorprendió 30 de mayo de 1252, mientras preparaba una expedición contra el norte de África. Primo de Luis IX de Francia, fue como él considerado un hombre piadoso y de profunda fe católica, por lo que será canonizado en 1671 por el papa Clemente X.

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Alfonso X, el Sabio 1252-1284

Rey de Castilla y de León (Toledo, 1221 - Sevilla, 1284). Era hijo primogénito de Fernando III, a quien sucedió en 1252. Ya como infante realizó importantes labores, como la conquista del Reino de Murcia (1241) o la paz con Jaime I de Aragón, que conllevó el matrimonio de Alfonso con su hija Violante.

Impulsó la Reconquista tomando plazas como Jerez, Medina-Sidonia, Lebrija, Niebla y Cádiz (1262). Hizo frente a una sublevación de los musulmanes de sus reinos, promovida por los reyes de Granada y Túnez (1264). Repobló Murcia y la Baja Andalucía. E incluso continuó el avance frente al Islam pasando al norte de África, al enviar una expedición a Salé (1260). Otra parte de sus esfuerzos hubo de dedicarlos a reprimir rebeliones interiores, como la protagonizada por el infante Enrique y varios nobles (1255), la que se produjo en Vizcaya (1255) o la que encabezó el infante Felipe (1272).

Alfonso era hijo de Beatriz de Suabia, circunstancia que le hizo aspirar a la coronación imperial de Alemania, logrando la elección en 1257 con el apoyo de Sajonia, Brandeburgo, Bohemia y varias ciudades italianas. La oposición del papa hizo fracasar finalmente el empeño -en el que triunfó Rodolfo de Habsburgo-, renunciando Alfonso en 1276. Este llamado «fecho del Imperio» fue muy impopular en Castilla, pues exigió dinero y hombres que -unidos a los gastos de la corte y a las continuas guerras- crearon dificultades financieras, que obligaron a reducir la ley de la moneda y a crear nuevos impuestos. Durante una de las ausencias del rey por el asunto del Imperio, los benimerines de Marruecos desembarcaron en Algeciras (1272); en la lucha contra aquella campaña murió el infante Fernando de la Cerda, heredero del trono, antes de que su hermano Sancho consiguiera rechazar a los musulmanes. Posteriormente los benimerines derrotaron a una flota castellana en el estrecho de Gibraltar (1278), obligando a Alfonso a pactar una tregua.

Alfonso provocó con sus contradicciones un conflicto sucesorio: había promulgado las Partidas, según las cuales debía sucederle el hijo mayor del difunto Alfonso de la Cerda; pero al morir éste prefirió declarar heredero en 1278 a su segundo hijo, Sancho IV, siguiendo la tradición castellana (quizá para evitar un enfrentamiento inmediato con éste). Un intento posterior de hacer al infante de la Cerda rey de Jaén provocó la rebeldía de Sancho, quien buscó apoyo en Aragón y Portugal (mientras que Francia apoyaba a los de la Cerda) y se hizo reconocer por unas Cortes reunidas en Valladolid, que depusieron a Alfonso (1282). Éste, confinado en Sevilla, buscó apoyo en el rey benimerín; pero murió antes de haberse enfrentado con Sancho. En su testamento desheredaba a Sancho y reconocía como sucesores a los infantes de la Cerda, dando así motivo para nuevas disensiones.

Pero sobre todo, el reinado de Alfonso destacó en el orden cultural; por ejemplo, puede datarse en su época la adopción del castellano como lengua oficial. Reunió en su corte a sabios y eruditos de las tres religiones peninsulares (cristianos, musulmanes y judíos), creando escuelas de investigadores y traductores en Murcia, Sevilla y, especialmente, Toledo; su labor ayudó a transmitir al Occidente cristiano importantes elementos de la cultura oriental y de sus raíces clásicas (traducción al castellano de la Biblia, el Corán, el Talmud, la Cábala, Calila y Dimna…). El propio rey dejó una abundante obra escrita, tanto literaria (Cantigas de Santa María) como histórica (Crónica general, Grande e General Estoria) y científica (Libros del saber de astronomía, Lapidario…). Por otro lado, promovió una importante labor jurídica, con la promulgación del Fuero Real, las Leyes del Estilo y las Siete Partidas; este último código, de larga influencia en el ordenamiento castellano y español, supone la recepción del derecho romano en Castilla, incorporándose a la corriente europea del «derecho común». Más sobre Alfonso X el sábio

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Sancho IV el Bravo 1284-1295

(?, 1258-Toledo, 1295) Rey de Castilla (1284-1295). Hijo de Alfonso X, fue proclamado heredero del reino a la muerte de su hermano mayor Fernando de la Cerda (1275), frente a los derechos legales de sus sobrinos (infantes de la Cerda). Casado con María de Molina (1285), para asegurar el reino a sus descendientes pactó con Pedro III el Grande de Aragón y con Felipe III el Atrevido de Francia; el primero cumplió el acuerdo al apresar a los infantes de la Cerda, con la promesa de que Sancho IV ayudaría en caso de que Aragón fuese invadida por los franceses. La muerte de Felipe el Atrevido y de Pedro el Grande cambió la situación internacional (1285). El nuevo rey de Aragón Jaime II reconoció como rey de Castilla a Alfonso de la Cerda (1288), por lo que Sancho procuró establecer un pacto de no agresión con Felipe IV el Hermoso de Francia. La derrota que el ejército aragonés infligió al castellano en Pajarón (1290), puso fin a las hostilidades entre ambos reinos, que se unieron en la expedición contra Tarifa (1292). Jaime II de Aragón casó con Isabel de Castilla, primogénita de Sancho IV, en busca de mejores relaciones entre ambos, pero la política ambigua del rey castellano provocó nuevos enfrentamientos.

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Fernando IV el Emplazado 1295-1312

(Sevilla, 1285-Jaén, 1312) Rey de Castilla (1295-1312). Hijo de Sancho IV y de María de Molina. Junto con Portugal y la Corona de Aragón intentó combatir al reino de Granada (1308), pero fracasó en la empresa por el abandono de una parte de los nobles, y sólo pudo conquistar Gibraltar (1309).

Alfonso XI 1312-1350

Hijo de Fernando IV y de Constanza de Portugal, queda huérfano de padre con tan sólo un año de edad. Hasta 1325, año en que formalmente asume el trono, la política castellana estará marcada por las luchas de los pretendientes a ejercer la regencia, lo que pondrá en peligro la estabilidad de la Corona. En este proceso, su abuela María de Molina arbitrará situaciones críticas hasta su muerte en 1321. A partir de 1313, tras los acuerdos de Palazuelos, ejercerán como tutores los infantes don Pedro y don Juan, hasta su muerte en 1319 en la Vega de Granada. Posteriormente, diversas facciones nobiliarias encabezadas por don Juan Manuel, don Felipe, don Juan el Tuerto y don Tello de Molina sumirán a Castilla en un caos político al protagonizar varias sublevaciones y dividir el reino. A partir del momento en que asume el trono, su primera labor será recuperar el terreno perdido por la corona y asentar el poder real. Así, su misma entronización en Las Huelgas (Burgos) simbolizará la pretensión de reafirmar el poder del trono frente a las revueltas de los nobles, en especial don Juan Manuel. Esta política continuará con medidas como la promulgación del Ordenamiento de Alcalá en 1348, la incorporación de nuevos elementos no nobiliarios al gobierno procedentes de medios urbanos o la disolución de las hermandades concejiles. En cuanto a Europa, Alfonso XI promoverá la defensa de los intereses comerciales castellanos durante la Guerra de los Cien Años, lo que obligará a eludir realizar cualquier toma de partido. Pasada ésta, la alianza con Francia será un hecho a partir de 1345. Por otro lado, a partir de 1327 los intereses militares castellanos pasan por el control del estrecho de Gibraltar. En 1340 se produce la importante batalla del Salado, que permite anexionar Algeciras y Tarifa. Durante el sitio a Gibraltar una epidemia de peste diezmó al ejército castellano y acabó con la vida de Alfonso XI. Sus hijos serán Pedro I, nacido de su matrimonio con María de Portugal, y Enrique II, fruto de sus relaciones extraconyugales con doña Leonor de Guzmán.

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Pedro I el Cruel  1350-1369

Rey de Castilla y León (Burgos, 1334 - Montiel, La Mancha, 1369). Era hijo de Alfonso XI, a quien sucedió en 1350. El comienzo de su reinado estuvo marcado por la debilidad del poder real frente a las facciones que se disputaban el poder: los diversos hijos bastardos que había tenido Alfonso XI con Leonor de Guzmán, los infantes aragoneses primos del rey y la reina madre -María de Portugal-. Inicialmente controló el poder la facción de la reina madre y del favorito Juan Alfonso de Alburquerque, que reorientó la política exterior hacia la alianza con Francia; para cimentarla, se concertó el matrimonio del rey con Blanca de Borbón (1353). Pero por entonces el rey era ya amante de María de Padilla, por la que abandonó a su esposa tres días después de la boda, haciéndola encerrar en el Alcázar de Toledo; con ello provocó la ruptura con Francia, la caída de Alburquerque y el estallido de una rebelión en Toledo, que pronto se extendió a otras ciudades del reino. La insurrección contra el autoritarismo real aunó a la nobleza con las oligarquías municipales, reclamando ambas mayor participación en el gobierno del reino; al frente de la misma se situaron el propio Alburquerque (muerto poco después) y don Enrique de Trastámara (el futuro Enrique II, uno de los bastardos de Alfonso XI). El rey fue obligado a ceder, quedando confinado en Toro; pero pronto consiguió escapar y recuperar la iniciativa, comenzando una guerra civil que sólo terminaría con la muerte del monarca. A medida que fue tomando ciudades, fue ejecutando en represalia a la mayor parte de los sublevados, con la excepción de don Enrique, que consiguió refugiarse en sus tierras de Asturias. La guerra civil se transformó en guerra exterior desde que Pedro I de Castilla atacó a Pedro IV de Aragón (1356), al tiempo que Inglaterra se alineaba con los partidarios de don Pedro y Francia con los de don Enrique, en el marco de la Guerra de los Cien Años que enfrentaba a ambos países. Durante la tregua conseguida por la Paz de Terrer (1361), muertas tanto la reina (se sospecha que asesinada por orden del rey) como María de Padilla, don Pedro proclamó herederos suyos a los hijos que había tenido con esta última, a los que declaró descendientes legítimos. La guerra se reavivó en 1362, con suerte favorable para el rey castellano, que llegó a cercar Valencia. Sin embargo, el conflicto se equilibró con la intervención de Francia, que deseaba poner en el Trono castellano a un monarca proclive a emplear la flota castellana en su guerra contra Inglaterra; para lograrlo enviaron a la Península a las Compañías Blancas, cuerpos mercenarios capitaneados por Bertrand Du Guesclin. Con su apoyo, Enrique de Trastámara fue proclamado rey de Castilla en Calahorra en 1366 y ocupó en poco tiempo la totalidad del reino. Pedro I buscó apoyo en el Príncipe Negro, gobernador de Aquitania, que penetró también en la Península con tropas inglesas y derrotó a los franceses en Nájera (1367). En medio de una brutal represión contra los partidarios de Enrique II, éste consiguió recuperar sus fuerzas, puso sitio a Toledo (1368) y derrotó a Pedro I en Montiel (1369). Mientras negociaban la paz en la tienda de Du Guesclin, Enrique asesinó al rey, poniendo fin a la dinastía castellana y asentando en el Trono a la Casa de Trastámara.

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Enrique II de Castilla 1369-1379

(Llamado el de las Mercedes) Rey de Castilla, primero de la casa de Trastámara (Sevilla, 1333/34 - Santo Domingo de la Calzada, Rioja, 1379). Era hijo bastardo de Alfonso XI, aunque había sido adoptado por Rodrigo Álvarez, conde de Trastámara, de quien tomará nombre la dinastía que inauguró. Durante todo el reinado de su hermano paterno, Pedro I el Cruel, mostró una actitud levantisca: se sublevó en Asturias en 1352 y de nuevo en Ciudad Rodrigo en 1354. Derrotado, huyó a Francia y a Aragón, estableciendo alianzas con sus reyes respectivos. Apoyado por ambos en sus pretensiones al Trono castellano, en 1366 encabezó una nueva rebelión nobiliaria; entró en Castilla secundado por las «Compañías» de Bertrand Du Guesclin y se autoproclamó rey en Calahorra. Pedro I recurrió al auxilio de tropas inglesas y derrotó al pretendiente en la batalla de Nájera (1367). Pero, tan pronto como los ingleses abandonaron Castilla, Enrique recuperó la iniciativa militar, puso cerco a Toledo y derrotó a las tropas reales en Montiel. Sitiado don Pedro en el castillo de Montiel, intentó parlamentar con su hermano y cayó en la trampa que éste le tendió; con ayuda de Du Guesclin, Enrique asesinó a Pedro y liquidó así la disputa por el Trono (1369). El afianzamiento en el Trono resultó difícil, ya que el nuevo rey sólo contaba con el apoyo de Francia, mientras que debía defenderse de los ataques de Inglaterra, Portugal, Navarra y Aragón; regiones enteras -como Galicia, Zamora, Ciudad Rodrigo o Carmona- quedaban fuera de su control, fieles a la memoria del rey asesinado. La alianza con el rey francés explica la intervención de Castilla en la Guerra de los Cien Años, e incluso puede interpretarse la instauración de los Trastámara en el Trono castellano como un capítulo más de aquella guerra anglo-francesa: Francia aspiraba a controlar la flota castellana para cortar las comunicaciones inglesas, mientras que Inglaterra buscaba la neutralización de dicha flota. En consecuencia, Enrique hubo de proseguir una guerra exterior después de ganar la guerra civil, lanzando primero sus fuerzas contra Portugal; tras ocupar Braganza impuso a Fernando I de Portugal la Paz de Alcoutim (1371). Luego se enfrentó a Inglaterra, a la que derrotó en la batalla naval de La Rochela (1372). Ante el resurgimiento de la amenaza portuguesa, ocupó Almeida y Viseo y bloqueó el puerto de Lisboa, hasta que Fernando firmó el Tratado de Santarem (1373), por el que Portugal prestaría su flota al bando franco-castellano. Más tarde volvió sus armas contra Navarra, a cuyo rey venció e impuso la Paz de Briones (1373). Y por último, se dirigió contra Pedro IV de Aragón, al que también derrotó e hizo firmar la Paz de Almazán (1375). Por cada uno de estos tres tratados de paz, Enrique II estableció alianzas matrimoniales entre sus hijos y los de los reyes de Portugal, Navarra y Aragón, iniciando así el afianzamiento y la expansión de su dinastía.

En el interior, Enrique hubo de impulsar la reconstrucción del país, dañado por la guerra civil. Su enérgica acción exterior libró al territorio castellano de las amenazas bélicas que se cernían sobre él, facilitando dicha reconstrucción. Mas para facilitar la recuperación de las economías nobiliarias y ganarse el apoyo de las grandes casas, Enrique tuvo que hacer a éstas donaciones masivas de privilegios, bienes y rentas (las llamadas «mercedes enriqueñas»). Este ritmo de concesión de mercedes le obligó a convocar Cortes con mucha frecuencia (Toro, 1371; Burgos, 1373 y 1377…). Al final del reinado se vio obligado a ocuparse de nuevo de las guerras exteriores, por el ataque combinado de Inglaterra y de Navarra (1377); contuvo el ataque sobre Soria y firmó con Navarra la Paz de Santo Domingo de la Calzada (1379), poco antes de morir. Asentada ya la dinastía, le sucedió en el Trono su hijo Juan I.

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Juan I 1379-1390

Rey de Castilla (Épila, Aragón, 1358 - Alcalá de Henares, 1390). Sucedió en 1379 a su padre, Enrique II, quien había accedido al Trono mediante una guerra civil y había intentado consolidar su posición prodigando mercedes entre los nobles. Fue Juan I quien asentó definitivamente en Castilla la dinastía de Trastámara, al tiempo que ponía coto a los privilegios de la nobleza, acrecentados durante el reinado de su padre. En colaboración con las Cortes, reorganizó la Monarquía con la creación del Consejo Real (1385). Heredó de su padre los compromisos exteriores que ligaban a Castilla con Francia en la Guerra de los Cien Años y en el conflicto eclesiástico conocido como el «Cisma de Occidente». La flota castellana siguió colaborando con la francesa en los ataques contra Inglaterra; pero ésta reaccionó lanzando a Portugal contra Castilla en apoyo de las pretensiones al Trono de Juan de Gante, duque de Lancaster (casado con una hija de Pedro I de Castilla). Juan detuvo la ofensiva e invadió Portugal, casando con la heredera de aquel reino (1383); posteriormente intentaría hacerse con el control de Portugal, pero hubo de desistir tras ser derrotado en Aljubarrota (1385). Los ingleses aprovecharon aquel momento de debilidad para invadir Galicia, pero Juan detuvo su avance hacia la meseta y les hizo firmar la Paz de Bayona (1387). Murió al caer de un caballo y le sucedió su hijo Enrique III (otro hijo suyo, Fernando I, fue rey de Aragón).

Enrique III el Doliente 1390-1406

(Burgos, 1379-Toledo, 1406) Rey de Castilla (1390-1406). Sucedió a su padre, Juan I. Llamado el Doliente por su débil constitución, se hizo cargo del poder en 1393, tras una minoría de edad alterada por la masacre de judíos (1391) y por los desórdenes instigados por el consejo de regencia múltiple. Consiguió dominar a la nobleza y neutralizó a las ciudades con la implantación de corregidores. Rechazó a los portugueses y emprendió la conquista de las Canarias. Casado con Catalina de Lancaster, descendiente de Pedro el Cruel, este matrimonio favoreció el final de las hostilidades entre Inglaterra y Castilla, con lo que que se facilitó el afianzamiento del comercio castellano en el Atlántico. Murió cuando preparaba una expedición contra Granada. 

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Juan II 1406-1454

Nacido en Toro, es hijo de Enrique III y Catalina de Láncaster. Su madre y su tío Fernando, futuro rey de Aragón, asumirán la Regencia hasta su mayoría de edad. Durante esta etapa, se reanudarán las hostilidades con el reino nazarí de Granada. La doble regencia supone una fuente permanente de conflictos que obligará a dividir el reino en dos circunscripciones. Fernando adquiere un sólido prestigio como gobernante al tomar Antequera en 1410 y una posición de fuerza que resultará decisiva para ser nombrado rey de Aragón (Caspe, 1412). En las Cortes de Madrid (1419), Fernando asume plenos poderes, tras haber casado con María de Aragón. Una constante de su reinado será la pugna con la nobleza por establecer el papel que la corona y el estamento nobiliario juegan en el seno del Estado. La aparición de las ciudades como tercer elemento en juego prefigura ya un conflicto plenamente moderno. Las disensiones interiores tendrán repercusión además en el ámbito externo. Así, Aragón y Navarra, gobernados por los infantes de Aragón, serán rivales permanentes de Castilla, mientras que Portugal y, sobre todo, Francia, serán aliados de la corona castellana. Otro elemento a tener en cuenta será la figura del valido, representante del poder real, que adquirirá gran importancia en la persona de Álvaro de Luna. Éste, condestable y maestre de Santiago, representará la fortaleza de la corona frente a las pretensiones de la nobleza y defenderá los intereses de Castilla contra la corona de Aragón. La derrota de aragoneses y navarros en la batalla de Olmedo sitúa a la monarquía castellana en su punto álgido, debilitando al mismo tiempo la disensión interna representada por el estamento nobiliario. No obstante, la nobleza castellana no cesará de enfrentarse al poder del valido, considerado excesivo. Así, en 1453 Álvaro de Luna es depuesto por el rey, en una caída promovida por Enrique, príncipe de Asturias, y la segunda esposa del rey, Isabel de Portugal (madre de Isabel la Católica). En otro orden de cosas, Castilla vive unos años de esplendor demográfico y económico, facultado por el incremento de las exportaciones (lana, hierro, vino) a los mercados europeos. Esta buena situación permite el desarrollo de instituciones que prefiguran el Estado moderno. El interés del monarca por la cultura permite el surgimiento de poetas y literatos cortesanos, protegidos personalmente por el rey. Juan II murió en 1454 en Valladolid.

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Enrique IV 1454-1474

Hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón, antes de acceder al trono ya intervino en la convulsa política castellana de la época, junto a su favorito Juan Pacheco. En 1440 casa con Blanca de Navarra, separándose de ella en 1443 por impotencia. Un año más tarde accede al trono. Casa de nuevo en 1455 con Juana de Portugal, para asegurar la cooperación entre ambos reinos. Su mandato transcurre sin grandes alteraciones hasta 1462. En este año, se renuevan los hostigamientos contra el reino nazarí de Granada, se intenta reconciliar con los Grandes de España huidos a Aragón y acepta el trono de Cataluña, ofrecido por los mismos catalanes, descontentos con Juan II de Aragón. Precisamente la cuestión catalana provoca, a partir de 1463, la caída en desgracia de los nobles más cercanos al rey (Juan Pacheco, Alfonso de Fonseca) por la pérdida de confianza en el Consejo, y el ascenso de nuevas figuras, como los Mendoza o Beltrán de la Cueva. Entre 1463 y 1468, los nobles desafectos emprenden una campaña contra el Enrique IV y elaboran el Manifiesto de Burgos (1464), en el que se critican aspectos diversos de la gestión del monarca, se incluyen las protestas de las ciudades y se critica la sucesión al trono en la persona de Juana, su hija, considerada fruto del adulterio de la reina Juana con Beltrán de la Cueva. La presión de los nobles obliga al rey a ceder y a reconocer como heredero a su hermano Alfonso, estableciéndose una comisión encargada de analizar la crisis y emitir un dictamen que procure la pacificación de Castilla. Este dictamen, la sentencia de Medina del Campo (1465), de signo desfavorable a los intereses de Enrique IV, empuja a éste a combatir a los sublevados, quienes responderán proclamando rey a Alfonso (farsa de Ávila). Los combates se prolongarán durante tres años, hasta la muerte de Alfonso (1468). La cuestión sucesoria aun no quedará resuelta. Los partidarios de Alfonso prestarán ahora su apoyo a la hermana del rey, Isabel, en contra de Juana la Beltraneja, hija del monarca. Isabel será reconocida como heredera mediante el tratado de los Toros de Guisando; sin embargo, la defensa de la causa monárquica de ésta hace que sus aliados partan de su lado y pasen a defender la candidatura de Juana, su antigua enemiga. Los tratados de Alcaçovas, 1479, dejarán a Isabel como única pretendiente al trono y reina de Castilla, por la muerte de su padre en 1474.  

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Isabel la Católica 1474-1504

La figura de Isabel I será fundamental para conocer el tránsito que se produce en la Península Ibérica entre la Edad Media y la era Moderna. Su reinado, junto a su esposo Fernando de Aragón, servirá de puente entre dos épocas y tendrá elementos identificativos tanto de una etapa como de la otra. Nace el 22 de abril de 1451 en el pueblo abulense de Madrigal de las Altas Torres. Será la tercera hija del rey Juan II de Castilla, casado en segundas nupcias con doña Isabel de Portugal, la madre de la futura Reina Católica. Su infancia transcurrió en Arévalo, donde se trasladó su madre al poco tiempo de enviudar. La estancia en Arévalo no será muy agradable ya que la madre pronto empieza a dar muestras de locura. Poco sabemos de su instrucción, suponiendo que en estos años aprendería a leer y escribir. En 1464 el rey Enrique IV, su hermanastro, la lleva a su corte, dotándola de rentas, mercedes y una villa en Casarrubios del Monte. Las relaciones entre los hermanos son bastante estrechas y don Enrique da muestras de cariño hacia la joven infanta al igual que a su otro hermano, don Alfonso. La situación en la corte de Enrique no es muy gratificante ya que los nobles desean restar aún más poder al legítimo monarca, produciéndose un soterrado enfrentamiento entre los partidarios de una monarquía fuerte y los que optan por un monarca manejable del que puedan conseguir todo tipo de gracias y mercedes. En este ambiente se produce un hecho significativo conocido como "Farsa de Avila". En una grotesca ceremonia los nobles deponen a Enrique IV y nombran rey de Castilla al príncipe Alfonso, alegando que la heredera -Juana, hija de Enrique y de su segunda esposa Juana de Portugal- es ilegítima al ser fruto de los amores de la reina y el valido, Beltrán de la Cueva, de donde viene el nombre de Beltraneja con el que la infanta es conocida posteriormente. Isabel está al margen de todas estas maniobras pero pronto entrará en escena. La muerte del príncipe Alfonso en 1468 provoca que sus partidarios elijan a la joven infanta como nueva candidata a arrebatar la corona a Enrique. El objetivo nobiliario será contar con una persona manejable con la que realizar sus intereses personales. En este contexto se firma el Pacto de los Toros de Guisando (1468) en el que Enrique reconoce a su hermana Isabel como princesa de Asturias, confirmando la ilegitimidad de su hija Juana. Resulta curioso como Isabel, cuyas posibilidades de reinar en Castilla eran muy escasas al nacer, se había convertido en la sucesora al trono. Como princesa de Asturias Isabel debe elegir un buen marido para casarse. Los candidatos a este matrimonio político serán varios: Alfonso V de Portugal; don Pedro Girón, maestre de Calatrava, y Fernando de Aragón, heredero de la corona vecina. La elección se consumó en Ocaña, donde Isabel constituyó su casa: Fernando era el elegido. El matrimonio se celebrará en Valladolid el 19 de octubre de 1469, presentando el arzobispo Carrillo una bula papal falsa ya que ambos contrayentes eran primos segundos, teniendo como antepasado común a Juan I de Castilla. Pero este matrimonio significará el enfrentamiento entre los dos hermanos ya que Enrique reacciona rápidamente y declara ilegal el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias, reconociendo a Juana como su heredera legítima (Valdelozoya, 1470). La guerra civil está servida aunque aún queden algunos años para estallar. En un primer momento, Isabel y Fernando apenas cuentan con aliados, retirándose a Medina de Rioseco, pero paulatinamente va creciendo el número de sus partidarios: el País Vasco, Borgoña, Roma y especialmente la poderosa familia Mendoza. La posición de Isabel es cada vez más fuerte y parece que el propio Enrique se aviene a negociar. Pero en estos momentos el monarca fallece en Madrid, en la noche del 11 al 12 de diciembre de 1474, sin hacer testamento. Tomando como base el tratado de los Toros de Guisando Isabel se proclama reina de Castilla en Segovia, el 13 de diciembre. Es una política de hechos consumados que provocará la guerra entre Isabel y sus partidarios - que apoyan una monarquía estable y consolidada- frente a Juana y sus aliados - curiosamente los que anteriormente la consideraban ilegítima, pretendiendo consolidar sus derechos feudales y relegar la monarquía a un plano meramente formal-. En enero de 1475 se firma la Concordia de Segovia entre Isabel y Fernando donde se produce un reparto de competencias entre ambos monarcas. Isabel es "reina y propietaria de Castilla" y su esposo recibe el título de rey. Desde ese momento los esposos formarán un bloque imposible de dividir y con esa firmeza pueden hacer frente al estallido de la guerra. La guerra civil se produce entre 1475 y 1479, convirtiéndose en guerra internacional al participar Portugal y Francia apoyando a Juana mientras que Aragón rinde su apoyo a Isabel. La derrota portuguesa en las cercanías de Toro (1 de marzo de 1476) y las dificultades francesas para invadir tierras guipuzcoanas gracias a la labor de la marina vasca inclinan la balanza a favor del bando isabelino. Durante tres años se irán sofocando los focos de resistencia en tierras extremeñas y andaluzas, lo que indica que la causa isabelina no estaba tan arraigada. Los Tratados de Alcaçovas (septiembre de 1479) ponen fin a la contienda y desde ese momento Isabel está firmemente asentada en el trono. Ese mismo año de 1479 muere Juan II de Aragón por lo que Fernando se convierte en rey aragonés, poniéndose en marcha la unión dinástica de Castilla y Aragón. Los cimientos del Estado moderno se están colocando en la Península Ibérica. Para robustecer el poder real se tomaron una serie de medidas de gran calado, la mayor parte de ellas en el seno de las Cortes: la constitución de la Santa Hermandad con fines de índole policial y judicial (Madrigal de las Altas Torres, 1476); la reorganización del Consejo Real, la ampliación de las competencias de los corregidores (Toledo, 1480); regulación de la Hacienda Real; revisión de las mercedes otorgadas a los nobles por Enrique IV; incorporación de los maestrazgos de las Ordenes Militares a la Corona al nombrar Gran Maestre a Fernando; establecimiento en Valladolid de la Real Chancillería, creando una segunda Chancillería en Granada (1505); constitución de un ejército permanente que tiene como núcleo las Guardias Reales, las milicias urbanas y la Santa Hermandad. En materia religiosa se produce la expulsión de los judíos (1492); la reforma de las órdenes religiosas, labor realizada por el cardenal Cisneros; y la creación de la Inquisición en Castilla (1478) gracias a la bula "Exigit sinceras devotionis affectus" promulgada por Sixto IV por la que se otorga a los reyes el poder de nombrar dos o tres obispos para desempeñar el oficio de inquisidores, produciéndose las primeras condenas en Sevilla durante el año 1481. En 1492 se producen tres hechos de gran importancia para España: la conquista de Granada -que pone fin a la guerra con el reino nazarí desde el año 1482-, la conquista de las Canarias -las islas mayores: Gran Canaria, La Palma y Tenerife- y el descubrimiento de América gracias a Cristóbal Colón. Los tres episodios se pueden relacionar con la política exterior desarrollada por Isabel y Fernando, encaminada a extender los dominios ibéricos para afianzar la corona como una potencia internacional, enfrentándose a Francia. Bien es cierto que la línea trazada por Fernando tenía como objetivo la expansión hacia el Mediterráneo -Italia y Sicilia - pero con estas nuevas aportaciones Castilla se abría al Atlántico. Gracias a las bulas "Inter Caetera" (mayo de 1493) el papa Alejandro VI concedió la soberanía de las tierras descubiertas -aunque Colón pensaba que había llegado a las Indias-. Será este mismo pontífice quien otorgue a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos en 1494 -posiblemente para compensar al título de "Rey Cristianísimo" que ostentaban los soberanos franceses- que también disfrutarán todos sus herederos. Dentro de la política exterior conviene destacar la política de enlaces diseñada por los reyes para sus hijos. Todos los matrimonios están encaminados a aislar a Francia: Isabel casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. Portugal, el Imperio e Inglaterra, rodeando con sus vástagos al reino francés. El diseño de Fernando no podía ser más perfecto. La muerte del príncipe Juan en 1497 provocará a doña Isabel una depresión, quizá por motivos sucesorios. El fallecimiento de Isabel (1498) y su hijo Miguel (1500) -heredero de las coronas de Portugal por su padre, Castilla por su abuela y Aragón por su abuelo- aumentarán la desazón en la reina que fallecerá en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504, víctima de un cáncer. El testamento deja como heredera y propietaria de la Corona de Castilla a su hija Juana. El cadáver de doña Isabel fue llevado a Granada donde será enterrado, pudiéndose apreciar hoy en día un precioso mausoleo -realizado por Domenico Fancelli- en la Capilla Real granadina, acompañada de su esposo Fernando. 

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Fernando el Católico 1474-1504

El 10 de mayo de 1452 nacía en la localidad zaragozana de Sos el hijo primogénito del rey aragonés Juan II y su segunda esposa, la castellana Juana Enríquez, hija de don Fadrique Enríquez, almirante de Castilla. Las Cortes de Calatayud le juran como heredero de la corona de Aragón en 1461, tras la muerte de su hermanastro Carlos, el príncipe de Viana. Antes de su matrimonio conocemos algunas aventuras amorosas del joven galán con una tal Aldonza Roig. Como resultados de estos amores nacerán dos hijos naturales: Alfonso -que será nombrado años más tarde arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón- y Juana -futura esposa de don Bernardino Fernández de Velasco, condestable de Castilla-. Durante del matrimonio también mantuvo relaciones extraconyugales, naciendo dos hijas llamadas María de Aragón que pasarían sus días en un convento de agustinas de los alrededores de Madrid. En 1468 fallece doña Juana Enríquez y el príncipe Alfonso es nombrado corregente del reino aragonés y rey de Sicilia, posiblemente para dotar al joven de un reino con el que fortalecer su próximo matrimonio con Isabel de Castilla, princesa de Asturias en esos momentos. El 7 de enero se firma un protocolo entre los futuros esposos por el que Fernando se compromete a actuar en estrecha colaboración con Isabel y adoptar las decisiones en común. El enlace no satisface a Enrique IV por lo que se realizará de incógnito. Fernando parte a tierras castellanas en octubre de ese año y el día 19 se celebrará el matrimonio, oficiado por el arzobispo Carrillo quien proporciona a la pareja una dispensa papal falsa, necesaria debido a tener como antepasado común a Juan I de Castilla. Esta situación será regularizada por Sixto IV en 1471. Los siguientes meses serán de absoluto aislamiento para los esposos que ven como la mayoría de los nobles toman partido por la infanta Juana en la carrera por el trono castellano. En mayo de 1471 se producen las primeras adhesiones a los príncipes: el País Vasco se decanta por Isabel y Fernando al tiempo que la poderosa familia de los Mendoza va colocándose a su lado. La muerte de Enrique IV -12 de diciembre de 1474- y la posterior autoproclamación de Isabel como reina de Castilla -13 de diciembre de 1474- sorprenderá a Fernando en Aragón. La guerra civil castellana está servida y el aragonés quiere mover sus cartas. Se proclama el único descendiente varón vivo de Enrique IV y se presenta como candidato al trono castellano. Esta actuación motivará la firma entre los esposos de la concordia de Segovia -15 de enero de 1475- en la que se establece absoluta igualdad entre ambos en el ejercicio del poder real - a pesar de que el nombre del rey debe anteceder al de la reina, al igual que las armas de ambos-, norma que también se seguirá posteriormente en Aragón. De esta manera los esposos se presentan como un bloque consolidado, apoyado por un buen número de nobles, ciudades y villas que desean el "buen gobierno del reino", empujando a los monarcas a poner en marcha una política de consolidación del poder real. La participación de Fernando en la Guerra de Sucesión será determinante ya que Aragón apoyará a los jóvenes esposos frente a Alfonso V de Portugal y Luis XI de Francia, que se inclinan por Juana. El inicial avance portugués es frenado al tomar Fernando Zamora y obtener una contundente victoria en la batalla de Toro -1 de marzo de 1476-. La guerra estaba sentenciada al ser expulsados los franceses de Fuenterrabía, aunque los focos de resistencia en Andalucía y Extremadura aún tardarán tres años en ser apagados. El fin de la guerra se sentencia en los Tratados de Alcaçovas -septiembre de 1479-. Desde ese momento la labor personal de Fernando e Isabel resulta difícil de diferenciar, no sólo en Castilla sino también en Aragón donde el rey Juan II ha muerto en enero de 1479 siendo sucedido por Fernando. Los especialistas hablan del germen del Estado Moderno en estos momentos, poniéndose como objetivo los gobernantes la consolidación del poder monárquico. Las medidas encaminadas a la organización del reino castellano son de gran calado -creación de la Santa Hermandad y del Consejo Real, regulación de la Hacienda Real, incorporación de los maestrazgos de la Ordenes Militares a al corona la nombrar a Fernando Gran Maestre de cada una de ellas, etc.-. Parece que la actividad en Aragón no fue tan numerosa, destacando su actuación en la resolución de los problemas de los campesinos de remensa a través de la sentencia arbitral de Guadalupe (1486). Su intento de sustituir a los diputados de la Generalitat catalana por otros elegidos por el monarca no prosperó, teniendo mayor éxito en la implantación de la insaculación para la elección de cargos en el ayuntamiento barcelonés y de otras ciudades. El restablecimiento de la Inquisición en la corona aragonesa trajo en un primer momento problemas graves que acabaron con el asesinato del inquisidor Pedro de Arbues. La respuesta fue contundente y la Inquisición se afianzó en la corona. Siempre se ha hecho referencia al reparto de funciones entre Isabel y Fernando, adjudicando a la soberana los asuntos internos y al monarca los externos. En los asuntos de política exterior Fernando demostró su capacidad política. Uno de los primeros objetivos será poner punto final a la Reconquista, en unos momentos en que el reino nazarí de Granada estaba dando muestras de crisis y decadencia. La guerra duró diez años y en enero de 1492 Boabdil entregaba las llaves de la ciudad, poniendo fin a siete siglos de presencia musulmana en la península. A pesar de que la empresa se presentó como iniciativa de la corona castellana, el papel desempeñado por Fernando será crucial. También participó en la aventura americana que permitiría a Colón descubrir un nuevo continente, siendo uno de los valedores de las Capitulaciones de Santa Fe. Pero las miras del rey estaban en la defensa de los intereses aragoneses en el Mediterráneo y aquí debemos hacer referencia a los asuntos italianos y norteafricanos. En el norte de Africa se toman importantes plazas: Melilla (1497), Mers-el-Kebir (1505) y Orán (1509) estableciéndose protectorados en Bujía, Trípoli y Argel. El Magreb parecía estar ocupado por la corona hispánica cuando la derrota en la isla de Gelves (1511) hizo despertar del sueño. El control de unas cuantas plazas fuertes será el resultado de dicha derrota, poniéndose de manifiesto la fortaleza del Imperio Turco en el Mediterráneo oriental. En Italia la corona de Aragón controlaba Cerdeña y Sicilia mientras que Nápoles estaba gobernado por Ferrante, hijo natural de Alfonso V el Magnánimo. Carlos VIII de Francia también tenía intereses en la península y alcanzó un trato con Fernando: la devolución a Aragón del Rosellón y la Cerdaña -perdidos en la reciente guerra catalana- a cambio de libertad de actuación francesa en Italia -Tratado de Barcelona, 1493-. Pero la intervención del monarca francés en Nápoles motivará que Fernando organice una Liga Santa junto al emperador Maximiliano, el papa Alejandro VI, Milán y Venecia. Don Gonzalo Fernández de Córdoba dirigirá las tropas aliadas que serán derrotadas en Seminara pero que reaccionarán contundentemente en los próximos años y obligaran a Francia a establecer la retirada. Luis XII de Francia vuelve a la carga, ahora de manera diplomática y firma con Fernando el Tratado de Granada (1500) por el que se reparte el reino de Nápoles. Las aplicaciones del tratado traerán complicaciones y estallará de nuevo la guerra, obteniendo don Gonzalo dos importantes victorias en Ceriñola y Garellano (1503) siendo incorporado el reino de Nápoles a la corona aragonesa dos años después. La política matrimonial desarrollada por los Reyes católicos -título obtenido en 1494 de manos de Alejandro VI- tendrá como objetivo aislar a Francia, buscando como aliados de los reinos hispánicos a Portugal, el Imperio e Inglaterra. Los enlaces serán los siguientes: Isabel casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. El 26 de noviembre de 1504 Isabel fallece en Medina del Campo dejando como heredera de Castilla a su hija Juana. El testamento tiene un curioso párrafo: "cuando la Princesa, mi hija, no estuviere presente en estos reinos o estando en ellos no quisiere o no pudiere entender en la gobernación de ellos (...) el rey Fernando, mi señor, rija, administre y gobierne los dichos mis reinos y señoríos por la dicha Princesa" . Quizá por este párrafo podemos deducir que Isabel aprecia ciertos trastornos mentales en su hija y no desea que el reino caiga en manos de Felipe. Fernando se hace cargo de Castilla como regente hasta la llegada de los nuevos reyes que están en Flandes. Pero la nobleza castellana empieza a dar muestras de preocupación y deseos de responder a los agravios realizados anteriormente por los monarcas. Esta nobleza levantisca apoya incondicionalmente a Felipe como rey quien también recibe el apoyo de Luis XII de Francia y del Imperio. Una vez más Fernando da muestras de su inteligencia política y firma con el rey francés la paz de Blois (1505) por la que Luis renunciaba a sus derechos sobre Nápoles y Fernando contraía matrimonio con la sobrina del monarca francés, Germana de Foix. El matrimonio se celebró en Valladolid el 18 de marzo de 1506 y a los pocos meses Fernando abandona Castilla rumbo a sus posesiones de Aragón, evitando cualquier problema con su hija Juana y Felipe. La muerte de El Hermoso el 25 de septiembre de 1506 vuelve a poner de nuevo a Fernando en la órbita castellana. Juana da muestras de incapacidad mental y en el país impera la anarquía por lo que Cisneros decide llamar a Fernando en calidad de regente, iniciándose la segunda regencia que abarcará entre 1507 y 1516. En el otoño de 1509 se encierra a Juana en Tordesillas al ser declarada loca -locura por razones de Estado más que cuestiones psíquicas, posiblemente- y ese mismo año fallece el pequeño Juan, hijo de Fernando y Germana (3 de mayo de 1509). La energía caracteriza este segundo periodo de regencia imponiendo fuertes castigos a la nobleza levantisca, siendo el episodio más destacado la invasión de Navarra en 1512. La invasión del reino vecino se encuadra en las luchas contra Francia ya que el pequeño estado era un fiel aliado francés. La excomunión de Julio II al monarca francés se hizo extensiva a Navarra y Fernando ordenó al duque de Alba la invasión que se consumó con la rendición de Pamplona el 25 de julio de 1512. Antes de morir Fernando redactó dos testamentos; en el primero de mayo de 1512 dejaba al infante Fernando como regente en espera de la llegada de Carlos I. Sin embargo este testamento será modificado en enero de 1516 al designar al cardenal Cisneros como regente de Castilla. En un delicado estado de salud, Fernando emprendió un viaje a Andalucía para organizar una gran armada contra los turcos pero antes de llegar la comitiva regia a Madrigalejo (Cáceres) el rey fallecía. Era el 23 de enero de 1516 y las coronas de Castilla y Aragón iban a parar al joven Carlos quien se hacía proclamar rey en Bruselas el 14 de marzo de 1516.  

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Felipe I el Hermoso 1504-1506

Felipe I ha pasado a la historia con el sobrenombre de El Hermoso, aunque quizá se haya exagerado un poco a tenor de los retratos que se conservan. El hijo del emperador Maximiliano I y María de Borgoña era un hombre de cuerpo proporcionado y de agraciado rostro, aficionado a los deportes de su tiempo al ser ágil y poseer fortaleza. Una de sus mayores aficiones eran los galanteos amorosos, contando con abundantes amantes en la corte borgoñona. Por cuestiones políticas su padre concertó con los Reyes Católicos un matrimonio doble: Felipe y su hermana Margarita casarían con Juana y Juan. El matrimonio se celebró en Lille, el 21 de agosto de 1496, y fue rápidamente consumado por los fogosos cónyuges. Pero a pesar de estar casado, Felipe no renunció a sus devaneos amorosos con otras damas de la corte, provocando los celos en su esposa. Esta situación provocó algunas tensiones, alcanzando incluso la violencia como el día que Juana agredió a una dama de la corte con un peine por tener sospechas de que era una de las furtivas amantes de su esposo. El matrimonio había supuesto el nombramiento de Felipe como duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes, pero Felipe ansiaba más poder. El fallecimiento de los herederos directos de los Reyes Católicos y de la propia Isabel (1504) favoreció los deseos de Felipe ya que su esposa era nombrada reina y propietaria de Castilla. El testamento de la reina católica indicaba que en caso de manifestar doña Juana algún síntoma de desequilibrio mental, el reino debería ser regido por don Fernando. Desde ese momento se produce un claro enfrentamiento entre Felipe y don Fernando, contando el borgoñón con el apoyo de la mayor parte de la nobleza. A pesar de los numerosos intentos de conciliación, Fernando acaba abandonando Castilla y permitiendo que Felipe se haga con las riendas del país, con la consiguiente satisfacción de la aristocracia. Su breve reinado estará caracterizado por el reparto de privilegios y mercedes a los nobles castellanos y flamencos, alcanzando un papel determinante el señor de Belmonte, don Juan Manuel. En Burgos, Felipe recibía el reto para jugar a pelota, juego en el que destacaba. Tras el partido, bebió un buen jarro de agua helada provocándole una intensa fiebre de la que no se recuperó hasta su fallecimiento el 25 de septiembre de 1506.  

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Juana la Loca 1555  1504-1506

La historia no ha sido muy condescendiente con Juana, la hija de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. Su sobrenombre de La Loca nos demuestra que no ha tenido muy buena prensa. Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479. Su gran parecido a su abuela paterna, doña Juana Enriquez, motivó que, cariñosamente, Isabel llamara a su hija "mi suegra". Su educación estuvo marcada por la severidad, tanto de su madre como de sus maestros. Buena muestra de ello es que aprendió latín siendo bien pequeña. Pronto se manifestó en Juana una vena mística que ella pretendió encauzar haciéndose monja. Pero sus padres tenían otro objetivo para la atractiva Juana y cuando cumplió 16 años fue concertada su boda con el archiduque Felipe de Austria, hijo de Maximiliano I y María de Borgoña, conocido por el sobrenombre de El Hermoso. El enlace entraba dentro de la política exterior de los Reyes Católicos, que tenía como fin cercar al enemigo reino de Francia. Para ello también casaron a su heredero, el príncipe Juan, con la hermana de Felipe, Margarita de Austria. La boda se celebró en Lille el 21 de agosto de 1496, prematuramente, ya que ambos cónyuges sintieron una mutua atracción nada más verse, deseando consumar el matrimonio cuanto antes. El matrimonio no cambió la actitud conquistadora de Felipe, acostumbrado a mantener relaciones sexuales con las damas de la corte, actitud que doña Juana no estaba dispuesta a permitir. Por eso pronto aparecieron los celos y los enfrentamientos entre los esposos. A pesar de esta desagradable situación, Juana y Felipe tuvieron seis hijos. El primer parto tuvo lugar el 15 de noviembre de 1498, naciendo una niña a la que se puso el nombre de Leonor. Pasando el tiempo, primero se casará con el rey Manuel I de Portugal y tras quedarse viuda, contraerá matrimonio con Francisco I de Francia. El 24 de febrero de 1500 nace su segundo hijo, Carlos. Cuenta la tradición que el parto tuvo lugar en un pequeño retrete del palacio de Gante, debido a la facilidad de Juana para dar a luz, y a los celos, de ahí que acudiera a una fiesta para vigilar constantemente a su marido. El tercer alumbramiento se produjo en 1501, viniendo al mundo una niña a la que se llamó Isabel, que sería reina de Dinamarca tras su matrimonio con Christian II. Parece ser que este embarazo vino motivado por la muerte del infante don Miguel de Portugal, lo que dejaba la sucesión al trono de España en manos de Juana. El ambicioso Felipe se mostró durante una temporada solícito y servicial, naciendo la pequeña Isabel de estas relaciones. Felipe, que ya era duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes, deseaba ampliar cuanto antes su poder. A principio del año 1502 Juana y Felipe llegaron a Fuenterrabía para ser jurados príncipes de Asturias en Toledo y príncipes de Gerona en Aragón. El 10 de marzo de 1503 nacía en Alcalá de Henares el cuarto hijo del matrimonio: Fernando, futuro Emperador de Alemania y rey de Hungría y Bohemia, el ojito derecho de Fernando el Católico. Felipe partió para Flandes alegando cierto desgobierno en sus estados y Juana quedaba en Castilla. Pronto decidió acudir en compañía de su esposo, a pesar de su estado tras el parto, por lo que fue detenida por su madre. Desde ese momento se apuntó la enfermedad mental de Juana como un elemento a vigilar, por lo que los Reyes Católicos desearon que quedara a su lado. Pero Juana ansiaba tanto reunirse con su marido que, desestimando los consejos, decidió marcharse a Flandes. Tras el fallecimiento de Isabel en 1504, Juana era nombrada reina propietaria de Castilla y León, siguiendo el testamento de la reina católica. Don Fernando se encargaría de la regencia mientras los flamantes monarcas llegaban procedentes de tierras flamencas. A finales del año 1505 Juana tendrá una nueva hija, María, que casará con el rey Luis de Hungría y Bohemia. En la primavera de 1506 llegaban Juana y Felipe a La Coruña, tras una estancia en Inglaterra. La llegada de los reyes provocó el definitivo enfrentamiento entre Felipe y Fernando, siendo una de las causas la pretendida locura de Juana esgrimida por el Hermoso para hacerse con la regencia. Fernando abandonó Castilla y dejó expedito el camino a su yerno En los primeros días del mes de septiembre de 1507 don Felipe jugaba un partido de pelota con sus más allegados en Burgos. Después de practicar deporte, bebió agua helada, por lo que al día siguiente se sintió con fiebre. Nunca se curó y el día 25 de septiembre de 1507 fallecía, especulándose que pudo haber sido envenenado, lo que no se pudo probar. Un cortejo encabezado por la reina se trasladó hacia Granada, viajando siempre de noche y alojándose en lugares donde las mujeres no pudiesen tener contacto con el cortejo, lo que aumentó las noticias de la locura de doña Juana. Precisamente de camino a Granada tuvo Juana su último alumbramiento, naciendo una niña llamada Catalina, el día 14 de enero de 1507, en Torquemada. Catalina contraería años después matrimonio con Juan III de Portugal. Juana no deseaba el gobierno del reino y mandó llamar a su padre para que se hiciera cargo de los asuntos de Estado como regente de Castilla. Dando muestras de enajenación mental -no se cambiaba de vestido ni se aseaba e iba acompañada del féretro de su esposo- se decidió que Juana fuera encerrada en Tordesillas. Corría el mes de enero de 1509 y allí permaneció el resto de sus días, vestida siempre de negro y haciendo una vida retirada, lo que contribuyó a acentuar su problema mental. El 12 de abril de 1555 fallecía doña Juana, tras 46 años de reclusión, cubierto su cuerpo de llagas al negarse a ser aseada y cambiada de ropa. Quizá la pobre Juana tuviera una leve enfermedad mental, pero no se llevó a cabo un programa de recuperación muy adecuado con ella al encerrarla en Tordesillas, aunque, para descargo de sus familiares, esto ha sido práctica común con la mayoría de los enfermos mentales hasta nuestros días.

 

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Este sitio se actualizó por última vez el 28/10/08