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ÍNDICE
DE LOS REYES DE CASTILLA Y LEÓN
LOS PROTAGONISTAS DE UNA
ÉPOCA
Fernando III 1230-1252
Heredó el gobierno de León de manos de su padre,
Alfonso IX (1230), y consiguió el mandato sobre Castilla por cesión de
su madre, doña Berenguela (1217), gracias a la muerte de su tío Enrique
I. Residente en León tras la anulación del matrimonio de sus padres, a
la muerte de Enrique I de Castilla su madre Berenguela le hace llamar a
Castilla y le entrega el mando sobre el reino. Durante los primeros años
de su gobierno hubo de combatir la revuelta nobiliaria encabezada por la
casa de los Lara y la invasión leonesa encabezada por su padre Alfonso
IX, rechazada frente a Burgos. La herencia recibida supone la unión
definitiva de ambos reinos, aunque durante los primeros años será un
foco de problemas. La cuestión está en la cuestionada legitimidad de
Fernando para recibir la herencia de sus padres, pues su madre,
Berenguela, es la heredera directa del trono castellano, mientras que,
por otra parte, su padre Alfonso IX lega su reino a sus hijas Sancha y
Dulce, hijas de su primer matrimonio con Teresa Sánchez de Portugal. La
diplomacia desempeñada por su madre, el carácter conciliador de Fernando
y el clima de optimismo generado por la victoria sobre los musulmanes en
las Navas de Tolosa (1212) suavizan las iniciales reservas que la
entronización de Fernando III había suscitado entre los castellanos. Por
parte leonesa, Fernando y su madre Berenguela logran en 1230 la renuncia
de las herederas al trono a cambio del pago anual de 30.000 maravedíes.
Resueltas las divisiones internas castellanas, el 30 de noviembre de
1219 contrajo matrimonio en Burgos con Beatriz de Suabia, nieta del
emperador alemán Federico I Barbarroja, uniendo de este modo la casa de
Castilla con los principales representantes del partido gibelino. Tres
días más tarde es ordenado caballero en el monasterio de las Huelgas. El
camino está expedito para relanzar las labores de conquista de los
territorios musulmanes, aprovechando el clima de euforia desatado por la
victoria de las Navas y la debilidad del poder árabe peninsular. En
1224, la Curia de Carrión decide adjudicar todos los recursos necesarios
para la lucha contra los musulmanes, iniciándose un período de numerosas
e importantes conquistas militares. Así, en 1236 se toma Córdoba, una
conquista que va más allá de lo puramente militar por el carácter
simbólico de la antigua capital del califato. La situación de
prosperidad económica que vive el reino posibilita el lanzamiento de
constantes campañas militares, con lo que las conquistas se suceden.
Caen sucesivamente Chillón, Almodóvar, Lucena, Aguilar, Écija, Osuna y
Estepa. En 1243 es tomado Murcia; en 1245 conquista Jaén. Tras un asedio
de dos años, el 23 de noviembre de 1248 es tomada la ciudad de Sevilla,
lo que supone el punto álgido del poderío militar y económico del
monarca castellano-leonés. La conquista de Sevilla, autentica joya del
poder musulmán, requerirá por vez primera de un ataque marítimo y un
auténtico despliegue de medios técnicos y materiales. Así, se prepara
una flota en el Cantábrico que asolará la ciudad a las órdenes del
almirante Ramón Bonifaz, evitando además la llegada de auxilio desde el
exterior. Conquistada buena parte del sur peninsular, la preocupación de
Fernando III será ahora asegurar el control sobre los territorios
conquistados y organizar y estructurar bajo el patrón de asentamiento
castellano tanto los recursos como el espacio anexionados. Para lograr
cumplimentar este doble objetivo, se dispone a organizar un ataque
contra el norte de África y establece un sistema de reparto de las
tierras y bienes tomados a los musulmanes entre caballeros y peones
cristianos, con el fin de asegurar la subsistencia de los nuevos
pobladores mediante los recursos necesarios. Casado en segundas nupcias
con doña Juana, hija del conde de Ponthieu, de sus dos matrimonios
nacieron trece hijos. Mandó traducir al castellano el "Liber Iudiciorum",
conocido como "Fuero Juzgo", y durante su reinado se erigieron las
catedrales de Burgos en 1221 y Toledo en 1226. Ya en sus tiempos su
mandato fue considerado modélico, pues logró restringir de manera
notable el dominio musulmán en la península Ibérica y establecer medidas
políticas y económicas que mejoraron las condiciones de vida de sus
súbditos. La muerte le sorprendió 30 de mayo de 1252, mientras preparaba
una expedición contra el norte de África. Primo de Luis IX de
Francia, fue como él considerado un hombre piadoso y de profunda fe
católica, por lo que será canonizado en 1671 por el papa Clemente X.
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Alfonso X, el Sabio 1252-1284
Rey de Castilla y de León
(Toledo, 1221 - Sevilla, 1284). Era hijo primogénito de Fernando III, a
quien sucedió en 1252. Ya como infante realizó importantes labores, como
la conquista del Reino de Murcia (1241) o la paz con Jaime I de Aragón,
que conllevó el matrimonio de Alfonso con su hija Violante.
Impulsó la Reconquista tomando
plazas como Jerez, Medina-Sidonia, Lebrija, Niebla y Cádiz (1262). Hizo
frente a una sublevación de los musulmanes de sus reinos, promovida por
los reyes de Granada y Túnez (1264). Repobló Murcia y la Baja Andalucía.
E incluso continuó el avance frente al Islam pasando al norte de África,
al enviar una expedición a Salé (1260). Otra parte de sus esfuerzos hubo
de dedicarlos a reprimir rebeliones interiores, como la protagonizada
por el infante Enrique y varios nobles (1255), la que se produjo en
Vizcaya (1255) o la que encabezó el infante Felipe (1272).
Alfonso era hijo de Beatriz de
Suabia, circunstancia que le hizo aspirar a la coronación imperial de
Alemania, logrando la elección en 1257 con el apoyo de Sajonia,
Brandeburgo, Bohemia y varias ciudades italianas. La oposición del papa
hizo fracasar finalmente el empeño -en el que triunfó Rodolfo de
Habsburgo-, renunciando Alfonso en 1276. Este llamado «fecho del
Imperio» fue muy impopular en Castilla, pues exigió dinero y hombres que
-unidos a los gastos de la corte y a las continuas guerras- crearon
dificultades financieras, que obligaron a reducir la ley de la moneda y
a crear nuevos impuestos. Durante una de las ausencias del rey por el
asunto del Imperio, los benimerines de Marruecos desembarcaron en
Algeciras (1272); en la lucha contra aquella campaña murió el infante
Fernando de la Cerda, heredero del trono, antes de que su hermano Sancho
consiguiera rechazar a los musulmanes. Posteriormente los benimerines
derrotaron a una flota castellana en el estrecho de Gibraltar (1278),
obligando a Alfonso a pactar una tregua.
Alfonso provocó con sus
contradicciones un conflicto sucesorio: había promulgado las
Partidas, según las cuales debía sucederle el hijo mayor del difunto
Alfonso de la Cerda; pero al morir éste prefirió declarar heredero en
1278 a su segundo hijo, Sancho IV, siguiendo la tradición castellana
(quizá para evitar un enfrentamiento inmediato con éste). Un intento
posterior de hacer al infante de la Cerda rey de Jaén provocó la
rebeldía de Sancho, quien buscó apoyo en Aragón y Portugal (mientras que
Francia apoyaba a los de la Cerda) y se hizo reconocer por unas Cortes
reunidas en Valladolid, que depusieron a Alfonso (1282). Éste, confinado
en Sevilla, buscó apoyo en el rey benimerín; pero murió antes de haberse
enfrentado con Sancho. En su testamento desheredaba a Sancho y reconocía
como sucesores a los infantes de la Cerda, dando así motivo para nuevas
disensiones.
Pero sobre todo, el reinado de
Alfonso destacó en el orden cultural; por ejemplo, puede datarse en su
época la adopción del castellano como lengua oficial. Reunió en su corte
a sabios y eruditos de las tres religiones peninsulares (cristianos,
musulmanes y judíos), creando escuelas de investigadores y traductores
en Murcia, Sevilla y, especialmente, Toledo; su labor ayudó a transmitir
al Occidente cristiano importantes elementos de la cultura oriental y de
sus raíces clásicas (traducción al castellano de la Biblia, el Corán, el
Talmud, la Cábala, Calila y Dimna…). El propio rey dejó una
abundante obra escrita, tanto literaria (Cantigas de Santa María)
como histórica (Crónica general, Grande e General Estoria) y
científica (Libros del saber de astronomía, Lapidario…). Por otro
lado, promovió una importante labor jurídica, con la promulgación del
Fuero Real, las Leyes del Estilo y las Siete Partidas;
este último código, de larga influencia en el ordenamiento castellano y
español, supone la recepción del derecho romano en Castilla,
incorporándose a la corriente europea del «derecho común».
Más sobre Alfonso X el sábio
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Sancho IV el Bravo
1284-1295
(?, 1258-Toledo, 1295) Rey de
Castilla (1284-1295). Hijo de Alfonso X, fue proclamado heredero del
reino a la muerte de su hermano mayor Fernando de la Cerda (1275),
frente a los derechos legales de sus sobrinos (infantes de la Cerda).
Casado con María de Molina (1285), para asegurar el reino a sus
descendientes pactó con Pedro III el Grande de Aragón y con Felipe III
el Atrevido de Francia; el primero cumplió el acuerdo al apresar a los
infantes de la Cerda, con la promesa de que Sancho IV ayudaría en caso
de que Aragón fuese invadida por los franceses. La muerte de Felipe el
Atrevido y de Pedro el Grande cambió la situación internacional (1285).
El nuevo rey de Aragón Jaime II reconoció como rey de Castilla a Alfonso
de la Cerda (1288), por lo que Sancho procuró establecer un pacto de no
agresión con Felipe IV el Hermoso de Francia. La derrota que el ejército
aragonés infligió al castellano en Pajarón (1290), puso fin a las
hostilidades entre ambos reinos, que se unieron en la expedición contra
Tarifa (1292). Jaime II de Aragón casó con Isabel de Castilla,
primogénita de Sancho IV, en busca de mejores relaciones entre ambos,
pero la política ambigua del rey castellano provocó nuevos
enfrentamientos.
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Fernando IV el Emplazado
1295-1312
(Sevilla, 1285-Jaén, 1312) Rey
de Castilla (1295-1312). Hijo de Sancho IV y de María de Molina. Junto
con Portugal y la Corona de Aragón intentó combatir al reino de Granada
(1308), pero fracasó en la empresa por el abandono de una parte de los
nobles, y sólo pudo conquistar Gibraltar (1309).
Alfonso XI
1312-1350
Hijo de Fernando IV y de
Constanza de Portugal, queda huérfano de padre con tan sólo un año de
edad. Hasta 1325, año en que formalmente asume el trono, la política
castellana estará marcada por las luchas de los pretendientes a ejercer
la regencia, lo que pondrá en peligro la estabilidad de la Corona. En
este proceso, su abuela María de Molina arbitrará situaciones críticas
hasta su muerte en 1321. A partir de 1313, tras los acuerdos de
Palazuelos, ejercerán como tutores los infantes don Pedro y don Juan,
hasta su muerte en 1319 en la Vega de Granada. Posteriormente, diversas
facciones nobiliarias encabezadas por don Juan Manuel, don Felipe, don
Juan el Tuerto y don Tello de Molina sumirán a Castilla en un caos
político al protagonizar varias sublevaciones y dividir el reino. A
partir del momento en que asume el trono, su primera labor será
recuperar el terreno perdido por la corona y asentar el poder real. Así,
su misma entronización en Las Huelgas (Burgos) simbolizará la pretensión
de reafirmar el poder del trono frente a las revueltas de los nobles, en
especial don Juan Manuel. Esta política continuará con medidas como la
promulgación del Ordenamiento de Alcalá en 1348, la incorporación de
nuevos elementos no nobiliarios al gobierno procedentes de medios
urbanos o la disolución de las hermandades concejiles. En cuanto a
Europa, Alfonso XI promoverá la defensa de los intereses comerciales
castellanos durante la Guerra de los Cien Años, lo que obligará a eludir
realizar cualquier toma de partido. Pasada ésta, la alianza con Francia
será un hecho a partir de 1345. Por otro lado, a partir de 1327 los
intereses militares castellanos pasan por el control del estrecho de
Gibraltar. En 1340 se produce la importante batalla del Salado, que
permite anexionar Algeciras y Tarifa. Durante el sitio a Gibraltar una
epidemia de peste diezmó al ejército castellano y acabó con la vida de
Alfonso XI. Sus hijos serán Pedro I, nacido de su matrimonio con María
de Portugal, y Enrique II, fruto de sus relaciones extraconyugales con
doña Leonor de Guzmán.
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Pedro I el Cruel
1350-1369
Rey de Castilla y León
(Burgos, 1334 - Montiel, La Mancha, 1369). Era hijo de Alfonso XI, a
quien sucedió en 1350. El comienzo de su reinado estuvo marcado por la
debilidad del poder real frente a las facciones que se disputaban el
poder: los diversos hijos bastardos que había tenido Alfonso XI con
Leonor de Guzmán, los infantes aragoneses primos del rey y la reina
madre -María de Portugal-. Inicialmente controló el poder la facción de
la reina madre y del favorito Juan Alfonso de Alburquerque, que
reorientó la política exterior hacia la alianza con Francia; para
cimentarla, se concertó el matrimonio del rey con Blanca de Borbón
(1353). Pero por entonces el rey era ya amante de María de Padilla, por
la que abandonó a su esposa tres días después de la boda, haciéndola
encerrar en el Alcázar de Toledo; con ello provocó la ruptura con
Francia, la caída de Alburquerque y el estallido de una rebelión en
Toledo, que pronto se extendió a otras ciudades del reino. La
insurrección contra el autoritarismo real aunó a la nobleza con las
oligarquías municipales, reclamando ambas mayor participación en el
gobierno del reino; al frente de la misma se situaron el propio
Alburquerque (muerto poco después) y don Enrique de Trastámara (el
futuro Enrique II, uno de los bastardos de Alfonso XI). El rey fue
obligado a ceder, quedando confinado en Toro; pero pronto consiguió
escapar y recuperar la iniciativa, comenzando una guerra civil que sólo
terminaría con la muerte del monarca. A medida que fue tomando ciudades,
fue ejecutando en represalia a la mayor parte de los sublevados, con la
excepción de don Enrique, que consiguió refugiarse en sus tierras de
Asturias. La guerra civil se transformó en guerra exterior desde que
Pedro I de Castilla atacó a Pedro IV de Aragón (1356), al tiempo que
Inglaterra se alineaba con los partidarios de don Pedro y Francia con
los de don Enrique, en el marco de la Guerra de los Cien Años que
enfrentaba a ambos países. Durante la tregua conseguida por la Paz de
Terrer (1361), muertas tanto la reina (se sospecha que asesinada por
orden del rey) como María de Padilla, don Pedro proclamó herederos suyos
a los hijos que había tenido con esta última, a los que declaró
descendientes legítimos. La guerra se reavivó en 1362, con suerte
favorable para el rey castellano, que llegó a cercar Valencia. Sin
embargo, el conflicto se equilibró con la intervención de Francia, que
deseaba poner en el Trono castellano a un monarca proclive a emplear la
flota castellana en su guerra contra Inglaterra; para lograrlo enviaron
a la Península a las Compañías Blancas, cuerpos mercenarios
capitaneados por Bertrand Du Guesclin. Con su apoyo, Enrique de
Trastámara fue proclamado rey de Castilla en Calahorra en 1366 y ocupó
en poco tiempo la totalidad del reino. Pedro I buscó apoyo en el
Príncipe Negro, gobernador de Aquitania, que penetró también en la
Península con tropas inglesas y derrotó a los franceses en Nájera
(1367). En medio de una brutal represión contra los partidarios de
Enrique II, éste consiguió recuperar sus fuerzas, puso sitio a Toledo
(1368) y derrotó a Pedro I en Montiel (1369). Mientras negociaban la paz
en la tienda de Du Guesclin, Enrique asesinó al rey, poniendo fin a la
dinastía castellana y asentando en el Trono a la Casa de Trastámara.
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Enrique II de Castilla 1369-1379
(Llamado el de las Mercedes)
Rey de Castilla, primero de la casa de Trastámara (Sevilla, 1333/34 -
Santo Domingo de la Calzada, Rioja, 1379). Era hijo bastardo de Alfonso
XI, aunque había sido adoptado por Rodrigo Álvarez, conde de Trastámara,
de quien tomará nombre la dinastía que inauguró. Durante todo el reinado
de su hermano paterno, Pedro I el Cruel, mostró una actitud
levantisca: se sublevó en Asturias en 1352 y de nuevo en Ciudad Rodrigo
en 1354. Derrotado, huyó a Francia y a Aragón, estableciendo alianzas
con sus reyes respectivos. Apoyado por ambos en sus pretensiones al
Trono castellano, en 1366 encabezó una nueva rebelión nobiliaria; entró
en Castilla secundado por las «Compañías» de Bertrand Du Guesclin y se
autoproclamó rey en Calahorra. Pedro I recurrió al auxilio de tropas
inglesas y derrotó al pretendiente en la batalla de Nájera (1367). Pero,
tan pronto como los ingleses abandonaron Castilla, Enrique recuperó la
iniciativa militar, puso cerco a Toledo y derrotó a las tropas reales en
Montiel. Sitiado don Pedro en el castillo de Montiel, intentó
parlamentar con su hermano y cayó en la trampa que éste le tendió; con
ayuda de Du Guesclin, Enrique asesinó a Pedro y liquidó así la disputa
por el Trono (1369). El afianzamiento en el Trono resultó difícil, ya
que el nuevo rey sólo contaba con el apoyo de Francia, mientras que
debía defenderse de los ataques de Inglaterra, Portugal, Navarra y
Aragón; regiones enteras -como Galicia, Zamora, Ciudad Rodrigo o
Carmona- quedaban fuera de su control, fieles a la memoria del rey
asesinado. La alianza con el rey francés explica la intervención de
Castilla en la Guerra de los Cien Años, e incluso puede interpretarse la
instauración de los Trastámara en el Trono castellano como un capítulo
más de aquella guerra anglo-francesa: Francia aspiraba a controlar la
flota castellana para cortar las comunicaciones inglesas, mientras que
Inglaterra buscaba la neutralización de dicha flota. En consecuencia,
Enrique hubo de proseguir una guerra exterior después de ganar la guerra
civil, lanzando primero sus fuerzas contra Portugal; tras ocupar
Braganza impuso a Fernando I de Portugal la Paz de Alcoutim (1371).
Luego se enfrentó a Inglaterra, a la que derrotó en la batalla naval de
La Rochela (1372). Ante el resurgimiento de la amenaza portuguesa, ocupó
Almeida y Viseo y bloqueó el puerto de Lisboa, hasta que Fernando firmó
el Tratado de Santarem (1373), por el que Portugal prestaría su flota al
bando franco-castellano. Más tarde volvió sus armas contra Navarra, a
cuyo rey venció e impuso la Paz de Briones (1373). Y por último, se
dirigió contra Pedro IV de Aragón, al que también derrotó e hizo firmar
la Paz de Almazán (1375). Por cada uno de estos tres tratados de paz,
Enrique II estableció alianzas matrimoniales entre sus hijos y los de
los reyes de Portugal, Navarra y Aragón, iniciando así el afianzamiento
y la expansión de su dinastía.
En el interior, Enrique hubo
de impulsar la reconstrucción del país, dañado por la guerra civil. Su
enérgica acción exterior libró al territorio castellano de las amenazas
bélicas que se cernían sobre él, facilitando dicha reconstrucción. Mas
para facilitar la recuperación de las economías nobiliarias y ganarse el
apoyo de las grandes casas, Enrique tuvo que hacer a éstas donaciones
masivas de privilegios, bienes y rentas (las llamadas «mercedes
enriqueñas»). Este ritmo de concesión de mercedes le obligó a convocar
Cortes con mucha frecuencia (Toro, 1371; Burgos, 1373 y 1377…). Al final
del reinado se vio obligado a ocuparse de nuevo de las guerras
exteriores, por el ataque combinado de Inglaterra y de Navarra (1377);
contuvo el ataque sobre Soria y firmó con Navarra la Paz de Santo
Domingo de la Calzada (1379), poco antes de morir. Asentada ya la
dinastía, le sucedió en el Trono su hijo Juan I.
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Juan I 1379-1390
Rey de Castilla (Épila,
Aragón, 1358 - Alcalá de Henares, 1390). Sucedió en 1379 a su padre,
Enrique II, quien había accedido al Trono mediante una guerra civil y
había intentado consolidar su posición prodigando mercedes entre los
nobles. Fue Juan I quien asentó definitivamente en Castilla la dinastía
de Trastámara, al tiempo que ponía coto a los privilegios de la nobleza,
acrecentados durante el reinado de su padre. En colaboración con las
Cortes, reorganizó la Monarquía con la creación del Consejo Real (1385).
Heredó de su padre los compromisos exteriores que ligaban a Castilla con
Francia en la Guerra de los Cien Años y en el conflicto eclesiástico
conocido como el «Cisma de Occidente». La flota castellana siguió
colaborando con la francesa en los ataques contra Inglaterra; pero ésta
reaccionó lanzando a Portugal contra Castilla en apoyo de las
pretensiones al Trono de Juan de Gante, duque de Lancaster (casado con
una hija de Pedro I de Castilla). Juan detuvo la ofensiva e invadió
Portugal, casando con la heredera de aquel reino (1383); posteriormente
intentaría hacerse con el control de Portugal, pero hubo de desistir
tras ser derrotado en Aljubarrota (1385). Los ingleses aprovecharon
aquel momento de debilidad para invadir Galicia, pero Juan detuvo su
avance hacia la meseta y les hizo firmar la Paz de Bayona (1387). Murió
al caer de un caballo y le sucedió su hijo Enrique III (otro hijo suyo,
Fernando I, fue rey de Aragón).
Enrique III el Doliente
1390-1406
(Burgos, 1379-Toledo, 1406)
Rey de Castilla (1390-1406). Sucedió a su padre, Juan I. Llamado el
Doliente por su débil constitución, se hizo cargo del poder en 1393,
tras una minoría de edad alterada por la masacre de judíos (1391) y por
los desórdenes instigados por el consejo de regencia múltiple. Consiguió
dominar a la nobleza y neutralizó a las ciudades con la implantación de
corregidores. Rechazó a los portugueses y emprendió la conquista de las
Canarias. Casado con Catalina de Lancaster, descendiente de Pedro el
Cruel, este matrimonio favoreció el final de las hostilidades entre
Inglaterra y Castilla, con lo que que se facilitó el afianzamiento del
comercio castellano en el Atlántico. Murió cuando preparaba una
expedición contra Granada.
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Juan II
1406-1454
Nacido en Toro, es hijo de
Enrique III
y
Catalina de Láncaster.
Su madre y su tío Fernando,
futuro rey de Aragón, asumirán la Regencia hasta su mayoría de edad.
Durante esta etapa, se reanudarán las hostilidades con el reino nazarí
de Granada.
La doble regencia supone una fuente permanente de conflictos que
obligará a dividir el reino en dos circunscripciones. Fernando adquiere
un sólido prestigio como gobernante al tomar Antequera en 1410 y una
posición de fuerza que resultará decisiva para ser nombrado
rey de Aragón
(Caspe, 1412). En las Cortes de Madrid (1419), Fernando asume plenos
poderes, tras haber casado con María de Aragón. Una constante de su
reinado será la pugna con la nobleza por establecer el papel que la
corona y el estamento nobiliario juegan en el seno del Estado. La
aparición de las ciudades como tercer elemento en juego prefigura ya un
conflicto plenamente moderno. Las disensiones interiores tendrán
repercusión además en el ámbito externo. Así, Aragón y Navarra,
gobernados por los infantes de Aragón, serán rivales permanentes de
Castilla, mientras que Portugal y, sobre todo, Francia, serán aliados de
la corona castellana. Otro elemento a tener en cuenta será la figura del
valido, representante del poder real, que adquirirá gran importancia en
la persona de Álvaro de Luna.
Éste, condestable y maestre de Santiago, representará la fortaleza de la
corona frente a las pretensiones de la nobleza y defenderá los intereses
de Castilla contra la corona de Aragón. La derrota de aragoneses y
navarros en la batalla de Olmedo sitúa a la monarquía castellana en su
punto álgido, debilitando al mismo tiempo la disensión interna
representada por el estamento nobiliario. No obstante, la nobleza
castellana no cesará de enfrentarse al poder del valido, considerado
excesivo. Así, en 1453 Álvaro de Luna es depuesto por el rey, en una
caída promovida por Enrique,
príncipe de Asturias, y la segunda esposa del rey, Isabel de Portugal
(madre de Isabel la Católica).
En otro orden de cosas, Castilla vive unos años de esplendor demográfico
y económico, facultado por el incremento de las exportaciones (lana,
hierro, vino) a los mercados europeos. Esta buena situación permite el
desarrollo de instituciones que prefiguran
el Estado moderno.
El interés del monarca por la cultura permite el surgimiento de poetas y
literatos cortesanos, protegidos personalmente por el rey. Juan II murió
en 1454 en Valladolid.
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Enrique IV
1454-1474
Hijo de Juan II de Castilla y
de María de Aragón, antes de acceder al trono ya intervino en la
convulsa política castellana de la época, junto a su favorito Juan
Pacheco. En 1440 casa con Blanca de Navarra, separándose de ella en 1443
por impotencia. Un año más tarde accede al trono. Casa de nuevo en 1455
con Juana de Portugal, para asegurar la cooperación entre ambos reinos.
Su mandato transcurre sin grandes alteraciones hasta 1462. En este año,
se renuevan los hostigamientos contra el reino nazarí de Granada, se
intenta reconciliar con los Grandes de España huidos a Aragón y acepta
el trono de Cataluña, ofrecido por los mismos catalanes, descontentos
con Juan II de Aragón. Precisamente la cuestión catalana provoca, a
partir de 1463, la caída en desgracia de los nobles más cercanos al rey
(Juan Pacheco, Alfonso de Fonseca) por la pérdida de confianza en el
Consejo, y el ascenso de nuevas figuras, como los Mendoza o Beltrán de
la Cueva. Entre 1463 y 1468, los nobles desafectos emprenden una campaña
contra el Enrique IV y elaboran el Manifiesto de Burgos (1464), en el
que se critican aspectos diversos de la gestión del monarca, se incluyen
las protestas de las ciudades y se critica la sucesión al trono en la
persona de Juana, su hija, considerada fruto del adulterio de la reina
Juana con Beltrán de la Cueva. La presión de los nobles obliga al rey a
ceder y a reconocer como heredero a su hermano Alfonso, estableciéndose
una comisión encargada de analizar la crisis y emitir un dictamen que
procure la pacificación de Castilla. Este dictamen, la sentencia de
Medina del Campo (1465), de signo desfavorable a los intereses de
Enrique IV, empuja a éste a combatir a los sublevados, quienes
responderán proclamando rey a Alfonso (farsa de Ávila). Los combates se
prolongarán durante tres años, hasta la muerte de Alfonso (1468). La
cuestión sucesoria aun no quedará resuelta. Los partidarios de Alfonso
prestarán ahora su apoyo a la hermana del rey, Isabel, en contra de
Juana la Beltraneja, hija del monarca. Isabel será reconocida como
heredera mediante el tratado de los Toros de Guisando; sin embargo, la
defensa de la causa monárquica de ésta hace que sus aliados partan de su
lado y pasen a defender la candidatura de Juana, su antigua enemiga. Los
tratados de Alcaçovas, 1479, dejarán a Isabel como única pretendiente al
trono y reina de Castilla, por la muerte de su padre en 1474.
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Isabel la Católica
1474-1504
La figura de Isabel I será
fundamental para conocer el tránsito que se produce en la Península
Ibérica entre la Edad Media y la era Moderna. Su reinado, junto a su
esposo Fernando de Aragón, servirá de puente entre dos épocas y tendrá
elementos identificativos tanto de una etapa como de la otra. Nace el 22
de abril de 1451 en el pueblo abulense de Madrigal de las Altas Torres.
Será la tercera hija del rey Juan II de Castilla, casado en segundas
nupcias con doña Isabel de Portugal, la madre de la futura Reina
Católica. Su infancia transcurrió en Arévalo, donde se trasladó su madre
al poco tiempo de enviudar. La estancia en Arévalo no será muy agradable
ya que la madre pronto empieza a dar muestras de locura. Poco sabemos de
su instrucción, suponiendo que en estos años aprendería a leer y
escribir. En 1464 el rey Enrique IV, su hermanastro, la lleva a su
corte, dotándola de rentas, mercedes y una villa en Casarrubios del
Monte. Las relaciones entre los hermanos son bastante estrechas y don
Enrique da muestras de cariño hacia la joven infanta al igual que a su
otro hermano, don Alfonso. La situación en la corte de Enrique no es muy
gratificante ya que los nobles desean restar aún más poder al legítimo
monarca, produciéndose un soterrado enfrentamiento entre los partidarios
de una monarquía fuerte y los que optan por un monarca manejable del que
puedan conseguir todo tipo de gracias y mercedes. En este ambiente se
produce un hecho significativo conocido como "Farsa de Avila". En una
grotesca ceremonia los nobles deponen a Enrique IV y nombran rey de
Castilla al príncipe Alfonso, alegando que la heredera -Juana, hija de
Enrique y de su segunda esposa Juana de Portugal- es ilegítima al ser
fruto de los amores de la reina y el valido, Beltrán de la Cueva, de
donde viene el nombre de Beltraneja con el que la infanta es conocida
posteriormente. Isabel está al margen de todas estas maniobras pero
pronto entrará en escena. La muerte del príncipe Alfonso en 1468 provoca
que sus partidarios elijan a la joven infanta como nueva candidata a
arrebatar la corona a Enrique. El objetivo nobiliario será contar con
una persona manejable con la que realizar sus intereses personales. En
este contexto se firma el Pacto de los Toros de Guisando (1468) en el
que Enrique reconoce a su hermana Isabel como princesa de Asturias,
confirmando la ilegitimidad de su hija Juana. Resulta curioso como
Isabel, cuyas posibilidades de reinar en Castilla eran muy escasas al
nacer, se había convertido en la sucesora al trono. Como princesa de
Asturias Isabel debe elegir un buen marido para casarse. Los candidatos
a este matrimonio político serán varios: Alfonso V de Portugal; don
Pedro Girón, maestre de Calatrava, y Fernando de Aragón, heredero de la
corona vecina. La elección se consumó en Ocaña, donde Isabel constituyó
su casa: Fernando era el elegido. El matrimonio se celebrará en
Valladolid el 19 de octubre de 1469, presentando el arzobispo Carrillo
una bula papal falsa ya que ambos contrayentes eran primos segundos,
teniendo como antepasado común a Juan I de Castilla. Pero este
matrimonio significará el enfrentamiento entre los dos hermanos ya que
Enrique reacciona rápidamente y declara ilegal el nombramiento de Isabel
como princesa de Asturias, reconociendo a Juana como su heredera
legítima (Valdelozoya, 1470). La guerra civil está servida aunque aún
queden algunos años para estallar. En un primer momento, Isabel y
Fernando apenas cuentan con aliados, retirándose a Medina de Rioseco,
pero paulatinamente va creciendo el número de sus partidarios: el País
Vasco, Borgoña, Roma y especialmente la poderosa familia Mendoza. La
posición de Isabel es cada vez más fuerte y parece que el propio Enrique
se aviene a negociar. Pero en estos momentos el monarca fallece en
Madrid, en la noche del 11 al 12 de diciembre de 1474, sin hacer
testamento. Tomando como base el tratado de los Toros de Guisando Isabel
se proclama reina de Castilla en Segovia, el 13 de diciembre. Es una
política de hechos consumados que provocará la guerra entre Isabel y sus
partidarios - que apoyan una monarquía estable y consolidada- frente a
Juana y sus aliados - curiosamente los que anteriormente la consideraban
ilegítima, pretendiendo consolidar sus derechos feudales y relegar la
monarquía a un plano meramente formal-. En enero de 1475 se firma la
Concordia de Segovia entre Isabel y Fernando donde se produce un reparto
de competencias entre ambos monarcas. Isabel es "reina y propietaria de
Castilla" y su esposo recibe el título de rey. Desde ese momento los
esposos formarán un bloque imposible de dividir y con esa firmeza pueden
hacer frente al estallido de la guerra. La guerra civil se produce entre
1475 y 1479, convirtiéndose en guerra internacional al participar
Portugal y Francia apoyando a Juana mientras que Aragón rinde su apoyo a
Isabel. La derrota portuguesa en las cercanías de Toro (1 de marzo de
1476) y las dificultades francesas para invadir tierras guipuzcoanas
gracias a la labor de la marina vasca inclinan la balanza a favor del
bando isabelino. Durante tres años se irán sofocando los focos de
resistencia en tierras extremeñas y andaluzas, lo que indica que la
causa isabelina no estaba tan arraigada. Los Tratados de Alcaçovas
(septiembre de 1479) ponen fin a la contienda y desde ese momento Isabel
está firmemente asentada en el trono. Ese mismo año de 1479 muere Juan
II de Aragón por lo que Fernando se convierte en rey aragonés,
poniéndose en marcha la unión dinástica de Castilla y Aragón. Los
cimientos del Estado moderno se están colocando en la Península Ibérica.
Para robustecer el poder real se tomaron una serie de medidas de gran
calado, la mayor parte de ellas en el seno de las Cortes: la
constitución de la Santa Hermandad con fines de índole policial y
judicial (Madrigal de las Altas Torres, 1476); la reorganización del
Consejo Real, la ampliación de las competencias de los corregidores
(Toledo, 1480); regulación de la Hacienda Real; revisión de las mercedes
otorgadas a los nobles por Enrique IV; incorporación de los maestrazgos
de las Ordenes Militares a la Corona al nombrar Gran Maestre a Fernando;
establecimiento en Valladolid de la Real Chancillería, creando una
segunda Chancillería en Granada (1505); constitución de un ejército
permanente que tiene como núcleo las Guardias Reales, las milicias
urbanas y la Santa Hermandad. En materia religiosa se produce la
expulsión de los judíos (1492); la reforma de las órdenes religiosas,
labor realizada por el cardenal Cisneros; y la creación de la
Inquisición en Castilla (1478) gracias a la bula "Exigit sinceras
devotionis affectus" promulgada por Sixto IV por la que se otorga a los
reyes el poder de nombrar dos o tres obispos para desempeñar el oficio
de inquisidores, produciéndose las primeras condenas en Sevilla durante
el año 1481. En 1492 se producen tres hechos de gran importancia para
España: la conquista de Granada -que pone fin a la guerra con el reino
nazarí desde el año 1482-, la conquista de las Canarias -las islas
mayores: Gran Canaria, La Palma y Tenerife- y el descubrimiento de
América gracias a Cristóbal Colón. Los tres episodios se pueden
relacionar con la política exterior desarrollada por Isabel y Fernando,
encaminada a extender los dominios ibéricos para afianzar la corona como
una potencia internacional, enfrentándose a Francia. Bien es cierto que
la línea trazada por Fernando tenía como objetivo la expansión hacia el
Mediterráneo -Italia y Sicilia - pero con estas nuevas aportaciones
Castilla se abría al Atlántico. Gracias a las bulas "Inter Caetera"
(mayo de 1493) el papa Alejandro VI concedió la soberanía de las tierras
descubiertas -aunque Colón pensaba que había llegado a las Indias-. Será
este mismo pontífice quien otorgue a Isabel y Fernando el título de
Reyes Católicos en 1494 -posiblemente para compensar al título de "Rey
Cristianísimo" que ostentaban los soberanos franceses- que también
disfrutarán todos sus herederos. Dentro de la política exterior conviene
destacar la política de enlaces diseñada por los reyes para sus hijos.
Todos los matrimonios están encaminados a aislar a Francia: Isabel
casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su
heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de
Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana
contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del emperador;
María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de Portugal; Catalina
será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. Portugal, el
Imperio e Inglaterra, rodeando con sus vástagos al reino francés. El
diseño de Fernando no podía ser más perfecto. La muerte del príncipe
Juan en 1497 provocará a doña Isabel una depresión, quizá por motivos
sucesorios. El fallecimiento de Isabel (1498) y su hijo Miguel (1500)
-heredero de las coronas de Portugal por su padre, Castilla por su
abuela y Aragón por su abuelo- aumentarán la desazón en la reina que
fallecerá en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504, víctima de un
cáncer. El testamento deja como heredera y propietaria de la Corona de
Castilla a su hija Juana. El cadáver de doña Isabel fue llevado a
Granada donde será enterrado, pudiéndose apreciar hoy en día un precioso
mausoleo -realizado por Domenico Fancelli- en la Capilla Real granadina,
acompañada de su esposo Fernando.
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Fernando el Católico 1474-1504
El 10 de mayo de 1452 nacía en
la localidad zaragozana de Sos el hijo primogénito del rey aragonés Juan
II y su segunda esposa, la castellana Juana Enríquez, hija de don
Fadrique Enríquez, almirante de Castilla. Las Cortes de Calatayud le
juran como heredero de la corona de Aragón en 1461, tras la muerte de su
hermanastro Carlos, el príncipe de Viana. Antes de su matrimonio
conocemos algunas aventuras amorosas del joven galán con una tal Aldonza
Roig. Como resultados de estos amores nacerán dos hijos naturales:
Alfonso -que será nombrado años más tarde arzobispo de Zaragoza y virrey
de Aragón- y Juana -futura esposa de don Bernardino Fernández de
Velasco, condestable de Castilla-. Durante del matrimonio también
mantuvo relaciones extraconyugales, naciendo dos hijas llamadas María de
Aragón que pasarían sus días en un convento de agustinas de los
alrededores de Madrid. En 1468 fallece doña Juana Enríquez y el príncipe
Alfonso es nombrado corregente del reino aragonés y rey de Sicilia,
posiblemente para dotar al joven de un reino con el que fortalecer su
próximo matrimonio con Isabel de Castilla, princesa de Asturias en esos
momentos. El 7 de enero se firma un protocolo entre los futuros esposos
por el que Fernando se compromete a actuar en estrecha colaboración con
Isabel y adoptar las decisiones en común. El enlace no satisface a
Enrique IV por lo que se realizará de incógnito. Fernando parte a
tierras castellanas en octubre de ese año y el día 19 se celebrará el
matrimonio, oficiado por el arzobispo Carrillo quien proporciona a la
pareja una dispensa papal falsa, necesaria debido a tener como
antepasado común a Juan I de Castilla. Esta situación será regularizada
por Sixto IV en 1471. Los siguientes meses serán de absoluto aislamiento
para los esposos que ven como la mayoría de los nobles toman partido por
la infanta Juana en la carrera por el trono castellano. En mayo de 1471
se producen las primeras adhesiones a los príncipes: el País Vasco se
decanta por Isabel y Fernando al tiempo que la poderosa familia de los
Mendoza va colocándose a su lado. La muerte de Enrique IV -12 de
diciembre de 1474- y la posterior autoproclamación de Isabel como reina
de Castilla -13 de diciembre de 1474- sorprenderá a Fernando en Aragón.
La guerra civil castellana está servida y el aragonés quiere mover sus
cartas. Se proclama el único descendiente varón vivo de Enrique IV y se
presenta como candidato al trono castellano. Esta actuación motivará la
firma entre los esposos de la concordia de Segovia -15 de enero de 1475-
en la que se establece absoluta igualdad entre ambos en el ejercicio del
poder real - a pesar de que el nombre del rey debe anteceder al de la
reina, al igual que las armas de ambos-, norma que también se seguirá
posteriormente en Aragón. De esta manera los esposos se presentan como
un bloque consolidado, apoyado por un buen número de nobles, ciudades y
villas que desean el "buen gobierno del reino", empujando a los monarcas
a poner en marcha una política de consolidación del poder real. La
participación de Fernando en la Guerra de Sucesión será determinante ya
que Aragón apoyará a los jóvenes esposos frente a Alfonso V de Portugal
y Luis XI de Francia, que se inclinan por Juana. El inicial avance
portugués es frenado al tomar Fernando Zamora y obtener una contundente
victoria en la batalla de Toro -1 de marzo de 1476-. La guerra estaba
sentenciada al ser expulsados los franceses de Fuenterrabía, aunque los
focos de resistencia en Andalucía y Extremadura aún tardarán tres años
en ser apagados. El fin de la guerra se sentencia en los Tratados de
Alcaçovas -septiembre de 1479-. Desde ese momento la labor personal de
Fernando e Isabel resulta difícil de diferenciar, no sólo en Castilla
sino también en Aragón donde el rey Juan II ha muerto en enero de 1479
siendo sucedido por Fernando. Los especialistas hablan del germen del
Estado Moderno en estos momentos, poniéndose como objetivo los
gobernantes la consolidación del poder monárquico. Las medidas
encaminadas a la organización del reino castellano son de gran calado
-creación de la Santa Hermandad y del Consejo Real, regulación de la
Hacienda Real, incorporación de los maestrazgos de la Ordenes Militares
a al corona la nombrar a Fernando Gran Maestre de cada una de ellas,
etc.-. Parece que la actividad en Aragón no fue tan numerosa, destacando
su actuación en la resolución de los problemas de los campesinos de
remensa a través de la sentencia arbitral de Guadalupe (1486). Su
intento de sustituir a los diputados de la Generalitat catalana por
otros elegidos por el monarca no prosperó, teniendo mayor éxito en la
implantación de la insaculación para la elección de cargos en el
ayuntamiento barcelonés y de otras ciudades. El restablecimiento de la
Inquisición en la corona aragonesa trajo en un primer momento problemas
graves que acabaron con el asesinato del inquisidor Pedro de Arbues. La
respuesta fue contundente y la Inquisición se afianzó en la corona.
Siempre se ha hecho referencia al reparto de funciones entre Isabel y
Fernando, adjudicando a la soberana los asuntos internos y al monarca
los externos. En los asuntos de política exterior Fernando demostró su
capacidad política. Uno de los primeros objetivos será poner punto final
a la Reconquista, en unos momentos en que el reino nazarí de Granada
estaba dando muestras de crisis y decadencia. La guerra duró diez años y
en enero de 1492 Boabdil entregaba las llaves de la ciudad, poniendo fin
a siete siglos de presencia musulmana en la península. A pesar de que la
empresa se presentó como iniciativa de la corona castellana, el papel
desempeñado por Fernando será crucial. También participó en la aventura
americana que permitiría a Colón descubrir un nuevo continente, siendo
uno de los valedores de las Capitulaciones de Santa Fe. Pero las miras
del rey estaban en la defensa de los intereses aragoneses en el
Mediterráneo y aquí debemos hacer referencia a los asuntos italianos y
norteafricanos. En el norte de Africa se toman importantes plazas:
Melilla (1497), Mers-el-Kebir (1505) y Orán (1509) estableciéndose
protectorados en Bujía, Trípoli y Argel. El Magreb parecía estar ocupado
por la corona hispánica cuando la derrota en la isla de Gelves (1511)
hizo despertar del sueño. El control de unas cuantas plazas fuertes será
el resultado de dicha derrota, poniéndose de manifiesto la fortaleza del
Imperio Turco en el Mediterráneo oriental. En Italia la corona de Aragón
controlaba Cerdeña y Sicilia mientras que Nápoles estaba gobernado por
Ferrante, hijo natural de Alfonso V el Magnánimo. Carlos VIII de Francia
también tenía intereses en la península y alcanzó un trato con Fernando:
la devolución a Aragón del Rosellón y la Cerdaña -perdidos en la
reciente guerra catalana- a cambio de libertad de actuación francesa en
Italia -Tratado de Barcelona, 1493-. Pero la intervención del monarca
francés en Nápoles motivará que Fernando organice una Liga Santa junto
al emperador Maximiliano, el papa Alejandro VI, Milán y Venecia. Don
Gonzalo Fernández de Córdoba dirigirá las tropas aliadas que serán
derrotadas en Seminara pero que reaccionarán contundentemente en los
próximos años y obligaran a Francia a establecer la retirada. Luis XII
de Francia vuelve a la carga, ahora de manera diplomática y firma con
Fernando el Tratado de Granada (1500) por el que se reparte el reino de
Nápoles. Las aplicaciones del tratado traerán complicaciones y estallará
de nuevo la guerra, obteniendo don Gonzalo dos importantes victorias en
Ceriñola y Garellano (1503) siendo incorporado el reino de Nápoles a la
corona aragonesa dos años después. La política matrimonial desarrollada
por los Reyes católicos -título obtenido en 1494 de manos de Alejandro
VI- tendrá como objetivo aislar a Francia, buscando como aliados de los
reinos hispánicos a Portugal, el Imperio e Inglaterra. Los enlaces serán
los siguientes: Isabel casaría con el príncipe portugués don Alfonso y
al enviudar, con su heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con
Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de
Borgoña; Juana contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo
del emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de
Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra.
El 26 de noviembre de 1504 Isabel fallece en Medina del Campo dejando
como heredera de Castilla a su hija Juana. El testamento tiene un
curioso párrafo: "cuando la Princesa, mi hija, no estuviere presente en
estos reinos o estando en ellos no quisiere o no pudiere entender en la
gobernación de ellos (...) el rey Fernando, mi señor, rija, administre y
gobierne los dichos mis reinos y señoríos por la dicha Princesa" . Quizá
por este párrafo podemos deducir que Isabel aprecia ciertos trastornos
mentales en su hija y no desea que el reino caiga en manos de Felipe.
Fernando se hace cargo de Castilla como regente hasta la llegada de los
nuevos reyes que están en Flandes. Pero la nobleza castellana empieza a
dar muestras de preocupación y deseos de responder a los agravios
realizados anteriormente por los monarcas. Esta nobleza levantisca apoya
incondicionalmente a Felipe como rey quien también recibe el apoyo de
Luis XII de Francia y del Imperio. Una vez más Fernando da muestras de
su inteligencia política y firma con el rey francés la paz de Blois
(1505) por la que Luis renunciaba a sus derechos sobre Nápoles y
Fernando contraía matrimonio con la sobrina del monarca francés, Germana
de Foix. El matrimonio se celebró en Valladolid el 18 de marzo de 1506 y
a los pocos meses Fernando abandona Castilla rumbo a sus posesiones de
Aragón, evitando cualquier problema con su hija Juana y Felipe. La
muerte de El Hermoso el 25 de septiembre de 1506 vuelve a poner de nuevo
a Fernando en la órbita castellana. Juana da muestras de incapacidad
mental y en el país impera la anarquía por lo que Cisneros decide llamar
a Fernando en calidad de regente, iniciándose la segunda regencia que
abarcará entre 1507 y 1516. En el otoño de 1509 se encierra a Juana en
Tordesillas al ser declarada loca -locura por razones de Estado más que
cuestiones psíquicas, posiblemente- y ese mismo año fallece el pequeño
Juan, hijo de Fernando y Germana (3 de mayo de 1509). La energía
caracteriza este segundo periodo de regencia imponiendo fuertes castigos
a la nobleza levantisca, siendo el episodio más destacado la invasión de
Navarra en 1512. La invasión del reino vecino se encuadra en las luchas
contra Francia ya que el pequeño estado era un fiel aliado francés. La
excomunión de Julio II al monarca francés se hizo extensiva a Navarra y
Fernando ordenó al duque de Alba la invasión que se consumó con la
rendición de Pamplona el 25 de julio de 1512. Antes de morir Fernando
redactó dos testamentos; en el primero de mayo de 1512 dejaba al infante
Fernando como regente en espera de la llegada de Carlos I. Sin embargo
este testamento será modificado en enero de 1516 al designar al cardenal
Cisneros como regente de Castilla. En un delicado estado de salud,
Fernando emprendió un viaje a Andalucía para organizar una gran armada
contra los turcos pero antes de llegar la comitiva regia a Madrigalejo
(Cáceres) el rey fallecía. Era el 23 de enero de 1516 y las coronas de
Castilla y Aragón iban a parar al joven Carlos quien se hacía proclamar
rey en Bruselas el 14 de marzo de 1516.
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Felipe I el Hermoso
1504-1506
Felipe I ha pasado a la
historia con el sobrenombre de El Hermoso, aunque quizá se haya
exagerado un poco a tenor de los retratos que se conservan. El hijo del
emperador Maximiliano I y María de Borgoña era un hombre de cuerpo
proporcionado y de agraciado rostro, aficionado a los deportes de su
tiempo al ser ágil y poseer fortaleza. Una de sus mayores aficiones eran
los galanteos amorosos, contando con abundantes amantes en la corte
borgoñona. Por cuestiones políticas su padre concertó con los Reyes
Católicos un matrimonio doble: Felipe y su hermana Margarita casarían
con Juana y Juan. El matrimonio se celebró en Lille, el 21 de agosto de
1496, y fue rápidamente consumado por los fogosos cónyuges. Pero a pesar
de estar casado, Felipe no renunció a sus devaneos amorosos con otras
damas de la corte, provocando los celos en su esposa. Esta situación
provocó algunas tensiones, alcanzando incluso la violencia como el día
que Juana agredió a una dama de la corte con un peine por tener
sospechas de que era una de las furtivas amantes de su esposo. El
matrimonio había supuesto el nombramiento de Felipe como duque de
Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de
Tirol, Artois y Flandes, pero Felipe ansiaba más poder. El fallecimiento
de los herederos directos de los Reyes Católicos y de la propia Isabel
(1504) favoreció los deseos de Felipe ya que su esposa era nombrada
reina y propietaria de Castilla. El testamento de la reina católica
indicaba que en caso de manifestar doña Juana algún síntoma de
desequilibrio mental, el reino debería ser regido por don Fernando.
Desde ese momento se produce un claro enfrentamiento entre Felipe y don
Fernando, contando el borgoñón con el apoyo de la mayor parte de la
nobleza. A pesar de los numerosos intentos de conciliación, Fernando
acaba abandonando Castilla y permitiendo que Felipe se haga con las
riendas del país, con la consiguiente satisfacción de la aristocracia.
Su breve reinado estará caracterizado por el reparto de privilegios y
mercedes a los nobles castellanos y flamencos, alcanzando un papel
determinante el señor de Belmonte, don Juan Manuel. En Burgos, Felipe
recibía el reto para jugar a pelota, juego en el que destacaba. Tras el
partido, bebió un buen jarro de agua helada provocándole una intensa
fiebre de la que no se recuperó hasta su fallecimiento el 25 de
septiembre de 1506.
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Juana la Loca 1555 1504-1506
La historia no ha sido muy
condescendiente con Juana, la hija de Isabel y Fernando, los Reyes
Católicos. Su sobrenombre de La Loca nos demuestra que no ha tenido muy
buena prensa. Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479. Su gran
parecido a su abuela paterna, doña Juana Enriquez, motivó que,
cariñosamente, Isabel llamara a su hija "mi suegra". Su educación estuvo
marcada por la severidad, tanto de su madre como de sus maestros. Buena
muestra de ello es que aprendió latín siendo bien pequeña. Pronto se
manifestó en Juana una vena mística que ella pretendió encauzar
haciéndose monja. Pero sus padres tenían otro objetivo para la atractiva
Juana y cuando cumplió 16 años fue concertada su boda con el archiduque
Felipe de Austria, hijo de Maximiliano I y María de Borgoña, conocido
por el sobrenombre de El Hermoso. El enlace entraba dentro de la
política exterior de los Reyes Católicos, que tenía como fin cercar al
enemigo reino de Francia. Para ello también casaron a su heredero, el
príncipe Juan, con la hermana de Felipe, Margarita de Austria. La boda
se celebró en Lille el 21 de agosto de 1496, prematuramente, ya que
ambos cónyuges sintieron una mutua atracción nada más verse, deseando
consumar el matrimonio cuanto antes. El matrimonio no cambió la actitud
conquistadora de Felipe, acostumbrado a mantener relaciones sexuales con
las damas de la corte, actitud que doña Juana no estaba dispuesta a
permitir. Por eso pronto aparecieron los celos y los enfrentamientos
entre los esposos. A pesar de esta desagradable situación, Juana y
Felipe tuvieron seis hijos. El primer parto tuvo lugar el 15 de
noviembre de 1498, naciendo una niña a la que se puso el nombre de
Leonor. Pasando el tiempo, primero se casará con el rey Manuel I de
Portugal y tras quedarse viuda, contraerá matrimonio con Francisco I de
Francia. El 24 de febrero de 1500 nace su segundo hijo, Carlos. Cuenta
la tradición que el parto tuvo lugar en un pequeño retrete del palacio
de Gante, debido a la facilidad de Juana para dar a luz, y a los celos,
de ahí que acudiera a una fiesta para vigilar constantemente a su
marido. El tercer alumbramiento se produjo en 1501, viniendo al mundo
una niña a la que se llamó Isabel, que sería reina de Dinamarca tras su
matrimonio con Christian II. Parece ser que este embarazo vino motivado
por la muerte del infante don Miguel de Portugal, lo que dejaba la
sucesión al trono de España en manos de Juana. El ambicioso Felipe se
mostró durante una temporada solícito y servicial, naciendo la pequeña
Isabel de estas relaciones. Felipe, que ya era duque de Borgoña, de
Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois
y Flandes, deseaba ampliar cuanto antes su poder. A principio del año
1502 Juana y Felipe llegaron a Fuenterrabía para ser jurados príncipes
de Asturias en Toledo y príncipes de Gerona en Aragón. El 10 de marzo de
1503 nacía en Alcalá de Henares el cuarto hijo del matrimonio: Fernando,
futuro Emperador de Alemania y rey de Hungría y Bohemia, el ojito
derecho de Fernando el Católico. Felipe partió para Flandes alegando
cierto desgobierno en sus estados y Juana quedaba en Castilla. Pronto
decidió acudir en compañía de su esposo, a pesar de su estado tras el
parto, por lo que fue detenida por su madre. Desde ese momento se apuntó
la enfermedad mental de Juana como un elemento a vigilar, por lo que los
Reyes Católicos desearon que quedara a su lado. Pero Juana ansiaba tanto
reunirse con su marido que, desestimando los consejos, decidió marcharse
a Flandes. Tras el fallecimiento de Isabel en 1504, Juana era nombrada
reina propietaria de Castilla y León, siguiendo el testamento de la
reina católica. Don Fernando se encargaría de la regencia mientras los
flamantes monarcas llegaban procedentes de tierras flamencas. A finales
del año 1505 Juana tendrá una nueva hija, María, que casará con el rey
Luis de Hungría y Bohemia. En la primavera de 1506 llegaban Juana y
Felipe a La Coruña, tras una estancia en Inglaterra. La llegada de los
reyes provocó el definitivo enfrentamiento entre Felipe y Fernando,
siendo una de las causas la pretendida locura de Juana esgrimida por el
Hermoso para hacerse con la regencia. Fernando abandonó Castilla y dejó
expedito el camino a su yerno En los primeros días del mes de septiembre
de 1507 don Felipe jugaba un partido de pelota con sus más allegados en
Burgos. Después de practicar deporte, bebió agua helada, por lo que al
día siguiente se sintió con fiebre. Nunca se curó y el día 25 de
septiembre de 1507 fallecía, especulándose que pudo haber sido
envenenado, lo que no se pudo probar. Un cortejo encabezado por la reina
se trasladó hacia Granada, viajando siempre de noche y alojándose en
lugares donde las mujeres no pudiesen tener contacto con el cortejo, lo
que aumentó las noticias de la locura de doña Juana. Precisamente de
camino a Granada tuvo Juana su último alumbramiento, naciendo una niña
llamada Catalina, el día 14 de enero de 1507, en Torquemada. Catalina
contraería años después matrimonio con Juan III de Portugal. Juana no
deseaba el gobierno del reino y mandó llamar a su padre para que se
hiciera cargo de los asuntos de Estado como regente de Castilla. Dando
muestras de enajenación mental -no se cambiaba de vestido ni se aseaba e
iba acompañada del féretro de su esposo- se decidió que Juana fuera
encerrada en Tordesillas. Corría el mes de enero de 1509 y allí
permaneció el resto de sus días, vestida siempre de negro y haciendo una
vida retirada, lo que contribuyó a acentuar su problema mental. El 12 de
abril de 1555 fallecía doña Juana, tras 46 años de reclusión, cubierto
su cuerpo de llagas al negarse a ser aseada y cambiada de ropa. Quizá la
pobre Juana tuviera una leve enfermedad mental, pero no se llevó a cabo
un programa de recuperación muy adecuado con ella al encerrarla en
Tordesillas, aunque, para descargo de sus familiares, esto ha sido
práctica común con la mayoría de los enfermos mentales hasta nuestros
días.
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