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ÍNDICE DE LOS REYES DE
CASTILLA
LOS PROTAGONISTAS DE UNA
ÉPOCA
Fernando I 1035-1065
Rey
de Castilla (1035-1065) y de León (1037-1065), hijo de Sancho III de
Navarra y de la infanta Mayor, hermana del conde Castellano García
Sánchez. A la muerte de Sancho el Mayor (1035) heredó el condado de
Castilla, al que se habían unido territorios leoneses aportados como
dote por la infanta doña Sancha, hermana del rey de León Vermudo III,
en su matrimonio con Fernando. El intento de Vermudo de recuperar
estos dominios en el río Cea provocó la lucha con el conde
castellano, que recabó el auxilio de su hermano García IV Sánchez
III de Navarra. En el encuentro de Tamarón (4 set.1037), Vermudo III
fue derrotado y muerto, por lo que le sucedió su cuñado. Durante su
reinado se introdujeron en León las ideas europeistas de Navarra. La
disputa en torno a la posesión de ciertas tierras en Santander,
Burgos, La Bureba y los montes de Oca, que Sancho el Mayor había
incorporado a Navarra, le enfrentó con su hermano navarro (1054). En
el transcurso de la batalla de Atapuerca (15 set. 1054), García
Sánchez perdió la vida, y Fernando pudo incorporar a Castilla una
parte de los territorios reivindicados. Solucionados los problemas
internos, Fernando dedicó todo su esfuerzo a la empresa
reconquistadora, facilitada en este momento por la debilidad de los
reinos de taifas musulmanes. Por tierras portuguesas tomó Lamego y
Viseo; más tarde reconquistó San Esteban de Gormaz y Berlanga
(c.1060), e hizo tributarios a los reyes de Zaragoza (c.1060),
Toledo (c.1062) y Sevilla (1063). Pero la empresa de mayor relieve
fue la toma de Coimbra (9 de Julio 1064). Fracasó, en cambio, ante
los muros de Valencia, donde enfermó de muerte y se vio obligado a
retirarse. Durante su reinado tuvo lugar el concilio de Coyanza
(1050 o 1055), en el que participó el monarca con su curia y en el
que se regularon asuntos eclesiásticos y civiles de considerable
importancia. A este monarca se debe también la edificación de la
basílica de San Juan de León, que pasó a ser el panteón real. En su
testamento (dictado en la curia regia de 1063) dejó al primogénito
Sancho el reino de Castilla y las parias de Zaragoza; al segundo,
Alfonso, León y las parias de Toledo; a García, Galicia, el
territorio portugués y las parias de Sevilla y Badajoz, y a sus
hijas Elvira y Urraca, el señorío sobre los monasterios del reino.
Para poder establecer este reparto tuvo que acogerse a los
principios jurídicos pamploneses, porque el derecho público de la
monarquía hispanogoda no permitía la división del reino.
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Castilla
Sancho II 1065-1072
(?, h. 1037-Zamora, 1072) Rey
de Castilla y de León (1065-1072). Hijo de Fernando I, tras la muerte de
éste, y al estar en desacuerdo con el reparto de los territorios de su
herencia, se enfrentó a sus hermanos García, monarca de Galicia, y
Alfonso, a quien le había sido entregado León. Merced a la intervención
del alférez real Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador, Alfonso fue
derrotado consecutivamente en Llantada y en Golpejera, y ambos hermanos
fueron obligados a exiliarse. Estos acontecimientos le supusieron a
Sancho II la hostilidad de leoneses y gallegos, y, además, la decidida
oposición de su hermana Urraca, la cual se hizo fuerte en Zamora.
Durante el transcurso de posteriores operaciones de asedio a sus
opositores, Sancho II fue engañado por un tal Bellido Dolfos, quien,
tras simular ser un desertor, separó al rey de su guardia, con la excusa
de mostrarle los puntos débiles de las murallas, y lo asesinó.
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Castilla
Alfonso VI el Bravo
(?, 1040-Toledo, 1109) Rey de
Castilla y León. Tras la muerte de su padre, Fernando I, en 1065,
Alfonso recibió el reino de León, a lo que se opuso su hermano Sancho,
que había recibido Castilla. Alfonso fue derrotado en Llantada en 1068,
y en Golpejera, en 1072, y fue obligado a exiliarse junto con su hermano
García. A la muerte de Sancho, asesinado mientras asediaba a su hermana
Urraca en Zamora, Alfonso fue llamado para ser coronado rey, pero antes
tuvo que realizar, por instigación de la nobleza castellana encabezada
por Rodrigo Díaz, el Cid, un juramento por el cual se autoexculpaba de
haber tenido relación con la muerte de su hermano. En 1085, Alfonso VI
logró apoderarse de Toledo, lo cual le dio un gran prestigio. Sin
embargo, los reinos de taifas de Badajoz y Sevilla llamaron en su ayuda
a los almorávides del norte de África, los cuales derrotaron a Alfonso
VI en la batalla de Sagrajas, en 1086, acción militar que significó el
punto de arranque una difícil etapa que marcaría los últimos años de su
reinado.
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Castilla
Urraca
(?,1080-Saldaña,
1126) Reina de Castilla y León (1109-1126). Hija de Alfonso VI y de
Constanza de Borgoña, casó con Raimundo de Borgoña en 1090 y, al
enviudar (1107), Alfonso VI les dio a ella y su hijo Alfonso el señorío
de Galicia.
Su segundo
matrimonio, con Alfonso I el Batallador (1109), fracasó en su objetivo
de reforzar la estabilidad interna y externa, pues el país se vio
agitado por graves problemas políticos (la presencia de guarniciones
aragonesas en ciudades castellanas y leonesas), que llevaron al país a
la guerra civil, y sociales, por la agitación antiseñorial, y también
fronterizos por la presión almorávide. La orden de Cluny, la nobleza,
Enrique de Borgoña y los magnates gallegos se opusieron a la unión con
Aragón, el clero y la nobleza castellana apoyaron a Urraca, y la
burguesía era partidaria de Alfonso el Batallador.
En 1109 se llegó
a un acuerdo de gobierno conjunto y de normas sucesorias, pero en 1110
se separaron y en 1114 fue repudiada por su esposo, agudizando la guerra
civil. La política de Urraca consistió desde entonces en una serie de
alianzas y luchas con Alfonso Raimúndez, el arzobispo Gelmírez, su
hermanastra Teresa de Portugal y la comuna de Santiago de Compostela que
debilitaron el país, desprestigiaron la monarquía y dejaron el reino en
situación catastrófica.
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Castilla
Alfonso VII, el Emperador
Rey de León y de Castilla,
primero de la dinastía de Borgoña (?, 1106 - Fresneda, 1157). Era hijo
de doña Urraca (hija de Alfonso VI, que reinó en Castilla entre 1109 y
1126) y de Raimundo de Borgoña. Su madre le reconoció como rey de
Galicia en 1111. Y enseguida encabezó la resistencia de los castellanos
contra las ambiciones de su padrastro, Alfonso I de Aragón: realizó
varias campañas para recuperar los territorios que el rey de Aragón
había retenido después de separarse de Urraca; las Paces de Támara
(1127) evitaron el choque entre ambos y consolidaron a Alfonso VII en el
trono castellano, al que había accedido un año antes. No obstante, tuvo
que hacer frente a varias rebeliones nobiliarias entre 1130 y 1133,
fruto de la autonomía de la que habían gozado los nobles en el periodo
de desorden que siguió a la muerte de Alfonso VI. Tras la muerte sin
sucesor de Alfonso I (1134), pretendió además el trono de Aragón y,
aunque no lo consiguió, el intento le valió la adquisición de La Rioja,
la posesión temporal de Zaragoza y el vasallaje del rey de Navarra, el
conde de Barcelona y varios señores del sur de Francia. Aprovechó esta
situación para hacerse proclamar emperador (1135), expresando la
pretensión leonesa de hegemonía peninsular y de exclusividad en la
reconquista frente a los musulmanes. Dichas pretensiones no se lograron,
pues el reinado de Alfonso VII contempló una cierta disgregación de la
Corona castellano-leonesa: por un lado, se vio obligado a reconocer la
independencia de Alfonso I Enríquez como rey de Portugal (1143); por
otro, al enfrentarse los reinos de Navarra y Aragón, hubo de optar por
apoyar a uno de ellos frente al otro, lo cual le puso en guerra con
García V de Navarra y le obligó a firmar con Aragón el Tratado de
Tudellén (1151), por el que reconocía a Ramón Berenguer IV de Aragón el
derecho a reconquistar Valencia, Denia y Murcia; roto ya el sueño
imperial, al morir Alfonso repartió el reino entre sus hijos Sancho III
(Castilla) y Fernando II (León).
En cuanto a la Reconquista,
Alfonso concibió un plan consistente en hostigar a las poblaciones
hispano-musulmanas hasta que se rebelaran contra los almorávides, para
situar en el poder a su aliado y vasallo Zafadola; a tal fin, realizó
desde 1139 múltiples expediciones de saqueo y de ayuda a sublevaciones
locales. Pero la invasión de los almohades a partir de 1146 desbarató el
plan, obligando a Alfonso a fortificar la frontera y a aliarse con el
almorávide Ibn Ganiya para organizar la resistencia. Su empresa más
espectacular fue una gran expedición en la que llegó hasta Córdoba
(1144) y tomó Almería (1147); los almohades recuperaron este importante
puerto en 1157 y Alfonso murió cuando regresaba de aquella batalla.
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Castilla
Sancho III el Deseado
(?, 1133-Toledo, 1158) Rey de
Castilla (1157-1158). Hijo primogénito de Alfonso VII, quien donó
Castilla a Sancho III y el reino de León a Fernando II. Firmó un tratado
contra Navarra con el rey de Aragón, Ramón Berenguer IV (1158), quien se
convirtió en vasallo a cambio de las plazas de Zaragoza y Calatayud. El
mismo año acordó con su hermano, Fernando II, la separación de ambos
reinos.
Alfonso VIII, el
Noble o el de Las Navas
Rey de Castilla (?, 1155 -
Gutierre-Muñoz, Ávila, 1214). Heredó el trono de su padre, Sancho III,
con sólo tres años (en 1158); durante su minoría se enfrentaron por el
poder las casas rivales de los Lara y los Castro, al tiempo que
intervenían los dos tíos de Alfonso, aprovechando la debilidad del
reino: Fernando II de León, quien intentó hacerse con el rey niño
(1162), y Sancho VI de Navarra, que realizó algunas conquistas en La
Rioja y la Bureba (hacia 1160). Emancipado desde 1169-70, Alfonso se
enfrentó a ambos reinos: las hostilidades con León se reanudaron desde
1191, con una breve tregua entre 1197 y 1203, debida al casamiento del
rey leonés con la primogénita de Alfonso, Berenguela (desbaratado por el
papa al negar la dispensa por parentesco); las campañas para rectificar
los límites con Navarra llevaron primero a un arbitraje de Enrique II de
Inglaterra (1176) y después a la conquista castellana de Álava y
Guipúzcoa (1200), obteniendo así acceso al Ducado de Gascuña, que
teóricamente pertenecían a Alfonso como dote de su esposa Leonor de
Plantagenet (pero que no consiguió controlar en sus dos intentos de 1204
y 1205). La alianza con Alfonso II de Aragón -puesta a prueba en los
conflictos castellano-navarros- ayudó a Alfonso en varias empresas de la
Reconquista, como la conquista de Cuenca (1177); ambos reinos pactaron
el Tratado de Cazorla de 1179, que delimitaba las futuras zonas de
reconquista.
En 1195, una ofensiva del
sultán almohade derrotó a Alfonso en la batalla de Alarcos (1195)
abriendo un periodo de correrías musulmanas por el valle del Tajo, que
aprovecharon leoneses y navarros para recrudecer sus ataques contra
territorio castellano. Tras detener estos ataques (Tregua de
Guadalajara, 1207), Alfonso lanzó una primera ofensiva contra los
musulmanes en Levante, de escaso resultado práctico (1209). La
contraofensiva almohade, con la toma del castillo de Salvatierra (1211),
impresionó a la Cristiandad, facilitando a Alfonso la organización de
una nueva campaña, que el papa bendijo como cruzada, lo cual
facilitó la unión de huestes aragonesas, navarras y francesas (aunque
estas últimas se retirarían después de las primeras escaramuzas). La
cruzada culminó en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), victoria
decisiva que hundió el Imperio Almohade y dejó abierto el valle del
Guadalquivir para la reconquista castellana. Poco después moría Alfonso,
dejando el trono a su hijo Enrique I.
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Enrique I
(1203-Palencia, 1217) Rey de
Castilla (1214-1217). Hijo de Alfonso VIII y de Leonor de Inglaterra.
Subió al trono bajo la regencia de su hermana Berenguela, la cual se
enfrentó a Álvaro Núñez de Lara, quien buscó el apoyo portugués. Muerto
Enrique accidentalmente, se planteó un problema sucesorio. Elegida
Berenguela como reina en 1217, renunció en favor de su hijo, Fernando
III.
Berenguela la Grande 1217
Berenguela, la hija de Sancho
VI de Navarra, casó con el monarca inglés Ricardo Corazón de León. La
boda tuvo lugar en Chipre mientras que el rey inglés partía a Tierra
Santa durante la Tercera Cruzada, en la que tuvo lugar la famosa batalla
de Arsuf.
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Fernando III, el Santo
Rey de Castilla y de León
(Valparaíso, Zamora ?, 1199/1201 - Sevilla, 1252). Con él volvieron a
unirse ambas Coronas, al heredar el reino de Castilla por la muerte de
su primo Enrique I (1217) y el de León por la muerte de su padre Alfonso
IX (1230). Las dos herencias plantearon problemas y resistencias,
salvadas gracias a la habilidad diplomática de la reina madre Berenguela.
Una vez sometidos los nobles díscolos y unificados los dos reinos,
Fernando dio un fuerte impulso a la Reconquista, aprovechando la
superioridad militar obtenida sobre el Islam desde la victoria de su tío
Alfonso VIII en la batalla de Las Navas (1212). Dicha empresa habría de
conducir a la reconquista del valle del Guadalquivir, que convirtió al
reino castellano-leonés en un territorio mucho más extenso que
cualquiera de sus vecinos y el único que conservaba frontera terrestre
con el Islam (por la supervivencia del reino de Granada hasta el siglo
xv). El inicio de esa gran campaña guerrera fue aprobado en la Curia de
Carrión de 1224, coincidiendo con las luchas por el poder que se
abrieron entre los musulmanes al morir el sultán almohade Abú Yacub
Yusuf.
Una tras otra fueron cayendo
en manos cristianas ciudades musulmanas tan significativas como Córdoba
(1236) o Jaén (1246). Sevilla, en cambio, resistió duramente, exigiendo
añadir al esfuerzo militar en tierra la actuación de la flota castellana
del Cantábrico bajo el mando de Ramón Bonifaz, que asedió la ciudad por
el río y bloqueó el Atlántico para impedir que llegaran refuerzos.
Finalmente, Sevilla se rindió al rey Fernando en 1248. En cambio, no
consiguió completar el dominio de la Baja Andalucía con la toma de Cádiz
-aunque lo intentó varias veces-, objetivo que cumpliría su hijo Alfonso
X. A la reconquista siguió la repoblación de las tierras recién
incorporadas mediante repartimientos a caballeros y peones cristianos.
Murió en 1252, cuando preparaba una campaña para continuar la
Reconquista hacia el norte de África; fue enterrado en la catedral de
Sevilla. La Iglesia católica le canonizó en 1671.
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